dissabte, 4 de maig del 2013

Ayer y hoy o la iconografía de un engaño.


El 30 de enero de 2011 El Mundo sorprendía a los lectores con una rotunda proclama del candidato del PP a la presidencia del gobierno: Arreglaremos la economía en dos años. Ahí era nada: arreglar un desastre colosal en dos años y se empezara cuando se empezara. Claro que veinte días antes, el mismo candidato, a la vista de un nuevo dramático aumento del desempleo sostenía no menos rotundo: Cuando gobierne bajará el paro, según se aprecia en la otra portada de El Mundo. Palinuro ya comentó el contenido de esta aseveración a la luz del último y espeluznante aumento del desempleo a seis millones de personas por obra y gracia del que lo iba a reducir, en una entrada titulada: La decencia de dimitir, con escaso éxito hasta la fecha. Lo que se pretende ahora es centrar la reflexión en los aspectos iconográficos de la campaña del PP y los mensajes políticos que contienen en una vertiente muy simbólica.

Empezamos con la ilustración del paro. Un primer plano de Rajoy frente a una oficina del INEM, vestido para tiempo inclemente, con gesto serio pero decidido. Sabe lo que dice. Sabe a dónde va. Así puede entenderse que la fila de parados detrás de él cuyas proporciones realzan la figura dominante, sobrehumana, de Rajoy se apresta a seguirle a ese horizonte de disminución del paro. Ya nadie se atrevía a prometer el pleno empleo. Un descenso del paro era un señuelo suficiente para encandilar a la gente y llevarla a su perdición pues, más que como conductor de su pueblo, Rajoy ha actuado como el flautista de Hamelin, tratándolo como si fuera de ratas y llevándolo a más desempleo. Hazaña solitaria por cuanto la promesa está en primera persona del singular: es Rajoy quien se compromete personalmente a hacer lo contrario de lo que ha hecho, aumentar el paro en lugar de reducirlo.

La otra imagen, la de arreglaremos la economía en dos años es también muy curiosa. De entrada la intención se formula en primera persona del plural: somos nosotros quienes arreglaremos la economía, un equipo. Ese es el texto, pero la imagen simboliza lo contrario. Vuelve a ser el egregio Rajoy quien arreglará él solo la economía, sin duda por obra de su potente brazo. Para ese empeño se requiere un Hércules, así que Rajoy vuelve a ser representado en proporciones sobrehumanas, en el centro de un semicírculo de profesionales cuyos problemas se supone que arreglará el gran hombre en dos años. "Llegado el momento, votadme y en dos años vuestras cuitas habrán desaparecido". Han pasado quince meses desde la votación, quedan siete para el cumplimiento del vaticinio. La imagen daba cuenta de la condición de las seis personas del común: un pintor, una pensionista, un empresario, un taxista, un médico y una estudiante. Ni un agricultor, por cierto. Pero, en fin, eso es trivial y solo muestra que los gabinetes de comunicación trabajan contra reloj y a veces meten la pata.

¿Y cuál ha sido el destino de estas seis profesiones y parece seguirá siéndolo hasta la consumación de la promesa? Uno por uno.

El pintor ya no tiene nada que pintar y probablemente esté en el paro y eso con suerte.

La pensionista ha visto bajar de hecho su pensión y subir sus gastos de todo tipo, empezando por los médicos y ahora se enfrenta a un futuro incierto respecto al conocimiento de la cuantía de su jubilación que el gobierno quiere hacer depender de cálculos políticos.

El empresario está encantado con la situación laboral, facilidad de despido, contratación precaria, salarios de hambre pero, al mismo tiempo, tiene que cerrar la empresa porque no hay crédito ni demanda, ya que la gente está en el paro.

Respecto a los taxistas no sé mucho porque es un grupo reducido. Pero si lo ampliamos a transportistas autónomos, están que echan las muelas por todo: el precio de los carburantes, el aumento del IVA, la red viaria, etc.

De los médicos mejor no hablar. Es una profesión en pie de guerra contra un gobierno empeñado en liquidar el sistema público de salud para entregárselo a las empresas privadas. Más o menos lo mismo que quiere hacer con las pensiones, privatizarlas. Porque tanto las pensiones como la salud son fabulosas posibilidades de negocios.

En cuanto a la estudiante, fácil colegir el desastre. Si consigue terminar sus estudios -pues aumenta mucho la cantidad de jóvenes que abandonan por las subidas de tasas y los recortes en las becas- su salida será la emigración.

Los programas electorales no son contratos ni se pueden hacer valer ante los tribunales de justicia. Pero a veces la prensa actúa como una especie de fedataria pública. Esas dos portadas de El Mundo son dos documentos incriminatorios del PP y de Rajoy que ponen en evidencia de modo fehaciente y palpable cómo ambos mintieron para llegar al poder, cómo hicieron demagogia y prometieron lo imposible. 

Son dos documentos que piden a gritos la dimisión de su protagonista.

divendres, 3 de maig del 2013

Tolerancia cero con la tolerancia.


En España arrastramos un problema de intolerancia de siglos. Tuvimos Inquisición, expulsamos judíos y moriscos y nos lucimos con el Tribunal de la Sangre del Duque de Alba. Es cierto que otros tuvieron cosas similares y peores, pero eso no es un consuelo para las nuestras. Tuvimos Contrerreforma a palo seco mientras que los demás tuvieron Reforma o una mezcla de ambas. No llegamos a tener Ilustración, propiamente dicha, sino un triste remedo de la francesa, fragmentaria y perseguida por el tradicionalismo católico. La guerra contra el francés, en la que muchos sitúan el nacimiento de la Nación española, se hizo sobre todo en nombre de la esencia monárquica, absolutista, católica. Parece que el término liberalismo es de cuño español. El término. La realidad es muy otra cosa. El liberalismo español pone su pedigrí en la Constitución de Cádiz, de 1812. No me cansaré de recordar que esta Constitución, que se promulga En nombre de Dios Todo-poderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Autor y Supremo Legislador de la Sociedad, tiene un artículo 12 que reza: La Religión de la Nación Española es y será siempre la Católica, apostólica y romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas y prohíbe el ejercicio de cualquier otra. Es decir la Constitución de Cádiz de 1812 proclama la intolerancia religiosa. No sé si hace falta ser español para entender cómo se puede conciliar la intolerancia y el liberalismo.

En todo caso, ese artículo 12 pasa casi íntegro al artículo 1º del Concordato de Franco con la Santa Sede de 1953, que dice: La Religión Católica, Apostólica, Romana sigue siendo la única de la Nación española y gozará de los derechos y de las prerrogativas que le corresponden en conformidad con la Ley Divina y el Derecho Canónico. Ya no se habla de prohibir las demás religiones pero está claro que la vida de estas no iba a ser grata dado que la católica era proclamada "única". Y así están las cosas hoy día en que los Acuerdos con la Santa Sede de 1979 (posteriores, pues, a la Constitución) declaran vigente el Concordato de Franco.

La tradición de intolerancia tan viva como siempre.

Telemadrid ha emitido un reportaje en el que se tacha a los nacionalistas vascos y catalanes de nazis y estalinistas. Quizá para algunos la amalgama no tenga sentido, pero su justificación no es difícil de entender. Se trata de encontrar una posición de neutralidad, de centro equidistante entre nazismo y estalinismo que permita criticarlos por igual. Pero no sé yo si el autor o autora del reportaje está muy puesto/a en su contenido. De entrada, la invocación del nazismo cae en la jurisdicción de la celebérrima Ley de Godwin. Que se le añada el estalinismo solo quiere decir que quizá convenga formular una Ley de Godwin II.

La justificación, sin embargo, está en la búsqueda del punto medio. El reportaje utiliza una perspectiva orwelliana. Lo que tienen el nazismo y el estalinismo en común es la perversión del lenguaje. No hay inconveniente en admitirlo si se precisa qué se entiende por perversión del lenguaje. Parece que por tal, según el reportaje, se entiende la práctica de los nacionalistas catalanes de utilizar eufemismos, perífrasis, circunloquios. Si esto es así, se queda uno perplejo, preguntándose si los de Telemadrid han escuchado alguna vez un discurso de Mariano Rajoy, que se niega a pronunciar el nombre de Bárcenas; de Ana Mato, que llama "copago" al "repago"; de Gallardón, quien cobra tasas para garantizar la gratuidad de la Justicia, etc.

¿Y no será que todos los políticos tienden a manipular el lenguaje? No es lo mismo, dicen los de TeleMadrid porque los nazis catalanistas lo imponen a la fuerza, como hacían lo nazis y los estalinistas. No me parece que esto sea cierto. No veo violencia del lado catalanista. Sí veo, en cambio, que la aceptación acrítica de la neolengua del gobierno y sus medios de propaganda públicos y privados es peor que si fuera impuesta a la fuerza porque es comprada, aceptada voluntariamente, como la convicción de los esclavos felices.

dijous, 2 de maig del 2013

El relevo.


Toda sucesión es azarosa, especialmente en política. El sucedido, normalmente, no quiere irse, no encuentra de su agrado a ninguno de los sucesores, ni siquiera al que él mismo elige. Los sucesores no entienden por qué no se produce una transmisión de poderes rápida y, como los pretendientes en la corte de Ulises ausente, se impacientan y acaban montando un espectáculo.


Sucesión en el PSOE. No es cuestión abierta, rezonga la dirección. Los tiempos están acordados en este orden: Conferencia política, elecciones al Parlamento europeo y, luego, primarias; ya se verá si abiertas o no. Entre tanto, aquí no se habla de relevos, igual que en el PP no se habla de Bárcenas. Y, como en el PP con Bárcenas, no se habla de otra cosa. Luego de que un periódico sacara seis rostros posibles de candidatos a la secretaría general (y omitiera otros dos con las más peregrinas razones), Beatriz Talegón, rutilante y reciente estrella mediática juega con la idea de presentar su candidatura al tiempo que aplaude que Madina presente la suya. Sería avisado que la dirección modificara su cronograma y diera paso a primarias ya mismo para salir de dudas y que el PSOE pudiera ejercer la oposición con eficacia. A primera vista, el criterio de la dirección parece razonable: dejad un tiempo para que las candidaturas se formen y consoliden. Eso es cierto. Pero si la dirección piensa que en ese tiempo va a hacerse algo más que negociar apoyos, pactar decisiones, formar candidaturas, está muy equivocada. Y el problema es que, como demuestra la encuesta de Metroscopia para El País los votantes del PSOE se van a chorros a IU y UPyD. Por lo demás, de perlas la candidatura de Talegón. Se erige esta en portavoz de la juventud y trae un discurso bastante radical y regeneracionista. Eso la distingue y singulariza frente a los otros candidatos, que tienden a parecerse entre sí, excepción hecha de Carme Chacón que aporta la condición de catalana en un momento especialmente sensible de las relaciones entre España y Cataluña. No sé cuándo serán las primarias del PSOE pero prometen ser muy movidas. La sucesión en una animada y respetuosa trifulca de los mil candidat@s y uno. El uno, obviamente, el propio Rubalcaba quien, de momento, no ha aclarado su intención de presentarse o no pero sigue viendo con malos ojos esas prisas de los recién llegados por ponerse en sus zapatos.

La sucesión en el PP. El festival sucesorio es menos extenso aquí pero mucho más intenso. En primer lugar, el hipotético sucedido, Rajoy, está lejos de admitir la sombra de una duda respecto a la seguridad y estabilidad de su posición, tanto en el partido como en el gobierno. ¿Dimitir él? ¡Hombre, por Dios! Suele decir que a él lo eligieron con mayoría absoluta para un mandato de cuatro años y piensa cumplirlo. Curiosamente lo mismo que repite Rubalcaba, que tiene un mandato que cumplir. Lo que Rajoy no dice -y eso lo diferencia del socialista- es que lo eligieron con un programa contrario al que ha aplicado. Aquí es donde engancha la oposición dentro de su propio partido. Cuando Esperanza Aguirre proclama que ella tiene la alternativa da por supuesto lo que todo el país, incluido el gobierno, sabe: que el gobierno ha fracasado y da asimismo por supuesto lo que todo el país (excluido el gobierno) también sabe: que el gobierno debe dimitir.

Desde luego la sucesión en el PP adquiere caracteres intensos. ¿Qué digo intensos? Dramáticos, shakesperianos. He aquí a la nueva Margaret Thatcher poniendo de relieve la miseria moral de Edward Heath, la nueva Lady Macbeth, dispuesta a eliminar por su cuenta al pobre Duncan al que en el fondo de su alma siempre despreció y tuvo por un débil, igual que la Esperanza Aguirre real y verdadera menosprecia a Rajoy a quien ya reta de nuevo públicamente. Una historia de poder, ambición y venganza. La dama dimitió inesperadamente hace un año cuando, viendo a Rajoy presidente y su archienemigo Gallardón ministro y sucesor in pectore, comprendió que podía dar su carrera por truncada. Tendría que resignarse a la dignidad subordinada de thane, como Macbeth lo era de Glamis. Ella, que es Honorary Dame Commander of the Order of the British Empire frente al registrador de la propiedad. La dimisión, una salida de gambito de dama para coger fuerza.

Y la citada encuesta de Metroscopia viene a apoyar su pretensión. Con Aguirre fuera del cartel electoral madrileño, el PP pierde la mayoría absoluta. Ignacio González mueve muchas menos adhesiones que Aguirre y su carisma es negativo: cuanto más aparece, más votos se fugan. Sin embargo -tristes perfidias de las sucesiones, pensará la Dama de Honor del Imperio- el hecho de que su sucesor pida abiertamente a Rajoy ser el candidato a la presidencia de Madrid significa que pretenderán echarla de la del partido. Por eso se ha buscado respaldo mediático. El Mundo, Intereconomía, parecen entrar en la batalla por sustituir a Rajoy al frente del PP por Esperanza Aguirre.

Es imposible saber cómo se harán ambas sucesiones y quiénes dirigirán los partidos. Pero ¿alguien piensa que en las próximas legislativas haya que elegir entre Rajoy y Rubalcaba?

(La primera imagen es una foto de Xoan Baltar. La segunda, una caricatura mía de una foto de Rubalcaba 38; ambas bajo licencia Creative Commons).

dimecres, 1 de maig del 2013

El hotel al borde del abismo.


El gráfico de la izquierda pone los pelos de punta. Lo reproduce gurusblog que da como fuente una publicación digital estadounidense, The Atlantic la cual la trae, en efecto, y trae, además, dos todavía peores referidos a Andalucia a la que el autor del artículo, Matthew O'Brien, llama la España de España (Spain's Spain por lo que se refiere al paro, especialmente el juvenil. The Atlantic, a su vez, cita como fuente el Instituto Nacional de Estadística español en su página en inglés. Es de suponer que hay suficientes garantías. Lo dramático del gráfico de España es que el paro de larga duración experimenta un crecimiento exponencial; algo que permite al articulista hablar de generación perdida.


La pregunta es: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? A continuación, algunas breves respuestas con la pretensión de indagar en las claves de nuestro predicamento actual, con una conciencia de catastrofismo que recuerda la del 98.

Atado y bien atado. A lo mejor hay que dar otra vuelta a la transición. Franco nombró a Juan Carlos sucesor a título de Rey. Y ahí sigue el nombrado. Franco unció el Estado a la Iglesia con el Concordato de 1953 y ahí sigue uncido gracias a los Acuerdos con la Santa Sede de 1979 que expresamente declaran vigente el Concordato. Franco organizó una administración territorial politizada (pues coincidía con la organización del Movimiento) una policía política para su seguridad y un poder judicial también politizado (y cristianizado) y ahí siguen todos ellos en mayor o menor medida, como lo prueba el hecho de que el único condenado por el caso Gürtel hasta la fecha sea el juez que quiso investigar los crímenes del franquismo. Por último, Franco creó lo que se llamó el "franquismo sociológico", lo dotó de una partido-movimiento que era una organización clientelar y ahí sigue, el partido fundado por un ministro de Franco.

La organización clientelar del franquismo sociológico. Si algo dejan en claro las investigaciones judiciales es que ser del PP es un chollo, sobre todo, en estos tiempos de penuria. En los niveles más bajos proliferan las corruptelas por las que innumerables cargos públicos locales y autonómicos y sus clientes y amigos se han enriquecido a lo largo de los años. En los niveles más altos y hasta los altísimos, proliferan los sobres, los sueldo, sobresueldos, gastos de representación, compensaciones, contrataciones diferidas y demás embellecimientos para hablar de cobros de dudosa legalidad e indubitable inmoralidad. ¿Ser del PP? Lo dicho, un chollo. Ser "patriotas", para estos, es un negocio, como prueba Juan Torres López en un gran artículo. Probablemente por eso tiene unos 800.000 afiliados al panal de rica miel mientras que los sociatas, menos opulentos, se han de conformar con unos 200.000. Para los militantes del PP, sus allegados, familiares, amigos y clientes, no hay crisis. Se nombran entre sí y sus deudos asesores a cientos con sueldos astronómicos a costa de los contribuyentes. Sobresueldos, enchufes, financiación irregular a tope. Todos estos fastos parecen sostenerlos empresarios sin escrúpulos que luego reciben fabulosos contratos públicos ilegales. Una financiación por todo lo alto que pone al PP muy por encima del PSOE por la misma razón por la que Armstrong se imponía siempre a sus rivales: porque hacía trampas. Como el PP al que, por lo demás, no parece importarle que estas prácticas destruyan la democracia que descansa sobre el juego limpio.

El expolio continúa. Además de financiarse irregularmente, esquilmando los recursos públicos, llegado al poder el PP intensifica el expolio. A la primera oleada de recortes, restricciones, privaciones y privatizaciones que ha levantado una indignación general en España, sigue de inmediato otra a la que Rajoy se ha comprometido en Bruselas: otro recorte de 3.000 millones que saldrán de eliminar (casi) las políticas activas y pasivas de empleo, al tiempo que se prorrogan subidas de impuestos que eran transitorias, como el del IRPF o el IBI, un nuevo atraco directo al bolsillo de los ciudadanos que se encuentran en un estado de creciente insurrección cívica a la que el gobierno reponde intensificando la represión policial.

La secesión catalana. Después de haber hecho todo tipo de demagogia contra el gobierno de Zapatero a quien Rajoy acusaba de romper España, viene a resultar que a quien se le rompe es a él. Y aquí sí que no es cosa de invocar la herencia recibida. La incapacidad del nacionalismo español (el de derecha y buena parte del de izquierda) de entender el carácter plurinacional de España y la habilidad del nacionalismo catalán de aprovechar la postración del Estado, permiten augurar un futuro poco apacible.

Frente a todo lo cual la cuestión es: ¿qué hace la oposición?

El PSOE vuelve a ofrecer "grandes pactos de Estado". No está mal. Es correcto mostrarse responsable. También debe reconocerse que parece recobrar fuerzas y llevar a los tribunales todas las medidas de la derecha que están haciendo tabla rasa de derechos de la ciudadanía de carácter social y económico, pero también cívico y político que creíamos firmemente consolidados en nuestra sociedad. Todo eso está muy bien. Pero no basta. El PSOE debe exigir responsabilidades políticas por la corrupción generalizada, la política de mentira sistemática y el paladino fracaso de la política económica. Responsabilidades políticas que lleven, de entrada, a la dimisión de Rajoy.

IU va más allá. Pide dimisión del gobierno y elecciones anticipadas. Palinuro tiende a coincidir con esta reclamación. Pero no le parece bastante. A su juicio, esta IU, presa de la esperanza de un "sorpasso" en España, una Syriza o algo parecido, desconoce la urgencia del momento. La solución no es dar de nuevo la victoria a la derecha frente a dos (o más) minorías de izquierda que, en conjunto, sigan siendo irrelevantes como lo son ahora. La solución es forjar una unión de la izquierda lo más amplia posible con un programa común de mínimos, alternativo al neoliberalismo salvaje, factible y con un compromiso jurídico, contractual, de llevarlo a la práctica. Un programa que lleve a la izquierda al poder. Ese es el reto, amig@s.

Entre tanto, sigue la movilización popular con tintes cada vez más insurreccionales y conviene no perderla de vista en primer lugar porque es un producto popular genuino y hay que protegerlo de los desmanes del poder y, en segundo, porque de él emanan las inspiraciones concretas, prácticas que, les guste o no, cada vez influyen más en los partidos tradicionales y los obligan a cambiar.

Continuaremos...

dimarts, 30 d’abril del 2013

Las relaciones peligrosas y el juego del gallina.


España como país lucha por su supervivencia en mitad de una crisis económica sin precedentes, devastadora y que está siendo, además, crisis política y moral. El gobierno lleva luchando contra ella dieciséis meses con políticas que los hechos contradicen tozudamente (paro, PIB, etc) y para las que no se ofrece razón alguna salvo la que pueda contener la fe. Rajoy afirma impertérrito en una reunión de empresarios que "Estamos en el umbral de invertir nuestra situación y las bases para conseguirlo son cada vez más sólidas". Sin ningún dato, ninguna prueba objetiva, contra toda evidencia, algo que hay que creer como el dogma, bajo su palabra de honor, que tiene un valor similar al de las acciones de Bankia.

Del otro lado del debate, en la oposición, se afirma que las tales políticas son un desastre, contrarias al sentido común, nos tienen en la ruina, son contraproducentes y erróneas, si no delictivas. Una estafa, en el fondo. Es una acusación fuerte. Pero tiene su fundamento. Todos los días se ofrecen ejemplos de comparaciones absolutamente odiosas. Ponen en la calle a cien trabajadores, otro se suicida por un desahucio y un tercero, ingeniero industrial, emigra a Helsinki a fregar platos porque aquí ni eso le dejan. Al propio tiempo, un feliz mortal, condenado por los tribunales, indultado por el gobierno, se marcha a la jubilación con ochenta y ocho millones de euros en la faltriquera. Estas cosas hacen hervir la sangre o no hay sangre.

Por eso se dice que la crisis económica es ya política y moral. Se están tocando consensos básicos de la sociedad. Una de las formas de salir de este marasmo es disponer de un gobierno que, dando ejemplo de lo que predica, tenga la autoridad necesaria para acompasar las medidas de austeridad con el saneamiento del sistema político y las pautas morales sobre las que se asienta. Pero no es el caso del actual cuyo presidente está bajo fortísima sospecha de haber tolerado como alto cargo del Partido y luego como presidente prácticas supuestamente corruptas e, incluso, haberse beneficiado personalmente de ellas.

En este momento los dos problemas más graves en España, además de la crisis, ciertamente, son la corrupción y el conflicto con el nacionalismo catalán. Y frente a ninguno de los dos está ni muchísimo menos el gobierno a la altura de las circunstancias. Ni el gobierno ni su partido pueden luchar eficazmente contra la corrupción y, en cuanto a la cuestión catalana (que otros consideran más como una cuestión española) la evidente intensificación del conflicto muestra que es más necesario que nunca encontrar un ámbito de diálogo en que puedan explorarse soluciones y acuerdos de modo civilizado, sin enfrentamientos; tender puentes, en definitiva, cosa a la que el gobierno ni su partido son proclives.

Luchar contra la corrupción en democracia significa separar la responsabilidad política de la penal y ejercitar la primera al comenzar las actuaciones para la segunda, no cuando haya decisión final. Este gobierno, con varios miembros indiciariamente implicados en trapisondas ilegales de sobresueldos no puede encabezar lucha alguna contra la corrupción. Esta lucha presupone asimismo la colaboración leal con la justicia de todas las instituciones, incluidas la investigadas. No se puede obstruir la acción de la justicia. No puede ser que el juez haya de expulsar de la causa al PP porque, habiéndose personado como acusación de Bárcenas, estaba tratando de exculparlo, es decir, estaba defendiéndolo. Estas prácticas contrarias al Estado de derecho deben terminar. Los partidos no pueden jugar al fraude de ley.

En cuanto a la cuestión del nacionalismo catalán no se negará que se exacerba por momentos con ambas partes encastilladas -al menos en apariencia- en posiciones de principios que es en donde suelen emplazarse las baterías. El nacionalismo español rechaza de plano el derecho de autodeterminación. Rubalcaba lo considera un ente de ficción, como el unicornio o la fuente de la vida. "No existe", concluye. El nacionalismo catalán no solo lo reputa existente sino muy sano, arrollador, victorioso en cualquier justa que se le riña y está dispuesto a probarlo poniéndolo en práctica, al modo en que diz que Diógenes de Sínope "demostrara" el movimiento a Zenón de Elea. Es decir, con los pies sobre la tierra, un choque en algún tiempo futuro a corto/medio plazo, en magnífica versión del juego del gallina en la variante de choque frontal. ¿El plazo? Un año, por ejemplo. ¿Es eso lo que queremos?

Solo se me ocurren dos formas de evitar esa desagradable situación de choque y ambas son malas. Por la primera, el Estado "soborna" al nacionalismo moderado o burgués otorgándole un privilegio fiscal similar a los de los Territorios Históricos. Por la segunda, impugna ante los tribunales todas las declaraciones parlamentarias, decisiones gubernativas, actos administrativos de toda autoridad o institución catalanas que, a su juicio, sean ilegales y/o inconstitucionales. Una guerra institucional. El primero es malo porque no garantiza la estabilidad. Conseguido el concierto económico, el nacionalismo "moderado" volverá por más y reabrirá el conflicto. Siendo su horizonte la independencia, le interesa mantenerlo abierto. El segundo es malo porque ninguna sociedad puede sobrevivir con un conflicto institucional permanente. Son formas malas porque no resuelven el problema sino que lo aplazan.

¿Y no va siendo hora de dejar de aplazar la solución de este problema, de dejar de legárselo a las generaciones futuras como nosotros lo hemos heredado de las anteriores? En democracia las decisiones se adoptan por mayoría pero, a veces, es necesario contar. ¿Por qué no se va a preguntar a los españoles si reconocen el derecho de autodeterminación? A ver qué nos dicen los números y cómo se concentran territorialmente. Obviamente si alguien dice que esa pregunta no puede ni plantearse, la cosa se pone cruda, por decirlo a lo llano. Pero no parece esa una posición enteramente razonable. Más valdría cuantificar los apoyos en forma de unas elecciones a una Convención con carácter constituyente en donde los españoles decidieran una planta territorial para España, sin excluir ninguna posibilidad.

De caer esa breva, Palinuro solicitaría que la Convención también planteara la sempiterna cuestión Monarquía/República. Y todo esto sin necesidad de dar gritos por las esquinas. El requisito es que el gobierno tenga la gentileza de dimitir, disolver las Cortes y convocar elecciones anticipadas. Veamos si somos capaces de elegir un parlamento del que salga un gobierno con la fuerza y la autoridad para acometer estas tareas, para abrir un proceso materialmente constituyente en el que participemos todos los pueblos de España. Y escribo España porque soy nacionalista español, ya lo he dicho. Quienes no lo sean pueden leer Estado español con la misma libertad y cordialidad con que yo leeré España en donde ellos escriban Estado español. 

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

dilluns, 29 d’abril del 2013

El grano y la paja.


Diferenciar el grano de la paja, la ganga de la mena, lo accesorio de lo enjundioso, lo accidental de lo esencial es el primer paso para interpretar correctamente lo que se ve, oye o siente. Por cierto, ello no nos libra de la subjetividad y la parcialidad; lo que para unos es grano, es paja para otros. O eso dicen. Pero distinguir, hay que distinguir. Ayer hubo dos noticias que refleja hoy la portada de El País: una, la rueda de prensa de Rajoy en Granada que no pudo substituir por el silencio o el plasma al hallarse en compañía de un mandatario extranjero ante quien preciso es guardar las apariencias, como si el cortijo fuera una democracia. Dos la noticia de que los cobros de la caja B, de Bárcenas, se hacían por partida doble.


Sin duda la noticia una es más vistosa y más jacarandosa que la dos. Estando en Granada, Rajoy relató una fábula legendaria, al estilo de Washington Irving, sobre las intenciones de su pundonoroso gobierno dos días después de que sus tres más destacados ministros confesaran estar sin resuello ante el fracaso de su política. Fue interesante estudiar la mímica del presidente, sus especiosos argumentos, su mecánico alzar y bajar el antebrazo, como si estuviera dirigiendo el bolero de Ravel, sus etéreas afirmaciones de cuño sentimental ("sé cómo se sienten...; no lo ven, pero estamos mejor; sé que hay mucha frustración, pero...") y su impavidez,  cómicamente parecida a la de un pingüino, por no decir su inverencundia. Muy vistoso, sí y hasta Palinuro sucumbió a la tentación de subir una entrada titulada La rueda de prensa del presunto, pues nunca hay que perder el sentido del humor.

Pero las gracias tienen un límite. La noticia gorda, la grave, la que debiera monopolizar el debate público es la dos, la de que los sobresueldos de los mandarines del PP se abonaban por partida doble y conceptos distintos. Hasta 10.000 euros mensuales cobraron durante años un puñado de electos de los dioses y su representante en la tierra, Bárcenas. Una pasta. Ser dirigente del PP era (y quizá siga siendo; aquí ya nadie se cree nada) un verdadero chollo. Que se lo digan a Cospedal, a quien faltan manos para cobrar sueldos. Si a esto añadimos la Gürtel y su conexión urdangarinesca así como la pedrea de corruptelas baleares, levantinas y madrileñas, habremos de confesar que el país vive un momento de emergencia gobernado por un partido bajo sospecha de corrupción estructural continuada con un presidente que, siendo quien más veces aparece en los papeles dichosos, no está en situación de ejercer su cargo con la autoridad necesaria.

De forma que lo verdaderamente grave en España hoy no es si el gobierno gobierna o no, pues ya está claro que no. Lo grave es la corrupción. Lo que impide que el país recupere la confianza de los mercados es la corrupción, tanto más grave cuanto que afecta al presidente del gobierno. Al respecto es obvio que, vistos el silencio y la pasividad del interesado, hay que hacer algo. Ciertamente, pero ¿qué? Desde el punto de vista judicial, los procedimientos siguen su curso y lo único que cabe es respetarlos y colaborar con la justicia. Otra cosa es lo que después sucede, pero de eso hablaremos en otro momento.

Entre tanto -y pueden pasar meses o años- es importante que la opinión se esclarezca respecto a estos hechos. Según parece, la defensa del PP se basa en que estos comportamientos no son delito y, aunque lo fueran, habrían prescrito: pero, sobre todo, se insiste, dada la naturaleza de los partidos políticos, esos cobros no eran ilegales. Ese es el asunto crucial, el que no se puede soslayar: determinar claramente si los famosos sobresueldos son o no ilegales y si, siendo legales, son o no inmorales. Aquí nos hacen falta reflexiones de juristas y de profesores de filosofía moral y política.

Mientras llegan, hagamos una rudimentaria construcción del razonamiento. Nos ponemos en la hipótesis más favorable a los acusados: los cobros de sobresueldos no son ilegales. Pero ¿son morales? Es evidente que no. De otro modo, las reacciones a las acusaciones hubieran sido menos tremendistas, alocadas, absurdas: desde negarse a pronunciar el nombre de Bárcenas hasta rechazar lo evidente, dar por evidente lo falso, amenazar con baterías enteras de querellas pero no presentar ninguna, mentir sobre las relaciones laborales documentadas e inventarse otras. Está claro: no lo quieren reconocer porque es inmoral. Y lo saben. Es inmoral cobrar sobresueldos atípicos, bordeando (si no infringiendo) la legislación de incompatibilidades. Como es inmoral cobrar dietas indebidas, aunque el Tribunal Supremo diga que es legal. Lo que no puede es decir que también es moral, pues no lo es.

La corrupción, por tanto, es lo más importante de las dos noticias. Sin querer enmendar la plana a nadie, yo hubiera reservado el máximo espacio a los sobresueldos y solo una columnilla a la derecha a los Cuentos de la Alhambra. La corrupción impide que el país salga adelante mientras no cambie el gobierno. Leo que El Mundo da por amortizado a Rajoy y prevé sea substituido hacia Navidad. No sé si es un vaticinio basado en la quiromancia o la exposición de un plan con un objetivo. En cualquier caso, es de felicitarse que la derecha vaya despertado de su aletargada digestión. A este paso, pierde las elecciones y no ha logrado imponer su programa o, en dicho castizo que suele atribuirse a Andalucía: ni cenamos ni se muere padre. Pues eso, hay que hacer algo antes de que este gobierno cada vez más enfrentado a la población y con menos apoyos, nos lleve a algún conflicto grave.

Y no me invento nada. El modo de tratar la cuestión de Cataluña es preocupante. Quienes empezaron el mandato queriendo españolizar a los niños catalanes carecen de flexibilidad para entender a la otra parte y buscar fórmulas dialogadas y consensuadas de arreglo. Lo suyo es una cruda dicotomía: comprar o reprimir. Por la primera se ofrece al nacionalismo burgués una forma de financiación tan cercana al modelo vasco-navarro como sea necesario para hacerle abandonar el campo soberanista. O sea, comprarla. Por la segunda, para el caso de que el nacionalismo burgués rechace toda compra y se mantenga independentista, se recurre a las vías de excepcionalidad que la legalidad vigente prevé y que, por supuesto, comprenden el empleo de la violencia por medios militares, llegado el caso. Los independentistas republicanos, de izquierda, pueden verse traicionados o reprimidos, según vayan los pactos. No se olvide que tanto para CiU como para el PP la idea de nación computa en la cuenta de pérdidas y ganacias. Todo legal. Pero ¿es moral? También en esta cuestión resulta impensable que un gobierno acosado por la corrupción tenga la autoridad necesaria para actuar. Por mucho que el gobierno y/o el partido dominante de la Generalitat puedan estarlo igualmente.

diumenge, 28 d’abril del 2013

La rueda de prensa del presunto


Rajoy, como se sabe, odia las ruedas de prensa. Odia dar explicaciones. Odia las preguntas. Por eso nunca ha asistido a una sola después del consejo de ministros de los viernes y siempre deja que sean los segundos y segundas quienes den la cara. Si por él fuera, jamás comparecería en público (de hecho, apenas pisa el parlamento) y, de tener que hacerlo, lo haría tras la pantalla de plasma. En cuanto a las entrevistas con otros políticos, en secreto, como ya ha hecho con Mas y con Urkullu. Sería el presidente secreto. En realidad, un proyecto de dictador de vía estrecha.

Pero nada de esto es posible cuando se encuentra con algún dignatario extranjero, de esos acostumbrados a responder de sus actos, dar explicaciones, decir la verdad, contestar las preguntas y tener un talante democrático y no de vendedor de crecepelo. Entonces todo su edificio de artificioso embuste, marrullería y arrogancia se viene abajo y se ve obligado a contestar las preguntas de la prensa. Es decir, los españoles solo pueden escuchar a su presidente hablando de las cosas que les conciernen cuando hay algún extranjero delante. Ya solo por tal desprecio, este sujeto merecería que lo mandaran a letrinas.

Estas prácticas típicamente franquistas dan lugar a veces a situaciones cómicas. El viernes, los tres ministros al quite dejaron claro que no habría creación de empleo antes del fin de la legislatura. Ayer, en Granada, Rajoy dijo que se crearía empleo al final de la legislatura. ¿Alguien cree que esto del empleo y el paro es una drama demasiado grande para andar frivolizando o diciendo mentiras sobre él? Pues que deje de creerlo. Se creará o no empleo antes de 2015 o después o lo que sea, según lo que interese decir en cada momento a este puñado de charlatanes irresponsables, encabezados por un presidente radicalmente deslegitimado para el cargo.

Todos sus farfulleos sobre los desequilibrios, las magnitudes, las medidas, etc, no merecen ni un segundo de atención. Lo único que es relevante en este caso es que el de Rajoy es el nombre que más aparece en los papeles de Bárcenas y el segundo que más pudo haber cobrado en negro, después de Padro Arriola. Mientras este asunto no esté aclarado y zanjado ante los tribunales, todo lo que haga Rajoy para desviar la atención será inútil. Un individuo sospechoso de haber cobrado dineros en negro por más de 320.000 euros no puede ser presidente del gobierno. Lo demás es farfolla. Su farfolla.

Salvado lo cual como, además de un presunto mangante, este hombre carece de luces, la rueda de prensa que no le quedó más remedio que soportar en Granada, luego de que los afectados por las hipotecas lo abuchearan a la entrada, fue una sucesión de chistes y majaderías.

Aseguró en un momento, e insistió en ello, en que él y su gobierno están interesados en decir la verdad. Pero lo cierto y evidente es que aún no lo han hecho ni probablemente lo hagan porque ganaron las elecciones mintiendo y es lo único que han hecho hasta hoy: mentir. Por eso, cuando los periodistas le preguntaron por el paro, empezó a mentir otra vez, como ya hemos visto, diciendo que se crearía a final de la legislatura, con tanta base para decirlo como para anunciar el nacimiento de un burro de tres cabezas. Dado que ni él cree sus trolas añade que "el gobierno sabe lo que hace", como si decirlo fuera equivalente a hacerlo cuando es obvio y patente que el gobierno no sabe lo que hace ni tiene ni la más cruda idea de hacia dónde tirar. Así quedó en evidencia el viernes cuando Sáenz de Santamaría, Montoro y Guindos evidenciaron que no tenían alternativa alguna al fracaso con el que, de hecho -quiera o no el zombi Rajoy- se ha cerrado ya la legislatura. Ni Dios ni la Virgen del Rocío saben cuándo volverá a crearse empleo en España, después del paso de estos inútiles carcundas por el gobierno.

A la vista de tan apasionante doctrina de que el gobierno sabe lo que hace, aunque sea evidente que no tiene ni idea, Rajoy asegura que no habrá crisis ni cambiará ministro alguno. Por supuesto. Hace bien porque tendría que empezar por él mismo que no solamente es el más inepto y embustero sino el que está más bajo sospecha de ser un corrupto.

La coronación del discurso del charlatán fue decir que, aunque la gente no lo vea, "estamos mejor que antes", que hace falta un "poquito de paciencia".

Paciencia en tanto te reprimen, te engañan, te roban, te echan a la calle y, encima, se ríen de ti mientras mandan a sus sicarios, regiamente pagados con el dinero de todos, a aporrearte.

Muy gracioso.

La decencia de dimitir.


Esta portada de octubre de 2010 de El Mundo perseguirá a Rajoy hasta el fin de sus días, como las furias a Orestes o el recuerdo de su doble crimen a Raskolnikov. Es muy duro haber pedido el voto prometiendo bajar el paro y encontrarse tres años después con que, una vez votado, el paro ha subido y uno ha abandonado ya toda esperanza de hacerlo bajar. Muy duro, desde luego. Pero, al fin y al cabo, no es muy extraño. Se dicen unas cosas y se hacen otras. Lo duro no es la contradicción sino su motivo. Lo duro de esa afirmación (hoy se ve que vergonzosa) es que trata el paro como un asunto de partido. Esto es, Rajoy no admitió nunca que el desempleo fuera consecuencia de una crisis ajena en todo al PSOE y en parte a la misma España. Al contrario, lo esgrimió siempre como consecuencia directa de las políticas del PSOE. Hizo lo mismo en su día con la política antiterrorista, convertirla en asunto de pugna partidista. Ahora, el paro, según Rajoy, tenía nombre: Zapatero. Échese a Zapatero, póngase a Rajoy y el paro empezará a reducirse. Nequaquam. Ha aumentado vertiginosamente gracias a la reforma laboral del presidente quien, además, avisa de que la cosa irá a peor. La cuestión, ociosa por lo demás, era si se engañaba a sí mismo o se limitaba a engañar a los demás.

Esta circunstancia deslegitima por entero el gobierno del PP y las confusas explicaciones de su presidente empeoran las cosas. Reconoce Rajoy haber hecho lo contrario de lo que prometió y hasta admite no haber cumplido su palabra pero, añade, como si así quedará justificado, ha cumplido con su deber. Al margen de la obvia consideración de que el primer deber de un hombre sea cumplir su palabra, esta lamentable excusa muestra un concepto del deber verdaderamente cómico porque si mandar al paro a un millón de compatriotas es cumplir con el deber, ¿por qué se metía con tanta saña con Zapatero, que había hecho más o menos lo mismo aunque a regañadientes?

Esa atribución partidista, esa personificación de los males de la patria en una figura diabólica, Zapatero, permite cargarlo con las más infames intenciones. Zapatero es un sablista porque la subida del IVA es el sablazo del mal gobernante a sus compatriotas. ¡Qué al pelo viene aquí el famoso aforismo de que el hombre es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios! El mismo Rajoy es un sablista. Como no le gusta la idea, viene aduciendo ahora que estas cuestiones, el paro, el IVA dependen de fuerzas externas, de mandatos exteriores a los que debemos someternos. Pero él no reconoció esta posibilidad a su antecesor. Al contrario, lo cargó personalmente con las culpas, pidió que se fuera, elecciones anticipadas. Por mal gobernante y por sablista. Justo lo que es él.

La situación es idéntica. Insostenible. En el PP tiene que haber alguien con autoridad o audacia suficientes para plantear la cuestión de un cambio de gobierno. La prensa extranjera lo da por fracasado y agotado.
Quizá no al extremo que muestra el cartel contiguo, que hace un retrato categórico de la trayectoria personal de Rajoy, pero incapaz de continuar. Cierto, el interesado advierte que se siente con la  misma fuerza y energía que cuando tomó el mando de la nao. Pero eso no es garantía (casi al contrario) de que la nao llegue ilesa a algún sitio. Para ello tendría que salvar dos escollos y no parece capaz de hacerlo: el primero, el de la falta de una política económica alternativa a la aplicada hasta la fecha cuyos resultados a la vista están. Sostenella y no enmendalla. Muy hispánico. Y desastroso. O sea, muy hispánico.

El segundo escollo insalvable es el de la corrupción. Los malditos papeles del innombrable Bárcenas son una pesadilla, una piedra de molino atada al gaznate presidencial. En ellos se le vincula con la recepción de sobres con dineros irregulares, que se amplía luego a más sobres en otros papeles igualmente barcénigos de reciente aparición. Él en persona, su gobierno, su partido, aparecen  supuestamente inmersos en una tupida red de corruptelas que lo desautoriza, lo deslegitima por entero para el ejercicio del cargo.

(La tercera imagen es una foto de armakdeodelot, bajo licencia Creative Commons).

dissabte, 27 d’abril del 2013

La única salida, la dimisión.


La comparación de internet con el ágora clásica se queda corta. Es mucho más. En ella se cruzan diariamente millones de datos, aludes de información, a toda velocidad. Los juicios son rápidos y contundentes. Las maniobras dilatorias o diversionistas de los poderes públicos denunciadas antes de ser operativas. El tiempo real no perdona. El silencio se hace insostenible y, por último, hay que dar la cara, aunque sea por medio del plasma.

Este cartel, encontrado en la red, resume a la perfección las razones por las que Mariano Rajoy debe dimitir. Palinuro viene enunciándolas hace tiempo: a) ilegitimidad de origen; b) ilegitimidad de ejercicio; c) recurso sistemático a la mentira; d) corrupción estructural. Con todo esto a su espalda el gobierno debiera haberse ido a su casa hace tiempo. Pero no ha sido así. Rajoy ha empleado una táctica doble: de un lado silencio sobre la corrupción. De Bárcenas, el innombrable, no se habla. De otro, venga, a concentrarse en los datos, las cifras y la ímproba tarea de sacar a España de la crisis.

Pero no le ha funcionado. De Bárcenas no para de hablarse y el único que no se da por enterado es Rajoy siendo así que la autenticación de sus papeles lo pone más cerca de ir a declarar ante el juez si recibió o no esos dineros en negro que en ellos se consignan. Y en cuanto a los datos y cifras, el consejo de ministros de ayer y la inenarrable comparecencia de tres de ellos, han sellado el fracaso total del gobierno. El que iba a reducir el paro cuando gobernase reconoce ahora que, a la hora de irse, en 2015, habrá más desempleo que al comienzo. De brotes verdes, nada. De recuperación en 2014, menos. Y, además, sus previsiones más optimistas sobre la reducción del déficit son falsas porque, aunque parezca increíble, siguen partiendo de la mentira de que el de 2012 fue del 6,2% del PIB cuando la Comisión ha dicho que es del 10,2%. Solo este hecho da una idea del valor que el gobierno concede a sus propias predicciones.

Fracaso rotundo en todos los frentes que los tres ministros comparecientes se encargaron de subrayar para regocijo de las redes sociales utilizando formas de neolengua verdaderamente cómicas para disimular más incumplimientos de promesas, más exacciones, más restricciones. Y eso que no tuvieron que disimularlo todo pues, al vivir pensando en los medios, probablemente se han dejado lo más duro para la semana que viene, a fin de no encender más el próximo 1º de mayo. Todo lo cual explica la bajísima valoración ciudadana de este gobierno en su conjunto y sus ministros individualmente (muy mal) considerados. Realmente, el crédito y el prestigio de la autoridad son inexistentes.

No es de extrañar que la petición que circuló hace unas fechas por las redes pidiendo la dimisión de Rajoy fuera la que más y a mayor velocidad creciera, llegando a alcanzar más de un millón de firmas en una semana. Entre ese más de un millón habrá algunos cientos de miles de votantes del PP. El país está harto del presidente, de sus marrullerías, sus silencios, sus embustes. 

Hasta los suyos lo abandonan. La portada de El Mundo es elocuente. Viene a decir que el gobierno tira la toalla a dos años y medio del fin de la legislatura. El hombre providencial que iba a restaurar la confianza del extranjero en España ha perdido la de sus compatriotas; el malévolo ministro que pedía dejar caer a España que ya la levantarían ellos no levanta ni su ánimo; la encargada de materializar el milagro de 1.500.000 de empleos gracias a la Virgen del Rocío y por intermedio de Pons, manda al paro a otro 1.500.000 de personas. Y todos ellos reunidos en consejo no tienen la menor idea de qué quepa hacer.

El gobierno ya solo cuenta con el apoyo de las fuerzas de seguridad del Estado y las está empleando a fondo contra la disidencia que, por otro lado, se extiende y multiplica a ojos vistas. Represión, endurecimiento del código penal son las únicas respuestas de la derecha autoritaria ante un conflicto social amplio y profundo motivado por sus medidas de tipo claramente antipopular, hechas de recortes, restricciones y privatizaciones. Un expolio.

A todo esto hay aquí una noticia especialmente desagradable. Según parece, el gobierno paga dietas de unos 85 euros diarios a los antidisturbios a los que emplea para cargar contra la gente, hostigarla, identificarla arbitrariamente. Esto plantea un problema ético muy serio que debe tratarse en el parlamento, esto es, el hecho de que la autoridad pueda estar empleando la fuerza pública como una guardia pretoriana y de carácter mercenario. Eso es muy fuerte.

Añádase que los gobernantes proceden de un partido literalmente minado por la corrupción. Prácticamente ya todos los dirigentes reconocen que estuvieron años cobrando jugosos sobresueldos que, si no son directamente ilegales, son inmorales. Hasta Aznar, que se puso bravo cuando El País dio a entender que había cobrado sobresueldos y se querelló contra él, ahora da la callada por respuesta cuando el dato concreto parece ser que sí, que cobró substanciosos sobresueldos disfrazados con nombres caprichosos como "gastos de representación". Y ya no hablemos del presidente, bajo sospecha de haber participado en el generoso reparto de fondos B de Bárcenas. Es inconcebible que siga siéndolo del gobierno alguien en tales circunstancias.

divendres, 26 d’abril del 2013

El proceso de fascistización
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El proceso de fascistización es un concepto que hizo famoso Poulantazs para referirse a aquel por el cual una democracia burguesa podía convertirse en una dictadura fascista. Por supuesto, se trataba de un concepto que recogía ideas anteriores y debates con muy diferentes perspectivas y orientaciones. Pero la idea generalmente compartida era que el fascismo no se daba de la noche a la mañana, de golpe, como un terremoto, que no avisa. El fascismo era el producto de una previa evolución social en la que habían ido produciéndose muchos cambios paulatinos hasta llegar a la transformación completa, entera, la implantación de una dictadura militarizada de partido.

Siendo esto así muchos, no muy interesados en estudiar el sentido de nuestra época, sostienen que el fascismo es un fenómeno histórico localizado en el tiempo. Pero eso no quiere decir que no pueda repetirse. Ciertamente, para que ello suceda no es preciso volver a los tiempos de los uniformes, las correas, los desfiles a la luz de las antorchas, el saludo cesarista o el culto a la Walhalla. Esas cosas son la parafernalia del fascismo, pero no su esencia. Esta radica en unos modos autoritarios de entender toda (el fascismo es totalitario) relación social del tipo que sea,. familiar, mercantil, laboral, religiosa, cultural. El fascismo es un modo de entender la función que cumplen las instituciones, la familia por ejemplo, que no tiene por qué ir acompañada del resonar de las botas por las calles. Y a eso se llega paulatinamente, mediante reformas graduales que van orientando la acción social hacia el fascismo a partir de una situación democrática anterior. Un proceso de fascistización.

La cuestión es identificar las instituciones que se fascistizan y cómo lo hacen. La página anarchosyn tiene colgado el cuestionario de más arriba que es bastante sistemático y completo. Allí se le llama Early warning signs of Fascism, algo así como la detección precoz del cáncer. Lo he traducido como Aviso temprano de fascismo pero, evidentemente, es proceso de fascistización. También he traducido el resto del cuestionario porque me ha parecido de indudable aplicación al proceso que está viviéndose en España. De los catorce puntos que se señalan se me  hace indudable y evidente la similitud del 1º, 2º, 5º, 6º, 8º, 9º, 10º, 11º, 12º y 13º. No necesitados de comentario alguno. La confusión entre la Iglesia y el Estado es incluso cómicamente patente, cual se ve en esa ministra que gobierna de la mano de la Virgen del Rocío; el control de los medios de comunicación es asfixiante y de la corrupción no es preciso hablar. Ya lo hace la opinión a través de los barómetros.

Los otros puntos quizá necesiten alguna aclaración: el 3º, el enemigo/chivo expiatorio o cabeza de turco o ambos. Está claro, la antiespaña personificada en el PSOE. El 4º, el ejército. De vez en cuando se le oye; pero su preponderancia queda consagrada en el artículo 8 de la CE en relación con el 2. El 7º, la obsesión con la seguridad nacional no se da, de momento, en el terreno de la defensa militar, pero sí de la defensa financiera. Hay que hacer causa común detrás del gobierno porque la seguridad financiera de España en los mercados internacionales está amenazada. El 14º, las elecciones fraudulentas. Obviamente no se trata de que hubiera un fraude mecánico en el proceso electoral que fue limpio. Se trata del fraude moral de haber ganado unas elecciones con un programa electoral y poner en práctica el contrario. 

Todos esos puntos señalan el proceso de fascistización. El gobierno, probablemente el más desautorizado de la historia de la democracia y el más desacreditado, prácticamente no cuenta con apoyo en la opinión y descansa sobre el uso cada vez más frecuente y más intenso de la represión policial. Una dinámica de acción-reacción que suele acompañar a esos procesos de fascistización. 

Sin embargo, el recurso a la represión no puede ocultar el hecho de que el presidente que proclamaba que, cuando él gobernara, bajaría el paro, ha fracasado en toda la línea. El paro no desciende sino que aumenta; España no remonta sino que se hunde más, crece la emigración, se cierran más empresas, no hay perspectiva de recuperación sino de lo contrario y el gobierno no sabe ya qué decir, lo cual tampoco es tan desastroso porque su crédito es inexistente. Si se añade a ello que el presidente está bajo sospecha de haber cobrado sobres ilegales sin que la haya disipado contundentemente, se tiene una situación catastrófica, próxima a la ruina nacional.

Aumentan las voces extranjeras que piden un cambio de políticas y políticos en España. Desde varios cuarteles se ha advertido que España no recupera la confianza de los mercados a causa de la corrupción y de sus gobernantes y personal político muy mezclados con aquella. ¿No hay gente en el PP que vea lo desastroso de la situación y ponga en marcha un proceso de renovación interno que también debiera alcanzar al gobierno? ¿No debe encomendarse este a alguien que pueda dedicarle todo su tiempo y lo haga además con mayor provecho para la colectividad?

(La imagen es una foto de Anarchosyn, bajo licencia Creative Commons).