diumenge, 12 de juliol del 2015

Miedos de ida y vuelta.

Pablo Mayoral, de Podemos, decía ayer que Rajoy solo tiene miedo a Pablo Iglesias. El "solo" delata la convicción de que el PSOE y Ahora en Común no preocupan a la derecha. Es una riña por ver quién es más combativo, quién la asusta más, pues ese será quien gane las elecciones.

A su vez, Rajoy, el líder de la derecha, decía también ayer en una Conferencia Política del PP con la que ha iniciado la que promete ser la campaña electoral más larga desde 1977, que no sabe qué sea el voto del miedo. No que no sepa lo que es el miedo, como un valiente galo, sino el "voto del miedo". Y, sin solución de continuidad, se lanzaba a meter miedo en todas direcciones, asegurando que, si llega a gobernar Podemos, la pensiones se reducirán, los supermercados se vaciarán y la gente tendrá que hacer cola para sacar dinero; o sea, corralito. Nada, sin embargo, que no haya hecho él. Él ha bajado las pensiones en términos reales y ha esquilmado el fondo de reserva de la seguridad social. Los supermercados no están vacíos pero, para quien no puede pagar los precios de los alimentos (y hay mucha gente pasando hambre en España y muchos niños con malnutrición) es como si lo estuvieran. Igual que las colas para sacar dinero. Será quien lo tenga, porque los parados y quienes cobran salarios de miseria, por más cola que hagan, no sacarán nada.

Es la peculiar lógica de un presidente que vive en la paradoja y la contradicción sin que ello le preocupe. En realidad, no le preocupa nada. Si es capaz de ser presidente del gobierno de un país acerca de cuya deuda no tiene ni la menor idea, es que, en verdad, todo le importa un pimiento. Él lo que quiere es mandar en su pueblo, cobrar los sobresueldos si se tercia, que sus compadres se forren y los conserjes lo saluden respetuosamente al ir al casino a jugar la partida de mus. Lo demás es secundario excepto, por supuesto, la lectura del Marca.

En su alegato a la Conferencia ha repetido el rollo de la recuperación y ha insistido en la necesidad de que no se hagan locuras, ni cambios a tontas y a locas, que se siga por el sendero trazado con toda eficacia por su gobierno porque, de otro modo, se pondrá en peligro la susodicha recuperación. A continuación, también sin solución de continuidad, ha asegurado a su gente que frente a las vanas y alocadas promesas de otros, el PP representa el verdadero cambio. Es decir, pide el voto de la continuidad y el del cambio al mismo tiempo. Resulta absurdo, por supuesto, pero nadie seguramente lo hará notar porque el personaje, todo él, es un monumento al absurdo, un personaje del teatro del absurdo.

En realidad, la Conferencia sirve para anunciar que por fin se harán primarias en el PP, así como la novedad de que el programa electoral del PP incluirá un proyecto de reforma de la ley electoral de modo que gobierne siempre la lista más votada, otorgándole una prima. Es una práctica autoritaria con ribetes de dictadura porque se trata de fabricar mayorías parlamentarias que no reflejan las de la calle. Esa fue una de las razones de la conflictividad de la II República. Lo sorprendente es que, dado el desprecio del gobierno por la democracia, no haya tratado de hacerlo ya en esta legislatura, para garantizarse el triunfo, más o menos como lo hizo Berlusconi en Italia en su día. Pero no haya cuidado: si los dioses dan la victoria al PP en las próximas elecciones, la reforma se llevará a cabo y la derecha se perpetuará en el poder porque ni siquiera en estas circunstancias de vida o muerte será la izquierda capaz de unirse.

Sobre la corrupción, el tema dominante de su gobierno y legislatura, aquel por el que será recordado, ni una miserable referencia. Ni para anunciar medidas anticorrupción. A fin de mostrar su voluntad de cambio dentro de la continuidad, como diría el Caudillo Franco, el PP ha cambiado el logo. No es la primera vez que lo hace. Debe de ser la sexta o séptima. Ahora ha copiado el círculo de Podemos y ha sacado una imagen bastante cómica. Menos mal que están las redes para arreglar las cosas y hacer bien lo que las gentes hacen mal. El logo de la derecha trasmite mucho mejor que el oficial el espíritu del PP, que es el de la corrupción, los sobres, los sobresueldos, las comisiones, las mordidas, las estafas de todo tipo. Algunos de los intervinientes en esta conferencia de contradicciones e incongruencias sí han reconocido la corrupción de su partido pero solo para decir que los corruptos ya están fuera y la organización ha pagado el precio político por ella. Ambas cosas son falsas. Algunos corruptos pueden volver al seno de la organización, por ejemplo Bárcenas, quien deberá ser readmitido o indemnizado con 900.000 euros si prospera la demanda que tiene planteada. Otros que ahora gallean dentro de la organización y hasta en cargos públicos, pueden verse mañana ante los tribunales acusados de las prácticas corruptas que son el modus operandi del PP. Y también es falso que ehayan pagado el precio político. Este solo lo pagarán cuando pierdan las elecciones y se disuelvan como partido, pues no lo son.

Porque es así: el PP parece más una asociación de delincuentes que un partido político, al decir de algún juez en debida providencia.

Y que esa banda que ha expoliado el país vuelva a ganar las elecciones sí que mete miedo.

dissabte, 11 de juliol del 2015

Carta abierta a Palinuro.

Desde que te has hecho tan famoso, Palinuro, es difícil hablar a solas contigo. Tengo que aprovechar estos viejos usos de las "cartas abiertas" para conseguir tu atención, distraída por las furias, las pasiones y quisicosas del momento.

No te hablaré de lo que, a mi juicio, haces bien. Suficientes enemigos tienes que ya se encargan de evidenciarlo a base de copiar tus juicios y propuestas sin citarte. Prefiero concentrarme en tus deficiencias, que son importantes y conozco muy bien. No en balde somos el uno doble del otro.

Arremetes con frecuencia contra la derecha impresentable que desgobierna este país, pero no eres suficientemente incisivo ni contundente y, como no será por miedo a que los psicópatas del ministerio del Interior te apliquen esa Ley Mordaza que se han sacado de sus enfermas mentes, será a causa de tu natural comedido, fuera de lugar aquí. Sigues incurriendo en el error de tomar a estos bárbaros como gente civilizada respetuosa de las reglas de la sociedad. Eres un pánfilo. El Tribunal Constitucional, una cuchipanda de carcundas y militantes del partido del gobierno, acaba de reconocer como "derecho a la objeción de conciencia", el atropello y la agresión de un farmacéutico a una clienta al negarse a despacharle la píldora del día después. Que las convicciones de una secta de peligrosos fanáticos del Opus Dei tenga que ser norma de obligado cumplimiento y la misma posibilidad de que los miembros de esta secta sean magistrados del Tribunal Constitucional demuestran que este país sigue en la Edad Media y que sus tribunales siguen siendo los de la Inquisición.
 
Igualmente sería justo que incidieras más en la naturaleza cleptocrática del gobierno. Ya sé que llamas sobresueldos a su presidente, pero no es bastante. Deberías insistir más en el carácter neofranquista de esta banda de corruptos que se han inventado un partido más parecido a una partida de asaltacaminos para esquilmar el erario. El neofranquismo va emparejado con la arrogancia y la estupidez más acrisoladas y, si alguna duda cabe, ahí están Casado y Hernando que en nada desmerecen de Cospedal y Floriano en punto a imbecilidad consumada.
 
No basta con hablar del nacionalcatolicismo. Debe resaltarse que España ha vuelto a ser una hierocracia, un gobierno de curas. Toda la legislación educativa se ha ajustado a sus deseos, sus privilegios se han consolidado y expandido. Hoy la iglesia católica es más rica que nunca y está compulsivamente presente en todos los ámbitos, religiosos, civiles y militares. Los curas mandan; Rouco manda. Mandan hasta los brazos incorruptos, las reliquias y los monigotes policromados que estos fanáticos veneran como los salvajes los tótems.
 
Eres también muy blando con la oposición. No subrayas que IU, el disfraz que se buscó el Partido Comunista de España para tratar de engañar a los votantes, lleva treinta años viviendo de la fábula de erigirse en la verdadera izquierda o izquierda transformadora, no habiendo sido capaz ni de transformarse a sí misma ni de ser algo más que una fuerza testimonial que incluso ha olvidado el testimonio que quiere trasmitir. Y poco mencionas que solo ha servido para restar votos al PSOE, a veces aliándose con la derecha, a veces por libre.
 
Casi te dejas embaucar por los cantos de sirena de Podemos, que parecían inaugurar una época en que, a raíz de la conciencia universal del fracaso del comunismo y del capitalismo, se articulaba el discurso de una nueva izquierda no comunista y no socialdemócrata. En realidad, se trataba de los mismos de IU, sus nuevas generaciones que, hartas de cosechar derrotas, formularon un discurso pragmático, de un leninismo subrepticio. Chupando rueda de los movimientos espontáneos de protesta por la crisis, crearon un partido con el que anhelaban conseguir el viejo sueño del PCE y de IU de desplazar a la socialdemocracia y ponerse en su lugar. A punto estuviste de dejarte engañar por una parafernalia muy vistosa de aparentes novedades en formas, consignas, estilos, juicios, doctrinas que, en realidad, estaban todas plagiadas de las más diversas latitudes.
 
Apenas te has decidido a emitir juicio sobre los intentos de organizar confluencias para formar una especie de frente de las izquierdas residuales que se aprovechen del tirón de Podemos. Estas propuestas, como la de Ahora en Común, en su abrumadora falta de originalidad, son ejemplos de manual de la antigua táctica leninista de las  organizaciones de masas, tras de las que se camuflará una fuerza de vanguardia (obviamente, IU, es decir, el PCE de toda la vida) que será su nervio y cerebro gris. Su insistencia en ir del brazo de Podemos (que, muy sabiamente, no quiere saber nada de este coro de egos y narcisos desaforados, pues ya tiene los propios y desmesurados) solo prueba que son muy conscientes de que no sirven más que para dividir el voto de la izquierda. Y tampoco mucho porque, si así fuera, quizá tuvieran alguna esperanza mayor de que los de los círculos les hicieran algún caso.
 
Eres muy contemporizador con la deriva del PSOE no solo hacia la moderación sino hacia la condición de partido dinástico, monárquico y bien avenido con la carcunda hispana, de la que participan algunos de sus chupacirios más conocidos, como Fernández de la Vega, Bono o Paco Vázquez. No subrayas suficientemente que la coyunda entre la socialdemocracia y el neoliberalismo, propia de Europa y extensiva a España, demuestra que el PSOE ha perdido no ya su vena revolucionaria sino la tímidamente reformista. Apenas señalas que el partido, dirigido por una coterie de burócratas y paniaguados, carece de iniciativa política, de ideas y empuje porque los beneficiarios de los intereses creados, los enchufados de las jefaturas, no permiten una vida de debate interno real, ni una crítica, ni una discrepancia. Un partido apoltronado, complaciente y acobardado, incapaz de hacer verdadera oposición parlamentaria y mucho menos de presentar una moción de censura al gobierno más corrupto, desacreditado, impopular y reaccionario desde la muerte de Franco. Quizá desde antes.
 
Por último, impulsado por tu apoyo al derecho a decidir de los catalanes, te acomodas a una visión acrítica del proceso soberanista. Escurres el bulto cuando, en el curso de la controversia, se producen conflictos generados en la manía de los seres humanos de imponer criterios propios con fines partidistas. Justo lo peor para el objetivo independentista. La idea de la lista única por la independencia es buena, pero no puede convertirse en la moneda de cambio para que unos u otros, desde Mas a las CUP, pasando por todos los demás, traten de imponer sus criterios particulares. Todas las propuestas para esa lista pueden debatirse, pero ninguna debe imponerse sin consenso general. Y menos sacralizarse. Si su articulación es difícil, hay otras formas de proceder a instrumentalizar el objetivo, que es la unidad en unas elecciones plebiscitarias. La unidad ha de estar por encima de todo. Cueste lo que cueste.

Y eso reza también con las izquierdas españolas.

En fin, Palinuro, que tienes que ser más contundente.
 

El toque español.

Los cines Verdi de Madrid tienen en cartel una interesantísima película casi desconocida, dirigida, guionizada e interpretada por Fernando Fernán-Gómez sobre una novela de 1960, de Juan Antonio de Zunzunegui. Rodada en 1963 y estrenada en 1965, formaba parte de una trilogía cuyas dos primeras partes tuvieron cierta difusión. Esta, en cambio, desapareció de los circuitos, no se pasó por la televisión y es considerada como la "película maldita" del director. Todo a causa de los problemas con la censura franquista y que, si no fueron a más, se debió, probablemente, a que Zunzunegui era un escritor falangista, académico y bien visto por el régimen.

El film pasa por ser una muestra de realismo español con gran influencia del neorrealismo italiano de la época. Cierto, hay muchos elementos narrativos que recuerdan los relatos del cine italiano de ese género. Pero su nudo esencial -mejor dicho, sus dos nudos entrelazados- se narran con una perspectiva profundamente española. Es un realismo, un naturalismo si se quiere, alejado del espíritu amable, crítico, pero desenfadado del neorrealismo italiano, de carácter más duro, melodramático y truculento de la tradición española.

La historia refleja de modo inevitable por la época del rodaje un momento de transición entre la España autárquica del subdesarrollo y la España desarrollada de los sesenta. Las formas comienzan a cambiar tímidamente pero el peso del pasado, sus usos y costumbres, es aún atosigante, cosa que se registra en la narración de modo involuntario. Las fuerzas represivas, los militares, la autoridad, la Iglesia, están llamativamente ausentes. Y más aún, las dos únicas manifestaciones, el padre de familia, un guardia municipal, y uno de los hijos, un seminarista fracasado, pueden verse casi como caricaturas de aquellas. Pero, en realidad, no hacen falta. En los años sesenta, la sociedad ya ha interiorizado el superyo impuesto a tiros por los vencedores de la guerra. Los niños han sido educados en el nacionalcatolicismo más ramplón y miserable de obediencia y sumisión. Los adultos han olvidado ya qué era la libertad, los derechos y la dignidad de las personas. El imperativo social es sobrevivir como sea en un ambiente de control asfixiante, tratando de aprovecharse todo lo que se pueda y de no significarse en demasía pues eso es peligroso.

La trama, muy poderosa, se separa bastante del realismo ambiente. Está dividida en dos vectores, ambos de carácter fuertemente literario. De un lado, una historia de perdición personal del protagonista, un ludópata adicto a las quinielas que ocasiona finalmente una tragedia, y, por otro una de odio entre dos hermanas que asimismo acaba en tragedia. Esta segunda rompe algo los moldes del realismo porque es muy original. De hecho, al escribir "odio entre dos hermanas" me doy cuenta de que es una situación tan poco tratada en la literatura que carece de adjetivo paralelo al de cainita. No es fácil encontrar historias de odio entre hermanas. La más cercana que se viene a la memoria es la de ¿Qué fue de Baby Jane? y no incluye odio simétrico como esta. En sí mismo este choque, que materializa una oposición primitiva entre el bien y el mal, el pecado y la virtud, tiene un elemento teatral, procedente, supongo, de la circunstancia de que Zunzunegui, además de novelista, fuera crítico teatral y se introduce a sí mismo en la narración como uno de los personajes, precisamente crítico de teatro y, por cierto, bastante difícil de encajar en el realismo de la obra.
El toque español está en esa obsesión generalizada con los asuntos sexuales y la mezcla de autoritarismo indiscriminado (compatible con cierto paternalismo en las relaciones laborales que hoy llama la atención), con el machismo más subido, el maltrato a las mujeres resignadamente aceptado, la hipocresía de las relaciones familiares y el grado de estupidización de las gentes, visible en unos originales flash backs de un concurso de "Miss Maravillas" y unos planos de un partido de fútbol con las gradas abarrotadas, como de costumbre.
 Los exteriores y los planos de interior son escrupulosamente realistas y quien quiera saber cómo se vivía en España a fines de los 50 y comienzos de los 60, específicamente en el barrio de Maravillas de Madrid, el de Rosa Chacel de antaño y el patio Maravillas hogaño, que vaya a ver la película, cuya ambientación es impecable porque no es ambientación sino la realidad cotidiana misma. Puro realismo. Y una película extraordinaria, con gran dirección e interpretación y algunos defectos de guión.
La España de ayer y de hoy.

divendres, 10 de juliol del 2015

Sumar restando.

En las próximas elecciones generales se presentará la derecha unida en torno a  un logo nuevo que es todo cuanto está dispuesta a renovar. No le hace falta más. La fórmula hasta ahora le ha dado un resultado óptimo, pues ha gobernado el país con mayoría absoluta durante cuatro años y de paso, lo ha esquilmado con todo tipo de corrupciones y estafas. Además, ha impuesto su nacionalcatolicismo en una involución ideológica que, en algunos aspectos (como medios de comunicación, orden público, enseñanza, derechos laborales, etc) ha hecho retroceder el país a los tiempos del franquismo. A su vera trata de conseguir algo de relieve una organización de supuesto centro, Ciudadanos, cuya función real es remansar los votos de la derecha que se fuguen del PP.

Frente a este bastión se concentran cuatro columnas de ataque de la izquierda que tratan de conquistarlo, pero cada una por su cuenta. La primera es el PSOE, el viejo y venerable partido de la izquierda dinástica, que comparte con la derecha largos años de memorias y experiencias parlamentarias desde la transición. La crisis y la singular impericia de su dirección lo hundieron en la segunda legislatura de Zapatero y en las elecciones de 2011 sufrió una derrota sin precedentes en estos tiempos de mediocre democracia. Esa crisis y los subsiguientes cuatro años de gobierno cleptocrático de la derecha, provocaron la aparición de un amplio movimiento de protesta cristalizado en diversas fuerzas orgánicas que ahora compiten entre sí por enfrentarse al PP en las elecciones. A día de hoy aparecen Podemos, Ahora en Común y el nuevo partido de Alberto Sotillos, Decide en Común. Pero lo único que en verdad tienen en común es que ninguno considera al PSOE como un "verdadero" partido de izquierda y eso que muchos de los militantes y dirigentes (sobre todo dirigentes) de las nuevas formaciones proceden de él y a pesar de que es con el que están pactando en municipios y comunidades.
El que habla con más claridad, quizá por su juventud, es Alberto Sotillos quien, al frente de un grupo de escindidos del PSOE, ha creado uno de estos partidos nuevos, Decide en Común, cuyo objetivo, formulado con espíritu surrealista, consiste no en restar sino en sumar. Para sumar aquí empieza por restar en su antiguo partido. Claro que este no es de izquierda. ¡Si lo sabrá él, que viene de allí! Y, para que se vea su voluntad de sumar, apenas se ha  constituido como partido y ya está llamando a la puerta de Podemos.  
A la puerta de Podemos llama también una nueva formación que está gestándose estos días, Ahora en Común. Es el último intento del sector garzonita de IU de poner en pie una plataforma de acuerdo, una organización unitaria que amalgame en feliz unidad de acción a todas las fuerzas a la izquierda del PSOE. Su pretensión es enfrentar con un hecho consumado unitario a Podemos, siendo así que estos ya han anunciado que, viendo con buenos ojos todo proceso de confluencia, el referente siguen siendo ellos y solo ellos. No es probable que esta disyuntiva se resuelva en un sentido u otro antes de las elecciones, pero sí lo es que, si Ahora en Común consigue consolidarse, restará votos y quien sabe si militancia, a Podemos. Esta organización presenta un aspecto monolítico, con unidad de mando, y se revela incompatible con la articulación de un movimiento que refleje la rica variedad de la izquierda española, un firmamento en el que luce una pluralidad de cuerpos celestes.
En resumen, la izquierda aparece aquejada del viejo vicio del ejército español: demasiados generales para tan pocos soldados. Demasiados jefes para tan escasos militantes. El ejército español no ha ganado una guerra internacional de cierto fuste hace más de trescientos años y una izquierda tan atomizada lleva camino de repetir la hazaña en las elecciones.
Este fraccionamiento con rabiosos toques de narcisismo y egocentrismo es el que está favoreciendo más la recuperación del PSOE como alternativa verosímil a un PP tan desnortado que imita a Podemos en su nuevo logo.

dijous, 9 de juliol del 2015

Volte Face.

El lunes salimos todas las izquierdas a celebrar la valentía, la dignidad del pueblo griego que, con un 61% de "no" y un 38% de "sí", había dado una lección de coraje, soberanía y patriotismo a toda Europa, diciendo "no" a la Troika, al chantaje de los bancos, a mayores sacrificios del pueblo griego. Y el primero de todos, Palinuro, que concluía que la jornada había sido un éxito para Grecia y, curiosamente, redundaría en beneficio interno del PP, que pedía el "sí" y Podemos, que pedía el "no", mientras que el PSOE había metido la pata porque no se había declarado abiertamente a favor del "no" del pueblo griego y había jugado a la indefinición más timorata.

Dos días después, ya no estoy tan seguro. Verdad es, el "no" de los griegos es un "no" valiente. Pero también suicida, si no puede sostenerse después frente a la presión de los acreedores y ese mismo pueblo se ve luego obligado a aceptar las duras condiciones que querían imponerle e incluso agravadas. Tsipras aceptaba ayer las tres principales medidas que los griegos habían rechazado indignados el domingo anterior: subida del IVA, recorte de las pensiones y no reestructuración de la deuda. Y todo eso, ya.

Una volte face completa. Para ese viaje del "no" inicial al "sí" del miércoles, no hacían falta las alforjas. La situación ha dado un giro de 180º y ahora ya no está tan claro que los beneficiarios políticos del desastre griego sean el PP y Podemos y el PSOE, en cambio, haya metido la pata y se quede fuera. El 61% del apoyo popular era un mandato fuerte para que Tsipras negociara ¿qué? Obvio: un nuevo acuerdo con la Troika o la salida de la eurozona. Esta segunda posibilidad ya se desechaba antes de saber los resultados y, con estos en la mano, el nuevo acuerdo ha resultado ser el viejo y agravado.

El discurso de Tsipras en el Europarlamento para presentar las nuevas reformas se ha moderado mucho. Ahora ya no se presenta la calamidad griega como el resultado de una conjura de bancos y capitales que quieren arruinar a Grecia, sino, en gran medida, por las negociaciones de los gobiernos griegos en las cinco años anteriores a la llegada de Syriza al poder y las condiciones de los dos rescates anteriores. Y hay más: los griegos reconocen asimismo ahora en sede parlamentaria que la culpa de su situación es básicamente suya, a causa del clientelismo, la corrupción y la evasión fiscal que practicaron los gobiernos anteriores. Justamente los rasgos más acusados de la derecha en España y del PP en esta legislatura en concreto: clientelismo, corrupción y evasión fiscal, es decir, las causas de la crisis en este país, agudizada por los latrocinios de un partido que hasta los jueces consideran una especie de banda de ladrones. La crisis griega es, sobre todo, resultado del desastre griego y la española, resultado del desastre español. Es absurdo confiar en que van a sacar al país de ella los mismos que la ocasionaron.

Así que no es cierto que el PP vaya a beneficiarse del resultado del referéndum griego. Al contrario: aparecerá como la viva imagen de los partidos corruptos griegos y habrá de pagar su parte de responsabilidad en merma de apoyo electoral.

Y lo mismo le sucede a Podemos. Si el bravo "no" griego no puede mantenerse frente a la dureza de la troika y Syriza tiene que ceder y tragar lo que antes rechazó, afectará negativamente a la campaña de imagen de Podemos. Por supuesto, es muy fácil animar a otro a saltar en el vacío y aplaudirlo. Pero ¿qué puede o quiere hacerse después de que el otro se haya estrellado contra el suelo? Si no pude hacerse nada, si no cabe evitar que se estrelle, si no se puede impedir que, para mantenerla en el euro, la Troika imponga a Grecia condiciones más dacronianas, ¿cual será el discurso de Podemos?

Vendría así a resultar que, en definitiva, la posición ambigua, moderada, indecisa del PSOE era la más acertada. Lo siento por los amigos que firman el artículo de Público Grecia: el triste papel de la socialdemocracia porque da la impresión de que el triste papel es el de los articulistas.

Nadie en Europa quiere que Grecia salga de la zona euro. Pero nadie tampoco parece fiarse de los griegos excepto los de Podemos y otros izquierdistas que quizá estén sentando plaza de ingenuos. Tsipras reconoció en el Europarlamento que la desgracia griega no era de importación sino producida en la corrupción general del país, como en España.

Pero hay algo más, algo que, de ser cierto, dejaría a toda la izquierda no socialdemócrata en una posición ridícula mientras que dignificaría la actitud del PSOE. Se trata de la hipótesis, formulada por Ambrose Evans-Pritchard (el hijo de E. E. Evans-Pritchard, por cierto, gran teórico de la antropología británica) en el Telegraph de que, en realidad, Tsipras convocó el referéndum del domingo con el deseo de perderlo, lo cual mejoraría su posición de negociación, pues no se vería obligado a mostrar que el referéndum era un bluff. Bien pudiera ser cierto. Es hasta probable y no muy infrecuente en política. Cuando estas izquierdas ingenuas recuperen la serenidad quizá recuerden un chiste que circulaba mucho en los tiempos del referéndum en España y que describe muy bien estas complejidades de posiciones que se amagan y no pueden extenderse. Se decía que el referéndum se ganaría con seguridad si la pregunta fuera: ¿Quiere usted que España se quede en la OTAN con su voto en contra?

A la sombra de su sombra.

Juan Maestre Alfonso (2015) Persiguiendo mi sombra. Pecado, culpa y sociedad en la España de Franco. Salamanca: Comunicación social (297 págs.)
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He leído de un tirón el libro de Juan Maestre. Me atraparon los dos primeros párrafos, en los que cuenta cómo un cura abusaba de él con prudencia jesuítica cuando era niño. El hermano Z. (casi todos los nombres en la obra vienen en iniciales) le metía mano. No a fondo, pero sí lo suficiente para que el chaval tardara veinte años en contárselo a alguien y, además, a un compañero de colegio, que es un contar a medias, y unos sesenta en explayarse sobre ello en público.
 
Es un libro de memorias, pero tan original y personal que se lee como una novela. Porque viene novelizado. Maestre, con toda una larga trayectoria de sociología cualitativa a la espalda, influido por Jesús Ibáñez y sus grupos de discusión, por Ángel de Lucas y, sobre todo, por la técnica de las historias de vida, en la que tiene reconocida reputación, ha pasado a contar la suya pero a través de las de los demás. Incluso cuando habla de sí mismo (capítulos primero y último) lo hace distanciado, en los momentos de apertura y cierre, por así decirlo, de su ciclo vital. Verse a sí mismo en el recuerdo como otro y verse a sí mismo en el retrato de hoy pero como un tercero, introduce una visión literaria. Las historias de vida son cruces de caminos en que se encuentran varias ciencias sociales y la literatura. De hecho las memorias están siempre, obligatoriamente, realizadas desde la perspectiva que los novelistas llaman "narrador omnisciente".  Y eso sucede en persiguiendo mi sombra, en dos capítulos habla de sí mismo a través de sí mismo y en cuatro de sí mismo a través de otros, y en todos prevalece la figura del narrador, punto al que se refieren las historias propias y las de los demás.
 
Una obra así concebida, escrita en un castellano fluido, elegante, sobrio, sincero, encandila. No se lee; se devora o se bebe. Fui posponiendo otros quehaceres, sacando tiempo de donde no lo había, hasta concluir la lectura, fascinado por el despliegue de una vida que, en su mayor parte, ha transcurrido bajo el franquismo, como se hace notar en el subtítulo de Pecado, culpa y sociedad en la España de Franco. Concluido el leer, llegó la perplejidad. Ese libro narra también mi vida. No solamente porque sea más o menos coetáneo del autor sino porque algunos de los personajes de que trata también los traté yo, porque los lugares de su infancia en Madrid son los míos en mi adolescencia. El cuadrilátero urbano que dibuja, Bilbao, Quevedo, Argüelles y Dos de mayo (p. 257) me es tan familiar (ampliando el límite sur del Dos de Mayo hasta el metro de Noviciado) como mi cuarto. Y porque fui partícipe de algunas de las peripecias que cuenta, no en los episodios narrados, pero sí en otros.
 
 Mi primera reacción fue ponerme al teclado y escribir un ditirambo. Yo también publiqué hace unos años una especie de memorias, igualmente mezcladas con consideraciones sociales y políticas que, en el fondo, nos sirven a los académicos para no ir demasiado a lo privado, (Rompiendo amarras. La izquierda entre dos siglos. Una visión personal. Madrid: Akal, 2013). En la medida en que eran memoria, también recreé esos paísajes urbanos, incluidos los bulevares, de cuya desaparición se lamenta Maestre. Sí, preciosos aquellos paseos centrales arbolados por cuyas veras subía y bajaba el tranvía que iba a Rosales, pero absolutamente incompatibles con la densidad de tráfico que hoy soportan los cinco tramos de Marqués de Urquijo, Alberto Aguilera, Carranza, Sagasta y Génova. Cinco nombres de calles de Madrid sin  ningún militar ni santo ni cura. Un milagro. El resultado hubiera sido una crítica laudatoria, hablando de los viejos tiempos, que no tiene mayor interés.
 
Luego reparé en que las coincidencias de lugares, hechos y personas, dan pie a muchas discrepancias también. Juicios sobre las personas, valoraciones de los hechos, interpretaciones de las relaciones. Mi segunda reacción fue de nuevo saltar sobre el teclado a dejar constancia de mis objeciones, críticas, reproches, a meterme en donde no me llaman y enjuiciar al autor. La crítica podía convertirse en una controversia, en una diatriba. Pero no por ello tendría mayor interés si bien, quizá, mayor audiencia, por cuanto siempre atrae más la riña que la concordia, aunque lo correcto sea decir lo contrario.
 
Me llevó más decidirme a comentar el libro que leerlo. Al final me puse a hacerlo adoptando como guía el huir de los dos extremos, el ditirambo y la diatriba, pues ambas actitudes obscurecen y acartonan el relato. Basta con que este se componga de observaciones espontáneas, surgidas al paso de una lectura que tiene muchos registros pero aparece unificada por un hilo conductor: el de un hombre que intenta exponerse como se ve. Con otro paralelo: el de un lector que trata de entender cómo se ve el autor y, de paso, verse a sí mismo como punto de referencia. Y ese es a mi juicio el mayor mérito del libro de Maestre, que nos interpela personalmente. 
 
Así que el hermano Z le metía mano. Maestre se educó en los jesuitas de Areneros y eso marca. Elitismo, privilegios, disciplina y mucha hipocresía. Claro que marca. Maestre ve su propia vida como una lucha por librarse de la marca. Y no está muy seguro de haberlo conseguido. Este capítulo autobiográfico lo prueba.  "En materia de castidad no existe pecado venial", le decían. Considera que es algo tremendo que todavía lo obsesiona y le afecta porque entiende que la represión sexual fue una constante de su generación, de la que esta no podía sustraerse y la mayor a que se la ha sometido y lo reitera en la obra (pp. 18, 41, 159). Recordando los ejercicios espirituales, acaba asimilando el colegio a un campo de exterminio, como los de los nazis y los comunistas pero, como a estos, el tiro les salió por la culata pues fueron muchos los que se situaron en las antípodas de lo que los jesuitas querían (p. 52). Los jesuitas sufren a veces esas paradojas. Recuérdese a Voltaire, siete años interno con los jesuitas de Louis-le-Grand. Pero tampoco es el asunto tan drástico. A pesar de irse a las antípodas, reconoce que, aun habiendo roto los lazos institucionales, mantiene relaciones "fluidas, sinceras, distendidas" con los padres (p. 65). Igual que Voltaire, cuya veneración por algunos de sus maestros le duró toda la vida.

De los jesuitas alaba cierto espíritu igualitario que probablemente enlaza con el de las misiones del Paraguay y que se observaba en el hecho de que el colegio tenía también unos internos uniformados de los que, dice, los externos intuían que "no eran de nuestra clase" (p. 59). Es curioso. Yo me eduqué en un colegio de medios pelos, gestionado por el arzobispado de Madrid y también me llamaron la atención aquellos internos uniformados. Eran los contingentes de huérfanos de distintas instituciones que los colegios de Madrid tenían que admitir después de la guerra. Nunca los consideré de "otra clase" y tenía amigos entre ellos, como entre los externos. Claro que, como hijo de republicanos vencidos en la guerra civil, eso no me era difícil. Maestre expone reiteradamente su conciencia de ser de familia de vencedores. Yo crecí en familia de vencidos. Pero de vencidos que se consideraban moralmente vencedores. Algo que muchos vástagos de los vencedores de la generación de Maestre acabaron aceptando, lo cual explica algunos misterios de la historia reciente del país.

Además de ser hijo de vencidos que no aceptaron la derrota y siguieron luchando por la República, en mis años de colegio jamás vi un cura. El único clérigo era uno secular encargado de los frecuentísimos ritos religiosos de la época, misas, rosarios, via crucis. Todo el profesorado era seglar. Hasta el profesor de religión era un cura défroqué y algunos de los enseñantes hasta republicanos a las escondidas, habiendo sobrevivido con argucias a las temibles depuraciones que hicieron los fascistas. La pederastia allí estaba descartada y la represión sexual era parte de la represión general de las ordenanzas hispanas, pero acababa a las puertas del colegio y cada cual se buscaba la vida como podía, algunos con notable éxito.

Profesa Maestre gran admiración por su compañero de curso V. P. D., quien llegó a príncipe, categoría definitiva en el ámbito jesuita. Pero se molesta porque V. P. D. consigna en un libro valoraciones negativas (que él considera superficiales y periféricas) de la labor de los jesuitas en América y del padre Arrupe en concreto (p. 65). Son los misterios de la marca de la casa. Al hermano de Voltaire lo educaron los jansenistas y las conversaciones entre ambos debían de ser asaz curiosas. Por mi parte no comparto en absoluto la admiración de Maestre por la capacidad intelectual de V.P.D. pero sí coincido con este en tener muy pobre opinión de los jesuitas allí en donde se den.

Salido del colegio con propósito de no ser monje, Maestre opta por las armas. Será soldado y se prepara para la carrera militar. Esta parte de la historia ya tiene una ajena, la de su compañero Antonio quien, fracasado en el mismo intento castrense, acaba al parecer, suicidándose en Peñíscola. Su propio abandono de la vocación militar se explica a la luz de su juicio actual sobre las fuerzas armadas de entonces (el actual ha mejorado) a las que hace responsables de la  "tibetanización de la nación" (p. 80, 187). El término tiene una claro eco orteguiano. España necesitó 16 años para superar la brecha de la guerra civil y vivía "tibetanizada" en Europa (p. 89). Y el plazo parece desacertado. En 1955 no se superó brecha alguna, salvo que se interprete por tal el ingreso en la ONU, cosa poco convincente. Hoy, además, sabemos que, mientras haya más de 100.000 personas asesinadas en las cunetas de España, esta no habrá superado brecha alguna.

Hay un toque de color en la aventura militar de Maestre al referirse al africanismo de Franco: la "guardia mora" (p. 90), la "guerra de Ifni" (p. 91). El "africanismo" tenía un toque casi tribal. El espectáculo de la guardia mora era de película de Hollywood y, de hecho, lo que la historia gráfica recuerda de aquella guerra semioculta es la visita que hizo Carmen Sevilla a las tropas en Sidi Ifni en la nochevieja de 1957. Una imitación de la que hizo Marilyn Monroe a las tropas yanquies en Corea en 1954. El país es así. Puro plagio.

Por fin Maestre reconoce que tampoco quiere ser soldado y se apunta a las letras. Y ese es el comienzo de su tercera vida, que resulta ser la definitiva. Estudia Derecho, Ciencias Políticas, Graduado Social, se licencia, se doctora y emprende una vida que casi puede caracterizarse de errante por distintas geografías, recala en Lovaina, es becario en Israel, escribe dos libros (luego, llegarán más), es sociólogo del ministerio (p. 96), viaja por América, ejerce docencia y asesoramiento en diversas partes del mundo, hace política en España y finalmente se jubila en la Universidad hispalense en la que es emérito, rodeado del reconocimiento de colegas y discípulos. Atalaya desde la que describe su vida en clave de vidas ajenas

Metafóricamente podríamos asimilar la decisión de Maestre de colgar los futuros hábitos y renunciar a lucir uniforme a una especie de rebelión final contra la figura del Padre. Al fin y al cabo, está muy presente en su ánimo su idea de proceder de una "típica familia de clase media-alta, católica a lo hispano, de derechas y, en consecuencia, de los vencedores de la guerra civil..." (pp. 94/95, 164, 174, 178, 236), en donde esos oficios se verían con buenos ojos. "Padre", llega a firmar Maestre, es la palabra clave en la educación de Antonio, (p. 101), el supuesto suicida de Peñíscola. Porque, añade, el problema del padre es el de su generación, que considero la mía, porque desemboca en el autoritarismo que parte del régimen e invade la familia, sobre todo la familia del régimen. Muchas reacciones antifranquistas eran a veces reacciones contra el padre (p. 105). Sí, el padre suele ser el problema, pero también cuando falta. Mitscherlich, el discípulo de Freud, consideraba que la sociedad alemana de la posguerra era una "sociedad sin padres", lo cual era estrictamente cierto dado que en la guerra habían muerto muchos de los que hubieran podido serlo o ya lo eran. La presencia o la ausencia del padre son siempre problemáticas. En mi caso, por ausencia, dado que mi padre se exilió y yo crecí en un matriarcado.

La vida política de Maestre parece haber sido tan moderada como radical su doctrina. En otro capítulo pergeña la vida de otro personaje, Fernando, un elemento pocedente del frente de juventudes (p.141) que se pasa a la izquierda y se enamora de una señorita bien, Gloria, quien le correspondía. Lo grueso del relato -que las nuevas generaciones harán bien en calibrar, tratándose de la España de los años sesenta o setenta del siglo XX- es que la familia no aceptó la situación y metió a la niña en un hospital psiquiátrico en Santander durante cinco años (p. 148). Fernando no pudo sacarla de allí y acabó casándose con otra. Su izquierdismo lo llevó al PSOE y el autor, que reconoce haber militado cierto tiempo en el PCE, lo juzga como "visceralmente anticomunista" (p. 154) pero aun así, capaz de hacer campaña en contra de la permanencia de España en la OTAN. Siempre me ha llamado la atención esa expresión de "visceralmente anticomunista" con la que los militantes del PCE daban por perdidos los casos de determinados interlocutores. Y la verdad es que, los breves meses que yo estuve en el PCE, tambén encontré muchos comunistas que eran "visceralmente antisocialistas". En realidad, entre el PCE y el PSOE siempre ha habido muchas vísceras. Maestre parece haberse movido más cómodamente en la esfera del PSOE que izquierda es, al fin y al cabo. Ignoro qué actitud adoptaría frente a la cuestión de la OTAN, que fue muy reñida. De mí puedo decir que me pronuncié por el sí sin ser ni haber sido nunca militante del PSOE, únicamente empujado por mi convicción de que España debía dejar de ser "singular" y estar en todos los organismos y organizaciones en que estuvieran los llamado "países de nuestro entorno". No hace falta señalar que hube de aguantar entonces y aun ahora, mucha "visceralidad".

El capítulo dedicado a un tal José Luis A. trata de un episodio que también me toca muy de cerca. En los años 60, la guardia civil detuvo a tiros a dos miembros del Partido Comunista de España (m-l), cuyo dirigente por entonces era mi padre y en el que no milité jamás. Uno de los detenidos, Riccardo G., un italiano, recibió un tiro en la boca (p. 164). Riccardo era amigo mío. Habíamos estado juntos en el PCE y, luego, mientras yo abandoné  toda militancia partidista, él se hizo prochino. Desde entonces nos hemos visto ocasionalmente. Curioso destino el suyo. Maestre actuó como su abogado el juicio que se le siguió en el Tribunal de Orden Público, pero la historia que le interesa es la de José Luis A., el copiloto de Riccardo en el momento del disparo. Igualmente un ejemplo de buena familia, muy católica y muy derechas, exmiembro del Frente de Juventudes (p. 173), admirador del Tercer Reich y también militar frustrado. Un caso similar al del autor que confiesa haberlo perdido de vista cuando salió de la cárcel (p. 195) y no sabe que haya hecho nada. Con algo de resignación viene a decir que, en definitiva, la Transición la hicieron los "reformistas del franquismo", Suárez, Rosón, Martín Villa, Aparicio Bernal, Gabriel Cisneros (p. 172), en realidad, los que habían hecho la carrera a la que  José Luis A. se destinaba a sí mismo y de la que se desvió.  

Hay un curioso capitulo dedicado a Tomasa, la sirvienta que estuvo prácticamente toda la vida con su familia, a la que llama "asistenta" y que luego heredó él. "Una más de la familia". En casa de mis abuelos paternos siempre había un par de criadas y una cocinera, generalmente chicas jóvenes que mi abuela traía de la aldea y a las que renovaba según volvían a ella para casarse o porque las familias las reclamaban. Es decir, ninguna duraba. En casa de mis padres hubo en ocasiones alguna interna pero que también cambiaba con frecuencia, según dictaban las oscilantes circunstancia económicas de la familia, nunca muy boyantes y, a veces, angustiosas. Es decir, no he conocido esa experiencia de la sirvienta "de la famila", que ve crecer a los hijos y acaba siendo como una especie de madre para ellos. En todo caso, al autor le sirve no solo para dedicarle un recuerdo sentimental sino también para asomarse al mundo de la gente más pobre y desasistida. Tomasa era hija de un peón caminero que tuvo abundante descendencia. Casó con uno de su condición y tuvo la mala suerte de montar la casa en Brunete, el de la famosa batalla. Al terminar esta, ya no tenía casa y pasado poco tiempo, quedó viuda y, luego perdió a su hijo. Las observaciones de Maestre sobre la resignación y el fatalismo con los que Tomasa vivió su duro destino son de las más ilustrativas de un libro en el que hay muchas otras, pero no sé si tan sentidas. (p. 220).

Los capítulos centrales nos llevan por otros vericuetos al trozo autobiográfico del final en el que Maestre despliega sus tres nombres, Juan Mariano Julián, y da las últimas pero muy significativas pinceladas al cuadro. Matiza el autor la imagen de "familia privilegiada de vencedores", situándola, al menos en parte entre los "desertores del arado", si bien añade que eso pasa a casi todo el mundo excepto a la Familia Real y a Romero de Solís (p. 238), uno de los pocos que no está oculto tras unas siglas y, por probable afinidad profesional,  se tratará de Perico. Me siento hermanado con el autor. Mi familia paterna es de desertores del arado en sentido estricto. Mi abuelos paternos, labrantines poseedores de una herrería en un pueblo de Cuenca. Sus hijos, comunistas. Mi abuela materna, rica terrateniente gallega (que ya es difícil), casada con prestigioso vástago de linaje de letras y naturalmente del régimen, aunque tibios a fuer de tradición liberal. Esas mezclas, transgresiones de clase, las trajo la guerra.

Casi al final del libro, el autor señala que fue hace poco tiempo cuando su mujer le informó del origen ilegítimo de su padre, cuestión que no le preocupa. Pero de nuevo se viene a la memoria Voltaire, con quien empezó esta crónica, cuando decía, lleno de orgullo, no que su padre fuera ilegítimo, sino que lo era él mismo y siempre dijo admirar grandemente a su madre por haberlo concebido del señor de Rocabrune, "mosquetero, oficial, autor y hombre de espíritu" y no del vulgar notario Arouet. Hablando de padres...

 

El arte del cosmos.


Mi amiga Eloísa Tréllez Solís, gran especialista en cuestiones de conservacionismo, medio ambiente y crecimiento sostenible, que reside en Lima, Perú, monta un espectáculo llamado Urania sobre las maravillas del universo, el cosmos y el equilibrio de los espacios insondables. Lo hace con un grupo de bailarines y músicos en el teatro Británico de Miraflores, a unos (pocos) kilómetros de Lima, y estarán en escena los días 7 a 10 de agosto próximo, ambos inclusive. Aquí hay un estupendo vídeo que resume muy bien el espectáculo, coreografía, música e imagen.

Para los españoles pilla un poco a trasmano, pero si algún lector de Palinuro de Lima se decide a ir (al fin y al cabo, allí no hará tanto calor como aquí, dado que están en invierno), seguro que le gustará. Es una gran  muestra de arte digital. 

dimecres, 8 de juliol del 2015

Las listas en España y Cataluña.

La política en democracia acaba siendo una cuestión de listas. De quién va en las listas y en qué puestos. En estos momentos hay dos tipos de listas confeccionándose: la que propone la dirección de Podemos para España y la que tratan de organizar los soberanistas para Cataluña. Tienen algunos elementos en común. El más evidente, que ambas quieren incluir nombres independientes. Pero presentan problemas distintos.

La dirección de Podemos propone una lista de colegio nacional único, como en las europeas y empieza apuntando ya 65 nombres en espera de que se completen hasta los 350 escaños. La decisión se ha encontrado con una súbita reacción en contra del sector asambleario en la tendencia anticapitalista, que pide otro procedimiento. Resurgen los enfrentamientos entre las dos vías de Podemos, la centralista, en un espíritu bolchevique y la asamblearia, más de grass roots. Contra la primera previene Elorza en un artículo de El País, Leninismo amable, un título que ya mete miedo. Los de la segunda reiteran su actitud crítica, de oposición, en la tradición trostkista, pero está por ver que sean capaces de pasar de las palabras a los hechos, pues ignoran su fuerza real. Que no parece mucha. La suficiente para incordiar, pero no para imponer otra forma de actuación en el partido.

En todo caso, ese es un problema interno que deberán resolver los de Podemos por la cuenta que les trae, ya que de no hacerlo, puede envenenarse, sembrar el desconcierto en el electorado y llevar al fracaso en las elecciones; incluso a no llegar a estas. El problema más práctico es el de la naturaleza de esa lista. Confeccionada bajo el supuesto de la circunscripción única, no puede ignorar que el sistema electoral parte de la circunscripción provincial. De forma que la lista, en el mejor de los casos, podrá verse como un reservorio del que extraer luego l@s candidat@s más adecuad@s para las provincias. Al margen del riesgo de la consolidación de los famosos diputados cuneros, está la alta verosimilitud de que el reparto provincial de puestos sea un lío. La lista final la aprobará la máxima autoridad, pero habrá que negociar su composición local aplicando una multiplicidad de criterios como el de transversalidad, perspectiva de género (los 65 nominados por la dirección son escrupulosamente paritarias), plurinacionalidad del Estado, multiculturalidad, pluralidad de opciones sexuales, etc. Eso promete ser lo que nuestros antepasados llamaban "encaje de bolillos".

Algo parecido con la lista única por la independencia de los soberanistas. Si no he entendido mal, la reclamó Mas y, por tanto, es de suponer, CDC, la aceptó la ANC, luego Ómnium y acaba de hacer suya la idea las CUP. Queda por saber qué hará ERC. En algunos lugares he leído críticas a la iniciativa, a la que se acusa de ser un intento de hacer a un lado el liderazgo de Mas. Cosa que no se entiende bien si es el propio Mas quien la ha propuesto. Lista única de nombres de la sociedad civil, sin políticos. Una representación transversal de Cataluña. Insisto: sin políticos. Ayer mismo se publicaba un cálculo electoral según el cual si había tres listas soberanistas, el soberanismo tendría el 50% de los escaños; si dos listas, el 60%; y si una sola lista, el 75%. ¿Cómo puede caber alguna duda? Obviamente la idea es muy buena y muy atractiva. Una mayoría abrumadora a su favor entre otras cosas por no llevar políticos. La gente está tan harta que hasta quiere perder de vista a los políticos que habitualmente vota.

Las dificultades comenzarán al día siguiente y es inútil ignorarlas. Los noventa y tantos escaños a favor de la independencia quieren decir que el Parlamento pasaría a ser Asamblea Constituyente revolucionaria al estilo del Juego de la Pelota ipso facto. En realidad, es que no pueden hacer otra cosa. Piénsese que no son políticos. Son dignos representantes de la sociedad civil que se prestan a un pronunciamiento simbólico, pero no a gestionar el día a día del gobierno y la legislación de una Comunidad. No están preparados para la gobernación regular de las instituciones ni interesados en ella, pues tienen otras ocupaciones que atender, pero podrían encontrarse en esa situación si, por la razón que fuera, no pudiera iniciarse un proceso constituyente, único motivo que quizá les justificara el abandono temporal de sus profesiones habituales.
 
Lista única, parece razonable, pero con políticos incluidos porque, a pesar de su mala fama, tienen la experiencia necesaria en representación y gobierno; y grupo final de la lista compuesta también de políticos que funcionarán como banquillo para el relevo de las personalidades de la vida social, cuya tendencia al abandono es alta.

dimarts, 7 de juliol del 2015

La lista de Bárcenas.


La página de Los Genoveses tiene colgada la contabilidad del PP en la que quedan reflejos los sobresueldos que estuvieron veinte años cobrando supuestamente distintos dirigentes del PP. Es una serie de hojas contables con la fecha del pago/cobro, el concepto (que casi siempre incluye el perceptor), el debe, el haber y el saldo, una mecanografiadas y otras manuscritas, al parecer por el propio Bárcenas y otros tesoreros del PP. Puede consultarlas quien quiera.

Los jueces dirán al final de qué se trata. Si hay o no delito, si lo hubo, pero está prescrito, cuántos delitos y quiénes puedan haberlos cometido. El proceso será largo y, dada la hostilidad y beligerancia con que el PP lo ha encarado, tratando de obstruir la acción de la justicia por todos los medios, puede deparar muchas sorpresas. Afectando el asunto a los políticos más prominentes y al partido como tal, el partido del gobierno, recuérdese, no ha mostrado voluntad de colaborar con los tribunales sino la contraria. La destruccción de pruebas con los más indecibles pretextos o la negativa a aportarlas a los requerimientos judiciales lo demuestran. Las maniobras para que del caso entiendan magistrados políticamente favorables al partido acusado son patentes. La división de poderes burlada al extremo de incurrir en la práctica más aborrecible de las tiranías: una justicia administrada por lacayos del príncipe.

Judicialmente el asunto va para largo. Políticamente debería haber ido para mucho más corto de ser España un país normal. Que el nombre del presidente del gobierno aparezca en unos papeles incriminatorios que lo presentan como receptor de cantidades de origen dudoso e injustificado sería motivo más que suficiente para verlo dimitir, acongojado. Por supuesto, aparecen más acusaciones y actuaciones necesitadas de clarificación judicial, como su condición de avalista de una cuenta de Bárcenas en Suiza. Con cualquiera de ellas, el presidente del gobierno, debiera haber presentado su dimisión por responsabilidad política.

¿Que qué es la responsabilidad política? Pues, en este caso concreto, de probarse la veracidad de los papeles de Bárcenas, la que se deriva del hecho de que, al haberse financiado ilegalmente el PP durante veinte años, todos sus actos, sus triunfos electorales, sus medidas de gobierno, son inválidas, nulas, pues se han dado con trampas y perjuicio de intereses de terceros. Esos papeles deslegitiman el funcionamiento del sistema político español, convertido en una parodia basada en la corrupción. Políticamente muy graves, desde luego. Para que Rajoy hubiera dimitido ya.

O la oposición le hubiera presentado una moción de censura porque no es de recibo que el país esté gobernado por elementos de este jaez.

Y todavía hay algo peor. Preguntando hace unos años Rajoy por un ciudadano en la televisión por la cuantía de su sueldo, este no contestó directamente, sino que se lamentó en público de que su situación no era boyante, que miraba la cuenta a fin de mes (¡qué reveladora esa expresión! La mayoría de los ciudadanos la miramos cada día) y que tenía los problemas de todos los españoles. Mintió. Por entonces ingresaba unas cantidades tan altas que le permitían ignorar la cuenta salvo que la mirase para comprobar que le habían llegado las cuantiosas remesas. Mintió al ciudadano. Mintió a la audiencia. Mintió al país entero.

Digan lo que digan los tribunales, un personaje así no merece ser presidente del gobierno.

dilluns, 6 de juliol del 2015

NO.

La crisis griega es la crisis europea. El 61º% del "no" frente al 38% del "sí", hace sonar lo que El País llama la hora de la verdad en Europa. Es la expresión que suele emplearse para liquidar una tanda de mentiras y´quizá para iniciar otra. Durante muchos años se ha criticado la Europa de los bancos y se ha propugnado la de los pueblos. Pues ha llegado la hora de la verdad: un pueblo ha dicho "no" a los bancos. "No" a los bancos, pero sí a Europa como ha señalado Tsipras al decir que interpreta el "no" como una autorización a negociar de nuevo, no como una orden de ruptura. Negociar con Europa, negociar en Europa, sin salir del euro.

Pero la UE lo tiene ahora mucho más difícil. Nadie sabe nada de las consecuencias. El intento de imposición de un plan económico venía apoyado por los razonamientos incontrovertibles de toda clase de expertos que, a su vez, se enfrentaban a otros no menos expertos a favor del "no". Porque, en el fondo, ninguno de ellos tenía la menor idea de lo que iba a pasar o pueda pasar ahora. No era cuestión de cuentas y economías, sino de voluntad política. Y así sigue, después del referéndum pero con los griegos fortalecidos. Porque hoy hay tanta incertidumbre como ayer, pero ya sabemos cómo piensa el pueblo soberano. Por eso, en realidad, nunca quisieron referéndum (el poder nunca quiere referéndums, excepto cuando los organiza él para perpetuarse), como no lo quiso y a él renunció cobardemente Papandreu.

Los banqueros y los bancarios sonreirán con escepticismo reconociendo que se trata de una victoria de la dignidad pero que la dignidad no se come y habrá que sentarse a hacer números. Cierto. Pero habrá que sentarse de nuevo, con nueva voluntad, nuevas propuestas, porque la situación así lo exige. La Troika llevó al máximo la presión para chantajear por el sí en la esperanza de sentar de nuevo a la mesa a Grecia pero aun más debilitada. Se ha encontrado con una Grecia fortalecida, pero sin que ella haya aumentado su capacidad de acción. Al contrario.

La UE no puede permitir la salida de Grecia del euro porque ignora qué consecuencias pueda tener para toda la zona y, por extensión, la UE. Pero tampoco puede dejarla en dónde está porque carece de planes para ella, al haber fracasado el propuesto. Parece una mala posición pero, si se mira bien, todavía puede encontrarse en otras peores. Por ejemplo, la situación de contagio. No se podía acceder a las peticiones griegas de quita y reestructuración por el temor al posible contagio de otros países, España, Portugal. Y ahora resulta que el temor es a que se contagie el "no" de los pueblos a los esquemas de la troika. Aparte de la mala imagen que el episodio ofrece de la UE, club de banqueros codiciosos, políticos serviles, extorsionadores financieros, tampoco el resultado trasluce habilidad o inteligencia aceptables.

A ver cómo estos banqueros y financieros, cuya voluntad europea es nula, según se ve en los secreteos del TTIP, pueden salvar su negocio ante la amenaza de que el ejemplo griego, que es como el 15M de Europa, encienda un movimiento de reconsideración de la misma UE que se obstina en hacer pagar a los pueblos las consecuencias de sus colusiones a espaldas de ellos.

Paradójicamente, España recogerá consecuencias beneficiosas del zaska heleno a la banca, a pesar de que tres de los cuatro políticos cabezas partidos españoles, propugnaron el "sí". "Grecia no es España", decía hace unos años el bueno de Sánchez. No lo será, pero el ganador del referéndum griego de ayer fue Iglesias y no él, Podemos y no el PSOE. De los otros dos poco cabe decir. Rajoy, en su cabal función de furriel del capital, pedía el "sí" con su habitual fuerza de convicción y Rivera, más dado, si cabe, a marear la perdiz que el señor de La Moncloa, también pedía el sí para que los griegos pudieran seguir siendo "compatriotas".

La competencia está entre Podemos y el PSOE. Podemos ha pedido el "no", como se esperaba y ha ganado muchos puntos, no solo por aparecer del lado triunfador sino porque ese triunfo consolida su imagen interna en España. Manteniendo las "nombres paralelos", Podemos/Syriza, toma cuerpo y verosimilitud una opción de izquierda radical no comunista. La lectura es obvia: "sí se puede plantar cara a la troika".

El patinazo lo ha dado el PSOE. Sánchez se arrancó al comienzo reconociendo el derecho de los griegos a hacer un referéndum que, recuérdese, fue rechazado en todas partes. Pero pidió el "sí" sin necesidad alguna y aunque, posteriormente, matizó dejando el asunto en que los griegos actuaran "con responsabilidad", sobre todo Tsipras era evidente que su idea seguía siendo el "sí", una metedura de pata considerable. Encontrarte entre los perdedores cuando, por tu tradición y espíritu, debieras estar entre los vencedores quiere decir que algo no te funciona.

Me atrevo a hacer una conjetura de esas llamadas contrafácticas: si Zapatero, en su día, se hubiera atrevido a hacer lo que ha hecho Tsipras en lugar de conchabarse con el PP para una vergonzante reforma constitucional, a lo mejor la crisis sí que era ya historia. En qué medida aprende el PSOE de los errores del pasado se ve en que ha vuelto a equivocarse de bando.