dijous, 25 de juny del 2015

Las elecciones, cuando toque.


Monólogo del indeciso.
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¿Qué hacer, Señor? ¿Adelantar o retrasar? Dame una señal para orientarme entre tanta confusión. Los barones están de acuerdo en pedir el adelanto. Pero mi corazón y mi natural pausado me aconsejan retrasar. Están aquí ya los Presupuestos Generales del Estado (PGE). No sé a quién se le ha ocurrido que son como el milagro de los panes y los peces y ha anunciado que vamos a devolver las pagas que sisamos a los funcionarios al comienzo. Ha sido preciso desmentir y hemos quedado fatal, por más incompetentes de lo que somos. Si presentamos los PGE y no nos pillamos los dedos, dejando las promesas para 2016, les damos más seriedad y no nos comprometemos a nada. En verano se coloca mucha gente y las cifras del empleo serán buenas en septiembre. Y en noviembre recogemos los frutos. Si retrasamos a enero de 2016, los datos del paro pueden ser malos de nuevo. Es decir, quizá sea mejor no adelantar ni retrasar sino dejar las elecciones en noviembre. ¡Qué confuso y difícil es todo! Claro está ya sin embargo que, se adelanten las elecciones o se atrasen o se queden en lo previsto, el candidato seré yo. Eso no hay barón que lo niegue. El adelanto tiene también valedores entre los empresarios catalanes, al menos los que me hablan. Quieren neutralizar la convocatoria secesionista de Mas. Suponen que la coincidencia hará desmerecer la convocatoria catalana o, incluso, obligará a aplazarla a mejores fechas. A diferencia de los andaluces, los catalanes siempre han celebrado sus consultas al margen de las españolas. Es una de las formas de lo que llaman el desenganche y que puede coronarse en las elecciones de noviembre si los soberanistas no presentan candidatos a las elecciones legislativas. También es pensable que las elecciones coincidan. ¿Por qué no? Son convocatorias distintas con finalidades distintas. Cada vez más confusión y desconcierto. Entonces, ¿no es bueno adelantar las elecciones? Por supuesto. Es óptimo si se obliga a las dos opciones emergentes, Podemos y C's a concentrarse en la campaña electoral sin tiempo para capitalizar sus experiencias de gobierno consorte en donde se den. Hay una solidaridad de partidos dinásticos, sobre todo ahora que los socialistas ya están formados como un solo hombre detrás de la enseña nacional, la que une a todos los españoles, catalanes incluidos. No vamos a permitir que los advenedizos  nos estropeen la fiesta. Pero, si se atrasan los comicios, tenemos tiempo de sobra para remontar en nuestras expectativas electorales a lomos de la recuperación económica, mientras los emergentes lidian con las crisis de implantación y crecimiento y el PSOE termina de liquidar sus expectativas en Cataluña con un PSC literalmente sepultado por una banderaza española que le ha caído encima de repente, como el pedrisco en el verano. El peso de esta Gran Nación es considerable. Que me lo digan a mí que ahora ya no sé si adelantar o atrasar las elecciones o dejarlas como están. San Cristobalón me valga, qué dificil es gobernar. Y con Cospedal a mi vera diciendo que no solo es preciso retrasar sino también cambiar la ley electoral para no perder. Y me lo dice ella, que perdió las elecciones, a pesar de haber modificado la ley electoral de su Comunidad. Es que no sabe uno ya qué hacer con un partido tan lleno de sinsorgos en donde quien no ha metido la pata, ha metido la mano y a veces las cuatro patas, como ese asno de Floriano. Señor, dame una señal para ver cuándo dejarán de aparecer ladrones por los pasillos de Génova y podemos presentarnos relativamente limpios ante el electorado porque cuando me inspiraste aquello de "todo es falso salvo alguna cosa", no me advertiste que ese "alguna cosa" era una mar de podredumbre.

dimecres, 24 de juny del 2015

Abre la almoneda.


Vamos, que nos vamos. Las mejores ofertas por liquidación de temporada. Promesas a go-go. Se devolverán las pagas mermadas a los funcionarios, se supone que con los correspondientes intereses. Y también los días tachados del calendario. Hay elecciones y los empleados públicos son un sufrido sector muy agraviado en estos tres años. Hay que endulzarle la existencia para que vote a los mismos que le redujeron los salarios y le subieron los impuestos. Nada hombre, ¿qué impuestos? El IRPF bajará el año que viene. Falta ganarse también a los jubilados, otro sector de votantes muy enfurruñado por el maltrato recibido y el expolio a que ven sometido su fondo de reserva. La almoneda no tiene nada preparado al respecto. Pero lo tendrá a buen seguro. Algún dato retorcido para mostrar los beneficios acarreados a los pensionistas. Saldrá porque también hay almoneda en medios de comunicación. En RTVE han contratado a media docena de predicadores de la derecha, auténticos killers dialécticos que cobrarán una pastuqui de los fondos públicos por insultarnos. Habrá licencias de televisión para los amigos, si no es de una forma, de otra.

La mayor almoneda, en la política. Cifuentes, apoyada en C's, ha entrado en Madrid casi como una conversa a Podemos. Ha suprimido el Consejo Consultivo de la Comunidad, un cementerio de elefantes que consumían su peso en oro sin aportar nada digno de mención a la colectividad. Abre auditorías, es de suponer que en serio, a los gobiernos anteriores. O sea, ha puesto una bomba fétida en la sede del gobierno autonómico. El PP auditando en serio al PP es una imagen de almoneda. Eso todavía no lo ha hecho nadie.

La almoneda reza también con la jefatura. Rajoy se ha autodesignado candidato sin que haya habido resistencia alguna. Pero autodesignarse candidato no garantiza el triunfo electoral. Los sondeos y previsiones del PP son muy pesimistas. Si no, es poco probable que devolviera los salarios detraídos de los funcionarios. Rajoy puede perder las elecciones. Hasta es probable que suceda. Almoneda de líderes. La repentina aparición de Cifuentes augura una próxima batalla por la presidencia del PP de Madrid y, seguramente, del PP nacional. Por lo demás, el grado de ósmosis entre el PP y C's es tal que no serían de extrañar trasvases del uno al otro, incluido el de la propia Cifuentes a quien harán la vida imposible sus compadres del partido de la corrupción.

La incógnita en Madrid es Aguirre, cuya posición se ha debilitado mucho y se ve obligada a llevar su política de oposición municipal en twitter. Es evidente que deberá hacer algo si quiere mantener viva su aspiración al liderazgo en un ambiente en el que se perfilan otras opciones sustitutorias al desastre sin paliativos de Rajoy. Ya son escasas las posibilidades para su inimitable estilo, pero quizá pueda reaparecer en primera línea sosteniendo tener pruebas de que Carmena es una reencarnación de Psionaria.

La ficción del franquismo.

Quedan unos días para ver la exposición que sobre el franquismo en España han venido albergando la casa de los Morlanes y el palacio de Montemuzo en Zaragoza, comisariada por Julián Casanova, catedrático de historia contemporánea de su universidad. La exposición es bastante pobre de contenido. Tiene algunas piezas de interés, como unos pupitres de escuela primaria del franquismo, algún mapa de la época, un par de uniformes de falangistas, un modelo de garrote vil sacado de algún almacén municipal, muchas fotos, algunas con apoyaturas materiales, como las maletas de los emigrantes a Alemania, varias revistas y no de las más significativas, documentos más o menos relevantes, cedidos por archivos que el historiador visita con frecuencia y un par de vídeos con selecciones mezcladas de trozos del NO-DO y algunas de las películas señeras de la época, como Raza, Surcos, Balarrasa y otras ya del desarrollo, con Marisol o Pepe Luis Vázquez. Como muestra no está mal, pero deja mucho que desear por sus  carencias. Hay aspectos enteros del franquismo que no se ilustran y otros se tratan superficialmente, si bien es cierto que los 40 años de la dictadura están muy bien y rigurosamente tipificados en sus distintas épocas y rasgos: la represión, la escuela, la Iglesia, el turismo, la emigración, etc. Otra cosa es que también estén materialmente representados, asunto más difícil, que requiere otro tipo de profesionalidad, si bien no hay duda de que lo logrado es meritorio. Lo mejor son los largos textos que ilustran la exhibición y están sacados del libro que, editado por Casanova, se vende en la exposición con el mismo título de esta, Cuarenta años con Franco, y del que hablaremos en su momento, empezando ya por reseñar que la preposición "con" en el título no parece muy afortunada. Lo más insatisfactorio son las dos antologías filmadas porque los trozos escogidos, tanto del NO-DO como de films de ficción, no hacen justicia a su objetivo. No obstante, los organizadores han compensado esta carencia programando unos ciclos complementarios de cine con un buen puñado de films muy representativos pero que requieren, claro, más tiempo del que lleva una exposición.

En todo caso es de aplaudir que, a los 40 años de la muerte de un sangriento tirano, que marcó para siempre la historia de este desgraciado país, se ofrezca la posibilidad de contemplar una retrospectiva de lo que fueron aquellos cuatro inenarrables decenios que hoy han revivido frescos como las rosas del haz falangista en estos cuatro años de nacionalcatolicismo pepero, ultrarreaccionario y delictivo. Sobre todo porque da pie a una reflexión sobre el franquismo, una interpretación que vaya más allá de la documentación de sus aspectos más sórdidos, siniestros y genocidas, y que, traída hasta el día de hoy, quizá no sea del todo inútil y sirva para abrir una perspectiva nueva tanto en el juicio sobre la transición como sobre la época actual.

A los 40 años de la muerte del dictador sigue habiendo muchas discrepancias en el juicio global de su régimen y, por lo tanto, de sus consecuencias. La reciente controversia sobre el tratamiento de la figura de Franco en el Diccionario Biográfico Nacional de la Real Academia de la Historia es prueba de ello.  La insistencia de los franquistas y asimilados en que el conocimiento en democracia huye de las "verdades oficiales", confundiendo a propósito la mera verdad con la "verdad oficial", es coherente con su empeño de que no se aliente la memoria colectiva y se olvide este episodio para, suelen decir, "no reabrir heridas". La guerra civil fue un deplorable cuanto inevitable episodio; la dictadura, una desgracia, pero un mal menor que, además, tuvo sus aspectos buenos y hasta salvíficos. Y, sobre todo, dejó un régimen democrático homologable a los de los países del entorno. Mejor no hurgar en el pasado. España se ha normalizado y en eso coinciden casi todos.

En definitiva, el franquismo fue un tiempo particularmente duro, tiránico, inhumano pero que, finalmente, se terminó, dejando paso a una España normal en la cual es posible articular visiones de la dictadura tan críticas, bien fundamentadas y convincentemente expuestas como las de Casanova y otros historiadores como Preston o Ángel Viñas.

La visión dominante, general, es la que ve el franquismo como un interregno de la historia política de este país. La pelea está luego en el carácter de ese interregno: dictadura militar, nacionalcatolicismo, autoritarismo, totalitarismo, movilización fascista. Cuarenta años dan para mucho. Pero, ¿y si no fuera un interregno, sino un cambio sustancial de la evolución histórica de España? Es decir, no como la isla que divide el río en dos brazos durante un tramo y que luego se reunifican en su caudal original, sino como un dique que lo obliga a desviarse en una dirección distinta.

El franquismo fue el resultado de un golpe de Estado, preparado en una conspiración previa de financieros, empresarios, gente acaudalada, monárquicos, militares y curas. La sublevación convirtió automáticamente en delincuentes a quienes la perpetraron y sus auxiliares desde el primer momento, por haber roto sus juramentos y atentado contra la legalidad repúblicana que, para ocultar sus designios delictivos, aseguraban querer defender. El hecho de ganar por la fuerza de las armas tras tres años de guerra no convirtió a los delincuentes en menos delincuentes. Siguieron siéndolo hasta el final, cuarenta años más tarde. Porque la legalidad republicana fue abolida a tiros, pero era y sigue siendo la única legítima en España.  En esos cuatro decenios, los delincuentes erigieron un remedo de Estado, de ordenamiento jurídico, de orden institucional completamente falsos. Una escenificación orwelliana en la que todo, absolutamente todo, era lo contrario de lo que simulaba ser.  El franquismo creó un país ficticio en el que la injusticia era la justicia; el robo, la integridad; la maldad, la bondad; el despotismo, la libertad; la crueldad, la caridad. Y todo eso en nombre de un dios que se había impuesto manu militari sobre sus sufridos creyentes y con ayuda de adoradores de otro dios.

Suelen señalarse algunas macabras ironías que apuntalan esta interpretación del franquismo. El cardenal Pla y Deniel bautizó de cruzada a una sublevación de militares felones que traían soldados musulmanes en sus filas. O bien el reiterado hecho de que tanta gente del bando vencido fuera ejecutada bajo la acusación de rebelión militar en procesos-farsa seguidos ante tribunales militares compuestos por rebeldes. Pero estos son casos concretos de un comportamiento generalizado en la sociedad y que acabó impregnando la mentalidad de los españoles durante aquellos cuarenta años. Téngase en cuenta: se trataba de un país en el que media población había sido derrotada por la fuerza de las armas por otra media y quedaba a su merced incondicional y esa otra media victoriosa no tuvo ninguna. Los mismos que habían torturado, fusilado, asesinado a decenas de miles de personas indefensas, que habían violado a mansalva, ultrajado y expoliado, eran los que predicaban en todos los púlpitos civiles, políticos, religiosos, económicos que tenían en monopolio la melopea unánime del humanismo cristiano y el valor absoluto de la persona. Los mismos que se valieron de marroquíes, alemanes, italianos para ganar la guerra, que mandaron luego la División Azul bajo uniforme alemán a batallar en Rusia, que entregaron la soberanía territorial a los Estados Unidos mediante la autorización de las bases, eran los que hablaban de la patria, la nación, etc. Los mismos que habían roto las familias y secuestrado a miles de niños, hablaban del carácter sacrosanto de la familia y siguen haciéndolo hoy día, mientras dejan impunes los habituales casos de pederastia del clero.

Y así todo. El franquismo no era un Estado en el sentido moderno del término sino un remedo, una ficción. Como ficción era todo, desde las instituciones hasta el conjunto del ordenamiento jurídico que dependía de la voluntad omnímoda del caudillo, en quien se residenciaba la potestad legislativa. Un país sometido al capricho de un hombre que, a su vez, delegaba las funciones de organizar la vida (en el sentido de la biopolítica de Foucault) en la Iglesia católica. La última ratio, por supuesto, militar.

Así, gobernada por el cuartel y gestionada por los curas, la sociedad española como trama civil de relaciones entre privados en un marco jurídico laico y seguro, si existió alguna vez, se desmoronó. Un régimen empeñado en imponer creencias y ordenar la vida privada de los ciudadanos acabó consiguiendo lo previsible: la lealtad de los sectores beneficiados y la oposición de los perjudicados pero, en ambos casos, el absoluto descreímiento sobre la moral de las relaciones sociales de todo tipo. Todo era falso y mentira y lo sabía todo el mundo. Detrás de cada decisión del poder político había un chanchullo y la cuestión era cómo beneficiarse de él. Detrás de cada ley, una trampa. Los padres de la patria eran una sarta de vendidos; los empresarios, unos ladrones y los curas no les iban a la zaga. Todos parasitando a un pueblo sometido y humillado por la fuerza. Nadie creía nada. Los valores eran todos de pacotilla, salvo que cotizaran en bolsa. Así se generó una cultura de desconfianza, apatía, deslealtad, de incredulidad, de falta de fe en el sentido de la acción colectiva que aqueja a los españoles y muchos confunden con la "desafección a la democracia". No es a la demcracia. Es a la política. Y es un producto típico del franquismo que llega al día de hoy.

Acaecido lo que en el esperpéntico régimen franquista se llamó el inevitable hecho biológico, el franquismo institucional, con su vasto apoyo social, ofreció cooptar a la élite de la oposición en el puente de mando, al menos en apariencia. Por convicción general, la perpetuación de la dictadura en sus dimensiones militares era imposible, sobre todo porque el difunto ya había proclamado "sucesor a título de Rey" a Juan Carlos y porque, además, las potencias tutelares de España presionaban para conseguir una solución más civilizada. Para ello, lo más recomendable era integrar en la administración del sistema a la izquierda que ardía en deseos de serlo. Y de ahí vino ese consenso tan aplaudido ayer como denostado hoy, cristalizado en la Constitución de 1978, también despectivamente conocido como régimen del 78. Sobre la transición, ancha es Castilla, pero sí parece evidente que, a los cuarenta años de la muerte del dictador, no se ha producido una liquidación del franquismo: los muertos siguen en las cunetas, las calles y plazas rebosan de recuerdos, los nombres, los títulos. La siniestra cruz del Valle de los Caídos aún proyecta su sombra sobre el país, al modo del famoso cartel de la guerra que la consagraba como cruzada y el arco de entrada a Madrid por La Moncloa se llama Arco de la Victoria.

El retorno de los herederos ideológicos y biológicos del franquismo al gobierno desde 2011 supone la liquidación definitiva de la transición y de su famoso cuanto impreciso consenso. España vuelve a estar gobernada en forma de ficción o remedo. El gobierno tiene el mismo olímpico desprecio por la verdad que los de Franco y se encuentra con la misma indiferencia e incredulidad de los auditorios. Carece de crédito y la gente profesa el mismo desprecio por estos ministros como el que tenía por los mangantes franquistas del bigotito. Su política nacionalcatólica se ha expandido de nuevo a todos los ámbitos sociales, sigularmente la educación. Es tan autoritario y represivo como su inspirador ideológico y, si no prohíbe los partidos políticos, como Franco, no es porque no quiera sino porque no puede, como no puede prohibir la prensa libre, ni el proceso soberanista catalán. Si pudiera, cerraría todos los medios críticos y bombardearía Barcelona. Es el espíritu que alienta en la próxima Ley Mordaza, una norma para prohibir y reprimir críticas y protestas. Es el estilo de la casa. Igual que la absoluta confusión entre lo público y lo privado, que ha producido el mayor episodio de corrupción de la historia de España desde Franco, solo comparable por su generalización e institucionalización a la que había con él. Un sistema político cleptocrático que vuelve a estar gobernado por ladrones y en el que el partido del gobierno (no en balde fundado por un ministro de Franco, cosa que la exposición subraya) lleva veinte años funcionando al margen de la ley, configurando lo que algún juez reputa presunta asociación para delinquir. Y los que delinquen son delincuentes. Como los de antaño.

La cuestión que siempre se ha planteado era la de cómo entender que la corrupción no pareciera pasar factura en las urnas. Por eso, ¿qué tal ofrecer una respuesta que apunte a las consecuencias del franquismo, a la herencia del franquismo, al franquismo que impregna la sociedad española?  Durante los cuarenta años de la dictadura esta se dividió en dos grandes sectores (huella de las dos Españas de siempre), el de los beneficiados, hoy los votantes del PP, y el de los resignados que hoy parecen agitarse en poco votando opciones indignadas.

Aceptarlo es molesto porque viene a indicar que España no se ha normalizado. Y, efectivamente, no lo ha hecho. Y con la izquierda dinástica envuelta en la bandera rojigualda todavía lo hará menos.

dimarts, 23 de juny del 2015

La decisión de la no decisión.


La legislatura del PP ha sido un desastre en todos los sentidos, propiciado por la incompetencia de un gobernante, ya calificado como el "líder más incompetente de Europa" por el eurodiputado británico Nigel Farage al comienzo de su mandato en 2011. Desde entonces, Rajoy se ha esforzado por hacer cierta la afirmación de Farage. Ha conseguido marcas como la de ser el presidente peor valorado por la ciudadanía desde el comienzo de la segunda restauración borbónica que, en el fondo, es la tercera. Su florilegio político es impresionante. Hay antologías de verdaderos disparates.


El desastre afecta a todo, incluso lo que el propio Rajoy considera triunfos, como la idea de que la "crisis es historia". Algo que no cree nadie. Las magnitudes que esgrime están manipuladas y la ciudadanía lo ve a simple vista. El gobierno presume de reducir el paro y todo el mundo sabe que es mentira, pues llama empleo a situaciones precarias a extremos ridículos. Hay gente que acumula cientos de contratos de trabajo al año, por días. Y todos los demás datos son escalofriantes: los índices de pobreza, de malnutrición, de desnutrición infantil, los fallecimientos por inatención médica, las cifras de emigrantes, los desahucios. Aumentan los multimillonarios y los pobres, crece la desigualdad, la desprotección de los trabajadores.

Añádase la corrupción, el signo característico de la legislatura. La corrupción lo ha devorado todo. No solo los caudales dinerarios públicos. También los morales. Nadie da crédito a Rajoy. Es imposible tomar en serio a un presidente que, estando acusado de cobrar sobresueldos de dinero en B, no ha demostrado fehacientemente que no sea cierto pero tampoco ha dimitido.

En resumen, España, que había abandonado el grupo de países subdesarrollados en los años sesenta del siglo XX, parece volver a él en el siglo XXI. Una verdadera involución social y económica que va acompañada de otra política y jurídica. La democracia está acogotada por un autoritarismo cerril y arbitrario. Se hacen evidentes cuando Rajoy exige a Mas y los nacionalistas catalanes que obedezcan la ley pero él se permite el lujo de cambiarla cuando le incomoda valiéndose de su mayoría absoluta. Esto da una idea del calibre moral del personaje.

En estas condiciones, la decisión de no tomar decisión alguna en lo del cambio de gobierno no solo concuerda con el carácter del presidente sino que quizá sea lo único que quepa hacer. El gobierno no gobierna y los políticos del PP están concentrados en perder las elecciones y dar tumbos por los juzgados de guardia. ¿Para qué cambiar los ministros? Los nuevos tampoco harían nada porque, en definitiva, ya no hay nada que hacer. Es mejor concentrarse en el decir y, por eso, se deja el gobierno como está y la materia gris se concentra en mejorar la comunicación y la propaganda. Para el resto, en breves días entra en vigor la nueva Ley Mordaza, una norma represiva de corte franquista, como el espíritu de quienes la han concebido, que muy probablemente sea inconstitucional desde el preámbulo hasta la última disposición. Su propósito manifiesto es ir con mano dura contra todo tipo de oposición, crítica o protesta.

Para la comunicación están desplegándose las baterías que apuntan a las televisiones. La conservación de Cospedal en la secretaría general significa que Rajoy confía en ella para asesorarle en materia de cómo disciplinar la televisión y, a pesar de ello, perder las elecciones. La dueña había convertido la TV de Castilla la Mancha en un aparato de propaganda manejada por un director a su incondicional servicio. Y, pesar de eso, perdió. No hay esbirro intelectual capaz de hacer digerible a la gente una figura como la de Cospedal, universalmente detestada en su Comunidad.

 Para la propaganda, se emplean los presupuestos generales del Estado. Ciertamente, Rajoy no podrá aprobarlos antes de las elecciones, pero sí presentarlos, anunciarlos a bombo y platillo, contando todo lo que piensa hacer caso de ganar. En esto de las promesas, no conoce límites, como tampoco los conoce el desprecio de la gente al escucharlas a quien se había fotografiado en la cola del INEM afirmando cuando yo gobierne  bajará el paro.

Anunciada está también una conferencia política del PP para julio. En ella se fabricarán consignas ideológicas, doctrina. Pero hasta ese viejo frente de la derecha se ha dejado arrebatar este epítome de incompetencia. Sánchez ha salido ya al circuito electoral envuelto en la bandera rojigualda, esa que el PP había diputado ya como suya. Y como se descuide Rajoy, en su próximo mitin, el socialista hace que se interprete el himno y hasta invita al Rey a título de desagravio. 

El mensaje de la proclamación de Sánchez como candidato, o sea de su nominación, era rotundo, una copia del estilo yanqui, algo frecuente en la izquierda, que se queja del imperialismo estadounidense, pero le plagia las formas. Podemos está sacado de Obama y la escenificación sanchesca, de la línea Kennedy-Clinton. Parece que el lema de campaña de Sánchez será Más España. Es difícil imaginar cómo podrá contrarrestar la derecha una consigna tan vacua. 

dilluns, 22 de juny del 2015

Rojo y gualda.


Decíamos ayer que lo que más preocupa hoy al nacionalismo español es el reto lanzado desde Cataluña. Rajoy lo reconocía a su modo plasmático avisando de que las elecciones de 27 de septiembre serán autonómicas y quien quiera que sean algo distinto tendrá que vérselas con él. Y ayer, Pedro Sánchez, al aceptar la candidatura a la presidencia del gobierno por el PSOE como si este se la hubiera ofrecido y no él luchado por ella, lo hizo con una enorme banderaza borbónica detrás. Fue una mise en scène patriótica que empequeñece las del PP, incluido el peazo bandera que Aznar dejó para la posteridad en la Plaza de Colón, a imitación de la que tienen los mexicanos en la del Zócalo en su país. Hizo más que proclamar su desinhibido amor a la patria. Le dio un giro gringo, muy a tono con la generalizada americanización de la política y exhibió a su señora en público. Al final de la ceremonia. Primero habla solo el hombre, de cosas de hombres y, luego, sube al escenario la mujer, acarreando diversos valores: familia, hogar, matrimonio. En fin, gente seria a la par que moderna. Bandera y familia.


La bandera tiene un elemento simbólico, seguramente de influencia rubalcabiana. No se oyeron los compases del himno llamado nacional porque a los organizadores sin duda les pareció excesivo. Aunque ganas no debieron faltarles a título de desagravio por los pitidos del Camp Nou el otro día. Mucho simbolismo. Casi una segunda transición. La primera se caracterizó porque Carrillo aceptó la bandera borbónica junto a la roja y el himno. Le segunda porque el PSOE disipa muchas dudas acerca de su lealtad incuestionable y única a la bandera roja y gualda, dado que en sus actos y manifestaciones todavía aparece la tricolor, a la que siguen siendo leales muchos de sus militantes y votantes. Gente despistada. Aquí no hay más bandera que la de los Borbones, que es la de España. Es más, el escudo muestra las flores de lis de los Borbones españoles en el escusón que no sé si es muy correcto desde el punto de vista de la ciencia del blasón, dado que no reproduce la forma del propio escudo a un escala aprox. de 1/3. En todo caso, adiós a la República, pues ahí están las flores de lis pero no la tricolor.

Y tampoco hay símbolos del PSOE, ni las siglas. ¿El mensaje? Es un momento de emergencia nacional. España nos llama. No como socialistas, sino como españoles. Bien. Parece que los nacionalistas españoles, los dos partidos dinásticos, por fin toman conciencia de la necesidad de justificar, sostener, defender e imponer su idea de nación española. Lo hace el PP y lo hace el PSOE. El PP retóricamente, hablando de la gran nación española y el PSOE plásticamente, sacando a lucir la bandera sin aditamentos ni complejos. Ya están echadas las bases para una unión sagrada de los dos partidos dinásticos. Por desgracia, la lealtad colectiva a la nación o a una determinada idea de nación no se obtiene a base de consignas y banderas, sino con la convicción voluntaria de que la nación merece esa lealtad. Algo muy difícil de conseguir si toda la experiencia del pueblo en relación con la nación es de maltrato.

La proclamación de Sánchez ha sido un éxito comunicativo. Sacarlo envuelto en la bandera a librar batalla con el PP, un acierto. La derecha tiene escasísimo margen de acción porque su crédito es nulo. Desarbolada por la corrupción y una montaña de embustes y engaños, nadie le presta atención. No hay comunicación posible que pueda mejorar las catastróficas perspectivas electorales del PP. Y si la hubiere, el PSOE tendría que recurrir a sus medios parlamentarios, los que Palinuro recomienda siempre, para cerrarlas nuevo.

El proceso soberanista catalán es imparable y el resultado de las elecciones del 27 de septiembre marcarán el posterior rumbo de la política española, digan lo que digan los nacionalistas también españoles. Por si acaso, no obstante, el gesto rojigualda de Sánchez ya avisa a los soberanistas de que su proceso se encontrará enfrente un nacionalismo español de izquierda que, por supuesto, será, como dice Pla, igual que el de derecha. Su respuesta: NO.

En cuanto a Podemos, el PSOE le ha sacado un cuerpo de ventaja de golpe. Los de los círculos siguen sin hablar claro al respecto y no por lo alambicado de sus planteamientos sino por su ambigüedad, resumida en el tacticismo de Lenin de reconocer el derecho de autodeterminación siempre que no quiera ejercerse aquí y ahora. Quizá en el hipotético futuro de una proceso constituyente español. En resumen: NO.

Si el PP confía -o dice confiar- en que el discurso de la recuperación le dará el triunfo, el PSOE pretende concentrar sus baterías sobre el paro y la corrupción. Esta lucha, dice Sánchez, se hará en el marco de una España laica. Tampoco el PSOE anda sobrado de confianza del personal. Mientras no muestre cómo, es poco probable que nadie crea en que sus medidas mitigarán el desempleo cuando las adoptadas hasta ahora no lo han hecho. La lucha contra la corrupción parece más verosímil que la del PP porque está menos pringado en ella y, como afirma de sí mismo Sánchez, es un político limpio, mucho más de lo que puede decir el presidente del gobierno. Por último, el propósito de la España laica suena un poco a tomadura de pelo. Durante todos sus mandatos los socialistas no han hecho más que consolidar y ampliar los privilegios de la Iglesia. No son pues dignos de crédito en este terreno.

Es un discurso y una escenografía para ganar las elecciones en España. Pero queda por averiguar si lo serán también para ganarlas en Cataluña, en donde las cosas son mucho más complicadas y el PSC se encuentra en un estado lastimoso, tras haber sido partido de gobierno. Triturado entre unionistas y soberanistas, es difícil que salga de la irrelevancia si no consigue postular una propuesta con la que contrarrestar las otras dos. Cosa harto inverosímil ya que sus ideas deben tener el visto bueno del PSOE.

A este, sin embargo, ahora le urge afinar en las suyas relativas a Cataluña si no quiere que el PSC quede muy por debajo y no pueda aportar el contingente de diputados catalanes que ha sido históricamente una de las bases de las mayorías del PSOE en las Cortes. Esto solo podrá lograrlo perfilando una propuesta federal concreta, factible que pueda convencer a sectores del unionismo y del soberanismo. Convencerlos. No seducirlos, por cierto, porque eso de seducir lleva engaño. Convencerlos. 

Una de las cosas buenas que tienen los soberanistas, a diferencia de muchos unionistas, es que están dispuestos a escucharlo todo. Luego harán lo que les interese. El punto está en tocar esos intereses. Convencer con razones. No marcando el paso de la oca.

diumenge, 21 de juny del 2015

La social, lo nacional.


El acto de Cornellá de Esquerres per la indepèndencia estuvo muy bien. Fue muy interesante por su contenido y si todos aprendieron tanto como Palinuro, ya se fueron servidos. En el escenario, el periodista Roger Tugas, nos introdujo en escena como si fuéramos nominados al óscar, uno a uno. Eso impone. Entre los contertulios, Néstor Salvador, del Sindicato Andaluz de Trabajadores, Carme García, de la ANC y ex-diputada de ICV y Frederic Prieto, presidente de la mesa por el derecho a decidir de la zona y exalcalde de la ciudad por el PSUC. En el público, muy lucido, contamos con Muriel Casals y Eduardo Reyes, de Súmate, entre otras personalidades interesadas en estas cuestiones y activas partícipes en ellas. Enhorabuena a tod@s y, como siempre, una experiencia muy grata de un lugar en el que se puede discutir sin alzar la voz ni llegar a las manos.

Cataluña es el laboratorio político de España hoy y, con las elecciones de 27 de septiembre en ciernes, mucho más. Y eso según como estas vengan. Ayer publicaba Odón Elorza un magnífico artículo en Publicoscopia titulado: Por sorpresa: Rajoy adelantará las elecciones al 27-S. Y, sí, entra dentro de lo posible. Los últimos cambios apuntan a eso, aunque, supongo que Odón estará de acuerdo, con Rajoy nunca se sabe porque normalmente no lo sabe ni él mismo. Desgrana el autor con fino olfato las razones que llevarían al presidente de los sobresueldos a adelantar los comicios a septiembre y cita tres: a) consolidar la afinidad electiva con C's; b) no dar tiempo a probar que la alianza PSOE-Podemos es viable; y c) yugular el proceso catalán. Aunque su prudencia no deja a Elorza subrayar la tercera, reconoce su superior importancia porque es la única que menciona dos veces.

Guste o no a los nacionalistas españoles, hoy todo gira en torno a Cataluña, todo se complica por días y se acelera por horas. Es muy probable que los estrategas políticos españoles hayan renunciado a todo intento de entender la situación catalana y lo dejen al resultado del 27. El marco, el frame de Rajoy es muy simple y lo expuso con meridiana claridad hace unos días: las elecciones del 27 de septiembre son autonómicas ordinarias y si alguien quiere convertirlas en algo más, que se atenga a las consecuencias. Pero, aunque no lo crea, eso no evita que las cosas sean como son, no como él quisiera que fueran. La clave de los próximos tiempos estará en cómo se resuelva ese cada vez más acelerado conflicto cuya raíz en la naturaleza humana explicaba el otro día Mas a Gabilondo.

El mismo que veía yo en los televisores a mediodía, hablando en una reunión creo que de alcaldes, después de la ruptura de CiU, un hecho histórico que ha propiciado que Oriol Junqueras, en aras del amor a la Patria, haya puesto ERC a disposición de la Generalitat en un amago de gobierno como de "concentración nacional". Por la tarde, esa comparecencia había provocado un tuit incendiario de Jordi Evole en el que sostenía que el menosprecio de Mas al sí se puede de la Plaza de Sant Jaume indicaba el miedo a los partidos emergentes. Hay que descifrar el mensaje, cosa nada difícil: el miedo de los nacionalistas al ataque de "los de abajo". Las redes estuvieron hirviendo toda la tarde y Évole concluyó que sí, que hay mieditis en el nacionalismo, especialmente, es de suponer, en el nacionalismo burgués. Hoy día la información y el debate políticos viajan por estas vías.

Pero todo ello apunta los matices de la política catalana, algo que, al sur del Ebro sorprende y no acaba de entenderse bien. Desde luego, la originalidad es evidente. Cataluña es el lugar del Estado en el que la derecha está más dividida. No solo en la oposición entre CiU y PP y tampoco en la separación entre PP y C's, común al conjunto de España, sino en el cisma de Unió Democràtica de Catalunya, el siamés demócrata-cristiano de Convèrgencia. Una separación en el eje nacional. Cuatro partidos de derecha en Cataluña. Muy poco habitual. Casi parecen de izquierda.

La izquierda, a su vez, aun más fragmentada en cinco formaciones en dos bloques según el eje nacional: dos independentistas, ERC y las CUP y tres no independentistas o menos independentistas o con menos ánimos soberanistas: PSC, EUViA y Podemos, sector al que ha venido a añadirse, aunque no para clarificar, la nueva formación inspiradora de Barcelona en Comú, cuyo carácter híbrido se echa de ver en que tenga el apoyo de ERC y el PSC al mismo tiempo. Y si la derecha catalana es particular, no se diga la izquierda. Su problemática apenas tiene que ver con la de la izquierda española..

Para no marearnos en este cambiante tablero en el que se mezclan tácticas y estrategias, en las izquierdas parece plantearse la cuestión de qué tenga preferencia en la acción política: si la cuestión social o la nacional. No hace falta decir que, como suele suceder con las controversias izquierdistas, detrás de las posibles opciones hay bibliotecas enteras de muy serias reflexiones. En la medida en que aquí no se trate de hacer de necesidad virtud, integrando los puntos de vista de unas izquierdas no nacionalistas, esta oposición, que se planteó en el debate de Cornellá, recuerda, aunque de incruento modo, el debate habido en la España republicana, singularmente, claro en Cataluña y el frente de Aragón, sobre si primero ganar la guerra y hacer luego la revolución o al revés.

Lo que sucede es que una parte significativa de la izquierda, esto es, ERC y las CUP, afrontando las críticas de la más tradicional, ya se han decantado por la preeminencia de la cuestión nacional sobre la social y han sellado un pacto non sancto con el enemigo de clase. David Fernández no hace más que abrazarse con Mas y Junqueras está dispuesto a ser ministro sin cartera para apoyar a la Generalitat independentista. Su argumento es práctico y, dadas las circunstancias, poco objetable: para hacer política social redistributiva, de izquierda, hacen falta recursos y no se dispone de estos si no se es independiente. Quienes propugnan el orden inverso, esto es, la política social de izquierda en el marco de los poderes constituidos en España no pueden aspirar a la plena disposición de los recursos propios y parecen apuntar a una especie de bucle de reclamaciones al Estado central que este está especializado en ignorar. Tal es el caso, si no entiendo mal, de esa confusa propuesta de Procés constituent de la monja Forcades quien pretende no solo arbitrar políticas sociales de izquierda, sino eliminar de cuajo el capitalismo, como Judith cortó de un tajo la cabeza de Holofernes, y todo eso en el marco de los poderes constituidos del Estado español. Quizá por ello interpele a Podemos para formar un frente amplio encabezado por ella. Lo que extraña es que no invite al PSC pero sí a las CUP, si bien ello quizá se deba a una especie de ingenuidad mística respecto a las intenciones de los demás.

Precisamente en lo social sitúa Mas la crítica de Évole a su menosprecio del sí se puede. Él no se pronuncia sobre el sí se puede porque lo que él promueve y pretende es distinto; no es social, sino nacional que comprende lo social (como se prueba por la presencia de ERC y las CUP a su vera, una en la hoja de ruta y la otra no), pero no se agota en ello. Esto es lo que inquieta a las izquierdas de tradición leninista. Surgidos a la luz del mundo en la oposición a la primera guerra mundial (que Lenin, no muy avisadamente, creía que podía convertirse en una guerra civil internacional entre la burguesía y el proletariado europeos) todavía les suena en la memoria la famosa arenga del balcón del Emperador Guillermo a los soldados que partían al frente: "Ya no conozco partido alguno. ¡Solo conozco alemanes!". Cámbiese el "alemanes" por "catalanes", adórnese el rostro de Mas con un bigotazo con las guías hacia arriba y póngasele un casco con una púa y se habrá materializado la caricatura de un caudillo mesiánico que se cree ungido de la divina gracia.

Él mismo, probablemente, esté abrumado con la responsabilidad que le ha caído encima al ponerse al frente de un movimiento nacionalista que surgió de una sociedad civil catalana ya francamente en proceso de desconexión con el Estado. Palinuro suele compararlo con Moisés dirigiendo a su pueblo. Tampoco es tan extraño si se tiene en cuenta que una de las banderías aparece dirigida por una monja y otra monja, dominica contemplativa, Sor Lucía Caram, se le encuentra muy próxima y quizá le sirva de guía espiritual.

La cuestión es que la escisión de Durán -cuya repercusión en el voto soberanista está por ver- justo en la hora veinticinco, deja a Mas en una posición que pudiera ser de debilidad o de fortaleza, según como se desarrollen los acontecimientos. A primera vista, Mas se ha quedado sin partido porque Convergència, aparte de que más parece un cártel que un partido, es demasiado estrecho y determinado para vertebrar un movimiento nacional. Si este ha crecer, tiene que romper su exoesqueleto y emerger como una realidad completa, al modo de esos insectos que surgen íntegros y perfectos de su angosta estructura anterior. Surge el individuo, el guía, el caudillo o líder; pero necesita un aparato, una organización en torno suyo que le permita dirigir a su pueblo y de ahí que haya pedido a las dos asociaciones más típicas de la sociedad civil catalana, la Assemblea Nacional Catalana y Ómnium Cultural, que levanten bandera por una organización con lista única por la independencia, una organización suprapartidista.

Supongo que alguien habrá comparado a Mas con la soledad del corredor de fondo. El corredor, en este caso, quiere arrastrar a todo un pueblo consigo en el logro de un ideal, un ideal que sus adversarios pretenden aniquilar si no consiguen antes impedir por la vía penal que él lo alcance.

dissabte, 20 de juny del 2015

Reflexión sobre el PSOE.

Ya antes de su fenomenal derrota en noviembre de 2011, cuando el PSOE obtuvo sus peores resultados desde la transición, venía escuchándose la consigna PSOE-PP la misma mierda es, que seguramente tuvo su incidencia en aquel fracaso. Además de injusta, la fórmula era bastante absurda. Pero se oía mucho y hacía mella. La repetían sin descanso los de la verdadera izquierda, los comunistas y neocomunistas que llevan cien años tratando de hundir el socialismo democrático y también unas gentes nuevas, no herederas de esa tradición, que expresaban así su disgusto y rechazo a una política pseudosocialista, neoliberal, subordinada a los intereses del capital y de la banca, complaciente con el nacionalcatolicismo imperante en España y al servicio de la monarquía.

Fue la política de Zapatero en su segunda legislatura, proseguida luego con especial ahínco por Rubalcaba, un hombre más cercano a Rajoy que a muchos militantes de su partido. Y una política cuyo carácter conservador y nada socialista no se reducía solo a granujadas como la reforma del artículo 135 de la Constitución, a declarar monárquico el partido, aumentar los privilegios de la iglesia católica o ser incapaz de formular propuesta alguna aceptable en relación con la cuestión catalana, sino que se basaba en usos y costumbres internos que apuntaban a un anquilosamiento irremediable de la socialdemocracia española. Tanto Zapatero como Rubalcaba gestionaron el PSOE con criterios enchufistas, burocráticos, amiguistas, tolerantes con la corrupción, conservadores, favoritistas y esencialmente de derechas, a base de ordeno y mando, aunque sin plasma. Llegó un momento en tiempos de Rubalcaba en que, en efecto, parecía como si la única diferencia entre las dos partidos dinásticos fuera la cantidad de letras de sus siglas.

Esa situación dio una inmerecida pero aplastante mayoría absoluta del PP. Inmerecida porque la derecha no había hecho nada para conseguirla salvo organizar escándalos y ver cómo la izquierda histórica española le daba el triunfo por su patente incompetencia. Y con esa mayoría absoluta vinieron cuatro años de un gobierno corrupto, embustero, saqueador, franquista, nacionalcatólico, apoyado en un partido que más parece una banda de ladrones y dirigido por una persona acusada de haber estado veinte años cobrando dinero en negro. Un gobierno antipopular, que ha expoliado el país y está a punto de provocar su partición por su cerrada estupidez franquista. Esa es la verdadera herencia de Zapatero de la que el PSOE es responsable.

El Partido Socialista,  desconcertado al verse abandonado por su electorado histórico, y a pique de perder su tradicional hegemonía, veía cómo surgía poderosa a su izquierda una fuerza nueva, Podemos, que le segaba la hierba bajo los pies en su electorado y amenazaba con reducirlo a una posición de subalternidad. Podemos era el amanecer de un sol rutilante de una nueva izquierda, estilo Syriza, que haría trizas la vieja IU y dejaría el PSOE reducido a una especie de PASOK hispano.

Y, en efecto, casi lo consiguió. IU es hoy un pecio a la deriva. Pero el plan fracasó con el PSOE. No porque este hubiera adoptado medidas para evitar su laminación a manos de Podemos (aunque algunas sí tomó), sino porque el propio Podemos, en típica soberbia de bisoño, descubrió su auténtico juego y, con ello, se suicidó. Lo que pretendía en el fondo no era distanciarse del viejo mundo de IU, el comunismo o los anguitas, sino aliarse con ellos pero ocultarlo, disimularlo, hacer como si no tuvieran nada que ver con el comunismo.  Sin embargo, el triunfo en las elecciones al Europarlamento de mayo de 2014, emborrachó de tal modo a sus dirigentes, que estos descubrieron ingenuamente sus intenciones y deseos, hablaron de Anguita como su referente intelectual (sic), de proyectos de confluencia con IU y el renqueante universo comunista. Lo suficiente para que el efecto sifón aplicado al PSOE se frenara de golpe, se parara la sangría de votantes y hasta militantes hacia Podemos y todos los antiguos afiliados y votantes de la única opción de izquierda de socialismo democrático que hay en este país, volvieran a casa.  

Las dos últimas elecciones lo han dejado bien claro, invirtiendo las intenciones que anunciaban los sondeos. El PSOE se mantiene sólido, es el segundo partido, puede ser el primero y a mucha distancia de Podemos que ahora lucha por conseguir un porcentaje superior al que históricamente ha tenido IU en sus mejores momentos. Justo lo que ellos mismos han cosechado por su incapacidad para el juego limpio. Porque una cosa es hablar de democracia y otra muy distinta practicarla.

A día de hoy, salvo casos excepcionales (y, por lo general, patéticos), donde hay gobiernos de izquierda son alianzas de PSOE y Podemos, la fórmula que Palinuro siempre propugnó.

Pero faltan cinco meses para las elecciones. Pueden pasar muchas cosas. Palinuro considera que ambos partidos de la izquierda debieran llegar a ellas más que con una alianza circunstancial (cosa que pueden hacer hasta los del PP y C's), con un verdadero programa común de la izquierda, algo conciso, claro y que dé confianza a la gente. Para eso ambos partidos deben acometer medidas importantes de reorganización interna y acción externa. En el caso del PSOE, Palinuro, ya se sabe, insiste en que está obligado a presentar una moción de censura a este gobierno que es una vergüenza en toda Europa y una amenaza permanente a la democracia en España. Igualmente considera que, una vez consolidada la posición de Sánchez como candidato, el partido debe abandonar las prácticas enchufistas, clientelares, favoritistas de aupar mediocres y pelotilleros, propias de la era Rubalcaba, y abrirse a todas las corrientes del socialismo democrático, especialmente a las más orientadas a la izquierda, flanco por el que falla un partido que tiene que cubrir un amplio espectro ideológico si quiere verdaderamente gobernar y no decir lo bien que lo haría si alguna vez gobernase, actividad en la que suele lucirse la verdadera izquierda.

En cuanto a Podemos, si rompe definitivamente con los fantasmas del pasado comunista, disfrazado o no de IU, y deja de pasear por los escenarios el nuevo e iluminado Mahdi, con su obsesión antisocialista, quizá supere la barrera psicológica del 14%. Siempre y cuando, además, consiga unificar sus discursos internos, cada vez más fragmentarios e incoherentes y gane algo de crédito a base de hacer propuestas de gobierno sólidas, verosímiles y viables y no puras consignas que ya mueven a risa. Aunque sus dirigentes no lo crean, hasta los discursos más estridentes adormecen si no suscitan reflexión y compromiso. Y no se hable de la velocidad a que el público videocrático contemporáneo da por descontados los carismas. Cuando Iglesias quiso darse cuenta, ya tenía un serio rival en Rivera y apenas este ha vuelto de las elecciones, le espera un competidor calcado a su imagen y semejanza, Casado. Vamos que, como no se diferencien en el discurso, estos pueden acabar como Los tres caballeros de Walt Disney, pegándose por saber quién sea Donald, Pancho o José.

Presentarse a las elecciones de noviembre con un programa común de la izquierda PSOE-Podemos serio, viable, que recomponga el destrozo de la derecha y regenere la democracia frente a un PP hundido en el descrédito, el ridículo, la incompetencia y la corrupción es ganarlas.

(La imagen es una foto de Wikipedia,  con licencia Creative Commons).

En Cataluña y por el derecho a decidir de los catalanes.

Hoy, sábado, 20 de junio, Palinuro estará en Cornellá, a las 18:00, en un acto plural en apoyo al derecho a decidir de los catalanes que acabará de ganarle muchas simpatías sin duda entre los nacionalistas españoles en Madrid. Qué se le va a hacer. A lo largo de la vida, los amigos y enemigos que uno trata van cambiando según se articulan las opciones vitales de cada cual. Y no hay más. Si tus convicciones morales y políticas te llevan a adoptar determinada actitud que choca con la dominante y mayoritaria en tu entorno, tienes dos opciones: te las callas y te conviertes en un hipócrita o las expresas y te conviertes en un apestado sometido al ostracismo. Y hay que elegir. Mi apoyo al derecho de autodeterminación de los catalanes me ha hecho muy popular en Cataluña e invisible en Madrid.

He explicado cientos de veces que soy un acendrado nacionalista español que cree que la nación (cualquier nación, la española incluida) solo es merecedora de nuestra lealtad si la pertenencia a ella es voluntaria. No es el caso de una nación que fuerza a otra u otras a formar parte de ella en contra de su voluntad y que, para mayor evidencia y opresión, no solo se niega a permitir que la nación o naciones sometidas puedan separarse si así lo quieren, sino también a admitir una simple consulta popular que permita averiguar cuántos ciudadanos en cada caso serían partidarios de la independencia en unos u otros lugares.

La nación que obliga a otra a ser parte de ella en contra de su voluntad no merece respeto. No es una verdadera nación sino, si acaso, una cárcel de naciones. Es más, como sucede en España, sus partidarios no son verdaderos nacionalistas pues no confían en la fuerza y la legitimidad de su idea para mantener a las naciones voluntariamente en su seno. Al contrario, desconfían, no creen en ella, por mucho que falsarios como Rajoy digan que es una gran nación. No se atreven a ponerla a prueba y recurren a todo tipo de embustes y violencias para impedir que la gente pueda manifestar libremente su voluntad.

Hago mías las palabras de un gran irlandés, diputado de la Cámara de los Comunes británica en tiempos de la independencia de América, Edmund Burke, uno de los padres del conservadurismo contemporáneo, al defender los derechos de las colonias:  "No sé cómo desear éxito a aquellos que, de vencer, nos separarán de la mayor y más noble parte de nuestro Imperio. Pero todavía deseo menos el triunfo de la injusticia, la opresión y el absurdo."

He aclarado mi posición en mi último libro, que encuentra el lector en la columna de la derecha de Palinuro, La desnacionalización de España. De la nación posible al Estado fallido, así como muchas otras consideraciones acerca de la historia del país, la polémica de las dos Españas, el nacionalcatolicismo, los nacionalismos no españoles y sus posibilidades, la función de los intelectuales en los conflictos nacionales que se viven en España desde hace ciento cincuenta años, etc.
 
Por la tarde hablaremos de todo ello.

divendres, 19 de juny del 2015

Cinco desprecios en uno.

La cuenta de twitter de Santiago Romero Ruiz trae la foto que acompaña con una pregunta: ¿Ningún periodista en la sala tenía un reloj de esos que sirven para apagar la tele?

Cuesta creerlo, pero la legislatura que comenzó con la vergüenza de una rueda de prensa de plasma termina como empezó,  en plasma y en vergüenza. Rajoy ha reunido al Comité Ejecutivo Nacional del PP para espetarle un discurso y comunicarle unas decisiones que traía tras intensa consulta con su almohada. Para lo que pintan los miembros del Comité Ejecutivo, pudieron asistir a la comunicación de la Jefatura en compañía de los periodistas. Una comunicación a un órgano silente y una rueda de prensa sin preguntas, todo en uno. Es la sociedad de la transparencia y la comunicación 2.0.

Lo de menos es el contenido de esta  ridícula performance. "El País" se queja en amargo editorial de que Rajoy trae pocas nueces y está tan noqueado que hasta le falla el refranero porque si las nueces son pocas, el ruido es menos. Silencio denso, solo roto por por el monólogo del autócrata con su peculiar estilo. Y a callar. Pedir que hubiera algo distinto, a la vista de la situación, es desconocer el carácter del presidente, consistente, como es sabido, en dejar que las cosas se pudran. Máxime cuando vienen podridas de casa.

Es tanta la corrupción que ya no hay en dónde escoger gente sin líos. El recién nombrado número tres está imputado en la investigación judicial por el hundimiento de Caja España. La corrupción alcanza dimensiones patafísicas pues el problema ya no es qué hacer cuando se imputa a un cargo público, sino qué hacer cuando se da un cargo público a un imputado.

Lo que importa son las formas y, sobre todo, las intenciones. Ambas contienen cinco desprecios de Rajoy:
  • al partido y sus dirigentes y militantes. Quienes sostenían por orden de la superioridad que habían ganado las elecciones porque eran el partido más transparente de España, se enteran ahora de que han perdido los votos del centro a causa de la corrupción que, a pesar de no existir, ha hecho mucho daño.  ¿Conclusiones de un debate? ¡Quite allá! ¡Ni que el PP fuera un partido asambleario! Verdades axiomáticas comunicadas desde las alturas. Consecuencias: unos cambios en los destinos del personal decididos también en las alturas. Se quita a unos, se pone a otros y nadie rechista antes ni después. Los criterios, absolutamente personales. Explicaciones, ni una. Cambia el partido. El gobierno no toca. Punto.
  • a los periodistas. Una rueda de prensa en plasma, sin preguntas, es una humillación profesional. Y algo insólito en las democracias occidentales, inficionadas de liberalismo y libre examen. Aquí, las decisiones y opiniones del poder no se discuten ni se cuestionan. Rajoy dice, por ejemplo, que las elecciones catalanas del 27 de septiembre, si se convocan, serán elecciones autonómicas y nada más. Si se quiere que sean algo más, el gobierno hará valer la soberanía nacional. Y no se admiten preguntas. Los periodistas pueden escuchar y comentar entre ellos. Es de suponer que esta pintoresca ceremonia está ya en You Tube. Aprovecho para sugerir al gobierno que haga todas las ruedas de prensa en ese canal. Quizá no lleguemos al soldado universal, pero sí quizá al periodista universal.
  • a sus votantes. Todo es un problema de comunicación. Recuérdese que para Rajoy lo dañino era el martilleo de las televisiones y la incapacidad para engañar a la gente con una historia de recuperación que nadie cree por más noticias halagüeñas relativas a macromagnitudes que compran en los zocos internacionales. Los votantes fieles están seguros y es preciso concentrarse en los volanderos mejorando la comunicación y propaganda y no poniendo coto a los desastres y desmanes que todo el mundo ve. La gente no debe ver lo que ve sino lo que el gobierno quiere que vea. 
  • a los ciudadanos. La información es un derecho. Los ciudadanos lo ejercen mayormente a través de los periodistas. Silenciar a estos es negar a aquellos el ejercicio efectivo de un derecho. Aparecer en forma de plasma, como un remedo cutre del Gran Hermano orwelliano, sustituyendo los minutos de odio por los de intoxicación y estupidez es un insulto al conjunto de la ciudadanía. Esta carece de todo acceso a la información dado que quien comparece en plasma ante los periodistas, no aparece ni en plasma en el Parlamento en donde acepta tantas peticiones de comparecencia de la oposición como preguntas de los periodistas.
  • a la oposición. Da un poco de corte llamarla así porque apenas se opone. Aplastada y asfixiada por el rodillo de la mayoría absoluta, está reducida a la irrelevancia o a ser el muñeco que recibe las bofetadas en los escasos y breves intercambios dialécticos semanales en los que la bancada del gobierno ovaciona los desplantes del presidente al lider de la oposición mayoritaria. La oposición no hace otra cosa que legitimar una práctica autoritaria de gobierno que prescinde del Parlamento e interfiere en el Poder Judicial. Está legitimando algo muy peligroso sin recurrir a las armas que tiene. Y, sin embargo, no le queda más remedio porque los cambios anunciados por Rajoy (Cospedal en la secretaría general y Moragas a la campaña) tienen  una clara intencionalidad: ganar las elecciones como sea. Y, si es preciso, cambiando a su favor la ley electoral. Es lo que hizo la dueña castellano-manchega. Y, a pesar del ello, perdió. Lo mismo, probablemente, pasaría en las generales. Pero, en principio, es absolutamente intolerable que se quiera cambiar la ley electoral a cinco meses de la consulta. Es una evidente muestra del juego sucio en el que se ha especializado esta asociación de presuntos malhechores.
  • Lo siento, pero la moción de censura es inexcusble.

dijous, 18 de juny del 2015

El nivel de la banda de ladrones.

Ocurre con Twitter lo que sucedió en la leyenda de las orejas de de burro del Rey Midas. El peluquero, el único conocedor del cómico secreto del Rey, no pudiendo callárselo, hizo un agujero al borde de un río y en él susurró: "el Rey Midas tiene orejas de burro; el Rey Midas tiene orejas de burro". Luego lo cubrió con tierra y, ya aliviado, volvió a su casa. Crecieron las cañas en la ribera y, cuando el viento las agitaba, se oía por doquier "el Rey tiene orejas de burro; el Rey tiene orejas de burro". El secreto se había revelado y el viento lo "viralizaba".

Habiendo crecido las cañas, unos tuits de 2011, debidamente aireados, revelan que el majadero que iba para concejal de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, además de las orejas también tiene espíritu de burro. De momento se ha quedado de concejal. Mas no pierda la esperanza y persevere. Quién sabe si, cambiando el gobierno, no acaba de ministro de Educación. Haría bueno al mangante que hay ahora, ese que deja sin fondos las universidades, pero luego pasa los fines de semana de gorra con su millonaria novia en instalaciones públicas por no pagar el hotel.

Twitter es un peligro público. Todo lo guarda y, aunque los peluqueros quieran enterrar sus secretos, los vientos u otros tuiteros con mala uva se encargan de difundirlos. Véase el caso de la exdelegada del gobierno de Madrid, esa hipócrita que pasó cuatro años identificando, hostigando, multando y apaleando vecinos de la capital para cercenar sus derechos y amedrentarlos y que, en justo premio represor, será investida presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid gracias a los votos de Ciudadanos, el partido que lucha contra la corrupción a base de ayudar a ocultarla.

La buena señora, dando rienda suelta a sus fantasías eróticas de omnipotencia sexual, se adjudicó en un tuit con faltas de ortografía un par de gónadas altamente improbables dada  su condión femenina. Luego, viendo lo que sucede a los demás con sus demasías, lo borró. Pero, por desgracia, ya lo había copiado y guardado alguien que, con toda razón y mesura, aprovechaba para llamarla "ordinaria". Mucha razón y excesiva mesura. Atribuirse "cojones", cuando se es una rubia de bote y abundante carmín, más parecida a Jack Lemon en con faldas y a lo loco que a una dama que desempeña un cargo público, no es solamente un evidente atentado contra la evidencia anatómica, sino una muestra más del lenguaje, el espíritu, el talante, el modo de ser de los miembros de esa supuesta asociación de malhechores que es el PP. Chul@s, prepotentes, broncas, muy machot@s. Ellas, féminas de muchos cojones y ellos bravos de reyerta de los de "no me lo dices en la calle". Trato normal de una presunta banda de ladrones.

Basura. La basura que gobierna España.