dijous, 18 de juny del 2015

IU, toque de retreta.

Lo soltó ayer Pablo Iglesias, no Palinuro, en los micrófonos de RNE: “IU no es rival en ningún caso. Su proyecto político está agotado. En ningún caso habrá siglas IU-Podemos en las elecciones generales”. Pim, pam, pum, que diría Carmona, esa especie de alguacil y cruz de los madrileños. Como están las cosas, según los resultados firmes de las elecciones pasadas y los sondeos de las venideras, esas tres negaciones son el toque de difuntos de Izquierda Unida.
 
Palinuro lleva meses diciéndolo y ha sufrido feroces tarascadas de los verdaderos creyentes en el glorioso futuro de IU y de los conversos que han abandonado el barco a la chita callando. Era evidente hace un año. Podemos iba a comerse a IU y al PSOE gracias a su nueva poderosa arma de los rayos catódicos. Y, en efecto, IU está reducida a cenizas con algún lánguido tizón arrimado a la astilla equivocada. Lo del PSOE ya es otra cosa. Casi, casi, la contraria. Pero eso merece consideración aparte. A  lo que aquí estamos, Podemos ha fagocitado a IU. Insisto. No lo dice Palinuro sino Pablo Iglesias y con una expresión de cabeza de doble sentido:"IU no es rival en ningún caso".
 
Iglesias solo se imagina de director, concertino y solista. Admite ocasionales alianzas in partibus, como Galicia, Valencia y Cataluña y en el resto de España se impone la unidad popular que él imagina como un afluir de las masas bajo su dirección y compuestas únicamente de personas, de individuos, de ciudadanos, pero no de siglas, grupos, partidos, frentes o foros. Las masas afluyen gozosas; sus dirigentes han de pasar por las horcas caudinas de dejar fuera la parafernalia bélico-política.
 
¿La raíz de este criterio que los otros ven como una imposición ante la que se sienten impotentes? La doctrina leninista del partido como instrumento para el acceso al poder en una actitud pragmática, racional y escasamente romántica. Han salido a ganar, recuérdese, no a alimentar la cultura de la derrota.
 
¿Y las consecuencias para los demás? Depende. Dentro de la propia IU hay un territorio oscuro, un cuarto de máquinas en el que latía el corazón oculto de IU, el Partido Comunista de España. Si IU se desintegra, el PCE saldrá a la luz. Pero no parece que su porvenir vaya a ser mejor que el de su fracasada federación. Salvo, quizá, si se suma al sempiterno intento de Anguita de poner en pie una cruzada de verdadera izquierda para dar la batalla al bipartidismo que, en lo que a la estrategia se refiere, en realidad, quiere decir PSOE. Ello conduce al segundo impacto en IU, esto es, el que afecta a los proyectos más o menos coincidentes de Anguita, Lara y Garzón. Los dos primeros han sido fulminados por la negativa de Iglesias, y Garzón, con una carrera política recién estrenada, no tiene apoyo ni terreno en donde correr.
 
El joven político riojano reciclado en Andalucía señala el destrozo que la "imposición" de Podemos hace no solamente en IU, sino tambien en Equo, Anova, supongo que Izquierda Abierta. Pero no puede evitar la triste impresión de que es un lamento ante las ruinas de Palmira que, por cierto, habrá que replicar ahora con un nuevo lamento ante las ruinas de las ruinas de Palmira para dejar testimonio de la labor civilizadora del Estado Islámico. El lamento del vencido. En el mejor de los casos, pueden llegar a formar un coro de plañideras pero, como opción electoral, resulta poco atractivo.
 
En el caso de Podemos, la situación es sencilla: colaboración con el PSOE en los gobiernos en que sea posible y confrontación con la vista puesta en las elecciones de noviembre. Ahí, en esa competencia directa entre los dos partidos de la izquierda se determinará lo cierto o incierto de la pretensión del nuevo sorpasso: dejar al PSOE en segundo lugar frente a la oferta de una nueva izquierda que rompe todos los lazos con la vieja tradición comunista y propugna una verdadera socialdemocracia, muy distinta de la neoliberalizada del PSOE. El discurso tuvo un éxito fulgurante, suscitó un apoyo alborozado que luego ha recedido lo suyo. Bastante, incluso, y ha dejado al partido ante la ingrata tarea de conservar el músculo de salida durante medio año.
 
Lo principal para mantenerse altos en las preferencias populares es no ser incoherentes. El propio Iglesias riñe a Garzón y le pide coherencia. Justo la que él no tiene. Si descarta de modo tajante y sin apelación toda confluencia con IU ante la historia y los micrófonos de RNE sin haber consultado instancia alguna distinta de su conciencia, ¿por qué remite luego la formación de coaliciones en unas u otras comunidades a lo que decidan las asambleas? No digo que esto esté mal. Lo que digo es que es incoherente. Y es el moderado Palinuro. Ahí tienen ustedes al alguacil Carmona diciendo de Iglesias que “se levanta comunista, come socialdemócrata y se acuesta dando su apoyo a Álvarez-Cascos”.
 
Porque, al final, esa confrontación en el seno de la izquierda se dirimirá según usos de guerra medievales, a través de un combate singular entre sus dos paladines, Pedro y Pablo, ambos apóstoles del Señor que aprendieron con amargas experiencias el valor de la coherencia. Los dos justarán vistosamente en un terreno que les es muy favorable, el mediático. Y lo harán en un intercambio que nuestra época, empeñada en racionalizarlo todo, llama de juego de dos jugadores de suma no cero. Las pantallas se rinden ante ellos y ellos dominan las pantallas. Suma no cero a costa del tercer personaje, Rajoy, de quien los separa la misma distancia que separa a un maestro de esgrima de un troglodita.

dimecres, 17 de juny del 2015

David Fernández también se explica.


Como complemento a la entrevista de Mas e Iñaki Gabilondo que Palinuro comentó ayer en el post Mas se explica, hoy traemos el vídeo del diálogo que mantuvieron también ayer el propio Mas con David Fernández, el portavoz de las CUP, moderado por Vicent Partal, director del diario digital Vilaweb, con motivo del vigésimo aniversario del periódico en el CCCB, Centre de Cultura Contemporània de Barcelona. El vídeo está en catalán. Para aquell@s que no entiendan esta lengua, haré un breve resumen porque considero que su contenido es imprescindible si se quiere tener una idea cabal de lo que está sucediendo en Cataluña que, insisto, es lo más importante que está pasando en España desde la transición. A cambio solo pido que se mire unos minutos el vídeo, por si se encuentran diferencias entre el clima que en él se respira y cualquier tertulia al uso entre los habitualess energúmenos españoles chillando, insultándose y quitándose la inútil palabra unos a otros.

En el curso de la conversación entre los dos políticos queda todo clarísimo por ambas partes. En el caso de Mas no era tan necesario porque ya se había explicado suficientemente con Iñaki Gabilondo. Por cierto, incidentalmente, ¿ha habido algún tipo de respuesta de algún político español, de derecha, de izquierda moderada o de izquierda asaltacielos? Me parece que no. Como siempre. Para los nacionalistas españoles Cataluña no existe. Cuando les caiga sobre la cabeza se limitarán a quejarse por el serrín vertido y seguirán a lo suyo de corrala de cotillas con ínfulas imperiales.

Mas se explicó muy bien con Gabilondo, pero el analista avezado detectará diferencias sutiles, matices esenciales entre su discurso en español para los españoles y en catalán para los catalanes. La línea es la misma; los argumentos, también. Pero hay un tono distinto, más decisión, un espíritu de cercanía y complicidad. Mas se explica francamente, sin cautelas,  no le hace falta medir el alcance de sus palabras, puede relajarse porque habla a los suyos.Y eso se nota. Su conclusión de que, a partir del 27 de septiembre, los catalanes podrán escribir su propia historia no salió con Gabilondo, pero sí con Fernández. Igual que la anécdota de que, por una vez, sean los leones quienes la escriban y no los cazadores.

Lo esencial aquí era la aportación de David Fernández que fue rotunda y nítida  y, en resumidas cuentas consiste en sostener que:
  • la independencia es prioritaria y condición indispensable antes de hablar de cualquier otra cosa;
  • la problemática social camina pari passu con la nacional. No la precede. Ni como excusa.
  • el proceso soberanista es el resultado de la resistencia de una sociedad civil que nunca se dio por vencida.
  • la independencia es cosa del pueblo, de la nación, no de partidos. Coincidencia total entre Mas y Fernández.
  • la CUP jamás formará parte de un gobierno autonómico de izquierda.
Si alguien tenía dudas o le interesaba sembrarlas, respecto a la posición de las CUP respecto a la independencia, quedan definitivamente aclaradas y ya no es posible seguir aduciendo confusión a la hora de las propuestas, salvo que se haga con mala intención. Y me refiero a dos casos muy notorios: la monja Forcades y los supuestos izquierdistas de Podemos.

Forcades llamó a las CUP a incorporarse a su ambiguo procés constituent, del que la benedictina quería excluir a Mas y CiU, por considerarlos al servicio del satánico capitalismo. Ambiguo y taimado porque trataba de dividir el frente soberanista por el eje de fractura social. La respuesta de las CUP ha sido nítida: nada de monjas ni de procesos constituyentes de alfeñique y unidad de acción con CiU hasta la independencia. Luego, ja parlarem. Quizá viniera bien a la religiosa recordar una anécdota de José Bergamín, escritor español de acendrado catolicismo partidario de una estrecha unidad de acción con los comunistas, decía, "hasta la muerte. Pero ni un paso más." No se apure Forcades. Quizá esté aún a tiempo de volver al convento, cuenta habida de lo complicado que es el siglo.

En el caso de Podemos, mismo desbaratamiento de confusiones, ambigüedades y fariseísmo. Se recordará cómo, dando pruebas de un doctrinarismo acartonado y un desconocimiento majestuoso de la cuestión nacional catalana, Pablo Iglesias quiso vilipendiar a David Fernández hace unos meses criticando su abrazo con Mas. Tardó lo suyo en reconocer su metedura de pata y tuvo que pedir disculpas, si bien lo hizo con la boca chica porque tanto él como su gente siguen sin entender ni respetar el proceso soberanista catalán. Ayer, el segundo abrazo de la temporada entre Mas y Fernández, probablemente, le estaba dedicado con bastante ironía catalana.

La monja Forcades también convocó a Podemos a su incomprensible procés constituent, con bastante más tino que a las CUP porque los del partido de los círculos invocan un análogo proceso constituyente cuya función es ocultar su intención -típica de la tradición leninista- de no aceptar el resultado del derecho a decidir si este es la independencia.

Aquí está pasando algo muy importante y el 27 de septiembre podrá verse. Sea cual sea el resultado de esas elecciones plebiscitarias, nada volverá a ser igual y las generales de noviembre solo servirán para mostrar al mundo cómo encajará España la voluntad expresa de Cataluña.

Mira por dónde, por primera vez, los cazadores tendrán que esperar a ver qué historia escriben los leones.

Jueces y delincuentes.


Todo el mundo conoce la teoría del Estado de derecho. Nadie está por encima de la ley que impera suprema, y hay una estricta separación de poderes. Todo el mundo conoce también la práctica del Estado de derecho hoy en España. Hay gente por encima de la ley y, si es necesario, se cambia esta a capricho del gobernante. Porque no existe separación sino fusión de poderes. El gobierno controla el Parlamento por el simple mecanismo de la mayoría absoluta. Controla igualmente gran parte del poder judicial si bien no con un mecanismo tan simple sino con uno más complicado que articula muy diversas piezas: la tendencia conservadora mayoritaria en la judicatura es la esencial. La perpetuación de las pautas manipuladoras heredadas del franquismo y que no se depuraron durante la transición viene a continuación. El uso partidista de los mecanismos institucionales de la administración de Justicia, práctica compartida en parte con el PSOE, pero en la que el PP es consumado maestro. España no es un Estado de derecho porque los poderes no están separados ni se respeta el imperio de la ley. El gobierno tiene el Parlamento a sus órdenes y buena parte del Poder Judicial a su servicio.

Pero si lo primero puede enmendarse cambiando la mayoría parlamentaria mediante unas elecciones, lo segundo es mucho más difícil porque los jueces no son electos, tienen regímenes especiales que suelen incluir la inamovilidad y sus renovaciones dependen de plazos muy diversos que controlan los partidos políticos, cosa que, al menos el PP, hace siempre que puede y le interesa. Basta recordar cómo consiguió bloquear durante tres años la renovación del Tribunal Constitucional para perpetuar una mayoría conservadora que no reflejaba la correlación real de fuerzas políticas. Esto es, si los yerros legislativos pueden remediarse con relativa facilidad, no así los judiciales, los de la administración de Justicia.

Y, sin embargo, esta, la Justicia, es el punto central, el meollo del Estado de derecho y de la democracia. Si el meollo, el núcleo, está podrido, todo lo estará. Y es el caso.

La noticia de que dos de los tres magistrados que juzgarán el caso Gürtel, el caso del PP, son personas estrechamente vinculadas por todo tipo de lazos al partido no debiera ni llegar a los periódicos porque los afectados tendrían que haber anunciado ipso facto su voluntad de inhibirse si les correspondía actuar en ese caso concreto. Las pruebas de que Enrique López está tan contaminado como si le hubiera caído un bidón de chapapote las desgrana El Plural Enrique López: de ariete del PP contra leyes socialistas y ‘enchufado’ en el Poder Judicial a juez en el caso Gürtel. Es imposible entender cómo alguien con un átomo de sentido común pueda admitir que una persona así pueda juzgar la Gürtel. Y hasta cabe sostener que ningún otro asunto: un individuo multado por conducir ebrio y sin casco es un peligro público. No un juez. En cuanto a la otra magistrada, Concepción Espejel, aparece adornada por similares atributos de cercanía, simpatía, empatía e intimidad con los jefes del partido cuyos supuestos delitos deberá juzgar. Algo increíble, ciertamente.

Pero, se dirá, el caso ha correspondido a estos magistrados por razón del azar, siempre imparcial, del reparto de trabajo. Ignacio Escolar explica, sin embargo, cómo fue la propia Espejel la que, al parecer, manipuló dicho reparto para asegurarse de que correspondiera donde a ella le interesara. Lo hace en un artículo titulado Humor negro en la Audiencia Nacional en el que asimismo completa el cuadro de las razones por las que Enrique Martínez es más militante del PP que verdaderamente un magistrado.

Es obvia la absoluta falta de respeto a las formas en el funcionamiento de la justicia. Esa Fiscalía que no vio delito en la Infanta ni en media docena más de presuntos delincuentes, lo ha visto a la velocidad del rayo ahora como consecuencia de un hecho acaecido en 2011 en una capilla de la Complutense. Como si hubiera actuado la máquina del tiempo. Si el proceso de instrumentalización de la administración de justicia ha llegado a este extremo, no arriendo la ganancia a Artur Mas, que puede encontrarse inhabilitado en un par de semanas o quizá algo peor.

Pero lo de los dos magistrados chapapoteados por su presunta proximidad personal y material a quienes deben juzgar es, sin duda, lo más grave y lo más inaceptable. Bárcenas recusará a la presidenta Espejel por manifiesta amistad con Cospedal. Algo absolutamente lógico. Nadie en su sano juicio puede permitir que lo juzgue un amigo íntimo (Concha) de la parte contraria.

A su vez, el PSOE también anuncia que recusará a los dos magistrados presuntamente vinculados al PP, como parte en el proceso que es. Obvio también. Esta farsa no puede ni comenzar. Y no basta con recurrir. El PSOE debe anunciar que no aceptará desestimación alguna, sino que seguirá recurriendo y, si la vía se agotara, llevará el asunto a dónde haga falta, a Europa o a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, porque esta intención es un atentado contra el fundamento mismo del Estado de derecho, la independencia judicial. Ningún Estado puede llamarse civilizado si los jueces están sometidos a la arbitrariedad del poder político y le sirven de escudo y tapadera.

Algunos piensan que soy un pesado con la petición de una moción de censura al gobierno. Tengo mis razones. Sánchez ya es el candidato indiscutido a la presidencia del gobierno. Tiene el poder y tiene la autoridad. Pero también tiene la responsabilidad. Y esta lo obliga a considerar que los seis meses hasta las generales de noviembre van a ser un infierno. La derecha, como siempre, no acepta el resultado adverso de las elecciones y, desalojada del poder, ahora no tiene nada que hacer (ni expoliar) salvo entorpecer todo lo posible los gobiernos de izquierda, azuzando la malsana pasión de estos por las broncas internas. Escándalos reales, inventados, retorcidos, manipulados, puras invenciones, insultos en los medios, agresiones en la calle. Tiempo libre para incordiar.

El gobierno y su partido tampoco tienen nada que hacer, pues no hay tiempo material para ello, pero sí para incordiar y encizañar. La manipulación de los procedimientos judiciales, las malas prácticas procesales, las trampas, van a caer en cascada para torcer cuanto se pueda el curso de la justicia. El recurso a la represión va a intensificarse y el uso de la vía penal para enfrentarse a cuestiones puramente políticas, como el proceso soberanista catalán, también.

Tienen mucho tiempo libre, infinidad de medios y no necesitan cuidarse del frente parlamentario en donde reina el rodillo de la mayoría absoluta. Por eso, lo más oportuno que puede hacer Sánchez es abrir ese frente al gobierno para obligarlo a atenderlo, lo que mermará sus fuerzas en los otros. Es su obligación, además, oponerse. La moción se perderá, por supuesto, en la votación parlamentaria, pero se ganará en la calle, en términos de conocimiento y popularidad de un candidato que recién se estrena pero trae un programa alternativo. La moción de censura le da tiempo ilimitado para exponerlo. Y eso es lo que la gente está esperando: un programa alternativo, viable y claro que todo el mundo entienda frente a las magias potagias y el hocus pocus de una imaginaria recuperación que Rajoy se saca de la chistera entre corrupción y corrupción.

Es la ocasión de dar un relieve particular al programa electoral, género francamente desprestigiado. La solemnidad del lugar de la exposición debiera ser el símbolo del propósito de cumplirlo. Un conjunto de medidas de derogación de todo lo injustamente legislado por decreto y rodillo, de devolución a la gente de los derechos recortados o suprimidos, de lucha contra la corrupción y de regeneración democrática con un plan de reactivación económica con aumento de la productividad sin merma de rentas salariales o servicios públicos.

Tener al gobierno del Estado y la oposición parlamentaria debatiendo sobre asuntos de interés general a cinco meses de unas elecciones legislativas que pueden resultar en un cambio de mayorías no es una ocurrencia ni una aventura de inexperto, sino algo que cualquier colectividad haría para prepararse en caso de un hipotético cambio. Ello sin contar con que, en realidad, tal debate no se ha hecho nunca en la legislatura, pues los del Estado de la nación se han dedicado a otros asuntos.

La moción de censura es una obligación democrática. La única razón para no plantearla, cabe intuir, es que, en el curso del debate sea preciso hablar de la cuestión catalana, cosa nada del gusto de los partidos españoles cuando otean elecciones. No haya cuidado. Mas señaló una vía en esa entrevista de Iñaki Gabilondo que Palinuro comentó ayer en Mas se explica. Me atrevería a sugerir a los socialistas que siguieran su ejemplo: aguarden a ver qué resultado dan las elecciones del 27 de septiembre y, en función de esos resultados, hagan ustedes sus propuestas. Mientras tanto, piénsenlas porque todos nos jugamos mucho.

En fin, hagan lo que quieran pero no es absurdo elevar un tanto el nivel del debate a las cuestiones de interés general. No seamos solo objeto de la atención y pasmo de Europa por el hecho de que dos magistrados presuntamente afines a un partido se apresten a juzgar a dicho partido en un procedimiento penal.

La justicia del príncipe nunca será Justicia.

Hoy nos vemos en la utopía.


Luis Gaspar Orozco de las Heras (2015) Manifiesto DEMUN. Democracia mundial. Una utopía necesaria. Burgos: Dos soles. (131 págs.).
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Hoy, miércoles, 17 de junio, presento el libro de Luis Gaspar Orozco de las Heras, junto al autor, el editor de Dos Soles y mi amigo José María Arribas. Será en la librería Rafael Alberti, en Argüelles, calle Tutor, 57. Metro Argüelles, insigne diputado de las Cortes de Cádiz. Es un lugar acogedor y agradable. Quien se anime a asistir verá que no exagero.
 
Orozco ha escrito un breve texto en forma y con título de Manifiesto, acogiéndose así a una venerable tradición opuscular en la que aparecen muy conspicuas figuras que han dejado huella de su paso por el mundo. En nuestro tiempo, el manifiesto más conocido es el Manifiesto del Partido Comunista, de Marx y Engels, publicado el revolucionario año 1848, si bien le había sido encargado antes a Engels, quien lo había redactado como un Catecismo, en forma de preguntas y respuestas. Menos mal que llegó Marx y le metió su brillante pluma. O sea, lo cambió de arriba abajo. Es el más famoso, sí, pero no el primero. El término aparece en la historia del Concilio de Trento, del canonista libertino Paolo Sarpi, en 1619. Anterior al comunista es también el Manifiesto de Cartagena del libertador Bolívar (1812). Luego del comunista, los manifiestos se han generalizado, han pasado a las artes (rara es la vanguardia que no cuenta con uno), las religiones, las sectas, los movimientos y hasta los contramovimientos. El célebre libro de Walt Whitman Rostow, Las etapas del crecimiento económico, publicado en 1959, llevaba como subtítulo Un manifiesto no comunista. En todos los casos, el nombre designa un escrito conciso, con una declaración de opiniones e intenciones manifiestas que tratan de subvertir el orden constituido. Cualquier orden.

Y eso en los nombres. La cosa en sí, sin el título, tiene muchos otros ejemplos. Para Palinuro, el primer manifiesto de la modernidad cristiana son las 95 tesis que Lutero fijó en 1519 en la puerta de la iglesia de Wittenberg, que no se llamaban así. Tampoco se llamaban manifiesto la Declaración inglesa de derechos de 1689, ni la de Virginia, ni la de la independencia de los Estados Unidos, ambas de 1776. Tampoco la Declaración francesa de derechos del hombre y el ciudadano o el opúsculo del abaté Sieyès ambos en 1789. Realmente los manifiestos han contribuido a cambiar la historia de la humanidad.

Pica alto el autor yéndose a tan proceloso género. Su texto contiene diez tesis. Tiene pues forma de decálogo. En la siguiente edición quítele o añádale una para que los comecuras como este crítico no se malicien influencias testamentarias. Por lo demás, hace bien, porque adopta una perspectiva filosófica, muy apropiada a su formación y ejercicio profesional de docente de filosofía. Esa perspectiva amplia, holista, le permite abordar nada menos que el lamentable estado del mundo contemporáneo y proponer una vía de solución. Un auténtico manifiesto. Una especie de actualización de aquel Blueprint for Survival enormemente popular en su época y que, si no yerro, fue el primer grito de alarma ante la catástrofe ecológica, ya en 1972. Esta preocupación está muy presente, agravada, en las preocupaciones de Orozco a lo largo de toda su obra. Si el capitalismo -que es el villano principal del relato- debe ser eliminado y sustituido por algo distinto no es solo porque cause explotación, miseria, desigualdad, injusticia, sino también porque destruye la Madre Tierra.

Por partes. Orozco es relativamente sistemático. Al comienzo del manifiesto acumula las críticas el desorden existente; en la segunda mitad argumenta a favor de su solución: la revolución democrática mundial (pp. 76, 123).

En cuanto al diagnóstico, Orozco da por supuesto que todos coincidimos con los males apuntados por Naomi Klein y lo que de verdad le indigna es que pueda defenderse un modo de producción tan dañino, destructivo, irracional e inhumano con argumentos tan simples y falsos como los de la doctrina neoliberal, que es pura ideología, a su juicio. Sin duda. Pero la cuestión intrigante es ¿por qué triunfa una ideología tan necia y falsa que ignora u oculta datos obvios de la antropología cultural y otras ciencias? ¿Por qué se imponen simplezas y topicazos abiertamente falsos como las teorías del "libre mercado" cuando es obvio que el capitalismo es un inmenso sistema de explotación, oligopolio, monopolio y captura de rentas? Al margen de explicaciones más o menos incidentales, también será porque del otro lado no hay explicación alternativa, ni siquiera bajo la forma de ideología. Eso apunta a una carencia en el relato de Orozco que merece cierta atención. Según su pensar el capitalismo es un sistema intrínseca, necesaria, inevitable y únicamente malo. Pero esto contradice la experiencia inmediata de que es el modo de producción que ha traído mayor grado de bienestar y progreso a la humanidad, se mire como se mire, excepto, claro es, si se adopta una visión rousseauniana y se acaba diciendo que lo único sensato es retornar a la feliz condición del buen salvaje. No es el caso, por supuesto, pero, quiérase o no, algo de eso resuena en las tesis actuales sobre el decrecimiento. Siete mil millones de habitantes, todos con legítimas rising expectations, no caben en un Walden. Marx y Engels, en su manifiesto, escribieron (Marx, en realidad), las páginas más entusiásticas sobre la fuerza y el progreso del capitalismo, cuya capacidad de desarrollo es tan grande que padecerá de crisis de sobreproducción hasta la final. Es un punto de vista más equilibrado, aunque quizá no pueda ya valorarse como tal a la vista del fracaso de sus predicciones sustitutorias. Hoy no tenemos Blueprints que contraponer al capitalismo y solo nos queda esperar que las mismas fuerzas ciegas que empujan el sistema al hundimiento permitan encontrar las soluciones que garanticen la supervivencia. En el fondo, nada nuevo bajo el sol. La humanidad siempre ha sobrevivido a base de encontrar solución a los problemas que amenazan su supervivencia, generalmente causados por la acción de ella misma.  

A eso se dedica la segunda parte del libro que es un prontuario para la acción. El último desastre impuesto por un capitalismo depredador, inhumano, injusto, es la globalización (p. 76). Aunque filósofo, Orozco tiene los pies en la tierra y camina como todos, hablando pestes de la globalización pero acomodándose a ella porque es inevitable y tratando de usarla con la astucia y la inteligencia con que los maestros de las artes marciales nos aconsejan valernos de la fuerza ciega del enemigo en nuestro provecho. Es lo mismo que la navegación a vela.
 
El remedio de Orozco es arrebatar el poder a los ricos a nivel planetario a través de la revolución democrática mundial. Es una perspectiva cosmopolita que suena a música celestial en los oídos de los politólogos de tradición que los realistas políticos llaman con cierto desdén "normativa", al estilo de David Held, que lleva años bregando con la propuesta de un gobierno democrático universal. Hacer realidad la cosmópolis republicana kantiana. Y la insistencia en la forma democrática es aquí crucial. Orozco piensa en una revolución democrática en todos los órdenes y especialmente en la gestión de los sistemas políticos, salud, educación, derechos políticos, sociales, laborales, justicia, paz y seguridad y economías sostenibles (pp. 100/108). Un programa completo. El recientemente fallecido Rudolph Rummel, fundador de la teoría de la pax democratica, estará batiendo palmas de alegría en el más allá al ver cómo se difunde su concepción, basada en un enunciado estadístico que él da por apodíctico: que las democracias entre sí no guerrean. Si quieres la paz, democratízate.
 
¿Y cómo llegamos a esta situación, cómo encaramos un futuro vestido de democracia mundial? ( p. 123). Pues a través de la utopía. Llegado aquí, Palinuro confiesa su simpatía abierta por el autor, pues el pensamiento utópico le es muy caro. En el fondo, las utopías también son como manifiestos. Algunas dieron forma a movimientos políticos y sociales de cierta repercusión: los falansterios de Fourier, los icarianos de Cabet, los saintsimonianos, los "nacionalistas" de Bellamy, etc. Las utopías son literatura política de acción. Incluso las distopias de los siglos XX y XXI, cuando el concepto ha vuelto a ser reivindicado en los discursos revolucionarios. Erik Olin Wright habla de "utopías reales". Orozco, de "utopía necesaria". Hasta el punto de identificarlo con el Principio Esperanza, de Bloch, con el que Orozco cierra su obra, que presentaremos hoy.
 
Librería Rafael Alberti, c/ Tutor, 57. Metro Argüelles. Hora: 19:00.  

dimarts, 16 de juny del 2015

Mas se explica.

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(La entrevista empieza en el minuto 35).
 
Ayer Palinuro subió un post tras ver la entrevista que Mas hizo a Iñaki Gabilondo, titulado ¡Qué envidia!. Y, sí, han leído ustedes bien, que hizo Mas a Gabilondo porque este se desconcertó, sobre todo a partir del momento de los pitidos al himno y ya no fue capaz de recuperar el control del diálogo. Además, tampoco estaba en posesión de toda la información, mientras que Mas sí. Mas es un presidente de gobierno de talla europea. Rajoy, no; es un presidente de un partido al que los jueces consideran presunta organización de malhechores. Pero todo eso quedó claro en el post de ayer. El de hoy aventura alguna consideración más reposada.

Mas domina las tablas. Tiene naturalidad. Y esta no le viene de la aplicación de recetas y consejas sobre el llamado "lenguaje no verbal", sino del hecho de estar convencido de lo que dice, de ser veraz. Tiene clara conciencia de vivir un momento excepcional y de que sobre él recae una responsabilidad trascendental. Es un Moisés librando a su pueblo de las garras de los egipcios. Dicho sea para entendernos, pues él no sobredimensiona su acción. Pero tiene clara conciencia de su implicación personal y de sus consecuencias. Y la transmite. Se está en un sitio para acometer una misión o para salvar los papeles y quedar bien. Se es veraz o no. Se es digno de la confianza de la gente o no, con independencia de matices y actitudes ideológicas concretas aquí o allá. Desconozco los índices de confianza y apoyo popular de Mas en Cataluña, pero seguro que son altos.

Esa implicación personal lo es en una causa nacional. La idea de Mas de nación catalana rebosa contenido histórico, cultural, económico, político. Tímidamente Gabilondo le recuerda que él es de los pocos creyentes en la fórmula de "España, nación de naciones", que tanto irrita a los nacionalistas españoles. Pero resulta algo impreciso, protocolario, desvaído frente a la contundencia de los hechos de Mas. Su conocimiento de Europa le permite relativizar toda argumentación contraria a la independencia que la emplee como pretexto: el muro de Berlín, la reunificación de las dos Alemanias, la caída de la Unión Soviética, la explosión de los Estados postsovieticos, Escocia, Bélgica y Holanda (¡qué graciosa la foto con la frontera dividiendo el hall de una casa entre los dos países!) y la corona con su aceptación sin más de los Estados Unidos de Europa. En ese continente, ¿no es viable un Estado independiente con siete millones y medio de habitantes? Más habitantes que Dinamarca y Noruega y algo menos que Austria y Suecia. Añádase que el 70% de la población es de origen no catalán. Un dato dirigido contra los argumentos que hablan de un "nacionalismo étnico".

Mas matiza e interpreta siempre los hechos en clave nacionalista catalana. Pero la fundamenta en el único criterio de legitimidad que Europa reconoce: la decisión democrática. Las urnas. Es un argumento irrefutable. Intentó ponerlo en práctica el 9N pasado y el gobierno le negó toda validez, si bien no pudo impedirlo. Ese es el punto esencial del argumento de Mas, que el Estado español no puede aceptar ni impedir nada, con lo que ha conseguido ponerse en una posición imposible por su propia ineptitud. Mas distingue cuidadosamente entre España y "Estado español", mandando con ello un mensaje a las izquierdas españolas que mucho me temo estas no captan. El Estado español, o sea, la oligarquía nacionalcatólica que desgobierna el país, no puede impedir la celebración de elecciones autonómicas que son potestativas de la Generalitat. Otra cosa es que acepte interpretar el resultado como lo haga esa misma Generalitat. Mas ya anuncia que él lo aceptará sea el que sea. Si es negativo se retirará y si es positivo, liderará el movimiento hasta el fial, pudiendo ser este la independencia.

La pregunta de siempre es ¿cómo lo tomará el "Estado español"? Mas no se hace ilusiones. Con la derecha, no habrá vía posible de entendimiento y negociación. Habrá que estar al resultado de las elecciones generales de noviembre. Pero no parece tener gran fe en él. Obvio, a tenor del conocido dicho de Josep Pla. Pero en lo que insiste una y otra vez, acumulando razones y agravios, es que, así como el nacionalismo catalán ha sido siempre leal con el Estado y contribuido a la gobernación de este, no ha recibido a cambio sino maltrato, desconsideración, tratamiento discriminatorio, abandono y, últimamente, de nuevo menosprecio y agresiones culturales, lingüísticas, morales. Una tecla esta muy sentimental. No mencionó a nadie por el nombre pero flotaban cuestiones en el ambiente. Por ejemplo, ¿cómo hacer entender a un majadero que habla de españolizar a los niños catalanes lo que significa el modelo educativo catalán? ¿Cómo a otro que llama algarabía a una manifestación de la Diada la importancia que tiene que millón y medio de ciudadan@s salgan a la calle a defender la soberanía y el derecho a decidir en pleno escándalo por el caso Pujol?

Mas no cierra ninguna puerta, al contrario de Rajoy, que no abre ni una. Está dispuesto a considerar todas las posibilidades. Es el momento en que Gabilondo le pregunta por la DUI, para obligarlo a retratarse. Y la respuesta de Mas es de primero de teoría de juegos: la DUI está en la última posición en su orden de preferencias. Pero está porque, si no estuviera, si renunciara a ella, perdería toda fuerza de negociación con el Estado español que, según dicta su experiencia (la de Mas) siempre se ha negado a negociar nada salvo bajo presión. Y esta es la última y definitiva.

Este hombre lleva la iniciativa política en esta cuestión en España. Incapaz de arrebatársela el gobierno se inclina por la vía represiva, penal. Si Franco hizo fusilar a Companys, sus herederos ideológicos juegan con la idea de meter a Mas en la cárcel o, cuando menos, inhabilitarlo. Pero Franco no tenía que dar cuentas a nadie y por eso procedió con sabiduría militar (con lo que se ganó el aplauso de algunos publicistas actuales) fusilando a aquel, para no fabricar un mártir en prisión sino solo una leyenda que su policía se encargaría de reprimir y dando, de paso, un tajo mortal a todo entendimiento entre Cataluña y España. Ahora hay que rendir cuentas en Europa y allí no será bienvenida la noticia de que el presidente electo de la Generalitat ha sido detenido.

Entre tanto, Mas sabe en dónde está, a dónde va y lo que quiere. Que lo consiga o no es otra cuestión. Sobre todo es otra cuestión mirando al interior de Cataluña, en donde, según se acercan las elecciones de septiembre, se advierten diversos movimientos estratégicos en un mapa político complejo y muy cambiante. Ahí está el trabajo de Mas. La escisión de UDC ha movido a Muriel Casals a invitar a negociaciones a los independentistas democristianos. El propio Mas da un plazo de tres día a Durán para decidir si se queda en casa o se abre a nuevos horizontes. De consumarse la escision, el MH tendrá manos libres para tentar suerte con un partido propio, presidencialista, como le insinuaba taimadamente Gabilondo. Conociéndolo, esperará a ver cómo va el pescado en la lonja. Su hoja soberanista es la única que ondea, mientras los demás, andan ubicándose.

La exclaustrada monja Forcades acaudilla un Procés Constituent que anda preparándose para las elecciones del 27S pero de composición tan confusa como sus pretensiones. Su campaña contra la vacunación obligatoria parece ser un preludio a la campaña contra la independencia de la que quiere separar a toda costa a CiU sin que estén claros los motivos. Como no será inquina personal, pues la benedictina parece modosa, pudiera ser por el carácter capitalista y neoliberal de Convergència y ella se la tiene jurada al capitalismo. Todo es tan confuso como ese procés constituent que puede darse sin independencia. Queda asimismo por aclarar de modo fehaciente la actitud de Barcelona en comú en relación con esa independencia. El consistorio tiene el apoyo de ERC, que es independentista, el del PSC, que no lo es y el de Podemos que lo es a ratos y otros, no. Las CUP, por supuesto, van por libre, pero son netamente independentistas, con lo cual no se entiende por qué la monja Forcades las convoca al aprisco del señor de la confluencia.

Mas tiene que moverse en un panorama muy complejo, de aliados difíciles y criticones y competidores decididos. Su enemigo principal, aunque es exterior (porque en el interior de Cataluña, el PP es casi un partido testimonial) está cerrado en banda y muy enconado. El contexto internacional es difícil a causa de los límites que su posición institucional le impone. Resulta notable que, en esas circunstancias sea capaz de ir a una entrevista abierta, sin restricciones, sin pactos previos, sin filtros en las preguntas del público.
 
Toda comparación es odiosa.

dilluns, 15 de juny del 2015

¡Qué envidia!

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Iñaki Gabilondo acaba de entrevistar a Artur Mas.

Sí, qué envidia.

Un presidente que razona, que se explica, que se esfuerza por hacerse entender y lo consigue porque sabe hablar incluso varias lenguas; que no miente cada vez que habla; que da la cara, responde las preguntas y no rehúye los compromisos; que da argumentos; que respeta al interlocutor y al auditorio; que tiene claro lo que quiere, voluntad para conseguirlo, audacia para arriesgarse, tolerancia y sentido crítico y democrático; que es inteligente, rápido y con sentido del humor.

Un demócrata nacionalista confeso, a nivel europeo.

Y no uno que no razona, no explica nada, no se hace entender ni por él mismo porque no sabe hablar ni su propia lengua; que miente más de lo que habla, siempre escurre el bulto, se esconde, no admite preguntas y se escabulle en las dificultades; que no da argumentos, sino consignas; que desprecia al interlocutor e insulta al auditorio; que no sabe lo que quiere ni tiene voluntad ni capacidad para conseguirlo; que es un cobarde, intolerante y no entiende nada de democracia; que es un zote, pesado y sin la menor gracia.

Un franquista nacionalista español vergonzante a nivel carpetovetónico. 

Quien tenga tiempo, que mire esta estupenda entrevista de Iñaki Gabilondo a Artur Mas. 

Mañana, Palinuro le dedicará un comentario algo más extenso, pero creo que ya voy entendiendo por qué la monja Forcades dice que hay que ir a la soberanía sin CiU.

Y ahora, Cataluña.


Tercera etapa en este año electoral, esa en la que fuera de Cataluña nadie parece estar interesado, las autonómicas más o menos previstas para el 27 de septiembre próximo. A la vuelta del verano. De pronto, los estrategas, concentrados en la labor de muñir pactos con la mirada puesta en las generales de noviembre se ven obligados a suspender sus rifirrafes para enterarse de otro distinto en el Noreste de la Península. Uno con un elemento componente soberanista que desconcierta al nacionalismo español de derecha, izquierda o centro.

Cunde la alarma y por eso, según informa El País, importantes empresarios y políticos catalanes presionan a Rajoy para que adelante las generales y las haga coincidir con las autonómicas a los efectos de aplazar estas al año que viene. Tácticamente la idea no es mala. Por eso se le ha ocurrido ya a todo el mundo, incluidos los empresarios. Obligado es aquí preguntar, sin embargo, cuyos sean esos "importantes empresarios y políticos catalanes". Como fuente de información parece bastante difusa. ¿Qué empresarios son esos? Los políticos son fáciles de imaginar. ¿Hablan estos que quieren impedir la independencia en nombre de todos los empresarios?

A medida que se acerca el día, crece la agitación en el campo nacionalista. De un lado, las fuerzas de la hoja de ruta de la declaración de independencia, Convergència, Esquerra, Ómnium y Assemblea, se mantienen unidas. CiU, en cambio, anda al filo de una escisión por cuanto, Unió Democràtica acaba de celebrar una especie de referéndeum "pre-referéndum" interno en el que ha ganado el no a la independencia por un estrecho margen. Hasta qué punto representa Durán a los democristianos catalanes se verá en las elecciones. En su propio partido, a poco más de la mitad.

Parecería que el resultado del ayuntamiento de Barcelona, Ada Colau alcaldesa, viene a añadir fuerza al bloque soberanista. Con razón Mas quería esperar al resultado de las municipales para tomar una decisión sobre la consulta de septiembre. Necesitaba más información. Ahora ya la tiene. Pero no está claro hasta dónde llega el compromiso de Colau con el soberanismo. Ella misma sostiene la vigencia del dret a decidir, pero no explicita intención independentista, como podía hacerlo su antecesor en el cargo, Trías, hombre de Convergència. Parece dar prioridad a la agenda de reformas sociales, empezando por la de bajar el sueldo a todos los cargos públicos municipales. Y eso tiene un impacto tremendo e inmediato. A corto plazo. Lo de la independencia parece a medio.

Por otro lado, cobra impulso también el Procés Constituent de la Monja Forcades. La benedictina se ha arrojado al mundo exclaustrándose por un año en defensa de la causa del proceso constituyente con una fe parecida a la de la doncella de Orleans, cuando, iluminada por el cielo, acudió en defensa de Francia. Solo que en tiempos de Juana de Arco, Francia era una entidad más fácil de identificar que el nebuloso procés constituent de Forcades. Quizá para conseguir mayor precisión haya lanzado un llamamiento a otras fuerzas políticas para presentar una candidatura de confluencia amplia, cosa de la que se habla mucho en la capital del Reino, a las elecciones del 27 de septiembre si, por fin, son el 27 de septiembre. En cuanto al contenido de esa confluencia, basta ver que las fuerzas convocadas son ICV­EUiA, Podem y la CUP. No se convoca a los independentistas, pero propugna un proceso constituyente, cosa que solo puede darse en un marco de independencia. De estas inconsistencias está lleno el proceso catalán.

Estas elecciones van a ser determinantes para Cataluña y para España, guste o no guste a los nacionalistas españoles. Repárese en la otra razón aducida para adelantar las elecciones generales a septiembre: impedir el sorpasso del PP por Ciudadanos que anuncian todas las encuestas. Para calibrar la importancia de este lance baste recordar que hoy hay en Cataluña más de setecientos alcaldes de CiU y ERC, más de cien del PSC, uno del PP y ninguno de C's. Es solo por el efecto escala. Efectivamente, si Ciudadanos tiene muchos más apoyos que el PP en Cataluña con su discurso unionista, tenderá a tenerlos también en toda España. Y ese es un verdadero miedo en el PP que, de hecho, allí en donde gobierna tras el 24 de mayo solo lo hace gracias a C's y algún que otro rebelde de Podemos o IU.

diumenge, 14 de juny del 2015

Contextos.

Tres consideraciones respecto a los tuits del señor Zapata.

Primera. El tratamiento de la prensa. Detestable. Y no hablo solo de comics como La Razón o el ABC. El título de una crónica de El País es una vergüenza de manipulación:  un edil de Ahora Madrid se burla en Twitter de los judíos y de Irene Villa. Es engañoso, es falso, y lo es en un asunto explosivo. Lo mismo sucede con otros diarios. Mentir, manipular en cuestiones sensibles es lo que convierte la prensa seria en amarilla. Que el autor de la pieza presente los hechos como actuales y no indague en el contexto prueba  que la información es aquí lo menos importante. Lo esencial, al parecer, es la movilización, el ataque a una persona y, a su través, a una opción política. Tratándose de hechos de hace cuatro años, el cronista estaba obligado a indagar en el contexto, para contribuir a que las gentes aclaren su juicio y no a ofuscarlo. Eso es lo que hace Íñigo Sáez de Ugarte en un artículo, Sobre el Holocausto, el humor y la política madrileña, en el que trata de explicar los famosos tuits dentro del contexto de un debate o algo así sobre los límites del humor negro a raíz de un percance de Nacho Vigalondo con El País, que quizá pueda explicar la falta de estilo del diario con sus consecuencias. El contexto. Efectivamente, el contexto. Vamos a él.

Segunda. Un debate sobre los límites del humor negro hace cuatro años. El  humor negro es el nombre caritativo con que revestimos lo más cruel, estúpido, inhumano que hay en nosotros, que lo hay y mucho. Es el modo de embellecer las más bajas pasiones, el racismo y el sadismo que todos llevamos dentro. Unos las silenciamos, las refrenamos como podemos y otros les dan rienda suelta bien sea a lo bestia, a base de linchar negros, asesinar judíos, maltratar mujeres o... contando chistes racistas. Cuando alguien observa que el racismo es siempre repugnante y no tiene gracia alguna en ningún supuesto, se recurre a la justificación habitual: son solo formas de hablar, lenguaje y, como todo lenguaje, puede justificarse con un metalenguaje.

No somos racistas, por dios, ni machistas, ni nacionalistas españoles y, por lo tanto, podemos contar chistes antisemitas, misóginos o anticatalanes. No nos gusta el fútbol, pero es un "fenómeno sociológico" y hay que estar al tanto de la vida real. No nos gusta la chabacanería ni la vulgaridad de los programas rosas, pero son un consumo muy extendido y debemos conocerlos. No somos machistas, pero ¿qué tiene de malo un bonito piropo? Hasta a ellas les gusta. "Un piropo es un grafiti del erotismo". Me ha salido redondo; casi como una greguería de mi tocayo. Pero es falso. Un piropo es y será siempre una intromisión inaceptable en la intimidad de otra persona. Una interpelación no solicitada. Por ahí se empieza y se acaba en el femicidio.

El truco es el metalenguaje: "los límites del humor negro", el "fenómeno sociológico", el "ingenio callejero, el "alma del pueblo".  Y la complicidad de los auditorios que con facilidad se convierten en turbas, por cierto. No hay disculpas. Un chiste racista es un chiste racista, se vista de lo que se vista y sea cual sea el contexto. En realidad, no hay contexto posible. El único aceptable sería un imaginario laboratorio en el que pudiéramos coger ejemplares de chistes racistas como el que coge virus malignos. Todo lo que no sea eso será tolerancia hacia lo más odioso y estúpido que tiene el ser humano: la tendencia a reírse del sufrimiento ajeno. Que eso existe es obvio. Basta con abrir un libro de historia. Pero que exista no quiere decir que las izquierdas podamos sumarnos a ello. También existen la esclavitud, la explotación, la trata, etc. y los combatimos. Sin excepciones. ¿Por qué no el racismo o el machismo?

He leído la exculpación de Zapata, sobre polémicas y contextos y es de apreciar su esfuerzo por distanciarse del contenido de sus chistes. Me alegraría que le diera buen resultado y la opinión le ofreciera una segunda oportunidad. Incluso que se la ofreciera a sí mismo. No lo conozco personalmente. En estos cuatro años puede haber cambiado y ojalá lo haya hecho aunque, por el contenido de su escrito, no lo parece. Reitera la condena al terrorismo de ETA y al antisemitismo y a cualquier otra forma de represión y violencia. Y considera que ello no es incompatible con el humor negro, siempre y cuando este sea reconocible como humor. A tenor de lo dicho, Palinuro no está de acuerdo. El racismo no puede ser humor. Nunca. El racismo es un delito. Como el machismo. Revestir de humor la crueldad solo la hace más odiosa. ¿Cómo? ¿Censura? ¿No pueden hacerse chistes de judíos? Sí, claro. Hagan ustedes los que quieran, pero arrostren luego las consecuencias porque, como dicen los católicos, es imposible repicar e ir en la procesión.

No estoy seguro de que el señor Zapata deba dimitir. Me resulta imposible ponerme en su pellejo. Quede a su conciencia y que lo resuelva. Hay pocas dudas de que los adversarios están aprovechándolo con una evidente y sucia intencionalidad política de la derecha.
 
Tercera.  La derecha rabiosa, que no sabe perder y ve toda derrota electoral como un expolio de lo que le corresponde por designio divino, está en pie de guerra. Desde el minuto uno. No ya la tradición de los cien días. Ni cien segundos está dispuesta a conceder a los nuevos gobernantes esta banda de ladrones, recién desalojada de los consistorios en los que lleva veinte años esquilmando los recursos públicos. Inmediatamente de conocerse el asunto de los siniestros tuits, ya estaba Aguirre empujando, apabullando y exigiendo medidas ipso facto aun sin conocerse los hechos por entero. La consigna es debilitar al adversario, acogotarlo, no dejarlo respirar para ver de hundirlo antes de que pueda empezar su tarea.
 
Aguirre, la insoportable verdulera que desprecia a los agentes municipales, a los enfermeros, a los profesores, a todo el mundo que no sea de su clase; la que miente más que habla; la que ha gobernando Madrid rodeada de ladrones nombrados y protegidos por ella, que se han enriquecido a costa de los ciudadanos; la que insulta a los adversarios sin parar; la que se encaramó en el poder mediante el tamayazo; la que no condena el genocidio del franquismo y vive tan contenta en un país con más de 100.000 personas asesinadas y enterradas en fosas comunes por la dictadura racista y fascista de la que son herederos ideológicos ella y el partido en el que milita, fundado por un ministro del delincuente dictador; el partido en el que militan criminales que justifican los asesinados en las cunetas y que levantan el brazo en recuerdo, memoria y honor de los asesinos y su jefe; esa Aguirre carece de cualquier autoridad moral par exigir nada a nadie.
 
Si Palinuro fuera el gobierno municipal dejaría el asunto al sentido de la responsabilidad del interesado y haría en este caso lo que hacen y siguen haciendo las derechas con las denuncias de sus demasías: oídos sordos. Los medios machacarán la historia hasta que tengan otra sustitutoria, porque lo suyo es provocar y azuzar sin límites para que no se hable de lo que le importa: el saqueo a que han sometido al país. Pero la corporación no puede dejarse distraer de su función esencial que es levantar las alfombras y realizar una auditoria pública de las cuentas. Lo único que de verdad teme esta asociación de malhechores que lleva veinte años estafando a la gente.

Ganadores y perdedores.

Ayer España era una fiesta. El país, que presentaba un monótono azul desde 2011, de pronto, mostró otros colores, singularmente el rojo. Estaban las redes entusiasmadas con las tomas de posesión de Carmena y Colau, entre otras. Según cálculos de Público, 10,6 millones de ciudadanos en 27 capitales pasaban a tener alcaldes de izquierda, hala, así, sin matizar que, según reza el prontuario de los verdaderos, el PSOE no es de izquierda. Con todo, notable alegría y jolgorio que contrastaron con los desplantes a lo Barberá o las caras murrias de Botella y Ruiz Gallardón en el acto de proclamación de Carmena. Mal perder tiene la tropa.

La casuística deparó las sorpresas. En la política local nunca faltan. En Gijón, por ejemplo, los de Podemos han entregado la alcaldía a una candidata, creo, del Foro Asturias de Álvarez Cascos porque se llevan muy mal con los del PSOE e IU. En Oviedo, para compensar, los mismos de Podemos han cedido la alcaldía al PSOE. Algo parecido al PSOE-A apoyando al candidato de Podemos en Cádiz a pesar de no haber obtenido su aprobación para la investidura. En Cuenca los que han metido la pata son los de IU, dejando gobernar al PP por no apoyar al PSOE y en algún pueblo de Extremadura ha sido de nuevo Podemos el que ha aupado al PP.

Pero eso es la casuística, la moneda menuda. En general, la colaboración PSOE-Podemos ha funcionado muy bien por lo que Palinuro se felicita. Y no lo digo solo yo. También lo dice Pablo Iglesias, quien augura nuevos pactos con el PSOE pues, afirma con ecos lejanos del otro Pablo camino de Damasco, estamos convencidos. Ayer cundía el alborozo y estaban tod@s muy content@s.

¿Tod@s? No. Hay alguno más que se ve perdedor. Allá en la lejana Córdoba, un irreductible almohade afila su cimitarra, presto a partir para la guerra santa en contra de la infiel socialdemocracia. Noticias han llegado de que los verdaderos creyentes de la izquierda están sellando pactos diabólicos con los enemigos de Alá. Es preciso enarbolar la bandera verde del profeta y llamar a formar un frente único de todas las tribus de verdaderos creyentes, cada una con su nombre, para dar la batalla final al bipartidismo. Lo llama bipartidismo porque decir PSOE cuando muchos de sus presuntos seguidores están gobernando con él es demasiado surrealista hasta para Anguita. Pero claro queda de inicio que cualquier frente, coalición, asamblea o conciliábulo que aliente Anguita excluirá al PSOE.

Para Podemos esa confluencia en forma de amalgama en la que pierde su fuerza directriz para amontonarse con otros en el habitual guirigay de IU es un mal negocio. Añádase que estar en coaliciones de gobierno con el PSOE en media España no contribuye a marcar distancias para enfrentamientos dialécticos de tipo electoral. Y, de fusionarse de algún modo en una organización paraguas de nuevo nombre sería muy difícil que el electorado no lo viera como una experiencia de IU, segunda época.

La situación de esta izquierda es endemoniada. El frente amplio anguitiano sin Podemos no tiene posibilidades reales. Ni siquiera es seguro que llegue a constituirse, cuenta habida de que es poco probable que los Anticapitalistas se escindan de Podemos. Rezongarán por los rincones pero se quedarán, como los de Izquierda Socialista en el PSOE. Las perspectivas de Anguita y su cómica guardia califal es desesperada. No pueden dejar de confluir porque por mucho que este huero predicador fabule que somos mayoría, sabe que no lo van a votar y, por tanto, necesita la confluencia para sobrevivir. Como Garzón y, en el fondo, como Cayo Lara. Pero Iglesias ya ha aclarado que Podemos no será "tabla de salvación para nadie" y, si se da confluencia, será a base de que estos tres cabecillas y quienes se les sumen pasen por las horcas caudinas de dejar a la entrada sus queridas siglas y colores que tantas gloriosas batallas vieron en el pasado. Eso es mucho más de lo que la vanidad y soberbia de Anguita le permiten encajar. Si sus ahijados espirituales de Podemos se avienen con el bipartidismo, o sea, con el PSOE, él seguirá, impertérrito su camino, guiado por la estrella polar del "programa, programa, programa".

Los tiempos han cambiado. Los ha cambiado Podemos. IU y las ilusiones del sorpasso a la antigua usanza de la pintoresca teoría de las dos orillas, han sido ya trituradas por las ruedas dentadas del destino. El comunismo no pinta nada y despinta un montón. Incluso como neocomunismo asambleario y jacarandoso. Aquí la única unidad popular que hay es la de Podemos y bajo la guía de Pablo Iglesias. Si se quita uno se quita el otro y si los dos desaparecen, reaparece Anguita, símbolo de la modernidad.

Repárese en un dato. Búsquese una explicación al hecho de que Podemos, a quien los sondeos daban en febrero de este año una intención de voto del 28%, poniéndolo de primero en el ranking, mientras que dejaban al PSOE en torno al 17%, haya obtenido en torno al 14/15% en las dos convocatorias últimas y el PSOE se haya recuperado. Habrá varias razones, sin duda, pero la de que no han sabido aplicar el modelo Syriza ni diferenciarse gran cosa de la batahola de IU no es desdeñable. La enseñanza es clara: la confluencia con la verdadera izquierda es mortal y, además, para ser rigurosa, obligaría a deshacer muchos gobiernos locales.

Lo esperable es que a las elecciones concurran en la izquierda PSOE, Podemos y la Mayoría Imaginaria anguitiana. PSOE y Podemos enfrentados al PP, no al bipartidismo, es decir, no enfrentados entre sí. Iglesias lo deja claro: salen a ganar al PP. No al PSOE. Perfecto. Habrá, pues, buena lid. Y en esa buena lid de las dos ofertas de izquierda como alternativa al PSOE será en donde podrá verse si, en efecto, se produce el anhelado sorpasso. De darse este sería mérito exclusivo de Podemos y su dirigente Iglesias. Eso probablemente sea más de lo que sus amigos pueden soportar.

Pero es lo que tendría mérito. Competencia entre PSOE y Podemos por desbancar al PP. Entre Sánchez e Iglesias. Desde que Palinuro escribiera el post Pedro y Pablo, apóstoles en falta, los dos se han conocido, han hablado, como se recomendaba en él, y parecen haber sintonizado bastante bien, a juzgar por los resultados de esta jornada tan claramente de izquierdas.

Dos mujeres alcaldesas de Madrid y Barcelona. Y la de Barcelona trae ya sonido catalán porque ofrece a Mas su apoyo en pro del derecho a decidir. Esto se mueve. Y en la buena dirección. No la tuerzan. No fastidien.

dissabte, 13 de juny del 2015

La centralidad del pacto.

Mezquina, indigna, sectaria, cortoplacista es la política de pactos del PSOE según el PP. Menuda rabieta. Todo porque él, el PP, ha quedado fuera a lo largo y ancho del país. Capitales, grandes, medianas y pequeñas ciudades, ristras de pueblos, comunidades autónomas, todo ha volado. Ahí se mantiene Cifuentes luchando contra la sombría amenaza de un nuevo escándalo y párese de contar. El PP se queda a verlas venir y, mientras vienen, apresta el insultómetro. Podía afinarlo, de paso. Hablar de pactos "mezquinos e indignos" carece de sentido para dicho por quien se ha quedado fuera de ellos. Es posible que sean sectarios, pero les falta distancia hasta llegar al sectarismo del PP. Y en cuanto a lo del corto plazo, no es observación significativa en quien mide los plazos de veinte en veinte años.
 
Este monumental cabreo de mal perdedor del PP es la prueba que faltaba para asentar la tesis de la centralidad del PSOE. No diré centralidad del tablero por no mosquear a alguno y porque además, esas cosas no se dicen. Se hacen, pero no se dicen. El PSOE es el terreno común en que se articula la mayoría de las coaliciones de izquierda, para regocijo de Palinuro, que siempre ha abogado por esta coalición win/win. Si no he entendido mal, en donde esta alianza no se ha dado, ello es responsabilidad de Podemos y/o IU (casos de Gijón/Oviedo o Cuenca) que contradicen una tónica general y, de ese modo se apartan de la centralidad. Esta sigue reservada al PSOE con apoyo de Podemos y alguna que otra situación inversa de centralidad de Podemos y apoyo PSOE.

Así las cosas, el renacimiento de la opción frentista, asamblearia, de confluir en un bloque de izquierda, sin siglas componentes y bajo un nombre amplio y nuevo, plantea una cuestión prejudicial a Podemos. Es la opción anguitista del Frente Cívico Somos Mayoría. Todos a una, Fuenteovejuna. ¿Todos? No, el PSOE queda fuera porque es parte del bipartidismo, destinado a morder el polvo. Pero ¿cómo va a confluir Podemos, perdiendo su glorioso nombre, en una organización paraguas, una de cuyas funciones es acabar con el partido con el que comparte coaliciones de gobierno? Para Podemos, la preservación del nombre es asunto vital. Todas las doctrinas de partido que manejan sus líderes, desde el partido vanguardia a la maquinaria electoral pasando por el partido de todo el pueblo parten de un supuesto incuestionable: la unidad de mando.
 
Justamente el postulado que el frentismo detesta y combate, para lo cual tratan de coordinarse los anticapitalistas de Podemos con los convergentes de IU y los "somos mayoría". Una unidad problemática pues si bien la intención es genuina en los anticapitalistas, en los demás parece más táctica. Esto es, se oponen a la preeminencia de un nombre porque no es el suyo.
 
El asunto es peliagudo. Si Podemos se sumerge en un frente del tipo que sea con otro nombre, el viaje habrá sido en vano y el conjunto aparecerá como una reedición de IU y probablemente con su mismo grado de fragmentación interna y apoyo electoral externo. Si se mantiene al margen, es probable que la izquierda vaya dividida en tres a las elecciones de noviembre. El PSOE, Podemos y el frente anguitista que sea. Y lo más verosímil es que el voto se reparta entre los dos primeros. La cuestión es si hay sorpasso o no. A juzgar por los resultados de las municipales y autonómicas, no. Pero quedan meses para enmendar yerros. Meses para distanciarse de las neurosis compulsivas de Anguita.

De momento, las corporaciones y gobiernos constituidos, a abrir puertas y ventanas en estas pocilgas que han dejado veinte años de mangoneo y caciquismo de la derecha neofranquista, a levantar alfombras y hacer auditorías públicas. Dice Rita Barberá, quintaesencia de lo peor, más chabacano, estúpido y corrupto que ha habido en el país que se va "con orgullo y dignidad". Estos siempre están hablando de lo que no tienen y mintiendo cada vez que hablan. No se va: la han echado porque ya no la aguantan más. Y, en cuanto a lo de irse con algo, llévese lo que quiera, pero, por favor, deje el material inventariable.