martes, 16 de junio de 2015

Mas se explica.

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(La entrevista empieza en el minuto 35).
 
Ayer Palinuro subió un post tras ver la entrevista que Mas hizo a Iñaki Gabilondo, titulado ¡Qué envidia!. Y, sí, han leído ustedes bien, que hizo Mas a Gabilondo porque este se desconcertó, sobre todo a partir del momento de los pitidos al himno y ya no fue capaz de recuperar el control del diálogo. Además, tampoco estaba en posesión de toda la información, mientras que Mas sí. Mas es un presidente de gobierno de talla europea. Rajoy, no; es un presidente de un partido al que los jueces consideran presunta organización de malhechores. Pero todo eso quedó claro en el post de ayer. El de hoy aventura alguna consideración más reposada.

Mas domina las tablas. Tiene naturalidad. Y esta no le viene de la aplicación de recetas y consejas sobre el llamado "lenguaje no verbal", sino del hecho de estar convencido de lo que dice, de ser veraz. Tiene clara conciencia de vivir un momento excepcional y de que sobre él recae una responsabilidad trascendental. Es un Moisés librando a su pueblo de las garras de los egipcios. Dicho sea para entendernos, pues él no sobredimensiona su acción. Pero tiene clara conciencia de su implicación personal y de sus consecuencias. Y la transmite. Se está en un sitio para acometer una misión o para salvar los papeles y quedar bien. Se es veraz o no. Se es digno de la confianza de la gente o no, con independencia de matices y actitudes ideológicas concretas aquí o allá. Desconozco los índices de confianza y apoyo popular de Mas en Cataluña, pero seguro que son altos.

Esa implicación personal lo es en una causa nacional. La idea de Mas de nación catalana rebosa contenido histórico, cultural, económico, político. Tímidamente Gabilondo le recuerda que él es de los pocos creyentes en la fórmula de "España, nación de naciones", que tanto irrita a los nacionalistas españoles. Pero resulta algo impreciso, protocolario, desvaído frente a la contundencia de los hechos de Mas. Su conocimiento de Europa le permite relativizar toda argumentación contraria a la independencia que la emplee como pretexto: el muro de Berlín, la reunificación de las dos Alemanias, la caída de la Unión Soviética, la explosión de los Estados postsovieticos, Escocia, Bélgica y Holanda (¡qué graciosa la foto con la frontera dividiendo el hall de una casa entre los dos países!) y la corona con su aceptación sin más de los Estados Unidos de Europa. En ese continente, ¿no es viable un Estado independiente con siete millones y medio de habitantes? Más habitantes que Dinamarca y Noruega y algo menos que Austria y Suecia. Añádase que el 70% de la población es de origen no catalán. Un dato dirigido contra los argumentos que hablan de un "nacionalismo étnico".

Mas matiza e interpreta siempre los hechos en clave nacionalista catalana. Pero la fundamenta en el único criterio de legitimidad que Europa reconoce: la decisión democrática. Las urnas. Es un argumento irrefutable. Intentó ponerlo en práctica el 9N pasado y el gobierno le negó toda validez, si bien no pudo impedirlo. Ese es el punto esencial del argumento de Mas, que el Estado español no puede aceptar ni impedir nada, con lo que ha conseguido ponerse en una posición imposible por su propia ineptitud. Mas distingue cuidadosamente entre España y "Estado español", mandando con ello un mensaje a las izquierdas españolas que mucho me temo estas no captan. El Estado español, o sea, la oligarquía nacionalcatólica que desgobierna el país, no puede impedir la celebración de elecciones autonómicas que son potestativas de la Generalitat. Otra cosa es que acepte interpretar el resultado como lo haga esa misma Generalitat. Mas ya anuncia que él lo aceptará sea el que sea. Si es negativo se retirará y si es positivo, liderará el movimiento hasta el fial, pudiendo ser este la independencia.

La pregunta de siempre es ¿cómo lo tomará el "Estado español"? Mas no se hace ilusiones. Con la derecha, no habrá vía posible de entendimiento y negociación. Habrá que estar al resultado de las elecciones generales de noviembre. Pero no parece tener gran fe en él. Obvio, a tenor del conocido dicho de Josep Pla. Pero en lo que insiste una y otra vez, acumulando razones y agravios, es que, así como el nacionalismo catalán ha sido siempre leal con el Estado y contribuido a la gobernación de este, no ha recibido a cambio sino maltrato, desconsideración, tratamiento discriminatorio, abandono y, últimamente, de nuevo menosprecio y agresiones culturales, lingüísticas, morales. Una tecla esta muy sentimental. No mencionó a nadie por el nombre pero flotaban cuestiones en el ambiente. Por ejemplo, ¿cómo hacer entender a un majadero que habla de españolizar a los niños catalanes lo que significa el modelo educativo catalán? ¿Cómo a otro que llama algarabía a una manifestación de la Diada la importancia que tiene que millón y medio de ciudadan@s salgan a la calle a defender la soberanía y el derecho a decidir en pleno escándalo por el caso Pujol?

Mas no cierra ninguna puerta, al contrario de Rajoy, que no abre ni una. Está dispuesto a considerar todas las posibilidades. Es el momento en que Gabilondo le pregunta por la DUI, para obligarlo a retratarse. Y la respuesta de Mas es de primero de teoría de juegos: la DUI está en la última posición en su orden de preferencias. Pero está porque, si no estuviera, si renunciara a ella, perdería toda fuerza de negociación con el Estado español que, según dicta su experiencia (la de Mas) siempre se ha negado a negociar nada salvo bajo presión. Y esta es la última y definitiva.

Este hombre lleva la iniciativa política en esta cuestión en España. Incapaz de arrebatársela el gobierno se inclina por la vía represiva, penal. Si Franco hizo fusilar a Companys, sus herederos ideológicos juegan con la idea de meter a Mas en la cárcel o, cuando menos, inhabilitarlo. Pero Franco no tenía que dar cuentas a nadie y por eso procedió con sabiduría militar (con lo que se ganó el aplauso de algunos publicistas actuales) fusilando a aquel, para no fabricar un mártir en prisión sino solo una leyenda que su policía se encargaría de reprimir y dando, de paso, un tajo mortal a todo entendimiento entre Cataluña y España. Ahora hay que rendir cuentas en Europa y allí no será bienvenida la noticia de que el presidente electo de la Generalitat ha sido detenido.

Entre tanto, Mas sabe en dónde está, a dónde va y lo que quiere. Que lo consiga o no es otra cuestión. Sobre todo es otra cuestión mirando al interior de Cataluña, en donde, según se acercan las elecciones de septiembre, se advierten diversos movimientos estratégicos en un mapa político complejo y muy cambiante. Ahí está el trabajo de Mas. La escisión de UDC ha movido a Muriel Casals a invitar a negociaciones a los independentistas democristianos. El propio Mas da un plazo de tres día a Durán para decidir si se queda en casa o se abre a nuevos horizontes. De consumarse la escision, el MH tendrá manos libres para tentar suerte con un partido propio, presidencialista, como le insinuaba taimadamente Gabilondo. Conociéndolo, esperará a ver cómo va el pescado en la lonja. Su hoja soberanista es la única que ondea, mientras los demás, andan ubicándose.

La exclaustrada monja Forcades acaudilla un Procés Constituent que anda preparándose para las elecciones del 27S pero de composición tan confusa como sus pretensiones. Su campaña contra la vacunación obligatoria parece ser un preludio a la campaña contra la independencia de la que quiere separar a toda costa a CiU sin que estén claros los motivos. Como no será inquina personal, pues la benedictina parece modosa, pudiera ser por el carácter capitalista y neoliberal de Convergència y ella se la tiene jurada al capitalismo. Todo es tan confuso como ese procés constituent que puede darse sin independencia. Queda asimismo por aclarar de modo fehaciente la actitud de Barcelona en comú en relación con esa independencia. El consistorio tiene el apoyo de ERC, que es independentista, el del PSC, que no lo es y el de Podemos que lo es a ratos y otros, no. Las CUP, por supuesto, van por libre, pero son netamente independentistas, con lo cual no se entiende por qué la monja Forcades las convoca al aprisco del señor de la confluencia.

Mas tiene que moverse en un panorama muy complejo, de aliados difíciles y criticones y competidores decididos. Su enemigo principal, aunque es exterior (porque en el interior de Cataluña, el PP es casi un partido testimonial) está cerrado en banda y muy enconado. El contexto internacional es difícil a causa de los límites que su posición institucional le impone. Resulta notable que, en esas circunstancias sea capaz de ir a una entrevista abierta, sin restricciones, sin pactos previos, sin filtros en las preguntas del público.
 
Toda comparación es odiosa.