dimecres, 24 de desembre del 2014

El portavoz del sobresueldos nos toma el pelo.


Hubiera sido mejor que pusieran el vídeo pregrabado que el pequeño Nikolaus pasó a Palinuro hace un par de días con el verdadero mensaje del Rey, menos lamentable, menos patético, menos estúpido, falso y vacío.

Este joven promesa minimalista ha recitado obedientemente las falsedades y embustes que el presidente del gobierno se obstina en colocar al respetable desde hace tres años contra toda evidencia. El texto recitado respondía a los sórdidos intereses de ese individuo que dice gobernar el país que está destruyendo desde un cargo del que debiera haber dimitido hace años.

Cinco puntos tuvo el penoso alegato del Borbón y un estrambote.


1.- La corrupción. Propósito firmísimo de acabar con ella con la ayuda un gobierno presidido por su principal responsable político en el gobierno y el partido, a su vez señalado por el juez como partícipe a título lucrativo en la comisión de un delito. Si alguien  imagina un guión más absurdo, que lo presente al concurso de Ubú Rey.

2.- Crisis económica. ¿Qué crisis? Hombre, por Dios, ya es historia. Todas las magnitudes son positivas y, si bien quedan algunos rezagados, ahora de lo que se trata es de no emborracharnos con la prosperidad que el partido y gobierno más corruptos y ladrones de la historia de la democracia han traído a España.

3.- Cataluña. La unidad nacional es intangible. Formamos un piña bajo la sombra de la Constitución. Aquí las habitualess mentiras y bobadas de Rajoy son palo que pinta en el juego en el que por supuesto, si el gobierno está tratando de encarcelar a Mas es solo para protegerlo de sí mismo.

4.- El Rey padre, gran servidor de España. Un ejemplo para todos, fuente nutricia del amor que este buen hombre dice haber leído en los ojos de los españoles y que le permite sobrellevar el amargo peso de una hermana presunta choriza.
 
5.- La democracia consolidada y resto de las patrañas de Rajoy. La consolidación democrática se nota en la nueva Ley Mordaza, erróneamente orientada a acallar las protestas de la ciudadanía, cuando debía dirigirse contra las memeces propagandísticas de la pandilla de inútiles que detentan los poderes del Estado. El Estado del bienestar que el gobierno del partido de los sobresueldos ha desmantelado, preservado con el mismo éxito con que flota el plomo. Y ya no hablemos del gran peso en Europa de España, gobernada por un menda al que los demás consideran el líder más incompetente de la Unión.
 
Estrambote:  vamos a regenerar la vida política, aunque nadie sabe por dónde empezar cuenta habida de que todo va de cine y, por supuesto, no se olvide, vamos a preservar nuestra unidad dentro de la pluralidad. Por si acaso.
 
Llegados a este punto descubrimos que el resto del mensaje sobraba.
 
Quieto todo el mundo.

No son lo mismo.

Desde el minuto uno de la admisión a trámite de la querella contra Mas por desobediencia han comenzado a formarse colas de ciudadanos que voluntariamente acuden a autoinculparse junto a su presidente. Una especie de espontánea leva del orgullo patrio. Porque, como era de esperar, la persecución judicial a Mas se ve como el enésimo ataque castellano, mesetario, español, a Cataluña y un paso más en la afirmación de un espíritu de desobediencia civil que está incubándose. "He aquí", argumentarán los independentistas, "otra razón a favor de la independencia: que no vengan de fuera a perseguir a nuestros presidentes". No solo de la independencia en un brumoso futuro, sino de la independencia aquí y ahora, ya, a través de una declaración unilateral. Y todo aparecerá simbolizado en la persona de Mas, como un nuevo Moisés, que lleva a su pueblo tras de sí.

No se me alcanza en qué situación habría de estar Rajoy para que los ciudadanos españoles acudieran en masa a autoinculparse de un delito, prestos a desobedecer. Por tanto, la equiparación de ambas figuras en peripecias tan distintas es francamente desacertada, además de una afrenta a muchísimos catalanes. Pero es que, se dice, no es esa la cuestión. Nadie duda de la gallardía de Mas, capaz de arrostrar consecuencias personales desagradables por sus convicciones, cosa que el otro ni huele, y si no se menciona es por algún lamentable olvido. Pero el asunto es más profundo. No afecta a las personas concretas de Rajoy y Mas sino a lo que ambos representan, los programas que defienden, las políticas que aplican, siempre iguales, a fuer de casta. Casta española, casta catalana y con la casta no se va ni a cobrar el aguinaldo, mucho menos a bautizar el niño.

Ciertamente, pero ese tampoco es el problema. Nadie niega que Mas represente los mismos intereses económicos, industriales, financieros que Rajoy. La cuestión es si, además, personifica un ánimo, un espíritu, una reivindicación nacional compartida hasta ahora por una mayoría de diputados del Parlament y, es de suponer, del electorado. Y así parece ser por reconocimiento de sus partidos aliados y amplios sectores de la sociedad civil. La equiparación entre Rajoy y Mas en este campo presupone que solo se admite un eje social como linea de fractura y no otro nacional. Podemos niega a Mas y CiU legitimidad para liderar un proyecto soberanista cuando todo el bloque soberanista se la reconoce, como se prueba, entre otras cosas, por la oferta de Junqueras a Mas de presidir la Generalitat aunque pierda las elecciones.
 
Esa negativa al reconocimiento de la dimensión nacional solo puede hacerse por dos vías, ambas poco admisibles. Por la primera, poniendo en duda la sinceridad del espíritu soberanista de CiU. Un partido que tiene sedes embargadas por asuntos de corrupción y que ha llegado a institucionalizar esta es casta y con la casta, lo dicho, ni a la esquina. La idea de que corrupción y patriotismo son incompatibles necesita muchos matices y no merece la pena porque hay una hipótesis más simple. En la medida en que el bloque soberanista cierra filas con la Generalitat y su partido, CiU, en un proyecto de construcción nacional, Mas puede ser un bandido sin entrañas, un estafador o un trilero, pero se verá obligado a personificar la figura del líder que consiguió la libertad de su pueblo, el padre de la nación catalana, a interpretar una historia heroica como la del General della Rovere. Porque es la gente la que lo quiere así. Y la gente no es casta, ¿no?
 
Por la segunda vía el dedo no se pone en la llaga de la sinceridad, sino en el del concepto mismo de soberanía. Esta no es, según Podemos, una cuestíón de banderas y otros símbolos, sino de realidades materiales, tangibles. Es un renacimiento de la vieja distinción de Lassalle entre la constitución material y la constitución formal. Muy afortunada, como siempre y como siempre, muy opinable porque tan legítimo es propugnar la primacía de lo material y tangible sobre lo simbólico y formal, como al revés.  Podemos llama soberanía a someter todo, lo material y lo formal, a debate en un proceso constituyente salido de unas futuras elecciones legislativas en el marco de la Constitución de 1978. A someter todo a debate de todos, cosa en la que no todos coinciden. El bloque soberanista, en cambio, quiere conocer antes el alcance de los poderes de cada cual porque él también tiene un proceso constituyente en marcha y bastante más avanzado que el español, hasta el punto de que incluso está redactándose un proyecto de Constitución de la Repúblican Catalana.
 
Y aquí ya se mezclan dos conceptos que son anatema en el debate público español, independencia y república.
 
Definitivamente, no es cosa de nombres. Es cosa de proyectos.  

dimarts, 23 de desembre del 2014

La ambigüedad sigue.


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Después del mitin de Vall d'Hebron, Pablo Iglesias acudió a una entrevista en TV3, en donde pudo matizar, explicar mejor sus propuestas, extenderse en ellas, ahondar en su significado, darles otra faz, con más razones y menos pasiones. Gran entrevista, por cierto. Gran entrevistadora, que pregunta con tino, no se deja regatear, pero permite hablar al entrevistado. Y gran entrevistado, contundente, claro, preciso y valiente. Sin duda un discurso con el que Palinuro se siente mucho más a gusto que con las arengas tribunicias al aire libre en las que se enardece a los seguidores.
 
Respondiendo a las críticas, Iglesias repitió varias veces que en sus propuestas no había "ni gota" de ambigüedad. Lo dijo, insistió y remachó con gesto claro y mirada diáfana pues su control del lenguaje no verbal es tan prodigioso como su oratoria.
 
Pero el sabor y olor a ambigüedad, como el de las legumbres socarradas, impregna toda la entrevista y cuanto más se niega, más se crece entre palabras medidas al milímetro y juicios aderezados según una nueva idea de la corrección política.
 
No hay duda, en los grandes temas, la composición suena de maravilla: ¿Es Cataluña una nación? Pregunta la periodista. Sí, es la respuesta, remachada con un lo dije ayer. España es país de países o país de naciones. ¿Es Cataluña un sujeto jurídico soberano? pregunta de nuevo la periodista. Eso tendrán que decidirlo los ciudadanos catalanes. En su momento, claro. Obviamente, no ahora. La ambigüedad comienza a enseñar su patita. ¿Por qué no ahora? Porque la ley no lo permite. Iglesias asegura que él no ha hecho la ley y no le gusta, pero es la ley.  En teoría de juegos esto se llama ventaja por opciones restringidas: "yo quisiera concederos lo que pedís", dice el patrón a quienes protestan, "pero la ley no me deja. Cambiemos la ley". Mientras tanto... ¿qué? 
 
Suspendamos el hilo un instante y vayamos a las distancias cortas, cuando el asunto se aclara aun más. ¿Pueden/deben los catalanes decidir su futuro por su cuenta, incluida su "relación jurídica" (linda fórmula) con el Estado?" Sin duda, declara rotundo el líder de Podemos, sin duda. Pero... con un proceso constituyente en el que podrá hablarse de todo; de todo. De la soberanía, cómo no. Pero recordando que la soberanía no es concepto que se agote en lo territorial pues afecta a todas las relaciones sociales: los hospitales, las escuelas, los ancianos, los dependientes, Andorra, Suiza. La soberanía, la Patria no son cuentas en paraísos fiscales a favor de traidores. La soberanía es un concepto grávido con el Todo hegeliano y el proceso constituyente la tabula rasa sobre la que se erigirá el futuro. Pero después, cuando llegue su hora, luego de las elecciones de 2015 que Podemos sale a ganar a todo el mundo. La ambigüedad es aquí ya apabullante.
 
¿Y mientras tanto? No en noviembre, diciembre del año que viene, enero, etc de 2016 sino aquí y ahora. De eso no se habla. No se habla del 9N; no se habla de las elecciones autonómicas anticipadas, de su carácter plebiscitario o no o del derecho de autodeterminación en este momento, derecho dimanante de la condición nacional de Cataluña que previamente se ha aceptado.
 
"No toca", que diría Pujol, uno de los personajes más denostados en el escenario catalán de Podemos. La ley no deja. Cuando cambie la ley, todo; antes, nada. Y, entre tanto, a sacudir a Pujol, a Rajoy, a Mas, a Sánchez, en una amalgama que suena bien en multitud de oídos, sobre todo españoles. No tanto en los catalanes. No nos dejemos engañar por "la casta"; no se trata de un eje de fractura nacional, sino social. Ahí está el núcleo duro de la ambigüedad y patente. El que justifica a ojos de Iglesias poner a la par a Rajoy y Mas, poner a la par un tipo desprestigiado, presunto corrupto, autoritario, embustero, cobarde y con un índice de popularidad el más bajo de la historia con otro con gran apoyo y prestigio, al que solo cabe achacar corrupción a base de endosarle la ajena ladinamente, un demócrata, que no ha mentido, lleva su valor al extremo de afrontar la represión judicial española y goza de la estima y el apoyo de muchísimos conciudadanos. Esa comparación no solo indica la falta de comprensión del proceso nacional (¡no hay eje nacional en Cataluña!) catalán, sino que comete la villanía de denostar a alguien por algo que no le hace merecedor de ello sino lo contrario.
 
Y todo porque no se puede aceptar que, aunque la doctrina diga que el eje es social, la realidad muestra el nacional. Por eso se oculta, se niega, se substituye por otro y se juega a la ambigüedad.
 
Si los catalanes hacen elecciones anticipadas (están en su derecho) y el gobierno resultante proclama un referéndum de autodeterminación, por ejemplo, para junio de 2015, ¿qué hará Podemos? Está claro; no hay ambigüedad alguna: unos militantes harán campaña por la independencia, otros en contra y otros se quedarán en casa. ¿Y la organización como tal? Esa dirá que no toca y que hay que esperar al proceso constituyente cuando toque.
 
Incidentalmente y por si acaso: Palinuro no solo lleva tiempo defendiendo el proceso constituyente sino, siendo más específico, singularizando la cuestión territorial en una Convención aparte del proceso constituyente para que todas las naciones en España puedan decidir en condiciones de igualdad y no dentro de otra amalgama del totum revolutum en la que, como se discutirá de todo, quizá no se discuta de nada y menos aun de soberanía que, según se nos dice no es cosa de banderas y balcones. No claro. Pero sin banderas y balcones y claras competencias y jurisdicciones territoriales, lo siento, pero la cosa suena un poquito a truco.
 
Si se quiere eliminar ese sabor a ambigüedad que sigue destilando la entrevista, casi rascando ya la garganta, aclárese otra cuestión: si la ley no nos deja actuar ahora y nos obliga a esperar -muy a nuestro pesar, claro- hasta el año que viene; si, entre tanto los soberanistas (ese extraño e incompresible maridaje entre gentes buenas y gentes perversas según el ficticio eje nacional) celebran elecciones anticipadas, ¿por qué no se piden también elecciones anticipadas en España? ¿Porque se sabe que el presunto sobresueldos no cederá?
 
Bueno, pero pedirlas sería un gesto no solo de claridad y contra la ambigüedad que ahora es ya casi como la noche oscura del alma, sino también de perspicacia e inteligencia. Los catalanes llevan la inciativa hace años. Han comprendido algo elemental para cualquier demócrata (condición que Iglesias parece reservar para él y los suyos), esto es, que lo que da legitimidad para hablar y hacer son las elecciones. Quien las hace gana, aunque en términos numéricos pierda; quien las impide, pierde, aunque en los mismos términos gane.
 
Pero, ciertamente, el líder de Podemos dice que Mas no le marca su calendario u hoja de ruta. Mucho menos el infeliz de Palinuro.

Mensaje de Nochebuena de S.M. el Rey.


El pequeño Nikolaus, también conocido como Tiny Claus, íntimo amigo de Palinuro, le ha pasado el vídeo del mensaje que dará mañana el Jefe del Estado. Al parecer, lo ha obtenido mediante sus contactos en el CIO o Centro de Inteligencia Obtusa, aunque no ha debido de verlo entero. Esta es la transcripción en primicia para los lectores del clan McPalinuro.

Buenas noches: en este momento solemne, cuando por primera vez me dirijo a vosotros como vuestro Rey en el tradicional mensaje de la Nochebuena, quiero dedicar un emocionado recuerdo a mis antecesores. En primer lugar a mi padre quien llevado por su amor a España, abdicó en mi persona. En segundo por orden cronológico inverso y no de importancia, al general Francisco Franco, mi abuelo putativo, a cuyos Principios juró lealtad mi progenitor; lealtad que me corresponde renovar por cuanto la idea dinástica está basada en el respeto a la tradición.

Fue mi padre quien, hace dos años, aseguró aquí mismo que la Justicia en España es igual para todos. Con matices. Él, por ejemplo, goza de aforamiento vitalicio ante el Tribunal Supremo por sabia decisión del legislador. Cualquier causa en su contra, como las demadas de paternidad, el asunto de la ingente fortuna que la revista Forbes le atribuye, las acusaciones de haber cobrado mordidas por el petróleo importado del Golfo Pérsico o las hipotéticas reclamaciones tras la reciente ruptura con la señora Zu Sayn-Wittgenstein se verán en el Supremo, un tribunal animado de un excelso sentido de la Justicia y el Patriotismo al mismo tiempo.

Igual será para mi hermana, enfrentada a la cruel situación de dar cuenta de unos actos de los que, me consta, no recuerda nada; nada de nada. Como si no los hubiera realizado, pues quizá fueran obra de su cónyuge, el jugador de balonmano. La fidelidad conyugal, por la que los Borbones somos mundialmente famosos, tiene estos momentos amargos que sufrimos por nuestro amor a la familia, institución perenne de la sociedad cristiana, compuesta por un hombre, una mujer y los hijos que Dios sea servido enviarles.

El año que dejamos atrás ha sido complicado y difícil para todos. Lo sé. Pero Rajoy me ha dicho que somos una gran nación. Gracias a él y sus duras pero necesarias medidas, estamos saliendo de esta crisis tan prolongada y tan profunda y que tanto nos ha hecho sufrir. Por fortuna España es ya un jardín de brotes verdes en el que los ciudadanos empiezan a recoger los frutos de sus sacrificios y miran con confianza el año en que entramos. Los baremos del CIS dicen lo contrario, pero Arriola me asegura que los hace un gabinete de republicanos y masones y, en lugar de consultarlos, debemos leer diariamente La Razón.

La Gran Nación es una, pero plural y libre de forma que, como dije en mi discurso de entronización, hoy cada español es libre de sentirse español como mejor le venga en gana, incluso en Cataluña. Faltaba más.  Esa libre unidad plural deriva su fortaleza de la Constitución de 1978, a la que pusimos de largo como señorita de 18 años en 1996 y hoy es ya una augusta matrona que ha conservado su virginidad exceptuados dos achuchones sin importancia en 1992 y 2011. Aquí sigue ella, garante de la soberanía de los españoles y su igualdad a la hora de sentirse españoles y de la unidad de la Patria, supremo fin de las fuerzas armadas, si llega el caso. Que no llegará pues la función moderadora de la Corona asegurará el respeto a la gobernanza civil del Reino.

Ciertamente la corrupción, esa lacra de nuestro tiempo es vuestra segunda preocupación. Pero, la verdad, no se entiende bien esa reacción cuando, según la señora Cospedal, la corrupción es hoy endémica en España. Muchos políticos son corruptos; muchos funcionarios, venales; muchos empresarios, delincuentes, pero eso pasa con todos, según afirma la dicha señora entre procesión del Corpus y novenario de Santa Casilda. No me agrada la idea pero quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

Nuestra fe católica, administrada por los curas, nos protege de la desesperación y nos permite mirar con confianza el futuro. Almas perversas sostienen que la Iglesia es un Estado dentro del Estado, un enorme parásito que succiona la riqueza material e intelectual del país desde hace siglos, que su régimen de privilegios es muy superior al que tenía el clero en al antiguo régimen y contrario a la aconfesionalidad del Estado. Pero, aunque esta  Iglesia muestre algunos defectillos, ¿qué son estos y los costes que se atribuyen a este cuerpo místico en comparación con la bienaventuranza de tener una sociedad tan obediente y sumisa, que solo se manifiesta en forma de mayorías silenciosas?

El gobierno, inspirado en el espíritu de la monja fundadora, verdadera santa y guerrera, llevará al Parlamento en los próximos días unas medidas de purificación y regeneración democráticas que, sin perder su ánimo católico, dejaran chiquita la moral calvinista, demostrando cómo el puritanismo es un disfraz del más codicioso afán de lucro. Aquí, en España se impondrá la regla de San Benito. Para dar ejemplo, el presidente del gobierno, acusado de haber cobrado sobresueldos, en expiación, renunciará en público a los sobres y a los sueldos y lavará todos los días los pies a un sintecho.

Mi esposa, la Reina que, como sabéis, es periodista suele prevenirme contra los de su profesión pues dice que son chismosos, malévolos, a todo le sacan punta y capaces de vender a su progenitor por una exclusiva que los haga famosos. Pero yo soy abierto y accesible y respondo a las preguntas con la campechanía que caracterizaba a mi padre y mi mayor preparación. No ignoro que me llaman Felipe VI Preparao. El pueblo español es ingenioso y sus periodistas, su más digna representación. Un verdadero baluarte de la Corona. Admiro el espíritu con el que muchos de ellos van de tertulia en tertulia, como haciendo las estaciones de una vía áurea, batiéndose el cobre en pro de la verdad, la familia, la Corona, el orden. Dicen que cobran mucho por ello, que no son caballeros desfaciendo entuertos sino mercenarios. Pero en todo hemos de ser relativistas. ¿Cuánto puede costar una buena defensa de la familia cristiana, bien de valor incalculable?

A pesar de los brotes verdes, hemos de reconocer compungidos que, al salir de la crisis, partimos de una situación lamentable: tenemos la mayor cantidad de parados, los salarios son los más bajos, los impuestos los más altos, los peores servicios públicos, las pensiones más cutres, no nos cuidamos de los dependientes y el Estado del bienestar lleva camino de ir a parar al museo de antigüedades, junto a la rueca y el huso. Es una cita culta de Federico Engels, que me ha pasado un joven asesor recién contratado en La Zarzuela que pertenece a un círculo de Podemos.

Eso me lleva a hablaros con el corazón abierto de esa otra preocupación de nuestros conciudadanos, los políticos y los partidos. Nadie respeta más la libertad de partidos, pivote de la democracia, que la Corona. Los partidos son la garantía de la alternancia en el buen gobierno del Reino y, lógicamente, en un sistema binario o, como dicen los analistas, bipartidista. Pero los partidos son también instrumentos que canalizan las preocupaciones y los deseos de innovación y cambio del pueblo. Y la Corona, os lo aseguro, está atenta a esos anhelos. Por eso me fijé en cómo el lema de la última convocatoria de Podemos en Barcelona fue comença el canvi. Y, en efecto, cuando Felipe González prometió el "cambio", ganó las elecciones. Cuando lo prometió Rajoy, también las ganó. Ahora se promete el "canvi" porque los tiempos traen aires catalanes, pero es y será siempre el "cambio". Se ve cuánta razón tuve al contratar el asesor de Podemos que ahora tiene un Círculo Podemos La Zarzuela. Los de los otros partidos no saben por donde se andan. Estos están en la longitud de onda de la gente y, como la gente no sabe lo que quiere, de estos a veces no se sabe lo que dicen.

Pero otras, sí. Por eso os comunicaré hoy, en la intimidad de vuestros hogares una decisión que he tomado por mi cuenta, una sorpresa, algo que no os esperais. Habéis visto cómo los de Podemos no quieren ver banderas republicanas, ni oír hablar de la República, cual si fuera la tiranía de los Pisistrátidas. Eso los hace cercanos a mi corazón. Tampoco hablan mucho del aborto, ni de la separación de la Iglesia y el Estado. Se concentran en cambio en la soberanía, el amor a la Patria y la honradez de la vida pública. La verdad, no entiendo por qué salen personas avisadas, como Esperanza Aguirre, Condesa de Bornos, Grande de España y Dama Comendadora Honorífica de la Orden del Imperio Británico, diciendo que son un partido antisistema. Dentro de ese espíritu constructivo, Pablo Iglesias dijo en cierta oacsión que si el señor Felipe de Borbón quiere ser Jefe de Estado, que se presente a unas elecciones. Y aquí es donde viene mi revelación y la sorpresa que quiero daros: estos de Podemos son de mi generación, me entiendo con ellos, me fío de ellos, hablamos el mismo lenguaje.

Sí señor: he decidido presentarme a unas elecciones. Me gustaría contar con el voto de Podemos, pero no ando muy seguro con gente tan escurridiza. Si no lo consigo, tendré que fundar mi propio partido que podría llamarse, lo tengo pensado, RRR o Reagrupación Republicana Real. Este partido...
 
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La emision se interrumpe; hay un fundido en negro y luego aparece un comunicado del ministerio del Interior que reza: "En aplicación de la Ley de Seguridad Ciudadana, también llamada "Ley Mordaza", aún no promulgada pero ya en vigor, esta emisión ha sido censurada al comprobarse que se hace desde una IP sita en La Zarzuela y desde la que se efectúan continuas visitas a redes yihadistas. En breve se restablecerá la comunicación con el Palacio de La Moncloa, desde donde se impartirán las órdenes oportunas.

(La imagen es una foto de Wikimedia Commons, con licencia Creative Commons).


dilluns, 22 de desembre del 2014

Muros y puentes.


¡Ah, las palabras, qué traidoras son! Son las ventanas por las que los oyentes escudriñan nuestros más recónditos pensamientos. Muros y puentes es el titular del multitudinario acto de ayer de Podemos en Vall d'Hebron. Una manida simpleza de este calibre, más propia de la oratoria de la vieja política, resume el contenido de lo que Pablo Iglesias fue a decir a los catalanes y, por encima de sus cabezas, al conjunto de los españoles, su verdadera audiencia. Son términos que aparecen mucho en los discursos conciliadores de los nacionalistas españoles menos cerriles, en el bien entendido de que los muros siempre los erigen otros y los puentes, símbolo de unión, nosotros. Un discurso simple y vacío porque ni los muros los erigen siempre los otros, ni los puentes sirven siempre para unir. Que se lo pregunten a los pobres efrainitas. Admitido, la intención es otra; es buena. Pero las malditas palabras tienen fondo. Las que se dicen y las que no se dicen. Las palabras son traidoras pero los silencios, a veces, son mortales.

Podemos acudió ayer a Barcelona en una cita forzosa pero poco apetecida porque obligaba a retratarse en el escabroso asunto del soberanismo, sabiendo que lo que allí se diga tendrá un impacto considerable aquí. Así, Iglesias ha sido muy explícito y ha llevado el discurso de Podemos al límite mismo al que llega la izquierda radical española. Hasta defender el derecho a decidir, que es bastante aquí, en donde no lo defiende ni el PSOE; pero no lo es tanto allí pues cuenta con el apoyo hasta del PSC. Falta una palabra, hay un silencio: derecho a decidir ¿quiénes? y ¿qué? Da la impresión de que Podemos se apunta al referéndum español, pero no al catalán. Dicho en términos crudos: los catalanes pueden decidir pero como españoles.

Y decidir ¿qué? La CUP lanzó una pregunta en las redes sobre si Podemos se comprometía con un referéndum de independencia y quedó sin respuesta directa. Iglesias dice que no quiere la independencia de Cataluña, lo cual está muy bien. Palinuro tampoco. Pero la cuestión es: ¿defendemos o no el derecho de los catalanes a decidir por su cuenta sobre ello? Palinuro, sí. Podemos da la impresión de que no.

A partir de aquí, las consideraciones sobre si se es o no una nación resultan inútiles. Iglesias reconoce que España es un país de países, un país de naciones. De acuerdo. Incluso nación de naciones. A Palinuro no le duelen prendas como a Vidal Quadras quien decía que una "nación de naciones" es una imposibilidad metafísica, como si no existieran los conjuntos de conjuntos. Pero las naciones tienen derechos. Por eso el Tribunal Constitucional español se niega en redondo a reconocer a los catalanes todo atisbo de condición nacional... por si los derechos. Quien, sin embargo, reconoce el carácter nacional tendrá que reconocer los derechos.

Aparte de estas cuestiones más bien abstractas, pero significativas, el discurso entró en el cuerpo a cuerpo y ahí ya las palabras se convirtieron en puñaladas. Pero no está claro quién las recibió. Iglesias dijo que no se le vería darse un un abrazo con Rajoy o con Mas. Lo peor no es que ataque indirectamente a David Fernández, el de las CUPs, cosa nada elegante dado el contexto del abrazo de Mas y Fernández. Lo peor es que compare a Rajoy con Mas, que muestre tal desconocimiento del apoyo de que goza Mas en comparación con Rajoy, el presidente peor valorado de la historia de la democracia. Sobre todo que pase por alto que mientras Mas corre el riesgo de verse procesado por sus ideas y sus decisiones como gobernante, Rajoy es quien interfiere sistemáticamente en la justicia para ponerla a su servicio tanto personal como de partido. Equipararlos es igualar a la víctima con el victimario. Y eso no es de recibo.

Peor aun cuando compara a Mas con Esperanza Aguirre en Madrid. Parece imposible hacer comprender a un nacionalista español, por muy de izquierda que sea, que Cataluña es una nación y Madrid una comunidad autónoma, y no mucho. Y parece impsible hasta para quien reconoce el principio nacional claramente pero luego no lo aplica y en el fondo no distingue entre nación y región. Añádase de nuevo a ello que Mas está pendiente de los tribunales igual que la señora Aguirre, pero por sus ideas políticas, cosa que siempre merece respeto, y no como la otra, por chulería y abuso de autoridad.

Dice Podemos que la casta ha insultado a los catalanes. Tampoco es enteramente justo. Si por casta se refiere a Rajoy y el PP, no hay duda: desde el écheme una firmita aquí contra los catalanes hasta llamar a la Diada de 2012 una algarabía, pasando por el españolizar a los niños catalanes, no han hecho otra cosa que insultar. En el PSOE la cosa es más matizada. Quizá los socialistas no atinen a comprender la cuestión soberanista y propongan soluciones insuficientes, inadecuadas o improbables. Pero no tienen ánimo injurioso, no van insultando, aunque en su ceguera españolista a veces lo parezca. No hacer esta distinción puede ser cómodo a la hora de practicar la famosa amalgama autoritaria para justificar posteriores desmanes (todo es "casta"; todo es ETA), pero no es justo ni respetable.
 
Por lo demás, comparar a Mas con Rajoy, ¿no es una forma de insulto?

diumenge, 21 de desembre del 2014

La regeneración democrática, según Rajoy.


Rajoy viene anunciando su intención de presentarse cualquier día de estos en el Congreso con un catálogo de medidas contra la corrupción y en pro de la transparencia que quiere convertir en ley. Hace tres años que empezó a hablar de ello y, por fin tanta parsimonia da sus frutos. El hombre anhela pasar a la historia como el adalid en la lucha contra esta lacra político-social de la que todo el mundo abomina, empezando por quienes se benefician de ella y, muy singularmente, él mismo.

En Occidente es costumbre aquilatar el valor de las intenciones cotejándolas con los hechos, única forma de averiguar qué crédito merecen las palabras. He aquí algunos hechos relativos a la corrupción que jalonan el presente de este país, que están en conocimiento de todos y que, brevemente expuestos, dejan escaso lugar a las dudas:
  • Un exvicepresidente del gobierno, Rato, no está en la cárcel porque el juez no cree que haya riesgo de fuga; no porque no la merezca.
  • Un expresidente de Comunidad Autónoma, Matas, en la cárcel por delincuente.
  • Un jefe de la patronal, Díaz Ferrán, en prisión preventiva por presunto delito.
  • Un extesorero del PP, Bárcenas, en igual situación y otros dos tesoreros en la cuerda floja.
  • Un expresidente de Diputación, Fabra, en la cárcel por delincuente.
  • Un exvicepresidente de CA Madrid, Granados, en prisión preventiva por presunto delito.
  • Un expresidente de Caja Madrid, Blesa, imputado.
  • Un partido de gobierno al que un juez imputa haberse lucrado con el producto de un delito.
  • Una miriada de altos cargos imputados, procesados, acusados; entre ellos el propio presidente del gobierno, acusado de cobrar sobresueldos de turbio origen.
Esos son los hechos. Sobre ese trasfondo el señor Rajoy dice tener suficiente legitimidad para presentarse en el Congreso con el dicho catálogo de medidas en pro de la honradez, las buenas prácticas, la moral, la rectitud, que le han preparado sus equipos, igual que Dios entregó a Joseph Smith el libro del Mormón. Un adelanto se nos ha ofrecido ya con ese portal de la transparencia propiciado por la vicepresidenta Sáenz de Santamaría que, al parecer, oculta más datos de los que facilita y los que facilita solo los entrega si quien los pide se identifica previamente. Con la afición de este gobierno a identificar con ánimo de multar, no es extraño que el portal apenas tenga visitas.
 
Con todo, no son estos cínicos, brutales contrastes entre lo que se dice y lo que se hace lo que convierte la cacareada intención regeneradora de Rajoy en una burla sangrienta. Al fin y al cabo, algún alma de cántaro podrá argumentar que todos los hechos torcidos son anteriores a la formulación del propósito mormón de Rajoy.
 
La burla viene después, cuando, como demostración de aquella noble intención, lo primero que hace Rajoy es nombrar vicepresidenta de una comisión parlamentaria a la ex-ministra Mato, obligada a dimitir hace unos días por corrupta. Eso refleja con exactitud el respeto que el Parlamento inspira a Rajoy.
 
Y no solo el Parlamento. La misma democracia. La señora Mato dice no ver por qué no puede ella desempeñar cualquier responsabilidad en el Congreso, lo cual no es extraño dado que se especializa en no ver ni Jaguares y que es obvio que carece de todo principio moral o sentido del ridículo. Lo llamativo es que su jefe y encubridor no vea el grado de desprecio que su decisión revela. Y menos parezca ver hasta qué punto se degrada la democracia cuando no solamente no se rinden cuentas ni se acepta responsabilidad alguna por las inmoralidades y los delitos que se cometen sino que el gobierno se enfrenta a la protesta social empleando la policía casi como una banda de matones dotada de impunidad para amedrentar a la población.
 
Palinuro insiste sin embargo: los principales culpables de esta situación son los partidos de la oposición, incapaces, no de controlar los desmanes del gobierno (pues este se encarga de hacerlo imposible), sino de oponerse a ellos con valentía y audacia, de forma que lo obliguen a retroceder.

Lo menos que puede hacer la oposición si quiere justificar su nombre es presentar una moción de censura. Lo más, dejar de legitimar esta farsa por la que una democracia parlamentaria se ha convertido en un régimen autoritario que gobierna por decreto. No ser cómplices ni comparsas de este ridículo carnaval. Ausentarse del hemiciclo. Si no son capaces de hacerlo por dignidad propia, háganlo por la de sus votantes, a quienes dicen representar.







(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

dissabte, 20 de desembre del 2014

Más sobre Cataluña, según los catalanes.


Acaba de conocerse el avance de los resultados del sondeo de opinión de Cataluña de 2014 del Institut de Ciènces Politiques i Socials de la Universidad Autónoma de Barcelona, organismo tan digno de crédito como el CEO que reflejábamos en el post anterior. Hay notables semejanzas, coincidencias y analogías, que llevan a los autores a concluir, como hacía Palinuro en el sondeo del CEO, que el mapa político catalán es muy complejo en comparación con el español y que hay cambios de cierta importancia. En algunos asuntos no solo coincide con los resultados del CEO sino con los de todos los sondeos que se hacen en España y los haga quien los haga. Especialmente en el pesimismo con que los catalanes ven la situación económica de España y la bajísima consideración en que tienen al gobierno del PP, por no hablar ya de la del Sobresueldos, el líder peor valorado de la historia de España. Aun así, ese 1,49 que le dan es excesivamente generoso. Claro que, por difícil de creer que sea, todavía valoran peor, con un 1,27, a su dirigente autóctona, Alicia Sánchez Camacho, ese horror de señora que tiene tanto tirón electoral como el Yeti.

Pero no son las coincidencias las que nos interesan aquí, sino las diferencias. Hay dos muy llamativas que dan que pensar. Una sobre la independencia y otra sobre Podemos. Respecto a la independencia, si bien la medición de los deseos del electorado en las dos encuestas es muy similar pues en ambas el de que Cataluña sea independiente es menor que el de que no lo sea, aunque por pocos puntos, en el sondeo del ICPS, la intención de voto independentista es mucho mayor que la del no independentista, casi el doble (49,9% frente a 27,4%). No es posible hacer una comparación con el resultado del CEO porque este no trae una pregunta específica sobre voto real a favor o en contra de la independencia o yo no he sido capaz de encontrarla en un hipotético referéndum sobre la cuestión. Pero, si miramos la intención de voto a partidos en el supuesto de elecciones generales hoy, el voto independentista no alcanzaría mayoría.
 
La otra diferencia curiosa y muy pronunciada hace referencia a Podemos. La intención de voto de este en un supuesto de elecciones generales en el ICPS es de 26,6%, casi el doble de lo que anuncia el CEO (14,7%). Demasiado. Esa cantidad de más de un cuarto de los votos a favor de Podemos en unas generales en Cataluña es  coherente con el hecho de que Pablo Iglesias sea el segundo lider en valoración en el Principado (5,16) solo por detrás de David Fernández (5,20) y con el de que nada menos que el 35,8% de los catalanes querría ver a Pablo Iglesias de presidente del gobierno español.
 
No obstante, si comparamos las intenciones de voto en supuestos de elecciones autonómicas, estas diferencias se aminoran y el cuadro es distinto. Según el CEO, la intención directa de voto de Podemos en unas autonómicas catalanas es del 4,6% y según el ICPS, del 11,1%; más del doble, sí, pero muy debajo de CiU y ERC. Por último, la intención de voto de Podemos en unas hipotéticas municipales en Cataluña, según el ICPS es del 7,9%. No es posible comparar con los datos del CEO porque no trae pregunta sobre elecciones municipales. Pero sí es posible establecer una cadencia en descenso de esa intención de voto con los datos del ICPS: 26,6% en las generales, 11,1% en las autonómicas y 7,9% en las municipales. En otros términos, cuanto más próxima es la elección, menor en la intención de votos de Podemos.
 
Esos son los datos. Las interpretaciones son libres.

Cataluña según los catalanes ahora mismo.


El Centre d'Estudis d'Opinió. (CEO) ha publicado su Enquesta sobre context polític a Catalunya. 2014 con trabajo de campo hace unos días. Probablemente la prensa española no le dará mucha relavancia, pues está más pendiente de los barómetros del CIS. Y debiera, in embargo, ya que los trabajos del CEO son tan importantes para Cataluña y, por ende, para España como los del CIS para España y, por ende, para Cataluña. La enquesta catalana da un cuadro que los partidos españoles harían bien en considerar. Porque es un cuadro distinto al español. Repasando las partes del sondeo se echa de ver enseguida que Cataluña es otra cosa. La autoubicación ideológica del electorado no coincide con la de España y hay otros datos no menos significativos. Uno por todos: la intención directa de voto de Podemos en elecciones autonómicas está en un miserable 4,6%, a dos décimas del PSC pero muy por debajo de CiU y ERC. Compárese con la intención de voto en Andalucía, en donde, si no he leído mal, es la primera o la segunda. Sube, sin embargo, a un 14,7% y es la primera, en unas hipotéticas elecciones al Congreso de los diputados, lo cual indica un comportamiento dual del voto, muy digno de tenerse en cuenta. Por lo que hace al PP, si su intención de voto en Andalucía es alta, en Cataluña en las autonómicas está en un ridículo 1,8%, con claro riesgo de quedarse en un partido extraparlamentario y tampoco aumenta mucho en unas generales, pues se quedaría en un 3,4%. Realmente, es otra cosa. Eso se nota en un sistema de partidos más complejo y fragmentado que en el resto de España.

El dato más significativo es que, en este momento, los contrarios a la independencia de Cataluña son mayoría. Por poco, pero mayoría. Cuando se desglosa esa mayoría, otra mayoría en su seno propugna una estatalidad federal frente a otros que quieren ser una autonomía en España o, mucha menor medida, una región española. Lo cual significa que, de las propuestas de los partidos españoles para Cataluña, la que parecería gozar de mejores perspectivas sería la federal del PSOE. Tiene centralidad. A ella podrían sumarse algunos partidarios del estatuto de Comunidad Autónoma por exceso y otros partidarios de la independencia por defecto, pues cálculo humano habitual suele ser quedarse con el mal menor. Esto obliga al PSOE a perfilar con mayor esmero esa oferta federal. Porque federalismos hay de varios tipos y, si ha de recurrirse a la reforma de la Constitución (CE) (y dado el puntillismo del PP que quiere conocer hasta las comas de cualquier proyecto de revisión) conviene especificar lo más posible.

A su vez los soberanistas, aun estando en minoría, cuentan con un apoyo sustancial, pero no podrán cuantificarlo en tanto no haya elecciones formales. Y elecciones reclama el bloque soberanista. Si no están fijadas ya es, al parecer, debido a la falta de acuerdo acerca de cómo concurrirá a ellas, con o sin lista única. Es un debate complicado que depende exclusivamente de los catalanes. Estos, a su vez, juegan en un horizonte de elecciones municipales que son españolas. Por eso las autonómicas catalanas han de ser antes ya que de ellas se quiere que salga otra decisión política trascendental: una declaración unilateral de independencia o la convocatoria de otro referéndum y, tanto en un caso como en el otro, tendrían lugar en el proceso hacia las elecciones legislativas españolas de 2015. Resulta absurdo ignorar que en esas elecciones va a ser decisiva la cuestión catalana.

Con eso cuenta el bloque soberanista y por eso las CUPs apremian a Podemos a clarificar su posición respecto a un posible referéndum de autodeterminación. Podemos, con su 4,6% de intención de voto, muy inferior a la del resto del Estado pero que puede tener su peso. La cuestión es si Podemos puede clarificar. Hacerlo a favor de la autodeterminación se considera receta segura para perder votos en España. Hacerlo en contra tiene difícil acomodo en una perspectiva de izquierda.

Los nacionalistas españoles no disponen de más salida que la opción federal y una reforma a fondo de la CE. Y no tienen garantizado en modo alguno el éxito. Para los soberanistas llega tarde y es insuficiente. Para los integristas españoles es un salto en el vacío. Por cierto, lamentable también ese obstinado rechazo a toda reforma de la Constitución. Indica el mismo miedo que la negativa al derecho de autodeterminación de los catalanes; miedo a que salga lo que no se quiere que salga, pero cuya posibilidad se admite porque, en el fondo, los negacionistas no confían en su propia nación ni en la Constitución que dicen defender. Ya se sabe y por eso no se dice que la verdadera dificultad es la Monarquía y la eventualidad de que una reforma quisiera afectarla. Claro, la Monarquía está prendida con alfileres y su defensa consiste en imposibilitar la reforma de la CE. Sin embargo seguirá siendo problemática mientras su legitimidad no proceda de la voluntad popular.

A este respecto los catalanes también son otra cosa. En Cataluña es mayoritario un partido expresamente republicano, cosa que en España el PSOE no se atreve a ser, habiéndose convertido en un partido dinástico. Se escuda en la hoja de parra de la teoría de la accidentalidad de las formas de gobierno que en España, con su historia, no es admisible.

divendres, 19 de desembre del 2014

Nuevas fechorías del sobresueldos y la banda de mangantes.


Si pensaban ustedes que en tres años de legislatura de estos mendas habían visto todo en punto a sinvergonzonería, mentiras, corrupción, latrocinios, arbitrariedad, desprecio por la gente, estulticia, beaterío, agresividad y pura mangancia, estaban ustedes equivocados. Si creían que, con docenas militantes procesados por los más diversos delitos y varios altos cargos -Matas, Fabra, Bárcenas, Díaz Ferrán, etc- ya en la cárcel por chorizos o presuntos chorizos, esta supuesta asociación de mangantes iba a enderezar su comportamiento y atenerse a la ley, creían ustedes en el unicornio. Si pensaban que, después de haber arruinado el país, desposeído a la gente de sus derechos, empujado a los jóvenes a la emigración, desahuciado a cientos de miles de familias, empobrecido a los trabajadores, estafado a los cuentacorrentistas, sisado a los desempleados y escatimado sus pensiones a los viejos, esta pandilla iba a darse por satisfecha, pierdan ustedes toda esperanza.
 
Les queda un año de legislatura y, sabedores de que la gente los mira con auténtica repugnancia y está deseando que haya elecciones para echarlos a patadas, han decidido apretar el acelerador de sus abusos y tropelías, seguir esquilmando el erario público (por si no vuelven a poder hacerlo en unos años), preparar la fuerzas de represión para sofocar a palos cualquier discrepancia y perder hasta las apariencias y disimulos de una política no estrictamente de rufianes.
 
Pruebas han dado suficientes del talante abusivo y de matones que piensan aplicar, con desprecio a la opinión pública y las más elementales normas no ya de la moral sino de la mera buena educación.
 
Ayer mismo, Ana Mato, ex-ministra de Sanidad que tuvo que dimitir por corrupta y por estar imputada en un proceso penal, fue nombrada para un cargo en una comisión parlamentaria, con un incremento de más de 1.000 € de dinero público, el único que esta perfecta inútil lleva cobrando toda su vida en blanco, negro o marrón. De este modo queda claro qué entiende el gobierno por las medidas contra la corrupción que piensa presentar esta semana en el Parlamento, probablemente con la ayuda de esta corrupta.
 
Igualmente, falto de un portavoz del grupo parlamentario, el sobresueldos ha nombrado a Rafael Hernando, el bravucón achulapado de talante falangista que protagonizó un intento de reyerta al estilo matón en el Congreso, intentando partir la cara a Rubalcaba. El mismo sujeto capaz de decir de quienes quieren encontrar a sus familiares, asesinados por los franquistas (los antecesores ideológicos del tal Hernando) que si lo hacían era porque hay subvenciones. Subvenciones, por cierto, que su partido y gobierno han suprimido. Algo que a este provocador nato debe de parecerle muy bien.
 
Molesta la asociación de presuntos malhechores con la actividad del Fiscal General del Estado, no ha parado hasta echarlo de su puesto, en el enésimo caso de evidente injerencia política en la administración de Justicia en España. El dimitido Torres Dulce tendrá ahora tiempo de reflexionar acerca de cómo plegarse a las órdenes de estos tipos sin escrúpulos no garantiza nada porque siempre pedirán más, hasta el momento en que se exija la abyección y sumisión absolutas y, para entonces, la oposición ya será tardía: el complaciente Fiscal General del Estado tratado como una bayeta por desalmados que desconocen por entero lo que es la dignidad de las personas.
 
Y a todo esto, Palinuro repite su pregunta dirigida a la oposición: ¿van ustedes a legitimar con su presencia la farsa en la que el sobresueldos presentará sus medidas en contra de la corrupción en presencia de gente como Ana Mato? ¿No les da vergüenza?

dijous, 18 de desembre del 2014

El reñidero de la izquierda.


En España hay tres fuerzas de izquierda mayoritarias con grandes diferencias cuantitativas. También las tienen cualitativas pues a veces se enzarzan sobre la cuestión de la autenticidad de sus respectivos izquierdismos. Además de ellas hay algunas otras de espacio territorial más reducido, las izquierdas nacionalistas o de menor relevancia electoral.

No es un panorama de desunión sino de fragmentación, casi atomización. Todo el mundo, por supuesto, está convencido de que la unidad es la única fórmula de imponerse electoralmente a la derecha y "unidad" y sus variantes es la palabra que más aparece en los discursos de esta fuerzas. Pero está claro que no le dan el mismo significado y no lo hacen porque sus circunstancias internas las tienen tan absorbidas que no pueden acomodarse en un entendimiento común ya que ni ellas mismas se entienden.

El PSOE se debate en procesos de renovación interna en los que nadie anda muy seguro. La sustitución del líder se ha hecho propulsada por un delicado equilibrio entre tradición rubalcabiana y modernidad pietrina, entre respetabilidad institucional y necesidad de salir a la calle con un discurso más de izquierda para atajar la sangría de votos por ese lado. Sánchez tiene que ungirse de legitimidad democrática en unas elecciones abiertas y no en unas primarias de más o menos chanchullos. Si no lo consigue tiene el reto de la señora Díaz, cuya legitimidad es tan flaca y enteca como la suya.

En IU el panorama es aterradoramente idéntico al de siempre: una bronca permanente en distintos ámbitos y niveles por asuntos tan enrevesados que cuesta creer los entiendan quienes por ellos se enfrentan tan agriamente. La sustitución del maduro Cayo Lara por el joven Garzón, presentada como una prometedora renovación, está empañada por luchas, amenazas, expulsiones que transmiten una imagen de lamentables enfrentamientos en una organización que, autocalificándose de "unida", es incapaz de presentarse como tal ante su electorado.

Podemos se encuentra en el sobresaltado periodo del primer vagido. Habiendo obtenido un resultado tan espectacular en mayo pasado, ha puesto el listón muy alto, incluso para sí mismo, tiene que encontrar el modo de revalidarlo y superarlo en el mayo que viene y no dispone de mucho tiempo. Sus vacilaciones, oscilaciones, ambigüedades y rectificaciones, sus cambios de actitud en la carrera a las municipales transmite una imagen de confusión que no es recomendable en campaña electoral. Y el permanente llamado a criterios asamblearios no contribuirá a reducirla.

En esta situación es probable que las tres fuerzas de la izquierda lleguen a mayo de 2015 desunidas y enfrentadas al grito de unidad. Y también lo es que el resultado sea decepcionante.

En realidad es preciso reconocer que esa unión no es nada fácil. Hay unas diferencias profundas que son además permanentemente aireadas por los medios de comunicación. Eso no sucede en la derecha. Esta tiene también enfrentamientos pero, no siendo por asuntos de principios sino de intereses, se mantienen siempre discretamente ocultos tras una muy eficaz fachada de unidad.

La exposición a los medios es un factor determinante en el predicamento de la izquierda. Pero tanto para bien como para mal. Eso depende de cómo se enfoque en cada caso. Por ejemplo, es evidente que el ascenso de Podemos tiene una clave explicativa (aunque no única, claro) en lo que sus críticos consideran con envidia mal disimulada su sobreexposición mediática, lo que reputan un privilegio inmerecido. Ahora bien, los medios son empresas, buscan  audiencia y Podemos la garantiza. Muy probablemente por su componente de innovación que resulta muy atractivo para un público cansado de un espectáculo político en el que los actores llevan decenios en el escenario y, además, no están dotados de cualidades o ingenio que cautive a los espectadores.

Así que los partidos de la  competencia han entendido el mensaje y han procedido a sendos procesos de renovación pero, para su decepción, no alcanzan el impacto que esperan. Descubren que no basta cambiar los rostros, que no innova quien quiere sino quien puede, que es preciso tocar intereses creados, rutinas, compromisos del pasado. A las izquierdas parlamentarias las ata su historia. De ahí que su discurso no pueda ser absolutamente innovador y deba buscar el citado equilibrio entre la institución y el movimiento. La marca es un activo; pero también un lastre. Adaptarla al servicio de una innovación que suscite adhesión y apoyo en un electorado invadido por el hastío y la desconfianza solo es posible articulando un discurso nuevo y convincente.
 
Y en eso el panorama no es halagüeño.






(La imagen es una foto de Wikimedia Commons, bajo licencia Creative Commons).