lunes, 22 de diciembre de 2014

Muros y puentes.


¡Ah, las palabras, qué traidoras son! Son las ventanas por las que los oyentes escudriñan nuestros más recónditos pensamientos. Muros y puentes es el titular del multitudinario acto de ayer de Podemos en Vall d'Hebron. Una manida simpleza de este calibre, más propia de la oratoria de la vieja política, resume el contenido de lo que Pablo Iglesias fue a decir a los catalanes y, por encima de sus cabezas, al conjunto de los españoles, su verdadera audiencia. Son términos que aparecen mucho en los discursos conciliadores de los nacionalistas españoles menos cerriles, en el bien entendido de que los muros siempre los erigen otros y los puentes, símbolo de unión, nosotros. Un discurso simple y vacío porque ni los muros los erigen siempre los otros, ni los puentes sirven siempre para unir. Que se lo pregunten a los pobres efrainitas. Admitido, la intención es otra; es buena. Pero las malditas palabras tienen fondo. Las que se dicen y las que no se dicen. Las palabras son traidoras pero los silencios, a veces, son mortales.

Podemos acudió ayer a Barcelona en una cita forzosa pero poco apetecida porque obligaba a retratarse en el escabroso asunto del soberanismo, sabiendo que lo que allí se diga tendrá un impacto considerable aquí. Así, Iglesias ha sido muy explícito y ha llevado el discurso de Podemos al límite mismo al que llega la izquierda radical española. Hasta defender el derecho a decidir, que es bastante aquí, en donde no lo defiende ni el PSOE; pero no lo es tanto allí pues cuenta con el apoyo hasta del PSC. Falta una palabra, hay un silencio: derecho a decidir ¿quiénes? y ¿qué? Da la impresión de que Podemos se apunta al referéndum español, pero no al catalán. Dicho en términos crudos: los catalanes pueden decidir pero como españoles.

Y decidir ¿qué? La CUP lanzó una pregunta en las redes sobre si Podemos se comprometía con un referéndum de independencia y quedó sin respuesta directa. Iglesias dice que no quiere la independencia de Cataluña, lo cual está muy bien. Palinuro tampoco. Pero la cuestión es: ¿defendemos o no el derecho de los catalanes a decidir por su cuenta sobre ello? Palinuro, sí. Podemos da la impresión de que no.

A partir de aquí, las consideraciones sobre si se es o no una nación resultan inútiles. Iglesias reconoce que España es un país de países, un país de naciones. De acuerdo. Incluso nación de naciones. A Palinuro no le duelen prendas como a Vidal Quadras quien decía que una "nación de naciones" es una imposibilidad metafísica, como si no existieran los conjuntos de conjuntos. Pero las naciones tienen derechos. Por eso el Tribunal Constitucional español se niega en redondo a reconocer a los catalanes todo atisbo de condición nacional... por si los derechos. Quien, sin embargo, reconoce el carácter nacional tendrá que reconocer los derechos.

Aparte de estas cuestiones más bien abstractas, pero significativas, el discurso entró en el cuerpo a cuerpo y ahí ya las palabras se convirtieron en puñaladas. Pero no está claro quién las recibió. Iglesias dijo que no se le vería darse un un abrazo con Rajoy o con Mas. Lo peor no es que ataque indirectamente a David Fernández, el de las CUPs, cosa nada elegante dado el contexto del abrazo de Mas y Fernández. Lo peor es que compare a Rajoy con Mas, que muestre tal desconocimiento del apoyo de que goza Mas en comparación con Rajoy, el presidente peor valorado de la historia de la democracia. Sobre todo que pase por alto que mientras Mas corre el riesgo de verse procesado por sus ideas y sus decisiones como gobernante, Rajoy es quien interfiere sistemáticamente en la justicia para ponerla a su servicio tanto personal como de partido. Equipararlos es igualar a la víctima con el victimario. Y eso no es de recibo.

Peor aun cuando compara a Mas con Esperanza Aguirre en Madrid. Parece imposible hacer comprender a un nacionalista español, por muy de izquierda que sea, que Cataluña es una nación y Madrid una comunidad autónoma, y no mucho. Y parece impsible hasta para quien reconoce el principio nacional claramente pero luego no lo aplica y en el fondo no distingue entre nación y región. Añádase de nuevo a ello que Mas está pendiente de los tribunales igual que la señora Aguirre, pero por sus ideas políticas, cosa que siempre merece respeto, y no como la otra, por chulería y abuso de autoridad.

Dice Podemos que la casta ha insultado a los catalanes. Tampoco es enteramente justo. Si por casta se refiere a Rajoy y el PP, no hay duda: desde el écheme una firmita aquí contra los catalanes hasta llamar a la Diada de 2012 una algarabía, pasando por el españolizar a los niños catalanes, no han hecho otra cosa que insultar. En el PSOE la cosa es más matizada. Quizá los socialistas no atinen a comprender la cuestión soberanista y propongan soluciones insuficientes, inadecuadas o improbables. Pero no tienen ánimo injurioso, no van insultando, aunque en su ceguera españolista a veces lo parezca. No hacer esta distinción puede ser cómodo a la hora de practicar la famosa amalgama autoritaria para justificar posteriores desmanes (todo es "casta"; todo es ETA), pero no es justo ni respetable.
 
Por lo demás, comparar a Mas con Rajoy, ¿no es una forma de insulto?