divendres, 5 de desembre del 2014

El sueño de la razón...


... produce monstruos, reza el capricho nº 45 de Goya. Monstruos repulsivos, muchas veces odiosos, repugnantes; seres fantásticos, amenazadores, agresivos. Pero no siempre. La fantasía carece de límites y abarca todo, lo odioso y lo amoroso, lo repulsivo y lo atractivo. Hasta se permite el lujo de mezclarlos y hacer atractivo lo repulsivo u odioso lo amoroso. Pocos versos más citados que el odio y amo. Monstruos, la creación de la fantasía, seres que no se atienen a la norma. Pero ¿qué norma? En la naturaleza no hay normas y todo es monstruoso porque nada lo es. La erupción de un volcán es tan monstruosa como una aurora boreal. Las normas son invenciones de los seres humanos, que solo conocen una universal: ellos mismos. El hombre es la medida de todas las cosas, dice el filósofo. El hombre es la norma. Y todo lo que no se ajuste a ella es monstruoso. El mundo es monstruoso. En el fondo, lo más monstruoso de todo quizà sea misma razón.

La exposición de la Casa Encendida "Metamorfosis. Visiones fantásticas de Starewitch, Švankmajer y los hermanos Quay" es una exhibición de monstruos en todos los sentidos del término, desde los amables y poéticos hasta los repulsivos y criminales. Es una muestra muy completa y muy bien concebida, sobre todo porque se apoya en una serie de actividades complementarias a lo largo de varios días, con proyecciones de películas relacionadas con el tema, seminarios, lecturas, etc. Todo ello es muy meritoria labor de la comisaria Carolina Pérez, experta en animación, acreedora de muy efusivos parabienes. Enhorabuena.

El material expuesto son piezas, diseños, artilugios, cámaras, sombras, mecanismos, ilustraciones, films que utilizaron estos genios del cine de animación desde los orígenes. Starewitch, que era entomólogo, se valió de sus especímenes para rodar películas, varias de ellas, célebres como la que representa un pelea entre escarabajos de los llamados "rinocerontes". Porque, puestos a buscar monstruos, el mundo de los insectos los conoce de todo tipo y condición.

Las explicaciones que se ofrecen al visitante (pues el catálogo está agotado) dan suficientes pistas para entender el espíritu de estos cineastas tan peculiares, con tan poco acceso a los circuitos comerciales. El mismo caso de los hermanos Quay que tienen un elemento propio del género que cultivan, pues son gemelos univitelinos y han alcanzado un éxito considerable, es paradigmático. Pero tampoco son necesarias las aclaraciones. Quien se sumerja en la exposición muy bien montada y se pare a considerar las piezas, irá identificando poco a poco a los referentes, unas presencias a veces solo insinuadas y otras explícitas que componen una especie de universo pictórico del que dependen muchos de los elementos de estas películas. De hecho tanto Starewitch como Svankmajer se sitúan en la tradición pictorialista. Pero es una pintura con un hilo conductor: lo irracional, lo onírico y, por supuesto, lo surrealista. Presentes están de una forma u otra Monsú Desiderio (alguno de los que se engloban en este nombre), Goya, los goyescos Lucas Velázquez y Leonardo Alenza, Dalí, Ensor, Kubin y en buena parte de la obra de los Quay, reina incontestable Arcimboldo.

Pero se trata de cine, de fotografía en movimiento, de cine de animación. No de dibujos animados, sino de objetos, de figuras, guiñoles. Y, en una forma de sinestesia, a los referentes pictóricos, se unen los literarios. La versión del Roman de Renart, que saluda al visitante nada más entrar, lo avisa de que este cine explotará la rica tradición occidental de cuentos, fábulas, relatos en los que los animales, los objetos, los árboles, los ríos, los juguetes y artefactos hablan y actúan. Las mismas orientaciones de la pintura, el romanticismo, el simbolismo, el modernismo, el absurdo, lo onírico, lo fantástico, dan pie o adornan los relatos. Presentes de muchas formas están, además del Roman de Renart, Carroll, E.T.A. Hoffmann, Poe, Kafka, Gogol, Ghelderode, Walpole, Buñuel, los hermanos Kapek, el surrealismo o el inclasificable Robert Walser.

El ruso Starewitch (1882-1965), el primero de todos, es el que más trata los temas fabulísticos, dentro de la tradición de Lafontaine, la cigarra y la hormiga, la reina de las mariposas, el león y la mosca, sin abandonar otros temas fantásticos o misteriosos. Svankmajer recurre más a los motivos literarios y su abanico es enome: lo absurdo y fantástico en Alicia en el país de las maravillas, el increíble Jabberwocky de Al otro lado del espejo; lo terrorífico con la caída de la casa Usher; lo gótico, con el Castillo de Otranto, etc. Sin desdeñar los montajes animados tradicionales, ni los insectos o los objetos, Svankmajer se mueve en un universo más denso, más construido, con referencias literarias más claras. Su última producción, que se estrenará el año próximo, 2015, es una versión de las imágenes de la vida de los insectos, de los hermanos Kapek que, por supuesto, trae a la memoria la Metamorfosis kafkiana. Los hermanos Quay, también activos hoy y, como ya iniciara Svankmajer, acentúan el orden sinestésico al versionar obras de compositores famosos como Stravinsky o Leo Janascek. Toda su obra, sembrada de homenajes a sus predecesores, como Svankmajer o fuentes de inspiración, como el dramaturgo Ghelderode, está marcado por dos influencias notables y manifiestas, la del polaco Walerian Borowczyk, gran maestro del cine francés que, sin embargo, está ausente en esta exposición y la pintura de Arcimboldo.
 
Merece la pena pasear por este territorio oculto, fantástico, inquietante, de alucinación, fascinación y espanto porque es lo que alienta en muchas narrativas literarias, pictóricas, musicales, lo que pervive en las tradiciones artísticas occidentales generalmente despojadas de estos efectos ambiguos, a veces siniestros, amenazadores o angustiosos. La corriente de miedos y temores que mana por debajo de la débil capa de la civilización racional y muestra que basta quizá un pequeño twist in the tale para enfrentarnos a eso, al sueño de la razón, a lo monstruoso, a los Freaks,  de Tod Browning, el locus solus de  Raymond Roussel, las obsesiones meticulosas de Piranesi, la angustia de Klinger, los temores de Spilliaert, ninguno de los cuales está físicamente en la exposición, pero sí anímicamente, como si se encontraran en su territorio encantado.
 
¿Es ocioso recordar que muchos de estos creadores de la animación, el misterio, lo absurdo, lo surrealista son eslavos (checos y polacos sobre todo, pero también rusos como Gogol o Maiakovsky) y centroerupeos, holandeses, belgas, alemanes como Ensor, Spilliaert, Ghelderode, Klinger, Kafka, los Kapek, Hoffmann o Walser?  Seguramente sí; pero tiene su punto.

dijous, 4 de desembre del 2014

Consejas al PSOE.

Como Palinuro carece de ciencia infusa, no está en posesión de verdad absoluta alguna y carece de títulos para ir por ahí repartiendo credenciales de nada, considera que el PSOE es un partido de izquierda. Quizá no sea tan de izquierda como otros, pues en esto de la ideología, como en todo, hay gradaciones. Pero de izquierda. Se basa para ello en el hecho de que los propios socialistas afirman serlo y parece razonable iniciarse en lo debates otorgando algún crédito a lo que dicen las partes interesadas. Si duda, cuando afirman ser de izquierda, los socialistas pueden estar mintiendo. La mentira es uno de los atributos que definen a los seres humanos como racionales. Pero también pueden estar mintiendo quienes les niegan tan codiciada condición izquierdista y se la reservan para sí. Aunque se tipifique como un mal, la mentira es una forma de bien público en el sentido de los economistas, esto es, algo que pertenece a todos y de lo que nadie puede ser excluido.

En los últimos años se ha producido un cambio en la actitud general del PSOE que ha inducido una creciente opinión popular de que el partido ha dejado de ser de izquierda. Cuántos años en concreto en cosa sujeta a las exigencias de cada cual. Hay quien dice que tres, otros diez, otros, cuarenta. Va en pareceres. En todo caso los suficientes para que haya crecido llamativamente la intención de voto de una izquierda más a la izquierda y se equipare con frecuencia al PP con el PSOE.
 
Ahora el PSOE muestra clara voluntad de enderezar entuertos, disipar dudas, recuperar su discurso genuino, mostrar su rostro de izquierda. Es más o menos creíble pero Palinuro aplica aquí el mismo criterio de conceder un voto de confianza a lo que se dice. No siendo, además, sectario, sostiene que lo importante es que haya un voto mayoritario de izquierda. No es de recibo que gobierne la derecha porque aquella es incapaz de ponerse de acuerdo.
 
Con ese espíritu constructivo, Palinuro aconseja al PSOE recuperar el crédito perdido mostrando que se toma en serio la tarea. Para ello debe marcar distancias nítidas con el PP en todos los terrenos, incluido el de la organización territorial del Estado; o sea, Cataluña. El PSOE no puede decir que en esto está detrás del PP  sin fisuras. La gente no es tonta y puede entender que entre la independencia y la represión sin más hay posiciones intermedias de negociación que posibiliten acuerdos en los que no se menoscaben los justos derechos de nadie. Los justos. No lo injustos.
 
Ese distanciamiento debe ser total. No cabe seguir actuando como comparsa en un esperpento en el que se hace pasar como política la actividad de un gobierno apoyado por un partido que los jueces consideran una posible organización de malhechores y presidido por alguien bajo acusación de haberse lucrado con la corrupción.
 
Y también tiene que marcar las distancias por el otro lado con Podemos, que representa un reto de absorción de votos socialistas tradicionales mucho más fuerte de lo que nunca fue IU. El hecho de que los novísimos se apropien de la bandera de la socialdemocracia debiera suscitar una respuesta rápida del PSOE. Al fin y al cabo, están arrebatándole la marca de fábrica, normalmente un activo muy importante en toda empresa colectiva. ¿Qué debería hacer? Es obvio: elaborar un relato sucinto y claro de lo que la socialdemocracia ha hecho en España de bueno, reconocer lo que haya hecho de malo y proponer enmiendas creíbles. Y atenerse a él. Y difundirlo. Está en su derecho. Como lo está Podemos en dudar de su sinceridad. Y vuelven a estarlo los socialistas cuando dicen que, pues lo mejor resulta ser la socialdemocracia, socialdemocracia por socialdemocracia, más vale apostar por la auténtica que por la prometida.
 
Dos últimas cuestiones. La izquierda socialdemócrata no tiene por qué ser antimonárquica. Los partidos socialdemócratas nórdicos y de otros países europeos conviven con la monarquía. Pero tampoco tiene por qué ser solo monárquica y menos en España. También puede ser republicana. En gran medida lo es y, por tanto, el PSOE debe matizar su reciente monarquismo para reconocer la legitimidad de la república y el derecho de la gente a decidir entre una y otra.
 
La segunda cuestión, la Iglesia. No hay ninguna razón para que el PSOE no se comprometa ya a denunciar los Acuerdos con la Santa Sede y separar de una vez eficazmente la Iglesia del Estado para que aquella deje de ser un Estado dentro del Estado y admita su condición de asociación privada.


(La imagen es una foto del PSPV-PSOE, con licencia Creative Commons).

Cataluña: las formas de la unidad.

Cataluña se ha convertido en un bullicioso laboratorio político que tiene absorbidas a sus fuerzas sociales y concita la atención del extranjero, aunque no tanto de España probablemente porque no se considera "extranjera" de Cataluña en la medida de Finlandia o el Canadá. El proceso soberanista se ha alimentado sobre todo de su propia savia, su tradición y su visión del presente y también de la pasmosa incompetencia del gobierno central a la hora de elaborar políticas, policies en el sentido anglosajón, capaces de acomodar la situación que, de una reforma del Estatuto ha pasado a un horizonte de declaración unilateral de independencia..
 
En este momento, administrando el resultado de la consulta del 9N, el bloque soberanista parece dividido y debate no sobre el próximo paso, que son unas elecciones anticipadas, sino sobre la forma de darlo, si con una lista única o con varias de partidos. La lista única tiene más carga simbólica, es más solemne, pero menos práctica, sobre todo a la hora de constituir el gobierno. La pluralidad de listas es menos simbólica y pomposa, pero más práctica si lo que se pretende y enuncia es un gobierno de concentración en el que cada cual debe estar representado según su apoyo electoral.
 
Razones se escucharán muchas y es de esperar que no subidas de tono. Pero al final es muy probable que se adopte una solución de equilibrio, beneficiosa para todos en el sentido clásico de que, quien la rompa, saldrá perjudicad@. 

dimecres, 3 de desembre del 2014

Mundos aparte.


Ahora mismo España es un rompecabezas. O un puzzle, como dicen quienes celebran Halloween porque son unos cracks. Hay piezas nuevas imposibles de encajar en el dibujo. Incluso hay dos dibujos distintos. Muy distintos. El de tema catalán y el de tema español. Son como dos realidades diferentes, cada vez más separadas, mundos aparte.

Cataluña muestra un sistema político de hegemonía soberanista con una dinámica propia, decididamente orientada a la construcción de un Estado independiente y en conflicto, relativamente controlado de momento, con el Estado. El proceso prescinde de la dinámica del sistema político español desde el momento en que se postula por igual frente al inmovilismo del PP o el cauto reformismo más o menos federalizante del PSOE, dándoles a ambos por superados en Cataluña. La hegemonía es patente. El bloque soberanista debate sobre las formas electorales, pero no sobre la decisión de convocar elecciones anticipadas. Sin duda estas no son inevitables, dado que CiU todavía puede mantenerse en el gobierno en alianza con un PSC que estaría encantado con ello. La cuestión es si al nacionalismo burgués le merece la pena retrasar un año las elecciones a cambio de una pérdida de imagen soberanista fuerte. La opción conservadora, la lista única, quiere acentuar el carácter nacional al estilo bismarckiano, garibaldino; la nación por encima de sus facciones. La opción de izquierda, las listas separadas, quiere subrayar más el carácter social. Es republicana, pues lo lleva en el nombre, y decididamente radical. El gobierno de concentración, se entiende nacional, es una figura conocida aplicada en situaciones de emergencia. Y ¿qué emergencia hay mayor que la del nacimiento de un Estado? Por otro lado, es difícil imaginar qué gobierno podría constituirse a partir de una lista única trufada de nombres personales sin traducción partidista.

Lo que está claro es que ese debate es puramente catalán. En Cataluña hay también otras fuerzas políticas. Es la comunidad autónoma con mayor índice de pluripartidismo. Hay siete partidos en el Parlament, frente a cinco en el País Vasco y menos aun en las demás comunidades autónomas. La hegemonía es catalanista. Las fuerzas puramente españolas, el PP y Ciutadans, son minoritarias, marginales. Las dos intermedias, PSC y ICV-EUiA, eso, intermedias; más inclinada al soberanismo la segunda que la primera. Nada que pueda oponerse con eficacia a la mayoría absoluta soberanista en la cámara. Esta tiene fuerza de atracción pues sus resoluciones suelen ir firmadas también por alguna de las fuerzas intermedias y hasta por las dos. Mientras que lo contrario no se da. Cataluña no se mueve en clave española. Pero España sí se mueve en parte en clave catalana.

La posibilidad de una gran coalición, lanzada ayer como una pedrada en el estanque por mi señora Aldonza Lorenzo de La Mancha para garantizar, dice, la gobernabilidad ha puesto a croar a todas las ranas. Nada de gran coalición rechazan indignados los socialistas, cuyo secretario general acaba de afirmar que podía llegar a acuerdos puntuales con el PP y con un sentido de la diplomacia que los dioses le conserven. En todo caso, de grosse Koalition, ni hablar. Se entiende el escándalo en un partido al que se presenta en la izquierda como la otra pata del banco de la restauración, la transición y el fementido "régimen", como PPPSOE. Sin embargo, Alemania se gobierna con una grosse Koalition y no parece haber un descontento masivo marcado. Aquí, se argumenta, eso es imposible porque las diferencias entre PP y PSOE son antagónicas. Véase por si había dudas el artículo 135. No, no y no a la gran coalición. ¿Se mantendrá ese criterio si, complicándose los asuntos catalanes, el PP hace a su vez una llamada al patriotismo del PSOE y propone otro gobierno de concentración como el catalán? Dos gobiernos de concentración en España y enfrentados entre sí. El SPD alemán, además, no tiene un Podemos pisándole los talones. Pero Cataluña es decisiva.

De Cataluña no hay discurso claro en Podemos. A falta de ver qué resultado obtendría en unas elecciones y qué actitud adoptaría en la política específicamente catalana, a día de hoy, según sus declaraciones, Podemos se situaría en el campo intermedio, obstaculizando o apoyando la opción hegemónica, pero sin capacidad de configurar una propia.

Podemos es una fuerza decididamente española e inserta en la dinámica del sistema político español. Una vez fagocitado el apoyo electoral de IU y mantenido esta como opción perdedora con la sola función de evidenciar que Podemos no es una fuerza comunista o poscomunista, toca ahora absorber la base electoral del PSOE hasta pasokizarlo. La declaración de Pablo Iglesias de que su programa económico y supongo que todo él es socialdemócrata revela astucia. La utilización de un término denostado hasta la fecha a base de precisar que se trata de la verdadera socialdemocrcaia, la que el PSOE ha abandonado vergonzosamente por un plato de lentejas de las migajas capitalistas. Podemos recoge bravamente una bandera abandonada en el fango y la enarbola, al tiempo que empuja a la derecha a su abanderado tradicional, el socialismo democrático, el PSOE. Esa es la gran apuesta, la misma que había hecho Carrillo en lo años setenta del siglo XX, cuando se sacó del magín el eurocomunismo, que era el viejo progama comunista dulcificado y aplicado mediante elecciones democráticas.

La cuestión es si la socialdemocratización de Podemos tiene mayor éxito que el eurocomunismo del PCE.

dimarts, 2 de desembre del 2014

Un gobierno por debajo de toda sospecha.


A este gobierno de supuestos corruptos, apoyado en un partido al que un juez acusa de ser partícipe a título lucrativo en varios presuntos delitos, es decir, de ser una especie de asociación de malhechores, le queda un año antes de desaparecer por el escotillón de la historia. Siempre que en noviembre de 2015 la mayoría del electorado no cometa de nuevo el error de confiar en alguien que no lo merece bajo ningún concepto.
 
Pero un año es mucho tiempo para quien ha dado ya sobradas muestras de actuar sin contemplaciones, con rapidez y contundencia, siempre en la peor de los direcciones posibles. Por eso su propaganda se sintetiza en la fórmula contraria: en la buena dirección. Sin duda, la dirección que lleva de una democracia demediada a una forma de tiranía policial, con parada y fonda en el autoritarismo, la corrupción y el expolio. De todo ello, abundantes pruebas ayer mismo.
 
Después de apoyar a la presunta corrupta Mato durante tres años y de haberla destituido como ministra solo una vez imputada en una causa penal, el presidente la conserva como diputada y miembro del máximo órgano del partido. En contra de todos los usos democráticos posibles. Porque sí. Por narices. Como por narices tampoco dimite él, presidente del partido igualmente acusado por el juez. Y no da explicaciones, ni rinde cuentas, ya sea a los medios o al parlamento. Nada. No le da la gana de explicar por qué parece tan inclinado siempre a amparar y proteger la corrupción, si no a beneficiarse de ella.
 
¿O no amparaba a Fabra, hoy recluso como delincuente en la cárcel de Alcalá, al llamarlo "ciudadano ejemplar"? Sin olvidar que parecidos ditirambos ha dedicado a Matas y Camps. La tolerancia o quizá complicidad de este gobierno y su presidente con la corrupción es fabulosa y patente. Se mide en indultos a delincuentes, engaños y mixtificaciones, maniobras para controlar los órganos judiciales y entorpecer su actuación, destrucción de pruebas, manipulación de datos y estadísticas, control y censura de los medios de comunicación, convertidos en órganos de propaganda pagada con el dinero de todos.
 
El del dinero de todos, los fondos públicos, es un concepto que ha desaparecido del debate colectivo. El gobierno expolia el erario público a su antojo, según sus criterios políticos e ideológicos, sin dar cuenta a nadie y como si se rascara él el bolsillo; como si los rescates de la banca, de las grandes empresas, las autovías, los servicios privatizados y ya ruinosos, los lucros cesantes de las amnistías y los paraísos fiscales salieran de los ahorros personales de los gobernantes y no de los recortes en la sanidad, en la educación, en todos los servicios sociales, en las prestaciones y subsidios de las gentes. Dentro de la concepción patrimonialista de la derecha lo que hay que hacer con el erario público es esquilmarlo en provecho propio, legal o ilegalmente. Ayer se propinó un nuevo hachazo a las pensiones de cuyo fondo de reserva volaron otros 8.000 millones de euros. Desde que esta organización de presuntos malhechores llegó al poder se ha volatilizado el 36% de dicho fondo. "Si hay algo que no tocaré", dijo un trascendental Rajoy en la oposición, "serán las pensiones". 
 
Falto de talante democrático, de responsabilidad, de honradez, de autoridad y prestigio, falto de todo menos de mendacidad y cinismo este gobierno sabe que está sentado sobre una olla a presión de descontento popular. En España y en Cataluña, en donde se da un motivo de indignada insubordinación añadido y frente al cual el presidente ha mostrado la misma incompetencia que frente a los problemas de la crisis y la corrupción. O más, si cabe.
 
El gobierno se niega a informarse de las razones de tan generalizado descontento y se limita a decir por boca de su presidente que "conoce los problemas de Cataluña y de la gente, la inmensa mayoría, que lo pasa mal en la crisis". Pero de ese conocer no se deriva actuar alguno para resolverlos sino, al contrario, para agravarlos y enconarlos. Es más, no los considera  verdaderos problemas de fondo, sino meras cuestiones de orden público y, fiel a su espíritu autoritario y su miedo a la información, la transparencia y el conocimiento de sus posibles fechorías, recurre a la represión.
 
El proyecto de Ley de Seguridad Ciudadana es una involución hacia formas de Estado policial perfectamente definidas en el término popular de Ley mordaza, un conjunto de disposiciones para criminalizar todo tipo de protesta e impedir el ejercicio pacífico de las libertades de reunión, manifestación, información, expresión, etc. Es imposible llamar a esto democracia y, dada la impunidad prevista para la policía, que sustituye a los jueces en multitud de ocasiones, quizá también lo sea considerarlo Estado de derecho. Tiene más de tiranía
 
En esa misma línea ayer se supo que el ministerio del Interior cuenta con una unidad "de élite" de la policía, no controlada por el poder judicial y, por tanto, bajo dependencia directa del ministro o su segundo, dos aficionados a los métodos expeditivos a extremos enfermizos. Su función es husmear en la vida de los políticos independentistas catalanes a la busca de material para hundirlos mediante la guerra sucia. Policía política, en definitiva, y en la línea de la Brigada Político-Social del franquismo.
 
El descubrimiento provocó escándalo. Con razón, claro es. Vuelven los tiempos en los que llaman a la puerta de tu casa a las tres de la mañana y no es el lechero. Sin embargo, tampoco es tan nuevo. De eso es de lo que también se ha acusado, ignoro con qué fundamento, a la policía en Madrid, un lugar en el que se ha generalizado una práctica despótica, monstruosa: la represión preventiva. No se olvide, además, que cuando el poder político emplea la policía de todos a su servicio de partido, esta no solamente busca sin permiso pruebas incriminatorias sino que llega a fabricarlas.
 
Es un año lo que queda de este gobierno deslegitimado y bloqueado. Pero en un año puede hacer cosas peores.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

dilluns, 1 de desembre del 2014

No pueden con Podemos.


Podemos es un típico media party, surgido de los medios, organizado a través de los medios y cuya acción se expresa básicamente a través de los medios. Ya se sabía hace mucho tiempo: la nuestra es una sociedad mediática y nuestra democracia, al decir de Manin, una democracia de audiencias. Se sabía, pero apenas se actuaba en consecuencia. Los partidos tradicionales, todos ellos surgidos de la interacción social directa, no mediada, se adaptaban a los medios como podían y trataban de valerse de ellos pero desde fuera, considerándolos como algo ajeno, como instrumentos. Podemos no se adapta a los medios sino que se identifica con ellos; él mismo forma parte de los medios. Su líder y fundador no solo se mueve en los audiovisuales como pez en el agua, sino que es presentador de televisión. Lo ha sido en La Tuerka, lo es en Fort Apache y podría serlo en alguna cadena comercial privada de mayor alcance. ¿Por qué no? Las empresas privadas buscan la audiencia como los heliotropos el sol. Las audiencias, por supuesto, son beneficios y, si estos aumentan dando cancha a quien critica el sistema que los posibilita, tarde o temprano se le dará cancha. De uno u otro modo. Es uno de los efectos de las contradicciones culturales del capitalismo, de Daniel Bell.

El carácter mediático de Podemos, visible también en que La Tuerka emite desde la plataforma de Público.es, se refuerza con el empleo de las redes. Podemos también ha nacido en las redes y se expresa en las redes con una pericia, una competencia y un éxito que son la envidia de su competidores, cuya presencia en ellas suele ser poco lucida. Audiovisuales y redes en conexión con un momento de difusa agitación social con descontento creciente, desafección hacia los partidos dinásticos y las instituciones e indignación por los fenómenos de corrupción generalizada en medio de una crisis cada vez más percibida como una estafa. Tal es la clave de la irrupción sorprendente de Podemos.

Esa repentina y poderosa aparición en la esfera pública ha provocado una curiosa reacción de hostilidad generalizada. Los medios, casi todas las cadenas de televisión, con alguna excepción, las emisoras de radio, todos los periódicos de papel y algunos digitales se manifiestan beligerantes frente al nuevo partido. Los comunicadores oficiales y tertulianos de derechas echan venablos y a alguno va a darle un pasmo. Los intelectuales orgánicos de prácticamente todas las tendencias ningunean y desprecian a los líderes y avisan de sus tendencias leninistas, totalitarias.

Tengo para mí que parte de esa irritación procede de la hegemonía que Podemos ha establecido casi de la noche a la mañana, imponiendo gran parte de los contenidos del debate público. No todo porque Cataluña se le escapa. La hostilidad se hace furor cuando se comprueba que los medios, favorables o desfavorables, se vuelcan en Podemos. Y lo hacen en tres órdenes o niveles:

En un nivel ideológico, los medios ponen de relieve la ambigüedad del partido en cosa de principios. El debate izquierda/derecha vs. arriba/abajo, el pase a la reserva de la reivindicación republicana, la indefinición frente a Cataluña, el silencio sobre la Iglesia, son los clavos con los que otras opciones políticas amenazadas quieren construir a Podemos el ataúd del populismo. Pero el intento no cuaja y sí, en cambio, la sospecha de que esa ambigüedad en paralelo con la claridad en reivindicaciones prácticas, programáticas, del día a día, puede ser un acierto.

En un nivel programático, los medios acosan a Podemos y quieren detalles sobre la deuda, la banca, el crédito, la jubilación, los salarios, las pensiones, los impuestos, etc. Y lo quieren en datos y magnitudes comprobables. Consultan a expertos, convocan jornadas, reclaman artículos. De este modo mantienen a Podemos en el proscenio y, además, le ayudan a perfilar su programa, cotejándolo con otras opiniones o criterios y corrigiéndolo cuando necesario. Eso les da más prestigio sobre todo en comparación con los dos partidos dinásticos que, o no tienen programa o el que tienen lo ignoran.

En un nivel personal, los medios escudriñan la vida y milagros de los dirigentes, pero en términos más o menos superficiales. Que si pagan las consumiciones en los bares, tienen un novio en Arenas de San Pedro o son aficionados al fútbol. Claro, todo eso importa; pero no es decisivo. Es preciso ir algo más allá, hasta ese punto en que, según el nuevo feminismo, lo personal es político. El partido representa la irrupción en la esfera pública de un grupo de gentes cohesionadas por afición y devoción que, además, gustan de verse como una generación, una generación nueva. Como tal, sus integrantes, considerados personalmente, están atravesando lo que quizá sea para ellos el gran momento de sus vidas, una experiencia vital única. Y lo hacen tocando con los dedos la posibilidad de conseguir lo que todas las generaciones han anhelado y anhelarán: cambiar el mundo. Al menos este, aquí, ahora, en España. Cuando se tiene este espíritu en cuenta se entiende mejor la diferencia entre la "nueva y la vieja política" al modo de hoy. Considerados personalmente, los dirigentes de Podemos viven la política como una pasión; los de los partidos institucionales como una rutina. Óigaseles cómo hablan de su relación con sus respectivos partidos. Los políticos institucionales se dicen siempre al servicio de su partido. Los de Podemos tienen el partido a su servicio.

Aquí intervienen dos consideraciones finales que remachan una visión desapasionada del fenómeno y no son necesariamente coincidentes: la referencia al carisma del liderazgo de Podemos y el reiterado discurso de este de no considerar la posibilidad de perder. Ganar, conseguir el Poder es el objetivo al que se orienta todo lo demás, la ambigüedad en los principios, la flexibilidad programática y el carácter centralizado y jerárquico de la organización.

Es el bolchevismo, es el leninismo, acusan los mandarines de la Corte. No, responde Iglesias, es la verdadera socialdemocracia. Formalmente es correcto por cuanto Lenin fue socialdemócrata hasta que se proclamó comunista. Y vuelve a serlo pasándolo por el cedazo del Eurocomunismo, la feliz fórmula que inventó Carrillo en los 70 del siglo pasado de renunciar a la revolución y adoptar la vía electoral con un discurso socialdemócrata que, por supuesto, descansaba sobre la idea de que los socialdemócratas se habían hecho todos de derechas y habían dejado libres sus zapatos. Dicha fórmula no funcionó electoralmente.

La cuestión es si lo hará ahora. Si lo hace, Podemos habrá triunfado y podrá administrar la victoria. Si no lo hace, habrá perdido y no podrá administrar la derrota porque no nació para eso. Puede ganar o perder, pero ello solo dependerá de él. Lo que haga el frente de la hostilidad es irrelevante. No puede con Podemos.

(La imagen es una foto de My Web Page, con licencia Creative Commons).

Arte y propaganda.

Hace unos días se inauguraba en el Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa, en Madrid, la exposición A su imagen. Arte, cultura y religión, organizada por la Fundación Madrid Vivo, una asociación conservadora de empresarios y curas, la Conferencia Episcopal Española y la Archidiócesis de Madrid. Los medios ilustraban la noticia con una foto del acto en la que figuraban diez personas, entre ellas la consejera de Educación de Madrid, Lucía Figar, el obispo Osoro, el cardenal Rouco, Ana Botella, la ex-reina Sofía, el presidente del Congreso, Jesús Posada, y la vicepresidenta del gobierno, Sáenz de Santamaria, además del empresario y ex-ministro Villar Mir. Puro antiguo régimen. Puro nacionalcatolicismo que, según, Luis Goytisolo sigue vigente.

Los figurones del trono, el altar, la política y la empresa se hicieron retratar delante de un cuadro de Rubens que representa a Sansón dando muerte al león. Pensé entonces que a lo mejor y, a pesar de los antecedentes citados, la exposición era de verdad de arte y cumplía lo que anunciaba a través de los medios de comunicación de ser una muestra "de lo mejor de la pintura y la escultura españolas" de tema religioso, con piezas de grandes maestros, como Goya, Velázquez, el Greco, Murillo, Rubens, Ribera, Zurbarán, Berruguete, Gregorio Fernández, etc.

Nada más lejos de la realidad. La exposición abarca, sí, unos diez siglos, del X al XX. Pero todas las piezas son de autores (o anónimas) de segunda fila u obra menor de contados maestros. De escultura, nada, salvo cuatro o cinco tallas de Gregorio Fernández y algún otro, ideales para adornar iglesias. Y eso sin mencionar varias muestras de un mal gusto estomagante, como unos candelabros gigantescos de plata repujada, algún relicario, cáliz, arqueta, etc todos de oro, plata, pedrería, pruebas de ese espantoso boato a que tan aficionado es el culto católico desde siempre.

La finalidad de la exposición, su hilo temático, es mostrar el interés y el apoyo de la iglesia al arte en todos los tiempos y actualmente. Es decir, una finalidad de propaganda. Durante siglos, el arte ha sido vehículo de propaganda de la religión, especialmente la católica. Se trata, pues, de que siga siéndolo hoy, si no como antaño, sí para lo hoy necesario. Para redondear el carácter eclesiástico/católico del evento, se cobra una entrada de 7 euros completamente abusiva, primero porque es una institución pública (el Ayuntamiento) y después porque la muestra no los merece. Los organizadores tratan de justificarlo obligando a los visitantes a acarrear esos ridículos audiotrastos con informaciones grabadas sobre algunas obras también teñidas de propaganda católica, como lo están las explicaciones que figuran en las paredes, redactadas con espiritu militante.

La misma clasificación temática de la exposición muestra esa estrecha visión catequística peculiar al catolicismo español: de algunos episodios del Antiguo Testamento a las representaciones del Dies Irae, pasando por la narrativa canónica de la Virgen, vida de Cristo, apóstoles y evangelistas, padres y doctores de la Iglesia, la Iglesia en sí y su peculiar negocio, el memento mori. Cierto que la exposición habla de "arte, cultura y religión", pero por esta última se entiende tan solo la católica. Si no yerro, hay una sola pieza de religión no católica, un fragmento de pergamino de una Torá de Calahorra o Tudela del siglo XV y algunas menciones obligadas por el contexto a las otras dos religiones del Libro. El resto, catolicismo a machamartillo que, por lo demás, es el contenido casi exclusivo de la producción artística española prácticamente hasta el siglo XIX.

Las aportaciones extranjeras, en su mayoría, que tampoco es mucha, flamencos, a veces anónimos, algún Teniers y un Lucas Cranach. El resto, italianos, entre los que destaca un genial Tintoretto con una Judith a punto de degollar a Holofernes. Todo lo demás, pintura española que si, al principio, parecía ser algo más suelta, más abierta, con la implantación del canon tridentino, empieza a agarrotarse cada vez más, hasta desembocar en ese arte acartonado, manoseado, mercenario,  apagado propio de las sacristías, los refectorios de los conventos y los altares de las iglesias. Producción iconográfica, sí y programática, pero de calidad artística deplorable.

Alguna ventaja habría de aparecer: es una pintura (también hay algunas tallas, códices y tapices, siempre del canon de Nicea) poco vista, por encontrarse en su mayoría desperdigada por museos diocesanos, parroquias, cofradías, catedrales, algún banco y colecciones privadas. De varias de ellas hay reproducciones accesibles, pero se agradece ver el original, como el célebre In ictu oculi, de Juan de Valdés Leal, del siglo XVII, que se conserva en la Hermandad de la Santa Caridad de Sevilla replicado siglos después con expresa referencia a él en el cuadro de Gutiérrez Solana, la procesión de la muerte, que el Museo Reina Sofía ha prestado para esta ocasión. Igualmente impresiona un pequeño lienzo de Goya, de 1819, que representa la oración de Cristo en el huerto de los olivos, a quien un ángel aporta el amargo cáliz, que se guarda en las Escuelas Pías en Madrid. Ese Cristo, que debiera proclamarse como adelantado del impresionismo, es una especie de revenant de la principal figura de los fusilamientos de La Moncloa en la memoria de un Goya ya anciano.
 
Si el desocupado lector dispone de tiempo y se divierte viendo cómo se representaba en un momento u otro a San Jerónimo, o los más conocidos episodios de los Evangelios, o el éxtasis de Santa Teresa, aquí podrá pasar el rato. Por mi parte, si tuviera que mencionar una última obra meritoria que, como algunas otras, sobresale de este pantano de mediocridad y beaterío, me quedo con la Virgen del pajarito, de Luis de Morales.

diumenge, 30 de novembre del 2014

El sermón de la meseta.


Ya decía ayer Palinuro que eso del "rostro conciliador de Rajoy, era una quimera. El presidente, informaba/deseaba "El País", iba a pronunciar un "discurso muy esperado que, según distintos miembros del Gobierno, será “constructivo” y “en positivo”, y no centrado solo en la ley como hasta ahora". O sea, iba a no ser él, a ser un político templado, de ánimo dialogante.

Pues menos mal que llevó su rostro conciliador. Si llega a ir con el hostil habría dejado de piedra a sus fieles alcaldes del PP como si hubieran visto todos el rostro de la Gorgona. Porque habló a la tropa municipal de su partido en toda España. Lo hizo en Barcelona a propósito ya que, en realidad, iba a hablar/amenazar a los catalanes y especialmente a Mas por encima de las cabezas de los ediles que estaban allí como podían no estar. Si los hubieran sustituido por extras y figurantes contratados en las Ramblas con obligación de aplaudir, habría salido más barato. Claro que a lo mejor no conseguían contratar a nadie.

Se agarró el lider al micro y espetó a la audiencia un discurso crispado y agresivo de más de una hora, un sermón iracundo lleno de malaventuranzas, de esos suyos, tan vacíos como ampulosos, tan grandilocuentes como necios. Ya al comienzo avisó de que no iba a decir nada nuevo. Cuando en Brisbane aseguró que pretendía explicar "mejor" su mensaje en Cataluña se refería a repetirlo en tono más bronco, más negativo, más descalificador, despreciativo, bordeando lo insultante. Es curioso: cuanto más se evidencia la necesidad de la política, de la negociación, el diálogo, el pacto, más se encastilla nuestro hombre en la intransigencia y la negación. Para ocultarlo se sirve de una serie de reconvenciones que sus asesores deben de considerar certeros venablos y no pasan de despropósitos o falsedades. He aquí algunas:

1.- El gobierno subviene a las necesidades de Cataluña con generosidad y premura. Como si no fuera su obligación.
2.- Dos de cada tres catalanes no fueron a votar en la consulta. Y 9,9 de cada diez no van a los actos del PP.
3.- Cataluña no es tierra de listas únicas. Claro que no. Hay una soberanista única y muchas otras, más de las que concurren en Madrid.
4.- Nadie va arrebatar a los catalanes el derecho a ser españoles y europeos. Para lo cual se impone a todos el deber de serlo.
5.- Nunca negociará con la igualdad de los españoles. Meritorio para quien desde joven niega el principio de igualdad.

Y eso fue solo la primera parte, el gesto del estadista con altura de miras, sosegado, con visión de conjunto, nacional española. En la segunda apareció el liderazgo del hombre de partido, del jefe de gobierno, el lugar en el que se toman las decisiones, se perfecciona la estrategia, se establecen las tácticas, se muestra resolución y coraje. También aquí las andanadas han sido poderosas.

1.- Mas emprende un viaje de 18 meses a "ninguna parte". Eso ya se verá. De momento, Rajoy reconoce que el viaje se ha emprendido.
2.- La consulta fue un simulacro. Y muchas otras cosas, casi todo, según Baudrillard. El simulacro es lo real. ¿Qué hace él, si no, en Barcelona?
3.- En Cataluña reina el desgobierno a causa de sus muchas elecciones. Por eso, lo mejor es que no las haya.
4.- Mas ha fracasado. Lo dice quien ha fracasado en impedir que Mas haga la consulta.
5.- Mas se ha saltado la ley. En efecto. Ahora, a ver qué hace usted. ¿Procesarlo?
 
Entre tanto, el chapapote de la corrupción lo embadurna todo y deslegitima de raíz toda acción de gobierno de la derecha. Y no es un hilillo de plastilina, sino una tupida red de granujería, estafa y latrocinio en la que está Rajoy atrapado personalmente con sus sobresueldos en negro, sus trajes y perifollos en más negro, sus viajes pagados en azabache y ese farfulleo de mentiras y dislates que le han ganado justa fama de ser el presidente más corrupto e incompetente de Europa. Un payaso y un fantoche, vamos.

Un juez acusa al PP de participación lucrativa en un supuesto delito, igual que a una ministra. La ministra dimite. ¿Por qué no el partido? Los partidos no dimiten. Pero sus presidentes, sí. ¿Por qué no dimite Rajoy? ¿Porque tiene que desactivar la secesión catalana? ¡Si es el que más la alienta con su manifiesta catalanofobia destinada a recoger votos en toda España a cambio de un enconamiento del conflicto catalán! Esa es la triste realidad.
 
No dimite porque no le da la gana. Fin de la cita.

A modo de resumen de la visita del jupiterino presidente de los sobresueldos a Cataluña puede decirse  lo que Cervantes del valentón que hablaba del túmulo de Felipe II, que fue a dar unos gritos y soltar unas amenazas y luego, incontinente, caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

Porque, por descontado, a todo esto, los catalanes han ignorado olímpicamente la presencia del presidente. Los soberanistas han seguido a lo suyo, a preparar unas elecciones anticipadas como siguiente etapa en ese viaje "a ninguna parte" que para ellos lleva a la independencia.

dissabte, 29 de novembre del 2014

Escolta Catalunya - la veu d'un pare...

El asunto es tan absurdo que es difícil abordarlo. ¿Rajoy mostrar un "rostro conciliador" en cosas catalanas? Quimérico. El presidente ha ido 14 veces a Cataluña en tres años de mandato y su gabinete subraya que es el destino más frecuente de las visitas presidenciales. En "El plural" han echado las cuentas y, de las catorce visitas, siete fueron a actos del PP, seis a reuniones con empresarios y otras almas afines y una a una boda del hijo de un amigo. Es decir, Rajoy no ha visitado nunca Cataluña como tal Cataluña; nunca la Generalitat; ni el Parlament; nada. Y esta vez, tampoco, por cuanto asiste a un acto de alcaldes del PP de toda España que igual podía celebrarse en Villalar de los Comuneros o en Llanos del Caudillo, que traería más gratas memorias a algunos de ellos. Así que los catalanes no conocen el rostro de Rajoy; y menos el conciliador. Eso que van ganando, porque tampoco ahora van a verlo.

Lo curioso es cómo todo el mundo admite que, al desplazarse a Barcelona a un acto privado, de partido, Rajoy, en realidad, va a Cataluña, cual si fuera una visita de Estado. ¿Por qué entonces no se reúne con el principal representante del Estado en la Comunidad, el señor Mas? ¿Por falta de educación? Debería matizarse eso del "rostro conciliador".

En el acto municipal del PP, dos ilustres teloneras, Botella y Cospedal. La primera, quien coincide con su marido en la capital del Principado, soltó uno de esos ditirambos grandiosos y absurdos por los que es conocida, algo así como que la unidad de España depende de sus municipios. El discurso de la segunda tuvo mucha más enjundia práctica pues traía el meollo del argumento elaborado por las baterías dialécticas de La Moncloa y que hoy desarrollará con su habitual brillantez Rajoy: el gobierno ha rescatado a la Generalitat; la ha rescatado de la quiebra, de no poder pagar a sus funcionarios.

Suena tremendo, ¿verdad? Y a ellos les parece algo contundente, demoledor, definitivo. Elaboran la imagen de mil maneras pero, en lo esencial, se dibuja un Mas irresponsable, dedicado a jugar a la algarabía independentista mientras en La Moncloa un gobierno siempre vigilante se desvivía por Cataluña y aportaba generosamente 24.000 millones de euros, casi la mitad del Fondo de Liquidez Autonómica. ¿De qué se quejan los ingratos?

Las cantidades, las cifras, los datos no dejan ver el problema de fondo, esto es, la concepción patrimonialista del Estado de la derecha gobernante. El gobierno no es propietario de los recursos que asigna, no se los saca de sus inexistentes bolsillos; y menos lo es el PP, aunque muchos de sus miembros crean lo contrario y actúen en consecuencia, llenándose los suyos a base de expoliar el erario público. Es el administrador, que no es lo mismo. Esos recursos, además, proceden en gran parte de las Comunidades Autónomas, especialmente de Cataluña, con la que el Estado admite tener un déficit fiscal de miles de millones de euros; no ando muy cierto en la cantidad exacta. El gobierno no otorga nada porque nada le pertenece y está obligado a gestionar lo que administra con criterios racionales y objetivos y no de capricho político. Carece absolutamente de sentido emplear la inversión del Estado en Cataluña como un arma política, para bien o para mal. No solamente no es correcto, sino que hiere la sensibilidad de los soberanistas catalanes quienes precisamente reclaman la plena responsabilidad en la gestión de todos sus recursos.

En ese caso, la admonición se torna velada amenaza: en una Cataluña independiente, deja caer Cospedal con la elegancia de Aldonza Lorenzo, la Generalitat no podría pagar las pensiones. Ni pacto de Toledo ni gaitas. Ya están las pensiones en danza para asustar, sobre todo a los viejos. Lo dicen los responsables de haber vaciado, esquilmado, el Fondo de Garantía de Pensiones. Es para dar fuerza y verosimilitud a la amenza y, de paso, desvelar su auténtico rostro, este sí, de verdad, el de unos canallas.

En cuanto a amenazas, no conviene echar en saco roto las de un Aznar que, hosco, torvo, como siempre, advierte en contra del nacionalismo radical y la lucha de clases. "Radicalismo", "lucha de clases", ya está el siniestro personaje, el liberador del Irak y el islote Perejil, reclamando represión y autoritarismo. Alta debe mantenerse la guardia de la unidad bajo los luceros.

Este viaje, su discurso y sus oropeles colaterales pone de manifiesto que los viajeros no tienen ni idea de a dónde van y en dónde están. Así que da igual el rostro de Rajoy quien, por lo demás, no es "el hombre de los mil rostros". Tampoco los soberanistas van a verlo, ni siquiera a mirarlo. Se enterarán por los periódicos y seguirán a lo suyo, esto es, tanteando las posibilidades de convocar elecciones autonómicas anticipadas y darles o no carácter plebiscitario. Eso si alguna de sus asociaciones o instituciones no lo declara persona non grata en Cataluña.

Frente a eso es muy poco lo que Rajoy puede hacer, ponga el rostro que ponga. Podrán más los jueces si admiten y tramitan la querella del fiscal. El conflicto se radicalizaría. Es de suponer. Espíritu puro de la derecha española de espíritu franquista, que no distingue entre gobierno y Estado,  partido y movimiento, ley y tiranía, orden y represión y que, llegado el caso, en su profunda estupidez, está dispuesta a hacer de Mas un  segundo Companys.

 

Crítica al programa económico de Podemos.

Si es cierto lo que hoy dice "El Plural" de que Alberto Garzón es el ideólogo ‘tapado’ del programa económico de Podemos, entonces no es verdad lo que dice "El Plural". No es un juego de palabras. "El Plural" sostiene que el llamado Un programa económico para la gente es un calco de las 115 propuestas para salir de la crisis que Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón publicaron a fines de 2011 en forma de libro titulado Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España, editado en Madrid por Sequitur. Básicamente, es cierto, y el periódico lo documenta fehacientemente sobre la base del texto del programa citado que hoy trae El País. Pero Alberto Garzón no es "el ideólogo tapado del programa económico de Podemos", sino, en todo caso, de un tercio de él. Los dos tercios restantes corresponden a Vicenç Navarro y Juan Torres López que, por lo que se ve, han reproducido sus ideas de 2011 en una forma de autoplagio benevolente. No tengo nada que objetar a esta práctica "re-publicadora", sobre todo si la re-publicación está escrupulosamente actualizada en los datos, como es el caso, salvo la melancolía que produce comprobar que la economía es una ciencia más lenta de lo que gusta reconocer porque si, al paso que van las cosas, las recetas de 2011 valen para 2014 y más allá, el recetario es parsimonioso.

En todo caso y como sea que el programa en cuestión (de unas 66 páginas, mientras que el libro tiene 226) está ya a disposición del ávido público en la edición de hoy de "El País", Palinuro aporta aquí la crítica que publicó en enero de 2012 sobre el mentado libro de los tres economistas de izquierda, titulada Las aporías de la izquierda. Ya ven ustedes de qué sirve esta labor callada, cotidiana del piloto de Eneas. Justamente para salir el primero a calibrar el programa económico de Podemos con cierto conocimiento de causa y no a base de escribir de oídas, como da la impresión de hacer hoy José Carlos Díez en un artículo publicado también en "El País", periódico otrora serio. Este artículo se me antoja una vergüenza y un ataque injustificado a los autores del programa que el autor obviamente no ha leído, como tampoco parece haber leído el libro del que arranca. Puede que Palinuro sea mal pensado o un verdadero manazas pero o es incapaz de encontrarlo o, simplemente, lo han borrado de la web del periódico; pero, hélas, no del caché de Google, así que este es el artículo evanescente y este su altanero título,  Podemos en el país de 'Nunca jamás'. Demasiado.