divendres, 17 de maig del 2013

El encanto del Apocalipsis.


Morris Berman (2012) Las raíces del fracaso americano. México: Sexto piso (258 págs).


En nuestro tiempo los Estados Unidos prácticamente acaparan la producción de bibliografía profética, pesimista, distópica, apocalíptica. Hay dos razones principales -entre varias- para ello: en primer lugar, el país es la última manifestación de una forma imperial. Casi todo el siglo XX aparece dominado por el abrumador poderío económico, político y militar de la república al norte del Río Grande. La experiencia histórica quiere que todos los imperios muestren una evolución similar: surgimiento, auge, decadencia y hundimiento. Los ejemplos más conocidos e investigados son el del Imperio romano y el español del siglo XVI. Pero también gozan de su cuota de atención el inglés y el francés del siglo XIX. Es natural que haya cierta preocupación por averiguar cómo se manifestará ese periplo -que se considera inevitable- en el caso de los Estados Unidos, de forma que rara es la temporada en que no se publica algún estudio pronosticando el fin de la hegemonía estadounidense.

En segundo lugar -y en conexión con lo anterior-, al ser los EEUU el país más poderoso del mundo, es también el que más recursos naturales consume (aunque pueda estar ganándole ya la China) lo que, a su vez, incide en una de las causas que suelen invocarse para prever la catástrofe inminente no ya de la propia Norteamérica, sino del mundo entero a causa del cambio climático, la contaminación, el agotamiento de tales recursos o la suma de todas ellas. El libro de Berman es el último en hacer hincapié en este aspecto. El modelo de crecimiento ilimitado (La búsqueda de la abundancia lo llama el autor en el primer capítulo), del capitalismo basado en el consumo sin freno, es insostenible, a plazo cada vez más corto.

Pero el libro de Berman no se limita a una proyección agorera en términos prácticos, materiales, objetivos. No es un estudio técnico sobre previsiones demográficas o energéticas. Está en la línea, pero no prolonga o reproduce (aunque sí las menciona y valora) obras ya clásicas como La bomba demográfica, de Paul y Anne Ehrlich (1968) o Los límites del crecimiento, del Club de Roma (1972). Su visión es más amplia, más profunda y de otra índole. El autor tiene un enfoque que por aquí llamamos de historia cultural (sus obras anteriores, todas de gran impacto, se mueven en ese campo), más interesado en el movimiento de las ideas que en el de las personas o las cosas. El citado primer capítulo es un bosquejo del capitalismo estadounidense como una civilización única que, falta de toda referencia ajena a sí misma (por ejemplo, falta de tradición medieval, como hay en Europa), carente de toda meta trascendental, se ha fijado su propia expansión como tal. Es decir, se ha hecho autorreferencial y, con ello, se piensa legitimado par imponerse por la fuerza en el resto del mundo. Como tal discurso identificativo y legitimatorio (la sociedad de la frontera, de Frederic Jackson Turner), la tierra de las oportunidades, el Manifest Destiny, es hegemónico y carece de relato alternativo, cosa que el autor ejemplifica muy gráficamente mostrando cómo las tempranas advertencias de Thorstein Veblen sobre el consumo ostentoso apenas tienen audiencia mientras que los libros de Dale Carnegie  siguen siendo éxitos de ventas decenios después de su publicación (p. 37).

Una advertencia sobre la traducción. Esta es pulcra y, en general, irreprochable. Pero el traductor hubiera debido poner algunas notas a pie de página, explicativas de peculiaridades yanquies. Muy especialmente una. El autor considera que el capitalismo estadounidense es oportunista y así, al pie de la letra lo vierte el traductor. Pero aquí "oportunista" tiene un sentido más ecónomico y social, un poco en el estilo de las oportunidades vitales, de Ralf Dahrendorf, mientras que en español lo tiene más político y moral, en el sentido un poco peyorativo del "posibilismo". Es preciso aclararlo porque la lectura chirría.

Desde luego, hay autores muy señalados que han tratado de formular el discurso alternativo, singularmente Lewis Mumford, probablemente el pensador que más haya influido en Berman en toda la vastedad de su producción. Berman analiza el discurso ideológico de ese capitalismo como una lucha entre las tradiciones republicana y la liberal con sus ambigüedades y dificultades, muy en la línea de otro clásico de obligado respeto como es La tradición política americana, de Richard Hofstadter, en 1947. Y, por supuesto, el padre de todos ellos, el marxista Charles A. Beard, que está muy presente en las consideraciones de nuestro autor sobre la acumulación de capital, los robber barons, los orígenes del capitalismo y, claro es, la esclavitud.

De la mitología justificativa del capitalismo estadounidense (el valor de la propiedad, la movilidad social, las oportunidades, el hombre que se hace a sí mismo, la meritocracia, etc) se encarga esa tradición alternativa que no consigue imponerse, pero a la que Berman presta la debida atención: Fromm, Wright Mills, Vance Packard, Galbraith, Goodman, Riesman (p. 47). En concreto, el análisis de un autor tan peculiar como Packard es muy brillante. Sobre todo su conclusión, que disipa la inmediata objeción de que se trata de un autor de superventas mantenidas, casi al estilo de Carnegie. Sí, viene a decir nuestro autor, las gentes siguen leyendo The Hidden Persuaders a cientos de miles pero, cuando lo terminan, se van a Wal-Mart a ponerse ciegas de electrodomésticos. Disonancia cognitiva se llama eso, y Leon Festinger lo ha explicado muy bien. 

Berman dedica un segundo capítulo (El reinado de Wall Street) al análisis de la actual crisis financiera (p. 74) en un relato básicamente correcto pero que no aporta casi nada nuevo. Sí lo es, sin embargo, la insistencia del autor en el comportamiento inmoral de los protagonistas de la gran estafa de especulación y derivados y en el hecho de que hayan dominado y sigan dominando las sucesivas administraciones norteamericanas, sean republicanas o demócratas. Es muy convincente su crítica a Obama, entregado a una gestión neoliberal de la crisis provocada por el neoliberalismo y produce cierta sorpresa su empeño en presentar al presidente Carter como cumplido ejemplo del discurso alternativo y, por lo tanto, fracasado.

El tercer capítulo, el de mayor interés a juicio de este crítico, retoma una perspectiva más filosófica. Contiene algunas afirmaciones felizmente formuladas, con fuerza de metáfora: el estilo de vida estadounidense recuerda una rata girando en su rueda (p. 95). Se trata de "una nación de gente que tira su vida a la basura a cambio de juguetes" (p. 96). Los EEUU identifican el progreso de la nación con el progreso tecnológico. La tecnología es la verdadera religión (p. 100), una escatología cristiana con nuevos términos (p. 102).

Es el núcleo esencial de la filosofía de Berman. No es muy nuevo, aunque sí claramente expuesto. La equiparación tecnología-religión no va muy allá, pues entronca con la baqueteada ilustración. Más interés tiene que el autor reviva un viejo tema de contraposición que, si no me engaño, aparece ya en las Cartas sobre la educación estética del hombre, de Friedrich Schiller (1795) y se repite luego como un leitmotiv del romanticismo: el progreso material no va acompañado del correspondiente progreso moral de la especie (p. 103). Un tema romántico por excelencia, que lleva a la idealización del pasado, el antiindustralismo, la oposición al positivismo progresista que se hallan en Emerson y Thoreau, Ruskin y Morris. Weber y Tönnies aparecen también a la hora de sistematizar conocimientos y, desde luego, la contraposición Gemeinschaft-Gesellschaft tiene un lugar privilegiado (p. 109). Pero, ya detrás de ellos, se valora y mucho el esfuerzo de algunos críticos de la tecnología, relacionados o no con la Teoría Crítica, como Marcuse, Koestler, Ellul (p. 112). El Nacimiento de la contracultura, de Theodore Roszak (1969) y Lo pequeño es hermoso, de Ernst Friedrich Schumacher (1973), terminan de reproducir el cuadro de una corriente de pensamiento muy interesante pero de escaso impacto. Al respecto es muy brillante y sitúa al autor en esta honrosa tradición de defensores de causas perdidas el  argumento de que la pretendida neutralidad instrumental de la tecnología es falsa (p. 115). Un hallazgo que convierte a Berman en seguidor de la crítica a la razón instrumental, pero lo obliga a demostrar por qué la tecnología es perversa.

Y ahí es donde la obra muestra cierto flanco débil. Su rechazo a la tecnología lo pone a las puertas de defender la causa del decrecimiento. Pero no llega a pasar esa raya o, cuando menos, no lo he visto. Y, sin dar ese paso, el negativismo de la crítica la esteriliza y la convierte en amargo pesimismo. Máxime cuando se menciona la sombría trinidad de Neil Postman  (culturas que usan herramientas-tecnocracias-tecnópolis) (p. 117). Él mismo tiene que reconocer que ninguna teoría llegó ni de lejos a alcanzar el impacto y la extensión de las de Ford y Taylor, que dieron al capitalismo estadounidense su carácter originario, depredador, que conserva (p. 118). Especial simpatía suscita la resignada conclusión del autor citando a Steiner: la tecnología es la supresión sistemática del silencio (p. 133). En la apología del silencio, base de la reflexión, Berman se gana la simpatía del lector.

Los dos últimos capítulos son más livianos pero también muy interesantes. El cuarto, el reproche de la historia es una especie de estudio revisionista de la guerra civil. Tan revisionista que el propio autor viene a equipararse en su afán con el patriarca del revisionismo contemporáneo, William Appleman Williams. Su revisionismo, sin embargo, es especial. Echa mano de Turner de nuevo y, claro, de Beard, para dar a la guerra civil un tinte geopolítico y de lucha de clases. En su oposición al capitalismo "oportunista" del Norte, idealiza la sociedad del Sur, que aparece embellecida con un velo de moral caballeresca e integración al estilo Gemeisnchaft, cuando no de Lo que el viento se llevó. ¿La esclavitud? Eso no fue decisivo. Él mismo se da cuenta de la ambigüedad moral de su posición y se siente obligado a advertir que detesta la institución (p. 153 y ss.), pero se mantiene en sus trece de que, tanto en la vivencia de los protagonistas, como en el sentido general del fenómeno, la lucha contra la esclavitud fue una motivación legitimatoria introducida post festum. Lo importante era la unión, el mercado.

El último capítulo, el futuro del pasado contiene una comparación entre los Estados Unidos y Europa que no me parece enteramente atinada. En síntesis, su idea es que el capitalismo europeo es más justo, equitativo y humano que el estadounidense, egoísta, inhumano, depredador (p. 193). Algo de esto hay y, sin duda, resulta grato a los europeos que, en lugar de leernos la cartilla desde el otro lado del charco, se nos reconozcan algunos méritos. Es grato, sí, pero empieza a no ser verdad. Precisamente la expansión ideológica, la hegemonía neoliberal estadounidense ha  conquistado el viejo continente en donde, como siempre, los europeos rivalizan a ver quién es más papista que el papa a la hora de destruir las instituciones de la economía social de mercado que constituían la ventaja europea sobre los yanquis. Su síntesis de los rasgos esenciales del Estado del bienestar europeo, con su sentido de la seguridad de las personas, el respeto a los derechos sociales y económicos, etc (p. 195) pertenece al pasado. Europa está desmantelando el Estado del bienestar y el ejemplo más palpable es España.

El último capítulo se cierra con otra buena metáfora. El capitalismo estadounidense es el Pequod y, como el Pequod, se irá a pique detrás de la ballena blanca del crecimiento ilimitado.

Un libro muy interesante, muy actual, de lectura muy recomendable. ¡Ah! Y en él no hay un solo párrafo dedicado a internet.

dijous, 16 de maig del 2013

¿Quiénes son los nazis?


Hace unos días, la presidenta de Castilla-La Mancha, después de contar los sueldos que recibe y de ver si le había llegado algún sobre más, encontraba tiempo para llamar nazis a los ciudadanos que participaban en escraches. De igual modo, algunos de esos mercenarios que el PP tiene repartidos por los medios a razón de una pastuqui por insulto (y siempre de dineros públicos, claro) también maullaban que los nacionalistas catalanes son eso, nazis.


¿Pura ley de Godwin? Desde luego. Y algo más. Algo más porque todos estos acusadores proceden de un partido franquista, fundado por un ministro de Franco que, como sabe todo el mundo, excepto los granujas a sueldo que se sientan en cierta real academia, era un dictador totalitario, un golpista, un asesino y un genocida. O sea, un nazi. Y los que heredan su espíritu y lo defienden a día de hoy, nazis.

Pero no crean ustedes que Palinuro exagere un ápice. Ahí tienen ustedes la prueba: que un país considere legal una organización nazi, como Falange Española (en todas sus divertidas variantes, incluida la de los independientes aznarinos) ya tiene pecado. Que esa organización reciba una distinción honorífica por los motivos que sean clama al cielo. Que esa distinción honorífica le sea impuesta por la delegada del gobierno en Cataluña, María de los Llanos de Luna, es decir, por la autoridad "democrática" competente no solo es una mofa y una befa de los valores democráticos que esta dama simula representar sino un escarnio a la memoria de las víctimas de estos asesinos hoy condecorados.

Esos son los nazis.

Que en el acto estuviera presente un regidor municipal del PSC explica hasta qué punto la izquierda de este país ha abdicado de sus principios y valores y se presta a colaborar con el crimen.

¿Quieren ustedes más nazis, nazis de verdad? Ahí tienen ustedes el ayuntamiento de Santoña, del PP, que, a instancias de otro falangista (o sea, un nazi) ha decidido reinaugurar un monumento a Carrero Blanco, el criminal al que Franco nombró presidente del gobierno y ETA quitó del medio por un procedimiento expeditivo, ¡37 años después de construido y emplazado! Con ello los protagonistas, además de probarse nazis, frisan la más profunda estupidez, si es que ambas cosas no son lo mismo.

En este caso, al menos, los socialistas han votado en contra y los de UPyD, haciendo honor a sus credenciales democráticas, se han abstenido.

Si quieren ustedes encontrar nazis no miren a la PAH o a los nacionalistas catalanes. Miren al PP que es en donde están, como todo el mundo sabe, incluidos ellos mismos, los mismos que en un alarde de proyección neurótica, llaman "nazis" a los demás.

El paso del tiempo.


Extraigo la imagen del twitter de Ramón Tremosa, eurodiputado de Convergència i Unió, y profesor de economía en la Universidad de Barcelona. Obviamente se trata de un montaje que circula por la red. Una foto de un jovencísimo Pérez Rubalcaba, casi adolescente, flanquea un texto entrecomillado, cuya autoría se le adjudica, con una declaración de principios sobre el derecho de autodeterminación que se da de trompadas con lo que el fotografiado dice casi cuarenta años después. La intencionalidad parece bastante clara: poner a Rubalcaba ante su propia incoherencia conceptual.

Por supuesto no se trata de lo que en las redes se llama un fake, una falsificación. La imagen probablemente sea auténtica. Carezco de medios para comprobarlo y, en realidad, es irrelevante. Su función es accesoria, consiste en cargar de sentido el texto adjunto y para eso valdría aunque el fotografiado fuera otro siempre que se le pareciera.

Lo importante es el texto y este sí es reproducción fidedigna del apartado 1º de la resolución sobre Nacionalidades y Regiones aprobada en el Congreso del PSOE, en Suresnes, en 1974. Por entonces, Rubalcaba tenía veintitrés años y estaba en la primavera de la vida. Un poco pronto para ir soltando doctrina por los congresos. Además, ese fue el año de su ingreso en el partido. Aunque el joven Rubalcaba hubiera ido de delegado al congreso, que no lo sé de cierto, habría que demostrar que el tenor de esa declaración fuera de su estricta autoría porque eso es lo que se da a entender al entrecomillar el texto y atribuírselo sin más al hoy secretario general. Sin embargo, las resoluciones de los congresos no llevan firma personal y, en lo que se me alcanza, Rubalcaba pudo haber asistido al congreso, haber votado en contra de esta proposición y, no obstante, haber sido esta aprobada. De ser este el caso, no sería cierto ni, por lo tanto, justo, adjudicar a Rubalcaba un pronunciamiento tan contrario a lo que hoy dice. El señor Tremosa haría bien en revisar esta cuestión y cerciorarse de que lo que atribuye a Rubalcaba es, en efecto, de Rubalcaba.

Ese es el asunto, el fondo del asunto, el derecho de autodeterminación de los pueblos y naciones de España. El mismo Rubalcaba de la imagen, con cuarenta años más, sostiene que el derecho de autodeterminación no existe. Dudo mucho de que haya defendido personalmente jamás el derecho de autodeterminación, ni siquiera cuando era más joven y tenía pelo, ni siquiera aunque fuese un poco transgresor y libertario, como se usaba por entonces.

En fin, si no Rubalcaba, el PSOE reivindicaba un derecho de autodeterminación que ahora niega. Señalar esa aparente contradicción posee su lógica en la refriega política, pero tiene una valor relativo. Las gentes, los partidos, cambian con el paso del tiempo. Quienes antaño defendían un criterio, hoy defienden otro. Las circunstancias puede haber cambiado o ellos se lo han pensado mejor. O peor. Pero todo cambia. La eficacia  de emplear los cambios como arma arrojadiza está en relación inversamente proporcional al tiempo que haya pasado. Un cambio en menos de veinticuatro horas será siempre más llamativo y escandaloso que otro acaecido a la largo de cuarenta años. Lo escandaloso aquí, probablemente, sería que no hubiera cambios.

A mediados de los años setenta del siglo pasado, a punto de morirse el Invicto, la izquierda era más radical que ahora y más doctrinaria. El PSOE era marxista, hablaba de lucha de clases y se apuntaba a todas las reivindicaciones que sonaran a revolucionario y el derecho de autodeterminación así lo hacía. Con el paso de los años y la experiencia de gobierno, el Partido Socialista se ha convertido al nacionalismo español y el derecho de autodeterminación se ha quedado por el camino. Las razones por las que ha procedido así están muy bien expuestas en una artículo de Txiqui Benegas titulado Las confusiones sobre el derecho a decidir, aunque a Palinuro no le resulten convincentes.

dimecres, 15 de maig del 2013

San Isidro labrador, quita la lluvia y pon el sol.


Nacido en Troya pero criado en Madrid, Palinuro es devoto de su patrón, San Isidro labrador, cuyo 931 natalicio celebramos hoy. Es tal su afición al santo que se atreve a proponérselo a Rajoy si este, natural de Santiago, decide cambiar la advocación. Todo en San Isidro casa con su forma de ser y circunstancia. Su milagro más conocido, que los ángeles araban los campos mientras él rezaba, encaja a la perfección con el modus operandi de Rajoy y sus cofrades. La Virgen del Rocío está encargada de acabar con el paro en España; y de la crisis nos sacarán los ángeles mientras el presidente se encomienda a la divinidad para que no le caigan encima los papeles de Bárcenas.

Son muchas las leyendas de San Isidro y su culto extendidísimo. Se ve en la página de Wikipedia dedicada al santo que es casi como el santo universal porque es patrono de mil sitios. Con su espíritu positivista, Wikipedia relativiza el milagro y cita las actas de canonización según las cuales el milagro fue observado por Iván de Vargas (así, ya hay un testigo), amo de Isidro. Lo que no dice Wikipedia es que este Vargas era antepasado de aquel famoso veedor a quien recurría Isabel la Católica con el ¡averígüelo Vargas!, del que el Iribarren trae la más cumplida noticia. Perfecto para una variante contemporánea en la forma de ¡averígüelo Bárcenas! En todo caso, el asunto va de Vargas pues fue otro de estos, Juan de Vargas (en realidad, siempre Iván), quien en el siglo XVI se encargó de acomodar el cuerpo incorrupto del santo en su correspondiente arcón pues este es otro milagro del santo de no poca enjundia: tirarse casi mil años convertido en una mojama. Y si alguien quiere comprobar cómo está de incorrupto, que lo mire aquí con las partes pudendas cubiertas con el oso y el madroño. Esa reliquia no puede verse nunca al natural salvo en contadísimas y excepcionales circunstancias, situación a la que aspira a llegar Rajoy en sus comparecencias públicas.

El mayor prodigio que se adjudica a Isidro, muy propio de la santería de esta tierra, tan dada a la devoción  guerrera de rezos y mandibles, es haberse aparecido a Alfonso VIII para mostrarle la forma de derrotar a la morisma de Miramamolín en las Navas de Tolosa, en 1212. Lo hizo cuarenta años después de muerto, que era el modo de entonces de aparecerse en plasma. Lo decisivo es que la intervención milagrosa del santo salvó España de la dominación sarracena de los almohades como la providencial de Rajoy la salva del hundimiento en la crisis.

En Torrelaguna, villa de prosapia, maridó Isidro con María de la Cabeza, nacida Maria Toribia, luego santa también, que podría aquí equivaler a María Dolores de Cospedal porque María de la Cabeza era de Uceda, Guadalajara y, por tanto, castellano-machega y tan mozárabe como Isidro. Por eso, la ceremonia que se celebra en la ermita del santo tiene el privilegio del rito hispano. Cosa que también emparenta mucho a San Isidro con Rajoy. Cuando, tras la conquista de Toledo por Alfonso VI se quiere imponer la liturgia gregoriana universal, algunos mozárabes obtienen el privilegio de mantener su rito hispano, igual que Rajoy conserva orgulloso el privilegio de hablar pontevedrés en los concilios europeos en los que se ha impuesto un inglés gregoriano universal.

¡Y qué decir de las fiestas, la verbena, la romería, la pradera! El entrañable folklore popular. Ahí podría explayarse con mayor frecuencia Rajoy, muy dado a las actividades festivas. Solo tendría que sustituir el pulpo a la gallega por las rosquillas del santo y no solamente por las llamadas tontas. Cospedal y la vicepresidenta pueden lucir atuendos de chulas con mantón de Manila y las faldas de volantes que les sentarán tan requetebién como las peinetas y los velos. Porque en San Isidro ya arranca el casticismo madrileño que llega luego a las fiestas de la Paloma. Ya empieza a bailarse el chotis que, como todo lo castizo, viene de fuera y este año, según dicen, no en un ladrillo sino en medio por culpa de los recortes. 

Y no se olvide el momento cultural, genuinamente nuestro, aquel que el gobierno al mando señaló valientemente desde el primer momento como receptor privilegidado de aliento y subvenciones: las corridas de toros. La Patria vuelve por sus fueros y, donde reduce, merma o cercena los fondos para la investigación científica, abre generosa su próvido seno para alimentar la esencia misma de la españolidad. La Gran Nación desbarata las artimañas extranjerizantes para abolir la Fiesta Nacional, penúltimas manifestaciones de la Leyenda Negra. ¿De qué se habla? De la fiesta de San Isidro, la apertura de la temporada taurina en la Monumental de Las Ventas, plaza de primera categoría.

¿Cómo no va a encomendarse Rajoy a la protección de San Isidro? 

dimarts, 14 de maig del 2013

El miedo.

El miedo no es categoría que abunde en los análisis políticos, en los que se echa mano de cosas menos molestas como la ideología, la lealtad partidista, el abstencionismo, la disciplina, etc. Sin embargo el miedo está decisivamente presente en muchas ocasiones y contribuye a explicar abundantes fenómenos políticos. Lo sabemos muy bien desde el famoso "que me odien mientras me teman" de Calígula. En un plano más teórico, Hobbes situaba el pacto social y la legitimidad del poder político en el éxito de este de eliminar el miedo que nos tenemos unos a los otros. El Estado absorbe todo el miedo del que la sociedad se libera. Si lo consigue o no es ya otra cuestión. Pero el miedo es universal y de esa nesesidad se hace virtud -ramplona, como muchas virtudes- cuando se dice que "el miedo guarda la viña". En El miedo a la libertad, que dejó mucha huella, Fromm achacaba al miedo (a ese miedo al que atacaba Kant cuando nos exigía que nos atreviéramos a saber) el origen de la personalidad autoritaria y la servidumbre. Y con Miedo a volar, Erika Jong tocaba un tabú que aún no está muy claro en el moviminto feminista.

El miedo, inspirar miedo, en mayor o menor medida, es el objetivo de todo poder político. El miedo garantiza la obediencia acrítica. Sembrar el miedo, hacérselo padecer a la población fue la finalidad esencial del régimen nacionalcatólico de Franco. Había que hacer un escarmiento que la población no olvidara, como decía a las claras el general Mola. Había que llevar a los impíos de nuevo al temor de Dios por los medios que fuera, aplaudía la Iglesia católica. Ambos empeños, muy bien recogidos en el último libro de Julián Casanova, España partida en dos que Palinuro comentará en breve. El miedo presidió la transición española y explica bastante su carácter contradictorio. Miedo -aunque con distinta intensidad- en los dos bandos: la derecha temerosa de perder sus privilegios y de que se le exigieran cuentas por los 40 años; la izquierda, asustada ante la posibilidad de volver a la persecución, la clandestinidad, el exilio. El miedo tiró al suelo a los diputados del Congreso aquella aciaga jornada del 23-F, con las tres excepciones de todos conocidas y el miedo mantuvo a la población paralizada en las primeras horas del golpe.

Uno de los rasgos más característicos de la nueva forma de insurrección social que vivimos a través del M15M, a punto de celebrar su segundo aniversario es la idea de que el miedo está cambiando de bando. El mensaje es muy claro: estaba instalado en los de abajo y se está desplazando hacia los de arriba. En sí misma, la idea es atractiva y suena verosímil cuando se contempla qué impacto y alcance tiene este movimiento que empezó siendo algo desdeñado por todos los analistas y expertos a causa de su carácter horizontal, asambleario, no jerárquico, sin estructura orgánica y, por ello,  se presumía, sin efectos prácticos. Resulta sin embargo que, a través de su naturaleza imprevisible, no institucionalizada, proteica, el movimiento ha acabado determinando parte importante del debate y la acción públicas.

Quizá sea cierto que el miedo esté cambiando de bando. Sería revolucionario. No obstante, conviene ser precavidos y recordar que las clases dominantes enseguida tienen miedo, que el capital es muy asustadizo. Y no perder de vista que, para liberarse de ese miedo, las clases dominantes cuentan con las fuerzas de seguridad de cuyo empleo sistemático, con fines crecientemente autoritarios y represivos es un buen ejemplo este gobierno.

Inspirar miedo es lo que persigue esta crisis económica, hacer vivir a la población en condiciones de inseguridad e incertidumbre que susciten el miedo. Su función es propagar el miedo. Miedo igualmente lo que hay detrás del repentino monarquismo del PSOE y, por supuesto, miedo detrás de la cerrada negativa de ese partido (o quizá de su dirección) a reconocer derecho alguno de autodeterminación. Pero de eso hablará Palinuro mañana, que tiene una imagen que mola mazo.

(La imagen es una foto de robinsoncaruso, bajo licencia Creative Commons).

dilluns, 13 de maig del 2013

La tradición revolucionaria

Casi todos los análisis por ahí danzando sobre el M15M suenan a anticuados. Están hechos a partir de categorías políticas anteriores a internet, en el contexto de venerandas instituciones que vieron la luz cuando ni existía la máquina de vapor. La mayoría de ellos concluye que, si el M15M quiere ser eficaz, debe dotarse de algún estatuto orgánico y entrar en el funcionamiento de las instituciones. O, cuando menos, ha de encontrar formas de acción llamémoslas "simbióticas" con unos u otros partidos políticos, que son los que tienen la sartén por el mango. Alguno se lo plantea como reto. "Hágase partido político", le recomendaba hace días Cospedal. En resumen: si quieren ustedes conseguir algo, pasen por el aro.

Estos análisis ignoran la realidad de la forma más crasa. Desde el primer aniversario, el M15M está demostrando una eficacia rotunda. 1.400.000 firmas metieron a Ada Colau y la PAH directamente en el Congreso y las llevaron luego al Parlamento Europeo. 929.903 ciudadanos madrileños han firmado en contra de la almoneda de la sanidad pública por cabezonería e interés del neoliberalismo rampante. La marea verde ha paralizado la Ley Wert con su ataque al derecho universal a la educación y las movilizaciones cudadanas lo han hecho con el asalto eclesiástico a los derechos de las mujeres a través del piadoso ministro de Justicia. Ahora el M15M pide un escrache al sistema.  Está clarísimo: en su proteica manifestación (ajena a toda estructura orgánica) el M15M es muy eficaz y se retroalimenta a sí mismo. Nadie hablaba de escraches en la Acampadasol del año pasado.

Claro que el M15M sigue vivo y tiene un gran impacto social. De hecho, el panorama político está cambiando. Desde el punto de vista conservador, rige un principio formal: la legitimidad se obtiene habiendo ganado unas elecciones y esa legitimidad ampara toda acción del gobierno, incluso la contraria al programa con el que se ganaron esa elecciones (en el caso de Rajoy) o la que no estaba prevista en tal programa (caso Fernández-Lasquetty en Madrid).

Pero esta es una concepción de la democracia como régimen de opinión tan anticuada como los análisis antes mencionados. El triunfo electoral  ya no puede ser un cheque en blanco hasta las próximas elecciones. Estas garantizan el gobierno por consentimiento de las mayorías. Pero, por un lado, las mayorías cambian a lo largo del tiempo y, por otro, rara vez serán homogéneas. Antes no era posible detectar estas variaciones con seguridad y por eso se ignoraban. Pero ahora es posible hacerlo a través de las TICs y en tiempo real. Si hay una mayoría, habrá siempre una o varias minorías y la calidad de la democracia se mide por el trato que esas minorías reciben.

Lo que posibilita esta movilización masiva es internet. Y, si lo puede hacer la gente con sus escasos medios, más podrá hacerlo el Estado con los suyos, siempre poderosos. Lo que le falta al Estado es voluntad; justo lo que le sobra a la gente. Y por eso esta puede con todo. Se dirá que el 1.400.000 firmas de Colau o las más de novecientas mil firmas de la sanidad proceden de la difusión a través de los medios. Sin duda. Pero esa difusión mediática (política 1.0) viene ahora replicada al infinito en la red, en donde la información circula prácticamente a la velocidad de la luz, se universaliza en tiempo real y, sobre todo, permite ser administrada libremente por todos los individuos que no son solo receptores de la información sino también emisores y, desde luego, replicantes (polítca 2.0) en el ciberespacio y haciendo ciberpolítica.

El predominio de las redes y la difusión fulminante de la información permiten, a cambio, una acción real más pausada, más elaborada en los procesos asamblearios, con mayor alcance y más posibilidades de eficacia. Lo decían al comienzo, hace dos años: vamos despacio porque vamos lejos.   

diumenge, 12 de maig del 2013

¿Todavía están ustedes ahí?

Cualquier empresa que arroje resultados negativos durante año y medio cierra y sus directivos se van a la calle o a las Bahamas con una pensión millonaria, según lo que hayan robado. Cualquiera menos la política. En política un año y medio de reveses se convierte en un acicate para "hacernos mejores y animarnos más en nuestra voluntad de servir al país y resolver los problemas de nuestros paisanos" o alguna otra estupidez de este calibre que hayan excogitado los gabinetes de imagen de políticos fracasados pero (o por) absolutamente irresponsables, a cambio de una buena pasta que sale, claro, del erario público. Pues la política es la única actividad en la que los galanes se pagan los liftings con el dinero de todos.

La última encuesta de Metroscopia para El País muestra que a Rajoy y Rubalcaba no los quieren ni en su casa. El 87% no confía en Rajoy y el 94% en Rubalcaba. O sea, de Rubalcaba no se fía ya ni él. Los demás indicadores son igualmente desastrosos. Lectura: estamos todos locos por perder de vista a esta pareja de segundones incompetentes que no ha tenido una sola idea en un año y medio. Podría decirse, a título de consuelo, que la situación es muy mala, las gentes andamos quemadas y valoramos todo muy negativamente, empezando por los políticos. Algo de eso hay. Probablemente hablemos desde la irritación. Prueba: la mejor valorada es Rosa Díez, lo cual debe entenderse como una muestra de desesperación suicida porque si hay un ejemplar de falta absoluta de principios, de oportunismo descarado y egocentrismo sin límites es esta aprovechada, no del río revuelto sino del río muerto.

Tirar contra los políticos, cierto, es fácil. Pero es que lo llevan en el sueldo. Nadie los obliga a serlo. Entran en la cosa pública por afición, voluntariamente, algunos por espíritu de sacrificio, otros porque no tienen en dónde caerse muertos y aspiran a un modus vivendi y otros porque son unos ladrones de tomo y lomo. Estos últimos abundan en el PP, cuya densidad de chorizos por metro cuadrado de cargo debe de ser la más alta del mundo.  Y encabezados por un menda que lleva años cobrando sobresueldos de todo tipo mientras pide e impone sacrificios a los demás y afirma que se ve obligado a mirar sus cuentas porque lo tiene crudo a fin de mes. Hace falta ser granuja para expresarse con tanto cinismo ante gentes, miles, cientos de miles, millones de personas que cobran -si cobran- unos cientos de euros al mes, esto es, cincuenta veces menos que él.  Por eso nadie lo quiere, nadie se fía de él y todos lo tienen por un pájaro mendaz que se lleva la pasta en sobres mientras balbucea incongruencias y desfachateces.

Y no le va en zaga su hipotético (e imposible) relevo, Rubalcaba. Este no cojea del pie de la honradez, que se le supone acrisolada, a diferencia del pícaro pontevedrés, sino del de la incompetencia aliada a una vanidad sin límite. ¿Qué justificación invoca para no hacerse a un lado y permitir que un partido que no es suyo, igual que no es monárquico ni jacobino encuentre de nuevo su rumbo y se constituya en alternativa a una situación de clarísima emergencia nacional?  ¿No ha tenido tiempo suficiente para hacer o decir algo que permita a una población deseosa de votar a la iquierda alguna esperanza?

¿Y sus partidos? Justo ese es el eje de esta penosa stuación. Salvo algún gesto aislado de dignidad, son puras agrupaciones de intereses, pobladas de aprovechados al servicio del líder que, en el caso de la derecha, promete -y probablemente reparte- substanciosos sobres para compensar la pavorosa ineptitud de los enchufados de turno y en el de la izquierda, cargos en hipotéticos futuros gobiernos en los que podrán lucir su falta de ideas. 

¿Y los medios? Desbarajustados, casi a pique, sometidos al látigo de los dueños del capital que son quienes dicen lo que se escribe de la cruz a la fecha hasta tal punto que ni el nombre de medios merecen. ¿Qué es un pasquín como La Razón sino pura bazofia al servicio exclusivo del presunto mangante de La Moncloa?

¿Y la sociedad civil? Destrozada, desanimada, vapuleada por un gobierno que ya solo se apoya en la represión de una policía con tintes mercenarios, obligada a emigrar por la absoluta inutilidad de los políticos que siguen cobrando sueldos inmerecidos y dietas ilícitas, humillada y expoliada por un clero codicioso, inmoral y más corrupto que los políticos que lo amparan (y son todos)  y obligada a sobrevivir en medio de este desastre en el que ya nadie cree.

Rajoy, en su presunta corrupción, ha puesto de relieve el sentido caciquil, patrimonialista y explotador de la derecha. Pero Rubalcaba, con su incapacidad evidente para articular ideas, ha dejado la izquierda democrática en un estado de crisis terminal sin ilusión, sin proyecto, sin empuje.

Váyanse ya, hombres, y permitan que el país se reconstituya.
(La primera imagen es una foto de Xoan Baltar. La segunda, una caricatura mía de una foto de Rubalcaba 38; ambas bajo licencia Creative Commons).


En el PSOE tocan a rebato; en el PP, a difunto.

Rajoy no da ni una. Rubalcaba, tampoco. Otro lazo más entre ellos. Quería el socialista tiempo tranquilo para recomponer los destrozos del último gobierno de Zapatero y el desastre electoral subsiguiente. Proponía pactos y más pactos. Anunciaba su oposición responsable. Renovación, sí, pero dentro de un orden, con una Conferencia Política que en octubre anunciará al pueblo la Nueva Línea, el nuevo Libro del Mormón. Y luego, más tranquilidad hasta las elecciones europeas. Nada de rifirrafes; nada de competiciones internas, candidaturas, primarias. Nada de ruido.

Sin embargo el PSOE es puro ruido. Quiso Jerjes domeñar el ponto y el ponto se le puso en contra. Ahora es el propio responsable de la Conferencia Política, mi tocayo Jáuregui, hombre normalmente templado, quien aparece con gesto apocalíptico: "o hacemos algo o nos echan". Y esto a venticuatro horas de que otro socialista señalado, Sebastián, salga diciendo que Rubalcaba no sirve para nada. Tampoco es que él haya servido para mucho, pero aquí se trata de Rubalcaba. Quería paz y tiene zozobra. Con Ramón Jáuregui nervioso hablando de la necesidad perentoria de ofrecer una alternativa al PP, de ganarse el centro y el progresismo (he estado a punto de escribir la periferia) mediante un mensaje renovado. Perfecto y ¿de qué hablará ese mensaje renovado? Pues, responde Jáurgui, de la crisis económica, de la cuestión territorial y de la corrupción. Además, insiste mi tocayo, el PSOE es el único que puede hacerlo.

"Muy bien" -responde Palinuro, que aparece en sus relatos cuando le place, como Hichtcock en sus películas- "y ¿crees que Rubalcaba es el hombre para articular un mensaje renovado en esos tres campos? El tal Sebastián ha ridiculizado sus propuestas en materia de crisis económica; respecto a la cuestión territorial, su criterio es muy parecido al de Rajoy; en cuanto a la corrupción, estando él a salvo, no puede olvidarse que la del PP floreció durante años bajo sus narices sin que se enterara.

Es inevitable, el PSOE es un hervidero de candidaturas en diferente estadio de cristalización. Cuanto antes despeje esa incertidumbe, mejor será para el partido. Que se abra oficialmente el debate. Que la gente escuche el mensaje renovado y le ponga un rostro, cosa imprescindble en nuestra época mediática. Que se abra el debate, sobre todo, para darle algo de vuelo y que no sea preciso escuchar simplezas. Esa "segunda transición" que invoca Beatriz Talegón es un topicazo que ya no se vende ni en el mercado de las pulgas que fue en donde trató de colocarla Aznar, el primero en hablar de "segunda transwición". En cuanto a la "izquierda clásica", de Patxi López, especie mítica que habita en el reino de lo legendario, ¿quién la representa? ¿Anguita o ese "chavismo" que agita´escandalizado  Jáuregui ? De Madina es poco lo que se sabe porque no abre la boca salvo para hablar del tiempo sin que sea seguro si es por prudencia o porque no tiene nada que decir.

Es absurdo y muy poco de izquierda ocultar la realidad. El PSOE tiene que renovarse y hacerlo ahora, antes de que, como dice mi tocayo, lo echen.


En el PP el toque es a difuntos y esta nota palinura un mero apunte camino del akelarre. El descubrimiento de que el hombre providencial, el héroe del Irak, el azote del corrupto felipismo, el milagro soy yo, estuvo forrándose supuestamente con sobresueldos de oscuro origen y siguió haciéndolo una temporadita como presidente del gobierno lo sitúa en su debida perspectiva. Detrás del bravo de Flandes, cetrino, ceñudo, altivo y airado, al parecer, solo había un pícaro como el Guzmán de Alfarache que pillaba sobres en compañía de una sociedad presuntamente non sancta, de Rajoy, Arenas, Cascos, todos ellos caballeros mangantes del santo sobre, administrado por Bárcenas-Merlín.

Los barones del PP hacen el vacío a Rajoy, según anuncia El País, con el fin de salvaguardar sus carreras políticas del peligro de contagio con el apestado. Porque al encerrarse en La Moncloa, recluirse en el silencio, rehuir toda presencia pública, negar cualquier explicación, Rajoy se ha convertido a sí mismo en un apestado, alguien de quien puede decirse como hace Edgardo del "pobre Tom" en el Rey Lear: que se alimenta de ranas, sapos y renacuajos, de lagartijas y salamandras acuáticas; que en la furia de su corazón, cuando el inmundo demonio brama, come bosta de vaca como golosina. Un poco hiperbólico, pero vale, sobre todo lo de la bosta. Es lo que la prensa contemporánea, siempre más telegráfica y concisa pero no menos iconográfica llama tragarse un sapo de desayuno diario

En realidad, Rajoy, el presidente tragasapos, es ya un presidente zombi al frente de un gobierno de zombies. El se empeña en hacer como si gobernara pero al personal ya solo le interesa saber cuánto trincó en los largos años de sobresueldos. Él y los demás miembros del partido de los trabajadores, con sus cuentas en Suiza y sus áticos en Marbella. A dos años y medio de las elecciones y al paso de las cosas en lo procesal, es solo cuestión de poco tiempo que el juez haya de llamar a Rajoy a declarar en el caso Gürtel, como presidente del partido cuyo tesorero, nombrado por él, era Bárcenas, como testigo, quizá como imputado. ¿Puede el país soportar algo así?

dissabte, 11 de maig del 2013

Fracaso absoluto, total.


La semana pasada, con el paro disparado en 1.200.000 personas más y todos los indicadores por los suelos, el gobierno reconocía paladinamente el fracaso de sus políticas al admitir que concluiría la legislatura en 2015 con una tasa de desempleo superior a la que había heredado. La población será en conjunto más pobre de lo que era cuando Rajoy tomó posesión. El PIB cae más de lo que había caído antes. Un fracaso rotundo en el orden material, económico frente al cual el gobierno ha reaccionado como cabía esperar: negándolo. ¿Cómo puede negar lo que acaba de confesar? Muy sencillo, con la retórica estilo Báñez que el presidente maneja con igual soltura: es verdad que estamos mal, pero podíamos estar peor; es verdad que hay más de un millón de parados nuevos, pero podía haber dos millones; es verdad que aumenta el desempleo, pero lo hace con más lentitud. Todo esto es lo que el gobierno llama "signos esperanzadores". Unos signos que solo ve él.

Esta semana, además del fracaso material, económico, el gobierno ha encajado el fracaso ideológico, espiritual. En un solo día ha tenido que retirar los dos anteproyectos legislativos que iban a ser los pilares de la contrarrevolución: la ley de educación y la del aborto. Los ha retirado porque hasta él, con su talante autoritario, se ha dado cuenta de que levantan una fuerte oposición social mayoritaria. Ni sus propios votantes ni militantes están de acuerdo con esos dos ataques reaccionarios a los derechos de las gentes, el aborto por un lado y la educación por otro. Y lo mismo acabará pasando con la sanidad. La privatización es tan expolio que hasta puede no salir.

Es curioso que se hayan retirado los dos proyectos acariciados por dos de los ministros más reaccionarios y que muestran un rasgo en común: la altísima consideración en que se tienen a sí mismos, no compartida por nadie más. Dos sectarios altaneros que creen saberlo todo y los prejuicios no les dejan ver ni en dónde están. Sus compañeros de gobierno, más simples, tienen sin embargo más olfato político. Estos dos, con su soberbia y su pedantería, son dos verdaderos metepatas. La inauguración de Wert pidiendo españolizar a los niños catalanes ha hecho más por el soberanismo catalán que todas las esteladas juntas. Su idea de lo que deba ser la educación es perfectamente compatible con la que pueda tener Esperanza Aguirre, que no conocía los horarios laborales del profesorado al que gobernaba. 

Los espectáculos de Ruiz-Gallardón teorizando sobre la condición femenina y la esencia de la maternidad son cómicos y se convierten en hilarantes cuando el ministro -quien, al parecer, pasaba por ser persona equilibrada en no sé qué círculos- se empeña en justificar su legislación represiva con argumentos emancipadores poco menos que sacados de mayo del 68. No es cosa de cebarse con esta pareja de fatuos majaderos pero su caso sirve muy bien para entender la razón profunda de sus políticas. Si no se impide que la mayoría de la población disfrute de sus legítimos derechos, entre ellos, singularmente, la educación, acabará probándose que solo el dinero permite que individuos tan estúpidos como estos dos lleguen a alguna parte a extremo de amargar la vid a sus semejantes.

Porque el resto del gobierno, desde los aristócratas tipo Morenés hasta los plebeyos enriquecidos como Cañete o las tontas pijas estilo Mato, ya sabe que no pasa de ser un puñado de inútiles cuyo único mérito es haber sido muy amigos de Rajoy (quien tampoco se hace notar por la profundidad del concepto) y, en algunos casos, haber trincado los dineros que esta pandilla reparte entre los suyos para "compensarlos" por el ímprobo trabajo de hacer las cosas rematadamente mal. 

Fracaso en lo material, fracaso en lo ideológico y bajo sospecha de corrupción: ¿sirve para algo este gobierno?

(La imagen es una caricatura mía por el procedimiento de "animalización" a partir de una foto de La Moncloa en el dominio público).

divendres, 10 de maig del 2013

Un hatajo de ladrones.


El País informa de que, según los papeles de Bárcenas, los documentos de la policía, los que obran en poder del juez, Aznar estuvo trincando sobresueldos durante años y, en su caso concreto, además, hasta algunos meses después de haber tomado posesión como presidente del gobierno. Es decir, Aznar incumplió la vigente Ley de Incompatibilidades, ¡siendo presidente! Tiene razón Antonio Hernando: lo que ha de hacer este buen hombre es pedir perdón y devolver el dinero trincado y adiós a su carrera política por presunto chorizo. Sin embargo, lo que ha hecho Aznar ha sido lo contrario: ponerse gallito (como acostumbra) y anunciar que amplia su querella contra El País. Suena a la habitual baladronada inútil y, en el fondo, a quien perjudica esta actitud, a quien deja en ridículo, es a Rajoy, también acusado de haber cobrado miles y miles de euros de sobresueldos pero que está callado, silencioso, oculto y sin querellarse por motivos que todos entendemos muy bien. Y, con Rajoy, casi todos los dirigentes del PP quienes, según los papeles de Bárcenas, estuvieron cobrando una pastizara durante años de forma que, a pesar de que suelen decir que pierden dinero al estar en política, lo cierto es que ser militante cualificado del PP es un chollazo. Te levantas una pasta por el morro. O sea que no fue uno de ellos sino todos quienes pueden decir que están en política para forrarse. Y lo curioso es que, cuando se les señala que este comportamiento es obviamente inmoral y seguramente ilegal, suelen decir que no es cierto, que son pagos legales que justifican de las formas más caprichosas, como "gastos de representación" (sic) o como "compensaciones".

Tiene razón Ecos del Occidente cuando en un artículo titulado La broma macabra de los sobresueldos cuestiona muy acerbamente que haya nada que "compensar" a los dirigentes del PP. Exactamente, ¿de qué hay que compensar a un inspector de Hacienda, como Aznar, con millones y millones de pesetas, como sucedió entre 1990 y 1996? Atinadísimo punto de vista. Añadiré algo: la actividad de político es voluntaria, no forzosa. Está en política quien quiere. ¿Por qué hay que compensarle? ¿En razón de qué? No hay nada que compensar. Esos sobresueldos de los políticos del PP (que contrastan agudamente con el hecho de que en otros partidos, por ejemplo, IU, no solo no existan sino que se dé lo contrario: son los cargos quienes dan parte de sus ingresos al partido) son simplemente una corruptela más, una mamandurria, un trinque vergonzoso de corruptos.

Y quizá también delictivo dado que, como se desprende de los papeles de Bárcenas, los fondos repartidos entre estos individuos, proceden presuntamente de donaciones ilegales de empresarios que recibían a cambio adjudicaciones también ilegales de los gobiernos del PP por cientos de millones de euros. Dineros delictivos, productos del robo sistemático del erario público por parte de empresarios y presuntos ladrones del PP. Sin duda, la financiación de los partidos en España es una asignatura todavía pendiente. Pero, se supere o no, está claro que esta corrupción generalizada del PP induce a preguntarse si se trata de un partido político en el que hay algunos ladrones o una asociación de ladrones en la que hay algún político, también ladrón, claro.

Aznar, Rajoy, Arenas, Cospedal, Cascos, todos parecen haber trincado. Y lo que no hayan trincado, se ha dedicado a financiación ilegal del PP, gracias a cuyos chorros de oro este partido ganaba elecciones por mayoría absoluta. Elecciones cuyos resultados son, en realidad, inmorales, ilegales y, por tanto nulos. Y esta situación supuestamente es el rasgo de casi todas las administraciones gobernadas por el PP. Lo es, por ejemplo, del gobierno de la Comunidad de Madrid, presidido por Esperanza Aguirre y bajo cuya dirección parecen haberse cometido todo tipo de ilegalidades en adjudicaciones públicas amañadas en favor de los empresarios corruptos que luego financiaban presuntamente sus campañas. Y esto parecía hacerse a traves de la Fundación FUNDESCAM, uno de cuyos principales donantes, el empresario Díaz Ferrán, gran admirador de Aguirre, está hoy en prisión por supuesto chorizo.

En resumen: aquí no hay un gobierno propiamente dicho sino una organización de sospechosos de mangoneo, dispuestos a saquear el país. No hay por qué escuchar sus retóricas sobre las crisis, el gobierno, etc. Hernando está en lo cierto: lo que tienen que hacer estos presuntos, con Rajoy a la cabeza, es devolver lo trincado y marcharse a sus casas, a esperar las citaciones judiciales.

(La imagen es una caricatura mía por el procedimiento de "animalización" sobre una foto de La Moncloa en el dominio público).