dimarts, 12 de febrer del 2013

Basta ya.

Francamente. Francamente. Uno no sabe ya qué decir. La realidad supera siempre la ficción a extremos alucinantes. Por segunda vez este hombre dice no entender su letra. Nadie le ha dicho a raíz de la primera que eso puede sucederle a cualquiera y lo que corresponde, en tal caso, no es decirlo sino mirar el papel, guardárselo en el bolsillo e improvisar un discurso. ¿O no sabe uno improvisar, a pesar de llevar un año gobernando de improvisación en improvisación? ¿Solo sabe uno leer lo que lleva apuntado en la chuleta?

Si el presidente no sabe leer su propia letra, tampoco se entera de dónde consigna las cantidades en la declaración de la renta y en concepto de qué. El "aumento de sueldo" del 27% en época de vacas flacas detectado por la canallesca, siempre con una calculadora al acecho, no era tal sino pluses electorales, en figura recién acuñada por Cospedal y que se abrirá sin duda camino en la llamada "contabilidad creativa". Tienen los tales pluses, además, una función de estímulo psicológico pues se conceden al agraciado a raíz de perder una elecciones, las segundas. ¿Cómo se cobran esos pluses? ¿Quiénes los cobran? ¿Con qué criterios? Fruslerías en un país en donde quién más, quién menos, el personal se lo lleva crudo. Bueno, el personal a partir de cierto nivel.

Rajoy ha desmentido de nuevo sus palabras con sus hechos. Sí ha venido a la política por dinero. Por una real pasta, de esas de directivo de caja de ahorros camino del desastre. Una pastuqui. Pero, claro, como todo el mundo. Ahora resulta que el andoba Urdangarin aligeró al Ayuntamiento de Madrid del peso de 120.000 euros a cambio de nada, lo que tiene su mérito. ¿Quién dijo que la nada es estéril? Los filósofos, siempre en Babia; Urdangarin le saca a la nada 120.000 eurazos. Encima, el entonces alcalde, hoy ministro de Justicia del Reino, ordenó tipificarlos como "donaciones" para que el pobre yerno del Rey no se viera obligado a tributar por ellos. Los Reyes no pechan, caramba; sus familiares, tampoco. Eso lo sabe muy bien el villano Gallardón y le pone remedio con el dinero de los demás. Ignoro si el gobierno considera esta largueza del antiguo baranda madrileño motivo de dimisión. Bueno, no lo ignoro: sé que no. ¿Por qué va a dimitir el ministro de Justicia cuando la de Sanidad sigue en su puesto? Y, claro, no van a dimitir los ministros a pares. Eso es mucho para Rajoy.

Además, todo esto son bagatelas ante la aparición de otro empresario de fuste camino de la crónica de tribunales. Este Arturo Fernández, con su rostro sanguíneo, sirve todos los días cincuenta mil comidas en Madrid. Es el Pantagruel de la Corte. Atiende a la restauración del Parlamento, de la Asamblea de Madrid, de la UGT, también de CCOO (aunque no lo tengo confirmado), es el rey de la concesión, la licencia, la contrata y la subvención. Sus señorías yantan sabrosos menús por un precio menor al que pagan los niños en los colegios por calentar las fiambreras. Este Pantagruel vivaz, al parecer, paga a sus numerosos empleados en B con el fin de ahorrarse unos dinerillos. Como tal empresario sabe llevarse bien con todos pero él de quien es fiel es de su compañera de pupitre, Esperanza Aguirre y seguramente apoyará y, si es necesario, financiará su campaña de Regeneración democrática. También profesa gran amistad por el Rey. Circula por la red una foto en la que se ve a este de caza en compañía de Díaz Ferrán, Jaume Matas y el mentado Fernández, cada uno a su rollo particular que los ha llevado a donde están.

El del Rey no es menudo. El trono se le está convirtiendo en un infierno. Provisto de sus ya inseparables muletas se presenta en Bilbao a aguantar el chaparrón. Trata de que el apache que Dios le dio por yerno no lo arrastre en sus inacababless enjuagues vía la discreta Corinna. Quiere mejorar su imagen en la sociedad y, cuando está en ello, el fiscal pide se imputen varios delitos a tres parientes del Rey (primas lejanas, aclara, nervioso, el País), al parecer relacionadas con la supuesta mafia china de Gao Ping, aunque en el subsector de la llamada trama hebrea.

Los hebreos, los chinos, Pantagruel, el yerno, la Gürtel, Bárcenas, los catalanes, el estado casi insurreccional de la población, la prensa a la contra, los vituperios del exterior, los sobres, la mangancia, el expolio general. El presidente solo cuenta ya con su partido, la policía y la Iglesia.

Y él no entiende su letra.

dilluns, 11 de febrer del 2013

Esta también me representa.



Se llama Beatriz Talegón, es alcarreña y secretaria general de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas. Habla a un auditorio de ¿socialistas? en un hotel de cinco estrellas, probablemente uno de esos en los que el personal laboral cobra en negro, cuando cobra.

Enhorabuena, Beatriz.


Actualización el 12/02/2013


Con la misma buena fe con que subí el vídeo de Beatriz sosteniendo que sí me representa, traigo aquí un enlace al blog de Julián (Mutmaxel - Valencia Connection) que la interpela en un asunto de fondo y que también me representa. Julián Jiménez es un joven valenciano de veintinueve años con una experiencia muy distinta, y hasta opuesta, a la de Beatriz. Al margen de las cuestiones personales -también muy dignas de consideración, pues la política la hacen personas y no máquinas- esta situación tiene un enorme interés para la izquierda en general y el PSOE en particular y no solo porque esté planteada por jóvenes, sino porque apunta a la motivación de la acción política de aquella.  Una carta así es inconcebible en otras corrientes o partidos políticos. Solo en la izquierda. 

La carta expone una contradicción presente en toda organización de fines: seguir las directrices o la propia conciencia. Porque pensar que hay alguna organización, comunidad, colectividad, grupo, partido o movimiento en que no se dé alguna vez esa contradicción tiene un punto de ingenuidad. Cada cual la resuelve como cree conveniente y solo el tiempo y los hechos ilustran después sobre el valor moral de la solución. ¿Qué es mejor, abandonar o pelear desde dentro? No hay fórmulas ni recetas y el único criterio que valdrá a la vista de los resultados es el de la sinceridad y la congruencia entre lo que se dice y lo que se hace.

Rubalcaba y la lucha contra la corrupción.

Vale. Esto ya es otra cosa. Medidas concretas en lugar de nebulosos pactos, sobre todo ese último disparate de un "pacto contra la corrupción"... con el PP. Ahora descendemos a la tierra y hablamos de cosas prácticas, factibles y razonables. Rubalcaba propone cuatro medidas de lucha contra la corrupción sin demérito, entiendo, de otras que puedan sugerirse. A Palinuro también se le ocurren algunas. Por falta de medidas no va a quedar. Las de Rubalcaba, comentadas, son las siguientes:

Primera. Prohibir las donaciones de las empresas a los partidos. Muy correcto. Solo pueden donar las personas físicas con nombre y apellidos. Yo suprimiría todas las donaciones. Que los partidos se sufraguen con las cuotas de los militantes y los fondos públicos a que sean acreedores según criterios objetivos de representatividad. Los partidos deben competir con la fuerza de las ideas; no del dinero.

Segunda. Creación de una Oficina Anticorrupción. También Ok., cómo no. Pero suena un poco a querencia patria: creamos un cuerpo nuevo y lo dotamos de medios fetén. Eso de los inpectores del máximo nivel y de los hombres de negro viene a ser como los hombres de Harrelson o los incorruptibles. Por lo demás, ya tenemos la Fiscalía Anticorrupción. ¿Qué tal si en vez de duplicar el órgano dotamos de mayores medios e independencia el que ya tenemos en funcionamiento? Y aquí está el punto débil de todos estos entes: dependen de la voluntad política del gobierno de turno, que puede facilitar u obstaculizar su labor. Una de las primeras medidas del gobierno Rajoy fue destituir a los inspectores que habían investigado la Gürtel en Baleares. En lugar de crear más órganos, yo obligaría a todas las administraciones públicas a volcar sus cuentas en la red. La ejecución de los presupuestos, compromisos, licitaciones, etc, en abierto al alcance de todos los ciudadanos. Asimismo, habilitaría a la Fiscalía anticorrupción para recibir las denuncias de los administrados.

Tercera. Unificación del conocimiento de las causas de corrupción en la Audiencia Nacional. Algo habrá que hacer, sí, para evitar la presión caciquil sobre las jurisdicciones locales y el caos procesal que suele seguirse de los aforamientos. Pero no es nada seguro que la solución sea la Audiencia Nacional. Antes al contrario, quizá habría que pensar en suprimirla porque, aparte de su poco recomendable antecedente, rompe la unidad de jurisdicción. A lo mejor también fuera conveniente reflexionar sobre la figura misma del aforamiento. Surgió como mecanismo de defensa de los representantes populares frente a las intromisiones del poder político tiránico pero, en la práctica, solo se usa como mecanismo de estrategia procesal. Incluso como medio para inmunizarse frente a la acción de los tribunales, caso Ruiz Mateos en España o Berlusconi en Italia. En lugar de la Audiencia Nacional yo ampliaría las competencias de los juicios por jurado e invertiría lo que fuera preciso para concienciar a la ciudadanía de que es ella quien debe juzgar los delitos que se cometen contra ella. Por eso era tan necesaria la Educación para la ciudadanía y por eso se la ha cargado la derecha.

Cuarta. Castigos a las empresas que corrompen. Imposibilidad de contratar con la administración pública para las empresas cuyos directivos hayan delinquido y por el tiempo de su condena. Perfecto.

Son propuestas sensatas. Pueden debatirse, matizarse; son constructivas. Pero falta al menos una que meta en el cuadro de la corrupción no solo las administraciones públicas y las empresas sino un tercer actor, un go between indispensable en la casi totalidad de las corruptelas del tamaño que sean: los partidos políticos. Estos deben ser objeto de particular escrutinio por razones obvias. A ver si somos capaces de levantarles la losa del desprestigio. Además del carácter democrático de su organización y funcionamiento que la Constitución vigente les impone con absoluta candidez, los partidos, como las administraciones, deben volcar en la red en abierto todos sus movimientos de cuentas hasta el último denario. Así como las declaraciones de rentas y patrimonios de tod@s quienes trabajen para el partido, política o laboralmente. Pero, además, los partidos deben someterse a auditorias periódicas externas acerca de la optimización de los recursos para evitar la tendencia al enchufismo y la oligarquía que se da en todas las estructuras partidistas.
La corrupción no es solamente regar veintidós millones de euros en Suiza. También lo es enchufar a un pariente. Y la lucha contra la corrupción, como la caridad bien entendida, empieza por uno mismo.

A propuesta de una lectora añadiría una ampliación del plazo de prescripción de delitos de corrupción a veinte años. Ella los querría imprescriptibles. Quizá. Irrita ver cómo los compañeros de partido del(a) corrupt@ pregonan su inocencia al haberse archivado el caso ocultando que, al haberlo sido por prescripción, no se trata de un(a) inocente, sino de un(a) delincuente a quien no se ha pillado a tiempo. 

(La imagen es una foto de Rubalcaba 38, bajo licencia Creative Commons).

diumenge, 10 de febrer del 2013

Un país no puede estar gobernado por un presunto defraudador.

Las declaraciones de la renta de Mariano Rajoy se publicaron parcialmente ayer, una semana más tarde de anunciarlo. En una semana hay tiempo suficiente para amañar hasta la piedra Rosetta. La fuerza de estos gestos radica en publicar los papeles en el momento en que se dice pues, de no ser así, cabe sospechar que se hayan manipulado, como, de hecho, lo han sido estos. La prueba de la manipulación está en los metadatos del fichero de la declaración. La publicación, además de posiblemente amañada, es incompleta pues solo trae las declaraciones desde 2003, siendo así que los apuntes incriminatorios de Bárcenas son anteriores a esa fecha. Es decir, las declaraciones de la renta de Mariano Rajoy:
  • No disipan las dudas sobre su relación con Bárcenas y los presuntos cobros en B.
  • Al contrario, las aumentan. Faltan las anteriores a 2003.
  • Las declaraciones a Hacienda no coinciden con las del Congreso.
  • Prueban que Rajoy cobró tres sueldos indebidamente en 2004-2005.
    • Que estuvo años sin pagar la seguridad social.
    • Que mintió en 2007 cuando dijo que ganaba 8.000€ al mes, siendo así que eran 14.000.
    • Que se subió el sueldo del partido en un 27% entre 2007 y 2011.
    • Que se saltaba la Ley de Incompatibilidades cobrando del gobierno y del partido.
  • A día de hoy cobra dietas indebidas y vive en La Moncloa, llamada La Quinta del Tuerto.
  • Sigue sin saberse de cierto si cobra y cuánto del registro de la propiedad de Santa Pola.
  • Su patrimonio se ha duplicado en los últimos años sin que quede claro por qué.
  • Diciendo lo contrario, ha acumulado una fortuna al tiempo que impone sacrificios a los demás.

Es obvio que una democracia moderna en un Estado de derecho no puede estar gobernada por un sujeto bajo sospecha de corrupción y no de una u otra sino de todas las corrupciones posibles, cobros en B, incompatibilidades, ingresos ilícitos, impagos a la seguridad social. Es obvio igualmente que sus papeles son una maraña de trampas y sospechas que, lejos de desvincularlo de los de Bárcenas, los hacen complementarios.

La falta de ética, de pundonor, de honradez del personaje es de sobra conocida y lo hará encastillarse en el silencio. Con la ayuda de sus periodistas a sueldo (de Bárcenas) y los medios públicos convertidos en máquinas de propaganda, tratará de desactivar las acusaciones fabricando pruebas falsas, acusando sin ellas a la oposición, inventándose cortinas de humo, negándose a comparecer ante la prensa y a dar explicaciones en el Parlamento. Explicaciones que la oposición tendría que estar pidiendo insistentemente. No hay duda de que el inquilino de la Quinta del Tuerto seguirá sin aparecer por el Congreso de los Diputados, continuará gobernando mediante decreto-ley e instruirá al rodillo de la mayoría absoluta del ¡que se jodan! para que yugule toda posibilidad de debate, de escrutinio público, de investigación de sus procelosas cuentas. El futuro inmediato es, si no se remedia, el silencio: el gobierno no hace declaraciones, el Parlamento no debate, la Fiscalía no investiga y los ciudadanos se callan y se aguantan que para eso ganaron las elecciones estos sujetos con la impagable ayuda del PSOE e IU, cada uno con sus rollos.

Hace falta oponerse a ese intento dictatorial. Hay que obligar al gobierno a comparecer en el Parlamento. Hay que convertir este en una cámara de resonancia ante la opinión pública. Hay que forzar al ocupante de la Quinta del Tuerto a aclarar sus cuentas en sede parlamentaria. Es obligado presentar una moción de censura contra un gobierno moralmente (y es muy posible, también legalmente) deslegitimado para seguir un día más. La moción se perderá, cierto; pero el país escuchará qué tiene que decir Rubalcaba sobre las cuentas presuntamente fraudulentas de Rajoy y cómo se defiende este, si puede.

Además, debe pedirse una comisión de investigación parlamentaria para aclarar las cuentas de Rajoy. Ya se sabe que tampoco saldrá; pero es preciso pedirla y explicar en los medios por qué se pide, para que trascienda asimismo en el extranjero:

Un país no puede estar gobernado por un presunto defraudador.

Todo lo anterior sin perjuicio de que se lleven los dichos papeles al juez. Hay materia

My Web Page (La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

Ni Rajoy salva a Rajoy.

¡Menudo desastre ha organizado Rajoy por dárselas de puro publicando sus declaraciones de la renta! El anuncio de la disclosure ya fue recibido hace días con recochineo en un país en el que esa declaración salía a Díaz Ferrán a devolver. El gesto es absurdo pues nadie incluirá en la declaración de la renta los ingresos ilegales. Pero, además, la propia publicación ha suscitado muchas más suspicacias de las que trataba de acallar. Los papeles de Rajoy traen sus declaraciones desde 2003. Como los apuntes de Bárcenas se interrumpen en 2003, aquellos no aclaran nada. No solamente no aclaran; enturbian más la cuestión. Pues. ¿no sucede ahora que la declaración de la renta de Rajoy no coincide con la que hizo en el Congreso? Y no por una bagatela sino por unos 100.000 euros. Dejarse olvidados 100.000 euros en el cajón de la mesilla es harto difícil.

Al margen de otras cuestiones de legalidad, los papeles de Rajoy muestran un ciudadano que nada en la abundancia, que se sube el salario en un 27% entre 2007 y 2011 y, acto seguido, impone reducciones de sueldos, de pensiones, de subvenciones a sus paisanos y los obliga a hacer sacrificios de todo tipo. Y quizá lo más irritante sea ver cómo lleva la pantomima a decir que miro mi cuenta a fin de mes, tengo los problemas que tienen todos los ciudadanos. Y eso cobrando 14.000 euros mensuales, con todos los gastos pagos. Es una afirmación tan desvergonzada como la famosa salida de Esperanza Aguirre de no llegar a fin de mes.

Especialmente llamativo en el estadillo de cuentas de Rajoy es ver cómo el sueldo que le paga el partido se triplica entre 2004 y 2005. ¿La razón? Compensarle por la pérdida de ingresos como ministro del gobierno derrotado en las elecciones de marzo de 2004. Tanto para Rajoy como para Cospedal hay una clara relación compensatoria entre el salario del partido y el del cargo público. Y los dos encuentran lógico y lícito cobrar ambos.

Estas prácticas del PP plantean la cuestión de cómo entiende la derecha el partido. Da la impresión de considerarlo como un instrumento para el medro personal, de familia, de grupo, de casta. Es una idea patrimonial de la organización política que se traslada tal cual a las instituciones y los medios. El PP paga con dineros públicos unos medios de comunicación que usa como oficina de propaganda. Contrata con cargo al erario público gentes del partido para realizar tareas de partido, como en el caso de Carromero. En realidad, la visión conservadora de las instituciones apunta a dos objetivos: se instrumentalizan estas bien para expoliar lo público y llenar la administración de enchufados, bien para avanzar en el desmantelamiento del Estado de derecho.

Al margen de estas consideraciones más generales, la dimisión de Rajoy debe producirse entre otras razones por ese fariseísmo fanfarrón, como de casino de pueblo, con el que quien está, al parecer, llevándoselo crudo afirma puritano no he venido a la política a ganar dinero. Quién lo diría, ¿eh?

(La imagen es una captura del vídeo de Autonomousmad,titulado El#TicDeRajoy se repite en Berlín, dos días después del espectáculo de Génova.

dissabte, 9 de febrer del 2013

Rajoy: explicación o dimisión.

El planteamiento de que, mostrando las declaraciones a Hacienda se disipan las dudas sobre el posible cobro de dineros ilícitos es tan estúpido que solo puede ocurrírsele a políticos españoles de la derecha o a sus asesores, alguno de los cuales cobra cientos de miles de euros por parir semejantes mamarrachadas. Como era de esperar, la publicación de la contabilidad del PP, apañada por el propio PP, no aclara nada de las cuestiones turbias de las finanzas del partido. Al contrario, aumenta las dudas. Lo mismo había pasado ya con la publicación -a regañadientes de la interesada- de las declaraciones de bienes y patrimonio de María Dolores de Cospedal que puso de manifiesto un "olvido" de 7.000 euros y una composición de ingresos que Palinuro considera ilícita aunque todavía no se cuestione públicamente. Me refiero a esa práctica de que tanto la secretaria general del PP como su presidente, Rajoy, consideren normal, legal, lícito y así lo declaren, el hecho de cobrar dos sueldos, uno derivado del cargo institucional que ocupan y otro abonado por el partido. A juicio de Palinuro es un cobro ilícito que quebranta el espíritu de la vigente Ley de Incompatibilidades de 1984 y que será preciso seguir denunciando hasta que el asunto se discuta en sede parlamentaria y estas personas dejen de cobrar sobresueldos "legales" o se cambie la ley.

Pero la publicación de las declaraciones de la renta de Rajoy (los ya famosos papeles de Rajoy) entre 2003 y 2011 ponen de manifiesto una situación fiscal del presidente del gobierno turbia, extraña y sospechosa y más necesitada que nunca de aclaración. Los papeles de Rajoy no solo no disipan las dudas sobre las prácticas ilícitas en el acopio de retribuciones y remuneraciones del más variado origen, sino que las aumentan y agravan. A estas horas es urgente que Rajoy comparezca en sede parlamentaria a petición de la oposición (que a ver si, por fin, cumple con su deber) a responder a la pregunta que aún no ha contestado:

Exactamente, señor Rajoy, ¿cuánto cobra usted al mes y por qué conceptos?

Antes de seguir, una salvedad. El hábito de la derecha de confundir inocencia con prescripción no es de recibo. Si un político ha cometido un delito o tenido un comportamiento impropio, el hecho de que haya prescrito supone que se ha extinguido la responsabilidad penal. Pero no la política. No es admisible un político presuntamente delincuente solo porque el supuesto delito haya prescrito. El caso ejemplar al efecto es el de la ministra Ana Mato. Que sus supuestas ilegalidades no sean ya juzgables no quiere decir que sea inocente, como intenta colar falazmente Ruiz Gallardón y otros miembros del partido, más movidos por la solidaridad e interés de grupo que por amor a la verdad, cuando utilizan el sofisma de que "el caso se archivó". Se archivó por prescripción, no por inocencia y no hubo absolución. Pues bien, lo mismo cabe decir de Rajoy y con mayor motivo. Si, en el pasado, siendo ministro de Aznar o en otras circunstancias, Rajoy cometió ilícitos que hoy han prescrito, queda a salvo del reproche jurídico y quizá penal, pero no del político.

Si Rajoy no puede dar una explicación satisfactoria de su muy enredado régimen de retribuciones de una vez, debe dimitir ipso facto.

¿Qué muestran los dichos papeles? Muestran los siguientes elementos oscuros:
  • Los apuntes de Bárcenas señalan pagos de dinero ilícito a Rajoy hasta 2003. Los papeles que este ha hecho públicos comienzan precisamente en 2003, con lo cual es evidente que no demuestran nada y, al contrario, dejan más en entredicho la honradez del presidente del gobierno.
  • La declaración de la renta de Hacienda de Rajoy no coincide con la declaración presentada en el Congreso y no coincide en cantidades elevadas.
  • Rajoy mintió en 2007, cuando declaró cobrar unos 8.000 euros al mes, siendo así que, en su declaración de la renta de ese año aparece una retribución mensual de 14.000 euros. Una mentira de 7.000 euros mensuales, esto es, 84.000 euros al año, es mucho más que los 7.000 euros que Cospedal "olvidó" en su declaración de este año.
  • En la declaración al Congreso Rajoy consigna 98.225 euros del PP en concepto de dietas y gastos de representación, pero en la declaración a Hacienda figuran 181.098 euros, lo que quiere decir que ocultó 82.873 euros al Congreso y tendrá que explicar por qué.
  • En 2003 y 2004, Rajoy cobró tres sueldos, del Gobierno, del PP y del Congreso, lo cual es obviamente ilegal, por muy permisivo que se quiera ser con la vigente Ley de Incompatibilidades de 1984. Aquí ya no basta con una explicación sino que es precisa la devolución de las cantidades indebidamente devengadas.
  • En la declaración de la renta de 2011 aparecen 163.305 euros de unas misteriosas "actividades empresariales" de Rajoy que, según el Blog Salmón solo pueden deberse a una actividad empresarial o profesional, en alta durante el ejercicio 2011 ó a algún ajuste extraño con el Colegio de Registradores.  Es posible que esté aquí la clave de lo más oscuro de los ingresos de Rajoy, lo que lleva tiempo investigando Miguel Ángel Aguilar y cuyas sospechas se plasmaron en un artículo en El País, titulado El dinero perdido de Rajoy. La sospecha es que Rajoy haya seguido cobrando rentas de su plaza de registrador de la propiedad en Santa Pola sin decir nada. Por supuesto, El País de papel censuró el artículo de Aguilar y lo retiró de la web aunque, como se ve, no con la suficiente celeridad.
  • Resumen, los papeles de Rajoy, si algo muestran, es que el presidente del gobierno puede haber mentido repetidas veces y a todo el mundo: al público, a los periodistas, al Parlamento y a Hacienda. De ser esto cierto y ofrezca la explicación que ofrezca, solo le resta el camino de la dimisión más ignominiosa, por embustero. Y cuanto antes, mejor.
Ha quedado absolutamente claro que esos displicentes y altaneros discursos acerca de que el hombre vino a la política "perdiendo dinero" son falsos, puro afán de disimulo y escaqueo. Como todos los de su orientación, parece haber llegado a la política "a forrarse" y puede haber estado haciéndolo impunemente durante años.

Ahora hay que explicarse o dimitir, amigo.

Adiós a la gran ilusión.

El Partido Comunista francés (PCF) ha suprimido el emblema de la hoz y el martillo de los documentos acreditativos de miembros del Partido de la Izquierda Europea en el que está integrado. Hay intenso debate en el país vecino. Ya puede suponerse que la dirección actual y su secretario nacional, Pierre Laurent, justifican la medida en aras de la actualización, la modernización del mensaje, la necesidad de adaptarse a las nuevas exigencias y otros razonamientos de este tipo. Los veteranos, los comunistas de la línea dura, los nostálgicos de los tiempos dorados de la grande peur de l'après guerre ven un paso más en la amarga pendiente del PCF hacia la irrelevancia política y el olvido. Los diez diputados comunistas hoy en la Asamblea Nacional son el triste precipitado de aquel nutrido grupo de 182 que llegaron a ser en sus años de pujanza. Es un debate inevitable en los procesos de adaptación de las organizaciones sociales a los cambios en la realidad. Cuando se tocan los símbolos, un mundo entero de significados que quizá llevaba años en hibernación, de pronto se estremece y se viene abajo. Hay quien dice que la hoz y el martillo, al desaparecer, se lleva consigo la identidad comunista.

Será lo que quedaba de ella, que era bien poco. Apenas un eco de lo que fue. El propio término comunismo, cada vez menos en uso entre sus teóricos seguidores, ya no significa gran cosa. No designa un orden social futuro claramente determinado; tampoco una política específica en el marco de los Estados capitalistas que son hoy todos excepto uno o dos. El comunismo en Europa trata de apropiarse y revitalizar una socialdemocracia ideal de la que previamente tiene que echar a sus inquilinos tradicionales a los que, para no perder la costumbre, viene atacando hace ya cerca de cien años, aunque con tan escaso éxito como en todo lo demás.

A esos efectos, la hoz y el martillo son un estorbo. Pero vivirán para siempre en el recuerdo visual del tumulto del siglo XX que quiso cambiar el mundo

(La imagen es una foto de Ben Sutherland, bajo licencia Creative Commons).

La moción de censura y el programa de la izquierda.

Leo un interesantísimo artículo de Rafael Escudero Alday en Público, titulado ¿Moción de censura de Rubalcaba? No, gracias, en el que rechaza la idea de que Rubalcaba presente una moción de censura. Está muy bien argumentado y documentado. Se inscribe en una línea de crítica al proceso de declive de la preeminencia parlamentaria en los sistemas democráticos muy visible desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, bastante clara hasta el punto de que no es infrecuente la expresión de "crisis del parlamentarismo" en el doble sentido del régimen parlamentario frente al presidencialista y de la centralidad del legislativo. Igualmente dictamina con acierto que la regulación de la moción de censura en la Constitución de 1978 es un punto débil más de una débil Constitución a la hora de garantizar el Estado social y democrático de derecho que ella misma proclama.

Si algún reparo puede ponerse al artículo es más en el terreno de lo que no dice que en el de lo que dice; lo cual no es mucho, desde luego. Pero tiene su aquel. Su examen de la moción de censura española, directamente tomada de la alemana, hace hincapié en los aspectos jurìdicos de la figura y eso lo lleva a considerarla como inútil en cuanto arma del parlamento frente al gobierno. Especialmente con gobiernos monopartidistas apoyados en mayorías absolutas. En otros casos, no es tan inútil. En España no ha triunfado aún ninguna moción de censura; pero en Alemania, precisamente, sí. En 1982, Helmut Kohl sustituyó a Helmut Schmidt en la cancillería mediante una moción de censura. Una vez en sesenta y cuatro años no es mucho; pero es. La regulación de la moción de censura constructiva, desde luego, es plomo en las alas. Pero la imposibilidad de volar también viene de las mayorías absolutas que, a su vez, dependen de los sistemas electorales. Y, dentro de las mayorías absolutas hay que distinguir entre las monopartidistas y las pluripartidistas. Pero, en todo caso, centrarse en los aspectos jurídicos de la moción -ninguna triunfante en España en 35 años- apunta a un intervalo de atonía política en los próximos dos años y medio en una especie de permanencia de la situación actual que cabe calificar de anómala teniendo en cuenta que el artículo habla del desmantelamiento de las bases del Estado de derecho en España. Coincidiendo plenamente, uno se pregunta qué se puede hacer.

Respuesta: presentar una moción de censura. Esta tiene una vertiente política con características propias. Las dos presentadas hasta la fecha en España la de Felipe contra Suárez (1980) y la de Hernández Mancha contra Felipe (1987) se perdieron. Quienes las presentaron ya sabían que las perderían. Las presentaron por otro motivo: para darse a conocer a sí mismos y su alternativa, confrontarla con la del gobierno, exponer las debilidades de este, forzarlo a explicarse en sede parlamentaria y, vía medios, ante la opinión pública. La moción de censura de Felipe fue un éxito y preparó tanto la subsiguiente descomposición de UCD como la victoria del PSOE en 1982. La de Hernández Mancha fue, al contrario, un fracaso con ribetes cómicos por las circunstancias personales del candidato, quien acudía como invitado, pues era senador. En los años de los gobiernos minoritarios del PSOE se pudo haber presentado alguna moción y Aznar hizo un par de propuestas en firme, una de ellas comprometiéndose a no gobernar sino a disolver las Cortes acto seguido de su investidura y convocar elecciones anticipadas, y otra proponiendo, incluso, como candidato a un miembro de otro partido. Pero no se formuló ninguna. Aznar no se atrevía a presentar una moción de censura si no tenía el triunfo asegurado.

En la situación actual, dos circunstancias aconsejan a la oposición ganar visibilidad, recomponerse y presentarse como alternativa viable. La primera es el estado de deterioro de la función parlamentaria, prácticamente inexistente en un país con mayoría absoluta monopartidista y estricta disciplina de voto. El gobierno aplica su programa por decreto ley y soslaya el parlamento de modo sistemático. No existe debate alguno en la cámara pues el rodillo del PP veta todas las iniciativas y la mayoría de las comparecencias. Sin embargo, cuando se produce una de estas, bien planeada y bien hecha, como la de Ada Colau del otro día, tiene un efecto mediático enorme. Aunque termine en fracaso inmediato pues el PP rechaza la iniciativa legislativa y considera las audaces propuestas de Colau algo obsoleto (sic).

La segunda circunstancia es que, a catorce meses de su derrota electoral, el PSOE sigue en un estado de marasmo. Su visibilidad es escasa. La valoración popular de su líder, bajísima y la intención de voto al PSOE se acerca, sí, al PP, pero es más por lo que este baja. En esta situación, una moción de censura perdida de antemano fuerza el debate parlamentario que el gobierno sustrae, da voz al PSOE, le permite hacer un juicio crítico sobre dicho gobierno a la vista de todo el mundo, presenta al secretario general como candidato a la presidencia y le ofrece la oportunidad de dar a conocer el programa del partido que, a juicio de Palnuro, debe ser una propuesta de programa común de la izquierda. Con el compromiso firme de aplicarlo formulado en sede parlamentaria. Que la gente, los votantes, sepan qué significará votar a la izquierda en las elecciones siguientes.

Un programa común de la izquierda debe comenzar con una batería de medidas de lucha contra la corrupción en términos prácticos, no de la vacua retórica de la regeneración democrática. Los partidos de un hipotético frente de la izquierda deben someterse a una auditoria externa anual, permanente y pública, realizando todas sus transacciones a través de la red. Cosas de este tipo. Igualmente es esencial que formulen de forma clara, inteligible, qué políticas proponen para complementar la lucha contra el déficit con las medidas expansivas de corte neokeynesiano. Vuelta a políticas fiscales progresivas. Detención y reversión del desmantelamiento y privatización de los servicios públicos. Lucha contra el fraude en la evasión fiscal y la economía sumergida. Banca pública. Inversión en I+D+i. Apertura de nuevas líneas productivas. Reforma política en profundidad. Revisión de la Constitución en materia de derechos y libertades, partidos políticos y sistema electoral. En la cuestión teritorial, convocatoria de una convención en la que se debata, entre otras, la del derecho de autodeterminación. Convocatoria de un referéndum sobre la Monarquía. Quizá, incluso, proceso constituyente..

Obviamente, no tiene por qué ser así. Algunas cosas pueden apartarse, otras entrarán (por ejemplo, cuestiones de ecologismo) en la necesaria negociación. Pero al final es importante que sea una propuesta de programa común de la izquierda. Es importante tomar la tribuna del Parlamento para presentar una alternativa viable a la penosa situación actual, responsabilidad de un gobierno cuya legitimidad está en serio entredicho. Es importante que la gente lo vea, lo oiga, lo lea. Muy importante. Muy importante que, en esta situacion de postración general, los ciudadanos sepan que hay alguien con una alternativa viable. Aunque solo sea por evitar la resignación.

(La imagen es una captura de Rubalcaba 38, bajo licencia Creative Commons).

divendres, 8 de febrer del 2013

Bronca en el patio trasero.

 Aguirre ha entrado a saco en un cónclave de su partido. Ha venido a pedir la dimisión de Ana Mato, a criticar a Cospedal por su falta de nervio en el escándalo Bárcenas y a poner cual no digan dueñas a Ana Botella por la gestión del Madrid-Arena. Los expertos intuyen detrás del ataque aguirresco un movimiento de partidarios suyos, apoyado por Aznar, para substituir a Rajoy. No parece muy certero. Si Aznar hiciera causa con Aguirre esta no atacaría a Botella. Aguirre es más un cañón giratorio y aprovecha una buena oportunidad (por eso la llaman oportunista) de hacerse con el partido invocando una necesaria regeneración democrática. Es inteligente y audaz pero no lo más apropiado para la expresidenta de Madrid, tan necesitada de regeneración democrática como el conjunto de su partido.

El partido está hecho unos zorros, vive de sobresalto en sobresalto, pendiente de la última revelación del caso Bárcenas, tapando vías de agua. Sus reacciones, en sus principales figuras son irreflexivas, precipitadas y nada convincentes. Cospedal y Floriano han amenazado con querellas prácticamente contra todo el mundo. Pero hasta la fecha no se ha interpuesto ninguna y menos aun contra Bárcenas, a quien los portavoces del PP ignoran, como si no existiera pues, dicen, es una persona privada; no pertenece al partido.

El presidente, después de las dos pintorescas ruedas de prensa, ha retornado a su actitud silente. Solo una vez ha rozado el viscoso asunto de la corrupción y ha sido para respaldar a la ministra Ana Mato. Si se observa es puro estilo Rajoy: respaldar a l@s presunt@s corrupt@s cuando más cuestionad@s son. Lo hizo con Camps, con Matas y hasta los puso de ejemplos. Lo hizo a la chita callando con Sepúlveda y Bárcenas al conservar el sueldo al primero en su fantasmagórica condición de funcionario del PP y el despacho, el coche y la secretaria al segundo, mucho después de haber este dimitido como tesorero y senador. Lo hace ahora con Ana Mato. Suena a táctica. Sabiéndose en falso, en el punto de mira de la lucha contra la corrupción por ser él también sospechoso de haber recibido sobresueldos, se rodea de gentes en sus circunstancias que le sirvan de colchón.

Tampoco la gobernación del Estado se le da mejor. El paro ha aumentado en más de 135.000 personas en enero. Todas las magnitudes son negativas. El barómetro del CIS de enero es terrorífico. El 90,8% de la población piensa que la situación económica es mala o muy mala. El 65,9% cree que es peor que la del año pasado y el 40,2% piensa que el año que viene será aun peor. El resto de los datos es de este deprimente jaez. La valoración de Mariano Rajoy es bajísima. El 82,1% de la ciudadanía tiene poca o ninguna confianza en él. En el caso de Rubalcaba esa cantidad se eleva al 88%..

La situación es disparatada. El gobierno no quiere o no sabe gobernar y la oposición no tiene alternativa.

dijous, 7 de febrer del 2013