dimecres, 31 d’octubre del 2012

La dignidad del hombre.

El otro día, en una intervención parlamentaria, el ministro de Asuntos Exteriores, García Margallo, se soltó la melena en un alegato filosófico en contra del colectivismo en el que sostenía que la base antropológica de su partido, el PP, su principio mismo, era el individualismo, entendiendo por tal aquella actitud que pone al individuo en el centro de la acción social. El individuo, el sacrosanto individuo, es el alfa y omega de la acción del PP.
Es una doctrina acrisolada que, el ministro lo sabrá, echa raíces profundas en el pensamiento occidental. Es parecer general que el Renacimiento, el espíritu moderno, tiene uno de sus orígenes en la Oración por la dignidad del hombre, escrita en 1486 por Giovanni Pico della Mirandola, Conde de la Concordia. La historia viene de mucho más atrás, de los griegos, desde luego y, con reservas, de los caldeos. Pico recoge la tradición de Hermes Trismegisto y Alá sarraceno cuando hablan de la maravilla que es el hombre. En algún lugar Sófocles hace decir a uno de sus héroes que el mundo está lleno de maravillas pero la más maravillosa de todas es el hombre. La dignidad del hombre radica en su ser maravilloso. Por el camino hacia Pico, Tomás de Aquino precisaría que esa maravilla del hombre residía en su carácter divino, en ser obra de Dios, uno con Dios. Pico, sin embargo, gran padre del humanismo, atribuye esa maravilla a la facultad que tiene el hombre de hacerse a sí mismo en uso de su libertad. Esa es su dignidad. Viene luego Kant y redondea la jugada al afirmar que la humanidad es santa en cada uno de sus individuos. La Declaración de derechos del hombre y del ciudadano respira kantismo en la universalización de la dignidad del hombre que constituye su mismo meollo. Cuando más tarde Nietzsche irrumpe impulsando al hombre a llegar a ser el que es, en realidad, cierra el círculo pues eso era lo que decía Pico: ¿Quién no admirará al hombre? (...) Pues es así que él mismo se forja.
Efectivamente, aunque un tanto tosco en su exposición, el alegato de García Margallo descansa sobre la sólida, pétrea, roca del humanismo y, probablemente, dada su adscripción ideológica, del humanismo cristiano. La dignidad del hombre. La supremacía del individuo, templo de Dios y titular de derechos.
Pero eso es la teoría. Después viene la práctica. No lo que García Margallo dice sino lo que García Margallo hace y, con él, sus compañeros de gobierno. El modo en que están gestionando la crisis no es ni por asomo compatible con ese individualismo humanista sino, en todo caso, con el individualismo darwiniano del lobo solitario. Todas las medidas del gobierno han ido en detrimento de los sectores más desfavorecidos, que provocan, desahucios, suicidios, emigración, exclusión, xenofobia. No es cosa de detallar aquí las injusticias del gobierno en términos económicos y las posibles alternativas pues es asunto suficientemente analizado. Las medidas son de rapiña. Se sustrae a los pobres para favorecer a unos ricos insacibles. El rasgo más característico de la crisis es la codicia y la codicia solo sobrevive expoliando a sus semejantes.
Esa es la práctica que atenta contra la dignidad del hombre y que deslegitima por entero la acción del gobierno porque va acompañada por una actitud de desprecio por los derechos del individuo. Lo más palmario, a la vista de todo el mundo, es que la represión policial de la disidencia política conculca sistemáticamente derechos de los individuos. Tan a la vista de todo el mundo que el director general de la policía pretende prohibir la difusión de imágenes privadas en la red que muestren las fuerzas de represión haciendo su trabajo. Los más vulnerables y débiles: jóvenes, parados, funcionarios, mujeres, dependientes, jubilados sufren directamente las consecuencias de esa acción de gobierno basada en favorecer los privilegios de los ricos, despojar de lo necesario a los pobres y reprimirlos brutalmente cuando protestan, con desprecio absoluto a los dramas individuales. Un intento descarado de imponer la censura. Un soberano desprecio a la integridad física y moral de las personas.
Pero lo más palmario no es lo más grave necesariamente. Lo más grave es el firme propósito del gobierno de imponer por ley al conjunto de la sociedad sus convicciones ideológicas partidistas y de secta religiosa como si fueran evidencias, sus prejuicios y puros delirios como si fueran verdades científicas. Más grave porque implica un intento de control de las creencias de los individuos, acompañado de otro de manipulación a través del monopolio de los medios públicos de comunicación, dedicados al adoctrinamiento de la opinión.
En la teoría todos los gatos son pardos. La práctica real es el desprecio a los derechos del individuo. El ataque a la dignidad del hombre revela  su clave profunda en la existencia de cinco a seis millones de parados. Ahí es donde el capital y la derecha sitúan la dignidad del individuo, en una condición de inseguridad y humillación, en su condición de dependencia. La derecha no quiere tratar con individuos conscientes de su dignidad sino con seres mermados, acobardados, sometidos a la arbitrariedad del capital. No quiere derechos de las personas, sino esclavos sin derechos. De ahí que su acción vaya siempre en contra de la dignidad del individuo de la que García Margallo ignora todo excepto la vacía retórica. Y de esa oposición al desprecio a la dignidad del individuo viene el movimiento de los indignados, esto es, quienes actúan en pro de su dignidad humana y, con ella, de la de todos los demás.
NB: no he considerado necesario advertir desde el comienzo que la dignidad del hombre incluye a la mujer, admitiendo de mala gana la excusa de que la forma masculina ya engloba la femenina. Pero no está de más recordar que el título correcto debiera ser la dignidad de la persona.
(Las imágen son fotos encontradas en Twitter y sin atribución de autoría. Se emplea aquí bajo presumida licencia Creative Commons. De no ser así, un aviso a Palinuro bastará para eliminarlas.

dimarts, 30 d’octubre del 2012

A este PSOE le falta nervio.

Ayer se conmemoraba el trigésimo aniversario de la victoria del PSOE en 1982. Con ese motivo, EFE ha subido un vídeo a You Tube muy digno de verse y al que pertenece la ilustración de esta entrada. El primer gobierno monocolor socialista de la historia de España. Un hito. Un documento gráfico impresionante que trae efluvios antañones. A su vista, dos consideraciones, una en broma y otra en serio. En broma: un gobierno socialista sin Alfredo Pérez Rubalcaba. En serio: no solo es monocolor, es también monogenérico o monosexual, absolutamente homofílico. Ni una mujer. Algo hemos adelantado. Esa imagen hoy es impensable, incluso en los gobiernos de la derecha. En realidad, Felipe González gobernó al más puro estilo macho hasta 1993, en que aparecen las primeras ministras en ministerios "propios de su condición", si se exceotúa a Rosa Conde, que fue portavoz del gobierno en 1988.
Ya sé que es fastidioso andar con estas recriminaciones cuando se habla de los gobiernos socialistas que cambiaron la faz de España. Pero conviene recordar que en esto de la igualdad de género acabamos de empezar y siempre se puede desandar el camino recorrido en cuanto nos descuidemos. Como está pasando ahora.
Salvado el escollo patriarcal, el PSOE de 1982 tiene en común con el de 2012 las siglas. Todo el fuego, la determinación y voluntad de aquellos "jóvenes nacionalistas" se ha convertido en un anodino marasmo en el que la dirección lucha por sobrevivir frente a un partido inquieto con los resultados y perspectivas electorales y una opinión pública que no entiende por qué no hay oposición visible.
Una de las acusaciones que en los últimos años se hacían al PSOE era que se había convertido en una mera maquinaria electoral y descuidado el flanco ideológico, desdeñando la tarea de formulación de ideas. Así, cuando llegaron las sucesivas catástrofes electorales (Andalucía no fue una victoria del PSOE), el partido se encontró desnudo, sin votos y sin ideas. Y así está.
Rubalcaba sostiene que nadie le pide a la cara la dimisión y, con eso, da por zanjada una cuestión que, le guste o no, sigue abierta. Él reivindica su estilo de oposición a la que llama "responsable", consistente en no plantear conflictos al gobierno y, en cambio, ofrecerle pactos de Estado. Una oposición leal, caballerosa, que Rubalcaba experimentó en tiempos de Zapatero. Pero eso no le lleva muy lejos por dos razones: 1ª) está suficientemente claro que el gobierno desdeña toda colaboración con el PSOE con lo que seguir ofreciendo pactos solo puede entenderse como un "error de programación". Es por tanto irrelevante si esa actitud es adecuada o no porque no cabe practicarla. 2ª) Por lo demás, la profusa y educada oferta de pactos no exime al PSOE de articular su oposición de una forma clara y nítida, de ofrecer un programa alternativo a los dos del PP (el que prometió y el que cumplió) y de hacerlo en términos comprensibles para la gente y con suficientes garantías. El PSOE no puede ya ampararse en un compromiso al estilo del tristemente célebre ¡no nos falles! de Zapatero. Ha de haber algo más.
Pero no lo hay. En su marasmo, la dirección del PSOE no hace sino balbucear que "ha entendido el mensaje" (al estilo de González en 1993) y que se va a poner a ello. Para hacer ¿qué? Formular alternativas concretas claramente socialdemócratas. Pero no salen. Y no salen porque a estas alturas el conflicto político en nuestra sociedad ha superado al PSOE en dos aspectos cruciales, el territorial y el social.
Rubalcaba es hombre conservador. Ha sido gobernante con Zapatero y condonado, por tanto, la renuncia del PSOE de entonces a la separación entre la iglesia y el Estado. Y por él mismo, el PSOE se ha alejado de su tradición republicana, aproximándose a la condición de partido dinástico. Teniendo en cuenta que este PSOE es el que perpetró el ataque más grave al Estado del bienestar con la reforma constitucional de agosto de 2011, refrendada a regañadientes por Rubalcaba, se entiende que sea difícil salir del desconcierto con la facilidad con que la crisálida rompe el capullo y emerge como una colorida mariposa de una socialdemocracia repentinamente renovada por arte de birlibirloque y a manos de quienes gestionaron el lento declive hacia la irrelevancia política.
Tan difícil que lo único que se ve es cómo un PSOE falto de iniciativa y nervio va encajando como puede las exigencias de una realidad que no sabe controlar. Rubalcaba tiene un espíritu centralista que pretende mitigar esgrimiendo en situaciones de necesidad un federalismo en el que no cree y que, por supuesto, le hace abominar del concepto mismo de autodeterminación. Piensa en esto como la derecha (según acaba de certificar María Dolores de Cospedal) que, al negar el concepto, desaparece la cosa. Y la cosa le ha estallado ahora en las manos en forma de un PSC díscolo que reclama el derecho a decidir de los catalanes. La odiada autodeterminación ahora en el huerto propio, con un hortelano que se limita a decir que no "comparte" la idea pero no aclara qué piensa hacer cuando el PSC oriente su actuación como pretende.
Es el silencio, la ambigüedad, la indeterminación, es decir, la falta de nervio, lo que está lastrando al PSOE hasta tal extremo de desconsuelo que una de las razones que empiezan a oírse para justificar la continuidad de Rubalcaba es que sin Rubalcaba las cosas estarán peor. No lo sé, pero la prolongación de la situación actual es descorazonadora.
Ayer se votó en el Congreso una iniciativa de Izquierda Abierta en pro de la dación en pago. El PP votó en contra. El PSOE se abstuvo. La abstención es lo primero que los políticos afean a los votantes pero, luego, como se ve, la practican ellos. Y disciplinadamente, como cohortes, ningún diputado socialista votó a favor de la dación. Todos se abstuvieron. Todos refugiaron sus conciencias en la abstención que es la confesión de una impotencia, de un fracaso: el de no tener una idea clara de lo acertado o desacertado de una medida que afecta a derechos básicos de cientos de miles de personas y por qué.
Es la falta de nervio.
(La imagen es una captura de un vídeo de EFE,subido a You Tube).


dilluns, 29 d’octubre del 2012

29 de octubre de 2020.

Por fin podemos conmemorar el 29 de octubre por algo más que por la fundación de la Falange tal día como hoy hace 79 años. A partir de ahora se conocerá asimismo como el Día de la patria catalana y también como el grito de Mas.
El 29 de octubre de 1933 José Antonio Primo de Rivera, tercer Marqués de Estella, hijo del dictador Miguel Primo de Rivera, fundó la Falange Española en el madrileño teatro de La Comedia. La comedia terminó en tragedia unos años después. Pero la Falange se mantiene enhiesta como el mástil desde el que se vigila por la prosperidad y la unidad de la Patria. Sobre todo la unidad pues la prosperidad parece ser un asunto del pasado. La sacrosanta unidad. En su nombre exige hoy la Fundación Nacional Francisco Franco la ocupación militar de Cataluña, la detención y procesamiento de Artur Mas. Ya está bien de monsergas y delicadezas democráticas.
¿Se trata de la vertiente española del auge de la extrema derecha en Europa? No está claro; sobre todo porque tampoco lo está que haya tal auge de la extrema derecha en Europa. En Grecia, sin duda. Pero no en otros países. Hacen lo que pueden, sobre todo ruido; se presentan a las elecciones; pero no suelen obtener representación parlamentaria determinante. El Frente Nacional francés, los Auténticos Finlandeses, los distintos movimientos populistas en Holanda, Dinamarca, Austria, neonazis en Alemania se hacen ver, pero no prosperan, al menos por ahora.
Y, sin embargo, es un momento duro. La crisis del capitalismo ha recrudecido la lucha de clases, hasta ahora aletargada por el Estado del bienestar, que se manifiesta a las claras. En España hay una huelga general convocada para el 14 de noviembre que la patronal considera "inoportuna" con sólita unanimidad. En Francia las cien mayores fortunas del pais pugnan porque Hollande retire sus reformas y aplique otras, las de ellos: subida general del impuestos (y no solamente a las grandes fortunas) y más y mayores recortes del gasto público.
En esa recrudescencia de la lucha de clases Artur Mas opta por esquivarla envolviéndose en la cuatribarrada y convocando al pueblo catalán al hecho histórico de la independencia con fecha gloriosa: 29 de octubre de 2020. La Nación, ya se sabe, no conoce de ricos ni pobres sino solamente de hijos dispuestos a dar la vida por ella. ¿Qué importancia tienen unos recortes aquí y allá o la averiguación de los negocios del clan Pujol cuando estamos a punto de sentarnos en Europa de igual a igual con Francia, Alemania, Italia? Esa es la acusación que la izquierda hace a Mas: el recurso al patriotismo para ocultar una mala gestión de gobierno y sobre todo injusta.
Es una opinión compartida por casi todas las demás fuerzas políticas: la independencia es un espantajo que se emplea como medio de presión para conseguir condiciones más ventajosas par Cataluña dentro del Estado. Nadie se toma en serio el discurso de Mas y menos que nadie Rajoy a quien la independencia de Cataluña parece un imposible metafísico. 
Sin embargo la puja independentista ha cobrado nuevos bríos; cuántos es cosa que se averiguará a la vista de los resultados de las próximas elecciones. Estos resultados se darán en un contexto típicamente español por lo extremoso: amenaza de intervención militar vs independencia.

Sobre las elecciones de Galicia y el País Vasco.


Interesante evento pra hacerse una idea de cómo queda la situación en Galicia y el País Vasco después de las últimas elecciones y a la espera de las próximas catalanas.

Entrada libre. Tod@s invitad@s,

Salón de actos del Rectorado de la UNED, Bravo Murillo, 38.- Madrid, 28015.

diumenge, 28 d’octubre del 2012

El cambio, según Rubalcaba de Lampedusa

Rubalcaba ha subido una entrada a su página de Facebook sobre el trigésimo aniversario de la victoria del PSOE en octubre de 1982, lo cual es muy de agradecer porque muestra una voluntad de estar presente en las redes sociales de forma directa, personal, auténtica. Eso lo pretenden todos los políticos, pero no lo consiguen porque, chapados como están a la muy antigua, no tienen espíritu digital, no valoran correctamente la importancia y el impacto de las redes sociales y no las gestionan personalmente sino que lo hacen a través de equipos, de empleados que transmiten la línea oficial del partido o del candidato de modo frío, desganado, oficial que echa para atrás a los internautas. Por supuesto, no a los incondicionales, a los que da igual lo que se les diga, pero sí a los genuinos, los que actúan luego como hacedores de opinión, réplicas de decisiones, etc.
Por supuesto, Rubalcaba no es excepción. Tiene cuenta en Twitter pero es obvio que se la administran otros del partido lo cual es probablemente la práctica más detestada en la red 2.0. Lo mismo le sucede en Facebook, que otros hablan en su nombre. La gente quiere dialogar con el protagonista, no con sus replicantes. Por eso es tanto más de celebrar que, por fin, con motivo del 30 aniversario de la histórica victoria sociata en 1982, se haya decidido a escribir algo de su cosecha y colgarlo en su muro. Esto es lo que la red demanda. Pero no cada treinta años sino cada 30 minutos. Si realmente Rubalcaba se decidiera por hacer política 2.0 de verdad y no fingida, lo tiene muy fácil: le basta con llamar a su compañero de partido, José Antonio Rodríguez Salas, alcalde de Jun, y preguntarle qué hay que hacer para tener uno de los blogs más visitados del país, Alcalde Jun. La respuesta del alcalde, no hay duda, sería la que diera cualquier internatua: si quieres tener eco en la red de redes, tienes que hacértelo tú directamente; los internautas odian los simulacros, las suplantaciones, la falsificación de actitudes. Sin duda las redes consumen tiempo pero si los políticos comprendieran su importancia, se lo dedicarían, restándolo, quizá, de otras actividades rutinarias, de mero boato o sin sentido.
Eso en cuanto a la forma. En cuanto al fondo de la breve pieza rubalcabiana (compuesta de dos párrafos) hay un par de observaciones que hacer. Conmemorar una fecha señalada y aprovechar el momento para colar juicios y actitudes del presente es una vieja práctica perfectamente legítima. Rubalcaba quiere enlazar directamente con el momento de gloria del PSOE en 1982, aparecer como su continuador. Por supuesto, sale el nombre de Felipe González; no así el de Zapatero. En tiempos de Felipe todo era bonanza; en tiempos de Zapatero, descoloque. Rubalcaba rpbustecer el espíritu de los ochenta, pero no puede ocultar que estamos en mitad de una crisis que hace obsoletas las propuestas de solución antes de que se terminen de formular. No obstante, no reconoce explícitamente error alguno y se limita a sostener que la necesidad de cambio viene motivada por el mero paso del tiempo, no porque alguien (por ejemplo, él) se haya equivocado y deba reflexionar.
Todavía más. Termina Rubalcaba su escrito con una propuesta, esto es, "debemos cambiar el PSOE para que siga siendo el PSOE" que no es otra cosa que la enésima reformulación de la archicitadísima fórmula lampedusiana de que algo cambie para que todo siga igual, en un vano intento por conciliar los dos bandos en conflicto: quienes quieren que haya cambios y quienes no quieren ni oír hablar de ellos. No sé si los asesores del Secretario General le habrían advertido de la posibilidad de una lectura de su caso en clave lampedusiana pero el hecho es que el deseo de Rubalcaba de que el PSOE cambie para seguir siendo él mismo, al tiempo que hurta todo debate sobre qué haya sucedido para que sea preciso cambiar, muestra escasa predisposición a escuchar opiniones discrepantes y buscar vías de entendimiento.
 (La imagen es una captura de un vídeo de insoasres2008, subido a You Tube).

La revolución cotidiana.

El 27O fue un exitazo. Con lluvia, con frío, hubo manifestación. Miles de personas otra vez en la calle a decir "No" al gobierno. Y afirman que volverán las veces que haga falta hasta que aquel dimita. No es desagradable perspectiva, aunque se me antoja difícil de conseguir de una gente enrocada en su mayoría absoluta, casi ensimismada al modo orteguiano. Se consolida esta movilización social permanente que ya va para su segundo año y ha destrozado todas las agorerías de pronta crisis, escasa duración, falta de visibilidad. Y, no señor, el movimiento horizontal, espontáneo, organizado en red, sobrevive, se consolida, es una realidad con la que hay que contar y con un notable eco mediático, tanto que, a fuer de conocido, el movimiento empieza a no ser noticia. Es algo tan cotidiano que los periódicos ya no lo dan en portada. Lo darían si hubiera habido violencia.
Pero precisamente ahí está el triunfo incontestable de ayer. La multitud inteligente no se deja arrastrar por los agentes provocadores y su acción sigue siendo muy contundente pero pacífica. Es la victoria sobre la táctica intimidatoria y represiva de la gobernadora Cifuentes. Al comienzo de la jornada la policía reanudó sus tácticas de hostigamiento de parar autobuses con destino a Madrid a fastidiar un poco al pasaje y de molestar a la gente por la calle obligándola a identificarse arbitrariamente. Pero, al poco, cejó en ello y se limitó a estar muy visible en todo el trayecto y presta a cargar si se le daba la orden. La orden no se dio y, por tanto, no hubo violencia. Está bien que la autoridad desista de su actitud de bronca permanente, demuestra sentido común, aunque equivale a una derrota política..
A la par de la manifa de Madrid se dio otra de los yayoflautas en Barcelona. Los abuelos que, por cierto, iban en son de bastante guerra, a la toma de la Generalitat, como el que toma la Bastilla, dan a estas acciones un extraordinario valor simbólico, mucho más allá de lo meramente noticiable de que la tercera edad sea políticamente activa. La confluencia en la calle, además, no se debe solo a un móvil de solidaridad de los viejos con los jóvenes, sino que revela también movilización en interés propio. Los viejos son el segundo sector social, detrás de los jóvenes, en punto a vulnerabilidad ante los ataques del gobierno. El copago, el IVA, las pensiones, todo cae sobre ellos y ahora, tener que compartir su pensión con los nietos. El tercer sector víctima preferente de la vesania represora de la derecha es el de las mujeres, a las que se quisiera ver de  regreso a casa y con la pata quebrada. Acabará habiendo manifas específicas por las agresiones a las mujeres, acabará habiendo feminiflautas.
Al habernos acostumbrado tanto a la presencia cotidiana de este movimiento sin nombre concreto, se nos olvida que tiene una enorme importancia porque supone la irrupción de un actor hasta ahora ausente en un panorama dominado por los partidos políticos y los grupos de presión, las  patronales, la iglesia, la delincuencia organizada. Un actor que insiste en ser apartidista al tiempo que no apolítico, lo cual está cargado de sentido. Es un movimiento político pero no es partidista porque no pretende representar al pueblo ya que sostiene ser ese mismo pueblo. Ese nuevo actor, por tanto, tiene una enorme potencialidad cuanto que se presenta como el pueblo soberano, en cuyo nombre actúan, en teoría, los demás.
Y el pueblo soberano pide claramente la dimisión del gobierno (entiendo que también la del Parlamento) y la convocatoria de un proceso constituyente. El poder responde señalando impertérrito la ley. Eso de la ley es socorrido. Rajoy y el príncipe Felipe la blanden frente al irredentismo catalán. Y la ley no contempla proceso constituyente alguno. Claro. Porque este nunca puede ser un proceso legal sino político, de hecho, en definitiva, ilegal. Es ahí en donde está el punto de conflicto entre el poder y el movimiento. El primero blande la ley; el segundo, la desobediencia civil
A su vez, todo esto también pilla al PSOE ensimismado como, por otro motivo, lo está el PP. El PSOE tampoco escucha la calle, ni siquiera la sigue ni la comprende. Sacudido por su impresionante declive en votos y decisiones de votos, parece haber comenzado un periodo de agitación interna. Será poco probable que haya algún tipo de claridad antes de las elecciones catalanas. Pero si, como anuncian las encuestas, el PSOE obtiene otro revés en Cataluña, la agitación se convertirá en tumulto.  Será muy difícil que la actual dirección se mantenga en los cargos. Tendrá que abrir ese periodo dfe reflexión programática que le pide todo el mundo. 
Si lo hace, lo primero debe ser mirar el movimiento indignado, entenderlo, estudiar sus peticiones y adoptar aquellas que el partido considere compatibles con su ideario o programa, la dación en pago, la reforma del sistema electoral, etc.

dissabte, 27 d’octubre del 2012

En busca de una causa.

Recientemente he visto en Twitter algunos tuits en los que González Pons sostiene que el PSOE es imprescindible para la estabilidad política del Reino y deseando que se recupere pronto porque, creo haberle entendido, si el PSOE desfallece se hace oír la extrema izquierda. Parecen juicios acertados desde un punto de vista conservador y probablemente son sinceros porque, cuando no habla como portavoz del PP, González Pons dice cosas atinadas y muestra tener sentido del humor y hasta poético.
Imprescindible en la vida no hay nada y, por muy necesario que el PSOE sea a la celebrada estabilidad, si se obstina en inmolarse, no habrá modo de evitarlo. Y tampoco será tan grave. Los partidos aparecen y desaparecen. En su lugar probablemente aparecerá otro muy parecido, socialista, reformista, moderado, democrático. Es muy difícil que la llamada extrema izquierda (concepto intuitivo muy poco preciso) llegue a ser un movimiento de masas o una mayoría electoral. Hay una tendencia política muy evidente: cuanto más radical es una posición política, más reducido el número de sus adherentes y menor su impacto social. Por supuesto, hay excepciones, Rusia, China, Cuba, las tres grandes revoluciones del siglo XX. Pero la tendencia general es la otra.
El propio PSOE vive una conmoción interna sobre todo a raíz del fracaso de las últimas elecciones. La peripecia de un Rubalcaba desaparecido y reaparecido 72 horas después de la fiesta a decir que no se iba, niega en sí misma el discurso oficial de la dirección: aquí no pasa nada; es un ciclo electoral; nos repondremos; llegaremos al 2016 en plena forma; dejadnos tiempo; no se tomó Zamora en una hora; hay que cambiar el discurso; necesitamos formular una alternativa creíble; lo cual no se improvisa.
Todo eso de la alternativa, el discurso, la renovación y sus acompañamientos hiperbólicos de conquistar el futuro, realizar el sueño, etc son fórmulas ampulosas y vacías para designar lo que antaño se llamaba una causa, tener una causa y luchar por ella. Ahí está la dificultad. ¿Cuál es hoy la causa del socialismo? Remitirse a los programas añejos no es verosímil porque además estos son incomprensibles actualmente. Definirse a contrario, como viene haciéndose últimamente, no conduce a nada por falta de propuestas positivas. Es un error que comete también parte de la izquierda radical. Definirse en negativo, como anticapitalista, carece de sentido. Anticapitalista es mucha gente de la más diversa procedencia que luego no estará de acuerdo en la organización que se proponga como alternativa.
El programa tiene que ser nuevo, preciso, claro, que pueda explicarse a la gente. Tiene que empezar por reconocer que no hay nada con qué sustituir el capitalismo y que la lucha es por un capitalismo regulado e intervenido frente al postulado del capitalismo salvaje, desregulado que propone el neoliberalismo y la dictadura de los mercados. Demostrar la superioridad de lo primero sobre lo segundo es hoy especialmente fácil a la vista del rotundo fracaso cosechado por el neoliberalismo en forma de la crisis estructural del capitalismo que ha provocado.
La intervención y la regulación del capitalismo, habrán de hacerse de acuerdo con las condiciones actuales y aprovechando la experiencia de la crisis en punto a ciertas enseñanzas como la importancia de la productividad. Su finalidad es restablecer y ampliar el grado de justicia social que se había conseguido con el Estado del bienestar y que el neoliberalismo está desmantelando. La finalidad, obviamente, es el restablecimiento del Estado del bienestar en su conjunto, con la recuperación de los derechos económicos y sociales que se han ido suprimiendo en los últimos años. Y ello teniendo presentes las enseñanzas de las obvias disfunciones de los Estados del bienestar. Pero recordando asimismo que la visión del bienestar como mero gasto improductivo es una opinión ideológica y sesgada de la derecha ya que el bienestar es en su mayor parte inversión y muy rentable, incluso el referido a las clases pasivas, que es fuente de empleo.
La propuesta de intervención y regulación ha de hacerse en el marco real de las condiciones de la crisis. Y su primer punto será que allí en donde se haya empleado dinero público para el rescate y saneamiento de entidas especialmente financieras, la presencia del Estado debe ser acorde con la aportación; es decir, debe haber un sector financiero bajo influencia pública si no directamente público. Las políticas expansivas destinadas a generar empleo se financiarán por la vía fiscal, haciendo tributar la parte proporcionalemte correspondiente a las grandes fortunas y, desde luego a todas las grandes empresas y reprimiendo con eficacia el fraude fiscal persiguiéndolo allí en donde se produce, en las grandes fortunas.
Estos son los datos económicos y sociales de la causa del socialismo: un capitalismo intervenido por los poderes públicos, orientado al pleno empleo, la recuperación de unas relaciones laborales justas y eficacia de los derechos a la educación pública gratuita y la sanidad en iguales términos. Además de ellos, la causa socialista debe incorporar un pronunciamiento claro de izquierda sobre la organización territorial del Estado. La propuesta federal está bien, pero debe completarse, a juicio de Palinuro, con el reconocimiento del derecho de las naciones dentro del Estado a la libre determinación. La planta federal es difícilmente compatible con la Monarquía, de forma que la causa socialista sea netamente republicana, con reclamación de un referéndum para decidir esta siempre postergada cuestión. Por último, debe acometerse de una vez la separación real de la iglesia y el Estado.
Así que la causa socialista es un capitalismo regulado e intervenido en pro de un Estado del bienestar igualitario y redistributivo con un fuerte sector público hecho de servicios, republicano, federal, autodeterminista y laico.
Habrá quien diga que la causa es radical, pero no es cierto; es una causa reformista, pero clara y viable. También habrá quien diga que, sea lo que sea, no es el momento. Lo llevamos oyendo más de treinta años a propósito de la disyuntiva Monarquía República. Unas veces porque las cosas van bien y otras porque van mal. Precisamente ahora que van rematadamente mal, que el edificio político, económico, social y territorial de la transición amenaza con derrumbarse, quizá sea momento de acometer reformas en profundidad.
(La imagen es una captura de un vídeo del PSOE para las elecciones de 20N 2011, colgado en You Tube).

divendres, 26 d’octubre del 2012

Nos merecemos este sujeto.

Se pasó la campaña electoral engranando mentiras una tras otra. Todo lo que decía eran mentiras. Lo hacía deliberadamente porque, siendo tan desesperada la situación de los españoles daba por supuesto, con razón, que no se detendrían a examinar de cerca la veracidad y sinceridad de lo que decía Por lo tanto, la interesaba seguir mintiendo porque con ello, le diría su asesor en asuntos de este jaez, Arriola, ganaría las elecciones. Y como, dada su falta de dignidad, solo le interesaba gobernar, su discurso entero no era mas que una gran mentira. Por eso no daba ruedas de prensa ni contestaba preguntas, para que no le pillaran en sus embustes y engaños. Solo se entendía con empresas de la misma catadura moral que él, como El Mundo, otra fábrica de mentiras.
Tanto Rajoy como El Mundo creen que el fin justifica los medios, como los jesuitas y los criminales y, habiendo conseguido aquel, tanto les da el resto. Por eso cuando, ya presidente del gobierno, alguien le preguntó por su reino del embuste, el menda ya no tuvo empacho en reconocer que sí, que estaba haciendo lo contrario de lo que había dicho y que estaba dispuesto a seguir haciéndolo.
La declaración de un felón indigno, de un embustero redomado, un sujeto carente de todo principio moral y de toda vergüenza.
¿Es necesaria más prueba que esa repugnante portada en la que se aprovecha la desgracia colectiva de los españoles para mentir más, sacar partido personal y hacer demagogia?
La ventaja de estos individuos cuyo único rasgo es el más indecente egoísmo es que, cuando por fin se destapan sus engaños suele haber pasado el tiempo, ellos han obtenido lo que querían y la cosa no tiene ya arreglo.
Pero queda el juicio moral y la opinión de sus coetáneos a la que estos personajes no prestan atención, pero tiene su importancia porque ayuda mucho a definir la impresión que dejarás para la historia. Así que preocupado por este asunto, dejó aquí la mía: a un año de gobierno de Rajoy el paro no solo no ha bajado sino que ha alcanzado un techo histórico, antes nunca visto, del 25% de la fuerza de trabajo, cerca de 6 millones de parados. Y, quede claro, ello no es producto de una fuerza mayor, un resultado no querido de una acción bien intencionada, una sorpresa que nadie esperaba; no. Rajoy lo sabía perfectamente. Cuando se hizo esa foto, sabía que las medidas que iba a aplicar incrementarían el paro. Pero no le interesaba decirlo porque, en tal caso, no lo votarían. Por eso mintió, para engañar a la gente y poder dejarla después en el paro, que era lo que quería desde el principio porque sabía que, si conseguía aumentar el desempleo, sería más fácil a continuación rebajar los salarios de los trabajadores, que es suj objetivo último.
Esta mentira no es un delito -de momento- y por tanto no se puede procesar penalmente a este individuo. Pero es una inmoralidad sin límite y una granujería.
Se decía más arriba que bastaba con la primera foto pero, luego, he podido ver que había una segunda todavía más asquerosa que la primera por las mismas fechas y perpetrada por el mismo pasquín, El Mundo, cómo no,  así que ahí la dejo.
Es menuda la promesa que hace en ella este embustero empedernido: "Arreglaremos la economía en dos años": ha pasado uno y estamos en la ruina, teniendo todos los indicadores en rojo y sufriendo todas los desastres de este caos económico internacional, en manos de un dirigente que no tiene ni idea de qué pueda hacer y que se rodea de un consejo de ministros cada uno de los cuales es peor que él, más soberbio, más estúpido, más chulo, más pedante...Y ahora vienen estos inútiles a decir que el segundo año será peor que el primero. No solamente no arreglan nada sino que seguirán expoliando el país, arruinando a sus habitantes, estafando a todo el mundo, echando a la gente de sus casas, robando el futuro a la juventud, robando el dinero a los pensionistas y abandonando a su suerte a los dependientes (o, aun más indigno) tratando de hacer negocios con ellos.
Pues bien, este individuo y los suyos obtuvieron mayoría absoluta en las últimas elecciones porque la gente  a la que venían a arruinar, explotar, machacar y reprimir los ha votado.

Crisis... de legitimidad.

La crisis sempiterna suele verse como algo económico, incluso etéreamente financiero. Tantos miles de millones de euros de unos recortes, tantos centenares de miles de millones de unos rescates. Pero todo eso sucede en un medio, el de la vida colectiva, en el que la crisis ha tenido un impacto tremendo, abriendo un proceso de confrontación, de conflicto social que ha roto los consensos básicos, la legitimidad del sistema en su conjunto. Los principios mismos sobre los que se basaba aquella están quebrando o han quebrado ya ante la brutalidad neoliberal. Y lo hacen a la vista de todos, a la luz pública:
  • La igualdad, piedra angular de la democracia, ha sucumbido a las más ostentosas e injustas desigualdades, diferencias salariales astronómicas, beneficios ilimitados, rentas disparatadas, el lujo y boato de los ricos frente a las necesidades de los pobres, los trabajadores y las debilidades de las clases medias.
  • La justicia brilla por su abitrariedad. Raramente se procesa y condena a los ricos y, si sucede, tienen condiciones penitenciarias favorables y el poder político los indulta sin más tardanza. Los tribunales se ceban en los pobres. Quinientos desahucios diarios es cantidad que no requiere mucho comentario.
  • Las libertades cada vez más restringidas por el poder, empezando por la libertad de expresión y su correlato de derecho a la información, crecientemente acosados por la autoridad so capa del orden público. La libertad de manifestación y reunión, la libertad de comunicación en la red, todo molesta a las autoridades españolas que tratan de restringirlas o negarlas empleando eufemismos estúpidos.
  • La seguridad jurídica de los ciudadanos no se respeta. No se trata solamente de que la autoridad gubernativa actúe arbitrariamente, multando a la gente a voleo o denunciándola porque sí, que ya es bastante barbarie. Se trata de la propia autoridad legislativa que no respeta derechos legalmente adquiridos y ejercidos, como los de los funcionarios, los jubilados, los trabajadores, etc. Crea así el Gobierno mismo, con sus agresiones y expolios injustos una situación de incertidumbre y de temor que rompe el principio hobbesiano del orden social y provoca esta crisis de legitimidad.
A este elenco de penas es preciso añadir el toque específicamente español de los conflictos territoriales. La crisis de legitimidad afecta incluso al concepto mismo de nación, lo que enciende las pasiones más extremas. El hecho de que sean las tres derechas nacionalistas -la española, la vasca y la catalana- las que gobiernen los vértices del triángulo del conflicto permite augurar en principio más conflicto y más enfrentamiento, lo que no es cómodo.
Está claro que el PP solo no puede con la tarea, aunque el espíritu del gobierno sea de sostenella y no enmendalla porque, al identificar, como siempre, los intereses de su partido con los generales, cree llagada la hora de destruir a su adversario aunque sea a costa de hundir el país por el que, en el fondo, no siente especial aprecio por más rebuznos patrióticos que suelte.
Hace falta, al parecer, la ayuda del PSOE y este lleva ocho meses loco por darla porque, de aceptarse, vindicaría de golpe el criterio de Rubalcaba de pactar frente a ataques cada vez más frecuentes de sus propias filas. Pero el gobierno la desprecia, lo que hace imposible todo acuerdo y deja a Rubalcaba en muy mal lugar ante los suyos, en concreto el de una oposición ninguneada, puesto que no hay alternativa. No hay alternativa para la izquierda parlamentaria en una situación en que el gobierno tiene una mayoría absoluta holgada que le permite hacer literalmente lo que le viene en gana. Y lo hace.
No hay alternativa porque esta solo puede ser la revolución en la que no piensa nadie en la izquierda salvo grupos de escaso eco popular. La única posibilidad es seguir ofertando pacto de Estado, en el entendimiento de que, con él, el PSOE se juega su supervivencia al menos como lo conocemos hoy. Pero lo hace en complimiento de esa afirmación frecuentemente formulada de que es necesario que los partidos antepongan de verdad los intereses generales a los suyos como partidos que solo reza para él y nunca para la derecha. Eso es lo que, aunque con distinta intensidad, vienen a pedir tres muy buenos artículos publicados en El País en los últimos días, sobre las posibilidades del PSOE en estos momentos: que el hoy partido de la oposición tenga sentido de Estado. Son el de Fernando García Selgas, el de Félix de Azúa y el de Ignacio Sánchez Cuenca.
Y así debe ser: frente a la irresponsabilidad de la derecha, carente de programa, de proyecto de recuperación del país y solo interesada en exprimir en provecho propio las posibilidades de este, la izquierda tiene que ser consciente de las obligaciones que impone ls situación de emergencia provocada por el desastre económico-financiero y actuar de forma que contenga la crisis de legitimidad. Y el sacrificio que se le exige es doble porque, la disposición a colaborar en la tarea común con un compadre tan ruin y tramposo como la derecha española no exime al PSOE de actuar con criterio exigente de oposición en todo lo demás. La primera parte la ha cumplido con creces; con la segunda, ni ha empezado y no será la actual dirección, adocenada, desvencijada y acomodada a una rutina institucional que provoca el rechazo ciudadano por caduca y corrupta, la que lo haga 
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

dijous, 25 d’octubre del 2012

Dos discursos

España tiene un lío territorial fenomenal. Y no de ahora. De hace años. Siglos, quizá. Un lío que unas generaciones pasan a otras como un deber cívico-religioso, como la peregrinación a La Meca. Un lío que todas las generaciones tienen que desenredar, les guste o no les guste porque es muy de ver cómo una de la formas propuestas para desenredar el lío consiste en decir que no hay lío pues no es sino una invención del nacionalismo, como si el nacionalismo fuera un ente alienígeno que invadiera un territorio parte de la Patria, al modo como lo hace la langosta o las termitas, cuando el lío es precisamente el nacionalismo y no solo el sedicentemente periférico sino todo él; el español, el primero.
El discurso de Aznar en la entrega del premio FAES a la Libertad a Vargas Llosa ha sido un ejercicio de nacionalismo español en pie de guerra. Se acabaron las contemplaciones. Aquí no se independiza nadie y quien lo intente, que se atenga a las consecuencias, una de las cuales será la fragmentación de su territorio. No es frecuente esta aseveración tratándose de Cataluña, pero se hace muy visible en el País Vasco en una hipotética situación en que Guipúzcoa y Vizcaya se declararan independientes pero Álava no. Situación interesante pero no ahora pues Aznar ni considera la posibilidad. De independencia, nada. El nacionalismo es aleve, desleal, traidor y, por tanto, corresponde una reforma del Estado para desnacionalizarlo catalán y renacionalizarlo español. La españolización de los niños catalanes de Wert con algo más de fanfarria.
El deseo de Aznar es legítimo, desde luego, pero no necesariamente aceptable, ni siquiera racional. Su base es negar el derecho de los nacionalismos a alcanzar su objetivo último, en el fondo, a existir. Y eso es injusto, como lo sería que alguien negara al muy obvio nacionalismo español de Aznar el derecho a existir, lo cual no debe confundirse con el derecho a imponerse, que no es lo mismo, aunque la derecha de Aznar así lo piense.
Sé que no es grato tener la nación de uno perpetuamente cuestionada en su legitimidad y entiendo la irritación de la derecha al comprobar que parte de la izquierda no secunda su discurso nacionalista español. Sería bueno que la derecha entendiera la razón de la actitud de la izquierda. Es muy sencilla. Se basa en la definición de nación que hace el fundador del conservadurismo, Edmund Burke: una nación es un pacto entre los muertos, los vivos y los que están por nacer. De acuerdo. El problema es que parte importante de los muertos españoles no pueden pactar nada porque nadie sabe en dónde yacen, enterrados en fosas comunes por sus asesinos que a continuación impusieron su concepto de nación mancada -y siguen haciéndolo- a los vencidos y asesinados. Y mientras esto sea así y no se reconozca el derecho de los cientos de miles de compatriotas asesinados a la rehabilitación plena, la nación española estará tarada por un sesgo de partido inaceptable para muchísima gente.


A su vez, mucha de esa muchísima gente está en la izquierda. No toda. También hay gente que lucha por la memoria histórica y no es de izquierda y gente de izquierda, incluso en el PSOE, que no es partidaria de la memoria histórica. Da la impresión, a juzgar por el giro conservador que ha dado el socialismo desde la elección de Rubalcaba, de que hasta se opone a ella. Son los mismos -y es lógico pues lo hacen con el Secretario General a la cabeza- que han convertido por la vía de hecho el PSOE en un partido dinástico con dejación de la reivindicación republicana. Por si fuera poco, el lío territorial quiebra la unidad del PSC en un sector catalanista y otro españolista. Ello prueba que el nacionalismo no es una invención o un capricho de algunos desalmados para fastidiar a Aznar, sino un sentimiento profundo que anida en el espíritu de muchos catalanes con el mismo, exactamente el mismo, derecho con que otro similar anida en el pecho de muchos españoles pero hacia otra nación.
Esa indeterminación del PSOE en relación al lío territorial es uno de sus handicaps en su juego electoral. Tiene razón Aznar cuando desprecia las ofertas federales sosteniendo que ni quienes las proponen saben definirlas. Es justamente el caso de la propuesta federalista del PSOE, tan concreta en su diseño como el Reino del Preste Juan. El otro handicap es el de su aún muy reciente tarea de gobierno según pautas neoliberales en poco distintas de las de la derecha, lo cual resta a su candidato todo el crédito ya que fue ministro de aquellos gobiernos, como también lo había sido en los del ya mítico Felipe González.
Comparece, pues, a regañadientes, el secretario general Pérez Rubalcaba, en busca del crédito perdido, como Katharina Blum buscaba su honor también perdido, y formula un discurso perfectamente legítimo, como el de Aznar en lo suyo. Hace ocho meses sus compañeros le confiaron un mandato de cuatro años y piensa cumplirlo pues es partidario de que los mandatos se cumplan. Y es sincero. Pero que sea sincero no quiere decir que sea racional, quizá ni siquiera ético.  
Veamos. No es solamente del descalabro electoral del PSOE en Galicia y el País Vasco de lo que debe hablar Rubalcaba  ya que este no es causa en sí mismo sino efecto de otras causas. El dicho descalabro es un indicador de hasta dónde llega de momento el hundimiento del PSOE en el aprecio público, cosa perfectamente conocida a fuer de medida en encuestas, sondeos y barómetros. El personal no confía en Rubalcaba en una proporción del 85% y la intención de voto del PSOE sigue a la baja espectacularmente. Son esos ocho meses de oposición "responsable", muy parecida a una ausencia de oposición los que dan los resultados gallegos y vascos. En esas condiciones medio partido le pide -muy en abstracto, que la disciplina es un punto, sobre todo cuando ha de significarse uno criticando al jefe- que "haga algo", "algo contundente", "un giro substancial" y otros eufemismos. Y lo que hace es salir diciendo que va a agotar los cuatro años haciendo lo mismo.
Dentro de un mes hay elecciones en Cataluña. Si los resultados del PSC son tan desastrosos como estos dos redoblará la presión sobre el hombre tranquilo para que haga algo más y volverá a negarse sosteniendo que las cosas van bien, que las cosechas llevan su tiempo. ¿Y si no es así? ¿Si la mies cae en tierra pedregosa, si el tumulto político agosta las plantas al germinar? Pues entonces habrá que convocar un congreso, unas primarias y elegir un candidato a la presidencia del gobierno a quien quizá no conozca nadie (como casi nadie conocía a Zapatero) y poquísimo tiempo para fajarse en  la lucha. Una fórmula fantástica para perder las elecciones.