dimecres, 1 d’agost del 2012

Las taifas autonómicas.

NB: como todos los primeros de mes, he cambiado la ilustración del blog, pero blogger tiene un comporgtamiento extraño. He tenido que cambiar la configuración general porque me había desactivado la otra sin avisar. No me deja mover de sitio el título del blog y ha cambiado también el html asimismo sin avisar. No sé cuándo podré resolver el problema.



A raíz del plante de varias Comunidades Autónomas a Montoro ayer en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, Palinuro subió una entrada hablando de las típicas taifas españolas, prueba del carácter indómito de la raza en pequeñas porciones. Respira algo de fatalismo y resignación. ¿Para qué vamos a repetirnos? Aquí está, se titula Las nuevas taifas y en ella se habla también de nacionalismo. Quizá quepa ahora una consideración más amplia.
Cuando uno de los problemas principales de la angustiosa situación española es la desconfianza en los mercados acerca de que el gobierno pueda encarrilar las Comunidades Autónomas en sus objetivos de déficit, obviamente lo peor que puede hacerse es alimentar dicha desconfianza con encontronazos como el de ayer. Cataluña no compareció; Andalucía abandonó la mesa; Asturias y Canarias votaron en contra de los planes de Montoro. Teniendo en cuenta que estos afectan muy relativamente al País Vasco y a Navarra, resulta que el gobierno, de hecho, no gobierna en algunas de las partes más importantes del país, excluida la Comunidad de Madrid. 
Ese enfrentamiento es un error para los intereses colectivos y seguramente se verá hoy en la prima de riesgo. Demuestra, además, que no parece haber clara idea en España acerca de qué sean los "intereses colectivos". Es fácil echar las culpas a las CCAA y en buena parte será justo hacerlo. La última decisión de la Generalitat es casi una provocación al gobierno central... en las espaldas de los sectores más desfavorecidos de la población. Los otros contestatarios pueden tener intenciones más o menos fundadas pero lo cierto es que no acatan la voluntad del gobierno central. A su vez este tiene la mayor parte de responsabilidad puesto que es quien planea los cambios, las medidas, las restricciones, los sacrificios, era de esperar de él que los consensuara en la medida de lo posible en lugar de pretender imponerlos por las bravas. Pero es lo que el gobierno hace, fiado en su mayoría absoluta. Lo hace continuamente. Se lo hace a algunos dirigentes sociales, como los sindicatos o a los otros partidos políticos, con los que no negocia nada, o las instituciones como el Parlamento, que puentea sistemáticamente. Se le nota demasiado su animadversión a la descentralización política y no la respeta. ¿No es Aguirre la primera abanderada de una aspiración a revisar el modelo autonómico? En la neolengua conservadora revisar quiere decir reducir o eliminar. 
Es decir: no son solamente los pertinaces e inquietos nacionalismos llamados periféricos los que cuestionan la planta territorial de España y no nos dejan vivir en paz con su reiterada petición de independencia. También lo hace el nacionalismo español que pretende retrotraer el modelo a una planta centralista. Así que reinos taifas, pero todos; el gobierno central, también, pues actúa como uno de ellos, reuniendo a sus mesnadas para obligar a las taifas infieles a pagar tributo y sometimiento. 
La situación es muy enrevesada y, de no tratarse de un asunto tan grave, un poquito ridícula. Apenas es creíble que el gobierno central no pueda actuar coordinadamente con sus regiones (naciones, nacionalidades, etc) pero no hay duda de que esa impotencia tiene un precio muy alto en la cotización exterior de España, de la que el Reino depende más que Arabia del petróleo. Cualquiera exclamaría que la situación es absurda porque los españoles tiramos piedras contra nuestro tejado. Muy bien, parece que es una fijación nacional: antes de ponernos a hacer algo nos aseguramos de que no estamos de acuerdo en nada.
Resulta desmoralizador recordar que hasta aquí hemos llegado por no haber sabido dotarnos de unas instituciones adecuadas para canalizar los conflictos que se dan en toda sociedad compleja y plural. El ejemplo clásico, ya se sabe, y muy oportuno, es el Senado. La conciencia general lo reputa inútil y la propia cámara así se considera a sí misma. Pero ¿por qué es inútil? Porque no supimos hacerlo bien. El Senado es una segunda cámara legislativa que reproduce el Congreso pero supeditada a él. Es decir, nada. Al ser el Congreso la cámara importante, los partidos nacionalistas tratan de estar en ella, avisadamente, y abandonan el Senado a su suerte, con lo cual se distorsiona la política del Congreso y se anula de hecho el Senado. Si este fuera en realidad una cámara representativa o delegada de las Comunidades Autónomas, en lugar de ser una representación de las provincias, y si tuviera competencias exclusivas en determinadas materias de interés de las CCAA que prevalecieran sobre las del Congreso, el Senado sería una cámara políticamente eficaz. En ella se dirimirían los asuntos de las CCAA como tales. De ese modo entes como ese CPFF no tendrían razón de ser o serían comisiones del Senado ya que las decisiones importantes para las CCAA se tomarían en este.  Y mucho manos admisibles serían esas negociaciones bilaterales que muchos prefieren, en determinadas circunstancias, para someter a chantaje al Estado o a la Comunidad Autónoma, según quién necesite a quién. 
En fin, todo esto son bienintencionadas especulaciones. El llamado Estado autonómico seguirá siendo un ámbito de conflicto interno en España; no de coordinación y mucho menos de colaboración. La culpa, en el fondo, es de todos.
(La imagen es una foto de Wilfredor, bajo licencia GNU documentación libre).

dimarts, 31 de juliol del 2012

Las nuevas taifas


Con la falta de sinceridad y honestidad intelectual que lo caracteriza, Rajoy ha intentado culpar de la crisis a todo el mundo menos a él mismo y su desgobierno. Ha culpado a Zapatero, a la coyuntura internacional, al Banco Central Europeo y ahora lleva una temporada cargando contra la Comunidades Autónomas, a las que culpa de un déficit desbocado y a las que pretende disciplinar de modo cuartelario.
El discurso antiautonómico concita aplauso muy generalizado. En principio, la derecha está en contra de toda descentralización, en la que dice ver un primer paso hacia la desmembración de España. En la izquierda hay un sector jacobino importante que vincula la descentralización española a la tradición austracista, ruinosa para nuestro país y le gustaría ver aplicado el centralismo napoleónico. Por tanto, tirar contra las CCAA es siempre muy rentable y gana muchas simpatías.
Incluidas las extranjeras que sin entender gran cosa de la idiosincrasia española sí perciben que el gobierno central no controla del todo las díscolas autonomías y traduce ese temor en desconfianza acerca de la descentralización.
El régimen autonómico se implantó en su día -es algo trillado a fuer de sabido- para dar satisfacción a las persistentes demandas de autogobierno de Cataluña, el País Vasco y, en menor medida, Galicia, sin crear agravios comparativos a base de la teoría del "café para todos". Como era de suponer, no funcionó y ha dado lugar a una situación de victimismo nacionalista permanente y un cuestionamiento perpetuo de la planta territorial del Estado.
Pero eso no es ahora lo esencial. Prima facie tiene razón Cosme Modolell quien, en su magnífico blog, Notas diversas tiene una entrada del 12 de julio de 2012, titulada El problema es el nacionalismo, no las autonomías que expone muy bien la situación. Lo malo es que esta situación es muy complicada y resbaladiza. Claro que el nacionalismo tiene una considerable parte de culpa en el desbarajuste español por su falta de lealtad a un proyecto colectivo. Pero eso afecta a todos los nacionalismos, en primer lugar, al español, que es el más insoportable, insolidario y fraccionador.
Además, nos pongamos como nos pongamos, con o sin nacionalismo, la descentralización en España presenta de siempre una peligrosa tendencia al fraccionalismo de los reinos Taifas. Y en esto, los adalides son precisamente las derechas cuyo comportamiento al frente de las CCAA que administran es prepotente, disparatado, despilfarrador, enchufista, clientelar, caciquil y muchas veces corrupto. ¿Pues no es cierto que las mismas CCAA que gobernaba el PP son las que ocultaron a los gobiernos españoles (el del PSOE y el del PP) la cuantía real de sus déficit? ¿No es cierto que Camps se condujo como un sátrapa en su territorio y esquilmó la Comunidad Valenciana y arruinó a sus habitantes? ¿No lo es que Esperanza Aguirre cree que Madrid es su feudo y el de sus amigos y parientes, no da explicaciones de sus actos, hace lo que le viene en gana, gobierna con absoluta opacidad y, encima, se permite dirigir acerbas críticas al modelo autonómico español?
Montoro se ha encontrado una sublevación de las CCAA a sus planes de austeridad. Desde luego que la resurrección de las sempiternas taifas es un desastre. Pero más desastre es pretender gobernarlas a golpe de fusta, decreto, Gleichschalgtung hitleriana y, encima, con absoluta incompetencia.
(La imagen es una foto de Miguel MTN en el public domain).

Las bocas inútiles.

Es un estado de emergencia nacional. Por fin se alcanza la situación a todas las fuerzas políticas en la hora veinticinco, como Tomás con las heridas de Cristo. Si no se dan de bruces con la realidad siguen teniendo una idea de esta completamente ilusoria. Cuando Zapatero regresó de Bruselas aquella fatídica noche de mayo de 2010, demudada la color, repentinamente aterrizado en la cruda realidad, los demás, en lugar de entender la situación, descubrieron un flanco más por donde atacarlo sin darle cuartel. La derecha decía ser responsable nata de las políticas de derecha y, por lo tanto, el usurpador Zapatero debía dejar un puesto en el que no daba la talla a quien sí la daba. La izquierda sostenía que la socialdemocracia española se había quitado por fin la careta y mostrado ser lo que era: la fiel aliada del capitalismo neoliberal, con lo cual la única izquierda digna de tal nombre era la que estuviera a la izquierda de la socialdemocracia. Ninguno de los dos percibió la gravedad de la situación. Sus intereses de partido no se lo permitían.
Desde las formulaciones teóricas del neoliberalismo en los años 70 y sobre todo 80 del siglo XX, la hegemonía ideológica conservadora en Occidente ha sido un hecho. El discurso contrario al Estado del bienestar tenía dos rostros pero una sola cabeza. El rostro neoliberal atacaba el Estado del bienestar con criterios económicos, de eficiencia y pura sostenibilidad del modelo. El rostro conservador lo hacía con criterios morales que rechazaban el "falso igualitarismo", la promiscuidad, el relativismo. Las dos caras estaban coronadas por la pedrería victoriana: el orden moral de la sociedad es que cada cual se valga por sí mismo en un contexto de juego limpio. El delito y la pobreza son sinónimos. Los pobres son malos o vagos. Y todo otro discurso de redistribución y justicia social es producto del camino de servidumbre (Hayek) y la envidia igualitaria (Fernández de la Mora). Por cierto, uno de los dos artículos sobre la igualdad publicados en los ochenta en El Faro de Vigo por un joven Rajoy era un comentario al libro de Fernández de la Mora que acababa de publicarse. El discipulo del olvidado maestro está hoy en poder.
La decisión de impago de la Generalitat catalana pone las cosas en sus justos términos. Ya no es hora de más palabras sino de hechos. Y en estos los neoliberales no se andan por las ramas. Si hay que destruir el Estado del bienestar, se empieza por atacar sus partes más débiles, como manda toda estrategia militar, esto es, los enfermos, los niños, las mujeres, los parados, los pensionistas, los dependientes, en resumen, Las bocas inútiles, de Simone de Beauvoir, que dramatizaba un episodio normal en los asedios de ciudades durante las interminables guerras europeas. Las bocas inútiles eran las primeras que se sacrificaban en vistas a prepararse para resistir un largo sitio. No paramos a dar cuenta de los problemas morales de estas decisiones. Basta con señalar que, al plantearse, al hacerlo un gobierno se está reconociendo que la situación es, en efecto, de estado de emergencia.
Una situación con un conflicto económico, político y moral cada vez más explosivo. Desde el comienzo de la crisis la gente ha ido tomando indignada conciencia de dos fenómenos antagónicos y contradictorios. El fenómeno "a" es una crisis incomprensible, imprevisible pero extraordinariamente grave, que puede atacar las bases de nuestra sociedad y para cuya solución se arbitran medidas de austeridad drástica que exigen sacrificios y angustias a millones de gente de abajo; el fenómeno "b" es el hecho de que los sectores causantes de la crisis están beneficiándose de las medidas públicas de rescate y que, además, los delegados ejecutivos y dirigentes individuales que arruinaron sus empresas se llevan compensaciones, pluses, primas, estratosféricos que son un insulto para los millones de parados, de precarios, de mileuristas.
El escándalo de las retribuciones no merecidas de los altos cargos se ha contagiado al que provocan los privilegios de los políticos, otro tema de sensibilidad subida. Es una prueba, además de la eficacia de la ciberpolítica y el poder de las redes. Al principio sus señorías no se dieron por enterados y, por último, el PSOE ha pedido ya a sus antiguos altos cargos que renuncien a la remuneración por cese porque es indefendible. Igual de irritante resulta ser que 63 diputados estén cobrando dietas de desplazamiento ilícitas, pues residen en Madrid de hecho y de derecho. También aquí hubo orden de dar la callada por respuesta pero el ruido de las redes es tal que también ha abierto un frente. De nuevo un diputado socialista, Odón Elorza, ha pedido que los diputados renuncien a esas dietas.  Todo esto está muy bien y demuestra que, aunque tarde, los políticos comienzan a reaccionar a la vista del peligro. Si de verdad quieren un reconocimiento público por su actitud, ya solo falta que el señor presidente del gobierno, explique solemnemente en sede parlamentaria cuánto cobra al mes. Hay rumores de que está ingresando por tres conceptos, como presidente del gobierno, como presidente del PP y como registrador de la propiedad en excedencia. Es incomprensible que todavía no se haya aclarado está situación y que ningún diputado haya hecho una pregunta directa al gobierno en este sentido. Es incomprensible e intolerable que el país no sepa cuánto cobra el presidente del gobierno porque este se niega a desvelarlo.
La moralización de la vida pública en la España de la picaresca, con una clase política en buena medida pendiente de los tribunales de justicia, es una necesidad perentoria y tan importante de acometer como las medidas económicas para salir de la crisis. So pena de que se extienda un espíritu populista, antipolítico, fascista.
Y otro día hablamos de las Comunidades Autónomas.

dilluns, 30 de juliol del 2012

Luces y sombras de una gran coalición.


Un magnífico artículo Manuel Sanchís en El País de hoy, titulado Un gran coalición para salvar el euro aboga por lo que dice su título: una gran coalición entre (por lo menos) los dos partidos dinásticos con el fin de vencer la crisis y salir del euro. La finalidad es encomiable; el medio propuesto, factible; las razones, muy convincentes. Y, sin embargo, Palinuro cree que sobre no ser necesaria, esa gra coalición sería un error.
No la precisa el gobierno que, con su holgada mayoría absoluta tiene asegurado llegar al término de la legislatura, aunque sea haciendo y diciendo las tonterías que dice y hace. Tampoco le conviene al PSOE -si bien da la impresión de ser lo que Rubalcaba busca desesperadamente- quien apenas tendrá voz en ese gobierno y aparecerá vinculado a la intención ultrarreaccionaria y oscurantista de la derecha montaraz española. Igualmente no interesa a los partidos minoritarios, cuya posibilidad de negociar contrapartidas a cambio de un apoyo innecesario es mínima. Por último, no le conviene al país. Este ha aguantado ya ocho meses de gobierno despótico, ruinoso e incompetente. No le hacen falta otros experimentos para saber que lo que resta será igual o peor y no podrá recurrir a alternativa alguna porque la oposición está de coalición con el gobierno. Finalmente, no le interesa a la emocracia. Como sistema de gobierno, esta necesita una oposición fuerte y clara y no un pandemónium de soluciones de compromiso, inventadas, improvisadas, que no resuelvan los problemas sino que los oculten.
Pero hay más. Con la mejor intención del mundo, sin duda, los casi ocho años de gobierno Zapatero han dejado una herencia envenenada pero no para el PP sino para el PSOE. Zapatero fracasó frente a la crisis en el momento en que (mayo de 2010) decidió girar 180º y apuntarse a las políticas neoliberales. Dijo entonces que eso le costaría las elecciones y así fue. Lo que no dijo -probablemente ni lo imaginaba- es que iba a dejar a su sucesor en una situación imposible. Seguir con las políticas de Zapatero equivalía a supeditar por entero al PSOE al PP, hacerle perder su perfil propio y dar pábulo a la idea de que el PP y el PSOE son la misma mierda, que tan desmovilizadora fue el 20N. Pero enfrentarse a esas políticas no es creíble porque el PSOE tuvo siete años para practicarlas y no hizo nada. ¿Por qué iba a hacerlo ahora? Zapatero falló a sus votantes. No es necesario que también lo haga el PSOE en pleno.
La gran coalición interesa -y mucho- al PP. Otra cosa es que Rajoy lo vea pues no es el hombre especialmente listo. A quien no interesa nada es al PSOE, aunque puede que sí a Rubalcaba en su intención de afianzar una imagen de estadista. Esto tampoco le saldrá, dado que la gestión de la crisis por la derecha es tan absurda, injusta y desigual que, mientras la dirección suplica un pacto o acuerdo con el gobierno, los militantes y los electores, claramente escorados a la izquierda no no quieren oír hablar de ella y prefieren un gobierno de alianza de la izquierda.
Es un momento delicado en la historia del socialismo español: o este encuentra una posición propia y, (ello sería lo ideal) encabeza un movimiento europeo de articulación de una política socialdemócrata claramente diferenciada del neoliberalismo que permita salir de la crisis y reconstruir el Estado del bienestar o puede quedarse fuera del poder durante largo tiempo.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

Las tres desgracias

Se habían citado en una elegante peluquería del centro para darse unas mechas e ir luego a picar algo por ahí para charlar un rato, intercambiar impresiones antes de la desbandanda del verano. Eran Esperanza Aguirre, Ana Botella y María Dolores Cospedal, las tres mujeres más poderosas del PP no integrantes del gobierno. Palinuro no se perdió el encuentro y, dada su habilidad para camuflarse, asistió a él, unas veces disfrazado de espejo, otra de barra de bar de copete.
Aguirre. ¡Qué año! Tenemos el pueblo soliviantado.
Cospedal. Sí y la policía no actúa como debiera. Tenéis que hablar con Cristina.
Botella. La pobre no da abasto. 2000 manifestaciones en Madrid.
Aguirre. Son todos liberados. Si se acabara con esa mamandurria...
Cospedal. No sería suficiente. Hay que acabar también con los interinos.
Botella. Sí.¡Qué peste! ¿Cuántos tenéis vosotras?
Aguirre. Haya los que haya, son demasiados y, dado que no podemos eliminar funcionarios...
Cospedal. Hay que cambiar la ley de una vez por todas. Los peores son los funcionarios. Como están seguros en sus puestos, andan siempre protestando.
Botella. Claro. Por eso proponen los empresarios que también se pueda despedir a los funcionarios. Sobre todo ahora que, con la reforma laboral, se puede despedir gratis. Ya era hora. ¿Cuántos tienes tú, Esperanza?
Aguirre. Como los interinos: demasiados y siempre protestando, cuando son la verdadera causa de nuestro déficit.
Cospedal. ¡Ah! ¿Ya sabes cuánto déficit tienes?
Aguirre. Muy graciosa, Loli. Pero la verdad es que tenemos el enemigo metido en casa: liberados, interinos, funcionarios. Socavan nuestra autoridad y los valores que defendemos. La autoridad, el respeto, la disciplina, el orden. ¡Y mientras tanto, teniendo que colocar a nuestros parientes con cuentagotas!
Botella. Lo socavan y lo ponen todo perdido.
Cospedal. Tienes razón, Esperanza: no se puede consentir que se apropien espacios públicos. Ahí están otra vez en Sol, haciendo el ganso.
Botella. Es verdad. Es como las prostitutas en Madrid. No se puede consentir que se apropien espacios públicos para su... negocio.
Aguirre. Lo que hay que hacer es no darles motivos. Mariano lo está haciendo fatal.
Botella. ¡Ah, no! De eso ni hablar. Mariano está haciéndolo de cine. Y no digamos ya Alberto.
Cospedal. Sí, sí, yo creo que el jefe va bien orientado. Las medidas desagradables, al principio. Luego, tenemos tres años para recolectar lo sembrado.
Aguirre. Hostias es lo que vamos a recolectar como sigamos así.
Botella. Por favor, Esperanza, modera tu lenguaje.
Aguirre. Hostias; os lo digo yo. ¿Habéis visto la última encuesta de El País?
Cospedal. Las encuestas las hace todas el PSOE.
Botella. ¿Cómo lo sabes?
Cospedal. Una regla sencilla: si ganamos, vale; si perdemos, el PSOE.
Aguirre. Sí, sí, lo que quieras; pero no levantamos cabeza. ¿Tenía Alberto que meter la pata con el asunto del aborto?
Botella. Por Dios, Esperanza, qué cosas tienes. Cuanto antes. Y además lo borda desde el punto de vista de la filosofía jurídica. Eso de la igualdad de derechos de los discapacitados, a ver cómo te lo refutan los rogelios.
Cospedal. No es difícil; lo harán. Estoy de acuerdo con Esperanza: no había necesidad de enemistarse con más gente. Estamos sembrando el camino de cadáveres. Nos estamos metiendo con los ingresos de la gente, su trabajo, sus derechos. No es preciso ir a tocarle un punto débil con esto de los abortos.
Botella. Me dejáis sorprendida y consternada.
Aguirre. Bueno, vale. En todo caso, Albertito se ha dado una castaña porque ha descubierto que la gente no le sigue y así no conseguirá ser presidente del gobierno o califa en el lugar del califa
Botella. Alberto no es de esos. Tiene principios.
Aguirre. Sí, y finales. A otra cosa, mariposa; otra metedura de pata de Rajoy. ¿Por qué tiene que subir los impuestos?
Cospedal. Nos obligan en Europa.
Aguirre. No creo, mi niña. En Europa lo que quieren es que tengamos la pasta, la pastuqui, lista para pagar las deudas. De dónde la saquemos, les trae sin cuidado.
Cospedal. Pero, ¿de dónde la sacamos?
Aguirre. Hay que seguir reduciendo gasto público.
Cospedal. Pero ¿de dónde? Ya hemos recortado todas las partidas. El otro día Soraya me dijo que ya no hay de donde sacar más.
Aguirre. Esa cría acaba de caer del nido. Hay un montón de sitios donde ahorrar. Se pueden privatizar más cosas.
Cospedal. Como ¿cuáles?
Aguirre. La justicia, por ejemplo. ¿Por qué tiene que ser pública? ¿Por qué vamos a pagar todos los ciudadanos las manías de un litigioso compulsivo? O las cárceles. ¿Por qué tenemos que pagar la manutención de delincuentes? ¡Qué se la ganen!
Cospedal. Y ya no te digo nada las pensiones.
Aguirre. ¡Coñe, todas privadas!
(La imagen es una reproducción de un cuadro de Grant Wood de 1932 titulado Hijas de la Revolución, en el public domain).

diumenge, 29 de juliol del 2012

Un estado de ánimo

Tenía que pasar. No era verosímil que la apatía, la abulia de la población, la falta de crítica, de resistencia pudiera seguir interpretándose como apoyo a una labor de gobierno que está revelándose incompetente, a la par que tiránica. Las decisiones se adoptan por decreto ley, se soslaya el parlamento, son drásticas, muchas veces exageradas y no se consultan ni se consensuan con nadie. Es un gobierno que va de trágala en trágala, amparado en la falacia de que no hay alternativa cuando en política siempre hay alternativa.
Los distintos gobernantes, gobierno central y CCAA, hablan con altanería y desprecio a los gobernados, incluso a sus seguidores entre quienes se encuentran muchos que sufren directamente las consecuencias de las medidas restrictivas del gobierno. Y todo esto genera desapego y animadversión. Lo que llaman desafección, que empuja al parecer a la gente hacia la abstención. Los datos del barómetro de Metroscopia de El País son reveladores, a la par que esperados. Cuando toque el próximo barómetro del CIS, si trae la pregunta por la valoración de los políticos, será muy de ver la de Rajoy.
Parece que el hartazgo nacional ha tomado forma. El desplome del apoyo al gobierno es descomunal. Y lo que más llama la atención es el altísimo porcentaje de gente que se opone al intento de Gallardón de criminalizar el aborto eugenésico, con el apoyo de la iglesia y los más agresivos círculos "pro vida". Oposición muy llamativa entre católicos y votantes del PP. Eso demuestra que los planes gallardonianos no responden a una demanda de sus bases puesto que esta no se da. ¿A qué responden? Al interés de los sectores eclesiásticos y ultras que Gallardón quiere confundir con un clamor popular que, supone, llegado el momento, lo llevará a La Moncloa. Este ambicioso político que solo parece tener en el ñpunto de mira su carrera personal, ha cometido un error mayúsculo. No se moleste más en rebuscar sofismas sobre que la prohibición que planea será "progresista" y se ajustará a los textos de la ONU. La gente no quiere que el Estado decida por las mujeres cuando se ven en el trance de un embarazo con malformaciones. La gente quiere que las mujeres decidan. Y él ha perdido el apoyo de quienes le creían el representante de la derecha moderada y moderna.
Por último, parece que el barómetro registra modorra en el PSOE. El PP desciende en picado pero los socialistas no remontan. Si el PP pierde más de 14 puntos porcentuales, siete de ellos en el último mes, el PSOE pierde cuatro en relación al 20N. Otro dato revelador y también muy esperado. Es de suponer que el PSOE lo sopese detenidamente. Si sus fortunas no ascienden cuando las de su adversario descienden, algo tendrá que hacer, alguna explicación que ofrecer, alguna medida que adoptar.
La evolución apunta una tendencia estilo griego, de debilitamiento del bipartidismo y consolidación del multipartidismo. Visto con perspectiva más histórica, habrá quien hable de que, por fin, acaba el régimen de la segunda restauración. Y, si no el régimen, el bipartidismo de los dos partidos dinásticos uno de los cuales, el PSOE, se ha hecho dinástico de modo voluntario, hace relativamente poco tiempo y con claridad, desde las últimas tribulaciones de la Corona con el caso Urdangarin y el episodio del elefante en Botsuana. Un giro descorazonador. En resultados concretos, de haber elecciones hoy, los dos partidos dinásticos obtendrían algo así como 54,7% del voto electoral, la menor concentración desde el comienzo de la segunda restauración que se reflejaría en una bajísima concentración del voto parlamentario, teniendo en cuenta que ya el resultado del 20N era del 84,5% (concentración en cantidad de parlamentarios) la más baja desde 1989. Puede que sea un giro cíclico; pero también puede ser una tendencia estructural que podría consolidarse si los dos partidos dinásticos siguen haciéndolo igual de mal.

dissabte, 28 de juliol del 2012

El presidente oculto que se cree el Rey

Nadie sabe a qué se dedica Rajoy. Su agenda oficial está vacía, no mantiene contactos con nadie y no se sabe qué decisiones toma para sacar a España de la crisis. Una crónica de Carlos E. Cué en El país deja claro que el estilo de gobierno de Rajoy es secreto. Preguntada la vicepresidenta Sáez de Santamaría sobre el asunto, matiza que Rajoy no mantiene reuniones secretas sino privadas. Alguien ha enseñado a esta señora que en política es peligroso quedarse callado ante una pregunta y lo mejor es contestar siempre, aunque sea diciendo una tontería como en este caso porque, a los efectos de la publicidad obligada de los actos del presidente del gobierno, tanto da lo secreto como lo privado.
Esa sabiduría de contestar siempre las preguntas no la comparte Rajoy quien no da ruedas de prensa y, cuando las da, no admite preguntas. Luego van diciendo sus doctrinos que el gobierno tiene un problema de comunicación. Lo que le sucede es que no tiene nada que comunicar porque habitualmente no hace nada, cuando lo hace está mal y cuando trata de comunicarlo, no sabe hacerlo. 
Se dirá -y se dirá bien-que la comunicación no es solamente oral y que hay otras formas de comunicar. Ciertamente y en todas ellas Rajoy suspende sin paliativos: nunca está en donde se supone que tiene que estar, en los momentos de peligro (los incendios forestales), de angustia (escalada de la prima de riesgo), de determinación (los planes restrictivos del gobierno); en cambio suele ir a donce no hace falta y en donde puede estorbar y duplicar la acción del Estado, esto es, en actos simbólicos, inauguraciones y finales deportivas, en donde quien debe estar es el Rey. Las razones de estos comportamientos son evidentes: Rajoy no acude a los lugares en los que lo reclama el deber y hay que dar la cara porque es un cobarde; aparece, en cambio, en donde no tiene por qué estar sólo para chupar cámara y porque tiene megalomanía y cree que es el Rey.
En Europa lo tienen ya muy calado. Los líderes europeos piensan de él que es un incompetente al frente de un gobierno que no consigue coordinar en el que cada ministro dice una cosa y, encima, todas distintas y contradictorias. Su función es alimentar lios prejuicios antiespañoles a base de actuar como el típico bravucón matasiete que quiere siempre engañar a los demás y, a la postre, es el único engañado.
Pues bien, a este cobarde que no tiene ni idea de lo que habla, que miente tanto como respira,  que escabulle el bulto, sale por las puertas traseras, huye del Parlamento, esquiva la prensa, no contesta las preguntas, solo habla de intrascendencias y trata ponerse en el lugar del Rey porque hasta desconoce el lugar que le corresponde es al que los españoles hemos elegido por mayoría absoluta.
A pechar con las consecuencias, amig@s
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

WikiLeaks

La designación de Garzón como director del equipo jurídico de defensa de Assange habla mucho en favor del activista y del juez. Del activista por haber elegido a un juez que combina su respeto por las garantías legales con una firme voluntad de lucha política en pro de causas justas, entendiendo por tales aquí las que afectan a los derechos fundamentales de los individuos. Del juez porque el nombramiento demuestra el gran prestigio mundial del nombrado que sus oscuros colegas de profesión no han conseguido aniquilar condenándolo por un delito; al contrario, lo han magnificado. La persecución injusta ennoblece las causas ya de por sí nobles. La combinación es perfecta. Son dos personajes extraordinariamente mediáticos situados en el centro de un huracán mundial en el que intervienen los más diversos actores, desde grandes potencias hasta organizaciones radicales secretas y servicios de espionaje de lo más variado, incluido, probablemente, el Vaticano.
Al comienzo de la aventura de WikiLeaks, Palinuro, dejándose llevar por su atávico optimismo, calificó a Julian Assange como un héroe de nuestro tiempo, una especie de caballero andante de la era digital, enfrentándose a los poderosos, deshaciendo entuertos, revelando maquinaciones, amparando a los débiles. La organización es una especie de estado mayor de un movimiento difuso de masas ilustradas que tienen acceso privilegiado a informaciones sensibles por muchos conceptos. Las fuentes de WikiLeaks son los miles de ojos de los internautas que, como si fueran cien Argos, todo lo ven, lo escanean y se lo hacen llegar a la organización. Ningún servicio secreto estará seguro mientras exista WikiLeaks que se nutre de informaciones de multitudes anónimas. De ahí que sea una organización sometida a persecución implacable por los poderes de la tierra y del cielo. Se observa en las cuatro afirmaciones que hace la página y que, traducidas al español, dicen:
  • WikiLeaks: 602 días de bloqueo bancario - sin decisión judicial
  • Assange: 599 días de detención - sin cargos
  • Manning: 796 días en la cárcel - sin proceso
  • Gran Jurado: 682 días de Tribunal secreto estadounidense - sin transparencia.
Es muy fuerte: tribunales secretos, penas de prisión prolongadas sin juicio. Es un asalto a los derechos fundamentales casi de carácter absolutista. Tratan de esfixiar la organización económicamente y por eso esta pide donaciones. El que pueda hacerlas que las haga. La causa merece la pena. Es acabar con el secreto en el poder político antes de que el poder político acabe con las libertades.
Leo en Twitter, en @wikileaks"El opio de los Juegos Olímpicos encubre un caso de corrupción de la policía británica, los disparos contra manifestantes saudíes y otro robo de tierra de Israel. ¿Qué viene después?" Se me ocurren varios temas más que podrían ocultarse tras las competiciones deportivas, por ejemplo, una posible guerra entre la China y el Vietnam o una crisis bancaria de la India o el efecto de la pérdida del hielo en Groenlandia.
WikiLeaks se ha convertido en una pieza esencial del edificio de las libertades humanas.
(La imagen es una foto de R_SH, bajo licencia Creative Commons).

divendres, 27 de juliol del 2012

La política de la mentira y el engaño





El PSOE acaba de hacer público un vídeo en el que se resume de forma contundente el sentido de la larguísima campaña electoral del PP antes del 20-N. Duró tres años y medio, ya que la derecha, si no está en el gobierno, está en campaña electoral por conquistarlo pues no sabe hacer oposición democrática, cuyo rasgo esencial es la lealtad, un rasgo que desconoce. El vídeo recoge una a una todas las mentiras reiteradas, machacadas una y otra vez en mítines y discursos, la más desaforada demagogia mezclada con la inepcia. Ese corte en el que Rajoy grita que "quieren subir los chuches, demostrando que no sabe de lo que habla ni en esto, es para conservar en un museo. Todo ello ha quedado registrado para que la posteridad pueda hacer comparaciones entre lo que dijeron en campaña y lo que hicieron en el gobierno. La finalidad del vídeo es denunciar la más absoluta desvergüenza de unos gobernantes que hacen lo contrario de lo que dicen y prometen para que quede patente ante todo el mundo y ante ellos mismos que su triunfo electoral es ilegítimo y no tiene valor moral alguno porque fue producto de la mentira, el engaño, la demagogia, la falsedad.
Esfuerzo meritorio y muy de aplaudir pero, me temo, inútil ante la piel coriácea de esta gente a la que la moralidad de sus actos resulta indiferente si gracias a ellos consiguen lo que perseguían, en concreto, controlar el gobierno para poner en marcha sus políticas de desmantelamiento del Estado del bienestar, destrucción de los derechos de los trabajadores, eliminación de los servicios sociales, expolio de los fondos públicos, represión de las libertades, manipulación de los medios y criminalización de las minorías en el ejercicio de sus derechos.
Y todo esto mientras, gracias a su fabulosa incompetencia en todos los órdenes, arruinan el país.

Tres reflexiones melancólicas.

I.- Fuera.
Todo el mundo lo señaló: unas palabras ambiguas de Draghi, una llamada a la fe y a la creencia en él, tuvieron un efecto balsámico rotundo sobre los escocidos lomos hispánicos que llevan más palos recibidos que don Quijote y Sancho Panza juntos. Era algo diabólico pero es de creer que Rajoy no hablaba porque ya sabía que, en cuanto lo hiciera, nos llovería otra mano de estacazos y la prima seguiría escalando. Resultado y conclusión perfectamente visible de este maravilloso triunfo de la etérea palabra: en España manda Draghi y quien a Draghi dé las órdenes. Merkel, por ejemplo. Los mercados no escuchan a Rajoy y, si lo escuchan, hacen lo contrario de lo que él quiere. Pero a Merkel sí la escuchan. ¿Alguna otra duda? Rajoy ha recibido a los dos capi sindicales, no porque se haya convertido de repente a las doctrinas sindicalistas sino porque Méndez y Toxo se han visto con la Führeresa (como diría la lideresa), y quiere saber qué dice la jefa por ahí. A Rajoy no se le caen los anillos de recibir a dos proletas en La Moncloa cuando se trata de salvar a la Patria. Para colaborar al entendimiento, los empresarios (que esos sí se ven mucho con el presidente) piden otra reforma laboral, o sea, despido gratis total y que se eche a todos los funcionarios, incluidos los porteros de La Moncloa. Rajoy puede abrir la puerta a las visitas ya que, de todas formas, no gobierna.

II.- Dentro. 
 La comparecencia de Rato ha sido muy curiosa. Él lo hizo todo bien y si, luego ("luego" es 24 horas después de su comunicado de despedida según el cual dejaba una entidad boyante) ha habido un desastre, la culpa ha de ser de otro, pues él lo hizo de cine. Ese otro es el Banco de España. Bien, es posible, pero la culpa ¿de qué? Aquí los términos se hacen vagarosos y hasta poéticos: de un "desastre", de un "desfase", de un "agujero" gracias al cual Bankia necesitaba 30.000 millones de euros (creo recordar o algo así). Bien de nuevo, pero ¿para qué? ¿Para cubrir riesgos o encubrir delitos? En todo caso, sea cual sea la teoría, se trata de situaciones de quiebra, quizá fraudulenta, que se arrastran desde hace años. ¿Por qué ninguna autoridad de ningún tipo dijo nada? Si los bancos, los gobiernos, las entidades financieras, las comisiones de vigilancia se confabulan en contra del interés general, ¿qué confianza se puede pedir a los ciudadanos para los planes de reconstrucción pergeñados por quienes han ocasionado la gran destrucción?

III.- De ayer a hoy. 
Es un puntazo periodístico la foto del anciano atleta español y la historia que se insinúa de tratarse de un "niño de la guerra" que llegó a competir en natación en representación de España en las olimpiadas de 1948. No acaba de encajarme, aunque la explicación, sin duda, estará en el reportaje completo. Siempre he creído que lo de "niños de la guerra" se refería a los críos que salieron de España como refugiados de guerra o familiares de exiliados. Dudo que alguno de esos compitiera nueve años después en representación de España. A lo mejor es un "niño de la guerra" del bando sublevado, que también los tendría, al menos como refugiados. Sea como sea, debe de ser emocionante ir a contemplar algo en lo que tú participaste hace 64 años.  La melancolía viene de que he ido a consultar el palmarés de esas olimpiadas. España mandó 64 atletas y recogió dos platas en hípica, probablemente dos militares o nobles. No digo más.

Una gran portada la de El País. Agenda setting lo llaman los especialistas, con conclusión lapidaria: los que gobiernan no gobiernan y cuando gobiernan, no dicen la verdad.