dijous, 5 de juliol del 2012

¿Qué pasa en el PSOE?

Lo obvio: la victoria tiene muchos padres; la derrota, ninguno. La derrota es amarga, triste, llena de recriminacions y culpabilizaciones. Es un mal momento y, además, suele personalizarse. La última ha sido cosechada por Zapatero a costa de Rubalcaba, quien ha de cargar con la desagradable tarea de ajustar su organización a una realidad de posibilidades muy menguadas. Por eso tiene tan mala uva la filtración de los datos secretos del ERE del PSOE. Es un golpe bajo, puro juego sucio, patada en la espinilla.
Al prolongado mal trago de la derrota se añade una persistente baja consideración del electorado en  sondeos y barómetros que siempre escarban en el mismo doloroso punto: aunque el PP baje en intención de voto, el PSOE no sube. La confianza en Rubalcaba es inferior a la de Rajoy, equivalente político al cero absoluto de los físicos. Y estos asuntos ya son más graves y hacen cundir la desazón en el partido. El proyecto Rubalcaba no está claro, si es que está. El PSOE ofrece una imagen borrosa lo cual levanta críticas y descontentos entre quienes desean poner remedio cuanto antes al marasmo actual. 
Formular juicios discrepantes, quizá minoritarios, al menos al principio, en las organizaciones es tarea ardua. Toda organización lleva mal la disidencia. El PP acaba de probarlo expulsando a Juan Morano, senador y militante histórico del partido y pidiéndole que devuelva el escaño aun a sabiendas de que no tiene que hacerlo si no quiere. En verdad, en el PSOE no suelen ser tan drásticos, incluso cuentan con una disidencia institucionalizada, representada mejor o peor en los órganos de decisión; pero la organización no es dadivosa con los discrepantes de la línea de la dirección, incluso cuando no hay línea, como es el caso.  Siempre late una sospecha, un poco paranoica, de que toda discrepancia oculta un afán de protagonismo.
Esa es la queja recurrente: el PSOE no da imagen, no da perfil de oposición; no hace propuestas alternativas concretas y no se alza contra las demasías del gobierno con todos los recursos a su alcance. Ciertamente, toma ocasionales medidas, como esa de recurrir la amnistía fiscal a los defraudadores y paralizarla o la fulminante reacción a la presunta filtración de la ministra Báñez si bien esta más parece responder al instinto de supervivencia que a una estrategia de oposición. Pero, por otro lado, que haya sido UPyD quien haya recurrido a los tribunales para encausar a la cúpula de Bankia por presuntos delitos y no el PSOE, habla mucho y bien a favor de la primera y poco y mal del segundo.
Lo único claro hasta la fecha, y reiterado con insistencia por Rubalcaba, es la disposición del PSOE a encontrar una voz común con el gobierno, a llegar con él a pactos de Estado, a respaldarlo en interés general, etc. Hasta Felipe González, el hombre con quien Rubalcaba se forjó como político, le recomienda que no apoye tanto el gobierno del PP. Es algo de sentido común teniendo en cuenta que, casi seguro, el gobierno no se dará por enterado, ninguneará las ofertas de la oposición y, si acaso, se servirá de ellas para desautorizarla. 
En la Comunidad de Madrid la controversia en el PSOE es bien clara y se ventila en los medios de esa forma indirecta en que los partidos se enredan en dicusiones internas, aireándolas en en público pero con mala conciencia por hacerlo. Lleva la delantera Tomás Gómez, quien pide un proyecto socialdemócrata claro de izquierda a una dirección a quien eso de izquierda no acaba de sonar del todo bien, pero que conecta con una opinión bastante extendida en las bases y entre el progresismo que suele acompañar al PSOE: es preciso emplear el tiempo en la oposición en recosntruir el mensaje socialdemócrata clásico pero actualizándolo si, por fin, se confirma que hay un nuevo momento socialdemócrata en Europa con Hollande en Francia y, quizá el SPD en Alemania el año que viene. Eso es lo que pide, entiendo, Tomás Gómez y quienes lo apoyen.
La respuesta de la dirección por boca de Elena Valenciano denota una situación de bloqueo mental. Sigue dos líneas de razonamiento. La primera es un argumento ad hominem tan impresentable y absurdo que es de esperar no se repita. De acuerdo con él Gómez pretende sacarse la espina de la derrota electoral, como si el PSOE estatal hubiera ritornato vincitor de las elecciones del 20-N.
La segunda línea argumental tiene más enjundia. Según Valenciano, el discurso de Gómez se dirige a la "izquierda de la izquierda", es decir, como si dijéramos, a IU. En sí mismo ello no sería muy absurdo ya que IU sigue aumentando su intención de voto notablemente. Hay una palmaria radicalización del voto a partir de Grecia en Europa y pretender que ese voto más de izquierda por razón del desastre de la crisis no cabe en el PSOE es contribuir a que este tenga un resultado tan desconsolador como el del PASOK en Grecia. Valenciano contrapone a esa "izquierda de la izquierda" la voluntad del PSOE de ser partido de gobierno, de mayoría por lo cual debe entenderse un partido de centro-izquierda, en donde se supone que se encuentra la mayoría del electorado. Eso era antes de la crisis. Hoy el centro se ha vaciado bastante por la radicalización del voto. De los cuatro millones largos de votos que se le han ido al PSOE la mayoría habrá recalado en la abstención; pero si solo la mitad de estos vuelve al redil en 2016, el PSOE tiene de nuevo perdidas las elecciones.
Porque no es el partido quien debe determinar qué sea la mayoría sino la mayoría quien determine qué sea el partido. Si esto no se ve, no sé yo...

dimecres, 4 de juliol del 2012

Banqueros, políticos y ladrones.

Los banqueros no suelen meterse a políticos. Casos como el de Nelson Rockefeller son extremadamente raros. Saben que tienen el poder real y no necesitan aparentarlo. Son en cambio los políticos, habitualmente unos muertos de hambre (desde el punto de vista de los magnates de la banca), los que tratan de aprovechar su posición para meterse a banqueros. Estos, habitualmente, los desprecian pues una cosa es administrar el dinero que uno posee y otra muy distinta el que le han confiado. En el primer caso se es un banquero, un potentado, un hombre (o mujer, aunque, de estas, pocas en la banca) poderoso; en el segundo se es un cantamañanas, un piernas, un pringado, aunque, a ojos del vulgo, pase uno por ser alguien.
En el caso de la banca pública o semipública, se da una forma de maridaje entre la política y las finanzas rayana en la promiscuidad y fácilmente conducente al delito. Por ejemplo, lo sucedido con las cajas de ahorros en España. ¿Cree alguien casualidad que los gestores de las cajas hayan empezado a formar la fila que los llevará a los tribunales, primero unos, luego otros y, al final todos? Hace años que los partidos, especialmente el PP y CiU, pero también el PSOE e IU, aunque en menor medida, han descubierto el chollo que es disponer de esas entidades de ahorro que, siendo del común, no pertenecen a nadie y pueden ser objeto de instrumentalización política para los más diversos fines. Hace años, pues, que las cajas vienen siendo objeto de codicia y rapiña de los políticos para financiar sus campañas electorales, disponer de dinero a precios bajos tanto para actividades partidistas como para sus jubilaciones y pagas particulares, para enchufar a amigos y parientes, conseguir todo tipo de favores y enriquecerse. La contraprestación era facilitar por influencias y gestiones que las cajas pudieran beneficiarse del despendole del ladrillo en provecho de sus gestores, que cobraban primas estratosféricas, porque, no siendo banqueros de verdad, ni potentados, sino unos cagatintas enriquecidos, se dejaron llevar por la codicia de los advenedizos.
El desastre llegó con el estallido de la crisis y la burbuja inmobiliaria que dejó al descubierto el entramado de caciquismo, corrupción, delincuencia y saqueo en que se habían convertido las cajas administradas durante años por esta casta de parásitos. Y este es el núcleo de la cuestión de la crisis española, sobre el que los jueces han puesto, por fin, la lupa y que va a dejar al descubierto las tramas y componendas de una mafia de políticos corruptos, empresarios ladrones, seudobanqueros defraudadores y funcionarios estafadores que ha plagado la política del país, especialmente en Madrid, Valencia y Cataluña en los últimos años y no solamente en esos lugares.
Y, con un poco de suerte, es posible que la gente despierte, se dé cuenta del gigantesco expolio a que la ha sometido la casta de mangantes que esquilmaba sus ahorros diciendo que los administraba y exija cuentas. Y lo haga con la contundencia que la situación requiere.
(La imagen es una foto de Владимир Вяткин, bajo licencia de Creative Commons).

El maquinista de La General.

A pesar de haber insistido hasta la saciedad en que es una persona previsible, el presidente del gobierno es de una imprevisibilidad sorprendente. No habla cuando se supone debe hacerlo y lo hace cuando lo prudente fuera estar callado; va a dónde no se le espera y se hace esperar en donde se le espera; niega cuanto afirma y afirma cuanto niega con una tranquilidad tan desconcertante que ni los mejores analistas consiguen averiguar el sentido de su acción; probablemente ni él.
El gobierno está obsesionado con la política de comunicación. Tiene ya preparada la artillería audiovisual que viene a incorporarse a la fiel infantería de la prensa no para informar sobre la realidad sino para interpretarla en el único sentido posible, esto es, el triunfo incuestionable de las políticas del gobierno en el interior y en el exterior. El exterior, de todas formas, está crudo porque fuerza es competir con medios independientes que se empeñan en llamar rescate al rescate en lugar de alguno de esos eufemismos tan del agrado del gobierno, como línea de crédito o préstamo en condiciones muy ventajosas.
La figura de Rajoy en la cumbre de Bruselas era borrosa, más como la de un antihéroe. Presenció el impecable triunfo de la selección española mientras el país era consciente de que en Bruselas se repartían sus pertenencias. Y Rajoy, en el fútbol. Desde luego, un antihéroe. Porque le guste o no le guste a quien habla siempre de la gran nación, España está de hecho intervenida pues su destino se decide en otro sitio, no en Madrid. Pertenece al grupo de los países rescatados, en crisis. Es difícil cohonestar el discurso de la gran nación con el hecho de que este pelotón de rescatados esté provocando una verdadera sublevación de los países ricos de la UE en contra de la ella misma. Y el colofón, como siempre, lo pone Inglaterra en donde se plantea restringir la entrada a naturales de los países en crisis. Originariamente el Mercado Común se había creado para alcanzar la libre circulación de bienes y personas en Europa. Pero ya se ve que no es así. Europa pasa por muy malos momentos.
La estatura europea de Rajoy aparece muy disminuida, casi podría hablarse de una altura negativa, en imitación de De Guindos. Y a eso conviene poner coto de inmediato, piensan los asesores de comunicación, contraponiéndole una imagen de una talla crecida, grandiosa, de estadista con visión de futuro. En España eso quiere decir normalmente acordarnos de la misión imperial, la hazaña transatlántica para compensar por el mal tratro que habitualmente padecemos de Europa en donde nos resulta tan difícil encajar. La Hispanidad, en una palabra, y sus viejas monsergas. Siempre que hay un desencuentro entre España y Europa, el fascio español vuelve a ponerse en marcha por rutas imperiales" aunque sea a pie y con las suelas rotas.
Y efectivamente, aquí tienen ustedes a Rajoy con unas declaraciones grandiosas acerca de cómo a Portugal, Iberoamérica y España nos une el futuro. Por supuesto, también nos une el pasado y el presente pero lo esencial es el futuro, según el orador ejerciendo de estadista. Y ¿con qué motivo sale de pronto el imprevisible Rajoy diciendo estas retóricas simplezas? Pues, según reza la explicación de La Moncloa, orgullosamente expuesta en su página web, con motivo de la celebración de la XXII Cumbre Iberoamericana que se celebrará los días 16 y 17 de noviembre en Cádiz. Tal cual, con motivo de la celebración de un hecho que se celebrará dentro de cinco meses. No había nada más importante ni actual en la agenda y no iban a sacar al presidente hablando del fuego en Valencia, sobre el que da la impresión de no haber dicho nada todavía. Es Rajoy en estado puro, pronunciándose engoladamente sobre una nadería para la que faltan cinco meses, con la actitud de estar haciendo historia. Así intentan los dichos asesores de comunicación de vender la imagen de un Rajoy que cuenta en el mundo, no el cero a la izquierda a quien todos ningunean en Europa y que va luego por ahí farfullando cantos de victoria.
Por lo demás y a la vista del futuro que prepara para los españoles, de ser latinoamericano o portugués, no me haría nada feliz saber que el mío está ligado al de los infelices españoles, gobernadoscomo Dios manda.

En cambio expedientan a Juan Morano por desobediente en el asunto del carbón. Conozco a Morano hace mucho tiempo y me parece un hombre honrado, condición no muy extendida, y un poco terco. Aunque imagino que la terquedad es una virtud política. El caso Morano pone de relieve el problema de los lìmites de la acción individual en el seno de un partido. Muy estrictos en el caso del PP, mucho más que en el PSOE o la izquierda en sentido amplio. La derecha no tolera desviaciones de la Línea General.Los diputados y senadores representan al pueblo español pero no se supone que actúes según su conciencia, sino según las directrices de su partido que es quien paga sus nóminas. Desde este punto de vista, Morano es un traidor. Justo por actuar de acuerdo con su  conciencia.

dimarts, 3 de juliol del 2012

Una cuestión de crédito.

Según se disipan las sombras que suelen rodear los hechos y dichos de Rajoy vamos viendo qué hubo de verdad y qué de farol en la cumbre comunitaria del viernes y exactamente qué función le correspondió en ella, además de la del pintoresco español que no entiende nada pero habla demasiado alto. Aquella famosa reunión de dura negociación hasta la madrugada no concluyó con una victoria del eje hispano-italiano. Ni siquiera con la del italiano amenazando dimitir. Según los expertos acabó con otra victoria de Merkel pues las cosas siguen más o menos como estaban: no habrá eurobonos "mientras ella viva" y no se comprará deuda pública italiana o española, al menos de momento. Solo se admite la recapitalización directa de la banca pero sometida a vigilancia de un órgano especial de supervisión (o sea, la troika) y con unas contraprestaciones aún por determinar.
Aquí es donde los asesores de Rajoy, al parecer, insisten en que no haga declaraciones pues suelen irritar a los socios comunitarios. Se le autorizan y hasta sugieren proclamas solemnes siempre que sean vagarosas y no comprometan a nada. Así, dice Rajoy que el último Consejo Europeo ha dado una respuesta "clara y rotunda" al principal objetivo común de los Estados que es la "irreversibilidad de la moneda común", como si algo así estuviera a su alcance. Por eso, la página web de La Moncloa titula la información en términos victoriosos: El euro es el gran triunfador de este Consejo Europeo. Sin duda, gracias a la acción de Rajoy.
Por lo demás el presidente del gobierno sigue diciendo a quien quiere oírle que la línea de crédito no traerá contraprestaciones de ningún tipo, prueba palpable de que su contacto con la realidad es problemático o de que vive en un mundo de fantasía infantil en el cual las cosas no son como son sino como queremos que sean.
Hay algo más que su irrefrenable tendencia a la mentira en la actitud de Rajoy; está también su insospechada afición al aislamiento, la ocultación, la soledad casi cenobítica. Es como si padeciera agorafobia. Habla poco y, cuando lo hace, viene siendo de fútbol. Ese persistente silencio, ese no querer responder, ese negarse a comparecer, ese fiarlo todo ciegamente al futuro, delata una personalidad autoritaria, imbuida de un mesianismo ilusorio. Un caudillo, vamos, en una tierra pródiga en ellos. En fin.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

El primero de todos.

Llevo unos días pensando decir algo sobre la nueva imagen de cabecera del mes de julio. En primer lugar porque, siendo una obra tan excelsa, he tenido que mutilarla, sobre todo por arriba, para encajarla en las dimensiones de la plantilla de blogger. Cayó prácticamente todo el cielo. Ciertamente, este, así como el paisaje, se atribuyen a Tiziano, quien completó la obra a la muerte de Giorgione. Por eso tenía la obligación de ofrecer el cuadro en toda su belleza que en verdad cautiva. El paisaje armoniza a la perfección con la Venus y podría perfectamente ser obra del propio Giorgione. En la escasa producción que se conoce de él hay algún paisaje análogo, lo cual tampoco es mucho decir pues Giorgione adaptaba los paisajes al contenido simbólico y a veces críptico de sus temas humanos. Por ejemplo, el paisaje de Il Tramonto recuerda el de la Venus, sobre todo por el arbolillo solitario; pero el de Los tres filósofos no tiene nada que ver con él y no se hable ya del de La tempestad, probablemente su obra más extraña. En fin, la autoría es irrelevante. Tiziano conocía muy bien a Giorgone del que era compañero y había sido ayudante. De hecho, hay dudas acerca de la atribución de alguna de sus respectivas obras. De Giorgone suele decirse que tenía una visión más filosófica, metafísica, mientras que Tiziano era más pintor de retratos, autoridades, hechos históricos, interpretaciones bíblicas, cosas más concretas.
La Venus de Urbino de Tiziano es, en realidad, la de Giorgione, aunque en un contexto distinto, el de una narración misteriosa de la que el paisaje está por completo ausente excepto un árbol y una maceta en una ventana. La actitud de Venus es la misma, aunque esta nos mira mientras la otra duerme y nos ignora. El misterio radica en el contraste entre el desnudo y la escena del fondo. ¿Es mejor, es peor la Venus de Urbino que la de Dresde? Es el mismo tema tratado por dos genios distintos. En el primero nosotros miramos a la Venus; en el segundo es ella la que nos mira.
Algo, sin embargo, es incuestionable: Giorgione fue el primero que se atrevió con un desnudo de estas características. No con un desnudo a secas, pues los flamencos, Holbein o Memling, los habían pintado, sino con el que enlaza con la tradición clásica y le dota de una sensualidad explícita que hará escuela en la pintura hasta nuestros días, de forma que a la memoria se vienen las otras Venus de Tiziano, la de Reni, la de Velázquez (si bien, claro, siendo España, de espalda), la maja de Goya y la Olympia de Manet. O sea, el arte de Giorgione se convirtió en arquetipo y, de ahí, en estereotipo. Pero si se quiere ver la diferencia que hay entre un estereotipo tratado por un genio o por un mediocre relamido, basta comparar la Olympia de Manet con El nacimiento de Venus, de Cabanel, ambas pintadas en el mismo año 1863.
Giorgione era un portento.

dilluns, 2 de juliol del 2012

La censura y la agresión católicas al programa La sexta columna.

Hay que tomarse muy en serio el boicoteo que la organización ultrarreaccionaria y carcunda Hazte oír está haciendo a la 6ª de TV y, en concreto, el programa La sexta columna so pretexto de que vilipendia a la iglesia y hiere a los católicos. Para ello desde su página anima a sus seguidores (fáciles de imaginar) a que bombardeen con cartas, mails, llamadas telefónicas a las empresas que patrocinan el programa para que dejen de hacerlo. Es la clásica táctica de estrangular económicamente la disidencia. Si estos meapilas y sus secuaces se salen con la suya, los españoles perderemos una posibilidad de escuchar algo distinto a las monsergas de Rouco y adláteres; es decir, seremos menos libres. Al presionar a las empresas para que retiren la publicidad, lo que Hazte oír está atacando es la libertad de expresión y de información.
Y lo conseguirá si no actuamos. Los empresarios, es de suponer, se resistirán a tomar decisiones empresariales por razones ideológicas; pero, si ven que la resistencia les sale demasiado cara y que nadie los apoya, acabarán cediendo para no perder clientela. De hecho, ya varias empresas, como Ariel, Braun, Cervezas San Miguel (toma nota, lector, de los nombres y no compres sus productos) han retirado la publicidad y la campaña amenaza con seguir.Nuestra única posibilidad consiste en hacer ver a los empresarios que ceder al fascismo catolicarra es más caro que no hacerlo. Es decir, si ellos retiran la publicidad, los consumidores no compramos sus productos. Verás qué rápido vuelven a insertarla.
Se dirá que los empresarios hacen con su dinero lo que quieren y pueden no destinarlo a patrocinar causas con las que no comulguen. Pero eso no es cierto. No es su dinero, sino que es el de los consumidores el que están empleando para sus sórdidos fines, arrogándose una facultad de decisión moral en campos absolutamente ajenos que no es de recibo. Algo muy típico de la hipocresía católica. Si los empresarios pueden ahogar económicamente un programa libre de TV crítica por razones nacionalcatólicas o sea, en el fondo, fascistas, los consumidores tenemos la obligación de organizarnos para defender nuestros derechos y arruinar a los empresarios que secunden el atropello.
Ese es el punto central: organización. Espero que algún partido de izquierda alce la bandera, publicite los nombres de los empresarios censores y organice la campaña de boicoteo a sus productos. Si lo hace, ganamos.
(La imagen es una foto de IsaacMao, bajo licencia Creative Commons).

Grandeza y miseria.

Del Bosque lo ha dicho como siempre con prudencia y rigor: el triunfo de la Roja es el de todo un país. Es verdad. El fútbol es un deporte enormemente popular. Los jugadores, los equipos, los entrenadores, los seleccionadores, sus vicisitudes, querellas, amoríos y desamoríos, forman parte de la vida cotidiana de millones de personas. Los equipos están encarnados en la gente y es el aliento de esta el que lleva la selección nacional a la gloria, como dice también Del Bosque. Y ahí es donde el nacionalismo español estalla por las costuras y se hace irresistible. En los demás deportes, los deportistas también simbolizan la nación en el extranjero, pero de un modo mucho más distante, meramente simbólico. En el fútbol el símbolo es realidad palpitante porque el personal lo vive como propio. Esa es la grandeza del fútbol que reconocemos hasta quienes no nos interesamos por él. Pero somos capaces de reconocer que conseguir dos Eurocopas seguidas y un mundial en medio es una hazaña.
Según me pareció leer en Twitter, unos neonazis barceloneses aprovecharon el jolgorio nacional para apalear viandantes mientras los mossos miraban como si la cosa no fuera con ellos. De ser cierto (Twitter es una fuente inigualable de información pero también de rumores y falsedades) seguramente hoy sabremos la identidad de los apaleados, probablemente inmigrantes o gays o perroflautas o nacionalistas o gentes de izquierda. La Roja, el fútbol, los aficionados pacíficos no tienen la culpa de estos comportamientos tan detestables. Su grandeza no queda empañada. Como tampoco por el tono general de los comentarios en la red que suelen ser injuriosos, insultantes, groseros y zafios. Lo fueron con Francia, con Portugal y lo eran con Italia ya antes de comenzar el partido. Si algo hace repelente el fútbol es la grosería de muchos de sus seguidores.
La miseria de la situación la pondría el presidente del gobierno quien ha vuelto a dar una muestra no ya solo de sus escasas luces sino de su reducida talla moral, yéndose a Kiev mientras en Valencia el fuego devoraba por tercer día consecutivo una superficie similar a la de Ibiza, miles de personas eran evacuadas y cientos lo perdían todo. Lo acompañaron en su indiferencia los ministros Cañete (Agricultura) y Morenés (Defensa), aunque se quemaba la provincia y ya había unidades militares colaborando en la extinción.
Todo el mundo estableció de inmediato la relación causal entre el incendio valenciano y el recorte de medios materiales y humanos en las tareas de extinción que ha hecho la Generalitat. Han ahorrado tanto que ahora no hay medios para apagar los fuegos con lo que el ahorro resultó ser un dispendio. Y eso sin ponerse a averiguar cómo fue la política de prevención de incendios de la Generalitat en los años recientes pues ahí está la otra razón del carácter devastador de este fuego. Es decir, el gobierno de la Comunidad Autónoma recorta medios de un servicio que tampoco prestaba.
Y ya en el colmo de la miseria, hete aquí que la ministra Báñez parece haber filtrado a la prensa amiga datos secretos del ERE del PSOE con el fin de dañarlo políticamente. Es inconcebible que el PP siga recurriendo al juego sucio incluso habiendo ganado las elecciones y gobernando. Pero sucede. Báñez asegura que ella no filtró nada pero la filtración salió de su correo electrónico. El asunto es tan ruin y tan miserable que solo cabe contemplar dos opciones: la ministra Báñez explica convincentemente lo ocurrido o la ministra Báñez dimite.
Pero no quepa duda. Rajoy no irá a Valencia sino con el incendio bajo control. Sí lo hará, en cambio, hoy mismo Rubalcaba quien tampoco ha estado muy rápido. La diferencia que hay entre actuar de inmediato o esperar a que te empujen las redes es la que hay entre dirigir y que te dirijan. Nadie dimitirá en la Generalitat, como no lo hará la ministra Báñez, quien tampoco dará explicación alguna.
La Roja es grande pero muchos de sus seguidores son pequeños, diminutos.

La inquisición capitalista.

La organización Hazte oír, dedicada al activismo cristiano y conservador, ha lanzado una campaña para presionar a las empresas a fin de que estas retiren la publicidad de un programa de la 6ª llamado Sexta columna por considerar que en él se vilipendia la Iglesia y se ofende a los cristianos. Según parece algunas empresas ya han retirado la publicidad: cervezas San Miguel, Ariel, Braun, Securitas Direct y otras están pensándolo. Las que lo hagan estarán adoptando una decisión empresarial en función de un criterio ideológico, lo cual no suele ser recomendable.
Los de la ideología contraria, sobre todo contraria a toda forma de censura, también tenemos un medio de responder a ese activismo de la derecha: dejar de comprar los productos de empresas que imponen la censura ideológica. Hay más cervezas en el mercado y más productos de limpieza. El inconveniente de esta estrategia radica en que es mucho más difícil movilizar la voluntad de cientos de miles, quizá millones, que la de un consejo de administración de una empresa. Pero es la única vía que hay de hacer comprender a estos carcundas que no están legitimados para tomar decisiones empresariales por móviles ideológicos.
Por esto en la izquierda pedimos control democrático de las empresas. De trabajadores y consumidores.
(La imagen es una foto de Habladorcito, bajo licencia Creative Commons).


diumenge, 1 de juliol del 2012

El fuego y la moral.

Enésima prueba de que no existen las catástrofes naturales. Son catástrofes producidas por la injusticia y mala gestión humanas a causa de algún fenómeno natural. El incendio de Valencia no habría alcanzado las proporciones que tiene si la Generalitat -en prosecución de su política de esquilmar los bienes públicos y expoliar a la población en beneficio de los corruptos- no hubiera reducido estúpidamente los recursos de lucha contra los incendios. Igualmente tampoco lo hubiera hecho si el gobierno de España, en lugar de dedicarse a empobrecer a la población y enriquecer a la iglesia y los bancos, reaccionara con mayor rapidez a estas circunstancias excepcionales en lugar de tardar veinticuatro horas en moverse. No, no hay catástrofes naturales. Hay fenómenos naturales convertidos en catástrofes por la crueldad, la codicia o la imbecilidad del ser humano.
En Valencia la situación es de llorar: decenas de miles de hactáreas calcinadas, miles de personas evacuadas, riquezas naturales y humanas abrasadas, vidas rotas, ruina, desolación. Coincide este drama con la final de la Eurocopa en Kiev. Supuesto que Rajoy -o alguien en su entorno- tenga una capacidad mínima de discernimiento moral, la pregunta es, ¿en dónde debe estar el presidente del gobierno de España?
Y la respuesta es fulminante: en Valencia.
Pero no será lo que suceda. Ya cuando el otro desastre que vivió Rajoy, el del Prestige, agravado al máximo por la fabulosa incompetencia del ministro Cascos, a quien el asunto pilló cazando, en emulación de su modelo Franco, ningún gobernante creyó necesario alterar sus planes (generalmente de jolgorio) por el hundimiento del barco.
Y ahora pasa lo mismo. Un incendio, último broche por ahora de casi veinte años de gobierno del PP en la Comunidad Valenciana caracterizados por la corrupción, el saqueo de los fondos públicos, el empobrecimiento masivo de la población, el fraude, la malversación, el expolio, no conseguirá que el presidente del gobierno altere su propósito de pasar un rato agradable y muy patriótico mientras cientos, miles de sus conciudadanos se abrasan las cejas tratando de atajar un incendio que está devorando el sustento vital de una parte antaño próspera del país.
¿Puede haber alguna duda respecto al deber moral perentorio del gobernante de estar con los que padecen y no con los que se divierten? ¿Puede haberla respecto al de todos los demás ciudadanos? ¿Tan hondo ha calado la enajenación y el encanallamiento moral que la gente haga caso omiso del sufrimiento de sus compatriotas para evadirse con el futbol?
Efectivamente, así es. A la derecha y a la izquierda. Es la condición hispánica.
(La imagen es una foto de Velo Steve, bajo licencia Creative Commons).

La incomprensible homofobia.

El carácter pacífico y poco amigo de pendencias del ser humano hace que, cuanto más violenta e irracional sea una actitud, más en el fondo se la respete, antes por temor que por convicción. Esas ejecuciones públicas de homosexuales en el Irán con grúas no son peculiaridades culturales o religiosas sino simples crímenes inhumanos que debieran mover a las naciones civilizadas de la tierra a romper relaciones con bárbaros de tal calibre.
Pero eso no sucede porque, en realidad, la homofobia es una actitud mucho más extendida de lo que parece. No tan extrema como entre los iraníes, más suave, pero también muy injusta y dañina para la concepción de la dignidad de la persona. Las intervenciones públicas de la jerarquía católica, sus diatribas contra la homosexualidad disfrazadas de paternal congoja por los destinos de los homosexuales como ovejas desviadas carecen de fundamento evangélico.
No obstante, los católicos son muy libres de seguir las enseñanzas de sus obispos y adecuar a ellas su comportamiento. Pero esa forma concreta de proceder respecto de los homosexuales no tiene por qué extenderse más allá de los límites de su religión. Los homosexuales no católicos no tienen por qué tolerar que los traten de desviados, de enfermos o de pecadores. Ese es un problema exclusivo de los homosexuales católicos.
La homofobia, una actitud que considero incomprensible, lo impregna todo. Eso se ve en la cuestión del matrimonio gay. El Tribunal Constitucional parece a punto de darle el visto bueno. Los sectores conservadores, probablemente, presionarán en favor de una nueva ley que lo haga imposible. El discurso justificatorio es siempre el mismo: "no tengo nada contra los gays ni contra que vivan en pareja con iguales derechos que los heterosexuales, pero que no le llamen a eso matrimonio". Luego sí tiene algo contra los gays, pues los limita en sus derechos.
La mentalidad homofóbica no puede admitir una familia gay porque cree estar en posesión de la verdad en lo que a la familia se refiere: una unión de un hombre y una mujer con fines de procreación. Pero la historia registra otras formas de familia y en la actualidad también las hay, como la poligamia entre los musulmanes. Está bien que sea la idea católica de familia, pero los católicos no tienen más derecho a imponer a los demás su idea de familia que los demás a imponer la suya a los católicos. 
La homofobia es incomprensible.