dimarts, 1 de maig del 2012

Periodismo y democracia.

Los periodistas han convocado concentraciones en toda España el día tres de mayo en defensa de su profesión, de sus condiciones laborales, de su estatus y sus derechos. Más o menos como todo el mundo en los tiempos que corren. Pero los periodistas han querido singularizarse, como puedan haber hecho l@s profesor@s, l@s funcionari@s o los gays. No hay constancia de que hayan sido objeto de alguna medida contraria especial como puedan haberlo sido los otros. Pero los periodistas compensan esta aparente falta de motivación sublimando su importancia y sosteniendo que el periodismo es un puntal básico de la democracia. Lo cual es cierto pero quizá no en los términos estrictos en que los periodistas lo plantean.
La Asociación de la Prensa de Madrid ha hecho público un decálogo de reivindicaciones que dan contenido a las concentraciones convocadas. Esto del decálogo ya revela cierta proclividad mosaica, que no es moco de pavo pero, si lo leemos con atención, veremos que, además, contiene enunciados de muy diversa naturaleza, alcance y admisibilidad. Todos los que se refieren a un ejercicio digno de una actividad laboral jurídicamente protegida y dignamente retribuida son aceptables sin más. Aunque no sin dos matices. En primer lugar, la actividad periodística, con su fuerte carga intelectual e ideológica, se ejerce en el marco de empresas privadas a las que el Estado y mucho menos la corporación periodística no puede obligar más allá de la legislación vigente. En segundo lugar, la llamada "profesión periodística" es un concepto tan indeterminado que requiere reflexión. Periodistas son el redactor que solo escribe crónicas de tribunales y el figura que únicamente firma columnas de opinión. ¿Son iguales?  Formalmente sí, materialmente no, y eso en la materialidad más material de las materialidades, en el dinero que cobran. Da la impresión de que la "profesión periodística" tiene un amplia base de mileuristas o nimileuristas y una reducida cúpula o cogollo con retribuciones fantásticas, superiores a las de los alcaldes. Una colectividad con una de las brechas salariales probablemente más profundas.
Pero hay más. Una de las reivindicaciones es la lucha contra el intrusismo, cuestión que se da por averiguada y, sin embargo, a poco que se la examine no es aceptable sin más. Porque ¿qué se entiende por intrusismo en la profesión periodística? Si lo que se dice es que nadie pueda ocupar un puesto en la redacción de un medio con una tarea concreta sin tener la titulación y facultación oportunas, el asunto es dudoso pero puede aceptarse por mor de la concordia. Si lo que se dice es que, para publicar artículos en los periódicos (esporádicos o permanentes), para hablar por la radio o aparecer en la tele, por ejemplo en debates y tertulias, hace falta dicha titulación el asunto es irrisorio. Viene a ser como si los licenciados en Bellas Artes dijeran que nadie que no tenga su titulación puede pintar o componer música; como si los filósofos sostuvieran que no cabe filosofar sino se es licenciado en filosofía; como si los politólogos reclamaran titulación correspondiente para ser diputado. Por intrusismo se entiende aquí que, quienes tienen algo que decir o comunicar acceden a los medios de comunicación con independencia de su titulación. Por ello, se dice, hay que impedir ese acceso de modo coactivo. Esto no es más que un ataque a la libertad de expresión, justificado en una hipotética e inadmisible competencia ténica. ¿O es que los periodistas (que ya se consideran con evidente hipérbole "garantes" del derecho de la gente a la información) creen que la libertad de expresión empieza y acaba en ellos? ¿O que los demás pueden expresarse pero solo si lo hacen a través de ellos?
Este asunto del "intrusismo" tiene un reverso (que siempre va con él) todavía peor y mucho más dañino, en concreto, el corporativismo. Dada su tradición fascista, nadie se atreve a reivindicarlo claramente pero es evidente que se practica de modo implícito, sin decirlo. Es como cuando las compañías pactan los precios, siempre en detrimento del cliente, como ya vaticinó A. Smith. Aquí se pactan las contrataciones pero se hace mediante gentlemen agreements corporativistas. Una ojeada a todos los programas de debates y tertulias de política en  radios y televisiones permite ver que el predominio de periodistas es abrumador, superior al 90 por ciento, como si el resto de la sociedad no tuviera nada que decir o no interesara que lo dijera. Las comparecencias audiovisuales se complementan luego con el reparto de columnas en los medios escritos. Hay periodistas que trabajan para media docena de programas y medios, repitiendo lo mismo en todos ellos que, además, es pura opinión, sin información. Esta claro que la práctica corporativista va en detrimento de los intereses de la clientela que seguramente consisten en acceder a debates y tertulias de mayor nivel que el que ofrece la mayoría. Sobre todo teniendo en cuenta que muchos de esos periodistas astros tienen una adscripción partidista tan evidente que, en realidad, son políticos en los medios o, como se decía antaño, los "intelectuales orgánicos" de los partidos de la sociedad del espectáculo y lacomunicación.
Es curioso, además, que los corporativistas, a su vez, practiquen sistemáticamente el intrusismo.Por ejemplo, leo que muchos periodistas se autotitulan analistas políticos. Dentro de la mentalidad corporativista, la pregunta obligada es si quienes se llaman tal cosa están facultados para ello, si tienen una titulación específica o se han apropiado sin más del nombre.
En fin, no me preocuparía mucho. Internet está dejando ya muy atrás estas cuestiones. En el ciberespacio la información es universal, libre, gratuita. ¡Ah! se dice, pero el trabajo del periodista consiste en "procesar" esa información. Este anglicismo de "procesar" es muy cómodo porque no se sabe qué quiere decir; si se traduce al castellano, de lo que se trata es de interpretar la información y ahí encuentra el periodista una competencia ilimitada. Pretender limitarla no es de recibo. Así que hay que sobrevivir tratando de ser los mejores en un mercado libre, no intervenido ni controlado por corporaciones, alianzas, asociaciones, gremios o mafias.
Viene aquí al caso el intento de muchos medios de reconstruir su negocio imponiendo suscripciones a los productos digitales. Puede que funcione, hasta cierto punto, y no es seguro. Lo que los diarios venden es el tiempo de la información (ser los primeros), pero eso ya carece de valor. Entre el primero y el segundo en dar una información median segundos. Resulta entonces que lo que se pretende vender es la interpretación pero en esto la red es la mar océana y los internautas, cada vez más avezados, navegan los siete mares.
(La imagen es una foto de DonkeyHotey, bajo licencia de Creative Commons).

La intangibilidad de la Monarquía española.


En la entrada de ayer de Palinuro se argumentaba que el PSOE no está a la altura de la oposición requerida en las circunstancias aduciendo varias razones. Una de ellas era que no tiene claros los asuntos de principios y que, con motivo de la última astracanada del Borbón cazando elefantes, había salido en defensa de la Corona, dando a entender que se considera ya un partido dinástico. No ha lugar a la reivindicación de la República y, si lo hay, no es este el momento; no lo ha sido en los últimos 37 años; no lo será en el futuro.
Un benevolente lector llegaba a considerar que plantear hoy la disyuntiva República-Monarquía con la que está cayendo es una especie de insulto. Palinuro no sostenía que el PSOE debiera salir en procesión todos los días cantando el himno de Riego. Pero de ahí a ser partido dinástico media un trecho. El argumento de la extemporalidad tiene su miga; pero también lo tiene el de la claridad en los principios. El mayor inconveniente del de la extemporalidad es que suele ser una excusa para no decir lo que en el fondo se piensa, esto es, que la Monarquía en España es intangible e indiscutible. Si en el PSOE se piensa así, conviene que la gente lo sepa.
A día de hoy, con el asunto de Urdangarin y Torres en primera de todos los diarios, redoblarán los ataques a la institución. Eso, obviamente, no es correcto. La institución no tiene nada que ver con el comportamiento personal de sus miembros o allegados. En todas las familias hay un yerno resultón. Así como un elefante no puede aplastar una Corona, un presunto crápula no puede desprestigiarla.
De acuerdo. Pero eso no obsta para que se cuestione el carácter intangible e indiscutible de la Monarquía. En principio y sin ir más lejos porque nadie puede admitir de buena fe que en el mundo haya algo intangible e indiscutible por sí mismo y no por atribución voluntaria de sus partidarios o beneficiados. En segundo lugar porque, con independencia de su oportunidad o inoportunidad política, el debate sobre legitimidad y/o racionalidad de la Monarquía y la República es un derecho de quienes lo solicitan y, dada la historia de España, lo único que de verdad puede legitimar la Monarquía si esta vence en limpia y democrática lid al último régimen legítimo que hubo en España, el de la Segunda República, interrumpido por una sublevación de generales facciosos, cuya herencia fue, precisamente, la Monarquía.
(La imagen es una foto de Ignacio Gavira, bajo licencia GNU de libre documentación. Es de 2007 y representa la armas completas de la Monarquía española desde Carlos III hasta 1931 con la Casa de Borbón (1761-1868 / 1875-1931). Esta escaneada de una publicación de hace más de 100 años).

dilluns, 30 d’abril del 2012

El PSOE no está a la altura.

Palinuro es votante del PSOE y, probablemente seguirá siéndolo, a no ser que cambien mucho las cosas, o lo haga el propio Palinuro. Pero no es un voto acrítico, conformista, sino motivado y generalmente fundado en la convicción de que, no siendo la opción ideal (esperar que alguna opción sea "ideal" resulta ingenuo), suele ser a su juicio la menos mala o más razonable. Pero sobre esto hay siempre mucho que hablar y discutir, cosa comprensible porque no está siempre muy claro.
Por ejemplo seguramente la dirección del PSOE piensa que está haciendo lo que debe y como debe en la oposición al PP en las circunstancias actuales. Pero no le extrañará que otros opinen lo contrario. Palinuro, sin ir más lejos, sostiene que la oposición del PSOE es débil, prácticamente inexistente y, lo más grave de todo, no formula alternativas. No se trata de defender el oportunismo pero en el país hay un clima general de descontento que el PSOE no encauza, sino que aparece canalizado por los sindicatos y el movimiento 15-M con algunos meritorios esfuerzos de IU. El PSOE está ausente. Parte de esta ausencia se debe a su deliberada política de configurarse como un partido de Estado. Así, apoya al gobierno en los asuntos de juzga esenciales para los intereses generales de España, lo cual es muy loable y contrasta sobremanera con la sistemática deslealtad del PP cuando estaba en la oposición, pero no contribuye a fortalecer la idea del propio PSOE.
Ese afán por presentarse como una oposición leal, constructiva, añadido al hecho de que, en principio, el PSOE comparte con el PP en gran medida la idea de las medidas que es preciso tomar para salir de la crisis (de forma que las diferencias son adjetivas) es responsable de que no aparezca como un partido de oposición claro y eficaz. Está como desdibujado. Su oposición suele reducirse a una crítica muchas veces formal de las iniciativas que toma el gobierno. Nada más. Pero la iniciativa es siempre del gobierno mientras al PSOE se le reserva la función de espectador con un relativo derecho al pataleo.
Los dos máximos dirigentes de los partidos mayoritarios son dos políticos profesionales con experiencia de decenios a la espalda y habiendo ejercido diversos ministerios. Tienen tendencia a entender la política en términos formalmente similares aunque solo sea por deformación profesional, esto es, como una actividad de transacción permanente, de consensos y acuerdos en comités, comisiones o contactos personales "discretos" o "confidenciales", lo cual, dicho sea de paso, en democracia es algo tan detestable como las cláusulas secretas en los tratados. Exceptuadas las operaciones secretas de los ministerios del Interior y de Defensa, todo lo que en política se sustraiga al conocimiento público es más que sospechoso. Que eso lo haga la derecha -piensa la izquierda-, está en su naturaleza; que lo haga también la izquierda -sigue esta pensando- ya no lo está. La izquierda es publicidad y transparencia y no secreto y cabildeo.
Por experiencia sabemos que siempre que la izquierda y la derecha encuentran un punto de entendimiento es porque la izquierda se ha pasado a la derecha. El movimiento contrario no se da nunca. De ahí, de ese contagiarse de los postulados de la derecha le ha venido el castigo electoral al PSOE el 20-N: su izquierda lo ha abandonado y no parece vaya a volver si el partido no encuentra un discurso claramente diferenciado del del PP y que proponga soluciones sin limitarse a criticar las del gobierno o lamentarse de ellas.
Para eso el PSOE tendrá que clarificar otros asuntos que no son insignificantes, aunque la opinión oficial del partido sea que sí. Por ejemplo, la cuestión de la Monarquía y la República. El nuevo secretario general de las Juventudes Socialistas, Nino Torres, ha roto el cascarón diciendo que a las Juventudes les gustaría que el PSOE defendiera la República. Más modoso el chaval no puede ser, pero no va a conseguir nada porque el PSOE se concibe como un partido dinástico. Se acabaron las tonterías con la República. El PSOE razona aquí como el PP: la cuestión Monarquía-República es una no cuestión que no le interesa a nadie. Quieren decir que no da votos. Es una posición pragmática, no una cuestión de principios, faltaría más. No es concebible un marqués de Zapatero o un conde de Rubalcaba. Pero el pragmatismo no es evidente por sí mismo. Aunque la dirección del partido no lo crea, los militantes y los votantes no son reproducciones de José Bono y su actitud es más bien discrepante y mayoritariamente republicana y laica.
Y laica. He aquí otro asunto en el que el PSOE es extraordinariamente confuso. Quizá también por otra pragmática no cuestión de la iglesia y el Estado. Pero lo cierto y muy lamentable es que nadie sabe qué piensa hacer el PSOE con esa situación en la que la iglesia católica es un Estado dentro del Estado. Lo único que se sabe es que, cuando pudo hacer algo, reforzó la mainmise de la iglesia sobre el Estado.
Así que, cuando no se tienen claras las cuestiones de principios, no se discrepa fehacientemente de las cuestiones prácticas del adversario y no se proponen alternativas, es muy difícil hacer oposición. Al menos una oposición que esté a la altura.

diumenge, 29 d’abril del 2012

La batalla ideológica.

Esperanza Aguirre está en su momento de mayor gloria. Ayer el congreso de su partido la reeligió presidenta por una proporción abrumadora de votos. No había candidatura alternativa, la vencedora estaba radiante y lanzada en el campo de la oratoria. Anunció, como en las justas medievales, que viene a dar la batalla ideológica contra el socialismo al que tildó en varias ocasiones de "fracasado" y "sectario". Era la paladina del feliz orden neoliberal.
Es llamativa la insistencia de Aguirre en la lucha ideológica que aborda fijando orgullosamente su posición en el liberalismo. ¿Qué liberalismo? es pregunta irritante porque no es seguro que la presidenta sepa las variantes de la ideología que dice abrazar. Para ella liberalismo quiere decir neoliberalismo extraído del venero de Hayek, vía von Mises, con un fervoroso neoconservadurismo extraído del de Strauss. Está en su derecho. Palinuro coincide con Aguirre en que tener convicciones es un derecho del individuo y defenderlas con energía, un deber. De ahí que le parezca muy bien que haya batallas ideológicas. Es más, le gusta participar en ellas.
Pero las batallas, sobre todo las ideológicas, deben ajustarse unas reglas generalmente no escritas de código caballeresco y juego limpio. Es una vieja tradición inglesa, británica. Y me consta que Aguirre tiene gran admiración por todo lo británico: habla a la perfección el inglés, tiene un curioso dry humour y es Dama Honoraria del Imperio Británico. Siendo así, no habrá olvidado que, en su caso, el código caballeresco se presume pues la Orden del Imperio Británico es una orden de caballería. Y el primer deber, sacrosanto deber, de caballería es tratar gentilmente al adversario, cederle incluso la iniciativa en el ataque y, desde luego, si de justa verbal se trata, garantizar que tenga la máxima audiencia posible, no tratar de silenciarlo. Estamos de acuerdo, ¿verdad? ¿Cómo debemos entender el caso de Telemadrid, un órgano de propaganda exclusiva del PP, sin que los adversarios tengan la mínima posibilidad de expresarse y en donde la propia Aguirre despide a un periodista relevante acusándolo de "haber comprado el discurso del adversario" como si en la televisión pública hubiera más adversarios que quienes se ponen fuera de la ley? ¿Qué tiene que ver eso con la elegancia, la caballerosidad y el buen gusto del código caballeresco? Más bien con las trapacerías, las triquiñuelas, trampas y engaños de los villanos y los rufianes. ¿Y cabe serr mitad caballero (o dama) y mitad rufián igual que, según José Antonio, los españoles eran mitad monjes y mitad soldados? No, no se puede y Aguirre debe de saberlo y saber, por tanto, que su comportamiento con la televisión madrileños, los medios de comunicación y los derechos del adversario es de rufián y, más concretamente, de rufián fascista. El estilo de sus periodistas preferidos
La batalla ideológica de Aguirre suele formularse en un terreno concreto al que vuelve siempre, como una especie de querencia o de obsesión que empieza a ser alarmante, esto es, que hay que desmontar la presunta superioridad moral de la izquierda. Es casi una manía persecutoria, lleva años diciéndolo pero todavía no debe de haberlo conseguido porque lo repite hasta aburrimiento. Sin que sirva de precedente Palinuro va a explicar a Aguirre con una parábola (con su aclaración, no se preocupe) el aparente secreto de esa superioridad. Es muy sencillo. Ayer, el segundo del PP de Madrid, Ignacio González, que fue al congreso acompañado de Julio Ariza, el empresario de Intereconomía, reconocía que, con gran dolor de su corazón, en determinadas circunstancias extremas, los partidos tienen que traicionar sus principios. Es dura ley de vida. Supongo que Aguirre lo entiende muy bien. La foto más arriba la muestra en compañía de Dolores de Cospedal, otra dama de oratoria luciferina y mendacidad de rabanera en plena campaña de 2010 del "no" a la subida del IVA del pérfido gobierno zapateril. He aquí un principio sacrosanto en cuyo nombre las dos damas estaban dispuestas a mezclarse con verduleras y pescadoras. Un principio, sin embargo, que se ven obligadas a traicionar en el superior interés de la Patria.
Ahora una evidencia: cuando la derecha se ve obligada a traicionar sus principios, nadie se le subleva; alguna débil voz doctrinaria en contra, pero el conjunto se hace cargo de la situación, comprende y apoya. Prueba, entre otras cosas, de que los principios (los valores esos que no se le caen de la boca a Aguirre) no son muy profundos ni muy recios. En cambio, cuando es la izquierda la que traiciona sus principios, todo el mundo se le echa encima, empezando por la propia izquierda, por sí misma, se le retiran los apoyos por millones y se le hace morder el polvo electoralmente hablando. Ahora una pregunta: ¿sabe Esperanza Aguirre por qué sucede esto? Si lo sabe, sabe la razón de la superioridad moral de la izquierda. Cuestión de principios y valores de verdad, no de boquilla. Si no lo sabe, probablemente no entienda nunca aquello contra lo que lucha.
En el discurso de este congreso no ha habido referencia alguna a mayo del 68, pero es otra de las bestias negras del universo combativo de Aguirre. Al igual que Sarkozy, habla de "acabar con el espíritu de mayo del 68" como el que quiere acabar con la peste o con alguna "enfermedad moral", de esas que gusta inventar la derecha para tener a quien perseguir, como el "alejamiento de Dios" o la homosexualidad. Es un leit motiv de una derecha no estrictamente cerril, sabedora de que lo importante en la convivencia son las ideas.
El odio a mayo del 68, núcleo del neoliberalismo más agresivo, es el odio a una revolución de la vida cotidiana expresada con tanta profundidad y belleza que hasta sus enemigos quedan subyugados. El odio a mayo del 68 refleja una frustración, una envidia y una venganza. En este punto, el debate ideológico, que Aguirre ya tenía perdido en el frente de la superioridad moral, pasa a ser cuestión del psicoanalista. Acabar con el "espíritu del 68" cuarenta y cuatro años después es propósito tan racional como terminar con el espíritu del protestantismo, la leyenda de Avalon o la "cosa en sí" de Kant. Es decir, un disparate. La primera en entender (mal) la fuerza revolucionaria del prohibido prohibir es Aguirre. Y de ahí arranca esa irritación casi neurótica que le hace plantear tal dislate reiteradamente. He de decir, con todo, que prefiero 1.000 veces a Aguirre que sufre con estas paradojas y las lleva al campo de batalla, antes que a Ana Botella o Dolores de Cospedal, que no se enteran porque la cabeza no les da para más.

(La imagen es una foto de PP Madrid, bajo licencia de Creative Commons).

dissabte, 28 d’abril del 2012

La conquista del Estado.

Continúa la voladura acelerada del Estado del bienestar ante la perplejidad (y cierto inmovilismo fatalista) de la población. Consejo de ministros tras consejo de ministros los españoles reciben un aluvión de castigos, como si fueran las plagas de Egipto. Al mismo tiempo, como todos esos castigos, recortes, mermas, sisas, ajustes y socaliñas contradicen de plano las benéficas promesas que el PP hizo en la campaña electoral, el prestigio del gobierno cae en picado lo que, a su vez, es parte de la pesadilla porque esas torpeza, agresividad, impopularidad del gobierno afectan negativamente la calificación internacional de España.
A estas alturas ya hasta los monaguillos recitan el rosario de incumplimientos de Rajoy, desde el de los impuestos (IRPF) que no iban a subir hasta los impuestos (IVA) que no iban a subir, pasando por la salud del sistema de salud pública, la educación, otros servicios sociales, las pensiones, etc. No queda promesa del PP que el gobierno del PP no haya roto. Empezando por aquella de que, llegando el PP al poder, la confianza en España se restauraría sin más, siendo así que se ha deteriorado a extremos insoportables, con rebaja de la calificación, aumento del interés de la deuda, por no hablar del paro, primer termómetro de la eficacia de la reforma laboral. El gobierno ya no hereda parados; los fabrica.
¿Cómo explica el gobierno esta lamentable circunstancia? Señalando el carácter excepcionalmente grave de la situación en la que el país vive bajo la amenaza de la quiebra y la intervención. Es decir invocando lo que puede llamarse un estado de excepción económico que, en último término no es más que una variante del estado de excepción de Agamben y los suyos. La forma de dominación de la burguesía es convertir en normalidad el estado de excepción, acostumbrarnos a ello. Puede ser. Hay mucho que discutir en esa idea.
Lo evidente sin embargo es que, so capa de atender a una situación de excepción, se toman medidas que van mucho más allá de la mera solución técnica de problemas que permita resolver la crisis; se toman medidas de calado ideológico, que afectan a las formas de legitimidad de Estados concebidos como sociales y democráticos de derecho, al valor de sus instituciones, a la conciencia moral y jurídica de la época (replanteando el régimen mismo de los derechos sociales y económicos por ejemplo), a los consensos básicos de convivencia social, a la idea y la práctica del concepto de los bienes públicos.
En realidad este programa es una especie de reconstrucción de la propuesta de La Conquista del Estado, del jonsista Ramiro Ledesma Ramos. La derecha vuelve a la conquista del Estado, pero no de frente y por asalto, como pretendían sus antecesores fascistas, que abominaban de la democracia, sino a través de esta misma a fin de entrar en el Estado con el apoyo popular para descapitalizarlo, mermarlo, deslegitimarlo, privatizarlo o corromperlo. Es de esperar, no obstante, que este proceso de expolio de lo público levante protestas más o menos tumultuosas y, quizá, desórdenes públicos. En previsión de tales incidentes, el gobierno viene proponiendo reformas de la legislación penal, convirtiendo en delito lo que hasta ahora no lo era, endureciendo las penas en todo caso y actuando administrativamente con una contundencia fuera de toda medida y razón. Detenciones en serie en los domicilios, identificaciones arbitrarias de los ciudadanos pacíficos en lugares públicos, etc son manifestaciones de un comportamiento autoritario amparado en la conciencia del estado de excepción político y jurídico.
Ante esto la izquierda tiene poco que decir y menos que hacer, dada la aplastante mayoría absoluta del partido conservador. Para cuando piense una estrategia que le reporte una victoria electoral quizá se encuentre teniendo que batallar por el derecho de huelga.

(La imagen es una foto de La Moncloa, en el dominio público).

divendres, 27 d’abril del 2012

El periodismo en el ciberespacio.

Hace años que los augurios para la prensa de papel son muy negros. Y no solo para la prensa, para todo el papel impreso, los libros, las postales, las felicitaciones, las cartas. Con el paso del tiempo los augurios se han confirmado y ennegrecido. No está lejos el momento en el que la gente mire el papel impreso como miramos hoy los pergaminos, con una mezcla de ternura e incredulidad. Como siempre que cunde la zozobra y el temor, se multiplican las reuniones, los seminarios, las jornadas, los actos colectivos para intercambiar opiniones y ver si se esbozan ideas nuevas que permitan la supervivencia (ya que no un nuevo amanecer) en condiciones muy adversas. Pero las ideas nuevas en defensa de lo caduco son tan difíciles de encontrar como la aguja en el consabido pajar.
Ayer se produjo uno de estos eventos en Madrid, convocado por una asociación internacional de estudio sobre medios, el Paley Center for Media en colaboración con PRISA, con el fin de dar el enésimo repaso a la situación y a la forma de hacer frente a la invasión digital. Relevantes personalidades de la prensa escrita llegaron a la conclusión de que esta solo podía sobrevivir en el ciberespacio comprometiéndose a producir un periodismo de calidad. Pero ¿qué quiere decir "periodismo de calidad"? Sin duda no se refiere a cuestiones técnicas o tecnológicas sino al contenido intelectual de la actividad. El fondo del razonamiento es sencillo pues viene a reformular la diferencia entre el aficionado y el profesional. Frente al "ciudadano reportero", la superioridad del que lo hace profesionalmente. Pero esto no es tan fácil. Por ejemplo, en nuestro país pasan por periodismo, incluso por periodismo de calidad y de referencia, productos muy diversos que van desde la prensa seria a manifestaciones más o menos acabadas de prensa amarillista o tendenciosa, pasando por algún que otro caso de periodismo basura, sin que parezca haber un criterio generalmente compartido de discernimiento.
La otra variante del mismo argumento es que los periodistas son precisos para aquilatar el torbellino de la información que circula por las redes sociales, pero eso es absurdo porque, en primer lugar, no puede hacerse en términos prácticos y, en segundo, aunque se pudiera, convendrá aquilatar antes al periodista que ha de aquilatar esa realidad digital en efervescencia. A cualquiera se le ocurre ahora mismo media docena de nombres de periodistas de renombre, de esos que tienen hoy posibilidades de encaramarse a la presidencia de RTVE y que no son otra cosa que comisarios políticos de la derecha y que, en realidad, son empleados orgánicos de esta como puedan serlo la mucama o el chófer.
En realidad estos argumentos parten de una confusión que los invalida. Confunden supervivencia de la prensa con supervivencia de la prensa de papel, lo que implica un error de visión grave. Toda la prensa de papel tiene ediciones digitales y, si se hubiera descubierto un procedimiento de hacer rentable un periódico online, algunas cabeceras hubieran cerrado ya la edición de papel. Y por debajo de las palabras están los hechos. Supongo que más de uno pensó ayer que tenía gracia cómo los mandarines de El País peroraban en la jornadas internacionales mientras los trabajadores de la empresa se les agitaban porque hay en ciernes un ERE muy nutrido, despidos y otras medidas para tratar de mantener a flote el diario. Lo mismo está sucediendo con El Mundo, otro generador de pérdidas. Es posible que otros sigan el sendero que inició Público hace unos meses. La prensa escrita como empresa no funciona y cada vez funcionará menos a medida que la publicidad siga migrando hacia la prensa digital. Los periodistas, como todos los profesionales, tienen que reinventarse en una situación que lo exige de inmediato, tendrán que adaptarse a un entorno solo digital y tendrán que aprender a hacer rentables productos en el ciberespacio en dura competencia con consumidores que también son periodistas por la misma razón por la que Gramsci partía de la idea de que todos somos filósofos porque todos tenemos una concepción de la vida. Luego, la filosofía sistemática era otra cosa. Lo mismo puede estar pasando con el periodismo, que quizá sea otra cosa distinta incluso de lo que se empeñan en hacer los profesionales.

(La imagen es una foto de TORLEY, bajo licencia de Creative Commons).

dijous, 26 d’abril del 2012

Ayudando con la memoria.

En alguna ocasión, Palinuro se ha honrado trayendo a sus páginas la muy meritoria labor del amigo y colega Ramón Adell, quien dispone de la mejor colección de carteles, escritos, símbolos etc. políticos españoles (aunque no solo españoles) que yo conozca; una tarea titánica, de largos años, gracias a la cual tenemos una idea de cómo ha evolucionado la iconografía política española desde las patrimerías del franquismo a nuestros días. Lo hizo con motivo de una exposición de esta cartelería en el Museu Valenciá de la Il-lustració i de la Modernitat (MuVIM) en julio del año pasado (Habla, pueblo), así como con el del trigésimo aniversario de las elecciones de 1977 (¡Treinta años!) y cuando tuvo el privilegio de visitar por primera vez su despacho-museo en el corazón del Madrid de los Austrias (En manos del pasado), que es una gran experiencia.
Cabe ver que Adell es visitante frecuente en Palinuro. No tanto como el Papa o el presidente del gobierno, pero es que Ramón es un hombre justo, bueno y trabajador y ya se sabe que el momento mediático suele ser para los más pillos y truhanes. Pero la categoría, la calidad y el trabajo encuentran siempre reconocimiento y alguien dispuesto a resaltarlos con alegría, como es mi caso, sin dejar de señalar que no solo admiro la obra de mi amigo sino a él como persona dotada de cualidades de sensibilidad, inteligencia, cultura, sentido del humor y elegancia que no son fecuentes mundo adelante.
En esta ocasión Palinuro da cuenta de una exposición  de la cartelería de Ramón en el Instituto Cervantes de Rabat y aplaude la decisión de las autoridades de hacerla circular por el extranjero porque es una obra que, en su enorme variedad y espontaneidad, trasmite una buena vivencia del pulso de la cultura española. 
En realidad, si se abre definitivamente un museo de la transición española, la colección de Ramón Adell debiera ser su primera pieza.

Del autoritarismo al fascismo solo hay un paso.

Gobernar es tomar medidas en pro del bien común o de lo que de buena fe se considere el bien común según la ideología de cada cual; y, en la medida de lo posible, anticiparse a los acontecimientos, prevenir desgracias, evitar la aparición de la violencia, siempre una calamidad social. En las últimas elecciones del 20-N los españoles han dado mayoría absoluta, es decir un claro mandato para gobernar al partido de la derecha, el PP que, por ideología, práctica, experiencia y carácter autoritario quizá no sea el más adecuado para estos tensos, turbulentos tiempos.
La crisis económica está haciendo estragos en los tejidos sociales de casi todos los países, muy especialmente en aquellos obligados a aplicar durísimas medidas de ajustes que aumentan el paro, las desigualdades, las dificultades económicas de los más; que pintan un futuro tenebroso para las generaciones nuevas. Todo ello genera un ambiente social tenso en el que pueden producirse disturbios en cualquier momento y de hecho así sucede, provocando frecuentemente desgracias personales más o menos graves, aparte de las pérdidas materiales por la conflictividad. Parece razonable exigir del gobierno, brazo del Estado en quien se da el monopolio de la violencia, una actitud muy reflexiva, calma, prudente, de forma que se garantice el orden público sin provocar su alteración a causa, precisamente, de las medidas adoptadas para conservarlo.
Es aquí donde esa tendencia autoritaria de la derecha puede resultar menos recomendable y obligar a una reconsideración de sus prácticas antes de meterse en una diabólica espiral de acción-reacción-más acción, etc que puede llevar a una situación muy desagradable, estilo griego o peor. Lo que empieza siendo autoritarismo acaba siendo fascismo casi sin reparar en ello, de modo gradual e inadvertido. Pues el fascismo no depende solamente, ni siquiera principalmente, de la parafernalia seudomilitar de los movimientos de los años treinta. Siempre que el Estado se valga del monopolio de la violencia, de la fuerza, para conculcar sistemáticamente los derechos fundamentales de los ciudadanos habrá fascismo. En principio todavía no es la situación en España pero lleva camino de serlo si no se pone remedio a tiempo. No es posible que toda la derecha del PP sea extrema derecha, dispuesta a mantener el orden por la violencia y sin respeto a los derechos de los ciudadanos. O quizá sí cuando se ve cómo, no en el orden policial sino incluso en el legislativo, los gobernantes ya anuncian su intención de dividirnos en ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda, por ejemplo en cuanto a los derechos humanos básicos de la salud o la educación.
Los signos de esta deriva autoritaria se han multiplicado en los últimos tiempos. Algunos de los más graves son conocidos: los mossos catalanes sacan imágenes en la red de sospechosos de comportamientos violentos y llaman a la colaboración ciudadana, pidiendo denuncia, situaciones que desprecian el derecho a la intimidad y a la propia imagen. Al propio tiempo, la policía nacional anuncia la creación de una especie de brigada para patrullar internet en su lucha general contra el crimen pero sin mandato judicial específico. Dada la naturaleza del ciberespacio es muy difícil evitar, incluso detectar, la fiscalización policial incluso en los ámbitos más protegidos de los usuarios de redes sociales, por ejemplo. Aqui quedan tocados, además de los anteriores los derechos fundamentales de la inviolabilidad de la correspondencia, o del domicilio y el secreto de las comunicaciones y, desde luego, el derecho a la seguridad jurídica (rota por quienes debieran garantizarla) y la libertad de expresión.
En un plano más concreto, la policía está practicando detenciones en sus domicilios de sindicalistas acusados de haber estado en piquetes. Es de suponer que las detenciones tengan cobertura judicial pero no está nada claro que la participación en piquetes, que son legales, sea un delito. Igualmente en esta línea, el hecho de que, sin previo aviso la Guardia Civil estorbara y obstaculizara el 23 de abril, día de Castilla y León, el homenaje de la izquierda a los comuneros en Villalar que, por lo demás, se llama Villalar de los comuneros. En estos dos últimos casos, las detenciones de sindicalistas en sus domicilios, así un poco al estilo de la famosa Brigada Político-Social del franquismo, y el bloqueo de la Guardia Civil en Villalar, los actos huelen a provocación, esto es, a un deliberado intento de suscitar una acción de protesta que, a su vez, justifique una reacción represiva y otra acción y por ahí derechos al Estado de excepción.
En este territorio de los comportamientos desafiantes y, en definitiva, provocadores, pueden encuadrarse las declaraciones de Esperanza Aguirre ante el sabotaje del Metro de Madrid, amenazando con mayor represión, al decir que los saboteadores no se irán de rositas; al menos no de las mismas rositas de que se fue ella en el Tamayazo, la Gürtel y la gestapillo. También amenazadoras suenan las declaraciones de la delegada del gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, avisando de que no permitirá el propósito de acampada en la Puerta del Sol del 15-M, intención abundantemente corroborada por el ministro del Interior quien recuerda que acampar es ilegal. Nadie parece haberlos informado de que los del 15-M no hablan de acampar, sino de hacer una asamblea permanente. Las autoridades pueden decir que son lo mismo y apalear a los participantes por igual. Pero no es lo mismo, ni de lejos, apalear gente acampada que gente en una asamblea, una reunión pacífica.
Por último, posiblemente se trate de una casualidad, no tenga mayor importancia y no sea sino prueba de lo sensibilizados que estamos los españoles ante la presencia de militares en la vía pública. Pero la foto que ilustra esta entrada se tomó ayer en Barcelona sobre las cinco de la tarde y en ella se ve una unidad de soldados armados pasando por una calle de la capital catalana, no en desfile sino en cumplimiento de alguna misión. De paso, al parecer, iban cantando canciones españolas e insultando a quienes hablaban en catalán. Posiblemente sea eso, una casualidad. Pero no se olvide lo dicho: el autoritarismo se convierte en fascismo casi sin darse cuenta.
(La imagen es una foto de AdrianGlez's88, bajo licencia de Creative Commons).

dimecres, 25 d’abril del 2012

¡Ay, ay, Andalucía!




Obsérvese con atención y distanciamiento esta portada de El País de hoy. ¡Cómo trabajan las oscuras afinidades electivas! Veamos: hay un ramillete de noticias de gran calado. ¿Falta alguna? La principal es la bronca con las Comunidades Autónomas; la gráfica (que es la que primero impacta) para una imagen de Hollande con gesto de allez les gars!, conveniente en un político. Menor cuerpo tienen otras dos con una fuerte carga crítica de los recortes de la sanidad pública (el expolio de los jubilados y la inasistencia a posibles enfermos infecciosos). Segunda gráfica menor, la sentida catástrofe del Barça. ¿Falta algo? Bueno, no hay nada sobre Andalucía. ¡Calla, sí! Un recuadrín a la izquierda con la peripecia procesal de un exconsejero socialista por supuesta prevaricación y malversación.

Sin embargo, ayer se produjo una noticia en Andalucía que, para muchos, es de extraordinaria importancia, esto es, la celebración de un referéndum entre las bases de IU y el resultado de este que ha sido respaldar por abrumadora mayoría (de un 82%) el gobierno de coalición PSOE-A e IU-LV CA, o sea, de socialistas y comunistas, para entendernos. Ya sé que en IU hay más izquierdistas que los meros comunistas, pero estos son la columna vertebral de la coalición, un gobierno social-comunista, como decía Aznar en su tiempo con gesto de asco y desdén. Y un gobierno de izquierda (con lo mal avenida que está la izquierda entre sí) en el bastión andaluz frente al conjunto de España conservadora parece noticia relevante.

Y relevante por sí misma, sin necesidad de rendirse a las arrebatadas líricas de sus partidarios sobre el carácter archidemocrático de una organización referendaria. Lírica engañosa por lo demás, que ya se empleó para justificar lo contrario en Extremadura. Engañosa porque, si de verdad se quiere consultar a quienes toman las decisiones últimas, estos no son los militantes (de base o de sal) sino los electores porque son los electores quienes han decidido que la representación de IU sea la que es. Pero, en fin, esto es asunto sin más calado que la llamada exuberancia del corazón. Por lo demás, un indice de aprobación del 82% cuando el Comité Central del Partido Comunista de Andalucía ha hecho pública su decisión en pro del gobierno de coalición, es práctica habitual en las organizaciones comunistas y lo único que demuestra es quién manda en IU.

La coalición de gobierno de izquierda en Andalucía puede ser el laboratorio en el que se ensaye similar fórmula para el resto de España en las generales, cuando toque. La animadversión que la dos izquierdas mayoritarias se profesan mutuamente (sobre todo del lado de IU/Comunistas hacia el PSOE) no puede llevarlas a cortejar el fracaso. Me explico: es legítimo que IU oriente su discurso electoral a desacreditar al PSOE y, a ser posible, a conseguir su desaparición como opción mayoritaria de la izquierda. Es obviamente difícil de conseguir, dado que, en su momento más bajo, el 20-N, el PSOE tuvo casi siete millones de votos, más de cuatro veces los de IU en uno de sus mejores momentos. También es legitimo que el PSOE trate de igual o similar modo a IU, aunque no suele hacerlo, quizá para causar más daño, dirán algunos irredentos, a través de simulada ignorancia. Todo eso es legítimo. Pero, al minuto siguiente de saberse los resultados definitivos, sean cuales sean, las dos izquierdas deben buscarse mutuamente y forjar acuerdos en todo lo que compartan. La derecha española tiene sabiamente en su seno a la extrema derecha. Resulta difícil de entender que la izquierda no lo consiga. Suelen aducirse dos razones. Una es que mientras la derecha atiende a intereses antes que a principios, la izquierda empieza por los principios y estos, ya se sabe, son innegociables. El argumento no es válido porque los principios son los mismos y la variación o debate está en los medios para hacerlos triunfar.

La otra razón es que, contrariamente a lo que la izquierda predica sobre la derecha, las actitudes personalistas, individualistas, de vanagloria particular son más comunes en aquella que en esta. Por su propia constitución intelectual, la derecha es jerárquica, autoritaria, tradicional; cada cual sabe en dónde debe estar y apenas hay conflictos entre personas. La izquierda, en cambio, tiene un origen rebelde, contestatario, refractario a las normas, enemigo de la disciplina y crítico de toda jerarquía. La izquierda es individualista en donde la derecha es, curiosamente, colectivista. La derecha rinde culto a un concepto abstracto del individuo, como unidad de cálculo, mientras que la izquierda lo hace al concepto concreto, al héroe particular, único, irrepetible y, así, el mapa de la izquierda es siempre el de los reinos combatientes entre puñados de partidarios de personalidades señeras y clarividentes que niegan el pan y la sal a todas las demás. Este destino de casi compulsivo fraccionamiento ha sido también el habitual en los partidos comunistas del mundo entero, constituidos sin embargo originariamente según criterios leninistas que primaban la disciplina, la jerarquía, la autoridad y la sumisión del individuo en todos sus aspectos a la superioridad de un colectivo imagiario llamado el Partido, como el que dice el Jefe, el Rey o Dios.

Si la izquierda española abandona el señuelo de los intransigentes principios y apea su enfermizo personalismo que es un verdadero narcisismo, en efecto, el gobierno social-comunista de Andalucía puede ser un modelo para todo el país. ¿Por qué no? Esta es una alianza que aún no se ha experimentado siendo así que se han producido todas las demás, excepto la gran coalición que hace unos días proponía Bono, mostrando un conocimiento de los andaluces y de los socialistas andaluces similar al que pueda tener de los maoríes. Es decir, es una noticia de importancia. Tanta como para no salir en la portada de El País.

(Aviso: Blogspot ha cambiado el lay-out y ha tocado el html. Creo que me he adaptado pero me temo que no domino bien el interlineado ni la justificación. Todo se andará.)

Primeras jornadas de ciberpolítica en España.

Ayer subí este mismo anuncio a Facebook con las explicaciones pertinentes. Completo hoy trayéndolo al blog, con disculpas a mis amig@s facebooker@s, porque hay much@s lectores de Palinuro que no están en FB. Una lectura del cartel (por cierto, una foto estupenda de Vectorportal con una nube de palabras que recuerda el edificio Capitol en la Gran Vía madrileña y el Flatiron en Broadway) da cumplida información sobre le fecha, el lugar de celebración y las entidades que lo organizan y colaboran (UNED, Fundación Ortega/Marañón y Colegio Nacional de Politólogos y Sociólogos). Para mayor especificidad en cuanto a los horarios, el contenido de las sesiones, las ponencias y los nombres de los ponentes, debe consultarse el programa que he aquí:



La asistencia es libre y no hay necesidad de inscribirse, salvo si se quiere obtener un diploma de asistencia, en cuyo caso se elaborará una lista nominal el primer día para certificar la asistencia. Igualmente si se quiere presentar alguna breve comunicación en el marco de una de las cuatro mesas y es previamente aceptada por esta. Ya sé que andamos mal de tiempo y esto vale sobre todo para quien ya tenga la comunicación hecha. En el proyecto, por cierto, va incluido el hacer un vídeo con las exposiciones que se colgará luego en la página web de la UNED, a libre disposición.

No me parece necesario reseñar la importancia que tiene el tratamiento académico, riguroso, del fenómeno político-social más importante en mucho tiempo: la aparición del ciberespacio que está alterando decisivamente el modo de hacer política de nuestras sociedades.

(La imagen es una foto de Vectorportal, bajo licencia de Creative Commons).