dimecres, 24 de setembre del 2008

Justa retribución.

No han pasado veinticuatro horas desde que el Gobierno socialista y su presidente en concreto, el señor Rodríguez Zapatero, hubieran entregado el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) en manos de los conservadores cuando estos le han devuelto ya el favor en su estilo más acendradamente agresivo. Si el señor Rodríguez Zapatero creía que renunciando a su derecho (y probablemente a su obligación) de designar a un jurista progresista para la presidencia del CGPJ se ganaría la colaboración de buena fe del PP que renunciaría a sus posiciones maximalistas en pro de la concordia y del bien común está ya claro que no sabía por dónde le venía el viento. A su irresponsable dejación de su deber de garantizar que el gobierno de los jueces refleje la relación de fuerzas izquierda/derecha que han arrojado los resultados de las elecciones de marzo pasado, ha respondido el señor Rajoy con el infumable trágala de imponer para el constitucional a sus dos candidatos preferidos, el señor Francisco José Hernando, expresidente del CGPJ y el señor Enrique López exportavoz del mismo órgano.

Ninguna de las dos propuestas es aceptable para el PSOE a quien retribuye así el PP por su caballerosidad en la propuesta del señor Carlos Dívar, el de las "profundas convicciones religiosas". ¿Y por qué no es asumible ninguna de las dos propuestas para el PSOE? Sencillamente porque tanto el señor Hernando como el señor López han sido virulentamente combativos con el PSOE y con todo lo que huela a progresista en general y, en el caso del señor López, probablemente por su corta edad, se añade el hecho de haber sido protagonista de algunas declaraciones como portavoz del CGPJ que, para decirlo suavemente, provocan una sonrisa cuando no una risa a carcajadas. Los dos por lo demás son los principales responsables de que el CGPJ haya culminado su lamentable trayectoria en la última legislatura con el bochornoso espectáculo de haber perdonado la sanción a la juez rebelde que se niega a cumplir la ley casando parejas de homosexuales.

Estos son los dos personajes que el PP quiere incrustar en el Tribunal Constitucional y no está claro cómo podrá evitarlo el PSOE. Mejor dicho, si atiendo a mi experiencia más inmediata, ni siquiera tenemos claro que quiera evitarlo. Hasta cabría acusarlo de incongruente porque, ¿qué grado de verosimilitud, crédito y confianza hemos de otorgar a unas gentes que se llenan la boca a hablar de las avanzadas leyes en materia de derechos que piensan aprobar pero que facilitan que los órganos judiciales, que posteriormente habrán de interpretar y aplicar dichas leyes, caigan en manos de los elementos más conservadores, retardatarios y contrarios al espíritu del conjunto de la legislación socialista?

Esta actitud de sumisión de la izquierda al ordeno y mando de la derecha o, en general, a su actitud permanentemente autoritaria no es algo circunstancial e imprevisto sino que hace años que se viene observando. Pasa siempre: cuando la izquierda llega al poder legítimamente suele hacerlo tan acomplejada por el alcance de algunos de sus postulados teóricos de la época revolucionaria (lucha de clases, internacionalismo, nacionalización, etc) que siente la irrefrenable necesidad de garantizar a los sectores más reaccionarios respecto a sus intenciones: queremos a la Patria por encima de todo, somos firmes partidarios de un orden público sin fisuras, las fuerzas armadas están para defender a la nación y tienen necesidades que el pueblo no comprende, la bandera alegra nuestros más dulces sueños, a los beneficios del capital que no nos los toquen y menos aun a la Iglesia. Si es preciso ponemos a sus monagos al frente de lo que sea.

Esta actitud de falta de integridad ideológica y de subordinación intelectual no sólo se da con los gobernantes de izquierda que tratan de que se los admita en los círculos fetén a base de ser más papistas que el Papa sino también y muy especialmente con sus intelectuales orgánicos. Ningún articulista, columnista, plumilla o gacetillero de la derecha que escriba en términos críticos (generalmente muy agresivos) de la izquierda sentirá la necesidad de compensar sus ataques con otros mandobles a la derecha. En el caso de los correspondientes de la izquierda la situación es distinta: ningún juntaletras de izquierda que arranque con una crítica o ataque a la derecha se priva de incluir luego algún párrafo para dar estopa también a la izquierda a los efectos de sentar plaza de ecuánime e imparcial. En definitiva los dos, el político u hombre de acción y el escritor o intelectual orgánico comparten el mismo complejo de inferioridad de las clases subalternas de pensar que la derecha tiene una especie de plus de legitimidad. Y así no vamos a sitio alguno.

(La imagen es una foto de Pablovenegas, bajo licencia de Creative Commons).

Anoche nos secuestraron.

Pues sí, habíamos ido a ver el Boris Godunov de Alexander Pushkin en versión de La Fura dels Baus en el María Guerrero y, cuando apenas llevábamos cinco o diez de minutos de representación, entró un grupo de terroristas chechenos que secuestró a todo el aforo. Eran como unos veinte, armados hasta las orejas, con cinturones de cartuchos de dinamita o algo parecido, fusiles ametralladores, pistolas y una cantidad grande de explosivos que dispusieron estratégicamente por el patio de butacas y otras dependencias del teatro, avisándonos de que todos volaríamos por los aires como se nos ocurriera hacer algo raro o el Gobierno trataba de rescatarnos. Muchos llevaban los rostros cubiertos con pasamontañas. Se distribuyeron la tarea de vigilarnos y nos obligaron a permanecer en nuestros asientos lo cual, además de incómodo, era humillante, pues era preciso pedir permiso cada vez que se quería ir a al retrete.

Eso es más o menos lo que sucedió la noche del 23 de octubre de 2002 cuando unos cuarenta rebeldes chechenos asaltaron el teatro Dubrovka, en donde se representaba el musical Norte-Este y capturaron unos novecientos rehenes, entre espectadores y empleados del teatro. Los chechenos hicieron público un manifiesto a través de los medios dándose a conocer como musulmanes y exigiendo la retirada de las tropas rusas de la República de Chechenia en el plazo de una semana. En caso contrario, empezarían a matar rehenes. El asedio al teatro por las fuerzas de seguridad rusas duró tres días al cabo de los cuales unidades especiales de la policía, habiendo soltado previamente un gas adormecedor especial empezaron el asalto. Murieron cuando menos 33 terroristas y 129 rehenes, aunque es posible que hayan sido muchos más. Prácticamente todos los fallecidos lo fueron a causa del gas y no del tiroteo.

La Fura dels Baus escenifica los tres días de tensión, histéricas negociaciones entre rebeldes y autoridades y terror de los rehenes en un espectáculo en el que en medio de un alarde de efectos especiales, con luces, colores, focos, proyecciones, estampidos, etc, se intercalan las dos acciones teatrales, la de la obra de Pushkin, escrita hacia 1825 por cierto en un espíritu muy "macbethiano" que reconstruye acontecimientos del siglo XVI y la del secuestro, cinco siglos más tarde. La prolongación de la peripecia de Boris Godunov, quien sucedió a Iván el Terrible primero como regente y luego como Zar que al final de sus días hubo de hacer frente a una sublevación de un impostor con la ayuda de los polacos trasmite el mensaje de que las pasiones humanas, el poder, la violencia, el odio, la dominación de la gente, son las mismas a lo largo de los siglos. Cambian los medios materiales, pero no las justificaciones morales.

La parte pushkiniana sigue más o menos fielmente la obra del dramaturgo romantico; la del secuestro es una historia elaborada por Alex Ollé. Es éste el que pone en boca del dirigente checheno de la operación la idea de que el viejo apotegma de que la guerra es la continuación de la política por otros medios ha sido superado por el de que la política es la continuación de la guerra por otros medios. Ciertamente así parece ser y el autor al que debemos esta segunda formulación fue Michel Foucault.

La representación es muy movida, está llena de peripecias e involucra todos los espacios del teatro, escenario, patio de butacas, plateas, pasillos, etc, mostrando la calidad de los directores Alex Ollé y David Planas. Durante la acción algunos terroristas y rehenes se singularizan, adquieren personalidad propia y nos enteramos de sus circunstancias particulares, sus problemas y sus reacciones. En su mayoría se trata de discusiones sobre qué hizo o debió hacer cada cual en el conflicto que enfrenta a chechenos y rusos, formulado con la retórica habitual de las luchas de liberación nacional: la madre a la que le han fusilado al marido y asesinado al hijo, el terrorista fanático, radical, que prefiere volar el teatro, el más político, que quiere negociar.

Una de las terroristas resulta ser una jovencísima actriz que en su día interpretó un papel en una versión de Boris Godunov, lo que da pie a que conjuntamente con un rehén, uno de los actores que estaba representándola cuando irrumpieron los terroristas, recite una escena; un caso más de esa peculiar realidad que se crea durante la representación del teatro dentro del teatro, cosa que ya estaba presente con la continuación de la obra de Pushkin pero que con la improvisación que hacen la terrorista y el rehén adquiere una dimensión nueva, aquella en la que el teatro trasciende sus límites como ficción para alcanzar a la vida real de forma que ese simple hecho cambia el comportamiento de algún personaje cosa que tendrá consecuencias inesperadas.

Los de La Fura dels Baus tienen mucha fuerza y dominan muy bien el territorio. Durante hora y media el María Guerrero es un tumulto que finaliza con la toma al asalto, y en el centro de tanta agitación estamos los espectadores rehenes. Por supuesto todas las similitudes con otros acontecimientos reales de este tipo son deliberadas.

dimarts, 23 de setembre del 2008

El boicoteo a la Educación para la ciudadanía.

Hubo un tiempo en España que duró cerca de cuarenta años en el que las escuelas, cuyas aulas tenían el aspecto que se ve a la izquierda, impartían dos asignaturas obligatorias, una de religión (católica a machamartillo, claro está) y otra llamada de Formación del Espíritu Nacional que era simple doctrina fascista más o menos adaptada a las realidades de Carpetovetonia. Obligatorias quería decir obligatorias. Y se impartían a lo largo de todo el proceso educativo, desde la enseñanza primaria ¡hasta la Universidad! Cuando empecé la carrera, las "tres marías", religión, política y gimnasia, seguían siendo obligatorias; por supuesto las clases ya no se daban pero las asignaturas había que pasarlas. Supongo que algún oscuro funcionario firmaría las papeletas de aprobados en su covacha. Pero allí seguían las materias de adoctrinamiento ideológico. Nadie podía objetar a este abuso. Nadie plantear algo parecido a la "objeción de conciencia". Eso era impensable en un país en el que era obligatorio bautizar a los críos en la Iglesia católica, obligatorio que hicieran la primera comunión, obligatorio casarse por lo eclesiástico. Aquí era obligatorio todo y nadie daba un ardite por quien tuviera convicciones distintas o no tuviera ninguna.

Resulta que los beneficiarios directos de aquella situación de insulto y trágala permanente a la ciudadanía y los herederos de los beneficiarios directos, la Iglesia católica y el partido de la derecha, PP, saltan ahora en contra de la asignatura Educación para la ciudadanía (EpC) esgrimiendo la razón de que es anticonstitucional porque coarta la libertad de los padres a escoger la educación moral que deseen para sus hijos, porque va en contra de las convicciones de la gente. Y animan a los ciudadanos a desobedecer la ley recurriendo a una forma torticera de objeción de conciencia, amparada en razonamientos de rábulas.

Y no se les cae la cara de vergüenza.

No, no se les cae la cara de vergüenza porque no la tienen. Piénsese en que esta Iglesia que truena contra EpC (hace poco decía Monseñor Cañizares que quienes impartan esa materia colaborarán con el maligno) no solamente tiene a la espalda aquel vergonzoso pasado de meter sus dogmas a cristazos en la cabeza de los niños sino que hoy día sigue defendiendo lo mismo. Porque es esa Iglesia que se opone al "adoctrinamiento" de EpC la que insiste en que la asignatura de religión, de su religión, sea obligatoria en la escuela. Es decir no solamente mienten los curas al hablar de adoctrinamiento en EpC cuando los que adoctrinan son ellos sino que además están intentando una maniobra fraudulenta para conservar su poder en el sistema educativo y con el poder, claro, el dinero.

En cuanto al PP, siempre alineado con lo más retrógrado de la jerarquía, ha forzado un frente común de sus gobiernos en las Comunidades Autónomas (CCAA) basada en una Declaración del Partido Popular sobre Educación para la ciudadanía que es un monumento a la mistificación y la falsedad. Sostiene el PP que hay sentencias judiciales distintas respecto a la objeción de conciencia a EpC. Se refiere a que mientras el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía lo admitió en célebre sentencia ya recurrida, los de Cataluña y Asturias no lo hicieron y también están recurridos en casación. Dada la situación pide no implantar la asignatura a la espera de que se pronuncie el Tribunal Supremo unificando doctrina; es decir, está pidiendo a los gobiernos de las CCAA en que gobierna que incumplan la ley como en parte ya lo hacen el de Valencia y el de Madrid. La existencia de discrepancias en la llamada "jurisprudencia menor" no es invocable para justificar un incumplimiento de la ley y es esta una actitud ilícita que debiera ser objeto de sanción en los tribunales. Un partido no puede llamar a unos gobiernos autonómicos a quebrantar la ley.

La EpC es una asignatura puesta en marcha en cumplimiento de un mandato de la UE de 2002 y que, además, existe en los planes de estudio de todos los sistemas educativos europeos y no europeos medianamente avanzados. Se llama Civic culture en el ámbito anglosajón, Éducation civique en Francia, Educazione civica en Italia, Sozialkunde o Politische Bildung en Alemania, etc. Es más, la Agencia estadounidense USAID, dedicada a promover el desarrollo y la modernización de países del Tercer Mundo tiene un programa específico destinado a implantar civic culture en los sistemas educativos de estos países. Se trata de algo elemental que todo el mundo que no esté movido por los sórdidos intereses de conservar sus privilegios entiende: los chavales tienen que saber cómo funcionan las normas de convivencia del lugar en el que han nacido y están criándose, deben saber cuáles son sus derechos, cuáles los de los demás (que limitan los suyos) qué funciones cumplen las instituciones y qué opciones tendrán ellos para moverse por la vida cuando les llegue el momento.

El pretexto que invocan para fomentar el incumplimiento de la ley es la objeción de conciencia. La verdad es que la jurisprudencia española en esta materia no es brillante. Pillados en bajos momentos tanto el Tribunal Supremo como el Constitucional salieron del paso como pudieron en ocasiones anteriores (incluso con sentencias contradictorias) pero básicamente reconociendo el derecho a la objeción de conciencia a tenor del art. 16 de la Constitución. No voy a meterme en muchas honduras. Las innumerables páginas web de los enemigos de EpC en las que se anima a la gente a hacer objeción de conciencia suelen argumentar que ésta está amparada por la jurisprudencia y que además no equivale a una desobediencia civil. Es evidente que la objeción de conciencia tiene dos tratamientos distintos en el orden legislativo y en el judicial. En el primero no hay nada que objetar cuando el legislador regula dicha práctica en situaciones concretas y para hechos específicos, por ejemplo, la ley de objeción de conciencia al servicio militar. En el segundo, los tribunales tienen la difícil tarea de dilucidar el recurso a la objeción de conciencia en casos en que no esté específicamente prevista. Y aquí habrán de ser los jueces quienes determinen a) si la objeción invocada está fundamentada en un riesgo real de quebranto de las convicciones morales del sujeto (que no es el caso de EpC) y b) si al ejercitar la objeción de conciencia no se lesionan derechos de terceros (en el caso de la EpC los de los niños a recibir una nuena educación) pues son los tribunales quienes deben zanjar los conflictos entre derechos. Pero no sustituir al legislador, siendo éste quien ha de regular de modo específico si asiste a los ciudadanos el derecho a objetar al cumplimiento de una ley arbitrando los medios necesarios para no perjudicar los derechos de terceros. Pero, en principio no existe ni puede existir un supuesto derecho genérico a desobedecer la ley pretextando razones de conciencia porque, en tal caso el fundamento mismo de la ley se viene abajo.

Precisamente aquí es donde resulta relevante ese especioso argumento del PP de que la objeción de conciencia no equivale a la desobediencia civil. Soy partidario de esta última práctica y creo conocerla bien, incluso publiqué un libro sobre ella hace ahora veinte años, Resistencia y desobediencia civil Madrid, Eudema, 1987. Y una de las formas de aquilatar en qué medida la objeción de conciencia es legítima es aplicarle el cedazo de la desobediencia civil consistente en que alguien quebrante públicamente una norma y acepte el castigo que ello conlleva por razones de conciencia y en la esperanza de que esto constituya un ejemplo que mueva al legislador a cambiar la ley considerada inicua o a arbitrar un derecho de objeción a esa ley. El intento de desvincular la objeción de conciencia de la desobedienca civil es el de garantizar al objetor que la objeción le salga "gratis" a efectos de que el comportamiento se generalice y, de esta forma, se consiga mediante la movilización en la calle lo que no se consiguió en sede parlamentaria, esto es, la deregación de una ley en vigor.

Así que no existe un derecho positivo genérico a la objeción de conciencia, salvo el que expresamente reconozcan las leyes y menos se puede pedir a las autoridades que incumplan la ley a causa de la existencia de "jurisprudencia menor" conflictiva.

El miedo de los socialistas.

No salgo de mi asombro al ver los últimos nombramientos para el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). La enseñanza que supongo sacará el PP es que si te pasas dos años de bronca en bronca, saboteas la renovación del CGPJ y del Tribunal Supremo, paralizas la administración de justicia y te pones bravucón, al final el PSOE se achanta y te da todo lo que pides. Lo dicho, asombroso. Empezó el PSOE cediendo en el equilibrio numérico de vocales del CGPJ de forma que hoy tienen ambos partidos igual número, nueve/nueve, sin que se respete el hecho de que el PSOE es partido mayoritario en la Cámara. Eso no lo hubiera hecho el PP ni loco. Pero pudo atribuirse a un gesto de elegancia de los sociatas que, además en principio tampoco comprometía a mucho ya que en caso de empate decidiría el voto de calidad del presidente y al presidente lo nombraba el PSOE

Pero héteme aquí que el señor Rodríguez Zapatero, pues al parecer la decisión es suya, ha impuesto como presidente del CGPJ al señor Carlos Dívar, conservador y "profundamente católico". Vaya por delante que no tengo nada contra el señor Carlos Dívar y que, según noticias, es un magistrado ejemplar. Sí tengo y mucho contra el hecho de que los jueces sean de "profundas convicciones religiosas" y más tengo aun contra que pertenezcan a sectas, como el Opus Dei. No veo por qué se prohíbe a los jueces afiliarse a partidos políticos pero no a sectas que son más parciales que los partidos, como la citada del Opus. También tendría algo que decir sobre el catolicismo, especialmente el "profundo", pero todo esto se quedará para un post posterior.

De lo que se trata aquí es de saber por qué el PSOE nombra un presidente cuyo conservadurismo y confesión religiosa ostentosa no le hace coincidente con el espíritu que anima al partido, a los vocales del mismo CGPJ que él ha nombrado y desde luego a sus votantes entre los cuales está este bloguero cada vez más harto de un Gobierno que tira a la derecha como la querencia del burro. Porque si los sociatas se han quedado sin la presidencia del CGPJ ocupada ahora por alguien a quien alaba la derecha ésta no ha perdido ocasión de proponer para la vicepresidencia a un duro y fajado militante de su partido, un hombre de probada parcialidad y agresividad en contra de la izquierda. Es decir ésta, teniendo mayoría en el Parlamento, la ha perdido en el órgano de gobierno de los jueces. Y lo ha hecho sin necesidad porque hasta el señor Rajoy aceptaba en principio (ya había sacado bastante con el 9/9) que el presidente fuera un progresista.

¿Por qué no lo ha sido? Se admiten apuestas. Yo tengo dos explicaciones que se me vienen a la cabeza y las dos plausibles: a) en el fondo este Gobierno no es de izquierda o, si lo fue alguna vez, ha dejado de serlo como se ve en toda su trayectoria. Este nombramiento es la prueba certifical definitiva y lo que permite augurar que lo que pretende es obstaculizar la aplicación de la ampliación del aborto pero no hacerlo él, sino poniendo al frente de la jerarquía judicial a un hombre de profundas convicciones católicas, de los que piensan que el aborto es un pecado y un asesinato; b) lo que tiene el Gobierno es miedo a la derecha y lo consume un afán de hacer méritos a los ojos de ésta para no sufrir sus ataques. Miedo disfrazado de objetividad, ecuanimidad y talante. Pero miedo que hace ceder ante las imposiciones ajenas y ceder la confianza que los votantes han depositado en él. ¡Qué lejos queda ya el ¡Zapatero no nos falles! No ha hecho otra cosa que fallar. Clamorosamente desde las elecciones de marzo.

(La imagen es una foto de germeister, bajo licencia de Creative Commons).

dilluns, 22 de setembre del 2008

ETA: business as usual.


Ya estamos en donde estábamos antes de la tregua. Hay que ver cómo avanza la cuestión vasca.

143.353.

Son los nombres de las personas torturadas, fusiladas y hechas desaparecer por los franquistas durante la guerra civil y la larga posguerra cuya relación entregarán hoy al juez Garzón los representantes de unas doscientas asociaciones para la recuperación de la memoria histórica. Ciento cuarenta y tres mil trescientos cincuenta y tres seres humanos, en su inmensa mayoría hombres jóvenes y no tan jóvenes, campesinos, trabajadores, dependientes, empleados, pero también muchos viejos, mujeres, algunas embarazadas y niños. De todo. Aquellos criminales que acababan de ganar una guerra y todavía tenían el miedo metido en el cuerpo de lo que hubiera podido pasar de triunfar la República o alguna de las revoluciones que incubaba, no dieron cuartel a los vencidos, no tuvieron piedad con ellos. A lo largo y a lo ancho del país se persiguió a los republicanos, combatientes, militantes de organizaciones izquierdistas, simpatizantes, gentes consideradas tibias. Las denuncias anónimas, un simple chivatazo solía bastar para que una escuadra de asesinos falangistas se llevara a un vecino incómodo, a veces alguien a quien el denunciante debía dinero, le daba "el paseo" y amanecía en una cuneta apaleado, desfigurado, con un tiro en la nuca. Los demás vecinos lo enterraban en donde podían.

Todo el territorio nacional se llenó de campos de concentración, de cárceles improvisadas desde donde se despachaba a la gente con escasos trámites identificativos a otras cárceles o directamente al paredón. En todas partes se torturaba, en las comisarías de policía, en los cuartelillos de la Guardia Civil, en las dependencias de la Falange. Se persiguió a la gente troje por troje, huerto por huerto, casa por casa; se "peinó" el país durante meses, años. Nadie estaba seguro; todos podían ser reconocidos en algún momento, delatados, arrestados y asesinados sin juicio ni proceso alguno a veces sólo para que sus ejecutores se quedaran con sus propiedades pues, además de asesinos, fueron ladrones. Y así hasta 143.353... documentados. Faltan los que hasta la fecha no ha sido posible documentar porque, entre otras cosas, a la muerte del genocida supremo, los jerarcas de su régimen mandaron quemar archivos y registros básicos, esenciales, de la Falange y de otras entidades para ocultar sus crímenes y que ¿cuántos serán? Es imposible saberlo. Pero 143.353 son ya una cantidad que permite hablar de genocidio o, cuando menos, crimen de lesa humanidad.

Pues fue una matanza sistemática, metódica, perpetrada con procedimientos racionales, fría, calculada. Con ella se perseguían tres objetivos: castigar del modo más atroz a todos los que directa o indirectamente hubieran ayudado al "enemigo", esto es, el Gobierno legítimo de la República; aniquilar toda sombra de resistencia al Estado Nuevo que los delincuentes facciosos erigieron, justificado por las teorías de unos seudintelectuales paniaguados cuyos nombres es mejor olvidar; y sembrar el terror en la población, inculcarle el miedo, paralizarla.

Y voto a tal que consiguieron los tres objetivos: si los muertos desaparecidos documentados son 143.353 cálculese cuántos serán los muertos también documentados pero ejecutados por procedimientos "normales" más los simplemente torturados, apaleados y encarcelados, a veces durante veinte años. Sin duda, un castigo atroz, colectivo, "ejemplar". Al tiempo que se aniquilaba la guerrilla en los campos se exterminaba toda resistencia en las ciudades. Hasta 1951 (huelga de tranvías de Barcelona en febrero) no se dio movimiento alguno de protesta digno de tal nombre y, después de él, hubo que esperar hasta 1962 para que se produjeran los primeros movimientos de protesta de importancia, las primeras huelgas de masas, las de las cuencas mineras de Asturias en 1962.

Pero en donde la represión generalizada y metódica, la masacre ejemplarizante, consiguió más plenamente su objetivo fue en la tarea de sembrar el terror e inculcar el miedo a la gente. La sensación dominante durante lo que el poeta llamo a longa noite da pedra de la dictadura fue el miedo; miedo en las miradas cuando alguien mencionaba algo comprometedor, miedo al paso de la pareja de la guardia civil, miedo a las provocaciones de los chulos falangistas, miedo a los curas que eran unos miserables al servicio del fascismo, miedo al vecino, miedo al pariente... Todavía hoy conozco gente que tiene miedo o, lo que es peor, lo ha heredado.

La derecha no está dispuesta a asumir esa pesada herencia de crimen de lesa humanidad; pero tampoco a renunciar a ella. Por eso dice un falangista como el señor Aznar que es la derecha "sin complejos". Cuando dicen eso de "sin complejos" se refieren a ese pasado que, como los políticos astutos, no "afirman ni desmienten". Al fin y al cabo, bien claro está que en repetidas ocasiones, en 1993, 1996, 2004, han jugado con ese miedo cerval que aquellos asesinos correligionarios suyos inculcaron en una población civil inerme. Miedo.

Miedo del que por fin podrán librarse muchos , cuando recuperen oficialmente los restos de sus familiares o allegados sin que suceda nada y cuando vean que, al contrario, la siguiente batalla que habrá que dar, una vez que conocemos los nombres y apellidos de las 130.137 víctimas, será conocer los de los victimarios con todas las circunstancias pertinentes, incluidas las reparaciones y devoluciones de todo lo robado.

No queremos venganza. Queremos justicia.

(La primera imagen es una foto de Jaume d'Urgell, bajo licencia de Creative Commons).

La mirada interior.

(Cielo nocturno, Anagrama, Barcelona, 242 págs).

Cada libro que leo de Soledad Puértolas me parece mejor que el anterior, prueba inequívoca de que lo que me gusta es la escritora que no me atreveré a sostener sea la mejor española ya que sostener esas cosas en literatura es majadero, pero sí la que más me gusta. Y es la que más me gusta porque consigue eso que Carmen Martín Gaite explicaba muy bien en un ensayo sobre la narrativa: que el lector sienta que le está hablando a él y de él. Lo cual es doblemente curioso porque en este libro Puértolas sólo habla de ella y para ella, por lo demás como hace casi siempre. Yo no nací en provincias, en una familia de padre falangista ni fui a un colegio de monjas, sino que lo hice en Madrid, en una familia de republicanos represaliados y fui a un colegio diocesano. Sin embargo la historia de Puértolas es mi historia, me identifico con ella a través de esa prosa sencilla, cristalina, tenue, un poco sosa, casi sin adjetivos que parece como si fuera dibujando a las personas, los edificios, los días, las cosas con un solo trazo sutil. Así uno no lee sino que se deja llevar por la lectura y ve, siente, experimenta vicariamente una realidad que Puértolas ha ido a buscar a Dios sabe dónde en sus recuerdos y se despliega como algo ajeno y próximo al mismo tiempo, con una cadencia irónica.

Al cerrar el libro sucumbe uno a la odiosa manía taxonómica y se pregunta uno qué clase de obra sea ésta. Una pregunta estúpida porque no tiene clase, es única, original, propia. Si como dicen por ahí toda novela es autobiográfica (vaya cuento), ésta sería una autobiografía novelada pero extraordinariamente solipsista. Escrita en primera persona, con una baile de tiempos verbales que es un modo indirecto de decir que la narradora está viviendo en este momento el tiempo que narra, los otros personajes, tan reales como la narradora misma, sólo aparecen como ella los ve y como los ve según va creciendo. Con lo cual pareciera que de novela le queda poco. Y sin embargo es novela. Es más novela que una novela pues simula ser narración en lo que hoy se llama "tiempo real". En una autobiografía el autor nos anticipa los destinos últimos de algunos personajes cuando han sido decisivos en su vida. No aquí. La relación de la autora (cuyo nombre, si no recuerdo mal, no se menciona en todo el libro) con Mauricio es determinante en su vida, pero la vivimos como si fuera una relación abierta a cualquier fin siendo así que tiene uno y es sorprendente.

Es un libro rebelde porque cuenta una rebelión y lo hace de una forma inclasificable. Pero en todo caso magistral. Lo del magisterio no es hipérbole. Puértolas es una escritora de pura raza y cuenta las cosas como le da la gana; en este caso, parte de una vida, y decisiva, en dos escenarios: el colegio y la universidad y en el ínterin una capital de provincia, supongo que Zaragoza, en los años oscuros del franquismo, los cincuenta, los años de dar vuelta a la ropa, tirar de las costuras y ropa vieja de cena. Los Moraleda se me van a quedar ya como el símbolo de la burguesía frustrada igual que los Venturin son el de la nobleza paleta en Proust. Por cierto, esa semimonja, Carmen, fascinada por Saint-Exupéry y Proust, es un personaje bien curioso. Me pregunto qué es lo que la atraería del uno y del otro.

Puértolas habla de sus tiempos, que son los míos. Hemos visto las mismas cosas, situaciones, personas, acontecimientos, festejos, rutinas, por los mismos años, aunque ella es cuatro más joven. Así que nada de extraño tiene que uno se entusiasme cuando una autora tan magnífica habla de algo que uno también conoce. Produce una gran alegría encontrar sentimientos propios expresados con tanta elegancia por otra que está hablando de los suyos. Y que lo hace de una forma como abriéndolos al mundo. "¿Qué es lo que Mauricio ve en mí?, ¿qué busca, qué quiere de mí? Aún recuerdo lo que yo esperaba de él; lo que en el fondo esperaba de la vida: ser entendida." (p. 152) Ahí es nada. Ojalá lo haya conseguido. Porque hace falta un artista para substituir el socrático "conócete" por el propio y solipsista "conóceme".

Es magnífica la primera parte (algo menos de la mitad del libro) en que se narra la niñez y adolescencia hasta la salida del colegio rumbo a la universidad, cosa que se hace relatando fragmentos que no tienen más hilo entre sí que uno endeblemente cronológico al que apenas se hace alguna referencia. Y lo más curioso es, para mí, leérsela a una niña, cuando uno se ha tirado toda la vida escuchando las experiencias de infancia y adolescencia en historias de chicos, desde Guillermo Tell a Tom Sawyer. Niños y niñas son experiencias tremendamente distintas sobre todo en sistemas educativos segregados. Y cuando digo segregados me refiero a todas las posibles segregaciones, también en mi colegio había escolares que no pagaban porque eran huérfanos de Hacienda o huérfanos de ferroviarios, dos orfandades al parecer bienquistas del Régimen.

Los años de la universidad son casi los míos, posteriores, que fueron aun mejores. Y la forma en que están contados con mucha ironía y bastante delicadeza. Es muy bueno el paralelismo que se establece en la evolución de la autora entre un aspecto vital y otro teórico. Habla mucho del vital porque es un implicación sentimental y es lo que más le interesa y entendemos que esa evolución se completa en el tránsito de Mauricio a Carlos, al final de la cual hay una crisis de la que Puértolas no quiere hablar. De la teórica apenas se ocupa, no le interesa, pero la retrata a la perfección al narrar cómo, tras ser expedientada, es acogida por profesores y ayudantes en una especie de seminario especial para ayudarle a preparar las asignaturas y ella concluye que eran parecidos a los del grupo izquierdista de Mauricio. Sólo que, allí, dice Puértolas, el santón era Popper. Viaje de parte importante de la izquierda española, es verdad, de Marx a Popper.

Vuelvo a la rebeldía, que es el núcleo central del relato. Lo que Puértolas cuenta es cómo va acumulándose en ella una especie de energía de rechazo durante los años del colegio que por fin estalla en la universidad. Eso la lleva a enfrentarse con su padre y a emanciparse (por cierto, el lugar en donde lo hace no puede ser más divertido, una especie de comuna en la que todo dios daba a la maría), pero como es ella misma, se trata de una ruptura sin gritos, sin aspavientos, prácticamente sin palabras, con miradas, con silencios. Así se va de su casa. Y poco después, del libro. Se queda uno pensando cuando podrá leer la continuación y si habrá continuación. Al fin y al cabo Puértolas disfruta del bien ganado privilegio de escribir de lo que le apetece y si privilegiado es hacerlo contando la propia vida como se quiere, no menos lo es dejando de hacerlo. Pero abrigo la esperanza de la habrá. Puértolas es una mujer observadora; fue una niña, una adolescente, una joven observadora, no exactamente introvertida pero con mucha mirada interior, mucho diálogo interno. Y por eso le fascina explicarse a sí misma por las cosas que observa que le suceden.

diumenge, 21 de setembre del 2008

Los cachorros.

Los discursos de los dirigentes "centristas" del PP en el XIV Congreso del de madrid, señores Ruiz Gallardón y Rajoy fueron planos, anodinos, neutros, como de quienes quieren pasar el trago cuanto antes. Ambos se sabían en territorio hostil y trataron de mantener un tono gris, con felicitaciones personales a la presidenta del partido y poco más. De ese modo los dos evitaron algún posible episodio desagradable.

El que estuvo fogoso, sin embargo, audaz y agresivo, como corresponde a sus cortos años y más cortas ideas, fue el señor Pablo Casado, secretario general de las Nuevas Generaciones, el frente de juventudes del PP en donde éste, como todos los partidos por lo demás, aparca una temporada a los jóvenes que por su ímpetu y radicalismo, podrían poner en peligro el buen nombre del partido. El tal señor Casado se arrancó llamando carcas a los de izquierdas, razón por la cual, según él, los de izquierdas "no están de moda". Teniendo en cuenta que las expresiones de "carca" y "carcunda" designan personas carlistas y católicas se me hace que el PP ha de tener una congregación de estos sin parangón con ninguna otra colectividad nacional.

Este señor Casado añadió: "Los de izquierdas están todo el día con la guerra del abuelo, con la memoria histórica, con el aborto, la eutanasia y la muerte, cantando la Internacional, que se cantaba cuando había 100 millones de muertos en el siglo pasado", sin duda para dar mayor peso a su idea de que lo fetén, lo moderno hoy día está en el PP. Si tenemos en cuenta que el PP mira hacia el futuro pensando en enlazar con los Reyes Católicos, que su oposición al aborto y a la eutanasia es para regresar a la situación anterior típica, y que tararean una marcha real de hace dos siglos, apreciaremos en lo que vale ese pote implícito del señor Casado de dárselas de avanzado frente a la izquierda, pobre hombre.

Buena marcha sí lleva el pavito en dominar esa práctica de la derecha de sostener que lo viejo es nuevo y lo nuevo, viejo, es decir, en entender que hablar en política es mentir. Según él, claro está. De todas formas, estaba muy mono el petimetre rebelándose contra la "manipulación" de la izquierda: "Ahí tenemos la Ley del aborto y la eutanasia, pero es que también nos manipulan durante la vida, en la Educación, en la Justicia, en los medios de comunicación, en las empresas, hasta en lo que tenemos que comer, acordaos del conejo, de las hamburguesas grandes o pequeñas. Ya está bien". ¿Cómo extrañarse de que mientras sus cachorros decían tales bobadas la señora Aguirre se sintiera como en casa y alzase la voz diciendo "¡Olé, olé y olé!"? Olé, olé y olé, como se dice a los niños cuando aprenden algo.

La famosa guerra contra el terror.

El mayor atentado en la historia de Islamabad, un camión repleto de explosivos contra el hotel Marriott, en el centro del distrito gubernamental, con más de sesenta muertos y de doscientos heridos tiene el valor de un colofón a una serie de acontecimientos que revelan la complejidad e inestabilidad de este país y de la zona del planeta en que se encuentra. Hace escasos diez días que las agencias internacionales anunciaban a tambor batiente que el nuevo jefe de Al Qaeda en Pakistán y algunos de sus más estrechos colaboradores habían muerto en un ataque con cohetes de tropas estadounidenses en el norte del país. Lo suficiente para levantar indignación entre una población que, en su mayoría, no ve con buenos ojos la estrecha alianza de su país con el Satán infiel, primero durante la dictadura de Pervez Musharraff y ahora bajo la presidencia del viudo de Benazir Bhuto, Asif Ali Zardari, no menos sumiso a los gringos que su predecesor. A tanto subía la tensión que, horas antes del atentado, el Presidente comparecía en sesión conjunta de ambas cámaras del Parlamento a jurar que su gobierno no toleraría injerencia alguna de tropas extranjeras en suelo paquistaní a cuenta de la guerra contra el terrorismo. Asimismo pidió una reforma de la Constitución para reducir algunos de sus amplísimos poderes, heredados de Musharraff. Pero eso es asunto baladí.

Aquí lo esencial es que el principal aliado de los EEUU en la zona está tan minado por el terrorismo de Al Qaeda como cualquiera de los Estados limítrofes y que, por otro lado, ese terrorismo, lejos de disminuir, aumenta. A ello ayuda, y mucho, esa inteligente diplomacia estadounidense que consiste en empujar al Pakistán en contra de Al Qaeda en Afganistán al tiempo que se queja amargamente de que los gobernantes del país (ayer Musharraff y hoy Ali Zardari) no hacen lo suficiente en la guerra global contra el terrorismo cuando lo que están consiguiendo, como se acaba de ver en el caso del Marriott es que éste se haya extendido ya en el país. Otro éxito más para el cabeza del trío de las Azores.

Y ese terrorismo no sólo aumenta, sino que se radicaliza, aunque parezca imposible. En el vídeo de hora y media que sacó Al Qaeda para celebrar el aniversario del 11 de septiembre y que se difundió en las cadenas de Al Jazira y Al Sahab, ese en el que se decía cuáles habían sido sus planes en Barcelona, y se hace un repaso a la situación de la guerra santa contra el infiel en el mundo, la organización terrorista sostiene que el Irán colabora con los EEUU y predice la derrota estadounidense en el Afganistán. Preguntado el número dos de Al Qaeda (Osama Bin Laden no aparece en esta entrega) qué opinión le merece el hecho de que, por fin, la cantidad de atentados en el Irak esté disminuyendo contestaba que en estas cosas "hay altos y bajos".

Esa "guerra contra el terror", proclamada por los EEUU con su bombástica tendencia a la hipérbole estaba perdida desde el mismo comienzo. La única forma de salir de ese atolladero es volver a un orden internacional multilateral en el que tengan primacía la diplomacia y las Naciones Unidas y desaparezcan las aventuras imperialistas, tanto las de rapiña directa como las que se disfrazan de razones humanitarias. Lo cual es una perspectiva poco probable.


(La imagen es una foto de katutaide, bajo licencia de Creative Commons).

dissabte, 20 de setembre del 2008

¡Muera el relativismo moral!

En un congreso perfectamente búlgaro de lealtades inquebrantables e inasequibles al desaliento los ultraliberales madrileños del PP, que no son otros que los franquistas del franquismo sociológico de toda la vida, han elegido Presidenta a la señora Aguirre por una abrumadora mayoría del 96,34%. Aunque no se lo crean los lectores, me parece maravilloso qué se fizo del 3,64% restante de los votos siendo así que sólo había una candidatura, la de la presidenta votada represidenta. Debe de ser el porcentaje de los irremediables abstencionistas, ausentes o distraídos ya que no había nadie a quien votar y las papeletas no registran voto en blanco o nulo alguno, lo que también suspende el ánimo. ¡Esto es un partido unido tras su jefa, prietas las filas, recias, marciales y no Izquierda Unida, por ejemplo, que ni siquiera sabe cuántos votan cuando votan! Y no hablemos ya del PSOE, cuyo declive empezó ayer mismito, al decir de la belicosa y sonriente señora Aguirre. Hasta el señor Ruiz Gallardón hacía zalemas a su rival y esgrimía un letrero de "sí" tan grande como una moto. Estará feliz: sus sueños se hacen realidad.

La señora Aguirre soltó un discurso breve pero denso de contenido político según su prensa amiga que es toda la de la capital excepto El País, al que llaman "monopolio" con ese peculiar sentido de la doblehabla que tienen los ultraliberales. Lo que más parece haber gustado a la fiel infantería de papel ha sido que la señora desgranara de memoria y sin chuleta alguna toda la nomenklatura de su equipo. Si yo fuera del PP a mí eso me pondría los pelos de punta porque deja claro que la aguerrida dama lo controla todo con la minuciosidad de un ama de llaves de novela gótica. Aquí no se mueve nadie sin que el Mando tome nota.

Lo que más me llamó la atención de la arenga fue esa contundente expresión de que se acabó el relativismo moral. Mi pregunta inmediata fue: y ¿por qué querrá sustituirlo? La respuesta no menos inmediata: por el absolutismo moral. Eso es lo que va a los neoultraliberales, la fijación de unos únicos valores que excluyan a todos los demás y se impongan a rajatabla, es decir, al modo liberal. No sé si cabe prostituir el término "liberal" con más contundencia que asociándolo a la idea de acabar con el "relativismo moral" que no es otra cosa que la idea de que las sociedades modernas son mestizas y multiculturales y, por lo tanto, en ellas habitan y deben tolerarse mutuamente valores morales distintos. La señora Aguirre quiere substituir esa mezcolanza, ese batiburrillo insufrible, por un solo conjunto de valores morales: los suyos, que dice son los de la mayoría de los españoles. Pudiera ser y aunque me parezca que los valores morales que esta señora profesa no son los que preconiza (piénsese por ejemplo en el mandato de no mentir o de no levantar falso testimonio) quizá sean los de la mayoría de la población. Pero eso no hace que se puedan imponer como únicos. Imponer un único conjunto de valores morales a todo el mundo es algo sencillamente odioso.

Pero es que el odio y la mentira ayer campaban libremente en el congreso del PP. Allí estuvo el Secretario General, señor Granados, diciendo que el PP es "el único partido del arco parlamentario que no fue protagonista del fracaso colectivo de la Guerra Civil". No, simplemente fue fundado por un ministro de Franco y sus filas están a rebosar de exmiembros del Movimiento Nacional y de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS o de alguna de sus variantes, como es el caso del señor Aznar que fue en su juventud miembro de la Falange Independiente. Y si la Falange, el Movimiento y los ministros de Franco no son protagonistas del fracaso colectivo de la Guerra Civil el Pisuerga no pasa por Valladolid.

Lo único que cabe agradecer a este señor Granados, Secretario General del PP de Madrid, es que hable de la guerra civil como "fracaso colectivo". Hasta hace muy poco muchos de sus conmilitones, empezando por el señor Fraga, la llamaban Glorioso Alzamiento Nacional. Tiene razón la señora Aguirre, ¡hay que acabar con este relativismo cultural que llama "fracaso colectivo" a la cruzada de España contra el comunismo!

(La imagen es una foto de Chesi - Fotos CC, bajo licencia de Creative Commons).