dimecres, 30 de juliol del 2008

La condena al locutor.

Con las ganas que le tiene medio establishment mediático estoy seguro de que la esfera pública crepitará hoy de comentarios sobre la segunda condena judicial en pocos meses al señor Jiménez Losantos, la primera por injuriar al Alcalde de Madrid y esta segunda de triple cuantía por intromisión ilegítima en el honor del señor Zarzalejos. Tengo dicho que no me alegro de ninguna condena de los tribunales, pero sí de que se ponga coto a ese clima irrespirable, esa catarata de injurias e insultos que es la COPE, propiciada por este señor Jiménez. Es extraordinariamente fastidioso para el común de la gente tener que habérselas con individuos que recurren de modo sistemático a la agresión verbal, el vituperio y el insulto con el agravante de que lo hacen en un medio de comunicación de amplísima difusión.

Pero no es eso lo que aquí me interesa, que ya lo habrán dilucidado y desmenuzado cientos de plumas y decenas de voces. Me interesan tres puntos en concreto que sólo he visto tocados tangencialmente por ahí. Uno es la reacción que quepa esperar de la Conferencia Episcopal Española, propietaria de la COPE. No teniendo bastante con amparar pederastas, la jerarquía puede caer en la tentación de amparar gente reiteradamente condenada en los tribunales por injuriar e insultar a los demás. Ella sabrá lo que hace pero las condenas por injurias e insultos caen sobre ella tanto como sobre su empleado.

Segundo. Se propone el condenado administrar por doquier la misma medicina que él está recibiendo. Será divertido que lo haga ya que la cosa puede acabar en aquelarre dado que si él insulta, los demás no se quedan cortos insultándolo a él. Esta línea de respuesta parece jurídicamente prometedora, aunque moralmente detestable ya que recurre al socorrido "y tú más" y presumen que insultar o injuriar no es un mal en sí mismo, con independencia de quiénes o cuántos lo hagan. El patio puede convertirse en un reñidero sin cuento, cosa que normalmente favorece y beneficia a los insultadores como el mismo señor Jiménez Losantos. Abrir ahora una batalla de querellas y demandas a cuenta de los insultos en los medios puede llegar a colapsar los juzgados dado que aquí insulta casi todo el mundo. Siempre digo que el debate mediático en España me recuerda un extraordinario relato de Mark Twain llamado Cuando fui periodista en Tennessee donde cuenta cómo los rifirrafes entre las redacciones de los dos periódicos locales se resolvían a tiros y bombazos. Aquí, cuando menos, se trata de que las diriman los jueces. Algo es algo.

Tercero. Sin embargo en las pintorescas declaraciones del locutor al conocer la sentencia hay un elemento que contradice el propósito anterior de acudir a los tribunales. Según el señor Jiménez Losantos, "esta sentencia es incompatible con un Estado de derecho o una democracia". No veo por qué. La sentencia será más o menos justa y sobre eso se pronunciará en su día una instancia judicial superior si ha lugar a ello anulándola, modificándola más o menos o confirmándola, pero compatible con el Estado de derecho y la democracia lo es claramente. A no ser que se esté de acuerdo con el tenor de la siguiente declaración del señor Jiménez Losantos sobre el mismo tema en El Plural ¿qué es eso de que los jueces tiene que decidir lo que es honorable o no es honorable? Esa pregunta sí que es sorprendente y a ella sólo cabe responder con otras: y si no son los jueces, ¿quiénes serán? ¿Los matones? ¿El revólver más rápido del Oeste? ¿El señor Métomentodo? ¿Los curas? Negarse a que sean los jueces quienes diferencien entre lo honorable y lo no honorable equivale a decir que no hay diferencias.

El cuadro primero es La Justicia, de Lucas Cranach (1527) que se encuentra en Amsterdam Fridart Stichting y el segundo La Justicia de Rafael (1508 a 1511), un fresco que se encuentra en la Estancia de la Signatura, Palacios Vaticanos, Roma.

Ruido : gracias sean dadas a los jueces.

La Audiencia de Barcelona ha condenado a cuatro años a un individuo por hacer ruido. Regentaba uno de esos locales de música latina, que sólo de pensar en ellos producen escalofríos por la bulla que tienen siempre y se pasaba en decibelios cosa mala. Un cuadro muy frecuente: una buena gente que vive a expensas de que a unos desaprensivos que jamás tienen en cuenta a los demás cambien su comportamiento. Eso es improbable. La inmensa mayoría de la gente no transgrede la ley por un cálculo egoista de cálculo/beneficio. A quienes sí lo hacen hay que mostrarles en qué consiste el no beneficio o perjuicio. Cuatro años a la sombra la han caído al menda del bar llamado Macumba en Barcelona. Un "bar musical latino", Dios mío. Gracias sen dadas a los jueces que van entendiendo la naturaleza de una de las pestes contemporáneas: los ruidosos. Hagan una prueba: queden una hora, si pueden, en su despacho en el máximo silencio (no radio o tele, no teléfono ni ordenata ni hilo musical) y bajen luego al bar de la esquina a las 12:00 del mediodía. Y eso en los bares es muestra de jumentería colectiva, pero el ruido de los vecinos ruidosos, los que ponen la tele muy alta o gritan a todas horas o ponen música a todo trapo con las ventanas abiertas, eso ya no es muestra de esto o lo otro; eso es un delito, un delito perfectamente tipificado contra la integridad física de las personas. Meter tus ruidos en casa del vecino es meterte en casa del vecino.

El tribunal no ha adjudicado indemnización a favor de los denunciantes, un puñado de vecinos, porque, dice el fallo, no se han practicado las pericias necesarias que prueben que los denunciantes hayan sufrido daños. Querrá decir que midan qué daños hayan sufrido porque poner en duda que soportar durante dos años y medio ruidos que exceden en casi un 300% el límite máximo de decibelios permitido produce no daños sino estragos es ignorar todo sobre este problema de los ruidos y los ruidosos. Que si malos son los ruidos, no digo nada los ruidosos.

(La imagen es una foto de Anniebee, bajo licencia de Creative Commons).

Estafas en la red.

Ayer recibí una de las afamadas Cartas nigerianas. Me habían tocado 750.000 euros en no sé qué lotería y tenía que ponerme en contacto con no sé quién para recoger el premio. Es curioso comprobar que, por torpe que sea una estafa, siempre hay alguien que cae en ella. Cegado por la codicia, supongo.

Pero ¿que me dicen de la cartita de la supuesta Cajamar que voilà a la izquierda? Lo de La Verificación Del Sistema suena tan delicioso como el resto de ese español macarrónico que produce hilaridad. Pues hay gente a la que estafan. Estos.

dimarts, 29 de juliol del 2008

Un idiota en el puente de mando.

Eso es lo que han tenido los estadounidenses durante los ocho años de mandato del señor Bush. Y como los Estados Unidos son la nave capitana de la flota occidental, todos los Estados occidentales y, por extensión, el mundo entero. El mundo entero regido por un idiota. Un idiota que, como buen neocon, dice hablar con Dios y que éste afirma que le ordenó invadir el Irak.

Un idiota que deja un déficit presupuestario de 482.000 millones de dólares de los EEUU. Recibió el país de manos del señor Clinton en 2001 con un superavit de 123.000 y, desde aquel año sólo ha tenido déficit, hasta el previsto para 2009 y en el que inciden el coste de la guerra del Irak, las rebajas de impuestos que ha venido haciendo a los ricos y los 170.000 millones de dólares que va a inyectar en el mercado inmobiliario, para sufragar impagos y morosos fruto de la crisis de la vivienda, más pavorosa aun allí que aquí, que ya es decir.

Un idiota que deja como herencia un complejo e ilegal sistema de escuchas y espionaje a sus propios ciudadanos, una legislación que admite la tortura, una política de turismo e inmigración autoritaria y humillante para todos los viajeros a los EEUU, así como un centro ilegal de secuestro y tortura en Guantánamo, todo lo cual hace que el país haya perdido su prestigio como adalid del Estado de derecho y las libertades y derechos humanos y sea hoy sinónimo de "fascismo a la americana" o friendly Fascism.

Un idiota que lega asimismo una guerra de robo, saqueo y rapiña en el Irak, guerra que no puede ganar, pero que ya ha causado cientos de miles de muertos iraquíes (combatientes y no combatientes, mujeres, niños, viejos), millones de desplazados, miles de soldados estadounidenses muertos y decenas de miles de ellos heridos, un país sumido en el caos y la guerra faccional. Y una guerra, además que se la habrá ordenado Dios, no lo dudo, pero que él justificó con mentiras tan descaradas que las sostuvo hasta el señor Aznar.

Un idiota que prometió petróleo galore y barato y deja los precios más altos del crudo que se conocen en la historia, incidiendo así en la actual crisis económica mundial que también ha sido causada por el estallido de la burbuja de las hipotecas subprime, provocada por su inepcia y la del Gobernador de la Reserva Federal en aquellos años, el libertario neocon y randiano Alan Greespan.

Un idiota que ha vetado la legislación que posibilite investigaciones y avances en medicina en la lucha contra enfermedades como el mal de Alzheimer, que ha hecho lo posible por revertir la normativa federal sobre el aborto para arrebatar ese derecho a las mujeres y que ha alentado el resurgir de las más oscurantistas y delirantes teorías creacionistas, opuestas a los criterios científicos actuales.

Del Oriente Próximo y de la frontera con México no hablo porque son los únicos ámbitos en que el idiota ha conseguido lo que pretendía, esto es, eliminar toda posibilidad de que alguna vez haya un Estado palestino y garantizar la supremacía indisputada del sionismo y construir un muro a lo largo de la frontera del Río Grande, para impedir la libre circulación de personas en la zona en la que el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) sin embargo, garantiza la de mercancías.

Un idiota que empezó como todos los presidentes y ha acabado como el que ha tenido los índices de popularidad nás bajos de los Estados Unidos de América, entre el 21 y el 25%. Y todavía me asombra este 25% que no parece entender que este idiota con sus idioteces ha puesto al mundo en el brete en que se encuentra.

N.B: "idiota" no es un insulto sino que tiene aquí el significado prístino que tenía en Grecia el idiotes como contrario al polites, esto es, el que no se ocupa de la cosa pública sino de sus asuntos privados.

(La imagen es una foto de Toots fontaine, bajo licencia de Creative Commons).

Quique Salgado.

Soy fan de Quique Salgado así que en cuanto éste me ha enviado su última producción que tiene subida a su página web, Quiquesalgado, de la serie Pasión por lo cotidiano, me apresuro a dar cuenta aquí y subir alguna de sus imágenes, generalmente óleos sobre tabla y ocasional lienzo de dimensiones reducidas (sobre 40 x 50 cms.)

¿Qué es lo que me gusta de Quique Salgado? Pues eso precisamente, el interés por lo cotidiano, lo habitual, lo intrascendente, lo que por lo general no vemos porque no reparamos en ello. Él sí y, al hacerlo, convierte eso que no vemos en algo que no podemos dejar de ver porque le presta una fuerza, la fuerza de lo que es individual y único que no cabe resistir. Lo que me gusta es esa intención de declarar que no hay tema indigno para la creación artística, para la pintura. Las cosas viejas, destartaladas, las paredes desconchadas, los candados llenos de orín, la colada secándose en un modesto balcón de Palma o una vieja alacena polvorienta, todo es territorio de la creación artística, todo emerge de un no ser anodino e irradia personalidad. Ya sé que hablar de la personalidad de los objetos parece un contrasentido. En la pintura de Quique Salgado no hay seres humanos, ni animales, ni siquiera plantas. Podría denominarse pintura de "naturaleza muerta" de no ser porque toda ella es de artefactos que quizá no estén vivos, pero no son "naturaleza" en el sentido ordinario de este término. Son estos artefactos los que irradian personalidad, la que puedan haberles insuflado los seres humanos. Son cosas que quieren suscitar sentimientos. De ahí el título de la serie, de Pasión por lo cotidiano.

No obstante a veces la pintura de Salgado se antoja fría lo que probablemente se deba a la perfección hiperrealista de la reproducción figurativa. Esa perfección recuerda la que dan las máquinas, minuciosa, sin perder detalle, sin distorsión alguna. Una frialdad, una distancia que vienen reforzadas por el empleo de colores fuertes de tonos intensos, siempre a pleno sol cenital, con muy escaso uso del claroscuro, por no hablar de la contraluz. Uno consulta con su memoria y no recuerda haber visto los objetos que pinta Quique, pero uno descubre que le hubiera gustado haberlos visto.

Bueno por eso él pinta y yo narro.

dilluns, 28 de juliol del 2008

El Gobierno al servicio de la mafia del ladrillo.

Hace días que vengo posteando sobre la ya más que evidente coyunda entre el Gobierno dizque socialista y las empresas inmobiliarias. El veinticinco de este mes, el post se titulaba El Gobierno financia a la mafia del ladrillo, a propósito de la decisión de la ministra de la Vivienda, señora Corredor, de destinar trescientos millones de euros (y no de su bolsillo, claro) a comprar suelo a las constructoras con el pretexto de edificar luego viviendas de protección oficial (VPOs) pero con la intención clara de acudir en auxilio de aquellas para que no se vean obligadas a bajar los precios, sobrevalorados en un 40%, esos precios que impiden que la gente pueda acceder a la vivienda. Esta decisión mereció un editorial muy crítico de El País al día siguiente, veintiséis de julio, titulado Una receta equivocada en el que se ponía en solfa la decisión de la ministra, por entender que trataba de evitar que bajaran los precios.

La ministra (y su mentor espiritual, el señor Sebastián, ministro de Industria que, para desgracia de la gente, parece manda mucho en La Moncloa) debe de ser un peón del lobby del ladrillo en el Gobierno, pues sólo vela por sus intereses, al punto de intentar engañar a la buena gente hace un par de meses, incitándola a comprar vivienda con el cuento de que Es el momento adecuado para comprar una vivienda, que hace falta tener caradura, cuando sabe que los precios no han bajado todavía y, si de ella depende, no bajarán pues, como se ve, está dispuesta a emplear recursos públicos que faltan en otros ámbitos de acción del Gobierno, especialmente en la legislación de dependencia y otras políticas sociales.

Es decir, este Gobierno de "izquierda" está muy interesado en "facilitar el asalto al poder de los amigos ladrilleros" del ministro señor Sebastián. Véase al respecto el interesante artículo de Carlos Sánchez en El Confidencial, titulado ¿En qué se parecen Miguel Sebastián y el profesor Franz de Copenhague? y que contiene el siguiente demoledor párrafo: "Sostiene Sebastián ahora que la solución a los problemas inmobiliarios de este país es que los poderes públicos compren suelo y se dediquen a construir viviendas. Sin duda que estamos ante la formulación más brillante de su larga y fructífera carrera como economista profesional. Resulta que en un país en el que el 16,2% del parque de viviendas está desocupado (datos del Censo de 2001), en el que el número de viviendas por hogar es de 1,55 (datos del Banco de España) y en el que hay entre 800.000 y un millón de pisos sin vender, la solución es seguir construyendo más y más. Y lo dice quien se quita la corbata y viaja en metro para ahorrar energía. Ni al mismísimo profesor Franz de Copenhague se le hubiera ocurrido una solución tan ‘imaginativa’."

Y el asunto es peor de lo que parece. En principio podría pensarse que se trata de un caso de mera incompetencia, pero lo que se va sabiendo tiene mucha peor pinta. Según informa hoy El País, el señor David Taguas, amigo y colaborador del señor Sebastián y exdirector de l Oficina Económica de La Moncloa estuvo intrigando desde su puesto ante bancos y cajas y con los ministros del Gobierno para tratar de salvar con dinero público a la empresa Martinsa que, como se sabe, está hoy en concurso de acreedores. El señor Taguas dejó su puesto hace cosa de mes y medio para presidir la patronal de las grandes constructoras (SEOPAN), una especie de alto estado mayor del ladrillo, provocando un problema de posible incompatibilidad que el Gobierno resolvió de modo poco elegante, cerrando el paso a una investigación parlamentaria con ayuda de los catalanistas. Es decir, mientras era asesor del presidente del Gobierno, el señor Taguas defendía los intereses de las inmobiliarias y su salto al sector privado es un pago diferido. Nos entendemos ¿verdad?

O sea, el asunto no es tan cándido como parece a primera vista; no se trata solamente de que un par de ministros no sepan de la misa la media y, digamos, propugnen soluciones erróneas por desconocimiento. Nada de eso. Todo parece indicar que se trata de una operación deliberada del lobby del ladrillo para entrar a saco en las finanzas del Estado con el apoyo de los gobernantes, cuando menos de los ministros señores Sebastián y Corredor, para evitar el ajuste natural del mercado después del pinchazo de la burbuja inmobiliaria a través del descenso de los precios que será la única forma en que la gente, especialmente los jóvenes que llevan años en las casas de los padres, pueda acceder a una vivienda. Es más que ignorancia o estupidez y, en consecuencia, es de esperar haya una interpelación parlamentaria de la oposición que lleve a investigar qué relaciones hay entre los señores Sebastián y Corredor y los empresarios del ladrillo. Antes de que alguno de ellos, o los dos, den un salto parecido al del señor Taguas.

(La imagen es una foto de Daquella manera, bajo licencia de Creative Commons).

La ciberiada.

Siempre que se da una innovación tecnológica surgen profetas que cantan sus excelencias como panacea y, en algún momento, contraprofetas que los refutan, especialmente de dentro de la misma innovación, por aquello de que nadie es profeta en su tierra. Este interesante libro (Núria Almiron y Josep Manuel Jarque (2008), El mito digital. Discursos hegemónicos sobre internet y periodismo, Barcelona, Anthropos, 176 págs.) pertenece al género contraprofético desde el interior pues, al menos en el caso de Núria Almiron, es autora de una obra anterior (Los amos de la globalización. Internet y poder en la era de la información Barcelona, Plaza y Janés, 2002) escrita en un espíritu cercano al que ahora se critica en ésta.

El mito digital consta de cuatro capítulos no enteramente ajustados entre sí ya que alguno de ellos procede de una publicación anterior y distinta, lo que hace que la unidad del conjunto, ya afectada por el hecho de tratarse de una obra en comandita, se resienta.

El punto esencial de la obra (en los dos primeros capítulos) consiste en denunciar el carácter mitológico de los discursos justificativos del impacto de internet en el mundo de hoy. Los autores acuden a la obra de Ludolfo Paramio (Mito e ideología, Madrid, Alberto Corazón, 1971) en busca del fundamento teórico para substanciar su apreciación del ciberdiscurso como un discurso mítico. Es una base excesivamente pobre y muy pasada y hubieran hecho mejor echando una ojeada a lo muchísimo que sobre pensamiento y discurso míticos se ha producido desde entonces, sin ir más lejos, a las muy recientes y esclarecedoras elaboraciones de Gustavo Bueno sobre el mito aplicado (a favor o en contra) a la televisión, la izquierda, España, etc. De esa manera hubieran conseguido evitar la impresión que produce su libro de no distinguir convenientemente entre mito e ideología y de usar indistintamente ambos conceptos.

Siguiendo a Hervé Fisher señalan los autores tres discursos acerca del mito del Ciberprometeo: los prometeicos, los equidistantes y los críticos (p. 26) y ellos se sitúan decididamente en el campo de los críticos, conjuntamente con los Mattelart, Dominique Wolton o Paul Virilio, que denuncian que la ideología de la sociedad de la información es la del mercado (p. 27). La verdad, no me siento muy cómodo con esta adjudicación, quizá por mi espíritu romántico e ilustrado que tiende a ver a Prometeo precisamente como el mito propio de la Ilustración

Para Almiron/Jarque los centros emisores de discursos ciberprometeicos son la academia, las empresas del sector, la política y los medios de comunicación (p. 31) y las consecuencias de dichos discursos, que arrancan de Marsall MacLuhan y siguen en las obras de Nicholas Negroponte, Alvin y Heidi Toffler, Bill Gates, George Gilder et al., son el misticismo religioso (en lo psicosocial), el determinismo (en lo tecnológico), el neoliberalismo (en lo económico) y el conservadurismo (en lo político) (p. 32). Probablemente; como probablemente las consecuencias del contradiscurso ciberpromteico sean otras formas de misticismo, de determinismo, el intervencionismo en lo económico y el "progresismo" en lo político con más o menos el mismo derecho a existir que las otras, salvo que se parta de una idea predeterminada de la pertinencia de las categorías.

Un ejemplo es aquí de socorro: arremeten los autores contra el exministro Joan Majó porque su discurso ciberiluminado acaba siendo un alegato en favor de la desregulación y del fin del Estado (p. 60) y lo enlazan luego con una consideración del ataque al poder que predican los que llaman neolibertarios y neoconservadores a los que los autores atribuyen "profundas convicciones religiosas" (p. 66). No digo nada de los neoconservadores pero en el caso de los libertarios, al menos de los que yo conozco, de convicciones religiosas, profundas o no profundas, nada. Ayn Rand, su pensadora emblemática llevaba su antirreligiosidad al extremo de considerar que la idea del Dios "denigra al hombre".

El tercer capítulo, sobre El discurso dominante en la investigación académica, ya publicado como artículo en otra parte, difiere bastante del resto del libro, tiene un enfoque distinto, algunos elementos repetitivos y un interés más reducido siendo en sí mismo más tradicional y académico.

El cuarto capítulo, titulado Periodismo para internet o periodismo y punto centra el ataque al discurso mítico en el periodismo digital y viene a pronunciarse por una actitud desencantada en el sentido de que, a pesar de todo, perviven "las constantes de trabajo tradicionales del periodismo" (p. 105). Los autores especifican las proposiciones de lo que llaman la "ideología tecnoburocrática" (p. 107), lo que hubiera sido más enriquecedor si previamente hubieran intentado aquilatar su concepto de ideología, cosa que, como se dice más arriba, no hacen, probablemente fiados en la idea de que la distinción se encuentra en la obra de Paramio, lo que no es satisfactorio.

Todas las promesas del periodismo digital (libertad, democracia, revolución de la profesión) son vanas pues "el concepto de ruptura de algunos de los postulados del periodismo para Internet (sic) se sustenta en un reflejo mítico -por no decir simplista- de lo que es el periodismo convencional." (p. 135) Igual juicio desmitificador les merecen el recurso al hipertexto, el periodismo open source y los weblogs (p. 145). Su conclusión es demoledora: "Las anteriores proposiciones (las del que llaman "mito digital"), no obstante, al igual que ocurriera con todas las propuestas presentadas en ápocas anteriores por las sucesivas revoluciones de la comunicación, constituyen promesas sistemáticamente incumplidas. Lo cual no evita que hayan tenido su traslación aplicada al peridismo para Internet (sic)" (p. 159). Se trata de una conclusión desconcertante, como lo es en buena medida el conjunto del libro. Es claro que todo avance tecnológico de importancia da lugar a discursos salvíficos, hiperbólicos, proféticos que conviene siempre reducir a términos más razonables. Pero resulta insólito sostener que los avances tecnológicos en la comunicación o no comunicación no cambian nada salvo que se ponga uno en una perspectiva como la del Eclesiastés. Insólito, asombroso, venir a pensar que el hecho de que haya casi doscientos millones de blogs en el mundo no ha cambiado nada.

Tómense algunas de las que los autores llaman "proposiciones del mito digital" y aplíquenseles su dictum de "promesas sistemáticamente incumplidas": 1) Concepción de la historia como progreso. 2) Consideración de la situación actual como el inicio de una nueva era. 4) Hegemonía de la razón instrumental. 6) Creencia en una sociedad racional (¿Qué quiere decir en estos casos "promesa sistemáticamente incumplida?"). 3) El progreso científico-técnico como motor del cambio social (¿qué otro motor del cambio social existe?). 5) La tecnologización como mejora de la calidad de vida. (¿Hay alguna duda?). 7) La meritocracia basada en el conocimiento (¿Qué cabe instituir en lugar de la meritocracia y en qué se basará si no es el conocimiento?")

En resumen, un libro muy interesante, escrito con apasionamiento pero quizá necesitado de algo más de reposada reflexión.

diumenge, 27 de juliol del 2008

Estajanovismo etarra.

Según parece los etarras tienen orden de anunciar que son de ETA en cuanto los detienen y de acusar de torturas a quienes los hayan detenido se den o no malos tratos. Por lo que se está viendo de las declaraciones de este chaval Arkaitz Bengoetxea y sus cómplices también deben de tener orden de cantar sin tregua, de confesar todo lo que planeaban hacer y hasta lo que soñaban con hacer. Orden incluso de inventarse las acciones, quizá con la intención de sembrar incertidumbre y zozobra con lo que hubiera podido pasar, ya que no pueden hacerlo más real y directamente. Pareciera como si, acorralada y debilitada ETA hubiera decidido sustituir su política de atentados por otra de amagos De otro modo no es posible entender la cascada de planes, a cual más complejo que está confesando esta cuadrilla de asesinos en agraz. Tenían pensado asesinar al juez Grande Marlaska, al senador del PP Ramón Rabanera, secuestrar y asesinar asimismo al concejal Benjamin Atutxa, explosionar una bomba al paso de un furgón de la Ertzaintza y realizar una serie de atentados en Andalucía, sin duda para animar el turismo en la zona. Un activismo frenético que casi parece estajanovismo del crimen.

Son demasiados planes para este puñado de descerebrados lo que induce a pensar que, en efecto, ETA debe de estar en momentos bajos para mantener en nómina a estos macabros fantasiosos que ignoran los principios elementales de la eficiencia organizativa, el primero de los cuales es no plantearse demasiados objetivos u objetivos difíciles de alcanzar

El tal Arkaitz, un mutilado físico y moral de la kale borroka, parecía soñar despierto y sabedor de que, como dice el ministro Rubalcaba, su destino más pronto que tarde era la carcel, seguramente quería entrar en ella con una historial que lo avalara como un asesino polivalente y contumaz a ojos de otros no menos curtidos criminales encarcelados con anterioridad. Que probablemente hay emulación hasta en el asesinato.

(La imagen, un cartel distribuido por la policía con los rostros de los etarras más buscados, es una foto de La ignorancia mata, bajo licencia de Creative Commons).

Contramanifiesto.

Esto de las lenguas es cosa harto pasional. He leído el primer manifiesto llamado En defensa de la lengua común, así como docenas de interpretaciones a favor y en contra y he podido ver quiénes lo apoyan y difunden (esencialmente, alguna prensa de la derecha, como El Mundo y Libertad Digital, no así el ABC). Luego, he leído el manifiesto que han presentado los nacionalistas de Galeuscat (CiU, BNGa y PNV) con motivo del septuagésimo quinto aniversario del Pacto de Compostela y del nacimiento de aquel engendro que se llama Galeuzka; un manifiesto en defensa de las lenguas cooficiales. Aún no he leído comentarios a favor o en contra porque acaba de salir.

Y de tanta lectura no he sacado gran cosa en limpio. Por eso decía que lo de las lenguas es cosa harto pasional. Los dos manifiestos están redactados no con la razón sino con los sentimientos y los dos son imprecisos y ambiguos en sus antecedentes de hecho. Los del manifiesto procastellano dicen que el español está perseguido en estas Comunidades y que no se garantiza la enseñanza en él a pesar de ser lengua de conocimiento obligatorio para la población. No sé y no estoy seguro porque la acusación no se sustancia en pruebas empíricas algunas. Conozco a bastantes de los firmantes; algunos firmarían lo que les echaran en contra de las autonomías, pero otros son personas comedidas, moderadas y de buen juicio. En cuanto a los apoyos del manifiesto en la extrema derecha, su presentador, señor Savater, hace ver que si el único argumento que cabe presentar es que la derecha no consiga lo que pretende, el margen de la izquierda será exiguo. Es posible pero, guste o no, lo cierto es que el cerrado apoyo de la extrema derecha al manifiesto es un problema real para los firmantes más moderados.

Y algo parecido sucede con el contramanifiesto de los nacionalistas: que está movido por la indignación y la fuerte crítica al manifiesto anterior, haciendo una clasificación maniquea y también inmoral entre gentes respetuosas con la idea del Estado plurinacional y gentes muy contrarias (quizá por poco educadas) a la idea de las lenguas propias, autóctonas de las regiones. Se habla en él de que el castellano goza de inmejorable salud en cada una de las comunidades históricas y de que la lengua verdaderamente amenazada es la propia de cada Comunidad. Se habla pero tampoco se demuestra nada.

Ambos textos versan sobre asuntos en los que la objetividad no impera, asuntos sobre si la "otra" lengua está preterida, humillada y hasta perseguida, asuntos de negra honrilla. Ambos hablan de derechos y se quejan de que algunos de estos no se respetan. Sobre todo el manifiesto en defensa del castellano y se queja de que los castellanohablantes no pueden ejercer el derecho (y cumplir con la obligación) de conocer esa lengua común. Es posible, pero me temo que el lugar para proteger los derechos y garantizar su ejercicio no es un manifiesto (con todo y ser muy importantes esta formas de evidenciar actitudes políticas) sino los tribunales de justicia. Y si bien se ve mucho manifiesto se ven pocas demandas judiciales.

Se me dirá que no soy imparcial pues cargo más contra el manfiesto español y es verdad. Es posible que los nacionalismos periféricos sean opresivos y tiránicos, pero la opresión y tiranía reales que yo he tenido que sufrir han sido procedentes del nacionalismo español más vetusto y omnipotente, que no omnisciente.

dissabte, 26 de juliol del 2008

Vaya si se calló

Días antes de la llegada del señor Chávez a España anduvo éste vacilando por doquier sobre si vería o no vería al Rey del por qué no te callas y, en caso de verlo, sobre cómo le demostraría que él no se calla. Pura baladronada para calentar el ambiente. El señor Chávez llegó a España, fue obediente a entrevistarse con el Borbón en Mallorca y dejó dicha la pavada esa de "¿Por qué no nos vamos a la playa?" que ha recogido toda la prensa. Vaya, vaya, aquí no hay playa. Es decir, en resumen, el mandatario bolivariano venezolano se ha callado como buen plebeyo ante el Monarca que se ha limitado a hacer una de sus gracias y a regalarle una camiseta pero ni un amago de petición de disculpas como el señor Chavez exigía gritos meses atrás para lavar el baldón sobre la dignidad latinamericana del orgulloso criollo.

Con el "¿Por qué no te callas?" el mundo descubrió que Latinoamérica es juancarlista. En principio no armar bronca ha estado bien porque no hay que exacerbar los rifirrafes que luego la cosa no tiene arreglo, pero conviene no ser demasiado bocazas o bocón, como le dicen por allá. Y, después de callarse frente al Rey, el mandatario vino a Madrid, feliz de no encontrar la barrera lingüística que lo acosaba en los otros países europeos que visitó y aquí ya se le calentó la boca y empezó a prometer petróleo hasta el fin de los tiempos, como un profeta testamentario que prometiera maná al pueblo hambriento o sediento en este caso. Vamos, como diría un castizo, que el señor Chávez ha hecho realidad eso de "calla y paga".

Comentando la actualidad, el señor Rajoy ha hecho ver con intención despectiva y crítica hacia el gobierno que mientras el señor Obama visita Francia, Alemania y el Reino Unido, España ha de contentarse con el señor Chávez. Pues sí, es verdad, aunque, al fin y al cabo, el señor Chávez es más "nuestro", habla nuestra lengua y la ausencia del señor Obama muestra un punto de hipocresía en su discurso y él es el más perjudicado por no atreverse a venir al único país que retiró las tropas del Irak, es decir, el único que hizo lo que él dice que quiere hacer. Dice. O sea, que también él se ha callado aunque en otro contexto.

(La imagen es una foto de Quapan, bajo licencia de Creative Commons).