dijous, 29 d’octubre del 2015

Claroscuro catalán.


El proyecto de declaración de independencia ha caído como una bomba en la villa y corte. Bandadas enteras de antiguos y nuevos combatientes piden encarcelar sin más a los separatistas. El PP, el PSOE y C's han iniciado una unión sagrada en defensa, dicen, de la Constitución y la democracia. El PP añade un truquillo de filibusterismo y torpedea la tramitación del grito independentista al no haber constituido aún su grupo parlamentario. Esto de paralizar lo que no quiere que funcione se le da de cine. Lo hizo durante meses o años con el Tribunal Constitucional.

En el bloque constitucionalista, el PSOE pierde el escaso tinte que le quedaba de oposición y se perfila como sidecar de la derecha en su visión de España. Aun así tampoco se libra de toda sospecha unionista desde el momento en que el PSC se niega a unirse a la santa alianza en Cataluña.

Podemos ha reaparecido con fuerza y, habiendo digerido el fracaso catalán, proponen un referéndum de autodeterminación vinculante en Cataluña porque están seguros de ganarlo con el "no" a la independencia. Solo esta razonable propuesta es suficiente para que el bloque españolista les niegue el saludo por considerarlos "ambiguos" con respecto a la unidad de España. No dan ni una. "Ambiguos" eran antes, en la campaña del 27 de septiembre con unas propuestas inverosímiles. Ahora son claros, nítidos: deciden los catalanes en referéndum vinculante. Ya era hora. Eso inclina de nuevo el voto de Palinuro en su dirección porque el PSOE carece de discurso catalán propio distinto del nacionalcatólico del PP que es, justo, el que nos ha traído aquí. Y sobre todo porque eso es lo que él lleva proponiendo hace años.

Es bueno clarificar una propuesta que antes estaba oscura. Pero esa claridad puede suscitar otra oscuridad. La nueva propuesta, ¿cuándo se materializará? Realmente, no se puede pedir a los independentistas que aplacen una vez mas sus propósitos, se esté o no de acuerdo con ellos, porque no queda margen de maniobra. La "desconexión" significa que ya no esperan acuerdo pactado alguno con España. Ese proceso seguirá adelante porque es el programa con el que JxS y la CUP se presentaron a las elecciones y es lo que verdaderamente está cambiando España.

Dice Iglesias que en España ha cambiado la política y toca ahora cambio de gobierno y se adjudica el mérito de ese cambio. Algo de cierto hay, desde luego, pero es obvio que lo que verdaderamente ha cambiado la política en España y hasta España entera es el independentismo catalán. Aquí es donde está la ruptura y la revolución. Donde está el verdadero conflicto. Lo curioso es que Iglesias vende la ventaja de su audaz propuesta en que es la mejor garantía para mantener la unidad de España. Un tipo de razonamiento que los demás unionistas no aceptarán jamás y que puede levantar suspicacias, quizá más que suspicacias, en el campo independentista.

Aunque la idea del referéndum vinculante es grata a los ojos de Palinuro, que la ha defendido largos años, también comprenderá si le dicen que sí, que es muy grata, pero ya anacrónica porque ahora la independencia es un hecho in itinere y se va a la constitución de la República catalana. Eso, la verdad, sí que parece claro.

dimecres, 28 d’octubre del 2015

Crisis constitucional.


Se desatan los nervios. Ya está apabullantemente claro que la llamada cuestión catalana (la "algarabía", según Rajoy en 2012) es la cuestión española. "El País", alarmado, eleva el rango de la propuesta presentada ayer por Junts pel Sí y la CUP a declaración de independencia y deja amarga constancia de que Rajoy no responde.

El mismo periódico trae un editorial tocando a rebato, titulado Golpe al Estado, vacío de gobierno que deja muy claro lo que el editorialista piensa: hay un reto institucional a la Constitución y a la unidad de España. Lo grave, lo que explica la alarma, aunque no se diga y se continúe hablando de los independentistas como si fueran un grupo de aguafiestas, es el hecho de que el reto sea institucional. Esto es lo que lleva a hablar de crisis constitucional y quizá hiciera ver al editorialista y al periódico que el editorial debiera titularse Golpe al gobierno y vacío de Estado.

El vídeoeditorial de Iñaki Gabilondo, ¡Viva la República catalana!, siendo igual de alarmista, es más profundo y matizado, como corresponde a la gran calidad del autor, pero absolutamente deprimente y pesimista. Está convencido de que él no verá una solución al problema.

Ojalá se equivoque. Pero, mientras se dilucida, hay que llamar a las cosas por su nombre y averiguar cómo se ha llegado hasta aquí. ¿Quién es el responsable de la situación? De inmediato se nos dirá sin vacilar que los únicos responsables son los que la han provocado. Claro, pero ¿quién la ha provocado?

Iñaki mira del lado independentista y critica. Razón tiene. Mire ahora del lado español. ¿Qué ve? ¿Qué ha hecho el gobierno español en tres años (más, si queremos) para prevenir esta situación? Respuesta: nada. Gobernar es algo más que convertir la ideología nacionalcatólica en ley, presentar panoramas macroeconómicos halagüeños con magnitudes más o menos manipuladas y zafarse mal que bien de las continuas salpicaduras de una corrupción estructural y omnipresente que ha enfangado al partido del gobierno.

Gobernar es gestionar con tino un país, mantenerlo unido, en una leal interrelación e intercomunicación general y no legislar a favor de unos intereses económicos nacionales e internacionales a los que aquel no les importa nada. Y en este segundo y más importante objetivo, el gobierno del PP ha tocado el cielo de la incompetencia. Entre el caciquismo, la corrupción y la incapacidad de articular un proyecto que involucre a todos voluntariamente, el gobierno y su partido se han cargado toda idea de país.

Las crónicas cuentan que fue Sánchez, el líder de la oposición, quien hubo de telefonear al presidente del gobierno para sacarlo de su habitual abulia y forzarlo a hacer algo: una comparecencia de 10 minutos, después de anunciársela a Rivera, para soltar la letanía del respeto a la Constitución y a la ley que el gobierno garantizará à tout hazard. Que es como no decir nada porque, al margen de la cuestión, nada trivial, de qué autoridad le quede al gobierno a estas alturas, de lo que se trata, precisamente, es de que no haya que llegar a esa situación. Porque eso implica confrontación entre instituciones que cuentan con fortísimos apoyos populares. En España sin duda, y en Cataluña de casi dos millones de personas, cantidad que puede relativizarse cuanto se quiera en porcentajes de votos, pero que es lo bastante impresionante para que haya que pensar detenidamente antes de adoptar según  qué medidas.

Así que el anuncio de Rajoy de que se tomarán "todas las medidas necesarias" es cualquier cosa menos tranquilizador. Sobre todo, conociendo al personaje.

En todo caso, ya está aquí forjada la unión sagrada para las elecciones: PP, PSOE y C's. Qué forma tendrán unas elecciones en las que los tres principales partidos están de acuerdo frente al problema más grave de España puede ser objeto de un relato de política ficción.

Por descontado quienes de pronto se encuentran en la posición más desairada son las izquierdas a la izquierda del PSOE, o sea Podemos, Unidad Popular, La Izquierda y lo que pueda venir. Claro que esto de Cataluña es una revolución. Cambiar una monarquía por una república ha sido siempre una revolución. Es posible que no les guste, que no coincida con su idea de revolución y que hasta le nieguen ese carácter por su impronta nacional. Pero revolución es.

Claro también que los catalanes son una nación. Y claro que España debe reconocerlo porque se lo han ganado a pulso de modo consistente desde hace mucho, mucho tiempo, de forma activa, constructiva, pacífica y democrática. Y a admitir que ejerza los derechos que como nación les corresponden, entre otros, el de decidir su futuro, según el mundo civilizado ha reconocido en los casos similares de Quebec en el Canadá y Escocia en el Reino Unido.

En el fondo, el callejón sin salida que Iñaki Gabilondo señala es el resultado de la negativa cerrada española a permitir un referéndum de autodeterminación en Cataluña que, al final será la única solución posible bajo presión de la Unión Europea. Y eso está por ver.

Lógico es pensar que los dos frentes, el unionista y el separatista, se fajarán en una controversia legal, judicial y que, eventualmente, puede obligar a la adopción de medidas prohibitivas o represivas de distinto calado. Esperable asimismo que esa controversia se agudizará y crispará en los tiempos próximos y que, en consecuencia, las elecciones del 20 de diciembre estarán monopolizadas por ella. Y que los votantes españoles tendrán que elegir entre propuestas distintas para llevarla a buen término si los partidos alcanzan a formularlas.

Que los dioses iluminen a los votantes españoles.

dimarts, 27 d’octubre del 2015

Balance de un desastre.

Ayer, el presidente Sobresueldos compareció ante los medios y la opinión durante mucho más tiempo que en el resto de su mandato. Dio una rueda de prensa en La Moncloa y, valiente como él solo, se sometió a una docena de preguntas previamente grabadas, peinadas y censuradas de los ciudadanos. Esto es, el habitual espectáculo ridículo hecho de falsedad, engaño y embuste en que este personaje tiene al país desde que comenzó a gobernar, o sea a mentir, pues no hace otra cosa. Era tal su insistencia en comparecer que, si nos descuidamos, nos llama por teléfono uno a uno a colocarnos sus desvergonzadas patrañas.

Siendo final de legislatura, el políglota montó un número, haciéndose fotografiar ante un lema que rezaba compromiso cumplido. Él, que empezó su mandato asegurando que su sentido del deber le obligaba a no cumplir sus promesas. Las habrán cumplido los ángeles del Señor mientras él leía el Marca, igual que araban los campos de Vargas mientras San Isidro rezaba.

Su habitual y machacona ristra de mentiras no merece ni un breve comentario. Ignoro si hay alguien en esta galaxia que crea algo de lo que dice este hombre y eso cuando se le entiende. Vayamos al balance real de estos cuatro años alucinantes de estupideces, incompetencias, latrocinios y puro desastre.

Situación económica. El Sobresueldos es muy aficionado a expectorar cifras, datos, estadísticas para probar lo bien que ha hecho los deberes que le puso Frau Merkel. Todo mentira. Todo falso: no hay más empleo, sino menos que en tiempos de Zapatero y, además, de peor calidad. Es falso que España sea el país que más crece en PIB. Según los datos de Eurostat hay, cuando menos, diez que crecen más en Europa. Falso que se cumpla el déficit; ni ahora, ni en un año. Falso que su presupuesto sea viable; se lo han dicho todos los eurócratas. Falso que haya bajado los impuestos: los subió en 23.000 millones y los ha bajado en 5.000. Es decir, los ha subido en 18.000 millones. Y como estas falsedades, todas las demás. En cualquier país del mundo un mentiroso tan compulsivo estaría en tratamiento psiquiátrico. Aquí es presidente del gobierno.

La corrupción, dice, ha hecho más daño al PP que la crisis económica. De nuevo falso: 1º) la crisis no ha hecho daño alguno a esta partida de presuntos mangantes y malhechores que viven de parasitar el Estado del que maldicen; 2º) ninguno ha devuelto ni un céntimo de lo trincado. Ni él un solo euro de los presuntamente cobrados de fuentes barcénigas. Asegura asimismo que su gobierno ha sido transparente. Quizá sea cierto si también llamamos transparente la carne de burro. La justicia, concluye, hará su trabajo. No es nada seguro a juzgar por la guerra denodada que él y su banda han declarado a todos los procesos en que el PP está involucrado, atacando jueces, insultándolos, destruyendo pruebas a mansalva, mintiendo, interfiriendo en la acción de los magistrados y tratando de colocar a sus peones, quitando jueces imparciales.

El Estado del bienestar. Se gloria este genio de que la Sanidad sigue siendo universal, pública y gratuita. Bueno, así es como él la recibió, cosa que no dice. Y universal, pública y gratuita sigue siendo lo que ha dejado de ella que es bien poco en recursos materiales y humanos. Lo imprescindible para no darla por liquidada. De los pagos a los dependientes no habla porque él mismo los suprimió dejando a todos los dependientes en la calle. Menos a su padre, a quien todos los contribuyentes tenemos que pagar su dependencia en lo que probablemente sea el gesto más sinvergüenza e inmoral que quepa observar en una persona. Lo han denunciado por ello, con toda razón pero poca esperanza con esta judicatura tan complaciente con los deseos del poder. De las pensiones, hablar es llorar: desde que él desgobierna este desgraciado país, los pensionistas han perdido 4,6 puntos de poder adquisitivo y su gobierno ha expoliado 45.000 millones del Fondo de Reserva de las pensiones para regalárselos a los banqueros o a los constructores de autopistas, esos incansables creadores de empleo.

El estilo de gobierno. Sencillo: vuelta a la dictadura franquista con formas levemente democráticas. Mi fórmula: El franquismo restauró la monarquía y la monarquía ha restaurado el franquismo. Rajoy es el ejemplo perfecto del franquista enchufado y corrupto de la dictadura. El que prometió que iba a dar la cara ha ido dos veces en cuatro años al Parlamento y a rastras, ignorando 103 peticiones de comparecencia; ha gobernado mediante decretos-leyes; ha impuesto leyes reaccionarias, retrógradas y perfectamente estúpidas como la LOMCE, por rodillo parlamentario, sin consenso alguno. Ha convertido la RTVE en su cortijo de agitación y propaganda desde el primer momento (la primera ley que modificó para entrar a saco en el servicio fue precisamente la de RTVE), repleta de esbirros y censores dispuestos a las maniobras más abyectas de censura y ocultación.

Cataluña. Recibió un país atribulado y con problemas de encaje, pero relativamente tranquilo y lo ha dinamitado, roto, destrozado, partido. La marcha de Cataluña es inevitable y si bien el último impulso es anterior a su llegada al gobierno, su actitud destructiva, catalanófoba y agresiva en la oposición ayudó mucho a ella. Luego, ya en el gobierno, su cerrazón, su falta de inteligencia, su negativa a dialogar sin imponerse y amenazar, su mala fe, peores artes y su incapacidad para entender nada en idioma alguno, incluido el que destroza cada vez que habla, acabaron por convencer a los catalanes de que no hay nada que hacer en esta España que, según el presidente Sobresueldos, es la nación más antigua del universo, pero no sabe retener a sus habitantes más prósperos, dinámicos, democráticos y europeos. Sus mentores ideológicos, los franquistas, hicieron una guerra civil en buena medida para sojuzgar a Cataluña y este zote la ha expulsado.

Somos un gran país, repite esta plaga de Egipto que España lleva cuatro años padeciendo. Por eso, cada vez que sale al extranjero tanto él como las gentes de su partido, protagonizan escenas de un ridículo espantoso que nos abochornan a todos y nos hacen avergonzarnos de tener estos lamentables gobernantes: desde la relaxing cup of coffee de su amiga y antaño protectora Botella, hasta sus majaderías al estilo de it is very difficult todo esto o may well, es incomprensible cómo el presidente Sobresueldos tiene la desfachatez de pedir de nuevo el voto a sus sufridos conciudadanos. 

Tal es el balance real de esta legislatura que ha empobrecido a España, reducido las rentas del trabajo, aumentado las del capital, ha expulsado a los jóvenes mejor preparados, ha incrementado los niveles de necesidad, ha destrozado todo lo que los gobiernos anteriores hicieron en materia de medio ambiente, ha eliminado la ley de la memoria histórica y suprimido los fondos para financiarla mientras subvenciona la Fundación fascista Francisco Franco, ha entregado la educación de nuevo a la Iglesia e impedido el acceso a la universidad de las clases más desfavorecidas. 

Este franquista pide el voto para seguir con su obra de demolición. Parece mentira, ¿verdad? Pues no lo crean ustedes porque si España no ha tenido gobierno en los últimos cuatro años sino un desgobierno y latrocinio a cargo de una supuesta asociación de malhechores, tampoco ha tenido oposición mínimamente digna de este nombre. La oposición socialista mayoritaria ha sido complaciente con las arbitrariedades de este gobierno y cómplice de sus desmanes, se ha callado, arrugado, achantado ante el maltrato institucional, el ninguneo y la chulería de estos gobernantes y no ha tenido valor de presentar una moción de censura a una pandilla de elementos que no son demócratas ni en el fondo ni en la forma. A su izquierda, una colección de narcisistas inútiles que viven muy bien en sus poltronas y cargos y estan tan divididas y enfrentadas como una turba de clientes en la rebatiña de unas grandes rebajas. 

Para qué vamos a engañarnos.

Hoy, la República.


Los dos discursos de Julià de Jòdar y Carme Forcadell dejan claro que este Parlamento acaba de inaugurar la ruta hacia la República catalana. Como se sabe, Forcadell recibió 77 votos, cinco más de la suma de JxS y la CUP y que, obviamente, proceden de Catalunya Sí Que Es Pot, con lo cual se comprueba la opinión de que esa alianza está dividida y no tiene opinión unánime. Otra cosa es que el líder de Podemos, Iglesias, haya entendido el mensaje cuando dice que los cinco votos de su formación a Forcadell no son un respaldo al gobierno de Mas sino una muestra de que Podemos son los únicos que pueden hablar con todo. É ben trovato, pero falso. Está claro que es un intento de hacer de necesidad virtud. Ni siquiera es seguro que el propio dirigente supiera que había cinco votos a favor de Forcadell entre sus diputados. Más legítimamente podremos decir que el independentismo en el Parlament no son 72 diputados, sino 77. Los indepes ganaron el plebiscito.  

Me gusta el título que se ha elegido para la mesa redonda: de la revolució a la República. Me encuentro como en casa. Sin falsa modestia, fui uno de los primeros en calificar el proceso independentista catalán de revolución. Por supuesto, con los consabidos matices de que se trata de una revolución de nuevo tipo y sin precedentes. Y, como republicano acendrado, nada puede agradarme más que un proceso político termine estableciendo una república, esto es, un sistema en el que todos los cargos públicos son electos por los ciudadanos, incluido el Jefe del Estado. Y no quiero mirar a nadie.

Porque la única fuente de legitimidad del poder (en la medida que el poder, cualquier poder, tenga aspiraciones a ser legítimo) procede del pueblo.

Allí nos veremos. El momento es molt interessant.

dilluns, 26 d’octubre del 2015

El fascismo simpático.


Han transcurrido treinta y cinco años desde que Bertram Gross publicó su famoso libro Friendly Fascism. The New Face of Power in America, pero su contenido y sus conclusiones son hoy tan vigentes como antaño. El autor caracterizaba con esta fórmula de fascismo simpático la revolución neoliberal y conservadora que arrancó en los Estados Unidos y el Reino Unido a fines de los años setenta y se consolidó en los ochenta durante los mandatos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. La teoría económica de matriz neoclásica, monetarista, centrada en la oferta, desreguladora, enemiga del consenso del Estado del bienestar se llamó Reaganomics en los EEUU y Thatcherism en el RU. Y está perfectamente retratada en esta expresión del "fascismo simpático".

¿Algo más simpático que un actor mediocre de Westerns y una dama rígidamente metodista, hija de un tendero? Simpáticos y, en el fondo, fascistas. Los discursos dogmáticos y rimbombantes del fascismo con su fe en el heroísmo, la pelea, la rivalidad, la conquista y el triunfo, se convierten aquí en las monsergas sobre el espíritu empresarial, la libre competencia, la supervivencia de los mejores, el éxito, el individualismo y la libertad.

En España es lo mismo. La dicharachera Esperanza Aguirre con sus tonterías sobre el mercado libre y la libertad de los agentes suena igual que los discursos de José Antonio Primo de Rivera, y está muy cercana al Rivera actual, razón por la cual le gustaría que desapareciera porque lo ve como un rival peligroso en su mismo pastizal.

En teoría, entre el fascismo de siempre y el fascismo simpático hay una gran diferencia de actitud en cuanto al  Estado, pero no es así. Es cierto que los neoliberales españoles abominan del Estado y tratan de reducirlo a su mínima expresión, descapitalizándolo, dejándolo sin servicios públicos para decir después que no funcionaban y suprimirlos o privatizarlos. Pero también lo es que eso es de boquilla. Luego viven todos de parasitar el Estado. Esperanza Aguirre no ha trabajado casi nunca en la empresa privada pues lleva toda su vida en cargos públicos, cobrando del erario, como Rajoy, Báñez, etc o bien de los fondos de la Gürtel, también como Rajoy y otro.. Además también tiene estupendamente colocada en puestos públicos a casi toda su familia. Y, como ella, docenas, cientos de cargos del PP. Hablan mal del Estado, pero viven de parasitarlo.

Lo mismo sucederá llegado el momento con C's. El talante fascista de nuevo cuño, simpático, es evidente en todo cuanto hace y dice Rivera. España no se toca; la Iglesia, menos; la Corona, ni te cuento. Las corridas de toros son una tradición artística y cultural que es preciso preservar frente a la antiespaña, siempre al acecho. Hay que favorecer la industria, lo que quiere decir el capital, reducir los derechos laborales de la gente a la nada y permitir que la exploten hasta recuperar la tasa de beneficio en detrimento de los trabajadores.

El fascismo simpático se presenta con ademanes juveniles, renovadores, partícipe en esa moda de exigir relevos generacionales en todas partes,  como si el hecho de ser menor de cuarenta años diera más luces a cualquiera. Tiene asimismo el consabido respeto por la jerarquía, la disciplina y la teórica entrega a una causa. Pero, si se escarba un  poco, sale el viejo dogmatismo hispánico.

Y lo que sale siempre también es la demagogia de un populismo trivial que habla a los sentimientos de la gente para engañarla mejor.

¿Basta con pedir perdón?


Le ha costado ocho años porque el chico no es muy rápido pero, desde que se convirtió al catolicismo en 2007, Blair debe de haber aprendido ya el truco de la casa: no importa lo que hagas, a cuanta gente asesines, cuánto robes, destruyas, cuánto daño hagas, cuánto mientas y cuán canalla seas. Te arrepientes, dices tus pecados a un confesor, cumples la penitencia (que suelen ser unos avemarías) y quedas limpio de polvo y paja, con la conciencia como una patena y listo para empezar una nueva tanda de canalladas.

Blair sostiene que la segunda guerra del Irak fue un "error" producto de unas informaciones "falsas" que Bush y él habían recibido. De ser así, no se entiende por qué pide perdón. No se pide perdón por los errores porque se supone que son involuntarios. Cuando son voluntarios ya no son errores sino faltas, delitos y, en este caso concreto, crímenes y crímenes contra la humanidad. Y no, no basta con pedir perdón cuando se ha sido la causa de la destrucción de ciudades enteras, de la muerte de cientos de miles de personas, de la tortura de prisioneros. No basta con pedir perdón: hay que expiar, pagar por los crímenes cometidos.

Todos cuantos nos manifestamos una y otra vez en contra de aquella guerra ilegal propia de piratas, estábamos seguros de que era cosa decidida entre los dos mandatarios, Bush y Blair, que se llevaron a Aznar de perro faldero para que no pareciera una aventura de una pareja de matones. Era cosa decidida sobre la base de informaciones falsas que los dos sabían que eran falsas. Los veíamos mentir como lo que son, bellacos, y que utilizaban y manipulaban todos los medios para llevar adelante su empresa de delincuentes internacionales de invadir un país, asesinar a sus gentes, robar sus recursos. Ellos también lo sabían. Lo de las armas químicas y otros asuntos eran puras patrañas para disimular aquella agresión que ha traído las catastróficas consecuencias que hoy padecemos.

No basta con pedir perdón, como el que tira un florero al pasar. Bush, Blair y su lacayo español deben comparecer ante un tribunal internacional de justicia para responder por sus crímenes.

El mindundi español que estaba en las Azores de palanganero debe seguir los pasos de su amigo Blair y redoblados. Debe pedir perdón por embarcar al mundo en aquella guerra criminal y pedir perdón a los españoles por haber intentado engañarlos permanentemente.

Todas estas catástrofes actuales del Estado islámico y cosas así caen directamente sobre las espaldas de estos piratas internacionales. En el caso del español, también caen sobre sus espaldas los 200 muertos y casi mil heridos de los atentados de Atocha. Aunque Aznar y su tropa de sicarios en los medios estuvieron años manteniendo la teoría de la responsabilidad de ETA en los atentados, ese mismo inverosímil empeño era la prueba de su responsabilidad directa en los desastres.

Aznar probablemente duerme tranquilo porque los tarugos no tienen conciencia. Pero para el futuro el asunto está ya zanjado: un criminal que participó en una de las mayores barbaridades de la historia causando muerte y miseria a cientos de miles de personas solo para satisfacer su ego y sus ansias de poder y enriquecimiento.

Y si, además de juzgarlo la historia, también lo juzga un tribunal de justicia, miel sobre hojuelas.

Mañana, la República.

Mañana, 27 de octubre, Palinuro participará en un acto/mesa redonda con Vicent Partal, director del digital Vila Web, en Barcelona, en el Casinet d'Hostafrancs, c/ Rector Triadó, 53, a las 19:00.

Según el tenor de la declaración que haga hoy el Parlament de Cataluña, el encuentro estará más o menos animado. Mejor dicho: más o menos encendido, porque animado lo estará en todo caso, dados los tiempos que estamos viviendo. 

Me gusta el título que se ha elegido: de la revolució a la República. Me encuentro como en casa. Sin falsa modestia, fui uno de los primeros en calificar el proceso independentista catalán de revolución. Por supuesto, con los consabidos matices de que se trata de una revolución de nuevo tipo y sin precedentes. Y, como republicano acendrado, nada puede agradarme más que un proceso político termine estableciendo una república, esto es, un sistema en el que todos los cargos públicos son electos por los ciudadanos, incluido el Jefe del Estado. Y no quiero mirar a nadie.

Porque la única fuente de legitimidad del poder (en la medida que el poder, cualquier poder, tenga aspiraciones a ser legítimo) procede del pueblo.

Allí nos veremos. El momento es molt interessant.

diumenge, 25 d’octubre del 2015

Mañana empieza la cuenta atrás en Cataluña.

Mi artículo de hoy en elMón.cat versa sobre el comienzo de la legislatura del nuevo parlamento catalán, el inicio de la hoja de ruta hacia la independencia y la situación respecto a la cuestión de la investidura de Mas. La versión catalana se titula L'ajornement y la versión castellana es como sigue:

EL APLAZAMIENTO

Negaron el carácter plebiscitario de las elecciones del 27 de septiembre hasta la misma víspera. Al perderlas, cambiaron de opinión porque los resultados no dejaban lugar a dudas. Los nacionalistas españoles saben enmendalla cuando les interesa. Ahora son los grandes adalides de la mentalidad plebiscitaria. La prueba: lo primero que han hecho ha sido formar un frente españolista compuesto por C’s, PSC, PPC e ICV-Podemos, o sea una reunión de neofalangistas, retardatarios, sucursalistas y epicenos. Su finalidad, mantener el statu quo, si se puede, volver al sano regionalismo franquista, parar el impulso a la independencia y, a ser posible, encarcelar a Mas. Podemos debiera desmarcarse de esa coalición de nostálgicos imperiales si quiere que alguien de izquierda se los tome en serio en España.

Al otro lado, el frente independentista cuyo claro objetivo es el mandato de las urnas, de abrir el camino a la independencia. El obstáculo con el que se encuentra tiene dos facetas interrelacionadas: su división interna y el recrudecimiento del ataque del gobierno que cuenta con el apoyo de todo el nacionalismo español, de derecha y de izquierda.

En cuanto a la división interna. Los resultados en votos muestran una gran diferencia que no debe olvidarse a la hora de ponderar pesos respectivos. 10 diputados no pueden imponerse a 62 ni 8,2% al 39,5%. Cierto. Pero tampoco cabe olvidar que la CUP es una fuerza única, sólida (al menos hasta ahora), mientras que JxS es una coalición variopinta y heterogéna. Estos dos factores no se compensan, pero no pueden ignorarse. No obstante, tampoco impiden que haya un acuerdo a corto y medio plazo. Ese acuerdo es: supeditar todo al objetivo inmediato de la independencia. Todo lo supeditable, claro es. Y ¿qué es y qué no es supeditable? Eso es lo que deberá dilucidarse en un próximo futuro que empieza mañana. El frente independentista ha alcanzado como principio de acuerdo un compromiso irreversible con la independencia, enunciado ya, aquí y ahora, y un aplazamiento de la cuestión de quién haya de dirigir la marcha hacia ella.

Aquí entra en juego la segunda faceta: el recrudecimiento del ataque del gobierno central al proceso independentista. No haya dudas. El nacionalismo español no se detendrá ante nada y hará uso de todos los medios, los imaginables y los inimaginables. Solo lo parará una fuerza mayor que, si ha de venir de Cataluña, no puede venir dividida y si ha de contar con apoyo exterior no puede presentarse como algo intransigente y maximalista.

El aplazamiento, por tanto, es medida sensata. Pero más lo será si, se consideran las dimensiones reales del problema. El ataque judicial a Mas y su partido está directamente instigado por el gobierno y los medios afines que son todos, incluido El País. Su argumento de que se trata de actuaciones independientes de la justicia es ridículamente inverosímil tratándose de un gobierno corrupto, que ha destrozado el Estado de derecho, empezando por la independencia de los tribunales. Para ver cómo todos los medios están a sus órdenes basta con comparar el griterío mediático sobre la presunta corrupción de CDC (3%) y el silencio total respecto a la misma cuestión (otro 3%) en el PP. Pura persecución judicial del adversario ideológico. Ni las formas guardan. Antes se valían de los militares. Ahora, de los jueces.

El punto fuerte y débil al mismo tiempo del baluarte independentista es Mas. Por eso los ataques se dirigen a él. Es lógico que el propio Mas quiera seguir en el empeño que en su día (y por las razones que sean) se marcó o se autoadjudicó y que lo ha traído hasta aquí, a punto, quizá, de ser el último presidente de la Generalitat y el primero de la República catalana. Es una perspectiva individual, pero muy digna de consideración. Mas prácticamente ha acabado por encima de los partidos. Lo que tiene son votantes. Y muchos. Sin ellos, no habrá independencia. Es lógico pues que sus aliados apoyen su candidatura mientras él la sostenga.

Pero también es lógico que la CUP insista en su negativa a la investidura. Fue una promesa y las promesas se cumplen por razones éticas. Y una amenaza y las amenazas también se cumplen por razones prácticas. El radicalismo social de la CUP no tiene por qué ceder ante la componente antisocial, reaccionaria y agresiva del neoliberalismo de los gobiernos de Mas y menos ante las acusaciones de corrupción a CDC.

Ambos lados tienen sólidas razones y ambos tendencia a utilizar sus bazas para presionarse mutuamente. Es elemental en dinámica de juegos. Si JxS no cambia de candidato, la CUP no investirá a Mas, no habrá gobierno y serán necesarias nuevas elecciones. Si la CUP no inviste a Mas en un tiempo razonable, el presidente convocará nuevas elecciones. Ninguno quiere elecciones anticipadas. Así, hay coincidencia en lo que se quiere, la independencia, y lo que no se quiere, elecciones nuevas. ¿No será posible un acuerdo?

Lo será. Pero, para ello, debe hacerse claridad sobre otro aspecto aún no mencionado: ¿qué está dispuesto cada uno a sacrificar para llegar al objetivo que ambos dicen ambicionar? Si lo importante es la independencia y no hay otro modo de conseguirla, al margen de otras consideraciones, Mas bien puede dar un paso atrás, como ya anunció hace unos días. Su lugar en la historia de Cataluña está ya asegurado y si, como es de suponer, está judicialmente limpio, nada impedirá que sea elegido presidente de la República catalana en las primeras elecciones que se celebren.

Pero, igualmente, si el ataque del nacionalismo español sigue centrado en la figura de Mas y se amplía a la implantación de circunstancias de excepción, la CUP puede argumentar esa misma excepcionalidad y su carácter transitorio para suspender por un plazo su negativa a la investidura. Nadie en su sano juicio puede esperar que los acontecimientos próximos sean normales y corrientes. Se trataría entonces de investir a Mas y no solo de investirlo sino de hacerlo con un específico mandato de plenos poderes (como de hecho se prevé en la hoja de ruta para el Parlamento), a imitación de aquellas circunstancias en que el Senado romano investía a un cónsul con poderes dictatoriales extraordinarios y transitorios con el fin de restaurar la salud de la República.

Porque, al final, la cuestión es clara: República catalana sí o no.


La corrupción y la independencia.

Este asunto de la presunta corrupción estructural de la administración catalana es un nubarrón que ensombrece el radiante horizonte de la independencia. Sin duda se trata de asuntos bajo indagación judicial y han de mantenerse al margen del proceso político independentista. Las gentes de CDC, con Mas a la cabeza, sostienen que se trata de un hostigamiento político con disfraz judicial. En efecto, hay algunos flecos llamativos: si la corrupción es de CiU, ¿por qué solo se investiga a Convergència? Por supuesto, el 3% es un escándalo, pero en las mismas fechas Correa ha confesado otro 3% en el PP que ha pasado sin pena ni gloria, como si lo que es un escándalo en Cataluña fuera el pan nuestro de cada día en Madrid. También es cierto que en diez años de investigaciones no ha recaído una sola decisión judicial condenatoria.

Con todo, ahora hay una investigación en marcha y las autoridades que la conducen actúan bajo el principio de legalidad. Se trata de averiguar si ha habido corrupción, cómo, cuándo y cuánto. Si ha habido financiación ilegal. De hecho, Mas se ha visto obligado a comparecer en el Parlament a dar explicaciones. Estas no parecen haber levantado el entusiasmo entre sus aliados. Y los de la CUP mantienen su negativa a la investidura argumentando en parte con la corrupción. En sus explicaciones, Mas se ha extendido en las contrataciones públicas bajo su mandato y ha defendido su impecabilidad. Pero el asunto no parece estar tan claro puesto que los concursos públicos de la Generalitat se amañan.

Por supuesto, en esta acusación y las acciones judiciales hay elementos añadidos de interés político por dificultar el proceso independentista. La cuestión es si los independentistas siguen con su hoja de ruta, que incluye un mecanismo de desobediencia a todo acto de la autoridad central o si aplazan su decisión hasta ver en qué queda la acusación de corrupción estructural a la generalitat. Ambas decisiones tienen pros y contras.

La de seguir con la hoja de ruta tiene la ventaja de que plantea la cuestión en el terreno político y recaba más apoyos; tiene el inconveniente de que se resta legitimidad porque parece una huida hacia delante, un intento de sustraerse al castigo por incumplimiento de la ley.

La de aplazar la decisión tiene la ventaja de que mantiene la dimensión moral de legitimidad del movimiento al someterse a la ley; tiene el inconveniente de que puede desmovilizar a la gente, según como sea la decisión final respecto a la conducta pasada de las autoridades de la Generalitat.

Hablar claro es bueno, II.

En el post de ayer anunciaba mi intención de matizar algunas de las nuevas propuestas reformistas de Podemos. Lo hago ahora con ánimo constructivo y de modo sucinto:

Reforma del sistema electoral. Si de verdad se busca la máxima proporcionalidad, no hay que ir muy lejos. Basta con copiar el sistema alemán que mezcla el criterio proporcional y el mayoritario y en todas las clasificaciones del mundo aparece en el primer o segundo puesto de proporcionalidad, mientras que el sistema español actual es el último, con menos proporcionalidad que muchos sistemas mayoritarios, lo que es francamente ridículo.

Independencia de la justicia. Dejar la composición del órgano disciplinario de la magistratura en manos de los propios jueces. La composición actual viene del temor que suscitaba el predominio de jueces franquistas. Ha pasado el tiempo y, aunque los jueces siguen siendo un estamento conservador, ya son mayoría los de generaciones posteriores. Supresión de la Audiencia Nacional. Supresión del Tribunal Constitucional y atribución de la jurisdicción constitucional con formulación nueva al Tribunal Supremo en una sala cuya composición quizá pueda fiscalizar el Parlamento.

Blindaje de derechos de la ciudadanía. Reforzar la protección de los derechos económicos y sociales. Especial atención a los medioambientales. Recuperación, desarrollo y protección del derecho del trabajo, desmantelado por la derecha. En este campo de derechos, singular atención a la perspectiva de género que debe hacerse siempre eficaz dejando expedito el recurso a los tribunales de justicia para su aplicación.

Lucha contra la corrupción. Aplicación de la legislación penal a los corruptos. Obligación de declaración de bienes al iniciar todos los cargos públicos, rendición pública de cuentas y auditorías en los relevos. Aumento substancial del plazo de prescripción. Obligación de todas las administraciones de publicar en la red todas sus transacciones económicas. Revisión de la financiación pública de los partidos.

Cataluña. Referéndum vinculante de autodeterminación. Es posible, como decíamos ayer, que esta propuesta llegue tarde, pero debe formularse. Es posible también que, si la situación catalana se enquista en una espiral de acción independentista/reacción unionista, sean los otros Estados quienes obliguen al español a celebrar ese referéndum que debió de haberse convocado hace muchos años.

A estas cinco propuestas reformistas, Palinuro añade dos sustantivas más y una de procedimiento que considera imprescindibles:

Separación real de la Iglesia y el Estado y supresión de la financiación pública de aquella. Se entiende que ello implica supresión de las transferencias directas así como del lucro cesante de sus privilegios de todo tipo.

Celebración de un referéndum para decidir la forma del Estado. Si república o monarquía.

La cuestión de procedimiento: convocatoria de una convención general extraordinaria por si todavía existe alguna posibilidad de acordar una organización territorial española de consenso.