divendres, 28 de novembre del 2014

Tartarín de Tarascón contra los corruptos.

La sospecha de que el PP no es propiamente hablando un partido sino una asociación de malhechores va tomando cuerpo con el auto de conclusión del juez Ruz en el que acusa al PP de lo mismo que a Ana Mato, de ser partícipe a título lucrativo de las presuntas fechorías de la Gürtel. El partido como tal, como persona jurídica. O sea, un grupo de guajes que se repartía los beneficios tan arduamente ganados y que, si la justicia fuese más alígera ya deberían estar disuelto.

A la cabeza de esa persona jurídica se encuentra Mariano Rajoy, presidente del partido y del gobierno y a su vez acusado de haber cobrado sobresueldos en negro, procedentes de una caja B de la organización que él ha negado en sede parlamentaria pero el juez presume probada. O sea que, además de beneficiarse de esos caudales de procedencia dudosa, miente. Y no solo parece haberse beneficiado en moneda contante y sonante sino también en especie, con otros obsequios por ejemplo trajes, como su gran amigo Camps, o viajes, como su gran amiga Ana Mato. Tiene que mentir. Es más, no puede hacer otra cosa que mentir a cara descubierta, frente a toda evidencia porque cualquier reconocimiento de los hechos lleva indefectiblemente a su persona. Por eso destituye a Mato de ministra pero la defiende en el Congreso y le conserva el escaño y el puesto en la dirección del partido. Es lo que hizo con Bárcenas; lo que hace con todos los acusados de presuntos delitos hasta que los jueces los meten en la cárcel.

La comparecencia de Rajoy fue un espectáculo grotesco. Ver al principal responsable político de la corrupción en el PP y en su gobierno, acusado él mismo de cobros dudosos, dando lecciones de ética y honradez, suspendía el ánimo y producía una mezcla de hilaridad y asombro. Rajoy, forzado por las circunstancias, como siempre, traía al parlamento una medidas insuficientes y rescatadas del cesto de los papeles. Precisamente la dimisión de Ana Mato por corrupta hizo recordar que era ella quien se encargaba del código de buenas prácticas en 2009, en los felices tiempos en que la Gürtel, al parecer, pagaba sus viajes a Disneylandia. Ello da una idea de la importancia que Rajoy y los suyos otorgan a los compromisos regeneradores, las declaraciones, las deontologías.

En realidad estaba representando un papel autoatribuido, el del gobernante por encima de toda sospecha, el estadista solo atento a las grandes cuestiones que no va a entretenerse en minucias como averiguar de dónde salieron los cientos de miles de euros que cobró presuntamente en negro. Algo tan absurdo que el papel tenía ribetes de payasada. Por eso festoneó su discurso, todo él leído, palabra por palabra, para no equivocarse, de frases ampulosas y todas falsas. Pero no se molestó en fingir sinceridad ni autenticidad. Nuestro hombre sabe que ya no puede aspirar a convencer a nadie pues nadie le otorga crédito alguno. Por eso, ni lo intenta. Representa el papel casi de modo rutinario, para cumplir el enojoso trámite parlamentario del que no depende nada. El PSOE le negó legitimidad autoridad, cosa obvia, e IU pidió su dimisión. 
 
Todo inútil. Cumplido el trámite parlamentario, Rajoy puede seguir buscando leones, como Tartarín, que ya su mayoría absoluta se encarga de bloquear cualquier intento de control democrático, de petición de responsabilidades, de transparencia, de rendición de cuentas, de todo aquello sobre lo que se legisla para ignorarlo mejor.

Regreso a la beneficencia.


Gustavo Zaragoza (2014) Crónica del bienestar en tiempos de malestar. Valencia: Publicaciones de la Universidad. (140 págs.)

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En 1986, va ya para 30 años, publiqué un libro en el Centro de Estudios Constitucionales (hoy Centro de Estudios Políticos y Constitucionales) con el título Del Estado del bienestar al Estado del malestar. Tenía un carácter teórico general, articulado en los planos político, económico, sociológico y jurídico. Se refería al Estado del bienestar como desarrollo del de derecho en sociedades industriales avanzadas y vaticinaba que, de seguir adelante las políticas neoliberales en los países capitalistas, a la vuelta de algunos años se habría producido una involución en materia de conquistas sociolaborales y derechos ciudadanos y el bienestar se tornaría malestar. No podía referirme en concreto a España, además porque, por entonces, el Estado del bienestar todavía estaba en construcción, luego de la arrolladora victoria electoral del PSOE en 1982. Pero mi idea era que, de producirse su consolidación, como efectivamente sucedió a fines de los 80, si bien no por completo, seguramente se daría esa misma involución, ese retroceso, ese desmantelamiento neoliberal.

Encuentro ahora este breve y reciente ensayo de Gustavo Zaragoza con un titulo que me trae a la memoria el mío y, con él, la viva curiosidad por ver si aquel vaticinio pesimista se ha cumplido. El autor es de fiar. Profesor de Política Social de la Universidad de Valencia e investigador del Instituto de Economía Social de la misma universidad lleva años dedicado a estudiar las políticas públicas del bienestar desde una perspectiva teórica y también práctica, con especial dedicación a las cuestiones de dependencia o el envejecimiento demográfico. Dado que en este trabajo se centra ante todo en la Comunidad valenciana, en verdad el título podría haber sido Crónica del bienestar en tiempos de malestar y en tierra de corrupción. El período que cubre la obra, más o menos desde 2008 a 2014, coincide con el crono de la crisis y con el hecho de que diversos procedimientos judiciales en curso prueban que Valencia es una comunidad carcomida por la corrupción. La trama Gürtel y los diversos casos de expolio y fraude propios de la zona prueban que Valencia da la mayor densidad de políticos corruptos del PP por escaño y despacho.

Zaragoza ha recopilado una serie de artículos publicados en los años referidos en el diario Levante-EMV agrupándolos por temas: mayores y dependientes, la pobreza y la discapacidad, los funcionarios y las evanescentes clases medias, la corrupción y el despilfarro, y los derechos sociales. Son apuntes del día a día más próximo en la evolución de las políticas públicas esenciales del Estado del bienestar y tienen la expresividad de la crónica del instante. La conclusión es muy pesimista: la esperanza de vida supera los ochenta años, pero la crisis, los recortes de las pensiones, la práctica supresión de las ayudas a la dependencia, el repago de medicamentos, hacen que la vejez vuelva a estar desprotegida y, en la medida en que lo está, se ve obligada a actuar como colchón amortiguador de las necesidades a veces angustiosas de los familiares.

La situación es escandalosa. A la altura de 2009, en la aplicación de la Ley de Dependencia, Valencia no tenía reconocido ni un solo caso de teleasistencia ni prestaba ningún tipo de ayuda a domicilio (p. 32). La situación no ha mejorado gran cosa. Los índices de pobreza son alarmantes y más lo es el retroceso que se delata en el modo de encarar la lucha contra ella, orientada no a los derechos sino al fomento de la caridad privada (p. 41). Forma parte de la concepción neoliberal de la gestión pública, que Zaragoza analiza en tres momentos: 1) desprestigio de lo público; 2) descapitalización; 3) privatización (p. 56). En síntesis, el proceso por el que la derecha está desmantelando el Estado del bienestar y eso al tiempo que se legisla a favor de la transparencia y el buen gobierno, pero sin la menor intención de llevar a la práctica lo legislado (p. 62); al contrario, fomentando las actividades que Zaragoza llama "bienestar de bajo coste", consistentes en descargar sobre los ciudadanos los costes del Estado del bienestar (p. 74), igual que se descarga sobre los hombros de los jubilados la carga de subvenir a las necesidades de hijos y nietos.

Para vender esta mercancía averiada y hasta podrida, la derecha neoliberal en el poder en el Estado y en Valencia ininterrumpidamente en los últimos veinte años, controla sin miramientos los medios públicos de comunicación, convertidos en máquinas de censura y propaganda al servicio del gobierno. El caso paradigmático, el Canal 9 (p. 47). De ese modo impone marcos narrativos legitimatorios y partidistas, como el empleo del ficticio copago para ocultar lo que en realidad es un doble pago o repago (p. 106) o las florituras retóricas al estilo de los brotes verdes (p. 125).

En cuestión de derechos sociales, los que, según Marshall, completaban la condición de ciudadano, las perspectivas son negras. Hasta el derecho a una jubilación digna se ve en entredicho de forma que no es raro ver ya en el extranjero a septuagenarios y octogenarios trabajando para poder compensar la pérdida del poder adquisitivo de las pensiones (p. 114). Por supuesto, el ataque a los derechos sociales resulta especialmente patente en un país con un paro juvenil en torno al cuarenta por ciento. De ahí que haya un fermento protestario permanente, visible en fenómenos como la spanish revolution (p. 129), movimientos cada vez más extendidos que el Estado neoliberal considera problemas de orden público y a los que se enfrenta con métodos exclusivamente policiales (p. 121).  Porque cuando la justicia social se torna injusticia, la democracia desaparece bajo el autoritarismo y la represión y el Estado de derecho se convierte en una tiranía en defensa de los privilegios de la oligarquía de grandes empresarios, banqueros  y políticos corruptos a la que en España sumamos los caciques terratenientes y los curas ultramontanos. Tiene razón el reciente premio Cervantes, Juan Goytisolo al recordar que en España sigue vigente el canon nacionalcatólico.

Efectivamente, el vaticinio de 1986 se corrobora en la práctica actual, y el Estado del bienestar ha dejado paso al Estado del malestar.

dijous, 27 de novembre del 2014

Mas, el proscrito.


Falta ya poco para declarar alguna forma de proscripción de Artur Mas que en esto rivaliza con éxito con Pablo Iglesias. Ambos están en la diana de la agresividad sistémica, aunque por motivos distintos y en diferentes circunstancias. Ambos coinciden objetivamente: son un grano en el ojo del Cíclope. Pero no subjetivamente. De momento gana Mas por puntos porque no se ve limitado a hablar como el otro sino que hace.

Fabulosa la capacidad de Rajoy para decir sinsorgadas con aspavientos amenazadores. Mas ha dado un paso más hacia ninguna parte truena el tribuno. El tropo es diáfano: Mas y, con él Cataluña, está de viaje a ningún sitio. En castellano vulgar: el destino que se marca, la independencia, es inalcanzable, no existe, no está en ninguna parte. O sea es una utopía en el sentido más estrictamente etimológico del término. La independencia es una utopía. Sin embargo, Mas ha presentado una hoja de ruta con un cronograma bastante verosímil que desemboca en la independencia con o sin DUI en 18 meses.
 
Sí, dirá Rajoy, lo minucioso del plan no lo hace menos utópico. Fourier tenía contabilizados hasta los pupitres de cada falansterio. El detalle técnico es puramente estético porque aquí lo que cuenta, queridos catalanes, es quién tiene el poder. Cuenta el poder. Quizá sí y quizá no. Tampoco iba a celebrarse la consulta del 9N y se celebró. El Estado no pudo impedir que Cataluña realizara un acto de soberanía de hecho en su territorio. O sea, el Estado no garantiza el cumplimiento de la ley en todo el suyo. Y, si es así, ¿cómo piensa Rajoy parar las elecciones autonómicas anticipadas sobre las que no tiene competencias? Y ¿cómo la posterior convocatoria de un referéndum?

Al pobre Mas le llueven las querellas, las amenazas, los gestos torvos. Si Rajoy le advierte de que no va a parte alguna, Pedro Sánchez lo acusa de fracturar aun más la sociedad catalana. O sea: además de no ir a ningún sitio, Mas lleva el pasaje "fracturado". Put the blame on Mas, boy. Vive el cielo que este Mas es un irresponsable total. Y, al parecer, los partidos políticos, la sociedad civil, las asociaciones culturales, los ayuntamientos, parte importante del clero, del empresariado, las profesiones, las universidades, los clubs deportivos catalanes son una manada de borregos sin criterio ni juicio, una riada de ratas que se dejan embaucar por un flautista de Hamelin. Es lo que se llama un juicio profundo.

Inviértase la carga de la prueba y respóndase a la pregunta siguiente: para que Mas no diera más pasos en falso y dejara de fracturar la sociedad, ¿qué tendría que hacer? Exactamente, ¿qué? ¿Callarse?

Gürtel noquea al gobierno.


El auto del juez Ruz de apertura de fase de juicio oral equivale a la ruptura del séptimo sello en el Apocalipsis de San Juan cuando se hizo el silencio en el cielo durante media hora. Su lectura despliega a nuestros atónitos ojos un mundo de hampones de lujo, bien trajeados, bien comidos y bebidos, con trenes de vida fastuosos, bien relacionados en distintos niveles de gobierno, prácticamente entrelazados con la estructura del PP; un mundo de mordidas, comisiones, cohechos, malversaciones, apropiaciones indebidas, en un tejemaneje de sinvergüenzas, casi todos con cargo público. Y todos en torno al PP. O en su misma médula.

Nuestra sociedad mediática ha singularizado el caso de Ana Mato, el más vistoso por tratarse del cargo institucional más alto indicado por su nombre y apellido. Tiene también un elemento de morbo por la tentación de contraponer la acusación concreta a Mato en sede judicial con sus peripecias dialécticas a lo largo de los años, que han dejado huellas en las redes: jaguares invisibles, confetti, fiestas infantiles, viajes de vacaciones. Pero lo grave de esto no son los episodios bufos que se convierten en chirigotas en las redes, aunque sean los más llamativos. Tampoco lo es el hecho de que, sabedora de sus propias andanzas, la ministra sostuviera la figura y se aferrara al cargo frente a arremetidas periódicas de la oposición y los medios, convertida en la némesis de la sanidad pública, universal y gratuita. Que quien obliga a los viejos a pagar por los medicamentos se gastara el dinero de esos mismos viejos en llevar a sus hijos a Disneylandia es repugnante.

Y aun así, tampoco es lo más grave. Lo más grave está también en el auto del juez Ruz en el párrafo siguiente al de Ana Mato, en que aquel acuerda mantener en igual situación de partícipe a título lucrativo al PP, esto es, al partido del gobierno. Esto se resalta menos mediáticamente, pero tiene más calado. Ana Mato ha dimitido de ministra. ¿Qué hará el PP?

De momento, su presidente, que es el presidente del gobierno, comparece hoy en el Congreso de los diputados a explicar a estos y a la opinión pública las medidas que va a tomar para impedir que se repitan hechos en cuya comisión está él mismo implicado y de cuyos resultados bien pudiera haberse beneficiado. Se trata de lucha contra la corrupción, sí, a la española. Una lucha abanderada por el responsable político último de toda la corrupción en el partido que preside y que, para iniciarse con buenos augurios hace desaparecer a la ministra Mato para no descubrir la añagaza, al modo en que Stalin borraba a Trotsky de las fotos con Lenin.

Eso se llamaría dimisión ipso facto en cualquier lugar del mundo y Palinuro lleva mucho señalándolo. Por eso es importante que Pablo Iglesias pida la dimisión de Rajoy y elecciones anticipadas tras la salida de Ana Mato. Luego se extrañan de que Podemos suba en los sondeos. Cuando es el único que dice lo que hay que decir.

Quizá con esas acertadas declaraciones se decidan los portavoces del PSOE e IU en el Congreso a pedir la dimisión del principal fautor de este desastre, en lugar de prestarse como comparsas a un esperpento en el que el reponsable político último de la presunta corrupción del PP se presente en sede parlamentaria a iniciar la lucha contra sí mismo.

Sería de chiste de no ser porque esta banda de corruptos ha endeudado el país para varias generaciones y ha arruinado el presente so pretexto de no hipotecar el futuro, siendo así que ha duplicado la deuda que heredó gracias a su incompetencia y su política de rapiña.

dimecres, 26 de novembre del 2014

El derecho a decidir. En libro.

Hoy, a las 19:00 horas en el centro cultural Blanquerna, presento el libro de Joan Ridao, El derecho a decidir. Una salida para Cataluña y España, publicado por RBA, Barcelona. 2014. Palinuro ya publicó la reseña hace unos días gráficamente titulada el derecho a marcharse, así que lo de hoy serán variaciones sobre el mismo tema que, a su vez, son variaciones sobre el sempiterno contencioso España-Cataluña. Los españoles, maragallianos, lo ven como la difícil relación de la madre y la hija rebelde; muchos catalanes más bien como la de un matrimonio mal avenido que no se concuerda pero tampoco se decide a separarse. Bueno, el autor del libro, un intelectual catalán de ERC, si querría ver consumarse el divorcio pero muchos otros, cargados con los rosarios y los recuerdos de los abuelos, no lo tienen tan claro. Por eso.

Cataluña y los intelectuales españoles.

El nacionalismo ha ido siempre reacio a los partidos. Estos fragmentan la voluntad del pueblo, evidentemente unitaria. Al presentar ayer Mas su plan de independencia en 18 meses, exige una lista única, de personas y no de partidos, de asociaciones cívicas. Un movimiento, vamos; un movimiento nacional. Tiene la expresión mala fama, pero no hay otra. Frente a él los votantes de partidos que, por no nacionalistas, son no nacionales. Así se podrá saber de cierto cuántos catalanes quieren la independencia y cuántos no. Y, tomando pie en ese dato, se convocará el famoso referéndum, ese que el gobierno ha prohibido con el catastrófico resultado de que se ha producido pese a todo. Y ahora enlaza con más.

En Cataluña se vive una revolución. Hasta los políticos han acabado por enterarse y hacen lo de siempre en este caso: en el PP, amenazar, prohibir, inducir al enfrentamiento; en el PSOE, gimotear por lo primitivo de las planteamientos para situarse a la vera del PP; en IU, hablar de otras cosas consideradas más importantes; en Podemos, hablar en un sentido y en su contrario casi en el mismo instante. Pero ninguno parece entender el proceso de Cataluña y no por falta de información sino por las anteojeras ideológicas que los llevan a enfrentarse todos con el nacionalismo catalán dando por supuesto que ellos no son nacionalistas españoles. Con lo cual no entienden gran cosa.

Sería de utilidad la aportación, siempre presente en nuestra sociedad mediática, de los intelectuales; especialmente de los españoles porque, por el contrario, los catalanes están muy comprometidos y activos tanto los soberanistas como los unionistas. En España, en cambio, hay un silencio llamativo, salvo algún esporádico intento de asociaciones como esa llamada Libres e iguales, de orientación muy conservadora.

Es sobre todo entre los intelectuales de izquierda, progres, liberales, críticos en donde reina un mutismo casi sepulcral. Algún artículo de uvas a peras rezongando sobre los excesos de los catalanistas y poco más. Sin embargo, es imposible no ver que la sociedad española se encuentra en la enésima repetición de su duda sobre el ser de España. Tema apasionante para los intelectuales y, sin embargo, estos lo silencian. Su compromiso los lleva a involucrarse en actividades políticas, sociales, medioambientales, de género, pero no en conflictos nacionales que cuestionen el marco general en las que las otras se dan y se llama, por nombre abreviado, España. La nación española se presupone incuestionable. A pesar de la importancia de la figura del otro en la filosofía occidental en sus diferentes formulaciones, los intelectuales españoles no le dan cabida en su reflexión. España es única, no hay otra España; o sí la hay, pero se refiere a una división distinta, tradicional, la de las dos Españas, que cruza el eje del conflicto nacional, aunque no claramente.

¿Y por qué el silencio? Como callar es cosa de cada cual, cada cual lo explicará como quiera y pueda. Está bien visto pronunciarse en contra del nacionalismo catalán. El derecho a decidir se niega de plano o, si se admite generosamente es para diluirlo en el derecho a decidir de los españoles. Los derechos de secesión e independencia ni se mencionan pues no se consideran derechos. Los intelectuales españoles son antes que nada españoles y no alcanzan a constituirse en nación precisamente porque no hay una cultura nacional, como dice un intelectual, Suso de Toro, que sí habla, pero no como español. Los intelectuales no han sabido crearla y ahora quizá sea ya demasiado tarde cuando una de las partes sí ha desarrollado una potente cultura nacional que circula por las venas de ese movimiento popular y la otra no.
 
¡Ah, los intelectuales! En un momento crucial de su país, con el Reino a punto de partirse y romper una tradición de quinientos años,  con un nombre, España, que deberá buscar una nueva justificación, ¿en dónde están?
 
 Ubi sunt?
 
 Where are all the flowers gone?

Carta abierta a Mariano Rajoy sobre la independencia de Cataluña.


Señor presidente. Le escribo esta carta decepcionado y desanimado de que incluso llegue a leerla, pues no se publicará en el Marca. Y, aunque la lea, tampoco es seguro que la entienda al estar escrita en su letra; de su puño y letra. Porque versa sobre la independencia de Cataluña, una posibilidad convertida en probabilidad tangible tras el discurso de ayer del presidente Mas y algo de lo que es usted directo y último responsable, aunque no lo sea solo. Otros llevan también el peso de esa trágica carga que es la ruptura de España.

Hicieron los suyos una guerra civil para evitarla. La ganaron y gobernaron luego el país dictatorialmente, sin dejar hablar a nadie, materializando sus obsesiones. Una de ellas, evitar la ruptura del país. Varias veces ha dicho usted que, mientras sea presidente del gobierno, España no se romperá. Sin embargo, todas sus medidas, sus pronunciamientos, sus declaraciones en lo tocante a Cataluña han estado teñidas de catalanofobia y han parecido provocaciones con ánimo de buscar el enfrentamiento no de tender puentes y dialogar. Le acompañan y jalean muchos en este lamentable intento; pero el último responsable es usted.

Comenzó ya en la oposición recogiendo cuatro millones de firmas contra el Estatuto reformado de 2006, bajo la consigna écheme aquí una firmita contra los catalanes; siguió recurriéndolo ante el Tribunal Constitucional; se mantuvo insultando la famosa diada de 2012, con su millón y medio de asistentes, llamándola algarabía; intensificó su hostilidad y desprecio afirmando que la consulta del 9N, con sus 2,2 millones de votantes, era un festival carente de efectos jurídicos; y ha coronado su deplorable actitud yendo próximamente a Barcelona a un acto de su partido y negándose a hablar con el presidente Mas, representante máximo del Estado en Cataluña, cosa de esperar pues su actitud ha sido una negativa cerrada a toda forma de diálogo.

Ya tiene usted sobre la mesa la respuesta de Mas y la Generalitat a su último desplante: convocatoria de elecciones anticipadas nacionales, declaración unilateral de independencia a 18 meses vista. Su fracaso es clamoroso. Ha pasado usted de la incapacidad a la irrelevancia. Si pudo evitar la consulta del 9N por varios medios, desde los negociados y pacíficos a los coactivos, sin ser capaz de hacerlo, excuso decirle con estas elecciones anticipadas que caen fuera de sus competencias. Aquella consulta se celebró, aunque usted la tenga por una rapa das bestas y estas elecciones se celebrarán con todas las garantías democráticas del mundo. Lo que venga después, quizá lo sepan los dioses.

Señor mío: ¿no se da cuenta de lo que ha hecho? Nos ha dejado sin país por zote. Muchos soberanistas catalanes manifiestan que su marcha no es voluntaria sino como resultado de sentirse expulsados. Y eso es cosa suya señor presidente, que ha gobernado España contra Cataluña, dicen que por razones electoralistas. Sin duda, pero no solo por ellas. También por su profunda, intolerante, convicción de que no hay más España que la que la cabe a usted en la cabeza. Todo lo demás debe ser ignorado, sofocado, ocultado, reprimido y, si llega el caso, extirpado. Es la tradición autoritaria de la derecha española. La del recurso al ejército. Dice este hoy, sin embargo que, aunque las fuerzas armadas están al servicio del gobierno, la cuestión catalana no se arreglará por lo militar. Debe ser por lo político. Es decir, imposible; porque usted, de política, no sabe nada.
 
Tiene usted ante sí una crisis nacional, acoplada con la económica que tampoco ha sido capaz de resolver. Con el añadido de unas prácticas presuntamente delictivas y mafiosas que deslegitiman su acción de gobierno, pintorescamente empeñado en abanderar una ola de regeneración y contra la corrupción de la que es principal responsable político.
 
Por supuesto, no hay nada que hacer. Según el ridículo chundarata de propaganda en que han convertido ustedes los auduovisuales públicos, el país sale rumbosamente adelante aunque algunos lo nieguen. El bono se financia a menos del 2%. Fin de la cita. 
 
Es lamentable que aún no se haya ido usted y continúe haciendo como que gobierna, solo para que los de Pontevedra sepan quién es su vecino.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

dimarts, 25 de novembre del 2014

La palinodia del PSOE.


Tarde, mal y a rastras. Sin duda tiene sus bemoles que el PSOE anuncie la voluntad de reformar la reforma del 135, o sea, de dejarlo como estaba antes de la lamentable decisión de Zapatero en 2011, de volver a la situación anterior, de revocarse a sí mismo. Sánchez sostiene que fue un error. Es caritativo en el término porque él apoyó ese "error" en 2011 cuando otros compañeros suyos, ciertamente pocos, se opusieron. Fue más que un "error"; fue una felonía. Si Zapatero no tenía fuerza o convicción suficiente para oponerse en su momento a las presiones alemanas, debió dimitir o someter a referéndum la reforma. Quizá hubiera bastado con explicar a los alemanes que reformar la Constitución no es lo mismo en España que en Alemania en donde, se ha reformado casi sesenta veces en 65 años. Pero para ello haría falta caer en la cuenta.

Era más fácil doblegarse y presentarlo como un asunto de Estado de los intereses-generales-por-encima-de-los-de-mi-partido, bla, bla. Ahí es donde está la felonía. El interés de tu partido y tus votantes es preservar el Estado del bienestar; no destruirlo. Exactamente lo que ha pasado al amparo de la reforma del 135, el primer y único acuerdo con el gobierno socialista a que llegó a la velocidad del rayo un PP entonces en una oposición sin cuartel. En una noche de verano ambos partidos dinásticos decidieron la única reforma de la Constitución no de mero trámite que se ha despachado. Con nocturnidad y alevosía. No, no fue un error.

Aun así, ¿por qué se anuncia por fin que se revocará la reforma? Por instinto de supervivencia. Los últimos sondeos, en Cataluña, en Madrid, en Navarra meten el diablo en el cuerpo socialista. El partido baja a tercera posición, pasa a convertirse en “partido bisagra”, reducido a tan lamentable condición por otro que ha fagocitado a IU y absorbe como un sifón un amplio abanico de izquierda socialdemócrata, de profesionales, cuadros medios y hasta obreros. Ya ni las encuestas propias los tranquilizan.

De ahí viene la palinodia. No, es de temer, de una revisión más profunda. De la necesidad de sobrevivir en un ambiente electoral muy negativo, incluso hostil. El PSOE se dejó atrapar en exceso en su condición de partido dinástico y fuertemente atacado del virus de la corrupción allí donde, como en Andalucia, llevaba lustros gobernando. Cuando la crisis y el gobierno depredador de la derecha suscitaron respuestas contrarias más y más generalizadas, mareas, movimientos ciudadanos, 15ms y, por último, Podemos, el PSOE quedó aislado, encadenado en la defensa de instituciones como la Monarquía también cuestionadas. Ha tardado, pero parece haberse dado cuenta a fuerza de sondeos de que tiene que reaccionar como sea por la izquierda. De ahí la contrarreforma del 135.

Pero ¿basta ya con eso? Desde la felonía de 2011, el PSOE tiene nulo crédito. Carece de respuesta a la pregunta de que, si tan federal es el fondo de su espíritu, ¿por qué no lo ha mostrado jamás en casi veinte años de gobierno? Solo la saca cuando la situación en Cataluña ha dado ya un giro casi más copernicano aun que el de Podemos en el panorama español.
Quizá no sea suficiente. El PSOE propone una reforma de la Constitución. Ese es el punto fuerte de una posición que quiere articularse como un centro entre el inmovilismo de la derecha y el aventurerismo de la izquierda. Precisamente Garzón, Monedero e Iceta acaban de pedir un proceso constituyente. El asunto vendría de perlas al PSOE en su intento de cristalizar como centro, de no ser porque Iceta es precisamente el hombre del PSOE en Cataluña, lo cual da pie a la cómica situación en que un partido tiene dos voluntades: una, la mayoritaria, quiere una reforma constitucional y otra, la minoritaria, un proceso constituyente. Pero esa minoritaria es esencial en las posibilidades de la mayoritaria de ser alguien en la política del Estado. 
Propugnar una reforma constitucional en contra del partido con el que realizó la última y de los que se han sentido dañados por ella y a ella se opusieron y se oponen, es una apuesta que, queriendo ser moderada y centrista, es en el fondo tan rígida, radical y de todo o nada como aquells. Solo puede ponerse en práctica mediante mayoría absoluta. Igual que las otras.
La cuestión es si la palinodia actual se convierte en un peán de victoria o un gorigori de difuntos. Es el quid de la política: blanco o negro. Los grises vienen después de la batalla.

Adelanta la marca España.


¿Quién lo hubiera dicho veinte, treinta años antes, cuando la marca España tenía personificaciones heredadas de los bufones de los Austrias o la corte de la Reina Castiza? La marca era entonces Puerto Hurraco, el Palmar de Troya, la Virgen del Escorial, los kikos, el Lute y el Dioni. Por no citar sino a los más sonados. Andrajos, miseria, alucinaciones, santerías, sectarismo, banderías. Nada que ver con Europa.
 
Ahora, sin embargo, estamos por fin a altura europea. Ese barbilampiño querubín de trasparente mirada es una especie de alienígena pasado por una película de Kubrick. Sucede a veces en las colectividades y tribus muy definidas. Es el caso de los albinos entre los bantúes o los nubas, por ejemplo. Parecen venidos del ultraespacio. Este pequeño Nicolás acaba de materializarse de la nada, quizá enviado por alguna potencia de otra galaxia, capaz de cambiarle su angelical figura por la de un ratón, como en los cuentos de Andersen. La incredulidad y el pasmo general en la Gran Nación que acostumbraba a ser la novena potencia industrial del planeta inclinan a pensar más en un espíritu batueco que en el de una opinión pública madura, razonadora y crítica. Ver a los periodistas pellizcarse al escuchar las respuestas del pequeño gran facilitador da verdadera risa.
 
El problema es que hay testimonios gráficos irrefutables. Son imágenes que admitirán luego leyendas diversas pero todas tienen un elemento común: el alienígena ha estado y hablado con los personajes con los que dice haber estado y hablado. O sea, ministros, alcaldes, autoridades de varios rangos, instituciones como la FAES o el CNI y puede que hasta la vicepresidencia del gobierno.
 
Y ¿de qué? Eso es lo de menos ahora. El hecho es que hablaban. Tratándose de otras gentes, ello resultaría maravilloso pero, si se recuerda que son personas que también hablan con Vírgenes, les hacen encargos y las condecoran, no se ve por qué no verían en el pequeño Nicolás a un mensajero de nuestra Señora, un san Rafael enviado por whatsapp.
 
Parar el 9N sostiene petit Nicolas que le había encargado vicepresidencia. Lo peor de esto no es el patético desconocimiento que revela sobre el 9N, considerado como una especie de día del chacal. Lo peor es que el encargo puede haberse hecho. Con estos gobernantes es verosímil.  

dilluns, 24 de novembre del 2014

La conferencia de Íñigo Errejón en el máster de la UNED.

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Según lo prometido, aquí está la magnífica conferencia que pronunció Íñigo Errejón el viernes pasado en la inauguración del máster de Comunicación Política en nuestro departamento de la UNED. A mi modesto entender es muy interesante y está repleto de claves para entender el discurso de Podemos que tan desorientado (y cabreado) tiene al mandarinato oficial y al de la sedicente oposición.

Hoy mismo se sabe que, según un nuevo sondeo de Sigma Dos para "El Mundo" Podemos ganaría las elecciones generales si se convocaran hoy. Juzguen ustedes si lo merece o no.