diumenge, 23 de juny del 2013

¡Qué falta de respeto!


Sí, ¡qué terrible falta de respeto! Pero ¿de quién a quién? A ver qué tal esta versión:

Es horrible el destino de las autoridades en España. Doquiera que vayan las escrachean sin miramiento alguno: ministros, el presidente del gobierno, presidentes de comunidades autónomas, el príncipe Felipe, la reina Sofía. Los pitan, los abuchean, les llaman cosas feas. En algún lugar de Youtube anda colgado un vídeo en el que se ve y oye a una ciudadana de Toledo increpar a Cospedal en la calle al grito de: "¡Ladrona, que robas a los pobres para dárselo a los ricos!" De inmediato empiezan las jeremiadas. Que si la falta de modales; si la buena educación, la tolerancia y el respeto al prójimo, aunque sea político. Porque uno puede entender que el personal abuchee al ministro de Educación cada vez que aparece en público pues la petulancia y soberbia del personaje (al que la opinión pública tiene en bajísimo concepto, inferior incluso al de Mato) lo está pidiendo a gritos. Pero, hombre, escrachear a todos los políticos ya es excesivo.

¿O no? La misma opinión que detesta al pío Wert cree que los políticos en general son un problema por pendencieros, indolentes y corruptos así como voluntariamente ignorantes de los problemas de la ciudadanía a la que dicen representar. Siendo esto así, no es de extrañar que, cuando la gente avista un político, lo abuchee. Lo extraño es que no lo corra a gorrazos. Porque, puestos a faltar, la falta de respeto de los políticos, especialmente de los peperos y sobre todo con mando en plaza a los ciudadanos sí que es patente. La ineptitud y la corrupción son las peores faltas de respeto, al lado de las cuales, los pitos y abucheos son lo menos que cabe esperar.

Para sostener esta conclusión basta con repasar aquí la biografía del último (por ahora) político del PP  imputado por corrupción, Rafael Blasco, que se encuentra en la Wikipedia. Su trayectoria es como una metáfora del tiempo ideológico que va del franquismo tardío a la transición y la conversión de esta en la segunda restauración borbónica. Se prueba así que en este partido-almacen no solo se da la habitual evolución de fervoroso falangista (estilo Aznar) a demócrata de toda la vida (también estilo Aznar), sino la contraria: de revolucionario impenitente a recio conservador de los valores establecidos. Es la era del fin de las ideologías, el indiferente color de los gatos confucianos, la soportable liviandad de lo postmoderno. Todo lo sólido convertido no en aire, sino en líquido; especialmente líquido contante y sonante. La era del tremendo relativismo que el hoy dimisionario Benedicto XVI denunciaba vigorosamente en su visita a Valencia en 2006, ante un caballero de la fe cristiana, como Blasco, prodigio de solidez, rectitud y fidelidad a los principios.

Según el texto en la red nuestro hombre empieza militando en la extrema izquierda, en el FRAP, nada menos; un grupo que propugnaba la lucha armada para derribar el capitalismo. Más tarde se hace interventor de administración local (algo que tiene que ver con la fiscalización de los cuartos) y, ya sentada la cabeza, se afilia al PSOE, incluso por vía conyugal, pues matrimonia con una hermana de Cipriá Ciscar, factótum del PSPV. Llega así a Conseller de Obras Públicas, de donde sale rebotado por un asunto de corrupción a lo grande que no se sustancia en condena penal por algún defecto formal, no porque resplandezca su inocencia. Privado de partido al que arrimarse, el tribuno intenta fundar uno propio; no le sale, pero acaba ingresando en el PP en donde ha ejercido todo tipo de cargos importantes, siempre administrando cuantiosos caudales públicos. Hasta que, finalmente, se descubre el llamado "caso copperación" según el cual, al parecer, este ya experimentado Blasco se ha apropiado de seis millones de euros originariamente destinados a proyectos de ayuda al desarrollo. Estafar es siempre feo; pero estafar a los más débiles es abominable. El famoso Roldán estafó a los huérfanos de la Guardia Civil y eso lo hizo especialmente odioso. Lo mismo con este Blasco.

Pero ¿qué me dicen ustedes? Pasar de la militancia en el FRAP a estafar a los más necesitados, con parada y probablemente cómoda fonda en el PSOE, es toda una aventura. En esa prolongada carrera de político profesional, Blasco ha venido predicando distintos discursos políticos, según del partido del que se sirviera. Predicando. Pero siempre ha venido haciendo lo mismo: mirar por sus intereses y, según parece, lucrarse por cualesquiera medios, lícitos o ilícitos. Probablemente es un caso extremo en el sentido de que incorpora el no va más, el alfa y omega de la trayectoria política, y habrá pocos que puedan compararsele. Pero la inmensa mayoría de los políticos del PP y un buen puñado de los que no lo son encaja en alguna fase de este periplo cuya característica esencial es decir una cosa y hacer otra. O sea, engañar.

¿Quién falta al respeto a quién?

dissabte, 22 de juny del 2013

La justicia en España


Fabra en la calle, jugando a la lotería que siempre le toca.- Blesa en la calle, pidiendo un juez "imparcial", o sea, que lo absuelva.- Bárcenas en la calle, cobrando finiquitos en diferido.- Aznar en la calle, dando lecciones de moral visigoda.- Urdangarin en la calle, empalmando ideas productivas.- La infanta en la calle, esperando la paralela de Hacienda.- Barberá y Camps en la calle, disfrutando del fervor popular.- Matas en la calle, defendiendo su palacete.- Mato y Rajoy en la calle, haciendo como que gobiernan.- Lamela y Güemes en la calle, cuidando sus negocios.- Ignacio González en la calle, arreglando su ático para el verano.- Crespo, Gallardón, García Escudero, Cospedal, Arenas, Álvarez Cascos y resto de la sobrecogedora recua en la calle, administrando sus cuantiosos bienes tan ejemplarmente adquiridos. Banqueros delincuentes indultados.- Grandes defraudadores, amnistiados, incluidos algunos primos del Rey.- El Rey en su trono contando los miles de millones de euros de su inexplicada fortuna.

Entre tanto: sindicalistas imputados sin acusaciones sostenibles.- Manifestantes malheridos, hostigados y multados.- Ancianos estafados.-  Inquilinos desahuciados a miles, muchos empujados al suicidio.- Periodistas detenidos por informar.- El juez Garzón, expulsado de la carrera judicial.- La causa de los crímenes del franquismo bloqueada en España y abierta en la Argentina.-  Otegi en prisión.

¿Justicia en España? No me haga reír, hombre.

El pacto y el duunvirato.


¿Bipartidismo? Aquí los partidos pintan poco y son los últimos en enterarse de la movida. Su función no es informarse y decidir. Su función es aceptar y justificar las decisiones de sus dirigentes, sean las que sean. Esto no es un bipartidismo sino un duunvirato. Resulta que el pacto era más que un pacto; era un Gran Pacto. Lo que iba a ser un acuerdo exclusivamente hacia el exterior, hacia Europa, dirige ya su mirada al interior. Los dos duunviros anuncian que también pactarán la reforma de la administración. En todo lo demás, advierte Rubalcaba ceñudo, en las pensiones, en la educación, la sanidad, nos tendrán enfrente. Bueno, pero, de momento, ya están juntos. Los dos defensores de la dinastía.

Los dirigentes con la valoración popular más baja de la historia de la democracia, son viejos amigos, compañeros de escaños, con experiencia ministerial ambos. Son muchos años en la sala de espera para ser el número uno. Eso probablemente genera solidaridad y simpatía. Rajoy no es con Rubalcaba ni la décima parte de faltón y grosero que era con Zapatero. Y Rubalcaba ya se sabe que nunca pierde el sentido. Así que se les ve a gusto. Siempre he sostenido que estos dos se entienden mejor entre ellos que cada uno con su propio partido. Por eso finalmente pactan y hacen la escena del sofá. Este gran pacto por el que algunos refunfuñan en el PSOE no es todavía una Grosse Koalition y se verá si acaba siéndolo en el futuro. Sí está claro que produce efectos como si lo fuera y en especial uno muy característico: la oposición no se hace en el Parlamento, sino fuera del Parlamento. Es una oposición extraparlamentaria. ¿Quién hace la oposición real hoy? Veamos:
  • El 15-M y movimientos semejantes que cuestionan la legitimidad del sistema político.
  • Los catalanistas. Quizá sea este uno de los motivos ocultos del pacto R/R. A ambos les parece de político de talla ocultar las intenciones. Pero a Rubalcaba el auge del soberanismo catalán le tiene muy preocupado y, con esa afición a lo opaco que le caracteriza, se ha reunido en secreto con algunos de sus barones para hablar de federalismo pero, sobre todo, para ponerle límites. Eso de los límites, a lo que sea, es muy querido por Rajoy y la derecha en general. La gente debe conocer sus límites, sí señor. ¿Hasta dónde vamos a llegar si cada cual hace de su capa un sayo? Mira por donde, había un motivo oscuramente nacional en este pacto.
  • Ada Colau y la PAH. El PSOE se desentendió a última hora de la faena del PP y dejó que fuera él  en solitario (no sé si con la sólita ayuda de UPyD) quien asesinara la ILP de dación en pago con la firma de 1.400.000 personas. También le ha dejado solo en el Parlamento europeo votando en contra de igual iniciativa. Le deja solo, sí; pero tampoco hace nada. En la oposición está la PAH.
  • La sanidad pública. El PSOE habla mucho de oponerse a la privatización, pero quien ha llevado a los tribunales todo el proceso de expolio de la sanidad pública a manos de un PP que ha actuado como un verdadero depredador, ha sido una asociación médica con fondos recaudados entre el personal sanitario. A estos nadie les reparte sobres. Al contrario, se los quitan. Pero han conseguido empurar por lo penal al wild bunch neoliberal de Esperanza Aguirre, ese puñado de empleados de grandes empresas médicas tornado en políticos que administraban los bienes públicos barriendo para casa.
  • Los profesores. La enseñanza en pleno. La portada de El País en que el chaval que ha obtenido la máxima nota en la selectividad, un 9,95, defiende la enseñanza pública de todos para todos es el mejor mentís lanzado a los mejunjes ideológicos de ese ministro, pésimamente valorado por la ciudadanía, a pesar de su apellido que quizá tenga interiorizado. Tan mala es la norma con que ha cumplido lo que debe de ser una penitencia impuesta por la Iglesia que el gobierno pone en marcha una campaña publicitaria en favor de la Ley Wert, como el que anuncia un detergente.
  • El llamado "mundo de la cultura". Los pitos y abucheos de ayer en el Real a este hombre tan engreído como petulante tienen que haberle tocado. No le abroncaban los estudiantes que, al fin y al cabo, él considera chusma; ni los profesores (en realidad unos perroflautas) todos ellos con sus camisetas verdes. Lo abroncaban los que él considera los suyos, los selectos asistentes al Real. La Reina a su lado, (¡qué trago, Señor!), era la viva imagen de María Estuardo o Santa Isabel de Hungría.
  • Todos los estamentos del Reino, excepto los registradores de la propiedad y la Iglesia católica. Desde los periodistas (bueno, no todos) hasta los bomberos.
  • Todos los públicos y curiosos que acuden a presenciar alguna ceremonia, inauguración o acto solemne y que aprovechan el paso de cualquier autoridad para "escrachearla".
Se observará que Palinuro no menciona los jueces. Los jueces no hacen oposición a nadie. Cumplen con su deber de hacer justicia. Lo que sucede es que es tal la corrupción del partido del gobierno que todo acto de justicia se interpreta como una agresión al PP y, dado que este vive enrollado en la bandera de España, a la Patria. Bastante trabajo tienen los jueces resistiendo las presiones de docenas de sinvergüenzas forrados de pasta acostumbrados a comprar las voluntades como el que compra palomitas en el cine.

Así que la pregunta no es retórica: ¿en dónde está la oposición? En la calle y, desde luego, en las redes sociales. Por supuesto, a estas tiene acceso todo el mundo: manifestantes y policía, víctimas y victimarios, nacionalistas y antinacionalistas, electores y elegidos. Tiene valor precisamente porque es de acceso libre y universal. Porque es un bien público que debiera proveerse a coste cero.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

divendres, 21 de juny del 2013

Hay que defenderse.


La invasión publicitaria. La publicidad está haciéndose muy agresiva en la red. Abres una pantalla con Firefox y se despliegan dos o tres más, invitándote a jugar en un casino o a aprender alemán. Lo anuncios se cuelan en la tripas de Blogger. Cuando te pones a trastear con la configuración aparece algún anuncio de computadoras sobrepuesto a tu pantalla, aunque transparente. ¿Y qué me dicen de esa nueva costumbre de minar los textos con hiperlinks? Estás leyendo un artículo de un periódico o tu propio post y aparece una palabra del texto, por ejemplo, "barco", resaltada como hiperlink. Si pinchas te lleva a un portal de alquiler de navíos. Aquí mismo hay dos que yo no he puesto; se han puesto "solos". Los trucos para llamar la atención son infinitos. Navegar está convirtiéndose en sortear la omnipresente publicidad. Seguramente es la base de financiación de la red y cada vez lo será más. Pero es extraordinariamente enojosa.

Espías. Y si la publicidad está en todas partes (durante tres años, al parecer, la parada de metro "Sol" se llamará "Vodafone Sol"), no digamos ya el espionaje. Los gobiernos vigilan la red, tratan de censurarla, la rastrean en busca de posibles delitos, ciberdelitos, que hay muchos. Acumulan informaciones, datos, sobre todos los ciudadanos. Vivimos permanentemente vigilados, escrutados por los poderes públicos. Si quieren lo saben todo sobre nosotros. Hoy casi todo el mundo usa el correo electrónico para ventilar sus asuntos, desde los oficiales a los más íntimos, desde una solicitud de licencia de obra hasta una declaración de amor. Y esos mails andan flotando por ahí, almacenados en los servidores, depositados en la nube en donde las agencias de espionaje pueden monitorizarlo, espiarlo todo. Por no hablar de la información que las redes sociales (en este caso Facebook) tienen en almacenamiento. 

La CIA tiene una red de espionaje global. Además, se permite el lujo de hacer que las grandes plataformas, las inmensas redes sociales, los gigantescos buscadores, Amazon, Twitter, Facebook, Google, eBay, trabajen y espíen para ella y que le pasen información. Cuando menos, lo intenta. Ese arrepentido de la CIA, Edward Snowden, que ha puesto en evidencia el aparato de espionaje de la Agencia a sus compatriotas y a todo el mundo, es otro héroe de nuestro tiempo, al estilo de Asange. Son los que revientan las claves secretas del poder y dan a la luz sus numerosas fechorías. El secreto de Estado en sociedades democráticas no cuela. Esa rebelión de las redes, de internet, contra el despotismo del Estado, incluido el supuestamente democrático, es el más interesante fenómeno de nuestros días. Las redes vigilan los poderes, los critican, los denuncian , algo antes inimaginable. Las redes es donde se articula la defensa de la ciudadanía contra las extralimitaciones del poder. Que sepan los espías que los espían y sus trabajos y afanes se expondrán a la luz pública. 

La resistencia. Los episodios de Turquía y el Brasil tienen muchos elementos en común. Y con otros anteriores. En una época en que las viejas tácticas revolucionarias de lo motines callejeros, los pronunciamientos, las insurrecciones y los enfrentamientos civiles, ya no parecen posibles porque los poderes cuentan con unas fuerzas de represión muy eficaces, el recurso a la movilización masiva reiterada, lo ocupación de los espacios públicos, son tácticas nuevas que han venido aplicándose desde la primavera árabe de 2010 y han servido para derribar gobiernos, habiendo degenerado en bastantes lugares, como en Libia o Siria, en guerras civiles. 

Son movimientos nuevos de defensa y de resistencia ciudadana frente a los cuales las reacciones de los gobiernos suelen ser de desconcierto. Lo indudable, sin embargo, es que serían imposibles sin la red, que se dan en el ciberespacio. No se trata de la cuestión, manifiestamente retórica, de que la revolución no pueda hacerse solamente en las redes sino de la comprobación de que las redes son instrumentos potentes de la revolución. 

dijous, 20 de juny del 2013

Como Dios manda.


Se le llenaba la boca de Dios a Rajoy en la campaña electoral de 2011; y antes. Había que hacer las cosas con sentido común, sin ocurrencias; él era un hombre previsible, que llamaba al pan, pan y al vino, vino; pensaba, además, gobernar como Dios manda. Ignoro cómo mandará Dios; pero, si me fío de lo que sus creyentes dicen de él, supongo que mandará se gobierne con justicia y sin iniquidad. Supongo, porque hay dioses y dioses. El mismo de los cristianos tiene momentos que ya, ya. Supongo asimismo que mandará gobernar con honradez y atendiendo a la cosa pública pero no para apropiársela. Aunque aquí el que manda puede ser el gigante Caco, que ve con buenos ojos hurtos y robos.

En todo caso, si Dios manda gobernar causando aflicción a los gobernados, permitiendo que los priven de sus casas; retirando subvenciones a los parados, medicamentos a los enfermos, becas a los jóvenes, salarios a los trabajadores, sisando la pensión de los viejos; si ordena salvar bancos y grandes empresas en ruina (como las autopistas de Madrid), mientras hay millones de personas viviendo por debajo de la línea de la pobreza y miles de niños pasan hambre; si no hay dinero para que coman los niños en las escuelas pero sí para restaurar la basílica del Valle de los Caídos; si esto es así, su sentido de la justicia parece contradecir todas y cada uno de los obras de caridad que su iglesia ordena. Y no hay Teodicea que lo salve.

El punto de la honradez es insoslayable. No cabe pensar que Dios mande lucrarse en el gobierno o en el partido. Y, sin embargo, es lo que ha sucedido, a tenor de los papeles de Bárcenas. Según estos documentos, para muchos dirigentes, ser del PP es un chollo. Además del sueldo que te paga el Estado -o sea, los contribuyentes-, el partido te astilla una pasta en forma de sobresueldo, aunque disfrazado contablemente como gastos de representación que, en el fondo, también pagan los contribuyentes bien de modo directo (pues los partidos tienen financiación pública) bien indirecto e incluso posiblemente torticero, a través de donativos de empresarios que obtienen luego jugosas contraprestaciones. Lo que sucede es que los contribuyentes ignoramos estar pagando también los sobresueldos. Los que los cobran, o han cobrado, lo niegan o lo ocultan o lo admiten a regañadientes, prueba evidente de que también a ellos les parece mal, algo reprobable.

El caso de Rajoy es diáfano. Niega haber recibido sobresueldos, pero los papeles de Bárcenas hablan de un millón quinientos mil euros en varios años. Y eso que no está en política por dinero, según propia confesión. Si llega a estarlo, más que el presidente del gobierno, sería el Tío Gilito. Rajoy no puede seguir ignorando esta situación. Tiene que hacer una declaración pública y dimitir. Eso es lo democrático por mucho menos.

Pero llega el pacto que hoy firmarán los dos lideres principales españoles. Se presenta como un acto de responsabilidad. Los dos principales partidos se unen frente a Bruselas. No son los dos grupos de irresponsables que llevan meses, años, insultándose de modo permanente, lo que les acarrea la mala opinión de la ciudadanía. Desde luego, no somos así: tomamos en cuenta los intereses del país. Tenemos visión de Estado.

Es una operación de imagen. Parece haberlo propiciado asimismo el Rey, con lo que se transmite una imagen institucional, de triunfo del Estado, de España. Quedan fuera, como siempre, los rojos y los separatistas, a quienes se presentó el acuerdo pro forma para que nadie se queje de no haber sido invitado. Teniendo en cuenta la estrecha vinculación de los tres pies del pacto con la iglesia, sin duda andan bajo el mandato de Dios. Ahí, el que parece estar más fuera de campo es Rubalcaba. Pero su presencia es precisamente su gran baza: aparecer como partido de Estado, necesario incluso cuando está en la oposición.   Es una imagen muy del turnismo decimonónico, con el Rey propiciando una operación que le permita recuperar el prestigio perdido por sus devaneos y tonterías. 

Pues sí, como Dios manda.

dimecres, 19 de juny del 2013

La sensación de asfixia.


Dice Rajoy que la sensación de asfixia que había hace un año ya no existe. Su asesor de comunicación le ha dicho que ha de mostrar optimismo, ser triunfalista, pero sin pasarse. Así que no es que no nos asfixien, sino que no tenemos sensación de ello. Pues será porque no lee los periódicos, ni escucha la radio, ni ve la televisión, ni habla con los amigos en el bar. Sensación de asfixia, de agobio, de incredulidad, desconcierto. Las noticias se suceden en cascada, abrumando al personal. La gente se suicida más, los niños empiezan a pasar hambre, los recortes de servicios pasan factura por todas partes. Hay espectáculos hospitalarios que pensábamos no iban a reproducirse. La sensación de esfixia es total.

Hay cosas inverosímiles. Esa historia de la supuestas ventas de la Infanta es increíble y raya en lo alucinante que ni Hacienda ni nadie haya dado una explicación medianamente razonable a un país estupefacto. Y que, además, se teme lo peor. Esto es, que se trate de otra trama, esta vez de blanqueo de capitales. Sin duda este tipo de cosas abracadabrantes suceden de vez en cuando en todas partes. Pero no vienen en racimos, como en España, en donde el tesorero del partido del gobierno hasta hace nada ha acumulado, al parecer, una fortuna en Suiza; en donde un empresario avispado y jefe de la cofradía empresarial supuestamente saqueaba Cajamadrid con la anuencia y activa colaboración de su entonces presidente, hoy en la cárcel; en donde un "emprendedor" aun más avispado, había creado una red de empresas que vivían presuntamente de expoliar el presupuesto público durante años mediante compadreos ilícitos con los dirigentes y gobernantes del PP de muchos lugares, a bastante de los cuales, además, obsequiaba regiamente, bien en directo o por intermedio de "El bigotes".

Lo que muestra este espectáculo casi circense de una multitud de personajes dedicada a saquear las arcas públicas, repartirse el botín a lo grande y enchufar en la administración a parientes, deudos y amigos es que la vida pública española esta dominada por la codicia, para satisfacer la cual, muchos no paran en barras. Se ha generado una especie indiferencia colectiva, se han soslayado los criterios morales y hasta del buen gusto. Un alto cargo de la Generalitat, el nº 2 de la sanidad catalana, contrata con empresas de las que es apoderado. Que se sepa está bien; que se tomen medidas, mejor; pero lo asombroso es que se produzcan cosas así. ¿Cree el viceconsejero que no lo descubrirán nunca? ¿O cree que, si lo descubren, no pasará nada? Exactamente, ¿qué cree?

Y lo mismo cabe preguntar al presidente del gobierno, algún ministro y muy relevantes personalidades del PP. Al parecer, la acusación en el proceso por los papeles de Bárcenas ya ha cuantificado el monto total de los sobresueldos que se repartieron amigablemente los más altos dirigentes del PP en concepto de "gastos de representación". El más aventajado, según la acusación, es Rajoy, con 1.500.000 euros, seguido de cerca por su amigo Bárcenas, con 1.400.000 o así. Vienen luego gentes en torno a los 700.000/800.000 euros, como Aznar o Ana Mato y siguen otros con cantidades golosas, como Arenas o Álvarez Cascos. Lo primero que va a pedir la acusación particular es saber si esas cantidades se declararon a Hacienda. Nuevo baile de declaraciones que se prometen, sí, pero casi nunca aparecen o lo hacen incompletas. Luego hay que ver si el cobro de sobres es legal. Eso lo decidirán los jueces. Lo que está clarísimo, lo que es evidente en la opinión pública más palpable es que es inmoral. Que hayan estado cobrando sobresueldos dudosos quienes luego mermarían y recortarían los ingresos de los demás, clama al cielo. Que se subieran sus retribuciones un veinte por ciento cuando reclamaban que bajaran las del prójimo, no tiene nombre.

Por supuesto esto es, cuando menos, un asunto de honor, siempre muy sutil; de honor y de dignidad, que son los dos factores que fundamentan la autoridad del gobierno. La pregunta a un presidente que no aclara si recibió o no sobresueldos por valor de 1.500.000 euros es si cree que tiene alguna autoridad. Eso en lo que hace a él. En lo que hace a los ciudadanos, seguimos teniendo la sensación de asfixia y agravada por su comportamiento.

dimarts, 18 de juny del 2013

España cañí.


Subiéronse a un tren más rápido que el viento algunas autoridades del gobierno y el Estado. El vehículo lleva un acrónimo metafórico, AVE. Y algo de Ave Fénix tiene porque parece resurgir de sus cenizas burocráticas, hechas de planes desmayados, inversiones paralizadas, obras aplazadas. Vuela de nuevo el AVE. Llevaba al Príncipe, a Rajoy y dos ministros, de esos tan altamente valorados por la opinión pública. Hizo parada en Albacete para recoger a Cospedal y otra en Villena para incorporar a Fabra, con lo ya estaban los barandas de los territorios. Faltaba Ignacio González, el de Madrid, como también faltaba la alcaldesa Botella, pero eso es algo menor. Para la derecha, estando el presidente del gobierno, las otras autoridades no cuentan.

El AVE llegó con adelanto a Alicante. España ya no será el país de los retrasos; ahora será también el de los adelantos. Allí esperaba una representativa muestra de políticos locales, imputados por una alegre batería de delitos. Una fiesta a la sombra de los barrotes de una reja. Como en una peli de los Comedy Capers, Rajoy hizo todo lo posible por no encontrarse con la alcaldesa de Alicante, imputada en un caso de corrupción. No pudo evitar la foto, pero los contaminados estaban en los extremos. Bastante rollo había con el escrache a las puertas del solemne acto, que los pitos se oían mientras hablaba el Príncipe y hasta estalló un petardo. Para que encima, Rajoy, que ya tiene lo suyo con los sobresueldos y otras bicocas de la Gürtel, como viajes pagos, se viera del ganchete con una señora que parece predestinada al banquillo.

¡Qué ganas tiene el personal de amargar los momentos dulces de la vida! Escraches, malas caras, saludos "gélidos" (dice la prensa), esquinazos. Cuando el presidente llevaba un discurso de hombre de Estado y líder visionario. Lo tuiteaba La Moncloa a las cuatro de la tarde, al menos lo que se supone será el trozo que pasará a la historia: Este nuevo AVE nos ha de hacer ver que somos más que capaces de salir adelante. Somos un gran país a la altura de sus obras. La retórica de Rajoy en su más pura esencia. Rajoy crecido, haciéndonos ver a través del AVE que somos "más que capaces" de algo, lo que no está mal en punto a optimismo cuando la interrogante es si somos capaces a secas. ¿Cómo no? Exclama Rajoy cuando somos un gran país. Es una variante de su expresión favorita, tomada del título de un libro de Mayor Oreja, somos una gran nación. Es un hablar invocativo: se invoca la gran nación como el que invoca las legiones angélicas, y la invocación no hace aquella más real que estas.

Lo de la altura del país y sus obras no sé yo si el presidente no lo ha dicho al revés. Para cualquiera el sentido lógico de la propuesta es que sean las obras las que estén a la altura del país y no al revés. Pero el hombre se pone nervioso, ya se sabe, o quizá no alcance a leer su letra. Además, caramba, debe de estar emocionado al inaugurar una gran obra. Uno pensaría que, a fuer de católico, Rajoy no sucumbiría a la fascinación de las obras pues, para él la salvación solo viene de la fe y la gracia (lo cual casa mejor con su indolente carácter), pero eso sería no calibrar la importancia del concepto de obra en la mentalidad de la derecha española. Obra de Dios se llama su secta más conocida y la obra sirvió en último término para legitimar la dictadura de Franco. Fue uno de sus ministros, el también gallego Gonzalo Fernández de la Mora, quien elaboró la doctrina del Estado de obras. No había lugar a cuestionar la legitimidad de aquel régimen inicuo que se justificaba por sus obras, así como para los jesuitas el fin justifica los medios. Al contrario que en la teología.

Las dimensiones del asunto se observan al echar una rápida ojeada al estado general de las restantes obras públicas y que Diario.es ha recogido en un florilegio de despilfarros, abandonos, corruptelas : Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Deudas del organismo público con la banca: 417 millones de euros.- Ciudad de la Cultura de Galicia. Presupuesto: 300 millones. Ciudad de la Justicia de Madrid. Proyecto cancelado, presupuesto original: 500 millones. Ciudad del Circo en Alcorcón. Sin acabar, 120 millones gastados. Caja Mágica de Madrid. 290 millones de presupuesto, uso actual: dos semanas al año. Autopistas radiales de Madrid. Deudas: 3.500 millones. Cúpula de la Energía, Soria. Proyecto cancelado, inversión realizada: 52 millones. Palma Arena en Mallorca. Presupuesto inicial: 48 millones, final: 110 millones. Aeropuerto de Castellón. Presupuesto: 151 millones. Número de vuelos: cero.

Un desastre. Un país casi en almoneda en el que es posible viajar a trescientos kilómetros por hora entre una ruina y un proyecto sin acabar o entre una ciudad desierta y un aeropuerto fantasma. Y eso si no se pregunta su opinión a los catalanes que ven cómo Madrid ya ha llevado el AVE a su puerto pero el corredor del Mediterráneo sigue esperando. Esta en principio leve discrepancia encierra dos concepciones diametralmente opuestas de España como red. Todos quieren pensar en términos reticulares para ser modernos. Pero, mientras los nacionalistas catalanes piensan en una red distribuida (no meramente descentralizada) la derecha gobernante piensa en una red centralizada. ¿No hay un AVE de Madrid a Barcelona? ¿Qué más quieren los catalanes? ¿No pasar por Madrid para ir a Pamplona? ¡Qué pruritos localistas!. 

Por cierto, el presupuesto de este tramo del AVE inaugurado ha sido de unos 1.900 millones de euros, de los que 320 proceden de la Unión Europea. Gran país, ciertamente, que vive subvencionado.

dilluns, 17 de juny del 2013

El socialismo madrileño.


El PSM celebró este finde una convención regional en la que han participado Rubalcaba y Lissavetzky, además de Gómez, claro. En su discurso, el secretario general se ha referido a dos tipos de cuestiones, la general de España y la particular de Madrid. Con respecto a la primera, defiende el pacto alcanzado con el PP y lo hace con razones dignas de consideración. La principal es que el pacto incorpora los objetivos socialdemócratas clásicos; no es un pacto huero. Pero sigue sin ser convincente porque ¿qué significa esa incorporación? ¿Que Rajoy va a aplicar las políticas socialdemócratas ad intra? Eso no lo piensa nadie; ni Rubalcaba. ¿Significa que las aplicará ad extra, es decir, que las planteará (pues no se va a más que a plantear) en Bruselas? Es posible, pero inútil porque no será Bruselas quien haga lo que dicte Rajoy sino Rajoy quien obedezca a Bruselas. Por tanto, Palinuro se reafirma, el pacto es inútil.

Nota bene y actualización.

Va quedando claro que este pacto inútil no es más que una operación para embellecer la imagen del Rey, para que parezca que hace algo en vez de quedar como un gandul parásito y rijoso. Es decir, el Rey solo quiere una operación de marketing y los dos obedientes políticos dinásticos se prestan a representar este pequeño sainete para consumo interno que, al parecer, viene también avalado por consultas con los tres "jarrones chinos". ¡Ah, la alta política! Luego, Rubalcaba lo vende a las bases como un logro de la socialdemocracia. La socialdemocracia al servicio de la Monarquía. En el momento en que todo parece hundirse, en una crisis sistémica que cuestiona el orden político, el PSOE ha escogido campo: el trono y el altar. Es lo de siempre.



Pero hace bien el secretario general en defender el pacto. A lo hecho, pecho y algo de imagen de político de vuelos se le pegará. Menester es decir que acompaña la defensa de lo indefendible con otros razonamientos muy estimables. Se afana en afirmar que el pacto no significa que el PSOE condone las políticas internas del PP. Algo es algo. Sobre todo en materia de pensiones, es muy de agradecer que sea claro: el PSOE no firmará nada que lleve menos consenso que la anterior reforma y, por tanto, tratará de frenar el último expolio que bancos y aseguradoras quieren para hacer negocios privatizando las pensiones.

Lo más logrado desde el modesto punto de vista de Palinuro es la afirmación de que el PSOE derogará toda la normativa conservadora que haya mermado derechos de la ciudadanía. Dígalo más alto; repítalo; no lo deje para el final de su intervención; llévelo al inicio. Punto primero del programa electoral socialista: derogación inmediata de toda la legislación restrictiva de los derechos de la ciudadanía. Ahí están los votos de los trabajadores, los parados, las mujeres, los usuarios de la seguridad social, los jóvenes, los dependientes y los jubilados. Es más Palinuro sostiene que podía ser el punto primero de un hipotético programa común de la izquierda. 

Porque son derechos y no privilegios como acusa la derecha con el fin de mantener y acrecentar los que ella protege.

La segunda parte del discurso fue para Madrid. Para las perspectivas del socialismo madrileño. El orador empleó formas de mitin, asegurando que ya es hora de poner fin a 25 años de gobierno de la derecha en la región y vaticinando que los madrileños tocaremos de nuevo la justicia y la equidad cuando Tomás Gómez sea presidente. No lo dudo, pero faltan dos años. Un mitin en diferido. Un buen deseo que, para hacerse realidad, debe venir precedido de la capacidad de ver los problemas, de decir la verdad, no de ocultarla. Los buenos modales, la diplomacia de partido hacen que ni se plantee la cuestión candente que está en el ánimo de todos, esto es, ¿por qué lleva la derecha 25 años gobernando en Madrid y, de paso, también en Valencia? ¿Por qué son incapaces los respectivos partidos socialistas de ganar las elecciones? 

No vamos a hablar de Valencia porque aquí tratamos de Madrid pero como el antiguo reino es un ejemplo tan exagerado, merece la pena mencionarlo. El PSPV ha pasado por la vergüenza de que el PP, dirigido por un imputado y literalmente salpicado de fundadas sospechas de corrupción, amplíe incluso su margen de mayoría absoluta. Cuando un empeño colectivo fracasa de modo tan clamoroso, ¿no debiera realizar un trabajo de introspección, de análisis objetivo de los problemas, de revisión de su línea y sus supuestos? 

Algo de eso sucede en Madrid. Y aun peor. El Tamayazo, hoy en su décimo aniversario, probó que la corrupción anidaba en el seno del PSM. La imagen era la de una estructura partidista, basada en la administración de los cargos públicos (escasa y muy reñida por estar el partido en la oposición) y las relaciones de poder entre clanes con intereses distintos aunque con nombres rimbombantes. Tamayo pertenecía a una corriente interna llamada renovadores por la base. Genial. 

La financiación pública de los partidos (buena en principio, pero precisada de afinamiento) posibilita el enquistamiento de estas estructuras partidistas finalmente pobladas por profesionales de la política. El interés de estos, claro, es ganar las elecciones. Pero tampoco pasa nada si se pierden, pues raro será que los muevan de sus puestos. Resultado por la línea del menor esfuerzo: las elecciones se pierden. Los aparatos, sin prurito crítico alguno se reproducen repitiendo los mismos errores. Por ejemplo: un aparato gris y burocratizado presentará de candidato a la presidencia a una persona gris y burocrática. Palinuro profesa gran respeto por los sucesivos candidatos socialistas a la presidencia de Madrid y no mencionará a ninguno en concreto pero no puede pasar por alto que todos comparten una nota de grisura y medianía muy poco apropiada para nuestra época de imagen y espectáculo mediáticos. Ninguno pudo hacer sombra a Alberto Ruiz Gallardón y mucho menos a la neoliberal castiza y chulapa de Esperanza Aguirre. 

Así que aparatos burocratizados, escleróticos, repletos de intereses creados, inmersos en redes clientelares de grupos y clanes representados por líderes grises y anodinos de escasísimo tirón popular, es la explicación del cuarto de siglo de gobierno de la derecha y ¿no es la mejor fórmula para que esta pase otros 25 años campando por sus escasos respetos?

(La imagen, menos la peana, es una foto de Brian Snelson, en Wikimedia Commons).

diumenge, 16 de juny del 2013

Prólogo a un libro pendiente de publicarse


Hace unos días, en un post titulado El lobo solitario y la peña o el código del espacio público, mencionaba Palinuro que estaba leyendo un manuscrito muy interesante y original de Sergio Colado. Lo que no decía era que Colado le había pedido un prólogo. Pero era así. Bien, el bueno de Palinuro ha escrito el prólogo que he aquí para quien quiera leerlo:

Prólogo.

Hay libros que no necesitan prólogo porque desde el título al finis operis se explican por sí solos. Este es uno de ellos. Si, a pesar de todo, el autor busca un prologuista, este hará bien en entender la invitación como un gesto magnánimo antes que como una solicitud de amparo. Es mi caso en este caso. Habiendo para mi infortunio llegado a esa edad en la vida en que la gente te escucha en lugar de combatirte, no me dejo engatusar por la generosidad de los nuevos y reconozco en ellos la originalidad, el empuje y el valor que es noble función del prologuista poner de manifiesto. Dicho en el estilo gracianesco de Twitter, tan presente en esta obra: no es el libro el que se beneficia del prólogo sino el prólogo el que saca partido del libro.

Apostillas al discurso del pacto.


Anoche estuvo en la tele Elena Valenciano defendiendo el pacto sobre Europa del PP y el PSOE. Habló también de otros asuntos siempre de modo prudente, claro, conciso, sin rehuir nada por incómodo que fuese. Acostumbrados a escuchar a los políticos -en especial los del gobierno- perderse en jardines de simplezas, marrullerías, mentiras, injurias y necedades, esta política es un ejemplo. Y un ejemplo de congruencia. Su precisión de que no es "abanderada del feminismo" sino que es feminista fue un acierto con salero. Por eso es un ejemplo. Del resto de la concurrencia prefiero no hablar. Por cierto, ¿es malicia mía o la entrevista se acabó cuando iba a salir el asunto de los sobres barcénigos?


Valenciano defendió el pacto con una batería de razones, lo que es de agradecer. Pero el discurso en conjunto no es convincente y eso puede demostrarse con otras razones que quieren ser mejores. No haya cuidado porque, al final, el asunto no es de razones sino de quién manda. Y, como mandan Rubalcaba y Valenciano, sus razones se impondrán sean o no las mejores.

En principio, no hay objeción a la idea del pacto en abstracto. El nombre está cargado de connotaciones positivas. El pensamiento político moderno arranca del contractualismo. El pacto es el origen de la sociedad, constituida después en el pacto de unión civil, de Kant, distinto al pacto de sujeción, que venía de la Edad Media. Está en Hobbes: pactar es lo que hace la gente sensata en lugar de exterminarse mutuamente. Abogar por el pacto es así abogar por causa noble y la insistencia de Rubalcaba tiene sólido fundamento... en el pasado.

Ese espíritu pactista fue la innovación que trajo Zapatero a la labor de la oposición a partir del año 2000: moderación, talante, acabar con la crispación y pactar. Fruto de ese ánimo fue el Pacto por la libertades y contra el terrorismo, también llamado Pacto antiterrorista, que benefició a todo el mundo e inició el declive de ETA. Un pacto propuesto por Zapatero que Rajoy, entonces vicepresidente, despachó con la habitual sorna de quien desprecia lo que ignora, diciendo que era "un conejo que se había sacado Zapatero de la chistera". Dos años más tarde él era el verdadero defensor del Pacto y acusaba a Zapatero de dinamitarlo. Es lo que se llama hablar según sopla el viento. Él quedó como lo que es, un cantamañanas sin criterios y los sociatas se apuntaron un acierto. Por eso ganaron las elecciones de 2004 y 2008. La gente les premió la actitud pactista, harta de la permanente confrontación movida por el PP.

Pero lo que sale bien una vez no tiene por qué una segunda. La historia y la política no se repiten, aunque lo parezca. La solución a un problema de ayer puede no serlo cuando se replantee; puede hasta ser contraproducente. Así se desprende mayoritariamente, por ejemplo, del juicio contemporáneo sobre la vigencia del keynesianismo. Las propuestas de los años treinta y cuarenta del siglo XX, ya no valían en los noventa (a causa del estancamiento con inflación) y tampoco, se dice, en el siglo XXI.

A lo mejor pasa algo así con el pactismo. Es un principio de rancia prosapia, pero no siempre aplicable. Las circunstancias han cambiado tanto entre 2004 y hoy que, en lugar de ceder al cliché de la receta pasada triunfante, los socialistas debieran reflexionar si no habrá otras fórmulas. El principal enemigo ya no es el terrorismo que, en cierto modo, venía de fuera del sistema sino que lo es la crisis económica, que viene de dentro. Valenciano construye lo que hoy se llama, impropiamente, un maniqueo, es decir simplifica las opciones a dos antagónicas. Según ella, el PSOE pacta porque no va a hacer la oposición destructiva que hizo el PP. O sea: pacto o destrucción, sin matices intermedios. ¿Quién se atreverá a negar que se puede no ser destructivo sin ser pactista? 

Claro que se puede ser constructivo sin pactar nada y lo que hay que demostrar es la necesidad del pacto. Sobre todo porque este debe justificarse en sí mismo y no ser meramente un símbolo de la voluntad de pactar, que se presume en gente civilizada. El PSOE insiste en que se trata de un pacto para presentar un frente común ante la UE. Sin embargo es fácil probar que ese acuerdo es innecesario y, además, contraproducente para él.

Es innecesario porque se limita a dar carácter solemne y oficial a un comportamiento que no lo necesita pues forma parte de los usos y costumbres democráticos de siempre, esto es, que el gobierno que habla en el exterior en nombre del país lo hace con el apoyo de todas las otras fuerzas políticas por tratarse de asuntos de Estado. Cierto, no es el caso con el PP que, cuando está en la oposición, boicotea sistemáticamente la unidad de la acción exterior del Estado. Pero, al estar en el gobierno, se aprovecha de que los demás no actúan como él y ni siquiera hace falta formalizarlo en un pacto inútil.

Pero, al hacerlo y, al hacerlo como lo ha hecho, el PSOE se enfrenta a dos peligros. El del enquistamiento y el del seguidismo. Al haber formalizado el pacto sin el apoyo de ningún otro grupo parlamentario se pone de relieve la dinámica bipartidista que hoy suscita mucha animadversión en amplios sectores políticos. No me consta que el PSOE prefiera un sistema de partidos a otro y, por tanto, no tiene por qué ser más bipartidista que multipartidista. Sin embargo, al firmar en solitario con el partido de la derecha, aparece como apoyo de un sistema del que se beneficia electoralmente, aunque no tanto como su cofirmante. Este no tiene nada que perder con un pacto que no le impone compromisos. Al contrario, todo por ganar porque, además, abraza al PSOE con el abrazo del oso.

Aunque los socialistas se empeñen en precisar que el pacto es hacia el exterior y no implica en modo alguno pacto o alianza en el interior, es imposible que no aparezcan uncidos al carro del gobierno y en una actitud de seguidismo. Justo cuando más claro debiera ser que tienen alternativas viables a las agresivas políticas de desmantelamiento del Estado del bienestar. Pactar lo que sea con quienes han arruinado el país en beneficio de los empresarios, los banqueros y los curas no es algo recomendable. Y si, además, resulta que el pacto era innecesario, mucho más. 

En realidad la oposición del PSOE sería enormemente constructiva si, en lugar de sellar pactos inanes, buscara un acuerdo de la mayor cantidad de fuerzas de izquierda posible en torno a un programa común que podría, de momento, constar de un punto único: derogación inmediata de todas las normas del gobierno del PP mediante las que se restrinjan derechos de los ciudadanos en cualquiera de sus condiciones vitales, como trabajadores, mujeres, inmigrantes, jóvenes, dependientes, minorías nacionales, pensionistas.

Ese pacto es una metedura de pata. 

(La imagen es una foto de Amio Cajander, bajo licencia Creative Commons).