divendres, 21 de juny del 2013

Hay que defenderse.


La invasión publicitaria. La publicidad está haciéndose muy agresiva en la red. Abres una pantalla con Firefox y se despliegan dos o tres más, invitándote a jugar en un casino o a aprender alemán. Lo anuncios se cuelan en la tripas de Blogger. Cuando te pones a trastear con la configuración aparece algún anuncio de computadoras sobrepuesto a tu pantalla, aunque transparente. ¿Y qué me dicen de esa nueva costumbre de minar los textos con hiperlinks? Estás leyendo un artículo de un periódico o tu propio post y aparece una palabra del texto, por ejemplo, "barco", resaltada como hiperlink. Si pinchas te lleva a un portal de alquiler de navíos. Aquí mismo hay dos que yo no he puesto; se han puesto "solos". Los trucos para llamar la atención son infinitos. Navegar está convirtiéndose en sortear la omnipresente publicidad. Seguramente es la base de financiación de la red y cada vez lo será más. Pero es extraordinariamente enojosa.

Espías. Y si la publicidad está en todas partes (durante tres años, al parecer, la parada de metro "Sol" se llamará "Vodafone Sol"), no digamos ya el espionaje. Los gobiernos vigilan la red, tratan de censurarla, la rastrean en busca de posibles delitos, ciberdelitos, que hay muchos. Acumulan informaciones, datos, sobre todos los ciudadanos. Vivimos permanentemente vigilados, escrutados por los poderes públicos. Si quieren lo saben todo sobre nosotros. Hoy casi todo el mundo usa el correo electrónico para ventilar sus asuntos, desde los oficiales a los más íntimos, desde una solicitud de licencia de obra hasta una declaración de amor. Y esos mails andan flotando por ahí, almacenados en los servidores, depositados en la nube en donde las agencias de espionaje pueden monitorizarlo, espiarlo todo. Por no hablar de la información que las redes sociales (en este caso Facebook) tienen en almacenamiento. 

La CIA tiene una red de espionaje global. Además, se permite el lujo de hacer que las grandes plataformas, las inmensas redes sociales, los gigantescos buscadores, Amazon, Twitter, Facebook, Google, eBay, trabajen y espíen para ella y que le pasen información. Cuando menos, lo intenta. Ese arrepentido de la CIA, Edward Snowden, que ha puesto en evidencia el aparato de espionaje de la Agencia a sus compatriotas y a todo el mundo, es otro héroe de nuestro tiempo, al estilo de Asange. Son los que revientan las claves secretas del poder y dan a la luz sus numerosas fechorías. El secreto de Estado en sociedades democráticas no cuela. Esa rebelión de las redes, de internet, contra el despotismo del Estado, incluido el supuestamente democrático, es el más interesante fenómeno de nuestros días. Las redes vigilan los poderes, los critican, los denuncian , algo antes inimaginable. Las redes es donde se articula la defensa de la ciudadanía contra las extralimitaciones del poder. Que sepan los espías que los espían y sus trabajos y afanes se expondrán a la luz pública. 

La resistencia. Los episodios de Turquía y el Brasil tienen muchos elementos en común. Y con otros anteriores. En una época en que las viejas tácticas revolucionarias de lo motines callejeros, los pronunciamientos, las insurrecciones y los enfrentamientos civiles, ya no parecen posibles porque los poderes cuentan con unas fuerzas de represión muy eficaces, el recurso a la movilización masiva reiterada, lo ocupación de los espacios públicos, son tácticas nuevas que han venido aplicándose desde la primavera árabe de 2010 y han servido para derribar gobiernos, habiendo degenerado en bastantes lugares, como en Libia o Siria, en guerras civiles. 

Son movimientos nuevos de defensa y de resistencia ciudadana frente a los cuales las reacciones de los gobiernos suelen ser de desconcierto. Lo indudable, sin embargo, es que serían imposibles sin la red, que se dan en el ciberespacio. No se trata de la cuestión, manifiestamente retórica, de que la revolución no pueda hacerse solamente en las redes sino de la comprobación de que las redes son instrumentos potentes de la revolución. 

dijous, 20 de juny del 2013

Como Dios manda.


Se le llenaba la boca de Dios a Rajoy en la campaña electoral de 2011; y antes. Había que hacer las cosas con sentido común, sin ocurrencias; él era un hombre previsible, que llamaba al pan, pan y al vino, vino; pensaba, además, gobernar como Dios manda. Ignoro cómo mandará Dios; pero, si me fío de lo que sus creyentes dicen de él, supongo que mandará se gobierne con justicia y sin iniquidad. Supongo, porque hay dioses y dioses. El mismo de los cristianos tiene momentos que ya, ya. Supongo asimismo que mandará gobernar con honradez y atendiendo a la cosa pública pero no para apropiársela. Aunque aquí el que manda puede ser el gigante Caco, que ve con buenos ojos hurtos y robos.

En todo caso, si Dios manda gobernar causando aflicción a los gobernados, permitiendo que los priven de sus casas; retirando subvenciones a los parados, medicamentos a los enfermos, becas a los jóvenes, salarios a los trabajadores, sisando la pensión de los viejos; si ordena salvar bancos y grandes empresas en ruina (como las autopistas de Madrid), mientras hay millones de personas viviendo por debajo de la línea de la pobreza y miles de niños pasan hambre; si no hay dinero para que coman los niños en las escuelas pero sí para restaurar la basílica del Valle de los Caídos; si esto es así, su sentido de la justicia parece contradecir todas y cada uno de los obras de caridad que su iglesia ordena. Y no hay Teodicea que lo salve.

El punto de la honradez es insoslayable. No cabe pensar que Dios mande lucrarse en el gobierno o en el partido. Y, sin embargo, es lo que ha sucedido, a tenor de los papeles de Bárcenas. Según estos documentos, para muchos dirigentes, ser del PP es un chollo. Además del sueldo que te paga el Estado -o sea, los contribuyentes-, el partido te astilla una pasta en forma de sobresueldo, aunque disfrazado contablemente como gastos de representación que, en el fondo, también pagan los contribuyentes bien de modo directo (pues los partidos tienen financiación pública) bien indirecto e incluso posiblemente torticero, a través de donativos de empresarios que obtienen luego jugosas contraprestaciones. Lo que sucede es que los contribuyentes ignoramos estar pagando también los sobresueldos. Los que los cobran, o han cobrado, lo niegan o lo ocultan o lo admiten a regañadientes, prueba evidente de que también a ellos les parece mal, algo reprobable.

El caso de Rajoy es diáfano. Niega haber recibido sobresueldos, pero los papeles de Bárcenas hablan de un millón quinientos mil euros en varios años. Y eso que no está en política por dinero, según propia confesión. Si llega a estarlo, más que el presidente del gobierno, sería el Tío Gilito. Rajoy no puede seguir ignorando esta situación. Tiene que hacer una declaración pública y dimitir. Eso es lo democrático por mucho menos.

Pero llega el pacto que hoy firmarán los dos lideres principales españoles. Se presenta como un acto de responsabilidad. Los dos principales partidos se unen frente a Bruselas. No son los dos grupos de irresponsables que llevan meses, años, insultándose de modo permanente, lo que les acarrea la mala opinión de la ciudadanía. Desde luego, no somos así: tomamos en cuenta los intereses del país. Tenemos visión de Estado.

Es una operación de imagen. Parece haberlo propiciado asimismo el Rey, con lo que se transmite una imagen institucional, de triunfo del Estado, de España. Quedan fuera, como siempre, los rojos y los separatistas, a quienes se presentó el acuerdo pro forma para que nadie se queje de no haber sido invitado. Teniendo en cuenta la estrecha vinculación de los tres pies del pacto con la iglesia, sin duda andan bajo el mandato de Dios. Ahí, el que parece estar más fuera de campo es Rubalcaba. Pero su presencia es precisamente su gran baza: aparecer como partido de Estado, necesario incluso cuando está en la oposición.   Es una imagen muy del turnismo decimonónico, con el Rey propiciando una operación que le permita recuperar el prestigio perdido por sus devaneos y tonterías. 

Pues sí, como Dios manda.

dimecres, 19 de juny del 2013

La sensación de asfixia.


Dice Rajoy que la sensación de asfixia que había hace un año ya no existe. Su asesor de comunicación le ha dicho que ha de mostrar optimismo, ser triunfalista, pero sin pasarse. Así que no es que no nos asfixien, sino que no tenemos sensación de ello. Pues será porque no lee los periódicos, ni escucha la radio, ni ve la televisión, ni habla con los amigos en el bar. Sensación de asfixia, de agobio, de incredulidad, desconcierto. Las noticias se suceden en cascada, abrumando al personal. La gente se suicida más, los niños empiezan a pasar hambre, los recortes de servicios pasan factura por todas partes. Hay espectáculos hospitalarios que pensábamos no iban a reproducirse. La sensación de esfixia es total.

Hay cosas inverosímiles. Esa historia de la supuestas ventas de la Infanta es increíble y raya en lo alucinante que ni Hacienda ni nadie haya dado una explicación medianamente razonable a un país estupefacto. Y que, además, se teme lo peor. Esto es, que se trate de otra trama, esta vez de blanqueo de capitales. Sin duda este tipo de cosas abracadabrantes suceden de vez en cuando en todas partes. Pero no vienen en racimos, como en España, en donde el tesorero del partido del gobierno hasta hace nada ha acumulado, al parecer, una fortuna en Suiza; en donde un empresario avispado y jefe de la cofradía empresarial supuestamente saqueaba Cajamadrid con la anuencia y activa colaboración de su entonces presidente, hoy en la cárcel; en donde un "emprendedor" aun más avispado, había creado una red de empresas que vivían presuntamente de expoliar el presupuesto público durante años mediante compadreos ilícitos con los dirigentes y gobernantes del PP de muchos lugares, a bastante de los cuales, además, obsequiaba regiamente, bien en directo o por intermedio de "El bigotes".

Lo que muestra este espectáculo casi circense de una multitud de personajes dedicada a saquear las arcas públicas, repartirse el botín a lo grande y enchufar en la administración a parientes, deudos y amigos es que la vida pública española esta dominada por la codicia, para satisfacer la cual, muchos no paran en barras. Se ha generado una especie indiferencia colectiva, se han soslayado los criterios morales y hasta del buen gusto. Un alto cargo de la Generalitat, el nº 2 de la sanidad catalana, contrata con empresas de las que es apoderado. Que se sepa está bien; que se tomen medidas, mejor; pero lo asombroso es que se produzcan cosas así. ¿Cree el viceconsejero que no lo descubrirán nunca? ¿O cree que, si lo descubren, no pasará nada? Exactamente, ¿qué cree?

Y lo mismo cabe preguntar al presidente del gobierno, algún ministro y muy relevantes personalidades del PP. Al parecer, la acusación en el proceso por los papeles de Bárcenas ya ha cuantificado el monto total de los sobresueldos que se repartieron amigablemente los más altos dirigentes del PP en concepto de "gastos de representación". El más aventajado, según la acusación, es Rajoy, con 1.500.000 euros, seguido de cerca por su amigo Bárcenas, con 1.400.000 o así. Vienen luego gentes en torno a los 700.000/800.000 euros, como Aznar o Ana Mato y siguen otros con cantidades golosas, como Arenas o Álvarez Cascos. Lo primero que va a pedir la acusación particular es saber si esas cantidades se declararon a Hacienda. Nuevo baile de declaraciones que se prometen, sí, pero casi nunca aparecen o lo hacen incompletas. Luego hay que ver si el cobro de sobres es legal. Eso lo decidirán los jueces. Lo que está clarísimo, lo que es evidente en la opinión pública más palpable es que es inmoral. Que hayan estado cobrando sobresueldos dudosos quienes luego mermarían y recortarían los ingresos de los demás, clama al cielo. Que se subieran sus retribuciones un veinte por ciento cuando reclamaban que bajaran las del prójimo, no tiene nombre.

Por supuesto esto es, cuando menos, un asunto de honor, siempre muy sutil; de honor y de dignidad, que son los dos factores que fundamentan la autoridad del gobierno. La pregunta a un presidente que no aclara si recibió o no sobresueldos por valor de 1.500.000 euros es si cree que tiene alguna autoridad. Eso en lo que hace a él. En lo que hace a los ciudadanos, seguimos teniendo la sensación de asfixia y agravada por su comportamiento.

dimarts, 18 de juny del 2013

España cañí.


Subiéronse a un tren más rápido que el viento algunas autoridades del gobierno y el Estado. El vehículo lleva un acrónimo metafórico, AVE. Y algo de Ave Fénix tiene porque parece resurgir de sus cenizas burocráticas, hechas de planes desmayados, inversiones paralizadas, obras aplazadas. Vuela de nuevo el AVE. Llevaba al Príncipe, a Rajoy y dos ministros, de esos tan altamente valorados por la opinión pública. Hizo parada en Albacete para recoger a Cospedal y otra en Villena para incorporar a Fabra, con lo ya estaban los barandas de los territorios. Faltaba Ignacio González, el de Madrid, como también faltaba la alcaldesa Botella, pero eso es algo menor. Para la derecha, estando el presidente del gobierno, las otras autoridades no cuentan.

El AVE llegó con adelanto a Alicante. España ya no será el país de los retrasos; ahora será también el de los adelantos. Allí esperaba una representativa muestra de políticos locales, imputados por una alegre batería de delitos. Una fiesta a la sombra de los barrotes de una reja. Como en una peli de los Comedy Capers, Rajoy hizo todo lo posible por no encontrarse con la alcaldesa de Alicante, imputada en un caso de corrupción. No pudo evitar la foto, pero los contaminados estaban en los extremos. Bastante rollo había con el escrache a las puertas del solemne acto, que los pitos se oían mientras hablaba el Príncipe y hasta estalló un petardo. Para que encima, Rajoy, que ya tiene lo suyo con los sobresueldos y otras bicocas de la Gürtel, como viajes pagos, se viera del ganchete con una señora que parece predestinada al banquillo.

¡Qué ganas tiene el personal de amargar los momentos dulces de la vida! Escraches, malas caras, saludos "gélidos" (dice la prensa), esquinazos. Cuando el presidente llevaba un discurso de hombre de Estado y líder visionario. Lo tuiteaba La Moncloa a las cuatro de la tarde, al menos lo que se supone será el trozo que pasará a la historia: Este nuevo AVE nos ha de hacer ver que somos más que capaces de salir adelante. Somos un gran país a la altura de sus obras. La retórica de Rajoy en su más pura esencia. Rajoy crecido, haciéndonos ver a través del AVE que somos "más que capaces" de algo, lo que no está mal en punto a optimismo cuando la interrogante es si somos capaces a secas. ¿Cómo no? Exclama Rajoy cuando somos un gran país. Es una variante de su expresión favorita, tomada del título de un libro de Mayor Oreja, somos una gran nación. Es un hablar invocativo: se invoca la gran nación como el que invoca las legiones angélicas, y la invocación no hace aquella más real que estas.

Lo de la altura del país y sus obras no sé yo si el presidente no lo ha dicho al revés. Para cualquiera el sentido lógico de la propuesta es que sean las obras las que estén a la altura del país y no al revés. Pero el hombre se pone nervioso, ya se sabe, o quizá no alcance a leer su letra. Además, caramba, debe de estar emocionado al inaugurar una gran obra. Uno pensaría que, a fuer de católico, Rajoy no sucumbiría a la fascinación de las obras pues, para él la salvación solo viene de la fe y la gracia (lo cual casa mejor con su indolente carácter), pero eso sería no calibrar la importancia del concepto de obra en la mentalidad de la derecha española. Obra de Dios se llama su secta más conocida y la obra sirvió en último término para legitimar la dictadura de Franco. Fue uno de sus ministros, el también gallego Gonzalo Fernández de la Mora, quien elaboró la doctrina del Estado de obras. No había lugar a cuestionar la legitimidad de aquel régimen inicuo que se justificaba por sus obras, así como para los jesuitas el fin justifica los medios. Al contrario que en la teología.

Las dimensiones del asunto se observan al echar una rápida ojeada al estado general de las restantes obras públicas y que Diario.es ha recogido en un florilegio de despilfarros, abandonos, corruptelas : Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Deudas del organismo público con la banca: 417 millones de euros.- Ciudad de la Cultura de Galicia. Presupuesto: 300 millones. Ciudad de la Justicia de Madrid. Proyecto cancelado, presupuesto original: 500 millones. Ciudad del Circo en Alcorcón. Sin acabar, 120 millones gastados. Caja Mágica de Madrid. 290 millones de presupuesto, uso actual: dos semanas al año. Autopistas radiales de Madrid. Deudas: 3.500 millones. Cúpula de la Energía, Soria. Proyecto cancelado, inversión realizada: 52 millones. Palma Arena en Mallorca. Presupuesto inicial: 48 millones, final: 110 millones. Aeropuerto de Castellón. Presupuesto: 151 millones. Número de vuelos: cero.

Un desastre. Un país casi en almoneda en el que es posible viajar a trescientos kilómetros por hora entre una ruina y un proyecto sin acabar o entre una ciudad desierta y un aeropuerto fantasma. Y eso si no se pregunta su opinión a los catalanes que ven cómo Madrid ya ha llevado el AVE a su puerto pero el corredor del Mediterráneo sigue esperando. Esta en principio leve discrepancia encierra dos concepciones diametralmente opuestas de España como red. Todos quieren pensar en términos reticulares para ser modernos. Pero, mientras los nacionalistas catalanes piensan en una red distribuida (no meramente descentralizada) la derecha gobernante piensa en una red centralizada. ¿No hay un AVE de Madrid a Barcelona? ¿Qué más quieren los catalanes? ¿No pasar por Madrid para ir a Pamplona? ¡Qué pruritos localistas!. 

Por cierto, el presupuesto de este tramo del AVE inaugurado ha sido de unos 1.900 millones de euros, de los que 320 proceden de la Unión Europea. Gran país, ciertamente, que vive subvencionado.

dilluns, 17 de juny del 2013

El socialismo madrileño.


El PSM celebró este finde una convención regional en la que han participado Rubalcaba y Lissavetzky, además de Gómez, claro. En su discurso, el secretario general se ha referido a dos tipos de cuestiones, la general de España y la particular de Madrid. Con respecto a la primera, defiende el pacto alcanzado con el PP y lo hace con razones dignas de consideración. La principal es que el pacto incorpora los objetivos socialdemócratas clásicos; no es un pacto huero. Pero sigue sin ser convincente porque ¿qué significa esa incorporación? ¿Que Rajoy va a aplicar las políticas socialdemócratas ad intra? Eso no lo piensa nadie; ni Rubalcaba. ¿Significa que las aplicará ad extra, es decir, que las planteará (pues no se va a más que a plantear) en Bruselas? Es posible, pero inútil porque no será Bruselas quien haga lo que dicte Rajoy sino Rajoy quien obedezca a Bruselas. Por tanto, Palinuro se reafirma, el pacto es inútil.

Nota bene y actualización.

Va quedando claro que este pacto inútil no es más que una operación para embellecer la imagen del Rey, para que parezca que hace algo en vez de quedar como un gandul parásito y rijoso. Es decir, el Rey solo quiere una operación de marketing y los dos obedientes políticos dinásticos se prestan a representar este pequeño sainete para consumo interno que, al parecer, viene también avalado por consultas con los tres "jarrones chinos". ¡Ah, la alta política! Luego, Rubalcaba lo vende a las bases como un logro de la socialdemocracia. La socialdemocracia al servicio de la Monarquía. En el momento en que todo parece hundirse, en una crisis sistémica que cuestiona el orden político, el PSOE ha escogido campo: el trono y el altar. Es lo de siempre.



Pero hace bien el secretario general en defender el pacto. A lo hecho, pecho y algo de imagen de político de vuelos se le pegará. Menester es decir que acompaña la defensa de lo indefendible con otros razonamientos muy estimables. Se afana en afirmar que el pacto no significa que el PSOE condone las políticas internas del PP. Algo es algo. Sobre todo en materia de pensiones, es muy de agradecer que sea claro: el PSOE no firmará nada que lleve menos consenso que la anterior reforma y, por tanto, tratará de frenar el último expolio que bancos y aseguradoras quieren para hacer negocios privatizando las pensiones.

Lo más logrado desde el modesto punto de vista de Palinuro es la afirmación de que el PSOE derogará toda la normativa conservadora que haya mermado derechos de la ciudadanía. Dígalo más alto; repítalo; no lo deje para el final de su intervención; llévelo al inicio. Punto primero del programa electoral socialista: derogación inmediata de toda la legislación restrictiva de los derechos de la ciudadanía. Ahí están los votos de los trabajadores, los parados, las mujeres, los usuarios de la seguridad social, los jóvenes, los dependientes y los jubilados. Es más Palinuro sostiene que podía ser el punto primero de un hipotético programa común de la izquierda. 

Porque son derechos y no privilegios como acusa la derecha con el fin de mantener y acrecentar los que ella protege.

La segunda parte del discurso fue para Madrid. Para las perspectivas del socialismo madrileño. El orador empleó formas de mitin, asegurando que ya es hora de poner fin a 25 años de gobierno de la derecha en la región y vaticinando que los madrileños tocaremos de nuevo la justicia y la equidad cuando Tomás Gómez sea presidente. No lo dudo, pero faltan dos años. Un mitin en diferido. Un buen deseo que, para hacerse realidad, debe venir precedido de la capacidad de ver los problemas, de decir la verdad, no de ocultarla. Los buenos modales, la diplomacia de partido hacen que ni se plantee la cuestión candente que está en el ánimo de todos, esto es, ¿por qué lleva la derecha 25 años gobernando en Madrid y, de paso, también en Valencia? ¿Por qué son incapaces los respectivos partidos socialistas de ganar las elecciones? 

No vamos a hablar de Valencia porque aquí tratamos de Madrid pero como el antiguo reino es un ejemplo tan exagerado, merece la pena mencionarlo. El PSPV ha pasado por la vergüenza de que el PP, dirigido por un imputado y literalmente salpicado de fundadas sospechas de corrupción, amplíe incluso su margen de mayoría absoluta. Cuando un empeño colectivo fracasa de modo tan clamoroso, ¿no debiera realizar un trabajo de introspección, de análisis objetivo de los problemas, de revisión de su línea y sus supuestos? 

Algo de eso sucede en Madrid. Y aun peor. El Tamayazo, hoy en su décimo aniversario, probó que la corrupción anidaba en el seno del PSM. La imagen era la de una estructura partidista, basada en la administración de los cargos públicos (escasa y muy reñida por estar el partido en la oposición) y las relaciones de poder entre clanes con intereses distintos aunque con nombres rimbombantes. Tamayo pertenecía a una corriente interna llamada renovadores por la base. Genial. 

La financiación pública de los partidos (buena en principio, pero precisada de afinamiento) posibilita el enquistamiento de estas estructuras partidistas finalmente pobladas por profesionales de la política. El interés de estos, claro, es ganar las elecciones. Pero tampoco pasa nada si se pierden, pues raro será que los muevan de sus puestos. Resultado por la línea del menor esfuerzo: las elecciones se pierden. Los aparatos, sin prurito crítico alguno se reproducen repitiendo los mismos errores. Por ejemplo: un aparato gris y burocratizado presentará de candidato a la presidencia a una persona gris y burocrática. Palinuro profesa gran respeto por los sucesivos candidatos socialistas a la presidencia de Madrid y no mencionará a ninguno en concreto pero no puede pasar por alto que todos comparten una nota de grisura y medianía muy poco apropiada para nuestra época de imagen y espectáculo mediáticos. Ninguno pudo hacer sombra a Alberto Ruiz Gallardón y mucho menos a la neoliberal castiza y chulapa de Esperanza Aguirre. 

Así que aparatos burocratizados, escleróticos, repletos de intereses creados, inmersos en redes clientelares de grupos y clanes representados por líderes grises y anodinos de escasísimo tirón popular, es la explicación del cuarto de siglo de gobierno de la derecha y ¿no es la mejor fórmula para que esta pase otros 25 años campando por sus escasos respetos?

(La imagen, menos la peana, es una foto de Brian Snelson, en Wikimedia Commons).

diumenge, 16 de juny del 2013

Prólogo a un libro pendiente de publicarse


Hace unos días, en un post titulado El lobo solitario y la peña o el código del espacio público, mencionaba Palinuro que estaba leyendo un manuscrito muy interesante y original de Sergio Colado. Lo que no decía era que Colado le había pedido un prólogo. Pero era así. Bien, el bueno de Palinuro ha escrito el prólogo que he aquí para quien quiera leerlo:

Prólogo.

Hay libros que no necesitan prólogo porque desde el título al finis operis se explican por sí solos. Este es uno de ellos. Si, a pesar de todo, el autor busca un prologuista, este hará bien en entender la invitación como un gesto magnánimo antes que como una solicitud de amparo. Es mi caso en este caso. Habiendo para mi infortunio llegado a esa edad en la vida en que la gente te escucha en lugar de combatirte, no me dejo engatusar por la generosidad de los nuevos y reconozco en ellos la originalidad, el empuje y el valor que es noble función del prologuista poner de manifiesto. Dicho en el estilo gracianesco de Twitter, tan presente en esta obra: no es el libro el que se beneficia del prólogo sino el prólogo el que saca partido del libro.

Apostillas al discurso del pacto.


Anoche estuvo en la tele Elena Valenciano defendiendo el pacto sobre Europa del PP y el PSOE. Habló también de otros asuntos siempre de modo prudente, claro, conciso, sin rehuir nada por incómodo que fuese. Acostumbrados a escuchar a los políticos -en especial los del gobierno- perderse en jardines de simplezas, marrullerías, mentiras, injurias y necedades, esta política es un ejemplo. Y un ejemplo de congruencia. Su precisión de que no es "abanderada del feminismo" sino que es feminista fue un acierto con salero. Por eso es un ejemplo. Del resto de la concurrencia prefiero no hablar. Por cierto, ¿es malicia mía o la entrevista se acabó cuando iba a salir el asunto de los sobres barcénigos?


Valenciano defendió el pacto con una batería de razones, lo que es de agradecer. Pero el discurso en conjunto no es convincente y eso puede demostrarse con otras razones que quieren ser mejores. No haya cuidado porque, al final, el asunto no es de razones sino de quién manda. Y, como mandan Rubalcaba y Valenciano, sus razones se impondrán sean o no las mejores.

En principio, no hay objeción a la idea del pacto en abstracto. El nombre está cargado de connotaciones positivas. El pensamiento político moderno arranca del contractualismo. El pacto es el origen de la sociedad, constituida después en el pacto de unión civil, de Kant, distinto al pacto de sujeción, que venía de la Edad Media. Está en Hobbes: pactar es lo que hace la gente sensata en lugar de exterminarse mutuamente. Abogar por el pacto es así abogar por causa noble y la insistencia de Rubalcaba tiene sólido fundamento... en el pasado.

Ese espíritu pactista fue la innovación que trajo Zapatero a la labor de la oposición a partir del año 2000: moderación, talante, acabar con la crispación y pactar. Fruto de ese ánimo fue el Pacto por la libertades y contra el terrorismo, también llamado Pacto antiterrorista, que benefició a todo el mundo e inició el declive de ETA. Un pacto propuesto por Zapatero que Rajoy, entonces vicepresidente, despachó con la habitual sorna de quien desprecia lo que ignora, diciendo que era "un conejo que se había sacado Zapatero de la chistera". Dos años más tarde él era el verdadero defensor del Pacto y acusaba a Zapatero de dinamitarlo. Es lo que se llama hablar según sopla el viento. Él quedó como lo que es, un cantamañanas sin criterios y los sociatas se apuntaron un acierto. Por eso ganaron las elecciones de 2004 y 2008. La gente les premió la actitud pactista, harta de la permanente confrontación movida por el PP.

Pero lo que sale bien una vez no tiene por qué una segunda. La historia y la política no se repiten, aunque lo parezca. La solución a un problema de ayer puede no serlo cuando se replantee; puede hasta ser contraproducente. Así se desprende mayoritariamente, por ejemplo, del juicio contemporáneo sobre la vigencia del keynesianismo. Las propuestas de los años treinta y cuarenta del siglo XX, ya no valían en los noventa (a causa del estancamiento con inflación) y tampoco, se dice, en el siglo XXI.

A lo mejor pasa algo así con el pactismo. Es un principio de rancia prosapia, pero no siempre aplicable. Las circunstancias han cambiado tanto entre 2004 y hoy que, en lugar de ceder al cliché de la receta pasada triunfante, los socialistas debieran reflexionar si no habrá otras fórmulas. El principal enemigo ya no es el terrorismo que, en cierto modo, venía de fuera del sistema sino que lo es la crisis económica, que viene de dentro. Valenciano construye lo que hoy se llama, impropiamente, un maniqueo, es decir simplifica las opciones a dos antagónicas. Según ella, el PSOE pacta porque no va a hacer la oposición destructiva que hizo el PP. O sea: pacto o destrucción, sin matices intermedios. ¿Quién se atreverá a negar que se puede no ser destructivo sin ser pactista? 

Claro que se puede ser constructivo sin pactar nada y lo que hay que demostrar es la necesidad del pacto. Sobre todo porque este debe justificarse en sí mismo y no ser meramente un símbolo de la voluntad de pactar, que se presume en gente civilizada. El PSOE insiste en que se trata de un pacto para presentar un frente común ante la UE. Sin embargo es fácil probar que ese acuerdo es innecesario y, además, contraproducente para él.

Es innecesario porque se limita a dar carácter solemne y oficial a un comportamiento que no lo necesita pues forma parte de los usos y costumbres democráticos de siempre, esto es, que el gobierno que habla en el exterior en nombre del país lo hace con el apoyo de todas las otras fuerzas políticas por tratarse de asuntos de Estado. Cierto, no es el caso con el PP que, cuando está en la oposición, boicotea sistemáticamente la unidad de la acción exterior del Estado. Pero, al estar en el gobierno, se aprovecha de que los demás no actúan como él y ni siquiera hace falta formalizarlo en un pacto inútil.

Pero, al hacerlo y, al hacerlo como lo ha hecho, el PSOE se enfrenta a dos peligros. El del enquistamiento y el del seguidismo. Al haber formalizado el pacto sin el apoyo de ningún otro grupo parlamentario se pone de relieve la dinámica bipartidista que hoy suscita mucha animadversión en amplios sectores políticos. No me consta que el PSOE prefiera un sistema de partidos a otro y, por tanto, no tiene por qué ser más bipartidista que multipartidista. Sin embargo, al firmar en solitario con el partido de la derecha, aparece como apoyo de un sistema del que se beneficia electoralmente, aunque no tanto como su cofirmante. Este no tiene nada que perder con un pacto que no le impone compromisos. Al contrario, todo por ganar porque, además, abraza al PSOE con el abrazo del oso.

Aunque los socialistas se empeñen en precisar que el pacto es hacia el exterior y no implica en modo alguno pacto o alianza en el interior, es imposible que no aparezcan uncidos al carro del gobierno y en una actitud de seguidismo. Justo cuando más claro debiera ser que tienen alternativas viables a las agresivas políticas de desmantelamiento del Estado del bienestar. Pactar lo que sea con quienes han arruinado el país en beneficio de los empresarios, los banqueros y los curas no es algo recomendable. Y si, además, resulta que el pacto era innecesario, mucho más. 

En realidad la oposición del PSOE sería enormemente constructiva si, en lugar de sellar pactos inanes, buscara un acuerdo de la mayor cantidad de fuerzas de izquierda posible en torno a un programa común que podría, de momento, constar de un punto único: derogación inmediata de todas las normas del gobierno del PP mediante las que se restrinjan derechos de los ciudadanos en cualquiera de sus condiciones vitales, como trabajadores, mujeres, inmigrantes, jóvenes, dependientes, minorías nacionales, pensionistas.

Ese pacto es una metedura de pata. 

(La imagen es una foto de Amio Cajander, bajo licencia Creative Commons).

dissabte, 15 de juny del 2013

La monarquía bananera.


Si insultas al Rey en España y lo llamas (aunque sea indirectamente) putero, borracho, etc., te caen 6.000 uracos de multa porque los insultos a tan excelsa persona no están amparados en la libertad de expresión.

Si insultas a un juez y lo llamas "oportunista, paleto, botarate o malcriado", no pasa nada porque esos términos se ajustan a la libertad de expresión.

De nada sirve que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en su día condenara a España a compensar con 20.000 € a Otegi al haberlo condenado a un año de cárcel por llamar jefe de los torturadores al Borbón. ¿Qué moral hay que tener para no entender que llamar a alguien "putero" o "borracho" es mucho menos grave que llamarlo "torturador"? ¿La moral del mismo torturador?

¿Es menos un juez que un Rey? En España, sí. Y no solo un juez; tod@s. Es menos un ciudadano en un escrache, al que se puede llamar "nazi", una diputada del Parlamento catalán a la que cabe llamar "guarra", o unos profesores a los que se puede tildar de "vagos".

¿Es más un locutor de a tanto el insulto que un militar que escribe artículos? Por supuesto, si el locutor es de extrema derecha y el militar, de izquierdas. El primero puede insultarte y sacarte las vergüenzas. Al segundo, como se descuide, le caen todos los sopapos por rojo.

¿Cómo se miden los insultos? Por la cabeza del insultado y la posición social del insultador.

¿Es esto justicia? Sí; la justicia del señorito cortijero y el juez tiralevitas, la justicia del amo y el capataz abusón, la del señor del lugar y el cura abarraganado, la del capitalista ladrón y sus matones a sueldo en los garitos, los periódicos y las radios.

Por eso me parece un poco exagerado y algo racista llamar a la borbónica "monarquía bananera". Nada de insultar que vienen los jueces independientes (según dictamina el magistrado teórico de la FAES, López) y te imponen una multa. La monarquía española no es bananera. Es, simplemente, española.

No es una crisis. Es una estafa.


Es el pandemónium, el latrocinio universal sin límites, la revelación de todas las miserias y corrupciones de una casta político-empresarial de delincuentes. Ese Díaz Ferrán, condenado, era ayer ejemplo de virtudes ciudadanas, llamaba cojonuda a su amiga Esperanza Aguirre, nos decía cual nuevo Franklin, que había que trabajar más y cobrar menos y se iba de devota ofrenda a Santiago en 2010, de la mano de los curas, otros que tal, que piden se tache la casilla de la Iglesia y trincan 11.000 millones de euros de dineros públicos exentos de toda tributación y de los que no se dignan rendir cuentas. ¿Por qué va a darlas Díaz Ferrán por los millones de crédito que le dio su amigo Blesa contra la garantía de una empresa en quiebra? Blesa, también en el trullo, uno de los responsables de las preferentes cada vez más parecidas a las rocas Cianeas, que destruyen todo lo que pasa entre ellas. Y los señores banqueros, hasta ayer todopoderosos, empiezan a pasar por los juzgados. Como que no es una crisis sino una estafa y así se ve al hacerse realidad la consigna primera de: "procesad a los banqueros y sus trujimanes", quienes como unos anti-lourdes, no han dejado octogenario, ciego, sordo o discapacitado por engañar. Rato está cerca del banquillo. Rato, el del supuesto milagro económico de fines de los noventa, quien estuvo a punto de ser nombrado candidato a presidente en lugar del prodigio que ahora lo es. El prodigio está callado como una marmota. Habla a través de plasma, rehúye las conferencias de prensa, contesta cuando no le queda más remedio, divaga y de su caso concreto, como receptor supuesto de misteriosos sobres barcénigos y viajero gratis total a cuenta de la Gürtel, o sea del contribuyente, no dice ni pío. La consigna es: no se habla. Silencio y omertà, no vaya a enterarse el personal de lo que aquí se lleva robado. Y así, Pons y sus "indemnizaciones", García Escudero y sus ignorancias, Arenas y sus olvidos, Ana Mato y sus invidencias no solo no dimiten sino que no se consideran obligados a dar una explicación al respetable. El respetable, además, no existe. Existen los medios amigos que ya se encargan de informar a los suyos de lo que tienen que decir. Quizá pueda existir, pero no merece respeto, como se ve por el nivel mental de los periodistas y "creadores de opinión" que rebuznan sus falacias en pro de la privatización de todo lo público a cambio de un jugoso estipendio público, robado del bolsillo de los ciudadanos. Por tal motivo, Bárcenas hace la peineta al universo mundo. Y eso con 22 millones aparentemente choriceados. Ahora que vamos por 45, peineta y media. La peineta es una forma normal de interlocución de las más altas magistraturas del Estado. Juan Carlos dedicó una al público increpante en Vitoria en 2006 en la seguridad de que nadie lo calificará so pena de que vengan sus jueces de chambre a proteger su derecho al honor, a mandar callar a los demás y a masacrar elefantes. Aznar hizo otra a unos estudiantes universitarios hace un par de años. Peinetas son también los silencios ensordecedores. Aznar ha pasado de responder altivo y calderoniano a las insinuaciones de "El País" como buen español en defensa de su honor a caer en un mutismo absoluto, ahora que las insinuaciones toman la forma de números concretos: más de 700.000 euros cobró en sobresueldos, al parecer, el héroe de las Azores, quien, además, aprendía a jugar al golf con cargo al contribuyente porque eso es lo que manda la escuela austriaca que él alienta en la FAES. Callar sobre esto, no dar ninguna explicación no es de recibo. Como no lo es que Rajoy siga punto en boca con sus presuntos 200.000 euros cobrados en 2011, el año en que tenía que mirar acongojado su cuenta a fin de mes porque tenía "los problemas de todos los españoles". Y tampoco es de recibo que González Pons, pillado en una sisa de mangante menor de cobrar dos veces por el mismo concepto, haya desaparecido de la faz de la tierra. A lo mejor, para compensar, reaparece el lunes Cospedal explicando, mientras se ajusta la otra peineta, la de ensartar rojos, que los nuevos 25 millones de Bárcenas son en diferido y eso lo arregla ella subiéndose otra vez el sueldo con lo que ahorre suprimiendo el cuerpo de bomberos forestales, que no hacen nada. Quién sabe. No, no es una crisis. Es una estafa, un expolio sin precedentes: un partido entero aparentemente dedicado a repartirse los dineros de la corrupción con ayuda de una red de empresas tan corruptas como él. El mismo Díaz Ferrán financiaba la fundación FUNDESCAM con la que presuntamente se pagaban las campañas electorales del PP, incluidos los sobornos a los sinvergüenzas del PSOE para que cambiaran su voto y permitieran gobernar/robar a la derecha con la flamante Aguirre y sus mayorías absolutas financiadas por empresarios ladrones. Al fin y al cabo, tiene más tradición, clase, señorío y, además, paga diezmos de lo trincado a los curas. Aunque, en donde puede, el PSOE gana puestos en la escala de la mangancia, como se ve en el caso de los EREs en Andalucía y no hablemos ya de las comisiones de CDC en Cataluña, un nacionalismo de tahúres y mafiosi. La corrupción es transversal y, en el caso del PP, al parecer, endémica. Y nadie da explicaciones: ni Aguirre, ni Pío, pío, pío. Nadie. Porque las bufonadas de Floriano y las estupideces de Báñez y sus vírgenes no pueden considerarse ni siquiera expresiones articuladas inteligibles. Así que los de los escalones más bajos ya van directamente a la rebatiña: el mismo Alberto Fabra que pretendía que los contribuyentes le pagáramos un profesor particular de retórica, ahora ha enchufado en el gobierno a una amiga íntima, razón por la cual no considera necesario explicarse. ¿No es amiga? Pues ya está. ¿O van los aguafiestas de siempre a escandalizarse porque el Rey pagara con cargo al contribuyente asimismo la grata estancia de otra amiga íntima cabe La Zarzuela? ¿Por qué puede Ana Botella tener de asesor a Carromato con 60.000 uracos de paga y sin saber hacer la o con un canuto y no van a poder otros enchufar a amigas de toda confianza? ¿Y Rajoy y sus seiscientos asesores? ¿E Ignacio González y su familia  punalúa, toda ella en la mamandurria de la administración pública, a la que hay que privatizar si no sirve para enchufar a los parientes, como los hijos y protegés de Aguirre, la ultraliberal? Es que la exigencia de rendimiento de cuentas es una trampa saducea porque ¿cómo van a dar cuentas Barberá y Camps si entregaron los millones a Urdangarin según rezan los Evangelios, esto es, sin que su mano izquierda supiera lo que hacía la derecha? Como dos buenos palurdos con ínfulas de quiero y no puedo, tenían plena confianza en el yerno del Rey, casado, además con una infanta mágica, especialista en transacciones inmobiliarias que, como los universales de Plotino, solo las conoce la mente de Dios y no Hacienda, que es cosa de judíos. Una confianza que se fundamenta en la que inspira ese Rey que juró fidelidad a los principios del Movimiento Nacional , hombre a su vez de fino olfato para los negocios, incluidos los que se hacen en las cuentas suizas, en donde el monarca parece tener un capitalito heredado de papá y apartado por si las cosas se ponen feas en España. Que pueden ponerse porque la gente parece ya bastante harta de que la estafen.

Benvenuto Giacometti.

La sala de Recoletos de Mapfre acaba de inaugurar una exposición retrospectiva de Alberto Giacometti que merece muy mucho la pena. Es espléndida. Y está muy bien pensada y organizada. Se nota que viene directamente de Alemania, de la Hamburger Kunsthalle. Lo explica a la perfección la comisaria Annabelle Görgen en el catálogo, al proponer un acercamiento al arte de Giacometti desde el comienzo en la escultura surrealista hasta el más o menos final del proyecto frustrado de la Chase Manhattan Plaza. Así se entienden muchas cosas en esas figuras alargadas, estilizadas pero toscas que uno va encontrándose por diversos lugares en distintas ciudades. Eso ocurre también con otros, más clásicos o más modernos, Rodin, Moore, Botero, Chillida, Bourgeois, etc. Han llegado a ser parte del paisaje urbano. Pero en el caso de Giacometti uno se queda siempre con la sospecha de que esas obras, en su manifiesta extravagancia, encierran más de lo que se ve a simple vista. En ellas aparecen aires de El Greco y también de Rodín por la textura. Ante todo, recuerdan las estatuillas y ofrendas votivas, los fetiches de la Polinesia, pero con elementos de los kuroi griegos y los bajorrelieves egipcios. Pero hay más, mucho más. Este joven suizo-italiano que llega a París en 1922, todavía no sabe si será pintor, como su padre, o escultor. Acabó siendo ambas cosas, aunque él dice que solo era escultor. Por fortuna la exposición no le ha hecho caso y, junto a las piezas de volumen, ha traído abundante obra gráfica, óleos, litografías, bocetos, dibujos que, además del mérito en sí mismos (los óleos de color metalizado son espléndidos), ayudan a comprender mejor su obra escultórica. Como ayudan también las frecuentes referencias biográficas al artista. La biografía siempre es determinante en la obra; pero no siempre de la misma  forma. No es indiferente saber que esta originalísima creación tuvo lugar en un estudio de 18 metros cuadrados, en Montparnasse, París, que el artista utilizó toda su vida. 

Los comienzos cubistas y surrealistas, que yo no conocía, son muy reveladores. Alguna pieza recuerda los ready mades de Duchamp. El surrealismo no como estilo, sino como forma de vida. Hay  un retrato de Giacometti hecho por Man Ray por la técnica de la solarización que viene a ser como una especie de DNI surrealista, si esto no fuera un disparate.. El surrealismo evoluciona y, algunos de sus bronces alegóricos a las relaciones entre los sexos están en el universo daliniano. Pero la obra, aun de poca dimensión, sigue siendo muy maciza. Con las influencias de la Polinesia y la africana se inicia ya la evolución sintetizadora cuyo último objetivo es producir obras de volumen, en tres dimensiones pero reducidas a dos y, en el colmo del delirio, a una, una raya imperceptible en el centro del cuadro.

La exposición se titula Terrenos de juego y estudia la ilusión con que Giacometti acarició siempre su deseo de crear un espacio público urbano con sus obras. Debía de ser como una compensación por el hecho de trabajar en 18 metros cuadrados. El caso es que, cuando recibió el encargo de hacerlo frente al Chase Manhattan en Nueva York, estuvo mucho tiempo trabajando en él, cambiándolo, variándolo, haciendo todo tipo de modelos, solo para que, al final, el supuesto cliente rompiera el acuerdo sosteniendo que el grupo que Giacometti había creado no era lo que él quería. El grupo era la mujer de pie, el hombre caminando y la cabeza gigante. En la exposición falta el busto, pero pueden admirarse la mujer, que es magnífica y el hombre caminando, cruzando la plaza, que no lo es  menos. Los dos fabulosos. Hay quien saca punta a que los dos son como estereotipos; el hombre camina, actúa; la mujer es figura hierática. El mismo Giacometti lo sabía y decía que era la única forma de representación que podía hacer. Bueno, es la licencia del genio.

Es la comisaria quien interpreta que las figuras del Chase Manhattan son la culminación de la obra de Giacometti. Muy posiblemente y por eso, quizá,  pueda interpretarse el rechazo final del banco como una muestra de la perversa relación entre el dinero y el arte. El episodio, que es muy importante en la exposición puesto que la cierra, recuerda otro análogo allá por los años treinta, cuando Rockefeller encargó a Diego Rivera un mural para una de sus sedes, creo (sin estar seguro) que de Nueva York. El artista terminó la obra, el cliente pagó por ella, y procedió a destruirla porque en el mural, entre otras inconveniencias, Rivera había pintado a Lenin. Los banqueros pueden ser anarquistas, según fabula Pessoa, pero no bolcheviques, me malicio.

Los tiempos han cambiado; los bolcheviques llevan camino de convertirse en el lejano recuerdo de una secta, como los cátaros o los albigenses, pero el arte sigue teniendo un potencial subversivo que el capital, en último término, no tolera. Y no lo tolera porque es ciego. Por eso no vio que el artista había puesto a sus pies una alegoría de la humanidad: un hombre, una mujer y una cabeza. La humanidad a los pies del capital. El propio Giacometti, me da la impresión, tampoco supo explicárselo. Por eso cambiaba continuamente los emplazamientos cuando estos son irrelevantes. Lo esencial es el grupo que yo hubiera puesto en la placa que el Discovery lleva a bordo a los confines del universo para explicar a la humanidad y es bastante sosa. Y una trilogía como una sagrada familia profana: la mujer, el hombre y la razón pensante.

Esas figuras "larguiruchas", cual he leído a  algún crítico, que tan bien se integran en todos los paísajes y medios seguirán viajando por el mundo, con esa mirada del hombre hacia sí mismo y una memoria de miles de años incorporadaa en su estilizado porte. Porque "ver es ser", murmura Giacometti, con ecos del obispo Berkeley y por eso se concentra en trabajar los ojos de sus criaturas. Ahora nos miran desde Mapfre.