dijous, 23 de maig del 2013

Más sobre jornadas de ciberpolítica


Reitero el anuncio de las jornadas de ciberpolítica. Lo haré diariamente hasta el mismo día 27 y, como da apuro repetir las cosas a palo seco, lo hago variando el cartel anunciador. El de hoy es obra de Rosa Estela Cabrera, de la Universidad de Murcia, y  me parece muy bueno, así que lo alternaré con el mío que se encuentra en la entrada de ayer, Segundas jornadas de ciberpolítica. Reproduzco aquí la información de esa entrada:

Mi departamento y mi Universidad organizamos las segundas jornadas de ciberpolítica del 27 al 29 de mayo de este año. Colaboran con nosotros el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPC) y el Colegio Nacional de Politólogos y Sociólogos. Las jornadas, en cinco sesiones de mañana y tarde, se celebrarán en la sede del citado CEPC, el bellísimo palacio Grimaldi (también llamado Palacio Godoy) sito en la Plaza de la Marina Española, nº 9, contiguo al Senado. Supercéntrico, frente a los Jardines de Sabatini y cerca del Palacio Real.

La inscripción es gratuita pero, dado que el CEPC es un organismo oficial, está sometido a medidas de seguridad. Por tanto se requiere de tod@s aquell@s que quieran asistir, que se inscriban previamente para el control de entrada. Pueden hacerlo en cualquiera de los dos correos siguientes:

Sebastián Zambelli: sebastianzambelli@gmail.com
Juan Pizarro Miranda: jpizarromiranda@gmail.com

En ellos pueden igualmente recabar información. Se recuerda que la primera sesión se celebrará el 27 de mayo a las 16:00 en el CEPC (conviene estar un poco antes para pasar la seguridad y coger buen sitio) y en ella se facilitará un tríptico a los asistentes sobre los horarios e intervenciones. Esta misma información consta  a continuación. No me parece exagerado decir que, si se me excluye a mí, en esta reunión presentan su trabajo l@s estudios@s (y práctic@s) mejores y más vanguardistas del momento en ciberpolítica. Es, por tanto, una ocasión única. Los debates prometen ser muy animados.

PROGRAMA


Panel 1.- Campañas electorales. Ismael Crespo. (27/05: 16:00)
Ismael Crespo (Universidad de Murcia) Tendencias de la comunicación de campaña en América Latina.
Ana Belén Campillo. (Universidad de Murcia) La propaganda electoral tradicional en la era de las nuevas tecnologías.
Cristina Moreno. (Universidad de Murcia) La comunicación de políticas públicas en el marco de las campañas electorales. La política de inmigración en el caso de España.
Alberto Mora. (Fundación Ortega y Gasset) La influencia de los factores económicos en la popularidad del gobierno de José María Aznar (año 2000) y José Luis Rodríguez Zapatero (año 2011).
Antonio Garrido. (Universidad de Murcia) Networking y crowdsourcing en las modernas campañas digitales.
Antonia González. (Universidad de Murcia) El clima político preelectoral. La satisfacción con las instituciones y actores democráticos. El caso de España.  

Panel 2.- Gobierno y democracia electrónica. José Antonio Olmeda (28/05: 10:00)
Josep Reniu. (Universitat de Barcelona). Demasiados talones para un solo Aquiles. Los riesgos del voto electrónico.
Manuel Pedro Rodríguez Bolívar. (UGR). Accountability y transparencia de información financiera pública en la Web.
Ignacio Criado. (UAM). eGobierno en perspectiva comparada.
José A. Olmeda. (UNED). Mitología digital y democracia.


Panel 3.- Redes sociales.-Mari Luz Congosto  (28/05: 16:00) 
Ismael Peña-López (UOC) Clictivismo en positivo: la política como reconocimiento de patrones y movimientos emergentes. 
Montse Fernández (Fundación Ortega y Gasset) Análisis de redes en campaña electoral: técnicas, herramientas y métodos
Esteban Moro (UC3M) Evolución de las campañas electorales en Twitter: elecciones catalanas a los 2020 y 2012.
Pablo Aragón (Barna Media) Datanalysis 15M: Evolución del sistema-red 15m a través de topología de redes.


Panel 4.- Movilización Social. Ramón Adell Argilés. (29/05: 10:00)

Ramon Adell Argilés (UNED): Interacción de los espacios físicos y virtuales en la participación sociopolítica.
José Manuel Robles Morales (Universidad Complutense de Madrid): Movilización social a través de las  redes sociales. La política con Internet y la política en Internet.
Rosa Borge Bravo (Universitat Oberta de Catalunya) y Marc Esteve del Valle (IN-3): Partidos ‘alterados’: Cambios organizativos, NTICs para la participación y entorno de protesta en los partidos socialistas europeos.  
Carmen Haro Barba (Universidad Rey Juan Carlos), José Manuel Sánchez Duarte (URJC) y Víctor. F. Sampedro Blanco (URJC): Activismo digital en campaña. De V de Vivienda al 15-M.


Panel 5.- Comunicación política y opinión pública. Ramón Cotarelo (29/05: 16:00)
Luis Arroyo (Consultores de comunicación pública) ¿La ciberutopía era esto? Sofactivismo, pandillerismo, nueva censura y privatización del espacio público .
Ramón Cotarelo (UNED) Ciberorganizaciones, ciberpartidos.
Óscar G. Luengo (Universidad de Granada) Twitter Vs Medios Tradicionales: la cobertura de la muerte de Hugo Chavez.
Víctor Sampedro (URJC), Perfiles y tipología de cibernautas en campaña electoral.

dimecres, 22 de maig del 2013

El oropel se delata.


La comparecencia televisiva de Aznar ayer en la tele fue como la que pudiera hacer el jefe de los corchetes en una villa en repentino estado de sitio. Porque en el mismo momento en que el expresidente tenía programas sus declaraciones televisadas sobre los papeles de Bárcenas, El País le sirvió un sapo frío de desayuno bajo la forma de 32.000 euros que el compadre Correa había astillado para pagar la iluminación de la boda de su hija quien, si no recuerdo mal, se casó de día. Héteme aquí que, de repente, le cambiaron el guión. El venía a hablar de Bárcenas y tuvo que responder por la Gürtel. Y sin avisar. El hombre lo deglutió como pudo y hasta tuvo ánimos para espetar partes del discurso que traía preparado: él jamás recibió sobresueldo alguno y siempre actuó con contundencia contra la corrupción.

Pero el asunto ya no era (solo) Bárcenas sino, sobre todo Correa, la Gürtel. Y ahí Aznar perdió los estribos. No es que, cuando está firme en ellos, resulte agradable, comprensivo, tolerante pero, mal que bien, consigue no suscitar rechazo absoluto a causa de su altanería, su arrogancia y su autoritarismo. Con las revelaciones de la Gürtel le salió lo peor de sí mismo: amenazó al mensajero, en este caso, El País. Dijo que el grupo PRISA le profesaba animadversión, odio, realidad. Sin embargo, la historia muestra que fue Aznar quien intentó encarcelar a Polanco y Cebrián con procedimientos torticeros y valiéndose de unos personajes luego condenados por los tribunales por prevaricación, como el juez Gómez de Liaño. Si PRISA odia a Aznar, parece ser un odio nacido del odio de Aznar a PRISA. Más que odio en su caso semeja rencor de muy mala uva, como cuando se pregunta retóricamente si el grupo PRISA, prácticamente -dice- en bancarrota, tendrá dinero para pagar las compensaciones a que le condenarán los tribunales por su infamia.

No puede decirse que, al hablarse de estos asuntos, Aznar perdiera la compostura, pues estuvo siempre muy alerta y en guardia, pero sí que acentuó sus rasgos más llamativos. Entre ellos su continuas muecas, un lenguaje no verbal, puramente gestual, corpóreo, que transmitía tensión, advertencia, amenaza. Como si el hecho de enfrentarse a una infamia desencadenara en él reacciones nerviosas.

Pero ¿es una infamia? Aquí vamos ya al contenido de sus afirmaciones que, en lo esencial, se limitaron a reiterar las de su yerno. La explicación-refugio de ambos, también empleada por Ana Botella, es que los 32.000 euros no fueron un regalo de la trama Gürtel sino un dadivoso presente personal de Correa a Alejandro Agag. Algo primitivo, consistente en desvincular la persona de su actividad, su interés y la razón de sus actos. Porque Correa era entonces el supuesto jefe de la Gürtel, una asociación y actividad en principio delictiva. Insiste el yerno en su defensa y lo respalda Aznar que, en el momento de la boda, Correa no estaba imputado en nada. Faltaría más. Pero, precisamente está imputado por actividades presuntamente delictivas que estaba desarrollando entonces. Un conjunto de actividades que, entre otras lindezas, consistía en agasajar mediante todo tipo de donativos a importantes cargos del PP de los cuales recibía suculentos encargos públicos ilegales a costa del erario público y con los que se había enriquecido.

Así que la aparente contundencia del rechazo de Botella al exclamar, preguntada por las posibles contraprestaciones a la generosidad lumínica de Correa, que la duda ofende está a la altura discursiva y moral de otras explicaciones de la dama. Claro que la duda ofende, pero porque no hay duda: Correa hacía, al parecer, negocios fabulosos con las contraprestaciones que obtenía del PP a cambio de sus dádivas, regalos, viajes pagados, fiestas de cumpleaños, bolsos de Vuiton, trajes, coches, cruceros. Que hubiera contraprestaciones específicas por el regalo concreto de la boda es irrelevante. Ese regalo forma parte de una política "empresarial" de Correa de carácter presuntamente delictivo.

Por eso, la comparecencia de Aznar, que debió de ser un suplicio, fue un derroche de lenguaje no verbal. Es imposible desligar la boda de las actividades de la Gürtel porque hay abundantísimas pruebas gráficas de que a ella asistieron prácticamente todos los imputados posteriormente, Correa, el Bigotes, el Albondiguilla, Sepúlveda, Bárcenas, etc. Por asistir, asistió como invitado el mismo Berlusconi que Aznar citó en la entrevista como el ejemplo del político con el que no podría relacionársele.

El resto de las afirmaciones del expresidente en el curso de una entrevista con tres periodistas literalmente entregados, carece de interés. Las especulaciones que quieren levantarse sobre si está enfrentado a Rajoy o si sopesa la posibilidad de retornar a la política activa son irrelevantes. El problema de Aznar hoy no es si vuelve o no, sino si sobrevive o no a unas revelaciones que, con razón o sin ella, lo ponen en el centro mismo de las dos tramas, la Gürtel y la de Bárcenas. Y su posición es tan desesperada que ni siquiera pudo recurrir a su mejor baza que es defenderse atacando. Apenas insunuó que todo lo que sabía de sobres procedía de los que los socialistas dejaron en forma de fondos reservados. Algo que nadie cree. Y nada más. El resto es un aluvión de sobres suyos y solo suyos; si no de él personalmente -que está por ver- sí de su partido, como van reconociendo sucesivos cargos de modo público. Él confía en que su partido -antaño incompatible con la corrupción- todo lo ha hecho legalmente.

Y, en efecto, parece ser la última línea de defensa del PP: hubo, sí, sobresueldos (hasta ahora los ha negado) pero son legales. Si son o no legales no le corresponde a él decidirlo, sino a los jueces. Se verá. Lo que ya está claro es que son inmorales. Claramente. Tanto que nadie osa defenderlos en ese plano. Y es precisamente la inmoralidad de esas percepciones -que, al parecer, afectan al presidente Rajoy- la que está deslegitimando el sistema político democrático a extremos alarmantes.

Congreso sobre ciberpolítica.


Mi departamento y mi Universidad organizamos las segundas jornadas de ciberpolítica del 27 al 29 de mayo de este año. Colaboran con nosotros el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPC) y el Colegio Nacional de Politólogos y Sociólogos. Las jornadas, en cinco sesiones de mañana y tarde, se celebrarán en la sede del citado CEPC, el bellísimo palacio Grimaldi (también llamado Palacio Godoy) sito en la Plaza de la Marina Española, nº 9, contiguo al Senado. Supercéntrico, frente a los Jardines de Sabatini y cerca del Palacio Real.

La inscripción es gratuita pero, dado que el CEPC es un organismo oficial, está sometido a medidas de seguridad. Por tanto se requiere de tod@s aquell@s que quieran asistir, que se inscriban previamente para el control de entrada. Pueden hacerlo en cualquiera de los dos correos siguientes:

Sebastián Zambelli: sebastianzambelli@gmail.com
Juan Pizarro Miranda: jpizarromiranda@gmail.com

En ellos pueden igualmente recabar información. Se recuerda que la primera sesión se celebrará el 27 de mayo a las 16:00 en el CEPC (conviene estar un poco antes para pasar la seguridad y coger buen sitio) y en ella se facilitará un tríptico a los asistentes sobre los horarios e intervenciones. Esta misma información consta  a continuación. No me parece exagerado decir que, si se me excluye a mí, en esta reunión presentan su trabajo l@s estudios@s (y práctic@s) mejores y más vanguardistas del momento en ciberpolítica. Es, por tanto, una ocasión única. Los debates prometen ser muy animados.

PROGRAMA


Panel 1.- Campañas electorales. Ismael Crespo. (27/05: 16:00)
Ismael Crespo (Universidad de Murcia) Tendencias de la comunicación de campaña en América Latina.
Ana Belén Campillo. (Universidad de Murcia) La propaganda electoral tradicional en la era de las nuevas tecnologías.
Cristina Moreno. (Universidad de Murcia) La comunicación de políticas públicas en el marco de las campañas electorales. La política de inmigración en el caso de España.
Alberto Mora. (Fundación Ortega y Gasset) La influencia de los factores económicos en la popularidad del gobierno de José María Aznar (año 2000) y José Luis Rodríguez Zapatero (año 2011).
Antonio Garrido. (Universidad de Murcia) Networking y crowdsourcing en las modernas campañas digitales.
Antonia González. (Universidad de Murcia) El clima político preelectoral. La satisfacción con las instituciones y actores democráticos. El caso de España.  

Panel 2.- Gobierno y democracia electrónica. José Antonio Olmeda (28/05: 10:00)
Josep Reniu. (Universitat de Barcelona). Demasiados talones para un solo Aquiles. Los riesgos del voto electrónico.
Manuel Pedro Rodríguez Bolívar. (UGR). Accountability y transparencia de información financiera pública en la Web.
Ignacio Criado. (UAM). eGobierno en perspectiva comparada.
José A. Olmeda. (UNED). Mitología digital y democracia.


Panel 3.- Redes sociales.-Mari Luz Congosto  (28/05: 16:00) 
Ismael Peña-López (UOC) Clictivismo en positivo: la política como reconocimiento de patrones y movimientos emergentes. 
Montse Fernández (Fundación Ortega y Gasset) Análisis de redes en campaña electoral: técnicas, herramientas y métodos
Esteban Moro (UC3M) Evolución de las campañas electorales en Twitter: elecciones catalanas a los 2020 y 2012.
Pablo Aragón (Barna Media) Datanalysis 15M: Evolución del sistema-red 15m a través de topología de redes.


Panel 4.- Movilización Social. Ramón Adell Argilés. (29/05: 10:00)

Ramon Adell Argilés (UNED): Interacción de los espacios físicos y virtuales en la participación sociopolítica.
José Manuel Robles Morales (Universidad Complutense de Madrid): Movilización social a través de las  redes sociales. La política con Internet y la política en Internet.
Rosa Borge Bravo (Universitat Oberta de Catalunya) y Marc Esteve del Valle (IN-3): Partidos ‘alterados’: Cambios organizativos, NTICs para la participación y entorno de protesta en los partidos socialistas europeos.  
Carmen Haro Barba (Universidad Rey Juan Carlos), José Manuel Sánchez Duarte (URJC) y Víctor. F. Sampedro Blanco (URJC): Activismo digital en campaña. De V de Vivienda al 15-M.


Panel 5.- Comunicación política y opinión pública. Ramón Cotarelo (29/05: 16:00)
Luis Arroyo (Consultores de comunicación pública) ¿La ciberutopía era esto? Sofactivismo, pandillerismo, nueva censura y privatización del espacio público .
Ramón Cotarelo (UNED) Ciberorganizaciones, ciberpartidos.
Óscar G. Luengo (Universidad de Granada) Twitter Vs Medios Tradicionales: la cobertura de la muerte de Hugo Chavez.
Víctor Sampedro (URJC), Perfiles y tipología de cibernautas en campaña electoral.

dimarts, 21 de maig del 2013

Fin de fiesta.


Aznar comparecerá hoy en no sé qué televisión, jaleado por entrevistadores de la fiel infanteria, a dar, al parecer, su versión de los papeles de Bárcenas y el consiguiente desbarajuste. Hasta ahora ha reaccionado con contundencia ante las revelaciones que apuntaban a su persona, querellándose con El País a las primeras afirmaciones de este, ampliando luego la querella cuando el diario precisó las acusaciones. Algo bastante insólito en el PP, en donde se amenaza mucho con querellas, pero luego estas se desvían a demandas, o se olvidan o, simplemente, ni se plantean, como es el caso de Rajoy.

Al comienzo del escándalo Bárcenas -y antes de que enlazara con la Gürtel- Aznar reapareció en 2010 como un Moisés iracundo, reunió en Sevilla a la Ejecutiva del PP de 1990, los suyos, y recordó, adusto, que el PP era incompatible con la corrupción. Veinte años. Allí se celebraba el vigésimo aniversario de la incorruptibilidad del partido. En la foto de familia, sin embargo, había algunos que llevaban muchos de esos años de incorruptibilidad cobrando substanciosos sobresueldos de muy problemática naturaleza. En la afirmación aznarina de que el PP era incompatible con la corrupción había tanto de verdad como en la otra de que el Irak rebosaba de armas de destrucción masiva. Créame decía con su habitual engolamiento. Pero era falso; no había armas de destrucción masiva. Tan falso como lo de la incompatibilidad con la corrupción. De momento, tres años después de aquella soflama, y mientras no se demuestre lo contrario en sede judicial y sin hacer trampas, con lo que el PP parece incompatible es con la honradez.

En el momento en que el polo Bárcenas ha contactado con el polo Gürtel, ha saltado la chispa que ha iluminado los tenebrosos recovecos de la corrupción, la chanchullería, la mamandurria y el latrocinio más descarado. No sé qué dirá Aznar de los papeles de Bárcenas pero estos semejan billetes de baile al lado del hecho, hoy revelado, de que, al parecer, la trama Gürtel y el inenarrable Correa sufragaron parte de los gastos de la boda del Escorial, en la que se tiró la casa por la ventana. La casa ajena por la ventana propia. Y si es Alejandro Agag, el propio yerno del ilustre mandatario quien reconoce los hechos, no se me alcanza cómo puede lidiar este toro el héroe de las Azores. ¿Le meterá una querella a su yerno? No creo. Entonces, ¿qué? ¿Se da por bueno que, cuando uno es un ungido de los dioses, puede uno montar una boda neoimperial, supuestamente con dineros procedentes de la corrupción pero que, no se olvide, salen siempre del bolsillo de la mayoría silenciosa y sorda y ciega?

Hay algo simbólico, aniquilador, en esta oleada de corrupción en que se engolfan el partido del gobierno, el gobierno mismo y, según parece, al de su compañero predecesor. Algo tan tradicional y típico de la tierra que resulta casi alucinante. En veinte años y de ser ciertos los papeles de Bárcenas y lo que va sabiéndose de la Gürtel, el PP ha jugado sucio sistemáticamente en todos los planos: se ha beneficiado de financión ilegal; ha tolerado, amparado, fomentado y explotado en provecho propio todo tipo de actividades corruptas entre empresarios y cargos públicos, muchas de ellas presuntos delitos; ha vaciado de contenido las instituciones o ha cambiado la ley para adaptarlas a sus conveniencias; ha dinamitado el funcionamiento eficiente de la administración pública, entre otras vías a base de llenarla de enchufados, cargos de libre designación, clientes y parientes. En resumen, no solo pretende cargarse el Estado del bienestar sino que se ha cargado el Estado de derecho. 

Y todo esto, en mitad de una crisis pavorosa que genera paro, desahucios, suicidios, emigraciones, etc., mientras muchos de los cargos más importantes del PP se embolsaban jugosos sobresueldos de origen supuestamente corrupto hasta el extremo que, más que de partido, cabría hablar de máquina de reparto de sobres y prebendas. Un partido pensado no para administrar el bien común sino para saquearlo en provecho propio y de los allegados, pelotas y mamandurrios, que son legión. Una legión de parásitos. Una plaga. Una plaga que dispone de medios de comunicación, muchas veces pagados con el dinero de todos para hacerse propaganda y una iglesia, también parasitaria, para bendecir sus tropelías.

Realmente, el país vive en una situación crítica. Tanto que, en una monarquía parlamentaria normal ya estaría hablándose de la conveniente intervención del Rey. Pero España no es normal ni en su monarquía parlamentaria. Tanto por el origen de su magistratura como por el uso que de ella ha hecho, el Rey no tiene prestigio suficiente para intervenir en modo alguno por desesperada que sea la situación. Y lo es la de un país regido por un gobierno que tiene toda la autoridad de una mayoría absoluta parlamentaria pero en el que no confía el 85% de la ciudadanía. 

Aplazamiento.


Se suspende el acto de presentación de Rompiendo amarras que Palinuro había anunciado para el día 22 de mayo en Fuenlabrada por problemas de agenda de Tomás Gómez. La presentación se realizará, según mis noticias, pero ya no en Fuenla sino en la sede del PSM en Callao, Madrid. La fecha se anunciará con la antelación posible pero hay que resignarse al hecho de que las agendas de los políticos son lo más parecido que al encaje de bolillos.


dilluns, 20 de maig del 2013

Lo que impuso Franco.


Este hombre de noventa y tres años, Darío Rivas, hijo de un alcalde fusilado por los franquistas en 1936, lo dice muy claramente: ustedes están viviendo lo que impuso Franco. Y tiene razón. Esa beligerancia con que el gobierno torpedea el procedimiento que se sigue en la Argentina por los crímenes del franquismo; ese sabotaje permanente a que se haga justicia a las víctimas (que ya se manifestó en las represalias sufridas por el juez Garzón); ese descarado incumplimiento de las obligaciones internacionales como la de dar razón de las personas desaparecidas por la violencia, revelan bien a las claras las concomitancias entre el gobierno y el franquismo. No es ya solamente que aquel ignore sin más la Ley de la Memoria Histórica, no haga exhumaciones y se niegue a eliminar la simbología franquista más palpable, como los títulos honoríficos al dictador o los nombres de las calles. Es que positivamente protege a los criminales de antaño y obstaculiza que se haga justicia con ellos.

Es decir, tiene razón Rivas: Franco lo dejó todo atado y bien atado. Esto es algo en lo que no quisieron pensar mucho quienes pactaron la transición. Dieron por supuesto que la derecha abominaba del franquismo como ellos, hicieron un acuerdo lleno de concesiones por ambos lados y presumieron la buena fe de los franquistas reciclados. Eso fue un error. La actual arremetida de la derecha (el saqueo de lo público, la educación y la justicia de clase, la negación de derechos de los trabajadores y de otros colectivos como las minorías sexuales o las mujeres) prueba que su franquismo no es nostálgico o superficial sino que está muy presente y muy vivo. Por eso no solo no lo condenan sino que lo defienden.

Imagino que algún lector objetará a la expresión acuerdo lleno de concesiones por ambos lados. Visto en perspectiva parece que las concesiones verdaderas, las de fondo, las hizo la izquierda, mientras que la derecha apenas renunció a nada. Y en buena medida, así es. Pero es erróneo comparar el alcance de las concesiones en abstracto. Es preciso verlas en el contexto real en el que se dieron y en la correspondiente correlación de fuerzas. Un ejemplo bien conocido es de utilidad aquí: la legalización del Partido Comunista de España el sábado santo de 1977. Desde un punto de vista objetivo, este hecho no debiera computarse como concesión alguna ya que la existencia misma del Estado democrático depende, entre otras cosas, de la libertad de partidos políticos. Sin embargo fue una concesión de la derecha, y una muy traumática, que estuvo a punto de dar al traste con la transición. Esta es la base del triunfo de la derecha: que, después de Franco, mantuvo el poder suficiente para determinar el marco del debate público.

El éxito del atado y bien atado del franquismo, que llega al día de hoy con el Invicto descasando en su ciclópeo mausoleo, se observa por todas partes, especialmente en el mantenimiento de la alianza entre el trono y el altar, el poder y la religión, base del nacionalcatolicismo, hoy tan vivo como siempre.

La nación por nación interpuesta.


En la final entre el Real Madrid y el Atleti pudo verse en el estadio la pancarta de Kosovo es Serbia. Más de uno se habrá quedado perplejo. Y muchos que probablemente no sabrán qué es Kosovo ni por qué tiene Serbia algo que ver con él. No sé si la mayoría. Dependerá de lo politizados que estén los espectadores de los partidos. De todas formas, el cartel apunta a una especie de metalenguaje. Carece de sentido inmediato proclamar en Madrid algo tan exótico, tan ajeno, es de suponer, a las preocupaciones de la mayoría de la gente. El anuncio debe traducirse como Cataluña es España, pero no se dice porque hacerlo implica el reconocimiento de un problema cuya existencia se niega. A cambio, lo que se hace es internacionalizarlo, cosa que el nacionalismo español trata siempre de evitar en sus conflictivas relaciones con los otros nacionalismos. No es especialmente inteligente, sobre todo por la notoriedad que da a lo que pretende ocultar, lo cual se ve por su recurso a lo subliminal.
En realidad esa pancarta podría estar financiada por la presidencia del gobierno ya que se limita a hacer visibles las contundentes palabras de Rajoy (debe de ser en lo único en que es contundente) en el sentido de que España (o sea, él) no va a reconocer la independencia de Kosovo, porque, según dice, "no reconoce las declaraciones unilaterales de independencia". Así pues, avisados quedan los catalanes.

Horas después circulaba por las redes la contraimagen. En un partido de fútbol en Kosovo entre dos equipos kosovares, la filacteria reza: Catalonia is not Spain. Es un contexto menos impresionante y solemne. Deben de ser equipos de tercera o regionales y en un campo municipal, aunque bastante limpio. No todo el mundo tiene los mismos medios. Pero el fondo del asunto es exactamente el mismo que en el episodio anterior. Muchas de las cosas que se dijeron más arriba, son aquí válidas. Los españoles están tan legitimados para pensar que Kosovo pertenece a Serbia como los kosovares para creer que Cataluña no pertenece a España. 

La verdad es que la marca España no se ha estrenado en la más feliz de las circunstancias. Y lo que le faltaba es equipararse a Serbia.

Rompiendo amarras se presenta en Fuenlabrada.


Es el miércoles, 22 de mayo, a las 19:30, en el "espacio joven", de Fuenlabrada. Modera el concejal de la Juventud, Francisco Paloma, e interviene Tomás Gómez, secretario general del PSM. El cartel está muy bien. Yo había hecho uno mucho más aburrido que no me atrevo a sacar. Sin duda, el acto estará muy animado. Es una suerte que Tomás Gómez haya aceptado presentar la obra. Al fin y al cabo, modestamente, es una reflexión sobre las posibilidades de la izquierda hoy día y muy especialmente, del socialismo democrático. Nada mejor que uno de los principales representantes de una generación nueva en este campo. La presentación ofrece la oportunidad de contrastar las formulaciones teóricas con el punto de vista de quienes están en la práctica, en la tarea de aplicar en el día a día unas ideas que, teniendo una larga trayectoria y habiendo sido hegemónicas durante largos periodos del siglo XX en Europa, hoy se ven cuestionadas por la preponderancia neoliberal y obligadas a reformularse para hacer frente a esta pavorosa crisis y echar las bases de una sociedad más justa y más democrática.


Cordialmente invitadas todas las personas interesadas.

diumenge, 19 de maig del 2013

La vida en un paraíso fiscal.


Los paraísos fiscales son las válvulas de seguridad del capitalismo. Si la pequeña Suiza pudo mantener su neutralidad durante la segunda guerra mundial no fue gracias al poder de su ejército. Los alemanes, que habían engullido Francia y estaban haciendo lo propio con la Unión Soviética, hubieran tardado horas en invadir y controlar el país. Suiza salvaguardó su neutralidad escudándose en el poder invisible del dinero. El capitalismo necesita un punto de seguridad en mitad de la vorágine que provoca su propensión actuar sobre bases crediticias. Cuando dos Estados se enfrentan en guerra tratan de destruirse mutuamente pero hay algo en lo que ambos están interesados para garantizar sus transacciones y sus suministros y aprovisionamiento, que es el valor del dinero. La independencia de la banca es el aspecto fundamental. Es la doctrina alemana en materia de bancos centrales que, en el orden internacional, adquiere su manifestación en la existencia de un pequeño país alpino que en realidad, es un banco.

Al poco tiempo se haría evidente que la base del éxito no radica en el hecho de ser o no un banco, sino en cómo se maneje. El negocio está en el secreto bancario. A partir de aquí, el mundo se ha llenado de Suizas. Solo en Europa ha de haber más de una veintena. Debido a su carácter abstracto y su intangibilidad, las mayores cantidades de dinero caben en los espacios más angostos. En un disco duro, que hasta puede ser portátil. Dadas las circunstancias, es extraño que nadie haya inventado todavía el paraíso fiscal ambulante, por ejemplo, una furgoneta VW, al estilo de las de los hippies de los setenta, que recorra los países del viejo continente ofreciendo secreto bancario a quien pueda interesarle.

Los paraísos fiscales absorben cantidades astronómicas de dinero que, invertido en sus países de origen, garantizarían su avance. Un billón de euros acumulan los europeos, esto es, el PIB de España. En todo el mundo, al parecer, se escamotean 23 billones de euros. Cantidades ingentes. Pero lo que no se ve con claridad es cómo pueda ponerse coto a esta situación, por mucho que pública y reiteradamente se comprometan a hacerlo el G-20, la UE o el sursum corda. ¿Cómo va a hacerse? ¿Suprimiendo la libertad de circulación de capitales? No suele proponerse porque se considera un gran avance y, sobre todo, porque el propio capital sanciona a quien no la respeta privándole de su presencia. Lo primero que exige el capital en esas a modo de cartas internacionales para garantizar las inversiones mundo adelante es, precisamente, la seguridad de repatriación de beneficios o del principal de la inversión, incluso en condiciones leoninas.

Parece como si el único modo real de combatir los paraísos fiscales fuera convertirse en uno.  Si no puedes combatirlos, únete a ellos, reza el viejo proverbio. Y, al final, prácticamente todos los Estados recurren a los paraísos fiscales. Pues ¿qué otra cosa son esos fondos, esos bonos de bajísima rentabilidad que todos ofrecen y cuyo máximo atractivo es el hecho de ser opacos al fisco? Efectivamente, si se quiere combatir la fuga de capitales en un país, una de las formas es garantizarles la misma intangibilidad e inmunidad que si no estuvieran. Esa voluntad, tan reiteradamente expuesta como escasamente aplicada, de combatir los paraísos fiscales parece cumplir la función de una jaculatoria. 

La única forma real de combatir los paraísos fiscales es eliminar el secreto bancario, implantar una autoridad internacional capaz de obligar a terceros a hacer diáfanas sus transacciones financieras. Cosa que será muy difícil cuando los mismos Estados que quieren eliminar los paraísos fiscales acogen y amparan el secreto bancario en su jurisdicción. Entre otras cosas, porque suelen estar gobernados por gentes y organizaciones que suelen ser buenos clientes de los paraísos fiscales. Y sobre todo porque es muy difícil, si no imposible, combatir la esencia misma del sistema, consistente en la búsqueda de beneficios privados al coste que sea, y querer que el sistema siga intacto.

Nada es como parece, ni parece como es.

Alfredo Grimaldos (2013) Claves de la transición 1973-1986 (para adultos). De la muerte de Carrero Blanco al referéndum de la OTAN. Barcelona: Península/Atalaya (191 pags.)


La primero que llama la atención de este libro es su título. ¿Por qué el paréntesis de “para adultos”? ¿Tiene acaso contenido escabroso? ¿Quizá no puedan leerlo los niños o las almas bellas hegelianas? Después de haberlo recorrido entero no encuentro motivo alguno que justifique la advertencia más de lo que haría si se previniera a los ciclistas, los contables o los diabéticos, salvo que se trate de una insinuación: quien no esté en posesion de estas "claves" no será completamente adulto. Lo mismo sucede con las fechas. El autor sabe probablemente que uno de los encantos de ocuparse de la transición (aparte del de meterse en un berenjenal de acusaciones cruzadas que muchas veces ventilan otros agravios o neurosis) es acumular razones para proponer distintas fechas de comienzo y final del proceso, distintos términos a quo y ad quem. La mayoría de los autores viene aceptando como fecha inicial la de la muerte de Franco, mientras que la propuesta por Grimaldos, 1973,  suele considerarse más como "pretransición". En cuanto al término, hay más discrepancias: muchos aceptan 1978 (Constitución), otros prefieren 1981 (golpe de Estado fallido), otros 1982 (triunfo socialista), así que no hay inconveniente en aceptar 1986, data del referéndum de la OTAN o volte face socialista.
La elección de 1973, a primera vista, no parece disparatada ya que, con la voladura del Almirante, se rompía una previsión sucesoria de Franco. Pero es endeble por dos razones: a) en el fondo, Carrero Blanco como presidente del gobierno no pintaba nada; b) el “atado y bien atado” de la transición residía en la Ley Orgánica del Estado y el juramento de Juan Carlos. Me inclino, pues, a pensar que la elección responde a razones subjetivas del autor. Habiendo nacido este en 1956, en 1973 tenía diecisiete años. De fijarse en 1975, como es el uso, encontraría a Grimaldos con 19 años y le plantearía la cuestión que suele suscitarse en los estudios sobre la transición, sobre todo en aquellos que tienen fuertes elementos críticos en un sentido u otro, esto es: y usted, personalmente, que tantos reproches acumula frente a los hechos, ¿qué hizo por cambiarlos? ¿Cuál fue su actuación? ¿Qué defendía por entonces? El asunto no es trivial nunca porque es frecuente que, en estos estudios, el paso del tiempo acabe convenciéndonos –sin duda de buena fe- de que, si ocurrió algo enojoso, fue sin nuestra ayuda y quién sabe si con nuestra oposición directa.
En este caso concreto se añade, además, que el autor, sin hacer de ello causa específica, da por buena la versión de los hechos que ofrece uno de su protagonistas más polémicos y característicos, el notario Antonio García-Trevijano. Es este un personaje ambiguo que compensa su absoluta irrelevancia en los años en cuestión, con su contumacia en una interpretación posterior que expone cómo todos los personajes que intervinieron eran unos incapaces, unos incompetentes o unos traidores menos él y algún amigo suyo. Es decir, cuando se hagan –si se hacen- las tipologías de visiones de la transición, habrá que encontrar un nicho especial, único, sui-generis, para la de García-Trevijano expuesta en abundantes publicaciones en papel y en la red, únicas o periódicas, con una audiencia exigua hecha sobre todo de amigos e incondicionales que forman algo parecido a una asociación con ribetes de partido, pero que los medios académicos y mundanos, se obstinan en ignorar olímpicamente. Lo cual los hace sospechosos, claro es, de concomitancias inconfesables con las espurias intenciones con que los protagonistas incumplieron su deber y traicionaron las esperanzas depositadas en ellos.
Esta visión de la transición de García Trevijano es un ejercicio de megalomanía continuado. Miembro de la Junta Democrática –de la que el autor lo hace prácticamente creador y espíritu vivo (p. 61) no siéndolo- a título personal, como lo fue su amigo y en cierto modo protegido Calvo Serer, miembro del Opus o Pepín Vidal, su idea parecía ser reconducir el franquismo hacia la monarquía, por muy republicano-constitucional que venga reclamándose desde entonces. La confluencia de la Junta con la Plataforma de Convergencia Democrática, animada por el PSOE en Coordinación Democrática, también llamada Platajunta en marzo de 1976, dejó al hombre sin escalera, pero agarrado a la brocha. Desde entonces, ha podido estar en varias de las maniobras y conspiraciones que se han urdido en España con diversos motivos (desde derrocar la Monarquía hasta acabar con el gobierno de Felipe González) siempre en alianza con personajes de agitadas y contradictorias biografías, como Pablo Castellano, Jaime Campmany, Joaquín Navarro, Gómez de Liaño, etc. varios ya fallecidos, de posiciones políticas no coincidentes pero todos unidos por el engrudo de un altísimo, insuperable concepto de sí mismos. Empezando por el propio Trevijano.
Esta visión de la transición que el autor expone sin reserva crítica alguna, coincide con la interpretación radical que la ve como una ignominiosa traición de la izquierda a sus principios a cambio de un pacto de colaboración con los franquistas para encontrar un lugar al sol del nuevo régimen. De hecho, uno de sus principales expositores, Pepín Vidal, fue también uno de los personajes iniciales de la Junta Democrática que, en un primer momento, casi parecía una sociedad entre los comunistas del PCE y los miembros del Opus, aunque estuvieran enfrentados a la obra, como era el caso de Vidal. Pero es una coincidencia aparente. La crítica radical tiene un fondo doctrinario, ideológico, de principios del que carece por entero toda la acción del actual prócer republicano, caracterizada por el oportunismo, la falta de principios, el personalismo más desaforado y la afición por doctrinas aparentemente sólidas pero esencialmente arbitrarias y fantásticas.
Todas estas características muestran que, como aportación al estudio de la transición, el libro de Grimaldos no tiene gran valor. Sí lo tiene, en cambio, para entender en parte los discursos cruzados y antagónicos sobre el fenómeno que, repartiendo culpabilidades y méritos por lo que ha sucedido, ilustran mucho no sobre lo que pasó sino sobre lo que está pasando. Es una versión de la transición para consumo presente.
La idea esencial es que todo el proceso estuvo teledirigido hasta en sus más mínimos detalles por la CIA, los estadounidenses y la socialdemocracia alemana que, en el fondo, era un departamento europeo de la misma CIA. “La Transición española se diseñó en Langley (Virginia), junto al río Potomac, en la sede central de la CIA” (p. 33), lo que para dicho así, sin una sola cita ni fuente, tiene su chiste. Vernon Walters y Willy Brandt sabían más de lo que se cocía e iba a cocerse en España que Juan Carlos, Areilza, Suárez, Fraga, González o Carrillo, en el fondo meros comparsas de un guión redactado en otra parte. Sobre todo González y Carrillo, dos archivillanos.
La cuestión de la influencia exterior en la transición española es de las más interesantes y todavía bastante abierta. Decir que el proceso lo teledirigieron otros es tan pobre por maniqueo como decir que fue radicalmente castizo, autóctono. España estaba en un contexto internacional, que tuvo su importancia tanto por lo activo como lo pasivo. Ahora bien, hay un punto aquí que no puede pasarse por alto: quienes fían todo al carácter subalterno de España frente a las cancillerías extranjeras, a las conjuras y cabildeos palaciegos olvidan que la transición también fue un proceso social y económico en que intervinieron acciones de masas, disturbios, terrorismo, asesinatos, movilizaciones, huelgas, cambios en la opinión, los medios, elecciones, etc., etc. Que los autores genuinamente de izquierdas olviden estas cuestiones es sorprendente. Que las olviden personajes aislados como Trevijano no lo es en absoluto porque su planteamiento jamás contó con la fuerza de las organizaciones y las movilizaciones que le era ajena en su condición de exquisito y preclaro tribuno, interesado por los problemas del pueblo, pero sin mezclarse con él.
Ciertamente, la común versión crítica de la transición como traición cuenta siempre con un capítulo en donde se relata cómo el proceso se hizo a costa de aplastar las movilizaciones populares por la violencia. Pero la funcionalidad de esta referencia, al menos en el caso del libro que nos ocupa, no es corregir un error de visión anterior y reconocer que, mal que bien, dichas movilizaciones populares se hicieron bajo la orientación de una direcciones políticas partidistas que, guste o no guste, actuaban en procura de determinados objetivos de cambio. Lo que se hace no es presentarlos como fenómenos concomitantes sino como hechos independientes, ajenos: de un lado, los perversos políticos –franquistas y oposición- dispuestos a pactar a espaldas de la gente, a montarse su chiringuito, a justificar sus concesiones y, de otro, un heroico pueblo sin verdadera dirección, reprimido, perseguido, sacrificado en el altar de las ambiciones de cuatro políticos mediocres. De ese modo se demuestra también cómo la idea del carácter “pacífico” de la transición es un mito para justificar la mendacidad de su condición modélica.
En este terreno hay un buen capítulo sobre cómo la judicatura franquista pasó incólume a serlo de la democracia que se apoya en lo esencial en el estupendo y exhaustivo estudio de Juan José Aguilar, El TOP (Barcelona, Planeta, 2001) y, por supuesto, los conocimientos especializados de Trevijano. Complementarios con este hay también dos interesantes capítulos sobre la represión a cargo de la policía política franquista y el que llama terror paralelo, en el que se hace un estudio cumplido sobre las organizaciones terroristas de la extrema derecha en connivencia con el aparato represivo del Estado, el largo goteo de atentados y asesinatos perpetrados por las distintas organizaciones, BVE, GANE, GAL, etc, con la ayuda de terroristas y provocadores extranjeros, fundamentalmente italianos, pero también de otros países a los que el autor, me temo, da una importancia que no sé si tendrían, quizá arrastrado por la afición de todo escritor de actualidad a encontrar elementos de fuerte impacto. Así, cuando al hablar de los terroristas italianos de extrema derecha en Barcelona en 1973, Stefano della Chiae, Cicuttini, Carnasi, los hace miembros de una sedicente internacional negra, de cuya existencia real no ofrece la menor pista. Ni una nota. Y ya lo merece pues, aunque la expresión tiene pinta de ser más que nada una licencia literaria, la única internacional negra que está documentada y por breve tiempo, es la fundada por unos anarquistas disidentes de la AIT a fines del siglo XIX.
La última parte del libro, a la que cabe reconocer la mayor calidad, el trato privilegiado al nacionalcatolicismo y el Estado criptoconfesional, (que deben mucho a la obra de Gonzalo Puente Ojea y muy probable contacto personal del autor con él) es de lo más recomendable. La Iglesia católica salió muy bien parada de la transición: cedió en cuestiones adjetivas y conservó lo sustancial de su dominación hasta el punto de que, con UCD, con el PSOE, con el PP, el país siguió siendo nacionalcatólico. La izquierda –refugiada en la ilusa esperanza de Peces Barba de que la Iglesia actuaría de buena fe, hizo tales concesiones que convirtieron en una burla la no confesionalidad del Estado. Y así seguimos al día de hoy en que el partido socialista continúa amenazando débilmente con revisar los vergonzosos Acuerdos con la Santa Sede de 1979 si la Iglesia no se aviene a razones y se obstina en llevar al extremo su intolerancia, su extremismo, su ataque a los derechos de las personas, su nacionalcatolicismo.
Porque en esto sí que es como si la transición no se hubiera dado: España sigue siendo un país nacionalcatólico con la aquiescencia del PSOE.