dimarts, 4 de setembre del 2012

La movilización social permanente.

Acabo de escribir una columna para maspublico, un periódico "libre y profesional" con el que colaboro y que recomiendo, claro, sobre la accidentada apertura solemne de curso de las Universidades públicas. La he puesto en relación con el Estado de movilización permanente. Esto es con lo que el gobierno ha de lidiar, él tan amante de los toros. Estará encantado. Tiene prácticamente el país entero en contra, excepción hecha de los curas, aunque supongo que los cristianos de base ya estarán preparando alguna de sus llantinas colectivas acerca de qué mala es la jerarquía que no se pone del lado de los pobres como ordena Cristo.
Los mineros, los funcionarios, los parados, los activos, los enfermos, los sanos, los jubilados y los por jubilar, los científicos, las mujeres, los gays, los jornaleros, los médicos, los catalanes, los vascos y ahora, por tener, tiene en contra su propio partido, en el señero tanto monta monta tanto Esperanza como Oreja. A los etarras, desde luego, no se los ha ganado y las asociaciones de víctimas están en pie de guerra. Y él, por su lado, ha fingido ignorar las reiteradas ofertas del PSOE de compartir el peso de la cruz. Con lo cual está literalemte solo ante el peligro.
Se le ha sublevado la sociedad cada cual por su lado. El nacionalismo no español cobra nuevos bríos y esos mismos han conjurado de nuevo a la vida a un espadón del XIX que amenaza con invadir Cataluña o bombardear Barcelona si hay intento de secesión.
Bajo su infeliz apariencia de hombre sin atributos, al estilo de Musil, Rajoy ocultaba un temperamento autoritario, inclinado a gobernar por decreto-ley, a no escuchar a nadie ni a dar explicaciones de nada, tendente a escurrir el bulto y consagrar sus apariciones públicas a ceremonias de Estado. Es un autoritarismo positivista: las normas valen porque son normas, no porque sean justas. En aplicación de este lamentable criterio, la mayoría absoluta de que dispone Rajoy le permite prescindir del Parlamento sin faltar a la ley. Y lo hace.
Pero de lo que no puede prescindir es de la sociedad, porque solo cuenta con el 30 por ciento del voto (ahora, seguramente menos por la oposición interna que también padece) frente al 70 por ciento que no lo ha votado. Un treinta por ciento del voto no autoriza a cambiar por decreto la legislación del aborto, ni el sistema educativo de raíz, sino que obliga a consensuar y negociar. Salvo que lo que se busque sea precisamente una situación de oposición generalizada que conduzca al caos y permita justificar una solución de Espadón. A este, en concreto, convendría mandarlo allí en donde no pueda hacer daño.
La sociedad española está polarizándose en exceso. La crisis, ya prolongada, fomenta la crispación, el nerviosismo, la agresividad. Y todo eso no ayuda a salir del hoyo sino al contrario. La polarización es porque aumenta la radicalidad en los dos polos a través de una conocida dinámica de acción-reacción muy peligrosa. El gobierno no puede seguir siendo tan descaradamente el gobierno de una minoría en contra de la mayoría de la sociedad porque la movilización social permanente puede acabar en un estallido social.
Hasta el PSOE, la pesada galera de la izquierda, parece salir del letargo o del noqueo del tortazo del 20N y largar vela. Ocho meses ha llevado a Rubalcaba entender que a su colega diputado se le ha subido el laurel a la cabeza, ya se ve como césar invicto y no tiene por qué negociar con la plebe. Veloz no es el chaval; pero será seguro. Ahora, un puñado de díscolos conmilitones está escorando la nao a la izquierda y hacia ahí parece orientarse. Menos mal. Aunque conviene que se pongan rápido al día porque venir ahora quejándose de que Rajoy no es un hombre de palabra no dice mucho sobre la rapidez de juicio de quien lo hace. Efectivamente, no es es de palabra; de una sola palabra; es de muchas, infinitas, según sople el viento.
La función del PSOE no es explicar al mundo lo que el mundo ya sabe, sino exponer qué entiende en concreto por una alternativa socialdemócrata de izquierda tanto dentro como fuera del país, cómo piensa llegar a ella y cuáles son las capacidades con que a su juicio cuenta el PSOE ahora mismo para conseguirlo. Muy sencillo.
(La imagen es una foto de Izquierda Unida, bajo licencia Creative Commons).

dilluns, 3 de setembre del 2012

La Universidad despierta

El 99 por ciento de los políticos con mando o en la oposición son titulados universitarios. ¿Por qué esa inquina contra nuestra alma máter? Alguien dirá que no hay tal, sino que se aplica al ámbito universitario el mismo rasero de recortes que al resto del gasto públicos.
Mentira.
El gasto público destinado a la iglesia no se ha recortado un solo céntimo de euro. Si al gobierno le parece bien seguir financiando una secta supersticiosa, que viene del más negro pasado, y recortando el centro de producción científica del país, única esperanza de futuro, tendrá que admitir que este se defienda.
El gasto público militar -casi todo él perfectamente prescindible- sigue siendo demasiado alto. Solamente con dejar de comprar dos cazas a los gringos -que, de todas formas, no volarán por falta de combustible- se pueden devolver los 175 millones de euros que la derecha pretende birlar a las Universidades públicas.
La enseñanza privada no debe estar subvencionada. Si los ricos y los meapilas quieren llevar a su hijos a que los curas los domen, háganlo en buena hora, pero con su dinero; no con el de todos.
A la vista de lo que suelta por su boca Mariano Rajoy, los seiscientos y pico asesores sobran. También sobran todos los cargos "de confianza" ("confianza", tratándose de políticos de la derecha; ja) que no son otra cosa que parientes, nepotes, allegados y todo tipo de enchufetas. Solo con lo que se ahorra en esos capítulos se pueden dejar en paz las universidades.
¿Por qué no se hace?
Sencillamente porque, aun siendo universitarios, los políticos reaccionarios odian la universidad, especialmente,la universidad pública porque en ella se fomenta el espíritu crítico, que es lo que más aborrecen. Prefieren las universidades privadas, sobre todo de jesuitas, de curas, de sectas católicas, de donde la gente salga bien aborregada para pasarla luego por la televisión y que los voten. 
Así que olé por los estudiantes, profes y PAS que ayer dijeron a las autoridades lo que los universitarios pensamos de ellas, de su permanente injerencia en nuestros asuntos, de su insolencia y prepotencia. Esperanza Aguirre, siempre tan astuta, igual que la beata de Lucía Fígar -ambas enemigas juradas de la libertad de pensamiento- no se dejaron ver y la bronca se la cargó el director general de Universidades, Jon Juaristi, el  converso de la derecha. Está en su sueldo, que será alto, seguro.
Algunos rectores, entre ellos el de la Complutense, José Carrillo, deploraron los hechos y aseguraron que así no se consigue nada. Espero que fueran declaraciones de circunstancias para no parecer que respaldaban las protestas y no ser presa de la brutalidad mediática de la derecha. Pero si alguno lo dijo pensándolo de verdad, que reflexione un poco. Frente a la arbitrariedad y la imposición de un poder que no conoce límites, esta es la única forma de protesta que tiene éxito porque da a entender a la carcunda gobernante que, aunque no los reconozcan, esos límites al despotismo existen y están representados por una comunidad universitaria que no se dejará amedrentar y menos expoliar en provecho de los curas, los ricos y los puros delincuentes.

El nacionalismo no nacionalista.

Ayer y hoy, un obsequioso ABC da una inenarrable entrevista-jabón al presidente del gobierno.Entre la faramalla de mentiras, patrañas, engaños y medias verdades que contiene destaca una afirmación al desgaire que contiene la clave no de la política del PP o de Rajoy, sino del conjunto del sistema político español. Dice el presidente del gobierno que CiU es un partido nacionalista y el PP no es nacionalista
Se trata de una convicción que dicen compartir los partidos dinásticos españoles: nacionalistas son el PNV, Bildu, CiU, ERC, el BNG, CC y algún otro. Las demás fuerzas políticas, el PP, el PSOE, IU, UPyD, etc. no son nacionalistas.
En el PP se integran todas las energías del nacionalismo español más exaltado, desde la extrema derecha al neoliberalismo que, por cierto, tienen muchos elementos en común. Pero el PP no es un partido nacionalista. En sus manifestaciones suelen ondear más banderas rojas y amarillas que las de la gaviota. Pero el PP no es un partido nacionalista. El propio Rajoy afirma que España "es una gran nación" y, cuando a Zapatero se lo ocurre decir que "el concepto de nación es discutido y discutible", salta él de inmediato sosteniendo que el concepto de nación (su concepto de nación) es indiscutible . Pero el PP no es un partido nacionalista.
Una de dos: o no sabemos qué sea el nacionalismo o alguien, para variar, miente.
Si por nacionalismo entendemos aquella ideología que pone los supuestos intereses de la Nación por encima de cualquier otra consideración, así como la idea de que toda Nación tiene derecho a contar con una Estado propio, el PP (al igual que las demás fuerzas políticas españolas) es tan nacionalista como el PNV, CiU, etc. Si no, más. Por supuesto, no es nacionalista vasco, catalán, gallego o canario, no. Es nacionalista español. La única diferencia con los otros es que cuenta con un Estado propio mientras que aquellos han de contentarse con ser parte de un Estado que no sienten como propio de sus Naciones.
Porque este el material básico del nacionalismo: el sentimiento.
Por supuesto que el PP es nacionalista hasta las cachas. ¿Por qué afirma que no es así? Pues porque todo cuanto dice no trata de convencer sino de vencer; toda afirmacion (o negación) es un arma para destruir a alguien. En este caso el PP o Rajoy, tanto da, al negar el nacionalismo, lo hace de menos y trata así descalificar los nacionalismos ajenos. Incluso el nacionalismo español que no es destructivo, el nacionalismo español de quienes, como Palinuro, son respetuosos de los derechos de los demás nacionalismos no españoles. Y es bien claro: palinuro es nacionalista español porque prefiere que España está formada como hasta ahora por castellanos, catalanes, vascos, gallegos, andaluces, etc. Pero que lo esté voluntariamente, por la aceptación libre de las partes. Es decir, Palinuro es un nacionalista español que reconoce el derecho de autodeterminación de las otras naciones en España.
"¡Ah, pero eso no puede ser!"  ruge la derecha "no nacionalista" "Porque supone relativizar el concepto de Nación española y ya sabemos por ciencia infusa que el concepto de Nación (el de nuestra Nación) es indiscutible. Nuestra Nación es la única que hay en España y el garante último de su unidad, ojo, es el ejército". 
Por esto sostiene Rajoy la evidente falsedad de que el PP "no es un partido nacionalista", con el fin de combatir los nacionalismos no españoles así como la posibilidad de que se articule una visión democrática y liberal del nacionalismo español, el unico que tiene una fórmula eficaz de resolver el problema nacionalista español  a través del libre pronunciamiento de los pueblos.
El falso "no nacionalismo" español es, en realidad, un nacionalismo impositivo y excluyente que no se atreve a manifestarse como tal pues lo que le importa es mantener el estatu quo, incluso aunque sea injusto, aceptando los nacionalismos no españoles mientras no pasen de ser sanos regionalismos, al estilo de Fraga y rechazando de plano un nacionalismo español que no niega serlo pero no coincide con la idea indiscutible  de nación de Rajoy y la derecha.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

diumenge, 2 de setembre del 2012

Que dimita la realidad

Hoy, domingo, con tiempo soleado en toda España y ánimo festivo, me disponía a comentar un artículo de Francisco Marhuenda en el comic que dirige, llamado, ignoro por qué, La Razón, y en el que entre otros dislates de pura propaganda se leen mentiras como ruedas de molino del tipo de cuando gobiernan los socialistas emprenden una limpieza, como sucedió en 1982 ó 2004, en la que no sólo los que han colaborado sino los que creen desafectos son enviados a los peores destinos. Decir esto con lo que han hecho sus amigos en RTVE (aunque no se hayan acordado de él para darle algún chollo) prueba que se tiene el rostro de hormigón.
De pronto cayó en mis manos la 1ª entrevista que concede Rajoy a cuatro periódicos (Il Corriere della Sera, Bild am Sonntag, Le Journal du Dimanche y ABC), es decir, prensa conservadora de tercera regional, como es él, lo que me hizo dudar en mi propósito original. ¿Para qué iba a perder el tiempo con el monaguillo, el perrillo faldero de Rajoy, teniendo negras sobre blanco las mixtificaciones de su amo? Tuve que sopesar:
Verdad es que el ABC, el Bild, etc., no son verdaderos periódicos, sino panfletos de la derecha con la misma ética y profesionalidad periodísticas que pueda tener un calabacín. Pero La Razón no es mejor, sino mucho peor, pues no pasa de ser un puñado de páginas impresas cuya única función es respaldar una portada de colorines que colgar diariamente en los quioscos; es decir, en sentido literal, un pasquín.
Bueno, pensé entonces, pero Rajoy es un político, mientras que Marhuenda es un periodista. Falso de nuevo: Marhuenda es un militante del PP, hombre de Rajoy a cuyo servicio estuvo cinco años y al que el partido ha encargado ahora dirigir el comic La Razón como podía haberle encomendado reconquistar Gibraltar.
Así, que pensándolo bien y pudiendo hablar del jefe antes que del subordinado, me decidí por esto, no sin cierta desazón porque el artículo de Marhuenda, titulado nada menos que Defendamos la democracia, además de estar escrito en la pintoresca prosa marhuendesca, contiene mentiras desvergonzadas de esas que prueban que Dios no existe porque, si lo hiciera, ya hubiera mandado al averno a descarados embusteros como este, capaces de afirmar que "Un terreno en el que la izquierda se siente muy cómoda es la agitación en la calle", como si los españoles fuéramos todos imbéciles y no recordáramos esas calles de Madrid llenas día tras día de obispos, señoras de Serrano, falangistas, pijos de discoteca, franquistas, mayoresorejas y pacomarhuendas, clamando a causa del aborto, ETA, los gays y el sursum corda.
Con todo, es mejor el señorito. Más divertido, si cabe y, claro, de más alcance. Marhuenda estará dolido de que Rajoy conceda su 1ª entrevista a la competencia pero es de suponer que él es el primero en saber que el ABC es un periódico malo, pero es un periódico; no un pasquín. El ABC cumple con el jefe. El entrevistador, Bieito Rubido, director del panfleto de la derecha, lame literalmente el suelo que pisa Rajoy y es tal su entusiasmo por el jefe y su entrega a la causa común que, a veces, en vez de hacer las preguntas, da las respuestas y son tan del PP que hasta Rajoy tiene que matizarlas.
En sí misma, la entrevista carece de todo interés porque se limita a dar pábulo a la ingente cantidad de desvergonzadas mentiras sobre las que Rajoy construye su acción de gobierno; mentiras preventivas; mentiras justificativas; mentiras explicativas; mentiras declarativas; mentiras y más mentiras, que es lo único que fabula este peculiar gobernante, falso, escurridizo y convencional.
Pero hay dos momentos, al comienzo y al cierre de esta entrevista, modelo de peloteo sin tapujos, que delatan al entrevistado y la lamentable situación en que tiene al país en el que, al parecer, nadie se levanta a decirle que carece de toda legitimidad para actuar al haber basado su acción en la mentira sistemática y mantenida.
Al comienzo, se arranca Rajoy diciendo que «Quien me ha impedido cumplir mi programa electoral es la realidad». Es decir, confiesa, la realidad lo ha forzado a hacer lo contrario de lo que prometió. Eso, en román paladino, se llama mentir, engañar a la gente, estafarla. Y la prueba de que es así es que, mientras los japoneses convocan elecciones anticipadas por haber faltado a un solo punto de su programa electoral, este menda no solo no hace tal cosa sino que, en frase final, se muestra convencido de que cumplir con su deber lo llevará a ganar las próximas elecciones. Más claro es imposible: su deber consistía en mentir a la gente para usurpar las elecciones (pues unas elecciones que se ganan a base de mentiras son una usurpación) y seguir mintiendo para conservarse en él mientras se hace que la crisis la paguen los de abajo. Cualquier persona con dignidad, honor y orgullo hubiera dimitido al encontrarse en esta situación de embustero redomado y ya tenido por tal en todas partes, de fuera y dentro de España. Él, no; el piensa que quien debe dimitir es la realidad.
Si eso le hará o no ganar las elecciones (incluso si llega a ellas y no lo echan antes en su propio partido) está por ver.

El verdadero rostro de Rajoy.

Si un presidente o consejero delegado de una gran empresa reúne un día el consejo, a los accionistas, algún órgano colegiado que tome decisiones, y le espeta que se reserva el derecho a definir el interés de la empresa y que, en pro de él, está dispuesto a hacer "cualquier cosa aunque no me guste y haya dicho que no lo voy a hacer", todos entenderán que postula su derecho a mentir, que su palabra no vale nada y que tan pronto puede querer una cosa como la contraria. Y nadie, lógicamente, confiará en él.
Esa es la verdadera posición de Rajoy por declaración propia: reclama su derecho a mentir, a hacer lo contrario de lo que dice, siempre que sea por el bien de España. Y ¿quién define el "bien de España? El propio Rajoy. En función de esto puede mentir y faltar a la verdad lo cual, como sucede en la empresa privada, le resta todo crédito y toda confianza en el exterior y en el interior. En el interior se añade el hecho de que el auditorio sufrirá directamente las consecuencias de la incoherencia del presidente. No puede haber seguridad alguna porque la corrección del comportamiento se mide por la coincidencia con el criterio del gobernante. Pero si este lo cambia a su antojo, la seguridad se torna en inseguridad e incertidumbre y en una posición humillante, pues se está a merced de los cambios de parecer y las arbitrariedades del poderoso.
Este es el método de gobierno de Stalin, perspicazmente analizado por Tzvetan Todorov en sus trabajos sobre el totalitarismo. Stalin sostenía gobernar según unos principios marxistas-leninistas cuyo significado cambiaba arbitrariamente cuando le parecía, de forma que el único criterio por el que podían regirse los demás, desde los ministros del gobierno hasta el último koljosiano, era el parecer del todopoderoso georgiano que determinaba siempre la divisoria entre la verdad y el error con el incoveniente de que no era fijo y mudaba caprichosamente de forma que el ministro de hoy podía ser el zek (prisionero en el Gulag) o el fusilado de mañana.
El hecho de depender del mudable parecer del gobernante y no de la ley es lo que a juicio de Aristóteles distinguía a los bárbaros de los griegos, es el núcleo mismo de la tiranía, tanto más odiosa cuanto que el tirano no solo es tornadizo sino que se jacta de ello, como el inconsciente de Rajoy. Queda así claro que Rajoy tiene una mentalidad tiránica y autoritaria pues aquel que no respeta su palabra no puede respetar a nadie. Eso se le nota al presidente a la legua ya que su discurso, bastante elemental por lo demás, sigue empeñado en dividir a los españoles en dos grupos: el de quienes lo votan a él y son por ello "sensatos y con sentido común" (el 30%)  y los que no lo votan (el 70%) que, al parecer, son unos insensatos carentes de sentido común. 
Y eso en cuanto a las palabras. Los hechos pintan peor. Ahora dice Rajoy que no subirá los impuestos. Pero también lo dijo un mes antes de subirlos la última vez. Y, como reclama su derecho a mentir cuando le parezca, no hay seguridad alguna de que, en efecto, no vuelva a subirlos. Y quien dice subir los impuestos dice bajar los salarios, aumentar la jornada laboral, reducir las pensiones, eliminar servicios y prestaciones sociales, todo lo cual afecta de modo patente a las condiciones materiales de vida de la población que, por encontrarse en la incertidumbre sobre el comportamiento de Rajoy, no puede hacer cálculos racionales ni planificar su actividad a más de un mes porque quizá se encuentre con que en dos le hayan vuelto a subir los impuestos. La inseguridad, la incertidumbre se extiende al conjunto de la población que no puede organizar su vida según sus legítimas expectativas. La gente queda en una posición de supeditación al albur del veleidoso déspota y sufre un proceso de infantilización. Así es como todos los tiranos quieren a sus pueblos, sumidos en una beatífica infantilidad pues las decisiones que los afectan las toma el jefe, que sabe mejor que ellos lo que les conviene. Por eso, además, ¿para qué molestarse en debatir en el Parlamento? Se gobierna por decreto-ley, que es más rápido y contundente.
Rajoy no dice lo que va a hacer y, si lo dice, recuerda que se reserva el derecho a hacer lo contrario, pero pide a la gente que lo crea, ya que sabe lo que quiere (pero no lo dice), tiene un rumbo fijo (pero no lo muestra); que lo crea y tenga fe en él. Fe ciega.  Quiere ser el caudillo carismático, el déspota que trata con una población asustada y convenientemente infantilizada. El hombre providencial con preclara visión que ahora anuncia que el próximo junio, es decir, dentro de nueve meses, parirán los montes.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

dissabte, 1 de setembre del 2012

Todas las mentiras del presidente.

Desde hoy, 1º de septiembre, todos somos más pobres: Pero unos, los más, casi todos, son mucho más pobres, mientras que otros, los menos, la minoría, los privilegiados solo lo son un poquito. Unos, los más, tienen problemas para llegar a fin de mes y otros, los menos, la minoría solo dicen que tiene esos problemas cuando quieren reírse de los necesitados. Unos, los más, apenas podrán afrontar los gastos escolares de los hijos y otros, los menos, la minoría, seguirán enviando los suyos a buenos colegios subvencionados por un gobierno de neofranquistas que solo atiende a los intereses de los curas y los ricos. Y toda esta injusticia sangrante hay que agradecérsela a un hombre que mintió en todo lo que dijo para llegar al poder y siguió mintiendo para mantenerse en él; un hombre sin dignidad, vergüenza ni entereza que no solamente miente, sino que reconoce hacerlo y asegura que así seguirá: Mariano Rajoy Brey, el prototipo del político reaccionario, al servicio del capital y la iglesia.
Como Palinuro no acostumbra a hablar a tontas y a locas, ahí van las pruebas irrefutables de los embustes de un mentiroso compulsivo, un hombre que no merece respeto alguno por eso mismo:
  • Dijo que no subiría los impuestos y es lo primero que hizo al llegar a La Moncloa: subir el IRPF y aumentar la retención a cuenta.
  • Dijo que no tocaría el IVA y lo ha subido hasta el 21%, el IVA más caro de Europa en asuntos de primera necesidad, como el material escolar o los gastos funerarios. Esta mentira es tanto más indignante cuanto que el mentiroso y la cuadrilla de embusteros que lo rodean desataron una feroz campaña en contra del PSOE cuando este incrementó el impuesto en dos puntos; él, que lo ha incrementado en 3. La red está repleta de ejemplos gráficos y literarios de cuán a fondo se emplearon los neofranquistas (Aguirre, Cospedal, Rajoy) en una demagogia desaforada en contra de lo mismo que han hecho ellos mutiplicado por 5. Inútil esperar una explicación. Los mentirosos aplican igualmente la política de la chulería: lo hicimos, sí, ¿y qué? Ahora mandamos nosotros y la cosa es distinta.
  • Dijo que no tocaría la sanidad y prácticamente se la ha cargado. La analfabeta a la que ha puesto de ministra ha encarecido los medicamentos de los más necesitados, obliga a pagar por más de 500 de ellos, ha dejado a 100.000 personas sin cobertura sanitaria y las Comunidades Autónomas del PP están hundiendo la sanidad pública a base de privatizar todo aquello que no pueden robar.
  • Dijo que no tocaría la educación y el petulante todólogo de Intereconomía al que ha puesto al frente de ella la ha desecho en seis meses: ha arruinado la enseñanza, ha suprimido las becas, ha encarecido la matrícula, la ha entregado a los curas, ha reintroducido una forma nacionalcatólica de formación del espíritu nacional y subvenciona generosamente los colegios que practican el apartheid por razón de sexo.
  • Dijo que no abarataría el despido y lo ha hecho gratis, dejando de paso a los trabajadores en manos de los empresarios, prácticamente sin derechos. Y, por supuesto, no por ello ha disminuido el paro. Al contrario.
  • Dijo que, cuando él gobernara, bajaría el paro y lo cierto es que sigue subiendo incentivado directa e indirectamente por las políticas de la derecha, empezando por la de poner en la calle a los trabajadores de la administración pública.
  • Dijo que no tocaría las pensiones y, tras engañar a los jubilados con un aumento del 1%, contrarrestado con el incremento de los impuestos y las medicinas, les ha dado un tajo considerable al subir la vida muy por encima de las posibilidades de los pensionistas.
  • Dijo que llamaría al pan pan y al vino vino pero la verdad es que llama al rescate línea de crédito ventajoso, al despido libre, política de incentivación de la contratación, al banco malo sociedad de gestión de activos, al encarecimiento de las medicinas racionalización del gasto sanitario, etc., etc.
  • Dijo que garantizaría una RTVE objetiva y plural y ha organizado una checa de propaganda dirigida por esbirros a sueldo del poder y de una categoría intelectual próxima al cero, por otro lado, acorde con la del conjunto del gobierno, empezando por su presidente.
Son hechos innegables, incontrovertibles, que muestran un gobierno arbitrario, despótico, no democrático, encabezado por un personaje que, además, no da la cara, rehúye las explicaciones y carece de dignidad porque su política está basada en la mentira sistemática que él mismo admite cuando dice sin darse cuenta del alcance moral de sus palabras haré cualquier cosa aunque no me guste y haya dicho que no lo voy a hacer".
La confesión anterior dará pie a Palinuro para demostrar mañana cómo Rajoy no es un político normal de la derecha más o menos meapilas o más o menos señorito; no. Es un nacionalcatólico y un fascista por convicción profunda, un digno sucesor de Franco.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

El banco malo o la locura de las palabras.

Con independencia del alcance que cada cual dé al adjetivo "malo", la curiosa expresión banco malo parece una redundancia. Ya, ya sé que es expresión coloquial, siempre muy gráfica, aunque no sea precisa técnicamente. Lo coloquial es inevitablemente abigarrado y hasta contradictorio. Se puede ser "malo" éticamente o desde el punto de vista de la eficacia práctica; incluso se puede estar "malo" El nombre oficial es mucho más ajustado y explicativo: Sociedad de gestión de activos.
J. L. Austin, con su teoría de los "actos de habla", ya dejó claro que con los enunciados no solo se afirma o se niega algo sino que realmente se hace algo, que se hacen cosas con las palabras, sobre todo cuando estas incluyen promesas, órdenes, sugerencias, prohibiciones; es decir, la materia de que está hecha la política, en donde llueven las promesas, las órdenes, las prohibiciones. De lo que se trata aquí es de un juego de prestidigitación para fabricar una realidad engañosa, una forma sutil de estafa, vaya.
El acto locutivo propiamente dicho que habría que analizar, el que tendría que formular De Guindos, quien habitualmente se pierde entre las palabras, es: (prometo que) la creación de la sociedad de gestión de activos nos sacará de la crisis. Pero es un acto de habla que viene edulcorado porque no se dice que esos activos, en realidad, son pasivo, son activos también llamados popularmente tóxicos. Es decir, se pone al banco malo a gestionar deudas ajenas; es un banco de hombres de negro.
A continuación viene una extraña ceremonia de la confusión financiera con lo cual no es de extrañar que el efecto ilocutivo del acto quede borroso, confuso. El surgimiento de esta extraña criatura del banco malo es un intento de resolver el antagonismo entre las interpretaciones europeas y las españolas acerca de ¿quién responde en último término de los 100.000 millones del ala que lloverán sobre España como el maná sobre el Sinaí? "La banca", dice el Estado español. "El Estado español", dice la banca alemana. "El banco malo", dice la banca española que está más avezada en las artes del Lazarillo de Tormes.
El banco malo es una ficción típica porque se trata de una dependencia del Estado. Este participa con el 50 % y el resto viene del FROB (que también es el Estado) y de las hipotéticas aportaciones privadas fuertemente incentivadas. No me parece aceptable que el gobierno trate de engañar una vez más a los ciudadanos, presentando como privada una financiación pública pues bien claro está que todo el dinero es público, como gasto o como lucro cesante y, si la sociedad de gestión falla, pagará el Estado, es decir, todos los contribuyentes.
De ahí que el resultado perlocutivo de este acto de habla pueda medirse y de hecho se mida en puntos de la prima de riesgo. La respuesta a la creación del banco malo ha sido que la prima de riesgo ha escalado por encima de los 550 puntos básicos en donde se mantiene en suspenso sobre la cabeza del banco malo, como la espada sobre la de Damocles.
Y dice el ministro De Guindos, ya liado en las palabras, que el banco malo no tendrá coste alguno para el erario público. Como muestra, larga 4.500 millones de euros más a Bankia que salen ¿de dónde? De donde siempre, ¿no? No van a salir de Cáritas. Bankia, que ha sufrido una retirada catastrófica de depósitos en los últimos meses.
Hay un prejuicio rondando los mentideros según el cual los conservadores gestionan mejor la economía. A la vista está: este puñado de competentísimos gestores ha conseguido provocar un pánico bancario de los del siglo XIX, de manual, que tratan de mantener oculto pero que de vez en cuando aflora con cantidades pasmosas: 220.000 millones de euros se retiraron de los bancos entre enero y julio. Una gestión brillante que, por desgracia, ya no cabe achacar a la herencia de Zapatero. Empiezo a sospechar por qué se fue Rato tan inopinadamente del Fondo Monetario Internacional. No se fue; lo echaron. Como luego de Bankia. El terror es que, incomprensiblemente, siga al frente de Cajamadrid.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

divendres, 31 d’agost del 2012

Estampas del verano. Carromero, si te llamaras carroñero...

Un ciudadano español comete tantas infracciones de tráfico que la autoridad se ve obligada a incoarle expediente para retirarle el permiso de conducir. A continuación, lo primero que hace ese ciudadano es presentarse en Cuba y alquilar un coche sin preocuparse gran cosa por asuntos de legalidad ya que Cuba,  al fin y al cabo, es una excolonia de España, actualmente bajo dominio comunista, con lo que no es preciso pararse en menudencias. Una vez al volante se arrea una castaña y mata a dos ocupantes del vehículo de nacionalidad cubana. Las autoridades lo detienen y quieren juzgarlo, acusado como está, de un doble homicidio.
¿Hay algo extraño en esta noticia? Nada en absoluto. El ciudadano Ángel Carromero ha actuado con imprudencia y temeridad, ha causado la muerte de dos personas en otro país soberano. Que lo juzguen y lo condenen, si tienen que cndenarlo, y aquí paz y después gloria.
- Un momento: ¿quién paga la defensa de Carromero? 
- El ministerio de Asuntos Exteriores español. 
- ¿Por qué? ¿Paga ese ministerio (es decir, todos nosotros) siempre las defensas de los españoles procesados penalmente en países extranjeros? 
-  No, claro.
- Entonces, ¿por qué esta sí?
- ¡Ah! Es que Carromero no es un español cualquiera, un turista o un viajero por asuntos de negocios. Carromero es un agente español en territorio cubano.
- ¡Caramba, qué emocionante! ¿Un agente del CESID? ¿Un espía? 
- No, no, por favor: un agente del PP. Es un dirigente de las juventudes del partido, de Nuevas Generaciones. Un miembro del servicio exterior de la gestapillo a las órdenes de Esperanza Aguirre.
- ¿Y qué misión cumplía el tal Carromero en Cuba por órdenes del PP, de la gestapillo y de Aguirre?
- Contactar con la oposición a Castro, darle instrucciones, coordinar la acción y, desde luego, financiarla.
- O sea, llevaba dinero sin declarar en aduana para untar a la oposición anticastrista.
- Bueno, eso es muy crudo. Llevaba unos dinerillos para ayudar...
- ... para subvencionar, vamos. Como si fuera la enseñanza del Opus.
- ... para ayudar a los héroes que luchan por la democracia y la libertad en esa idílica isla sometida a la peor tiranía comunista.
- ¿Mucho dinero?
- No mucho. Ya se sabe que en Cuba un euro es una fortuna. Llevaba 4.000 euros.
- Y ¿de dónde salen esos 4.000 euros? ¿Del bolsillo personal de Carromero? ¿Del de Aguirre? ¿Hay constancia documental de ese pago? ¿Quién dio la orden? ¿Medió algún interventor o auditor o, simplemente se pillaron 4.000 euracos para organizar actividades subversivas en Cuba?
- Bueno, la lucha por la libertad...
- Actividades subversivas, ilegalidades, probablemente delitos.
- Es usted un radical, Palinuro.
- Y ustedes unos sinvergüenzas, ladrones, agentes provocadores y demagogos que esquilman a su propio pueblo, le recortan sus ingresos y derechos pero se funden la pasta repartiéndola entre agentes en países extranjeros con el fin de crearles problemas que luego permitan seguir con su discurso aislacionista e intervencionista.
- Eso no va a ayudar a nuestro compatriota.
- Su compatriota, oiga; no el mío. Yo no he enviado a nadie a interferir en los asuntos internos de otro Estado y mucho menos a un irresponsable que no sabe conducir; no le he dado dinero de procedencia misteriosa para engrasar la oposición en el país; no lo he amparado posteriormente y me parece de juzgado de guardia que sigan ustedes robando dineros públicos para pagar la defensa de un agente suyo ilegal y supuestamente homicida.
- No hable tan alto, hombre; sea discreto. En estos momentos el ministerio de Asuntos exteriores trabaja denodadamente para conseguir beneficios penales para el señor Carromero.
- En estos momentos, el presunto delincuente Carromero, que fue a un país extranjero a encizañar y atentar contra las leyes de la hospitalidad, el 007 de tres al cuarto, lo que tiene que hacer es colaborar con la justicia cubana. Ya se sabe que, al final, todos los gobiernos son parecidos y el cubano acabará soltando a Carromero para que cumpla condena en España. Si yo fuera ese gobierno, no lo permitiría.
- Es legal. Hay convenios entre los dos países que lo establecen. Y no dude usted de que Esperanza Aguirre, siempre leal con sus ayudantes y colaboradores, moverá Roma con Santiago para que se apliquen.
- Lo que Esperanza Aguirre debiera hacer si esto fuera una democracia seria y no la verbena del PP sería comparacer en sede parlamentaria, explicar por qué tiene que meter sus narices en los asuntos internos de Cuba, qué nueva gestapillo tiene montada, quién es el menda Carromero, de dónde han salido los 4.000 euros y gastos adyacentes (viaje de Carromero, suponemos que en clase turista), dietas, pagos varios, etc., decirle a su agente que tenga la bondad de costear su defensa y, por último, dimitir.
(La imagen es una foto de LisASckart, bajo licencia Creative Commons).

Rajoy promete.

Y van dos. Están llegando por orden de importancia. Primero, Herman Van Rompuy, con esa pinta de ujier de instituto de provincias. Después, François Hollande, un ejecutivo dinámico que también ha visitado a la competencia. Por último, el día seis llegará la emperatriz, Angela Merkel, la canciller de hierro, al lado de la cual Margaret Thatcher montada a lomos de Bismarck es una colegiala. Los tres vienen a decir a Rajoy cómo está la situación de tenebrosa y que habrá que hacer mayores sacrificios, encajar más mermas. Una letanía de horrores. De vez en cuando, Rajoy encuentra un momento entre regañina y amenaza para hacer un aparte cara al público, dando buenas noticias, como si hablara en twitter: "descartadas nuevas subidas del IVA o del IRPF". Debiera decir, "de momento".
El presidente del .gobierno debe de estar muy nervioso y es comprensible, dado el marrón que tiene que comerse. Pero, por muy nervioso que se esté, hay melonadas que no deben decirse. Eso de que su objetivo será devolver los españoles a la situación que tenían cuando él llegó deja a cualquiera boquiabierto porque la conclusión lógica es que lo mejor hubiera sido no haber llegado.
Luego está lo de los descartes: descartadas subidas de impuestos, que la prensa ha tomado como promesas: Rajoy promete que no subirá los impuestos. Nada de eso: Rajoy descarta las subidas de impuestos, que no es lo mismo.
Al final, Rajoy hará lo que le ordenen porque, como él mismo argumentaba en el Congreso al presentar sus medidas de ajustes, no tiene otra opción. Obviamente, no la tiene en la panoplia de las que dispone, basada en la necesidad de descargar el déficit sobre los asalariados que al fin y al cabo, cargan con todo. Para tener otras opciones tendría que cambiar el orden de prioridades y eso no está dispuesto a hacerlo ningún politico de la derecha.
Así que cuando Rajoy promete o descarta algo no hay que tomarse el anuncio de la intención como garantía de su cumplimiento sino solamente a título informativo. Quiere decir que no le gustaría tener que subir los impuestos, como dijo la última vez que los subió. Mi dispiace tanto...! Pero hay que hacerlo. La Patria (vale decir, la banca) está en peligro.
Esperanza Aguirre también justificó la pirueta de Rajoy con el mi dispiace. No tenemos más remedio. No a las subidas de impuestos hasta que somos nosotros quienes los subimos. Entonces es sí.Al parecer, no se le ocurre que eso mismo pueda pasar a la oposición, que tampoco le guste subir los impuestos. Nada de eso. La derecha sube los impuestos porque no tiene otro remedio para atender a gastos inexcusables. La izquierda, en cambio es una vampira fiscal; lo suyo es elevar la tributación al límite de lo posible solo para fastidiar.
En resumen: no se subirán los impuestos, pero seguiremos pagando los privilegios de los ricos y las exenciones de la iglesia con cargo a otros capítulos.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

dijous, 30 d’agost del 2012

Estampas del verano. A la charca con el monarca.

¿Qué se ha creído este pavo? ¿Que se puede andar zarandeando a los trabajadores así porque sí? Un rey que le echa la bronca a su chófer por una nimiedad no es un rey sino un vulgar patán. ¿Cuál es el mérito de abroncar a alguien que depende de ti y no puede responder? Que venga a abroncarme a mí o a cualquier otro republicano de los que estamos hasta las narices de este parásito que solo da que hablar de él por sus meteduras de pata, sus vergonzosos pasatiempos o sus intentos de salvar a ese yerno impresentable, presunto ladrón de guante blanco.
¿No quiere Juan Carlos aguantar las pitadas y abucheos de la gente indignada por los recortes de la derecha a los trabajadores, los pensionistas, los parados y los privilegios concedidos a los ricos? Pues lo tiene muy sencillo: hable, dígalo, en vez de zarandear al chófer por una menudencia; haga frente a Rajoy y su gobierno de mangantes y meapilas y póngase del lado del pueblo.
Imposible, ¿verdad? De entrada es que ni se le ocurre. ¿Ponerse él del lado de la chusma? ¡Hombre, por Dios, que hay clases! Y, aunque se le ocurriera, faltaría tiempo a los neofranquistas para recordarle que, aunque sea el sucesor del Caudillo por la gracia del mismo Caudillo, él no pinta nada. Más moderados, los constitucionalistas cortesanos, incluidos los de izquierda, le recordarán que, según fórmula acrisolada, el Rey reina, pero no gobierna... salvo que le interese a la derecha, en cuyo caso todas las máximas contitucionalistas se van al garete. ¿No se llevó Rajoy al Rey a presidir el consejo de ministros en el que se aprobaron los recortes, o sea el expolio de los trabajadores y clases medias en general? ¿No aparece así como responsable o cómplice de esas políticas injustas? Algún alma caritativa podría intentar salvarle la cara argumentando que no lo hizo con mala intención, sino solamente empujado por su innato atolondramiento. Cierto, atolondrado lo es un rato largo, tanto que se parece mucho al inspector Clouseau, cuando intenta atravesar las cristaleras sin abrirlas o se da en el morro con el quicio de una puerta. Pero el gesto de presidir el consejo de ministros en que se privó de su derechos a cientos de miles de personas no era atolondramiento, sino colaboración.
¿De qué se extraña si la gente lo pita y abuchea? Y que se dé con un canto en los dientes de que las cosas no vayan -de momento- a mayores.
El rey se reúne de comilona con los empresarios más poderosos del país, para hablar, según dice de la crisis. Es decir, se reúne para hablar de la crisis con sus más directos beneficiarios. Es cierto que también recibió a Toxo y Méndez en La Zarzuela a primeros de agosto, pero eso es algo atípico. Tan atípico que hasta los dos sindicalistas se pusieron corbata que jamás hizo tanta justicia al origen histórico de la prenda, símbolo de las sogas que llevaban al cuello los esclavos. Lo que le va al rey es el yantar con los ricos, con los que le hacen regalos y sacan partido de su cercanía al monarca para hacer más negocios. Como su yerno. Lástima que a este lo perdiera la tontuna y la codicia. A estas alturas ya podría ser uno de los comensales del rey, empresario de éxito y respetado.
En resumen, Juan Carlos, que no eres ya un chaval: no se matan elefantes por entretenimiento en escapadas clandestinas y picaronas cuando uno preside el World Wildlife Fund, ni se zarandea al chófer cuando uno tiene que aguantar los pitidos de su amado pueblo.
Abdica, hombre, antes de hacer alguna otra estupidez que comprometa más el destino de una corona de inexistente legitimidad. Y fíjate que Palinuro te da el consejo desinteresadamente puesto que, como republicano correoso, lo que le interesa es que te la pegues ya del todo para reclamar la IIIª República.
(La imagen es una foto de SalamancaBlog.com, bajo licencia Creative Commons).