dilluns, 18 de febrer del 2008

Cuba: reinar después de morir.

De Cuba siempre se hablará como de un "caso". Para bien o para mal, pero un "caso". Un "caso" hecho de arriba a abajo por un hombre, Fidel Castro, comandante de la guerrilla, creador de la Cuba socialista, primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, jefe de las heroicas Fuerzas Armadas Revolucionarias, presidente del Consejo de Estado y del Gobierno de la República de Cuba, impulsor principal de dos Programas Nacionales e Internacionales de Salud Pública y de Educación e impulsor principal del Programa Nacional de la Revolución Energética en Cuba.

Uno de los debates de mayor prosapia dentro del marxismo fue siempre el de la función del individuo en la historia. Si Plejanov y otros ilustres filósofos hubieran contemplado la Cuba castrista, se hubieran ahorrado un montón de libros. Por eso muchos dicen que no hay "Cuba castrista", sino "Cuba socialista" y que ese ser socialista pervivirá a la desaparición del compañero Fidel. Así lo piensa también mi buen amigo Iñaki Errazkin (p. 18).

Eso es dudoso a la vista de las experiencias en otras partes en que los regímenes obra de hombres fuertes no perviven a la muerte del creador, salvo que cuenten con un heredero, como en el caso de Corea. Un hermano no es propiamente hablando un heredero, del que Fidel carece. De todas formas no podemos saberlo porque el Comandante que delegó "provisionalmente" ese rosario de cargos en distintas personas (básicamente su hermano Raúl) va ya para dos años, no se muere, pero tampoco le dan el alta, con lo que, de vez en cuando va el señor Chávez a hacerse una foto con él para que el mundo sepa que sigue vivo y que no se trata de una caso de reinar después de morir, como doña Inés de Castro.

No me parece que el sistema sobreviva a su fundador, aunque puede pasar. La condición insular de Cuba, que la ha protegido contra un destino similar a los demás países comunistas, también puede impedir, al menos por un tiempo, una transición del sistema autoritario a la democracia, la desaparición del partido único y las otras formas de la dictadura.

Porque el fracaso se puede atribuir al estúpido bloqueo estadounidense o al desmerengamiento (la expresión es de Fidel, vía Errazkin, y me parece muy buena) de la Unión Soviética o a los hados del averno, pero sería un milagro que en Cuba funcionara un sistema que no ha funcionado en ningún otro punto del planeta. Es la socialización de los medios de producción y la abolición del mercado lo que no funciona, como se ha visto hasta la saciedad; ni funcionará. Alguien puede decir (imagino que el autor del libro por ejemplo) que es que es precisa la emergencia de un "hombre nuevo". En ese "hombre nuevo", del que también hablaba el Che Guevara creo tanto como en el "superhombre" de Nietzsche.

Sin ignorar nada de lo anterior, Iñaki ha escrito un libro en cerrada defensa de la revolución cubana como cuestión de principìo y digo como cuestión de principio porque como poco más cabe defenderla. De hecho, como Errazkin es noble y directo según él suele decir, a fuer de vasco y de comunista, el libro, por lo demás muy breve, se convierte en una requisitoria contra el sistema que no le deja hueso sano. Señala, apunta, acusa Iñaki los cortes de luz y otras increíbles escaseces (p. 32), el racionamiento y las corruptelas de amplios sectores de la población (p.33), la prohibición de salir al extranjero (p. 34), la cuestionable "política de comunicación" (p.34), el monopolio ejercido por el Partido Comunista (p. 34), una lista de trece asuntos problemáticos que van desde dificultades de transporte a corrupción e ilegalidades, pasando por inestabilidad en el abastecimiento de agua (p. 35), la conversión del marxismo en una "maría" (p. 37), la picaresca (id.), el estraperlo (p. 38), la delincuencia, la prostitución, las drogas (p. 40), la pesadez y el ocultismo de la burocracia (p. 43), la corrupción generalizada (p. 51).

Luego de la enumeración se queda uno pensando: y ¿qué defiende Iñaki en Cuba? Ya lo dije: el principio, el principio de la revolución. Y lo hace de modo tan apasionado que dan ganas de aplaudirle:

"Fidel es algo nuestro y la revolución que comandó debería ser proclamada Patrimonio de la Humanidad, faro y guía de civilizaciones presentes y futuras, por los logros obtenidos y por los que, sin duda, ha de producir en el porvenir. (p. 18)

No hay duda de que el autor es muy partidario del sistema imperante en la isla. Tanto que a veces razona de forma sorprendente como si, poseído por la razón revolucionaria, fuera contra las razones conservadoras de las cosas. Por ejemplo, pone como ejemplo la creación de esa unidad contable imaginaria llamada CUC que, por decisión del gobierno, es paritaria con el dólar, procedimiento que no es otra cosa que exprimir más a la población a la que se paga en una moneda débil pero se le cobran los productos en moneda fuerte (p. 27). O esa curiosa conclusión, apoyada en Iñaki Gil de San Vicente, de considerar que el recurso al trueque es un adelanto respecto a los intercambios monetarios, una especie de conquista de la revolución, siendo así que es un fracaso como un castillo, obligado cuando se negocia con monedas no convertibles y no se tienen divisas.

Así que en mi humilde opinión, Errazkin ha escrito una crítica demoledora del sistema cubano del que, sin embargo, aplaude efusivamente el sistema sanitario, el educativo, la firme voluntad internacionalista, cooperadora y solidaria y la decisión con que Fidel, cuando gozaba de salud, abordaba directamente los más fastidiosos problemas, dando la impresión de que considera que el hecho de que Fidel los aborde equivale a verlos resueltos. En definitiva, es un libro encomiástico a favor no de la Cuba que es, sino de la que Iñaki ve y la que quiere que sea con todo su corazón. Leyendo su libro me acordaba de algo que le oí en cierta ocasión al polaco Adam Michnik que decía que los intelectuales occidentales son siempre partidarios del comunismo... en el país del vecino.

El resto lo constituyen tres apartados de muy distinto interés. Uno dedicado a las noticias sobre Cuba que Falsimedia no ha publicado; otro un ramillete de trabajos de terceros sobre la isla a cual más entusiasta; y el último, una serie de artículos del propio Fidel que Errazkin titula "el blog de Fidel".

Ya se supone que ese término de Falsimedia designa a todos los medios y toda la prensa del mundo que no apoye a Fidel, todos falsarios. La verdad es que hay mucho que hablar sobre esto. Habitualmente tan radical descalificación procede de cuarteles que tienen una idea militante de la información. Lo curioso es que quienes creen que la información verídica es compatible con la militancia, el partidismo, la parcialidad, la ideología y, en definitiva, el interés (siempre que sean los suyos) nieguen luego profesionalidad a los demás que, en el peor de los casos, hacen como ellos.

Por último, el blog de Fidel está muy bien. Desde su forzoso retiro, en una especie de limbo, entre la vida y la muerte, el Comandante expone sus reflexiones y, con esa pasión fáustica que lo caracteriza, trata de influir en el acontecer político de los pueblos, como cuando hizo historia, dentro de poco hará cincuenta años, entrando en La Habana un 1º de enero de 1959, dispuesto a cambiar el mundo. Lo que sucede es que este Fidel ya no es aquel y el mundo de hoy no es el de entonces. Y tampoco Cuba es hoy lo que fue ayer.

diumenge, 17 de febrer del 2008

Los de la T4.

Ya están en el talego los dos últimos componentes del comando que presuntamente perpetró la canallada de la T4 el 30 de diciembre de 2006 en la que murieron dos inmigrantes escuatorianos. Con ella se rompía de hecho la tregua que la propia banda había decretado en marzo de 2006. De hecho. De derecho la rompió ETA mediante una declaración en junio de 2007. Esta diferencia de meses invita a una reflexión acerca de cómo ve el mundo la gente que pertenece a una organización terrorista. Porque poner una bomba potente que destroza una terminal completa y mata a dos ciudadanos no es cosa que pueda hacer cualquiera. Se requieren ciertos conocimientos. Lo que asombra es cómo esos conocimientos no llevan a quienes los poseen a darse cuenta de que recurrir a la violencia, el secuestro, y el asesinato no es admisible y menos como medio de mantener en pie una tregua. Sin duda la ruptura de una tregua es cosa que debe avisarse pero resulta bárbaro y asnal entender que un bombazo constituye un modo de avisar como otro cualquiera.

La detención de los dos últimos elementos plantea interrogantes sobre este sorprendente asunto del mantenimiento de una actividad terrorista contra viento y marea, aun sabiendo que el único destino cierto para quienes ponen bombas, secuestran, extorsionan, asesinan es la cárcel. Todo etarra sabe -o debiera saber- que tarde o temprano comparecerá ante un tribunal de justicia que lo condenará a decenas de años de prisión, en donde se pasará media vida. ¿Por qué seguir en la brecha en tal caso? Porque probablemente la patología que afecta a todos los etarras, los de dentro y los de fuera, es una forma del síndrome de omnipotencia infantil. Saben que por hacer lo que hacen le caen a uno quinientos o seiscientos años, pero piensan que eso no les pasará a ellos.

Es curioso comprobar cómo el mismo gobierno que intentó negociar la paz con los terroristas, lleva adelante una actividad represiva de etarras tan contundente que la banda no ha podido causar más daños que algunos materiales y los habituales al sentido común y la decencia humana que perpetran cada vez que hablan ya sea en forma de entrevista o de declaración. Es decir ahora sí que es cierto que ETA está más débil que nunca.

Este escenario de debilidad bélica etarra coincide con una situación en que el partido que gestiona los asuntos de ETA en lo civil, Batasuna, está prohibido y sus dirigentes, todos enchironados; con un momento en que los partidos políticos que se ha ido sacando de la manga Batasuna están a su vez suspendidos o impedidos de presentarse a las elecciones y en que la llamada "izquierda abertzale" no conoce respiro en la persecución de todas aquellas voces que inciten a la ilegalidad. Y no pasa nada. Ni en el País Vasco ni en la Paflagonia. Esa Izquierda abertzale convocó a una huelga general en el País Vasco, no en Euskal Herria, ente político-desiderativo en donde gusta realizar actividades, que no siguió ni Dios en Euzkadi porque hasta Dios está harto de estos gamberros. Ante tanto dejamiento, la izquierda gamberra decidió quemar un par de contenedores y algún autobús que se le cruzó en el camino para hacerse notar. Está claro que no tiene nada mejor (o peor, según se mire) que hacer.

Uno pensaría en que es el momento de mostrar algo de inteligencia, aprovechando las circunstancias para salir con uno de esos interesantes comunicados en Gara pero esta vez anunciando el fin del negocio terrorista. Podía hacerlo antes de las elecciones del 9 de marzo con un mensaje que dijera: salga quien salga elegido, ETA negociará la deposición definitiva de las armas.

¡Ah, pero no puede ser! No puede ser porque el señor Ibarretxe ha puesto en marcha una "solución" ilegal e inmoral al sedicente conflicto y necesita la cobertura de las pistolas para meter a la gente suficiente miedo en el cuerpo y que vaya a votar que sí. He aquí la última funcionalidad del espectro de ETA: mantener vivo el canguelo del personal mientras se celebra un atropello disfrazado de consulta para saber qué quiere esta sociedad, amedrentada por los asesinos de las pistolas y los pandilleros incendiarios.

Pesada como la vida misma.

El Goya a la mejor peli de este año recayó sobre La soledad, de Jaime Rosales. Competía con El orfanato y Las trece rosas, dos pelis que ya he visto y comentado en este blog. De inmediato se organizó cierta controversia, dado que las dos últimas son muy taquilleras mientras que la premiada apenas había levantado interés. Se volvieron a oír los famosos argumentos de que lo que se vende es malo y lo bueno no tiene salida en un mercado dominado por la masificación y el mal gusto. Para poner en guardia a cualquiera. No obstante, me armé de valor y fui a verla.

No estoy muy seguro de entender las razones que justifican que se haya concedido el principal premio de la cinematografía española a esta cinta. Supongo que el jurado o quien tomara la decisión, valoró su extraordinario realismo que, en acción y diálogos, es un verdadero espejo de la vida de la gente. Y también tomaría en cuenta determinadas audacias formales, que convierten a la peli en un film experimental, como la partición de la pantalla, la cámara fija durante largos periodos mientras la escasa acción se realiza fuera de campo. La decisión recaería en el momento en que ambos aspectos se unen: una peli experimental que narra una historia cotidiana, de gente normal, sin importancia, sin interés, en definitiva, sin historia.

Parece que el director haya decidido reproducir fielmente la realidad ordinaria de gente anónima, en cuya tarea ha introducido tres crisis profundas (una operación de cáncer, un atentado terrorista con resultado de muerte y un ataque al corazón) pues, de otro modo, la peli a duras penas podría pasar de los cinco minutos y dura casi dos horas.

Comprendo que las bandas sonoras de las películas son verdaderos abusos, dado que la vida real no lleva partitura de acompañamiento y que se trata de una mera convención narrativa. Pero casi dos horas sin música alguna, acompañado solamente de los ruidos de la calle se hace pesado. Y no ayuda a aligerar la cosa lo rebuscado de los planos y los encuadres. Como si en todo momento el director estuviera pensando en foto fija, con una cámara que suele quedarse fuera de los recintos, incluso fuera de los edificios, como si se estuviera haciendo pintura más que cine

En cuanto a la historia es difícil hablar porque no existe. A los personajes les pasan cosas como podrían no pasarles y reaccionan de una u otra manera. No es difícil identicarse con varios de ellos, las tres hermanas, por ejemplo, la propia protagonista, que trabaja de azafata de congresos; pero es solo por el exterior por que del interior sabemos poco; no sabemos en qué trabajan las hermanas y los caracteres están estereotipados.

La extraordinaria lentitud de la narración, que parece regodearse en los encuadres más formales llega a momentos de verdadero hartazgo. Ni un Goya ni diez Goyas podrán convencer a la gente de que vaya a ver esta peli.

dissabte, 16 de febrer del 2008

No me creo el empate.

Doctores tiene la Iglesia y si el CIS dice que hay una diferencia de 1,5 puntos entre el PSOE y el PP en intención de voto de los españoles y que esa diferencia se puede traducir en que obtengan igual cantidad de diputados, será verdad. Pero yo no me la creo. No estoy diciendo con ello que el CIS mienta. A diferencia del PP tengo un gran respeto por nuestros organismos de investigación, estadísticos y de otro tipo. Creo que el CIS es un centro magnífico, como creo que el Instituto Nacional de Estadística es también un instituto ejemplar y que no hay derecho a poner en duda su profesionalidad cuando los datos que proporcionan no son del gusto de uno, que es lo que hace sistemáticamente la derecha española, esto es, tratar de destruir las instituciones democráticas, atentando contra su prestigio y dignidad.

Entonces, ¿por qué no creo que haya una diferencia de 1,5 puntos entre el PSOE y el PP? Porque pienso que el CIS no miente pero los encuestados, la gente, sí y que ocultan su intención de voto por varias razones. Una de ellas, me parece, es la desconfianza típica de la cultura política española de no revelar datos personales por lo que pueda pasar. Otra, concomitante, una manifestación típica de la famosa espiral del silencio en versión hispana. La oposición del PP es tan bronca, tan agresiva y atemorizadora que inspira miedo. La gente piensa: "estos son capaces de cualquier cosa". Y, efectivamente, así es, con lo que muchos ocultan su voto o, simplemente, mienten por precaución.

Para verlo con claridad basta con ir a la página del CIS en que se publica la encuesta preelectoral de elecciones generales y al Parlamento de Andalucía y en ella se verá que todos los datos son consistentes para anunciar una victoria holgada del PSOE y una derrota considerable del PP, todos excepto el de la intención de voto directo. Veamos algunos:

Gestión del Gobierno y gestión de la oposición: el 28,8% cree que la gestión del Gobierno ha sido buena o muy buena, el 42,6% regular y el 26,9% mala o muy mala mientras que en el caso de la gestión de la oposición por el PP los datos son: 11,9% buena o muy buena, esto es, 16,9 puntos de diferencia, regular el 34,4%, 8,2 puntos de diferencia y el 36,2% sostiene que es mala o muy mala, una diferencia de 6,6 puntos porcentuales, a favor del PSOE.

Comparativa. Preguntada la gente sobre si cree que el PP haría las cosas mejor, igual o peor que el PSOE en trece asuntos específicos como la inmigración, la política territorial, la vivienda, etc, todos los puntos son negativos para el PP en un abanico que va desde 2,3 puntos en gestión de la economía hasta 22,7 en política social.

Popularidad. El señor Rodríguez Zapatero tiene un índice de popularidad de 5,36 y el señor Rajoy de 3,95 ambos sobre diez, lo que quiere decir que la diferencia de 1,41 puntos es mucho y tiene consecuencias muy graves en un tiempo que se caracteriza por un alto nivel de personalización y ello sin olvidar que en la comparativa por temas, también hay una consistente superioridad del PSOE. Obsérvese por lo demás que el señor Rodríguez Zapatero inspira mucha o bastante confianza a un 40,1% de los encuestados, mientras que el señor Rajoy sólo se la inspira al 21,4%, esto es, 18,7 puntos por debajo del Presidente. Éste le ofrece poca o ninguna confianza al 56,4% de los encuestados mientras que en Rajoy confia poco o nada el 74,5%, de nuevo una diferencia de 17,1 puntos a favor del señor Rodríguez Zapatero.

Pronóstico. El 52,4 % cree que el PSOE ganará las elecciones y sólo el 15,3% cree que las ganará el PP. Este pronóstico se modera un poco cuando se pregunta a la gente qué partido le gustaría que ganara pues sólo el 40% dice que le gustaría que ganara el PSOE y el 25,3% que ganara el PP.

Todos estos datos son congruentes entre sí y preanuncian una victoria clara del PSOE. La cosa se contrae algo cuando se pregunta a la gente a qué partido votará y por cuál siente mayor simpatía. Agregando intención y simpatía las cantidades son: 37,1% para el PSOE y 24,5 para el PP, esto es, una diferencia de 13,6 a favor del PSOE. Por último, como se sabe, la estimación final que hace el CIS es del 40,2% para el PSOE y 38,7% para el PP, la famosa diferencia de 1,5 puntos.

Esa estimación, sin duda, es correcta, a la vista de los datos mudos y ciegos, pero no encaja con lo que uno ve intuitivamente en los otros resultados. Y no encaja porque nos lleva a la conclusión sin sentido de que la gente votará más por el líder al que valora menos y menos por el que valora más; que votará al partido que cree que hará peor las cosas y no lo hará por el que cree que las hará mejor.

Es lógico que el CIS haga esa estimación; lógico y riguroso. Por mi parte, como no soy el CIS y puedo dejarme llevar por la intuición, auguro al PSOE un resultado en torno al 45/46% del voto y al PP uno en torno al 33/35%, y si el PSOE no se alza con la mayoría absoluta poco ha de faltarle. Es una mera suposición: el voto al PSOE está oculto; pero está, dado que el porcentaje de quienes dicen que irán a votar seguro y quienes lo harán probablemente es del 79,9%, del cual el 68,9% tiene el voto ya decidido.

Pero que la gente lo tenga decidido no quiere decir que se lo diga al encuestador. Por lo demás, tácticamente hablando, está bien que los resultados parezcan tan apretados porque así se movilizará más el electorado de izquierda, que es el más proclive a la abstención. A las relativas pruebas me remito: en 1982 el PSOE obtuvo mayoría absoluta con la abstención más baja de la historia de la democracia (el 20,03%); en 2000 fue el PP el que obtuvo esa mayoría absoluta con la abstención más alta (31,29).

Los rostros antiguos.

El museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación de la Caja de Ahorros de Madrid presentan una interesante exposición sobre Modigliani o, mejor dicho, sobre el contexto de Modigliani ya que en ella se hace especial hincapié en poner de manifiesto las influencias que se fueron acumulando sobre este artista italiano, judío sefardí que falleció prematuramente en París, luego de una tumultuosa vida. La exposición cuenta con suficiente obra del autor, suficiente y variada pues junto a los óleos, hay varias muestras de esculturas suyas en piedra y algunos dibujos y, aunque encuentre fastidiosa esta costumbre que tienen las dos instituciones de partir el material, obligando a los visitantes a trotar por el centro de Madrid desde Recoletos a la Plaza de Celenque si quieren verlo, merece la pena.

La mezcla resulta extraordinariamente explicativa. Sobre todo en el caso de las piezas en piedra. Modigliani se consideraba antes que nada escultor y a la escultura dedicó cinco años enteros de su época más creativa y cuando hubo de abandonarla por razones de salud, nunca lo hizo del todo. Con independencia de otros factores que han actuado en la obra del artista, en la medida en que éste alcanza un estilo propio, inconfundible y absolutamente personal es porque hace una pintura "escultórica"; esto es, antes era un escultor que esculpía; ahora, un escultor que pinta. De ahí que sus desnudos tengan tanto volumen y un aspecto macizo. Se concentró en el retrato (en buena medida lo que le daba de comer) y pintaba con ojos de escultor.

La influencia más duradera en la obra de Modigliani es el estilo del arte africano de la representación de figuras y sobre todo de las máscaras, que empezaron a llegar a Europa desde el último tércio del siglo XIX, cuando se consolidaron los grandes imperios coloniales francés, belga e inglés en el continente negro. Son las figuras que el artista pasa a la piedra y luego aplica a las que pinta al óleo, consiguiendo efectos sorprendentes, como de "desindividuación" de sus retratados, de configuración como imágenes misteriosas, llenas de secretos, lo que les da mucha fuerza. Viendo algunos de sus desnudos uno entiende que, en la única exposición sobre su sola persona que se celebró en París en 1917 en vida del autor, el jefe de la policía parisiense mandara cerrarla a las horas de abrirse. Hoy estos desnudos parecen inocentes y hasta un poco fríos por su aspecto escultórico pero en 1917, en plena Guerra Mundial seguramente resultaban escandalosos.

La obra de Modigliani muestra influencias renacentistas claras. En muchos de los retratos se viene a la memoria El Parmigianino y en los desnudos se encuentra la sencillez y sensualidad del Giorgione y Tiziano. No siendo eso, Modigliani estudió y siguió de cerca la pintura de Cézanne y Toulouse-Lautrec, que dejaron huella en su obra estando ésta abierta a los influjos de sus amigos, como Chaïm Soutine, Utrillo, Gris, Picasso, etc. a algunos de los cuales retrató y hasta más de una vez.

En las series de retratos puede verse una búsqueda incesante de un estilo propio, de recursos expresivos, pero también de una visión interior que trataba de extraer de cada figura un significado especial o puede que, antes bien, se tratara de un intento de imponer ese significado consiguiendo así unas composiciones simbólicas y complejas de una gran fuerza y belleza y siendo al mismo tiempo indiscutiblemente su estilo. Está bastante claro en el impresionante retrato de Jeanne Hébuterne de la izquierda, cuya figura inverosímil, serpenteante, parece brotar del cuadro, compuesto deliberadamente en dos dimensiones.

Es imposible saber en qué hubiera acabado aquella vivencia palpitante, aquella búsqueda e introspección permanentes que fue la vida de Modigliani, el Modi de Montparnasse, cuyo apócope suena como "maldito" en francés. Como maldito se consideraba a sí mismo aquel hijo de judíos italianos que había crecido en una juventud empapada de Nietzsche y formado escuela en torno a Los cantos de Maldoror, que sería después el libro de cabecera de los surrealistas. Pero algo es claro: en el poco tiempo que le fue dado vivir, dejó una obra personalísima, única, inclasificable, concentrada obsesivamente en los dos motivos de los retratos y los desnudos que lo hacen brillar a la altura de los mejores.

divendres, 15 de febrer del 2008

Más del pisito del ministro.

A la vista de las reacciones que se produjeron ayer ante la noticia de los 250.000 euríviris del erario público que el señor ministro de Justicia del Gobierno socialista se ha gastado en acondicionar el piso oficial en el que habita, he llegado a una conclusión: los de izquierdas somos magníficos; no nos equivocamos nunca; jamás metemos la pata; y cuando parece que lo hemos hecho, peor está el PP, que ahí sí que hay tomate.

En primer lugar se manifestaron los sicarios del PSOE, que también los hay, pues esa no es categoría privativa del PP, gente que sale siempre en defensa del vencedor a cambio de jugosas prebendas, recurriendo al "y tú más" y diciendo que en el PP sí que se lo llevan crudo, como si eso fuera un argumento que mitigara o incluso anulara la lógica indignación que debe producir un comportamiento tan despilfarrador. La izquierda tiene que dar ejemplo e igual que un presidente de un gobierno socialista no puede subirse al Azor de Franco, un ministro socialista no puede gastarse un cuarto de millón de euros, o sea cuarenta y un millones y medio de ex-pesetas, en arreglar la casa en la que vivirá transitoriamente ni siquiera aunque tuviera que cambiar los cimientos, que no era el caso.

También escuché que quienes levantamos la voz por un comportamiento que no es de recibo estamos haciendo la campaña electoral a la derecha. Hay que jorobarse. Pues no, señor; quien está haciendo la campaña electoral a la derecha es quien se gasta 250.000 euros en reformas caseras en un país en cuya capital hay un millón y medio de trabajadores que no llegan a los mil euros al mes. La campaña a la derecha se la hace quien no quiere abordar las cuestiones directamente, quien quiere acallar la crítica y, en definitiva, ocultar los desmanes sin darse cuenta de que eso es lo que más daño puede hacer a la causa de la izquierda. Dice la señora Aguirre, cuya falta de ética es proverbial, que la izquierda carece de derecho a invocar ninguna superioridad moral. Tiene razón: quien invoca esa inexistente superioridad suele ser un granuja. La izquierda no tiene superioridad moral alguna; simplemente tiene una actitud de exigencia ética que comportamientos como el del ministro de los 250.000 del ala destruyen,

Por último oí que los ministros tienen derecho a valerse de los bienes de dominio público, incluso necesidad de ello, y que los empresarios y negociantes de la derecha hacen cosas peores y nadie dice nada. Es posible; yo lo diría pero, en todo caso, si no es en estas cosas ¿en qué se diferenciará la izquierda de la derecha? Y, en todo caso, si nos callamos, como pretenden todos los que quieren que no se hable del asunto, que se dé por no sucedido, ¿no es esa la mejor fórmula para que este comportamiento se repita?

Entiendo que la gente de la izquierda no lo somos por interés, vanidad o afán de poder, sino por convicción, y no es de recibo que esa condición entre en crisis y desaparezca a causa de comportamientos que sólo pueden originarse en la prepotencia del consumo ostentoso.

Risas en la blogosfera.

No todo han de ser temas graves y hasta fastidiosos. Mi amigo Tom me envía el video siguiente sobre gatos. No tiene palabras y al principio hay un breve texto en inglés que, traducido al español, dice:

Lanieriloo presenta….
probablemente uno de los montajes legendarios….
más divertidos…
hilarantes y un poco desconcertantes…
de la Sociedad Youtube.

¡Señoras y caballeros…
les presento a…
Gatoz.!
He aquí el vídeo, tremendamente popular en la red. La música es el canon.
:


Gracias, Tom.

Iberoamérica y literatura.

Ha salido el número 19 de la revista Quórum, que dirige Manuel Guedán y edita la Universidad de Alcalá de Henares. Es una publicación interesante, en cuidado diseño y formato original, que trae una cumplida información sobre algún tema monográfico latinoamericano y artículos sueltos de una variedad de materias y disciplinas. El núcleo de este número es la política exterior de España en América. Un artículo de Celestino del Arenal hace balance de la política española en el Nuevo Mundo y sigue el desarrollo de las últimas cumbres iberoamericanas en Costa Rica (2004), Salamanca (2005) y Montevideo (2006). La muy pintoresca de 2007 se produjo cuando ya estaba en imprenta este número de Quórum.

Siempre en Latinoamérica tiene especial interés un artículo de José Antonio Sanahuja que examina en términos cuantitativos la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) viendo cómo ha evolucionado en los últimos años y cómo se incrementa para los siguientes. El autor elabora una especie de política de cooperación para los próximos años mientras que Cástor Díaz Barbado cree arbitrar un lugar especial para España en el espacio latinoamericano. Por último, Caterina García proyecta se atención inmediata en Las relaciones de España con Estados Unidos, un punto de fricción entre ambos países. parece haber un acuerdo general entre los autores en que el Gobierno socialista consiguió recomponer la política española en el continente americano que había quedado seriamente dañada con el servilismo del señor Aznar ante las aventuras imperialistas del señor Bush.

La revista trae también un artículo de Roberto Goycoolea sobre arquitectura y sociedad, especialmente sobre la adaptación de las nuevas ideas arquitectónicas a las ciudades de hoy que he encontrado de gran interés por no ser un aspecto que se trate con frecuencia y con el debido rigor.

Por último merece la pena reseñar dos interesantes aportaciones de cuestiones literarias. Una de ellas es un diálogo entre dos celebrados novelistas latinoamericanos de hoy, Jorge Volpi y Mario Bellatín, moderado por Caridad Plaza que se presenta como un mano a mano "sobre el fin de las ideologías" pero que, gracias a los dioses, no versa sobre tan manido tema sino sobre cuestiones específicamente literarias de la novela actual. Ambos autores definen el panorama literario latinoamericano como muy influido por la obra de Roberto Bolaño, al que los dos rinden tributo. Coincido con ellos; con Bolaño desapareció prematuramente un creador que, habiendo dado prueba de poderosa personalidad, aun hubiera producido mucho más pues mucho más era lo que se intuía en su obra publicada que lo que en ella era manifiesto.

La otra es un magnífico artículo de Santiago Roncagliolo sobre literatura y emigración, especialmente interesante ahora que la inmigración se ha convertido en un espantajo que la derecha española agita para atemorizar a la gente. Invocando el ejemplo adelantado de su paisano el inca Garcilaso de la Vega, Roncagliolo viene a decir que el mestizaje, el cosmopolitismo de nuestra época está generando un tipo nuevo de literatura. Curiosamente, es de lo mismo de lo que hablan los dos novelistas antes citados, Volpi y Bellatín, que ambientan sus narraciones en lugares extraños y llegan a la muy acertada conclusión de que no hay literaturas "nacionales" en español. Roncagliolo escribe:

"Al interior de la misma Europa, conforme la integración avanza, las diferencias de lengua y escenario se van diluyendo. El checo Milan Kundera escribe en francés, una novela de Susana Fortes transcurre en la Albania comunista, el italiano Tabucchi ambienta sus novelas en el Portugal salazarista. El desdibujamiento de las identidades nacionales no es una particularidad de los que vienen de fuera. Lo que se está perdiendo culturalmente es la necesidad -o la posibilidad misma- de un "afuera"."

Roncagliolo ilustra su punto de vista tomando el ejemplo de Salman Rushdie (un inmigrante en el Reino Unido) y los muy nuevos Hanif Kureishi y Zadie Smith que ya no son inmigrantes, sino británicos. No trata, aunque lo menciona, el caso de V. S. Naipaul, un indio nacido en Trinidad y afincado en Londres, cuya espléndida obra refleja esa mezcla de miradas, esa polifonía que ya no pertenece a parte alguna. La idea de Roncagliolo es brillante: la literatura no brota dentro de unas fronteras nacionales que definen un horizonte cultural sino que se ha globalizado. Él no usa la expresión, pero es como si lo hiciera.

Por mi parte, cuando me paro a pensar en este fenómeno me entra la curiosidad por imaginar qué diría un hombre cómo E. M. Forster, tan dado a lo transcultural (Un viaje a la India, Una habitación con vistas, Howard's End) de esta otra visión literaria de los Naipaul o los Rushdie. Y esto por no mencionar la literatura de un pueblo que lleva siglos siendo inmigrante en todas partes, transterrado, el pueblo judío. ¿No es éste el caso, por ejemplo, de Philip Roth y su alter ego, Nathan Zuckerman?

dijous, 14 de febrer del 2008

El pisito del Ministro.

¿Cuánto puede costar un ático de doscientos veinte metros cuadrados en el centro de Madrid a los precios de hoy? Entre dos y tres millones de euros. ¿Y de alquiler? Pues de seis a nueve mil euros mensuales. Ya me parece mal que los ministros ocupen viviendas tan lujosas a costa del erario público en un país donde un porcentaje muy elevado de la población vive ahogado por las hipotecas de su casa y muchos de los que no tienen hipotecas es porque aún no han conseguido emanciparse y siguen en casa de sus padres. Me parece muy mal y peor en un Gobierno de izquierda, socialdemócrata. Porque si a los seis o siete mil euros de sueldo que cobrará un ministro al mes se añaden los nueve mil del alquiler, nos encontramos con un sueldo real de quince mil euros mensuales, sin contar otras bicocas. Una afrenta para los mileuristas y los que no llegan ni a mileuristas.

Si a lo anterior sumamos unas reformas por valor de 250.000 euros, esto es, el precio de un miserable pisito de setenta metros cuadrados en el extrarradio de Madrid, por el que muchas familias están entrampadas hasta las cejas, el asunto ya no sólo me parece mal, sino de juzgado de guardia.

No digo que los gobernantes de izquierda hayan de vivir con una austeridad herreriana (aunque no estaría mal que lo hicieran, para dar ejemplo), que hayan de ser todos sobrios y estrictos como Robespierres. Pero de ahí a regodearse en el boato y el dispendio de los caudales públicos cual si esto fuera la corte de Felipe IV, media un abismo. Estos comportamientos, propios de sátrapas, revelan falta de sensibilidad hacia las condiciones ordinarias de la población.

Quiero creer que en este caso se ha puesto en marcha un protocolo administrativo automático del que el señor Fernández Bermejo no sabía nada; quiero creer que nadie consultó con el señor Fernández Bermejo ese presupuesto de 250.000 euros, lo cual permitirá destituir de inmediato a quien haya tomado la decisión; quiero creer que el señor Fernández Bermejo saldrá hoy a dar cumplidas explicaciones de este asunto. De no ser así, corregiré mi juicio sobre el señor Ministro. Lo tenía por un hombre de izquierda, alegre e ingenioso. Pero va a resultar que es una repetición de aquellos majaderos que rodearon un tiempo a Felipe González, conocidos como la "gente guapa".

Porque no hace falta ser muy retorcido para preguntarse cómo quedan las raquíticas ayudas de doscientos, trescientos, quinientos euros que el Gobierno va dando por ahí a los jóvenes, las madres, las gentes con dificultades a la vista de las astronómicas cifras que estos generosos gobernantes se asignan a sí mismos para sus gastos y caprichos.

Que no es de recibo criticar los despilfarros de la derecha en el gobierno para hacerlos después iguales o peores.

(La imagen es una foto de Juan Pellicer bajo una licencia de Creative Commons).

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La izquierda en elecciones.

Ya están en la calle los amigos de Trasversales a menos de un mes de las elecciones generales con mucha información y opinión sobre la consulta. La propia revista editorializa en Agenda 2008-2012 dando razones que comparto para el voto "progre" (PSOE, IU, PSC, IC-V, BNG, CHA, Verdes...) y añado ERC, por supuesto. Las razones son muy convincentes: que los cuatro años de gobierno del PSOE han sido años de reformas y cambios para mejorar la condición de amplios sectores sociales, los más desfavorecidos. Trasversales presenta también una especie de programa de reformas "progres" que se trata de impulsar en la segunda legislatura del señor Rodríguez Zapatero. A veces he escrito aquí que el Gobierno podía echarse un poco más a la izquierda, que hay margen para ello en la sociedad española sin riesgo de quedarse aislado en el lunatic fringe del "izquierdismo" que no sólo fue la enfermedad infantil del comunismo, según Lenin, sino que también es la senil, como ya vio en su día Daniel Cohn-Bendit. Los de Trasversales me ahorran la tarea de especificar en qué consistiría ese "echarse un poco más a la izquierda" enunciando una serie de cambios y reformas que suscribo. Son estos:

* ¿Qué tal que el Estado y la escuela sean laicos, que ninguna convicción goce de privilegios frente a otras, que la religión salga del currículum y del horario escolar, que se revise de una vez el Concordato con El Vaticano?
* ¿Qué tal que una oferta pública garantice lo que el mercado nunca garantizará?: una vivienda de alquiler digna en la que vivir a un coste acorde con los ingresos de quienes la necesiten.
* ¿Qué tal la despenalización del aborto voluntario, nuevos impulsos a la igualdad entre mujeres y hombres, más medios contra la violencia machista?
* ¿Qué tal el reconocimiento del derecho de voto a los inmigrantes residentes y la elaboración de una Ley integral contra la xenofobia, la homofobia y todas las violencias de odio?
* ¿Qué tal el uso decidido de las nuevas leyes del Suelo y de Montes, así como de nuevas regulaciones, para poner fin al destrozo especulativo del espacio urbano, rural y costero?
* ¿Qué tal un giro en la política fiscal para que se acabe el "secreto a voces" de que los más ricos no pagan por lo que tienen y de que las rentas del capital están privilegiadas frente a las rentas del trabajo y de las pensiones?
* ¿Qué tal el impulso prioritario de la capacidad inspectora para hacer frente a los accidentes de trabajo y al incumplimiento de la legislación laboral?

El número que comento consagra asimismo varios artículos (de Juan Manuel Vera, Sonia Tridente, Carlos Artola y otros) a elaborar más en profundidad estos aspectos de cambio de la izquierda reformista, la única que, sin tirarse el pliego revolucionario, verdaderamente transforma el mundo, de acuerdo con la 11ª tesis sobre Feuerbach, de Marx.

La parte de ensayo monográfico de la revista se dedica a las "violencias del odio", que trae trabajos sobre la homofobia, el racismo, la violencia terrorista y la sentencia del 11-m. Me ha interesado en especial el de Beatriz Gimeno sobre la homofobia poniendo en solfa la llamada "homofobia liberal".

Recomiendo por último la lectura del artículo de Fernando Gil titulado El PP en la oposición: caiga quien caiga, en el que se hace un análisis exhaustivo del estilo de oposición de la derecha. El autor ha tenido la paciencia de recopilar algunos de los insultos que a lo largo de la legislatura ha recibido el señor Rodríguez Zapatero. Conviene no olvidar. Ahí van varios de ellos:

"Bobo solemne, perfecto imbécil, irresponsable, grotesco, frívolo, inconsecuente, indigno, cobarde sin límites, antojadizo, incapaz, veleidoso, insolvente, acomplejado, perdedor, hooligan, taimado, maniobrero, traicionero, chalanero, sectario y chisgarabís".

Añado Bambi, incompetente y genuflexo ante ETA. Un verdadero chorreo procedente de un partido que pone el grito en el cielo cuando los artistas llaman a sus afiliados "imbéciles". De todos modos, da gusto ver cómo los dirigentes del PP ya no insultan con tanta fruición: la legislatura ha acabado a su tiempo, sin elecciones anticipadas como pretendían; lo realizado en ella ha sido considerable; y todo apunta a que el PSOE volverá a ganar las elecciones, en mi opinión con una mayoría holgada.

Resultó que el perfecto imbécil no era tan imbécil, sino que los imbéciles eran otros.

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