jueves, 31 de mayo de 2012

La pintoresca comparecencia de Dívar

Hoy ha comparecido Carlos Dívar para dar explicaciones sobre los viajes de fines de semana caribeños, denunciados por un vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) como presunta malversación de fondos. Asegura haberlo hecho a petición propia, pero todo el undo sabe que se debe a la presión de la opinión y, sobre todo, de sus colegas, poco propicios a que los salpique este ambiguo asunto. No ha aceptado culpabilidad alguna, asegura tener la conciencia "absolutamente tranquila", sostiene que no ha hecho nada que no hagan otros presidentes de órganos del Estado y afirma contundentemente que no ha cometido "ninguna irregularidad jurídica, ni moral, ni política". Preguntado si ha considerado la posibilidad de dimitir, afirma que nunca ha pensado en la posibilidad de dimitir, como si eso fuera una prueba de algo.
La comparecencia, cuidadosamente preparada, con palabras medidas al milímetro, con razonamientos que quieren ser contundentes y no pasan de ser circunloquios, deja una extraña impresión; como si Dívar no estuviera hablando, sino recitando una lección aprendida. Una parte de la declaración era leída y, por lo tanto, cuenta poco pues lo escrito estaba cocinado antes y, al someterse a las preguntas en donde las respuestas deben ser espontáneas el presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo se ajustaba a un guión de exculpación que es evidente le habían preparado y que, aunque quisiera disimularlo, no evitaba el permanente choque entre lo que es y lo que se quiere que sea. De ese modo entreveraba las explicaciones y justificaciones sobre un comportamiento que sostenía era intachable con el anuncio de que el órgano que preside va a tomar medidas para hacer que nunca más pueda repetirse ese intachable comportamiento, lo cual es verdaderamente divertido. Sin duda consciente de la contradicción de todo el acto Dívar estaba muy tenso, tropezaba con algunas palabras, llegaba a equivocar el tiempo de algún verbo (un "habría" por un "hubiera") y venía a insinuar que sus viajes están protegidos por una especie de secreto o confidencialidad del cargo, como si fuera de los servicios secretos, pero sin decirlo claramente ya que tal cosa no es cierta.
En definitiva, la comparecencia es un típico acto fallido porque no solo no disipa las sospechas sino que las acrecienta. El propio Dívar, como magistrado, está harto de saber que las declaraciones exculpatorias de los acusados carecen de todo valor. De qué sirve que asegure (eso sí, con mucho énfasis y prosopopeya) que no ha "cometido ninguna irregularidad juridida, ni moral ni política". ¿Acaso le corresponde a él decidirlo? Lo mismo dirían, si los dejaran, todos los delincuentes que en el mundo han sido. ¿Y qué valor puede tener esta afirmación sin valor alguno teniendo en cuenta que se presenta como un sustituto de una franca explicación con rendición de cuentas completa incluida la identidad de quien o quienes le acompañaba(n) en los viajes?
Si Dívar quería, en efecto, ser transparente, le bastaba con serlo, sin escenificar ese pintoresco escenario concebido para impresionar a ingenuos. Y si, por razones efectivas y reales, no pudiera serlo, le hubiera bastado con pedir la constitución de una comisión en el seno del CGPJ o del propio parlamento que se comprometiera a escuchar su explicación con obligación de guardar silencio.
Pero no ha hecho nada de eso sino que se ha limitado a afirmar su buena voluntad y su cumplimiento de una norma que él mismo reconoce que estaba "desfasada", razón por la cual será cambiada precisamente para hacer imposible que Dívar pueda seguir con sus fines de semana caribeños. En resumen, Dívar no ha comparecido para justificar sus actos sino para justificar su negativa a justificar sus actos.
La imagen es una captura del vídeo de la comparecencia de Dívar publicado por el diario El País

La Gran Nación se tambalea.

La cara de susto de MAFO, muy parecida a la que se les pone a los brokers cuando se hunde una bolsa inopinadamente ya lo dice todo y haría innecesaria esta entrega si no fuera por la necesidad de explicarnos cómo hemos llegado hasta aquí.
Hasta aquí quiere decir aquella situación en que hemos pasado de tener uno de los sistemas financieros y bancarios más sólidos del planeta (en enérgica afirmación de Rodríguez Zapatero hace cuatro años) a estar calificados de bonos basura y no ya solo los bancos sino el país en su conjunto. Incidentalmente, una sola pregunta con referencia a aquella afirmación de Zapatero: ¿con qué grado de conocimiento de causa hablan los gobernantes en momentos especialmente difíciles? Sin duda, cuando Zapatero ensalzaba la solidez de la banca española no lo hacía de mala fe o para engañar; simplemente, no tenía ni idea de la situación. Mala costumbre esta de decir cualquier cosa para salir del paso. Lo mismo sucede con Rajoy. Afirma categórico que España no necesitará rescate. ¿En qué se fundamenta cuando la realidad pulveriza día tras día las bases de sus cálculos? Obviamente en nada. En sus deseos, supongo y en su firme convicción moral de que España es una Gran Nación.
Los escasos planes y proyectos de Rajoy yacen pulverizados a los pies de ese Moloch que se llama la prima de riesgo. Tengo para mí que el pánico que infunde la tal prima es exagerado. Suele compararse con la de Grecia, Irlanda, Portugal en el momento de las respectivas intervenciones y todo el mundo espera el hachazo de un instante a otro. El primero de todos, el gobierno. Rajoy, en realidad, ya no gobierna sino que se limita a esperar qué oportunidades se nos ofrecen y qué órdenes se nos dan a cambio pues Bruselas (es decir, básicamente, Alemania) no condiciona sus decisiones a las informaciones de las autoridades españolas, a las que no cree, sino a las de los consultores y calificadores internacionales independientes y las de sus propios emisarios. Este puñado de individuos extranjeros es el verdadero gobierno de España que está intervenida de hecho. Por eso la prima de riesgo no es muy significativa: puede tirar hacia arriba si detecta que el gobierno español sigue haciendo chanchullos y trata de escabullirse de la dura disciplina europea (sobre todo cuando parece va a acordársenos una moratoria, algo por lo que, por cierto, había luchado inútilmente Rubalcaba), pero no se ejecutará, por así decirlo, mientras España se ciña a las condiciones del rescate blando que se está imponiendo. 
Lo que más impulsa la prima de riesgo no es la conjura judeomasónica gibraltareña y exterior, como quieren el ABC y La Razón sino las aventuras de la picaresca, la corrupción nacional. El gobierno trata por todos los medios de impedir que se sepa qué sucedió con Bankia, es decir, trata de encubrir lo que está pareciendo cada vez más una estafa de proporciones mayúsculas. Siendo así que la transparencia y honradez del gobierno es un requisito imprescindible de la gobernación actual a la hora de gozar del crédito exterior, ese encubrimiento esta causando el alza de la prima y no el hecho de que se pitara el himno nacional en el fútbol, como sostiene no sé cuál de los ministros porque todos rivalizan en decir disparates.
En "emergencia total" ve Felipe González a España y en "emergencia total" considera El País la Unión Europea. Y toca a rebato, sumándose a otros grandes rotativos europeos en busca de ideas aúreas que salven la Unión. Llegados aquí, Palinuro no resiste la tentación de recurrir a su acrisolada doctrina de la Europa de la chapuza. Europa se encuentra cíclicamente al borde del abismo; cuando se abre esta conciencia, surgen ideas grandiosas. Por ejemplo, Felipe González habla de soberanía compartida. Casi parece haberse hecho nacionalista vasco o catalán. No haya cuidado: la misteriosa fórmula reza de puertas para fuera, no para dentro. Y siga sin haber cuidado, tampoco para fuera tiene sentido. La soberanía no se comparte como el que comparte un predio o una piscina, cosas externas y ajenas a nosotros. La soberanía la llevamos con nosotros y la ejercemos todos juntos pero es solo una. Puede coexistir con otras soberanías (es la costumbre) pero no compartirse con ellas. Es más, cuando se da la compartición es a la fuerza y en condiciones nada simétricas. Por ejemplo, Alemania comparte la soberanía de Grecia pero Grecia no comparte la de Alemania. ¿Y España, la Gran Nación? Blowing in the wind.
Las ideas grandiosas nunca han salvado a Europa de las crisis. Lo han hecho las chapuzas. Y de nuevo será una chapuza la que resuelva la situación porque en el ánimo de todos parece estar la idea (ignoro si correcta o incorrecta) de que si la Unión es cara, la no-Unión lo es más.

miércoles, 30 de mayo de 2012

El inevitable hundimiento de España.

No se trata solamente de que las reiteradas promesas de Rajoy en campaña electoral hayan resultado falsas e incluso lo contrario de lo que él decía. Eso es más o menos atribuible a la forma de la derecha de hacer política basada en la mentira, el engaño, la crispación y la agresión al adversario. Antes bien, se trata de que el presidente del gobierno ha seguido mintiendo una vez ocupado el cargo ya no para ganar las elecciones sino para tratar de resolver la crisis a su chapucero e improvisado modo. El problema es que nadie lo cree ya en Europa, nadie le hace caso, nadie da crédito a España, a causa de que, como explica muy bien el editorial de hoy de El País Opacidad sobre Bankia se trata de "un país que un día valora el déficit de 2011 en un 6% y meses más tarde corrige la cifra casi al 9%; un día informa de que el cuarto grupo bancario español gana dinero, y semanas más tarde, tras una atropellada nacionalización, confiesa haber perdido miles de millones". Y de esto no cabe culpar a la herencia de Zapatero, ni a la indolencia de los griegos, ni a la leyenda negra sino exclusivamente a la fabulosa incompetencia de este gobierno.
Y no solo la incompetencia. La cerrada negativa del PP a que nadie dé cuentas sobre Bankia en sede parlamentaria tiene una explicación sencilla: no quiere que se sepa cómo sus gobiernos autonómicos de Madrid y Valencia llevan años gestionando las cajas de sus comunidades como si fueran su peculio personal. Son los lugares en donde han enchufado a docenas de amigos y parientes con sueldos astronómicos y muchos de los cuales no saben hacer la "o" con un canuto, en donde han obtenido créditos fabulosos en condiciones paradisíacas, en donde han recurrido para sus chanchullos y sus financiaciones ilegales. De esta forma se explican ahora esas mayorías absolutas de las que se envanecían Aguirre y Camps: ganaban las elecciones a base de corromper todo el proceso. ... hasta que han arruinado las gallinas de los huevos de oro con notable quebranto para cientos de miles de personas. Ciertamente, se explica que el gobierno no quiera que nadie hurgue o investigue en Bankia, el último chiringuito fraudulento que se montó con la intención de ocultar la ruina de Caja Madrid y Caja Valencia. Se explica, pero no se justifica. Está bien que la oposición pida una comisión de investigación (petición a la que, por fin, se ha sumado el PSOE de tapadillo y vergonzantemente) pero, dados los indicios, debe intervenir la justicia. Probablemente en Bankia se oculta la mayor estafa, el mayor fraude hecho nunca a los ciudadanos por un partido político, quizá con la connivencia parcial de otros ya que, en definitiva, todos se beneficiban de esta situación.
Pero la gravedad de la crisis no viene solo del episodio de Bankia, sino del hecho ya evidente de que, aunque el resto de bancos y el sector financiero en su conjunto no esté tan tocado por el robo y la estafa como aquella, es obvio que se encuentra quebrado y en la ruina. No hay dinero para rescatar Bankia y mucho menos lo hay para salvar al conjunto de la banca, hundida en el cenagal del ladrillo. Si Bankia necesita, como mínimo, 24.000 millones de €, lo que precise el conjunto del sistema financiero será muchísimo más. ¿Cuánto? Es inútil preguntar a Rajoy, Guindos o Montoro porque no tienen ni idea y, además, mentirán como tienen por costumbre. Pero bastará con esperar el informe de los auditores extranjeros que estará listo en veinte días. Hay apuestas sobre cuánto necesitará España para sacar la nariz del agujero pero la mínima que he leído está en 260.000 millones de €. De la máxima prefiero no hablar.
Cuando esa cantidad figure en las primeras de los periódicos, España habrá quebrado como Grecia. Peor, incluso. Para entonces, las alternativas serán escasas: vender el país, vender sus habitantes, aceptar condiciones de mendicidad y esclavitud durante largos años o iniciar una revolución que, desde luego, no evitará la miseria pero, cuando menos, nos permitirá meter en la cárcel a los responsables de esta catástrofe.
Lo cual es sencillo porque hay uno que sobresale sobre todos los demás. Fue Aznar, con su ley de liberalización del suelo, el que puso en marcha la burbuja del ladrillo, que dio abundancia de recursos y dinero fácil durante unos años a cambio de endeudar el país hasta el punto de la inevitable bancarrota.
Rajoy no puede hacer nada. Nadie lo cree. En realidad, no gobierna. Farfulla ahora que hay que esperar las elecciones griegas. Otra de sus mentiras. Lo que hay que esperar, lo que verdaderamente va a determinar el destino de España, es el informe de los auditores extranjeros. Entre tanto, que Rajoy dé las gracias a Aznar por habernos puesto en esta situación. Que él le dé las gracias. Los demás debemos pedir su procesamiento. Ya que aún no se ha producido por el crimen de la guerra del Irak, quizá se pueda por haber causado la ruina de otro país: el suyo.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

¿En dónde está el PSOE?

Cunde la indignación en el país. A cada nueva noticia se alzan más voces escandalizadas pidiendo justicia, castigo a los culpables, depuración de responsabilidades y otras medidas en respuesta a un panorama de quiebra del sistema financiero inducida por una mezcla de decisiones erróneas, prácticas corruptas, presumibles delitos y puros disparates. A la parte alícuota de la crisis general de la deuda soberana que ha correspondido a España se añade un desastre bancario interno presumiblemente provocado por la manipulación de las cajas de Madrid y Valencia por el PP. Es decir, la particular experiencia patria es de un doble quebranto del que no cabe salir si no es aceptando asimismo doble sacrificio.
Lo malo de esta segunda tanda de restricciones y privaciones es que viene siempre acompañada con nuevas noticias que sacuden los cimientos del orden social y atacan la solidez de la base moral sobre la que se pretenden obtener los nuevos sacrificios. La lluvia de casos de corrupción, de ineptitud, de enchufismo o de despilfarro que jalonan el modo en que la derecha lleva años gestionando entidades como Caja Madrid o Caja Valencia en provecho propio o del partido, tienen a la ciudadanía encendida. Los casos escandalosos de gestores que han quebrado bancos, premiados con primas millonarias evidencian cómo son los mismos que provocaron la crisis, los banqueros, quienes nos han metido ella, los que pretenden ahora seguir especulando con una solución basada en el sacrificio de todos. 
La gota que ha colmado la medida ha sido la crisis de Bankia que tiene un grado considerable de estafa y el gobierno pretende soslayar mediante una solución in extremis que no parece vaya a salirle debido a la oposición del Banco Central Europeo. Sobre todo indigna que las autoridades impongan una política de secreto y silencio, impidan la investigación parlamentaria de los hechos, los oculten y pretendan que los responsables de esta catástrofe no asuman responsabilidad alguna. Todo mientras se exige que la gente redoble sus esfuerzos y peche con el rescate de las entidades quebradas quizá fraudulentamente. 
Por lo demás, vistos los acontecimientos desde las últimas elecciones del 20-N, está ya claro que Rajoy no disponía de plan alguno para sacar el país de la crisis como afirmó reiteradamente en la campaña electoral e igualmente lo está que en todo momento de su gobierno ha hecho lo contrario de lo que anunció previamente sin conseguir sin embargo los objetivos marcados. España no ha recuperado la confianza de los mercados sino que la ha perdido del todo y la crisis la están pagando y vienen pagándola los de siempre, los sectores más vulnerables que Rajoy se había comprometido expresamente a defender. A estas alturas no queda sector social alguno, fuera de los banqueros y los curas, que no se alce en contra de los engaños de Rajoy y el gobierno de la derecha.
La cuestión es ¿qué ha hecho el PSOE en estos seis meses? Y la respuesta no es tranquilizadora: prácticamente nada. Culpabilizado desde el principio de una crisis que no era suya, ignorado de hecho por un gobierno altanero que se negó a pactar nada con una oposición a la que siguió atacando con virulencia, el PSOE se esforzó por transmitir una imagen de lealtad, constructiva, que no confundía los intereses del Estado con los de un partido o un gobierno y que sabía encontrar terrenos de entendimiento para mejorar la política. En el curso de esta actividad responsable, dejó de aparecer como un partido de oposición activa. Eran tantos los puntos de encuentro con el gobierno del PP que la oposición en sentido estricto ha recaído sobre Izquierda Unida.
Llegado el momento crítico de Bankia, con la opinión prácticamente sublevada en contra de un gobierno que amnistía a los defraudadores, silencia sus fechorías o es cómplice de ellas mientras se ensaña con los más débiles, el PSOE tiene una actitud confusa, ambigua. Quizá obedezca a un responsable deseo de no calentar más los ánimos en una situación explosiva pero, de hecho, equivale a situarse al lado del gobierno y no de la ciudadanía cuando exige que se abra una investigación sobre las responsabilidades en la catástrofe. 
De acuerdo con las tendencias marcadas por los últimos sondeos y barómetros, la intención de voto del PSOE sigue descendiendo, Rubalcaba inspira menos confianza que Rajoy y su grado de popularidad sigue siendo inferior al de este, que ha sido históricamente bajo. Si el PSOE quiere volver a perder las elecciones en su día y proseguir por el sendero que lleva a la irrelevancia solo tiene que seguir con esta política de confusa colaboración con el gobierno, sin modularla con una firme defensa de los derechos ciudadanos, de exigencia de investigación parlamentaria, de depuración de responsabilidades por este caos de ineptitud, improvisación y ruina.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

martes, 29 de mayo de 2012

Los ladrones deben comparecer. Bankia: la estafa del siglo del PP.

(La primera y tercera imágenes son una foto de gobierno.edomex, y la segunda de Brocco Lee, ambas bajo licencia de Creative Commons).

La cerrada, numantina, negativa del PP a que los responsables de Bankia rindan cuentas del desastre que han ocasionado en el cuarto banco del país hace temer lo peor y, desde luego, autoriza a los atormentados ciudadanos a pensar lo que quieran tanto de los actos de los directivos como de sus protectores, amigos o aliados políticos. ¿Por qué negarse a una investigación que esclarezca los hechos? ¿Por qué bloquear las comparecencias? ¿Por qué impedir que se sepa la verdad de lo que ha pasado en los últimos diez años? ¿Por qué tapar, ocultar, encubrir hasta los mínimos detalles de una trayectoria que, siendo sin duda, desastrosa, también puede serlo delictiva?
¿Por qué va a ser? Porque en el PP hay muchos pringados en una gestión que más parece del crimen organizado que de un partido democrático. Una comisión de investigación podría hacer aflorar una cantidad de basura que quizá acabara con el gobierno de Rajoy y, desde luego, de Esperanza Aguirre. Porque así como el núcleo principal del latrocinio de la Gürtel se encuentra en Valencia, el de la gigantesca estafa de Bankia está en Madrid (sin descontar los resabios "gürtelianos" también en la capital) y en el hecho de que Caja Madrid fuera una entidad administrada durante años por las autoridades del PP, que se han valido de algunos representantes del PSOE e IU para callarles la boca con sueldos suculentos y hacer lo que les pareciera mejor para sus negocios, enjuagues y trapicheos.
Caja Madrid es la gran bomba fétida en la sentina de la derecha, el gran engaño, la gran estafa del siglo en la que el PP ha hecho lo que ha querido. Basta con una comparación: si, tras arruinar el banco es legal que un consejero arruinador se lleve 14 millones de euros de prima, ¿qué se habrán estado repartiendo en los negocios sucios, los trinques y los pelotazos?
Porque esta derecha española es de comunión diaria, de gritos cuartelarios que llaman patriotismo pero, en cuanto puede, roba todo lo que alcanza, desde activos financieros hasta las cucharillas de las fiestas. Si es legal llevarse 14 millones de euros por hundir un banco, ¿qué han hecho en lo ilegal que tan nerviosos están y no quieren que se sepa? ¿Desfalcos millonarios? ¿Información privilegiada? ¿Nepotismo, enfuchismo y clientelismo? ¿Financiación ilegal del partido? ¿Cohechos? ¿Malversaciones? ¿Apropiación indebida? ¿Falsificación de documentos? ¿Blanqueo de capitales? Probablemente todo eso y más.
La negativa del PP a la comparecencia parlamentaria de los responsables de este desaguisado es un intento de ocultar al pueblo español el alcance de un expolio organizado durante años por los dirigentes del PP en provecho propio y en serio quebranto de todos los ciudadanos. Es decir, un intento de volver a mentir y engañar a toda la ciudadanía igual que el del 11-M de 2004. Curiosamente está en el poder el de la "conviccion moral" de la autoría de ETA en 2004. Ya trae práctica. Lo sorprendente -muy desagradablemente sorprendente- es que esta vez parece estar ayudado por el PSOE que reacciona tarde y muy tibiamente a las exigencias de responsabilidades de la ciudadanía. Es verdad que también puede estar parcialmente pringado (no mucho, es de suponer) en esta bochornosa historia, pero eso no es óbice para que vaya en primera fila pidiendo investigación parlamentaria y judicial completas e inmediatas. Por el contrario, al parecer, Rubalcaba pretende expulsar de la Comisión Ejecutiva del PSOE a la militante socialista que filtró el desacuerdo interno a propósito de Bankia. El país entero debe ver y escuchar estos propósitos y hacerse su composición de lugar sobre el grado de implicación del PSOE en la tarea de poner al descubierto esta estafa al conjunto del país. Porque si la Comisión era a puerta cerrada, quien haya filtrado su contenido ha hecho mal; pero peor estaba haciendo la Comisión, ayudando a que se oculte una fechoría que carece de parangón en la historia de nuestro país. No sé si el PSOE recuperará el aprecio perdido de la ciudadanía (mañana Palinuro hablará de esto) pero, desde luego, este no es el camino.
Y, como parece que ya están todos en franca desbandada, ahuecando el ala por lo que pueda pasar, conviene ir echándoles el guante antes de que sea tarde. Por ello, buena iniciativa la de El Jueves de sacar un bando poniendo en busca y captura a los presuntos ladrones.
(La primera imagen es una foto de gobierno.edomex, y la segunda de Brocco Lee, ambas bajo licencia de Creative Commons).

Carne de perro.

Rajoy rechaza la idea de una comparecencia de los responsables (por llamarlos de algún modo) pasados y presentes de Bankia en el Parlamento. Según Ruiz Gallardón, exalcalde de Madrid devenido ministro de Justicia, dicha comparecencia se producirá "cuando sea oportuno", de donde se sigue que ahora no lo es. Se oponen los dos a una petición generalizada y a todas luces bien fundada. Una importante institución financiera, la cuarta del país, que ayer afirmaba ser sólida, próspera y haber obtenido 300 millones de beneficios en 2011 en carta de despedida de su presidente, Rodrigo Rato, y hoy revela que los beneficios eran pérdidas de 3.300 millones está pidiendo a gritos no solo una investigación parlamentaria sino penal. Máxime si todo cuanto la rodea es una extraña lluvia de miles de millones de euros que afectan a unas u otras actividades, a unas u otras partes de este alambicado consorcio del escamoteo y el trinque. ¿Pueden los dos mandatarios anteriores aducir una sola razón por la que no convenga al interés público conocer qué ha sucedido en una entidad de la envergadura de Caja Madrid, con diez millones de impositores y centenas de miles de accionistas? No, no pueden porque no la hay. Quien sufre un daño, merma o perjuicio por la acción de otro tiene derecho a saberlo todo sobre el daño que se le ha causado. Negarlo así como así, por mandato de gobernante, no es compatible con la democracia. El argumento de que no debe salir a la luz lo que haya sucedido porque puede armarse un lío es, justamente, un argumento a favor de la comparecencia de los citados responsables en sede parlamentaria. El parlamento es representante de los ciudadanos y debe hacer valer sus derechos, en especial el de información veraz. El secreto en asuntos de interés público en beneficio de terceros no es admisible. Y es lo que el Parlamento está haciendo, esto es, pedir la comparecencia de Rato, Goirigolzarri, Fernández Ordóñez y quienes más sean precisos hasta aclarar la situación. Al menos lo hace con decisión IU. El PSOE parece ir a remolque, como con desgana. Vincula cualquier ayuda posterior a Bankia a que se den explicaciones, pero no la ya acordada. Y se limita a pedir explicaciones lo cual parece incluir alguna comparecencia aislada, aunque no una comisión de investigación. En el fondo da la impresión de que el PSOE tampoco ve con buenos ojos una investigación minuciosa de Bankia. La santabárbara de esta era Caja Madrid y, mientras no se den las condignas y convincentes explicaciones, el personal está autorizado a pensar que esta, controlada por los partidos políticos, se gestionó con criterios de amiguismo, de enchufismo y clientelismo, un lugar de colocación de parientes y allegados, una fuente de recursos baratos en forma de créditos muy favorables para los más diversos caprichos y esto sin contar la corruptelas relacionadas con la financión de los partidos a base de créditos a fondo perdido. Y en ese contexto de caciquismo y corrupción cuyos desatinos llevaron la entidad a su situación actual están implicados los partidos políticos con representación en los órganos de la entidad, el PP, el PSOE e IU. Por supuesto, con grados de responsabilidad muy distintos.
Hay una tendencia de los partidos a cerrar filas en causa común siempre que se plantean problemas y el pueblo se alza pidiendo cuentas. Es el efecto del viejo dicho de que perro no come carne de perro, aunque sea de suponer que en esto, como en todo, mandarán las circunstancias.
Y las actuales son turbulentas. Cada vez se generaliza más la idea de que esta crisis es en realidad una estafa con unos estafadores y unos estafados, siempre los mismos. Crece la indignación ciudadana al contemplar maniobras de ingeniería financiera por miles de millones de euros que contrastan con el veloz empobrecimiento del conjunto de la población. En este clima se revela que Carlos Dívar, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha venido cargando al erario público gastos privados en escapadas tan desconocidas por la ciudadanía como conocidas por sus compañeros de tareas que las habían bautizado con cierto cinismo como "semanas caribeñas". ¿Qué ha movido a siete miembros del CGPJ a pedir la dimisión del que denunció a Dívar? La vieja costumbre canina de no hincar el diente a uno de la familia. Pero la ciudadanía ha salido a la calle, a pedir la dimisión de Dívar a las puertas del Tribunal Supremo, lo que puede acabar cambiando la vieja costumbre y admitiendo que, según las circunstancias, los perros se maten entre sí a dentelladas.
Y por si sí o por si no es necesario que quienes hayan perpetrado el desastre de Bankia comparezcan en el Parlamento y donde sea necesario a dar las obligadas explicaciones a una opinión pública cada vez más indignada. Solo así empezará la tarea de poner coto a los abusos de los partidos en general y de este gobierno en particular que ha confundido la mayoría absoluta con el derecho a engañar, expoliar, maltratar a los ciudadanos y reírse de ellos.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

lunes, 28 de mayo de 2012

El cantamañanas trata de tranquilizar los mercados

Ignoro a quién querrá convencer Mariano Rajoy en esta ocasión. Desde su punto de vista ha realizado un acto heroico: ¡primera rueda de prensa en solitario desde que llegó al gobierno! ¡Y hasta ha respondido preguntas! La gente, que se acostumbra siempre enseguida a lo bueno, podrá decir lo que quiera pero para él, para Mariano, ha sido un trago durísimo: acostumbrado a estar oculto, a enviar a otr@s en su lugar a dar la cara ante los medios y a no responder a las preguntas que estos le hacían cuando se los cruzaba por los pasillos, es muy desagradable ponerse ante un micrófono, con todos los focos sobre ti, teniendo que dar cuenta de lo que sucede, que maldito si lo entiendes. Y, sobre todo, teniendo que improvisar alguna respuesta inteligible a las cuestiones periodísticas, muchas de ellas planteadas con intenciones demoniacas a un pobre hombre que no hace otra cosa que improvisar como puede.
Pero todos esos apuros, esos desasosiegos de Rajoy a la gente le traen si cuidado. Rajoy es presidente del gobierno por libre y muy terca, empecinada, voluntad propia; nadie lo forzó; se presentó a las elecciones porque quiso, porque sostenía tener la receta para salvar España, para salir de la crisis, razón por la cual pidió una mayoría absoluta que la gente, algo imprudentemente, le dio; y porque quiere sigue en el cargo del que podría librarse si tanto le pesa con la dimisión. Pero no hay tal; al contrario: ahí está él, sacrificado, siempre en el puesto de mando en vela por nuestro bienestar y tratando de ayudar a todo el mundo.
Pero este todo mundo carece de solidaridad con los sufrimientos de Rajoy. Quiere que no se le engañe, que se diga la verdad de cuanto sucede, no se le oculte información, no se le roben sus ahorros, no se le explote, ni se le prive de sus derechos, no se le haga imposible la vida, ni se le deje sin trabajo, no se le expolie la pensión y no tenga que pagar dos y tres veces por los mismos bienes y servicios, sean medicamentos o autopistas. En otras palabras, la gente no quiere un gobierno de corruptos, ladrones, embusteros y pedantes; precisamente el de Rajoy.
Por eso su comparecencia inopinada, sin duda a instancias de alguno de los irresponsables que tiene como asesores y que le habrá dicho "compareces, Mariano, o el chiriguito se nos hunde", ha tratado de contrarrestar el clima de general abatimiento con el que el país parece prepararse a recibir la única noticia cierta, tanto más cierta cuanto Rajoy la niega: la intervención de España por las autoridades europeas. Es cierto que Rajoy afirma, con toda la contundencia que le permite su farfulleo, que España no precisa rescate alguno. Después de ver qué ha sucedido con todo aquello que ha afirmado o negado (que resultó ser mentira en uno u otro caso) es patente que nadie en España se lo toma en serio... en este asunto. Sí, en cambio, en la cerrada voluntad expuesta por el presidente de impedir que se investigue nada en Bankia o que se llame al Congreso a sus responsables. Rajoy sabe que Bankia es un espejo de la corrupción, la estafa, el saqueo de los fondos públicos, el despilfarro y la malversación que ha protagonizado su partido en los últimos años tanto en Valencia como en Madrid. Sabe que cualquier cosa que diga podrá ser utilizada en su contra en el inevitable proceso penal que, antes o después, tendrá que esclarecer esta gigantesca rapiña nacional que ha organizado su partido y que ha llevado a España a la quiebra de hecho.
No lo cree nadie en el interior lo cual es un eco de lo que le sucede en el exterior, incluso benigno. En Europa nadie tampoco escucha ya a Rajoy, su palabra carece de valor y su juicio de crédito después que se le ha visto cambiar las magnitudes del déficit varias veces, instrumentalizar las medidas de política ecónomica al servicio de intereses electorales, ignorarlo todo sobre las características de las cajas y bancos cuya salud se supone que propiciará. De este modo, su lamentable rueda de prensa de hoy ha sido solo para consumo interno. En el extranjero no lo escuchan porque no se fían. Por eso estamos intervenidos de hecho, con una comisión de cuestores y fiscalizadores impuestos por la Unión Europea para examinar nuestras cuentas y sometidos después al control de un órgano también exterior para que España no rice el rizo y engañe incluso en las explicaciones sobre los engaños. Si Rajoy sale en público a tranquilizar los mercados, como si se queda en su casa, charlando con los vecinos, el resultado no variará porque ya no depende de lo que él haga y diga, sino del dictamen que emitan los interventores en su momento.
Por ahora, si acaso, las aterrorizadas comparecencias públicas de Rajoy solo sirven para que la bolsa baje y la prima de riesgo alcance los 600 puntos.

De la Gürtel a Bankia pasando por el palacete de Matas.

Es hora de atar cabos. En los últimos años, al socaire de la burbuja inmobiliaria provocada por la ley Aznar de liberalización del suelo. España se había convertido en el paraíso de la especulación y, como todo lo especulativo tiene contornos difusos, también de los negocios sucios, blanqueo de dinero y corrupción galopante. La corrupción suele acompañar a la prosperidad económica como las pulgas al perro. Ya les pasó a los socialistas cuando estimularon la economía. El partido se les llenó de corruptos. Hubo un momento en que tenía encausados, perseguidos por la justicia o condenados un director general de la Guardia Civil, una directora del Boletín Oficial del Estado, el gobernador del Banco de España, un par de presidentes de Comunidad Autónoma y otros peces menos vistosos. En el caso de la corrupción del PP, el asunto parece más complejo, presenta un entramado empresarial, como corresponde a la ideología del partido que la ampara, aunque sin descartar las aventuras personales, al estilo de Jaume Matas que tiene ramificaciones de todo tipo, incluido un punto de contacto con el lado apache de la Casa Real.
Han sido años contemplando cómo una trama corrupta había montado una red de negocios fraudulentos en colaboración con las administraciones públicas de diversos niveles pero todas del PP en Valencia y Madrid. Años viendo los fastos valencianos y lamentando después la ruina de una gestión despilfarradora y corrupta. Y en Madrid el asunto es aun más intrincado porque, sobre darse la presunta corrupción gürteliana, que es un tema de saquear las arcas públicas en beneficio de unos cuantos sinvergüenzas, aparecen escenarios oscuros, con fundaciones misteriosas, como Fundescam, a través de la cual se sospecha pudo financiarse ilegalmente el PP, por no hablar de historias de espionaje que parecen sacadas de un tebeo de Mortadelo y Filemón. Por descontado, la financiación ilegal del PP en Valencia es otra de las supuestas barrabasadas en la comunidad. La financiación ilegal es el juego más sucio que puede darse en la contienda electoral, equivalente al dopaje en el deporte. Si hay financiación ilegal habría que anular el resultado de las elecciones.
En ese panorama de corrupción generalizada la llamada crisis revela asimismo su naturaleza de estafa que, como todas las estafas, es difícil de determinar porque muchas veces los estafados no son menos estafadores que los estafadores. Al final el asunto queda claro viendo quién se salva y quién no. Se salvan los bancos. Nada más. El resto, no; los ministerios, las subvenciones, las empresas, los trabajadores, los autónomos, las universidades, la investigación, la obra pública, la educación, todo cae bajo la podadora de los mercados de la deuda. Curiosamente son los bancos los que provocaron la crisis originariamente al lanzarse al frenesí de la especulación con los títulos de alto riesgo. Y la crisis se mantiene mientras nadie encuentre forma de salvarlos del monumental pastel que han organizado y salvarlos con recursos ajenos pues ellos han malgastado los propios. Ahogados los bancos ahogan la economía, que no puede funcionar sin crédito. Si la economía no funciona no es posible rescatar los bancos. Típico círculo vicioso.
Pero, al lado o además de las prácticas erróneas en los mercados de valores, también cabe preguntarse por la acción pública cuando se da en la banca y en lo que tenga, incluso, de delictivo. Caja Madrid estaba gobernada por el PP, con un consejo de administración de adictos y los dos consejeros de la oposición que no han alzado la voz en ningún momento. La cuestión de quién se hacía cargo de la dirección de Caja Madrid se dirimió en un rifirrafe dentro del PP. Aguirre proponía a su hombre de confianza, Gonzalez y, al final, se avino con Rajoy a que lo fuera Rato. Una decisión política para una Caja que llevaba años gestionada con criterios políticos partidistas. Cuando una gestión requiere 24.000 millones de euros para evitar la quiebra ha sido un desastre sin paliativos. Y de los desastres siempre hay responsables. 
Corrupción, gestiones desastrosas, incompetencia, despilfarro, el panorama es desolador. No es de extrañar que en el extranjero no confíen en España. Se ha convertido ya en hábito preguntar a Rajoy por esa confianza que, según él, nos otorgarían los socios europeos apenas se entereran de que él era presidente del gobierno. No más confianza sino mucha menos es la que inspira Rajoy dado que, como puede verse con Bankia, no tiene un conocimiento realista del estado de la economía sobre el que especula, aunque lo que sí parece claro es que el PP, sus allegados y amigos han estado haciendo mangas capirotes con uno de los grandes bancos del país, lo han esquilmado y ahora quieren que los ciudadanos paguen sus desaguisados y latrocinios y sin hacer preguntas ni tener derecho a enterarse de qué haya sucedido.
Los responsables del hundimiento de Bankia deben de ser algunos, pero es imprescindible que se aclaren los hechos y se expliquen. Y esto con independencia de que, como ya dijo Palinuro hace un par de entregas, no está nada claro que el hundimiento de Bankia no sea no el final sino el comienzo de otra crisis. Si Bankia se salva con dinero público, ¿por qué no las otras cajas? Incluso lo bancos comerciales. No hay dinero para un rescate del conjunto del sistema financiero español, aquel que, según Zapatero, era robusto como un roble y estaba tan acorazado como el Bismarck.
(La imagen es una foto de Rafel Robles L., bajo licencia de Creative Commons).

domingo, 27 de mayo de 2012

La familia, el sexo y los curas.

Este finde, mientras se descubría que los Robber Barons de la Península, todos ellos gentes de orden y convicciones católicas, se han levantado el capital de las otrora prósperas cajas de ahorros, se está celebrando en Madrid un aquelarre de la reacción más carcunda, llamado Congreso Mundial de Familias en el que se ha atacado en toda la línea la homosexualidad, el feminismo, la revolución sexual, la promiscuidad, el relativismo, el divorcio, el "extremismo sexual" (sic) etc., enfin la panoplia entera de las obsesiones sexuales de los curas y demás reprimidos de la parroquia, que son un puñado. Lo organiza Hazte Oír, una asociación integrista y colaboran los medios más católicos, como Intereconomía, ABC y la Razón. Participación entusiasta de miembros del clero, entre ellos el inefable obispo de Alcalá, Reig Pla, y de muy representativos militantes del PP, de su sector de sacristía y adoración nocturna, estilo Mayor Oreja.
Si estas organizaciones, gentes, asociaciones se reunieran a hablar de sus cosas, contarse su historias y hacer sus ritos, no habría nada que objetar. El problema es, sin embargo, que estos fanáticos de las convicciones religiosas y morales más ultramontanas pretenden imponer sus alucinaciones como criterio normal en la sociedad, incluso a quienes no son creyentes en sus dogmas. Y frente a eso ya hay que defenderse puesto que en el tal congreso había nutrida representación del PP, tanto mediático como político, dispuesta a poner en práctica y convertir en regla obligada sus supersticiones y mitos, gusten o no gusten a los demás. Porque ellos representan la palabra de Dios.
Hay que fastidiarse. El obispo Reig ha soltado otra soflama en contra de los derechos de quienes no piensan como él a los que tilda de enfermos, desviados, desordenados y en un tris que delincuentes. Pero sigue sin saber de lo que habla. Como todos los reaccionarios (por ejemplo, Aguirre) la tiene tomada con el mayo del 68 e hilvana disparates como este: convergencia de “ideología marxista, freudiana y liberal” que emergió en torno al Mayo del 68 francés. Ha oído campanas, no sabe dónde, pero lo junta todo. La revolución sexual, el psicoanálisis y el marxismo, el llamado freudomarxismo es de los años veinte y primeros treinta. Y el liberalismo no pinta nada en ninguna de las dos fiestas; es en realidad una reminiscencia del Syllabus de Pío Nono, cuando se condenaba el liberalismo, el racionalismo (¡incluso el moderado!) en el siglo XIX, siglo en el que Reig Pla estaría más a sus anchas. En mayo del 68 hay muchas otras cosas que el obispo ni huele; hay anarquismo, comunismo prochino, surrealismo, dadaísmo, situacionismo...En fin, es asunto complejo. Por eso quiere Aguirre destruir su recuerdo; no le gusta la complejidad. Prefiere la simplicidad. Se nota.
La idea de la sexualidad (la "sana", claro está, aunque lo que interesa a estos voyeurs enfermos es la "insana") del Congreso no puede ser más absurda, con todos los respetos, más ajena al sentido común. La sexualidad se sublima, idealiza y se presenta como algo precioso, nada menos que un regalo de Cristo a los seres humanos. Siendo esto así ¿por qué renuncian a ella los curas? Rechazar un regalo de Dios, ¿no tiene su punto de soberbia? Allá resuelvan ellos este misterio de que la gente dé crédito a lo que dicen unos que no hacen lo que dicen. Porque este es ya el núcleo del absurdo casi surrealista, como lo del 68, y es que aquellos que renuncian a la sexualidad son quienes orientan en la suya a los que no renuncian. La sexualidad es un mundo intrincado y, si no se practica (solo, acompañado, en grupo, al alimón, como sea) no se puede conocer y de lo que no se conoce no debiera hablarse. Sin embargo no paran de hacerlo, metiéndose en donde no les llaman, en todas las casas y todas la camas, con la pretensión de obligar a la gente a adaptar su comportamiento íntimo a las estrechas reglas fabuladas por una tradición de neuróticos.
Porque el Congreso se llama de familias, pero el plural sobra ya que el supuesto fundamental no es que la familia deba protegerse sino solo la familia católica. Las demás no tienen ni derecho a llamarse familias. ¿Por qué? Porque la familia es lo que la iglesia católica diga que es y eso pretenden acorazarlo en la legislación civil, que obliga a todos, católicos y no católicos. Esa idea de la familia presupone un matrimonio entre hombre y mujer, no con fines concupiscentes, sino de reproducción de la especie, siendo obligatorio acoger cuantos hijos quiera Dios mandarnos, sin medios contraceptivos. Unión de por vida, hasta que la muerte separe lo que quizá unió erróneamente la vida. Una concepción antediluviana de la familia que no conseguirán imponer ni a los católicos. Y una que descansa sobre la recuperación de la autoridad marital en el seno del matrimonio. El Congreso de Familias vería con buenos ojos -si los congresos tuvieran ojos- que las mujeres, tocadas por el Señor en sus almas femeninas, vieran de nuevo la luz, abandonaran esa locura de la igualdad, y sumisa y mansamente volvieran al hogar y al fogón y a experimentar las delicias de la esclavitud. Año del Señor 2012.
Monseñor Reig Pla truena contra el feminismo y, ¡oh, sorpresa!, la ideología de género. No está muy claro qué enciende la santa ira del prelado el feminismo y la ideología de género aunque sea de suponer que la obscena y diabólica pretensión de alcanzar la igualdad de ambos sexos en todos los aspectos de la vida. No lo dice porque no se atreve, pero lo piensa. Pues, ¡qué! ¿no fue hecha Eva de una costilla de Adán? ¿Cómo va a ser igual a Adán? ¿Cómo va a ser la parte igual al todo? Mujeres: desfilando hacia la cocina. Dejad el mundo a los hombres pues ya veis lo bien que lo hacen. Y hasta es posible que, habiendo estos recuperado su autoestima, os maten menos. Desde luego, garantizado, se sabrá menos y ya se sabe que ojos que no ven...
Los homosexuales tienen rancho aparte y en este Congreso los han puesto de chupa de dómine. Uno incluso ha dicho que los homosexuales buscan el fin de la especie, majadería típica de recurso al "enemigo exterior", el otro, para crear un "nosotros" ficticio con el que machacar a los demás, agarrotamiento moral que solo se alivia en matanzas, pogroms, persecuciones. Es llamativa esa inquina, ese odio inacabable de los católicos, sobre todo de su clero y, desde luego, de Reig Pla a los homosexuales. Aunque lo disfrazan de caridad y no es otra cosa que hipocresía y desprecio, es una obsesión que debe de tener algún motivo. Porque, aunque se admitiera que la homosexualidad fuera un pecado, hay otros capitales mucho más extendidos y peligrosos, como la avaricia, la envidia y no digamos la gula. Basta con ver a los obispos. Esta obsesión particular es por la enfermiza relación que los curas establecen entre la homosexualidad y la lujuria porque es lo que tienen más cerca. Así como la pederastia, también muy frecuente entre el clero y que es el mayor de los ataques a la familia puesto que consiste en dañar el fruto del santo matrimonio.
Carece de toda validez lo que diga una congregación de gente entre la que se da tanta pederastia sin que, por otro lado, haya una actitud decidida de condenarla, perseguirla y castigarla sino al contrario, de encubrirla y excusarla con razones taimadas, ambiguas y falaces.
Así que ya puede la carcunda, tan del gusto del gobierno de hoy, vociferar lo que quiera. La humanidad seguirá su camino hacia una sexualidad libre, digan lo que digan estos cuervos de torcidas doctrinas y almas amputadas.

sábado, 26 de mayo de 2012

Recordad que, además de ladrones, son mentirosos.



Cuando el siete de mayo pasado Rodrigo Rato presentó su inesperada dimisión al frente de Bankia no solamente proseguía lo que parece ser su afición privada de dimitir de todos los cargos para los que intriga, sino que hizo algo más: publicó una carta de desspedida al día siguiente en la que entre otros suculentos párrafos están estos dos: "En diciembre de 2011 (se) presentó el Plan Estratégico de la entidad hasta 2015 que permitirá al Banco consolidarse como uno de los cuatro líderes financieros españoles (...) En 2011 Bankia consiguió unos beneficios de 309 millones de euros, además de haber adelantado más de 1.200 millones de euros de provisiones; Bankia ha reestructurado su red de oficinas con el cierre de 800 sucursales."
Hoy, veinte días después, sabemos que Bankia estaba quebrada; que, de cuarto banco, nada; que sus títulos cotizan como "bonos basura" y que los 309 millones de "beneficios" eran en realidad 3.000 millones dee pérdidas.
Es decir, Rodrigo Rato mintió. Y lo hizo con el descaro de quien sabe que es impune a cualquier desmán, chorizada o mangoneo. ¿Será verdad?
Si Rato mintió, como, por lo demás, mintió el consejo de administración que luego ha dimitido en bloque, incluidos los dos consejeros del PSOE e IU, cómplices de esta estafa mayúscula a millones de accionistas e impositores, auténticos truhanes que han esquilmado a la pobre gente; si Rato mintió, digo, ¿qué garantía hay de que no lo haga también su ungido y sucesor, Goirigolzarri, que ya viene exculpando a aquel a quien debe el cargo? ¿Qué garantía de que, en efecto, el agujero sea por lo que dice y que no está ocultando otro tanto igual que los 300 millones de beneficio eran 3.000 de pérdidas? ¿Qué garantía, incluso, de que el agujero no sea mucho menor y de los 24.000 a lo mejor se reparten 15.000 entre los mendas que ahora están al cargo y que, como si fueran sátrapas al estilo de Dívar, no creen que tengan que dar explicaciones de lo que hacen a nadie?
Mientras los responsables económicos y políticos (incluida Aguirre) de este desfalco no comparezcan ante la justicia. Mientras esta no intervenga Bankia, Palinuro no cree nada de lo que este atajo de granujas diga.
(La imagen es una foto de http://www.bankia.com/Portal/Home/cruce/0,0,84722%24P1%3D601,00.html, bajo licencia de Creative Commons).

La catástrofe

Mientras se ventilaba la importante cuestión de si se pitaba o no el himno nacional y se le cantaba al Rey lo del elefante que se balanceaba etc, dimitía en bloque el consejo de Administración de Bankia, tras reconocer que ha cometido un delito de falsificación de balances. Había calculado sus resultados con el mismo ojo que Aguirre su déficit, el ojo político. Los 300 millones de beneficios de 2011 eran un dato provisional, como los de Aguirre; tan provisional que han resultado ser 3.000 millones de pérdidas.
El país está conmocionado. En dos años ha visto cómo se hundía uno de los bancos más importantes gestionado con una mezcla de criterios neoliberales y rapacería política sin parangón. Es el conjunto del sistema fnanciero el que está en cuestión. Reina la tranquilidad pues se sabe que este monumental fallido se cubrirá con dinero público. Pero si todos los bancos hacen lo mismo, esto es, irse al garete esperando el condigno rescate, no habrá dinero suficiente. Es decir, el país está en una situación realmente dramática.
Se recordará a Rajoy en campaña electoral sosteniendo tener la clave para salir de la crisis, recuperar la confianza, etc. Seis meses después es obvio que no solamente no tenía clave alguna sino que no tenía ni idea de en dónde se metía. En cuanto a recuperar la confianza, a la vista está. Nadie en Europa da crédito a su palabra. Por eso hubo de declarar Angela Merkel que no había razón para dudar de lo que Rajoy decía, un típico enunciado autodestructivo porque si no hubiera razón, no habría que decirlo. Es verdad que el antecesor en el cargo le dejó una situación muy complicada. Pero, al menos, algo era claro: a Zapatero en Europa lo creían. Precisamente el primero en poner en duda su palabra fue el propio Rajoy que lo acusó falsamente de haber mentido sobre el déficit dando uno menor del real. Lo que sucede es que, a su vez, Rajoy se contradijo un par de veces y, además, por su boca mentía más gente; mentía Aguirre demediando su déficit y mentía Bankia convirtiendo un déficit de 300 millones en un superávit de 3.000. ¿Qué crédito se puede dar a esta administración?
El país está intervenido de hecho, con unos cuestores imperiales examinando las cuentas y unos organismos internacionales vigilando el examen y a los examinadores. En estas circunstancias el juicio final sobre España no dependerá de lo que inventen sus imaginativos políticos sino del dictamen de estos exámenes. De eso es de lo que dependemos y no de lo que diga y haga Rajoy que realmente ya no sabe qué hacer ni decir. Se arrancó belicosamente neoliberal, tirando a la cara a Hollande sus eurobonos y afirmando su lealtad a Merkel en espera de que esta lo avalara en cierto modo en su petición de que el Banco Central Europeo rescatara la banca española. Dado que, según se ve, ni el propio Rajoy sabía cómo estaba la banca, nadie en su sano juicio avalaría esa petición. Viendo que no obtenía resultado por esa vía, decidió alinearse con la posición francesa (enésima edición de los pactos de familia) lo que lo obliga a sostener lo contrario de lo que decía la víspera. Pero no importa mucho porque nadie lo escucha.
¿Hay salida de esta situación? Es dudoso pero imprescindible intentarlo. La izquierda tiene que pararse a pensar la situación, no aplicar recetas del pasado o buscar continuidades. La situación es nueva y requiere inventiva. Sobre todo en lo que hace al PSOE que se ha confundido con el paisaje y solo aparece para apoyar al gobierno en lo que haga, reservándose un derecho a criticar que no ejerce nunca. Parece increíble que, en lugar de haber pedido una banca pública, Rubalcaba haga saber que la admite de mala gana. Aquí es donde el PSOE tiene que producir su versión de los hechos y ofrecer su plan de actividades para el futuro. No parece estar en la mejor disposición para hacerlo. En cuanto a IU, la otra parte de la izquierda, se ve crecida al observar que hay mucha gente desengañada del PSOE que vuelve a casa. La cuestión sin embargo viene a ser qué se propone en concreto para la salida de la crisis: si banca pública, si subida de impuestos y a quiénes, si inversión pública y dónde, etc.
Ahora bien, ese actuar de la izquierda será institucional, a través de los partidos, lo que tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Pero parece llegado el momento con la aparición de internet de que se exploren otras formas de movilización ciudadana, de multitudes relacionadas en las redes sociales. El gran reto de la teoría política contemporánea es cómo articular la acción práctica en el ciberespacio.

viernes, 25 de mayo de 2012

Un gobierno de ladrones.

Nadie entiende qué ha pasado con ese confuso asunto de Bankia pero, al final, está claro que la colectividad tendremos que poner casi 25.000 millones de euros que, al parecer, se han volatilizado de la entidad sin que se haya dado explicación alguna. Al contrario, a las insistentes demandas de IU de que comparezca en el Congreso Rodrigo Rato, responsable de este desastre (vamos a llamar así de momento a lo que a todas luces ha sido un atraco y una estafa), el PP opone un veto sistemático. No es raro. Con su mayoría absoluta, el PP se opone a que rinda cuentas nadie cuyo testimonio pueda poner de relieve que la actividad del partido y del gobierno son antipopulares y dirigidas a favorecer a la iglesia y a los ricos, explotando hasta donde buenamente se pueda a los trabajadores. Pero, en el caso, el asunto es mucho más grave. Casi 25.000 millones es una vez y media los recortes en educación y sanidad, tres veces y media el gasto en I + D y cinco veces el fondo previsto de FROB para toda la banca. O sea, un ruina. Y una ruina que se ha ido desvelando poco a poco, sin decir desde el principio cuál sería la suma final sino soltando noticias parciales, rumores, cálculos provisionales cuya función era ir preparando a la gente para lo que se venía: se empezó con un agujero de 4.500 millones, después se habló de 15.000, luego de 20.000 y, a la hora de redactar esto, los ladrones del gobierno y sus compinches ya la fijan entre 23.000 y 24.000 millones. Y seguirán subiendo si la sociedad no reacciona, frena a estos mangantes y los encarcela, sean peatones o ministros. Esta claro que la operación estaba muy pensada, calculada para ir haciendo asumibles las cantidades que los gobernantes y sus amigos han robado, defraudado, estafado de mil maneras, desde créditos en condiciones fabulosas a la sistemática condonación de las deudas de los partidos, pasando por el abanico de prácticas mafiosas de enriquecimiento. Lo que no había era una explicación, por mínima que fuera, acerca de a dónde habían ido a parar 24.000 millones de euros. Lo cual es la evidencia misma del robo porque han ido a parar a los bolsillos de los granujas en el gobierno y sus aliados pero eso no conviene que se sepa y para eso controla la derecha prácticamente todos los medios de comunicación, para ocultar su responsabilidad en este saqueo nacional.
Sin embargo es un robo típico, de los de salir al paso de alguien con una navaja a exigirle la bolsa o la vida. Las cajas, en concreto CajaMadrid, llevaban unos diez años administradas por el PP con una mínima participación del PSOE y de IU. Mínima en cuanto al trabajo que tenían, no así en cuanto a las desorbitadas remuneraciones que recibían y que han funcionado como mordazas para que los consejeros de estas dos organizaciones no sacaran a relucir los chanchullos que los del PP llevan años haciendo. Finalmente, no contento con lo que sacaba de las cajas, el PP consiguió cambiar su naturaleza jurídica y la composición de sus órganos de gobierno por ley en 2010 para ponerlas más a su servicio, al servicio de sus aventuras ladrillescas, mitómanas, megalómanas. Conseguido esto,  situó al frente de Caja Madrid a Rodrigo Rato, cuya competencia se presumía, ya que demostrarla no lo ha hecho nunca, sino todo lo contrario, con el fin de ponerla a su servicio político. En dos años, Rato ha bordado la tarea: ha hundido la caja bautizada como Bankia y ha dejado a los 45 millones de españoles con una deuda de 500 euros por barba, ricos y pobres por igual.
¿Cómo ha sido posible? ¿Qué ha sucedido? ¿Cuáles son las razones de este desastre? No hay ni habrá modo de saberlo porque el PP se niega a que Rato comparezca en el Congreso a dar cuenta de su gestión y, a lo que parece, su endeble fibra moral (o robusta granujería) le impiden solicitar él la comparecencia por su cuenta. Se ha llevado 1.200.000 euros por hundir la caja y está exento de explicaciones. En su lugar se impuso a un sucesor que venía de una aventura similar (solo que con una prima mucho más alta) con la orden de liquidar Bankia y pedir el dinero del rescate.
Mientras no haya una explicación satisfactoria esto ha sido un robo y una estafa (la estafa es distinta del robo, se organizó en torno a las llamadas participaciones "preferentes" con las que estos mangantes han estafado a decenas de miles de personas), perpetrados por los gobiernos del PP, regional y nacional (¿o no se acuerda nadie de la lucha entre Rajoy y Aguirre por poner a su respectivo menda al frente de esta maquinaria de robar?)  que, con el cuento de la privatización, la flexibilización, el fortalecimiento, etc se han estado llevando crudos miles de millones de euros de la gente.
Claro, ahora no quieren explicaciones, aclaraciones, indagaciones.  No pueden echar la culpa a la herencia de los sociatas: es el resultado de una gestión propia de delincuentes. Pretenden fabricar este clima de urgencia, miedo y angustia para que la colectividad trague con este expolio que se le ha hecho y pague las consecuencias. Justo lo que hay que evitar. Ante este atraco, la gente tiene que reaccionar porque, si no lo hace, mañana nos roban lo poco que nos quede. Hay que salir a la calle, pedir responsbilidades, encausar a Rato, Aguirre, Rajoy y el conjunto de individuos que se han embarcado en esta operación de esquilmar los recursos de la colectividad en provecho propio. Hay que rescatar Bankia y convertirla en banca pública y no transitoria sino permanente. Y es hora de que el PSOE cambie de actitud. Rubalcaba no puede decir que "acepta" una banca pública, como si la sola idea lo irritara. La banca pública es una reivindicación de la izquierda. Esa banca pública debe estar al servicio de la recuperación de la crisis y funcionar en paralelo a la sublevación política ciudadana. Tenemos que exigir que los responsables de esta gigantesca estafa, este robo monstruoso, paguen por lo que han hecho.
(La imagen es una foto de José Carlos Cortizo Pérez, bajo licencia de Creative Commons).

Últimas noticias sobre España.

(Del informe confidencial del embajador del Reino Elfenbein a su ministro de Exteriores. Traducción directa del Suahili. Fuente: WikiLinks).

¡Vaya lío tienen montado estos españoles, ministro! No sé por dónde empezar. Nuestra última guerra tribal fue nada comparada con el guirigay de este país. Y no es por cosas prácticas o tangibles como el agua, los pastos o los derechos de paso sino por cuestiones grandiosas de principios imperecederos. Se arrojan los principios recíprocamente a la cabeza como si fueran obuses.
El presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) o sea, el pináculo de la justicia, se iba de alegres vacaciones de trabajo a lugares paradisíacos de la costa mediterránea a cuenta del contribuyente. Denunciado por un colega, sobreseído por otro, el asunto ha caído en mitad del CGPD como una piedra en un charco y ese órgano se ha dividido en dos partes: la minoritaria (cinco vocales) pide la dimisión de Dívar; la mayoritaria (siete vocales) la del denunciante, Gómez Benítez. En términos dialécticos estamos en la negación de la negación. Benítez niega a Dívar y el CGPJ niega a Benítez. De aquí tiene que salir la Aufhebung hegeliana. Pero como esta es tan multiforme, a saber cómo será. El propio Dívar ya ha dicho que él no dimite y que tampoco va a dar explicaciones. Pero esta es una posición insostenible en un sistema democrático que es uno de opinión. Y la opinión ve fatal lo de las semanas caribeñas de Dívar, juicio muy negativo que se extiende a los órganos presididos por él. Encima uno de ellos, el Consejo, da posteriores motivos para que la opinión sea más hostil a un modo de entender la administración de justicia tan opaco como altanero y ajeno a toda sensibilidad ciudadana.
El principio nacional ruge como la marabunta, ministro. La final de la Copa de fútbol enfrenta a un equipo vasco con otro catalán y se juega en un campo en la capital. La gobernante de Madrid, una especie de zulú blanca ya se ha pintado de guerra y convertido el asunto en uno de confrontación nacional pues las aficiones vasca y catalana vienen dispuestas (según se teme la dama) a pitorrearse de los símbolos, emblemas sacrosantos de la Patria española y a reírse del Rey. Ultraje a la Nación, a la bandera, al Rey lo llaman. Es sorprendente cómo Aguirre, quien predica siempre doctrinas neoliberales, indiferentes, escépticas, centradas en el beneficio, se enciende de ardor guerrero con los asuntos simbólicos. No me extrañaría nada que ese partido terminara como el rosario de la aurora, una expresión muy usada por aquí pero sin sentido en nuestro país, en donde no rezamos rosarios.
El ministro de Educación lleva una carrera meteórica al abismo. Es el peor valorado por la ciudadanía, pues aquí tienen esa curiosa costumbre de preguntar a la gente qué piensa. No es como entre nosotros, en donde no hace falta preguntar porque todos, gracias a su Majestad, pensamos lo mismo. Aquí no; aquí cada cual piensa lo que quiere y ha llegado el ministro y, claro, ha querido poner orden de forma que todo el mundo piense lo mismo; en concreto, lo que a él le parece en consulta con los magos del lugar a los que llaman curas. Los manuales de educación cívica en las escuelas reflejarán la visión del mundo del ministro, claramente tridentina. Los principios arrasan.  Con este proceder ha conseguido ponerse enfrente de todos los estamentos docentes y discentes y ha coronado su exitosa gestión cosechando un plante de todos los rectores del Estado, 75, nada menos, en protesta por sus maneras. Se ha ido a consolar a las Comunidades Autónomas (que son unas especies de virreinatos como los nuestros pero más pequeños) y estas se le han sublevado; en concreto las que no son de su partido que impartirán las enseñanzas que el ministro ha prohibido, de forma que los españoles de mañana tendrán un motivo más para pegarse ellos.
Los españoles tuvieron una dictadura antes de su gobierno actual pero la Real Academia de la Historia, un consejo de magos en el que estos sostienen que la realidad fue lo que ellos digan que fue, no lo que fue, dictamina que el dictador no era un dictador. El presidente de este curioso órgano de naturaleza patafísica, Gonzalo Anes, no considera que deba dimitir a pesar de que el conflicto que gestiona así lo exige. La Academia negó que Franco fuera un dictador. El Parlamento obligó a la Academia a rectificar. Se hicieron todas las ceremonias pertinentes y la Academia reconoció que tendría que revisar su juicio. Ahora dice que no lo hace. ¿No debiera ser la Academia intervenida y obligada a cumplir sus compromisos? Nuestros ancianos, hombres venerables y sabios, hubieran actuado así y no como estos españoles que se pasan el día hablando de principios y no tienen ni uno.
O los tienen todos, al modo de Groucho Marx personaje que personalmente asocio con el presidente del gobierno del país. Te parecerá exagerado pero estarás de acuerdo en que alguien capaz de decir haré lo que tenga que hacer aunque haya dicho que no lo haría deja a Groucho convertido en un metodista. Rajoy salió de peregrinación (procede de una parte del país muy dada a peregrinar) en busca de ayuda material sólida para su sistema financiero, sus bancos, que están en la ruina y ha vuelto con las manos vacías porque en Europa no lo tienen en gran consideración. No habla ninguno de sus dialectos y, cuando, por fin, se hace traducir nadie cree en lo que dice porque se desdice y vuelve a desdecirse. Les han mandado unos procónsules de Europa a fiscalizar qué están haciendo con los dineros y será al informe de estos a lo que se refieran y no a las declaraciones de Rajoy.
Al gran jefe le esperan en su desalentado regreso otros dos líos monumentales en los que se han metido sus segundos. El asunto de Bankia apesta. La Caja fue gestión casi en solitario del PP en los últimos años. Ahora, con Rato al frente, la entidad necesita 20.000 millones de euros. La cuestión es ¿en dónde está esa pastuqui? ¿Quién se la ha quedado? Y ¿qué se hace con bankia rescatada? Para cuando trate de tener una opinión se le habrá echado encima el conflicto de Gibraltar, cada vez más enconado y que amenaza con degenerar en un enfrentamiento entre dos Estados miembros de la UE, algo que esta no puede permitir y que además, pondría duramente a prueba una de las últimas teorías de la Ciencia Política, la teoría de la paz democrática.
En resumen, querido ministro, sus gobernantes dicen que España es "un país serio que hace los deberes" pues tienen mentalidad de maestrillos de los tiempos de la colonia, ¿te acuerdas? Cuando nos enseñaban dándonos de reglazos. Pero en realidad no es tal cosa, sino un patio de pillastres mal avenidos. 
(La imagen es una foto de andrés.moreno, bajo licencia de Creative Commons). Es una imagen magnífica. Conmemora la primera fotografía que se hizo en España, en la Barceloneta, en 1839 y lo conmemora en catalá. Es España escribiendo en catalá. Tengo la impresión de que hoy ese letrero no hablaría de la fotografía espanyola sino de la fotografía catalana. La variante refleja a mi juicio lo que se ha deteriorado la relación entre los pueblos de España.

jueves, 24 de mayo de 2012

Un servidor sobre el ciberespacio.






En las recientes jornadas sobre ciberpolítica que celebramos en la Fundación Ortega/Marañón, estuvo Isabel Paz, administradora del blog El mundo es un pañuelo que, al final de los dos días me hizo una entrevista grabada en vídeo y que es la que incluyo más arriba. Pido disculpas si mi aspecto no es muy guay pero se entenderá que, después de dos días, a razón de seis ponencias diarias, no estaba yo ya para muchos volatines. La importante es que se me entiende. Isabel me ha cambiado el apellido, de lo cual me felicito porque si Fernández Díaz, el ministro del Interior que padecemos en España encontrara que mis manifestaciones son constitutivas de delito, siempre podré decir que no era yo, sino Cotalero, uno que se me parece mucho. Que lo busque.

La Gran Nación y su lugar en el mundo.

Últimamente las portadas de El País son editoriales en sí mismas. La forma de redactar los titulares, sus respectivos tamaños y ubicaciones y la foto principal están cuidadosamente escogidas y deben costar tiempo y debates. Es la tendencia que inauguró hace más de un siglo el ABC; el verdadero editorial está en la portada. Hay mucho gente que solo ve del periódico la portada y conviene se entere a primera vista de la consigna del día. Esta técnica se ha generalizado a toda la prensa merced a la televisión. Los programas de noche revisan los diarios del día siguiente y por tales, entienden las portadas que llegan así a muchísima más gente que los diarios en su conjunto.
El secreto del titular de El País está en el adverbio más, que transmite una sensación de gravedad, urgencia, inminente peligro. No sabíamos que Europa estuviera dividida; ahora sabemos que lo está más. La lengua hace maravillas; por ejemplo, reinventa el pasado. Y no solamente la neolengua porque, en realidad, toda lengua es neolengua. El otro titular que acompaña es igualmente revelador: "París y Berlín ahondan sus diferencias en la cita sobre el crecimiento". De nuevo, el truco está en ese ahondan. Nadie había reconocido aún diferencia alguna pero ahora se ahondan. Misión cumplida: Europa está al borde de la ruptura.
Junto al titular, la foto es soberbia. Los dos mandatarios antagonistas principales se saludan sin mirarse. Hollande alza la vista hacia Monti como si estuviera hablando con él y saludara distraídamente a la dama. A su vez esta da cabezazo al estilo germánico pero tiene una sonrisa de retranca teutona que hace temer lo peor. En el fondo, desenfocado, pues la cámara enfoca a Hollande, se encuentra Rajoy como una especie de convidado de piedra. Hablen en lo que hablen el italiano Monti, el francés Hollande y la alemana Merkel, incluso si lo hacen en inglés, cosa que dudo pues los franceses insisten mucho en que se emplee su lengua en los foros internacionales, Rajoy se quedará fuera pues no habla ninguna. La proverbial incompetencia lingüística de los gobernantes españoles es uno de los signos distintivos de la Gran Nación de Rajoy.
La cuestión en debate son los dichosos eurobonos y la función del Banco Central Europeo (BCE). En ambos casos domina la posición alemana: el BCE es prácticamente alemán y de los eurobonos ni se habla. Hay una posibilidad de negociación, consistente en hacer ver a los alemanes que siguen guardando todas sus garantías si ambas instituciones se separan: los alemanes pueden conservar el BCE y permitir los eurobonos o cerrar el paso a los eurobonos pero dejar que el BCE sea más "europeo". Sería una base razonable de acuerdo. Porque es claro que hay que llegar a un acuerdo y un acuerdo político, esto es, uno en el que todos cedan algo.
Además del inconveniente mayúsculo de no entender ninguna otra lengua europea, Rajoy viene  muy tocado por la situación del país que representa. La noticia que aparece dentro de la estrella pone los pelos de punta porque da a entender una situación de práctica intervención. Si el FMI y otros órganos (¿cuáles?) fiscalizan la fiscalización que Rajoy ha encargado a no se sabe cuántas empresas de auditorías y agencias de raking, de esas que fallan siempre, es que nadie en el ancho mundo confía en España, en la Gran Nación. A pesar de que Rubalcaba, casualmente en Bruselas, ha hecho unas declaraciones apoyando al gobierno en aplicación de su teoría de hablar con una sola voz en Europa. Espero que el gobierno no piense que se trata de una "monodia trampa".

miércoles, 23 de mayo de 2012

El peor ministro de Educación de la historia.

Al día siguiente de que toda la educación española en todos sus niveles, y estamentos le haya hecho una huelga sin precedentes y haya salido a la calle en manifestación en el país entero, el ministro de Educación, José Ignacio Wert, se encuentra con un plante de los rectores de las Universidades españolas que se niegan a ir a una reunión de ordeno y mando típica de la mentalidad autoritaria y prepotente de aquel. ¿La razón? Que en ella, por mandato ministerial, no se puede hablar del contenido del decreto-ley recién aprobado y por el que se abre el camino a la destrucción de la educación en España. Bien por los rectores, que han demostrado estar a la altura de las graves circunstancias, cosa que ha quedado clara al decir Wert lo contrario, esto es, que no han estado a dicha altura pues sabido es que quien no lo está, ni a esta ni a ninguna por baja que sea, es el propio Wert.
Los sucesos reseñados ponen en claro el talante de este tertuliano de Intereconomía metido a gobernante. Ultramontano, meapilas, pedante, petulante y botarate, es obvio que, con su comportamiento pone de relieve que carece de los dos requisitos que debieran ser básicos en su ministerio: educación y cultura. Subvenciona los toros mientras suprime ayudas a la cultura de verdad y  excluye de la enseñanza a los sectores sociales que más la necesitan y a los que más podía beneficiar. 
Su comportamiento arrogante y suficiente, producto de su convicción de valer más que sus conciudadanos cuando tanto intelectual como moralmente, vale menos que el último de ellos y, si está en donde está, es por enchufe y maniobra política, lo acreditan de lo que es, un tertuliano todólogo de tres al cuarto acostumbrado a hablar para los suyos y que los suyos lo jaleen; nada más. Su razonamiento de que no es que las familias no puedan pagar los estudios de los hijos que él ha encarecido y dificultado sino que hacen un cálculo de costes beneficios por el que deciden dedicar sus recursos a otros fines refleja, de un lado, su espíritu clasista y de desprecio hacia la gente del común y, de otro, su servil admiración por los sofismas de la teoría de la decisión racional que solo un badulaque como él aplicaría a este caso.
Hay un hashtag en Twitter pidiendo la dimisión de Wert. Me parece de sentido común. El país no tiene por qué soportar a un individuo que no sabe hablar sin insultar y provocar a la mayoría de sus ciudadanos. Y así se lo han hecho ver la calle por un lado y los más cualificados representantes de la cultura y la educación por otro.
(La imagen es una foto de Irekia, bajo licencia de Creative Commons).

Día D. Merkolande en la cumbre del crecimiento.

(La primera imagen es una caricatura de DonkeyHotey; la segunda una de aeneastudio, ambas bajo licencia de Creative Commons).

Hoy es un día decisivo. Se inicia la llamada Cumbre del Crecimiento en la que se verán las caras las dos posibles de la Unión Europea, no en una visita protocolaria sino en un contexto formal de negociación. De un lado, la figura ascendente de François Hollande, quien representa la última esperanza de parte de la izquierda. Otra parte no confía en el nuevo presidente, al que considera el reverso de Sarkozy en la sola moneda de la derecha con sus dos caras. Del otro, la estrella declinante de Angela Merkel. La dama se encuentra al final de su mandato y ha venido perdiendo las últimas elecciones en los Länder. Con todo, sigue siendo la punta de lanza de la derecha europea neoliberal. Su figura señera se alza en un panorama desolador de quiebras, intervenciones, recortes, estrecheces y suicidios. En términos pugilísticos es un primer asalto en el que los contrincantes anunciarán sus pretensiones y medirán sus fuerzas en un momento crítico con el euro en entredicho y la misma Unión, como suele, a punto de fracasar.
Hollande encabeza el enfoque de la izquierda que pide atemperar las medidas de austeridad con otras de estímulo, que se permita algo de keynesianismo y no todo sea Von Mises, Hayek, Friedman a palo seco. Pero ese enfoque es ideológico y no tiene detrás una batería de países en apoyo, cosa muy necesaria en las negociaciones de la UE. El único país que respalda y no de modo total, es Italia. Los demás aliados de Hollande podrían ser aquello otros que están intervenidos, lo cual los pone fuera de juego. La izquierda española, encendidamente hollandista, no gobierna. El único apoyo de Hollande es el de Obama, transatlántico y de poco peso por tratarse del consejo de un mirón. La posición de Hollande, pues, no es muy airosa ni consistente. Par dessus le marché los alemanes saben que el presidente está pendiente de las elecciones legislativas de junio. Si estas se le tuercen, ya veremos qué tipo de cohabitación se monta entre el Elíseo y el Hotel Matignon pero, en todo caso, influirá en la acción de la Presidencia.
A su vez, Alemania acude apoyada en una sólida retaguardia de Estados continentales, Finlandia, Austria, Holanda. Es casi un frente imperial en favor de la continuidad de políticas neoliberales en píldoras de caballo del doctor Hackenbush, según el espíritu del Consenso de Washington, hoy convertido en Diktat de Berlín. La posición negociadora de Merkel es sólida pero juegan en su contra dos factores, el hecho de que pueda perder las elecciones legislativas del año que viene, como ha sucedido con todos los gobiernos en la crisis y el creciente descontento con sus políticas incluso en su propio país pues ya han tenido tiempo suficiente para probarse y han resultado siempre contraproducentes.
A nuestra vez, los españoles, según hábito, con el paso cambiado. El país está al borde de la intervención, practicamente intervenido mediante unos censores, especie de cuestores que nos ha enviado el imperio comunitario a fiscalizarnos las cuentas. Por eso mismo, nuestro interés reside en alinearnos con el francés, en demanda de mejores condiciones, ayudas europeas, capitalización de los bancos y la vieja ilusión de los eurobonos de los que los alemanes no quieren oír hablar. El gobierno ha hecho lo contrario. Gran adalid del neoliberalismo, ha rechazado los eurobonos, el demonio, sus pompas y sus obras, ha sometido a su pueblo a una cura de austeridad que tiene a la población movilizada en huelgas y manifestaciones tan multitudinarias y numerosas como la de la enseñanza de ayer y se ha puesto directamente a las órdenes de Merkel en la esperanza de conseguir algún trato de favor por vía de enchufe con la Canciller. Todavía más, no contento con los sacrificios impuestos, Rajoy ha decidido echar el país a los leones y ha contratado con unas empresas privadas del negocio de la calificación y la acreditación el examen de la salud del sistema financiero español. Una de las tales empresas había calificado de "excelentes" unos bancos irlandeses que hubo que nacionalizar acto seguido. Esto quiere decir que el gobierno se somete a las órdenes de los mercados incluso aunque sean erróneas y hasta ilegales, cuando no delictivas. Hay aspectos en los recientes planes de desarrollo de infraestructuras y edificabilidad que frisan lo penal.

martes, 22 de mayo de 2012

Jueces, banqueros y aristócratas, la sal de la democracia.

Ya pueden ilustres politólogos quemarse las cejas en busca de los más exactos y refinados indicadores sobre la "calidad de la democracia". Trabajo inútil, tirado a la basura. Ningún experimento de laboratorio podrá anular jamás el torrente mismo de la vida que mana a borbotones de una realidad multifacética y maravillosa. En España, por ejemplo, a pesar de la relativa juventud de su democracia, podemos dar lecciones a las más afianzadas del planeta. Y lecciones consistentes, de las que dejan huella.
¿Quién dijo que los magistrados debían ser seres grises, anodinos, estrictos hasta la neurosis en el cumplimiento de su deber y pundonorosos? Eso era en tiempos de los hugonotes y calvinistas. Hoy, un magistrado del Supremo, su Presidente, puede ser un devoto de comunión diaria y un fastuoso aunque discreto juerguista que se pule la pasta de los contribuyentes en cenas opíparas en el íntimo e incomparable marco marbellí. Y si alguien quiere hacernos retroceder al tenebroso pasado borgoñón de la rendición pública de cuentas, la Fiscalía corta el intento en seco aplicando una concepción revolucionaria del derecho, según la cual los gastos de un cargo público son privados o no según lo que el mismo cargo público decida. Bueno, solo si es juez.
Jueces son también los que en la Audiencia Nacional han decidido que en los 2.000 millones de Botín residenciados en Suiza no hay ni tantico así de ilegalidad. Si los millones están allí, que habrá que probarlo, pues suena a bulo para debilitar la banca, sus buenas y patrióticas razones tendrá Botín que solo piensa en el bien de España. Entre tanto, el que hace un butrón en una sucursal del Santander se come un marrón de años de cárcel. ¿Cómo vamos a llevar nuestro frenesí igualitario a comparar un benefactor de la patria con un pringao butronero? Eso no es democracia, sino igualitarismo envidioso y vergonzante, ultrademocratismo cercano a la anarquía.
La chulapa marquesa del pueblo, que gobierna Madrid con un empaque y un tronío dignos de la Virgen de Guadalupe, cada vez que abre la boca, miente, así que la historia del engaño en la cuantía del déficit de la Comunidad solo demuestra que quienes se escandalizan por ella no saben que es el estilo ordinario de la casa: mentir, falsear datos, ocultarlos, negar información a la oposición, neutralizar medios y personalidades críticas. Y si, para hacerlo, hay que invocar el reino de dios, los cimientos de la patria, la sangre de los mártires, se hace. Todo antes que confesar que está al frente de un gobierno que, al tenebroso asunto del Tamayazo, ha añadido prácticas supuestamente delictivas, con ánimo de llevárselo todo a casa crudo. 
Dice la Marquesa que debe suspenderse la final de la Copa del Generalísimo (que es su verdadero título) porque los rojos separatistas vienen a silbar el himno español y al Rey. Francamente, lo mejor que puede pasarle al himno es que no se oiga de feo que es. En cuanto al Rey, si lo silban, que devuelva el gesto como ya hizo con displicencia borbónica hace unos años con una peineta que sin duda Aguirre aplaudirá pues demuestra que por la venas del Rey corre la sangre de españoles orgullosos y madrileños altivos. La Patria. La Patria bienamada de este hatajo de gandules.
(La imagen es una foto de galería de Esperanza Aguirre, bajo licencia de Creative Commons).

La arrogancia de la impotencia.

Tenemos el país semi-intervenido por la autoridad europea. De Bruselas llegan unos comisarios financieros a comprobar sobre el terreno la veracidad de las afirmaciones del gobierno sobre la cuantía del déficit. A nadie le extraña tras haber visto cómo ese gobierno lleva cuatro meses haciendo malabarismos con los números que suben o bajan al albur de confusas explicaciones, recriminaciones y oscuras acusaciones de manipulación y engaño. Si los socialistas habían ocultado la cuantía del déficit (primera variación); si eso lo han hecho las Comunidades Autónomas (segunda variación) y, en concreto, las de Valencia y Madrid. Angela Merkel, sin embargo, no ve razón para dudar de la palabra de Rajoy, pero no parece haberlo avalado en su pretensión de involucrar al Banco Central Europeo (BCE) en el rescate/no-rescate de la banca española. La Canciller es una experta diplomática. Como lo es Barack Obama, quien ha hecho unas comprometidas y valientes declaraciones pidiendo al BCE que compre toda la deuda pública posible de España e Italia. Otra de las características de la buena diplomacia es lo valientes que somos todos a la hora de arriesgar el dinero del prójimo. Pero nada más.
Nuestra realidad es la presencia de unos censores de cuentas impuestos por Europa. Nuestros amigos no ven razón para dudar de la palabra de Rajoy pero, como Santo Tomás, prefieren venir a meter los dedos en la llaga. Rajoy no ha conseguido ninguno de sus designios sino solamente palabras de apoyo y solidaridad, incluso alguna arenga americana; todo palabras al viento de la historia. No obstante, para demostrar cuán rendido está al Diktat germánico neoliberal, ha rechazado de plano la sugerencia de Hollande sobre los eurobonos, una fórmula estupenda para resolver el problema europeo pero a la que los alemanes se oponen sino con la Wehrmacht, con la Geldmacht, mucho más eficaz, pues no hace falta invadir los países; basta con pasarles las deudas al cobro. Y, ya lanzado al campo del compromiso con la transparencia del sistema financiero, el mismo Rajoy ha puesto en manos de dos agencias privadas extranjeras la evaluación de la salud de aquel, una de las cuales se hizo célebre al calificar de excelente la salud de un banco irlandés que quebró un año más tarde.
En estas condiciones de debilidad resulta patético escuchar al presidente del gobierno urgir de las instituciones europeas un deus ex machina que salve la muy apurada situación interior en forma de "inyecciones" de capital a los bancos. En primer término las instituciones europeas son lentas por tradición, conveniencia y voluntad. Además, dar veinticuatro horas suena a ultimatum de la oveja al lobo. En este su primer periplo internacional de envergadura Rajoy ha paseado una gran nación en estado comatoso a la vista del amplio mundo. Para colmo de males, el propio servicio exterior español ha montado un entremés burlesco reverdeciendo los antilaureles de Gibraltar. Cameron pidió al parecer charlar con Rajoy y este accedió teniendo buen cuidado de declarar de antemano que del Peñón no se hablaría. No se hablaría porque no se puede. No están los tiempos para arrogancias vacuas al estilo del ultimatum de las veinticuatro horas.
Sin embargo la arrogancia está muy presente en sede doméstica. Para subrayar las diferencias entre la oposición del PP y la suya, el PSOE pasa el día haciendo ofertas de acuerdos y pactos al gobierno con el fin de, como dice Rubalcaba, hablar con una sola voz en Europa. La idea obvia es trasmitir a la opinión la imagen de una oposición que arrima el hombro. Todo son ofrecimientos, propuestas, ofertas de acuerdos. El secretario general del PSOE está dispuesto a llamar a Rajoy por el móvil y hasta por un tam-tam. ¿Y Rajoy? ¿Cómo responde? Como suele hacer, con el silencio. No se da por aludido. Tampoco cuando se le critica por ningunear el Parlamento y gobernar por decreto. Y menos aun cuando se le afea no responder preguntas en las ruedas de prensa. Todo eso debe de parecerle futesas. Igual que los miles de euros de las semanas caribeñas parecen al juez Dívar "miserias". No hay gran diferencia en punto a arrogancia. Como insólitamente altanera es la respuesta que Rubalcaba ha obtenido a sus propuestas de interpretar una monodia europea. Rajoy le avisa de que debe cuidar la coherencia. Rajoy pidiendo coherencia a los demás. Rajoy. Supongo que es lo que la red llama chanante.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).