divendres, 18 de setembre del 2015

El final de los imperios.


Cuando, hace ya algunos años, vi la película de Ridley Scott, Gladiator, los planos de Russell Crowe (Máximo) entrando o saliendo de su mansión campestre en España, me trajeron a la memoria la villa romana de la Olmeda en Pedrosa de la Vega, provincia de Palencia.  Son las escenas en flash back en que el general  recuerda sus campos cultivados y su vida familiar en compañía de su mujer y su hijo asesinados luego por orden del emperador Cómodo, quien también ordena destruir e incendiar la mansión para castigarlo por negarse a acatarlo como emperador. Imposible no ver en la memoria, o quizá imaginar, los campos cercanos al río Carrión en los que algún noble romano hizo construir su mansión hacia el siglo IV, muy cerca de otra villa anterior, del siglo I, más en la época de Cómodo, pero destruida en el siglo III. No se conocen los nombres de los propietarios del latifundio, aunque hay señales de que uno de ellos pudiera haber sido Asturius, general quizá de Constantino o Teodosio, como Máximo lo era de Marco Aurelio.  La villa de la Olmeda, obra tardoimperial, fue destruida a lo largo del sigloVI. Visión y recuerdo, en la película y en la realidad. Así que este verano hicimos una escapada a Pedrosa de la Vega y, luego, a Saldaña, en cuya iglesia de San Pedro se conservan muchas piezas arqueológicas procedentes del latifundio y dependencias adyacentes así como necrópolis, a ver cómo seguían las excavaciones.
 
Porque la primera vez que la visité fue a mediados de los ochenta  después de que el ingeniero agrónomo Javier Cortés, propietario del terreno, donara el conjunto a la diputación de Palencia para que prosiguiera las excavaciones. Él hizo el primer descubrimiento por casualidad en 1968 y, durante doce años, fue desenterrando construcciones, reparando mosaicos, ampliando lo excavado, hasta que vio que era una tarea superior a sus posibilidades e hizo la donación de lo que está considerado como uno de los mayores yacimientos arqueológicos europeos y una de las mayores villas de todo el imperio romano. El hallazgo de una vida.
 
 La diputación reabrió el sitio en 1984 al tiempo que seguía ampliando las excavaciones. Desde entonces se han hecho muchas ampliaciones y, aunque la parte rústica queda por descubrir, la urbana está ya toda a la vista, en magnífico estado de conservación y muy cómoda visita mediante unas pasarelas fijas que permiten contemplar los mosaicos del oecus, la parte noble. Son muchas las habitaciones que conservan mosaicos y para observarlos es muy útil una detallada guía de José Antonio Abásolo y Rafael Martínez, catedráticos de Arqueología de la Universidad de Valladolid. Hay multitud de dibujos, pautas, formas y colores, motivos vegetales y sobre todo geométricos. Llaman la atención las cruces gamadas tranto dextrógiras como levógiras, por razones comprensibles porque parece que son signos iranios pero que obviamente habían hecho un largo recorrido. También la primera vez que visité el lugar me llamó la atención una cantidad regular de conchas de ostras que testifican de cierto lujo en el vivir, hoy reducidas a una pequeña muestra pero igualmente significativa.
 
Los dos conjuntos de mosaicos más interesantes tienen motivos figurativos y muy curiosos. Uno de ellos representa el episodio en que Ulises, "el de los mil trucos", según Homero, descubre a Aquiles, disfrazado de  doncella entre las hijas del Rey Licomedes, a donde le había llevado su madre para evitar que fuera a la muerte en la guerra de Troya. Es un tema que se repite mucho en la pintura del clasicismo y el neoclasicismo porque es muy sugestivo, el del reto para el artista de representar el momento en que surge el hombre en ímpetu viril y belicoso del cuerpo de una dulce joven y el pasmo e intriga de su compañeras.
 
El otro mosaico también muy bien conservado son figuras de animales, leones, ciervos, etc en escenas de caza, muy vivas, muy fidedignas pero, eso, escenas de caza que nunca me han parecido especialmente interesantes, aunque sin duda tienen mucho mérito.
 
El palacio es una maravilla de proporción y variedad. Con la guía de Abásolo se pueden ir siguiendo los conductos del sistema de calefacción del hipocausto porque es fácil imaginar el frío que debe pasarse en invierno en Palencia, clima continental. Igualmente es magnífico el complicado sistema de baños con todos sus apartados y diferentes funcionalidades.
 
A la entrada se erige una arcada minuciosamente recostruida con las piezas auténticas que se encontraron dispersas y enterradas. Da paso al peristilo, el patio interior cuadrado que reproduce a escala menor del cuadrilátero del palacio, flanqueado por cuatro torres y que, en su tiempo, constaba de dos plantas.
 
Esta villa era el centro, casi una pequeña ciudad, de una intensa actividad agropecuaria en la que interactuaban personas de muy diversa condición, criados, esclavos, libertos, ciudadanos romanos, la familia, los comerciantes y extranjeros, muchos de ellos con nombres griegos o de otras procedencias. Una actividad que fue decayendo poco a poco, para dar paso a las medievales en los alrededores (como se prueba por las necrópolis) hasta desembocar luego en la nobiliaria Saldaña. Un imperio sustituía a otro.
 
 

dijous, 17 de setembre del 2015

Vallamos por partes, catalanes.

Desde luego, los mandatarios extranjeros han resultado unos fofos, indecisos y miedosos. Ni Merkel, ni Cameron ni Obama han sido capaces de defender la unidad de España con la decisión y claridad que esta nación merece por ser la más antigua que vieron los siglos, ya implantada en el paleolítico, de donde algunos dicen que no ha salido. Estos extranjeros cobardicas sin duda piensan que la secesión catalana es un asunto interno español, lo cual carece de lógica porque, si es secesión, por fuerza no puede ser interno sino que se convertirá en externo. Un lío.

Por fortuna, la Vicepresidenta del gobierno, primer escalón de este en que empieza la vida racional pues no parece haberla en el superior, es clara y rotunda. Ya pueden todos los catalanes, sin faltar ni uno, ni los que estén de baja, votar por la independencia de su tierra. Por encima de su voluntad está la ley que la impide. Punto. No hay más que hablar: la secesión es ilegal y el gobierno hará cumplir la ley. ¿Cómo? Pues enviando a los magistrados del Tribunal Constitucional, convertidos en corchetes por obra de una reforma exprés de la norma que regula este alto órgano, votada únicamente por la mayoría absoluta de diputados del PP, un partido al que el juez tiene en el banquillo porque más parece una banda de ladrones. Y sin consenso alguno en el Parlamento. Ni falta que hace. Ni el consenso ni el Parlamento.

Si los civiles, como suele suceder, no resultan convincentes porque son blandengues, aquí están los militares, dispuestos a cumplir con su deber de garantizar lo que dice el artículo 8 de la CE sobre la "integridad territorial" de la patria. Y, con los militares, una manga de energúmenos en las redes, ofreciendo forrar a hostias a todos los catalufos y polacos, obstinados en no apreciar el amor que los españoles les profesan y en querer gobernarse por su cuenta, en lugar de seguir disfrutando de las ventajas tradicionales de los esclarecidos y eficaces gobiernos de España que han llevado al país a las cotas de bienestar, prosperidad, justicia, igualdad y cultura que ha alcanzado y no solamente en Tordesillas.
 
Pero no todo en España es duro, arriscado, chocarrero, insultante, amenazador, hacia los catalanes. También cuenta el estamento pensante. Los intelectuales que, hasta ahora, parecían mudos como la esfinge de Gizeh. Un grupo de ellos, gentes de erudición y reflexión pertenecientes a la Fundación Alternativas, ha dado a luz un sesudo documento titulado Cataluña ante la Unión Europea. Las consecuencias jurídicas de la independencia en donde, sin necesidad de amenazar e insultar, se prueba fehacientemente que la independencia catalana es imposible. Ojo, no es un ex-abrupto como los de la sinsorga de la vicepresidenta, sino un estudio riguroso y estrictamente jurídico. Siempre que se dice eso, se quieren poner las conclusiones por encima de toda sospecha de parcialidad o partidismo, presentarlas como verdades apodícticas, no sesgadas por cochinos intereses. Se quiere sentar plaza de infalibilidad y yugular todo debate y/o discrepancia. Que la Fundación Alternativas sea del PSOE y esté repleta de cargos y paniaguados de este partido es puramente circunstancial e irrelevante. El estudio es técnico, no ideológico y nada partidista. En absoluto. Así lo presenta El País, otro prodigio de periodismo objetivo sobre todo en asuntos catalanes.
 
¿Y qué dice el tal estudio? Lo primero, que la secesión es imposible, porque es inconstitucional. O sea, lo mismo que dicen la hacendosa vicepresidenta y los gallardos militares. Pero suavemente, con buena educación porque estos son intelectuales con criterio propio e independencia de juicio: la secesión catalana es imposible porque es inconstitucional. Lógicamente, el estudio debiera acabar aquí. La Constitución es ley de leyes y nada que vaya en contra de ella puede prevalecer, so pena de destruir el Estado de derecho. Fin. El informe de estas lumbreras constaría de un folio.
 
Pero no. Tiene muchos más. Los siguientes están dedicados a probar que una Cataluña independiente sería una paria internacional, una vagabunda colectiva, una nave de apestados con quien nadie querría tratos.
 
Pero si, aun siendo inconstitucional, la secesión de Cataluña se produce, eso quiere decir que el Estado español no tiene el monopolio de la violencia ni es soberano porque no puede hacer cumplir las leyes en su territorio. España es un Estado fallido. No sé si los autores del informe consideran que quizá este punto matice el resto de sus muy objetivas conclusiones, pero no es una bagatela sobre todo en un mundo en el que la Realpolitik tiene más vigencia que nunca.
 
Como Palinuro profesa poco respeto por las mistificaciones de los funcionarios ideológicos, no se entretendrá en sus ergotismos, bastando a su juicio con algún reparo a la conclusión más notoria del estudio en su esencia teórica, esto es, si Cataluña se independiza, será un  nuevo Estado y su esencia práctica, pues, al ser nuevo Estado, saldrá de todos los organismos internacionales de los que España sea parte.  Es jurídicamente diáfano, dicen los autores. Pues sí: Cataluña será un nuevo Estado... y España también. Habrá que renegociar los tratados. Claro. Igualmente para España. Por ejemplo, lo más obvio: habrá que recalcular la cantidad de eurodiputados españoles.
 
¿Y la vertiente práctica? Cataluña fuera de todos los organismos internacionales. Fuera de la OMS, por ejemplo, o de la Unión Postal o de la OMPI, o de la OIT. Pero, señores, ¿están ustedes en sus cabales?
 
De todos modos, catalanes, ya veis: un verdadero lío. Así que no seáis necios. Es mucho mejor quedarse en España, en donde un juez, al que pillan conduciendo beodo perdido y que no sabe escribir, pretende entender en un asunto penal en el que aparecen acusadas gentes de un partido que lo ha amparado, protegido y, quizá, a través de su Fundación FAES, pagado. Un juez que, hasta hace poco, era magistrado de un Tribunal Constitucional, presidido por exmilitante del partido del gobierno, que ocultó este dato a la comisión parlamentaria que examinaba su idoneidad para el cargo.
 
Sí, es mucho mejor que os quedéis en un país en el que un partido que presuntamente lleva financiándose ilegalmente durante veinte años, gana las elecciones mintiendo sobre su programa de arriba abajo, del derecho y del revés, de la cruz a la fecha y, luego tiene el morro de anunciar en Twitter que ha cumplido el 92,5% del programa sin que nadie, absolutamente nadie, pregunte si se trata del falso o del otro. Un país gobernado por un personaje capaz de mentir en sede parlamentaria y que también ha estado cobrando sobresueldos de procedencia dudosa durante los veinte años que, al parecer, "no son nada".
 
Es mucho mejor que os quedéis en un país en el que un sujeto quiere "españolizar" a vuestros niños y, no consiguiéndolo, se marcha a París con su señora, ambos a vivir a cuenta vuestra y de todos, tras haber entregado de nuevo la educación a la Iglesia católica. Un país cuyo Estado no tiene confesión pero en el que esta Iglesia es un Estado dentro del Estado y, en muchas cosas, por encima del Estado a base de privilegios; en el que los ministros fían las políticas públicas a la intercesión de diversas vírgenes (debe de ser lo que se llama la "nueva gestión pública") a las que, llegado el caso, se condecora por sus méritos celestiales con el dinero de los contribuyentes y en el que se emplean quinientos millones de esos fondos en subvencionar unos espectáculos crueles y sangrientos definidos por las autoridades como "patrimonio cultural" o cualquier otra memez.
 
Un país en el que el gobierno roba los fondos de las pensiones de los jubilados, explota innoblemente a los trabajadores, los mantiene en el paro o los obliga emigrar, que no garantiza el futuro de los jóvenes, ni atiende a la población dependiente, ni hace justicia a las víctimas de la anterior dictadura genocida con la que los gobernntes actuales tienen muchos vínculos ideológicos y de interés. Un país en el que el gobierno destruye a conciencia el Estado del bienestar, el sistema público de salud y el de la educación también pública, al tiempo que cuenta  con una legión de esbirros en los medios dedicados a mentir y decir lo contrario, pagados también con los dineros de los contribuyentes, que somos todos menos la Iglesia, la banca y los ricos.
 
Esta gran nación, incapaz de recuperar un peñón en el Sur (lo que, al parecer, no afecta a la integridad territorial en cuyo nombre los militares están dispuestos a lo que sea), os respeta y os quiere y, porque os quiere, no os deja decidir por vuestra cuenta lo que más os conviene. 

dimecres, 16 de setembre del 2015

"Fuerte y unida". Sigue el ridículo.

De todos los terrenos en los que este gobierno hace aquello que mejor sabe hacer, esto es, el ridículo, el de los asuntos exteriores se lleva la palma. Para calibrar la importancia internacional de España, su peso en Europa y en el mundo y la altura de su diplomacia echemos unos números. En los siete años de mandato de Obama, este ha hecho, según mis noticias, 89 viajes al exterior, de ellos 17 a países europeos. ¿Cuántos a España? Ninguno. Ha estado cinco veces en Francia, cuatro en Alemania y cuatro en el Reino Unido, dos en la República Checa, en Rusia, en Italia, el Vaticano, Dinamarca, Bélgica y Polonia. ¿Y en España? Jamás. El presidente de los Estados Unidos, el país más poderoso, no ha venido al nuestro nunca en todo su mandato porque no pinta nada en el extranjero. Sí lo ha hecho un vez al menos a Turquía, Noruega, Suecia, Países Bajos y Bélgica y muchos otros países en todos los continentes porque la de los EEUU es una política imperial. Pero España no la ha pisado. Lo cual da una idea del peso de la gran nación en el mundo. También ha estado Obama en Irlanda, Estonia y Portugal. Pero no en España, a pesar de encontrarse a tiro de piedra de Lisboa. Como consolación, vino en algún momento su señora a pasar un par de días en la Costa del Sol y Obama afirma que su intención es visitar nuestro país antes de tomar las de Villadiego en 2017, cosa que no cree nadie.
En relación con los EEUU la diplomacia española es la de Bienvenido Mr. Marshall. Nuestros mandatarios, Rajoy y Felipe VI, han ido cada uno de ellos una vez en visita oficial. De la de Rajoy es mejor no hablar por sentido del ridículo y de la del Rey será mejor no hacerlo por caridad cristiana. Palinuro concluía su post de ayer, Perfilando el voto, con la afirmación de que el monarca va a los Estados Unidos a recibir órdenes, y en ello está este buen señor.
El País, como si fuera El berrido de Villar del Río, trae la noticia en portada a cuatro columnas con la cita que más le interesa literalmente hozando en el mundo de Ubú Rey: "Obama defiende ante el Rey una España fuerte y unida'". Como fórmula gramatical no puede ser más inepta. No es ante el Monarca ante quien debe Obama defender ese deseo que es fervoroso anhelo del Borbón, sino ante el díscolo Artur Mas. Pero como resultado de las gestiones de la diplomacia española, la fórmula es de verdadera risa. Es imposible que el deseo formulado por Obama, como los que el ministerio de Exteriores arrancó con fórceps hace unos días a Merkel y Cameron, sea más escueto y reticente por cuanto España puede ser fuerte y estar unida con o sin Cataluña. La conclusión de que esa fórmula va dirigida contra el independentismo catalán pertenece a la mentalidad delirante del director del periódico, ese demócrata que no deja que la redacción pueda votar sobre su gestión. Lógico, pues, que si no permite votar a los trabajadores de su empresa, menos se lo admitirá a los catalanes.
¿Merece la pena intrigar frenéticamente en las cancillerías para conseguir declaraciones tan sosas, pobres y a regañadientes cuando el precio que se paga es la internacionalización del conflicto? ¿No es la internacionalización de este un objetivo del independentismo catalán? ¿No es ridículo que también lo haga el gobierno central? Ir por los países extrajeros mendigando pronunciamientos de sus mandatarios en contra de ese independentismo es absurdo, miserable y humillante. ¿No ve la diplomacia española que estas fórmulas de cortesía apenas disimulan la convicción de los países extranjeros de que la cuestión catalana es un asunto interno de los españoles? ¿No ve que eso atenta contra la dignidad y soberanía de España que dice salvaguardar ante todo, aunque es evidente que no se le alcanza lo que son?
Es obvio que no, y por eso el berrido de Villar del Río lo trae en portada, cosa que, aunque su director no lo crea, no impresiona a nadie salvo, quizá, a él. Marca España.

El diseño oculto.


Al dar cuenta de la exposición de González Palma, prometí hablar de otra también albergada en la Fundación Telefónica sobre el conjunto de la obra de Alberto Corazón. Una retrospectiva completa que abarca cincuenta años de diseño gráfico, de fines de los años sesenta a hoy, en la que podemos rastrear indirectamente la evolución del país y directamente la del autor. A lo largo de ella, este, que es también pintor y ocasional escritor que reflexiona sobre su obra y su oficio, tiene un concepto reiteradamente modesto de sí mismo. Dice que el diseñador no es un artista, sino un profesional, subrayando así una visión diríamos artesana de su quehacer que, sin embargo, la realidad se ha encargado de resituar con justicia pues Corazón posee el premio nacional de diseño y es académico de la Real Academia de Bellas Artes, cosa que él mismo interpreta como un espaldarazo a la consideración del diseño como arte.

Conocí en Alberto Corazón en los años sesenta en la Facultad de Ciencias Políticas, que era la nuestra, pero no lo traté porque, siendo él un año y pico o dos mayor que yo, pertenecía a un círculo en el que destacaban otras gentes que admiraba y admiro, como el fallecido Alberto Méndez, el autor de los girasoles ciegos y otros seniors para mí, que era por entonces un mocoso. Pero, aun sin tratarlo directamente, me lo he ido encontrando a lo largo de la vida, como todos los de mi generación y aficiones estéticas y orientaciones políticas. Desde fines de los años sesenta, todavía en la Dictadura, Alberto Corazón dominaba el diseño de los libros que los rojos leíamos y en muchos casos, seguimos leyendo. Comenzó la aventura con la editorial Ciencia Nueva. Siempre he supuesto que la referencia a Vico vendría de los hermanos Méndez. Sobre unas portadas sobrias, elegantes, serias y muy innovadoras, umbral de obras como Ciencia y Política en el mundo antiguo, de Benjamin Farrington, Thomas Münzer, teólogo de la revolucion, de Ernst Bloch, hemos discutido a veces tardes y hasta noches enteras. Autores más o menos marxistas que, en lugar de dar vueltas autocomplacientes al propio marxismo, lo empleaban como verdadero instrumento para la elucidación de otras cuestiones, filosóficas (Avicena y la izquierda aristotélica), arqueológicas (La evolución de la sociedad, de Gordon Childe) etc. La colección de "clasicos" (Larra, Lucrecio, Herzen, Marx) también tuvo muy buena acogida. Conservo muchos de estos títulos, bastante manoseados, por cierto.

La censura franquista obligó a cerrar la editorial, pero no puso fin a la relación de Corazón con los libros y con determinados libros. Él mismo se convirtió en editor. Comunicación Alberto Corazón Editor  tenía un contenido mucho más actual y más especializado en los campos de la comunicación, la semiótica, el lenguaje en los que el vanguardismo del contenido corría parejo con la originalidad de la presentación. Aún hoy puedo reconocer cualquier libro de esa editorial con los ojos cerrados, al tacto. Más tarde, otras empresas editoriales recurrieron a él, Ariel, Castellote, Morata, de forma que Corazón siguió ampliando su presencia en nuestros anaqueles, repletos de obras de intencionalidad política, crítica, revolucionaria. Después, en su desarrollo profesional, dio el paso a ilustrar libros de carácter más comercial, de texto, etc, para Anaya y, a través de ella, la fundación Sánchez Rupérez para la que siguió trabajando.

Al tiempo que realizaba su obra propia y publicaba ensayo sobre su vocación y actividad profesional amplió esta al diseño de revistas (Nuestra Bandera, el órgano teórico del PCE, partido al que imagino, aunque no lo sé de cierto, se sentía cercano) y sobre todo la cartelería, singularmente para representaciones de teatro clásico (Lope, Calderón, etc) o de vanguardia (Weiss, Handke, Kafka, etc) obras que los rojos íbamos a ver no diré que religiosamente porque sería un contrasentido pero con pasión.

Alberto Corazón ha sido, pues, una presencia gráfica, colorida pero innominada,en la vida de mucha gente y, desde luego, en la mía. Lo he encontrado en una especie de diálogo con el pop, lo he podido comparar en algún momento con productos como los del Equipo Crónica y, desde luego, lo he visto muy relacionado con las propuestas gráficas de los situacionistas, cuando utiliza imágenes de publicaciones gráficas populares, comics, etc., reformulando las leyendas.

Luego, su actividad ha conocido una insólita expansión, casi industrial y ese es el verdadero hallazgo de esta exposición. El diseño gráfico se pone al servicio de las identidades corporativas y la propuesta de logos comerciales y aquí es donde el visitante, de pronto descubre que no solamente hay un Alberto Corazón audaz diseñador instalado en la memoria, sino otro, una verdadera empresa comercial que condiciona el horizonte visual cotidiano de millones de personas. No exagero. Una lista expurgada de las instituciones y empresas cuyas identidades corporativas, marcas y logos son obra de Alberto Corazón no me dejará mentir: el MOPU, la Universidad Autónoma de Madrid, la empresa DAGU, la Fundación Germán Sánchez Rupérez, Paradores Nacionales, Ferrovial, la Junta de Andalucía, la ONCE, MAPFRE, FEVE, etc. Raro será el día en que no nos topemos con algún producto del trabajo de este hombre cuya fuerza creadora es tan elegante como inagotable. ¡Hasta resulta haber diseñado el logo de mi Universidad, la UNED, y el de mi Facultad, que es la suya!

Todo un descubrimiento de pasado y presente esta retrospectiva de la obra de Alberto Corazón, gran creador del diseño gráfico y nieto de hortelano, como él mismo gusta de calificarse.

dimarts, 15 de setembre del 2015

Perfilando el voto.

Por fin estamos abocados a las dos etapas finales de este año atropellado con las elecciones catalanas el 27 de septiembre y las generales, es de suponer, el 20 de diciembre. Y reina una confusión superior a la normal porque el independentismo catalán, que ha pasado de ser una algarabía, según inteligente calificación de Rajoy, a ser la amenaza más grave a la unidad de España desde Companys todo lo complica. Parece oportuno apuntar algunas reflexiones con ánimo aclaratorio. Prescindo del habitual recurso de muchos analistas de anunciar su voto para ahorrarse los análisis porque siempre me ha parecido un recurso sin sentido. El voto es secreto y, por mucho que alguien publicite el suyo, incluso en acta notarial, no podrá jamás probar que votó como aseguraba.

Las elecciones catalanas, aunque parecen el bullir de un zoco árabe por la cantidad de opciones, grupos, alternativas, son fáciles de entender porque se reducen a una binaria: sí o no. Los independentistas, esto es, el bloque del sí (Juntos por el Sí, y las CUP) sostienen que las elecciones son plebiscitarias; sí o no. Las otras candidaturas (PSC, C's, PPC, CSQEP y Unió) sostienen que nada de plebiscitarias; son elecciones autonómicas normales y caben todas las diferencias, matices y variantes. Sin duda, pero, al final, todas están por el "no" y, por tanto, sí o no, bloque del no. El bloque del sí contiene una lista de izquierda institucional, ERC, en alianza con la derecha de Convèrgencia y las asociaciones civiles de la Assemblea, Ómnium y Súmate y otro de izquierda radical, con elementos asamblearios y ácratas. Las dos aparecen conectadas por el objetivo independentista de forma que, a este respecto, forman una unidad, quedando en la sombra el factor social (como de hecho lo está en la lista mayoritaria) y otro mucho menos señalado pero también presente: el republicanismo. Las tres fuerzas políticas y sus hinterländer sociales aspiran a la independencia de una República catalana. El voto aquí está muy claro: Sí, derecha e izquierda y prou.

El bloque del "no" es aparentemente más diversificado y, según los sondeos, sus opciones han de repartirse un 45% del voto aprox. en reñida competencia. Y, además, la hacen mirando siempre hacia Madrid, a diferencia del bloque del sí. Obviamente en todas hay un hilo conductor, que es el "no", pero con variantes: "No" y que todo se quede como está (PP); "no" y que todo se quede como está, pero más arreglado y limpio (C's); "No" y promesa de negociación en busca de nuevo encaje (Unió); "No" y promesa de reforma constitucional de vocación federal (PSC); "no" y promesa proceso constituyente español, "para decidirlo todo" y también en Cataluña (CSQEP/QWERTY). Los votantes tienen a dispoción varios matices del "no"; pero siempre es "no"

Porque las elecciones, diga lo que diga el nacionalismo español, son plebiscitarias.

En el bloque del "no" hay enfrentamientos diversos. Nadie se ocupa de Unió; el PSC parece mantener un suelo firme de votantes de izquierda no nacionalistas; el PP lucha por sobrevivir en un entorno muy inhóspito; y la pelea está entre los dos emergente, C's y QWERTY, en realidad, Podemos. Ambos esperan resultados decorosos (en torno a 18 disputados cada uno, de 135) pero no embriagadores. Porque los dos necesitan afianzarse en Cataluña como partidos españoles para que los españoles los voten en España. C's no lo tiene muy difícil. El caso de Podemos es más complicado porque, si su resultado viene a ser el mismo o casi del que tuvo ICV en las pasadas elecciones, su peso en España, que es lo que le importa, se verá muy mermado. Las opciones de izquierda que han quedado al margen de la oferta electoral, Procès constituent, de Forcades y Guayem, el núcleo de Barcelona en Común, probablemente repartan sus votos entre los dos bloques, del sí y del no.

Repárese en que el resultado de las elecciones del 27 septiembre condicionará las generales de diciembre. Caramba con la algarabía del profeta. Un condicionamiento cuyo alcance no podemos prever. Imaginemos que el bloque del sí obtiene el 53% del voto y 81/82 escaños, como pronostican algunos sondeos. Imaginemos luego que el Parlament decreta una DUI. Exactamente ¿que hace el gobierno de España? Rajoy asegura que hay mecanismos para evitar que España se rompa. Obviamente estos pueden ir desde una suspensión de hecho de la autonomía hasta la intervención militar con proclamación del estado de excepción. Dependerá de la gravedad percibida en Madrid de la actitud catalana. Y, si se da un estado de excepción, es poco probable que haya elecciones en diciembre. Hasta ese punto puede incidir la algarabía catalana, hasta eliminar las elecciones. Si esta opción, en el fondo, coincidae con las aficiones más profundas de Rajoy, un neofranquista, es aquí irrelevante. La posibilidad existe.

Mientras se mantengan las generales para diciembre, los campos, a diferencia de Cataluña, son bastante simples. A un lado, la derecha, compuesta por el PP y C's, que se estrena en la plaza en donde, por decirlo en un lenguaje que Rivera entiende pues, aunque dice que no, es aficionado a las corridas, va a tomar la alternativa. C's tontea mucho por las esquinas del mapa español pero, llegado el momento, sabe que su aliado natural es el PP, como se muestra en la Comunidad de Madrid.

Frente a la derecha, la izquierda aparece tan fraccionada como siempre, pero con algunas novedades. Si su resultado catalán es suficiente, Podemos terminará de fagocitar a IU. Ahora en Común, la plataforma de confluencia de las izquierdas no socialistas en la que esperan integrar a Podemos iniciará una tarea de confluencia con unas elecciones primarias a las que se presentará, según parece, Alberto Garzón. Las siglas IU se esfuman del cuadro y las del PCE ni se cuenta. Pero las organizaciones ahí están y sus militantes también. La condición que, a su vez, ha impuesto Podemos para la confluencia es que el nombre sea siempree Podemos más el predicado que sea en cada caso porque solo prevé alianzas a nivel autonómico. Algo bastante lioso. Pero quédese el lector con la copla: Podemos nunca aparecerá al lado de las siglas IU, que son los "pitufos perdedores". La fagocitación es completa. Otra cosa es si es indigesta y si, de aquí a diciembre, se mantiene la confluencia/unidad con fuerzas políticas como IU y el PCE, cuya tendencia a la fragmentación y el conflicto interno es casi endémica.

En todo caso, esa opción de la izquierda no socialista, desconfiando mucho de su capacidad para atrer el voto, trata de reñírselo al PSOE que es su más lógico aliado de hipotético gobierno como socio principal o secundario. De ahí que Podemos vuelva sobre los trillados procedimientos del proselitismo comunista de los años treinta del siglo pasado. La afirmación de Errejón de que "los socialistas de corazón" se van con Podemos, equivale a la vieja idea-provocación de la Komintern de que los dirigentes socialdemócratas eran traidores, pero los militantes, gente sana, podían ser absorbidos en las filas comunistas. Y, por supuesto, la idea de que Corbyn sea el "Pablo Iglesias británico", fervorosamente aplaudida por Podemos, va en la mismo dirección. Es una actitud que tiene algo de parasitismo. Para Podemos, casi todo en Europa que tenga alguna posibilidad es Podemos, Syriza y el Partido Laborista. Supongo que, siendo los dos partidos, el Laborista y el PSOE, de la misma Internacional, los españoles refutarán por la vía de hecho ese intento de apropiarse colores ajenos. Pero, mientras lo hace, Podemos seguirá intentando minar el terreno que pisan.

Y hacen bien. La política es así. Si el PSOE quiere conservar su territorio, que lo defienda. La amenaza le llega por la izquierda y se verá obligado a neutralizarla sin dar pie a que el PP clame que se ha echado en brazos del radicalismo. El asunto es tremendo porque, con toda la buena voluntad del mundo, es casi imposible observar en la dirección actual del PSOE un mínimo impulso de renovación digno de mención. Por las villas y campos de España va Pedro Sánchez, el enviado de Rubalcaba, repitiendo como un molinillo las vagas promesas de regeneración democrática, recuperación del Estado del bienestar y cohesión territorial española, sin asomar mucho cuerpo, no lo vayan a comprometer antes de tiempo. Hay que esperar el resultado de las elecciones catalanas, como siempre ya que de él, en buena medida, dependerá la decisión que tome como partido. Es posible que se imponga una alianza PSOE-Podemos bajo dirección más probable de los socialistas. En realidad, tal como están las cosas, quizá sea la única opción factible de gobierno de unidad de la izquierda en España, algo de lo que Palinuro viene hablando desde hace meses.

Pero también es posible que, por diversas razones, por ejemplo, un estado de excepción a causa del independentismo catalán, el PSOE acabe entrando en un gobierno de concentración con el PP. Incluso más, como viene a augurar la ilustración de este post que podría tener un título de film norteamericano como "el tren de la hora veinticinco". Sería extraño para España, pero no para Europa, en donde este tipo de gobiernos es normal. Alemania se gobierna hoy con una gran coalición.

Quedaría por averiguar en qué medida esa confluencia de "salvación nacional" realmente podría detener a los catalanes y "salvar España".

En lo que se me alcanza, muy escasa. La presencia del PSOE en un gobierno que tuviera que enviar tropas a Cataluña o suspender la autonomía, le daría, sin duda, más legitimidad. Pero no lo haría más eficaz.

Y, en realidad, vendría a poner, de hecho, la resolución del conflicto catalán en manos de los extranjeros, especialmente de los europeos, pero no solamente de ellos. También los Estados Unidos tendrán algo que decir. De hecho, el Rey va ya de visita a Washington, a recibir órdenes.

dilluns, 14 de setembre del 2015

Aquí no se para nada.

¡Vaya entrevista que infligió ayer Ana Pastor a Artur Mas! No es un problema de buen o mal periodismo. Al fin y al cabo los periodistas, como cada quisque, tienen su forma de ver las cosas, sus ideas y sus ideologías, al menos en España. Es un problema de buena o mala educación. Presentarte en el lugar de un mandatario a hacerle unas preguntas, hacérselas pero no dejarle contestarlas, acosarlo, atosigarlo sin respiro no es periodismo. Es, simple y llanamente, petulancia, intemperancia y, sobre todo, muy mala educación. No se interrumpe a la gente a la que se interroga invariablemente a los diez segundos de que haya empezado a hablar. Eso es insoportable. A ella le parecerá el colmo de la valentía, el arrojo y la profesionalidad periodística pero no pasa de ser una impertinencia. Obviamente no se trata de que cada pregunta sirva para que el el entrevistado se largue un monólogo autojustificativo. Al contrario, para evitar eso, si se produce, es bueno que el (la) periodista interrumpa y no lo deje evadirse. Pero no a los diez segundos de hablar. Asimismo no se trata de que se permita al entrevistado irse por las chimbambas, cosa a la que los políticos son muy aficionados, pero tampoco de cortarle en cuanto empieza a decir algo y elevar la voz, tratando de superponerla a la del otro en un guirigay insufrible de esos de tertulia de bocazas.
 
En cualquier caso Mas, que ya debía de estar preparado, no  se descompuso. Llegó a decir a la entrevistadora que le dejara responder, lo cual ya es pintoresco, rechazó el alud de acusaciones que Pastor le trasladó como si fuera un acta policial y colocó el meollo de su mensaje claramente: a partir del 27 de septiembre, si el bloque del "sí" tiene mayoría suficiente, pondrá en marcha la hoja de ruta para la independencia en 18 meses. Si en España, a partir de diciembre, hay un gobierno nuevo y muy distinto del actual, cosa que él duda y Palinuro también, y ese gobierno ofrece negociaciones, ellos, los independentistas, están dispuestos a hablar, pero sin detener la hoja de ruta. Todo lo más están dispuestos a hablar sobre el modo de implementar el resultado del 27 de septiembre.
 
Por cierto, a estas alturas ya sabe todo el mundo en España que lo más probable es un triunfo muy holgado de la opción independentista y unos datos deplorables para el PSCy el PP, así como discretitos para Podemos y una migaja más para C's. Eso es lo que tiene de los nervios a los tres líderes españoles que ayer echaron el domingo en Cataluña como missi dominici de la Monarquía borbónica en tierras de infieles republicanos.
 
Palinuro no siente especial simpatía por Mas, como no la siente por ningún líder neoliberal. Pero una cosa son las discrepancias políticas y otra muy distinta llamarse a andana cuando uno es testigo de que alguien, en este caso Mas, está siendo brutalmente acosado por todo el nacionalismo español, sus instituciones, sus partidos, su Iglesia y sus periodistas; que, como él mismo señaló, llevan diez años investigándolo minuciosanente con su partido sin que hasta la fecha haya nada concreto. Y plantear, como ha hecho Pastor, una entrevista para repetir todas las acusaciones habitualmente infundadas del nacionalismo español no es precisamente un timbre de gloria.
 
La periodista, sin embargo, se llevó una verdadera primicia para casa, algo esencial, fundamental pero que, es muy de temer, no entendió, porque a ella lo que le gusta son las cosas simples de si  este pone la mano en el fuego por el otro y necedades de ese tipo. La primicia consistió en la formal declaración de Mas de aceptar un referéndum de autodeterminación en Cataluña como el que se hizo en Escocia. Y, por supuesto, vinculante, como el escocés. Palinuro está obligado a señalar que, si ese referéndum se hubiera celebrado hace dos o tres años en lugar de prohibirlo con una obcecación típicamente española, ahora no nos encontraríamos en la situación en la que nos encontramos.
 
Mas salió muy bien parado de la entrevista y la claridad de sus ideas y de sus propósitos ponen de manifiesto su voluntad y su categoría como político democrático, sea cual sea nuestro juicio en otros aspectos de su acción de gobierno. Y, si alguien tiene alguna duda imagínese qué sucedería si, en lugar de Mas, Ana Pastor entrevistara a Rajoy con ese mismo espíritu.

Fuera de límite.

La Fundación Telefónica de Madrid muestra una exposición de Luis González Palma, un interesante fotógrafo guatemalteco, afincado desde hace más de doce años en Córdoba (Argentina), titulada Constelaciones de lo intangible y que contiene una buena parte de su obra dividida en grupos y de ahí lo de las constelaciones, porque cada uno de ellos es temático y tiene un motivo central. Los más destacados son los retratos, la serie Möbius y las obras catóptricas.
Todos están marcados por un rasgo personalísimo que los unifica, una capacidad para fabricar imágenes que exhalan, por así decirlo, un espíritu, una atmófera, un hálito inquietante, hecho de misterio, lejanía, ambigüedad e inquietud. González Palma trata y casi siempre lo consigue, de trascender los límites mecánicos y técnicos de la fotografía, y de tomarla como fundamento para otras exploraciones. Para ello nunca presenta las imágenes sin más, sino que les añade algo. En su primera constelación, la serie de retratos de rostros en su mayoría indígenas centroamericanos, trata el producto con emulsiones especiales que le den una pátina de oro y tonos sepia, de forma que casi parece una galería de retratos sacados de alguna vieja serie con finalidad antropológica. Pero todos ellos son muy intensos y el autor consigue su objetivo de obligarnos a indagar en la mirada de unos rostros que nos interpelan. Otra serie incluye elementos ajenos al propio retrato, simbólicos, peces, flores, geometrías, superpuestas a los rostros y que anuncian la evolución posterior del artista en la dirección de un nuevo maridaje entre la fotografía y la pintura, como si se tratase de una resurrección del pictorialismo de comienzos del siglo XX, pero penetrado de realismo mágico latinoamericano.
 
La serie Möbius, algunas de cuyas obras se ven aquí por primera vez, aplica muy variadas técnicas a la imagen fotográfica, pictóricas, pero también volumétricas, con objetos, añadidos, que distorsionan la figura y la recomponen según crriterios personales. Las obras catóptricas permiten reconstruir imágenes distorsionadas mediante espejos cónicos, cuyo resultado son unos rostros que nos miran desde un reflejo. No son muy originales porque reproducen los anamorfismos renacentistas, pero contribuyen a la atmósfera inquietante cuando percibimos que esas miradas nos siguen a donde quiera que nos desplacemos.
 
El peso de la pintura en la obra de Palma es apabullante. Hay una serie de fotos, como la de la ilustración  que recuerda directamente a Magritte y, en términos más generales, el surrealismo. Algunas otras traen a la memoria el mundo onírico de Remedios Varo, quizá pasado por una visión de Antonio López. Cierro mi consideración con una referencia a una serie de cuatro fotos, muy modesta, sin pretensiones, que representan el mismo objeto, un lienzo doblado irregularmente, dispuesto de distintas formas  y como suspendido en el vacío. Cada uno es una alegoría de cuatro pintores: Murillo, el Greco, Rubens y Zurbarán. Y todos ellos se reconocen por un elemento sutil que los hace inconfundibles: la luz.
 
Merece la pena pasarse por esta exposición. Es un material tan extraño y original que impresiona y las imágenes se quedan como grabadas.

En el piso inferior de la misma fundación hay otra exposición retrospectiva dedicada al conjunto de la obra de Alberto Corazón, uno de los mejores diseñadores actuales, si no el mejor, y que también he visitado con gran entusiasmo porque conocí al autor en los ya lejanos tiempos de los estudios universitarios. Pero de él hablaremos mañana o cuando los dioses dispongan.

diumenge, 13 de setembre del 2015

Haciendo el ridículo.

La gente en España no ha podido hacerse una idea de la Diada del viernes porque ninguna TV ni radio la cubrió. En la época del reinado incuestionable de los medios de comunicación, de las tecnologías de la información, de internet etc., etc., un acontecimiento como la Meridiana de Barcelona con uno o dos millones de personas pidiendo la independencia una vez más no mereció análisis alguno ni reportajes en los audivisuales españoles. Los extranjeros los dieron todos. E igual sucede con los periódicos: los españoles abrían a regañadientes con la Diada en un tono hostil y subrayando hipotéticas intenciones aviesas de los organizadores, comportamientos inaceptables u objetivos sombríos, es decir, no informaban sino que interpretaban y editorializaban. De editoriales, inútil hablar, por segundo día consecutivo, El País traía uno venenoso, tan sectario y catalanófobo que podría haber aparecido en cualquiera de los otros pasquines que se imprimen en la capital del reino, una diatriba llamada Diada electoral. Si los españoles quieren informarse sobre lo que sucede en Cataluña tienen que recurrir a medios estranjeros porque aquí se manipula la información, se censura, se suprime.

No he leído un solo artículo ni escuchado una sola declaración de la legión de publicistas, comunicadores, maestros pensadores, plumillas, tertulianos, intelectuales orgánicos y expertos mediáticos españoles criticando esta situación parangonable a la de los medios y la prensa en cualquier dictadura. Deben de dar por buena la bazofia con que habitualmente regalan a sus lectores y oyentes por orden del jefe demostrando con ayuda de la razón, de la ciencia demoscópica y de la fe católica que en Cataluña no hay independentistas, que los que hay son minorías venidas del exterior. Por supuesto si, por un azar del destino, Cataluña se independizara se llenaría de asesinos yihadistas, terroristas, vagos y borrachos; se arruinaría en un pispas; no tendría para pagar a los funcionarios ni las pensiones; quedaría fuera de la UE, de la ONU y del sistema métrico décimal; y acabaría volviendo a implorar de rodillas el reingreso en la gran nación española. Eso es, más o menos, la cantinela que escucha diariamente el público español, igual que los ciudadanos de las antiguos países comunistas no sabían lo que pasaba en Occidente salvo que los padres se comían a los niños crudos, según contaban los camaradas publicistas, únicos que tenían acceso a una información que los gobiernos negaban a la gente.

Al mismo tiempo, los políticos españoles, sobre todo los más incompetentes e ignaros, es decir, los del gobierno, acaban de comprender ahora que la reivindicación catalana de independencia, lejos de ser una algarabía como sostenía el inenarrable zote que funge como presidente del gobierno, es una reclamación muy articulada, que tiene un enorme apoyo social transversal en Cataluña, a estas alturas mayoritario, y que goza de considerable simpatía en el exterior. Han tardado cinco años en enterarse. Rápidos no son los zagales.

Pero, cuando se enteran... cuando se enteran, reaccionan con el habitual apasionamiento hispánico. El ministro de Exteriores, el africanista García Margallo, sostiene que la DUI y la correspondiente suspensión de la autonomía catalana serían "una bomba atómica". No sé de dónde lo saca, cuenta habida de que la única bomba atómica que los españoles han tenido cerca cayó en Palomares, Almería, en 1966 y otro ministro español, Fraga, aprovechó para hacer el ridículo en meyba. Pero, si este señor quiere actualizar sus conocimientos sobre ingenios nucleares, que llame a Picardo, el primer ministro de Gibraltar, en cuyas aguas está fondeado el submarino atómico británico "Torbay", en prueba de que España está a punto de recuperar la soberanía sobre el Peñón.
 
Los españoles no reciben información sobre Cataluña pero la vicepresidenta del gobierno, Sáenz de Santamaría dice ahora que la independencia no depende de las mayorías en elecciones. O sea que, aunque el 100 % de los catalanes la quisiera no sería posible porque la ley lo impide y la ley está por encima de todo. Esta bobada solo quiere decir una cosa: la hacendosa ratita sabe que las intenciones de voto de los catalanes a favor de la independencia son muy superiores a la mayoría absoluta. Con razón se negaron siempre los españoles a autorizar un referéndum en Cataluña: temían perderlo.
 
Al ridículo del gobierno se apunta asimismo el gobierno en la sombra de Ciudadanos, una derecha menos cerril que la que está al mando, pero no más sincera. Dice la candidata de C's, Inés Arrimadas, que la obediencia a la ley es la condición inexcusable de la democracia y que, en consecuencia, la desobediencia civil que propugna, entre otros, la Assemblea Nacional Catalana, va en contra de la democracia. Seguramente nadie ha explicado a Arrimadas que los ejemplos de Gandhi o Martin Luther King (por no mencionar si no dos), que seguramente ella aprecia, son casos en los que se evidencia cómo, en muchas ocasiones, la desobediencia civil es la forma más alta de obediencia a la Ley.

Sherlock Holmes inmortal.


En El último problema, escrita en 1893, Sherlock Holmes muere peleando con el malvado Moriarty, al despeñarse ambos en la catarata de Reichenbach, en los Alpes suizos. Pero, como es bien sabido, el público no aceptó que Doyle pusiera fin a la vida del que quizá sea el más famoso detective de todos los tiempos y se elevó un clamor para que este "resucitara" como, de hecho, sucedió en 1903, cuando Doyle publicó La aventura de la casa vacía, en la que Holmes reaparece en una acción situada en 1894 y explica a Watson que, en realidad, no murió en lucha con Moriarty, sino que simuló su muerte para escapar de sus enemigos. Conan Doyle siguió, pues, satisfaciendo la demanda de Holmes hasta 1927. En la última historia, titulada Su último saludo en el escenario, Holmes se retira a una pequeña casa de campo en Sussex, en donde dedica su tiempo a la apicultura. Durante su retiro sabemos que todavía resolvió un caso más, el de la historia de La melena del león. Luego, silencio. No sabemos cómo murió Holmes.
 
Ahora, Bill Condon, basándose en una novela de Mitch Cullin  de este mismo año, lo trae a la pantalla en su retiro de Sussex pero veinte años después, en 1947. Holmes tiene 93 años, sigue cultivando abejas y lucha contra el Alzheimer, que va haciendo rápidos progresos. Si algo tenía que mortificar a aquel detective genio de la deducción y la lógica basada en una atención casi enfermiza a los hechos era la pérdida de la memoria. La historia arranca al regreso de Holmes de un viaje al Japón, a donde ha ido a buscar unas raices de pimentero japonés a las que se atribuyen propiedades regenerativas superiores a las de la jalea real. Todo ello se desencadena cuando el detective recibe la noticia de la muerte de su hermano Mycroft y se pasa por su club Diógenes, a recoger sus pertenencias.
 
El núcleo del argumento es una lucha oir recuperar la memoria. La historia se refiere a un caso final del que apenas recuerda retazos, pero a cuya solución atribuye él ahora su decisión de retirarse sin que, sin embargo, tenga una idea clara de por qué. Curiosamente, ha de ser el caso que más le importe en la vida porque, en cierto modo, es sobre él mismo y constituye su gran fracaso. A la tarea le ayuda el hijo de la señora que atiende al detective retirado, con el que establece una curiosa relación. Los dos, el viejo, Ian McKellen, y el niño, hacen sendas interpretaciones espléndidas y la madre no se queda atrás. Un triángulo en el que se cruzan historias, sentimientos, recuerdos, ricos e intensos que van creando un clima de suspense muy bien enmarcado en una ambientación espléndida, algo agobiante y unos exteriores magníficamente fotografiados.
 
La cuestión es el caso que Holmes trata de recordar escribiéndolo en un relato que va dejando leer al niño según lo produce. Holmes escribiendo es, en realidad, una rareza. De la abundante producción de Conan Doyle, casi toda ella simula estar escrita por Watson, alguna otra -algunos escasos títulos- por el propio Doyle y solo dos historias por Holmes. Esto permite al novelista y a la película algunas familiaridades, como cuando Holmes explica a sus huéspedes japoneses -que parecen saberlo todo de él- que nunca fumó en pipa y jamás llevó el gorro de caza, pues eran invenciones de Watson. Holmes aprovecha así para dar rienda suelta a su desprecio por la ficción y la fantasía, al tiempo que está escribiendo sus recuerdos que, en el fondo, son otra fantasía.
 
Después de diversas peripecias, la historia se resuelve felizmente y Holmes recuerda cuál fue el acto fallido que su memoria se negaba a registrar pero que lo había llevado a retirarse de la profesión y, por último, a tratar de recuperarlo. No lo comentamos más aquí por no destripar el suspense pero sí señalaremos que se trata de la única vez en que Holmes está a punto de sucumbir en un lance de amor. Ello implica cierta heterodoxia de parte del novelista ya que, como se sabe, Holmes fue siempre un impenitente soltero con una relación muy esquinada con las mujeres. La única vez que él y Watson se separan es cuando el doctor se casa, si bien regresa luego a la famosa vivienda de Baker Street cuando queda viudo. La película incluye una última participación de Watson en la historia que Holmes nonagenario trata de desentrañar mediante la cual, aquella parece tener un final que no es el real. Pero Watson ha dejado una pista y esa es la que, descubierta por el niño, lleva a la solución final.
 
Supongo que entre los fanáticos de Holmes habrá quienes reprochen el sacrilegio de que un extranjero y, además, estadounidense, ponga sus manos en la memoria del héroe, pero la verdad es que la historia está lograda. Mezcla con habilidad rasgos holmianos tradicionales -sobre todo en cuanto a su fabulosa capacidad deductiva- con un espíritu romántico y melancólico, especialmente visible en ese recurso de juntar un anciano y un niño en una relación de trasmisión de la llama de la vida y, en este caso, el espíritu lógico. 

dissabte, 12 de setembre del 2015

El poder del pueblo.


Un artículo de servidor en el diario "El Món". Está en catalán y se accede a él pinchando aquí. Para quienes prefieran leerlo en español, incluyo la traducción, que no es traducción porque, en realidad es el original del que está traducido el catalán:

El poder de la gente.

La edición original del libro político quizá más célebre e importante de Europa, el Leviatán, publicado en 1651, traía en portada la imagen del Estado, el dios mortal, compuesta por la agregación de cientos, de miles de personas, del pueblo. Esa es la fuerza del Estado, el origen de su legitimidad, el apoyo de la gente, del pueblo.

Ayer la gente catalana mostró al mundo su fuerza, su determinación y su voluntad. Más de dos millones de personas llenaron la Meridiana y lo hicieron de forma, alegre, festiva, sin violencia, sin armas ni coacción porque el poder del pueblo es pacífico, pero irresistible. Porque es el poder de la razón.

Frente a él todas las argucias legales de los leguleyos y rábulas al servicio de la tiranía no tienen resultado alguno porque la reivindicación catalana de soberanía es justa y legal. El pueblo nunca puede ser ilegal y, llegado el caso de que lo fuese, habría que cambiar la ley ya que esta se hizo para la gente y no la gente para ley. Los marcos jurídicos son siempre reflejo de las correlaciones de fuerzas sociales; si estas cambian, cambiarán aquellos también, quiérase o no.
El pueblo catalán en la calle, reivindicó ayer no ya solo su derecho a decidir, sino su decisión por la independencia, pues, aunque las fuerzas reaccionarias crean que sus negativas, cierres y rechazos paralizan los procesos sociales, eso no es así. De este modo, el mismo pueblo que hace dos o tres años reivindicaba su derecho a decidir, en la espera, ha decidido ya y lo ha hecho por la independencia, el grito que, como el ruido de la mar llenaba ayer la Meridiana. Si el gobierno de España tuviera un ápice de dignidad, después de la Diada de ayer, debería haber presentado su dimisión al Rey. Claro que, cuenta habida de que los catalanes quieren la independencia para constituirse en República, el Rey tendría que haber presentado a su vez su abdicación al presidente dimisionario.

Esta situación desplaza el debate desde las minucias legales y reglamentarias al terreno más hondo y trascendental de la legitimidad. La revolución catalana plantea algo nuevo que no es posible contrarrestar con argumentos ordinarios, engaños o amenazas, puesto que se trata de un acto del poder constituyente, que es un poder originario, no concedido ni otorgado por nadie, inherente a la soberanía popular y que no tiene por qué ajustarse a ninguna legalidad preexistente ya que él mismo crea la suya propia.

En el caso catalán, la reivindicación independentista, mantenida con tesón año tras año en cada Diada, cada vez más masiva, más representativa de la sociedad, no se puede frenar con las estructuras caducas de un Estado ilegítimo que se fundó en la decisión arbitraria de un dictador genocida al nombrar heredero suyo a un Borbón.

No la puede frenar un gobierno corrupto, compuesto por aristócratas, reaccionarios,, franquistas y nacionalcatólicos representantes de la vieja oligarquía española centralista que lleva más de trescientos años desgobernando un conjunto de pueblos y naciones, a los que ha explotado y negado sus derechos desde siempre.

Tampoco una pseudo-oposición servil que hace causa común con los caciques franquistas apenas considera en peligro algunas de las estructuras básicas de esta dominación: el trono, el altar o el centralismo territorial.

Frente a un pueblo en marcha, que tiene plena conciencia de ser una nación en y para sí, y quiere ejercer su derecho a constituirse en Estado, como lo ha hecho la inmensa mayoría de los que lo son hoy en el mundo no sirven para nada tampoco los aparatos ideológicos tradicionales del Estado opresor. No sirven los medios de comunicación, empleados como máquinas de agit-prop y poblados por comunicadores a sueldo de la oligarquía, que los paga con dineros públicos, por supuesto, o con los que sustrae ilegalmente por su cuenta. Tampoco la Iglesia católica oficial , también mantenida con recursos de todos, creyentes y no creyentes, con sus leyendas, dogmas y justificaciones, ni con sus anatemas.

Solo podría servir hipotéticamente la fuerza bruta, el empleo de la policía o las fuerzas armadas, unas fuerzas armadas que llevan más de 300 años sin ganar una sola guerra que no sea civil y contra la propia población y que proceden de una tradición africanista de intervención militar que es una de las causas del hundimiento y la ruina de España. Pero este recurso parece hoy descartado, no porque las convicciones democráticas de supremacía del poder civil hayan calado en el generalato, sino porque la Unión Europea y los demás Estados del continente no lo permitirían, como se demuestra por la carta que treinta europarlamentarios han enviado al presidente español, previniéndole del exabrupto de su ministro de Defensa que insinuó la posibilidad de una intervención militar en Cataluña.

Esta impotencia del viejo poder español es lo que tiene a todos sus servidores a punto de un ataque de nervios y de agredirse unos a los otros. El intento de traer a Cataluña una especie de nuevo lerrouxismo anticatalanista bajo la forma ultracrítica de Podemos, fracasó en el primer mitin en que su líder pretendió dividir las familias. Igualmente la debilidad del ministro de Asuntos Exteriores de admitir una reforma de la Constitución para conseguir “un mejor encaje de Cataluña en España”, algo en lo que ya no cree nadie, tropezó con la reprimenda y correspondiente bronca del ministro del Interior, asegurando que la Constitución no se toca y que para eso están ellos a defenderla aunque, como se recordará, son los miembros del único partido que en parte votó en contra del texto constitucional cuando este se aprobó.
 
El poder de la gente decidida a recuperar su dignidad y su autogobierno es imparable.