dimarts, 4 d’agost del 2015

El nazismo y la poesía.


Thomas Harding (2015) Hanns y Rudolf. El judío alemán y la caza del Kommandant de Auschwitz. Barcelona: Galaxia Gutenberg.
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Es célebre la rotunda reflexión de Adorno escrita en 1949, a su regreso del exilio en los Estados Unidos: "Después de Auschwitz, escribir poesía es cosa de bárbaros". Sobre esta agónica conclusión se han vertido ríos de tinta. Bien es cierto, casi toda en prosa. De pocos acontecimientos y acaeceres se ha escrito más que sobre los campos de exterminio, la "solución final", el holocausto. Quizá sólo la guerra civil española sea comparable y es temática indirectamente relacionada. Toneladas de ensayos, recuerdos, memorias, investigaciones, testimonios, piezas teatrales, películas y, por supuesto, novelas. Ignoro si se ha escrito mucha poesía sobre Auschwitz, pero es obvio que se ha escrito mucha, muchísima, después de Auschwitz. Es más, por extraños vericuetos que llevan a lo más profundo del alma humana, la poesía se ha infiltrado en muchos textos en prosa, transfigurándolos. Todas las obras de Primo Levi, escritas en prosa, son poemas, se leen como poemas porque ponen en contacto a un ser humano, la víctima, con otro, el lector, de modo inmediato, directo, inefable. Y esto pasa con muchos relatos de protagonistas, supervivientes, personas que sobrevivieron quizá por un error administrativo de una maquinaria asesina, por el fracaso de un plan, por una obstinación sobrehumana o por un golpe de suerte. Cualquiera sabe que el azar es pura poesía y, si es a vida o muerte, poesía trágica.

La barbarie nazi ha sido incuestionablemente documentada por cientos de especialistas que han llegado a formar una cofradía empeñada en que el olvido no sepulte su recuerdo. Me honro con la amistad de uno de ellos, Joaquim Pisa, que ha hecho un trabajo impagable sobre las deportaciones de españoles al campo de Mauthausen y sobre el campo en sí. Algún otro ha dejado verdaderos monumentos a esa facultad tan preciosa de la humanidad que es la memoria, la primera que todos los tiranos del mundo pretenden anular. La inmensa película, Shoah, de Claude Lanzmann, con sus nueve horas y media de duración es, ante todo, eso, un monumento a una memoria que no puede borrarse.

 En qué medida la realidad haya desmentido la conclusión adorniana es algo que depende del sentido que le demos, pero no seguiremos este sendero porque estamos a otra cosa. Auschwitz, Dachau, Mauthausen, Treblinka, Belsen, Buchenwald, etc aparecen una y otra vez en el gran relato humano de la segunda mitad del siglo XX, hasta formar una amalgama con nuestras experiencias, nuestras vivencias, ambiciones y temores. Quienes han  visitado alguno o todos los campos de exterminio, han tratado con supervivientes de ellos o sus familiares, han comprobado los números tatuados en los brazos, han leído libros, visto películas, escuchado composiciones que los han aproximado a la agonía, la experiencia límite de unos seres humanos deshumanizados y tratados como reses en los mataderos. Y lo han interiorizado, convertido en algo suyo. El holocausto late hoy en la conciencia de los vivos.

Entre otras cosas porque cuando alguien presenta un relato sobre algún aspecto de esta monstruosidad, suele tener elementos personales, íntimos, que todos nos apropiamos de modo empático. Es el caso de este libro en comentario.

Hace unos años, con motivo del fallecimiento del ciudadano británico Howard Harvey Alexander, nacido alemán y judío como Hanns Alexander, el autor de esta obra, sobrino-nieto del fallecido, supo que su tío abuelo fue quien capturó al Kommandant del campo de Auschwitz, Rudolf Höss y lo entregó a las autoridades británicas, quienes se lo pasaron a las polacas. Fueron estas quienes lo juzgaron, lo condenaron a muerte y ahorcaron en el mismo campo en el que había cometido sus atrocidades. Este es el elemento personal, íntimo, privado que hay en esta historia y que la hace tan fascinante: pues, como en muchos otros relatos sobre el holocausto, lo personal se mezcla siempre con lo colectivo y le da un especial interés.
 
En este caso, el autor traza una especie de vidas paralelas entre dos ciudadanos alemanes, contemporáneos, aunque no exactamente coetáneos, dado que uno es más de 15 años más joven que el otro. El joven, el judío berlinés, Hanns Alexander, hijo de un reconocido médico de la capital, acostumbrado a una vida de altos vuelos si no directamente de lujo, ante el ascenso del nazismo en los últimos años veinte y primeros treinta, se ve obligado a huir de su país, así como el resto de su familia y a refugiarse en Inglaterra. Allí se presentará voluntario para combatir contra Alemania en el ejército inglés, en donde llegó a teniente, siendo destinado al final de la contienda a la primera comisión de investigaciones sobre crímenes  de guerra de los jefes nazis, aprovechando su bilingüismo alemán/inglés.
 
El protagonista de la otra vida es el oficial alemán Rudolf Höss, de origen mucho más modesto, trabajador del campo, teóricamente ario puro que sirve en el ejército de su país durante la primera guerra mundial, es herido varias veces en acciones arriesgadas en las que muestra gran valor, condecorado y devuelto luego a la vida civil en los tumultuosos años veinte en la República de Weimar, cuando crece la peste nazi tan bien retratada por Christoher Iserwood. Höss ingresa en las SS, hace carrera y mantiene una relación de proximidad con Heinrich Himmler quien lo manda al frente del campo de Auschwitz con el encargo de poner en práctica la solución final. Höss fue  directamente responsable de la matanza de millones de personas y, cuando el III Reich se hundió, se despojó del uniforme, vistió un traje de paisano y huyó a refugiarse en secreto a una aldea al norte de Alemania, ya cerca de la frontera con Dinamarca, con ánimo de escapar del país como hacían entonces muchos responsables nazis, para llegar a Latinoamérica y empezar allí una nueva vida bajo identidad falsa.
 
El conjunto del relato de Harding contiene abundantes episodios de brutalidad, crueldad y barbarie de las que eran responsables los nazis y también muchos otros ejemplos de eso que, desde la descripción de Hannah Arendt se conoce como la banalidad del mal. Höss no era solo una bestia inhumana. El autor subraya otros aspectos contradictorios: era un buen esposo y padre de familia y tenía algunas convicciones ideológicas, la primera de las cuales era, claro, la ciega obediencia al mando y la lealtad incuestionable al Führer. Si Himmler (quien recibía las órdenes directamente de Hitler) le encomendaba poner en práctica la solución final con escasísimos medios materiales, él cumpliría las órdenes velando por realizar la tarea con sentido burocrático e industrial y la mayor eficiencia posible. Quiso el destino que fuera él quien, por indicación de un subordinado, pusiera en marcha el procedimiento de gasear a los internos a cientos con el gas Zyklon B y hacer desaparecer luego los cadáveres en los hornos crematorios o quemados en fosas comunes. Es decir, la importancia de Höss para la historia es que fue el primero en acometer el exterminio de los judíos con eficacia industrial.
 
A su vez recae sobre el otro hombre, Hanns Alexander, el singular honor de haber sido también uno de los primeros, sino el primero, en cazar nazis, el primer caza-nazis de la historia. El antecesor de Simon Wiesenthal. Y, en efecto, después de haber localizado y arrestado a algunos mandos intermedios, sus jefes le encomendaron la caza y captura, a ser posible vivo, del Kommandant Höss. Y Hanns cumplió. Acabó encontrándolo, obligando a su esposa a revelar su escondite, aunque fuera por el no muy noble procedimiento de amenazarla con enviar a Siberia a su hijo menor, entonces un niño. Es muy de agradecer que, así como Harding busca facetas no enteramente repulsivas del oficial de las SS, tampoco intente embellecer la figura de su tío abuelo. En la guerra, en la inmediata postguerra, las pasiones volaban muy alto y los valores más sagrados crujían. Que cada cual juzgue ese dato del chantaje a la madre como crea justo, el autor cumple escrupulosamente con su deber de darnos los datos para el juicio.
 
El hecho, pue, es que Hanns cazó a Höss, el responsable material del desencadenamiento de la solución final. Solo faltaba que confesase, cuestión necesaria porque, aunque no había escasez de testigos, faltaban casi todas las pruebas materiales ya que los nazis, al verse perdidos, pasaron a destruir sistemáticamente documentación, archivos, laboratorios, instalaciones, todo. Con lo cual se daba pie a las teorías negacionistas. Por fortuna, durante el tiempo en que Höss estuvo en prisión preventiva, aguardando su proceso, un psicólogo le proporcionó papel y pluma para que escribiera lo que quisiera. De vez en cuando, pasaba a recoger lo escrito y animaba al preso a seguir. Al final, movido por una mezcla de despecho, arrepentimiento, desconcierto, desesperanza y quizá odio, quien sabe incluso si contra sí mismo, el hombre acabó confesándolo todo por escrito.
 
La solución final había sido un hecho y de tal envergadura que se le llegó a atribuir la muerte de la poesía.

dilluns, 3 d’agost del 2015

Cuenta atrás en Cataluña.


Los de El País tiran con bala. Titulan fracaso de hoja de ruta de Artur Mas, antes con el deseo que con el teclado. ¿Fracaso? Es difícil tildar de tal lo que no ha comenzado. ¿Hoja de ruta? La única que yo conozco es la que arrancará, si arranca, de las elecciones del 27 septiembre. Pongamos los pies sobre la tierra, no tan rápida como las nubes, pero más segura.

Con la firma del decreto de convocatoria de Elecciones, Mas activa una maquinaria compleja que terminará el 27 de septiembre próximo cuando se conozca la relativa fuerza parlamentaria de cada opción política. Entre tanto, el debate muy enconado es sobre al carácter plebiscitario o no plebiscitario de estas elecciones.
 
Hay un retén de guardia de juristas mientras Rajoy veranea na sua terra listo para impugnar el decreto de convocatoria si en él aparece el término "plebiscito" o similar. Admirable capacidad para las discusiones bizantinas. El decreto no contendrá la palabra porque no hay elecciones plebiscitarias en España y el efecto de convocarlas es el mismo que el de convocar "elecciones pachangueras", por ejemplo, nulo, cero, inexistente. Si las elecciones en cuestión son o no "plebiscitarias" dependerá de lo que en cada caso se entienda por plebiscito. Si se acepta la concepción tradicional, un plebiscito es una consulta excepcional con una pregunta específica que solo admite dos respuestas, "sí" o "no". Las elecciones en cuestión no pueden ser plebiscitarias desde el momento en que no hay una solución dicotómica sino una pluralidad de ellas en función de distintos matices. En consecuencia, es perder el tiempo impugnar decisiones que, de producirse, no son válidas en sí mismas.

Si las elecciones del 27 de septiembre son o no plebiscitarias dependerá de cómo las juzguen los participantes. Si a estos les da por decir que son plebiscitarias, lo serán en cuanto a sus resultados, según el teorema de Thomas. Por supuesto, no es difícil buscar una justificación racional para ello. Según el criterio de los soberanistas, las elecciones son un verdadero plebiscito, una opción dicotómica entre el "sí" y el "no" a la independencia. El "sí" son ellos, la lista por el sí y la CUP nacional. El "no", todos los demás. Cierto, estos querrán diferenciarse. No es lo mismo Podemos que el Procés constituent y así con los otros, muy celosos habitualmente de sus singularidades. Pero todos tienen un punto en común: de independencia aquí y ahora, de DUI, nada.

"Sí" y "no". Plebiscito al canto. Pero no importa. Rajoy ha dictaminado que las elecciones del 27 de septiembre no serán plebiscitarias, como se ve, con los mismo visos de acertar que cuando dijo que la consulta del 9N que se celebró el 9N, no se celebraría. Claro que, según él, no se ha celebrado y si el alguacil mayor del reino anda buscando a Mas para encarcelarlo será por algún otro misterioso motivo.

Vayamos ahora a los cálculos. Dice Iceta que si la Lista por el sí no obtiene más de 70 escaños (que fueron los de las autonómicas de 2012 para CiU y ERC, exactamente, 71) será un fracaso. Debiera contabilizar también los tres diputados de las CUP, lo que pondría el umbral del triunfo/fracaso de la lista, según Iceta, en 74. Hay sondeos que dan a ambos 75 diputados. En todo caso, la mayoría absoluta son 68 y no es disparatado pensar que los conseguirán, planteando de inmediato una DUI en España. Confían en una intermediación, intervención, advertencia de los demás países de la UE antes de que el gobierno español pase ya a ataques frontales a los derechos y libertades de los ciudadanos en algún (o algunos) lugar(es) de la misma capital catalana.

Efectivamente, como ya recitaban a coro los regeneracionistas, los de la generación del 98, los de la del 14, la solución a los males de la Patria se encuentra en Europa. En ese sentido, Cataluña es la más Patria de las tierras hispanas pues vive más pendiente de Francia que el resto del país, es más afrancesada. Y esa es la verdadera finalidad de las elecciones plebiscitarias/no plebiscitarias: contar los independentistas y los que no lo son para justificar la demanda de apoyo a los europeos, para que intervengan en el contecioso catalán y fuercen al nacionalismo español a negociar. Cosa bastante fácil, pardiez, ya que esta gran nación agibraltarada pinta menos en Europa que las tierras del Preste Juan.

Esa es la herencia que Rajoy va a dejar a su sucesor.

Aquí vale todo, en vídeo.

Como estoy aficionándome a esto de los videoblogs, ahí va el Palinuro de ayer sobre Aquí vale todo, a propósito del nombramiento de Wert. Creo que voy a inaugurar una sección nueva que, de momento, quizá pueda llamarse Videopunch. Más adelante, ya veremos.


En poco tiempo habré almacenado y clasificado estos vídeos en mi página web que, aunque aún "en construcción" (como se dice en la ciberesfera) ya está visible: http://www.ramoncotarelo.com

diumenge, 2 d’agost del 2015

Aquí vale todo.

Di que sí, Rajoy, que aquí vale todo.

Si tú has cobrado sobresueldos de procedencia dudosa durante veinte años. Si has incumplido todas tus promesas electorales y hecho lo contrario de lo que prometiste. Si nombraste ministra a una analfabeta funcional como Mato, incapaz de distinguir una aspirina de un todo terreno. Si estabas orgulloso de Camps. Si dijiste a Matas que harías en España lo que él en Baleares. Si animaste al presunto delincuente Bárcenas, compadre tuyo de sacrificios por la Patria. Si nombraste ministra a otra incompetente pero muy devota, que no sabía ditinguir a un trabajador de un parado o un inmigrante. Si hiciste ministro a otro beato algo fuera de sus goznes porque condecora trozos de madera policromados que él tiene por imágenes sagradas. Si también nombraste ministro a otro medio monaguillo misógino que se enfadó porque no pudo imponer por ley el cinturón de castidad. Si encabezas el gobierno más corrupto de la segunda transición. Si has reducido las pensiones de los jubilados, laminado las prestaciones a los parados, eliminado las subvenciones a los dependientes, puesto un IVA prohibitivo la cultura, esquilmado la educación pública, privatizado todo lo que podía rendir algún beneficio a tus amigos, allegados y a ti mismo. Si te burlas de los pensionistas con ese 0,25 % de subida, si te ríes de los funcionarios con ese falso 1% de aumento. Si todo eso y mucho más sucede sin que las protestas unánimes te hayan obligado a dimitir como hubiera hecho cualquier persona decente.

¿Por qué no vas a nombrar embajador en la OCDE al peor ministro de Educación de la democracia como premio por haber destruido el sistema educativo público y entregádolo a la Iglesia? Al fin y al cabo es un recio nacionalista español, puro especimen nacionalcatólico, con ribetes chulescos y fascistoides y con un corazón de oro para las corridas de toros a las que considera arte y obliga a subvencionar con cantidades millonarias de fondos públicos que nutrimos todos los contribuyentes. Los mismos dineros con que se lee va a pagar a este perfecto inútil (cuya única obra, la LOMCE ninguna autoridad educativa puede aplicar, ni las de su partido) un salario de 10.000 euros al mes más gastos de representación, un alquiler de 11.000 euros al mes, más coche, chófer, secretaria y dos personas de servicio. Los mismos fondos, aportados por los contribuyentes que sufragarán el salario de su esposa cuyos títulos, méritos y competencias para ocupar otro cargo en la OCDE son idénticos a los de su marido: ninguno.

Di que sí, Rajoy, mientras la nave vaya y la gente aguante, aquí vale todo y se pueden cometer estos abusos, estos atropellos, porque paga el generoso pueblo español, ese pueblo sumiso, callado, obediente, resignado, sin dignidad ni gallardía para sacudirse de una vez a esta banda de ladrones a la que a lo mejor vuelve a votar en una prueba más de enajenación y masoquismo colectivo.

Ese pueblo del que el poeta, con gran estro y escaso realismo y menos dotes proféticas, decía: "No soy de un pueblo de bueyes/que soy de un pueblo que embargan/yacimientos de leones,/desfiladeros de águilas/y cordilleras de toros/con el orgullo del asta./Nunca medraron los bueyes/en los páramos de España." Hoy medran no solo bueyes, también medran hienas, chacales, coyotes, cucarachas, buitres, sapos y sinvergüenzas franquistas haciendo lo que mejor saben hacer: robar.

Vísperas catalanas.

El nacionalismo español parece salir de la modorra, solo para percatarse de que, a fuer de irrelevante, puede quedar barrido del arco parlamentario catalán, fortaleciendo así la idea soberanista de que Cataluña debe ser independiente porque es otra nación. Hace meses, años, que Palinuro advierte de que en el contencioso catalán, el soberanismo lleva la iniciativa política y el nacionalismo español era incapaz de reaccionar no ya con habilidad o tacto, sino con un mínimo de cordura.

Y así sigue. Ahora vienen los novísimos (que ya no son poetas, sino políticos, una especie de poetas de fácil ripio) a pedir unidad al españolismo catalán. Inés Arrimadas, de Ciudadanos, tiene algo más de gancho que la pobre Sánchez Camacho, pero su discurso es el mismo: un frente españolista que ellas llaman "constitucionalista", a imagen del que funcionó en el País Vasco durante los años de plomo ardiente. Unir los tres partidos "españoles", PP, PSOE y C's, aun en el caso harto improbable de que se consiguiera, quizá no fuera una buena idea: si cada uno de ellos por separado es una magnitud parlamentaria insignificante, los tres juntos que pueden estar en torno a los 30 diputados, si llegan, pondrán más de relieve esa irrelevancia precisamente por ser de los tres juntos. 

Téngase además en cuenta que la invitación debiera cursarse asimismo a Podemos, tan español como los otros partidos, pero, contándose este entre los novísimos, la idea augura poco éxito. Por otro lado, esa invitación tiene poca posibilidad de prosperar en el PSC y C's debe valorar si se arriesga a ir en binomio cen el PP, el partido de la corrupción y el responsable principal de que la situación catalana sea la que es. Aunque pocos lo crean, la llamada a la "unidad de España" suena de forma distinta en el PP y en el PSOE y la gente se da cuenta de ello. El PSOE es español (lo lleva en el nombre) pero, por razón de su ideario y experiencia, más proclive a soluciones negociadas y pactadas, a diferencia de la derecha, más compuesta de monjes, guerreros y corruptos.

El problema es si la situación ha sobrepasado ya la expectativa de soluciones negociadas. David Fernández, de la CUP, responde a la cerrada negativa de Rajoy a la independencia y su recurso a la obediencia a la ley asegurando que: “ens declarem insubordinats a l'Estat espanyol, sense reconèixer cap mena d'autoritat política o moral a Rajoy”. No reconocer autoridad política o moral algunas a Rajoy es más o menos lo que hace el conjunto de la población del Estado que lo tiene conceptuado como el peor gobernante español desde la transición, un juicio compartido por la comunidad internacional que, como se ve repetidamente, lo desprecia.

Rajoy tiene un problema. Sin duda, el problema estaba ahí antes de que lo afectara personalmente. Pero, cuando se enfrentó a él, lo hizo con la habitual falta de conocimiento, la mezcla de impaciencia y desprecio y, sobre todo, la envidia del nacionalismo español frente a Cataluña. Desde recurrir al Constitucional el estatuto de 2006 y montar una campaña anticatalana pidiendo firmas contra el texto hasta echar a la fiscalía tras los pasos de Mas, por si puede meterlo en la cárcel con alguna apariencia de legalidad, la oligarquía mesetaria gobernante, corrupta e incompentente, ha mostrado no ser capaz de resolver la cuestión ni de encontrar una vía de solución, de acomodo, de negociación con Cataluña. Como los tiempos ya no permiten bombardear Barcelona, el viejo franquismo, reverdecido en el gobierno de Rajoy, no sabe qué hacer.

Tampoco tan extraño. Casi nadie se aclara en relación con Cataluña. Los únicos que, por llevar la iniciativa política, dan la impresión de saber a dónde van son los de la Lista por el sí. Los otros todavía tienen que encontrar un discurso propio. El PP confía todo a la represión y podría tratar de encarcelar a Mas, lo que sería un disparate, y mientras tanto y como máximo horizonte de flexibilidad, cocina una reforma constitucional reducida exclusivamente al Senado y, por lo que se sabe, no especialmente inteligente.

El PSOE tiene que acabar de pergeñar qué tipo de reforma constitucional pretende y cómo va a convencer al PP de que la secunde, cuenta habida de que su aportación será imprescindible. También habrá de especificar cómo piensa seducir a los soberanistas, en el sentido que dan al término en Podemos, esto es, el de ganarse la voluntad de alguien (el seducido) aunque es de suponer que con buenas artes, porque la definición ortodoxa de seducir es la de conseguir algo por malas artes.

IU y Podemos van juntas, han confluido en Cataluña, siendo así que no han podido hacerlo en el Estado, quizá otra prueba de ese carácter catalán, tan dificil de entender para los mesetarios. Su candidatura de confluencia se llama Catalunya sí que es pot pero no está claro que vaya a recibir un apoyo electoral masivo si no incluye el Procés Constituent de la monja Forcades y la plataforma de Barcelona en comú. Sus propuestas sobre Cataluña, siendo ilusorias, se justifican señalando que las de los demás lo son más. Si se les dice que una República dentro de una Monarquía es un unicornio, responden que firmar una DUI sin consecuencias jurídicas es como nadar en un barreño.

En realidad, los votos que pueden decidir el resultado de las elecciones plebiscitarias de septiembre están aquí, en el electorado catalán de izquierda no soberanista, pero sí partidario del derecho de autodeterminación. Así las cosas, los dos resultados más esperables, el de mayoría absoluta de la lista por el sí o el de mayoría absoluta de la lista por el sí con los demás soberanistas, son ganadores para el soberanismo que consigue su programa máximo (DUI) o su programa mínimo (referéndum).

Lo del nacionalismo español es mucho más difícil.

El mítico Franco.

Julián Casanova (Comp.) (2015) 40 años con Franco. Barcelona: Crítica. 403 págs.
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Hace aproximadamente un mes, Palinuro dio cuenta de una exposición sobre el franquismo que, comisariada por Julián Casanova, podía visitarse en Zaragoza. En la exposición cabía adquirir también el libro ahora en comentario, lo que quizá sea un catálogo bien original. Compilado por el comisario, en él colabora un grupo de especialistas en diversos campos del saber para dar una visión cruzada del franquismo. Paso a comentar las aportaciones:

Abre un ensayo de Paul Preston titulado Franco: mitos, mentiras y manipulaciones. Cuando se ha escrito lo que muchos consideran la biografía canónica del personaje, puede resultar difícil condensar tanto saber en unas cuarenta de páginas. Sobre todo si, como da la impresión, están escritas un poco a vuelapluma y con cierto descuido. La intención del trabajo es clara: trazar un cuadro, a modo de resumen, del conjunto de la persona de Franco y su obra. Desde la insistencia en la ignorancia científica (especiamente en economía) y la credulidad del caudillo, hasta el altísimo concepto que tenía de sí mismo como enviado providencial, el ensayo traza los episodios más conocidos de su vida: la autarquía; el sistema educativo como "una especie de lavado de cerebro nacional" (p. 21); el control férreo de la prensa; los ditirambos imperiales de los intelectuales del régimen; la corrupción de este, que fue una de sus garantías de pervivencia; el desembarco de los tecnócratas del Opus en el plan de estabilización; la transición y el "exorbitante precio que España pagó por los 'triunfos' de Franco" (p. 49). Es una visión de conjunto muy crítica, si bien da la impresión de estar matizada por una especie de leve síndrome de Estocolmo. Tantos años conviviendo con el objeto de estudio hacen que Preston atribuya a Franco algunas habilidades y cualidades que no suelen reconocérsele y, en principio, con razón.

Julián Casanova, La dictadura que salió de la guerra. Fue de hecho una dictadura de la "victoria". Lo fue hasta el final, y todavía hoy el arco del triunfo que se yergue en La Moncloa se llama oficialmente "Arco de la victoria". La Iglesia se encargó de fabricar el mito de la cruzada, Franco enviado providencial que salvó a España en una leyenda que se cultiva en el NO-DO (p. 58). Esa exaltación contrastaba con la represión que se vivió en el día a día. Entre fines de 1939 y comienzos de 1940 había 270.719 presos de los que 23.232 eran mujeres (p. 63). Toda la vida del país estuvo marcada por la "causa general", una monstruosidad jurídica que sirvió para alimentar el clima de odio, venganzas y rencor que se había impuesto (p. 66). Un Estado policial fascistizado en el que se había organizado la División azul, con el pleno dominio de la Iglesia. Esta forma parte de la triada que, con el ejército y la Falange, constituyó la base del régimen de Franco (p. 75).

Ángel Viñas, Años de gloria, años de sombra, tiempos de crisis. Viñas, un reconocido especialista, dedica su trabajo a revelar los contenidos de la politica exterior de Franco en sus diversas etapas: la autarquía, el fracaso de las fantasías imperiales (p. 86) y el comienzo de la "estabilidad" para el que algunos apologetas acuñaron el término más suave de "dictadura desarrollista" (p. 88). El "contubernio de Múnich" de 1962 y, por supuesto, las relaciones más importantes y humillantes para España con los Estados Unidos, acostumbrados a tratar a los militares españoles como "cipayos" (p. 97), porque, en realidad, España no podía aportar nada de interés para los estadounidenses fuera de su posición geoestratégica, mientras que estaba muy necesitada del reconocimiento internacional que los yanquies proporcionaban. En Europa, la política exterior española de Franco solo tenía límites (p. 100)  y era la única posible. Las otras políticas de apertura al Este y similares era un puro Ersatz, en expresión que Viñas toma prestada a Fernando Morán (p. 101). En realidad, toda la hagiografía que presenta a Franco como caudillo sapientísimo que supo dirigir siempre la nave del Estado por las procelosas aguas internacionales era la consabida mitología franquista (p. 111).

Borja de Riquer, La crisis de la dictadura. El ensayo se concentra en los años de 1973 a 1974, parte del llamado "tardofranquismo", la época de Carrero Blanco y Arias Navarro. Menciona al comienzo algunos puntos de interés, como los nerviosos debates en Consejo Nacional del Movimiento entre 1971 y 1973, muy ilustrativos de la mentalidad de la clase franquista y poco aprovechados hasta el momento (p. 117). Da importancia a la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes que, bajo la dirección del Cardenal Tarancón, aprobó por gran mayoría (217 votos a favor y 26 en contra) una declaración sobre la independencia entre la Iglesia y el Estado. Otra declaración que pedía perdón por el comportamiento de la Iglesia en la guerra civil no prosperó (p. 119), lo cual debe tomarse en cuenta a la hora de aceptar la tesis de la oposición democrática católica sobrevenida en el tardofranquismo. El resto del capítulo se mantiene en los limites de la interpretación mainstream de la época, con una referencia (hoy de amargo recuerdo para sus protagonistas) de cómo el PCE y el PSOE propugnaban por entonces el derecho de autodeterminación de las naciones "periféricas" (p. 139). Se añade un interesante colofón: a pesar de los esfuerzos de la dictadura por "educar"  a la población, fracasó en el intento. Los sondeos del tardofranquismo muestran una cultura política democrática (p. 147). De Riquer no indaga en qué razones explican esta disonancia cognitiva y no ha lugar aquí a preguntar por ellas. Pero sí parece evidente hoy día que la afirmación final del autor de que la agonía de Franco fue la de su régimen "que ya era considerado anacrónico por una mayoría pasiva, pero esperanzada, de españoles" (p. 148) es aguda, pero quizá puede matizarse a la vista del apoyo que tiene el partido neofranquista PP.

Carlos Gil Andrés, Los actores, es un trabajo poco frecuente en estos libros, pero muy conveniente: una serie de breves semblanzas de algunos protagonistas del franquismo, especialmente el tardío y la transición. Se lee con gusto y se obtienen enseñanzas de las biografías de Arias Navarro, Carrero Blanco, Carrillo, Fraga, López Rodó, Muñoz Grandes, Pla y Deniel (con su pastoral sobre las dos ciudades, no las de Dickens, sino la celestial y la terrenal, con la que daba apoyo a la doctrina de la sublevación fascista como una cruzada), Pilar Primo de Rivera, Dionisio Ridruejo y Serrano Suñer.

Mary Nash, Vencidas, represaliadas y resistentes: las mujeres bajo el orden patriarcal franquista,  aporta la imprescindible perspectiva de género en este asunto. La represión franquista se cebó con las mujeres, las rojas, porque rompían la falsa imagen que pretendía acuñar de la función que les correspondía. El adoctrinamiento (la "fiel esposa", sierva del marido, recluida en el hogar para garantizar la reproducción) corría a cargo de la Sección Femenina de la Falange (p. 196). Por supuesto, la represión de las rojas (tanto las que se suponía lo eran por sí mismas como las que pagaban por el mero hecho de ser parientes de rojos) mostraba la hipocresía de esta ideología franquista y nacionalcatólica. Todavía era más patente la contradicción en el terreno laboral: la doctrina franquista de la mujer en el hogar, concentrada en la maternidad que trataba de sacar a las mujeres del mercado laboral tropezaba con el hecho de que, con pocos hombres disponibles (muertos en la guerra, exiliados o presos), los empresarios contrataban mano de obra femenina que, además, tenía la ventaja de percibir salarios inferiores a los de los hombres y no respetaban siquiera las normas franquistas de fomento del matrimonio y excedencia obligada de las casadas (p. 214).

José-Carlos Mainer, Letras e ideas bajo (y contra) el franquismo es un documentado trabajo sobre la producción literaria y ensayística bajo el franquismo, desde los primeros tiempos de lealtad imperial de Escorial, pasando por la literatura del "tiempo de silencio" hasta las obras ya claramente opositoras a partir de los años sesenta. Pero no hay nada sustancialmente nuevo en relación con el resto de la obra de Mainer en este campo. Es interesante, con todo, la rápida mirada lanzada a la literatura y cultura populares las revistas gráficas (de donde surgiría Triunfo), los tebeos y, cómo no, los seriales radiofónicos, especialmente de Guillermo Sautier Casaseca y Luisa Alberca, que están pidiendo a gritos un estudio semiológico (p. 244).

Agustín Sánchez Vidal, El cine español durante el franquismo tambien un ambicioso proyecto que queda algo desbordado por el alcance del tema. Desde el cine de la inmediata postguerra (y la Raza del caudillo) hasta las últimas películas de los años setenta, se pasa por muy diversas épocas, géneros  e intencionalidades nada fáciles de resumir. Filmes aparentemente realistas, abundante cine histórico ("de cartón piedra), temas intrascendentes (p. 282). Tratamiento especial reserva el autor a un espíritu incipientemente crítico, en concreto la obra de Berlanga (pp. 286 ss.), hasta el nuevo cine de los años sesenta (dentro del cual hay que contar el Franco, ese hombre, de José Luis Sáenz de Heredia, para festejar los "XXV años de paz")  y el destape. Lo que está claro es que la industria cinematográfica vencería los angostos límites de la organización institucional de la censura. Otra cosa sería la calidad de los productos, sobre todo si, como no suele hacerse en la bibliografía sobre cine español, se comparan sus producciones con las extranjeras.

Enrique Moradiellos, Franco y el franquismo en tinta sobre papel: narrativas sobre el régimen y su caudillo, es un trabajo en el que se encara el muy peculiar y a veces bizantino asunto de la naturaleza del régimen. El autor lo aborda tras recordar que el conocimiento científico depende de las tipologías y las clasificaciones y por eso es imprescindible tipificar correctamente el fenómeno en cuestión. No seré yo quien niegue esta resplandeciente verdad, pero sí me permitiré cuestionar su pertinencia para una perspectiva histórica ya que la historia, como ciencia, es el reino indiscutible de lo único, incomparable, irrepetible. Las tipologías y clasificaciones son sin duda imprescindibles para las ciencias sociales, que son "idiográficas", según los neokantianos, pero tienen menos importancia para la más idiográfica de todas, precisamente, la historia. De hecho, el autor no tarda en dar vueltas a la ya bastante vista cuestión de la tipificación del franquismo como totalitarismo o régimen autoritario (Linz) (p. 329), tras pasar en volandas por las caracterizaciones bonapartistas. Es como el asunto del elefante descrito por diez ciegos: cada uno de ellos toma la parte que palpa por el elefante entero. Algo similar cabe decir de un régimen tan longevo, tan proteico, oportunista y pragmático, capaz de contradecirse en 24 horas si lo creía necesario: el franquismo fue bonapartista, totalitario, autoritario, nacionalcatólico, seudoimperial, corporativo, militarista, etc, según el momento y el fondo de la cuestión. Y lo mismo cabe decir del propio Francisco Franco en persona, del que se ocupa una serie de biografías de un lado y del otro y de las que Moradiellos da cumplida cuenta. Sin olvidar que el de la biografía es un género interminable.

Hay al final una especie de epílogo a cargo de Ignacio Martínez de Pisón bajo el título Cuarenta años sin Franco, un texto interesante, en estilo de autobiografía y recuerdo, inteligente y con acierto. Recojo una última exclamación del escrito especialmente significativa, aunque no me parezca cierta: "El fracaso de la socialdemocracia es también (¡ay!) el fracaso de mi generación..." (p. 360). Habría bastante que hablar sobre qué se entienda por "fracaso", de qué "socialdemocracia" se hable y en cuanto a si afecta a su generación, eso ya es asunto de ella misma, si se reconoce como tal.

En resumen, un buen libro y actual sobre el franquismo, con las virtudes y los defectos de las obras compiladas, estén o no escritos los trabajos a propósito para la obra. Lo que se busca es analizar el mito (o los mitos) del caudillo por la gracia de Dios. Ese término de mito quizá sea el que más suena en todas las investigaciones sobre Franco. Aparece aquí, está en el título del capítulo de Preston, lo emplean otros autores de esta obra. Y no es casual: ya estaba en una de las más famosas, la de Herbert Routledge Southworth, El mito de la cruzada de Franco y también en otra más reciente de Alberto Reig Tapia, Franco caudillo: mito y realidad. Todo en el franquismo es mito. No es este lugar para ahondar en el asunto pero habrá que hacerlo algún día, aunque solo sea para librar ese hermoso concepto de mito de cualquier afinidad con esa basura espiritual que fue el franquismo en todos sus aspectos, militar, jurídico, civil, intelectual, religioso, etc. Esa vergüenza colectiva que arrastramos los españoles como un baldón por la historia: la de haber sido (y, en buena medida, seguir siendo) un pueblo al que se negó la libertad y se humilló, haciéndolo pasar por la indignidad de tratarlo como menor de edad. Como lo pretende hoy un gobierno de franquistas.

dissabte, 1 d’agost del 2015

Apoteosis de la mentira.

Fin de curso. Comienzo de las vacaciones. Mariano Rajoy, el de los sobresueldos, comparece en rueda de prensa por recomendación de sus asesores en materia de comunicación para colocar al sufrido público su habitual sarta de mentiras. El presidente peor valorado de la segunda restauración carece de todo crédito en la opinión, pero eso no obsta para que él siga mintiendo porque le va en ello la supervivencia. Gobernar es manipular y mentir sin descomponerse, como le enseñó su maestro, Fraga quien, a su vez, lo aprendió del suyo, Franco.

Esas comparecencias son un prodigio de psicología política del género pachorra, caradura y falta del sentido de ridículo, cuyos mandatos son los siguientes: 1ª) miente; la verdad es siempre mejorable. 2ª) alábate sin descanso, sin temor a resultar más ridículo de lo que ya eres; 3) de lo incómodo, de lo fasdioso, no se habla y, si se pregunta, no se responde.

La rueda de prensa de ayer tuvo abundantes muestras de esta retórica hecha de pachorra, caradura y falta de sentido del ridículo que no son términos clínicos, pero sí muy descriptivos de este insólito personaje.

La mentira viene de la mano de esa recuperación trompeteada sin parar que se limita a los porcentajes del PIB que el propio Rajoy y los organismos de su complacencia dictaminan a su libre capricho. Crecemos. La tasa de variación del PIB es positiva. Cierto que mucha gente no la ve. Desde luego que no. En concreto, quienes hacen colas en los comedores de Cáritas o buscan el condumio en los cubos de la basura. Esos no notan nada. Ni los parados, ni los contratados en precario, ni los pensionistas ni los dependendientes, ni los jóvenes con una tasa de paro de más del 50%. Nadie. Pero le da igual. Ya se verán los efectos de esa recuperación que solo anida en su angosta mente.

Asegura que se reduce el déficit, lo cual es decisivo para garantizar las inversiones, pero no dice nada de la deuda que, superando ya el ciento por ciento del PIB, es una losa que pesará sobre los hombros de las generaciones futuras. Una típica media verdad, en el fondo, una doble mentira, consistente en llamar "recuperacion" a aplazar los pagos para que los hagan otros.

El salario de los funcionarios sube un 1%. Al margen de que esto sea nada cuando los salarios de estos trabajadores llevan tres años congelados, lo interesante es la mentalidad que revela: la derecha neoliberal y nacionalcatólica (términos sinónimos en este predio de originalidad hispánica) considera que el Estado es su cortijo y los dineros públicos algo que le pertenece y otorga según su capricho. En este caso, el asunto está así: los funcionarios reciben un 1% más en sus salarios y el gobierno concede una subvención de 150 millones de euros a sus amigos, los concesionarios de la autopista de peaje Madrid-Toledo, en quiebra desde sus comienzos, con un sistema de capitalismo de enchufe y corrupción que no puede mantenerse, pero es el que pusieron en marcha con sus concesiones de corruptos y aprovechados en las legislaturas de Aznar.

Hay que cambiar. Por eso, el PP, anuncia que se aumentan las pensiones un 0,25%, lo cual es como decir nada cuando los pensionistas tienen que pagarse los medicamentos y el gobierno piensa abonar la paga extraordinaria esquilmando el fondo de reserva, que ya ha consumido en muy buena medida. No hay dinero para subir las jubilaciones, pero sí lo hay para que, en un acto de enchufismo y amiguismo asombroso hasta para España, el peor ministro de Educación de la historia se retire de embajador ante la OCDE a efectos de coincidir con su mujer y todo ello a cuenta de los contribuyentes. Dos auténticas nulidades que han destrozado el sistema educativo español en todos sus niveles son premiados con una estancia en París como recompensa por los servicios prestados a la Iglesia católica y pagada por la colectividad. Por supuesto, es indiferente que ninguno de ellos tenga  competencia específica para el trabajo que ha de desempeñar, si es que han de desempeñar alguno y no se dedican a pasear por el Sena. El erario pecha con estas sinvergonzadas porque, en el fondo, nadie espera que un español (uno de verdad que, como los toros, se crece "con el castigo") vaya a aportar nada a ningún sitio por concepto alguno.

El 53'5% de los presupuestos generales del Estado va destinado a fines sociales. Una advertencia que de nuevo delata la mentalidad clasista, elitista, de la derecha que considera que los dineros públicos son suyos y los administran en forma de nóminas, sobres, mordidas, comisiones, caridades, pagos no registrados. Lo habitual en la picaresca. Hablan de la "cuestion social" como el que podría hablar de las limosnas de los domingos, a cuenta de las familias más respetadas del lugar. Es su mentalidad. Los pobres no tienen derechos, solo el deber de pagar impuestos para que los ricos, que no los pagan, se gasten lo recaudado en juergas y otorguen las migajas ("la cuestión social") a los que lo necesiten.

Sobre la corrupción es muy poco lo que pueda decir un presidente sospechoso de haber sido quien la ha amparado y hasta se ha beneficiado de ella.  Sus divertidos circunloquios lo delatan: eso es el pasado y el pasado debe dejarse  atrás para edificar un buen futuro a costa de la recuperación que ya se ve. Vive en el pringue más actual de la corrupción, él, sus colaboradores y sus parentes, pero dice que el presente de la Púnica, que aún no ha terminado de aclararse pero define ya su gobierno como el más corrupto de la historia, es pasado. Y, lo que no quede sumergido en las brumas del pasado, junto a sus sobresueldos y sus achuchones a Bárcenas para que sea fuerte, se atajará con la ley de transparencia, una norma de lucha contra la corrupción que no sirve literalmente para nada porque la hicieron los corruptos, con la vista puesta en sus bolsillos y no en el bien común..

En lo tocante a Cataluña, a Rajoy se le cruzan ya las respuestas y, en breves instantes, mezcla los habituales embustes con las mezquindades y el silencio. No habrá elecciones "plebiscitarias", dice, porque lo prohíbe la ley. Es mentira. La ley no prohíbe tal cosa y que las elecciones sean o no plebiscitarias dependerá de cómo las entienda la gente ya que lo plebiscitario es subjetivo y no fácil de reconocer como las chirimoyas. Tampoco hubo referéndum el día 9N y, sin embargo, ha lanzado a la fiscalía en persecución de que quien lo organizó. Todo el mundo sabe que, en la problemátia razón de Rajoy, la realidad se desdobla: de un lado está la que "algunos" (término de impreciso y por tanto cómodo alcance en su legendaria pachorra) dibujan y de otro la que el conoce muy bien, anhela y está a punto de conseguir a nada que "las cosas" (otro término de obvia marrullería rajoyana) le vayan tiesas.

Por fin se hace algo de luz en las tinieblas mentales de quien lleva tanto tiempo dedicado a los sobresueldos, y reconoce que el reto soberanista es el más grave que hay en España. Eso era visible hace cuatro años, pero Rajoy no se enteraba porque, aunque ahora, asustado, se pase el día hablando de su amor a Cataluña, ni la entiende, ni la comprende, ni mucho menos la quiere. Y como nunca es tarde si la dicha es buena, el presidente de los sobresueldos reconoce la gravedad de la siuación a su manera, demostrando no entender nada y seguir tensando la cuerda con un "Cataluña no será nunca independiente", que tiene el valor de las afirmaciones y negaciones de Rajoy: no se celebrará el 9N, reduciré el paro a la mitad, no subiré los impuestos, no tocaré las pensiones ni la educación ni la sanidad, llamaré al pan, pan y al vino, Bárcenas. 

En la época de la publicidad y la comunicación sin límites es un verdadero lujo tener un presidente que, cuando comparece en público, miente sin parar porque, en el fondo, no sabe hacer otra cosa.

divendres, 31 de juliol del 2015

El poder y los jueces.

Para que haya justicia, como sabe todo el mundo, debe ser impartida por jueces libres, independientes e imparciales que, como decía un militar del ejército español, "nada tengan que esperar del favor ni temer de la arbitrariedad". Esos tres requisitos son de distinto calado. En cuanto seres humanos dotados de raciocinio, autonomía y libre albedrío, la libertad se les presupone. Nadie atendería a un juez que estuviera encadenado. Eso es obvio y vale también para el otro tipo de libertad, el moral. Los seres humanos somos libres. Lo somos incluso cuando decimos o hacemos el mal, pretextando que estábamos coaccionados. Fuimos libres y elegimos ceder a la coacción. Salvo los reducidos a cautiverio físico, los jueces son siempre libres. Libres de hacer justicia o hacer injusticia. Es cosa de su conciencia.

Los otros requisitos son más tornasolados. Dos de los jueces que, gracias a los equilibrios y normas de distribución y reparto de tareas, entenderán de los casos de la Gürtel y los papeles de Bárcenas, que afectan directamente al partido del gobierno, esto es, Enrique López y Concepción Espejel ofrecen motivos fundados para poner en cuestión su imparcialidad. Dos de las acusaciones particulares, el PSOE y la Asociación de Abogados Demócratas de Europa (ADADE) están elaborando los escritos de recusación. Tanto López como Espejel han dado suficientes muestras de familiaridad y hasta intimidad con los gobernantes. No es solamente que el PP los propusiera en su día para vocalías del Consejo General del Poder Judicial, pues eso en sí mismo no es significativo. Es lógico que estas designaciones que la ley reserva a los partidos se hagan con criterios de proximidad ideológica, pero eso no tiene por qué afectar a la imparcialidad de los nombrados. Y, sin embargo, en los dos casos, dicha imparcialidad es muy cuestionable porque los dos han dado sobradas muestras de cercanía, frecuencia de trato y simpatía con los gobernantes de la derecha. Espejel no se ha recatado en admitir su gran amistad con Cospedal, quien la condecoró. En cuanto a López, sería un desagradecido si no reconociera los esfuerzos ciclópeos que estuvo haciendo el PP para favorecerlo con un puesto en el Tribunal Constitucional incluso cuando no reunía los requisitos. Sería muy desleal por su parte no ser agradecido.

Podría decirse que, habiendo sido como hayan sido las previas relaciones entre los magistrados en cuestión y los gobernantes, llegado el momento de hacer justicia, a los jueces les ocurre lo que a a Thomas Beckett frente a Enrique II: muy amigos y compadres, pero, cuando se trata de la dignidad de la Iglesia y el interés de la Corona, ya no hay amistad ni compadreo que valgan. Y, llegado el momento, Beckett paga con su vida por su independencia. Siendo los nuestros tiempos más suaves, es poco probable que los magistrados pagaran con sus cabezas por sus actos, así que no hay razón para que estos no sean intachables. Y, si la hay, tendrán efecto las recusaciones de las partes.

A decir verdad, la turbulenta historia del juez López despierta preocupación no ya solo debido a su imparcialidad sino también a su independencia. Su intensa actividad de colaboración con la Fundación FAES, el think tank de la extrema derecha neoliberal, que posiblemente haya sido remunerada, plantea, efectivamente, una seria objeción al comportamiento de un juez que no solamente mantiene relaciones de amistad con el príncipe sino que se ha encomendado a su magnificencia.

Este es igualmente el problema que se plantea con ese presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, que cobra un plus de 1.300 euros al mes directamente del gobierno andaluz en concepto de dietas o viáticos o algo así. En principio, no es absurdo que un funcionario del Estado reciba un complemento de ese Estado del cual, por lo demás, también recibe el sueldo. Y no se olvide que la Junta de Andalucía es, a todos los efectos, el Estado en Andalucía. Por supuesto, tampoco es lo mismo que el magistrado cobre del Estado que de un partido vía Fundación, si cobró. Pero aun así no parece bien y precisamente porque no parece bien, la medida se tomó mediante acuerdo secreto. Por algo sería.

Los jueces son uno de los estamentos peor valorados por la opinión pública, escasamente por encima de los políticos, que ya es decir. Y con casos como los considerados es poco probable que mejoren su posición. Sobre todo frente a una opinión pública que contempla desmoralizada cómo los jueces que se atienen a su deber en conciencia y se enfrentan al príncipe, acaban expulsados de la carrera.

Y sin jueces justos no hay democracia.

dijous, 30 de juliol del 2015

El Frente Nacional.

El nombramiento de Albiol obedece a razones estratégicas de la derecha, no meramente tácticas; tiene un elemento de vaga advertencia: la derecha que simula ser centro-derecha alberga a la derecha más extrema. En España, el Frente Nacional está en el partido del gobierno, está en el gobierno. Albiol es el procónsul que va a imponer orden en las provincias. Para que no se mueva nada.

Tiene un discurso racista vergonzante. No es de la raza (concepto en el que no creemos) de lo que tenemos que resguardarnos, sino de la cultura. Somos culturas diferentes y convivir con extraños es arduo. El discurso de Albiol es peligroso en tiempos de crisis y, por tanto, tensiones y crispaciones en barrios de fuerte inmigración. Peligroso porque bastante gente le presta oído. Lo que no parece muy medido es el intento de utilizar la xenofobia como aglutinante de naciones distintas.  Puede que los catalanes sean tan xenófobos como los castellanos, pero eso no los hace castellanos.

Hay en estas cavilaciones una especie de ideal primitivo común que, de haber sido otro el rumbo de la historia, quizá hubiera rezado "América para los españoles". Pero fue al revés, España para los americanos.  

España es una especie de protectorado de Occidente, en lo esencial de Francia con concurso de otros países europeos, como Inglaterra o Alemania. Desde la guerra fría han intervenido también los Estados Unidos, que son los que más tajada han sacado, pues tienen bases en el país que, de hecho, son verdaderos exclaves de soberanía.

Esta idea de "Frente Nacional" con su gran aroma francés a la Le Pen, aglutina en Barcelona a los héroes numantinos en la defensa de la hispanidad, pero tiene un fuerte poder de convocatoria en España. Son los españoles quienes se ven formando parte de un Frente Nacional. Ya que en Cataluña la expectativa de votos del PP es escasa, por lo menos que esa escasez, brille como una chispa que encienda luego la batalla por la resurrección de España. Y en esto de brillar y tener chispa, Alicia Sánchez Camacho no lo bordaba.

El Frente Nacional apunta a superar el famoso eje izquierda/derecha. Primero es la nación, para saber en dónde estamos y luego ya veremos en dónde nos situamos, según qué sea la izquierda y la derecha. Esto quiere decir que en las elecciones catalanas es poco previsible que haya un "frente nacional" del PP y el PSC. Pero, después, habrá que estar a lo que salga de las elecciones del 27 de septiembre si, finalmente, se convocan

Porque venimos diciéndolo: las elecciones catalanas serán decisivas en España. Meras elecciones autonómicas, avisa Rajoy sabiendo, porque se ve, que no es así.

¿Hay censura en Facebook?

Ayer me hackearon la cuenta de FB. Los hackers se hicieron con el control de mi muro y de mi página y empezaron a mandar pornografía en mi nombre. Algunos amigos me avisaron por email. Corrí a comprobarlo, pero ya no pude entrar en el muro. Supuse que FB, alertada por otros usuarios, lo habría bloqueado. Intenté desbloquearlo y no pude. Traté de cambiar la contraseña y tampoco me dejó. Alguien me comentó que podía tratarse de una censura de FB, a quien no habría gustado nada la carta abierta a Felipe VI, publicada en Palinuro y subida a FB el 24 de julio y mucho menos que la convirtiera en vídeo y la subiera asimismo a Face el 29 de julio, así como a You Tube. Entra dentro de lo posible, pensaba yo, pero no probable. ¿Qué le importa a FB que un correoso republicano largue una critica al monarca, por dura que sea? Seguí pensando que la cuenta habia sido hackeada, el bloqueo era una medida protectora de FB y yo solo tenía que esperar 24 horas para recuperar el control de mi página, tranquilizado, por lo demás de que el sinvergüenza que la hackeó no pudiera seguir distribuyendo su ñorda en mi nombre.

Decidí esperar. Incidentalmente, sin embargo, pude comprobar con desconsuelo que los usuarios de FB no tenemos ninguna posibilidad de contactar directamente con nadie de la plataforma. Hay una serie de casos resueltos y preguntas más frecuentes que tratan con las situaciones y problemas más habituales, así como un foro en donde unos facebuqueros debaten con otros e intercambian información sobre sus cuitas. Pero nada de explicar a quienes dirigen la red lo que nos pasa. Cuando, transcurridas las 24 horas, comprobé que seguía sin poder entrar en mi muro ni en mi página de comunidad, decidí abrir otra cuenta de FB también a mi nombre, con mi perfil, pero con otra cuenta de correo. Pude hacerlo entonces, muy contento, lo comuniqué en Twitter y en Palinuro, dando la dirección URL de la cuenta por si alguien quería migrar a mi nueva página que, por cierto, lucía una preciosa bandera republicana. Mucha gente lo hizo. Pero, para mi sorpresa mayúscula, un par de horas después, también esta cuenta desaparecía y quedaba bloqueada. Todos mis intentos por entrar en mi muro fueron inútiles. Bloqueado por segunda vez y sin hackers ni pornografía, por nada. Simplemente porque sí

Ahora ya no estoy tan seguro de que FB no censure en cuestiones políticas.Por mi parte, de momento, he decidido abandonar esa red porque no estoy dispuesto a perder horas en los bucles de indentificación que no sirven para nada porque está todo hackeado y/o bloqueado. Si puedo volver a la red sin necesidad de perder tiempo y nervios lo haré. De momento, me quedo con Palinuro y seguiré subiéndolo a Twitter.