dilluns, 9 de febrer del 2015

Vuelve Max Weber.

Podemos cerró ayer la campaña de primarias previa a las autonómicas de Madrid en la Plaza del Reina Sofía. Hacía frío y los cronistas señalaron que la asistencia no fue la de otras veces, unas doscientas personas. El día anterior había hecho cierre la candidatura alternativa, encabezada por Miguel Urbán en el Ateneo de Madrid en donde probablemente hay un aforo similar, aunque sin duda la temperatura era más agradable.

En su discurso en el Reina Sofía, Iglesias, que ya tiene maneras de candidato a presidente del gobierno, interpeló directamente a Rajoy pidiéndole elecciones anticipadas y no mencionó siquiera al PSOE. Cuando se piden elecciones anticipadas uno quiere ganarlas y cree que puede hacerlo. Oposición frontal al gobierno. Elecciones anticipadas es lo primero que pidió el PP nada más perder las de 2008. Porque siempre se actuará en oposición al gobierno sin compromiso alguno. Igual que Podemos: quiere quemar etapas; llegar cuanto antes a la confrontación electoral y sustituir a los que mandan. Frente a esto, el PSOE sigue ofreciendo un aspecto desmadejado. En Baleares, en una convención de su partido, Sánchez aseguró que el PSOE es el que mejor sabe cómo ganar a la derecha y que es al PSOE a quien el PP verdaderamente teme, aunque no se ve por qué pues no pide elecciones anticipadas ni presenta moción de censura. Y si tanto le temen, es incomprensible que la señora Aguirre, entrevistada en Salvados (ver más abajo) no lo mencionara y, en cambio cerrara contra Podemos.

A su vez Podemos tampoco lo menciona, pero carga contra el PP. Aquí alguien está descolocado y da la impresión de ser Sánchez.

No obstante, el discurso de Iglesias tuvo también una faceta muy digna de mención y fue su duro ataque a IU, ahora que esta se ha escindido por enésima vez. La crítica señalaba que “se vive muy cómodo en el 12% siendo un partido bisagra del PSOE, siendo fiel a tus principios, sabiendo que vas a ser minoritario". Es una crítica al apoltronamiento, la indolencia, los intereses creados de IU. Pero tiene un elemento muy característico que habla más del crítico que del criticado y se observa en esa indirecta referencia a Max Weber.

Cuando el PSOE ganó las elecciones de 1982 traía en la mochila una promesa de convocar un referéndum para sacar a España de la OTAN. Al llegar al poder, sin embargo, los socialistas empezaron a ver las cosas de otro modo. Gobernar no era discursear en la oposición sino que implicaba tomar decisiones en una sociedad conflictiva, sometida a presiones de todo tipo, tanto internas como externas. En poco tiempo cambiaron de parecer y lo que en un principio iba a ser un referéndum para sacar a España de la OTAN se convirtió en otro para dejarla dentro de ella.

Los socialistas justificaron este giro de 180º echando mano de la famosa distinción de Max Weber en El político y el científico entre la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción. La disyuntiva es clara: llegas al poder imbuido de tus convicciones pero, luego, la realidad te obliga a hacerlas a un lado porque se espera que aceptes la responsabilidad que implica gobernar y lo hagas con el más amplio beneplácito posible.

Pero esa observación reza siempre para quienes están en el poder. No se predica de quienes todavía están luchando por llegar a él. Y, sin embargo, es ahora el caso con Podemos, que critica la fidelidad de IU a las convicciones por entender que es un subterfugio para la inacción y, en consecuencia, hemos de entender que él ejerce la ética de la responsabilidad, es decir, las convicciones pasan a segundo plano. Da la impresión, sin embargo, de que el ataque tiene otra finalidad, en concreto, evitar toda fusión entre IU y Podemos a fin de que este no pierda votos de los electores que, siendo de izquierda, no votarían nada relacionado con el comunismo. De ahí el refugio en la ambigüedad y la renuncia a hablar de la organización territorial del Estado, la Iglesia, la República o la oposición izquierda-derecha.

Al margen de si es más o menos justo acusar de pereza y conformismo a quienes ponen por delante sus convicciones a su conveniencia, queda por considerar si la prevalencia de la "responsabilidad" sobre los principios y las convicciones no nos deja en el pragmatismo y el relativismo más absolutos. ¿Quién ha dicho a los de Podemos que la falta completa de principios que no sean ganar conduce a algún sitio distinto de la justificación del poder por sí mismo y de su ciega reproducción también en interés de sí mismo, con olvido de las gentes en cuyo nombre se decía actuar?

Contraataque.

En un post anterior, titulado La honorable orden de la parrilla Palinuro anunciaba su intención de no perderse el Salvados de esta semana, que estaba consagrado a Esperanza Aguirre. Efectivamente se corrobora la noticia: no pondría la mano en el fuego por Rajoy. En cambio sí la pondría por ella misma. Lo dice. Palinuro no atinó. Aguirre se considera por encima de toda sospecha.
 
Este es el aspecto más característico de la entrevista. La expresidenta de la Comunidad de Madrid tiene un dominio y unas tablas que dejaron a Évole descolocado en más de alguna ocasión. Su objetivo era triple: exculparse de toda acusación de corruptelas en su gestión, atacar a Podemos y postularse como candidata a la alcaldía de Madrid. Y los tres los coronó pasando por encima de las interrupciones de Évole y, salvas dos o tres excepciones, dominando la conversación.
 
En cuanto a la corrupción, respondió rotundamente a las preguntas directas sobre su posible implicación personal (cuentas en Suiza, comisiones, etc), negó tener relación alguna sobre las prácticas corruptas de las que su gobierno estuvo plagado y afirmó que las personas encausadas por aquellas la habían defraudado y decepcionado. La habían engañado. Por supuesto, mientras ellas fue presidenta de la Comunidad de Madrid, no hubo financiación ilegal del PP, lo cual contradice directamente lo que afirma el juez y hay que creerla bajo palabra. Évole no cuestiónó -o se me pasó- el turbio asunto del Tamayazo y el balance general de esta cuenta fue positivo para Aguirre, aun  reconociendo que la corrupción es un problema y que en su partido la hay abundante.
 
El segundo objetivo era atacar a Podemos. Aguirre volvió una y otra  vez sobre el asunto, viniera o no a  cuento. Cuestionó la integridad moral de los principales dirigentes de la organización con referencia a las cuestiones de sus ingresos y criticó en el plano teórico sus postulados, un terreno este, el ideológico, en el que la expresidenta se considera con capacidad y claridad de ideas para medirse con cualquiera. Inclusó retó personalmente a Iglesias a través de la cámara a renunciar a su aforamiento a los efectos de que ella también pudiera querellarse contra él por llamarla corrupta. Acusó a los de Podemos varias veces de comunistas, castristas y chavistas, los presentó como radicales y repitió, sin duda por considerarlo un hallazgo, que Podemos no propone cambiar el gobierno, sino el sistema.
 
Tocaba la tecla del miedo y, en cierto, venía de justificarse como candidata a la alcaldía mostrando su capacidad dialéctica, como si estuviera diciendo a Rajoy, a quien mencionó un par de veces, que la suya sería la opción más prometedora para el PP. Este era su tercer objetivo y también lo abordó sin vacilar. Se considera la mejor candidata a la Alcaldía madrileña y dio a entender cuál sería su línea esencial de campaña: atacar directamente a Podemos sin darle tregua y ningunear al PSOE, al que no sé si llegó a mencionar alguna vez en el programa. El candidato Carmona, como si no existiera.
 
Ignoro cuál habrá sido la audiencia de la entrevista, pero está claro que, como cabía esperar, Aguirre salió muy bien parada de ella.

diumenge, 8 de febrer del 2015

El biograma dominical.

Humo están echando ya los medios y esta noche habrá fuegos de artificio en esas tertulias en las que tanto se aprende. En las resacas de los amargos reproches y las dulces esperanzas se toman las decisiones que determinarán el futuro. Sobre el despecho o la embriaguez de un momento apenas entrevisto en una hoja volandera que refleja el humor de la gente en una fría y soleada mañana de invierno.

El PP se mantiene gracias a la mezcla de choriceo e incompetencia que constituye su acervo; el PSOE sigue su largo lamento de Dido a ritmo de pasokización y distribuye suaves reproches de acero bruñido; IU y UPyD compiten por las llaves del sótano y en cualquier momento los desahucian del gráfico porque ¿de qué sirven partidos que no alborotan el café con churros de los lectores? Podemos tropieza con el cielo que quiere asaltar y cada vez toma un color más bacalao: ya son más quienes no lo quieren que quienes lo quieren, según van descubriéndolo. Y Ciudadanos se apunta todos los bailes en el carné, gracias al talle juncal de su fundador, una especie de virgen vestal sobre el fondo del recio macizo de la raza.

Y todo eso para hablar de seis meses. Échese la vista un poco más atrás, pues siempre es bueno
tomar distancia para ver el conjunto. A la derecha, un gráfico de servidor con los resultados de las elecciones desde 1977. Es lo mismo y no es lo mismo. Podría haberlo hecho desde las elecciones de primeros del siglo XX y, salvo el paréntesis de la apacible época de la dictadura, en la que gobernaron los parientes, amigos e ideólogos de quienes lo hacen ahora, el resultado también habría estado lleno de enseñanzas. La primera de todas, que solo figuraría una línea: la del PSOE.

Todo esto es un texto alusivo a la que debiera ser la reacción de los socialistas, que es de quienes, en el fondo, se narra aquí la fábula, de cuyos tristes destinos, de cuyo probable aciago final. El atribulado viandante al que, por motivos muy distintos, todos se remiten, todos atacan, todos tienen en mente.

Palinuro no necesita aclarar que no es del PSOE ni lo ha sido nunca. Pero tiene una especial debilidad por las causas perdidas y le resulta imposible no inmiscuirse siempre que ve a alguien acosado por fuerzas superiores. Como es el caso. En el fondo, toda esta historia es un retrúecano del famoso lema de Alejandro Dumas, "todos contra uno y uno contra todos". Si non è vero... y justo el tipo de situación que encanta al piloto bloguero.

Tres consideraciones a partir de una hipótesis de partida: en esos lamentables resultados del PSOE hay mucho voto oculto en la espiral del miedo. Hagan una prueba: vayan a una barra de un bar  lleno de clientes y anuncien que van a votar al PSOE si se atreven. A ver si salen vivos.

Las consideraciones:
  • Pertenecer, hablar y actuar en nombre de un partido centenario que ha sido decisivo en la configuración de la España actual (y que, precisamente por su éxito pasado, tanta hispánica envidia despierta) implica una responsabilidad muchísimo mayor que los empecinamientos, los chanchullos de rebotica o las astucias para auparse a donde los propios méritos no impulsan. Una responsabilidad contraída no solo frente a los militantes y votantes, sino frente al conjunto de la población y, por supuesto, ante la propia conciencia, si se tiene.
  • El patriotismo, a juicio de Palinuro, es normalmente una estafa y el patriotismo de partido también. No es lo que los demás hayan hecho de lo que debes ufanarte, sino de lo que tú hagas, cuando te toque. Es si estás a la altura de lo que las circunstancias te exigen o, simplemente, vas de cuentista por la existencia para satisfacer tus intereses o tu ego. En cuyo caso, quizá debieras considerar la posibilidad de largarte a tu casa o a donde hagas menos daño.
  • Quien no reacciona ante la amenaza de catástrofe no lo hará cuando esta llegue. La actual dirigencia del PSOE deberá decidir si quiere pasar a la historia como quien permitió que un Pablo Iglesias destruyera el partido de otro Pablo Iglesias. Si quiere eso o reacciona. Y reaccionar es algo bien claro: dejar de hacer el imbécil con rencillas de corrala, con medros personales de cortijo, con ambiciones de gran estadista de pacotilla, con venganzas personales, jugarretas de internado y maledicencias de pensionista de pueblo. Significa, en una palabra: hacer autocrítica por el pasado, proponer enmienda, ejercer como partido de oposición y no como muleta del gobierno de la corrupción, articular un discurso socialdemócrata claro, poner a punto una estructura de partido que es su principal activo y está hoy abatida y desorientada, proponer ideas para los grandes temas de Estado y no excusas, y actuar, conjuntamente, coordinadamente (no monolíticamente; eso es para otros), sabiendo que, por encima de los mezquinos intereses personales están los del partido y por encima de los mezquinos intereses del partido, los de la gente sin más cuya confianza se solicita.
Y se tendrá. Si se merece.

El elefante en el ascensor.

Anda gozosa la legión de comentaristas y analistas políticos del país revelando la nueva a sus lectores: la razón profunda del éxito de Podemos consiste en haber conseguido el dominio indiscutible de los actos de habla en la esfera pública. Podemos ha impuesto sus términos, sus expresiones, decide de qué debate todo el mundo, dicta las palabras de la tribu, ha coronado la hegemonía gramsciana. Establece los "marcos o encuadres de referencia", dicen los más avezados mientras reprochan a los dos partidos dinásticos su crasa ignorancia de la pragmática de Lakoff (quien recomienda no pensar en elefantes), tan familiar para ellos como el padrenuestro.

No será Palinuro quien defienda la retórica de los políticos, desde Pedro Sánchez hasta Rajoy o desde el lugar común a la pura idiotez. Pero tampoco se dejará llevar por esas conclusiones precipitadas y vacuas según las cuales Podemos tiene el triunfo a su alcance porque ha ganado ya la guerra de las ideas ganando la batalla de las palabras. De eso, ni hablar.

Tómese el caso más patente, el que está en el ánimo colectivo, la oposición izquierda-derecha, válida en todos los sistemas políticos del mundo, que sirve para clasificar los partidos, los resultados electorales, para explicar y hasta predecir el comportamiento de los electores. Nada, nada, ahora carece de toda utilidad, es un engorro y cosa del pasado, asunto de trileros, un engañabobos. Esa dicotomía anticuada y horizontal debe ser substituida por otra vertical mucho más cierta y prometedora que ya no es "izquierda" y "derecha" sino "arriba" y "abajo". Palinuro propone llamar al hallazgo la teoría del ascensor por razones obvias.

Austin se remueve inquieto en su tumba. Claro que pueden hacerse cosas con palabras. Pero no cualquier cosa y no con cualesquiera palabras. La substitución de la escala horizontal izquierda-derecha por la teoría del ascensor es una estupidez. La escala tiene imprecisiones pero, al ser subjetiva, da libertad a la gente para autoubicarse en donde quiera y permite afinar en los matices: centro, centro izquierda, izquierda de la derecha, etc. La oposición arriba-abajo es mecánica y, al ordenar por la riqueza objetiva sin más, no tolera libertad de elección. Refleja el autoritarismo de una atribución (no autoubicación) y carece de posibilidad de matices y puntos intermedios, como no sea el bajo y el ático.

Y si de la representación gráfica pasamos a lo subjetivo, el asunto es peor. Que unas gentes que hasta ayer  militaban en el partido comunista o aledaños y que se aprestan a recibir comunistas rebotados de otros lares digan no ser de izquierda ni de derecha resulta incomprensible para la mayoría. No tanto para Palinuro, quien siempre ha tenido serias dudas sobre si los comunistas son de izquierda por más que la adjetiven de "verdadera" o quizá por eso mismo. Pero escuchar a unos profesores universitarios en buena medida privilegiados, viajados, con estudios en el extranjero, decir que son los de abajo sí que no tendría precio. Quizá por eso no lo dicen. Con lo cual, si no son de izquierda ni de derecha,  de arriba ni de abajo, no son nada.

Y de la nada no sale nada. Mucho menos un cambio de hegemonía discursiva, de marcos o encuadres de referencia. Nada. Sale palabrería, agitación y propaganda. Puro embeleco sostenido en un andamiaje de fórmulas copiadas de otros, de expresiones plagiadas y manidas: Podemos viene del Yes, we can de Obama; la sonrisa en respuesta a los insultos del talante de Zapatero; los círculos, de los círculos bolivarianos, etc. Aquí, genuino, original, propio, no hay nada.
Y menos que nada esa liebre que han echado a correr por el barbecho a la que llaman Patria y que apesta literalmente al peor oportunismo.
Por más que metan el elefante en el ascensor y le den al botón de asaltar los cielos es imposible que un empeño tan antiguo, tan visto, tan reiterado, tan poco original, coja vuelo ni siquiera al socaire de los vientos de la muy justa indignación ciudadana. Para eso, hay que hacer algo más que sonreír por consigna, aparecer en la tele, cambiar los "marcos de referencia", justificar el objetivo con toneladas de pragmatismo y tratar de colar de matute una idea y realidad del poder basada en la ocultación de intenciones y la buena fe de la gente.

dissabte, 7 de febrer del 2015

La honorable orden de la parrilla.


El Salvados de Jordi Évole el próximo domingo huele a pólvora. Y no del Rey sino de la que corren o corrían los árabes disparando sus espingardas al galope. Sin duda tendrá una audiencia inmensa y habrá que ver si supera el top alcanzado por Iglesias en una versión anterior.

Esperanza Aguirre no pone la mano en el fuego por Rajoy. Hace bien. Como norma general, no es avisado poner la mano en el fuego por ningún ser humano. Además, Rajoy no es solamente un ser humano o por tal lo tenemos, sino que es el presidente de su partido y ella lo conoce bien. Por supuesto, si no pone la mano en el fuego por él, sobra preguntar por el resto de los miembros de la organización que muchos conceptúan como una asociación de pillastres y, en este aspecto concreto, parece una cofradía de miembros de la orden de la Parrilla de San Lorenzo, achicharrado por un costado y por el otro. No pone la mano en el fuego por Rajoy y, claro, menos por Cospedal, Arenas, González. Son las enseñanzas de Blesa, Rato y otros quemamanos. Un cínico diría que los políticos quieren tener las manos salvas y, sobre todo, libres.

¿Y por ella misma? ¿Pondría Aguirre la mano en el fuego por ella misma?

No sé si le habrán hecho esta pregunta. Parece que la grabación del programa ha terminado con cierta agitación. Espero con interés ese Salvados por ver si, aunque no le hayan hecho la pregunta, ella la ha contestado. A veces decimos cosas distintas de las que queremos decir.
 
Las entrevistas en televisión, sobre todo a cargo de gente con tantas tablas, tantos recursos, tanta retranca, tan competente como Évole, son una verdadera aventura para los entrevistados, un adentrarse en territorio no cartografiado, una jungla opaca en la que seguro se dan situaciones inesperadas. Con esto en mente debe reconocerse el valor de la señora Aguirre.
 
Valor o desesperación, que suelen estar próximos.
 
Los políticos son personas construidas que estudian sus comparecencias, preparan sus parlamentos, administran sus entrevistas, ensayan gestos y ademanes, proyectan una imagen,  tienen asesores, escuchan sus consejos, recitan sus juicios.  Pero si entran en diálogo con alguien tan inocentemente peligroso como Évole, pueden encontrarse en un proceso fulminante de deconstrucción y salir de él desplumados como pollos.
 
Aguirre cultiva una leyenda de experimentada política, de dilatada y muy diversa carrera, expeditiva, clara, decidida, maestra de la comunicación. Añade un carácter mezcla de refinada educación, señorío y pulsiones castizas, casi populacheras, al estilo de la recién finada Cayetana de Alba. Nadie duda de su eficacia en el logro de sus objetivos, pero sí de su eficiencia y no sienta plaza de gestora especialmente buena, si bien parece que su proverbial simpatía compensa por esta carencia.
 
Sin embargo, nada de lo anterior obsta para que haya presidido el gobierno de la comunidad en el que se han dado más casos de corrupción a lo bestia, que ha involucrado al partido también presidido por ella, y una serie de cargos de su gobierno, incluidos consejeros de su absoluta confianza de los de no poner ni la mirada en el fuego, mucho menos la mano. Un gobierno de un partido que, al parecer, se ha financiado ilegalmente y, por lo tanto, ha ganado las elecciones de modo fraudulento. Una mafia, vaya. Esa presunta realidad es la deconstrucción de la señora Aguirre.
 
Hace bien en no poner la mano en el fuego ni por ella misma. 

A salvo en sus cámaras de alabastro.


Si en este Madrid de la contaminación, el ruido, los desahucios, la circulación enloquecida, las manifestaciones, los mentideros y las luchas por el poder se anuncia una exposición de la silenciosa, minimalista, limpia y lejana Roni Horn en la Caixa Forum, hay que encontrar un momento y verla. No es tan caro como ir al psiquiatra y tiene efectos más tranquilizadores y duraderos. El misterio del artista consiste en invadirte de paz y sosiego mostrándote su universo de inquietud, incertidumbre y maravilla.

El título de la exposición, escogido por la autora, programático en realidad, procede del Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa, una de las obras más fascinantes e inagotables del siglo XX, quizá de siempre. La cita, en la traduccción de Ángel Crespo, el gran especialista en el poeta portugués, reza: Dormía todo como si el universo fuese una equivocación y concluye y el viento, fluctuando indeciso, era una bandera sin forma desplegada sobre un cuartel sin ser. Muy adecuado que Pessoa sirva de introducción a la obra de Horn pues comparten inquietudes, obsesiones, desasosiegos. En lo esencial, dos, el lugar del artista en el mundo y su identidad. Las series de fotos, magníficas series de fotos, con variaciones mínimas, de tú eres el tiempo y también las de Ella, ella y ella inciden directamente en la cuestión de la identidad con la misma insistencia con que lo hace el poeta de los heterónimos. Y el Libro del desasosiego está escrito por uno de esos heterónimos, Bernardo Soares. Mejor dicho, según aclara Crespo, no se trata de un heterónimo al estilo de Álvaro de Campos o Ricardo Reis sino, en realidad, de una configuración literaria del ortónimo, el propio Pessoa, porque, como señala el crítico, la obra en cuestión es una especulación sobre la doble personalidad, al estilo del romanticismo alemán. Una especulación que duraría desde 1913 hasta 1935, hasta la muerte del poeta, que la dejaría inacabada, desordenada, inédita y prácticamente imposible de publicar. Veintidós años materializados en un montón de cuartillas desordenadas, con frases, reflexiones, sentencias, pasajes a veces contradictorios y escritos en un lenguaje propio que los especialistas llaman un idiolecto. Toda una vida para conseguir no entenderse.

Por eso se remite Horn a Pessoa, porque su obra plástica es asimismo fragmentaria, dispersa, incomunicada, múltiple. Dibujos, fotografías, composiciones, "situaciones", esculturas, libros, escritos, de todo lo cual hay abundante muestra en la exhibición, por cierto montada con indudable gusto y en un espíritu próximo al de la artista: mucha luz fría, mucho blanco. Porque en esta abundante e inconexa obra hay un hilo conductor que es la permanente presencia de Roni Horn en Islandia, en donde lleva más de veinte años pasando temporadas y de cuyos rostros, paisajes, luz y colores se sirve para sus creaciones.

Lo líquido, el agua, es un elemento esencial en la obra de la artista neoyorkina. Y aquí aparece la segunda referencia literaria en el quehacer horniano, la de otra escritora, también del mundo lusófono, aunque proveniente de la penúltima diáspora judía: la de Clarice Lispector y especialmente, su Água viva, publicada en 1973, también extraña como la de Pessoa, aunque por otros motivos, por su estructura narrativa líquida y reiterativa, como con ritornelli. La idea de exponer las citas de Lispector en el suelo, en forma de espirales de goma, como remolinos acuáticos, que nos obliga a dar vueltas para leerlos es un acierto.

El espacio Blanca Dickinson ("White Dickinson") nos lleva a la tercera referencia literaria/poética de Horn, Emily Dickinson, tan minimalista como ella, pero con una vitalidad exterior muchísimo más reducida y más perplejidad y obsesión con la propia identidad que Pessoa y Horn juntos. Esas barras solitarias que se apoyan en las paredes con las citas de los versos de la poeta de Nueva Inglaterra sintetizan su visión de una obra única, solitaria, indiferente, sin referencias ni clasificación y que a punto estuvo de quedarse sin lectores. El encabezamiento del post es una aportación de Palinuro a esta concentración de criaturas nada mundanas, es el primer verso de uno de sus breves poemas "A salvo en sus cámaras de alabastro,/intactos por la mañana e intactos por el mediodía,/duermen los mansos miembros de la resurrección,/madera de satén y techo de piedra". Si el poeta es un fingidor, según Pessoa, que finge hasta el dolor "que de verdad siente", ¿qué sucede con la ausencia que se irradia sobre ese mismo universo que pudiera ser un error? En otro lugar dice Emily Dickinson: "Largas calles de silencio/llevaban a vecindarios de intervalo;/aquí no había señal, ni discusión,/ni universo, ni leyes".

Un remanso de paz en la zozobra del yo esta exposición.

divendres, 6 de febrer del 2015

La izquierda, el pluralismo y la teoría del ascensor.


Llena de asombro la capacidad de ruido mediático de una formación de tan escaso impacto real como IU. No suele ser noticia por sus actividades de gobierno, que apenas las tiene, pero sí por su abigarrado historial de enfrentamientos, escisiones, separaciones y expulsiones. IU es cualquier cosa menos unida.
 
Sus miembros y militantes viven en un permanente clima de confrontación y mutuas exclusiones con el fatalismo con que los héroes de las tragedias clásicas caminan hacia su destrucción como arrastrados por una terrible Ananké. Los hitos de esa pendiente son las elementales doctrinas maniqueas de un personaje como Anguita, cuya reaparición en esta crisis prueba lo hondo que pueden calar en las almas simples las dicotomías elementales.
 
Porque esta es la doctrina que vuelve a estar presente: nada de complejidades, medias tintas, matices o posiciones intermedias. El maniqueísmo de los fanáticos: la doctrina de las dos orillas, convertida hoy en Podemos, trasunto del anguitismo, en la teoría del ascensor: arriba y abajo.
 
Arriba –o en una orilla- el PP-PSOE; abajo, en la otra orilla, en la buena, claro, los puros que siempre son los menos pero ahora, gracias a la “ventana de oportunidad” de la crisis, según la jerigonza de los teóricos de Podemos, pueden aspirar a ser mayoría. A propósito y de pasada, esa “ventana de oportunidad” no es otra cosa que la “oportunidad” de toda la vida y la oportunidad es la base del oportunismo.
 
Esta mentalidad simple, dicotómica, es la responsable del desastre mantenido por esa izquierda, la comunista, la poscomunista y la neocomunista, desde hace decenios, incapaz de comprender que la realidad es siempre compleja, matizada, contradictoria, sutil. Y, de paso, incapaz de comprenderse a sí misma. Porque, precisamente la izquierda es discutidora, matizadora, crítica por naturaleza.
 
La izquierda es plural, cosa que IU, Anguita y, según se ve, Podemos, no entienden ni, al parecer, entenderán nunca. Por eso el PSOE se mantiene con vida aun en sus peores momentos y no desaparecerá por más que sus sepultureros quieran enterrarlo bajo toneladas de infamia. Porque es un partido plural, en el que caben gentes que piensan de formas distintas en un montón de asuntos, pero son capaces de convivir porque practican las virtudes del diálogo, el respeto mutuo, la tolerancia, la democracia. Algo de lo que los demás presumen porque carecen de ello.
 
Si el PSOE no existiera, habría que inventarlo.
 
Enfrente, en la otra orilla, el erial de las organizaciones piramidales, jerárquicas, autoritarias, basadas en la unanimidad y coincidencia o en la desbandada, incluso cuando afirman funcionar con respeto a la opinión libremente expresada por las asambleas de democracia de base lo cual, a la vista está, no es cierto: IU, Frente Cívico, Podemos, Unidad Popular.
 
Puro sectarismo que cree posible presentarse como lo que no es.

Enésima manifestación de este absurdo sectario que se presenta como la razón en marcha: esa tránsfuga que rompe la ficticia unidad de Izquierda Unida so pretexto de buscar la "verdadera" unidad con otra fuerza que, a su vez, no quiere la unidad con la primera, y todo ello por razones personales. 

La mona y la seda.

Según parecer generalizado, el gran éxito de Podemos se ha debido a su magistral empleo de los medios y las redes y a la novedad de su discurso. Lo primero es importante, pero lo segundo lo es más. Podemos habla un lenguaje nuevo, de ruptura, regeneracionista. Trae un espíritu orteganiano de lucha contra la "vieja política". El "régimen del 78" está en descomposición por numerosas razones. Se necesita gente nueva, discursos nuevos, ideas nuevas.

Podemos los aportaba y por eso se ganó la confianza de mucha gente. La de todos los que no se sentían representados en las instituciones y querían encontrar un espacio en la vieja política, sobre todo uno entre las dos opciones tradicionales de la izquierda. Por eso Podemos armó un partido casi de la nada, obtuvo un resultado brillantísimo en las elecciones y se dispuso a asaltar los cielos impulsado por el fervor popular.

Pero, de tanto mirar al cielo, comenzó a dar tropezones en la tierra. En el mitin de Vista Alegre, en el de Barcelona, en el de Sevilla y por distintas razones, hubo gestos, expresiones, ademanes del pasado, de la vieja política. Palinuro los puso en evidencia, en especial el insulto a la izquierda, llamándola "trilera". Lo hacía de buena fe, pero ello no le evitó las habituales acusaciones de criticar por fastidiar o por razones inconfesables. Paciencia.

Esta bronca de IU en Madrid y su impacto en Podemos ya no es solo un tropezón. Es un caerse por el barranco y con todo el equipo. Lo de menos es si IU da el enésimo espectáculo de confusión, enfrentamiento, faccionalismo y cainismo. Business as usual. Lo de más es que afecte directamente a Podemos y revele en este proyecto un trasfondo hasta ahora oculto.

La señora Sánchez que, en definitiva, es una tránsfuga, por las razones que sean, ha decidido renunciar a su acta, abandonar su partido, si es que solo pertenece a IU y no también al Partido Comunista, y fundar uno propio con un proyecto de convergencia asambleario y de democracia de base con Ganemos y quien sabe si también Podemos. Se trata de alguien que puede calificarse como política profesional pues lleva toda su vida laboral en cargos públicos y/o de partido. Su carácter se refleja en esa rotunda afirmación de No, punto. No vamos a entrar en Podemos. No por la verosimilitud del contenido, que es escasa, sino por la atribución de sujeto. ¿Quiénes son esos nosotros que no vamos a entrar en Podemos? Obviamente, quienes la siguen. Pero entre estos hay quienes han roto con IU, como ella y quien, como Garzón, quiere la convergencia pero no ha roto con IU. En este lío, ¿no sería conveniente preguntar cuando se quiere converger con gente asamblearia? Y sobre todo porque entre quienes la acompañan, según leo, está el Partido Comunista de Madrid, que anhela la convergencia (aunque manteniendo cada cual sus siglas) por lo que ha roto con IU. Una IU que, al decir de un lacrimógeno Cayo Lara. se siente huérfana y abandonada por Tania a quien siempre ha respaldado.

¿Cómo, cómo? ¿Que el PCM ha roto con IU? Ha roto, entonces, con su criatura, con su disfraz. ¿Y de qué se disfrazará ahora? Está claro, de Podemos.

Es el efecto sifón. Un exitazo. Si más del 40% del electorado de IU vota a Podemos, nada tiene de extraño que los elegibles también se hagan Podemos incluido el Partido Comunista. Pero esto es precisamente lo que menos interesa a los novísimos. El cuadro que se quería para España reproducía el de Grecia: Syriza se presentaba a las elecciones como una fuerza de izquierda auténtica, pero no comunista. La prueba, que también se presentaba el KKE, el Partido Comunista griego, cuya misión era perder las elecciones. En España, lo mismo: por un lado Podemos, una izquierda nueva, sin compromisos ni ataduras, nada que ver con los partidos del régimen, incluido el comunista e IU. La misión de estos es seguir presentándose como una opción distinta, aunque se hayan quedado sin electores. ¡Pero no converger, por favor, porque entonces no hay modo de distinguirse!

La convergencia, a la que Pablo Iglesias dice tener tendida la mano, significa que desembarca en Podemos un contingente de vieja política de comunistas y militantes de IU (siempre tan difíciles de distinguir), de esos de zancadillas, conflictos, escisiones y práctica profesionalización de la política de cargo público en cargo público como el resto de los beneficiarios del "régimen". Políticos, a la vista está, de un insufrible personalismo. A consecuencia de ello, el crédito de Podemos en su discurso de innovación, regeneracionismo y ruptura con la llamada casta se vendrá abajo. Al final podría ser que hubiera intentado vestirse con la seda del nuevo espíritu de pueblo empoderado jamás será engañado, apareciendo luego el feo rostro de la mona bolchevique.

Ponderando lo que llevaba escrito más arriba, Palinuro cayó en el timeline de FB de su amigo Joaquim Pisa, en donde leyó que, al parecer el periodista Ricardo Martín había explicado en 24h de TVE que todo el asunto de la convergencia era una maniobra del PCE para hacerse con el control de Podemos y añadía que detrás de esta maniobra se encuentra una vez más un personaje incombustible y conspirador nato, el hombre que maneja a Alberto Garzón como a una marioneta y por el cual Pablo Iglesias dice sentir devoción: Julio Anguita.

De ser así el asunto, la decepción de la gente es para imaginarla, sobre todo contando con que, con estas joyas "convergentes", hasta es posible que el partido no llegue ni a mayo. Y, desde luego, se trata de una típica operación de entrismo que no sé cómo sentará a los de Izquierda Anticapitalista, quienes se han disuelto en Podemos.

Según esto, con Podemos, Anguita conseguiría lo que nunca consiguió con IU, la niña de sus ojos, el ansiado sorpasso, su victoria sobre la traidora soialdemocracia, su venganza. De ser Anguita, en efecto, uno de los muñidores de estos planes, lo que llama la atención de Palinuro es el hecho de que quienes han llenado campos y plazas predicando el relevo generacional tengan como referente a quien podría ser su abuelo. Salvo que no se dé el caso porque en realidad sean coetáneos.

dijous, 5 de febrer del 2015

Punto de fuga.


Ayer el foro se vio agitado por tres noticias de grueso calibre cada una de las cuales provocó un tumulto y entre las tres poblaron el escenario, el cuadro. El pacto entre PP y PSOE soliviantó a las bases del último. El barómetro del CIS cargó más de razón a los soliviantados que ya ven otro sondeo posterior de desplome estilo PASOK. Además elevó a Podemos a la condición de segundo beneficiario del fementido bipartidismo, causando seguramente alarma en las cancillerías extranjeras. Por último, la ruptura de Tania Sánchez que, como una nueva Clelia, cruza las líneas para reunirse con los suyos, podrá leerse de muchas maneras y se hará. Pero una es segura: los comunistas parecen a punto del ansiado sorpasso, de ganar el viejo contencioso con los socialdemócratas por el apoyo de la gente, pero a costa de dejar de ser o llamarse comunistas. Incluso izquierdistas.

Todo eso está muy bien y es muy entretenido, pero no nos deja ver por encima de nuestras narices, nos oculta el punto de fuga del cuadro, allí en donde de verdad se deciden los destinos de nuestro país. Más concretamente, en Grecia. Y aun más concretamente, entre Bruselas, Berlín, Frankfurt y París. Un lío, sí, sobre todo para gente poco ducha en lenguas. Pero un lío más importante para nosotros que los nuestros. En un post del 31 de enero, La vorágine, Palinuro decía que las fortunas electorales de Podemos dependerán de cómo resulten las negociaciones de la Troika, o la UE o la señora Merkel con Grecia. No se olvidará que Pablo Iglesias (y no sé si los mismos griegos) planteó las elecciones griegas como una opción entre Syriza, la soberanía, y Merkel, subyugación. Nueva Democracia no contaba. Después, en la manifa del 31 de enero, sacó a relucir repetidas veces la Patria, la Patria española. A Palinuro esto le suena un poco a la Gran nación de Rajoy y le da más o menos el mismo valor, aunque reconoce que las motivaciones son distintas.

Lo primero que ha hecho Syriza, sin duda, ha sido poner en práctica tres o cuatro medidas de justicia social de urgencia para los más necesitados y, a continuación, ha ido a negociar con la UE, el BCE, Alemania, o sea con Merkel, que le dejen gobernar. Según el simil anterior, el partido victorioso pide condiciones al partido derrotado. En realidad, Syriza, Grecia, depende de la UE como el rey Yugurta de Roma y, aunque no sea de esperar que acabe ejecutada en la cárcel Mamertina, tampoco lo es que vaya a conseguir facilidades.

De la Gran nación de Rajoy, compatible con todo tipo de subalternidad, cabe esperar poco. Pero si en la izquierda y entre el pueblo prende la reivindicación de la Patria y, al final, la Patria consiste en negociar otro rescate, habrá una generalizada sensación de frustración. Entre el inmovilismo de la Gran nación, que manejará sin tapujos el discurso del miedo, y la ilusión encendida de la Patria, sobre el trasfondo cárdeno de la crisis griega, ¿qué votará la gente, llegado el momento?

Ese es el punto de fuga, el punto al que nadie mira porque los pactos, los sondeos, las broncas, el frente judaico de Palestina y el efecto sifón de Podemos lo ocultan. Como si, efectivamente, fuéramos soberanos.

Y el que menos mira, el PSOE que, sin embargo, tiene la posibilidad de instalarse en el punto de fuga. En otro post de ayer, titulado Esto es lo que hay, Palinuro veía al PSOE ante otra disyuntiva, tirar hacia el centro o tirar hacia la izquierda como posibles vías para remontar los malos augurios de los sondeos y ganar las elecciones. En cierto modo, puede hasta combinarlas: tirar hacia la izquierda lo suficiente para frenar el efecto sifón de Podemos, mucho más débil que en IU, y sin dejarse absorber por él; y tirar hacia el centro lo suficiente para garantizar la estabilidad pero poner coto a los desmanes de corrupción y desmantelamiento del Estado del bienestar. Esto de garantizar la estabilidad suena algo extraño, pero se entiende: ¿cuál es el sentido de la alianza de Syriza con un partido nacionalista medio xenófobo pudiendo haberla hecho con otro de izquierda? Lanzar un mensaje de amor a la estabilidad. Cierto, con un componente patriótico, pero probablemente irrelevante.

Para ganar las elecciones se precisa convencer a la gente. El PSOE dispone de dos mecanismos para conseguirlo que puede poner en práctica tanto si opta por tirar hacia el centro como a la derecha.

El primero es la moción de censura que Palinuro no deja de reclamar. Se perderá. Pero dará una ocasión única y legítima al PSOE de aparecer como un partido recuperado, serio, con un proyecto concreto y viable que se expondrá ante la opinión pública española y sin duda será seguido con atención en el extranjero. Pedro Sánchez es el líder de un partido parlamentario. Está bien que vaya por la agrupaciones los fines de semana, pero en donde tiene que hablar es el Parlamento, en donde tiene que exponer su política, su proyecto, su programa, es en el Parlamento. Y, si no le dejan, que no le dejan, hágalo por la vía de la moción de censura.

El segundo mecanismo, nada desdeñable, es el hecho de que, si es necesario negociar o renegociar con la UE, el PSOE está en buena posición por cuanto es también partido de gobierno en Alemania a través del SPD, que tiene seis ministros en el gabinete. Los dos son miembros del Partido de los Socialistas Europeos en donde ambos deben acordar políticas que puedan defender en sus respectivos países.

Y ahí es donde el PSOE tendrá que demostrar que no es igual al PP.

dimecres, 4 de febrer del 2015

Un mundo lleno de santos.

José Miguel Marinas (2014) El poder de los santos. Valor político de las imágenes religiosas. Madrid: La Catarata (158 págs.)
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Interesante libro sobre un tema que, no por tratado, pierde interés. Al contrario, lo gana cuando se le aportan nuevos enfoques, cosa inevitable en algo tan vasto a nada que el interpretante peirceano, que Marinas sitúa en el comienzo de este viaje semiótico, tenga algo que decir. Si de decir se trata, el autor trae el zurrón lleno. Y, por cierto, en un estilo muy personal, de notable originalidad, de referencias cruzadas, como al desgaire, que el lector va encontrando aquí y allá como ventanas que se abrieran y cerraran de pasada. Un estilo hecho de complicidades y sugerencias que lo obligan a mantenerse alerta y no dejarse adormecer por una narrativa que, por resultarle quizá familiar, pudiera arrullarlo.

No es una obra de lectura fácil y quienes busquen un  prontuario o vademécum al estilo de los años cristianos o las leyendas áureas en la tradición del bendito Jacopo da Voragine tendran que desistir ya en las primeras páginas. Quienes, al contrario, busquen originalidad, novedad y frescura, verán recompensados sus esfuerzos.

La actitud de la Iglesia cristiana en sus primeros siglos frente al culto a las imágenes fue oscilante entre la iconolatría y la iconoclastia, cuestión decidida finalmente en el Concilio de Nicea (787) que condenó la iconoclastia, uno de los vestigios del monofisismo previamente condenado en el de Calcedonia (451). Desde entonces hasta hoy, la Iglesia ha ido acumulando santos de los que se cuentan actualmente, según Marinas, unos 10.000 (p. 41), lo cual implica un inmenso caudal iconológico al que podrían dedicar sus vidas, de hecho así sucede, cientos de hagiógrafos  pero también investigadores con un espíritu secular, como el autor de la obra, en diálogo con las cuestiones mundanas o, más exactamente, políticas. No es que sea un tratado sobre la relación entre el poder (y, por ende, el conflicto político) y los santos, pero se le acerca. Marinas se detiene especialmente en cinco aspectos del tema: los patronos, las reliquias, los niños jesuses, el corazón de Jesús y la historia de Cristo Rey y la cuestión de la religión y el consumo.

Tratándose de la relación entre imágenes religiosas y políticas, la referencia a los patronos es obligada. En Occidente todos los Estados aparecen amparados por alguna potencia celestial: España, Santiago Apóstol; Francia, San Luis; Alemania, el arcángel San Miguel; Inglaterra, San Jorge, como Cataluña, etc. Si alguien señala que los Estados Unidos no tienen santo patrón, debe recordar que  con una hybris que muchos considerarán típicamente americana, el país se sitúa bajo la protección de Dios mismo, patrón de patronos. Así queda reflejado en el emblema de los billetes de dólar, In God we Trust. Poner la moneda bajo la protección del Dios tiene su tela. Incidentalmente, la autora de culto neoliberal, Ayn Rand, atea neitzscheana y militante, se hizo enterrar poniendo en la lápida como imagen, un dólar en lugar del habitual crucifijo o el sagrado corazón en llamas o el compás masónico. No debió de ocurrirsele que, al poner el dólar, estaba situándose bajo el amparo del Dios que rechazaba.

Quien dice Estados, naciones, dice jerarquías, organizaciones, cauces del poder en todas sus manifestaciones. Biopoder. Los santos patronos se multiplican. Marinas se detiene aquí y allá en algunos para nuestro solaz. Santa Bárbara, patrona de los mineros  (p. 45) cuya leyenda, por cierto, trae a la memoria la de Dánae, aunque obviamente con muy distinto alcance.  San José, patrono de los carpinteros. Santa Apolonia, de los dentistas, relación de patronazgo derivada más de su condición de paciente que de profesional. Cosme y Damián, de los médicos, que no en balde la dinastía dominante en Florencia, se llamaba de los Medici, razón por la cual abundaban los Comes y Damianes.
 
De los santos, sus huellas y las más frecuentes, las reliquias. Al autor le falta tiempo para reconocerlas como fetiches y recordar la audacia de Karl Marx en su tratamiento del fetichismo de la mercancía (p 53), una expresión que no ha hecho sino mostrarse más y más pertinente con el paso del tiempo, aunque moleste reconocerlo, por la fuerza que tiene para explicar comportamientos colectivos cotidianos. Basta ver la moda de la marcas. Su equivalente individual procede del uso freudiano también mencionado por Marinas, aunque no hasta sus últimas consecuencias, que no pueden ser sino conjeturales. Pero muy reales. Una visión a lo diablo cojuelo de Vélez de Guevara, de lo que las apariencias ocultan a la vista, nos mostraría la importancia del fetichismo en las relaciones humanas, sobre todo las relaciones de poder, que tantos aspectos sadomasoquistas muestran.  El genocida Francisco Franco se hacía acompañar a todas partes, al parecer, por el brazo incorrupto de Santa Teresa. Hace falta estar literalmente para los cochinos para hacer algo así.

Las reliquias están en el corazón mismo de la simonía y otras prácticas nefandas de la Iglesia que acabaron produciendo la Reforma. Al ser su compraventa lucrativo negocio, era lógico que acabaran acumulándose e inundando los mercados por la misma razón por la que hoy no hay vendedor callejero que no te ofrezca un nummulites de cincuenta millones de años por dos cuartos. En algunos casos, la acumulación, a diferencia de lo que sucede con los fósiles, efectivamente muy comunes, mueve a risa por su naturaleza misma. Es imposible determinar cuántos santos prepucios andan rodando por las iglesias de Europa y América y, en cuanto a las reliquias de la Crucifixión, los trozos de madera de la cruz, el lignum crucis (p. 81), Eça de Queiroz, creo recordar, aseguraba que se podría llenar un navío con ellos.

El capítulo dedicado a los niños jesuses es un verdadero hallazgo porque no suele tener tratamiento iconográfico independiente fuera de la imagen habitual de la Virgen con el Niño, que domina toda la imagineria católica hasta el día de hoy. Sin embargo el niño aislado, independiente, como adelanto o personificación diminuta del Cristo adulto, el pastorcito que aparece ya en las imágenes más edulcoradas de Murillo, tiene una gran importancia en el  mundo católico y un destinatario muy claro en la familia cristiana (p. 83).

El Niño Jesús goza de amplísimo arraigo en la cultura popular por razones evidentes que, por cierto, también están oscuramente relacionadas con el fetichismo si bien este crítico no quiere ser malévolo y remite sinceramente a la recomendación de San Mateo de hacerse como niños para entrar en el reino de los cielos. Entre tanto, aquí en la tierra, las devociones infantiles son numerosísimas y están llenas de ejemplaridades. El autor detecta  y comenta el santo Niño de Atocha en España y América, el Niño Cebú en Filipinas, el Divino Niño en Colombia, el Niño Jesús Cieguito, el Niño Jesús Doctor o el Niño Jesús Cubanito, una verdadera legión celestial que tiene el limbo en ascuas.

Más político y militar (o militar a fuer de político) es el capítulo sobre la devoción al corazón de Jesús, un legisigno peirceano (p. 117), cuya devoción se inicia con su aparición y mandato a Santa Margarita de Alacoque (p. 121) a la que hizo portentosas revelaciones. Milagroso, sí, pero, aunque parezca contradictorio, muy lógico y de esperar, teniendo en cuenta que el confesor de Margarita era San Claudio de la Colombière, perteneciente a la Compañía de Jesús y que venera en grado sumo el corazón de aquel a cuya defensa se ha consagrado.

Si el Corazón de Jesús es el símbolo de la orden religiosa con espíritu militar consagrada a su mayor gloria, lo natural era que, de pura víscera, pasara  a configurarse como Cristo Rey, a quien todos los creyentes y poderes de la Tierra deben someterse, como quiere la disparatada encíclica Quas Primas, de aquel fanático, Pío XI, según la cual "el deber de adorar públicamente y obedecer a Jesucristo no solo obliga a los particulares, sino también a los magistrados y gobernantes" (. p. 131). De este dislate teocrático derivan directamente la estatua de Cristo Rey del cerro Cubilete en Guanajuato, México y la del cerro de los Ángeles en Madrid, que para tanta leyenda ha dado (p. 126). Así que si a alguien ha llamado la atención el grado de imbecilidad y barbarie que exhiben los llamados "guerrilleros de Cristo Rey" o "legionarios de Cristo Rey", ya sabe a dónde mirar.

El último capítulo, quizá el menos trabajado y un poco escrito a vuelapluma sobre un tema que carece de límites como es lo santo y el consumo (con nuevos ecos fetichistas) tiene, sin embargo, un muy feliz acierto al traer al recuerdo esa extraña reliquia que es el autoicono de Jeremy Bentham, conservado en una vitrina en el University College de Londres (p. 150), algo parecido a la idea de la dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética de preservar para la posteridad la momia de Lenin en la Plaza Roja, convertido en lugar de respeto, culto y peregrinación de los rusos, lo que le da ese uso de "mercado de lo santo" (p. 155) si bien, al tratarse del revolucionario marxista, firme defensor del materialismo, el asunto tiene su ironía.

Un libro erudito, a veces difícil, pero muy interesante.