dimarts, 18 de novembre del 2014

¿Por qué no sale Podemos en TVE?


Los dirigentes suelen decirlo: no hay derecho a que en TVE se ignore sistemáticamente a Podemos. Y no solamente se les ignora sino que, ayer, según parece, sacaron a Pablo Iglesias subtitulándolo como "secretario general del PSOE", lo que se presta a todo tipo de chanzas.

Efectivamente: ¿por qué no sale un movimiento con 1.200.000 votos, que ha alterado el panorama político, sobre el que todo el mundo opina y al que dan cancha todos los demás medios? No es una secta, ni un club, ni una pandilla callejera. Son 1.200.000 votos, la cuarta fuerza política. ¿Por qué no se les permite defenderse cuando en esa TVE que pagamos todos los españoles, incluidos los votantes de Podemos, se los insulta?

Es fácil responder: porque TVE y todos los medios públicos bajo dominio del PP son centros de agitación y propaganda de ese partido. No es que no sean neutrales o imparciales; es que no son ni informativos. Son comics de propaganda de la derecha. Muchos privados, también, pero no es aquí el caso. El caso son los públicos, que se financian con dinero de todos, lugares en donde se pagan salarios de ensueño a tertulianos de baja estofa para ladrar contra Podemos.

¿Qué razón hay para esta censura? Si es el criterio de conceder presencia en función del número de votos o de escaños obtenidos, Podemos tiene 1.200.000 y cinco escaños. ¿Qué el cálculo no está pensado para las elecciones europeas? Pues extrapólense los resultados y dese a Podemos la presencia en TVE que le corresponde.

De no ser así, estos debieran acudir a los tribunales. Y, mientras tanto, podrían iniciarse campañas en las redes sociales pidiendo la presencia de Podemos en TVE.


(La imagen son dos fotos de Wikimedia Commons, con licencia Creative Commons).

Los relevos.


Los de Podemos dicen que van a cambiar el sistema político al que llaman régimen, con indignación de "El País" y círculos aledaños. Discutir por palabras es poco productivo. Vamos a los hechos. En realidad, el sistema político está cambiando aceleradamente gracias, sobre todo, a la intención podémica. Es posible que a las elecciones de 2015 no se presente ninguno de las candidatos de los grandes partidos que lo hicieron en las de 2011. Renovación a base de relevos.

El primero, Rubalcaba, quien hizo un mutis tan triste y desangelado como había sido su mandato. Con los resultados de las europeas de mayo, su marcha era inevitable, imprescindible si el PSOE quería recuperar algo de su identidad, su electorado, su influencia y sus esperanzas, pues todo lo había perdido con él. El relevo, Sánchez, tiene una tarea difícil: recomponer el partido, que corre peligro de acabar como el PASOK, y llevarlo al triunfo electoral, sino con mayoría absoluta, sí con minoría mayoritaria. Su baza fuerte es fabricarse una centralidad entre la dos propuestas más radicales, del PP y Podemos. En situaciones de polarización, el saber convencional atribuye al centro vocación mayoritaria. Y el electorado ha de visualizar alianzas posibles y sostenibles.  El PSOE tiene que explicar a la ciudadanía en qué coincide con los otros dos y en qué discrepa.  Todo el mundo tiene claro en qué coincide el PSOE con el PP; pero no en qué dicrepa. Ese adelanto de un proyecto de reforma constitucional dará una pista. Y el PP la completará. Floriano dice estar receptivo a la propuesta reformista a la espera de conocer su alcance. A Cospedal no le hace falta conocer el alcance pues ya sabe que Sánchez pretende dinamitar las reglas del juego en España. A ella, como a la justicia de Peralvillo, no le hacen falta pruebas sino que las fabrica después de ajusticiado el reo. Tanto Sánchez como sus colaboradores han dejado claro en qué discrepan de Podemos. Prácticamente en todo, lo que no impide que hagan un verdadero plagio de estilo de comunicación. Pero no se sabe en qué coinciden. Y, si no hay coincidencias, es difícil imaginar alianzas. Con lo cual, de momento, los vaticinios se cargan del lado de una gran coalición a la que también empuja en cierto modo Podemos igualando PP y PSOE. La justificación ideológica parece clara; la pragmática, no tanto. Y eso, tratándose de Podemos, es un handicap.

Después de Rubalcaba, se retira Cayo Lara. No es frecuente ver llorar a un político honrado. A los otros, sí; lo hacen de cine. Por eso, un respeto para Lara, un hombre sencillo, honrado al que los acontecimientos han rebasado. Su retirada todavía lo honra más. En su lugar parece llegará Alberto Garzón. Nuevo efecto Podemos, pero más difícil de desentrañar que el del PSOE, precisamente porque entre estos e IU hay una relación de familia política e, incluso, personal. Garzón es partidario de la fusión y, siendo realistas en las circunstancias actuales, tal cosa no puede darse sino es dejando a IU en una posición de subalternidad frente a Podemos y a Garzón jerárquicamente por debajo de Iglesias. La única alternativa sería una coalición bicéfala entre iguales y eso es poco probable. Es una situación endiablada porque ambas partes comparten cultura política pero no pueden coexistir. Añádase que el núcleo, la espina dorsal de IU es el PCE, muchos de cuyos viejos militantes están ya rezongando. Aceptaron de mala gana sumergirse en IU mientras fueran ellos su estructura. Pero no aceptarán desaparecer sin más con sus históricas siglas en un movimiento que les ha robado su discurso, lo ha pulido y ahora lo vende como suyo. Sí, situación endiablada y triste, sobre todo triste. IU no tiene fuerza alguna para negociar nada con Podemos porque, si este atiende a su interés, preferirá que no haya fusión e IU se presente con sus siglas a las elecciones, para hacer visible la "nueva política" en todos los horizontes.

El tercer relevo está aún por producirse y es posible que no lo haga. Rajoy debiera haber dimitido ya al comienzo de su mandato y, desde luego, en el momento en que se materializaron las acusaciones de haber cobrado sobresueldos y hubo de comparacer en sede parlamentaria para reconocerlo, aunque llamándolos algo así como complementos de productividad, un concepto típico de la picaresca. Pero no lo ha hecho ni tiene, al parecer, intención de hacerlo. Igual que los sobresueldos no existen sino que son complementos de productividad, la consulta catalana del 9N no se ha producido porque él ya había dicho que el referéndum no se iba a celebrar y no se celebró el referéndum, sino otra cosa, un guateque o algo así. El mismo hombre que ha cobrado sobresueldos y preside el que probablemente sea el partido más corrupto de Occidente, cuyos dirigentes tienen cuentas bancarias en todo el mundo, dice a los otros líderes que se debe impedir la existencia de paraísos fiscales. Es, más o menos, la misma caradura que se requiere para presentar en el Parlamento un proyecto legislativo de lucha contra la corrupción firmado por gentes que han cobrado en negro.

No solamente no piensa en dimitir sino que quiere ir a Cataluña a explicar "mejor" sus razones. Ahorro al lector la sarta de gansadas que se apresta a soltar a los catalanes (muy en la línea de "en Cataluña hay más catalanes que independentistas"), pero si alguien quiere solazarse, están aquí. Realmente, quizá sea bueno que Rajoy no opte por el relevo, como los otros. Si continúa para desgracia de los españoles, al menos estos tendrán la posibilidad de echarse unas risas de vez en cuando.

dilluns, 17 de novembre del 2014

La agonía de la Constitución.


Desde tres ángulos se cuestiona hoy la Constitución de 1978. De un lado, parte importante del soberanismo catalán quiere derogarla en Cataluña e iniciar un nuevo proceso constituyente. Obviamente restringido a ese nuevo Estado que se propugna y para el cual ya está redactándose un proyecto. De otro lado, el PSOE aboga por reformarla porque, aunque la da por viva, considera que no refleja la realidad española actual en lo territorial ni en lo social ni en lo político. Es decir, vive, pero malvive. Por último Podemos también la da por liquidada, por periclitada en cuanto fórmula jurídica del régimen de la fementida transición y fía una parte importante de su programa a un proceso constituyente que no es el de los soberanistas catalanes porque se plantea para toda España.
 
Si tanta gente cuestiona la Constitución, por algo será. Y lo es. La situación de deterioro del sistema político en su conjunto, que afecta a la convivencia de los españoles muestra que si la Constitución no está muerta, está moribunda. Y lo muerto o moribundo hay que sustituirlo, como quiere hacer Podemos o revivirlo, como desea el PSOE. Hay puntos en común aunque no lo parezca. El PSOE pretende limitarse a reformar la vigente, no a sustituirla. Pero la propia Constitución admite la posibilidad de una "revisión total" (art. 168,1) y ¿qué es una "revisión total" sino otra Constitución? Pero los socialistas quieren asimismo limitar, acotar la materia de reforma. Para eso se han reunido y tienen ánimo de llevar su propuesta al Congreso. No para que se tramite, pues saben que es imposible con mayoría absoluta del PP, sino para dar fe de su ánimo reformador, pero limitadamente reformador. No haya miedo. Hay cosas que no se tocan. Es la herencia de Rubalcaba admitida sin más por Sánchez: hacer una reforma acotada a dos o tres asuntos previo pacto con el PP para evitar un proceso constituyente. O sea lo de siempre.  Con la propuesta trata también librarse del abrazo asfixiante del inmovilismo de la derecha que parcialmente comparte.
 
En el PP hablan igualmente de reforma pero es para oponerse a ella. Recomienda Rajoy a Mas que encauce en la reforma constitucional sus pretensiones soberanistas y, acto seguido, anuncia que se opondrá a cualquier revisión que cuestione lo que él cree que no se puede cuestionar. O sea, a toda reforma. Los más fieros defensores de la vida, la vigencia, la intangibilidad de la Constitución son los miembros de un partido que in illo tempore se dividió en tres facciones frente a ella: a favor, en contra y abstención. Títulos suficientes a su juicio para dárselas ahora de paladines.

La Constitución, dicen, ha amparado el más largo periodo de democracia de la historia de España. La prueba es que el PP gobierna con mayoría absoluta, lo que le permite hacer de su capa un sayo. Por ello está dispuesto a bloquear todo intento de reforma y, por supuesto, toda propuesta de proceso constituyente. A utilizar la Constitución como un freno, una barrera frente a movimientos sociales y políticos masivos que reclaman cambios sustanciales en el ordenamiento jurídico. ¿Cambios? Por supuesto, cuantos se quieran, pero siempre en el marco de las leyes y la Constitución.
 
Tratándose  de una Constitución moribunda o ya muerta de hecho, el empeño del PP por mantenerla intacta y obligar a todos los agentes a ceñirse a ella sin reforma alguna es casi un acto de crueldad. Recuerda a aquel tirano etrusco, Mecencio, quien, según Virgilio, hacía atar a los condenados a muerte a un cadáver, mano con mano, boca con boca. Parece como si, en lugar de ser una Constitución, fuera las tablas de la ley divina. Es su mentalidad.
 
Sin desmerecimiento alguno para quienes redactaron y aprobaron el texto constitucional, lo cierto es que más de treinta y cinco años después, no funciona. Y no funciona en parte por su horror a toda reforma. La Constitución alemana vigente de 1949, en la que la española se mira, se ha reformado más de medio centenar de veces y, claro, sigue funcionando. En España, no. La protección de los derechos es infame; la regulación de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, una burla; la forma política de gobierno, impuesta; y el conjunto del Título VIII, con el cual había de resolverse definitivamente un conflicto territorial crónico no ha conseguido su objetivo, como se ve en el País Vasco y en Cataluña.

La Constitución está muerta y los dos partidos dinásticos tratan de tirar de ella pero, mientras el PP lo hace al modo de Mecencio, atándonos al cadáver, el PSOE da más cuerda y semeja a aquel personaje de Un perro andaluz que arrastra dos curas así como dos pianos de cola sobre los que hay dos burros muertos. O sea, la Constitución con todas sus peplas, sus defectos, insuficiencias y mixtificaciones, más abundantes que las de Silvestre Paradox.

En esta situación Palinuro considera oportuno disolver el parlamento y convocar elecciones anticipadas para afrontar los inminentes cambios legislativos con una representación popular más ajustada a una opinión pública que ya no tiene nada que ver con la de 2011. A continuación, un proceso de reforma constitucional que no excluya la revisión total de la Constitución. Palinuro convocaría asimismo una Convención específica sobre la organización territorial del Estado, con el compromiso de trasladar sus conclusiones, fueran las que fueran, al texto de la nueva Constitución.

Por supuesto, todo ello sin perjuicio de lo que decidan los catalanes por su cuenta.  
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diumenge, 16 de novembre del 2014

Grandes esperanzas.


El país vive pendiente de los catalanes y de Podemos. El País, también. El titular con el "régimen" entrecomillado, su régimen, apunta a un programa político. Los aspectos iconográficos de la ilustración son patentes. Esa camisa blanca fuente de luz sobre un fondo en penumbra pero con mucha gente y señalando a mucha otra que no está en la foto, pero está, tiene fuerza.

La fuerza de convocar a los medios, de atraer atención internacional, de imponer un discurso de regeneración que los demás simulan. Aún no han llegado y la realidad está cambiando a ojos vistas; sobre todo vistas. Nunca se había visto a tanta gente peregrinando por los platós y dando tantas explicaciones sobre sus corruptelas. Casi parece que hay libertad de expresión.

La fuerza de organizarse en abierto, de forma democrática. Resultado abrumador: La candidatura de Iglesias a la Secretaría General ha recibido 95.311 de los 107.488 votos emitidos por los simpatizantes entre el lunes y el viernes, es decir, un 88,6% ─un 96,87% si no se tienen en cuenta los 9.101 votos en blanco. Pero aquí hay que detenerse. Si es verdad que Podemos cuenta con 220.000 inscritos (en qué concepto no lo tengo claro pero, en todo caso, votantes), el equipo dirigente ha sido elegido por el 43% de los electores convocados. La abstención es del 51%. Mucho para una votación que ha durado una semana y puede hacerse por medios telemáticos. El dato debe tenerse en cuenta porque indica un defecto de la política en internet, el llamado clickactivismo. Si el 50% no hace ni click, cabe preguntarse si, llegado el día de ir a votar, no dejará de hacerlo otro 50% de los que sí clickean.
 
En cuanto al discurso, hay tanto malaje buscándole las vueltas y revirivueltas que dan ganas de darlo todo por bueno, de la cruz a la fecha. Por lo de las grandes esperanzas. En el comienzo mismo de la andadura, Iglesias anuncia que "lo difícil viene ahora". Pero lo encara sobre un escenario, rodeado de miles de personas. El huérfano Pip de la novela de Dickens lo hace en un cementerio y en compañía de un delincuente. Las condiciones son ahora más favorables.
 
Se asienta la queja sobre la ambigüedad del discurso. La que pendía sobre el aborto ya se ha disipado. Lógico: además de ser un derecho de las mujeres está muy aceptado socialmente. Hay otras dos ambigüedades que siguen reververando en una luz incierta: la separación de la Iglesia y el Estado y la cuestión República o Monarquía. Puede entenderse que todo ello tendrá cabida en el proceso constituyente que ayer quedó oficialmente proclamado. No reforma de la Constitución sino proceso constituyente. En otros términos, las elecciones de 2015 serán legislativas ordinarias para todos menos para Podemos, para quien serán constituyentes. Palabras mayores rezongan las gentes de orden para dichas por un grupo de mozalbetes en mangas de camisa. Bueno, no se olvide la que organizaron los sans culottes.
 
Con la petición de proceso constituyente Podemos quiere matizar su ambigüedad en la cuestión catalana. Se reconoce el derecho a decidir de los catalanes y se da por supuesto que están interesados en ese proceso constituyente que se les ofrece. ¿Y si no lo están? El reconocimiento del derecho a decidir, ¿incluye el de decidir irse con su propio proceso constituyente?
 
Suscitar grandes esperanzas es un mérito; estar a su altura, mérito doble.

La Gran Nación



De pedigüeño trató Aznar a Felipe González cuando este negociaba los fondos de cohesión de la UE hace años. Hoy, y en las antípodas, Rajoy le sablea un saludo forzado a Obama en el G-20. No está mal. El país ha pasado de ser "pedigüeño" a ser "sablista". Es el imparable ascenso de la Marca España. La imagen que publica el periódico es demoledora para el autoaprecio nacional. Obsérvense los dos o tres primeros minutos del vídeo. El gesto obsequioso del español, la displicencia del inglés, la sorpresa contenida del gringo. Relaciones internacionales en estado puro.

Y nacionales. La reunión australiana del G-20 ha venido a Rajoy de perilla para poner tierra y océanos por medio del problema que tiene en casa y no sabe resolver. Pero su condición moral e intelectual lo delata. El hombre que trata a los soberanistas catalanes (cuando menos, 2,2 millones) hostil y despreciativamente; el que manda a la gente al paro o a la emigración; el que rebaja todas las prestaciones sociales de todo tipo, recorta la sanidad, la educación, las pensiones, abandona a los dependientes y maltrata a los inmigrantes; el que es duro y despiadado con los débiles, es un tiralevitas con los poderosos.

(La imagen es una captura del vídeo de Público.es)

dissabte, 15 de novembre del 2014

El Estado, el partido, la novia y los amigos.


Monago lleva hasta la fecha cuatro explicaciones públicas sobre los viajes a Tenerife, todas ellas contradictorias. En una semana de impetuosas y lacrimógenas comparecencias ha generado tal confusión que, para dar cuenta de ella, los periodistas acuden al procedimiento de deconstruccion derridiana. Lo llaman desmontando a Monago. Es directo y claro. Suena a "Deconstruyendo a Harry". Algo más difícil pues la confusión generada por las atropelladas comparencias es colosal. Pareciera, y así creen algunos, que con tanta escenificación, Monago usa la táctica del calamar de ocultarse opacando el ambiente. No es del todo así. El hombre suelta una parte de la tinta; la otra la tiene él en la cabeza.

Considérense las cuatro explicaciones: 1ª) He pagado todos mis viajes; 2ª) devolveré hasta el último céntimo (obviamente, de los viajes que ya ha pagado); 3ª) no devolveré nada porque son viajes institucionales; 4ª) los privados los pagué con mi Visa. Está hecho un lío, probablemente porque, tratándose de asuntos tres o cuatro años atrás, no tendrá clara memoria y se precipita con cada nuevo dato, en vez de esperar a tenerlos todos. Le falta información y el Senado no se la da porque no la tiene dado que no pregunta a los senadores a dónde o a qué van, sino que se limita a pagar las facturas. Por cierto, ¿solo los viajes o también dietas y viáticos y pernoctas y...? De ahí que El País, escandalizado, editorialice sobre la necesidad de poner fin a esta corruptela con un Transparencia ya, aunque con escasas esperanzas dada la resistencia de sus señorías a perder privilegios.

Esta falta de información, esta opacidad, este gatuperio arranca de otra confusión mayor, que no está solamente en la cabeza de Monago sino en muchas más. La confusión entre el Estado y el partido que, como su nombre indica, no puede ser el todo sino una parte. Los diputados y senadores no son representantes de sus electores y mucho menos de sus partidos sino de todo el electorado, sea en el Estado o en una Comunidad Autónoma, de sus votantes, de los votantes de otros y hasta de los no votantes. De todos. Las instituciones representativas, en este caso el Senado, no tienen por qué pagar los viajes privados. Pero no eran viajes privados, argumenta Monago, sino a actos del partido. Ahí está confusión, no sé si deliberada o no: los actos del partido son privados y debe costearlos el partido que, además, se financia también con fondos públicos. Cuando Monago viajaba a Tenerife no iba como senador sino como cargo del partido. De acuerdo con esto, aparte de los viajes pagados a la novia, debe devolver todo lo demás pues no han sido desplazamientos en nombre del Senado sino, en el mejor de los casos, de su partido. Y aunque el Senado no quiera o no pueda informar sobre la naturaleza y la finalidad de los que obedientemente pagaba, basta con revisar la cobertura de prensa de los viajes; sobre todo la local.

La dimisión no tiene escapatoria. Claro que, pensará Monago, lo mismo debieran hacer algunos otros colegas. Quizá sí. La fulminante dimisión del consejero aragonés, quien coincidía con el extremeño en el destino y finalidad de los viajes aunque, es de suponer, no en los tiempos, apunta en esa dirección. Es el problema de las corruptelas descubiertas, que se corren como la pólvora, cunde el nerviosismo y el sistema en su conjunto se deteriora aun más camino del desprestigio total.

Dos últimas observaciones. He leído en algún sitio una protesta feminista apuntando al uso machista que está haciéndose de la peripecia de Monago. No estoy muy seguro. Dependerá de los ambientes. En las redes observo un tratamiento respetuoso, aunque puedo estar equivocado. En cualquier otro lugar, de mayor tradición democrática y puritana, un caso así provocaría un tratamiento más colorido, topicazo y machista. Saldrían Mata-Hari, Christine Keeler o Monica Lewinsky. Aquí el asunto, me parece, se centra en la persona del senador y el presunto uso impropio de su condición. Estoy o quiero estar convencido de que a todo el mundo le da igual lo que el senador haga en su tiempo libre y con su dinero y si, dándose estas circunstancias, también es algo contra la ley, ante ella deberá responder.

Segunda observación: los amigos de Monago están dispuestos a que perezca el mundo antes de que se haga justicia. La vicepresidenta del gobierno, cuyo aprendizaje de este noble arte de la política está siendo deplorable, da por buenas las explicaciones de Monago. Al parecer, todas; las contradictorias también. Es decir, da por bueno que el Senado sufrague los viajes privados de los senadores. El principio de presunción de inocencia, añade con gesto de tribuna, debe amparar a todos, a Monago, a Griñán y a Chaves. Siempre conviene meter a los vecinos en la bronca de la corrala para embarullarla más. Hay que invocar un noble principio general par evitar lo que muchos llaman ya el "linchamiento" de Morago, obviamente porque no se han mirado en el espejo. A más risa, la invocación es tan absurda como si fuera del propio Morago porque. si el gobierno acepta sus explicaciones, ¿qué inocencia está cuestionada?

No acaba ahí el asunto. La mejor respuesta ya la dio el presidente del gobierno en torno a la segunda o tercera explicación de Morago, asegurando que este es un referente para todos. Tabla rasa, estilo Camps, Matas, Fabra: con la que está cayendo, ¿vamos a preocuparnos por unos trajes. unas contratas, unos fraudes, unos viajes a Canarias?

Pero, hombre, que España es una Gran Nación.

divendres, 14 de novembre del 2014

Elecciones anticipadas, sondeos alarmados y dimisiones obligadas.


Hay muchas definiciones de la democracia, pero una es universal; decir democracia es decir elecciones. Cierto, no siempre que hay elecciones hay democracia; pero siempre que hay democracia, hay elecciones. Es más, las democracias miden sus tiempos normalmente por convocatorias electorales públicas, fijas, periódicas. Y cuando hay situaciones anormales, se trata de salir de ellas mediante elecciones extraordinaris o anticipadas. Es eso o resignarse a que lo anormal sea lo normal, cosa desatinada. Llega un momento en que los costes de vivir en una normalidad anormal, repleta de sobresaltos y crisis son a todas luces superiores a los de una convocatoria anticipada de comicios. El adelanto electoral se convierte entonces en una necesidad.  Y da la impresión de que, por diversos motivos, en España hay una corriente de opinión cada vez más favorable a elecciones anticipadas.

En los últimos días se han publicado tres sondeos sobre intención de voto. Es prueba de la inquietud mencionada. Quienes quieren o temen elecciones anticipadas desean conocer los datos. Los tres, el de DYM para El confidencial, el del CIS y el de la Fundación Sistema dan resultados muy distintos. Los de los dos primeros son más parecidos entre sí aunque la proporción se invierte; los del tercero son muy diferentes. Para DYM, la intención de voto es 1º PP (26,9%), 2º Podemos (26,3%) y 3º PSOE (19,5%). Para el CIS es 1º PP (27,5%), 2º PSOE (23,9%) y 3º Podemos (22,5%). En ambos casos, IU gatea por el fondo con cantidades de un dígito. El sondeo de Sistema parece de otro planeta: 1º PSOE (31 a 34%), 2º Podemos (21 a 24%), 3º PP (20 a 22%). Pero la Fundación Sistema es del PSOE, se dice, lo cual resta crédito a su sondeo. Eso no es justo. La ficha técnica es correcta, la Fundación tiene prestigio y un historial de aciertos/errores en todo similar a las empresas más acreditadas que, además, también tienen inclinaciones políticas. Esa discrepancia está lejos de ser absurda. Al contrario, es verosímil y apunta a una hipótesis de gobierno de unidad de la izquierda. Habrá quien se malicie que Sistema hace públicos los resultados con la aviesa intención de convertir en probabilidad la hipótesis. Es posible, pero los otros resultados también alimentan otro tipo de cábalas y las cábalas son libres.

Crece la opinión favorable a varias elecciones anticipadas. El último territorio en que se abre camino es Andalucía, en donde la ìmputación de dos expresidentes crea una situación muy delicada. Susana Díaz se ve en el dilema de mantener el espíritu de partido y la solidaridad con sus compañeros o aplicar su reiterado propósito de distanciarse de la corrupción. De momento cree resolverlo reafirmando su fe en la integridad de sus dos predecesores y aplicando la presunción de inocencia. Pero no está claro que sea suficiente para evitarle problemas políticos y una presión creciente en favor de elecciones anticipadas, cuenta habida de que ella no llegó al cargo por los votos del electorado sino por los de los militantes en sucesión de Griñán.

En Cataluña las elecciones anticipadas son una reclamación viva de muy amplios sectores políticos y sociales y el mismo partido del gobierno sopesa su posibilidad. Tras la enésima ruptura entre Mas y Junqueras, que son como el yin y el yang de la independencia, el PSC se ha apresurado a ofrecer a Mas un pacto de estabilidad para el resto de la legislatura. Podía haber esperado un poco para no evidenciar una oficiosidad palmariamente unionista que puede resultar incómoda a CiU. Los republicanos volverán a la carga, acompañados de las organizaciones cívicas y, en el fondo, Mas solo puede disolver y convocar elecciones anticipadas pues la llamada estabilidad de legislatura significa poner en hibernación el proceso soberanista sin ningún resultado tangible. Rajoy ya ha dicho tajantemente que no hay negociación y mucho menos para un referéndum. La hibernación así será imposible a causa de la fuerte movilización interna en Cataluña y externa, en el ámbito internacional, que el soberanismo ha cuidado especialmente.

El único modo político, o sea, civilizado de cortar el paso a esas elecciones anticipadas catalanas que traen consigo la amenaza de una legitimación redoblada de la exigencia autodeterminista, es convocar otras también anticipadas en España. Vistas tanto la obstinada incompetencia de Rajoy en la cuestión catalana y su fracaso en la solución de la crisis, el año de mandato restante va a ser una agonía sin límite. Además, la corrupción es tan agobiante que lo único sensato es convocar elecciones y transferir la decisión política a la gente, antes de que los inexorables procesos judiciales terminen de hacer trizas el sistema político. Los procesos judiciales sin duda seguirán después de las elecciones, pero ya no se darán entre autoridades muchas de las cuales son parte interesada en ellos como acusadas. Y los políticos electos podrán dedicarse a gobernar, no a defenderse de las acusaciones y sus consecuencias judiciales.

Con elecciones anticipadas también podría resolverse ese nudo gordiano de la irresponsabilidad de los dirigentes implicados en escándalos que jamás dimiten. Es absurdo, es ridículo, que aún no haya dimitido Monago, corrupto azote de corruptos; o la insoportable deslenguada Aguirre; o el melancólico Fernández Díaz quien ahora tiene que explicar las razones que lo llevaron a acosar a un alto funcionario por inquina personal o quizá delegada de la orden a la que pertenece, el Opus. Un asunto bochornoso del que Palinuro se ocupó hace un año porque se honra con la amistad del dicho funcionario, en un post titulado Mi amigo Jaime. El ministro ha de explicar cuál es el sentido de emplear fondos públicos en satisfacer la sed de venganza de una secta. Y, si no puede hacerlo, debe dimitir.

Dimitir debiera hace ya mucho un presidente del gobierno que no está intelectual ni moralmente a la altura de la tarea que los dioses le han deparado.

Pero lo más sorprendente de todo, lectores, es que la oposición no plantee esa necesidad.

dijous, 13 de novembre del 2014

La nada.


En algo decía verdad Rajoy cuando, en campaña electoral, alababa sus méritos. Aseguraba ser una persona previsible. Lo hacía para subrayar esquinadamente que Zapatero o Rubalcaba eran imprevisibles, como dos buenas cabezas de chorlito y afianzar la idea de que lo previsible siempre es bueno. Era una verdad basada en dos falsedades: en primer lugar, ZP y Rubalcaba eran tan previsibles como él y, en segundo, eso de que lo previsible sea siempre bueno no es cierto; basta con verlo a él. Pero, sí, es muy previsible. Tanto que ya habíamos adelantado su comparecencias en Palinuro ayer y antes de ayer y nos equivocamos en bien pocas cosas.

Rajoy hizo y dijo en su comparecencia lo que todo el mundo se esperaba: nada. No sé si se pactaron las preguntas pero sí las respuestas, que se atuvieron tan estrictamente al patrón previsible que, en realidad, fue una y la misma respuesta. La consulta no es consulta, sino un simulacro carente de efectos jurídicos. No es un argumento sino un juicio necesitado de argumento. Aporta el presidente dos: uno es que careció de garantías democráticas. Como argumento es injusto. En lo que dependió de la Generalitat, las garantías fueron irreprochables; en lo que no dependió de la Generalitat fue por el juego sucio del gobierno, que se negó a facilitar el censo.

El segundo argumento parece cosecha del presidente. Votaron 2,2 millones de catalanes y 4,8 se quedaron en casa. Su obvia voluntad es apropiarse de esos 4,8 millones. Se sirve de una fórmula pomposa: tres de cada cuatro catalanes no quieren la independencia. Perfecto. Tres de cada cuatro españoles no quieren ser gobernados por Rajoy y Rajoy gobierna con mayoría absoluta, absolutísima. ¿La diferencia? Está en la legalidad, ciudadano. La realidad es indiferente. Si la legalidad no la contempla, la realidad no existe. Eso suena. Si la crisis no se menciona, la crisis no existe; si no se pronuncia el nombre de Bárcenas, Bárcenas no existe; ni Rato; ni los sobresueldos; ni la corrupción.

¿Qué se puede hacer ante esta actitud? Nada. ¿Que se está haciendo? Exactamente eso: nada. Todo el mundo aplaza todo en un wait and see inquieto hasta ver en qué desemboca la nueva no-decisión de Rajoy. La Fiscalía dice ahora que aplaza su ánimo pugnaz hasta encontrar una base jurídica más sólida. En realidad alguna base jurídica del tipo que sea. El PSOE aplaza dar a conocer el exacto alcance de la reforma constitucional que con tanto ardor defiende; me atrevo a decir que ni siquiera el alcance aproximado. No sabe por donde empezar y está feliz de aplazar la decisión.

Hasta los soberanistas aplazan. Aunque es otro tipo de aplazamiento. Es táctico. Tienen que digerir el doble "no" recibido del gobierno. Un "no" explicito y otro implícito. El explícito es una bofetada a Mas y va dirigida a los sectores más ultramontanos del PP: no hay negociación alguna porque la soberanía del pueblo español no se negocia. El implícito es otra bofetada pero en diferido, una promesa de bofetada: para conseguir lo que Mas quiere no hay más vía legal que la reforma de la Constitución. Propóngala y déjese de pasear la senyera por el carrer. Vaya, no obtante, sabiendo que el PP se opone a toda reforma constitucional de ese jaez. Y, sin el PP, hoy por hoy, es imposible toda reforma constitucional. Bofetada.

El ultimatum de una Convergència crecida es ya papel mojado. Pueden ahorrárselo. No hay negociación. No hay referéndum. No. La Generalitat tiene ahora que invertir ese tiempo que previsiblemente iba a ganar siendo Rajoy tan previsible en tantear las posibilidades de unas elecciones anticipadas. El debate estará en cómo se bauticen, si "plebiscitarias" o "constituyentes" o no llevarán calificativo alguno que parece lo más sensato porque lo importante no es el fuero sino el huevo. Lo importante son las elecciones; no cómo se llamen. Y que a ellas concurra o no el bloque soberanista en una lista única, nacional.

El soberanismo entiende algo que el nacionalismo español no capta: votar otorga una legitimidad democrática capaz de reventar las costuras de un ordenamiento jurídico interpretado en clave represiva. Por eso dice Palinuro que el soberanismo lleva la iniciativa política mientras que este majadero pomposo no sabe ni en dónde está.

En la comparecencia, ni una palabra sobre la corrupción, el otro tema de los temas. Ni una palabra sobre esa afirmación del juez de que hay indicios suficientes para acusar al PP como partido de haberse lucrado con la caja B, nutrida con los supuestos delitos de la¨Gürtel. Pero el partido, como persona moral, no puede delinquir. La acusación habrá de hacerse a su responsable, esto es, ese Rajoy silente que no menciona el episodio y hoy se encontra explicando la recuperación de esta Gran nación en las antípodas. No estaría mal que, a su regreso, estuviera la policía esperándolo en Barajas para llevarlo ante el juez, a declarar sobre la presunta asociación de malhechores que preside. 

El siglo XXI.


Hoy se clausuran en Madrid la Jornadas Internacionales de Sociología de la Asociación Madrileña de Sociología. La clasura consiste en una mesa redonda moderada por el sosias de Palinuro, Cotarelo, con el título de Las fronteras del siglo XXI. Nada menos. No haya temor porque en la mesa estarán asimismo Juan Díez Nicolás, Beatriz Gimeno, Carlos Moya y Jorge Verstringe, cada uno de los cuales sabe de esto, y de cualquier otra cosa, bastante más que el pobre Palinuro. Aí que la mesa redonda pinta guay.

El siglo XXI tiene una enorme ventaja a este respecto: que es el nuestro. O, mejor dicho, que nosotros somos de él. Si la mesa versara sobre siglos anteriores, sería cosa de historiadores; si sobre siglos futuros, de adivinos celestiales o terrenales. Al ser este mismo siglo, constituye nuestro presente y sobre el presente, el más rabioso presente, es sobre lo que hablan las ciencias sociales. Sobre nuestra vida misma, que Shakespeare considera materia de sueños y de sueño, cuando hace decir a Próspero en La tempestad aquello de somos de la estofa de que están hechos los sueños; y nuestra pequeña vida se corona en el sueño. Una metáfora que reverbera Calderón unos años después en el famoso monólogo de Segismundo en La vida es sueño.
 
¿El siglo XXI? Otro siglo más para soñar.

Para quienes se sientan animad@s a asistir, el plano y los datos de la derecha aportar suficiente información. Un placer veros allí.

dimecres, 12 de novembre del 2014

Milagros de la consulta inútil.


Menos mal que según el mandarinato, la consulta catalana es "inútil" y carece de efectos jurídicos. Si llega a ser útil el mundo cambia de base. Puede que no tenga efectos jurídicos, aunque eso es dudoso, al menos en los de carácter negativo y represivo. Pero los tiene políticos, sociológicos y hasta psicológicos. "Dar la cara", como dice la prensa al estilo llano, o sea, comparecer en público a explicar, a rendir cuentas, es algo tan impropio del carácter de Rajoy como la abstinencia en los conejos. Lo que en cualquier país democrático del mundo es un asunto de rutina, la comunicación fluida de la sociedad con los gobernantes, aquí se convierte en algo tan milagroso como el hallazgo del santo grial. En tres años los medios han conseguido no más de media docena de comparecencias presidenciales, una de ellas en plasma y las demás sin preguntas o con preguntas pactadas. La consulta será inútil pero, entre otros milagros, ha logrado que el responsable de este desaguisado de país, en efecto dé la cara cuando no pensaba hacerlo pues se ha ido a buscar un refugio en las antípodas.

Ahora es de ver qué cara da, cuánta da y cómo la da. Quizá debamos descartar el plasma. Se corre el peligro de que los medios se planten, como han hecho los catalanes.  ¿Y las preguntas? Ahí ya nadie se atreve a vaticinar gran cosa. Que Rajoy traerá el rollo escrito es obvio. Pero las preguntas distraen, son peligrosas, obligan a improvisar. Se admiten apuestas. En realidad puede pasar cualquier cosa y lo saben todos, empezando por el presidente, quien jamás dice nada, ni buenos días, sin leer.

En cuanto a la doctrina escrita seguramente será la que expuso Rajoy en su última comparecencia en sede palinura bajo el título España es una gran nación, salvo alguna cosa. Tiene medio partido soliviantado acusándolo de pantuflero cuando no directamente de cobarde. Y del otro medio teme que le esté haciendo la cama, convencido de que el líder no da una. Por eso, con un pie en el avión, deja su marca personal: España es una gran nación y aquí no pasa nada.
 
Lo bueno serán las preguntas.

Las referentes a la consulta rebotarán sobre la pared de la "falta de efectos jurídicos". Sin embargo, se ha movilizado a la Fiscalía para que investigue si se puede procesar a los dirigentes de la Generalitat. Tanto que los fiscales, incómodos, denuncian las presiones del gobierno. Este ministerio rezonga más ante la injerencia del gobierno que los magistrados del Constitucional. Aquel dice limitarse a cumplir  y hacer cumplir la ley. Y, como avisa Sáenz de Santamaría con ese gesto adusto de maestra enfurruñada, mientras el PP gobierne, aquí no habrá secesión alguna. Tampoco iba a celebrarse la consulta.

Queda por averiguar si la comparecencia abordará asimismo ese otro pivote del quehacer nacional español: la corrupción  o si es un deseo de la prensa. Tratar en comparecencia pública de media hora este mal pandémico, endémico y epidémico después de que el grupo parlamentario del PP rechazara establecer una comisión sobre tan apasionante asunto muestra no ya el minimalismo del gobierno sino su nihilismo. ¿La corrupción? El que la hace la paga; cada palo aguante su vela; no adelantemos acontecimientos; el gobierno colabora plenamente con la justicia; dejemos hablar a los tribunales; respetemos la presunción de inocencia; cuatro casos aislados no son el rebaño entero. Y, además, en breve se presentará el paquete de medidas de transparencia y regeneración de la democracia y de lucha contra la corrupción.

Dos únicas y cándidas preguntas: ¿cree el presidente que es la persona más adecuada para presentar un proyecto de transparencia, regeneración y lucha contra la corrupción? ¿No tiene sentido del ridículo?