dilluns, 5 de novembre del 2012

¿No hay responsables?

La piel de las autoridades es de paquidermo. Y su moral, de mármol de Carrara. No recuerdo que nadie haya dimitido, nadie haya asumido responsabilidad alguna por casos tan graves como el Prestige, el Yak 42 o el metro de Valencia. Nadie. Y nadie parece que va ahora a sentirse aludido con esta desgracia de Madrid-Arena. Un "nadie" como el de Ulises. Un nadie que es alguien.
Porque hay cosas que claman al cielo. Han muerto cuatro personas, una de ellas, una menor. Está prohibida la presencia de menores en esos eventos. La organización dice que era la única menor, afirmación merecedora de un crédito regulín; sobre todo por cuanto parece que la empresa no tenía las necesarias licencias. Ya solo este hecho debiera dejar encarrilado el caso en la vía penal y en la política. Sin embargo, el asunto cada vez se lía más porque no se sabe qué licencias son o cómo se concedieron o a quién o por parte de quién. Esa fabulosa capacidad que tienen las empresas y la administración para liarlo todo y hacerlo incomprensible.
Como si fuera Alejandro Magno, Ana Botella ha cortado el nudo gordiano: prohibidas las macrofiestas, incluidas las que ya están autorizadas para las próximas fechas navideñas. Eso es algo tan absurdo y arbitrario que no se puede consentir. Que prohíba las corridas de toros cuando uno de estos empitone a un diestro, o las autopistas cuando haya un choque. El temperamento autoritario es así y resulta muy difícil hacer comprender a la alcaldesa que, antes de prohibir, el Ayuntamiento debe vigilar la seguridad de las instalaciones cuyo uso autoriza y debe proceder contra quienes atenten contra ella, incluido él mismo si ha sido negligente o, incluso algo peor, cómplice en alguna ilegalidad.
En lugar de prohibir, Botella debe colaborar activamente en el esclarecimiento de los hechos, pedir responsabilidades a quien las tenga, empezando por ella misma que es la responsable última de que el Ayuntamiento cumpla su propia normativa.
La fiesta continuó unas dos horas más después de que se produjera el desgraciado hecho. A primera vista parece una decisión muy reprobable por indicar falta de sensibilidad. Quizá pueda admitirse el argumento de que fue una decisión tomada de buena fe, en el intento de evitar una catástrofe mayor que podría haberse producido en el caso de interrumpir la fiesta abruptamente. Es algo que nunca se sabrá pues las cosas solo pasan una vez. A la hora, sin embargo, de pronunciar un juicio moral, conviene recordar que, al parecer, la inmensa mayoría de l@s asistentes (una cantidad, por lo demás, que tampoco está clara pues oscila entre l@s 10.000 y l@s 20.000) no se enteró de nada. Solo lo sabían la empresa, los que estaban presentes en los hechos y los servicios de evacuación, empezando por la policía. Estos tomaron la decisión de no interrumpir y es posible que no haya sido mala.
Pero la decisión de autorizar una macrofiesta en un lugar sin las correspondientes licencias es del Ayuntamiento, con la alcaldesa Botella al frente.

diumenge, 4 de novembre del 2012

Quedarse sin país

Dos escritos de abajofirmantes, uno catalán y otro madrileño, creo, toman posición frente al repentino independentismo catalán. Así lo celebra alborozado El País que, como todo el país, anda muy preocupado últimamente con ese avenate separatista de parte de la derecha catalana. De la izquierda, ya se sabe, puede esperarse todo. Así que, muy ufano, el diario titula: Intelectuales y profesionales salen al paso de la oleada soberanista de Mas. Eso es, a plantar cara a este dirigente que parece haber reorientado el rumbo a zonas fora portas.
Lo tiene muy crudo Mas con su apuesta. Porque aunque, al parecer, CiU no incluye el término independencia en su programa electoral (cosa que tampoco quiere decir mucho, visto cómo tratan los españoles los tales programas), está latente en todas las intervenciones de Mas y explícita, desde luego la fórmula de la consulta ciudadana. A la contra, el nacionalismo español ha movido Roma con Santiago y nunca mejor dicho. Sobre todo desde que los obispos catalanes decidieran y sin avisar considerarse más catalanes que obispos. Así no ha dejado palillo por tocar o amenaza por proferir. Ha sido un aluvión: la Guardia Civil pasará el Ebro, Cataluña no puede decidir por sí sola, para algo está el Tribunal Constitucional y, si los catalanes se van también lo harán de la Unión Europea. Rajoy, que empezó llamando algarabía al salto nacionalista habla ahora como el oráculo de Delfos: CiU plantea futuros imposibles; forma elegante de decir que no habrá independencia de ningún modo. Pérez Rubalcaba suscribe el fondo de la negación de Rajoy y por idénticos motivos aunque suaviza la actitud apuntando a un federalismo que acaba de retornar del reino de los muertos y en el que nadie cree mucho. Los empresarios echan las muelas porque diz que van a perder negocio y, por fin, para acumular los males, el propio socio de Mas, el caballero Durán i Lleida, le propina una refinada estocada democristiana en los ijares al avisar de que para la independencia que no cuenten con él. Lo ha vestido de sondeo de cocina casera afirmando que no hay mayoría suficiente para la independencia en Cataluña. Desde luego, Mas lo tiene crudo.
El nacionalismo español ha respondido con una celeridad, una agresividad y una desmesura que da que pensar. Obviamente no es una respuesta política. Tiene mucho de visceral, de irracional (como también lo tienen los discursos independentistas), de ex abrupto. Todas las propuestas parten del principio de que no es admisible la independencia de Cataluña. Una posibilidad negada de antemano en virtud de la historia, del estatus quo y de las generaciones futuras. Da la impresión de que lo que subyace en ese atropellado frente del "no" es el miedo. El miedo a quedarse sin país, sin patria, que es como quedarse sin madre pero en falso, aunque ampuloso.
Por eso El País saluda la llegada de los refuerzos de los dos manifiestos. Pero no puede ocultar que ambos textos, al menos según el mismo diario dice, reconocen que si, a pesar de que ellos estén contra la independencia, la mayoría de los catalanes la quiere, habrá que hacer algo, buscar una solución. Y hasta parece que ambos admiten la celebración de un referéndum.
Pero es que esta es precisamente la cuestión, señores míos, el derecho a celebrar esa consulta y en qué forma. Eso es lo que los independentistas quieren y lo que el nacionalismo español niega. La batalla no es sobre si independencia sí o no, aunque ese es el terreno en el que el nacionalismo español pretende que se dirima la cuestión; la batalla es si referéndum sí o no. Y, siendo esta la batalla, no está claro que los manifiestos respalden el nacionalismo español, sino que parecen respaldar los dos nacionalismos. Suele suceder con los intelectuales.

Jardín con Sorolla.

En el centro de Madrid, en el Paseo del General Martínez Campos está la casa en que vivió Sorolla los últimos veintitantos años de su vida. Está como él la dejó, aunque convertida en museo por decisión de los herederos y de la fundación que gestiona su legado. La planta es la misma, salón, taller del artista, comedor etc. Se ha pretendido (y conseguido) aunar la conservación de la intimidad con la exposición de la mayor cantidad posible de obra del autor y los objetos de que se rodeaba incluida su colección de cerámicas. Conserva asimismo los jardines como él los pintó, con la natural renovación del reino vegetal. Ni que decir tiene que es un lugar casi mágico, semioculto tras un muro de mediana altura. Un lugar muy agradable que apetece visitar de vez en cuando, si no para contemplar los cuadros del pintor valenciano (y se exponen permanentemente muchos de los más famosos y gran cantidad de pintura familiar, a la que era muy aficionado, especialmente retratos de su mujer, Clotilde), para pasear en el silencio de los jardines, concebidos por Sorolla como reproducciones en pequeño de los del Generalife o sentarse en algunos de los bancos a contemplar las escasas estatuas que los pueblan. Es gratis porque la entrada al museo se paga una vez atravesados los jardines.
Es el caso que acaban de traer una exposición de cuadros sorollianos dedicados a los jardines. Es una  itinerante que primero estuvo, creo, en Ferrara, luego en Granada y ahora llega a Madrid, su última etapa. Recoge mucha producción de esta temática y hasta ahora nunca vista porque en gran medida procede de colecciones privadas y se centra en dos momentos: de un lado, la experiencia del viaje del pintor a Andalucía ya en plena madurez y la impresión que le causaron el Alcázar de Sevilla y la Alhambra y el Generalife en Granada y que se refleja en numerosas representaciones de los jardines nazaríes. De otro lado, las no menos abundantes representaciones de sus propios espacios, en los que indagó incansablemente en los efectos de la vegetación, los colores, la luz, esos jardines por los que ahora podemos pasear nosotros con la curiosa sensación de estar paseando por un cuadro. Lo cual es una especie de ironía porque, precisamente, el rasgo común a toda la pintura de jardines de Sorolla es que la figura humana está ausente. 
Es una pintura magnífica y modesta, enamorada de aquello que ve y quiere apropiarse reproduciéndolo. Por eso es al mismo tiempo tan intensa. Andalucía, en efecto, parece haber sido una revelación para Sorolla. Nada extraño. Es una sensación muy común entre artistas, literatos, músicos, pintores y gente del común: Andalucía es siempre una sorpresa. Y no tanto por la luz, que esa la llevaba Sorolla puesta de su Valencia natal, sino por los colores y, sobre todo, por la organización de la naturaleza por la obra humana que integra los aromas con los colores, las formas y los rumores del agua de fuentes y acequias. Eso es lo que fascina a Sorolla, lo que pinta y lo que trata de conseguir en Madrid, en su casa. 
Es una magnífica idea traer la exposición a la casa del autor. Un pretexto también para visitarla de nuevo, aunque está algo cambiada. Aparte de haber puesto la taquilla en otra parte, lo cual es indiferente, varía la disposición habitual de algunos espacios para dejar sitio a la exposición que se concentra en la planta baja los jardines madrileños y en la primera los nazaríes. Es como meter los jardines en la casa. Así hay un contrapunto a los temas habituales en la exposición permanente, con la que se mezcclan aquellos. Y ya se alcanza el sentido de la obra de un artista en su madurez creadora, socialmente reconocido, rico, casado con una mujer a la que parece adorar a juzgar por cuanto y cómo la pinta, feliz padre de familia. Un artista burgués que ha olvidado el contenido social, popular, crítico, de sus orígenes, ha actuado casi como pintor oficial de lo español al aceptar el encargo de la Hispanic Society de Nueva York y sublima ahora sus ocios pintando jardines con distintos efectos de luz, como solían hacer algunos impresionistas (Monet) con los que Sorolla tiene tanto en común.

dissabte, 3 de novembre del 2012

El PSOE de Anson.

Luis María Anson acaba de publicar un artículo en El Mundo que he leído reproducido en El Imparcial pues el otro pasquín ni lo abro, en el que da consejos no solicitados al PSOE. Que un hombre tan visceral como interesadamente contrario a la izquierda pretenda pasar por analista objetivo cuando no ha hecho otra cosa que atacar a aquella por todos los medios a su alcance, incluidos los conspirativos, resulta chocante.
Comienza Anson diciendo que los acontecimientos del 11 de marzo de 2004 están todavía tan turbios pues el viejo zorro sabe en dónde escribe y a quién conviene tener contento si quiere cobrar sus infumables piezas. A este respecto, Anson se parece a Treshorras. Igual que este se declaraba dispuesto a contar la guerra civil mientras El Mundo siguiera pagándole, Anson está dispuesto a ver la mano de ETA y de los proetarras en donde El Mundo le diga porque le va en ello la nómina al académico.
Luego de repetir la consigna de la más extrema derecha de "presidente por accidente", Anson emplea tres cuartas partes del artículo en hacer un balance de las dos legislaturas de Zapatero dictado por su espíritu cerradamente retrógrado y la más hipócrita de las carcundas. Así, cuestiones como la del aborto, la igualdad de género o los matrimonios homosexuales, lejos de ser reivindicaciones de cualquier izquierda se presentan como concesiones a la extrema izquierda comunista. Igualmente reproduce como un papagayo las excusas del PP para justificar su política de enfrentamiento radical y a degüello con el PSOE que puso en práctica Rajoy: que el partido socialista había roto "los consensos de la transición". Una mentira tanto más desvergonzada cuanto que esos consensos no existen y no hay una sola prueba de ellos. Puede decirse que se trata dce consensos "implícitos", pero eso no es decir nada. Implícito puedo yo llamar a un consenso entre israelíes y palesinos.
Da la impresión de que el autor haya hecho copypaste con párrafos de otros artículos, los haya juntado y se prepara para cobrar su estupenda pieza, como diz que hacía González Ruano.
Pero el último párrafo trae algo nuevo. A pesar de Zapatero, concluye Anson, España necesita un PSOE "robusto". No es verdad. Nadie de derechas (y tampoco a la izquierda del PSOE, por cierto, allí en donde habita "·la pinza") piensa así y cuando lo dicen es porque persiguen aniquilarlo. En el caso de Anson, ¿cómo? Proponiendo a Bono como Secretario general. Anson sabe que, con Bono al mando, el PSOE sería lo más parecido al PP que hubiera y, por eso, es de esperar que nadie le haga caso.
Conociéndonos todos como nos conocemos en este mentidero, ¿qué quiere Anson con su propuesta? ¿Cargarse las posibilidades de Bono o ayudarlo de verdad a conseguir la Secretaría General del PSOE para así hundir a este para siempre?
Pues no se sabe. Dependerá de lo que Bono le haya dado y prometido a cambio.
(La imagen es una foto de Chesi - Fotos CC, bajo licencia Creative Commons).

De mal en peor

Ese conflicto de El País es el toque de difuntos de cierta izquierda bien aisée intelectual española, especialmente madrileña con ribetes cataláunicos. También es la confesión del fracaso de un proyecto que, sin estar enteramente definido, daba la impresión de que había una forma distinta de hacer las cosas. Que una empresa podía ser de calidad, competitiva en el mercado y, al mismo tiempo jugar limpio con los trabajadores. Un alto nivel de exigencia interno, tanto en lo administrativo y laboral como en lo redaccional, facultaba moralmente al periódico para actuar como una especie de conciencia moral del país, con un estilo liberal, democrático, constitucionalista y con un toque progresista.
El disgusto que pueda llevarse la izquierda paisana es cosa que solo a ella compete y, desde luego, dará casuística abundante. Ya lo hace. Lo gordo, lo dramático, está en la ruptura de aquella imagen, de aquella legimitimidad. La empresa de El País, Prisa, como todas las empresas que han provocado esta crisis, iba a la maximización de beneficios revertidos luego en desorbitados salarios y bonificaciones de sus directivos que, al parecer, eran tantos como trabajadores de a pie o de redacción. Gente que se niega a revelar a la plantilla la cuantía de sus remuneraciones. Gente cuyos viajes -el costo de cuyos viajes- equivale al de todos los realizados por necesidades del servicio. Gente que absorbe el dinero que el diario hubiera debido destinar a renovarse y reforzar su producto en las redes. Una empresa, por fin, que rechaza negociar con los trabajadores condiciones aceptables para la mayoría e insiste en el despido de centenar y medio de ellos, muy probablemente porque está obedeciendo órdenes de los inversores extranjeros en cuyas manos se ha puesto.
Ha sido la codicia la que ha destruido El País, la codicia más descarnada que, evidentemente, trastorna el juicio moral, incluso el juicio a secas. ¿Qué justificación sobre la tierra puede tener que Cebrián, de sesenta y cuatro años y un millón de euros de ganancia al mes, diga a la plantilla de su periódico que los mayores de cincuenta están muy viejos? Los mayores de cincuenta años no están viejos -o no más que los de sesenta y cuatro- pero sí cobran cuatro veces lo que la empresa puede conseguir por la cuarta parte, incluso con la promesa de la cuarta parte a un becario. ¿Y la calidad? Protestan los cincuentones. ¿La calidad? Pero tú, ¿de qué vas? ¿A quien le importa la calidad hoy? Venga, marchando con indenminación de veinte días por año trabajado y doce meses de tope, no vaya a desbordarse el Manzanares.
Qué vergüenza, amig@s, qué vergüenza.

La destrucción del padre.

En la Casa Encendida acaba de inaugurarse una exposición de Louise Bourgeois (1911-2010) con el título de Honni soit Qui mal y pense, la leyenda de la orden de la Jarretera, que es también el título de uno de los extraños autorretratos que esta artista hacía. La exposición trae unas sesenta piezas, dibujos, guaches, grabados en tela, collages y esculturas producidos en los últimos diez años de su vida, es decir, cuando era una nonagenaria. Para que luego digan que la edad apaga el impulso creador. Esta extraordinaria mujer estuvo creando hasta su último suspiro.
¿Quién no ha visto alguna de sus gigantescas arañas? Están repartidas por medio mundo. Hay un original en acero inoxidable y seis copias más en bronce y miden nueve metros de altura. La más cercana a Palinuro está junto al Guggenheim de Bilbao. Y la verdad es que cuando te pones debajo, tienes una sensación extraña. La escultura se llama Mamá y eso ya da la pista del carácter de una de las obras de creación más aislada, preterida, a la vez que sorprendente, del siglo XX. Bourgeois tuvo su primer reconocimiento en una retrospectiva del MoMA en los años ochenta, cuando ella tenía setenta años. Y luego siguió siendo marginal, primero porque el tipo de obra que trabaja, sobre todo las esculturas pero también la gráfica es de difícil circulación en el mercado y, segundo, porque los temas que aborda -quizá fuera mejor decir el tema, ya que lo suyo es una obsesión- tampoco tienen fácil aceptación porque se hunden en el subconsciente y no de una forma estilizada, como en el surrealismo, sino cruda, descarnada, brutal. Una de sus obras de más impacto, realizada en 1974, es La destrucción del padre, una escultura abstracta en la que unos hijos, que acaban de asesinar a su padre, lo tienen sobre la mesa (que es también cama) y se lo comen.
Son los dos cabos del nudo que encierra el significado de este torrente de creación centrado siempre en la representación de las relaciones sexuales y la figura de la mujer -muy especialmente la madre y como parturienta- como algo tortuoso, agónico, desgarrador, monstruoso. Hay que entender lo que se nos pone ante los ojos continuamente en las interpretaciones de esta obra: el arte del confesionario y el psicoanálisis. En la exposición, en efecto, hay un confesionario y el psicoanálisis cuelga de todas la paredes en forma de dibujos o de reflexiones misteriosas que van solas o los acompañan, como conjuros, como proverbios, como alucinaciones. La propia Bourgeois -nacida francesa pero que se trasladó en 1940 a Nueva York con su marido y ya no volvió a Europa- va explicándolo a lo largo de su carrera en las aclaraciones que solía hacer sobre sus obras: todo se originaba en un trauma de infancia que la dejó marcada para toda la vida. ¿Y la Mamá? ¡Ah! esa, en efecto, es la figura de la madre: imponente, protectora, un poco calculadora. La araña es tejedora, como su madre, que trabajaba con el padre en el taller de restauración de tapicería que poseían y que también marca decisivamente el estilo de la obra gráfica de Bourgeois, quien empezó de muy joven pintando cartones para tapices. La araña tuvo tanto éxito que, en sus últimos años la autora era conocida como Spiderwoman. A los noventa.
El padre y la madre, dos piezas claves en todo proceder psicoanalítico. Y claro que hay psicoanálisis (monólogos, confesiones, fantasías, frustraciones, miedos, alucinaciones) en toda su obra y de nuevo muy distinto al de sus contemporáneos surrealistas, mucho más duro, más sangriento, más, en cierto modo, enajenado.
El trauma de la infancia, al que ella se refiere de continuo y los biógrafos resaltan, es el descubrimiento de que su nurse era la amante de su padre con el conocimiento de su madre que, al parecer, prefería hacer la vista gorda a deshacer el matrimonio, la familia. A partir de ahí todo parece encajar: ese trauma lo explica todo, la lucha, el sufrimiento, la agonía, la obsesión, la destrucción del padre y, por último, a los noventa años, todavía enfrentada a lo que no pudo superar cuando tenía diez, se refugia bajo la protección de la madre.
Setenta años de creación en torno a un trauma infantil, obsesivamente centrado en él. Es mucho, en verdad. Porque uno de los rasgos más llamativos de Bourgeois es que, aunque su vida coincide con el siglo XX y ella no la vivió en aislamiento sino, al contrario, en contacto con las corrientes artísticas de su(s) época(s), eso casi no se aprecia en su obra que parece haber pasado por el siglo sin enterarse de él porque ha estado esencialmente dedicada a la introspección. Toda su producción mira hacia dentro y se expresa de muchas maneras, con temáticas que se repiten a lo largo de los años y de los decenios, como pesadillas recurrentes.
Pero hay algo que uno se queda pensando ante esta plétora de confesiones por todas partes. En concreto, ¿por qué la reacción al referido trauma ha de ser de violencia, de desgarro, de destrucción? La figura del padre y el psicoanálisis van como anillo al dedo. Pero ella es hija. No hay complejo de Edipo (en todo caso, sería de Electra, si el tal existiese) hasta muchos años más tarde cuando, ya sexagenaria, después de la muerte de su marido, pudo empezar quizá a cuestionarse su condición de mujer. De hecho llegó a ser muy activa en el movimiento feminista y en el de transexuales. Así, pues, ¿no serán celos?

divendres, 2 de novembre del 2012

Dios está con nosotros

En España es patente el entremezclarse de la religión y la política, permanente la presencia de los curas, atosigante la de la iglesia católica. La Constitución vigente, en ese pacato artículo 16.3 en el que se afirma lo que se niega, dice: Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.
Y aun así, músicas celestiales. El Estado español es, como casi siempre ha sido, católico, apostólico y romano. La excepción es la IIª República y de ahí el odio que esta suscita. ¿Que qué pruebas hay? Veamos:
En lo esencial, la iglesia se financia con cargo al erario público y vía directa e indirecta por valor de decenas de miles de millones de euros. Un dinero que no tributa y sobre el que el Estado no tiene el menor control, ni siquiera cuando se emplea en establecer relaciones laborales que los tribunales rechazan. Eso, en el terreno de la realidad; del pan, pan y el vino, vino.
En el campo intermedio, mezcla de real (pues suben las cifras de negocios) y simbólico (pues llama a los sentimientos de la ciudadanía), el calendario de festividades oficiales es de planta catolica y el Rey, en su mensaje anual a sus súbditos, elige la fecha religiosa del 24 de diciembre en lugar de la pagana del 31.
En el campo ceremonial, ostentoso, puramente simbólico, la religión preside el acto de toma de posesión de todos los altos cargos del país. Y cuando alguno de estos ha de personarse en un evento puramente religioso lo hace como hija devota de la religión antes que como presidenta civil de la Comunidad de Castilla La Mancha. La imagen de Cospedal y Sáez de Santamaría sentadas en el Vaticano con peineta, mantilla y traje de procesión de Semana Santa ayuda a entender cómo ven el mundo los gobernantes. Estos gobernantes.
Dios está con nosotros.
Y lo está de modo familiar, como de andar por casa. Es muy de ver con qué naturalidad encomienda la ministra Báñez la solución al desempleo a la intercesión de la Virgen del Rocío, de la que es muy devota. No se queda atrás la sencilla naturalidad con que el ministro del Interior, Fernández Díaz pide al Papa que rece por España, a lo que el Papa contesta, también naturalmente, que ya lo hace. O la emoción con que la Guardia Civil se encomienda a su santa patrona, la Virgen del Pilar quien, según se dice, se apareció al apostol Santiago en carne mortal. Por no mencionar el goce sublime con que Rajoy hizo entrega del Códice Calixtino a los curas de Santiago, santo este, por lo demás, al que el presidente del gobierno se abraza cuando puede.
Esa intimidad de trato entre el Estado y la iglesia se percibe también cuando esta interviene en los asuntos del siglo. Dado que el contento de la iglesia con este gobierno es completo en los asuntos escabrosos del aborto y los matrimonios gays, Rouco Varela recomienda que se rece por los desahuciados. Mira tú por dónde, menos da una piedra. Un desahuciado con un Ave María parece que fuera menos desahuciado. Algo más práctico, el obispo Munilla, de San Sebastián, pide a los curas que cedan la paga extra a Cáritas. Es un claro ejemplo de la función perversa del bien. Queriendo hacer un bien (dinero para Cáritas) Munilla pone al descubierto que a los curas no les han quitado la paga extra a pesar de que la iglesia se financia con fondos públicos.
Interviene por último en este asunto y lo eleva a reflexión filosófica Aguirre cuando tuitea que no es el marxismo el que ha traido la libertad, sino el cristianismo. Más o menos, pues cito de memoria. Es el maniqueísmo esencial que explica todos los disparates: Marx vs. Jesús. En el medio, la nada. O lo uno o lo otro. Ni Marx ni Jesús titulaba, sin embargo, uno de sus más célebres libros Jean-François Revel, ese clarividente ensayista que estoy seguro fascina a Aguirre. Este, en concreto, profetizaba que la revolución a fines del siglo XX vendría de los Estados Unidos, cosa de la que Aguirre está convencida pues suele repetir ideas y consignas del movimiento libertario. Lo que no encaja ahí es esa viscosa presencia de la religión que, siendo irracional, explica cómo puede sostenerse un dislate como que el cristianismo trajo la libertad. El cristianismo empezó por eliminar la libertad que se encontró en el mundo helenístico y romano tan de cuajo que llegó a crear la Inquisición, un lugar en el que se castigaba al cuerpo por los pecados del alma y las creencias e ideas. Después se opuso siempre -y sigue haciéndolo- a los avances de la ciencia, que es el arma más potente en el camino de la libertad y esta solamente pudo afirmarse en lucha contra la religión y su absurda y tétrica pretensión de obligar a la gente a creer.
Dios está con nosotros. Queramos o no.

dijous, 1 de novembre del 2012

Gobierno de ladrones.

Llevan once meses escasos en el poder pero en esos once meses han esquilmado a la población imponiendo doble pago de todos los servicios ya financiados mediante impuestos (sanidad y educación principalmente), han subido todos los impuestos (IRPF; IVA; IBI), se han inventado tasas para los demás servicios también ya financiados de antes. Es decir, han saqueado las economías de l@s ciudadan@s, singularmente l@s más desfavorecid@s.
Asimismo han rebajado los sueldos, suprimido las pagas extras, reducido las indemnizaciones por despido casi hasta la nada, aumentado la jornada laboral, recortado las prestaciones por desempleo, enfermedad y jubilación, suprimido la financiación de la dependencia, la asistencia a maltratadas y la memoria histórica. Y todo eso habiendo prometido lo contrario en las elecciones, razón por la cual carecen de toda legitimidad y solo cabe considerarlos como un gobierno de facto. Pero muy eficaz a la hora de arruinar a los españoles.
Entre tanto, han aumentado los privilegios de la casta política (cuanto más corrupta, mejor), asignándose salarios, pluses, subsidios, pensiones inmerecidos, dobles y triples sueldos, como el caso de Cospedal, Rajoy, etc; han favorecido los beneficios empresariales con exenciones, subvenciones y rescates; han aumentado los privilegios de la iglesia, gigantesco parásito de la comunidad nacional; han llenado los bolsillos de los financieros y capitalistas con dinero robado a las clases populares.
Para contener y desviar la previsible indignación popular a corto plazo han organizado un frente mediático monopólico (medios privados y públicos, todos a sus órdenes) compuesto de sicarios ideológicos y mercenarios dedicados a mentir, insultar, tergiversar, calumniar a la oposición y la disidencia y glorificar los latrocinios como si fueran actos de altruismo. Eso en lo ideológico. En lo material, recurren a la represión callejera más dura y arbitraria, usan la policía como si fuera el somatén, para amedrentar y asustar a la población, apaleándola y sometiéndola a medias punitivas administrativas arbitrarias e injustas. Pretenden suprimir la libertad de expresión para que nadie pueda mostrar la actuación brutal de las fuerzas de represión y reforman el Código Penal para convertir en delito cualquier forma de manifestación de la disidencia en una concepción del orden público claramente filofascista.
A medio plazo han encarecido el sistema educativo para que solo puedan estudiar los ricos; han reformado la asistencia sanitaria para entregarla a la codicia de la empresa privada al tiempo que excluyen de ella a los más necesitados y vulnerables, inmigrantes, dependientes, ancianos, etc; imponen nuevas tasas para impedir que los pobres tengan acceso a la justicia y eso lo hace el mismo sujeto que lleva su fatua necedad al extremo de negar derechos básicos a las mujeres y pretender en cambio darles lecciones de "auténtica feminidad".
Cuando todo eso sucede en menos de un año y no hay una explosión social, algo no funciona. Se queja la Casa Real y el gobierno lleva muy a mal que, cada vez que un gobernante o mandatario se hace ver en público, coseche una pitada, silbidos, abucheos, broncas. Es lo menos, realmente lo menos, que puede pasar. Palinuro está convencido de que estos apandadores sin escrúpulos, estos parásitos y gestores corruptos, estos mangantes, no reflexionarán hasta que el único silbido que oigan sea el de la cuchilla de la guillotina.
Entre tanto cabe divertirse escuchando las inmorales estupideces de la alcaldesa de Madrid, cuya sola presencia ya ofende el buen gusto.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el public domain).

La crisis de la codicia

Se puede decir lo que se quiera pero ya está claro que esta devastadora crisis se origina en las actividades fraudulentas de las instituciones financieras estadounidenses (aunque no solas) movidas por la más desenfrenada codicia de sus directivos, sus agentes, brokers, afanosos por acumular fortunas en la gestión de una gigantesca estafa tipo Ponzi planetaria que afecta a muchos otros países. La acción de esa codicia desenfrenada, los manejos delictivos de los más diversos tipos fueron posibles porque la política neoliberal dominante desde los años ochenta del siglo pasado suprimió todas las restricciones legales en los mercados financieros.
Se dice que la crisis evidencia el fracaso de las políticas económicas neoliberales. Los neoliberales sostienen lo contrario y por ahí ronda un debate contraponiendo unas u otras políticas económicas. Los factores morales, la citada codicia, no se mencionan; no son un problema; lo esencial son las políticas económicas; lo otro son cuestiones subjetivas. Sin embargo, no es así sino al contrario. No son las políticas económicas las que han generado la codicia. Eso sería absurdo. Es la codicia la que ha dictado las políticas económicas. El afán de lucro ilimitado, el ansia por enriquecerse lo más rápidamente posible y al precio que sea. Es el espíritu el que hace el mundo. En este caso, el espíritu de la codicia. Su resultado es este panorama de crecido y creciente conflicto social en la frontera sur de la Unión Europea.
Y en lo que nos afecta a los españoles, nunca muy seguros de nuestro lugar en Europa, si es que tenemos uno.
Para describir esta situación recurro a un ardid. En la edición de El año 2000 (Looking Backward), de Edward Bellamy que estoy preparando, el protagonista reproduce un resumen de actualidad de un diario de Boston del 31 de mayo de 1887 que dice lo siguiente:

ASUNTOS INTERIORES. –Sin control la ola de fraudes. Estafa de medio millón en Nueva York. –Albaceas se apropian indebidamente de un fondo en fideicomiso. Los huérfanos, sin un penique. –Cajero idea ingenioso sistema de sustracción de dinero; desaparecen 50.000$. –Magnates del carbón deciden subir su precio y reducir la producción. –Especuladores acumulan gran cantidad de trigo en Chicago. –Camarilla obliga a subir precio del café. –Corporaciones del Oeste se apropian grandes extensiones de tierra. – Revelaciones sobre escandaloso caso de corrupción de funcionarios. Soborno sistemático. –Prosiguen en Nueva York los procesos de los concejales sobornados. –Grandes pérdidas de las empresas. Miedo a una crisis mercantil. –Gran cantidad de robos y hurtos. –Mujer asesinada a sangre fría para robarla en New Haven. –Propietario de vivienda muerto por disparo de ladrón anoche en nuestra ciudad.- Un hombre se pega un tiro en Worcester porque no consigue trabajo. Familia numerosa en la miseria. –Pareja de ancianos se suicida en Nueva Jersey por no ir al hospicio. –Miseria lamentable entre asalariadas de grandes ciudades. –Asombroso crecimiento del analfabetismo en Massachusetts. –Se necesitan más manicomios. – Alocuciones del Día de los Caídos. Discurso del profesor Brown sobre la grandeza moral de la civilización del siglo XIX.

Suena familiar. Gran consuelo. España no está en el África sino en los Estados Unidos de hace 125 años. Supongo que ese retrato es lo más parecido que puede producir la prensa al estado de anomia, de Durkheim, con el toque de humor final del profesor que diserta sobre la superioridad moral de no sé qué civilización. Cambiando Worcester por Madrid, Nueva Jersey por Barcelona y Nueva York por Mallorca, el cuadro refleja bastante bien la España de hoy. La crisis económica es social, moral, de valores. El orden capitalista ha perdido toda legitimidad, pero no hay alternativa. Y eso es lo que tiene a la sociedad como paralizada por una mezcla de estupor y resignación.
Así se ven sin clamor diferencias salariales estratosféricas que, además, no premian comportamientos exitosos sino, al contrario, verdaderas ruinas cuando no desfalcos. Unas gentes que han llevado a la quiebra las cajas salen del embrollo con primas, pluses, pensiones y demás "pes" de cientos de miles, millones de euros; otros, directivos de bancos cuyas manipulaciones condujeron al desastre son hoy ministros de Hacienda..
En el caso de El País lo escandaloso es que Cebrián se haya asignado una retribución desmesurada en una empresa que ha conducido prácticamente casi a la quiebra por pura y desnuda codicia mientras daba, y da, lecciones sobre ética pública y otros asuntos de los que ignora todo. Como codicia es que Maria Dolores Cospedal cobre dos sueldos indebidamente y se rodee de todo tipo de lujos, incluidos los viajes al Vaticano a lucir peineta a cuenta del erario público mientras machaca a los funcionarios, cierra los ambulatorios de la seguridad social, suprime el salario de los diputados e impone tasas a la ciudadanía prácticamente por respirar, como en los tiempos en que los señores feudales imponían exacciones a sus vasallos a capricho.
Codicia es que los banqueros acaparen cientos, miles de millones de dinero público, se lo repartan en bonuses entre ellos y larguen a la gente a la calle cuando no puede pagar la hipoteca. Como codicia es que cientos y miles de gobernantes municipales y autonómicos tengan sueldos altísimos, con mucha frecuencia superiores a los del presidente del gobierno quien, a su vez, aconsejado igualmente por la codicia, se niega a declarar cuánto cobra al mes, además de los consabidos dos sueldos que tiene por ser  del PP.
No otra cosa que codicia es que los gobernantes, muchas veces corruptos y ladrones ya de por sí, socialicen las pérdidas de las empresas, privaticen los beneficios y entreguen los servicios públicos al expolio de la gestión privada, habitualmente en manos de enchufados. Codicia son las obras faraónicas de gobernantes paletos para mayor gloria y fortuna propias y enriquecimiento de sus clientes, allegados, nepotes y pelotas.
 Como codicia son las acciones de las mafias (la última, la china) dedicadas a la trata y prostitución, el secuestro de niños, el tráfico de drogas, el blanqueo de capitales y cualesquiera otros servicios que consume vorazmente esta sociedad anómica que ha perdido el juicio moral. Codicia pura son los episodios negros de la Gürtel, la corrupción tan extendida de los políticos, por lo demás abrumados de privilegios, las procuradurías del yernísimo, cuyo verdadero rostro está revelándose ahora y dejando a la altura del betún a la Monarquía.
Movida por la codicia hay una casta de periodistas y comunicador@s con el carné del PP en la boca que monopoliza todos los espacios públicos y privados mediáticos a cambio de suculentas retribuciones y con la única función de glorificar los latrocinios del poder e insultar a quienes se oponen a ellos. Comisari@s polític@s y sicari@s que censuran la información, mienten y manipulan en beneficio del poder, se forran con ello y tan pronto pontifican en las tertulias de todólogos como ejercen de ministros o ambas cosas si actúan en régimen de gananciales.
Codicia es lo que mueve a la iglesia a valerse de la Ley Hipotecaria, convenientemente reformada por Aznar, para apropiarse de todo tipo de bienes inmuebles y tierras en toda España por cantidades simbólicas de forma que ya tiene más propiedades que antes de la desamortización y ello mientras saquea el erario público a cuenta de los nefastos Acuerdos con la bendición de todos los gobiernos, empezando por los socialistas..
Esta situación no tiene arreglo por cuanto el gobierno de la derecha la aplaude y la agudiza por coincidir con sus puntos de vista ideológicos que aprovecha para imponer a machamartillo sin ningún tipo de respeto por una sociedad moderna, abierta y plural y con el ánimo de retrotraer la sociedad a una situación propia de señores y siervos a los que se esquilma y se hace pagar y repagar por todo. 
Y menos arreglo aun a causa de la fabulosa inopia de que está colgado el PSOE, inmerso en una crisis tanto más corrosiva cuanto más la niega la dirección. Puede ser muy injusto con relación a los indudables méritos que Rubalcaba ha hecho en otros puestos decisivos, méritos por servicios valiosos. Pero carece de sentido encomendar la recuperación del PSOE a alguien en quien no confía el 84% de lo españoles.
La codicia nos lleva al desastre con unos aplaudiéndola y otros abteniéndose.
(La imagen es una foto de dullhunk, bajo licencia Creative Commons).

dimecres, 31 d’octubre del 2012

¿Estúpida o sinvergüenza?

La opinión pública está dividida. Hay quien dice que esta mujer es una estúpida redomada y hay quien cree que es una sinvergüenza sin parangón. Los sintéticos dicen que ambas cosas. Palinuro no se pronuncia y remite al juicio de cada cual.


La ley está para cumplirla.

Salvo que no les guste a los suyos, en cuyo caso, se cambia sin más. Así cambiaron la ley de la RTVE para poder nombrar solo con sus votos a los dos comisarios políticos que vienen destrozando la RTVE. Así se disponen a cambiar de un plumazo todas las leyes que no les gustan: ley del aborto, del matrimonio homosexual, de seguridad ciudadana, de tasas de la justicia, de educación, etc. Es decir:


La ley está para cumplirla

...salvo que seas del PP, en cuyo caso, si no quieres cumplir la ley lo que haces es cambiarla por la que te gusta y, así, obligas a los demás a cumplir no la ley, sino tu ley. En resumen, que los demás cumplen la ley pero tú, no si no quieres. Sostener así como así que


La ley está para cumplirla

cuando la ley dice lo que te te da a ti la gana que diga es una evidente muestra de chulería propia de la derecha más obtusa, más odiosa, antigua y franquista. Porque bastaría con hacer con la Ley Hipotecaria lo que los peperos han hecho a toda pastilla con la Ley de RTVE (esto es, reformarla) para que no hubiera más desahucios y no más situaciones "tristes y lamentables" como dice esta hipócrita de arrogante belfo.
En el caso de Ana Botella, al juicio que su universal y presunta idiocia merece, se añade la enésima muestra de sensibilidad de paquidermo de esta derecha clasista y cuartelaria que jamás se vio en la angustia del desahucio que empuja a la gente al sucidio.
No señalaré que parezca mentira que alguien capaz de decir estas cosas se proclame católica porque mi opinión del catolicismo es exactamente esa: una secta de seres crueles, inhumanos, carentes de todo noble sentimiento. Solo diré que esta gente increíble está donde está por el voto de los ciudadanos, incluidos sin duda muchos que ahora se encuentran en la calle.

En el fondo, amig@s, es el país.