dilluns, 6 d’agost del 2012

La falta de clase de la clase política.

El barómetro del CIS del mes de julio, como se esperaba, confirma los datos del de Metroscopia publicado hace unos días en El País. El estado de la clase política española es comatoso. Y peor que se pondrá. Presenta un gobierno sin apoyo popular. Su nota media en valoración ciudadana es de 3,09. El ministro peor valorado, es José Ignacio Wert, con 2,49, lo que tiene que ser mortificante para alguien imbuido de tanta petulancia como arrogancia. El propio presidente, con un raquítico 3,3, es el octavo de su gobierno, inferior a la nota de su vicepresidenta. En esto, al menos, Rubalcaba gana a Rajoy por cinco décimas (3,80), pero queda por debajo de Rosa Díez que es la política mejor valorada por la ciudadanía. Este hecho, en sí mismo, a juicio Palinuro, prueba que tampoco la ciudadanía merecemos una nota de aprobado.
Si vamos a la confianza que los dirigentes inspiran, el panorama es espeluznante. Rajoy inspira poca o ninguna confianza al 77,9% de los ciudadanos y Rubalcaba al 83,5%. Es decir, en román paladino: estamos gobernados por un baranda del que no se fían más de tres cuartas partes de los ciudadanos y contamos con una alternativa de la que aun se fían menos personas, en concreto, menos de una quinta parte.
La clase política es un desastre y así se refleja en el barómetro pues sigue apareciendo como la tercera preocupación de la gente, por detrás del paro y de los problemas económicos. Pero este último barómetro trae una novedad importante. Cuando la perspectiva de la pregunta varía (al preguntarse al entrevistado cuál es el problema que a él (ella) afecta más personalmente), el de la clase política empieza a ceder frente a otros que están subiendo. Adivinen cuáles: la educación, la sanidad y las jubilaciones. Es decir, el problema de la clase política empieza a perder en importancia pero solo porque la ganan las catástrofes que ella misma provoca.
El barómetro se hizo antes del viernes en el que Rajoy anunció los nuevos recortes y mermas. Es decir, en el siguiente, la clase política como problema habrá pasado probablemente a un 5º o 6º lugar, por debajo de la sanidad, la educación y las pensiones, que son los terrenos en los que los ciudadanos son saqueados por el gobierno y en donde se advierte la emergencia nacional.
En consecuencia con lo anterior, las intenciones de voto a día de hoy indican que los dos partidos dinásticos la tienen más baja que de ordinario. El PP ha perdido unos ocho puntos desde el 20N y el PSOE apenas ha ganado unas décimas. La abstención se dispara y el voto a segundas opciones, como IU y UPyD sube mucho, sobre todo la primera. Pero el panorama que el barómetro dibuja es que la opinión pública es pesimista, que prevé un futuro a corto/medio plazo igual o peor, que el partido en el gobierno se dedica en realidad al desgobierno y a atracar a la población con la excusa de una crisis que en gran medida ha provocado él mismo por su ineptitud (caso Bankia) mientras que el país carece de una oposición viable pues la gente la mira con más desconfianza que al mismo gobierno.
No es admisible que trimestre tras trimestre, sondeo y barómetro tras sondeo y barómetro que certifican el hundimiento del PSOE este siga sin reaccionar y mantenga la apuesta por una dirección que los votantes evidentemente no aceptan. Rubalcaba perdió estrepitosamente las elecciones del 20N. Y desde entonces, cada vez que hay un sondeo o barómetro, vuelve a perderlas con márgenes cada vez mayores. 
¿Tiene sentido perseverar en el error?
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).


El espíritu de la democracia.

El rasgo principal de la democracia es que encierra múltiples significados. Para Aristóteles era el gobierno de los pobres. Para Rousseau, la identidad entre gobernantes y gobernados. Otros autores la veían como el gobierno de la masa, una amenaza a la libertad individual, por ejemplo, Kant. También son variados los requisitos que se le exigen. Prevalece el principio de la mayoría, mayoría a la que ha de llegarse mediante elecciones con sufragio universal. También se pide garantía de las minorías frente a una hipotética "tiranía de la mayoría". Esto presupone la igualdad ante la ley. A veces los requisitos de la democracia son los del Estado de derecho, el primero de todos, el imperio de la ley. Probablemente todas estas determinaciones sean necesarias para que haya democracia aunque quizá no sean suficientes cada una por separado.
No existe concepto nítido de democracia; el que hay es difuso. Muchos afirman que la democracia no es un concepto sino un espíritu, una forma de ser. Cosa que suele aplicarse a otras convicciones políticas, por ejemplo, el liberalismo del que también se dice que no es tanto una ideología como un modo de ser. Igualmente, el fascismo sostenía y, supongo, sostiene, ser un estilo.
Me gusta pensar en la democracia como eso, mucho más difuso aun, que suele llamarse cultura o sea, un espíritu; el espíritu democrático. Y me gusta asimismo identificarlo con el espíritu caballeresco pues estoy convencido de que este representa el estadio más alto de la civilización y la moral en concreto. Ciertamente, no todo en el espíritu caballeresco es encomiable. Sus presupuestos socioeconómicos son odiosos y su concepción de la mujer, inaceptable. Ambas deficiencias, sin embargo, afectan a otras culturas y espíritus
El caballeresco está basado en la lealtad y el juego limpio, el fair play que son los componentes de la nobleza y obedece a una serie de mandatos claros: no se miente nunca; jamás se ataca a los más débiles; siempre se cede la iniciativa al adversario; se garantiza la igualdad de medios y condiciones; no se combate con desigualdad de medios cuando la desigualdad nos favorece; no se ataca al anemigo caído; no se hacen trampas. Se entiende la razón por la que propugno pensar en el espíritu democrático en términos caballerescos.
Toda la operación de desembarco de ideólogos conservadores en RTVE y la purga de periodistas independientes no tiene nada que ver con el juego limpio. Aunque el Guardian, dé la noticia diciendo que el gobierno despide a los periodistas críticos con las medidas de austeridad, no parece que estos periodistas hayan criticado más a este gobierno que al anterior y nadie se planteó echarlos entonces.
Tampoco es fair play -aunque pueda ser legal- cambiar las reglas del juego en mitad de la partida por un acto de fuerza. El cambio de la ley que regulaba la elección del presidente de RTE para poder imponer el candidato propio sin tener que consensuarlo con nadie es juego sucio. Ambas medidas, la purga de periodistas y la invasión de RTVE, por lo demás, son elementos de un proyecto más ambicioso al que definitivamente cabe considerar como el mayor ataque del gobierno a los principios del juego limpio. Controlar por entero los medios públicos de comunicación para adoctrinar con ellos a la población, no permitir que los críticos o disidentes se hagan oír, monopolizar el mensaje y no dejar hablar a los demás, no tiene nada que ver con el juego limpio. Nada que ver con la democracia. Es un acto despótico y tiránico. Eso lo sabe todo el mundo. Incluido el gobierno.

diumenge, 5 d’agost del 2012

La derecha y la TV: censura y manipulación.

La derecha no cree en sus creencias, no piensa sus pensamientos, no siente sus sentimientos. No es sincera. Si lo fuera, si creyera de verdad lo que dice, no necesitaría poner los medios de comunicación públicos a su estricto servicio, encomendando su dirección a unos sectarios a sueldo sin escrúpulo alguno, con el encargo de convertirlos en maquinaria de agitación y propaganda de su partido. Como ya lo es Telemadrid, una basura al servicio incondicional del PP y en concreto de Esperanza Aguirre, con unos comunicadores espléndidamente pagados para mentir y tergiversar sin pausa.
Si la derecha fuera sincera, habría respetado la norma heredada de los socialistas de escoger al presidente de RTVE mediante una mayoría cualificada del Congreso, lo que obligaría a un nombre de consenso. Pero eso no puede permitírselo el PP porque sabe que necesita mentir, engañar y manipular pues ni él mismo cree en lo que dice. Por eso le viene muy bien disponer de los presupuestos públicos para comprar comunicadores apesebrados, cuyo negocio es servir a su amo con la lacayuna fidelidad con que los periodistas lamían las botas del criminal Francisco Franco.
La situación es análoga a la de la dictadura pero peor porque en aquella no hacía falta disimular. Todo el mundo sabía que los medios de comunicación decían lo que Franco ordenaba y ni Dios rechistaba. Ahora hay que hacer un paripé democrático y aguantar que, si te pasas de embustero, de chulo, de difamador o de mero imbécil, te pueden llevar a los tribunales y hasta es posible que estos fallen en tu contra, como le sucedió al inenarrable Urdaci.
Los que desembarcan ahora son todos Urdacis y su firme voluntad, convertir la RTVE en el NODO hasta arruinarla como ya han hecho con Talemadrid y Canal Nou.
Es curioso. Como su espíritu es el fascismo que también pretenden inocular de tapadillo en la enseñanza, todavía no se han enterado de que, en el mundo de internet, ese intento de manipular los medios públicos y hacerlo tan desvergonzadamente ya no funciona y se volverá en su contra. Entre tanto, sin embargo, quienes miran la televisión ya pueden prepararse para aguantar un medio con una categoría a la altura mental de quienes se disponen a hacerla, es decir, de los protozoos
(La imagen es una foto de terminallychll, bajo licencia Creative Commons).

Más sobre el letargo del PSOE y la izquierda..

La entrada de ayer, El letargo del PSOE me dejó pensando cómo hemos llegado hasta aquí, cómo es posible que en mitad de la mayor crisis del capitalismo desde la de 1929, la izquierda esté sin discurso y sometida al pensamiento único o consenso neoliberal.
En los últimos treinta años se ha vivido una hegemonía ideológica conservadora aplastante. La izquierda, hegemónica a su vez después de la segunda guerra y durante la guerra fría, se dejó desplazar por una derecha que, lectora de Gramsci, había comprendido que la batalla importante era la de las ideas. Esta sustitución estuvo posibilitada por la proliferación de los centros ideológicos conservadores, fundaciones, institutos, cátedras universitarias, Think tanks, medios de comunicación. Todos dedicados a propagar la propia doctrina y aniquilar la(s) contraria(s), todos dedicados a difundir discurso, discurso ideológico. Normalmente de dos tipos: a) el práctico, inmediato, el de los intereses materiales de la gente, cómo prosperar individualmente en una sociedad basada en el egoísmo racional, y b) el teórico, más elaborado, el de los valores que se dice defender. Normalmente los dos discursos no se mezclan porque, en principio, pertenecen a universos mentales distintos (el utilitarismo y el tradicionalismo conservador), pero van siempre juntos y el de los valores, familia, orden, disciplina, Patria y trabajo duro, acaba emergiendo siempre porque, en el fondo, no son distintos, sino que se presuponen: el discurso utilitario es autoritario.
Frente a esto la izquierda comparece desamparada. Su infraestructura de difusión ideológica es mínima, apenas algún periódico en algún país y con pocas fundaciones y menos financiación. Las grandes empresas, las mutinacionales, no suelen financiar centros de investigación de izquierda. Para mayor dificultad esta aparece dividida en dos, en una separación que traduce una sempiterna querella en su seno acerca de medios y fines. Es la divisoria entre la socialdemocracia, que acabó renunciando a la aspiración revolucionaria, y la otra, más radical, que antes se llamaba "revolucionaria" y ahora prefiere llamarse "transformadora" porque también ha moderado su lenguaje. En términos electorales la izquierda más radical ha tenido siempre resultados menos que mediocres pero la actual crisis le permite abrigar la esperanza de obtenerlos muy brillantes, al estilo griego, aunque acabe uno quedándose fuera del gobierno.
La socialdemocracia se encuentra en una trampa: su participación en el consenso neoliberal no la beneficia pues los votantes de aquel jamás la votarían. La transferencia de votos de la derecha a la izquierda es poco frecuente y en España, inimaginable. Esa participación, sin embargo, perjudica y mucho a la  socialdemocracia, pues comparte la responsabilidad en los fracasos que todo neoliberalismo cosecha. Por el otro lado, la izquierda "transformadora" está robándole los derechos de autor  como se ve por el hecho de que se presente como la única defensora del Estado del bienestar que es la específica creación socialdemócrata, atacada en su día por la izquierda "revolucionaria", la antepasada de esta otra.
La falta de discurso de la socialdemocracia actual tampoco es enteramente cosa suya pues viene de antes. Es muy difícil distinguir la tercera vía, de Blair o el nuevo centro, de Schröder del neoliberalismo. Así que tampoco es cuestión de ponerse nerviosos por no poder remediar en un santiamén algo que viene de lejos. Pero si la socialdemocracia quiere reelaborar su discurso propio debe comenzar repasando valores y principios, que han sido relegados por la presión de la práctica del día a día y la aceptación implícita de los que postulan los neoliberales: individualismo, egoísmo, desregulación, privatización, cada cual para sí mismo y reducción del Estado a la mínima expresión, al Estado mínimo, de Nozick. Pase que la socialdemocracia no profundice en la concepción hegeliana del Estado como lugar de la eticidad absoluta. Pero de ahí a reducirlo a la nada (que el sueño neoliberal incluye privatizar el ejército, la polícia, la justicia y el sistema penitenciario), media un abismo.
Ni una sola broma más sobre el Estado, emanada de discurso antiestatista desfachatado de un@s polític@s sinvergüenzas que lo atacan mientras  llevan toda la vida viviendo de él; del similar de unos empresarios -algunos de ellos delincuentes- que solo quieren ponerlo a su servicio para explotar a sus semejantes. El Estado del bienestar es obra de la socialdemocracia (aunque no solo de ella) y debe reivindicarlo y luchar por él primero como Estado y luego como bienestar. Y es preciso plantear esa lucha en el terreno apropiado: el de los principios. El primero de todos, el de una concepción del Estado como representante de los intereses de todos, no solo de la casta dominantes. Este discurso debe desembocar en uno más amplio que la socialdemocracia debe ampliar, profundizar y defender con decisión, en lugar de hacerlo acomplejadamente, un discurso en clara defensa de lo público en todos los órdenes, desde los económicos a los morales en cuanto atienden a los principios de equidad, solidaridad, redistribución e igualdad. Porque es lo moralmente superior, aunque a Aguirre le dé un ataque de ictericia.
Son controversias que hay que dilucidar en este territorio teórico, cosa que no se hace porque los políticos socialistas temen perder apoyo electoral si dejan de hablar de cuestiones prácticas, inmediatas, en donde los conservadores los tienen embarrancados sin privarse a su vez de soltar las grandes peroratas doctrinales. Junto a esta cuestión de refutar la demagogia antiestatista de los ideólogos empresariales (que, por lo demás, es autodestructiva) y de demostrar la superioridad de lo estatal  y lo público porque es lo de todos, la socialdemocraci debe elaborar otro asimismo probando de modo fehaciente que la política de privatizaciones ha sido un desastre, elevado a catástrofe (la actual) al unirse a la política de desregulaciones. Y no solo en el terreno de los hechos en el que bien a la vista está cómo esas privatizaciones y desregulaciones han provocado la actual crisis del capitalismo que, como todo el mundo sabe ya, es una estafa, una más, de los ricos a l.os pobres, de la minoría a la mayoría, sino, sobre todo, en el de los principios.
Los ricos tienen dinero suficiente para comprar teóricos, intelectuales, comunicadores, periodistas, dispuestos a embellecer su discurso ideológico explotador que, en último término, nos lleva al estado de naturaleza y la ley del más fuerte. La socialdemocracia ha de hacer frente a ese ataque ideológico venal, defendiendo su principios (ámbito de lo público, regulación, solidaridad, justicia social) supliendo con convicción, creatividad y desinterés la falta de medios materiales. Pero tiene que hacerlo.
(La imagen es una foto de Barcex, bajo licencia Creative Commons).

dissabte, 4 d’agost del 2012

El letargo del PSOE.


Un buen artículo de Odón Elorza en El País de hoy, titulado La regeneración y el reencuentro con la política formula lo que mucha gente piensa y también buena parte de la militancia del PSOE, aunque entre esta se dice con menor frecuencia a causa de los interesess creados, las alianzas de unos y otros y la necesidad de no significarse mucho en actitudes y juicios que puedan molestar a la dirigencia actual. Elorza, como alguna otra personalidad socialista de equiparable peso, no tiene por qué temer represalias, pero no es un caso generalizable. Entre los militantes, los simpatizantes y los votantes sigue reinando un ánimo de decepción y frustración muy similar al que imperaba en noviembre del año pasado. No lo digo yo, lo dicen todos los sondeos. A ocho meses de la más estrepitosa derrota del PSOE en los últimos 35 años, el partido no levanta cabeza. Al contrario, cada vez aparece más marcado por esa injusta equiparación que se le adjudicó con el PP de "PSOE y PP,. la misma mierda es", una igualdad que, si era difícil de refutar cuando se estaba en el gobierno aplicando políticas neoliberales, resulta absurdo que se padezca también en la oposición, cuando es más facil diferenciarse.
La dirigencia actual aparece ahora cómodamente instalada en una situación de inactividad casi abstencionista en la que no solamente no se ha acometido nada de lo que Elorza considera imprescindible para el propósito regeneracionista (singularmente la autocrítica de los errores del pasado) y no se han cambiado los rostros ni los mensajes sino que tampoco se hace oposición al gobierno más despótico, más tiránico, más antipopular e injusto que ha tenido España desde los tiempos de Franco. 
Sin duda, el PSOE recurre medidas arbitrarias del gobierno y se opone a ellas en el parlamento, aunque con escaso éxito pues, con su mayoría absoluta, el gobierno ignora la cámara. Es decir, hace una oposición democrática, civilizada, normal. Pero no son tiempos de normalidad. La brutalidad y el radicalismo con los que el PP está imponiendo su programa máximo prueban que ha entendido la oportunidad del momento y no va a desaprovecharla. Igual que de un manotazo se ha cargado todo el ordenamiento jurídico laboral para dar a los empresarios lo que pedían; igual que ha destruido el endeble equilibrio conseguido por el PSOE para una RTVE objetiva y de calidad y la ha convertido en una cuadra de sicarios y esbirros del partido; igual que deja a los niños sin escuelas y a los enfermos sin hospitales, trata el parlamento como si estuviera de adorno. 
No es cosa de que el PSOE se reduzca a la oposición extraparlamentaria para iniciar un proceso revolucionario, pero sí de que no puede seguir ignorando la cada vez más articulada y poderosa reacción de la calle ante las agresiones de un gobierno neofranquista y solo así conseguirá diferenciarse de su adversario ante los ojos de la gente.
Tampoco se trata de que Rubalcaba deje de sentar plaza de prudente ofreciendo cada día pactos y acuerdos al gobierno que este suele ignorar despreciativamente. Pero sí de que la política del PSOE no puede quedar reducida a ese espíritu de colaboración tan fácil de interpretar mal. Tiene que ejercerse continuamente, ser contraria a la del PP y difundirse por todas las vías para que la gente tenga conciencia de ella. En este terreno, en el de la formulación de una alternativa socialdemócratsa clara a las mentiras e injusticias del PP es en donde el PSOE tiene que empezar a ganar las próximas elecciones.
Por supuesto, no se trata de improvisar un programa en veinticuatro horas cuando no se ha hecho en ocho meses. Pero sí de empezar con la tarea, que no es fácil. Los últimos veinticinco años han sido de hegemonía neoliberal en Occidente a la que la socialdemocracia, por comodidad o carencia de ideas, se ha ido plegando hasta que ha llegado el momento de una crisis como la actual y el socialismo democrático se ha encontrado con que no tenía construcción  teórica propia válida y ha tenido que abordar aquella con las categorías intelectuales de su adversario. Y eso es lo que hay que empezar a cambiar. 
Si se admiten acríticamente los postulados filosóficos y antropológicos de la derecha en cuanto a la relación individuo-colectividad, los derechos fundamentales, la democracia, la relación entre el Estado y el mercado, el binomio libertad-igualdad, el valor de la personalidad, la solidaridad, la autoayuda etc, es claro que, llegado el momento, el PSOE no tendrá perspectiva sujficiente para presentar sus propias medidas concretas y tendrá que valerse de las de la derecha. Y ahí está el desastre.
Parece mentira que esto no se haya hecho ya, no digo en España sino en Europa a la vista del pavoroso fracaso del neolioberalismo, incapaz de resolver la crisis que él mismo ha creado y de frenar la degradación de nuestras sociedades a niveles de miseria. Por eso no valen ya las excusas y la socialdemocracia -el PSOE el primero, pues dispone de tiempo  libre en abundancia- tiene que revisar sus postulados doctrinales fundamentales, proponer una hipótesis explicativa del funcionamiento de las sociedades capitalistas con sus crisis, dibujar un orden justo, humano, libre al que orientarse estratégicamente y hacerlo de modo tal que pueda recuperar la hegemonia ideológica, perdida en favor de un pensamiento francamente pobre, elemental y falso, el neoliberalismo, una ideología en el sentido más mistificador del término.
Esa es la tarea.

El ser y el parecer.

Cuando llegue a tierra, Palinuro piensa hacerse comentarista de portadas. Según él, es una profesión con mucho futuro.
- "Y tanto", dice mi otro yo, "¿no te das cuenta de que la portada es lo primero que capta el ojo, la primera impresión?
- "Y muchas veces la última".
- "Exacto. Por eso las portadas son un arte, una techné, algo que hay que cuidar mucho porque lleva carga de profundidad. Luego, cuando los lectores, o sea, los que sigan leyendo, vayan a los relatos, ya irán predispuestos y distraídos porque se perderán con la publicidad, otras noticias, etc. La batalla se gana o se pierde en la portada".
- "¡Cuanto sabes, Pali!", me rindo a la evidencia."Por eso es preciso interpretarlas."
- "Bien deducido, ojo de águila. A ver, toma esta de El País. ¿Qué ves?"
- "Lo mismo que tú, imagino".
- "¿No te parece que traduce una indecisión del portadista? Hay un juego diabólico entre la imagen y el texto. La imagen que, en principio, domina, exhala fuerza, triunfo, plenitud, belleza. El texto augura flaqueza, derrota, apocamiento, sordidez. ¿Con qué nos quedamos? El portadista nos pasa la patata y que cada cual decida entre:
  • Voz primera: en las más negras horas de la nación esta encuentra bálsamo con la victoria de la hija de la Patria.
  • Voz segunda: el gran triunfo de Belmonte está ensombrecido por la lamentable situación de su país y el negro futuro que espera al deporte.
- "Y tú, Pali, ¿qué dices?"
- "Para mí domina el texto, porque afecta a la nación, pero eso no quiere decir que no valore la hazaña de Belmonte. Tengo mis opiniones".
- "Suéltalas".
- "Pues verás, hombre de Dios, esa foto es una maravilla porque retrata la maravilla de la juventud, la fuerza, el triunfo y sobre todo, la sinceridad. Nada en ese rostro avisa doblez, al contrario, todo en él irradia verdad, realidad. Estoy aquí, soy yo, lo he conseguido; y esta plata es de ley. Por cierto, envío afusiva felicitación a la nadadora catalana".
- "Siempre has sido bien educado, Pali".
- "Vale. Vamos al texto. Pasaré por alto todas las negras connotaciones de más recortes, más ajustes, más reducciones y más mentiras. Pero me quedaré con una que quintaesencia el estilo de Rajoy. Al tanto: ¿cómo otro rescate cuando según el gobierno no ha habido ni uno? No es un asunto menor, pero tampoco esencial en mi razonamiento. Como es una cuestión de nombre y no de hecho, no es un dato; pues todo depende de lo que se llame rescate, carece de mayor interés. Yo lo llamo rescate; usted puede llamarlo filifurcio. Y al revés. Hay algo peor en ese texto, más dañino y, como siempre, acecha en la letra pequeña. Ahí se dice que Rajoy tomará una decisión (si  pedir o no pedir el rescate) cuando conozca las condiciones anejas a este segundo rescate/filifurcio. Razonable, ¿verdad? Sin embargo todo el mundo recuerda a Rajoy en sede parlamentaria, al presentar sus medidas restrictivas, abominando de ellas; no le gustaban, las detestaba, pero no quedaba más remedio, no había alternativa, no tenía otra opción. Pero sí parece tenerla pues, en caso contrario, carece de sentido reservarse el derecho a tomar una u otra decisión según la información de que se disponga, lo cual, por cierto, es una perogrullada. Ese texto es lo contrario de la foto porque no es un ser, sino un parecer, un simular que se está en condiciones de imponer condiciones cuando no es cierto".
- "Está bien la interpretación", dije, "pero tampoco has inventado gran cosa. El ser y el parecer son la realidad y la ficción".
- "Cierto, no pretendo nada más. Es una modesta interpretación pero puede descubrir si la ficción es de buena o de mala fe, si es creación o es mentira, entendiendo por tal simplemente pensar y hacer lo contrario de lo que se dice".

divendres, 3 d’agost del 2012

¡Madre mía!

Cuando se anuncia una comparecencia de Rajoy, el auditorio se divide en dos, como la España de Machado o la capa de San Martín, si bien por distintos motivos. Una parte exige que comparezca y hable para reírse. Es la España festiva, burlona, del humor negro; la que piensa que todos los políticos son igual de granujas y necios. La otra prefiere que no comparezca y no hable para no llorar. Es la España melancólica, triste, fatalista, la que piensa que no todos los políticos son iguales pero que a los españoles nos toca siempre la basura.
En el inmenso aluvión de mentiras, necedades y topicazos que Rajoy soltó en ocho años hay un dicho que resultó ser cierto: "yo soy previsible". Sí señor, verdad a carta cabal. Basta con escuchar diez minutos su farfulleo sobre cualquier asunto para darse cuenta de que, apenas abra el pico, lo que saldrá por él será siempre lo mismo: mentiras, más mentiras, embustes, topicazos abrumadores, lecciones del maestro Ciruelo, necedades llamativas, rodeos, circunloquios, excusas, juicios disparatados y una incapacidad casi congénita no ya de entender la realidad -de la que tiene tanta idea como de cocina tibetana- sino de explicar algo que lo afecte. Su natural desconfianza, su retranca de criado astuto, le aconsejan no hablar nunca con claridad, so pena de que se sepan sus intenciones. En fin, Rajoy, el presidente del gobierno de España que los españoles han votado y los demás líderes europeos tienen ya calado hasta las cachas, con lo que no le hacen caso alguno.
El aspecto más llamativo de este penoso circo de hoy es el hecho de que todas las informaciones que Rajoy maneja, sobre las cuales toma sus decisiones y articula sus discursos, vienen en titulares de prensa estos días: que si Finlandia esto o lo otro; que si Draghi ha dicho o dejado de decir; que si el BCE opina tal o cual; que si todo el mundo sabe que España, etc., etc. Si alguien espera una muestra de que el presidente del gobierno tenga acceso a fuentes y datos no a disposición de cualquiera en un bar tomando una caña, que renuncie. Rajoy no se mueve, ni viaja, ni visita a nadie y nadie lo tiene en cuenta en Europa así que, al hablar, informa a los ciudadanos de lo que estos han leído en titulares en los diarios.
El resto, monsergas de sacristía, puras mentiras, inconcreciones y vaguedades que nos salen carísimas en intereses de la prima de riesgo. Si tuviera algo del sentido común del que tanto presumía en la oposición, ya se habría ido a su casa pues ha conseguido lo que parecía imposible: arruinar un país.
Pero no hay que engañarse ni confiarse. Viéndole representar este papel tan lamentable casi olvida uno que es el principal enemigo del Estado del bienestar, de los derechos de los trabajadores, de los pensionistas, los parados, los dependientes y los jubilados, que es facilitador, cómplice y seguramente directo beneficiario de esta estafa llamada crisis, de este robo institucionalizado a millones de personas.
Palinuro lo recordará siempre: hay diez millones de españoles que lo votaron y, por lo tanto tienen el presidente que han querido y merecen porque estaba más claro que el agua.También son cómplices.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

Cuando te rescatan, se te pone esta cara.

¡Cualquiera diría que estos dos están tan contentos y felices como aseguraban después en rueda de prensa estilo Gila! ¡Cualquiera reconocería en ellos a los dos superhombres que hace unas fechas se las tenían tiesas a Frau Merkel! Monti amenazó entonces con dimitir. Rajoy no debía de pensar lo mismo, o no entendía su letra. Su drama es el inverso de Monti. A este no lo ha elegido nadie, pero nadie quiere que se vaya. A Rajoy lo eligieron diez millones de ciudadanos pero ahora casi todo el mundo, incluidos los suyos, quiere que se vaya.
El desprestigio exterior e interior del gobierno es tan acusado que nada de lo que haga tiene el efecto previsto sino, generalmente, el contrario. Debe de ser amargo para un hombre comprobar cómo la realidad lo obliga a hacer y decir lo contrario de lo que decía seis meses atrás. La política es algo muy complicado y meterse en ella sin los conocimientos ni las capacidades mínimas requeridas puede producir auténticos desastres. Muchas de las guerras se han originado en la ineptitud de los gobernantes del momento, incapaces de resolver pacífica y civilizadamente los conflictos porque ignoran por entero la ciencia y el arte del buen gobierno. No vaticino guerra alguna pues no es necesario.
Esta crisis, además de una estafa, es una guerra de los estafadores contra los estafados. Estafados son los grupos económicos, las clases sociales, los sectores demográficos, las minorías, pero también los Estados. Aquí lo interesante es averiguar de qué lado se pone el gobierno de un país estafado, si del del estafador(es) o de su propio país, estafado en su conjunto. Los gobiernos portugués y griego son colaboracionistas. El español, también. Pero le queda un pique de negra honrilla: no quiere aparecer como un subordinado, colonizado o lacayo. De ahí que a Rajoy se le haya atragantado la palabra rescate igual que en su día se le atragantó la crisis a Zapatero. Es la forma típicamente española de morir: de hambre pero con los greguescos puestos.
Rajoy no es hombre avispado, ya va viéndose, y tampoco parecen serlo sus asesores. No sé por qué tiene 600. Con uno bueno le sobra. 599 sueldazos ahorrados. Nueva prueba de su atolondramiento (y el de los asesores) es el haber cavado la trinchera en la cuestión nominal de la cosa, si rescate o no rescate. Ha convertido su trinchera en su tumba, obligado por unos compadres de la UE que, probablemente entre risas y codazos, vinculan la libranza de los fondos comprometidos y los por comprometer a la petición formal de rescateformulada por el gobierno o sea, por Rajoy. Un trágala en toda regla, un taza y media de caldo. La situación es insostenible. Por eso ha venido Monti. Se les ve en el rostro a ambos. Porque a Monti también le sube la prima de riesgo.La rueda de prensa celebrada más tarde, cuando ya era evidente la traición de Draghi, que abandonaba el campo como los thanes escoceses traicionaron a William Wallace, Braveheart, fue en realidad un velorio con ribetes de humor negro.
La declaración de Rajoy como respuesta a la de Draghi unas horas antes demuestra su notable carencia de facultades. De la melopea draghiniana sobre unos misteriosos mecanismos para ocultar su intención de abandonar España a su suerte solo se sacaba en limpio su firme creencia en la irreversibilidad del euro. Una creencia no es mucho, la verdad. Máxime cuando se recuerda con qué facilidad se apuntan los hombres a proyectos que creen eternos o, por lo menos, milenarios.
Así, la declaración formal de Rajoy, destacada por la web de La Moncloa como si fuera una frase hipocrática, "Es muy reconfortante escuchar que el euro es irreversible" lo deja a uno boquiabierto. El gobernante español se felicita de que otros tomen decisiones que lo afectan pero, ¡ah! son positivas. Como se comprobaba en el parqué madrileño con un trastazo colosal de la bolsa, una prima ya francamente intratable y el Ibex por los suelos. Y había que poner buena cara. Entre otras cosas, la política también es teatro y en el teatro, los actores pueden ser buenos, malos, pésimos y rajoyes.
Porque, a todo esto, nadie ha preguntado al presidente de dónde saca que la irreversibilidad del euro (de la que no tiene ni idea, como todo el mundo) presupone la presencia de España en él. Puede haber euro sin España; ¿por qué no? Hay otros países que no son de la zona euro pero sí de la UE, diez en total. Incluso hay dos que no son de la UE ni de la zona euro pero acuñan euros. El Vaticano es uno de ellos, cómo no.
La rueda de prensa de ayer fue un espectáculo tragicómico, un retablo no de las maravillas sino de las miserias. A las preguntas concretas, claras, documentadas, específicas y pertinentes de los periodistas, ambos mandatarios respondían con vaguedades, alusiones, circunloquios, eufemismos y mucho cerro de Úbeda. Monti afirmó que Italia no precisa un rescate, lo que vale tanto como lo contrario. Rajoy, a su vez, optó por no responder, lo cual se le da de maravilla. De hecho todavía no ha respondido a la pregunta de cuánto cobra al mes; además de las dietas, claro.
En toda la ceremonia de mistificación la palabra rescate no salió de sus labios. Pero la semana que viene, el sanedrín de la bolsa, la temible troika, lo espera en Bruselas como el Cid a Alfonso VI en Santa Gadea, para que se humille y jure que no tuvo nada que ver en la conjuración contra el rescate. Porque humillación y vilipendio es verse obligado a llamar rescate al rescate él, precisamente, que proclamó su sólida virtud en llamar al pan pan y al vino vino.
A su regreso, Rajoy podría aprovechar el momento para darse una vuelta por La Zarzuela a presentar su dimisión al Rey, no sea que si este se entera por otros medios se caiga, como tiene por costumbre.
(La primera imagen es una foto de La Moncloa. La segunda, también de es una foto de La Moncloa, ambas en el dominio público).

dijous, 2 d’agost del 2012

Hablando claro.

Acta resumida de la rueda de prensa de Mariano Monti y Mario Rajoy en La Moncloa.

Rajoy (lee): Buenas tardes, estoy muy contento de la visita de Monti, que ha venido desde Italia, un país europeo lleno de italianos, a conocer nuestra realidad y tomarse un vino. Italia y España coinciden en que son dos penínsulas del sur de Europa y si Italia está llena de italianos, España lo está de españoles. Coinciden igualmente en su firme propósito de aunar esfuerzos para salvar el euro, haciendo lo que puedan para garantizar la estabilidad de la eurozona y fortalecer la posición de Alemania, Austria y Finlandia, que tanto lo necesitan. Monti tiene la firme voluntad de ayudar a España y España, faltaría más, a Italia...(así, diez minutos).
Monti (lee): Buon pomeriggio (como Rajoy se encasqueta el audífono, pues tampoco entiende el italiano, traducimos al español). Estoy contento de encontrarme en España, el país del sol, los toros, las bellas mujeres, los bandidos y Pablo Picasso. Il signore Rajoy y yo estamos de acuerdo en adoptar firmes, valientes, decisivas medidas para acabar con esta fea crisis llegada del extranjero como el ladrón en la noche. Después de las declaraciones de Draghi ambos hemos llegado a la conclusión de esperar a ver qué más dicen los que mandan y cumplir a rajatabla (así seis minutos).
Periodista 1º: ¿Son las declaraciones de Draghi un paso atrás respecto a las de hace dos días, prometiendo que el BCE haría todo lo posible por estabilizar la situación?
Rajoy: ¿De dónde saca eso? Las declaraciones de Draghi son un importante paso adelante en la buena dirección para España que es salvar el Euro.
Periodista 2º: Pero la prima de riesgo se ha disparado, la bolsa baja, el ibex también y todos afirman que el BCE se desdice y no hará nada.
Rajoy: El señor Draghi ha dicho lo que tenía que decir, yo también, y aquí no hay más que decir. Las palabras de Draghi son muy positivas y la prima de riesgo es injusta y merece la cárcel, en lo que estamos de acuerdo Monti y yo.
Periodista 3º Hablando de Monti: no para. ¿Y usted, señor Rajoy? ¿Tiene previstas actividades a corto y medio plazo para atender a esta emergencia?
Rajoy: Usted me pregunta por lo que voy a hacer, ignorando lo que ya he hecho. Pues bien, pienso seguir haciendo lo mismo, esto es, poniendo todo mi empeño en resolver esta situación que nosotros no hemos creado sino que la hemos recibido en herencia zapateril.
Periodista 4º: Para que el BCE facilite el..., el..., bueno, el "eso", es necesario que antes el gobierno pida el..., el..., el eso. ¿Va el gobierno a hacerlo?
Rajoy: El gobierno ha hecho los deberes y yo estoy muy contento. El gobierno de Monti ha hecho sus deberes y yo estoy muy contento. En Bruselas todos hicimos los deberes y yo estoy muy contento. Y no tengo más que decir.
Periodista 5º: Signore Monti, si finalmente su gobierno tiene que pedir el rescate ¿piensa usted dimitir?
Monti: Hay que dar tiempo al tiempo. El gobierno italiano sabe lo que tiene que hacer y no sabe si pedirá la ayuda financiera porque no está claro que haya que pedirla y, desde luego, si el gobierno piensa que debe pedir esa ayuda, yo tendré que tener unas palabras con el signore Napolitano, y luego veremos qué hacemos. Supongo que lo mismo pasa con mi querido colega, Rajoy.
Rajoy (a Monti y ya con el micrófono cerrado): ¿Dimitir yo? Pero tú, ¿de qué vas? Ocho años mintiendo como Juliano el Apóstata para llegar al gobierno y ahora, ¿voy a dimitir? ¡Venga ya, macaroni!

Hipótesis sobre la derecha.



Cualquiera someramente al tanto de las circunstancias en otros países, sobre todo en Europa y también en América, sabe que la derecha española es peculiar. Es una derecha sin nadie a su derecha que dice ser el centro-derecha. Muchos otros países muestran algún partido de extrema derecha, distinto al de la tradicional. En Austria, Italia, Dinamarca, Grecia, Francia, etc., hay una derecha y una extrema derecha diferenciadas. En España, no. Todas las derechas confluyen en el PP.
La derecha en la oposición, pero también en el gobierno, está furiosa (Jose Manuel Roca) . Tiene una actitud demagógica y muy agresiva. Recuerda en buena medida los modos del Tea Party, de lo que estoy documentándome en un interesante libro aún no publicado de Sergio Colado. Comparte la derecha hispánica con el Tea Party la interacción con unos medios radicales y ultrarreaccionarios que difunden las bravatas del socio. Esto es lo que llevó a Obama a declarar hace un par de años que no consideraba la cadena Fox (de Murdoch, el patrón de Aznar) un medio de comunicación más sino la voz del Partido Republicano. Pero, aunque parezca mentira, la furia de la derecha española no imita la gringa sino, en todo caso, al revés. La derecha española se pone furiosa al perder las elecciones de 2004 mientras que los pardillos del Tea Party son de 2007/2008. Unos advenedizos.
La furia de la derecha española brota al verse privada de lo que considera suyo por naturaleza, el poder político. Esta derecha es heredera directa del franquismo (de ahí su reticencia a condenar la dictadura y resarcir a las víctimas) y el franquismo era el heredero directo de la derecha de la oligarquía y el caciquismo. ¿No son los Fabra y los Baltar, prohombres del PP, perfectamente encajables en la España de la 1ª restauración? En el caso de Fabra lo es sin duda alguna pues pertenece a una dinastía de caciques locales que se origina en el siglo XIX. Es la derecha de toda la vida, la nacionalcatólica, ultraconservadora, la oligarquía costista, que afianza su poder administrando sus bienes con largueza para conseguir la clientela que la vote en cargos en los cuales después se resarcirá del gasto. La astucia de la derecha tradicional consiste en explotar a la gente usando para ello los recursos de esta. Se trata de la concepción patrimonial del Estado
Ya durante el franquismo y, desde luego, después de él, la derecha tradicional se hizo neoliberal sin dejar de ser nacional-católica. El discurso neoliberal, aparentemente dinámico, objetivo, racional, resulta ser más eficaz para volver al poder cuando otro lo ha usurpado que las viejas monsergas ultracatólicas. Estas están siempre detrás pero lo que prevalece ahora es la actitud neoliberal frente al Estado, muy sencilla de exponer: cuando está en la oposición, la derecha exige que se reduzca el Estado a la mínima expresión; cuando está en el gobierno lo utiliza como una empresa, como su patrimonio, en beneficio de los suyos y en detrimento de los demás. El neoliberalismo es caciquil pues se vale del Estado y la administración pública en general para beneficiar a las empresas y los bancos e imponer condiciones muy duras a las clases medias y bajas. Pretende terminar con las subvenciones pero mantiene las de la iglesia, la enseñanza concertada, los beneficios fiscales a las empresas y las grandes fortunas. Mientras haya dinero en las arcas públicas, la derecha lo canalizará hacia sus intereses de forma legal, retorciendo la ley, como en el caso de RTVE, o saltándosela sin más como en el de la Gürtel; y, cuando aquellas quedan esquilmadas, se elabora el discurso de la crisis económica y la imposibilidad de mantener el Estado del bienestar.
Es un discurso perfectamente ideológico disfrazado de consideraciones económicas. En resumen, los ricos prosperan y los pobres pagan. Y no solo pagan en dinero, sino también en rezos, penitencias, torturas y angustias. Junto al invicto neoliberalismo entra en la plaza conquistada el nacionalcatolicismo. Lo primero que hizo el gobierno de Rajoy fue meter mano a la educación y a los derechos de las mujeres. Ambas cosas no tienen nada que ver con la crisis. Son picas en Flandes de la derecha más carcunda. Si se consigue que a la Universidad solo puedan ir los hijos de la clase media para arriba, que las mujeres no puedan abortar y que la justicia solo la muevan quienes puedan pagarla, como las Juke boxes, la sociedad española habrá desandado un buen trecho del camino que se hizo desde la transición.
En realidad, cabe hablar de una involución neofranquista. Se gobierna por decreto-ley y se ningunea al Parlamento; se reforman las leyes electorales de las CCAA con claros fines estratégicos de favorecer a la opción de la derecha; se reforma la ley de Zapatero sobre RTVE que obligaba a elegir el Presidente por mayoría cualificada de dos tercios de ambas cámaras para imponer su candidato con la orden expresa de convertir RTVE en un multimedia al servicio del gobierno y su partido.
El progre Gallardón ha renovado el marquesado en la persona de un descendiente del sanguinario asesino Queipo de Llano. De inmediato se ha difundido en la red por doquier la pregunta de si alguien imagina que en Alemania haya un marquesado de Himmler, aunque el más apropiado aquí sería el de Goebbels, dada la afición a la radiofonía del general sublevado. Exactamente eso es lo que hace peculiar la derecha española. Los nazis perdieron la guerra; los franquistas la ganaron. Todo un mundo de diferencia bien visible hoy día cuando aún hay gente buscando a los suyos en fosas comunes, asesinados que fueron por una soldadesca a las órdenes de Queipo que ganó título de nobleza por ello y la derecha lo conserva porque, qué caramba, es uno de los suyos.
Si la izquierda aspira a algo deberá elaborar un discurso capaz de hacer frente a esta trituradora de las libertades y los derechos.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).