dissabte, 9 de juny del 2012

El rescate o el drama de España.

La imagen es un óleo de Theobald Chartran titulado Firma del protocolo de paz entre los Estados Unidos y España el 12 de agosto de 1898. Representa el momento en que el embajador de Francia en los EEUU, en representación de España, estampa su firma, bajo la atenta mirada de un dominante McKinley, en el protocolo del tratado que pondrá fin a la guerra hispano-norteamericana. Derrota y rendición prácticamente incondicional de España y pérdida de los restos del imperio en América y Asia. El cuadro se encuentra en la Sala de Tratados de la Casa Blanca, lugar de reunión frecuente de los gabinetes presidenciales hoy, y figura en lugar prominente.

Hoy es el día. Los oráculos del fondo de la selva de Teotoburgo imponen la claudicación de España, que ha de aceptar las condiciones del llamado rescate de la banca y que el FMI, en una muestra de servicial previsión, ha tenido la delicadeza de cifrar en 40.000 millones. No sé qué caso hará la germana del gentil toque parisien. Bruselas, como siempre, estará a verlas venir. Queda por saber qué dirán los auditores externos pero, en principio, la situación es clara: los plenipotenciarios tienen que firmar.
España solo manda ministros plenipotenciarios para administrar las derrotas, lo que parece un contrasentido, pero es el contrasentido que configura, al parecer, la amarga experiencia nacional de ser intervenidos. Unas veces por los alemanes, otras por los ingleses, otras, las más, por los franceses, la historia patria es una sucesión de intervenciones que han orientado los destinos nacionales mucho más de lo que lo hayan hecho las decisiones domésticas. Después de quedarse con Gibraltar, los ingleses ayudaron decisivamente a los españoles a librarse de los franceses. Es la gesta de Wellington en la llamada Peninsulan War, con muy escaso respeto a la emergente conciencia nacional española.
A su vez, los franceses estaban aquí porque en uno de los actos de cobardía más miserables que registra la historia, los dos Borbones, padre e hijo, Carlos IV y Fernando VII entregaron la corona a Napoleón, quien la puso en la cabeza de su hermano, convirtiendo España (y su imperio) en lo que podríamos llamar un fraternato. Ese Fernado VII, el Deseado, fue luego el ídolo de la derecha española que debía de ver en él un patriota.
Para qué seguir. El 98 (ut supra) provocó una sacudida tan fuerte de la citada conciencia nacional que hasta apareció un filósofo. Los filósofos surgen siempre de la perplejidad y esa perplejidad trajo la IIª República a la que puso violento fin una coalición de alemanes, italianos, moros y cristianos nativos de Santiago y cierra España.
Ignoro si en estas horas amargas Rajoy medita sobre su triste sino. Venía de salvador de la Patria y tiene que mandar plenipotenciarios a firmar las capitulaciones. La gran nación en la hora nefasta de la claudicación. Seguramente no es para tanto porque en nuestra época las guerras se libran en los parqués, en los despachos de mullidas alfombras en lo alto de rascacielos, en medio de formas corteses, compartiendo un aperitivo. Pero el zaherido orgullo nacional español lo toma por la tremenda. Resuenan los ecos de una larga historia de derrotas: la Invencible, Rocroi, Trafalgar y lo que vino después. Y Rajoy, con su huero patriotismo, así tiene que experimentarlo.
¿Podría pasarle por la cabeza alzar bandera por la resistencia, negarse al rescate, a la intervención extranjera? Podría. Numancia tiene su belleza, pero no es previsible su repetición. Oponerse a Europa, aislarse de Europa -vieja pulsión unamuniana- no es opción para la derecha y dudo de que lo sea para la izquierda. No, desde luego, para el PSOE y, con reservas, tampoco para la izquierda radical.
Así que llueve sobre muy mojado, sobre una historia de frustración permanente, de una nación que se ha hecho a fuerza de derrotas gracias a unas clases dominantes muy católicas, muy tradicionalistas, muy ineptas y nada patrióticas. Una nación que de vez en cuando es intervenida al albur de circunstancias que no controla. Por eso, todo consistirá en encontrar un nombre que disimule la cruda realidad de la subordinación a los dictados de otros, un nombre que engañe, como el de evangelización del Nuevo Mundo, por ejemplo, o el Movimiento Nacional, algo así como Refundación Financiera Española (ReFE), que daría para interesantes portadas de la prensa de derechas y dejaría a la gente tranquila, a tiempo para saborear cómo la Roja revalida su título. Es lo de los toros en 1898.

divendres, 8 de juny del 2012

El ruido y los millones.




Recordatorio.
 

Hoy, viernes Palinuro firma ejemplares de su libro El sueño de la verdad. Los conflictos en la sociedad abierta a las 18:00 en la caseta 259 de la editorial La Catarata.

Hay algo extraño, casi burlesco, en esa lonja de los rescates en que se ha convertido la política nacional e internacional en los últimos años, casi desde el comienzo de esta crisis que bien podría llamarse la "crisis de los miles de millones evanescentes" como corresponde a su naturaleza más de estafa. Los políticos, los empresarios, financieros, comunicadores en general, forman una turbamulta en la que se cruzan cantidades millonarias con los más diversos propósitos. Los miles de millones han pasado a ser la última razón significativa de la acción humana en todas sus facetas. Nadie habla de la organización social o la representación política o el sistema económico o el educativo, de Europa o de cualesquiera otros temas sino es en términos de miles de millones, de cuántos cuestan o cuántos producen. Los miles de millones aparecen y desaparecen de las portadas de los periódicos como duendes juguetones.
Siendo millones, son números, y los números son el lenguaje del concimiento exacto, de forma que cabría esperar que al cruzarse las cantidades tendríamos claras las opciones. Pero no es así sino al contrario. El baile de miles de millones solo sirve para confundir. En primer lugar porque sus cuantías los sitúan fuera de la capacidad de comprensión de los mortales. Como pasa con las distancias siderales. Cinco millones de años luz es una cantidad que se puede enunciar pero no visualizar. 100.000 millones de euros, tampoco. Y no vale decir que eso solo nos pasa a la gente del común, pero que los políticos y los financieros son otra cosa. No es cierto. Tampoco saben de lo que hablan y, en muchos casos, lo hacen literalmente al tuntún. Porque, exactamente ¿con qué criterios, según qué cálculos, se llega a estas cantidades que, además, suelen ser contradictorias y nada de fiar? Tómese el coste del hipotético rescate español (acabe siendo este lo que sea y con el nombre que menos ofenda al gobierno) del que hay tantas versiones como opinantes, sin olvidar que algunos de estos opinan cosas sucesivamente contrarias. Utilizo cantidades redondas porque el recurso a las centenas, decenas y unidades suele ser un truco para dar verosimilitud a lo que se dice. Bankia iba a necesitar unos 4.900 millones; luego se convirtieron en unos 24.000. Alguien quiso resumir el coste general, cifrándolo en 40.000. El FMI lo dejó en unos magros 37.000. Aparecieron unos alemanes -o quizá fuera Bruselas- hablando de una "inyección" (este curioso término de resonancias médico-curativas requiere más detallado análisis) de 80.000 millones al FROB. Pero a un dirigente (español) del PPE le parecieron pocos y habló de 100.000. Y eso que no sabía, como no sabía nadie, que aflorarían dos cajas más pidiendo otros 9.000 millones que, al parecer, no se habían contabilizado antes. Como pueden no haberse contabilizado oras veinte. Vaya usted a saber.
La crisis procede en gran medida de las operaciones especulativas y, en consecuencia, los discursos sobre ella son también especulaciones con cantidades que nadie visualiza, nadie sabe de dónde saldrán, porque tampoco sabe nadie con seguridad cómo se han calculado. Piénsese en otro baile, menos grandioso, más barrio o país: el de las primas, pluses, sueldos o pensiones que pillan los altos directivos de cajas de ahorros más o menos quebradas: catorce millones se lleva este, ocho el otro, cuatro este otro, uno doscientos, Rato. ¿Cómo se calculan estas retribuciones estratosféricas por actividades que, de momento, dan la impresión de haberse limitado a estar en un consejo o presidirlo haciendo pajaritas de papel? No parece que haya otro criterio sino que se calculan según la capacidad de cada beneficiario en salirse con la suya. En el fondo, de la fuerza.
Por todo esto Montoro, poco dado a la fatiga mental, ha decidido no hablar de números y, cuando se le pregunta, contesta que "no será una cantidad excesiva". De Guindos tambien prefiere evitar un patinazo cuantitativo. Así que, en mitad de la confusión en que cada cual lanza la cantidad que le place, Rajoy decidió zanjar el guirigay con coraje diciendo que quien quiera saber si habrá o no rescate y a cuánto ascenderá el rescate/no rescate, que le pregunte a él. Sería tranquilizador de no ser porque tiene a gala no comparecer en ruedas de prensa y, si lo hace, no admitir preguntas o no contestarlas; de no ser porque ni él mismo da crédito a su palabra, tras haber admitido que hará lo contrario de lo que dijo "si cree que debe hacerlo", es decir, si le viene bien; de no ser, por último, porque aplaza todo pronunciamiento al dictamen de los auditores extranjeros que en este momento están examinando el sistema financiero español.
No es un modo de clarificar las cosas. Para mayor desgracia, tampoco es cierto que el gobierno vaya a tomar medidas según el citado dictamen porque este no le está destinado. El dictamen irá a las autoridades europeas, a Alemania en particular, que serán quienes digan cuál es el margen del gobierno español. Un país que no puede tomar decisiones porque desconoce las magnitudes básicas de la situación económica y ha de esperar a instrucciones de fuera no es soberano y está intervenido de hecho, quiera o no reconocerse.
A título de consolación queda al país todavía la posibilidad de adoptar medidas hacia dentro y también aquí hay un ruido fenomenal con otro baile de miles de millones carentes de significado, cuantificaciones arbitrarias de medidas restrictivas que muchas veces se toman más por razones ideológicas que económicas y que están amparadas en la voluntad (que se cree justa y oportuna) de ahorrar cuanto se pueda y al coste de lo que sea. El último ejemplo es la propuesta de Aguirre de reducir los diputados de la asamblea madrileña a la mitad. Ya se ha cuantificado el ahorro: 50 millones de euros. Es un cálculo absurdo porque no toma en cuenta los costes colaterales de la reducción; pero da igual porque su finalidad es política. El ejemplo se extiende como la pólvora pues empareja con un sentir popular muy contrario a las autoridades. Pero conviene saber en qué lugar está la dimensión óptima de las instituciones y del sector público en general. Una opción ahorrativa máxima (y muy bien venida por algunos, es de suponer) es eliminar el parlamento por entero que, en realidad, sobra porque basta con un caudillo. Es lo más barato. Luego resulta que no, que es lo más caro cuando se meten otras consideraciones en juego como la dignidad de las personas.
El último baile de millones es precisamente el que propicia la extensión de la corrupción en España. Los millones de la Gürtel, por ejemplo, millones que parecen haberse escamoteado a la sombra, incluso, del Santo Padre, con lo que serán, cuando menos, millones santos. Y si las autoridades mientes en los millones, excusado es decir los delincuentes, con los cuales a veces aquellas se alían, si es que no son los mismos.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

dijous, 7 de juny del 2012

El rescate no-rescate.

En la reciente y apresurada reunión del G-7, el tema monográfico ha sido España, la situación española. Pensando que el país está en buenas manos, la bolsa ha subido y la prima de riesgo ha bajado. Sin embargo, la palabra más oída en las conversaciones y declaraciones era "orgullo", el orgullo español. España tendría que pedir el rescate en las condiciones griegas, pero su orgullo se lo impide. A veces la historia funciona a base de prejuicios de este tipo. El de los españoles orgullosos no resiste medio soplido, pero funciona. El criterio dominante ha sido poceder al rescate de España sin que parezca un rescate para que los quisquillosos españoles no se enfurezcan. ¿El procedimiento? Astillar 80.000 millones de euros no al Estado, pues el gobierno no quiere, ni a los bancos pues no se puede, sino al FROB, un ente intermedio y ambiguo que sirve para este tipo de combinaciones.
Es un rescate, blando o suave, pero rescate, y España está suave o blandamente intervenida. Las condiciones del interventor se impondrán a los bancos y ya los bancos las repercutirán después sobre la clientela. El gobierno pinta poco aquí, salvo cuidar de que no haya mucho tumulto en las calles. Es decir, queda para la gobernación interna, con Rajoy como gobernador de la península intervenida, pues también lo está Portugal. 
Esta del interior es la parte en la que los españoles lucen ese exotismo suyo tan peculiar de sus viejas tradiciones que maravilla en el exterior. La ministra de Trabajo, Fátima Báñez, al pedir la intercesión de la Virgen del Rocío para acabar con la crisis, es la mejor imagen que el país puede dar a esa Europa descreída y materialista a la que tenemos tanto que enseñar. Y con el ejemplo, como el que va a dar en el Corpus Cospedal, la adelantada de la Cristiandad.
Mientras tanto, Aguirre reduce un 3,3% el sueldo de los funcionarios porque de algún modo hay que hacer frente al agujero de Bankia, en donde su personal lleva años haciendo lo que le parece
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

Una historia de dos Cotarelos.

Antes de nada aprovecho para comunicar a l@s amig@s que mañana, viernes, 8 de junio, a las 18:00 Palinuro estará en la feria del libro, en la caseta 259 de La Catarata, firmando el suyo, El sueño de la verdad. Estaremos encantados de veros allí.

Vamos a la historia. Sucede que hace unos días me llamó una señora muy amable de la Real Academia Galega, pidiéndome un retrato de mi abuelo Armando, porque la docta institución va a publicar un libro con semblanzas y textos de los autores a quienes se haya dedicado algún año el Día das letras galegas. A mi abuelo le dedicaron el de 1984 y, con tal motivo, se publicó entonces profusamente la foto en la que aparece más arriba cubierto con un canotier, un sombrero muy de moda a fines del siglo XIX y primeros del XX, de importación francesa, aunque este me parece de fabricación nacional. Yo tenía una mejor y esa es la que he enviado. Reproduzco, sin embargo, esta otra por una grata razón sobrevenida.
Ello fue que, al abrir hace unas horas FB me encontré en el muro de Alicia Cora un retrato de Palinuro, un carboncillo, me parece, hecho por su hija Itziar. Fue una sorpresa la de toparse con uno mismo como en un espejo, ante una imagen fabricada por otros ojos. Unos ojos que lo ven todo y te lo devuelven para que sepas cómo eres. Muchísimas gracias, Itziar. Es un honor. La autora es una  notable artista a la que Palinuro dedicó una entrada a fines del año pasado, titulada Talento natural. Bueno, el título no era mío. Lo había copiado del blog de la propia Itziar que se llama así, Talento natural y trae una abundante muestra de su obra.
Palinuro. Perdóname que interrumpa, Cotarelo, pero ya veo a dónde quieres llegar, a decir que hay un hilo de continuidad entre tu abuelo y tú a través del sombrero. No está mal. Al fin y al cabo, el sombrero es una prenda esencial en la historia de la humanidad. Desde los primeros tiempos hasta hoy, los hombres han mostrado una irreprimible tendencia a ponerse algo sobre la cabeza. Y le han echado mucha imaginación. De los complejos tocados de los faraones a los cascos de los vikingos, la kipá de los judíos, las chisteras, los bombines, los penachos, los bicornios, los tricornios, las mitras, los birretes, las coronas, los cascabeles de los bufones, los capirotes, las capuchas. Incluso en una época tan hostil al sombrero como la nuestra hay profesiones, empleos, cargos, que los llevan y, en la moda de la población civil, siguen viéndose algunos sobre todo pajillas, de ala corta estilo gangster o pamperos de diversas formas. Pero el tuyo no es ninguno de esos. Conozco tu secreto: es un tejano con las alas planchadas para darle un aspecto mormón.
Cotarelo. Hay más continuidades, pero esas pertenecen ya al ámbito de la intimidad familiar.

dimecres, 6 de juny del 2012

La gran estafa

El escándalo de Bankia es tan grande, tan ruidoso, tan indignante, que no se puede disimular por más que el gobierno del PP, principal responsable del desaguisado, esté haciendo lo que pueda por ocultar los hechos, impedir las comparecencias, encubrir a los culpables y por más trabas e impedimentos que se pongan a las peticiones de investigación y los deseos de aclarar las cosas.
Han tocado los dineros a la gente, a decenas, a centenares de miles de personas y, poco a poco, la reacción social, sorda al principio, pero evidente, empieza a hacerse sentir y amenaza con llevarse por delante no solo a los muchos políticos del PP que llevan años robando en las cajas, sino al partido en su conjunto. En menos de 24 horas una iniciativa popular de crowdfunding ha reunido los fondos necesarios para querellarse contra Rodrigo Rato. Y esto no es más que el inicio de una marea social que seguirá y seguirá hasta procesar a los responsables de esta estafa que llaman crisis y a los políticos cómplices que la han propiciado.
Una idea del temor que este movimiento suscita la da que, a su vez, también en menos de 24 horas, la Fiscalía haya abierto una investigación por presuntos delitos en la constitución de Bankia. ¡Qué raro! La misma Fiscalía que llevaba dos semanas sin apreciar irregularidad alguna, de pronto siente la llamada del deber, percibe la indignación ciudadana y se pone en marcha. Repito: ¡qué raro! Qué raro que un Fiscal General nombrado por el PP abra una investigación cuyo resultado, si no está falseado, será demoledor para ese mismo PP. Qué raro. ¿No será que se pretende desactivar la bomba de la indignación social y las medidas ciudadanas contra los responsables de este gigantesco desfalco? ¿No se tratará de engañar una vez más a la ciudadanía para seguir robándola? Esperemos que no, no porque el PP y su Fiscal no lo pretendan sino porque las cosas han llegado a un punto en que ya no caben más encubrimientos. Ahora recurrirán a las dilaciones.
Pero tampoco servirá de mucho. El caso Bankia será el sepulturero del PP porque no es otra cosa que el último intento de ocultar que los políticos del PP llevan años mangoneando presuntamente las cajas de Madrid y Valencia, así como otras menores, como la de Ávila, la de Segovia, etc, colocando en ellas a sus enchufados, asignándose salarios estratosféricos, esquilmándolas, financiando ilegalmente su partido, comprando y sobornando; pillando cacho, vamos, como corresponde a los truhanes Es decir, llevan años presuntamente valiéndose de los dineros ajenos para chanchullos y delitos hasta que, por fin, han arruinado el invento porque, además de presuntos ladrones, son unos probados incompetentes.
Sí, la querella popular debe seguir y la sospechosa investigación de la Fiscalía también. Pero todo ello sonará ridículo cuando los censores foráneos que están calibrando el sistema bancario español emitan su informe en el que seguramente se denunciará que las cajas han sido saqueadas por una mezcla de políticos venales del PP, empresarios corruptos del PP y delincuentes allegados al PP y que la corrupción tiene enterradas hasta el cuello a las autoridades autonómicas del PP en Madrid y Valencia, entre otras.

Como Dios manda.

Al hoyo. Manda al hoyo. Como era de esperar. Ni Dios ni Satanás pueden salvar un país mal gobernado, incluso aviesamente gobernado. Pues ¿no querían llegar al poder incluso al coste del hundimiento de España que ya la levantarían ellos? Incidentalmente, apenas se ha valorado este bochornoso episodio de Montoro. Nadie parece ser consciente del fondo de vileza y estupidez que encierra, al lado del cual la traición es una nimiedad. ¿Qué dios ni qué diablo van a ayudar a estos gestores ahítos de títulos -académicos y nobiliarios- pero ayunos de fibra moral, de patriotismo y de lo que más presume su jefe, de sentido común? Se veía venir. Palinuro, que gusta de la ironía y la elegancia de las figuras de la commedia dell'arte, de las travesuras y el ingenio de un arlecchino, trae a colación una entrada suya de hace seis días, titulada El inevitable hundimiento de España.
Pero, en lugar de leer a Palinuro, el gobierno, que había tomado un montón de medidas drásticas pensando resolver el problema a su cuartelario modo y solo lo había agravado, andaba dando grandes voces por los páramos de España. "No necesitaremos rescate", soplaba Montoro camino de Bruselas. "No estamos al borde del precipio", resonaba Rajoy recién vuelto del Canadá. "No consideramos una intervención", remachaba de Guindos mientras saltaba de Milán a Berlín. "España saldrá de esta por sus propias fuerzas", sentenciaba Cospedal, tan conocedora de la situación como los otros.
Todas esas firmes determinaciones de la voluntad bellamente nietzscheana hubieran sido verosímiles de no reventar la última (por ahora) pústula de esta gangrena nacional que ha sido la burbuja del ladrillo, Bankia. Porque ¿qué es Bankia? La muestra palpable del robo, el expolio, el modo neoliberal de entender la política, de poner con todo descaro lo público al servicio de intereses privados, incluso delictivos. El ejemplo de dos potentes cajas entregadas incondicionalmente al oscuro mundo de un partido que mezcla la política con los negocios y las tramas de corrupción hasta llegar al expolio y la ruina del sistema financiero del que era responsable.
Ahora se entiende bien la trayectoria que ha llevado a esta situación en la que el gobierno se ve obligado a pedir el rescate que negaba hace veinticuatro horas y, de hecho, a abdicar nuestra soberanía y ponerse en manos de la banca europea. Es una historia breve y tremenda: la primera crisis financiera internacional en 2008 no afectaba directamente a España (por eso Zapatero, en la inopia, salió a defender la solidez de la banca nacional) pero sí destapó una crisis interna mucho más devastadora, la burbuja inmobiliaria insensatamente puesta en marcha con la liberalización del suelo impuesta por Aznar en 1998. A su vez esta bestial crisis autóctona, que tumbó el gobierno Zapatero y justificó la (errónea) medicina de caballo de la derecha triunfante, destapó otra mucho peor, la de Bankia, que ha puesto al gobierno en estado catatónico porque es exclusivamente responsabilidad del PP.
Ahora, las autoridades harán lo único que se les ocurre en estos casos: mentir; como lo hicieron con el 11-M (el presidente de hoy es el de la "convicción moral" de ayer), como habían hecho con el Prestige, el Yak-42 o las armas de destrucción masiva. Mentiras y más mentiras.
Las circunstancias han apartado a Rajoy del mando y tienen al gobierno, como se dice, en expectativa de destino, por si aun le permiten administrar los retales de Estado que dejen los nuevos bárbaros del Oiro, forma en que los alemanes pronuncian "euro". Tras haber gobernado como Dios manda ahora resulta que Dios manda que Rajoy no gobierne. Los designios del Señor, ya se sabe, son inescrutables.
Por eso mismo, se van extendiendo formas de acción colectiva espóntaneas de la ciudadanía. Son la esperanza del futuro porque de los partidos institucionales cabe esperar poco. La última iniciativa en Twitter, apoyada de inmediato por la red, el 15-M, DRY, etc de financiar colectivamente la presentación de una querella popular contra Rato a través del hashtag #crowfundingRato, dentro de la cuenta @goteo.org, suscita verdadero entusiasmo popular porque se ve como una vía práctica de avanzar hacia un procesamiento formal de la clase política y financiera. Tanto que el sitio está colapsado y no hay modo de entrar a hacer la aportación. De todas formas, es seguro que ya han alcanzado su meta. Es el momento de seguir con las aportaciones para sufragar otros procesamientos u otros gastos como serán las probables multas arbitrarias del gobierno. Hay que procesar a los gobernantes, llamar a capítulo a Aznar, a Zapatero, a Rajoy y que cada cual peche con lo suyo.
La nación, dice Burke, es un pacto o compromiso entre los que han sido, los que son y los que serán. En nombre de los que serán, los que son y han sido deben rendir cuentas de sus actos y afrontar su responsabilidad.
(La imagen -no la leyenda, claro- es una foto de La Moncloa en el dominio público).

dimarts, 5 de juny del 2012

Este hombre, ¿sabe lo que hace?

No. Pasó los últimos cuatro años atacando sin descanso al gobierno anterior, sin dejarlo respirar, con razón o sin ella (principalmente, sin ella), negándose a todo acuerdo y colaboración, saboteando las medidas en favor de España, insultando a los gobernantes, difamándolos, mintiendo de forma sistemática, encubriendo las fechorías de sus allegados, incluso las judiciales. Y, claro, no le dio tiempo a estudiar la situación real del país cuyo gobierno exigía tan intemperante como despreciativamente, a leerse los papeles (los pergeñaba tan mal que ni su letra entendía), a asesorarse debidamente sobra las circunstancia económicas. Lo suyo era llegar al poder como fuera, sobre el cadáver de su adversario, para hacer las dos cosas que está haciendo: revertir todas las reformas progresistas de Zapatero, de ampliación de derechos, de apoyo a los más débiles, etc y hacer pagar la crisis a los que la sufren directamente, congraciándose con los que la provocaron y amnistiándoles sus fechorías.
Lo que sucede es que ese programa de la derecha más cerril y oscurantista podía aplicarse en el interior de este sufrido país, desvertebrado y descorazonado, pero no fuera, no frente a los demás países ni los socios europeos. Estos pueden ser tan derechas como Rajoy pero, en el fondo, les importa un rábano si el español prohíbe el aborto, privilegia a los curas, condecora a los militares colonialistas, mete la religión en toda la enseñanza, deja sin educación a la gente o la priva de la sanidad. Para ellos lo único que cuenta es si España es capaz de salir adelante en la compleja situación en que se encuentra y si podrá reponerse de la política de expolio y saqueo de los bienes y caudales públicos que el PP, el partido de Rajoy, lleva años practicando, unas veces "legalmente", a través de las privatizaciones a lo Aguirre y otras ilegalmente mediante recurso a los chorizos de la Gürtel. Es decir lo que los socios europeos quieren saber es hasta dónde domina la situación el jefe de la banda que, desde Madrid y Valencia (las dos Comunidades Autónomas ejemplares) ha hundido España y si será capaz de hacer frente a sus compromisos.
La respuesta vuelve a ser "no". El presidente del gobierno no controla a sus ministros que todos los días se contradicen unos a otros y a sí mismos un par de veces, se hacen zancadillas y jugarretas de mala follá, mientras el país sigue hundiéndose. La información de la que dispone y usa para sus extraños farfulleos internacionales a los que nadie presta ya atenciónes falsa, está sesgada y es incompleta. Todo el mundo sabe que las cifras que da no se conforman a la realidad y esta lo desmiente de inmediato. Es decir, el hombre no sabe lo que hace, no tiene ni idea de la situación y aun así pretende, dice, insuflar optimismo y que los socios europeos confíen en él cuando en él no confía ya ni él mismo.
Desde el momento en que las cuentas públicas del Reino y las privadas de los bancos están siendo auditadas por unos censores extranjeros impuestos por otros entes y países, España está intervenida. Lo llamarán como quieran y querrán que se hable de otra cosa (la derecha es habil en levantar cortinas de humo; que se lo pregunten a la siempre gárrula y hoy muda Aguirre), pero el hecho desnudo es que Rajoy solo gobierna de boquilla y para prohibir la actividad democrática y de transparencia del parlamento, mientras que las decisiones que importan a España se toman en otro lado, sin consultar con el presidente, cuya palabra, como todo el mundo reconoce, incluido él, no vale nada.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

La arbitrariedad del poder o de qué sirven las mayorías absolutas.

Se ha escrito copiosamente acerca de los reiterados incumplimientos, las muchas promesas rotas y las frecuentes mentiras del PP en general y Rajoy en particular antes, durante y después de las últimas elecciones generales que la derecha ha ganado no por muchos votos pero sí con muchos escaños. La mayoría absoluta holgada, lo que permite a aquellos gobernar sin tener el cuenta el Parlamento en el que disponen no de un simple rodillo sino de una apisonadora que imposibilita todo escrutinio parlamentario y, por ende, toda información de la opinión pública.
Pero se ha escrito mucho menos sobre la forma efectiva, concreta, en que se manifiesta ese gobierno al margen del Parlamento. Se ha advertido, sí, la inclinación del gobierno por la vía del decreto-ley, cuya convalidación tiene garantizada, la escasa actividad parlamentaria de Rajoy. Pero apenas se han señalado aquellos aspectos en que este talante autoritario se manifiesta y, sin embargo, son muy llamativos. Por ejemplo, la tendencia a decisiones que son legales (en la medida en que se amparan en normas recién dictadas ad hoc) pero resultan inmorales y contribuyen a difuminar los límites entre política y delincuencia. Por ejemplo, la amnistía fiscal a los grandes defraudadores. Se quiere justificar hablando de que traerá dinero a España, pero esa no es una justificación moral sino inmoral, aunque sea beneficiosa. También lo es el producto de los robos de las bandas organizadas.
En otra muestra de comportamiento inmoral, el PP rehabilita de hecho a Mario Conde, condenado a veinte años por el Tribunal Supremo. Nadie niega la capacidad de los seres humanos de cambiar, de enderezar sus caminos y, por tanto, no queda descartado que ese abrazo de Feijóo con Conde y ese agasajo que se le hizo en una reunión de prebostes del PP estará en relación con algún merecimiento a que se haya hecho acreedor el antiguo jefe de Banesto después de haber pagado su deuda con la sociedad. No es el caso. Conde no ha descollado por actividad alguna que lo haga acreedor de ningún homenaje, salvo que se consideren especialmente meritorias las apariciones en las tertulias de Intereconomía. No hay sino concluir que los abrazos del PP a Conde lo son al pasado delictivo de Conde con una referencia especial, que parece pensada por un genio del sarcasmo, a su capacidad para abrir nuevas vías y establecer ejemplos.
El poder con mayoría absoluta se permite no ya censurar las explicaciones e investigaciones en asuntos de interés público sino acallarlas e impedirlas sin más. El confuso asunto de Bankia está pidiendo una investigación a fondo, pero el gobierno se opone a ella haciendo saber por boca de sus voceros que investigar no servirá de nada y que, incluso, puede ser peor el remedio que la enfermedad. No quiere que se sepa lo que el PP ha hecho en las cajas.
Y así como se impiden las explicaciones, se bloquean las comparecencias parlamentarias. Rato no irá al Congreso; MAFO, tampoco y tampoco Dívar. De este modo es imposible conocer las causas de fenómenos que, sin embargo, tienen un fuerte impacto económico (los famosos -e inexistentes- 24.000 millones de euros) o moral (el desprestigio de la Justicia a raíz de las veintiuna noches del juez Dívar) y van indignando progresivamente a la ciudadanía. Cosa que, al parecer, da igual a a quien gobierna por ukase. Es bien cierto que el 95 por ciento de los españoles quiere que se investigue Bankia. Pero el gobierno gobierna para el cinco por ciento restante.
No siendo cuestión de dejar flancos abiertos al ataque, el gobierno de mayoría absoluta se asegura un presidente de RTVE dócil a sus intereses, imponiendo unilateralmente un nombre, lo cual es un paso atrás respecto al método de consenso que inauguraron los infelices de los socialistas. Es, por tanto, una inmoralidad. Y no es una ilegalidad porque el PP cambió la ley con anterioridad. Es decir, en el fondo, sí es una ilegalidad.
Tampoco piensa el gobierno estar sometido a una necesaria neutralidad a la hora de escribir los discursos al Rey. Así, el monarca ha ido a Brasil, al frente de una cuadrilla de empresarios, a recitar frente a Dilma Rouseff la defensa de la política económica del PP y a augurar que tendrá éxito prontamente.
La mayoría absoluta permite al gobierno gobernar no por o para sino contra el pueblo. La excusa es el estado de emergencia en que nos encontramos, propiciado en buena medida por él mismo antes en la oposición y ahora en el gobierno.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).




dilluns, 4 de juny del 2012

El secreto todo lo emponzoña.

Nos enteramos ahora gracias a El País de que el gobierno de Rodríguez Zapatero acordó en secreto que toda la información del ministerio de Asuntos Exteriores (hasta los estadillos de intendencia) sea secreta, tratada como materia reservada. Es algo insólito; el secreto del secreto. La decisión se tomó a raíz de las revelaciones de WikiLeaks. Al parecer cundió la histeria, lo cual es sorprendente. En aquel momento, con los medios soltando trapo sobre las vergüenzas del servicio exterior español, los gobernantes trataron las revelaciones con displicencia, asegurando que no contenían nada relevante. Pero luego, en el consejo de ministros, tomaron sus drásticas medidas: todo secreto. Ni se les ocurría que, cuanto más secretos haya, habrá más WikiLeaks.Y menos aun que la existencia de secretos de los gobernantes frente a los gobernados es fuente de arbitrariedad y tiranía.
El secreto es la pauta del gobierno actual. Lo vivido hasta la fecha sobre Bankia proviene del secreto y nada en el secreto. Tiene que haber un secreto para explicar que Rato se despida con una carta que muestra una Bankia a punto de comerse el mundo y veinticuatro horas después el mundo esté a punto de comerse Bankia. La misteriosa nacionalización de una entidad que ha pasado de necesitar 4.500 millones de € a precisar 23.000, ha enfrentado a Rato con Rajoy. Será la guerra de las Erres, detrás de la que quizá aceche una vieja rencilla de la lucha por el poder, el que Rato no consiguió y a Rajoy le cayó del cielo. La guerra, si llega a haberla, la ganará alguno de los dos pero será también de forma secreta.
El gobierno se opone a toda investigación sobre Bankia. No quiere comisiones de investigación y torpedea cuanto puede las comparecencias. Si tan enfadado está Rato con Rajoy, que se sume a la petición de la comisión de investigación. Pero esto es impensable; él tampoco quiere indagación alguna. Nadie entre quienes tienen o han tenido que ver con Caja Madrid y Bankia quiere investigar nada, esto es, el gobierno central y alguno autonómico. "No investigar" es la consigna y los populares la siguen a rajatabla, aunque carezcan de razones pues la esgrimida por Celia Villalobos de que investigar Bankia no arregla el problema no puede considerarse razón. Porque lo que es por números, lo llevan claro los del secreto: el 95 por ciento de la ciudadanía a favor de que se investigue lo sucedido con Bankia. Como es lógico. La ciudadanía demanda publicidad y transparencia, como cada cual en su casa.
En cambio, el poder nunca quiere que se investigue nada, especialmente si lo concierne, incluso en sus posibles desmanes. Las semanas caribeñas de Carlos Dívar y la forma, primero despreciativa y luego zalamera, en que este las ha tratado han puesto el asunto en clara perspectiva de comparecencia parlamentaria del presidente del Tribunal Supremo. Pero el ministro de Justicia la veta de antemano con las más peregrinas excusas. Los fastos de Dívar deben ser secretos porque, razona el ministro, las insituciones precisan respeto. ¿No son los comportamientos irregulares los verdaderos responsables de la falta de respeto de algunas instituciones? ¿Qué puede atacar más el Tribunal Supremo, que su presidente tenga comportamientos poco éticos o que alguien pretenda dejarlos en claro por si hubiera responsabilidad? La respuesta es obvia y Gallardón muestra su ideología, la de un reaccionario empedernido con un bajo concepto del espíritu crítico de la población que rige.
Esa tendencia al secreto, pozo sin fondo del autoritarismo, caracteriza el enfoque de la crisis propia del PP, un enfoque anterior al mundo ciberpolítico que funciona a base de generalizar y compartir la información. Y no deja de tener gracia que sea precisamente el gobierno más dado a valerse del decreto-ley, a considerarlo todo secreto y a coartar la información el que tenga entre manos un proyecto de Ley de Transparencia. La inconsistencia es un rasgo característico de los españoles.
Por lo demás, la foto de El País, del sexagésimo aniversario del reinado de Isabel II daría para una semana de comentarios. ¡Cuánto simbolismo! Por falta de tiempo comentaré solamente que el príncie Carlos está ya en posición de salida de la foto.

diumenge, 3 de juny del 2012

Soliloquio del vencedor.

Gane usted elecciones para esto. Pásese usted cuatro años a cara de perro, diciendo a todo que no con gesto avinagrado, insultando al adversario, pisoteándole las iniciativas, saboteándolo y hasta traicionando el país (con lo que eso duele en el corazón de todo patriota) para que luego no le dejen a usted hacer lo que quiera. Pero nada de nada. En principio, si fuera no hacer nada, no me es enteramente desconocido ni desagradable. Pero ¡qué va!; es hacer lo contrario de lo que prometiste. Y eso es muy desagradable porque la gente te lo echa en cara continuamente. Lo cual es absurdo: parece olvidarse que en las elecciones se dice cualquier cosa, aunque sea contraria a la anterior, si así se ganan votos. Luego, ¿qué más dará que se cumpla lo prometido o lo contrario? Las elecciones son un juego de azar. Podía haber salido yo o Rubalcaba. Y, antes, a punto estuvo la cosa de que el frente neoliberal, con Esperanza a la cabeza, me descabalgara de la candidatura. Es igual. El asunto es más duro de lo que parece: haces lo contrario de lo que dijiste por orden del (en este caso, de la) que manda en la Unión y, a continuación te dicen que no mereces crédito por hacer lo contrario de lo que prometiste. Entras pidiendo que el Banco Central Europeo (BCE) vaya en rescate de la banca española y Merkel te dice que no. Pasas a decir que, en realidad España no necesita rescate bancario y aparece Merkel en el telediario de la tarde diciendo que España debe acogerse al fondo de rescate. Así no se puede vivir. Yo tranquilizo lo que puedo a mis conciudadanos pero estos están percatándose de que tengo tanta idea de lo que sucede como ellos.Y así no vamos a ningún sitio. El principio de autoridad debe mantenerse. La policía está para algo. El orden público ante todo. Esa pasta gansa que se llevan los consejeros y directivos de cajas como premio por haberlas hundido tiene al personal encendido. ¡14 millones de euros quería levantarse un pájaro! Además no puedo perder el tiempo con cuestiones interiores cuando el exterior está plagado de bestias y monstruos dispuestos a acabar con España. Tiene razón mi paisano Rouco, hay que reevangelizar esta tierra. Pero ¿por qué me toca a mí? Hay lucha para rato. Hoy he leído un artículo en el que se afirma que usamos la crisis como pretexto para imponer nuestras convicciones religiosas, ultramontanas, ideológicas, machistas, misóginas, clasistas, Pues es posible pero cualquiera dice a los beatos en mi gobierno que hay que abrir un poco la mano en estas cosas de la religión. Se ponen frenéticos. Da apuro que un país lo gobierne el frenesí. Por eso es mejor que lo hagan los alemanes, que entienden más.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).