dimarts, 5 de juny del 2012

La arbitrariedad del poder o de qué sirven las mayorías absolutas.

Se ha escrito copiosamente acerca de los reiterados incumplimientos, las muchas promesas rotas y las frecuentes mentiras del PP en general y Rajoy en particular antes, durante y después de las últimas elecciones generales que la derecha ha ganado no por muchos votos pero sí con muchos escaños. La mayoría absoluta holgada, lo que permite a aquellos gobernar sin tener el cuenta el Parlamento en el que disponen no de un simple rodillo sino de una apisonadora que imposibilita todo escrutinio parlamentario y, por ende, toda información de la opinión pública.
Pero se ha escrito mucho menos sobre la forma efectiva, concreta, en que se manifiesta ese gobierno al margen del Parlamento. Se ha advertido, sí, la inclinación del gobierno por la vía del decreto-ley, cuya convalidación tiene garantizada, la escasa actividad parlamentaria de Rajoy. Pero apenas se han señalado aquellos aspectos en que este talante autoritario se manifiesta y, sin embargo, son muy llamativos. Por ejemplo, la tendencia a decisiones que son legales (en la medida en que se amparan en normas recién dictadas ad hoc) pero resultan inmorales y contribuyen a difuminar los límites entre política y delincuencia. Por ejemplo, la amnistía fiscal a los grandes defraudadores. Se quiere justificar hablando de que traerá dinero a España, pero esa no es una justificación moral sino inmoral, aunque sea beneficiosa. También lo es el producto de los robos de las bandas organizadas.
En otra muestra de comportamiento inmoral, el PP rehabilita de hecho a Mario Conde, condenado a veinte años por el Tribunal Supremo. Nadie niega la capacidad de los seres humanos de cambiar, de enderezar sus caminos y, por tanto, no queda descartado que ese abrazo de Feijóo con Conde y ese agasajo que se le hizo en una reunión de prebostes del PP estará en relación con algún merecimiento a que se haya hecho acreedor el antiguo jefe de Banesto después de haber pagado su deuda con la sociedad. No es el caso. Conde no ha descollado por actividad alguna que lo haga acreedor de ningún homenaje, salvo que se consideren especialmente meritorias las apariciones en las tertulias de Intereconomía. No hay sino concluir que los abrazos del PP a Conde lo son al pasado delictivo de Conde con una referencia especial, que parece pensada por un genio del sarcasmo, a su capacidad para abrir nuevas vías y establecer ejemplos.
El poder con mayoría absoluta se permite no ya censurar las explicaciones e investigaciones en asuntos de interés público sino acallarlas e impedirlas sin más. El confuso asunto de Bankia está pidiendo una investigación a fondo, pero el gobierno se opone a ella haciendo saber por boca de sus voceros que investigar no servirá de nada y que, incluso, puede ser peor el remedio que la enfermedad. No quiere que se sepa lo que el PP ha hecho en las cajas.
Y así como se impiden las explicaciones, se bloquean las comparecencias parlamentarias. Rato no irá al Congreso; MAFO, tampoco y tampoco Dívar. De este modo es imposible conocer las causas de fenómenos que, sin embargo, tienen un fuerte impacto económico (los famosos -e inexistentes- 24.000 millones de euros) o moral (el desprestigio de la Justicia a raíz de las veintiuna noches del juez Dívar) y van indignando progresivamente a la ciudadanía. Cosa que, al parecer, da igual a a quien gobierna por ukase. Es bien cierto que el 95 por ciento de los españoles quiere que se investigue Bankia. Pero el gobierno gobierna para el cinco por ciento restante.
No siendo cuestión de dejar flancos abiertos al ataque, el gobierno de mayoría absoluta se asegura un presidente de RTVE dócil a sus intereses, imponiendo unilateralmente un nombre, lo cual es un paso atrás respecto al método de consenso que inauguraron los infelices de los socialistas. Es, por tanto, una inmoralidad. Y no es una ilegalidad porque el PP cambió la ley con anterioridad. Es decir, en el fondo, sí es una ilegalidad.
Tampoco piensa el gobierno estar sometido a una necesaria neutralidad a la hora de escribir los discursos al Rey. Así, el monarca ha ido a Brasil, al frente de una cuadrilla de empresarios, a recitar frente a Dilma Rouseff la defensa de la política económica del PP y a augurar que tendrá éxito prontamente.
La mayoría absoluta permite al gobierno gobernar no por o para sino contra el pueblo. La excusa es el estado de emergencia en que nos encontramos, propiciado en buena medida por él mismo antes en la oposición y ahora en el gobierno.
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).