dimarts, 17 d’abril del 2012

Del diario real.

Viernes, 13.


Lo mío es mala pata. Menuda castaña me he dado. Rotura de cadera por tres sitios. He visto las estrellas. Claro, viernes y trece. Tenía que pasarme. Pero, ¡en Bostwana! Los españoles creen que es martes y trece pero porque no se enteran: es viernes y trece. Lo leí en el Código Da Vinci. Lo del trece es lo que no veo. Lo que no vi fue el escalón. ¿Quién lo pondría ahí? ¡Escalones en Botswana! La gente lo quiere todo. Pero bueno, adiós safari, con lo interesante que estaba. Sobre todo por Corinna, porque sus invitados/clientes son unos plastas que solo saben hablar de negocios. He hablado con D*, el jefe de mi real casa. Me han traído en un jet privado de uno de esos millonetis, que se han quedado allí pegando tiros. Y yo, al hospital. Verás tú la cara de la reina. Lo que más me fastidia es lo que dicen todos siempre: Juanca, no estás ya para esos trotes. ¡Sabrán ellos lo que es tener sangre en las venas! Corinna es la única que me entiende y a la que entiendo. Me han operado, he quedado muy bien y mañana o pasado, dice el doctor que podré caminar sin problemas y hasta dar carreras por el pasillo. No me niego, pero será con cuidado pues parece que no aprendo.


Sábado, 14.


¡Vaya! Tenía que ser el aniversario de la Rep., con el país lleno de banderas tricolores, y todos los vejetes contando sus batallitas. Al difundirse la noticia ha cundido la perplejidad. Eso, yo, lo huelo. Las cabezas pensantes no saben qué pensar y las bocas hablantes qué hablar. Creo que los supero. Y eso que llevo una racha. Lo de Urdangarin es como una carga de profundidad y ahora vengo yo a que me pongan una prótesis. Para cuando recuperen el habla e il pensiero he de tener preparada alguna historia. A ver qué cuenta D* y por dónde salimos. ¡Maldita transparencia! Quieren saberlo todo. Y mira que hay cosas importantes por el mundo. Se lo dije a Rajoy cuando le dio por hacer una ley de trasparencia: oye, ten cuidado. Pero el gallego estaba lanzado a dar ejemplo, decía. Está insoportable. Nerviosísimo. Tiene no sé qué problemas y quiere que le resuma todo mi viaje y qué hacía en Botswana. Y estoy seguro de que no sabe en dónde está. ¡Ah, mi Botswana, con el inmenso desierto del Kalahari! Ahí se expande mi corazón y no en las pejiguerías del protocolo en La Zarzuela. Ya no me duele nada la cadera. Pero me zumban los oídos de lo que estarán diciendo en las tertulias y en las teles. Ya me lo imagino: ¡el aniversario de la austera Rep. y el Rey zascandileando con los negros. La gente tiene mala uva; sobre todo los míos. Enseguida quieren que me vaya. Parece que soy molesto. Y dicen estarme agradecidos por los servicios que he prestado a la democracia. Pues vaya forma de manifestarlo. No quiero hablar mal de la Rep, es historia de España, pero si Franco dio al país 36 años de paz, yo he añadido 37, uno más ya. Y eso tendrá que contar. Franco y yo somos muy diferentes. El era frío y distante mientras que yo soy apasionado y próximo. Por eso me quiere la gente que, cuando me conoce, dice "¡es como tú y como yo!", que ya quisiera.


Domingo, 15


La tormenta está en su apogeo. Tengo al país entero discutiendo mi caso. Ruge la marabunta. A ver cómo salimos de esta. Han venido los Príncipes de Asturias con sus hijas. Están preciosas. Es una pareja feliz y Felipe, un gallardo mozo. He hecho solemne trasmisión de poderes protocolarios. Me representa en los asuntos de trámite: ejecutivos de multinacionales, príncipes árabes, ágapes con escritores para premios literarios. Me parece que toca el Cervantes. Le he dicho que la Patria espera de él este sacrificio. Se ha cuadrado con lágrimas en los ojos y está ya ejerciendo sus altas funciones. Lo hace muy bien, según me dicen y Letizia, de cine. Esta chica nació para princesa. Mala suerte con esta mar de fondo. Vaya artículo que se ha largado Zarzalejos. Estos periodistas son de la piel de Satanás. Sobre todo los nuestros, como siempre. Porque si sale Anguita diciendo que hay que echarme a patadas e instaurar la Rep., está dentro del guión. Pero la prensa adicta es más dura de pelar. No queda lealtad a la institución ni a sus símbolos, entre ellos, yo. Los dos partidos dinásticos están portándose. A regañadientes colaboran aplacando los ánimos, aunque se ve que no les gusta. Y eso que tampoco ellos son un prodigio de pureza, sobre todo el PP. Si lo sabré yo. O por lo menos, Urdangarin. Pero los otros están echando las muelas contra mi real persona. Los radicales igualitaristas, otra vez con la cantinela de lo anacrónico de la institución. Se les han sumado los ecologistas y los amantes de los animales a cuenta del elefante y yo, encima, presidiendo el WWF, la vida salvaje en el mundo. Ya he visto que algún cortesano justifica mi cargo en la ONG animalista y lo hace explicando que el hecho de cazarlos demuestra mi amor por los animales. Tengo que preguntar cómo se llama y lo hago marqués de Trolandia. Menos mal que la reina no vuelve hasta mañana, lunes. Hay que prepararse anímicamente para ese encuentro de "ya te lo dije yo" y "esto tiene que cambiar". Me ha llamado Putin, haciéndose el gracioso. La gracia de este es como la del témpano o la salamandra. Dice que siempre me irá mejor con los osos. También ha llamado Berlusconi, otro gracioso bastante plebeyo pero podrido de millones. Estos del gobierno están al borde del infarto. Son unos principiantes. Me parece que se han metido en un lío con Cristina Fernández, la de la Argentina y, aunque no me entero mucho porque bastante tengo con lo mío, he oído por ahí hablar de Las Malvinas. Lo que no sé es cómo pretenderán estos llegar hasta allí. También ha venido Helena, que tiene a Froilán en otro hospital herido de un tiro en un pie. Parece que el niño va mucho mejor. Me alegro. Cuando vea a Marichalar le preguntaré, pero está el personal muy nervioso con nuestra afición a las armas de fuego.


Lunes, 16.


El cielo ruge sobre nuestras cabezas; especialmente la mía. Aquí todo el mundo opina sobre mi vida privada, si tengo derecho a tenerla y perderme por ahí o no; si he de informar de todos mis pasos al presidente del gobierno o no. Es una pasada. Siempre hay alguien que sabe en dónde estoy. ¿Por qué tiene que saberlo todo el mundo? Un rey es un rey y no la estatua de la Cibeles. Les cuesta entenderlo. Los de mi casa en La Zarzuela andan a la gresca con los de La Moncloa sobre lo que sabían o no sabían. Esto es un quilombo. El presidente del gobierno está como noqueado. Acarrea sobre los hombros una prima de riesgo que lo abruma y no sabe a dónde ir para librarse del peso muerto de la dama. Tiene la bolsa por los suelos y todos expectantes a ver qué más va a hacer para propiciar a los mercados. Y luego llego yo y le echo encima un elefante con lo que el hombre apenas respira. El líder de la oposición ha dicho que vendrá a cantarme las cuarenta pero en privado. Se le agradece. Es un caballero. Pero después están todos los demás armando bulla, incluso en los partidos dinásticos. Todos quieren saberlo todo: que a qué fui, por qué, a qué costo, quién sufragó el viaje y la estancia, quiénes eran las otras escopetas, en dónde me alojé, cómo, en dónde estaba el fatídico escalón. Algunos ya han localizado Botswana (que se escribe Bostuana) y han visto el Kalahari del Rey León que, en fin... Parece que la Argentina ha resultado arisca, estilo Evita y estos del gobierno no saben qué hacer. Rajoy ha salido corriendo y ha dejado al de Exteriores y al de Industria a hacer frente a la tormenta. Otra vez tenemos a la Patria en danza y yo, que puedo andar con muletas, en realidad postrado. De eso se aprovecha Cristina, de que hay un vacío de poder aquí, como se aprovechó Hassán II con el vacío de la muerte del Caudillo. Las portadas de la prensa adicta baten tambores de guerra, están bien. En efecto, vamos a nuestras Malvinas antes que seguir dando vueltas al elefante. Pero la de El País trae un petardo en la sotabarba que a ver para dónde apunta. Ese asociado de Urdangarin, Torres. Ya le dije a Iñaki que mirara con quién andaba. Me lo decía mi padre: lo básico en la vida son las compañías. Lo tengo clarísimo. Por fin vino la reina que llegaba de Atenas que a estas alturas debe de ser un lugar tremendo y venía muy descansada. Estuvo muy correcta, se interesó por mi percance, me deseó pronta recuperación y se marchó a sus asuntos, dejándome pensando en los míos, que son los de la Patria.

dilluns, 16 d’abril del 2012

Es más de lo que parece.

El octogésimo primer aniversario de la proclamación de la IIª República iba a pasar sin pena ni gloria. Alguna tímida bandera, varios actos conmemorativos, culturales, de la memoria histórica y, desde luego, el hervidero de la red. Pero poco más. La República tiene muchos menos partidarios de lo que se cree, sobre todo desde que parte de la izquierda ha dado en la flor de sostener que esta, la izquierda, es compatible con la monarquía, sin duda en aplicación de la doctrina de la accidentalidad de las formas de gobierno, de gran prosapia en el país.

El destino, sin embargo, juega al sarcasmo y un aniversario taciturno y apagado se ha convertido en una efeméride rutilante, no solo por los muchos méritos de lo que se conmemora, sino por la naturaleza ramplona, chabacana, ruin y ridícula de la realidad que sirve de comparación. La expedición cinegética de este hemingwayano monarca en un momento especialmente grave para el país sobre el que reina ha provocado una crisis, una verdadera convulsión en la que se recuerda que el prestigio de la Corona está bajo mínimos y la monarquía como institución se la juega. La sola mención del caso ha puesto a prueba la lealtad de los dos partidos mayoritarios que, con alguna voz discordante en el PSOE, han obtenido la máxima calificación: los asuntos de la Corona no se comentan. No comment, tradición anglosajona. En algún momento el PSOE fue un partido republicano, pero ya no lo es. ¿Cabe, pues, hablar de dos partidos dinásticos como en la primera Restauración? Cabe. Un rasgo más del peligro que encierra para la izquierda el identificarse en demasía con un régimen contra el cual se había constituido.

Pero hay más. La aventura del rey no es solamente cinegética, pues tiene ribetes específicamente borbónicos. Según parece, la familia real será real pero no es familia. De inmediato vienen los dinásticos a recordarnos que estas son cuestiones privadas del monarca que tiene tanto derecho a la intimidad como bla, bla, bla. En este momento el dinástico ha descendido un escalón para convertirse en cortesano adulador. Por supuesto, Juan Carlos de Borbón puede hacer lo que le dé la gana, pegársela a su señora, vivir en concubinato y hasta mantener un serrallo (siempre que sea de su bolsillo), pues es un hombre libre y, mientras esté dentro de la ley, los demás no tenemos nada que decir. Pero Juan Carlos de Borbón es también rey de España, voluntariamente, por cierto, y vive de dar ejemplo en un conjunto de valores que incluyen la Patria, el trono, la religión, la bandera, la familia. Si el rey va contra alguno de estos valores, ¿por qué no contra todos? De hecho, el coronel Martínez Inglés sostiene que es felón y traidor a la Patria.

Pero, sobre todo, sea uno o sean todos los valores atacados, ¿qué crédito puede darse, qué respeto tributar a quien hace lo contrario de lo que dice? Y esto no afecta solamente al rey sino también a la reina Sofía. Veamos, ¿estoy equivocado o la reina profesó el catolicismo abjurando (supongo) de la iglesia ortodoxa? ¿No suele estar en los oficios religiosos de la liturgia católica? Si es así, ¿qué pinta en Atenas asistiendo a la pascua ortodoxa? Personalmente me es indiferente pero ¿no son excluyentes las creencias religiosas? La reina Sofía es muy libre de poner su fe en donde quiera, pero conviene saberlo para que sus súbditos españoles, mayoritariamente católicos, conozcan con quién comparten el culto.

Se respira en esta historia mezcla de borbonismo tradicional, conflictos de matrimonios, asuntos judiciales, un aire no ya de decadencia, sino casi apache, de ruedo ibérico con alta tecnología. Y se echa de menos algún bravo clérigo capaz de amonestar públicamente al monarca sobre los peligros de la depravación, de ir contra la ley d Dios en asuntos matrimoniales. Se echa de menos un Thomas Beckett, incluso un Tomás Moro. A cambio contamos con un Rouco Varela, que hará la vista gorda siempre que le den unos terrenitos para la iglesia.

Dicen los partidos dinásticos que las últimas peripecias de la Corona no tienen influencia alguna sobre la institución y que la monarquía no está en cuestión. "No toca" hablar de Monarquía/República. Como dicen los políticos, no es un debate que esté en la calle. Sobre todo si ellos lo acallan en los despachos. Pero está en la calle. De esta es prácticamente imposible que la Corona salga incólume, sobre todo ahora que ya se conoce el nombre y el rostro de la noble, elegante y razonablemente joven señora que organiza las cacerías del rey. De exacerbarse el asunto, los partidos dinásticos quizá propugnen una abdicación del rey en su hijo que parece un Borbón menos zascandil, con un toque plebeyo y romántico, al estilo de su tatarabuelo, Alfonso XII.

Los republicanos seguiremos pidiendo un referéndum sobre la forma de gobierno de España. Tenemos muy pocas posibilidades de lograrlo. Pero eso pasa con todos los ideales y la República lo es.

diumenge, 15 d’abril del 2012

La tierra tiembla

El sondeo de Metroscopia que publica hoy El País está provocando reacciones espontáneas, temperamentales, muy propias de la raza y que merece la pena comentar. Por supuesto, sin echar en olvido que Metroscopia fue la empresa que más patinó en los pronósticos del pasado 25-M, a favor del PP y en contra del PSOE. Esto no quiere decir que su yerro fuera políticamente intencionado, pero sí puede ser un factor que explique este otro sondeo, tan cargado de lecciones: armar mucho lío para dejar en segundo plano el triste fiasco anterior. Porque si este sondeo apunta realmente una tendencia, se avecinan cambios importantes en el sistema español de partidos; cambios de los que ya se hacen heraldos algunos políticos con más ilusiones que experiencia.

Empezando el análisis de menor a mayor, el 5,9% de voto para UPyD, si bien no es su máximo (que estaba en 6,3% en febrero), sí muestra una consolidación de expectativas para una opción que es poco más que el plan personal de supervivencia política de Rosa Díez, decidida a consagrarse como política bisagra profesional, entre los intersticios de un sistema en el que, según en qué lugares, caben apaños, enjuagues, triquiñuelas que den posibilidades a un partido sin más carga programática que colocar gente. La diferencia de trato entre Asturias (en donde UPyD es decisiva) y Andalucía (en donde no pinta nada) me ahorra posterior comentario.

El sondeo de Metroscopia prevé subida consistente de IU, que escala al 11,6% del voto, la mitad de lo que se anuncia para el PSOE. Solo este dato ha puesto a todos los aedas del partido comunista y los habituales aliados a entonar elel gori gori de la venerable socialdemocracia, vieja y nada respetable cantinela comunista que arranca de cuando esta tendencia se formó allá en los años veinte del siglo XX, dando por difunto el socialismo democrático. El joven diputado de IU y miembro de las Juventudes Comunistas de España, Alberto Garzón, da diez años de vida a la socialdemocracia española. Ahí es nada para alguien que prácticamente acaba de aparecer en la escena política española. Dentro de diez años, veremos cómo está el PSOE, IU y el propio Garzón. Mi vaticinio es que, en diez años más la socialdemocracia será una opción consistente de gobierno, IU habrá desaparecido y ya veremos en dónde está el segundo Garzón. No me baso en los datos de hoy de Metroscopia sino en la experiencia de casi 100 años de historia en la que los partidos comunistas aprovechan siempre la mínima para enterrar a su gran adversaria, la socialdemocracia, y la socialdemocracia resucita siempre, gana elecciones, forma gobiernos en todas partes, mientras que los comunistas jamás han ganado elecciones democráticas en ningún lugar del mundo de los miles que se han celebrado en los últimos cien años (excepción hecha de algún caso poco relevante, como el Nepal y algún otro) y en muchos países nada desdeñables (EEUU, Inglaterra, Australia, Canadá, etc) carece de toda relevancia y no existe como opción política no estrictamente desdeñable. Una situación de marasmo absoluto que parece poco sólida para ponerse a entonar la desaparición de la socialdemocracia.

Lo anterior no quiere decir que el PSOE pueda tomarse a la ligera el sondeo de Metroscopia. Al contrario: vaticina momentos malos por venir y es una especie de diagnóstico que la socialdemocracia debe estudiar sin prejuicios, sin sesgos personalistas, sin dobleces ni pago a intereses creados. Dicho en otros términos: si con un descenso de ocho puntos porcentuales en la intención de voto del PP, el PSOE no solo no aumenta la suya sino que sigue bajando, la conclusión obvia es que su oposición a la derecha está mal planteada. En mi opinión está peor que mal planteada: no existe. El PSOE se hundió el 20-N y no ha salido del agujero. El resultado de las elecciones andaluzas no sirve para rescatar el partido nacional porque es específicamente andaluz y resultado del empeño de Griñán de separarlo de la suerte del PSOE nacional. No ha sido capaz de salir del agujero a pesar de que no tiene otro remedio que hacerlo, porque su dirección nacional no da la medida para ello. Rubalcaba formaba parte del gobierno que perdió las elecciones municipales y autonómicas de 22 de mayo de 2011 y, a su vez, perdió personal y clamorosamente las del 20-N del mismo año, sin poder apuntarse el triunfo andaluz que no es suyo. Ganó, sí, las primarias a la secretaría general del PSOE frente a Carme Chacón, pero esas elecciones carecen de relevancia en el ámbito no estrictamente partidario y, por lo general, más se ganan complotando e intrigando en las covachuelas que en limpio debate ideológico. No quiero decir con esto que el triunfo de Rubalcaba frente a Chacón fuera inmerecido. Probablemente Chacón fuera peor que el exministro del Interior. Lo que quiero decir es que no cabe confundir una victoria interna con un vaticinio de éxito en el exterior.

Al contrario, los datos, aunque sean los de Metroscopia, cantan: este PSOE no es enemigo para el PP, carece de crédito, de empuje, de ideas, de resolución, está en un momento especialmente bajo y el empeño de la dirección en mantener ¡durante cuatro años! una oferta ideológica inexistente y personal sumamente adocenada solo permite barruntar una derrota aun más desastrosa en 2016. ¿No ha llegado el momento de que, reconociendo la situación, el mando del socialismo abra un proceso de reflexión, fomente un giro político programático de envergadura, no se empecine en conservar sus cargos y permita un relevo en la dirección del partido?

Nos guste o no nos guste (y no nos gusta porque siempre estamos hablando de cosas que consideramos de mayor trascendencia, de teorías y doctrinas) el gran problema de la izquierda, de toda la izquierda, desde el PSOE hasta el grupúsculo más vociferante, es su desmesurado personalismo que frecuentemente raya en el narcisismo. Todos quieren ser jefes, imponer sus ideas y que los demás se plieguen a ellas, aunque lo hagan tañendo dulces sones sobre el "pluralismo", el diálogo, etc. En el caso de la actual dirección del PSOE solo el personalismo, incluso el culto a la personalidad, explica el empeño en supeditar el destino del socialismo democrático a la ambición de su secretario general de postularse para un cargo, el de presidente del gobierno, para el que el electorado no lo considera idóneo. La larga y meritoria carrera política de Rubalcaba como segundo de Felipe y Zapatero, puede acabar en un desastre lamentable si no tiene (o su interesada corte de apoyos no le deja tener) la inteligencia de darse cuenta de que será el hombre equivocado para el momento menos apropiado.

Por último, el resultado del PP muestra que la gente, los españoles, acabamos reaccionando racionalmente. Lo hacemos tarde y a regañadientes, pero lo hacemos. ¿Cómo podía mantener su desmesurada intención de voto un partido como el PP, literalmente minado por la corrupción, instalado en el boicot institucional y la demagogia, heredero evidente del franquismo, sin programa ni capacidad intelectual para articular uno, con un liderazgo titubeante y ofuscado por el único objetivo de situar en La Moncloa a alguien claramente incompetente para el cargo? Solo porque la aternativa, la continuación del PSOE todavía era peor. Pasado este peligro, el electorado enjuicia fríamente la situación y el PP pierde ocho puntos, Rajoy suspende en popularidad y la cantidad de gente que no lo considera apto para el cargo es pavorosamente alta. La calificación de sus ministros, a tono con la idea general sobre el gobierno: cuanto más hablan (Gallardón, Wert, Mato) , más rechazo suscitan. Y no es preciso ser especialmente agudo para darse cuenta de que ese rechazo descansa en la clara conciencia de que estas personas están tan pagadas de sí mismas, son tan soberbias e ignaras, que no se percatan de la diferencia abismal entre sus escalas de valores y las de la sociedad en que viven. Son sobre todo sus rancias convicciones religiosas las que no les dejan entender la realidad y las llevan a posiciones tan ridículas como hoscas.

El batacazo del gobierno a sus cien días revela la conciencia general de que se valió de los peores ardides y los más sucios trucos para alcanzar el poder, pero que carecía de un programa alternativo que no fuera defender a ultranza los intereses de sus allegados, empresarios, curas, banqueros, incluso los delictivos. La reforma laboral que viene a reintroducir una forma de esclavitud salarial, el aumento de los impuestos, los salvajes recortes a los sectores más perjudicados de la sociedad, la amnistía fiscal a los ladrones ricos, la tolerancia ante la corrupción y el fraude, en especial el que, en el fondo, perpetra la iglesia católica bajo la forma de privilegios legales son tan escandalosos, tan insultantes, revelan tanto desprecio por la gente, los electores, los ciudadanos que el personal reacciona en consecuencia mostrando su repulsión. Y lo hace de modo muy civilizado, mucho más de lo que prueban ser los políticos del PP. De los que hablan, porque la actitud de acobardamiento y ocultación que muestra Rajoy, quien no comparece jamás ante la opinión pública sino ante auditorios cautivos (periodistas que no pueden preguntar, miembros aplaudientes de su partido) ya suscita la rechifla de la colectividad.

El rechazo que provoca la actitud despótica, clientelar e injusta del gobierno se convierte en desprecio cuando se lo enjuicia sobre el trasfondo de la crisis europea. La huera retórica de Rajoy de la "gran nación" choca de bruces con la posición servil que el país tiene en la Unión, postrado ante Alemania o Francia a quien ni se atreve a llamar la atención cuando Sarkozy se permite desprecios napoleónicos con el petit espagnol. La postración española trae a la memoria colectiva la imagen tradicional del país: mucha alharaca exterior, mucha altanería, mucha bravuconada y miseria y hambre en el interior. Los datos de Metroscopia revelan que la gente ve con lucidez el verdadero estado del país de la mano de la derecha nacionalcatólica: sin margen, sin autonomía, sin saber si podrá seguir llamándos "país" a partir de mañana, lunes.

Nadie puede felicitarse del cuadro que dibuja el sondeo comentado. Revela un fracaso general de los políticos españoles sin excepción (si habláramos de los nacionalistas catalanes y vascos lloraríamos) y debiera ser una llamada de atención para que los estamentos pensantes españoles aportaran soluciones que no estuvieran vinculadas a los intereses a corto plazo de personajes que no tienen nada que proponer salvo perpetuarse en los cargos: Rajoy, Cospedal, Rubalcaba, Cayo Lara o Rosa Díez. Los políticos que no solo no son solución sino que son el problema.

La izquierda en Andalucía.

Las cosas en Andalucía están meridianamente claras, pero no sé si bien entendidas. En principio, con un 50,86% del voto, frente al 40,66% del PP y con 59 diputados frente a los 50 del PP, la izquierda está llamada a gobernar. Parece quedar descartada la posibilidad extremeña, exclusión que presionará más en favor de una salida razonable a la insólita situación de Extremadura en donde, pudiendo gobernar la izquierda, gobierna la derecha por decisión de tres diputados de IU.

Desechada la opción extremeña, el gobierno de la izquierda en Andalucía puede tomar al menos dos formas: gobierno en minoría del PSOE con apoyo asegurado (pacto de legislatura) de IU o gobierno de coalición PSOE-IU. Cuál de ellas se dé dependerá del resultado de las negociaciones entre las dos fuerzas de izquierda. En el PSOE son claramente partidarios del gobierno de coalición. Pero IU parece estar dividida. Hay un sector más duro, capitaneado por Sánchez Gordillo, enemigo de toda alianza con el PSOE. Ni el pacto de legislatura. El alcalde de Marinaleda admite votar la investidura de Griñán pero nada más; así el gobierno del investido estará completamente en sus manos. Gordillo amenaza, además, con una escisión de los suyos si IU pacta algo con el PSOE. Suena aquí la vieja animadversión comunista hacia los socialdemócratas, aunque el mismo Gordillo no sea miembro del PCE sino dirigente del Colectivo Unión de Trabajadores (CUT) y del Sindicato de Obreros del Campo (SOC). Al contrario, el Partido Comunista, que es la fuerza hegemónica en IU, se inclina por la coalición de gobierno.

Decida lo que decida IU es conveniente que abandone su discurso doctrinario y se atenga a los hechos. Esa pretensión de que la política de la Junta gire a la izquierda será más o menos razonable, creíble y hasta comprensible (no hay acuerdo claro respecto a qué sea la izquierda en muchos asuntos) pero lo que tiene que hacer es atenerse a los hechos. Y los hechos son que, con su 11,34% del voto frente al 39,52% de los socialistas no es justificable que IU pretenda ser hegemónica en la política de la izquierda en Andalucía y mucho menos en la política de Andalucía en su conjunto puesto que si representa más o menos a un tercio del electorado socialista, supone una décima parte del electorado general andaluz. Que la décima parte de un ente compuesto quiera determinar cómo actúa el conjunto es algo absurdo y sólo puede conseguirse mediante alguna forma de chantaje ("o se gobierna así o no se gobierna").

Para evitar esta imagen, poco edificante desde un punto de vista democrático, los dirigentes de IU han convocado un referéndum entre su base para ver si esta aprueba o no la colaboración con el PSOE. Es lo que hicieron los tres diputados extremeños para legitimar su absurda decisión de dar paso a un gobierno del PP en la región. En Andalucía se prevé lo mismo, pero la dirección convocante del referéndum es partidaria de la colaboración, de forma que el resultado referendario, salvo cataclismo, está cantado: colaboración, gobierno de coalición.

Ahora bien, el problema no es el resultado del referéndum, sino el referéndum en sí mismo. Tanto en Extremadura como en Andalucía se defiende que se trata de una práctica democrática. Pero no es cierto. Defender que la decisión la tome la militancia del partido no solo no es democrático sino que es claramente oligárquico. No son los militantes de la organización quienes han sacado tres diputados en Extremadura y doce en Andalucía sino los electores. Desde luego, consultar a los electores no es factible ya que la condición de elector (al no haber registro previo de votantes, sino un mero padrón) no es objetivamente verificable. Pero que la práctica no sea posible no quiere decir que el referéndum entre la militancia sea democrático. Las relaciones orgánicas internas de los partidos y coaliciones están trufadas de vínculos clientelares e intereses creados.

dissabte, 14 d’abril del 2012

La monarquía depredadora

Si no llega a ser porque Juan Carlos de Borbón, famoso por su tendencia a abrir las puertas con las narices y a quedarse con el manubrio en la mano al mejor estilo del inspector Clouseau, dio un traspiés de madrugada y se rompió la cadera, nadie se habría enterado de que el muy pillín había agarrado las de Villadiego el finde a cazar unos elefantes en Bostwana. La empresa privada que organiza estas carísimas y crueles cacerías para que unos cuantos individuos adinerados puedan sentirse lo que probablemente no sean, esto es, hombres, había colgado en su web (para retirarla de inmediato) la repugnante foto de la izquierda en la que el personaje que reina en España posa tan satisfecho ante el despojo de un bello animal que él ha asesinado. La foto es infame, un monumento a la imbecilidad del ser humano, capaz de enorgullecerse de destruir la biosfera que lo sostiene, y conviene darle la mayor difusión en la red, para que todo el mundo vea de qué estofa está hecho el monarca español.

Hay dos aspectos en este indignante asunto que merece la pena destacar: el primero es el secreto de las actividades finisemanales del Monarca. Se dirá, supongo, que el Rey es también persona privada y, como tal, tiene derecho a no decir cómo, dónde y cuándo va a donde quiere como persona privada. Pero eso es mentira. El Rey no tiene nada privado entre otras cosas porque es Rey por el hecho más privado de todos, que es el nacimiento. Así que quienes pretextan la tal privacidad del Rey, yerran o mienten como bellacos. Y la prueba a contrario es ver con qué sigilo se preparan estas fechorías en la Casa Real. Si en verdad fueran privadas y no plantearan problemas al hacerse públicas, ¿por qué tendrían que ser tan reservadas y secretas? Obviamente porque todo el mundo sabe que están mal. Que Juan Carlos, siempre con un ojo en la opinión pública, no se dé cuenta de esto revela hasta qué punto es duro de mollera para las cosas que, en el fondo, le gustan.

El segundo aspecto hace referencia a la cacería en sí. Probablemente será legal. Estaría bueno que, además de escaparse en secreto, el Rey se dedicara a cometer delitos. Sin duda es legal. Pero ¿es moral? Dejemos aparte el hecho de que cada elefante abatido cueste, en total, unos 40.000 € (esto es, unas sesenta veces el salario mínimo), cosa que es infumable en tiempos de escasez. Recuérdese, además, que en la mayor parte del mundo, en la que reina la miseria, la necesidad y el hambre, con 40.000 euros hago yo legal el canibalismo de niños y, con 100.000, el empalamiento de disidentes. Son lugares en lo que la legalidad se compra con dinero contante y sonante (también entre nosotros, no se crea, pero lleva algo más de tiempo y esfuerzo y se disimula un tantico) y, por lo tanto, el argumento legal carece de todo valor.

Será legal; pero es profundamente inmoral. Se objeta que los elefantes están en peligro de extinción pero tampoco lo veo un argumento definitivo porque parece querer decir que, si no lo estuvieran, cazarlos por diversión sería correcto y tampoco es cierto. Estén estos u otros animales en extinción o no, cazarlos por diversión, por entretenimiento, por pasar el rato es inmoral, estúpido, cruel e inhumano. Ciertamente todo esto no es privativo de la monarquía. Hace poco supimos que un exministro socialista, Bermejo, y el gran juez Garzón, a quien Palinuro tiene en altísimo aprecio comparten con el Rey esta repugnante afición, aunque en menor escala. Pero el hecho es que el pastel del Rey se ha descubierto, ironías del destino, un 14 de abril.

Aprovechando la feliz coincidencia, ¿no podría Juan Carlos abdicar y convocar de una vez el referéndum que se nos debe desde hace 37 años para averiguar si los españoles queremos la Monarquía restaurada por Franco o nuestra República que este genocida nos arrebató por la fuerza y el terror para volver a sentar en el trono a este matador de osos en Rusia y elefantes en Bostwana?

Por supuesto

Gracias, Pilar.

Propaganda de guerra.

Dos de los varios periódicos de derecha de la capital, a veces más progubernamentales que el propio gobierno, deleitan hoy al público con las portadas que pueden admirarse a la izquierda. Las dos podrían ser material para un seminario o clase práctica de comunicación política, en concreto de semiótica de la imagen o de iconografía política. Su análisis formal y de contenido da mucho juego.

Desde el punto de vista técnico las dos son malísimas. Están mal encuadradas, mal compuestas y el montaje es rudimentario. Los portadistas no utilizan photoshop o lo hacen muy mal. O quizá la mala factura del conjunto sea un efecto querido. La propaganda de guerra probablemente sea más eficaz cuanto más primitiva. Quién sabe.

Porque lo interesante de ambas imagen es su contenido, su mensaje, encuadrable en el concepto de propaganda de guerra. De guerra de muy baja intensidad, pero guerra. Los dos colores predominantes son el rojo y el negro, los dos elementos de la guerra, el fuego y la muerte. En la portada de La Razón, un adusto y conminativo Margallo levanta un índice admonitorio tribunicio, consular, cesáreo incluso. En la del ABC, una taimada Kirchner vela su gesto tras un abanico, calibrando la brava entrada de Saéz de Santamaría, mezcla de Juana de Arco y Príncipe Valiente, ligeramente sobredimensionada en un favorecedor primer plano.

El mensaje es evidente: he aquí un conflicto que el gobierno está dispuesto a resolver por las buenas o por las malas. Pero si de guerra se trata, cosa imposible ya que ninguno de los dos países tiene capacidad militar para hacerla ni la comunidad internacional se lo permitiría, si de guerra se trata, digo, los personajes de las portadas están mal escogidos, aunque solo sea por razones de protocolo. Del lado de la Argentina aparece la presidenta de la República, mientras que del lado de España aparecen la vicepresidenta del gobierno y el ministro de Exteriores, cuando debiera hacerlo Rajoy. En la casa de ABC, Kirchner podría decir a Sáez de Santamaría que ella no habla con segundonas y en el del malencarado ministro algo parecido. Las portadas, pues, se desinflan en su exaltado patriotismo bien por un error de protocolo bien porque respondan a la inveterada costumbre de Rajoy de escurrir el bulto allí donde hay jaleo y mandar a dar la cara, si acaso, a sus colaboradores o pretorian@s.

En cuanto empiezan a batir los tambores del patriotismo (no sé si lo he soñado o en algún lugar he leído que el primerizo Margallo ha dicho algo sobre Gibraltar) me asalta el recuerdo del Dr. Johnson, al decir de Boswell: el patriotismo es el último refugio de un canalla, y también el de Ambrose Bierce en su Diccionario del diablo, cuando comenta el apotegma de Johnson y lo corrige diciendo que, en realidad el patriotismo es el primer refugio de un canalla. A lo que vamos: propaganda de guerra en ambos casos en defensa de los intereses de una compañía multinacional que se supone española. Y propaganda bastante mala. Pero esto es indiferente porque lo importante de estas portadas no es lo que dicen o reflejan, sino lo que callan u ocultan. Por eso, para que no se oiga lo callado ni se vea lo oculto, cuanto más feas, chillonas y llamativas sean las portadas, mejor.

¿Y qué es lo callado y oculto? Obviamente la noticia de que los mercados volvían a la carga contra España, a pesar de la obsequiosidad del gobierno y de la batería de reformas, recortes, ajustes, etc. La noticia era que la prima de riesgo volvía a escalar a los 424 puntos básicos, que la bolsa se daba el mayor batacazo del año y que el Ibex perdía un 3,58 por ciento, bajando al nivel de 7.250,60. Esa era la noticia que había que ocultar como fuera, por lo cual va muy bien algún pretexto para batir tambores de guerra. ¡Y contra la Argentina! ¡Recordad las Malvinas! Remember the Falklands!. Efectivamente, se hace ver que Kirchner utiliza el conflicto para escamotear otros problemas nacionales cuando esa es precisamente la intención del gobierno español: ponerse a dar gritos patrióticos a través de sus medios para ocultar el desastre de su gestión en la estabilidad de la deuda, la desactivación de los mercados, la recuperación de la confianza. No hay tal y ahora el gobierno afronta otro fin de semana de nervios desatados, a ver cómo abren los mercados el lunes. Es de esperar que en estas tensas 48 horas, Rajoy no vuelva a perder los nervios y anuncie el domingo por la tarde algún otro recorte propiciatorio, como el pueblerino que lleva un jamón al abogado.

¡Gran verdad lo de que nadie es profeta en su tierra! Y en el caso de Rajoy, tampoco en la ajena.

divendres, 13 d’abril del 2012

Cospedal y Humpty Dumpty.

Los discursos de Cospedal son de ordinario verdaderos monumentos al disparate, falsedades y absurdos tan groseros que uno se pregunta si cree estar hablando para seres racionales o para alucinados como ella misma. Tanto que le viene al dedo la famosa conclusión de Humpty Dumpty en su diálogo con Alicia en el País de las Maravillas. Aunque todo el mundo lo conozca de memoria lo traigo aquí para refrescarla, porque siempre es un gozo leerlo y porque pretendo utilizarlo como medida para calibrar las dos últimas intervenciones públicas de Cospedal. Dice así:


“Cuando empleo una palabra", dijo Humpty Dumpty en un tono bastante desdeñoso, "significa exactamente lo que yo digo que significa; ni más ni menos.

"La cuestión es", dijo Alicia, "si usted puede hacer que las palabras signifiquen cosas tan distintas."

“La cuestión es", dijo Humpty Dumpty, "quién manda; eso es todo".


La cuestión es quién manda. En efecto: eso es todo. Y aquí, de momento, mandan Cospedal y los cospedalianos. Por lo tanto, las cosas significan lo que a ellos les da la gana y ni siquiera tienen que mantener una relación discernible con la realidad. La cuestión es quién manda.

Dice Cospedal: "El PSOE está deseando que España sea intervenida". ¿Pruebas? Ni una. ¿Indicios, citas, declaraciones, escritos, algo? Nada. Cero. Tampoco las tenía cuando acusaba al PSOE de haber montado un Estado policial en España. Para Cospedal no es preciso demostrar las acusaciones. La cuestión es quién manda. Es más, la acusación concreta es un ejemplo de la famosa proyección de la derecha. Era ella quien quería que España fuera intervenida cuando gobernaba Zapatero e hizo lo posible por conseguirlo: Aznar torpedeaba los esfuerzos españoles en el exterior mientras Rajoy y otros equiparaban la nación (la "gran nación") con Grecia. La cuestión es quién manda.

Señala, fieramente orgullosa, Cospedal "que nadie venga a decirnos dónde tenemos que ajustar". Claro que no: vamos nosotros a Bruselas a que nos lo digan y vienen ellos después aquí (aquí están ahora mismo) a juzgar qué tal cumplimos las órdenes y darnos unas palmaditas o unos capones. El orgullo patrio es pura farfolla de colonizado complaciente. Pero... la cuestión es quién manda.

Remacha Cospedal con la firmeza de un martillo pilón que "el peligro de intervención no existe". A ver ¿qué creen ustedes que significa "peligro"? ¿Riesgo? Falso: significa "papagayo". Porque si, como admite la propia Cospedal, están tomándose medidas "excepcionales" en una situación "excepcional" y no es porque hay peligro de intervención, solo puede ser porque los papagayos son coloridos. La cuestión es quién manda.

Según Cospedal, el llamado copago farmacéutico (esto es, el sobreprecio que el consumidor tiene que pagar rascándose el bolsillo igual que cuando te sale al paso el bandolero Roque Guinart, como en el Quijote) es necesario para equilibrar presupuesto y sanear el déficit. Falso. Para lo que es necesario es para que el gobierno de Cospedal empiece a pagar su deuda con las farmacias... con el dinero de los contribuyentes, como Roque Guinart. La cuestión es quién manda.

Por último, lo que hubiera sido una apoteosis final si, en vez de soltarse ante un micrófono en alguna desangelada inauguración, se hubiera declamado en el escenario de La Scala de Milán: La RTVE no es imparcial. ¿Qué creen ustedes, bípedos implumes, que significa "imparcialidad"? ¿Neutralidad, objetividad? Mentira. Significa "noches blancas". Porque si se niega la imparcialidad de RTVE habiendo nombrado director de la TV de Castilla-La Mancha al periodista ideólogo "liberal", o sea, de derecha extrema, Nacho Villa y no teniendo nada que decir respecto a los dos aparatos de agitación y propaganda del PP que son Telemadrid y Canal Nou es porque "imparcialidad" es el íncubo que se aparece a Cospedal en sus noches blancas. Por eso portaba la cruz. La cuestión es quién manda.


La Tuerka es grande


Ayer estuve en el programa de La Tuerka, de TeleK, que me ha parecido estupendo. Creo que me he apasionado un poco. Si alguien se ha sentido ofendido, pido sinceras disculpas. Por la forma, no por el fondo.

(La imagen es una foto de IMG_8727, bajo licencia de Creative Commons).

dijous, 12 d’abril del 2012

El miedo a la red.

El debate está en todas partes. ¿Cuál es el impacto político de la red? ¿Qué sucede en el ciberespacio? ¿Quién pone orden ahí? ¿Hay que poner orden? La experiencia de la llamada primavera árabe dice que lo primero que los déspotas hacian cuando los súbditos se les rebelaban era bloquear el acceso a la red, cerrar internet, apagar Facebook, suspender Twitter, eliminar cobertura de móviles; en definitiva, suprimir la libertad de expresión y de comunicación atacando sus medios de forma ilegal. La razón estaba clara: estos medios son catalizadores de movilizaciones populares espontáneas que dieron lugar a una gran variedad de fenómenos más o menos violentos, varios de los cuales terminaron derrocando odiosas dictaduras; otros se tornaron en guerras civiles, exacerbando la violencia.

La derecha española en el gobierno, cuya afinidad electiva se orienta hacia el autoritarismo, la severidad, el rigor, el "palo y tentetieso", para entendernos, reconociendo el peligro que representa la libertad irrestricta de internet, pretende establecer la censura. Pretende cosas igualmente absurdas, por ejemplo equiparar la resistencia pasiva a la activa como delito de atentado contra la autoridad en lo que, a su vez, es un atentado contra el sentido común y la lógica de la lengua que por algo se molesta en distinguir lo activo de lo pasivo. Salvo que se quiera decir que la resistencia pasiva pasa a ser atentado mientras que la activa escala unos puestos y se convierte en delito de lesa humanidad, por ejemplo. Según algunos la derecha quiere endurecer el código penal en previsión de una agudización de la conflictividad social a causa de sus medidas. Eso es un pretexto. La derecha endurece el código penal porque es lo que hace siempre. En su idea, nuestro mundo está corrompido por la permisividad, el libertinaje, etc. y es preciso aplicar mano dura para mantener el orden público. Lo suyo es la mano dura. Lo del diálogo, las medidas preventivas, le parecen caralladas o mariconadas.

La pretensión del ministro de Interior de censurar la red es, con mucho, lo más grave porque no es tipificar de modo más o menos arbitrario un delito sino criminalizar no ya comportamientos legales sino derechos, lo cual es inadmisible. A ver si puedo explicarlo en dos niveles distintos. El primero, el de la lógica penal misma y el segundo el de la lógica política. El primero es patente. Al parecer, el gobierno pretende convertir en delito el hecho de convocar actos violentos por internet. Pero esto es una estupidez. Convocar actos violentos por el medio que sea está ya abundantemente castigado en el Código Penal que considera manifestación ilícita toda reunión o manifestación celebrada con el fin de cometer cualquier delito y la violencia es un delito. El propósito no puede ser tan estúpido. Y no lo es. Lo que pretende el ministro es tener vía libre para castigar a los convocantes de una manifestación en la que se produzca violencia, que es algo muy distinto. Hasta a un ministro se le alcanza lo ridículo de pensar que alguien convoque una manifestación diciendo algo así como: Mañana manifestación violenta en Sol en favor de la libertad de García. Lo normal será que alguien convoque una manifestación (sin hablar de violencia y, por tanto, lícita si cumple los demás requisitos etsipulados en la ley) en Sol en favor de la libertad de García y que, en el curso de esta, quizá, ocurran incidentes más o menos violentos. Lo que quiere el ministro es facultad para enchironar no a los causantes de la violencia (que ya lo hace el Código Penal) sino a los convocantes de la manifa. Si eso se admite, en dos meses no queda un posible convocante en la calle porque lo único que tiene que hacer el ministro es mandar media docena de provocadores a cada manifestación que partan la cara a diez o quince manifestantes y así mata dos pájaros de un tiro: sacude estopa a los que protestan y encarcela a los dirigentes/convocantes. Eso no es de recibo

En cuanto a la lógica política, la cosa está también muy clara: quieren censurar internet por ser internet y de ahí el tratamiento diferenciado, como si fuera un ámbito especialmente maligno o proclive al crimen, como si fuera una cueva de delincuentes cuando no es si no un ámbito público, que interactúa con el tradicional. Internet es inseparable de la radio, la televisión, los medios impresos y hasta el cine, además de tener su propio territorio o mar (no es casualidad que a los usuarios los llamen internautas) en los que rigen las normas civilizadas habituales de la realidad pues, a fin de cuentas, internet es parte de la realidad social, el ciberespacio es realidad social y no se ve por qué ha de someterse a un tratamiento más rigorista salvo por el miedo que inspira. Pero el miedo obnubila el juicio que, de todas formas, tampoco va muy allá. La autoridad odia y teme internet porque da poder a los ciudadanos al margen de las instituciones, porque permite generar e intercambiar información con independencia de la que canalizan los medios convencionales y, sobre todo, porque posibilita la movilización espontánea y autónoma de esos ciudadanos en virtud de la información compartida a una velocidad superior a la que tiene el mismo poder para enfrentarse a ella. El poder y los medios integrados en él (como poder mismo o como contrapoder) han perdido el monopolio de la información que se ha desbordado alcanzando la sociedad civil, como se demuestra viendo la peripecia de WikiLeaks. La información no solo genera poder sino tambén libertad, así que, en el fondo, el miedo a internet es el miedo a la libertad. ¿Se acuerda alguien de Erich Fromm? Pues eso.

El miedo a internet o forma contemporánea del miedo a la libertad no solo afecta a la derecha española (que, en realidad, tiene pánico) sino a todos los gobiernos del mundo, generalmente conservadores pero también de otros tipos. El gobierno chino, por ejemplo, viendo en el aniversario de la masacre de Tiananmen la posibilidad de movilizaciones políticas, bloqueó todos los enlaces que llevaran al episodio de la matanza de civiles por las tropas en 1989 en todos los buscadores. A su vez, el ACTA mundial, la ley SOPA en los Estados Unidos son las pruebas de ese miedo en cuanto pretenden policiar el ciberespacio, convirtiendo a las plataformas en la red en gendarmes de un orden que los poderes públicos no alcanzan a garantizar. Los gobiernos han dado las órdenes y sus somatenes se han movilizado.Quienes han estrangulado económicamente WikiLeaks han sido Amazon, Paypal, Google, Facebook, etc. Pero eso plantea un problema de atentado a la libertad de expresión y, en general, de legalidad en la red por cuanto privatiza el orden público, definido en términos gubernativos pero no judiciales.

(La imagen es una foto de Isaac Mao, bajo licencia de Creative Commons).

dimecres, 11 d’abril del 2012

España una, una, una.

Aguirre visitó ayer a Rajoy en La Moncloa y provocó fuegos de artificio. Lo hace siempre con audacia y consumada maestría y suele salirle bien: acapara la atención mediática. Es un poco como Aznar, esto es, ha de ser quien dé la nota más alta; tanto que casi pareció que los huracanados vientos de la crisis se tornaban suave brisa. Por unos instantes se dejó de hablar de esa inoportuna parienta que se nos ha colado en casa con ánimo de quedarse, la prima de riesgo.

Pero la crisis no perdona. Los mercados hicieron el martes lo que Palinuro supuso: tomarse la genuflexión del gobierno del lunes con los 10.000 fantasmagóricos millones como una muestra de debilidad y seguir presionando contra España. Resultado, otro batacazo de la bolsa, el ibex también para abajo y la pesada de la prima, para arriba, camino de los 440 puntos básicos. Rajoy se descompuso de tal forma al ver que su ingeniosa medida del lunes no era sino una metedura de pata colosal que no se atrevió a enfrentarse a los periodistas y dio un espectáculo estilo Urdangarin o de cómo poner pies en polvorosa ante alguna situación desagradable. Urdangarin es un ciudadano particular (algunos lo creen muy particular) y puede correr cuando se le antoje. El presidente del gobierno se debe siempre a la institución y ha de dar cuenta pública de sus actos. Por eso, verle huyendo a la carrera por los pasillos del Senado, seguido de un séquito de oficiosos personajes, fue un espectáculo indescriptible.

Rajoy no se atreve a sincerarse en público porque no sabe qué decir. El fantasma griego lo persigue a donde vaya. De Guindos afirma rotundo que España no necesitará un rescate, pues saldrá por sus propias fuerzas. Antes se lo había contado al Frankfurter Allgemeine Zeitung y no pareció convencer al periodista; luego lo repitió en España, en la esperanza de que los españoles seamos más crédulos que los periodistas alemanes. Pero la palabra de Guindos no vale nada (no lo vale la de nadie) a la hora de vaticinar a un año vista; ni siquiera a un mes.

Ante el destino griego, podría pensarse alguna alternativa. Por ejemplo, salirnos del euro pero quedarnos en la Unión. Como Inglaterra. No somos Inglaterra, pero tampoco Alemania y no tiene por qué irnos peor que ahora, cuando estamos atrapados en la armadura de la moneda única, que no nos deja movernos ni respirar. Los ingleses, quienes dan por supuesta la desaparición del euro, ya están analizando las posibles formas que tomará el retorno a una situación de monedas sin patrón, que puedan devaluarse.

No es este el criterio de la derecha sino el de mantenernos en el euro como sea y afrontar la posible quiebra como si de una empresa se tratara, que es lo que está haciendo el PP: suprimir gastos, liquidar pasivos, vender activos, restringir hasta la cota de supervivencia con mínimos ingresos. En los ingresos está la clave de la orientación política de cada cual. Al impedir ayer en el congreso que se aprobara un impuesto sobre las grandes fortunas, el PP muestra a las claras en beneficio de quién está gestionando la crisis; en beneficio de los ricos, a los que se amnistía por un lado y se favorece fiscalmente por el otro a expensas de un Estado que se dice administrar pero al que se ahoga.

En los momentos de crisis es cuando hay que aprovechar para hacer las grandes reformas por eso que se conoce como la doctrina del choque, de N. Klein. Aguirre la maneja a la perfección. Por eso planteó a Rajoy tres peticiones de calado, las tres con repercusiones constitucionales que, añadidas a los proyectos de los ministros de Justicia, Educación, Medio Ambiente e Industria, dejarán a España que no la reconocerá "ni la madre que la parió" (Guerra). Pero al revés.

La reforma de la planta del Estado es una vuelta al centralismo de los borbones. La supresión de las subvenciones a los sindicatos, partidos y patronal (tres organizaciones expresamente reconocidas en la Constitución) es una manifestación clara de hipocresía liberal que reputa igual lo que, en realidad, es desigual, en concreto los sindicatos frente a la patronal y los partidos que defienden a los trabajadores frente a los que defienden a los empresarios. La última petición, la de suprimir la gratuidad de la enseñanza media con el argumento de que no es básica, trasluce la más impavida indiferencia al principio elemental de la igualdad de oportunidades en el acceso a la educación. Y cualquier persona con mediana sensibilidad añadiría, a toda la educación.

Quieren España una, una, una. Una en lo económico y laboral; manda el capital. Una en lo territorial; manda el centro. Y una en lo ético e ideológico; manda la iglesia católica.

(La imagen es una foto de La Moncloa, en el dominio público.).