dijous, 13 de novembre del 2008

Esto va en serio, colegas.

Lo de la crisis. Va en serio. No es broma. Esta madrugada las bolsas de Tokio y Hong Kong abrían con pérdidas del 5,1% y el 6,2% respectivamente, pues estaban haciéndose eco del batacazo que, a su vez, se había pegado el Dow Jones mientras Mr. Paulson, el ministro gringo de Hacienda, a quien ya huele el culo a pólvora, si se me permite, decía por enésima vez que Diego donde dijo digo que había dicho Diego. Ya nadie tiene ni zorrupia idea de por dónde puede tirar esto. Pero literalmente ni idea. La Economía ha dejado de ser una ciencia triste para convertirse en una ciencia lúgubre.

La cosa había empezado siendo una "crisis financiera", producida por un credit crunch (una especie de contracción espasmódica del crédito) resultado a su vez de la estafa del milenio a la que en típico understatement anglosajón se llamó "crisis de las subprimes". Costó cierto trabajillo entender por dónde había venido esta vez el fraude de los benditos mercados autorregulados, esos que cuando los dejan solos convierten la tierra en un paraíso terrenal en donde la riqueza mana como los alegres arroyuelos de la sierra y todos se alimentan de néctar y ambrosía. Pero poco a poco se consiguió. Aquí tienen Vds. la prueba en un vídeo de (buen) humor que he sacado de InSurGente y que es una explicación clara de la crisis muy sencilla de entender con epílogo para españoles.


Recuerda mucho (en un estilo diferente) otro en el que dos humoristas británicos también explicaban en clave de humor la crisis en su origen hipotecario y con el mecanismo de la estafa (que, por cierto, se parece mucho al toco mocho) bien explicado y bien al descubierto y que no subí a mi vez porque, cuando iba a hacerlo, ya la había subido todo el mundo y los blogueros odiamos los refritos.

El caso es sin embargo que esas explicaciones ya no explican nada. OK. De acuerdo. El capital financiero está hecho unos zorros, la economía "financiera" está hecha unos zorros. Pero es que también lo está la economía real. Si las bolsas españolas se contagian hoy del pesimismo de las asiáticas (y supongo que lo harán), el carrusel va a seguir cada vez peor. ¿Qué me dicen si, por ejemplo, resultara que el Santander no era tan bueno, fuerte y guapo como parecía? A lo mejor nos da un susto y el señor Rodríguez Zapatero se queda con el evangelio hispanorum en el gaznate. ¿Por qué no? ¿Qué diantres queríamos decir cuando observabamos que los banqueros no se fiaban entre ellos? Pues estrictamente eso. Y si los banqueros no se fían de los banqueros que son los que tienen que fiar, aquí ¿quién se fía de quién? No estamos muy lejos de situaciones de pánico y lo gordo es que no sabemos qué más hacer. Y cuando lo sabemos no parecemos dispuestos a ponerlo en práctica.

Véase el caso del parón inmobiliario en España. Los empresarios del ladrillo se han quedado con un millón de viviendas en el almacén que no colocan ni en broma... a los precios a que estaban acostumbrados. Lloriquean entonces que el "sector" está muy mal, que puede venirse abajo y que el Gobierno (los contribuyentes, vamos) les dé una ayudita. El Gobierno vacila, la señora ministra del ramo, doña Beatriz Corredor, busca como loca fórmulas para salvar a los empresarios del ladrillo sin que tengan que bajar los precios tratando bien de engañar a todo el mundo obligando a la gente a comprar los pisos vía subvenciones a las inmobiliarias, bien arrodillándose practicamente ante los consumidores para que vayan a comprar jurando que los precios han bajado cuando no es cierto. Y compradores potenciales hay. Ha bastado que el llamado "Pocero bueno" anunciara pisos de 90 metros cuadrados a 140.000 para que haya una cola de un kilómetro de compradores. ¿Qué quiere decir esto? Que si los empresarios bajaran los precios, el stock de viviendas se vendería porque hay mucha demanda. Para ello tendrían que rebajar sus márgenes, cosa no tan extraña porque es lo que hace todo el mundo en crisis, rebajar todo, compras, dispendios, salarios, propinas etc. ¿Por qué no los señores del ladrillo? Y está claro que si bajaran los precios, la economía real experimentaría una reanimación que a lo mejor la ponía en marcha otra vez. Pero no, son tan estúpidos que están esperando a que la gente ya no tenga dinero para bajar los precios.

En estas condiciones es alarmante que los mercados se nieguen tozudamente a aceptar las medidas que los expertos, especialistas, cerebros grises y cabezas de huevo andan excogitando a marchas forzadas. Ni zorrupia idea de cómo se arregla esto. Hay mucha gente que dice que el capitalismo se hunde. Lo que no estaría mal si quisiera decir algo, que no es el caso. Comentando ayer la situación con un amigo se me ocurrió que el capitalismo lleva siempre sus crisis hasta el límite de la supervivencia. En este caso no sabemos en dónde está ese límite porque el principal freno del capitalismo antaño, el comunismo, ha desaparecido. Ya no hay bolcheviques y los comunistas no son ni sombra de lo que eran y no asustan mas que a sí mismos.

Así pues, ¿cómo salir de aquí? Tengo para mí que lo primero es averiguar qué es "aquí", esto es, de dónde hay que salir, porque parece que no hemos llegado al final del ciclo ni mucho menos y mientras no lo hagamos, las medidas que se adopten para salir no servirán de nada o, quizá peor, a lo mejor son contraproducentes. Esto ya lo decía Palinuro el verano pasado: que las medidas que estaban tomándose, más que paliar el problema, lo agravaban. Ahora el asunto es patente. La cuestión es, sin embargo, que no es posible dejar de tomar las dichas medidas; esas u otras. Porque si los mercados reaccionan negativamente cuando se toman medidas correctoras, ¿cómo reaccionarían si no se tomaran medidas con la excusa de que hay que ver el fondo del tonel? Es decir, más claro, ¿cómo reaccionarían si los gobiernos hicieran caso a los tontos de baba del neoliberalismo y dejaran absolutamente de intervenir?

(La imagen es una foto de Hedrock, bajo licencia de Creative Commons).

Good, Manny!

Conozco al autor de este libro, Manuel Fernández-Montesinos (Lo que en nosotros vive. Memorias. Tusquets, Madrid, 2008, 482 págs.) hace casi cuarenta años. Nos encontramos en Frankfurt, cuando ambos estábamos más hacia el comienzo que hacia el final de la vida, y nos tratamos con cierta asiduidad. No demasiada que sospecho a ambos nos repele; digo lo demasiado. Se interrumpió el contacto y hemos venido a reecontrarnos recientemente, hace un par de años, cuando ambos también estamos más cerca del final que del comienzo de la vida. Así que creo conocerlo bien. Bueno, creía, hasta leer su libro de memorias que me ha mostrado un Manolo Montesinos distinto al que yo traté. Mejor, si cabe. Y mira que lo tenía por hombre de bien, cabal, inteligente y bella persona. Pues del libro sale más con creces. O sea que si ya antes lo apreciaba, he acabado queriéndolo. Queriéndolo en el buen sentido, no en el de ese Bernard, compañero suyo de habitación en Obersberg (p. 242) (por cierto, yo también estuve allí años después, en 1969) que se enamora de él full blast, siendo evidente a estas alturas de la vida que ese es tirón que ninguno de los dos hemos sentido. Pero queriéndolo, sí, sí. De forma que el que aquí aguarde crítica áspera que se dé a otra lectura.

Dice Manolo que el libro le ha llevado dos años. Dos años de escritura y muchos más de maduración porque lo que revelan estas páginas que él dice que va "enjaretando", como don Pío, son muchas horas de cavilación, mucha reflexión, muy intensa concentración en el ensimismamiento, tanta que hasta él mismo se preocupa y, en cierta ocasión, se pone en manos de un psicoanalista, algo que sólo hacen los muy introvertidos. Porque Manolo escribe muy bien, con mucha soltura, sencillez y elegancia pero además lo hace sobre algo, su vida, sobre lo que tiene mucho meditado. Como es hombre meticuloso se ha documentado a conciencia y, además de los papeles que él conserva, ha recabado documentos y testimonios en torno suyo, consiguiendo una buena respuesta pues todos sus amigos le han facilitado lo que tenían, Paco Bustelo, Santiago Rodríguez, etc. En el caso de Santiago (hola, Santi) estoy seguro de que se desvivió por aportarle lo que tuviera y por investigar en dónde podría estar lo que no tuviera. Por ese lado vaya el lector seguro de que nuestro memorizante, si da un dato, lo tiene contrastado y lo puede probar.

Pero no es a ese bien escribir al que me refiero, sino al literario. He leído muchas memorias, recuerdos, autobiografías y como todo el mundo tengo mis preferidas. He leído también -gajes de la edad- muchas escritas por coetáneos míos y muchas en las que aparezco; en éstas, también. Siempre me digo que algún día escribiré yo las mías. Pero será difícil que lo haga si tengo que llegar hasta el listón en donde lo ha puesto Montesinos. Insisto, no por la parte documental que es irreprochable sino por la sentimental. Prueben a leer la primera parte del libro, la segunda en longitud tras la dedicada a Frankfurt o Francoforte del Meno, y díganme si esa narración de la niñez y la adolescencia así como primerísima juventud de un chaval español de Granada trasplantado a Nueva York no parece que la hubiera escrito él mismo; no él mismo sesenta años más tarde sino él mismo, allí mismo en tiempo real. Eso es un prodigio que raya en lo genial. Casi me troncho de la risa leyendo el juicio que le merece a Manny Montesinos el adusto Juan Ramón cuando lo conoce, al extremo de que se pregunta cómo pudo escribir algo así sobre el animalillo.

Ese es el dato mejor del libro a mi entender: el entrelazamiento entre los aspectos públicos y los privados e íntimos del personaje. Porque cuando eres hijo de un alcalde socialista de Granada (Manuel Fernández-Montesinos Lustau) fusilado por los fascistas nada más empezar la guerra y sobrino de Federico García Lorca y te crías bajo la tutela moral de Fernando de los Ríos y José Fernández-Montesinos, cuando por tu casa de niño pasan celebridades de todo tipo es claro que tu existencia tiene una poderosa faceta pública. Sin embargo el autor la relata entreverada con su propia narrativa, su vida, su desarrollo, sus experiencias. Es que en verdad este hombre entrega su ser, lo abre, se lo explica y lo explica. Y eso con un estilo llano como recomienda don Quijote, a quien tanto gusta él citar, al muchacho que ayuda en el retablo de Maese Pedro: "llaneza, muchacho que toda afectación es mala".

Pues lo dicho: tengo leídas muchas memorias; las suficientes para saber que la piedra de toque es siempre si son verídicas o no, si el autor cuenta la verdad o, lo que es mucho más habitual, la adorna, la embellece o la sustituye por otra. No es el caso de Manolo que dice siempre la verdad en lo que a él se le alcanza cuando se trata de los demás y siempre sobre sí mismo, que es mucho más difícil. Eso de hablar de uno mismo sin justificaciones y también sin ensañamientos sino de un modo sencillo y claro no lo hace casi nadie. Y que Manolo lo hace me consta porque coincidí con él en la parte de su vida a la que da mayor importancia porque es la más extensa, la de Frankfurt. Me apresuro a decir que ello no es óbice para que la parte más importante de su vida sea precisamente la que no narra en sus memorias, su familia, su mujer y sus dos hijas, a las que protege de los focos reservándoselas para sí a no ser por dos o tres comentarios ex abundantia cordis.

Estos recuerdos son una pieza peculiar. Están concebidos desde la filosofía del flamenco. No digo que tengan una estructura tonal flamenca, que sean seguiriyas, bulerías o tarantos; digo que están concebidas según la filosofía flamenca. Esto es, no son un medio para un fin, sino que son un fin en sí mismo; no las quiere el autor para ajustar cuentas con nada ni con nadie; no habla mal de nada ni de nadie. Las quiere para contar su visión del mundo y para contársela a los demás. Ve clarísimo que el franquismo fue una indignidad y una vergüenza y algo contra lo que había que luchar, aunque fuera con tan inmensa desproporción de fuerzas, ya que esa lucha era una cuestión de dignidad, pero no maldice ni suelta soflamas ideológicas, entre otras cosas porque no tiene que justificarse. Ha dedicado su vida a luchar contra el franquismo por la democracia y el restablecimiento del Partido Socialista casi como cumpliendo lo que se hubiera podido imaginar que era una última voluntad paterna. Y hechos felices realidades tan altos ideales, Manolo, que no es un político, se retira de la vida política.

Vale ¿y qué es Manolo Montesinos? De lo que se saca en claro de las memorias muchas cosas encontradas, hasta contradictorias, porque a muchas se ha dedicado con pasión y de lleno, algunas con carácter intermitente además de las cinco aficiones que ha practicado con diverso grado de dedicación, por lo activo o por lo contemplativo, la guitarra, el baseball, el flamenco, los toros y la navegación a vela; profesionalmente ha sido (por períodos más o menos largos), abogado, funcionario sindical y publicista en Alemania, agricultor y empresario teatral en España, ejecutivo cazatalentos otra vez en Alemania y vocal y gestor de la Fundación García Lorca, amen de estudiante y conspirador, si es que estas dos condiciones pueden reputarse como dedicaciones que en el caso de Manolo, al menos la primera, la ha seguido con ahínco pues después de muchos años de licenciado en derecho cursó la carrera de filología. Ello sin contar con que en la época en la que él frecuentaba la Universidad estudiante y conspirador eran casi términos sinónimos. Su tío Pepe, verdadera imago patris, da parcialmente en el clavo cuando califica todas las ocupaciones de Montesinos como odd jobs; digo parcialmente porque lo que probablemente el hombre no calibraba es que Montesinos se dedicaba a cada odd job como si fuera una cosa de Berufung, de vocación. Sólo quien siente en el alma la vela o la huerta o la política habla como él de esas actividades, utilizando su particular lenguaje. O sea ¿qué es Manolo Montesinos? Pues un hombre mosaico, un hombre con atributos en el sentido de Musil.

He disfrutado mucho el trozo del libro que narra su vida en Frankfurt porque fue también la mía.Dejo la prueba a la derecha, una foto que él no ha sacado, correspondiente a la etapa en que hacíamos de periodistas, confeccionando el Express español. Ahí estamos los dos entrevistando a José Feliciano para hacer un reportaje que, suponíamos, haría las delicias de la comunidad española. Yo voy ataviado como Rudi Dutschke y él más como Bel Ami pero en honrado y en decente. Detrás de mí está Carlos Pazos, a quien no se ve. No sé si Manolo se acordará del repertorio de Feliciano en aquella memorable jornada, pero llevaba un versión muy apañada del famoso corrido El jinete aunque a mí siga gustándome más la de Miguel Aceves Mejía.

Lo dicho, la mejor parte para mí porque habla de lo que yo también he vivido; pero lo que más me ha atraído es que la visión que él tiene de Alemania es la que tengo yo, que coincido con él en lo que le sorprende, lo que le gusta menos (muy poco) lo que le gusta más (casi todo) y lo que encuentra digno de explicación. Yo también me quedé estupefacto la primera vez que vi un pater noster en el IG Metall y ya no digo nada que casi me pongo a llorar al leer de la Bockenheimer Landstrasse, la Hauptwache, Eschenheim, Sachsenhausen, Böhmerstrasse o la Hauptbanhof, nombres que despiertan resonancias dormidas y, aunque parezca mentira, dulces, suaves, como los rubios cabellos de aquellas Utes o Elfriedes. En el Audi del que aquí se habla he montado yo mucho. Porque Manolo era el único de nosotros en la colonia española, en la que había más muerto de hambre que otra cosa, que tenía coche. Un cochazo.

Tengo que volver al primer capítulo, el de la estancia en los EEUU, básicamente Nueva York y Nueva Inglaterra y tengo que hacerlo porque de nuevo encuentro una identidad de miradas completa. He tardado mucho en descubrir los EEUU, a donde no llegué de niño, sino de mayor, especialmente Nueva York pero cuando lo he hecho me los he trabajado a fondo. Aparte de conocer los cinco burgos bastante bien siempre que puedo me voy diez o quince días, alquilo un coche y hago miles de kilómetros atravesando seis, ocho, diez estados de motel en motel que por cierto son baratísimos. Todavía el año pasado estaban a 50$ la noche habitación doble o sea unos 35 euros; la comida es muy barata, la gasolina también, todo es cosa de apañarse un vuelo de bajo coste. Coincido a ojos ciegas con Manolo en el amor a los perritos calientes, las "longanizas". No así en la afición al baseball (y tampoco a los toros en España) pero en cambio estoy seguro de que él tampoco comparte mi entrega a todos los locales de fast food imaginables, no sólo McDonald's o Burger, sino Wendy, Popeye, Dunkin Donuts, Subway, Colonel Sander's, Taco Bell, Pizza Hut, etc. En todo caso tengo que reconocer en la descripción que hace de todo lo yankee un toque de fina penetración, de conocimiento de insider, de haber tratado de niño con el jefe de la mafia irlandesa y el de la colombiana en el cole. Eso me produce gran admiración y envidia. Ahí, Manolo, en esa tu visión de los States, en tu forma de desdoblarte como niño granaíno criado en Nueva York o de joven neoyorquino trasplantado a España (¡y luego a Alemania!) es donde te ganas a la gente en tus memorias porque es una visión desde dentro, distinta de la de tu tío, que es muy bella, pero desde fuera. Él llegó allí ya hecho. A ti te hizo el Riverside Drive o Middlebury.

Me doy cuenta de que sólo he hablado de su etapa en los States y en Alemania porque eso es lo que hace él ya que entre las dos suman más de trescientas paginas, esto es, dos tercios del libro. Las otras etapas, primera estancia en Madrid con cárcel y segunda estancia en España con más cárcel tiene otro empaque, como diría él mismo. La descripción de la cárcel de Carabanchel mola un pegotón, Manny. "¡Ese Fernández Montesinos!". No se olvida nunca. Un tiempo me pregunté por qué decían "ese"; nadie supo darme razón satisfactoria y acabé pensando que era un modo sencillo de sustituir al toque de atención. Si se comenzaba a gritar un nombre sin más en mitad del follón de una galería era probable que muchos no lo entendieran y hubiera que repetirlo. En cambio, al oír el "¡ese...!" ya todo el mundo prestaba atención.

Siniestra España aquella de los años cincuenta; algo menos pero también muy siniestra en los sesenta y primeros setenta. Con todo el país ha cambiado mucho, Manny; aunque quizá no tanto como nosotros.

dimecres, 12 de novembre del 2008

Caso De Juana: no es justicia; es venganza.

Ya tenemos al señor De Juana otra vez en portada de todos los periódicos, a punto de convertirse de nuevo en un mártir de la causa del pueblo vasco. La Audiencia Nacional lo ha puesto en busca y captura por no haber obedecido a una citación para que se presentara a declarar por un asunto que, se mire como se mire, no se tiene de pie. La historia de este hombre es muy ilustrativa del modo en que entienden la justicia ciertos sectores de la derecha en España, más como persecución y venganza, como linchamiento moral (y si es posible físico) en la plaza pública que como protección de bienes jurídicos, reparación a las víctimas y castigo a los culpables. Y lo malo es que, en esta forma vengativa e intolerante de retorcer la normal administración de justicia no están solos sino que a veces cuentan con la valiosísima ayuda de la izquierda gobernante.

Como es bien sabido, el señor De Juana fue condenado en 1987 a tres mil años de cárcel por un atentado en Madrid en el que murieron veinticinco personas. En aplicación del código penal de 1973, en vigor al cometerse el delito, el etarra hubiera tenido que salir en libertad en 2004. Sólo dicha posibilidad provocó un escándalo sin precedentes y mucha demagogia (de esa que dice que matar sale muy barato pues resulta a menos de un año por muerto) a todo lo cual cedió el asustadizo Gobierno socialista moviendo a que la Fiscalía lo acusara de nuevos delitos de amenazas y enaltecimiento del terrorismo por dos artículos publicados en el diario Gara mientras estaba en prisión. Se trataba de una triquiñuela y una causa inventada, como reconoció el mismo ministro de Justicia de la época, para impedir que el recluso saliera en libertad, para prorrogar su prisión con una pátina de legalidad. A resultas de ello, de un proceso que jamás debió abrirse y que tuvo un iter lleno de momentos sorprendentes, a veces hasta chuscos, De Juana fue condenado de nuevo y no pudo abandonar la prisión hasta el año de 2008. Para entonces había protagonizado una prolongada huelga de hambre que lo tuvo en el centro de la atención informativa y al borde del muerte y lo convirtió en un héroe a ojos de los independentistas vascos más violentos, así como una prueba viviente (y convincente) de que el Estado español aplicaba el derecho del vencendor cuando de nacionalistas vascos se trataba. Todo ello, por supuesto, hizo mucho más daño a la causa de la justicia y del Estado de derecho en España que al movimiento vasco por la independencia.

Ahora parece que hay voluntad de cometer los mismos errores, y con resultados igual de desastrosos o más. Las asociaciones de víctimas que persiguen claros fines vengativos antes que justicieros, acusan al expresidiario de un delito de enaltecimiento del terrorismo (otra vez) por haber escrito una carta que se leyó en público en una concentración que se hizo no recuerdo si en Bilbo o Donostia para homenajearlo. De lo que se trata es de perseguirlo con la excusa que sea y ver si se consigue encarcelarlo de nuevo

Según parece el original de la dicha carta no existe, sólo se dispone del texto publicado en Gara, la policía dice que no se puede probar la autoría de De Juana y el propio De Juana niega contundemente haber escrito la misiva. A pesar de ello el juez ha dictado orden internacional de busca y captura en lugar de dar carpetazo a las actuaciones con lo cual coadyuva a eso que la derecha siempre ataca con gran denuedo, esto es, a la internacionalización del conflicto vasco. A estas alturas con la Interpol lanzada a la busca de De Juana, éste vuelve a ser ejemplo de luchador perseguido por los aparatos represivos de un Estado que se atiene más a la venganza que a la justicia. Un héroe para los independentistas vascos y un bochorno para el Estado de derecho español.

Las víctimas, todas las víctimas por cierto, son merecedoras de nuestra solidaridad y nuestro apoyo pero es evidente que no pueden ser quienes decidan cómo se administra la justicia porque en tal caso ésta deja de ser tal y se convierte en venganza.


(La imagen es una foto de 20 Minutos, bajo licencia de Creative Commons).

Palinuro en Público.

Los del diario Público han decidido incluirme en un Consejo Editorial que acaban de constituir y está compuesto por dieciséis o diecisiete personas, todas ellas de mucho renombre y peso, excepto un servidor, claro es. De momento iremos publicando nuestras cogitaciones con la periodicidad que el número de miembros (cada 16 o 17 días, depende) determine y se supone que también ejerceremos como consejeros en las materias de nuestras competencias. Siempre que oigo eso de un consejo y unos consejeros me acuerdo de la anécdota que contaba don José María Pemán cuando Franco lo destituyó del Consejo Nacional del Movimiento por sus escarceos monárquicos. Como quería vengarse del Dctador, el poeta hizo que lo entrevistaran en ABC y que un periodista le preguntara que qué era el tal Consejo Nacional a lo que contestó Pemán: "un lugar en el que los consejeros nos reunimos a escuchar al aconsejado". Supongo que aquí las cosas serán distintas porque además Público es un periódico de izquierda, el más de izquierda creo de la prensa de papel, un producto tanto más necesario cuanto que esta prensa en España es abrumadoramente de derecha, desde el liberalismo de El País hasta la derecha más cerril de El Mundo. Seguiré informando.

El arte feo y la poesía.

La sala Minerva del Círculo de Bellas Artes exhibe las quince litografías con que Jean Dubuffet ilustró el poemario de Guillevic, Les murs y algo más de obra litográfica del inventor del art brut. Dubuffet es uno de los principales artistas franceses contemporáneos aunque, por el carácter extremo y provocativo de su producción, no tenga universal aclamación. Ni él mismo vio claro hasta muy avanzada su vida si quería ser pintor o comerciante de vinos, como su padre. Se decidió finalmente por la pintura en la que obtuvo grandes éxitos. Criado, que no educado, pues en pintura fue sobre todo autodidacta, en el clima del surrealismo, muchos dicen que lo abandona para desarrollar su estilo personal y otros, entre quienes me cuento, que lo lleva a sus últimas consecuencias creando una manifestación artística allende el campo racional y coleccionando obras de pacientes de psiquiátricos y de niños con las que luego fundó el Museo de l'art brut que se encuentra en Lausanne. Su propia obra en su conjunto es una especie de canto a lo irracional con elementos estéticos típicamente infantiles.

En esta exposición llaman mucho la atención algunas litografías que reproducen un tema caro al artista, el del pisseur, esto es, el hombre orinando, como los de la derecha. Orinar es una de las numerosas cosas que pueden hacerse con las paredes (les murs) y más características de las actividades masculinas desde el comienzo de los tiempos. La insistencia en el tema pone a Dubuffet en una línea de creatividad que tiene antecedentes muy ilustres. Se recordará que las figuras de hombrecillos meando contra paredes de establos o casas son un signo distintivo de la pintura de Tenniers, casi una firma suya y que la Biblia Vulgata define a los hombres en repetidas ocasiones como mingentes ad parietem, los que mean contra la pared.

En cuanto al poeta bretón Guillevic (no le gustaba que se lo llamara por su nombre de pila) es hombre también tan peculiar y extraño como Dubuffet, así que en el poemario de Les murs se juntan tal para cual. Lo que sucede es que los poemas no son muy allá y no hacen justicia al tortuoso y fascinante espíritu de Guillevic. Es mucho mejor este poema de 1985, procedente del Arte poética, de 1985:

Si je fais couler du sable/De ma main gauche à ma paume droite,

C’est bien sûr pour le plaisir/De toucher la pierre devenue poudre,

Mais c’est aussi et davantage/Pour donner du corps au temps,

Pour ainsi sentir le temps/Couler, s’écouler

Et aussi le faire/Revenir en arrière, se renier.

En faisant glisser du sable,/J’écris un poème contre le temps.



Si hago que la arena se deslice/de la mano izquierda a la palma derecha.

Es por darme el placer/de tocar la piedra hecha polvo.

Pero sobre todo también es/Para dar cuerpo al tiempo

Para sentir así que el tiempo/corre, se desliza.

Y también para hacerlo/Retornar, renegar de sí mismo

Al hacer que se deslice la arena/Escribo un poema contra el tiempo

dimarts, 11 de novembre del 2008

La insoportable ministra de la Vivienda.

La señora Beatriz Corredor, ministra de la Vivienda, sigue haciendo el trabajo sucio a la mafia del ladrillo, a cuyo obvio servicio está y en contra de los intereses de los ciudadanos a los que pretende confundir de modo sistemático. Ya desde que tomó posesión viene haciendo activa propaganda, animando a la gente a comprar vivienda aun sabiendo que los precios están inflados en torno a un cuarenta por ciento y que la gente se entrampa en condiciones muy difíciles. Ayer volvió a hacerlo y sirviéndose también de una invención, una fábula: asegura que los precios han bajado un quince por ciento y que, por tanto es un buen momento para comprar cuando su propio Ministerio sostiene que los precios han subido un 3,6 por ciento. ¿No es esto suficiente para pedir la comparecencia parlamentaria de esta señora para que explique qué intereses está defendiendo en su labor como ministra? No se le pide a la ministra ya que diga la verdad; pero, por lo menos, que no trate de confundir a los ciudadanos en beneficio de las inmobiliarias.

(La imagen es una foto de 20 Minutos, bajo licencia de Creative Commons).

Un gran momento.

Esta imagen que saco de Público es emocionante. El tatarabuelo de la señora de rojo fue esclavo, propiedad de algún blanco que también pudo ser un antepasado de sus anfitriones hoy. El padre del señor a nuestra derecha fue un oriundo de Kenya que llegó a los Estados Unidos en busca de una vida mejor, como suelen hacer los emigrantes. Sí, ver a un negro a las puertas de la Casa Blanca es algo emocionante prueba de la capacidad de la especie humana para progresar moralmente. Desde luego que la situación puede analizarse desde puntos de vista políticos y económicos que la matizarán y a no dudarlo así sucederá no dentro de mucho. Pero de momento véamosla con los ojos de la comunidad negra de los Estados Unidos, con los ojos de los niños negros que ahora saben en las escuelas que ellos también pueden llegar a presidentes de su país. Veámosla con nuestros ojos de izquierdistas, de "progres" que siempre hemos luchado contra el racismo, contra toda discriminación por la razón que sea y felicitémosnos de que nuestras ideas se abran camino, se impongan (como acabarán imponiéndose las que tenemos sobre las mujeres, los homosexuales o las víctimas de genocidios) y hagan del mundo un lugar más grato y más moral.

(La imagen es una foto de Público, bajo licencia de Creative Commons).

Caminar sin rumbo (XI).

Volver. Una diatriba al estilo unamuniano.

- Pero, ¿cómo?, ¿apenas ha comenzado Vd. su viaje y ya está pensando en volver?

- Bueno..., sí. Pensando solo, ¿eh? No haciéndolo. Además, casi todos los que emprenden un viaje tienen en la cabeza cómo y cuándo volverán.

- Vd. lo ha dicho, joven: "casi todos". Pero Vd. no quiere ser "casi todos", si no me engaño. Tiene Vd. un concepto muy alto de sí mismo; quiere ser único. Y por eso emprende un viaje a ninguna parte. Y si es a ninguna parte, no tiene vuelta.

- No veo por qué no. Precisamente porque es a ninguna parte y está claro que "ninguna parte" no se halla en lugar alguno, en el momento menos pensado, uno decide volver, volver a donde inició el viaje.

- ¿Y quien le dice a Vd. que el lugar donde inició el viaje existe o que lo vaya a encontrar? A lo mejor resulta que Vd. partió de ninguna parte y, claro, ahora no la va a encontrar, con lo cual...

- Con lo cual está claro que no puede hablarse de "volver" en sentido estricto.

- Exacto.

- Bueno, o sí. Digamos que hay voluntad de volver. Luego se vuelve o no, eso ya depende de otros factores. Fíjese maestro en las leyendas del retorno de Agamemnon por un lado y Ulises u Odiseo por el otro. El primero no tardó nada en regresar a casa y a aciago destino; el segundo tarda diez años, aunque a un final feliz. Y, en cierto modo, todavía puede estar de camino. Todavía veinte siglos más tarde alguien actualiza su viaje en el Dublín del siglo XX.

-Un Homero contemporáneo, sin duda. Pero vayamos a lo nuestro: de un viaje a ninguna parte no se puede volver.

- No, en sentido estricto, no.

- Es que hace falta no estar en los cabales de uno para emprender un viaje a ninguna parte, perdóneme que le diga, joven.

- Perdonado, maestro. Por eso estaba Vd. como una regadera.

- ¿Qué dice Vd., botarate?

- Como una regadera, maestro, perdóneme Vd. a mí. Esa búsqueda insaciable de Dios no le admite ni la sombra de una sospecha y sospechas tenía Vd. muchas, que corroían su fe. Así que Vd. sabía muy bien que estaba en un viaje y en un viaje, sospechaba Vd., a ninguna parte.

- Sabe Vd. mejor que yo la procesión que iba por dentro.

- Ni mejor ni peor: lo sé igual que Vd.

- Lo que Vd. quiera, joven, pero no hay vuelta.

- Bueno, maestro, tampoco vamos a pegarnos por eso.

- Naturalmente que no, joven. Aviados estaríamos si empleáramos el trecho del camino que hagamos juntos en pelearnos por contar los pelos del rabo de esfinge, expresión que me salió redonda, estará Vd. de acuerdo.

- Claro que sí, maestro, son nimiedades. Cuando uno contempla la vastedad del horizonte que tiene en torno suyo y comprende que jamás podrá abarcarlo todo, verlo todo, conocerlo todo viene uno y se concentra en lo más inmediato, encuentra uno la belleza y la fascinación de lo que puede ver en cada momento.

- Con lo cual empezamos a hablar de las cosas sencillas, a lo mejor, de las flores...

- Que, por cierto, no son nada sencillas. También podemos hablar de las ciudades, según nos acerquemos a ellas.-

- Ya lo creo. Ahora son muy distintas a las que yo conocí.

- Ciertamente. Ahora todas se parecen mucho; son estilo estadounidense: anchas autopistas y verdaderas ciudades comerciales, donde para ir de un comercio a otro hay que hacerlo en coche y los anuncios en caracteres enormes, a ser posibles luminosos y en postes muy elevados para que puedan verse en muchos kilómetros en ambas direcciones.

- Sí. No hace falta que diga que este culto estadounidense al dinero y a lo material no es nada atractivo. Se ha perdido el sentido quijotesco de la existencia, el vivir por ideales. Ahora sólo se vive por el confort, por las facilidades y comodidades materiales. Ya no hay vida del espíritu.

- ¡Ay maestro! Que está Vd. anticuado. Claro que hay vida del espíritu, más que nunca antes y expandida por todo el planeta

Aquí se me planteó cómo podríamos explicarle internet a don Miguel de Unamuno, que no vio la televisión. Tampoco me pareció tan difícil. Seguro que entendía el funcionamiento de la red y se adaptaba a él de inmediato. Había sido agradable aquel trecho con don Miguel. Su conversación fue estimulante y el diálogo muy feliz. Hasta se me había olvidado cómo se originó.

Se había originado en respuesta a la repentina idea que tuve de poner fin al viaje, de retornar, de volver al punto de partida. Pero ya está claro que no hay vuelta. ¿Pues no se dice que no hay "vuelta de hoja"? Por cierto no sé de dónde viene; tengo que mirar en el Iribarren. Así en lo que hay en la vida es algo que se hace en ciertas etapas, cuando se está comenzando la andadura es cómodo disponer de la casa de los padres, del hogar familiar a los que poder volver si las cosas se ponen feas. Eso es muy importante. Hay siempre un volver: al refugio. El retorno al domicilio familiar es lo que tienen planeado simpre casi todos los millones de personas que en el verano se ponen en marcha de un país a otro, incluso de un continente a otro. Ida cuanto más lejos mejor y vuelta segurita. Siendo niño las vueltas de las vacaciones se me hacían muy patentes. Cuando regresaba del pueblo de mis abuelos, de haber estado en la era, recogiendo fresas, yendo a bañarnos al río o ya en septiembre cogiendo moras pero siempre al aire libre me parecía inmensa y apabullante la puerta de mi casa que tenía una mirilla de hierro forjado y dorado del tamaño de un plato, que se corría y descorría con unas como palas de hélice.

Pero esa vuelta se queda muy atrás en la vida a partir de cierto momento, los padres fallecen y ya sí que no hay vuelta posible a hogar alguno.

No hay vuelta posible entre otras cosas porque todo lo que hubiéramos procurado con ella lo tendremos por igual siguiendo adelante en nuestro camino. Al fin y al cabo todo es un ir y venir nuestro, en nuestro tiempo, que es nuestro espacio vital; por eso dice Heidegger que el hombre es un ser en el tiempo. Y por tal no hay que entender a un ser en el tiempo al modo en que una galleta se baña en chocolate, sino en un ser que se está haciendo en este momento, que está siendo, que es la forma que toma el tiempo al ir cambiando. Y el viaje a ninguna parte por eso mismo no puede ser de ida ni de vuelta.

Salvo que esa vuelta sea algo menos trascendental y se refiera al hecho de "estar de vuelta". Hay gente que está "de vuelta" de muchas cosas, ideales que ha abrazado, causas por las que ha luchado y que lo han ido decepcionando. Da la impresión de que se trata de una circunstancia muy generalizada. Aunque siempre habrá quien continúe estando de ida sin parar y absorbido ¿quién sabe? por una fe ciega o cualquier cosa así y no esté de vuelta nunca. La mayoría de la gente, a pocos años que tengamos, estamos de vuelta de tantas cosas que parecemos los restos de un ejército en derrota, como el VI alemán en Estalingrado. Pero las muchas vueltas de que estemos en la vida como las muchas vueltas que la vida dé no son suficientes para forzar una vuelta en esa misma vida.

Por supuesto, el único que da la vuelta de verdad y retorna allí de dónde vino de modo radical y absoluto es el suicida. Esa es la única vuelta que no admite vuelta, no tiene vuelta de hoja, no da más vueltas ni nos permite siquiera estar de vuelta. Es la volteidad misma. Pero tiene un inconveniente aparte, naturalmente, del valor que hay que tener para ello, que es el de que luego no se puede contar. Los suicidios siempre los cuentan otros. Lo suficientemente disuasorio para que uno se pronuncie por decisiones más livianas del volver.

Que, claro, resulta que no existen porque si todo lo sólido se desvanece en el aire, excusado decir lo que no es sólido.

(La imagen es un óleo de Monet, Llegada de un tren (1877), Fogg Art Museum, Harvard University Art Museums. Cambridge. Massachusetts).

dilluns, 10 de novembre del 2008

Literatura y canibalismo.

Ya está en la calle el número cuatro de Vacaciones en Polonia (una publicación en cuarto mayor de 167 páginas) dedicada más que a lo que reza su título, a la cuestión del canibalismo antropófago en términos fundamentalmente (pero no sólo) literarios. Como siempre trae un diseño, impresión, maquetado, montaje, ilustración muy cuidados y provocativos y obliga a una lectura cuidadosa para no perderse en una ordenación de los textos más dictada por razones estéticas que de comodidad del lector.

El tema escogido es tan provocativo como el formato de la publicación y está tratado normalmente sin convencionalismo alguno, con tal acumulación de material, riqueza gráfica, multiplicidad de planos, noticias de todo tipo que resulta apabullante y uno sale de la lectura como si estuviera uno digiriendo al vecino o planeando comerse al cobrador del gas. En lo esencial, el número tiene tres tipos de trabajos (tiene más y, en el fondo, es inclasificable, pero si no se hace así, no hay modo de hablar de él): unos en forma de ensayos o dossieres monográficos (como la cuestión del canibalismo en la conquista de América, el movimiento antropófago en el modernismo en Brasil y la primera parte de un interesante trabajo sobre el misterioso escritor B. Traven), otros trabajos literarios originales de diversos autores actuales con el canibalismo como tema central y otros por fin textos clásicos, selecciones y/o antologías de autores célebres.

De los dossieres, el del canibalismo en la conquista de América, de Davamesk de Zakopane, es una investigación apoyada básicamente en textos muy críticos del comportamiento de los españoles en las Indias de Rafael Sánchez Ferlosio, Alberto Cardín, Roger Bartra, etc que sostienen que la acusación de canibalismo hecha por los españoles, Colón, Cortés, Díaz del Castillo, Pizarro, era una forma de legitimar sus actos de depredación, saqueo y crimen. Creo haber entendido que no se niega que los aztecas hicieran sacrificios humanos pero sí que fueran caníbales en tanto que hay testimonios suficientes de los propios conquistadores (Alvar Núñez Cabeza de Vaca, por ejemplo) acerca de cómo los españoles sí practicaban el canibalismo en condiciones de necesidad. Paralelamente a este trabajo hay otro también sobre América aunque con relatos posteriores que da la impresión de ser del mismo autor (a veces es difícil identificar la autoría de los trabajos), dando cuenta de dos relatos de viajes al Brasil, en las tierras de los indios Tupinambá, en concreto los de los viajes del alemán Hans Staden y del francés Jean de Léry en el sglo XVI en los que ambos autores testifican de la existencia del canibalismo entre los citados indios, si bien en el caso del alemán éste salva el pellejo porque, a diferencia de un valeroso prelado portugués que vio devorar él muestra tales signos de miedo que los indios deciden no comérselo para no acobardarse a su vez. El autor enlaza estos relatos con el testimonio de Léry sobre la noche de San Bartolomé, que le permite dar a entender que esas prácticas caníbales también se dieron en las guerras de religión en Francia y con la reflexión de Montaigne en su ensayo De los caníbales en el que muestra un relativismo similar. Inserto en este trabajo general se encuentra también una interesante reseña bibliográfica de la obra de Roberto Fernández Retamar que recoge la tradición de la etimología de caníbal, derivado del nombre "caribe" que los indios se daban a sí mismos al llegar allí Colón y su interesante derivación en el Caliban de la Tempestad de Shakespeare.

El dossier sobre el movimiento antropófago en el modernismo brasileño es obra de Juan María Sánchez Arteaga y se organiza fundamentalmente en torno a una noticia biográfica del soprendente escritor, hacendado, aristócrata y agitador político Oswald de Andrade que, inspirado en un cuadro (célebre por lo demás si no por su calidad estética sí por su simbología) de una de sus mujeres Tarsila do Amaral, lanza una Revista de Antropofagia a seguidas de un Manifiesto antropófago (hacia 1928) en el que se conjugan varias influencias, el psicoanálisis, el marxismo, el Manifeste Canibale de Francis Picabia en 1920 y el conjunto del surrealismo. La antropofagia sería el descubrimiento del alma filosófica del Brasil que atiende a las raíces aborígenes al tiempo que devora todas las influencias venidas de Europa, del exterior en general. Es interesante que este modernista antropófago de Andrade siguiera luego los pasos de muchos otros surrealistas europeos, se integrara en el Partido Comunista y pusiera su talento al servicio de la agitación revolucionaria. Acompañan al estudio una serie de textos de gran interés, como la declaración Tupí or not Tupí o la explicitación que del llamado "relatorio de Juliano Paixaroli" hicieron Tarsila do Amaral y Oswald de Andrade. Este Paixaroli era un camarero negro que en 1919 asesinó y en parte devoró a la bailariana rusa Kristina Seligman-Vogdanovskaia suicidándose después de un disparo en la cabeza en la misma habitación donde estaba el cadáver semidevorado y en la que la policía encontró los dos cuerpos entre excrementos y vómitos, así como una especie de confesión en diez sucintos puntos que luego ampliaron y explicitaron nuestros revolucionarios modernistas Tarsila y Oswald. También se reproduce el muy original Manifiesto antropófago de De Andrade (pp. 92/93).

El tercer ensayo monográfico es una minuciosa y documentada investigación sobre el escritor B. Traven que me ha interesado especialmente dado que siempre he sido lector de su obra, El tesoro de Sierra Madre, El barco de la muerte, Gobierno, etc y, como a todo el mundo, siempre también me ha intrigado que se tratara de un hombre tan misterioso, al extremo de que seguimos sin saber prácticamente nada sobre él, ni siquiera en qué idioma escribía, si en inglés o en alemán, aunque es casi seguro que era en alemán. Sabemos que se refugió en México probablemente a comienzos los años veinte y tengo idea de que gozaba de protección oficial porque, si no recuerdo mal, su primera traductora al español fue Esperanza López Mateos, la esposa del que fue presidente de la República. Había llegado allí tras vagar por diferentes latitudes y tener numerosas aventuras escapando de la represión después del fin de la República consejista bávara en 1919, en la que tuvo un participación destacada como Ret Marut que parece ser uno de sus numerosos seudónimos. El autor del trabajo, Raj Kuter, da por buena la identidad de Marut, siguiendo un criterio que tiende a extenderse, y relata sus andanzas en un verdadero "barco de la muerte", al tiempo que expone las convicciones anarquistas del autor y en otros trabajos complementarios, como añadidos al principal, traza un cuadro de los principales personajes y hechos de la revolución alemana de 1918/1919, Georg Grosz, Otto Gross, Franz Jung, el dadaísmo, etc que permiten hacerse una idea del contexto histórico y literario en que se gestaron las primeras obras de ¿Bruno? ¿Bernhard? Traven.

Entre los trabajos más livianos y de creación directa destaco El día que Robinson se comió a Viernes, de Guillermo el Viejo, una ingeniosa idea bien escrita que no requiere comentario. Caca y metamorfosis, de Jan Zapiekanka es una especie de agria crítica de la contemporaneidad con toques apocalípticos que arranca del hundimiento del comunismo y el triunfo del "capitalismo caníbal" (caca), con el domino del Fondo Mafioso Internacional (FMI), los abusos de las ONGs, las privatización de todo, incluida la tortura y, en definitiva, la generalización de la ubuesca mierdra: "El mundo entero tiene ahora sabor y olor a mierdra" (p. 30), a lo que se añadirá la prevalencia del sida, las fechorías del lobby nuclear, los treinta millones de estadounidenses que, víctimas de la neurosis de la seguridad, viven en ciudades privadas. Termina con una especie de metáfora parabólica: Gregorio Samsa trasmutado en Gregario Samsa, un "borrego que se cree lobo" (p. 34), que vive descerebrado y manipulado entre Google y Yahoo, cuyo epítome artístico es la negación del arte por su infame mercadeo en la obra de Andy Warhol y que se constituye en una especie de lamentable individualismo gregario. Uuuuufff. Siempre que leo estas cosas tan extremas me pregunto qué piensan de sí mismos sus autores. Francisco Socas escribe una noticia condensada sobre canibalismo en la mitología griega y la tradición clásica que titula con una expresión de Agamemnon del Tiestes de Séneca y arranca de la misma Teogonía, cuando Cronos devoraba a sus hijos, pasando por la leyenda de Procne y Filomela hasta la maldición de los tantálidas y en especial de las relaciones entre Tiestes y Atreo, que tendrán su repercusión, andando el tiempo en el nostoi de la guerra de Troya.

Por último, el número cuatro de VP trae una gran cantidad de referencias textuales, citas, noticias concretas, antologías y textos de numerosos autores, desde la famosísima y macabra recomendación del clérigo Jonathan Swift de comerse a los niños pobres de Irlanda para aliviar el problema de la miseria y reducir la cantidad de papistas en el país hasta la obra de Jardiel Poncela en 1947 Como mejor están las rubias es con patatas, pasando por el Marqués de Sade, Herman Melville, H. P. Lovecraft, Alfred Jarry (dios lar de la revista), Giovanni Papini y Witold Gombrowicz sin olvidar un interesante e incisivo trabajo sobre Georges Perec de R. Vetusto titulado Crêpe de Perec que es en realidad una especie de minucioso análisis, casi una autopsia de la obra completa del autor de La vida instrucciones de uso con referencia a la larga lista de autores por él canibalizados y a la escuela del Oulipo (el Taller de Literatura Potencial) en cuyo espíritu Perec llenó el panorama de pangramas, heterogramas, crucigramas, palíndromos y lipogramas.

Por supuesto, el número tiene más aportaciones puesto que debe de ser el ensayo más completo de que se disponga por ahora de las relaciones entre la literatura y la antropofagia, pero no puedo reseñarlas todas no porque sean de menor valor sino por no prolongar demasiado la entrada. Quien quiera completarla hará bien en procurarse la revista. Haciendo honor a su espíritu no integrado en los circuitos mercantiles, ésta es difícil de encontrar. Me consta no obstante (porque me lo dijeron los autores) que está en la librería El bandido doblemente armado que regenta mi amigo Diego Pita en la madrileña calle de Apodaca, 3 que, además, tiene güebpeich: El bandido doblemente armado. Por quince urillos merece la pena. De nada.

diumenge, 9 de novembre del 2008

Obapatero y Zapabama.

Vale, Presidente, un tantazo se mire como se mire. Está el personal que echa las muelas. La derecha hubiera preferido que te dieras una castaña. ¿Cómo preferido? Hubiera dado dos dientes (no los colmillos, claro) a cambio de que fracasaras para poder largar sus discursitos. Explicaría que la España de Bambi (¿a que ya nadie se acuerda de este calificativo que te dedicaron al principio los genios y estrategas de la oposición y del que no queda ni rastro?) ya no pinta nada en el concierto internacional desde que los tres piratas pusieron sus pezuñas sobre la mesa de las Azores mientras el señor Durao Barroso les hacia la foto.

Ha sido un triunfo diplomático español que refleja lo mucho que nuestro país cuenta en el escenario internacional y que ninguno de tus detractores te agradecerá porque prefieren que España se hunda a que tu Gobierno pueda apuntarse una victoria. La jodida envidia que mira que es mala. Habría que haberlos oído, en cambio, en el caso de que la iniciativa española hubiera fracasado. Y habrá que oírlos en todo caso si Mr. Matorral-pato-cojo se atreve a hacer alguno de sus desaires porque para los tiralevitas es más importante lo que haga Bush que lo que haga nuestro presidente. Como Palinuro no tiene deuda con nadie, con la oposición ni con el Gobierno, se felicita por el éxito de España, conseguido sin un tantico así de ayuda del señor Aznar, incapaz de mover el meñique con su íntimo de las Azores. Qué cosas, ¿verdad?

Ahora a lo tuyo, a llevar a Washington propuestas razonables para salir de esta crisis en buena parte provocada por la ineptitud del anfitrión de la cumbre. Y a ver si coronas este partido con una entrevista con Obama. Sería para flipar en colores. ¡Aúpa Obapatero y Zapabama!

(Las imágenes son sendas fotos de radiospike photography y guillaumepaumier, ambas bajo licencia de Creative Commons).