miércoles, 28 de febrero de 2007

El adelantamiento de las mujeres.

Mi cuñada, Mabel Redondo, pertenece a un club feminista llamado "Club de las 25" que ayer noche otorgó en el Palace unos premios anuales a personas destacadas en su defensa de los derechos humanos, y nos invitó a Celia y a mí. El club está presidido por Karmele Marchante, a la izquierda en la fotografía, luciendo el abanico, objeto material del premio, obra del artista Carmelo Castellano. El sfumatto leonardesco no es una genialidad mía, sino una avería de la cámara. Menos mal que Karmele hermosea cualquier encuadre. Por cierto, recomiendo vivamente su página web, en especial su entrada del 10 de enero de 2007, titulada Contra el monstruo de la COPE. Hacía tiempo que no me reía tanto. Si otrxs periodistas tuvieran tanto valor y tanta integridad, el país sería mejor.

El Club de las 25, al que también pertenecen otras mujeres de valía personal, como mi colega Cecilia Castaño, así como la jueza Raimunda de Peñafort o la psicóloga Rosario Castaño, con quienes compartimos mesa, es una asociación en pro de los derechos humanos en el mundo entero desde una clara perspectiva de género. Un pedazo de sociedad civil palpitante, capaz de llevar a la práctica ideas que, de otro modo, se adocenan en especulaciones puramente académicas.

Este año, el club ha otorgado sus premios a Isidoro Macías (el "padre patera"), Juan Manuel Pardellas y a los Voluntarios de la Cruz Roja de Canarias por la labor que todxs han venido realizando en apoyo de los inmigrantes africanos que arriban a las costas canarias en situación de necesidad extrema, habiendo dejado detrás la helada falta de esperanza. En sus palabras de agradecimiento, el "padre Patera", franciscano, estuvo mínimo y sencillo, como el poverello de Assis y se ganó las simpatías de un público que, juraría, era mayoritariamente agnóstico o ateo.

Premio cayó también sobre el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, quien ha imputado un delito de genocidio a varios presuntos genocidas guatemaltecos, en especial al (siempre presunto, claro) criminal Efraín Ríos Montt, hoy candidato a la República de Guatemala. En nombre y recuerdo de lxs 250.000 indígenas asesinadxs en el país, el Club otorgó el premio a la también candidata a la presidencia, Rigoberta Menchú. Esa mujer menuda, de rostro aniñado e inefable sonrisa, premio Nobel de la Paz, simboliza mucho en el largo camino de los pueblos indígenas hacia su emancipación. Espero que lxs lectores sepan disculpar mi pequeña vanidad de saludar, felicitar y retratarme con la leyenda viva y futura Presidenta de Guatemala. Le dio el premio María Teresa Fernández de la Vega, otra mujer de rara virtud, objeto de infames ataques de la derecha y la política mejor valorada por lxs ciudadanxs con mucho que por algo será, digo yo.

Las 25 otorgaron también un premio a Rosa María Calaf, veterana corresponsal de TVE y recientemente despedida del "Ente" en el ERE que éste ha acometido. No sabía yo que Calaf hubiera estado en más de 160 países en el mundo. Marco Polo a su lado, un sedentario burgués.

Premio finalmente recayó a título póstumo sobre la periodista Anna Politkovskaya, cuyo apellido no supo pronunciar nadie, asesinada hace unos meses en Moscú con la obvia intención de acallar su voz en defensa de los derechos de los chechenios. Recogió el abanico en su lugar un amigo y colega suyo, Vyacheslav Izmaylov, un ruso que parecía salido de Nuestra Natacha.

Compartimos mesa igualmente con Marta Cibelina y otra colega suya del 20 Minutos, una suerte porque, aunque el concurso de los mejores 20 blogs me parece una caquifuti, creo que el periódico es el mejor de la red con mucho y una prueba incontrovertible es que, al cambiar su versión digital, El País le ha copiado bastantes cosas, pero no ha conseguido acercársele en diseños ni en contenidos informativos.

Unos premios combativos. Enhorabuena a lxs premiadxs y las premiadoras.

La misteriosa Rusadir.

El centro de la UNED de Melilla y la editorial Bellaterra acaban de publicar el libro de la foto de la izquierda sobre esa ciudad, que los fenicios llamaban Rusadir. Es una edición primorosa, en papel couché con abundante imaginería de las revistas de la época, fotografías, dibujos, grabados, planos de la ciudad y de las campañas del Rif y Marruecos. El texto, muy documentado, da cuenta de la evolución de la plaza, fortaleza y presidio menor hasta el siglo XX a través de la iconografía de la prensa.

Al margen de la sempiterna pelea sobre las plazas españolas en el África, debo confesar que tengo una particular debilidad por Melilla, que me parece una bella ciudad casi desconocida en la España peninsular. Cada vez que tengo ocasión de hablar de ella, me apresuro a contar algo poco conocido: que Melilla es la segunda ciudad española en arte urbano modernista, por detrás solamente de Barcelona. Quien haya pisado la Plaza de España, en el corazón de la ciudad y transitado por alguna de las calles que a ella convergen habrá admirado la cantidad de edificios que mezclan el modernismo gaudiano con la influencia árabe en el clima africano. El asunto tiene su explicación en el hecho de que, cuando se produjo la expansión civil de la ciudad, a comienzos del siglo XX, el arquitecto municipal que la orientó había sido discípulo de Gaudí. Sea cual sea la razón, el hecho es que Melilla es una curiosa joya modernista entre palmeras, buganvillas y chumberas.

No es la única peculiaridad melillense: en el corazón mismo de la antigua fortaleza construida originariamente al estilo de las fortificaciones de Vauban y ampliada después con sucesivos recintos amurallados, bien protegida, se encuentra la que, según dicen, es la única capilla gótica del continente africano...consagrada a Santiago Matamoros, nombre que habla mucho de la piedad de la guarnición española y poco de su sentido de la diplomacia.

Tengo yo muy recorridas las calles de la ciudadela, el paseo marítimo, los trayectos hasta los puestos fronterizos, pues hubo una temporada que iba todos los años a los cursos de verano de la Universidad y guardo un gran recuerdo del parador "Don Pedro de Estopiñán", el conquistador de la plaza en nombre de la corona de Castilla, pues aquella pertenece a España antes incluso de que España surgiera con el cierre de Navarra. Desde ese parador se ve ve el famoso monte Gurugú y, en su estribación, el Barranco del Lobo, de triste memoria, donde las cábilas rifeñas masacraron a una brigada de cazadores españoles al mando del general Pinto, un hecho recordado en la famosa copla: "En el Barranco del Lobo/hay una fuente que mana/sangre de los españoles/que murieron por la Patria."

Melilla es la frontera de España al oriente exótico, cruce de civilizaciones ya desde los tiempos de los fenicios, tiene el encanto de los abigarrados puertos mediterráneos, donde se mezclan gentes de todas las andaduras de la vida. Recuerdo, incluso, que publiqué un cuento por entregas en Diario 16, allá por los años 80 con ilustraciones del gran Alfredo, titulado "Intriga en Melilla". Si lo encuentro por ahí, pondré alguna de ellas, pues Alfredo me regaló los originales.¡Ah, cuánta nostalgia!

Muy bien por el librete.

martes, 27 de febrero de 2007

En todas partes cuecen habas...

...y en mi casa, calderadas. Mi amigo Tom Cahill, estadounidense expatriado, residente en un pueblito del Midi francés y muy activo en todos los movimientos altermundistas posibles es también miembro de la organización Americans for Peace and Justice, cuyo logo reproduce uno de los cuadros que pintaba casi en serie (peaceable Kingdom) el gran Edward Hicks, cuáquero y pintor naif, verdadero ideólogo malgré lui même de la imagen paradisíaca de América como tierra de promisión. Incluyo otro muy divertido, de 1830, que no es tan conocido, legitimando el tratado "eterno" de William Penn con los indios, fundamento mismo de los EEUU.

Bueno, el caso es que Tom está enviando unas interesantes circulares sobre las próximas elecciones presidenciales francesas. Ni que decir tiene que él apoya a José Bové quien, de momento, lucha por conseguir las 500 firmas precisas que avalen su candidatura. En la última había un trozo sobre las peculiares costumbres de los franceses del Midi en sus reuniones que, con el permiso de Tom, he traducido y pego aquí porque creo que hará las delicias de más de un/a lector/a viendo cuánto se parecen los izquierdistas en todas partes y, cómo no, también los anglosajones entre sí. Oh, boy! How schocking this bullshit is!

"Permitidme algunas observaciones críticas sobre lo que pasa siempre en las reuniones locales. Éstas están dominadas por los hombres, no por todos los hombres, sino por el tipo de hombres que “lo saben todo”. Hablan con seguridad acerca de asuntos políticos complejos como si los comprendieran a la perfección. Pero como no están de acuerdo entre ellos, cualquiera puede ver que uno de los puntos de vista del debate, de cualquier debate, está equivocado. Quizá los dos. En esta parte de Francia hablan muy alto y rápido cuando debaten. Agitan las manos e invaden lo que yo llamaría “el espacio personal”. Son fajadores sin pulir. A mí me desconcierta. No puedo evitarlo; mi dominio del francés no alcanza la velocidad ni la sutileza necesarias. No estoy seguro de que se den cuenta de son abusones agresivos y machistas. Y si se dan, no creo que les importe. Simplemente dirán “c’est normal”. Creía que la gente politizada de forma “alternativa” había aprendido hace años a comportarse mejor. Pero no aquí. No cuando llega el momento. No en el Midi. Esto me produjo dolor de cabeza la primera vez que acudí a una reunión. Más tarde aprendí a evitar los dolores de cabeza poniéndome “en suspensión”, “sin estar realmente allí”…. Además se interrumpen recíprocamente, igual que los políticos reales en la TV. Dos o tres de ellos pueden hablar al mismo tiempo en voz alta durante 20 o 40 segundos tratando de ser quien habla más alto y más tiempo. Luego, uno de ellos se detiene. Es el “perdedor”, y el otro sigue hablando, exponiendo sus razones. Es asombroso. Nadie dice nada sobre algo tan estúpido. Lo he comentado a menudo en encuentros más reducidos, tomando un café con alguno o después de una reunión. Pero nadie parece preocuparse por ello. Incluso los compañeros franceses dicen que no tienen ni idea de lo que se habla cuando dos o tres adoptan este detestable comportamiento al unísono. Debo añadir que en nuestras reuniones a veces pueden darse cuatro conversaciones o más al mismo tiempo. Algo así sucede también en Attac y el Club de ciclismo. Me saca de quicio."
Suena ¿eh?

Más sobre De Juana.

Los médicos están debatiendo ya in extremis si mantienen a De Juana atado a la cama las 24 horas del día, habida cuenta de que su condición es muy delicada, de que se ha arrancado la sonda con que lo alimentan y de que, si se la vuelven a poner, puede darse un desenlace fatal. ¿Qué les parece a Vds. mantener a una persona atada veinte y cuatro horas a la cama? Hace seis meses, que colgué mi primer post sobre este caso avisando de que, si se aplicaba la "justicia" de la venganza y se caía en la tentación de retorcer el Estado de derecho para mantener injustamente a este hombre en la cárcel podríamos encontrarnos en la paradójica cuanto estúpida situación de acabar convirtiendo en un mártir por la libertad de expresión a un criminal convicto y confeso. (La ilustración de Ensor, "Mi autorretrato en 1960", dibujada en 1860)

Tal cual. Es lo que ha sucedido. No hace falta que diga que estoy amargado por haberlo previsto. Tampoco que me subleva las entrañas el estólido comportamiento del entonces ministro de Justicia, la irresponsabilidad de unos jueces capaces de dictar sentencias tan inícuas y la ruindad moral de los politicastros de la oposición al estilo del señor Acebes quien ayer decía que De Juana pretende hacer chantaje a "nuestro" Estado de derecho. Como si no fuera evidente que a De Juana no lo ha condenado en esta segunda ronda un Estado de derecho sino un clima de odio y linchamiento generalizados que no solamente trata de matar a un recluso indefenso sino, lo que es peor, de convertir ese asesinato en una provocación para torpedear todo intento de solución en el País Vasco y, de ser posible, un estallido en ese mismo País Vasco.

No, no es un plato de gusto haber atinado con el peor escenario posible. Y todavía hay más. Se me ocurrió decir entonces, y seguí diciéndolo en los meses sucesivos, que alimentar a la fuerza a una persona se me antojaba práctica cercana a la tortura, cosa que me costó recriminaciones de escandalizadxs y rectxs ciudadanxs que me acusaban poco menos que de estar a las órdenes de los terroristas. Bueno, a la vista está: ¿cómo hay que llamar a la práctica de mantener a una persona en huelga de hambre atada a la cama las 24 horas del día?

El sábado pasado, muchos de los ultras que se manifestaron con la señora Aguirre y el señor Acebes llevaban pancartas donde se leían cosas como "los 25 asesinados por el terrorista de ETA De Juana Chaos nunca podrán hacer huelga de hambre". No pongo las fotos porque me da vergüenza por mis compatriotas, pero quien quiera verlas las tiene, cómo no, en Libertad Digital, que las exhibe muy orgulloso. Nos guste o no, De Juana ya cumplió la condena por esos asesinatos; ¿acaso no es venganza pedir que cumpla otra a cuenta de ellos? Hubo más pancartas, por supuesto, de ultras y falangistas al estilo de la imagen de la derecha y de la asociación del Cdte. Ynestrillas, un golpista del 23-F. Quien quiera verlas, que lo haga en El Plural. Por cierto, ¿cómo se entiende que la presidenta de la Comunidad de Madrid y el secretario general del PP se manifiesten codo con codo con los miembros de una asociación que honra la memoria de un golpista? Francamente repugnante.

Y hay más cosas que dan vergüenza en este siniestro asunto hecho de odio, de venganza, de afán de revancha y de intento de capitalización de tan bajas pasiones para dificultar la labor del Gobierno y, a ser posible, hacer que caiga. Emplear la ya más que probable muerte de un hombre -de quien sea, haya hecho lo que haya hecho- para ver de invertir una tendencia de voto, ganar unas elecciones y sentarse en una poltrona se me antoja incompatible con la caridad cristiana que dicen profesar quienes sin embargo parecen tener tan negra la conciencia como duras las entrañas.

Hace un par de días, en Plasencia, el señor Rodríguez Ibarra pedia en público la excarcelación del terrorista De Juana, al que propinó todo tipo de calificativos (cabrón, canalla, etc) probablemente por miedo a la acusación de tener connivencias con los asesinos. Y ese es el problema de los socialistas y del Gobierno del PSOE, otro asunto que da vergüenza: el miedo cerval que le tienen a los ultras, energúmenos y otros sectarios de la derecha. Si hubieran sido menos cobardes; si el entonces ministro de Justicia, López Aguilar no hubiera dicho aquella monstruosidad de "construir imputaciones", si hubieran actuado de acuerdo con los mandatos de la justicia y la recta razón poniendo en libertad a un hombre que ya había cumplido su condena, si el propio Ibarra, o Bono, o cualquiera de ellxs, no hubiera sido a su vez tan energúmeno, ahora no se encontrarían en esta lamentable situación de llevarse todas las bofetadas porque, hagan lo que hagan, De Juana es ya un símbolo.

El único que, a mi juicio, habló ayer con sensatez fue el señor Llamazares, quien pidió la inmediata excarcelación del recluso. Claro que el señor Llamazares no tiene responsabilidades de gobierno y decir eso le sale gratis (si acaso, algún rebuzno de la caverna), pero los genios del Gobierno sí que lo tienen crudo. De Juana es de hecho un mártir con reconocimiento internacional. Si lo dejan morir, todo el mundo va a echárseles encima, incluidos los que ahora vociferan que no se les ocurra sacarlo, gentes cuyo sentido de la rectitud moral es como el del propio De Juana.

lunes, 26 de febrero de 2007

Quer pasticciaccio brutto dal Senato.

Ya está Italia donde solía, con gobiernos de 9 meses de duración, amagando crisis crónica. El martes pasado cayó el de Romano Prodi (en la foto de AP/Salvatore Laporta), una inverosímil coalición de 12 partidos de centro-izquierda, desde los comunistas de Rifondazione Comunista hasta los democristianos moderados. Este gobierno dispone de una sólida mayoría de 67 escaños en el Parlamento, pero de otra muy incómoda de dos en el Senado, lo cual es muy peligroso porque en Italia, a diferencia de otros países como España en los que la segunda cámara es políticamente irrelevante, las dos pueden hacer caer al gobierno. Como sucedió en la votación sobre la renovación de las tropas italianas en el Afganistán, que Prodi perdió por dos votos. Los "sies" fueron 158, descontando los votos de dos comunistas (Ferdinando Rossi, del PDCI y Franco Turigliato, de Rifondazione) y dos senadores vitalicios, Giulio Andreotti y Francesco Cossiga, que se abstuvieron o votaron que no, lo que en el Senado italiano, en donde las abstenciones se computan como votos negativos, viene a ser lo mismo. Los "noes" alcanzaron 160 votos y el Gobierno dimitió.

El presidente de la República, el antiguo comunista Giorgio Napolitano, rechazó las peticiones de la oposición, que han oscilado entre pedir elecciones anticipadas (Berlusconi) y un gobierno "de transición" (el aliado de Berlusconi, Gianfranco Fini), lo que prueba que la derecha italiana no está más unida que la izquierda y que la idea, muy difundida por los medios de Il Cavaliere de que ganaría las elecciones de celebrarse ahora, tiene mucho de baladronada al estilo berlusconiano. Prueba: la derrota que se infligió a sí mismo el año pasado gracias a la reforma de la ley electoral que hizo a tragar al Parlamento en 2005.

Napolitano ha encargado de nuevo la formación de gobierno a Romano Prodi quien comparecerá el próximo miércoles ante el Senado con el mismo gabinete que el Senado derrotó. Viejo estilo de la política all'italiana. Para fortalecer el gabinete, Prodi le ha presentado un programa-ultimátum de 12 puntos "innegociables", mucho más conservador que el programa anterior (mantenimiento de la política exterior de d'Alema, que exaspera a los comunistas, algunas políticas fiscales redistributivas y "olvido" de los proyectos de parejas de hecho y matrimonios homosexuales), un éxito, pues para los críticos comunistas. El punto 12 del programa dice que el presidente del Consejo es la unica voz autorizada cuando hay discrepancias en el Gobierno. Lo dicho, un éxito.

En cuanto a la mayoría, dicen los del centro izquierda que cuentan con ella porque a sus 158 senadores seguros suman los dos comunistas díscolos que ahora dirán "sí" y un tránsfuga de Berlusconi, antiguo democristiano, creador de un "partido de centro". Es posible que lo consigan. Por esta vez, hasta los dos partidos comunistas han visto el peligro y honra a Rifondazione la conclusión de que "entregar italia a la derecha de nuevo sería un crimen". Notable perspicacia política. Veremos cuánto dura. Il signore Turigliatto ya ha dicho que votará "sí" al Gobierno Prodi II, pero que volverá a votar "no" cuando el Gobierno Prodi II presente el plan para mantener las tropas italianas en el Afganistán. Con lo que, si el Gobierno Prodi I duró 9 meses, el Prodi II puede durar uno y medio. Pensar en elecciones anticipadas con la ley de 2005, sin aprobar antes una reforma electoral, es pensar en lo excusado. Es decir, la legislatura puede terminar con "n" gobiernos Prodi, siendo "n" un número entre cero e infinito.

Es tranquilizador. Ya vuelve Italia por donde solía y no con un pentapartito sino con un dodecapartito.

El precio político.

Cuando estudiaba Hacienda Pública, muchos años ha, me enseñaron que el "precio político" es una tarifa que no cubre costes y, en consecuencia, ha de suplementarse con fondos de las arcas públicas. De entonces acá el concepto de "precio político" se ha hecho menos keynesiano, de acuerdo con los tiempos neoliberales y neocons que vivimos, y se ha convertido en un anatema que la derecha española ha venido empleando para boicotear toda iniciativa del Gobierno del señor Rodríguez Zapatero que, aunque fuera lejanamente, pudiera conducir a algún tipo de negociación en el País Vasco. Todo es "precio político".

En el otro extremo del teclado, Batasuna entiende que nada es precio político. Lo dijo el otro día el señor Otegi en una celebrada entrevista en La Vanguardia, esto es, "El Estado español no tiene que pagar ningún precio político a ETA. Ni tampoco a nosotros." No hay precio político. Algo muy racional, si lo comparamos con la especie de frenesí del PP. Pero no conviene confiarse pues bien puede pasar con Otegi como con el cuento de los dos locos que se narra en el primer capítulo de la segunda parte de El Quijote: que hablando del "precio político" razona con maravillosa lucidez; pero llevado luego al terreno de su particular locura, la autodeterminación, el hombre muestra su desvarío. No hay que pagar precio político, dice con mucha razón, basta con que el gobierno reconozca

"...un marco de autonomía para cuatro territorios que construir desde la suma de voluntades democráticas por parte de la comunidad foral navarra y la comunidad autónoma de Vascongadas. Ese marco debe regular también evidentemente el derecho a decidir libre y democráticamente." (La cursiva es mía)
Ahí es donde don Quijote, esto es, Otegi, se "despeña por la sima de su simplicidad", al creer (o aparentar creer) que tal cosa está en manos del Gobierno. Y conste que, si no es locura, es una irritante manía de pensar que la gente al sur del Ebro no se entera de lo que se le dice.

Confrontado con tan interesantes declaraciones, el señor Rodríguez Zapatero levanta constancia de que hay un cambio de actitud en Batasuna y reitera su criterio: condena y cese de la violencia antes de hablar, cumplimiento de la legislación vigente para presentarse a las elecciones. Son afirmaciones rotundas contra las cuales nada pueden las logomaquias para sortear la renuncia a la violencia. Parece algo absurdo pero el estúpido bombazo de ETA el 30 de diciembre pasado ha fortalecido hasta lo indecible al Gobierno español y debilitado tanto al nacionalismo radical (con su trastienda violenta) como a la oposición conservadora (con la suya ultra) pues los primeros han perdido su crédito y los segundos no han recuperado el suyo. Frente a ETA y su brazo político, el Gobierno mantiene la oferta de negociación siempre que cese la violencia, lo que quiere decir que las frases de Otegi diciendo que hay que seguir con el "proceso" son hueras, cuando no directamente condenables, al llamar "coyuntural" al atentado de Barajas. Y frente a los reaccionarios puede probar lo que ellos no pueden, esto es, no haber hecho ni una sola concesión, nada de "precio político". El señor Zapatero puede estar tranquilo. Imposible que las cosas le salieran mejor. Si sigue la violencia en el País Vasco, su desligitimación será cada vez mayor, y si la derecha se empeña en seguir saliendo a la calle, le sucederá lo mismo.

A propósito, quien quiera contrastar la buena fe y la sinceridad de las declaraciones del señor Acebes, dispuesto a entregar una libra de su carne y su sangre para impedir que el gobierno socialista dé privilegios a los etarras, puede consultar el artículo de Miguel Ángel Aguilar en El País de 20 de febrero pasado, titulado La lista de Acebes, en el que se mencionan expresa y nominalmente cuarenta y tantos de los sesenta y dos casos de presos etarras excarcelados por el propio señor Acebes y los señores Rajoy y Mayor Oreja en sus respectivos mandatos mucho antes del cumplimiento íntegro de sus condenas. A la vista de datos tan apabullantes no hay duda: los señores Acebes, Rajoy y Mayor Oreja son tres bellacos, embusteros y desleales.

Es posible que el nuevo intercambio entre Otegi y Rodríguez Zapatero no lleve a ningún sitio. Pero, cuando menos, se observa en ambos un deseo de hablar, de encontrar bases para entenderse, para resolver conflictos en condiciones muy difícíles, con mucha desconfianza por ambas partes. Donde no hay nada de esto, como siempre, es en las declaraciones del dirigente del PP en el País Vasco, Carmelo Barrio, para quien las declaraciones de Otegi son una "trampa"; unas "declaraciones trampa", que diría el señor Mayor Oreja con su habitual ingenio.

domingo, 25 de febrero de 2007

La enésima manifa de la ultraderecha.

Vaya hombre, los del Manifestómetro nos han fallado esta vez, pues tenían otras cosas que hacer. Nada de extrañar, cuenta habida de que el rebaño de carcundas se manifiesta con tanta contumacia e insistencia que nadie puede ya seguirlxs. Quien más, quien menos tiene ocupaciones distintas de salir continuamente a la calle a poner verde al señor Rodríguez Zapatero y a pasear la bandera. Que lo haga el matrimonio Alcaraz, que se gana tan ricamente la vida con esta movilización permanente de las víctimas, está dentro de la lógica. Que lo hagan otrxs ya es más difícil de entender.

Y así ha debido ser esta vez porque, a pesar de la ausencia de los del Manifestómetro, las cifras de asistencia han tardado en salir y se mueven en márgenes irrisorios pues España ya no es lo que era. La Patria está en peligro. La señora Aguirre no ha contado sus habituales millones de aistentes. O sea, cuatro gatxs. Ya está todo el mundo hasta el gorro del señor Alcaraz y su desmesurado afán de chupar cámara para arremeter contra el Gobierno de Zapatero, con el que tiene una obsesión mayor que la que sufren sus colegas del PP y los auténticos custodios de la "verdadera" izquierda.

Sobre todo, me parece, el foro está ya harto de oírlxs mentir. Porque todo en esta enésima manifa en contra del Gobierno ha sido mentira. Alcaraz solicitó la preceptiva autorización gubernativa con el objetivo declarado de protestar contra la sentencia del Tribunal Supremo rebajando la sentencia a De Juana a tres años. Alguien debió de decirle que se silenciaran las críticas al Tribunal Supremo, que son contraproducentes. El señor Acebes salió diciendo que la manifa contra el Supremo no era contra el Supremo ("que yo ya no soy yo/ni mi casa es ya mi casa"), sino a favor de las víctimas del etarra De Juana, a favor de que cumpla íntegras las penas y de que el gobierno no le conceda privilegios, siendo así que el único gobierno que ha concedido privilegios a De Juana fue el suyo. Y, como puede verse en la foto, Telemadrid se sumó a la mixtificación subtitulando durante toda la trasmisión con esa evidente mentira, pues la manifa no era homenaje alguno a las víctimas ni contra el etarra. Me quedé corto en el post de ayer: Telemadrid hace algo más que manipular. Es un taller de intoxicación en donde la información importa un pepino y en donde un comisario político, Manuel Soriano, dice cuál es la consigna que hay que poner en pantalla.

No sé cuál será el impacto mediático inmediato de estas protestas callejeras que, por lo reiteradas, empiezan a formar parte del paisaje urbano. Lo interesante será cómo influyen en la intención de voto de lxs ciudadanxs. Tenemos unas elecciones municipales en puertas y, para el año que viene, las legislativas. Ahí se verá qué resultado habrán dado los cuatro años de crispación, bronca y mentiras. De seguir las cosas como hasta la fecha y según rezan las encuestas, las gana el PSOE. Es comprensible que estén como están.



La profe de religión y el Tribunal Constitucional.

Prácticamente nadie ha entendido el fallo del Constitucional en el caso de la profesora de religión, María del Carmen Galayo García, salvo y los sectores más reaccionarios de la opinión. Resolviendo una cuestión de inconstitucionalidad planteada por el Tribunal Superior de Justicia de Canarias, el alto Tribunal falla que los acuerdos del Estado con la Santa Sede de 1979, especialmente el referente a "Enseñanza y asuntos culturales" son constitucionales. Estos acuerdos, en el art. III del citado de "Enseñanza...", etc, prevén que

"la enseñanza religiosa será impartida por las personas que, para cada año escolar, sean designadas por la autoridad académica entre aquellas que el Ordinario diocesano proponga para ejercer esta enseñanza."
De acuerdo con este precepto, la señora Galayo García está muy bien donde está, que es en la calle, despedida por carecer de la preceptiva venia docendi del correspondiente Ordinario diocesano, quien se lo ha negado, al parecer, por vivir en concubinato o amancebada.

Pero es que de lo que se trataba, precisamente, era de la constitucionalidad de dichos acuerdos. Y basta con empezar a leerlos para darse cuenta de que no la hay. Su artículo I dice que:

"En todo caso, la educación que se imparta en los Centros docentes públicos será respetuosa con los valores de la ética cristiana."
¿Cómo va a ser constitucional y compatible con un Estado no confesional la exigencia de que la enseñanza en los colegios públicos se amolde a la ética de una religión específica? Es obvio que los tales acuerdos no son constitucionales y que la única forma de entender este auto (que lleva la unanimidad de los magistrados) es que al Tribunal le ha dado miedo provocar las iras de la Iglesia.

La decisión es injusta. Y es más que injusta por cuanto, no contento con admitir como constitucional lo que no lo es, el Tribunal, sin que nadie se lo pida, pasa a avalar la interpretación eclesiástica de la realidad educativa española en unos términos que parecen mentira. Según el auto, es perfectamente admisible que, para conceder la idoneidad, la autoridad eclesiástica exija que

"los profesores que se destinan a la enseñanza de la religión en las escuelas, incluso en las no católicas, destaquen por su recta doctrina y por el testimonio de su vida cristiana".
Desde el momento en que se se reserva al "Ordinario diocesano" la facultad para otorgar la venia docendi al profesorado sin mayores determinaciones (aunque el Tribunal se apresure a recordar que ha de existir un control jurisdiccional) habrá que admitir que la más arriba citada o alguna otra no menos peregrina sean admisibles.

Mi pregunta va dirigida a la ponente del auto la presidenta del Tribunal, María Emilia Casas quien, más papista que el Papa (y nunca mejor dicho) suelta la apreciación citada en el texto del fallo: ¿qué debemos entender por recta doctrina? El testimonio de la vida cristiana que la citada presidenta también exige es igual de absurdo aunque, al menos, se entiende. Pero ¿qué quiere decir la magistrada con lo de recta doctrina? ¿Cuál es la recta doctrina? Está claro, la de la propia magistrada, sin duda coincidente con la de la Iglesia católica. Pues bien, quienes creemos que la Iglesia católica profesa la "doctrina torcida", sostendremos que igualmente torcida es la de la magistrada presidenta del Constitucional. Una prueba más de que lxs magistradxs y jueces no deben pertenecer a sectas, aunque se llamen religiones, porque contaminan su juicio y les hacer decir insensateces.

(Bellísimo el tondo de Rafael representando a la Justicia, 1508)

sábado, 24 de febrero de 2007

El PP contra el Tribunal Supremo.

Podrán decir que la manifa convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) para hoy en contra del fallo del Tribunal Supremo no es en contra del Tribunal Supremo, como sostiene el señor Acebes, cuya capacidad para mentir sin inmutarse es proverbial. Podrán decir que es en apoyo de las víctimas. Podrán decir lo que les dé la gana, pero el hecho crudo es que el mismo partido que hace un par de semanas denunciaba al PNV por convocar una manifa en protesta por una decisión del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, pilla ahora la pancarta y se va del ganchete con la dirección de la AVT, que es una especie de comité de la nueva derecha, a dar los gritos callejeros de rigor en contra de sus señorías, los magistrados del Supremo. Otro tribunal cuyo prestigio pretenden cancelar, para que esto sea la ley del más fuerte.

Enésimo ejemplo de la estrategia del espejo. "No hay que presionar a los jueces", dicen cuando sale a la calle el PNV. Pero luego literalmente se ponen a la cabeza de la manifa para protestar en contra de esos mismos jueces con un afán netamente intimidatorio. Porque el acto es exactamente el mismo: un tribunal toma una medida y los justiciables salen a la calle a dar gritos. ¿Podría el PP explicar si hace lo que condena o condena lo que hace? La otra posibilidad de este misterio es que el señor Acebes -que va a la manifa en compañía de Esperanza Aguirre, Mayor Oreja y María San Gil, tres espíritus abiertos del PP- crea que la población tiene tan pocas luces como él. Todo es posible.

Pero lo gracioso de esta octava manifa convocada por la AVT es que en ésta no participa tan sólo como asociación de ciudadanos afectados y políticamente activos, sino también como parte personada en el proceso, ya que la AVT representaba a una acusación popular. Esto es, por un lado, según se dice, el PP trata de conseguir en los tribunales lo que no consiguió en las urnas, razón por la cual judicializa la política. Y, por el otro, trata de conseguir en la calle lo que tampoco consigue en los tribunales para lo cual, a su vez, politiza la justicia. El caso ez embarullarlo todo, a ver si en el barullo, la gente se confunde y acaba votándolo.

Por último, sí parece que la nueva manifa ahora contra el Tribunal Supremo y siempre antipazateril (¿qué nos apostamos a que se insulta a Zapatero y se habla de "rendición" y otros hallazgos demagógicos?), está provocando marejada en el PP. Los señores Rajoy y Gallardón se han desmarcado. El señor Rajoy, que es como el inspector Clouseau de la política, puede haberse equivocado en el camino de vuelta a casa. Pero el señor Gallardón indudablemente esgrime aquí el supuesto espíritu centrista que lo embarga siempre en visperas electorales cuando, provisto de un hisopo y un casco de seguridad, inaugura tramos, puentes, vías, enlaces, como Cristo curaba tullidos. Ese espíritu por el que van a lloverle castañas hasta en el cielo del paladar de aquí a las elecciones de mayo. Lo que, probablemente, hará que las gane.

Al final ya no se sabe si TVE quiso acallar al señor García o hacerle publicidad gratis para que le suba el caché, pero lo que está claro es que Telemadrid es una oficina de agitación y propaganda al servicio de lo más neofacha del PP. Ayer pasaban un anuncio (pagado con nuestros impuestos) de la manifa contra el Tribunal Supremo, prometiendo cobertura completa de un acto que, lejos de presentar como el enésimo asalto que, con dinero público, organiza una cuadrilla de extremistas y neonazis (doble contra sencillo a que pasean de nuevo banderas de la Falange y de Franco) le parece una muestra de la sensibilidad ciudadana. Luego, la señora Aguirre dirá que estuvo bien pagado porque fueron seis millones de patriotas.

Lxs madrileñxs tenemos lxs gobernantes que merecemos.

El espejo y la máscara.

El museo Thyssen-Bornemisza muestra una exposición temática con el título que va más arriba, que está muy bien y de resultados aceptables. La idea es buena: abordar temas interesantes y poco tratados. El espejo es fascinante y muy importante en la pintura, tanto cuando está como cuando no está. Un autorretrato será casi siempre el retrato de lo que el artista haya visto en un espejo. Se exceptúan los que se hagan de otros retratos, de "memoria" o mediante imaginación libre. Y es el propio artista el que decide si deja que en su cuadro se vea que es imagen de espejo o no. El ejemplo típico es el celebérrimo autorretrato de Velázquez en el que hay un espejo sin importancia al fondo y que probablemente está ahí para distraer la atención del otro espejo, esto es, aquel cuya imagen es lo que Velázquez pintaba. En fin, como a todo el mundo, me da vueltas la cabeza cuando trato de comprender Las meninas. Ese es el misterio que el espejo incorpora o el autorretrato, que es lo que el espejo produce. La exposición también puede consultarse online (El espejo y la máscara), aunque nada, ninguna mediación, conseguirá jamás suplantar a la obra original. Sobre todo porque, además, las imágenes aparecen en la web de Cajamadrid, son muy pequeñas y, si no me equivoco, tampoco están todas las que se exhiben.

La idea primera era buena. Pero luego, además de los espejos y los autorretratos le han metido los retratos y al final queda algo deslavazada, sin que parezca tener un criterio único, y la titulan "retratos en el siglo de Picasso". No está mal porque hay retratos muy notables (algunas muestras de esas espléndidas mujeres, de Egon Schiele, etc), pero es un tema demasiado vasto para darle algún sentido. Por eso, lo mejor es concentrarse en el punto fuerte, que es el autorretrato.

¿Por qué se pintan autorretratos? Digo yo que por la necesidad que tenemos los seres humanos de vernos, de entendernos, de comprendernos y que los pintores tienen el privilegio de satisfacer mejor que el común de los mortales, que hemos de contentarnos con el espejo, en donde vemos la imagen fiel de lo que somos. Si queremos cambiarla, alterarla, tenemos que cambiarnos nosotros. No así el pintor que se autorretrata como es o como quiere ser. Véase, si no, ese autorretrato de Francesco Mazzola (Il Parmigianino) que me parece la quintaesencia misma del manierismo y en el que el pintor da rienda suelta a sus ambiguas fantasias autorretrantándose en un espejo convexo. Espejo y autorretrato.

Y los demás, ¿qué vamos buscando en el autorretrato? Conocer al artista pues el pintor que se autorretrata da la visión que tiene de sí mismo. Un autorretrato es como una autobiografía en la literatura, aunque, al ser la pintura un arte simultánea y no narrativa, pueda parecer que el rostro autorretratado será siempre más liviano e intrascendente que uno descrito a lo largo de interminables consideraciones. Y hay autorretratos y autorretratos. Por ejemplo, en esa interpretación del prendimiento de Cristo en el huerto de los olivos, de Michelangelo Merisi (Caravaggio), el joven del extremo derecho, al que ilumina el rostro un rayo de luz, es el propio Caravaggio, que obviamente, no quería perderse uno de los momentos estelares de la humanidad y, así, consigue el milagro que sólo el arte puede producir de estar en el momento del hecho y dejar testimonio de él.

Estas exposiciones del Thyssen se continúan luego en la Caja de Ahorros, en la madrileña Plaza de Celenque, contigua a las Descalzas Reales, monjas y damas de alcurnia en otro tiempo. En Celenque hay algunos autorretratos de Andy Warhol, de una famosa serie de serigrafías. Asimismo hay una curiosa interpretación del retrato de Dora Marr de Picasso hecho por Carlos Saura que es como el retrato del retrato. Algunas obras de Bacon y Lucien Freud son siempre bien recibidas para entender cuánto ayuda la distorsión a hacerse una idea cabal de la persona que se representa. Hay también tres piezas de David Hockney netas, limpias, claras y muy penetrantes.

Por último, el título incluye la palabra máscara, prabablemente para subrayar la importancia que la exposición otorga a las obras expresionistas o cercanas al expresionismo, con su inclinación a utilizar los colores y el dibujo para subrayar la condición artificial, de máscara, que tiene el rostro humano, aquello que vemos y que oculta la realidad de lo que es; o de lo que creemos que es.

Una exposición que merece mucho la pena.


viernes, 23 de febrero de 2007

¿Censura TVE?

Creo que sí. Cierto, pronunciarse sobre la supresión de la entrevista de Quintero a José María García sin haber visto el material censurado es peligroso. El rollo que devanó en negro la tele el día de marras explicando que no emitía la entrevista porque ésta contenía “insultos y descalificaciones a políticos, empresarios y periodistas" sin que lxs espectadorxs pudiéramos juzgar por nuestra cuenta, tiene un crédito limitado. La tele largó el trozo en el que García habla del baranda del Ente (vaya nombrecito) para que no se creyera que la casa censura por interés propio, lo que es más o menos enternecedor, pero no tiene por qué justificar la supresión del conjunto. Sobre todo porque lo que se puede ver en el trozo permitido no tiene nada de insulto, sino que es un comentario, más o menos jocoso, más o menos ácido, pero perfectamente admisible como opinión ya que, además de García, muchas otras personas piensan que, en efecto, el director del "Ente" es persona de confianza en el círculo de PRISA, al que el señor García llama "imperio" utilizando el mismo término que tantos otros para muy diversos fines, Asimov, el recientemente fallecido Kapuzinski, etc.

Así que me puse a buscar y acabé encontrando los momentos esenciales de la entrevista en dos videos que tiene colgados El Mundo y que valen un potosí porque recogen los momentos en que García formula sus juicios sobre Florentino Pérez, Rajoy, Aznar, Sáez de Buruaga, Luis Herrero y Federico Jiménez Losantos. (Quien quiera verlos que haga click sobre el enlace o sobre la imagen. Recuérdese que el video tiene dos partes).

A lo mejor resulta que El Mundo está jugándonosla y que esos cortes que saca son los más inocuos y hay otras secuencias en las que García insulta gravemente a esas personas o les falta al respeto. Si así fuera podría tener razón TVE. Pero si todo lo que hay es lo que se ve en los videos de El Mundo, de insultos y descalificaciones nada. Al contrario, habla con mucho conocimiento de causa y dice cosas que, o son sabidas o resultan verosímiles, y sin insultar a nadie. Por ejemplo, dice de Aznar que ha sido el mayor censor que ha tenido este país. Si hablamos desde la transición para acá esa es una verdad que todo el mundo conoce. Dice, además, que, cuando fe a verlo (a Aznar) a la FAES se encontró con un hombre dominado por el rencor, la revancha, que no admitía el resultado electoral de 2004 y que sigue mandando en su partido. ¿En dónde está aquí el insulto y la descalificación? Esas afirmaciones son obviedades. Y lo mismo con el resto de los juicios que vierte.

Es magnífica la anécdota que cuenta de Sáenz de Buruaga cuando, estando éste en Antena 3, recibió orden directa de Villalonga, entonces presidente de Telefónica, de que abriera un telediario "matando" a Piqué que tenía entre manos un proyecto de ley molesto para el compañero de pupitre del señor Aznar. Cómo Sáenz de Buruaga telefoneó a Piqué para ponerlo sobre aviso y cómo, en efecto, abrió el telediario de la noche "matando" al entonces ministro. Esta anécdota será verdad o no (parece bastante verosímil, conociendo a los personajes), pero no contiene insulto alguno ni descalificación y sí, en cambio, una información relevante de interés para los ciudadanos, para que sepan con quién se juegan los cuartos.

O sea que, a primera vista, la TVE ha metido bien la pata censurando la entrevista y, además de las acciones judiciales que pueda emprender García, también la ciudadanía, a través de las organizaciones de consumidores, debiera proceder contra TVE por atentado al derecho a la información. Que lo decidan los tribunales.

No sé si el señor Florentino Pérez (a quien no conozco de nada, pues parece alguien relacionado con el fútbol, extraña actividad social, llena de ruido y de furia, que apasiona a la inmensa mayoría de mis coetánexs) habrá influido o no para censurar la entrevista o si habrán sido otros mendas (tengo pruebas de que los del PP son maestros en esto de censurar, prohibir, expulsar a los disidentes, etc), pero da igual: al final de la historia, aquí, el censor ha sido el famoso "Ente". Creo también entender las razones de la censura, conociendo a los progres: les da tanto miedo que puedan acusarlxs de usar la televisión para ir contra sus adversarixs, que torpedean la libertad de expresión. Y como todos los vapuleados aquí son la extrema derecha política y mediática del país, pues nada, a meter la tijera, no vayan a enfadarse los afectados.

Se dirá: pero, bueno, estxs ¿son tontxs? Pues, la verdad, sí; o algo peor. Es ese miedo de cierta izquierda, subsecuente con el fascismo, que la lleva a culpar al PSOE de no consensuar las políticas con el PP. Como si con el PP pudiera consensuarse algo que no fuera seguir a pies juntillas sus órdenes. Es una razón estúpida, desde luego, pero es la que mueve a estos caguetas, submarinos de la derecha en la izquierda. Porque sólo el canguelo permite entender que se haya censurado un discurso tan claro, interesante y lúcido como el de "Butanito", a quien habrá que rebautizar de "Butanazo".

Insisto: si todos los "insultos" son los que se oyen en esos videos. Si hay otro material injurioso, calumniador, no he dicho nada. Pero no debe de haberlo, pues El Mundo lo habría sacado.


Antígona.

El martes fuimos a ver Antígona, un montaje de Oriol Broggi en el Teatro de La Abadía que seguirá hasta el próximo domingo 25. Hay que ver lo que aguanta este teatrito. Hace un par de años pusieron todo el ciclo tebano de Sófocles de una tirada: cuatro tragedias clásicas seguidas en una tarde y en un espacio que no creo supere los 400 o 500 metros cuadrados, contando todo, esto es, escenario y platea, más pasillos. Que no sé yo si eso se acomoda a obras que fueron escritas hace dos mil cuatrocientos años para teatros al aire libre, de gradas inmensas y en los que los actores y actrices tenían que emplear máscaras con bocinas para hacerse oír por los espectadores más alejados. Sin duda, los escenarios pequeños se prestan también al drama. Así las casas de las familias burguesas de las obras de Ibsen, de Strindberg, de Chejov, donde las pasiones se cuecen en un dormitorio o un comedor. Estas tragedias griegas, en las que hay que invocar a gritos a los dioses mirando hacia arriba se compadecen mal con los techos bajos y las paredes próximas.

Claro que el espacio teatral es imaginario y se impone al real a veces con un mero signo. En el montaje de Broggi, sabemos que estamos en Tebas, capital de la Beocia, porque hay dos olivos en ambos extremos del proscenio. Con eso basta, desde luego, para el que quiera imaginar el resto. Y, aun así, se queda uno pensando que tan inmensa tragedia se ahoga entre las cuatro paredes. Para acabar de arreglarlo, aunque el montaje esté bien y la dirección sea equilibrada, eso de repetir los personajes, probablemente por falta de precupuesto, mal crónico de las compañías pequeñas, produce un efecto desastroso, a veces bordeando lo cómico. Que la misma actriz interprete a Ismena, la hermana de Antígona, a Eurídice, la mujer de Creonte y a una ciudadana sin cambiar de apariencia, pues en fin... El pequeño espacio juega otras malas pasadas: el trance de Tiresias al adivinar el porvenir, siempre un momento difícil en la representación, no aguanta un escrutinio a menos de tres metros. La interpretación también bien, siempre que uno se resigne a ver una Antígona hogareña, cosa algo contradictoria con el personaje que, como Electra o Ifigenia, piensan que no tendrán hogar ni hijos, consagradas como están a otros fines. Electra sí los tendrá, pero ese es otro cantar.

En cualquier caso, merece la pena ir a verla porque siempre es Sófocles y siempre es Antígona, aquí intepretada por Clara Segura, que está discreta. Buscando en mi memoria qué Antigona me haya dejado mayor recuerdo no tengo duda, la que interpretaba Irene Papas en un peli de los años 60, dirigida por Yorgos Javellas. Como dirían en Latinoamérica, Papas "se robó" el personaje y el personaje la marcó, así que seguí viendo a Antígona cada vez que aparecía la actriz en sus otras películas, que han sido infinidad, en Zorba el griego, por ejemplo. La recuerdo muy bien interpretando a Helena, la esposa del diputado en el peliculón de Costa Gavras, Z, con una banda sonora de Mikis Theodorakis que todavía hoy escucho con emoción. Y seguia siendo Antígona. Ella misma debe de haberse identificado con el personaje de tal modo que hace año y pico todavía dirigió (y la mujer debe de tener ya más de 80) una Antígona en el Teatro griego de Siracusa que, según pude leer, fue un éxito.

La grandeza de Antígona es la desmesura misma que refleja el conflicto y ella subraya: una frágil mujer contra el Estado, al que vence. Desobedece la ley del tirano y, aunque lo paga caro, sale triunfadora moral cuando ese tirano, la ley misma, reconoce su culpa y trata de enmendarse tardíamente. La mujer movida por la ley de la sangre, un principio oscuro, primigenio, casi ctónico, hace frente y aniquila a la norma positiva de la justicia humana que, con toda razón, manda que no se rindan honores fúnebres al traidor a la Patria. Eso es lo que movió a Hegel a dedicar a Antígona un apartado genial en La fenomenología del espíritu. Porque esa tensión acompañará a los seres humanos hasta el fin de los tiempos. ¿Obedeceremos a las leyes aunque las consideremos inícuas? Ningún orden jurídico puede admitir que lxs ciudadanxs decidan en conciencia si obedecen a la norma o no; pero ninguno, tampoco, podrá jamás evitar que surja alguien que desobedezca públicamente, que quebrante la ley en nombre de una razón que juzga moralmente superior. Mientras haya normas humanas que exijan obediencia, habrá desobedientes que las incumplan por razones de conciencia. Antígona no llegó a parir hijos, pero los ha tenido a centenares, a millares. En cada desobediente civil hay un hijo de Antígona.

jueves, 22 de febrero de 2007

El patriotismo de la derecha (II).

En el post de ayer me quedé en la importancia de los símbolos en la transición. Antes de seguir adelante, me gustaría subrayar un aspecto de la visión que los franquistas tenían de España y que ayudará a entender lo que ha pasado después. Dije que los fascistas gobernaron el país como si fuera tierra conquistada y trataron a la gente como población sometida. Lxs españolxs no tenían derechos. Es más, si eran "rojxs", ni se lxs consideraba españolxs. "Rojxs" era término que abarcaba a todxs aquellxs, republicanxs, socialistas, anarquistas, comunistas o nacionalistas que se hubieran mantenido leales al Gobierno de la República. España eran ellxs, envueltxs en la bandera excluyente; lxs demás no sólo no eran "españolxs", sino que constituían la "anti-España". Eso de la anti-España era una típica estupidez de los fascismos de la época ("nunca extrañéis que un bruto se descuerne luchando por su idea", decía Antonio Machado) , que repiten sus herederxs intelectuales probablemente pensando que innovan algo. Quien quiera comprobarlo, que vaya al artículo de hoy de Isabel Durán en Libertad Digital, titulado, precisamente, Aritmética de la anti España. Donde se lee lo siguiente: "Esta es la balumba del Gabinete ZP, un Gobierno anticlerical, antiamericano y antiespañol". ¿Cómo van a condenar el el franquismo el PP y sus partidarios si siguen en su universo conceptual?

Pero volvamos a la narrativa. El punto neurálgico de la transición fue la legalización del Partido Comunista de España. Ésta se hizo posible mediante una negociación especial en que el PCE reconocía la monarquía borbónica y sus emblemas. Ese viraje de 180º que Santiago Carrillo impuso a su partido le costó dos escisiones y, en opinión de muchxs, fue el comienzo del final de la histórica formación. No comparto este punto de vista ya que creo que, por muchas otras razones, el PCE estaba condenado a la irrelevancia política. En todo caso, desde entonces, los comunistas han ido perdiendo terreno, sus símbolos distintivos han desaparecido de la escena pública, hasta llegar al momento en que, a raíz de la movilización contra la OTAN en 1986, el PCE vio la posibilidad de crear una organización de masas que dirigir desde dentro y así nació Izquierda Unida, con una imagen predominante frente a la cual la tradicional iconografía comunista se ha hecho casi invisible.

La izquierda, pues, perdió sus referentes simbólicos. El puño y la rosa, que los socialistas copiaron a sus compañeros franceses nunca ha pasado de ser una especie de logo. Y esa pérdida se hizo en provecho de otros referentes de los que la izquierda había estado excluida por la violencia y de los que seguiría estándolo pues la derecha, en cuanto pudo, volvió a utilizar sus símbolos como ariete de confrontación, separación y persecución.

Asi lo hizo con su habitual arrogancia y prepotencia el señor Aznar cuando, siendo presidente del Gobierno y habiendo visitado la ciudad de México, vino tan impresionado de la bandera que ondea en la plaza del Zócalo en México D.F. que decidió imitarla, plantando otra de iguales dimensiones en la Plaza de Colón, como una provocación que la izquierda no se ha atrevido a quitar.

¿Por qué provocación? ¿Por qué señalar que la izquierda no se ha atrevido a quitarla? Porque esa bandera (como el himno) siguen siendo los elementos simbólicos vertebradores de un régimen tiránico, que expulsó, torturó, encarceló y fusiló a media españa sin que, como decía más arriba, sus patrocinadores pidieran jamás perdón y sin que sus herederos políticos e intelectuales lo hayan condenado; pero, eso sí, piden que Batasuna condene la violencia de ETA.

Es la derecha la que ha roto el pacto tácito de la transición en casi todos sus puntos especialmente en lo atingente a los símbolos. La permanente acusación a la izquierda de haber roto el consenso de la transición no es más que otra muestra de la estrategia del espejo: rompen y acusan a lxs demás de romper; avasallan e insultan y acusan a lxs demás de hacerlo; atacan las normas de convivencia y sostienen que son lxs otrxs lxs que lo hacen.

En este asunto de los símbolos piensa la derecha haber encontrado un punto débil de la izquierda, viene dispuesta a explotarlo, y es obvio que tiene razón. Como está el país de sensibilizado en relación a este asunto, mostrarse relativista en cuanto a los símbolos sacrosantos puede costar muy caro a la izquierda en el plano electoral.

Este cálculo no influye al redactor de este blog, razón por la cual, acatando lo que dice la Constitución sobre la bandera, sigue teniendo por suya la tricolor, que es inclusiva y no la rojigualda, que es exclusiva. Así debiera suceder con la izquierda política. El miedo a perder las elecciones, al admitir que el tema nacional es crucial en el debate, hace que la izquierda no tenga discurso alternativo al de la derecha. Y, sin embargo, debiera tenerlo. Debiera ser capaz de decir que, diga lo que diga la Constitución (que, por cierto, se puede reformar) su bandera no puede ser la rojigualda en tanto no haya una condena explícita del franquismo en el Parlamento español y por todos los grupos. Y esa condena debe ir acompañada de una Ley de Memoria Histórica que merezca nombre de tal y no esa chapuza timorata que el Gobierno ha presentado como proyecto. Es el appeasement, que tanto cita y tanto desconoce el señor Aznar. Más vale ponerse una vez amarillo que veinte colorado.

Mi decisión está clara: mi bandera es la tricolor, y no por ello soy menos español que los de la rojigualda. En cuanto a patriotismo, está claro que no se pueden comparar la muy española tricolor y esa rojigualda que prevaleció en la guerra con la ayuda de italianos, alemanes y moros y cuyos exhibidores hoy día se sienten orgullosxs de estar al servicio de los Estados Unidos. Véase, si no, cómo para la señora Durán es tan vituperable ser "antiespañol/a" como ser "antiamericanx", mamita mía. Por supuesto, quiere decir "antiestadounidense".

Cuando algún presidente del Gobierno de izquierdas de mi país renuncie a su puesto en el Consejo de Estado de España para ser empleado de un magnate australiano de la Comunicación y vocal de un consejo de asesores de otros magnates o políticos estadounidenses (en el muy improbable caso de que se distingan) que vengan a hablarme de patriotismo.




Vaya con el ministro...

La derecha digital echaba ayer las muelas con la comparecencia del nuevo ministro de Justicia en el Parlamento. Y en la COPE, hoy, supongo que los micrófonos se llevarán algún ñasco. La estupefacción que se leía en los rostros de los diputados de la derecha se trocó en rabia en el corral digital. Y también la bronca de jayanes que montaron los del PP cuando salió el ladrillo a relucir. Quien se pica, ajos come. La prensa de papel, tan patidifusa como sus señorías conservadoras. Estaban éstas, las señorías, tan acostumbradas a echarse todos los miércoles al ruedo con el estoque ya preparado, que no daban crédito a lo que veían cuando el morlaco salió resabiado. Y eso que posa seriecito y formal junto a don Juan Carlos de Borbón, que lo recibe como ministro de España.

Estaban alelados. En el Congreso, digo. Pero es que hace falta ser mucho Michavila para caer casi por casualidad en el Parlamento y saludar al ministro dándole la bienvenida. Si, además, se trata del antiguo fiscal que el mismo Michavila, de ministro, echó del cargo, el asunto es sublime. Todos se fueron calentitos y confusos para casa. En verdad, hace falta ser mendrugo para recibir a un ministro a mojicones y decirle que viene con el puño cerrado. Y que, cuando se les devuelven las castañas, se quejan de que, además, trae puestos los guantes de boxeo. En fin, que hacía tiempo que no me divertía tanto en la TV y que, como este ministro siga así de decidido y brillante, me compro un televisor que se vea bien, uno de esos de plasma, que plasma es lo que van a necesitar las bancadas conservadoras en el próximo futuro.

miércoles, 21 de febrero de 2007

El patriotismo de la derecha (I).

Hace unos días prometí postear sobre el asunto de las banderas, la rojigualda frente a la tricolor. He aquí el post.

En la manifa de la derecha en contra del Gobierno del pasado 3 de febrero pudieron verse muchas banderas rojigualdas; algunas, como se aprecia en la foto, con el águila de San Juan, que ornaba la bandera franquista. También se vio alguna bandera roja con la hoz y el martillo (reproduzco la foto de La Fragua), pero esa es otra historia que ya traté en el correspondiente post del 5 de febrero, titulado ¿De qué iba la manifa del sábado? El caso es que la omnipresencia de la bandera rojigualda, llamada "nacional" y, sobre todo, el hecho de que, al final de la jamboree derechista se interpretara el también llamado "himno nacional", esto es, la Marcha Real Española, desató las críticas de la izquierda, especialmente del PSOE, que acusaba al PP, alma de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), convocante del acto, de apropiarse de los símbolos de todos para actos "partidistas".

El PP contestó que si la rojigualda y la Marcha Granadera (Marcha Real) son símbolos de todos, todos podemos utilizarlos, e invitando a la izquierda a hacer otro tanto. La respuesta pone a ésta en un brete. Efectivamente, la izquierda había aceptado la constitucionalización de estos símbolos como uno de los precios que pensó había de pagar por una transformación de la dictadura franquista en un régimen democrático. Relegó sus banderas (incluida la tricolor), relegó sus himnos (incluido el de Riego) y aceptó lxs de lxs vencedorxs en la guerra civil por amor de la concordia y en el entendimiento tácito de que, al tratarse, como se trata, de símbolos identificados con la más odiosa y sangrienta tiranía de la historia de España, la derecha, acomplejada por su pasado, directa beneficiaria de la dictadura, no los exhibiría y la cosa quedaría en la penumbra. España sería un país que luciría poco su bandera y entonaría aun menos su himno nacional.

Esta peculiar situación, que afectaba incluso al empleo del término España, sustituido por Estado español, permitió y alentó la proliferación de símbolos de las nacionalidades perseguidas por el franquismo, unas banderas y unos himnos que traían la connotación positiva del martirio, frente a los símbolos españoles, identificados con la opresión y la persecución. Y ello hasta que la derecha, viendo que no había nada que temer del triunfo aplastante del PSOE en 1982, comenzó a recuperar su viejo estilo, autoritario, impositivo y nada democrático. Por fin, crecida con las dos legislaturas del exfalangista señor Aznar, caliente por haber perdido el poder en la elecciones del 14 de marzo de 2004 y no reconociendo como legítimo el resultado, ha pasado al ataque, esgrimiendo los símbolos que vuelve a considerar suyos, como en 1936 y en son de guerra, también como en 1936.

La izquierda queda descolocada y no sabe cómo reaccionar. La derecha ha roto el "pacto tácito" de no airear mucho los emblemas del oprobio. ¿Qué hacer ahora? ¿Envolverse en la rojigualda y entonar esa birria que es la "Marcha Real"? Por si alguien lo había olvidado, ahí va la letra que alguien compuso durante la Dictadura para ese pintoresco himno que jamás la tuvo:

"Pero hombre, caramba/qué cara tan estúpida que tiene Vd.;/parece un animal./Bruto, zopenco, cernícalo, podenco;/cualquier día de estos va Vd. a rebuznar."
Así no iremos muy lejos y seremos muchxs, seguramente, quienes pasemos de cantar el himno con esa letra para nuestro coleto a hacerlo a pulmón pelado si vuelven las imposiciones. Entonces, ¿qué? ¿Reclamar la vuelta a nuestras banderas e himnos, cada cual el/la suyx: la tricolor, el himno de Riego, la bandera roja, la negra, la rojinegra, la Internacional, la Varsoviana? La izquierda tiene miedo a esa posibilidad porque piensa que será la manera más segura de perder las elecciones. Entonces, ¿qué hacer?

En primer lugar, un poco de memoria.

Tras algún tiempo de duda y vacilación, lxs sediciosxs sublevadxs contra el gobierno legítimo de la II República decidieron enarbolar la bandera e interpretar el himno de lxs Borbones. (Acerca del carácter nacional del Himno de Riego, anterior a la "Marcha Granadera" y sobre la raíz popular de la bandera tricolor pueden consultarse documentadas exposiciones en Izquierda Republicana y España Roja). Es decir, frente al himno de Riego (el verdadero nacional) y la bandera de la República (bajo cuyos colores se sublevaron los fascistas y reaccionarios en un primer momento) se alzaron unos símbolos facciosos con pretensión de imponérselos a lxs demás.

Y eso es lo que hicieron lxs levantadxs en armas al ganar la guerra, tratar al país como un territorio conquistado y ocupado por su propio ejército, dividiéndolo entre vencedorxs y vencidxs, una raya divisoria que jamás se borró pues la Dictadura siguió conmemorando su "victoria" con un desfile militar anual que durante muchos años se llamó así, "desfile de la victoria". Ese desfile pasó a llmarse muchos años después "desfile de la paz", pero desfile militar siguió siendo y para conmemorar lo mismo. Curiosamente, fueron lxs vencidxs quienes empezaron a hablar de "reconciliación nacional". Los vencedores, jamás; jamás mostraron un ápice de magnanimidad y el tirano murió asesinando a sus compatriotas, como había vivido. Todavía al día de hoy, el arco de La Moncloa, como puede verse en la foto (tomada por mí en 2006), para vergüenza general, sigue llamándose Arco de la Victoria.

Los símbolos de lxs vencedorxs, la bandera, el himno, el saludo fascista y la iconografía nacional-católica (el corazón de Jesús, los crucifijos), se impusieron manu militari no solamente en los cuarteles, centros de enseñanza, hospitales, campos de concentración y cárceles (en las que lxs presxs políticxs, decenas de miles, tenían que asistir obligatoriamente a misa, levantar el brazo a la romana, cantar los himnos fascistas y saludar a su bandera), sino también en la vida civil, en la calle, en los cines, por doquier. Y ¡ay de quien no mostrara suficiente vehemencia en la adhesión a aquella simbología criminal! No se les podía ocultar a lxs vencedorxs en la contienda que un trágala tan continuo, abusivo e inhumano, acabaría provocando una reacción de rechazo visceral entre lxs vencidxs y lxs neutrales a toda aquella parafernalia obligatoria. Pero les importaba un rábano. Habían ganado la guerra y administraban la victoria como imposición y venganza, hasta el último día de la muerte del delincuente que puso en pie aquel régimen tiránico. Hasta el último día hubo que soportar unos símbolos que lo eran de la ilegalidad, el golpismo, la persecución, la tortura y el asesinato como si fueran símbolos "nacionales", o sea, de todxs.

Llegó después la transición, aquel acuerdo tan complicado y difícil en el que nadie consiguió imponer sus criterios por entero, en el que todxs cedieron algo (por supuesto, unxs más que otrxs, como siempre) para salir de una situación absurda, vergüenza de las naciones civilizadas del planeta, de un país relativamente moderno gobernado por un militarote con los procedimientos habituales en los cuarteles, sin libertades civiles ni derechos políticos y con una población compuesta por treinta y tantos millones de súbditxs, pero no de ciudadanxs. Y, en ese acuerdo general que posibilitó que un sistema despótico, sostenido en el ejército y la policía política, dejara paso a otro democrático y de libertades de modo pacífico, los símbolos ocuparon un puesto decisivo.

Pero de eso hablaré mañana, para no eternizarme hoy.

Homenajes.

Hay una página fabulosa que, entre otras cosas interesantes, tiene una colección estupenda de canciones y melodías de la guerra civil, del lado republicano, claro. Se llama Altavoz del Frente. Cada vez que me acuerde meteré un enlace a alguna canción. Hoy pongo la canción que fue himno del batallón Abraham Lincoln (15ª Brigada), voluntarios norteamericanos de las Brigadas Internacionales que lucharon en la defensa de Madrid, en el Jarama (donde sufrieron terribles bajas), en Belchite (donde quedaron tan pocos combatientes que hubo que fundirlo con el batallón Washington) y en Aragón.

La canción, llamada Jarama Valley, compuesta sobre la melodia de una vieja balada folk (Red River Valley) es muy pegadiza. La primera vez que se la oí cantar al gran Pete Seeger, hace más de 30 años, me emocionó. Esta es la letra:



There's a valley in Spain called Jarama
It's a place that we all love so well
It was there that we gave of our manhood
Where so many of our brave comrades fell.

We are proud of the Lincoln Battalion
And the fight for Madrid that it made
There we fought like true sons of the people
As part of the Fifteenth Brigade

Now we're far from that valley of sorrow
But its memory we ne'er will forget
So before we conclude this reunion
Let us stand to our glorious dead


Salud.

martes, 20 de febrero de 2007

El camino hacia la guerra.

Ayer, las autoridades iraníes ejecutaron en público a Nasrallah Schanbehsahi, condenado a muerte una semana antes por haber atentado contra un autobús de los Guardianes de la Revolución, en el que murieron once personas y treinta y una quedaron heridas. Extraigo la noticia y la foto de Der Spiegel. Previamente, la televisión había mostrado al señor Schanbehsahi declarándose culpable y los Guardianes de la Revolución sostienen que éste y otros atentados se producen con la ayuda de los EEUU y el Reino Unido.

Me gustaría señalar dos cosas: la primera, la odiosa práctica de la pena de muerte y su no menos odiosa ejecución en público, para satisfacción de las más bajas pasiones e instintos de la chusma.Está claro que un sistema político que prevé estas atrocidades no merece respeto alguno pues no es sino una tiranía sangrienta e inhumana. Y, si se apoya en una ideología, doctrina, teoría o religión, esas ideología, doctrina, teoría o religión son tan execrables y sanguinarias como el régimen que amparan. Con todo, tampoco vayamos de purxs por la existencia. La imagen de la derecha es un cuadro de Ramón Casas que recoge una ejecución pública por garrote vil en Barcelona, en medio de la curiosidad del gentío en 1894. No hace tanto en la civilizada y cristiana España.

La segunda cuestión es de otro calado. La confesión televisada del señor Schanbehsahi, las acusaciones públicas y los gritos de la plebe durante la ejecución, acusando al asesinado de complicidad con los EEUU y el Reino Unido apuntan a una práctica judicial iraní muy parecida a la de los procesos de Moscú, con los que Stalin barrió a la vieja guardia bolchevique, consiguiendo también increibles confesiones públicas de los acusados e implicándolos en complots con los nazis o los imperialistas. La similitud es llamativa y hace pensar que el régimen iraní es una tiranía similar a la estalinista.

A su vez, este régimen procede como procede ante los evidentes preparativos bélicos que los Estados Unidos están haciendo para atacarlo, seguramente instigados por los israelíes. El señor Bush, cada vez más entrampado en el Irak y Afganistán, sostiene que el Irán suministra armas a lxs que él llama "insurgentes" iraquíes y cualquiera reconocerá como resistentes frente a la invasión extranjera. Todo el mundo entiende que el suministro de armas al enemigo puede ser considerado por un país en guerra como casus belli para atacar a otro. Que ese suministro sea cierto o no es cosa irrelevante, como ya se ha probado con la excusa de las armas de destrucción masiva.

La tiranía iraní se endurece, ejecuta en público, realiza maniobras de advertencia, muestra su cohetería antes de que el Consejo de Seguridad de la ONU se reúna mañana para decidir qué hace con las sanciones. Pero, por si acaso, los Estados Unidos ya han enviado un segundo portaaviones al Golfo Pérsico. Dicen que no se trata de un designio bélico. Seguramente ese portaaviones ha ido a pedir cotufas en el golfo, como gustaba de decir Sancho Panza.

Y los demás, que vimos cómo se aplicaba la doctrina neocon de la guerra preventiva y cómo se atacaba a un país contra todo sentido común, y se desencadenaba la más estúpida y cruel de las invasiones (por cierto, condenada al desastre), estamos viendo ahora los preparativos para la repetición de la hazaña con una creciente sensación de impotencia. Realmente, ¿nadie puede detener a ese orate?

Sin novedad en el Norte.

Quienes sigan este blog recordarán la serie de estampas de l'Épinal de Caperucita roja con la que intenté amenizar la saga del señor De Juana Chaos. Fue larga, pero más larga está siendo la saga en cuestión, que no parece tener fin. El caso es que llegué al final del relato y al señor de Juana le habían bajado la condena de una petición original de noventa y seis años a doce y medio que quería encasquetarle la Audiencia Nacional y a tres con que lo dejó el Tribunal Supremo, sin que el hombre haya abandonado la huelga de hambre.

Alguien, sin embargo, se ha hecho eco del cuento de Caperucita Roja. Quien quiera comprobarlo, que pinche en Kaperutxita Blanca para ver una variante divertidísima de la historia en un video de ETB.

(Eskerrik asko, Pepe)

Actual, ¿eh? El picolobo feroz está genial y el señor juez, estupendo. Gracias a él, encarnación del Estado de derecho, volvió anteayer la abuelita Rodríguez Zapatero a establecer las condiciones para la normalización del País Vasco: cese de la violencia y colorín colorado.