divendres, 2 d’octubre del 2015

El oscuro Rivera y la luz de la verdad.


El rival es el PSOE. ¿De qué suena eso? Hace unos días, en la fiesta del PCE, Alberto Garzón, postulado candidato a la presidencia del gobierno en España por, en orden creciente, el PCE, IU, Ahora en Común y la posible confluencia con Podemos, decía que el enemigo es la oligarquía que incluye al PP, a la monarquía y al PSOE. A su lado, Anguita  rebosaba satisfacción de que las jóvenes generaciones hayan recibido íntegro el mensaje revolucionario: primero, destruir al PSOE, que es el enemigo.

El PSOE es el enemigo del PP y del PCE/IU y (supongo) ahora en común. No lo dice Palinuro. Lo dicen los interesados. El juicio en la izquierda no es muy interesante. Salvo información nueva se trata de la sempiterna consigna comunista, un viejo odio enquistado en unas relaciones cainitas de casi un siglo. Su resurgimiento aquí y ahora es premonición de que la izquierda perderá las próximas elecciones, convocadas ya formalmente para el 20 de diciembre. Parece mentira, con una derecha prácticamente destrozada en la opinión pública (por eso ha tenido que sacar a la palestra una especie de marca blanca), la izquierda es patológicamente incapaz de unirse. El último grito unitario dado por un puñado de personalidades con un alto grado de narcisismo a favor de una lista única de la izquierda sin "personalismos", esto es, sin aquello que ellas rezuman, tiene tanta viabilidad como la ínsula Barataria. Añádase que el PSOE parece tener el 25% del voto. Que el 25% del electorado que consideras tuyo vote por tu enemigo debe de ser una experiencia amarga.

Lo interesante, sin embargo, está en el juicio de la derecha. El rival es el PP. Las almas simples dicen siempre la verdad. En realidad no la dicen, sino que la ocultan, pues los simples suelen ser malvados. La ocultan, pero se les escapa en su simpleza. Rajoy avisa por si nadie lo hubiera visto de que Ciudadanos no es rival del PP. Y no lo es porque el voto de C's es volátil. Dicho por quien preside un partido que comenzó su mandato con un 44% del voto y está ahora en un 24% eso de volátil no significa nada o, si significa algo, debe concluirse que el PP tampoco es rival de nadie.

De todos los partidos, Ciudadanos es el más escurridizo. Los catalanes, que lo han visto actuar durante nueve años, dicen conocerlo y señalan el hecho de que su acción parlamentaria marca el paso con la del PP, para estar o para marcharse de las sesiones cuando se abordan temas escabrosos como el franquismo. Pero eso no es suficiente. Ciudadanos no tiene un programa claro, ni unos usos internos trasparentes. Su organización, funcionamiento y financiación, tampoco. Al haber alzado recientemente una especie de banderín de enganche para constituirse como partido serio en toda España, suele estar en la prensa con casos de altas e ingresos de gentes con pasados poco edificantes. El consabido aluvión en un partido con expectativas razonables de participar en el poder. Rivera es una construcción mediática mucho más lograda que la de Iglesias. Las valoraciones populares cantan. De hecho, Rivera por un lado, con su superioridad icónica y David Fernández por otro, con su eticidad radical, han triturado la imagen de Iglesias. Pero el rostro, la imagen de Rivera, tiene un punto oscuro: nadie sabe qué hay detrás de ella. Es posible que no haya nada, como en la esfinge sin secreto. Lo que está por ver es si el gobierno de la nada es peor que el de la incompetencia.

El rival es el PSOE. En su simpleza, Rajoy señala el camino del voto útil. IU y Podemos, juntos o por separado, no son rivales. Su negra honrilla no les deja aceptar esta condición de don nadies. ¿Cómo no es rival de la derecha la izquierda transformadora ni la de Podemos, que iba a asaltar los cielos? Al contrario, ellos son los verdaderos rivales de la derecha y, cuando esta señala al PSOE, en realidad está recurriendo a una estratagema de señalar un adversario falso para atacar al verdadero. Quien no se consuela es porque no quiere.

La verdad verdadera de esta segunda restauración, también llamada críticamente régimen del 78 o régimen borbónico es que, en efecto, el PSOE es el rival del PP porque es quien puede sustituirlo en el poder. Ya lo ha hecho en otras ocasiones y está en situación de repetir. También suele considerarse esta situación como bipartidismo. El bipartidismo es la realidad, la verdad. Como están hoy las cosas, las elecciones las gana el PSOE solo por cuanto el resto de la izquierda está literalmente atomizado y, para variar, bastante a la gresca interna. O bien -parece verosímil- lo hace la derecha bajo alguna forma de colaboración entre el PP y C's, según hayan sido sus respectivos resultados electorales.

Y así habrá cuatro años más de luz de la oscuridad.

Ver para leer para ver.


En el (antiguo) Matadero de Madrid, hay una instalación, la casa del lector, dedicada al estudio y fomento de esa hoy casi exótica costumbre de la lectura. Está patrocinada por la Fundación Germán Sánchez Rupérez, el fundador del grupo Anaya, potente empresa editorial. Es un espacio, como todos los del Matadero, muy amplio, magníficamente distribuido y organizado para exposiciones y que en sí mismo ya es digno de contemplación. Acoge muestras de gran interés expuestas con mucho ingenio y poco convencionalismo. Para visitarlas no basta con la benévola y ociosa curiosidad de los espectadores, pues suelen exigir mayor implicación, complicidad y hasta preparación.

En este caso se trata de una exposición muy original comisariada por Eduardo Arroyo y Fabienne Di Rocco sobre algunos aspectos, los que los  comisarios consideran más curiosos o interesantes, de las complejísimas relaciones entre la escritura y la pintura. Está dividida en siete secciones, cada una de ellas con un tema principal. Podría estar dividida en siete mil o más, pues la sinestesia entre la literatura y la pintura es más abrumadora que entre la música y la pintura. Gran parte de la pintura occidental es la iconografía del discurso civilizatorio materializado en libros, libros para mirar, para adornar y para leer. Lecturas.  Por ejemplo, aunque sea comenzar la noticia de la exposición por el final, la sección VII está dedicada a El retrato de Dorian Gray, una película de Albert Lewin en 1945 con Hurd Hardfield como Dorian Gray y el gran George Sanders como Lord Wotton. La historia, ya se sabe, la novela de Oscar Wilde sobre el dandi que no envejece porque ya lo hace por él su retrato, pintado por su amigo el pintor Basil Hallward. Pintura y literatura en una misteriosa y terrible relación. Por cierto, Lewin tenía afición por el arte de San Lucas. En 1957 rodó en Tossa de Mar una extraña fantasía, Pandora y el holandés errante, con Ava Gardner, James Mason y Mario Cabré. Cuando el buque fantasma fondea frente a Tossa, el holandés errante está pintando el retrato de una mujer que es la Pandora/Ava del film. Literatura y pintura. No obstante, la referencia a la película de Dorian Gray sirve aquí para llamar la atención de que al cine le sucede como a la pintura: en su inmensa mayoría, las películas proceden de novelas, dramas, cuentos, poemas; en definitiva, literatura.

La exposición se abre bajo la advocación de San Jerónimo, al que está dedicada la sección I, autor de la Vulgata y patrón de los traductores. Es la personificación de la escritura. Los comisarios han reunido 14 cuadros del santo, casi todos del siglo XVII y casi todos también anónimos, excepto algunos de autor, Murillo, Polo, Tristán, Van Dyck, del Castillo, Reni. No son deslumbrantes pero cautiva la unidad temática y la llamativa coincidencia en los elementos identificatorios. San Jerónimo se muestra siempre como eremita, con el torso desnudo y una hopalanda generalmente roja que ya basta para aludir a su condición de cardenal, príncipe de la Iglesia. La vestimenta se corresponde con el capelo cardenalicio, que no siempre aparece, como tampoco lo hacen sus otros atributos, el pedrusco con el que se daba golpes de pecho, el crucifijo, la calavera y, desde luego, el león cuyo amor se ganó por haberle quitado una espina que lo atormentaba.

Esa relación entre el hombre y la bestia da luego un giro insospechado. La sección II es una curiosísima experiencia. En 1964, los pintores Gilles Aillaud, Eduardo Arroyo y Antonio Recalcati decidieron interpretar pictóricamente una novela breve de Balzac, incluida en las escenas militares de la Comedia humana, llamada Una pasión en el desierto, que cuenta los intensos amores entre un soldado francés y una pantera, así como la muerte de esta a manos del militar en lo que entonces se llamaba un "crimen pasional" y hoy se conoce como "violencia de género". Pintaron trece cuadros con un par de reglas, la más importante era que todos tenían que haber pintado en todos. Las 13 piezas están aquí expuestas y muchas son verdaderamente alucinantes, porque interpretan una historia muy difícil, por no decir imposible, de imaginar. Los ejemplos que se ponen de la única edición ilustrada de la novela en 1949 son, sí, fascinantes por lo exótico, pero no excepcionales. Los trece cuadros de los tres pintores son, en sentido estricto, trece creaciones colectivas. Muy notables. Y el resultado es sorprendente.

La sección III es una interpretación libre de Simón el estilita con recuerdo explícito a la película de Buñuel, solo que, en la cúspide de la columna hay una pantalla. La pieza que saluda al visitante es un corto con un monólogo de Ramón Gómez de la Serna, que da luego paso a una obra emblemática de la estética del 68, un precioso cuadro (muy en el estilo del referido a Marcel Duchamp) obra colectiva de Aillaud, Arroyo, Biras, Fanti y los Rieti, con el curioso título de Louis Althusser dudando si entrar en la dacha Tristes Mieles De Claude Lévi-Strauss donde están reunidos Jacques Lacan, Michel Foucault, Roland Barthes, en el momento en que la radio anuncia que los obreros y los estudiantes han decidido abandonar alegremente su pasado. Título abreviado, La dacha. Puro situacionismo con unas gotas de la Escuela de Atenas. La sección continúa luego con unas ciento y pico fotografías de los más diversos temas, formas, ángulos, tomas, encuadres y todas ellas unidas por el dato de que siempre hay alguien que no tiene los dos pies en el suelo. Lo propio de los estilitas, desde luego.

La sección IV, la escritura ilegible contiene abundantísimas muestras de la mezcla entre pintura y escritura pero entendida esta como arte gráfica. Representaciones caprichosas, alfabetos, mezclas, grafismos, portadas e ilustraciones de libros, preciosos acrílicos de Saura, dibujos de Michaux, guaches de Voss, tinta china de Gordillo, unos magníficos collages de Cortot en homenaje a Blaise Cendrars y el dicho Michaux, decenas de delicadas portadas sobre todo de libros de poesía (Joan Brossa y muchos más) pues suelen ser lo poetas los autores que más cuidan la estética de presentación de sus obras que llegan a ser lo que antaño se llamaba "libros-objeto". Muy grato ver una edición de los Agrafismos de José Miguel Ullán. Termina la sección con una abundante muestra de arte letrista. El nombre es insuficiente. La letra ha sido de siempre objeto de contemplación en sí misma, como se ve en los manuscritos góticos, pero es que aquí no es la letra el objeto sino la escritura misma. Y con efectos bien curiosos.

Las secciones V y VI vuelven a la plástica; la V recoge obra de cuatro pintores franceses de fines del XIX y gran parte del XX no muy famosos, todos ellos al margen de escuelas y estilos predominantes si bien el que suele estar bastante presente es el surrealismo: Pierre Roy, Clovis Trouille, Alfred Courmes, y Jules Lefranc. Son conocidos por algún motivo específico del que se tiene especial noticia. Por eso es interesante que la exposición permita una visión más completa de su vida y obra. Roy fue ilustrador de Vogue durante muchos años. Clovis Trouille, un exquisito, es el autor de un cuadro cuyo título pasó a uno de los espectáculos musicales más célebres del siglo XX: "¡Oh Calcuta!", slang apache de "¡oh, qué culo tienes!". De este Trouille tenía Dali la mejor impresión por su absoluta falta de reverencia hacia los respetos humanos y usos sociales. Los españoles son Rafael Cidoncha (retratos), Sergio Sanz (muy llamativos acrílicos de motivos rizomáticos) y Carlos García-Alix con obra mezclada. por un lado, retratos de grandes autores (Babel, Koestler, Céline, Jacob, Mandelshtam, Benjamin, Bulgakov, Platonov, etc) que nos están llamando y pidiendo que revivamos las emociones de haberlos leído. Por otro lado, óleos temáticos de montones de libros, pasillos atestados, desvanes: al parecer, la guarida del pintor. Libros y más libros. Buen final de la exposición.

Merece mucho la pena verse. Da para pensar.

dijous, 1 d’octubre del 2015

No perder el mundo de vista.


Si la CUP no quiere investir a Mas en primera vuelta (en donde es precisa la mayoría absoluta), está en su derecho. Si los argumentos esgrimidos hasta el momento no le hacen cambiar de opinión, también lo está. Empeñarse en que los demás cedan cuando creen que no deben hacerlo tampoco es de recibo.

A su vez, si los dirigentes de la CUP hacen propuestas alternativas y constructivas, como esta de Anna Gabriel, merece la pena escucharlas. Una presidencia colectiva, un poco al estilo suizo, tendría, desde luego, su interés y, en circunstancias normales, sería una opción interesante, democrática, aunque siempre algo más trabajosa. Pero no estamos en circunstancias normales. Estamos bajo fuego del enemigo que, si puede, mete a Mas en la cárcel, no porque haya cometido unos u otros delitos de derecho común sino por haber dado voz a su pueblo, por haber plantado las urnas contra todo tipo de amenazas, coacciones, chantajes e insultos del unionismo español. Así que, por este motivo, el argumento de que Mas, el hombre al que el Estado ataca, debe ser el presidente, adquiere nueva fuerza.

Y Mas será presidente, si él y los suyos quieren, cosa que sabemos todos. La lista de JxS y quienes la apoyan harán bien en hablar con todo el mundo, ser flexibles, aceptar sugerencias y buscar acuerdos pero, en último término, si insisten en tener a Mas de presidente, también están en su derecho y en un buen derecho pues son la lista más votada y sus 62 escaños sextuplican los de la CUP.

Así que, salvo seísmo de algún tipo, Mas será presidente. Si no en primera vuelta con los votos de la CUP, sí en vueltas posteriores, en las que bastará con mayoría simple. Cierto que serlo en primera vuelta tiene un valor simbólico grande. Pero no se puede pasar sin más por encima de los reparos y objeciones de la CUP, que no son caprichosos. Palinuro defendía el voto a Mas en primera vuelta, pero no es justo forzar un trágala inasumible para la CUP (sobre todo cuando esta hace esfuerzos por encontrar una solución aceptable) solo por presentarse con la guinda de la primera vuelta. Tan presidente será Mas por mayoría absoluta como por mayoría relativa. Esta puede darse por segura ya que, para frustrarla, es necesaria ya mucha mala uva y una coincidencia reiterada en el voto negativo de opciones radicalmente enfrentadas en todo lo demás, cosa que tiene difícil explicación ante el electorado. Sin olvidar que, de persistir el bloqueo, habría que llevar al país a otras elecciones a los dos meses. Realmente, la última amenaza.

De forma que da la impresión de que esta tremolina es una tempestad en un vaso de agua. Mas será presidente si la lista de JxS lo decide. Y lo decisivo vendrá después. No hay que perder el mundo de vista.

Última etapa: elecciones generales en diciembre.


Terminadas las elecciones catalanas, volvamos al solar patrio, las recias solanas de enteca hidalguía, la cuna de los españoles, bravos, indómitos, individualistas. A tres meses de las elecciones generales, que han de coronar este año de terremotos políticos, la izquierda parece un mercado persa o un bazar tunecino. Está tan fragmentada y enfrentada que ni siquiera se pone de acuerdo en el significado de su propio nombre. Para muchos izquierdistas de IU, Podemos u otras formaciones, el PSOE no es de izquierda, sino la cara amable de la derecha. A su vez, en el fondo, en el PSOE no se considera de izquierda a estos izquierdistas y si no se los tilda abiertamente de totalitarios y similares a los fascistas es por no parecerse mucho a Raymond Aron.

La acción práctica y los discursos del mal avenido conjunto de la izquierda requirirían un GPS para no perderse en el laberinto de nombres, organizaciones y composición de estas organizaciones.

El PSOE, convencido de ser la nave capitana de cualquier flota de la izquierda que se arme, mantiene una actitud de grandioso hieratismo para dar sensación de seguridad, estabilidad, firmeza y claridad de ideas. Por ello, al parecer, los expertos que rodean a Sánchez sacan un documento sobre reforma de la Constitución que no reconoce a Cataluña la condición de nación y, por ende, a España la de Estado plurinacional. O nación de naciones, que es expresión de la que todos huyen, no sé por qué. Describe bastante bien el sentimiento de muchos españoles y no hace daño a nadie. Todavía no he visto el documento. Supongo que se limitará a soslayar la cuestión y no dará en la flor de negar explícita (e innecesariamente) la condición nacional a Cataluña. Aunque, tratándose de Sánchez, patriota español de la españolidad que es españolía, no me extrañaría. El hombre capaz de homenajear a Lázaro Cárdenas con una corona de flores y la bandera borbónica tiene una idea de España única y obligatoria. El Partido Socialista Obrero es, ante todo, Español. Eso, sí: federal, de foedus, liga, pacto, acuerdo, todo ello relacionado con la fe, la fides. El federalismo del PSOE es cosa de fe. Buena o mala. Depende.

Podemos anda lamiéndose las heridas de la desastrosa campaña de Cataluña, de donde ha regresado con el ánimo de la Grande armée a su vuelta de Rusia. Su marca está perdiendo lustre como las herrumbrosas lanzas. El éclat mediático de los inicios se ha convertido en el fastidio de escuchar a los maestros dando lecciones sobre fracasos. Encima, sus hermanos ideológicos, los de IU y sus organizaciones estilo ahora en común, aquellos a quienes se podía dictar condiciones humillantes, crecidos por los resultados catalanes, quieren imponerlas ellos. Garzón reta ahora a Iglesias a unas primarias por la cabecera de la lista de la organización que salga de la confluencia y con el nombre que tenga. Igualmente rechaza encabezar la lista de Málaga (creo) por entender que lo tradicional es que el cabeza principal vaya por Madrid. Escuchar a un comunista emplear la tradición en su favor es una señal del inexorable paso del tiempo.

Habiendo recuperado ánimo en Cataluña, IU retorna a sus más puras esencias. En la reciente fiesta del PCE en Madrid, el mismo Garzón, flanqueado por Anguita y Centella, anunció que el enemigo era una tenebrosa triada compuesta por la monarquía, la oligarquía del PP y el PSOE. Esta es la realidad profunda, el sentido último de la esquizofrenia de la izquierda: los de Podemos, ahora que vienen diezmados, no solamente deben reintegrarse en las filas de la verdadera izquierda transformadora sino hacerlo alzando la bandera de los auténticos creyentes: el PSOE es el enemigo. Ese PSOE con el que han pactado, pactan y seguirán pactando.

Las izquierdas restantes se arracimaron ayer en un local de Madrid en una plataforma de confluencia, cómo no, en la que el uso del GPS se hace obligado. El acto congregó físicamente a media docena de personalidades de la izquierda (y tres o cuatro más a distancia, no sé si en videoconferencia) cada una con su aureola, su pasado, su séquito, generalmente escuálido; casi todos ellos ex de algo y sin cabida en alguna de las plataformas más pobladas. El contenido se resume en la petición de Baltasar Garzón de una lista única de la izquierda frente a los "personalismos". Bien se sabe que el poder obnubila; pero la falta de poder obnubila todavía más.

En estas condiciones y si los dioses no lo remedian a las elecciones de diciembre se presentarán tres opciones y media de izquierda. La situación ideal para perderlas a manos de una derecha que ha rizado el rizo de la astucia electoral. Presenta dos opciones que, en verdad, no son dos sino una sola con dos caras, la antigua y la moderna. De esta forma la derecha convierte en programa electoral su fórmula de legitimación de mayor éxito: la libertad es libertad de elección.

Más sobre Mas.

He seguido con la máxima atención el debate en torno a la investidura del imputado en las redes, que son el foro contemporáneo. Más en concreto, los argumentos de los partidarios de no investir, mayoritariamente cupaires. También se esgrimen argumentos en contra en PP y C's pero eso no hace a la CUP próxima a la derecha ni a esta más digna de ser escuchada.

Creo haber detectado un argumento en contra de tipo vengativo: no vamos a investir al responsable de los recortes, el neoliberalismo y las políticas represivas de orden público y cercenadoras de derechos. No vamos a investir a quien mandó a la policía a que nos abriera la cabeza en las calles. En efecto, suena un poco a revancha, sentimiento por el que no tengo especial simpatía. Es una actitud nacida de agravios del pasado y que ayuda poco a ver con claridad el presente.

Mayor consistencia, me parece, tiene el argumento de que en la CUP las decisiones son colectivas y se respetan. Se prometió no investir, y las promesas se cumplen. Muy cierto. El primer deber de una persona es cumplir sus promesas. Pero no pueden ser inamovibles. Se adoptaron en unas circunstancias. Si estas cambian es avisado revisar aquellas. Nada vivo sigue vivo si no cambia para adaptarse a las circunstancias cambiantes. La cuestión es cuán cambiantes han de ser las circunstancias para justificar una mudanza en actitud y promesa. ¿Es suficiente el hecho de que Mas haya pasado a la situación de imputado? Eso es lo que debe decidirse.

La condición de presidente de la Generalitat tiene carga simbólica. Y mucha más la tiene la de presidente de la Generalitat imputado por el Estado. Por si fuera poco la autoridad imputante ha añadido mayor simbolismo al citar a Mas a declarar en el 75 aniversario del fusilamiento de Companys. Esta coincidencia es tan flagrante que, según muchas almas cándidas, solo puede deberse a la ignorancia de los magistrados del TSJC, para quienes aquella memoria es irrelevante. Hágase justicia y perezca el mundo. El proceso no entiende de sensiblerías. Sin embargo esto es poco creíble en unos guajes que dicen haber retrasado la citación de Mas para no interferir en las elecciones del 27S. Conociendo al personal, lo más probable es que la coincidencia haya sido buscada. Hay un mensaje de continuidad muy claro que Mas resaltará yendo el día 15 de octubre primero a una ofrenda floral al monumento a Companys y compareciendo luego ante el tribunal. Esa imagen es muy potente.

Se dirá que la CUP y el independentismo radical no siguen criterios de símbolos. Será la primera vez que una acción política no tenga una faceta simbólica. Los discursos explican. Los símbolos movilizan.

También muy digno de atención es otro argumento estilo "tercera vía": defenderemos a Mas hasta el último mohicano, pero no lo investiremos. Nadie es imprescindible y cabe investir a alguien más próximo políticamente. Pues sí, es correcto y muy razonable. El propio Mas ha dicho que él no será obstáculo a nada y que da un paso atrás. Es una solución, aunque siempre quedará en el aire la pregunta de si yo estoy dispuesto a defender a Mas a muerte ¿no lo defenderé mejor siendo él presidente? 

Total, el presidente de la Generalitat va a serlo provisionalmente. Hay figuras, nombres, sobre los que recaería consenso como más apropiados para llevar adelante políticas sociales. Solo que en los próximos tiempos, el presidente deberá enfrentarse más que nada a ataques al proceso y problemas de supervivencia. Tanto en su relación con el Estado como en la acción exterior. Seguramente eso podrá hacerlo cualquier otro muy bien, pero el sentido común le obligará a tener a Mas cerca por aquello de la experiencia y la capacidad sobradamente demostrada.

dimecres, 30 de setembre del 2015

Empieza el ataque.

Ayer me preguntaron en "Mon.cat", digital en el que colaboro por la imputación a Artur Mas ante el TSJC. Dije lo que pienso sobre todo en relación con la actitud de la CUP de no investir a Mas. El texto en catalán de la entrevista de Gemma Aguilera está aquí:


Sigue la traducción española:

Todo el independentismo, también la CUP, está en deuda con Mas.
Ramón Cotarelo (Madrid, 1943) es escritor, politólogo y sociólogo. Colaborador de El Món, ha apoyado la CUP pero se muestra muy crítico con la posición de la izquierda independentista respecto a la investidura de Artur Mas.

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, tendrá que declarar ante el TSJC por haber plantado las urnas el 9N. El día de la cita es el 15 de octubre, cuando se cumplen 75 años del fusilamiento del presidente Companys. La comparecencia unos días antes del debate de investidura, ¿debería obligar a la CUP a cambiar de parecer?

Absolutamente. Por muchas que sean las objeciones del independentismo de la CUP a la persona de Artur Mas, es una opción, y no me parece estrafalario que el independentismo mayoritario lo proponga como presidente. Se ha ganado el respeto de la gente. Y que la CUP responda a una pregunta: sin Artur Mas, ¿habríamos llegado aquí? La respuesta es "no", en modo alguno. Todo el independentismo, también la CUP, toda la gente que ha venido impulsando el proceso tiene una deuda con Mas, al margen de su pasado, de los recortes que haya hecho y de si su partido tiene casos de corrupción. Se ha puesto al frente del proceso, lo ha dirigido y se lo ha jugado todo, también personalmente. Y, estando imputado y atacado por el Estado ¿no es razonable pedir que se le apoye? ¿No es lo mínimo que se puede hacer?

Todo el apoyo ¿quiere decir que la CUP vote a favor de su investidura?

Sí, el hecho de que se lo llame a declarar obliga a la CUP a replantearse muchas cosas y no digo que le acompañe a la puerta del TSJC el día 15 de octubre, que me parecería lo más normal y digno. Es el momento de dejar de lado las rencillas internas porque el ataque a Mas, les agrade o no, es un ataque a Cataluña, a tod@s l@s ciudadan@s.

La CUP ha mostrado su solidaridad pero, de momento, no ha retirado su negativa a votar la investidura.

Mire, si yo formo parte de un movimiento, en este caso el independentismo, y una de las piezas clave, sino la más importante, soporta un ataque tan brutal del Estado, sin duda saldré en su defensa. La CUP ha de ser consciente de que el Estado ve el proceso como una cuestión de orden público y, como tal, la trata con represión, amenazas y, en último término, la prisión. Primero hay que dar una respuesta contundente al Estado y luego, ya veremos. En todo casi, diga la CUP lo que diga, Artur Mas ya tiene un lugar en la historia, y merecido. Apartar a Mas para evitar que siga liderando el proceso no cambiaría el curso de la historia. El proceso ya lleva su nombre. Insisto, tenemos una deuda con este hombre y este el momento de saldarla, defendiéndolo como él ha defendido a todos los ciudadanos de Cataluña al plantar las urnas.

¿Confía en que la CUP cambie de criterio?

Conociendo a la gente de la CUP, pienso que reflexionarán y espero que la reflexión sirva para que pongan por delante lo importante y dejen de lado otras consideraciones, como lo ha hecho Artur Mas al decir que lo importante es el proceso. Y yo me pregunto: ¿alguien de la CUP ha hecho algo parecido? ¿Prefieren perseguir a Artur Mas hasta los confines de la tierra cuando el Estado quiere encarcelarlo? ¿Qué más quieren? ¿Qué se clave un puñal y se sacrifique en público?

¿Tiene la impresión de que la CUP no está a la altura del momento histórico?

Lo que veo es que la CUP es muy de alzar el puño y corear "anticapitalismo" pero ahora que recibe un ataque directo del Estado no acaba de entenderlo correctamente. Y me fastidia porque, si hemos llegado hasta aquí, con casi dos millones de votos, es porque Artur Mas se ha empeñado y ha jugado magistralmente. Hagamos a un lado el 3% por una temporada, dejemos de pensar un tiempo que en vez de manos tiene tijeras y tengamos en cuenta que Mas goza de una proyección internacional que no tendrá ningún otro político del proceso. ¡Ninguna empresa se desharía de un activo así! La CUP ¿es tan pura que prefiere prescindir de la experiencia y el impacto exterior de Mas? Votar la investidura no quiere decir ni de lejos, dar apoyo a todo su programa. No veo que haya conflicto ideológico aquí.

¿Primero la independencia y luego el modelo social?

La cuestión es consolidar la independencia y el resto vendrá por sí solo. Porque de momento no sabemos si el programa de Junts pel Sí es de derecha liberal o de izquierda. Por tanto, diría a la CUP: sentaos a negociar y hablad. Y olvidad las viejas tácticas de hacerse el fuerte antes de sentarse. Lo que nos jugamos es tan importante y el ataque del Estado tan evidente que las otras cuestiones deben quedar en segundo lugar.
[…]

Presidente por imputación.


El gobierno ha hecho a Mas presidente al llevarlo ante los tribunales. Porque es el gobierno. La acusación proviene de la Fiscalía general, pues los fiscales catalanes se negaron a ella. Es el gobierno el que quiere poner fuera de juego a Mas porque ve en él el peligro. Con eso, fuerza una reacción obligada en el campo independentista por consideraciones de estrategia de los viejos maestros de la guerra: defiende todo lo que el enemigo ataca y ataca todo lo que el enemigo defiende. También es posible no hacerlo así pero, en tal caso, será preciso explicar qué se gana dejando de defender lo que el enemigo ataca.

El ministro de Justicia, en un alarde de sensibilidad democrática, explica que no se citó antes al presidente Mas por no interferir en el proceso electoral. Y también para evitar que el posterior 47% del voto hubiera sido muy superior. Pasado el peligro, viene la citación. Y esos asuntos, ¿los deciden los ministros, los políticos? ¿No los jueces?

Lo que se imputa a Mas acarrea posible inhabilitación para ejercicio de cargo público. Por haber convocado una consulta, ya que el Estado no le permitía hacer un referéndum. El rechazo fue por abrumadora mayoría del Congreso pues, en asuntos catalanes, las coincidencias entre los dos partidos dinásticos son inmensas.

Es decir, en el plazo de un año, en Europa se han vivido dos episodios en dos países distintos (Reino Unido/Escocia y España/Cataluña) con semejanzas y desemejanzas curiosas. En los dos casos hay sendas opciones y tendencias políticas a favor de la independencia. En Escocia se hizo un referéndum y triunfó el no a la separación. En España no se tolera referéndum territorial alguno y, quien lo inicia, puede acabar expulsado, sancionado, inhabilitado o, incluso, preso. Pero nadie ha aportado razón convincente alguna que justifique por qué los escoceses pueden hacer lo que los catalanes tienen prohibido, y quién se beneficia de esta anomalía.

En las circunstancias actuales, la llamada "cuestión social" se enfrenta a un incidente de prejudicialidad por cuanto, para tomar cualesquiera medidas, hay que disponer de un gobierno que lo haga y un Estado que le dé legitimidad. La cuestión social va después de la cuestión nacional, no por delante. Y una vez planteado el conflicto territorial ya solo queda saber de lo que cabe debatir en España. Realmente, de poco y ese poco a toda velocidad pues quedan tres meses para las elecciones generales. Prácticamente nada, con los partidos muy atribulados en un cuadro general poco previsible. El PP mira de reojo a C's. Estos se las prometen muy felices con el impulso catalán. El PSOE solemniza esa posición de centralidad que lo convierte en objeto de diversas querencias. Podemos, por último, se encuentra cómo Sísifo cuando ha de comenzar a subir de nuevo la cuesta con el pedrusco a la espalda. No le gusta nada quedarse en un grisáceo cuarto puesto. IU luchará por mantener la cabeza por encima de la barrera legal. De las otras posibles ofertas de la izquierda se hablará cuando abandonen el limbo de los proyectos unitarios.

En resumen, todo ello quisicosas electorales, programáticas, de negociaciones, pactos y contrapactos que animarán el trimestre de espera hasta las generales. Puro espectáculo mediático. Pero bastante rutinario. Si se quiere observar algo nuevo hay que seguir mirando a Cataluña. Todo hace pensar que la mayoría independentista pondrá en marcha su hoja de ruta en la forma que acaben negociando y con Mas de presidente, haya sido como haya sido su investidura. Ello va a implicar continuos enfrentamientos con el Estado que acompañarán a la imputación y quizá procesamiento de su presidente.

Pero también va a implicar más cuestiones, algunas de calado. Por ejemplo, los independentistas abordarán tarde o temprano la cuestión de si participan o no en las elecciones generales. Ese puede ser uno de los puntos de la desconexión. Esta abstención aumentaría la representación parlamentaria de los partidos nacionales españoles, pero no necesariamente la legitimidad del parlamento español y sus decisiones en Cataluña.

dimarts, 29 de setembre del 2015

La revolución catalana se expande.


Por fortuna solo eran unas elecciones autonómicas normales. Si llegan a ser un plebiscito, como querían los malvados independentistas, o un referéndum, como aconseja la prudencia, el resultado hubiera sido devastador.

Docenas, centenares de analistas y expertos están sacando punta a los datos igual que John Wesley Hardin se la sacaba a su revólver en la canción de Johnny Cash. Que si el voto "sí-sí", el "si-no" y el seco "no"; que si la relación voto-escaño; el sistema electoral; el cómputo de los indecisos, el boicoteo del voto exterior, etc. Ahí seguirán un buen e inútil rato pues ya está claro que el independentismo ha ganado. Tiene mayoría absoluta en el Parlament en un sistema parlamentario. Pues ya está todo dicho. Al menos para los medios internacionales que dan ganador al bloque del "sí-sí". Los medios españoles, en cambio, dan ganador al bloque del "no", pero todos saben que la finalidad de los medios españoles no es comunicar ni informar sino adoctrinar y mentir.

El triunfo independentista es indudable y todos los distingos y recuentos capciosos no lo convertirán en derrota. Ahora vienen los debates sobre hasta dónde llegan los poderes de un parlamento autonómico y si deja de serlo por una proclamación unilateral en la que se declara soberano en sentido pleno. Serán temas apasionantes en los próximos tiempos. Controversias institucionales de hondo, revolucionario, calado.

El eremita intelectual de La Moncloa se ha manifestado con la pompa de una custodia para recitar la habitual melopea de lugares comunes y expresiones hueras. Las elecciones fueron autonómicas y quien quiera romper la ley se las verá con él, su guardián. La afirmación de que está dispuesto a dialogar aunque siempre dentro de la ley es una conquista fruto del impacto de la revolución catalana en su pétreo ánimo. Pero recuérdese que será "dentro de la ley", esa misma ley que él cambia a su antojo mediando la mayoría-rodillo parlamentaria de que dispone. La instrumentalización del Congreso para legitimar una política puramente represiva hace sospechar que estamos a punto de restablecer los nefandos decretos de proscripción, casi las lettres de cachet, provisiones penales dirigidas contra individuos concretos, con nombre y apellidos, por ejemplo, Artur Mas.

Es tal la degradación del sistema político de la segunda restauración en esta increíble, valle-inclanesca legislatura de Rajoy, que Cebrián se ha sentido obligado a revestirse de su hopalanda de conciencia de la comunidad. En El País de hoy nos regala una de sus admoniciones colectivas, generalmente escritas con la iracundia con que Moisés increpaba al pueblo elegido cuando lo pillaba adorando el becerro de oro. En ella se insta con vehemencia al presidente del gobierno a abandonar su indolencia casi de serrallo y convocar elecciones anticipadas. Es lo que suele pedir para enderezar las cosas y, por lo general, las tuerce.  

La revolución catalana ha dejado tiritando el sistema de partidos en España. El ascenso vertiginoso de C's y el hundimiento de Podemos son ya objeto de grandes, enjundiosos debates. Confieso no tener las ideas claras con C's, aunque estoy dándole vueltas, pero creo entender mejor el fiasco de Podemos en Cataluña. Estaban avisados. Solo faltaba que alguien les gritara "¡es Cataluña, estúpidos!". Faltó. No lo entendieron y desembarcaron en el Principado desconociéndolo todo sobre él y fiados en cuatro teorías apolilladas sobre la naturaleza del nacionalismo. Por si les flaqueaba el ánimo, se agarraron de  la firme doctrina tradicional de la IU catalana, la vertiente de la IU española de la que Podemos abominaba como del maligno. Han obtenido dos diputados menos de los que tenía IU en solitario, antes de que el partido morado oficiara de introductor de las masas de "la gente". Dicho en plata, Podemos no aporta nada a IU; resta.

Que esto sea así o no en las elecciones generales está por ver, pero la experiencia catalana prueba que, al menos en Cataluña, la gente no te vota si lo ignoras todo sobre ella y la juzgas con orejeras y prejuicios. Te da la espalda si haces campañas electorales ruines, ambiguas, de muy problemática moralidad como la del famoso episodio de los abuelos. Este desastre no podía ser cubierto solo por el infeliz de Rabell y fue precisa la comparecencia de Iglesias a dar su versión de los hechos. Reconocer que un 47% del voto es independentista le honra pero no le hace ser más rápido. Y enseguida vuelve a torcérsele la buena intención por desconocimiento. Afirma que es preciso "escuchar" a los catalanes, como si Cataluña fuera una tribu de la frontera y no lo que es, un igual a España, de forma que quizá debiera ser esta quien escuchara alguna vez.

Producto del choque de esa revolución que los de Podemos iban a implantar pero no supieron ver cuando se inició, Iglesias promete convocar un referéndum de autodeterminación de los catalanes. Está claro, revolucionariamente claro, que solo votarán los catalanes porque, si votaran todos los españoles no sería de autodeterminación sino de heterodeterminación.

El seísmo provocado por el estallido catalán alcanza su máxima intensidad precisamente en los predios independentistas. La CUP anuncia que el plebiscito no se ha ganado, que nada de DUI y que no apoyará la investidura de Mas. O sea, una revolución dentro de la revolución. Pasa con frecuencia. Toda alianza o coincidencia política, sobre todo si es de izquierda, suele venir acompañada de controversias de carácter táctico, estratégico y hasta teórico. Es la termita de la unidad de la izquierda en todas partes. Supongo que la CUP, en este caso,  tiene poderosas razones para interponer un veto rotundo con consecuencias estratégicas fácilmente imaginables. Pero no se me alcanzan. La investidura de Mas no implica necesariamente un voto de confianza a su hipotético programa y, en cambio, demuestra desconfianza hacia alguien que, al menos en la cuestión nacional, no la merece, sino todo lo contrario. La aportación de Mas al proceso independentista a un coste personal que está por determinar, ha sido y es esencial. Y a ello se añade el criterio de que imponerse a la mayoría por la fuerza de los números (aunque sean paradójicamente menores, pero necesarios) y no de la razón no es aceptable.

Estaba dando vueltas a esta cuestiones cuando de pronto Mas se descuelga dando un  paso atrás y declarándose dispuesto a renunciar a la presidencia a cambio del acuerdo y la unidad de acción del independentismo. Es difícil atribuir este gesto a intenciones malévolas de ningún tipo. Al contrario, ensalza la figura de Mas quien, como un nuevo Marco Curcio, se sacrifica por la salud de la República.

La revolución catalana tiene muchas facetas.

¿Quién ha perdido las elecciones catalanas?

Subo unas declaraciones de Palinuro ayer a Vila Web. Sobre las elecciones del domingo. El texto catalán está aquí.

A continuación, la versión española:

El gobierno que surja de estas elecciones tarde o temprano propondrá una DUI.

El gobierno español tiene el resultado que merece por no haber pemitido un referèndum y por haber forzado unas elecciones autonómicas. Si se hubiese permitido un referèndum, con el 48% de los votos, lo hubiesen ganado. Pero, como no ha sido así, estos votos se convierten en una mayoría absoluta de escaños y eso es lo que cuenta. Les ha salido el tiro por la culata. Un gobierno perfectamente legítimo, democrático con una mayoría absoluta, con un programa independentista y republicano en Cataluña y sin interlocutor en España. ¿Quién ha perdido las elecciones? El gobierno español. Y sería lógico, en un sentido democrático que el presidente presentase la dimisión.

En este momento un gobierno democrático con una mayoría absoluta en el parlamento catalán carece de interlocutor en Madrid. ¿Qué puede pasar? Lo más correcto sería que el gobierno de Madrid pidiese al de la Generalitat un aplazamiento de la interlocución hasta que hubiese un interlocutor válido en la capital. Lo normal sería que el gobierno de la Generalitat aplazase la interlocución pero sin retrasar la hoja de ruta ni su acción exterior.

Hay un vacío de Estado porque esta mayoría en Cataluña es republicana. Y es claro que el Rey tendrá que decidir sobre qué parte del territorio reina, porque aquí hay un horizonte republicano que no puede ignorarse. Este resultado es una revolución para España y para Europa.

Me parece que el gobierno catalán que salga de estas elecciones, tarde o temprano, propondrá una DUI y tendrá todo el derecho. Y ¿cómo se responderá a eso? No se podrà responder diciendo que no se puede hacer porque eso està fuera ya de discusión. Probablemente habrá que hablar de cómo se negocia, con qué plazos, con qué transiciones. Y no sé si el sistema político español. El llamado “régimen del 78” està en condiciones de abordarlo.

Hay un gobierno salido de unes elecciones democráticas, asediado, boicoteado, maltratado, insultado, amenazado... Todo esto ha pasado en los últimos años. Y ¿quién se sienta a negociar con este gobierno? Cataluña tiene ahora un estatus político de legitimidad. Y ¿qué ofrece a Cataluña el gobierno español? ¿Cómo se opondrá a lo que considera mentiras? Y todo porque son unos zotes. Si yo fuese Rajoy dimitiría y que ahora alguien gestione lo que viene. Porque lo que viene en Cataluña puede gestionarse, ya que tiene una base muy sólida, pero en España, no.

dilluns, 28 de setembre del 2015

España carece de gobierno.

Artículo publicado hoy en elMón.com y escrito el domingo a las 23:00, cuando aún no había terminado el recuento. Esta es la versión en catalán y, a continuación, inserto aquí el original en español:



CATALUÑA NECESITA UN INTERLOCUTOR EN ESPAÑA

Con los resultados conocidos cuando se lleva el 82 % escrutado quedan claras dos cosas: el independentismo gana en votos y más claramente en escaños. Es el momento de las interpretaciones. Pero no por mucho tiempo.

Hay un hecho indudable: el independentismo ha ganado. El resultado de unas elecciones que los nacionalistas españoles querían rebajar de valor, privándolas de su carácter plebiscitario ha tenido un efecto contradictorio con esas intenciones. De haber sido un referéndum ordinario, un resultado por debajo del 50% se anotaría en la hoja de pérdidas y no habría más que hablar. Los independentistas tendrían que resignarse como hicieron el año pasado los escoceses y esperar otra ocasión. Pero, al ser elecciones autonómicas “ordinarias” (aunque con valor plebiscitario), cuentan los votos y los escaños, se quiera o no. Los escaños exceden la necesaria mayoría absoluta en el parlamento para tomar decisiones y esas decisiones se adoptarán en sentido independentista. El debate se planteará sobre si DUI sí o no y si DUI inmediata o no. Es decir, al realizar unas elecciones autonómicas de contenido plebiscitario, los independentistas han llevado la cuestión al terreno de la política y de la negociación. Al terreno de la interlocución y en un plano reforzado para ellos y debilitado para los demás.

Para la necesaria interlocución entre España y Cataluña, las dos partes tienen que designar sus respectivos portavoces. Los catalanes están claros: el gobierno que se constituya en Cataluña según estos resultados. Un gobierno legitimado por una clara mayoría relativa de votos y absoluta de escaños. Los que no están claros son los españoles. Habiendo perdido estrepitosamente estas elecciones el PP y a menos de tres meses de otras que se anuncian catastróficas para él, el actual gobierno español carece de autoridad y legitimidad para sentarse a negociar nada con el catalán.

Ese vacío no se rellenaría con una hipotética entrada de los socialistas en el gabinete en una especie de gobierno de concentración porque, aunque tal cosa fuera posible, que está por ver, estaría sometido a la misma urgencia y necesidad de las elecciones de diciembre y no podría hacer nada.

El nacionalismo español podría pedir al gobierno de la Generalitat que, a la vista de la situación, tenga la generosidad de aplazar sus decisiones y esperar a que haya interlocutor en España que no sea este desastre sin paliativos en que ha terminado la catastrófica legislatura de Rajoy. Podría. Pero, aparte de quedar en ridículo una vez más, el Parlament y la Generalitat quizá concedieran esa moratoria pero sin que ello suponga un retraso en su hoja de ruta ni un abandono de su acción exterior, que habrá de ser más intensa que nunca. La fórmula podría ser: “nosotros no atosigaremos en España pero actuaremos en uso de nuestra soberanía en el exterior”.

En realidad, después de estas elecciones, España carece de gobierno.

Es poco probable que el actual presidente tenga la gallardía de dimitir, pues, sabido es, no entra en sus hábitos. Y con él en La Moncloa, como un muerto viviente, el país no tiene quién hable por él.

Tampoco la oposición puede aspirar a un rol más airoso. El otro partido dinástico, el PSOE, no es tan testimonial e irrelevante en Cataluña como el PP, pero no se le aleja mucho y, si se suman los votos de PP y C’s, queda muy por debajo de ellos. Innecesario subrayar que estos datos muestran con claridad que el sistema político catalán es distinto del español. El hipotético apoyo del PSOE al agonizante partido del gobierno no resolvería en absoluto el problema planteado y haría imposible cualquier otra propuesta alternativa de futuro por increíble.

El resto de las opciones aun son más inverosímiles. Si los dos puntales dinásticos de la segunda restauración han fracasado, los emergentes plantean otras dificultades. A tenor de sus nada desdeñables resultados catalanes, Ciudadanos quizá pueda presentarse como sustituto o relevo del PP, pero no como complementario.

Podemos ha ido a encontrar en Cataluña su sepultura. Si, después de haber roto su política de rechazo a toda coalición con los comunistas y neocomunistas de IU en España, en el Principado consigue los mismos diputados que tenía esa misma IU en Cataluña, lo más probable no es que vaya a asaltar los cielos en España sino que estos se le caigan sobre la cabeza.

Teniendo en cuenta que el independentismo catalán es de alma republicana, España no solo carece de gobierno –cosa relativamente contingente y, a veces, hasta beneficiosa- sino también de forma política del Estado. Que Rajoy no dimita está probablemente en su forma de ser y el aguante de la gente en España, pero cabe preguntarse si el hipotético surgimiento de una flamante República catalana en el horizonte no sería el momento adecuado para que el Rey abdicara. A lo mejor tiene una revelación y comprende que, si quiere mantener su autoridad sobre lo que le quede de su reino, sería una buena decisión someter la Corona a referéndum y dar a sus amados súbditos españoles el derecho que los catalanes han ejercido por su cuenta sin pedir permiso a nadie: el derecho a decidir.