dilluns, 7 de setembre del 2015

Llega la equidistancia.


Acabo de leer un interesante artículo de Jordi Évole en El Periódico de Catalunya titulado Trampas. Es un escrito ponderado, conciso y claro que expone un punto de vista muy digno de tenerse en cuenta. El título se refiere a las trampas que hacen los dos bandos hoy enfrentados en la cuestión nacional, el nacionalismo español y el nacionalismo catalán. Unos y otros, dice Évole, hacen trampas.


Desde luego. La política no es un lance según las reglas de la moral caballeresca, en la que las trampas están prohibidas. Antes al contrario, en el enfrentamiento schmittiano entre amigo/enemigo, las trampas son frecuentes. La cuestión no es si hay maniobras, juego sucio, golpes bajos; la cuestión es qué actitud adoptamos frente a ellos. Únicamente los fanáticos y sectarios sostendrán que los "suyos" no hacen trampas sino solo los otros, los adversarios, los enemigos. El resto de los mortales sabemos que tan trampas son las de los unos como las de los otros. Se abre aquí, en esta oportuna observación, la vía para optar a la actitud de la neutralidad o la equidistancia en un conflicto. Pero, aun suponiendo que haya equidistancia sincera en los conflictos políticos, que suelen ser morales, esta deberá tener en cuenta la diferencia que pueda haber en cuanto a la naturaleza y el impacto de las trampas.

Évole cita las más obvias a que recurre el nacionalismo español y las del nacionalismo catalán y matiza que son de dimensiones distintas. Sí, en efecto, muy distintas. Completamente desproporcionadas. El nacionalismo español cuenta con el gobierno, con sus aparatos represivos (policía, tribunales, fuerzas armadas) y sus aparatos ideológicos, (medios de comunicación y sistema educativo, clero católico); cuenta asimismo con los poderes fácticos de la empresa y la banca y con la complicidad del ámbito internacional, que es interestatal. Su poder es inmenso y las trampas a su alcance mucho mayores de lo que pueda soñar el nacionalismo catalán. No hay ni color. Equiparar en competencia tramposa el gobierno de La Moncloa y el de la Generalitat es igualar una chinche con un hipopótamo. Más claro y sin tapujos: Rajoy puede meter en la cárcel a Mas (y de hecho, parece estar intentándolo) y Mas a Rajoy, no. Es lo que se llama asimetría y, en términos más humanos, desigualdad de oportunidades. Ser equidistante entre desiguales tiene sus problemillas. 

Además de calibrar el empaque de las respectivas trampas es obligado averiguar qué reacciones suscitan en ambos campos. No es frecuente que los nacionalistas españoles critiquen las trampas que se hacen en su nombre. A veces, si son muy disparatadas, casi dictatoriales, como esa reforma de la ley del Tribunal Constitucional, se elevan voces de protesta. Pocas y esporádicas. La crítica a las trampas del nacionalismo catalán desde sus propias filas son, en cambio, más frecuentes. El mismo Évole es muestra de ello, pues si bien no está claro si es o no partidario de la independencia, sí se declara a favor del derecho a decidir y en forma de un referéndum. Y critica las trampas de la Generalitat, dando carta de naturaleza de este modo a una especie de equidistancia.

Una trampa es obvia, en línea también con la que señala El País de ayer en un insólito editorial en contra de Mas, denunciando que este no diferencia entre sus funciones institucionales y las partidistas, ideológicas, independentistas. Pero eso es exactamente lo que sucede con todos los gobiernos en España, lo que sucede con Rajoy desde el primer momento de su mandato. ¿Por qué es vituperable en Mas lo que no lo es en Rajoy?

La trampa mayor, a juicio de Évole, lo que más le preocupa, es el empeño en convertir unas elecciones autonómicas ordinarias en un plebiscito. Y no le falta razón al decir que la mecánica electoral, admitiendo matices, no es la plebiscitaria, que no los admite. Los independentistas han convertido unas elecciones ordinarias en un plebiscito y con ello restan libertad a la gente, libertad de elección. O sea, libertad a secas. Lo que corresponde ahora es averiguar por qué y si lo han conseguido.

El porqué. Los nacionalistas llevan años pidiendo un referéndum de autodeterminación. Referéndum que se les ha negado siempre con un aluvión de consideraciones de todo tipo que, al final, han  ido disipándose como las brumas del amanecer después del referéndum escocés, quedando reducidas a la muy somera de que los catalanes no pueden hacer un referéndum porque no. Hicieron entonces la consulta del 9N, dándole ese nombre porque el de referéndum lo tenían prohibido. Finalmente, dan en llamar elecciones plebiscitarias a las del 27 de septiembre. Y es así porque no les dejan hacer un referéndum. Con todo, queda claro que la condición de "plebiscitarias" viene dada porque el referéndum, al que todos los partidarios del "derecho a decidir" aspiran, es imposible. Los gobiernos de Madrid nunca lo permitirán. 

El efecto. Llamar elecciones "plebiscitarias" a las del 27 de septiembre no significa que lo sean de derecho. Ni lo pretenden. Es un punto de vista, una opción del bloque del sí a la independencia que tampoco se presenta unido ya que tiene dos candidaturas. En función de esta interpretación perfectamente subjetiva, el bloque del sí considera que la elección es plebiscitaria porque todo lo que no sea "sí" lo contará como "no". Pero esto es un juicio, una opinión, un criterio. Las demás opciones que no son el bloque del sí no se consideran a su vez como un bloque. El PP, Ciudadanos, el PSC y Catalunya sí que es pot, comparten algunos aspectos pero menos de los que los separan y, de hecho, parecen ir a las elecciones cada uno por su cuenta. En esa medida, estas elecciones no serán plebiscitarias puesto que se votarán matices. 

Justamente esa es la base de la crítica de Évole. ¿Cómo van a ser plebiscitarias si lo que cuentan son los escaños? Por supuesto, los escaños y los votos, como en todas las elecciones. Y ello obligará a llegar a algún tipo de pronunciamiento sobre qué porcentajes de unos y otros legitiman una DUI. En tanto no tengamos las cantidades no es muy útil regatear porcentajes.

Pero sí se puede ir a la cuestión de fondo sobre si es admisible leer en clave plebiscitaria (en realidad, de referéndum) el resultado de unas elecciones autonómicas ordinarias. Si la respuesta es "no", nos podemos encontrar con la paradoja de una mayoría parlamentaria de partidos independentistas pero que no pueden implementar sus programas y que, en consecuencia, no sirven para nada. Porque, en caso de que los hicieran servir, tendrían que poner en marcha un proceso constituyente y, en consecuencia, cambiar retrospectivamente la naturaleza de las elecciones autonómicas ordinarias.

Pero eso ya pasó una vez en la historia reciente. La Constitución de 1978 fue elaborada por unas Cortes que no se habían elegido como constituyentes sino como Cortes ordinarias mertamorfoseadas luego en constituyentes. Algo similar a lo que planea hacer el Parlament si cuenta con mayoría independentista. 

En un conflicto tan desigual, tan desproporcional, la equidistancia entre una gente que quiere votar y decidir su futuro y otra que no le deja no es justa.

La primera imagen es una foto de Artur Mas Wikimedia Commons, bajo licencia de Creative Commons. La segunda, otra de Mariano Rajoy también en  Wikimedia Commons, bajo licencia de Creative Commons).

diumenge, 6 de setembre del 2015

La desgracia de España.


Es un triste sino que en el momento probablemente más grave de su historia reciente, a las puertas de un crisis que puede acabar con su existencia, España esté gobernada por un tipo suma de todos los vicios y defectos personales de los seres humanos y de los gobernantes españoles de la peor especie; un tipo mendaz, intelectualmente nulo, desconfiado, sin escrúpulos, corrupto, fanfarrón, embustero, falso, ignorante y rencoroso.


Su tarea ha sido destrozar el país que recibió, aniquilar su Estado del bienestar, destrozar la sanidad y la educación pública, desmantelar los derechos de los trabajadores para que aumente la tasa de beneficio del capital, paralizar la administración, descapitalizar y destruir los servicios públicos para privatizarlos después, dejar desasistida a la población dependiente, enviar a los jóvenes a la emigración, saquear la hucha de las pensiones y dejar a los jubilados actuales o próximos sin futuro.

Y todo ello mientras tanto él como sus compadres de partido se han enriquecido cobrando sobresueldos o saqueando las arcas públicas durante años a través de una serie de delitos, desde la apropiación indebida a la malversación de caudales públicos, falsedades y todo tipo de latrocinios en el reinado de la corrupción. Un gobierno y un partido repletos de enchufados, corruptos y presuntos delincuentes, muchos de los cuales, pero no todos ni como debieran, están desfilando por los juzgados. 

En numerosas ocasiones de su triste historia España ha estado gobernada por estúpidos, incompetentes y ladrones. Pero no me parece que jamás se haya dado una confluencia como la actual, con una asociación de presuntos malhechores dotados de un poder ilimitado, producto de su mayoría parlamentaria absoluta. Un gobierno protegido además por una batería de medios públicos y privados, todos ellos a su incondicional servicio y repletos de comunicadores pagados con dineros públicos para mentir, provocar, falsear y distorsionar sistemáticamente la realidad.

La esperanza de estos sinvergüenzas, heredada de la época dorada de la dictadura, que es el régimen que añoran, es que, al haber controlado todos los medios de comunicación y no tener reparos a la hora de adoptar leyes represivas y autoritarias que impidan la crítica, la protesta, la libertad de expresión cuenten con impunidad y puedan salirse con la suya. La idea es presentar una realidad falsa y como recuperación del país lo que no es otra cosa que su hundimiento.

Cuentan con la inestimable ayuda de una oposición mayoritaria, socialista que, más que oponerse, coadyuva al desastre porque por omisión, dejadez o incompetencia, no es capaz no ya de controlar los desmanes de este gobierno franquista sino de elevar la voz crítica. Una oposición que, en el fondo, es cómplice, que lo fue con Rubalcaba y lo es en mucha mayor medida con este Sánchez, incapaz de presentar una moción de censura a un gobierno que ha destruido el país y que, en el colmo del dislate, se apresta a aprobar los presupuestos del Estado prácticamente sin debate para que le dé tiempo a convocar elecciones en las vacaciones de Navidad y eso si las convoca. 

Porque si el gobierno es una vergüenza según todas los usos del Estado democrático de derecho, la oposición del PSOE no le va en zaga.

Y justo en el instante en que un movimiento independentista fuerte como jamás ha cuajado en Cataluña, bajo la dirección de unos partidos y grupos que han tenido la sabiduría y la decisión de aunar esfuerzos para desvincularse de este Estado español, incapaz de modernizarse, hacer frente a la crisis y sobrevivir por estar administrado, como siempre, por una banda de incompetentes y presuntos ladrones.

El movimiento independentista catalán es la única manifestación libre de sentir popular que este gobierno inenarrable no puede controlar. Es la opción democrática viva en el Estado español, la única que la banda de presuntos chorizos con el sobresueldos a la cabeza no puede sofocar ni ocultar. La única que se mantiene digna frente a las maniobras y engañifas no solo de las fuerzas del gobierno y su partido sino también del conjunto de la oposición, socialistas, comunistas y neocomunistas, que forman vergonzante causa común con aquel para mantener el país en un estado de sojuzgamiento que no tiene perdón.

Por eso merece ganar.

Carta de vuelta.


Mas se ha sumado al alud de respuestas que ha cosechado la carta de Felipe González en El País. Firman la suya asimismo Romeva, Forcadell, Casals, Junqueras, Llach, Bel y Forné. Con tanta gente, más que epístola, el escrito es un manifiesto. Podía ser el de Junts pel Sí de no ser por la ausencia de Reyes. Ojo al dato porque canta.


La carta de González que El País publicó casi haciéndola suya, era muy pobre literariamente hablando; sus argumentos, manoseados y con muchos sofismas; sus metáforas, groseras e injustas y sus amenazas, inaceptables, al menos en opinión de Palinuro en una respuesta titulada El cartero del Rey.  Pero eso no obliga a que la respuesta de los catalanes, sobre todo si es manifiesto, tenga el mismo lamentable nivel. Los manifiestos exigen más altura, mejor y más elegante estilo, brillantez, fuerza y valor.

Pero no es el caso. El estilo es pobre, apelmazado, repetitivo y algo ñoño. Y su argumentación en torno al concepto metafísico de Cataluña cual sujeto hipostasiado dotado de atributos humanos como la voluntad, la paciencia, el dinamismo, la tolerancia y una lluvia de virtudes e idealizaciones convierten el texto en un panegírico algo estomagante. Son dos fallos tan garrafales que dan pie a El País a editorializar en contra y a aprovecharlos para cuestionar y rechazar el fondo de la carta de Mas et al., que es lo que le importa. La cuestión del lamentable estilo salta a la vista, desde luego, pero no cabe ignorar que el de la carta de González era igual o peor. Resígnese El País a la realidad de que en España hace ya mucho que los políticos no saben hablar y menos escribir.

En cuanto al ente de razón Cataluña, a El País le molesta que los firmantes de la carta se arroguen su representación excluyendo a quienes no piensen como ellos. Y ciertamente no es enteramente de recibo. Han sido y son muchos los catalanes que han defendido una idea de Cataluña opuesta a la de los firmantes. Catalanes eran Balmes, Torras i Bages, Cambó, Pla y Deniel, López Rodó, etc. Desde la posición de la carta, Cataluña no se limita a ser una realidad geográfica en la que habita un pueblo, sujeto de derechos, que debate asuntos de interés colectivo, siendo uno de ellos la autodeterminación nacional. En la retórica de la carta es un ente metafísico que atraviesa la historia con una especie de programa de origen celestial en pro de la libertad, la cultura y la democracia. Una quimera.

El País se siente agredido con la expresión de "libelo incendiario" con la que Mas califica el escrito de González ya que, dice, el periódico no publica "libelos". Desde luego quizá la expresión libelo incendiario sea excesiva. Todo lo más parece un panfleto algo chamuscado. La comparación con nazis y fascistas, que González ha intentado mitigar luego en La Vanguardia echando mano del concepto de "fascistización", que debe de venirle de sus lejanas lecturas poulantzianas, no da para libelo. Mero panfleto o pasquín.

El grueso de la andanada de El País en contra del independentismo se dirige, como siempre contra Mas porque su táctica es clara: no reconocer en el independentismo el carácter de movimiento de amplia base social sino enfocarlo en la personalidad de Mas. Acusa a este de abuso de poder, de ir contra la legalidad, de confundir sus deberes como presidente de la Generalitat con sus pronunciamientos políticos partidistas, de poner los recursos de la Comunidad Autónoma al servicio de su proyecto político y de ignorar que él es el representante del Estado en Cataluña. 

Curiosamente, si se toman las acusaciones al pie de la letra podrá verse que encajan en la persona del presidente del gobierno, Mariano Rajoy: abuso de poder permanente, ignorancia o cambio arbitrario de las leyes a su antojo, confusión de deberes de presidente del gobierno e intereses de presidente del partido, expolio permanente de los recursos públicos para metérselos en los bolsillos la legión de corruptos del PP e ignorar que es el representante del Estado en España y fuera de ella. Sin embargo, El País, que yo sepa, jamás ha alzado la voz para exigir a Rajoy, el presidente de los sobresueldos y a su partido, una presunta asociación de delincuentes, un comportamiento como el que exige a Mas y los catalanes. Quizá estole ayude a comprender por qué Mas dice que el Estado trata a los catalanes como súbditos, desde el momento en que él también lo hace. 

Y eso es lo que la carta debería hacer valer. Eso y más cosas, en lugar de volver al tono lacrimógeno del eterno victimismo. Los textos firmados por los independentistas no tienen por qué arrogarse representaciones ideales, pero sí la de la opción independentista  que, de ser reclamada por la mayoría de la población pacífica y democráticamente, se configura como un derecho de esta a constituirse en una comunidad política propia con el alcance y las competencias que soberanamente decida. 

Es verdad que la carta concluye que ya no hay vuelta atrás y que ningún Tribunal Constitucional ni gobierno podrá coartar esa voluntad democrática. Pero ese enunciado no tenía que ser la conclusión, sino el planteamiento de arranque. Porque el ejercicio del derecho de autodeterminación no es la consecuencia del sistemático, histórico, fracaso del intento de encontrar un "encaje" de Cataluña en España sino de la circunstancia de que se trata de un derecho originario de la nación catalana.

Esa condición nacional catalana es, como bien se sabe, controvertida. El TC no quiere ni oír hablar de ella y Felipe González ha acabado admitiéndola a regañadientes. Pero eso no es algo compartido. En el propio PSOE hay gente -por ejemplo, Emiliano García Page- para quien en España solo hay una nación, la española y el partido en su conjunto, temiendo una división interna, ha aplazado el debate nacional. 

Con lo visto, está claro que, en lugar de citar agravios y recurrir a excusas, el manifiesto de los independentistas debe empezar por hacer valer el derecho incuestionable de los catalanes a decidir su futuro. Aquí y ahora. El futuro que la mayoría marque, sin necesidad de justificarlo más que en su propia decisión. Eso es un pueblo libre. 

dissabte, 5 de setembre del 2015

De ridículo a ridículo pasando por el abalorio.


La revolución catalana provoca delirios en los líderes políticos españoles.

Rajoy, cuyo sentido del ridículo es tan hondo como su moralidad y su inteligencia, ha internacionalizado el conflicto catalán en tres días mucho más de lo que lo han conseguido los independentistas y llevan años, lustros, intentándolo. Esta técnica de hacer lo que interesa al enemigo es un descubrimiento del presidente de los sobresueldos. No tiene precedentes y seguramente tampoco consecuentes. El martes trajo a Frau Merkel y ayer, viernes, a Mr. Cameron, ambos a opinar sobre la cuestión catalana en unos términos pactados de antemano con La Moncloa. La señora Merkel tuvo que hablar del principio de integridad territorial de los Estados y Cameron recordó que el ente territorial que se independice de su Estado, saldrá asimismo de la UE. En su sumisión a todo el que hable una lengua que él no entiende, o sea, en su sumisión a todo el mundo, Rajoy oía las palabras de Cameron no como una opinión más o menos cierta, sino como una verdad incuestionable, como una orden que es cosa más afín a su espíritu. Pero no pasa de ser una opinión. Si Cataluña se independiza, ya veremos qué sucede. La situación no tiene precedentes y no se sabe qué sucederá porque ello depende también de cómo se independice.

La punta ridícula comienza a aparecer cuando se recuerda que Cameron está preparando un referéndum sobre la eventual salida de su país de la Unión Europea. Eso de vestir de amenaza una opción específica que uno mismo puede estar escogiendo resulta difícil de entender, cuando menos sin echarse a reír.

El aspecto más ridículo de esta internacionalización del conflicto, tan ridículo que hasta los estrategas de La Moncloa han pretendido desactivarlo es de otro tipo. Consiste en la intención original de Rajoy de pedir a Cameron una declaración en favor de la integridad territoral de España, como había hecho con Frau Merkel. Alguien en La Moncloa, alguno de esos más de sesenta asesores que carecen de graduado escolar, pero nos cuestan un dineral, debió de advertir el ridículo en que se incurría pidiendo al inglés suscribir la integridad territorial de España, siendo así que es el primero en romperla con Gibraltar.

A Felipe González le zumban los oídos hace ya cinco días, desde la publicación de su Carta a los catalanes, en El País, en el estilo de la epístola a los corintios, pero en la era de las tecnologías. El escrito ha provocado un alud de críticas y de muy crueles (y generalmente injustas y falsas) acusaciones. Al margen de los insultos, muchos argumentos de diferentes puntos de vista refutaron la epístola de González. La carta procedía a comparar el proceso independentista con los nazis y/o los fascistas, cosa que saca de quicio con razón a los independentistas.

Para librarse del ruido mediático levantado por sus juicios sobre los catalanes, el expresidente concedió luego una entrevista a La Vanguardia en la que decía que es partidario de resolver el problema mediante negociación y pacto y que debe comenzarse por reconocer que Cataluña es una nación. Es muy difícil no dar a este reconocimiento el valor que los conquistadores españoles daban a los abalorios y cuentas de cristal que llevaban a la Indias para engañar a los aborígenes y cambiárselas por riquezas en metales preciosos. ¿Que quieren llamarse "nación"? Que lo hagan, pero nada más. Es la doctrina del TC: son nación si quieren ser nación y se pronuncian por su derecho a serlo, pero eso carece de efectos jurídicos. Es decir se trata de contentar a los aborígenes con un mero nombre, "nación" , a modo de abalorio: brilla mucho, pero no sirve para nada. Esa condescendencia con los aborígenes también es absurda. La nación catalana no depende de que España la reconozca. Han coexistido a lo largo de los siglos pero la mayor debilidad bélica y material de aquella no la ha dejado brillar con luz propia hasta ahora. Y, desde luego, no va a dejarse seducir con abalorios. Esto es, como suele suceder, tratando González de enmendar su yerro, lo agravó. 

El ridículo no se limita a la derecha, aunque sea el terreno en que más se cultiva. También afecta a la izquierda, sobre todo si el objeto es el independentismo catalán que, repito, parece movilizar las peores y más estólidas prácticas de la dirigencia española. Ayer Errejón o el community manager que le maneje la cuenta, subía un tuit a Twitter en el que decía que Artur Mas no había conseguido llenar una plaza de Casteldefells, y pidiendo ser ellos quienes la llenaran el próximo domingo. Y eso en catalán porque es propaganda de Catalunya si que es pot".


Esta imagen permite visualizar el núcleo conceptual de la campaña de Podemos en las elecciones de 27 de septiembre, esas que no podían ser plebiscitarias y que, por lo tanto, no iban a serlo con el mismo grado de seguridad con que las elecciones de 9N del año pasado tampoco se iban a dar.  La idea fundamental de la campaña es que esta es una dicotomía entre dos grupos, los dos con posibilidades reales de llegar a La Moncloa. Grupos y personas. Se trata de contraponer al pérfido Mas, representante de todos los recortes y políticas neoliberales con el amable pueblo catalán, que no se dejará engatusar con los cantos de sirena de los independentistas, esos que inducen a la gente a pensar que lo importante no son la habichuelas sino una Patria intangible, etérea. Así que lógico es que la asistencia a los mítines de Mas flaquee, pues el político convergente no es el rostro del pueblo, sino el de su enemigo. El nacionalismo, el independentismo, son disfraces para ocultar la verdadera finalidad explotadora de la burguesía, de "los de arriba". En cuanto la gente se dé cuenta del todo,  los mítines de Mas no va ya ni él.

Una hora más tarde, otro tuitero subía un tuit en el que se veía muchísima mayor asistencia al mitin de Mas, pues la foto se hizo cuando el mitin estaba en marcha y la gente escuchando; no como en el tuit de Errejón, que se hizo antes de comenzar el espectáculo.

Y traía un comentario burlón: "Hola, Errejón: no sé quién te habrá pasado la foto pero igual el domingo haces el ridículo". Lo que la imagen revelaba es que Errejón o alguien en su nombre había pretendido engañar a la gente dando una cifra de asistentes a un mitin de Mas de muy escasa concurrencia. No está mal para quien inició su carrera política criticando las formas de organización de los poderes constituidos como una política antipopular, como la censura, la manipulación y la concentración de los medios en manos de unos cuantos banqueros que son los dueños de la información. Alguien que se revelaba contra el engaño, la censura y la mentira. Resulta, sin embargo, que, apenas tiene ocasión, recurre exactamente a los mismos medios que critica y consigue, como ellos, hacer el ridículo y entre la rechifla general.

Otro tuitero no se esperaba a ver hacer el ridículo a nuestro hombre el domingo y decidía añadirle una gota más de ácido y burla: "Si le das zoom al núcleo irradiador de tu cámara verás esta foto. La seducción de los no aliados. Saludos." El asunto está claro: como decíamos al comienzo de este post tratándose de Rajoy, no se puede recurrir a los medios de los enemigos.

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Sobre todo si te presentas con un discurso algo pedante pero que pretende manifestar una distancia abismal entre la realidad injusta que denuncias y tus propias propuestas que, en principio, vienen a regenerar la vida pública, a desterrar el engaño, el fraude y la manipulación. Mañana, domingo, ya tiene Podemos una tarea clara en Casteldefells: reunir más gente que en el mitin del presidente Mas, so pena de quedar no solamente como unos manipuladores sino como unos fracasados. 

Conferencia en el ateneu de Tàrrega.





divendres, 4 de setembre del 2015

Entrevista a servidor en Punt Avui de hoy.


Ya sé que lo bueno de las entrevistas es lo que en ellas se dice y puede leerse. Pero l@s lector@s me perdonarán la pequeña vanidad de reproducir la página del diario con mi foto. No siempre lo sacan a uno tan favorecido, caramba. Como que al principio pensé que se habían equivocado de persona. Pero luego vi que era yo. Menudo ojo el del fotógrafo. Creo que voy a usarla para todo lo que se tercie hasta que se caiga de vieja, ella o yo.


La entrevista en catalán es esta. Por cierto, la entrevistadora, Anna Ballbona, muy buena, concisa y clara:

ANNA BALLBONA

Ramón Cotarelo (Madrid, 1943) és catedràtic de ciències polítiques de la UNED i una veu espanyola que de fa temps dóna suport al procés. Això el va portar a estar disposat a anar en un lloc simbòlic a la llista de la CUP per al 27-S, però el fet de no estar censat a Catalunya li ho va impedir.

Per què havia dit sí a anar a la llista de la CUP?
La ideologia de la CUP és la que més s'ajusta a la meva ideologia, perquè és assembleària, laica, republicana... En aquest tema sempre he defensat el dret a l'autodeterminació, sense hipocresies i exercit ara. Una altra cosa és que jo sigui independentista.

El 27-S tindrà el caràcter plebiscitari que les forces sobiranistes li volen donar?
Si ja el té! No veus com estan? Estan histèrics.

Què li sembla que la CUP no s'afegís a la llista de Junts pel Sí?
Des del punt de vista de la ideologia, la CUP és bastant radical i molt estricta. I té un punt de vista moralitzant. L'aliança amb la dreta, en el fons, no els fa el pes. Una altra cosa és que, tàcticament, en allò fonamental, coincideixin, des del moment que la dreta s'ha fet independentista. Tàcticament és un encert, perquè és donar a l'electorat una doble possibilitat. La CUP recollirà vot independentista que en cap cas aniria a Mas. Donar una doble opció és un encert.

I, passat el 27-S, els veu capaços de posar-se d'acord?
Sí. Ningú entendria el contrari. Tant David Fernàndez com Mas tenen cintura suficient, competència i capacitat per arribar a una entesa.

Què va pensar quan es van produir els escorcolls policials a la seu de CDC i la seva fundació?
És una provocació. I darrere d'això arribaran més coses. La carta de Felipe González, les declaracions de Guerra, la marranada que volen fer amb el TC... és tot el mateix. Estan tot el dia mirant per on poden rebentar això. I no retrocediran en res.

Per tant, augura un setembre només de resposta policial per part de l'Estat espanyol?
D'aquí al 27-S només veig una escalada de provocacions, maniobres i joc brut. I, a partir del 27, en funció del resultat, les actituds canviaran, entre altres coses perquè el resultat del 27-S no només el mirem els catalans, sinó tot Europa. Aquest assumpte ja està totalment internacionalitzat. Fins i tot el govern espanyol ha ajudat a internacionalitzar-lo. I el que aconseguiran és el contrari del que pretenen: es cobriran de ridícul. Què significa que Rajoy demani a David Cameron un pronunciament a favor de la integritat d'Espanya? Que és el de Gibraltar! Si tu poses els estrangers en aquest assumpte, el primer que et diran és que facis el referèndum.

Entén la posició de Catalunya Sí que es Pot?
És una posició d'esquerra espanyola fracassada a Catalunya. Estan ocupant el lloc deixat pel PSC i pel PSUC. L'esquera espanyola és més espanyola que d'esquerres. Intenten dissimular una mica, però demostren que no entenen res. El de Catalunya és un conflicte nacional i social. Però el seu interès són les eleccions generals. Els passa el mateix que al PP.

Estado de podredumbre.


Esto tiene ya muy difícil arreglo. Los meses que quedan hasta las elecciones de diciembre van a ser un verdadero suplicio de disparates. Con la fecha del 20 de diciembre, el gobierno no es que haya escogido la que más le convenía sino la última posible antes de entrar ya en el terreno de la ilegalidad, negándose a convocar elecciones, cosa nada de extrañar, vista su procedencia ideológica. Aquí, como en las últimas semanas de Dolores de Cospedal, ancha es Castilla y a conceder más contratos que en sus cuatro años de gobierno. En los tres meses y medio hasta diciembre habrá tiempo de ver verdaderos primores y auténticas barbaridades en contra del Estado democrático de derecho que parece provocar sarpullido a la derecha española.


Niegan Barberá y Fabra que el Senado sea una cámara para retirar elefantes. Con ello solo quieren decir que no se consideran "elefantes". "Elefantes" quizá no, primeramente porque no es necesario retirar los elefantes a sitio alguno; se retiran solos. Otra cosa son los "trastos viejos". Y para eso sí está pensado un buen rato el Senado: para retirar y acumular enseres, trastos viejos o inservibles. Rudi, Barberá, Fabra, Bauzá, han perdido las elecciones y se habían quedado sin curro partidista y, en algún caso, como Barberá, sin curro a secas, pues sospecho que fuera de la alcaldía de Valencia, no trabajó nunca de nada. Llevaba 24 años de alcaldesa y es fácil suponer que los valencianos se hartaron de verla. Los demás perdieron las elecciones por incompetentes. Su partido, por tanto, les busca un premio de consolación o una recompensa, que no está claro, a costa de los dineros del contribuyentes en el Senado que, en efecto, es una segunda cámara colegisladora de cuya pertinencia hay sobradas dudas. El Senado, o sea la mitad del poder legislativo, es un recinto para colocar enchufados. No vaya a ser que por un puñado de votos, la señora Barberá se quede sin un bolso de Vuitton. No sirve para retirar elefantes sino bolsos de Vuitton. En nombre de todos los dioses del Olimpo, ¿sobre qué puede intervenir Barberá en el Senado sin hacer el ridículo? O sea, efectivamente, el Senado no sirve para nada excepto como lugares de vacaciones a libre disposición de los partidos para adjudicarlas como quieran a sus amigos, compinches y enchufados y con nuestro dinero. 

El hijo de Tejero, ascendido, creo, a Coronel, ocupa un lugar en un Consejo de la Guardia Civil por delegación expresa del ministro del Interior. Ciertamente, los hijos no heredan los pecados de los padres. Pero tampoco se libran del todo de ellos porque los nombres son estirpes, a lo menos en lo simbólico. Un hijo de un golpista, condenado como tal, con puesto de importancia en la Guardia Civil manda un mensaje al ámbito público suficientemente significativo: la Guardia Civil es nuestra, como todo en este cortijo que llamamos España y ponemos en ella a quien nos da la gana porque esa es nuestra idea del Estado de derecho.

Por último el proyecto de reforma del Tribunal Constitucional deja definitivamente en claro que aquí se está dispuesto a pasar por encima de lo que sea por defender el orden constituido. Constituido ¿por quién o para quién? Por la oligarquía tradicional y parásita española: los terratenientes, los grandes financieros y banqueros, los empresarios, la jerarquía eclesiástica y para el adelantamiento de sus intereses. De esa tarea de gendarme quiere ahora el gobierno se encargue el TC contra toda lógica y espíritu jurídico. Aun en el supuesto de que cupiera convertir al TC en ejecutor de sus propias decisiones habría que justificarlo y eso no es posible. Dice Rubio Llorente que con este proyecto, el gobierno se carga el TC. No es así exactamente en nuestra opinión: el gobierno se cargó el TC mucho antes, cuando bloqueó durante años su renovación por intereses partidistas o cuando hizo que se nombrara presidente a un ex-militante del PP y contratado de la FAES. Ahora se limita a enterrarlo. Un tribunal concebido como órgano de ejecución de las decisiones del gobierno no es un tribunal sino un cuerpo de guardia de los gobernantes.

De Estado de derecho, que es contenido y forma, en España no queda nada. Los ciudadanos no somos iguales ante una ley que encarcela a la gente menuda y protege a los grandes ladrones; que abandona a los necesitados y les priva de los suyo para subvencionar a los ricos y las granes fortunas. Los procedimientos han saltado por los aires. El gobierno actúa en permanente fraude de ley que es como actuar ilegalmente y actúa con criterios despóticos, antidemocráticos, coartando la libertad de expresión, tratando de impedir que los catalanes puedan ejercitar sus derechos. Y todo ello al ritmo frenético de la gestión pública más absurda y corrupta de toda Europa.

De aquí a las elecciones "en torno al 20 de diciembre", (dice Rajoy) puede pasar y pasará cualquier cosa. Y ya veremos cuando se sepa con exactitud la fecha porque pueda hacerlas coincidir con el sorteo del Gordo y hasta asegurarse de en dónde caerá el gordo, una vez que el otro Fabra, al que siempre tocaba, ya está en la cárcel. No sería extraño en un personaje como Rajoy, capaz de adelantar o retrasar los plazos electorales por motivos exclusivamente electorales.

N.B.

Ayer lo pasé muy bien en el Ateneu de Tàrrega. Me encontré muy a gusto. Espero que fuera compartido. Muchas gracias a tod@s. 

dijous, 3 de setembre del 2015

Hoy en el Ateneu de Tárrega.

Invitado por la ANC, doy hoy, tres de septiembre, una conferencia en el Ateneu de Tárrega sobre el tema El proceso de independencia visto desde Madrid . El título se las trae porque, desde Madrid y en lo tocante a la autodeterminación/independencia catalana se ve todo rojo o negro, según le dé al avistador. Si me tomo al pie de la letra el enunciado, con bufar una poco resolvería el encargo. Pero, qué caramba, yo también soy de Madrid y también tengo un punto de vista sobre el proceso, que no tiene por qué ser menos representativo del que tenga el presidente del gobierno, por ejemplo que, además, me consta es un punto de vista expuesto en dos o tres exabruptos, ya tal y fin de la cita.

Llevo preparada una exposición en tres momentos: los antecedentes (la transición), el pasado más inmediato (el Estatuto de 2006, el Tribunal Constitucional y la Diada de 2012) y el momento presente a la espera del 27 de septiembre.

Habrá cumplida referencia a los tres últimos acontecimientos del rigodón mesetario: carta de Felipe González llamando nazi-fascistas a los independentistas, proyecto de refomar del gobierno Rajoy/Albiol para convertir el Tribunal Constitucional en una escuadrilla del fascio y declaraciones del oportuno Alfonso Guerra, atribuyendo a Mas el golpe de Estado que están perpetrando ellos junto con el gobierno y el PP.

El golpe de Estado y la madre que la parió.


Detrás de Felipe González tenía que producirse su otrora inseparable, Alfonso Guerra. La carta de aquel ha tenido docenas de respuestas, críticas y elogiosas. Las elogiosas, como la de Duran Lleida, proceden del espíritu equidistante entre los unos y los otros. Es la virtud del "justo medio" de que presumía Montesquieu y de la que se reía Ayn Rand cuando preguntaba, con cierta trampa lógica,  cuál era el "justo medio" entre la injusticia y la justicia o entre la libertad y el despotismo. Los equidistantes entre el Estado español, que cuenta con el monopolio de la violencia y demás instrumentos del poder, los medios, la Iglesia, los otros Estados, etc. y la Generalitat que no tiene más que unas urnas y algunos servicios y facultades delegados, transferidos y generalmente vigilados. Dicho en otros términos, los equidistantes entre los opresores y los oprimidos. 

Los críticos son muy previsibles y tienen poco interés o no tanto como los elogiosos que, sin embargo, se han visto ahora repentinamente coartados por ese descarnado juicio de colgar a Mas la acusación de golpista. "Un golpe de Estado", dice Guerra político que lidera Mas y "a cámara lenta", complementa el Guerra antiguo aficionado al teatro.

No crean que la imagen sea muy disparatada. Recuérdese cómo el coronel Francesc Maciá intentó una insurrección armada en 1926 en Cataluña, contra la dictadura de Primo y la monarquía borbónica que los franceses abortaron. No puede olvidarse que la dictadura de Primo fue producto de otro golpe de Estado. Maciá murió siendo presidente de la Generalitat. No obstante es curiosa la expresión en boca de un dirigente histórico del PSOE, de los que iban de mitin en mitin con el puño alzado. Un golpe de Estado.

"Si quiere hablar conmigo", insistía Voltaire, "defina sus términos", check your premises, decía Ayn Rand. Revise sus supuestos, como el que revisa la presión de los neumáticos. En efecto, ¿qué es un golpe de Estado? Pues eso que otros llaman una revolución. ¿Con qué nombre pasará a la historia este episodio del independentismo catalán? Con el del que gane. Guerra ve "golpe de Estado" y, con él, todas las fuerzas vivas y muertas y moribundas del país. "Revolución" vemos cuatro gatos y mal contados porque estamos siempre bajo presión de no emplear el término para no dar carnaza a la propaganda nacionalista española de derechas, de izquierdas y de ni de izquierdas ni de derechas. Y a la gente le interesa esta variante.

El golpe lo da Mas, por supuesto, por su incontrolable afición a saltarse la ley que tanto preocupa a González o al amagar con una DUI. No el gobierno del PP que legisla mediante decreto-ley, manipula y controla los medios, esto es, el cuarto poder y tiene interferida la justicia por una dependencia directa o indirecta de jueces y magistrados. No hablemos de empresarios. El propósito del presidente de los sobresueldos de modificar el ámbito competencial del Tribunal Constitucional  pretende emplear la justicia como la prolongación del brazo del príncipe.

Es un juicio tan injusto que irrita. Acusa de golpista a un presidente democráticamente electo, que se empeña en saber qué opina la gente mediante referéndums que el Estado no le permite y que, por último, tiene convocadas unas elecciones libres en condiciones de acoso mediático, económico, político, institucional, judicial asombrosas. Si al final sale la independencia por mayoría frente a los aparatos ideológicos y coercitivos del Estado y sus seguidores y teóricos, no se ve cómo se podrá seguir hablando de "golpe de Estado", aunque nunca se sabe. 

En mi modesta opinión, la intransigencia española del PSOE frente a Cataluña deja al descubierto un complejo de culpabilidad. A los socialistas les irrita profundamente que los catalanes puedan llegar más lejos del objetivo que ellos también hubieran anhelado conseguir caso de ponerse de acuerdo: una república española y estatutos de regiones especiales para Cataluña, Euskadi y Galicia. Ahora ya no son regiones sino "naciones", y ese será el reto de la IIª Restauración borbónica y con el que el nacionalismo no se integró del todo.

Claro está que este lenguaje de "golpe de Estado" corre paralelo con el de "revolución". La elección no es inocente. Quien alguna vez, si acaso, soñó con la revolución, ahora que la ve, la llama "golpe de Estado". Probablemente con ello dice más sobre él que sobre el fenómeno que designa.

Aunque quizá podamos ahorrarnos este análisis y ver en la carta de González y la apostilla de Guerra la insinuación de que, como ya proponía el primero hace unos meses, se forme una gran coalición o coalición de PP y PSOE, esa posibilidad que descarta siempre rotundamente Pedro Sánchez, quien se manifiesta dispuesto a gobernar con quien sea, excepto con el PP. Llegado el caso habría que saber qué haría la dirección actual del PSOE aunque, a juzgar por lo que hay hasta la fecha, haría lo que le ordenasen, como lleva haciendo la actual dirección desde su inauguración entre las felicitaciones de Rubalcaba. El mensaje está claro: llegado el caso, el PSOE se sacrificará por la Patria y se declarará partido sufragáneo del PP. Es eso que llaman muy ufanos "cuestiones de Estado" y se refieren a la Monarquía y la organización territorial del Estado, básicamente. Una gran coalición puede considerarse sin más como un golpe de Estado puesto que desnaturaliza la función legislativa, que es de la que depende todo.

No está mal preparar un golpe de Estado justificándolo porque es para prevenir otro. Es lo que suele hacerse. Lo que verdaderamente intriga es hasta qué punto no reconocerá hoy a España la madre que la parió si la encuentra hablando de golpes de Estado.

dimecres, 2 de setembre del 2015

Hermenéutica de una chapuza.


Por fin una portada de El País que no imita el tebeo de Marhuenda, sino que informa y con enfoque crítico. Luego lo estropea con un lamentable editorial en el que considera un grave error lo que no es más que un atropello, una cacicada y una ilegalidad. Pero, cuando menos, la portada explica bien lo que quiere hacer el gobierno: poner todos los poderes del Estado a sus órdenes y dictar una ley para perseguir a un ciudadano. Algo contrario a todos los principios jurídicos del Estado de derecho. Por eso la vicepresidenta del gobierno mostró el cinismo que caracteriza a esta asociación de presuntos malhechores al afirmar que la reforma tiene carácter general, como diciendo que no está pensada como un acta de proscripción personal contra Mas. Pero no cuela: esa reforma (inconstitucional e ilegal) es lo más parecido que cabe hoy encontrar a un bill of attainder (norma penal contra un ciudadano concreto, en este caso, Artur Mas), expresamente prohibido en la Constitución de los Estados Unidos.


Por eso dice Artur Mas, a su vez, el ciudadano a pique de proscripción, que con la reforma el gobierno se carga el Estado de derecho. Corto se queda el hombre. Hace mucho tiempo que el PP y el presidente de los sobresueldos se han cargado el Estado de derecho. Solo que hayan gobernado mediante decretos-leyes ya identifica su estilo con el de la arbitrariedad más contraria a esa forma de Estado que se basa en el imperio de la ley. No del decreto-ley. Le viene bien a Mas saber con quién ha de habérselas porque, hasta hace poco tiempo, el PP y la derecha catalana se han venido apoyando y tapando las vergüenzas mutuamente. A lo mejor no le sirve de nada pero tome nota el presidente de que, cuando vayan por él, a su lado solo tendrá demócratas.

A mendigar apoyos internacionales en contra del nacionalismo ha salido Rajoy con la falta de dignidad que lo caracteriza. A sus abyectas peticiones ha respondido una reticente Merkel que hay que respetar los tratados de la Unión. De Perogrullo. Pero no ha dicho que una Cataluña independiente haya de salir de la UE. Y aunque lo hubiera dicho, ¿no es España una gran nación? ¿Desde cuándo van las grandes naciones pidiendo árnica? Y no es lo único. El mismo personaje de los sobresueldos planea reunirse con Cameron el viernes y presionarlo también para que se declare a favor de la unidad e integridad territorial de España. Hace falta ser ruin cuando se recuerda que Cameron es el primer ministro de un país que, dueño de Gibraltar, rompe esa unidad e integridad territorial españolas que a Palinuro le parecen una filfa, pero estos neofranquistas dicen tener el fondo de su corazón.

Pedro Sánchez acusa al PP de cortejar a la extrema derecha con esta reforma, lo cual es obvio. Pero esa no es toda la historia. Sí, se pretende dar carnaza a la chusma anticatalana que hay en el PP, empezando por su presidente cuando recogía firmas contra el Estatuto de 2006. Pero no solo eso. También se pretende proyectar una imagen de duros de película con las veleidades separatistas catalanas para ganar los votos de la España profunda y dejar al PSOE y a la izquierda en general en dique seco. La reforma, en efecto, es un atropello, un puñetazo encima de la mesa, como diría Albiol, cuyas dimensiones externas son inversamente proporcionales a las internas, para ganar las elecciones de diciembre. Pero, ¿qué propone el PSOE? ¿Una imprecisa reforma constitucional que el PP -cuyo voto es imprescindible para ello- ya ha rechazado expresamente? ¿Qué, si no? Y ahí está el problema, en que el PSOE no propone nada con consistencia mínima, ni una idea. Cero. Su actitud es la mejor garantía de que, pase lo que pase en Cataluña, las elecciones en España las ganará el PP. Y eso ya sí que es el colmo: que por la pobreza mental, la indolencia, la falta de talla política y la de coraje y arranque de la actual dirección socialista, la gente en España esté en riesgo de verse otros cuatro años gobernada por una banda de sinvergüenzas y ladrones.

A su vez, la reacción de los de Podemos aun es más lamentable que la del PSOE. Obsesionados con la centralidad, la ambigüedad y la necesidad de no mojarse en el asunto de la independencia para no perder votos en España, que es lo único que les importa, equiparan a Rajoy con Mas y sostienen que ambos juegan al despiste y a lanzar cortinas de humo. Por no pronunciarse en el espinoso asunto de la autodeterminación de las catalanes son capaces de la mayor vileza, esto es, igualar al agresor y al agredido y sostener que la víctima y el victimario son iguales. Y esa sí que es una cortina de humo revestida de miseria teórica y ruindad moral.

El resto de las reacciones al nuevo atropello de la asociación de presuntos malhechores, da para un vademécum de la risa. El candidato del PP a la Generalitat, Albiol, alma (roma, pero alma) de esta chapuza da el tono verdadero del grupo de matones que la apoya. Según él, se acabó esta broma. Ni es una broma, ni va a acabarse porque cuatro descerebrados de derecha cerril confundan la España de 2015 con la del 18 de julio de 1936 que es la suya.

Duran Lleida, también instalado en la plataforma de El País, escribe un lacrimógeno artículo repartiendo culpas con una equidistancia bochornosa y viniendo a decir que la lucha de los catalanistas por sus derechos es equiparable a la de una manga de presuntos ladrones, neofranquistas y nacionalcatólicos por mantener sus privilegios y seguir esquilmando a un país que ya está al borde del colapso. Algo tiene que ver, desde luego, el hecho de que él mismo haya vivido a cuerpo de rey sin acordarse en treinta y tantos años de enmendar de forma eficaz una situación de cuya injusticia se queja ahora, cuando sus privilegios pueden desaparecer.

Parecida intención de escabullir el bulto muestra Ada Colau que cada día defrauda más expectativas, cuando gimotea que no deben judicializarse los conflictos políticos. Por supuesto. Pero es que no es el caso. La chapuza del Tribunal Constitucional no judicializa nada porque ese órgano no es parte del poder judicial. Simplemente es una arbitrariedad y un atropello contra el que toda persona de bien y de convicciones demócratas debe alzar la voz. 

Pero en este país, cuando son los amos del cortijo quienes alzan la voz, muchos, demasiados, tienden  a bajar la suya y hablar en susurros.