dimecres, 28 d’agost del 2013

La antipolítica.


La entrada de Palinuro de ayer , titulada Bloqueo del Parlamento. Avanza la dictadura. Retirada al Aventino, predijo correctamente lo que sucedería en el Congreso. El PP, con su mayoría absoluta, negó todas las iniciativas de la oposición para que este, en ejercicio de su democrática función, controle el gobierno. Un NO cerrado en banda, envuelto sumariamente en dos o tres triquiñuelas reglamentarias y una falsedad: Rajoy ya compareció y dio todas las explicaciones el pasado 1º de agosto. No es cierto. No explicó nada y mintió en dos tiempos, en tiempo real y en diferido. En tiempo real al afirmar que había roto toda relación con Bárcenas cuando no lo había hecho y es posible que siga sin hacerlo. No sería extraño, a la luz de su comportamiento habitual en el que la verdad y la mentira no se distinguen. En diferido, al decir que no había acordado nada con Bárcenas. Quince días después, Cospedal decía al juez que el chanchullo con olor a chantaje del finiquito en diferido lo hizo Rajoy. Una mentira en diferido pendiente de aclaración. Pendiente de aclaración está también el nuevo finiquito estratosférico a Páez, cuando fue preciso sacrificarlo por exigencias de Bárcenas. Un finiquito  conocido por Rajoy, claro es. Chanchullo sobre chanchullo, cada día un chanchullo nuevo de cientos de miles de euros ¿y no hay nada que aclarar?

Como pendiente de explicación está el bochornoso asunto de que, al conocerse las declaraciones de la renta de Rubalcaba los últimos 10 años, se vea que Rajoy ha  cobrado el doble y hasta el triple que el dirigente socialista, incluso estando en la oposición. El presidente argumenta que son devengos legales. Es posible, aunque sigo sin ver cómo puedan ser legales unos cobros de dineros ilegales por mucho que se declaren a Hacienda. En todo caso, son inmorales y, especialmente esa subida de 27% que se adjudicó Rajoy en el mismo año en que pedía reducir el salario de todos los demás.

Por supuesto que hay motivos más que suficientes para pedir se explique en el Parlamento este dislate hecho de ilegalidades, mentiras, abusos y tergiversaciones. Rajoy está ya definitivamente instalado en el centro del escenario. Es el responsable político directo de los papeles de Bárcenas y el caso Gürtel. En realidad, es el caso Rajoy y, al resistirse a dimitir, cada vez lo será más. Supongo que el hombre está indignado y se niega a pagar él solo por lo que considera es asunto de todo el partido, desde Aznar hasta Arenas, pasando por Aguirre. Así es de dura la realidad: ya se verá cuál sea la responsabilidad penal de cada uno, si ha lugar a ello. Pero la responsabilidad política, hoy, es solo suya por ser el único con mando, cum imperio.

Con todo y ser escandalosa la negativa del PP al control parlamentario del gobierno, forma parte de una experiencia palpable de degradación de la democracia española, cada vez más parecida a una dictadura que nada en la corrupción. Los baremos del CIS arrojan unos datos de popularidad de los políticos escalofriantes y cualquier sondeo sobre el gobierno, los ministros y el Presidente muestra que  la confianza que inspiran en la gente es prácticamente cero.

La inmoralidad y la indiferencia del presidente del gobierno son algo insólito que causa pasmo en el extranjero. De hecho es asunto que se comenta en la prensa mundial y Rajoy suele ser portada en los medios cuando se niega a dimitir por cosas mil veces peores de las que llevan a la dimisión a cualquier político de cualquier país democrático del mundo. El asombro por el hecho de que los españoles parezcan dispuestos a tragar con todo.

Para explicar esta aparente anomalía Palinuro tiene una teoría en dos partes: 1ª) la desfachatez de la derecha y 2ª) la resignación de la gente. La desfachatez de la derecha es evidente. No se siente interpelada por la desastrosa situación de España y hace caso omiso de las críticas. Para contrarrestar dispone de una batería de medios públicos y privados en donde pasea un cohorte de opinadores mercenarios que la defienden. Y, si las cosas se desmadran, recurre de inmediato a la represión policial que es, en el fondo, en lo que descansa su poder. Esto la lleva a ser tolerante con el franquismo allí donde gobierna, incluso a justificarlo, como hacen sus jóvenes de Nuevas generaciones. La derecha española no es democrática ni le interesa aparentarlo.

2ª) La resignación de la gente. A la salida del franquismo se dijo que, por diversos motivos largos de explicar aquí, la  cultura política de los españoles era democrática. y en tal creencia hemos pasado 35 años. Pero me parece que no detectamos un poso profundo de fatalismo y resignación dejado como herencia de la Dictadura y que ahora se hace ver, cuando la derecha gobierna mediante autoritarismo, censura, manipulación y represión. Es como si se aceptara de antemano que la derecha española sigue siendo franquista y tiene derecho a serlo. La idea de que no hay nada que hacer, que España es de siempre el cortijo nacional católico de una derecha oligárquica y cerril, dedicada al saqueo del país con ayuda del ejército (o la policía, por ahora) y bajo la bendición de la iglesia.
 
A este fatalismo ayuda también que los partidos de la izquierda, obligados a ofrecer un punto de apoyo para la resistencia ante los abusos, no están en condiciones de hacerlo, ambos por falta de crédito. El mayoritario por haberse identificado en exceso con el régimen que ha llegado a este extremo de descomposición. El minoritario por andar perdido por los cerros de la transcaucasia, incapaz de encontrar un discurso al margen del otro partido y que merezca mayor crédito.

Una resignación que probablemente se manifestará en una abstención elevada en las próximas elecciones, pues no parece que su acompañante, la indignación, vaya a articularse como opción electoral.  Pero este no es el peor inconveniente. El peor es que la crisis económica, política y moral, sobre todo moral, en que el gobierno del PP ha sumido el país lo debilita justo en el momento en que más fuerte y cohesionado debiera mostrarse. No para hacer frente a esa ridícula crisis de salón que han montado los ineptos de Exteriores con Gibraltar; algo que proyecta una imagen de España en Europa como del neorrealismo italiano. Y, en verdad, Margallo se parece cada vez más a Vittorio de Sicca y Trillo a Alberto Sordi.

No. El problema grave al que se enfrenta España como tal y para el que no está perparada en modo alguno es el catalán. Enfrascado el gobierno en la tarea de sobrevivir en una situación política y moralmente insostenible, no entiende lo que está sucediendo en Cataluña. No lo calibra. Ni se entera. Confía en el NO que impone en el Parlamento. Pero olvida que Cataluña tiene muchos más recursos que la alicorta oposición en el Parlamento español.  Tiene la proyección exterior, la internacionalización de su caso frente a la que el gobierno carece de recursos.

Pero sobre todo tiene la profundidad y el alcance del movimiento. En un momento de apatía, resignación, indignación frustrada, confusión y desaliento de la sociedad española, Cataluña ha encontrado una causa. Hay una movilización de todos los estamentos de la sociedad civil en conjunción con las fuerzas políticas y las instituciones de gobierno que el nacionalismo español no parece en condiciones de entender. Y esto es muy grave. Porque quiere decir que no tiene nada que ofrecer como alternativa aceptable a un movimiento que goza de tan considerable apoyo social.

¿Sería posible que los catalanes decidieran libremente quedarse en España? Quiero creer que sí. Pero no con un gobierno de estas características, Porque también aquí Rajoy ha mentido. No era Zapatero quien rompía España. Es él.

dimarts, 27 d’agost del 2013

Bloqueo del Parlamento. Avanza la dictadura. Retirada al Aventino.


No hace falta que hoy se reúna la Diputación Permanente del Congreso. Ya sabemos cuál será el resultado que, gracias a la mayoría absoluta del PP y la presidencia de Posada, obtendrán las peticiones de la oposición de que Rajoy, la Vicepresidenta, el gobierno, se expliquen en sede parlamentaria ante los más graves casos de corrupción y distorsión de las instituciones: NO. Más en concreto, para que se vea con claridad:

Comparecencia de Rajoy a explicar sus mentiras anteriores en el caso Bárcenas:   NO.

Comisión de investigación sobre financiación ilegal de los partidos:  NO.

Comparecencia de Sáez de Santamaría sobre el caso del presidente del T. Constitucional:  NO.
 
NO. NO. NO. Silencio. A callar. Aquí mandamos nosotros.

El Parlamento es la pieza clave de la democracia, sede de la soberanía popular, representante de la voluntad general, ámbito de deliberación y legislación, poder supremo del Estado, casa de la palabra. "Parlamento" viene de parler, hablar. Salvo que un partido, parecido a una asociación de mangantes, valiéndose de su mayoría absoluta imponga en la sede de la representación el silencio de la omertà mafiosa; que un grupo dirigido por un individuo bajo todo tipo de sospechas, bloquee su funcionamiento, impida que debata y, por ende, que legisle.

En tal caso, la democracia seguirá siendo formalmente democrática pero se habrá convertido en una dictadura de hecho: la dictadura de un solo partido político que, para mayor escarnio, está siendo investigado judicialmente por múltiples fechorías, incluida la financiación ilegal y que, según los papeles de Bárcenas, semeja una asociación de malhechores. O sea, la sede de la soberanía popular está secuestrada y bloqueada por una presunta asociación de pillastres cuyo interés es que no se sepa hasta dónde han llegado en su enriquecimiento, su corrupción y la destrucción de la instituciones. Porque no es un asunto de importancia menor, no es un capricho de la oposición para mantener animado el hemiciclo con tontunas, no. Son cuestiones de primer orden, temas que afectan a la honorabilidad del presidente del gobierno, que ponen en entredicho la honradez de docenas de dirigentes del PP. la misma naturaleza del partido o la fortaleza y el decoro de las instituciones .

Ignoro de qué tratará Rajoy en el curso de los múltiples viajes que ha programado este septiembre para escabullir el bulto y no responder de sus (presuntamente delictivos) actos ni rendir cuentas a la ciudadanía. Solo espero que no haya comprado esas visitas con dinero público como hacía Aznar con las medallas. Supongo que no tratará de nada porque ni habla lenguas ni tiene nada que decir. Lo que quiere es desaparecer, no verse obligado a comparecer en público. Como franquista que es hasta los tuétanos, cree que el gobernante solo responde antes Dios y la historia, como el Caudillo, su modelo e inspiración.

La actitud matonil y achulapada de la mayoría reaccionaria en el Congreso resuelve esos problemas, dudas y vacilaciones que aquejan al PSOE. Esas consideraciones, reconsideraciones y requeteconsideraciones con que Rubalcaba marea la perdiz, oculta su indecisión y cuenta los pelos del rabo de la esfinge. No se apure, hombre, el rodillo carcunda ha resuelto su problema antes de plantearlo: nada de comparecencia, pregunta, explicación, comisión o reprobación. Silencio. A callar. Y dé gracias de que todavía puede usted votar.
 
Así que esta oposición pacata y timorata frente al muro franquista ya solo tiene una bala en la recámara: la moción de censura. No pierdan más el tiempo -lo que equivale a engañar a la ciudadanía- y vayan a ella sin más. No se dejen seducir con falsos pactos y otros señuelos. Registren ya mismo la moción de censura.  En opinión de Palinuro, IU debe apoyarla; pero no vamos a enredarnos inútilmente averiguando qué harán unas gentes que siguen sin tener claro si su enemigo es el PP o el PSOE.
 
¿Por qué? Porque la moción de censura -si el PSOE y Rubalcaba saben presentarla y defenderla bien-, puede marcar el inicio de la recuperación de la izquierda, algo imprescindible antes de que el partido del trinque se lo quede todo. Pero nada más. El PP votará y la moción se perderá. Aunque se ganará en los medios y en la opinión pública a la que debe quedar claro que se trata de un partido de verdad, con un proyecto para España y no de una banda de chorizos repartiéndose sobresueldos.
 
Y ahí es donde comenzará de verdad el nuevo tiempo. Palinuro viene diciéndolo hace meses. Bloqueado y ninguneado el Parlamento, ignorada la oposición, gobernando por decreto-ley, el PSOE (en opinión de Palinuro, toda la oposición, pero eso es asunto suyo) debe recurrir a la retirada al Aventino, esto es, debe abandonar el Congreso y habilitar otro espacio para reunirse y debatir los temas que, sin duda, empezarán a plantearse. La presencia de los diputados de las minorías en un parlamento dominado por la dictadura de la mayoría carece de sentido. Solo sirve para legitimar las barrabasadas del rodillo de la reacción y hacer tragar quina a los diputados de la oposición que han de soportar las imbecilidades, provocaciones, chulerías y groserías que profiere esta banda de presuntos mangantes (estilo "¡que se jodan!" y cosas así) cuando algo los incomoda.
 
Prueben. No tienen otra solución. Si creen ustedes que los franquistas van a aceptar las reglas del juego democrático, la responsabilidad política, la rendición de cuentas, etc. es que son ustedes tan necios como los otros son autoritarios y corruptos. Prueben. Verán como cambian las tornas del juego.

dilluns, 26 d’agost del 2013

La política de los gangsters.


Escribo "gangsters" no para que Rajoy no entienda de qué se habla aquí, sino por no poner directamente ladrones y política de ladrones. O sea, la realidad que los casos Gürtel y Bárcenas dejan día a día en claro a los ojos de los jueces y la opinión pública: que el PP ha pasado veinte años presuntamente dedicado a diversas actividades ilegales y/o delictivas: recibiendo donativos anónimos ilícitos, empleándolos en destinos aun más ilícitos, como la financiación ilegal de las elecciones o el reparto de sobresueldos, a modo de dividendos mafiosos entre una larga serie de cargos del partido que llevan años forrándose y viviendo a cuerpo de rey gracias a estos y otros pagos, todos ellos procedentes de los dineros públicos que los cargos del PP supuestamente estafaban para entregarlos a los empresarios donantes y compensarlos así con creces por los desembolsos iniciales.

Es decir, por lo que sabemos hasta la fecha, no es exagerado considerar que el PP no es un partido normal al uso sino que más parece una asociación ilícita con ánimo de delinquir, una sociedad de malhechores que pretenden enriquecerse mediante un entramado ya aclarado hasta la saciedad, un baile de millones en el que estos sujetos, todos ellos profesionales de la política y, más especificamente, de esta política del trinque, se enriquecían y vivían con lujo y dispendio, engañando y timando a todo el mundo, al tiempo que exigían e imponían recortes y sacrificios a la gente del común. Un gang, en definitiva, una "banda", vaya; un gang de donde viene la palabra gangster, que es lo que son estos sucesores de Franco y padres de esa basura nazi de las nuevas generaciones.

Y, al frente del tinglado de corrupción, estafa, malversación, cohecho, etc, como secretario general y como presidente ha estado siempre Rajoy. No entiendo por qué el juez Ruz ha citado como testigos a los tres secretarios generales, Cascos, Arenas y Cospedal y no lo ha hecho con Rajoy, quien también lo fue. Espero que no se trate de una debilidad o respeto mundano del magistrado. La justicia debe ser igual para todos y es de esperar que el juez llame a Rajoy en los próximos días como testigo primero y quién sabe si como imputado después.

Entre otras cosas porque es el que lo sabe todo. No solo lo sabe y lo ha sabido desde el principio, sino que es el que también lo ha organizado. Él, quien nombró a Bárcenas, a quien conocía muy bien, para que le siguiera pagando los suculentos sobresueldos que ha estado años cobrando mientras se negaba a aclarar cuánto ganaba. Es el responsable político y también penal (si hay caso) de esta enorme estafa que han montado los empresarios y las derechas para tener un instrumento que pasara por un partido político con el fin de legislar según sus intereses y robar según sus posibilidades. Por eso no quiere hablar, no quiere que se le vea, está escondido, se va de viaje, se oculta. Aquel silencio de siete meses, aquellos balbuceos de "sí, hombre", "ya tal", "todo es falso salvo alguna cosa", aquel ocultarse detrás del plasma, no aceptar preguntas de los periodistas salvo cuando está con dignatarios extranjeros, salir corriendo cuando veía alguno, tenían la explicación más obvia y evidente: las peores sospechas eran ciertas, el PP funcionó durante años como una asociación de presuntos malhechores y él lo sabía todo porque lo había organizado así. ¿Qué iba a decir? No podía decir nada. Tenía que callarse y ordenar silencio a todo el mundo.

Pero el escándalo es tan grande, las pruebas tan abrumadoras, los testimonios tan vergonzosos que no le quedó más remedio que comparecer a rastras en el Parlamento a dar explicaciones. Pero ¿qué explicaciones podía dar él que sabía que todo era cierto? Mentiras y más mentiras. Su comparecencia fue un tejido de embustes que solo han conseguido empeorar la situación y hacer que vuelva a ser obligatoria su comparecencia para explicar por qué mintió en la anterior. Este pintoresco personaje, cada vez más pringado en sus mentiras, sus trolas y sus cuentos no quiere ir bajo ningún concepto y, para evitarlo se ha invitado a merendar en todas las casas de todos los dignatarios extranjeros siempre que estén suficientemente lejos.

Pero tendrá que comparecer, quiera o no, a dar cuenta de la tramoya que ha montado por no hacer lo que cualquier gobernante europeo con un mínimo de dignidad y decoro hubiera hecho ya: dimitir. Porque durante veinte años esto ha sido un latrocinio masivo, protagonizado por unos pícaros y sinvergüenzas que estaban todos pillando pasta por atacar al PSOE y defender los intereses de los patronos y los curas, mientras lanzaban grandes soflamas sobre la patria, el honor, la ética, la honradez y la corrupción ajena. Un lugar en donde los millones corrían de mano en mano, en sobres, cajas de puros, maletines y en donde se pagaban fortunas por comprar silencios, como esta última de Páez. Y todo eso con dinero público o defraudado al público.

En el colmo del cinismo, el jefe de la banda de presuntos ladrones y el más pringado, ofrece a Rubalcaba un pacto para tipificar como delito la financiación ilegal. Es de esperar que el secretario general del PSOE no caiga en esta insidia (que esta si es un insidia y no las tonterías que dice Rajoy), aunque se le ofrezca eso que él ama tanto de un pacto. No se deje sorprender en su buena fe por este truhán y respóndale como hay que responder. Más o menos, así: Mientras usted y sus compinches y secuaces que han ganado elecciones haciendo trampas, no dimitan y devuelvan toda la pastuqui que han estado robando, tiene usted menos autoridad para hablar de política que la farola de la plaza. Todo lo que no sea confesar al juez sus fechorías y devolver lo trincado, está aquí de más. Lo suyo no es la política; lo suyo es el trinque.

Y, por cierto, si esta banda de ladrones no se va, habrá que ir pensando en echarla.

diumenge, 25 d’agost del 2013

Última hora: Rajoy dimite.


Guión de la rueda de prensa con la que Rajoy abrirá mañana el curso político, hackeado en un ordenata de La Moncloa mediante el SO Palinurux.

Buenos días. Dimito.  Ya se lo dije al Rey en el Palacio de Marivent, en las Palmas de Gran Mallorca. Del disgusto, el Rey se ha retirado a rezar el rosario con su vecina Cortina Von Stauffen.

He mentido, cierto. En realidad, no he hecho otra cosa desde que estoy en política. La política es mentira. Al menos la de la derecha; la mía. Jamás tuve programa electoral. Estaba comprometido a hacer lo que me ordenaran Merkel, la banca, el capital y los curas. Todos esos que ahora me dan la espalda y dicen que he mentido, como si no lo hubiéramos acordado juntos.

Sí, cobré sobresueldos desde el principio en A, B y lo hubiera hecho en Z si creyera que fuera bueno para España. También viajé gratis a cuenta de la Gürtel, pues hay que fomentar el turismo, principal industria de la gran nación española. Y mis trajes los pagaba Bárcenas para no hacer de menos a mi amigo Camps.

Autoricé el pago de sobresueldos a todo quisque en el partido porque soy un demócrata partidario del sufragio universal, en especial contante y sonante. Era lógico que Arenas viviera en el Palace, Cospedal en un cigarral de ensueño, González Pons tuviera varios pisos y apartamentos. Si un país quiere políticos de talla, de profundo pensamiento, clarividencia y elegante verbo tiene que mimarlos. No crecen en macetas.

Todas las elecciones a que nos hemos presentado desde 1993 se financiaron con dineros ilegales de empresarios preocupados por la deriva marxista, anárquica, relativista de España. No tengo la culpa si una ley pacata, gazmoña y cicatera reprime los generosos impulsos de estas nobles almas. Es verdad asimismo que, luego, habiendo ganado las elecciones fraudulentamente por imperativo legal, nuestros leales se ocupaban de esquilmar las arcas públicas para devolver los fondos de los empresarios en forma de contratas fraudulentas y otras clases de estafas. Es la vía más rápida de probar la veracidad de mi aserto de que quienes crean riqueza son los empresarios.

Bárcenas y yo, a partir un piñón. Soy amigo de mis amigos y casi me da una alferecía cuando, por seguir las consignas del gurú Arriola (a quien no sé yo si no estamos pagando por encima de nuestras posibilidades) no pude pronunciar el nombre de la persona que ocupa mis pensamientos. Por fin soy libre y puedo decirlo: Bárcenas y yo hemos actuado siempre de común acuerdo. Siempre. La nuestra es una amistad indestructible, como la de Aquiles y Patroclo u Orestes y Pilades, Camps y el Bigotes, que se querían "un huevo". Nosotros, los dos.  Sus cuentas en Suiza son mis cuentas en Suiza. Sé que nunca me abandonaría y yo tampoco lo haré con él. Se lo dejé muy claros en los SMSs que le envié y sobre los cuales hube de volver a mentir en el Parlamento.

Mentir en el Parlamento, ¿pasa algo? Ya lo he dicho. No he dejado de hacerlo desde que llegué a la política con ánimo de forrarme al servicio de la Patria como hubiera podido de registrador de la propiedad, pero con más gloria mediática. Negué mis SMS a Bárcenas por disciplina de partido, pero son los que verdaderamente reflejan mi sentir: hacer lo que pueda por sacar a Barci del atolladero en que se ha metido por amor a España y lealtad a  mi persona.

Mentí al decir que Barci no estaba en el PP. Barci es el alma misma del PP. Sin él no habríamos llegado a donde estamos: con un claro mandato de los españoles por mayoría absoluta para que terminemos de privatizar lo que quede en el ámbito público, de saquear la Hacienda general y de expoliar a los habitantes antes de que se nos escapen todos recurriendo a la emigración. Mentí lo que hizo falta porque la verdad es que Barci sigue en el partido pues está en mi corazón y en el partido se hace lo que digo yo y nadie más. Fui yo quien ordenó que, con gran pesadumbre, se pagara el finiquito de modo indefinido, para tener siempre a Barci conmigo; pero Cospedal -que es un poco lenta- confundió "indefinido" con "diferido". ¿Cómo voy a ordenar yo esa estupidez del "finiquito en diferido"? Y no es cierto que se tratara de una compra de Barci para que este no nos delatara. ¿No ven ustedes que Barci habla mal de todo el mundo menos de mí? No tengo nada que comprarle pues somos almas gemelas. 

Por mí seguiría mintiendo, pues no me falta desparpajo. Aunque confieso que estoy un poco tibio desde el momento en que, al parecer, ya no se puede cobrar pastuqui alguna en sobres o cajas de puros o como sea, porque esta oposición masona, marxista, antiespañola, llena de frustrados y envidiosos, está empeñada en fiscalizar los gastos. Aun así seguiría haciéndolo si me lo ordenan los patronos y los curas. Pero he empezado a notarlos un poco reticentes. Parece mentira: les garantizo dos años más de seguridad y estabilidad, durante los cuales podrán convertir a los trabajadores en esclavos, sin jornada laboral cierta, sin sueldo mínimo, sin vacaciones, sin garantías jurídicas de ninguna clase; les aseguro dos años más en que podrán ilegalizar el aborto, los matrimonios gays y hasta el divorcio; dos años más para dejar a la población sin sanidad pública, sin educación, sin suubsidio de paro, sin pensiones. Y, en lugar de agradecérmelo subiéndome el sobresueldo, como merezco, se ponen exquisitos, timoratos y empiezan a hablar de la opinión pública internacional y el descontento callejero.

Excusas de blandengues, incapaces de mostrar la desfachatez de Marhuenda, el único católico que cree no en la infalibilidad del Papa, sino en la mía. Pretextos de miserables, ignorantes de que no se puede hacer tortilla sin romper huevos y que todas las trapacerías, engañifas, chanchullos, mentiras, delitos, abusos y sinvergonzonerías que hemos cometido -todas bajo mis órdenes y con mi conocimiento- las hemos hecho a mayor gloria de dios y la patria.

¿Desde cuándo nos preocupa la opinión pública internacional, generalmente expresada en inglés, idioma que no entiendo ni hablo ni hablaré jamás, cuenta habida de que aún no he aprendido a hablar español?

¿Y el descontento callejero? Verdad es: la delegada del gobierno en Madrid, que cumple a la perfección nuestras órdenes de apalear, detener y multar a todo el que se mueva en la calle está por desgracia en un hospital con un cuadro parecido al que presentan habitualmente los ciudadanos cuando se tropiezan con sus policías. Pero no hay que ponerse pesimistas. Cifuentes saldrá de esta y podremos volver a machacar las protestas ciudadanas en el mejor estilo fascista mediante policías uniformados, policías sin uniformar vestidos de chulos y chulos de nuestra propia cosecha, sacados de las nuevas generaciones. Además, si no sale de esta o no queda en condiciones de seguir abusando, en el retortero tenemos cientos de Cifuentes.

No hay duda: todo son coartadas. Falta nervio en el núcleo duro de la raza y están dejándome caer, esperando una ocasión propicia para deshacerse de mí y abandonarme: un pequeño desliz, alguna nueva mentira, una información de que no hemos robado lo que hemos robado sino mucho más, una lista con los nombres de todos los sinvergüenzas y ladrones de los medios, intelectuales, plumillas, columnistas (de derechas, centro e izquierda) a los que estuvimos untando entre 1993 y 1996 para luchar heroicamente contra el felipismo. Ahora se hacen los estrechos, como si no estuvieran todos en el pringue. Sí, hemos administrado una asociación de malhechores de la que yo soy el responsable. Pero funciona como partido político y, mal que bien, da el pego. Pero ya me he hartado de ser el palo que lleva las velas de todos y la vela que recibe todos los palos.

Y, como se ha roto la confianza mutua (esa que todavía tengo con Barci) he decidido adelantarme y anunciar hoy mi dimisión irrevocable. Ni a Barci ni a mí nos hace falta seguir con este tingladillo. Nos arreglaremos muy bien con los dineretes que tenemos apartados en Suiza.

Excepcionalmente permitiremos preguntas que contestará Ana Mato en cuanto le dé cuerda.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

Twitter mola.


En la Balada sobre la cuestión: "de qué vive el ser humano", en la Ópera de Tres Centavos, de Brecht (1928), Mackie "el Navaja" dice:"primero se papea, después viene la moral". Comer está en la base de todo y de todos, del rico Epulón y el pobre Lázaro. Pero, al mismo tiempo, no lo es todo, pues, ya se sabe que no solo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que viene de la boca de Dios (Mat, 4: 4). Supongo que, como buena creyente y, a pesar de su nombre, Teófila Martínez no aplicará los Evangelios, sino los argumentarios del partido. 

Y Dios está en Twitter. La noticia aparecía en todos los medios: Teófila Martínez la lía en Twitter con un comentario sobre quienes va a pedir para comer al Ayuntamiento y tienen twitter. Fíjense bien, Twitter es medio y noticia. Lo mismo sucede con toda internet, que es medio y noticia al mismo tiempo, especialmente en su forma más vibrante, como redes sociales. Quien no entienda esto (por ejemplo, Martínez) tiene difícil entender el mundo en que vive. Twitter es, como si dijéramos, la arena del mundo 2, de Popper, esto es, el de las realidades mentales, frente al mundo 1 (el de las realidades físicas) y el 3 (el del conocimiento objetivo). Tan alejado, pues, de la realidad material como de la teoría. Twitter es un lugar en el que te agarran por algo que has dicho y te despellejan. Y sin piedad.

Habiendo hablado de Twitter sin saber bien lo que decía, la alcaldesa -que es twittera- se sintió obligada a explicarse y acabó de liarla, al decir que hay gentes que dicen pasar necesidad, que reciben ayudas municipales, que se les paga la luz, el agua, el alquiler… y la realidad es que hacen política a través de las redes sociales hasta el punto de boicotear un acto.

Y en cosa de minutos Twitter la había clavado: lo que quería decir Martínez es que, si eres pobre, no tienes derecho a opinar.


Con lo que queda claro el fondo clasista de las intervenciones de los políticos conservadores. Es el primero se papea, de Brecht, pero al revés: si te doy de comer, te callas. La política caciquil del antiguo régimen con espíritu de dama del Domund. La política cortijera de los señoritos que manejan los recursos públicos como si fueran de ellos. El recurso a la actividad asistencial pública es un derecho de los ciudadanos. Y los derechos, señora, no son graciables. Además, si una se escandaliza de que alguien pida de comer estando en posesión de un bien material modesto de uso personal como Twitter, ¿en dónde se traza el límite? ¿Por qué no escandalizarse también de que el pedigüeño lleve zapatos? En fin, ejem, los pobres deben ir en zapatillas o en abarcas, según sean urbanos o rurales.

Twitter es una trituradora, es una potente máquina de deconstrucción que deja al que discursea en pelota picada. Un tuitero decía: Tener cuenta en Twitter es de pobres; lo bueno es tenerla en Suiza. Son 140 caracteres como ráfagas. Twitter extrema el conceptismo. Y descansa sobre complicados entendidos. No es fácil, y se entiende que doña Teófila no sepa bien lo que dice aunque quizá por ello revela a las claras lo que es.

En 140 caracteres se dirimen intrincadas cuestiones morales con el concurso de cientos, de miles de personas que intervienen en absoluta libertad, sin apriorismo formal o substancial alguno. Pongo un interesante ejemplo sobre el cual merecería la pena hacer un estudio en profundidad puesto que los datos están todos en Twitter: se trata del accidente de moto de la delegada del gobierno, motera, twittera activa y protagonista de una controvertida política de orden público que muchos encuentran autoritaria, represiva y presuntamente ilegal, entre ellos, Palinuro. La máquina se ha puesto en movimiento y en horas ha mostrado todas las posibles opiniones, desde todos los puntos de vista. Ha habido de todo: quien se ha alegrado, quien lo ha lamentado, quien ha criticado a los que se alegran, quien ha criticado a los que lo lamentan; se han hecho todos los matices y todas las comparaciones, con Chávez, con Carrillo y se han emitido todos los juicios posibles, los deseos, los temores, las chanzas. Todo. Esto es lo que hace de las redes sociales, en especial Twitter, el ágora contemporánea, una feria de intercambios rapidísimos que, sin embargo, tiene una memoria de elefante.

dissabte, 24 d’agost del 2013

Rubalcaba y el PSOE.


El PSOE es el único partido que puede ganar las elecciones al PP, como ya lo ha demostrado seis veces. Parece innecesario decirlo, pero no lo es porque una parte importante del discurso de la izquierda va orientado a ocultar este sencillo dato con el fin de alimentar ilusiones sobre las posibilidades, hasta ahora inéditas, de otros grupos. Repitamos: el PSOE es el único partido capaz de ganar elecciones al PP. Será mejor o peor, más o menos a la izquierda, más o menos competente, pero es el único medio que tenemos los ciudadanos de librarnos de esta banda de ladrones que, presidida por el dirigente más incompente de Europa (según Nigel Farage, y el más corrupto, embustero y trincón añadimos aquí) está desmantelando el Estado del bienestar, arruinando a los españoles, empujándolos a la emigración, mientras sus miembros se forran con todo descaro.

Es una situación de emergencia. Hay que librarse de esta peste antes de que la peste acabe con el país. Y, para eso solo contamos con el PSOE, incluso en sus horas más bajas, frente a unas derechas unidas como una piña con el único cemento que entienden: la pastuqui. En esta situación, los propósitos de IU son el enésimo intento del sorpasso de la socialdemocracia traidora y blablabla que lleva ochenta años fracasando. Cayo Lara puede desgañitarse pero no va un centímetro más allá de la fantasía anguitista de arrebatar al PSOE la hegemonía en la izquierda y se orienta a producir el mismo resultado: allanar el camino al gobierno de la derecha como aquel. De las fuerzas a la supuesta izquierda de IU da hasta pereza hablar. Muestran una relación inversamente proporcional entre la vaciedad de su huera retórica (hecha de "frentes", "luchas", "clases", "enemigos", "alianzas", etc) y sus posibilidades reales: un refugio de narcisistas resabiados sin más eco que en sus docenas de incondicionales a quienes regalan los oídos llamándolos mayoría.

Al frente del PSOE se encuentra Rubalcaba, un político digno sobre quien, a pesar de sus muchos trienios y del odio que suscita en la derecha y sus mercenarios mediáticos, nadie ha conseguido proyectar ni la sombra de una duda en cuanto a integridad y dedicación. Al respecto, una observación: los portavoces del PP, ese puñado de chuletas faltones, suelen retar a Rubalcaba a mostrar sus declaraciones a Hacienda, como, dicen, ha hecho Rajoy. Es la habitual mentira ponzoñosa. Ni Rajoy ha mostrado nada más que una declaración de un año (y, encima, distinto del que se le pedía) ni Rubalcaba tiene por qué mostrar nada solo porque lo pidan estos jayanes pues sobre él no recae sospecha alguna de ser un corrupto, trincón, un pillasobres, como sí recae y gorda sobre Rajoy. Añádase a ello que Rubalcaba es hombre preparado, despierto, trabajador, con prestigio. La militancia de su partido lo aprecia y parece dispuesta a respetar lo que quizá sea su legítimo deseo de culminar su carrera con una puja por la presidencia del gobierno. También en esto queda claro que el PSOE no es el PP. El PSOE es un partido de verdad, con historia, solera y tradición y no una asociación de corruptos.

Pero la realidad es la que es. Dos años después de su derrota electoral, Rubalcaba no solamente no ha remontado las expectativas de voto del PSOE sino que las ha hundido más; no ha mejorado su valoración ciudadana, que sigue siendo la peor. Puede parecer injusto y cruel. Pero es así. Rubalcaba ha pasado de ser el político mejor valorado a ser el peor. Si no quiere ver que la opinión pública parece señarle que ha alcanzado el principio peteriano de la máxima incompetencia es que está ciego. Una ceguera humanamente comprensible pero no menos destructiva para su partido. Caya Lara solo no superará jamás al PSOE en votos, pero quizá lo consiga con la ayuda de Rubalcaba.

El PSOE no yace en el fondo del pozo, desmoralizado, sin expectativa razonable, sin pulso, sin discurso, como el boxeador noqueado frente a un potente rival; no. Al contrario, su rival está peor que él: desprestigiado, corroído por la corrupción, enfrentado en su interior en un sálvese quien puede, dirigido por un personaje desacreditado y ridículo al que cualquier día el juez quizá lo impute por presunto chorizo. Y eso es lo alarmante. Que un partido, un verdadero partido, con sólidas raíces, autoestima, experiencia de gobierno y responsabilidad, no sea capaz de abrumar a una mera asociación hecha deprisa y corriendo hace veinte años con el fin de trapichear, repartirse los expolios y, presuntamente, estafar a la ciudadanía, debiera ser objeto de análisis. Un partido no puede ser patrimonializado por nadie, por muy legítimo secretario general que sea, con el fin de valerse de él para su proyecto vital. Un partido como el PSOE, centenario, es propiedad de sus militantes, de sus votantes, incluso de la sociedad en su conjunto.

Es verdad que corren malos tiempos para la socialdemocracia, pero eso es irrelevante. Navegar con viento favorable no tiene mérito. El mérito está en hacerlo con viento desfavorable y llegar a puerto. A lo mejor sucede que los distintos partidos socialistas europeos no tienen líderes más adecuados y deben cambiarlos. Es lo más probable. Y, por supuesto, hacerlo de modo democrático y civilizado, respetuoso con la dignidad de las personas. No es preciso señalar que esa consigna de que la socialdemocracia es igual a la derecha (que en España toma la forma del lema de "PSOE y PP la misma mierda es" prueba de una ignorancia asnal) a quien verdaderamente interesa es a la derecha y por eso la repite incansable la izquierda transformadora, esa que no ha transformado nada, ni lo hará.

Es obvio. Lo ha dicho Odón Elorza, matizando unas declaraciones de Elena Valenciano que no he encontrado en la red y en las que la número dos dice no ver a nadie más adecuado para optar a la presidencia del gobierno que Rubalcaba. Claro, ¿qué va a decir? ¿Que es vicesecretaria con Rubalcaba pero preferiría serlo con Perico de los Palotes? En su estilo comedido pero claro Elorza lo señala: algo pasa cuando el equipo no asciende. Cierto, cierto. Lo sabemos todos. Entonces, ¿por qué no se hace nada? Palinuro sospecha que por dos razones:

Primera. Porque, en efecto, el PSOE no es el PP (ni, desde luego, IU). Es un partido de larga tradición democrática, con bastante cohesión interna, con una cultura política de tolerancia y respeto, con una especie de conciencia de familia. Rubalcaba ganó -por escasísimo margen- las elecciones al cargo y está en su derecho de seguir hasta el final. Pero, a mitad del mandato, es patente que su proyecto ha fracasado. Está también en su derecho de obstinarse en agotar su tiempo y marcar el calendario a su mayor conveniencia y, aunque a regañadientes, nadie se lo va a negar. Pero parece la fórmula más segura para un desastre de proporciones aun más históricas del que cosechó hace dos años.

Segunda. El PSOE necesita una limpieza y actualización internas considerables. Largos años de mando, inercias del poder, intereses creados, clientelismos, familias internas, prácticas caciquiles, lo han afectado mucho y le restan agilidad, flexibilidad, rapidez y capacidad para articular un discurso que conecte con la gente. Valenciano dice no ver a nadie en el PSOE más apto que Rubalcaba. Yo -y, sospecho, cualquiera-, sí. Los tres que más suenan, sin ir más lejos: Chacón, Madina, López. Tengo dicho que personalmente me inclino por Chacón. Pero eso es como mal menor. Si por mí fuera, convocaría primarias en seis meses y daría ese tiempo para que surjan candidaturas nuevas, nuevos rostros, estilos, ideas. Si después no queda otro remedio, a lo mejor deben elegir entre los tres citados pero la experiencia dice que la innovación jamás vendrá de la mano de quienes llevan años gestionando más o menos lo existente hasta conseguir el desastre actual.

El diván de Palinuro.


Antes del comienzo de la guerra con los aqueos, provocada por aquella pérfida hermosa, en los ratos libres que mi profesión de navegante me permitía, hice un curso a distancia sobre psicoanálisis en una academia del Jardín de las Hespérides. Así llegué a ser un competente amateur pues siempre creí que el buen y avezado marino no solo debe conocer la mar y los cielos que lo guían, sino también la tierra y en especial al producto más típico de esta, los hombres. Pues raramente se navega solo; siempre se hace con hombres y los hombres, en la mar, tienden a enloquecer. 

Resultó una feliz idea. Cuando nuestra nao, escapando de la desgraciada Ilión, fondeó en Cartago, la reina, Dido, se enamoró de Eneas y Eneas de ella. Así se pasaron una temporada tonteando y nuestro viaje, interrumpido. No me venía mal, pues ya sabía yo que moriría al llegar a destino, pero la verdad es que me aburría entre aquellos fenicios descolgados. Así que, aprovechando un línea de cabotaje que cubría el trayecto Cartago-Cartago Nova, me presenté en Hispania y abrí consulta anunciándome en twitter de entonces, que eran las palomas de Venus, la madre de mi capitán. No van los hispanos a enseñarnos nada a los troyanos en materia de enchufes.

El caso es que tuve una clientela muy representativa. Las máximas autoridades de aquella región salvaje pasaron por mi diván a decir la verdad, la que llevan oculta y se ocultan incluso a sí mismos. Porque esa es la maña del buen psicoanalista: sacar la verdad, no bajo amenaza de sanción penal, como hacen los jueces (sin conseguirlo casi nunca) sino actuando como un hipnotizador y un vomitivo a la vez, para obligar al paciente a desembuchar lo que más interés tiene en negar. Bueno, ahí van algunos de los casos que traté. Utilizo nombres imaginarios para velar la verdadera identidad del paciente, como manda la deontología.

El caso del portavoz angustiado. El paciente A. Alsonso acabó reconociendo que formaba parte de una asociación en la cual se habían realizado prácticas ilegales durante años mediante las cuales se habían enriquecido algunos miembros de la organización. No quiso precisar cuántos y yo no presioné por temor a provocarle un estado mayor de ansiedad. Decía estar "abochornado". Le recordé alguna sesión de su parlamento en la que galleaba contra la oposición y acusaba a esta de ser la portavoz del fementido traidor que había sembrado la corrupción entre los suyos. Empezó negándolo pero, luego, entre sollozos, reconoció que así había sido. Un típico ataque de proyección que lo trajo a mi diván en una calurosa tarde de agosto en esta tierra semibárbara. Se fue convencido de la necesidad de no decir más disparates.

El caso del presidente ausente pero presente. Un día vino a verme un emisario de la casa de Rajoydes (el tetrarca de la marca hispánica, siendo las otras tres partes, bajo distinta soberanía, la marca cataláunica, la Vasconia irredenta y la Vandalia meridional) a comunicarme que el caudillo proyectaba mezclarse con la plebe, al modo de Harún al Raschid, pero no incógnito, sino convocando a los heraldos de los medios por si querían dar cuenta de su atlético porte y nada más, pues no permitía preguntas. En agosto es eso o un toro de tres cabezas nacido en Laponia. Minutos después, el tetrarca se arrellanaba en mi diván y empezaba a hablar a borbotones. Tuve que grabarlo. Es esto: Preguntas, preguntas, preguntas, Bárcenas, Bárcenas, Bárcenas, que si no pronuncio el nombre de... ¿cómo era? Se me ha olvidado. ¿Qué más da? Todos quieren que deje el trono, que dimita. Y todo porque diz que miento. Pero yo no miento. Solo doy mi versión de las cosas. Las preguntas, las preguntas. No son lo peor; lo peor son las respuestas. No tengo respuestas. Solo tengo Bárcenas. Quiero decir, verá, he tenido un sueño. Soñe que iba a morder una manzana y se me caían los Bárcenas. No me diga nada. Sé de sobra lo que significa. Hombre, por Dios, no soy tonto. Mi partido está lleno de trincones, yo el primero. Hemos pillado millones. Somos "familionarios" ¿O cree usted que no he leído a Freud? Que nadie pregunte. No hay nada que decir. Ya dicen los demás. Y demasiado. Que les pregunten a ellos, que tienen la lengua tan larga como las manos. Pero, pero, ¿qué hago yo aquí? ¿Quién es usted? ¿No estará grabando esto? Nada. Esto no existe. Usted tampoco. Ni yo.  Todo es falso. Salvo alguna cosa. Le dije que estaba de acuerdo con él y se fue tan contento. Juraría que no piensa dimitir.

El caso del león recalentado. Tienen estos hispanos una especie de procónsul al que llamaremos García-Palmito, a quien han encargado reavivar un viejo contencioso de su tribu con un remoto pueblo septentrional como medio vikingo o así que les ha quitado no sé qué peñasco. El paciente en este caso vino en compañía de un amigo, un hermano de sangre en las guerras contra los tartessos, actualmente representante plenipotenciario del tretarcado en la capital vikinga. Excepcionalmente acepté tratarlos en pareja. Sobre todo porque decían lo mismo: estaban indignados con la opinión patria de considerar el asunto del peñasco como una cortina de humo. ¿Qué cortina? Se trata de aprovechar la ocasión histórica de recuperar el querido chinorro. Y, ya verás, tú, meteco, cómo, al final, nos pasa lo de siempre: estamos a punto de dar un salto de gigante, llega un Bárcenas y lo fastidia todo. Aquí intervine con escalpelo, pidiéndoles que me hablasen de Bárcenas. Y empezaron a pegarse entre ellos. Quién había recibido sobresueldos. Qué son los sobresueldos. No empecemos a provocar. ¿Yo provocador? Los juzgué en franca mejoría y los mandé a su casa recomendándoles que tomaran unos tranquilizantes y, al hablar, midieran bien sus palabras antes de que sus palabras les midieran las costillas.

El caso de la devota malévola. Muchos acusan al psicoanálisis de tener un sesgo machista. No lo sé; no es mi caso como humilde amateur. No me sorprendió, pues, la visita de una sacerdotisa llamada Máñez, por cierto muy parecida a la sibila cumana, la que venía con Virgilio cuando nos visitó en los infiernos. Traía la paciente, responsable de las clases trabajadoras de estos semibárbaros, alucinaciones severas. En lugar de tumbarse sobre el diván lo hizo debajo, sosteniendo que todo estaba lleno de espías y delatores. Puse cara de marinero de agua dulce y le pregunté de dónde sabía ella que la perseguían tantos malandrines, parados de mentirijillas, defraudadores de tres al cuarto, empleados ficticios, en negro, en gris, en marrón. Se lo había comunicado un ser extraterrestre, una deidad agrícola y celestial al mismo tiempo, pues señoreaba el rocío. Comprendí de inmediato que se trataba de un deseo reprimido: la sacerdotisa de la diosa del rocío no temía la presencia de aquellos íncubos y súcubos sino que la deseaba. Solo necesitaba una justificación. Y, como los troyanos somos llanos, se la di. Le hice ver que el rocío es precisamente la forma en que la divinidad bendice el trato carnal. No sé si la convencí, pues me parece muy devota, pero me pagó mis honorarios, si bien reduciendo unos dracmas por no sé qué socaliña oficial de la tetrarquía.

El caso de la reina maltratada. Un día, a punto de cerrar mi consulta, irrumpió en ella una altiva señora, trajeada con una severidad macedonia, que puso sobre mi mesa un platillo brillante en el que, por algún sortilegio, se leían expresiones breves en cadenas interminables hablando de ella la inmensa mayoría en términos muy negativos, incluso injuriosos. Mirándome a los ojos me dijo si yo creía que fuera posible aguantar algo así. En estos casos tengo un recurso infalible: recuerdo a la paciente que la paciente es ella y las preguntas las hago yo. Y no falla. Y no falló. La reina de Tartessos, Dorotea I, se amansó. Le pregunté por la causa de la maledicencia y me dijo que era debida a un comentario suyo sobre los mendigos, nada que no supiera todo el mundo. Pero ¿qué? Pues eso, lo que sabe todo el mundo, lo que le han enseñado a ella en su casa y a su madre en la suya y a la madre de su madre: que todos los mendigos, en el fondo, son unos pillastres. Piden para comer, pero están forrados. Duermen en colchones de mullida pluma bajo los que ocultan sus muchos talentos. Le hago repetirlo. Lo repite. Luego me mira con una chispa de desconfianza y dice pero usted es rojo, ¿no? Es el momento de levantar la sesión: éxito pleno. No hay nada como hacer que un fanático se escuche a sí mismo.

No dirán que no es un interesante cuadernillo de historias. La gente en agosto se vuelve locuaz. Mi estancia se vio bruscamente acortada. Llegó un mensajero de Eneas: el príncipe troyano zarparía en cuatro días, traicionando a Dido. Tenía que volver. Pobre Dido. 

divendres, 23 d’agost del 2013

Las bocas inútiles.


Hace más de un año, el 31 de julio de 2012, Palinuro escribió una entrada con este mismo título de Las bocas inútiles. Era a propósito de la decisión de la Generalitat de excluir de la asistencia sanitaria a determinados sectores de la población. Lo mismo que ha pasado en toda España. Y traía un análisis más bien de corte político-económico.

Ayer, las imágenes de los niños sirios muertos por los ataques químicos hicieron rememorar el asunto. Quedan abiertas las cuestiones de si esa masacre, al parecer con gas sarin, es real o un ardid de guerra, y de si las fotos debieron o no publicarse por aquello de la sensibilidad, ambas cosas para otro tipo de tratamiento con más datos y las opiniones de los consabidos expertos. La guerra, las matanzas de civiles, especialmente niños, ya no invitan a una consideración político-económica, sino de otro alcance, más literario, moral, filosófico.

En 1945 Simone de Beauvoir publicó su única pieza de teatro, Las bocas inútiles. La había escrito durante la ocupación nazi como una alegoría: la situación de aquellos que, por decisión de la autoridad, del poder, quizá de la mayoría, de la colectividad, son prescindibles y deben ser sacrificados en pro de un interés superior que no puede permitirse invertir recursos en sostener a personas inútiles para el servicio; es decir, invertir recursos de modo ineficiente, dicho sea en la jerga hoy dominante. Incidentalmente, la obra fue un fracaso. De Beauvoir no se aventuró más en el teatro. Se le reprochaba haberse dejado arrastrar por los problemas y dilemas morales en abstracto, sin profundizar en la psicología y personalidad de los caracteres. Podían haberle censurado cualquier otra cosa.

Pero la obra sigue siendo un puntazo. Alguno dice que, bueno, se sitúa en la epoca de los borgoñones contra el rey de Francia en el siglo XV y que se trata de una situación de guerra. Justo la crítica contraria a la anterior. Toda extrapolación es injustificada. Sin embargo, la obra se escribió para ser extrapolada a la Francia de la ocupación y también puede serlo a la Europa del siglo XXI, especialmente en España.

Nunca han estado claras las diferencias entre la política y la guerra. La una se desliza en la otra y viceversa con harta frecuencia y sin avisar. Me gusta rendir tributo al genio de Foucault cuando dio la vuelta al apotegma de Clasewitz y dejó dicho que la política es la continuación de la guerra por otros medios. ¿Alguna duda al día de hoy? ¿Que no se sacrifica a las mujeres y niños? A la vista de todos está y todos los días: niños desnutridos, mujeres maltratadas y asesinadas, ancianos privados de los cuidados médicos que precisan, dependientes dejados a su suerte. Y no solamente sucede sino que se justifica. Un dirigente del PP sostiene que la desnutrición de los niños es responsabilidad de los padres mientras que otra se pregunta en voz alta si tiene sentido que un enfermo crónico viva gratis del sistema. Podría hilar decenas de ejemplos. Tiempo de bocas inútiles. Como muchos otros casos: los inmigrantes sin papeles en una situación de alto desempleo en el que decae hasta la contratación ilegal y en condiciones de semiesclavitud; los trabajadores con contrato indefinido, repletos de privilegios cuando por ese coste se podrán contratar tres trabajadores precarios que obedecerán lo que se les diga por temor a perder el empleo, incluso a riesgo de perder la vida, como ha sucedido con un becario de un banco inglés; los morosos de las hipotecas, cuyo desahucio es un negocio redondo para los bancos y suicidio para algunos desahuciados.

La pregunta inmediata es: ¿qué idea tienen estas autoridades de los seres humanos, ellas que se pasan el día dándose golpes de pecho y hablando de la dignidad de las personas? Ignoro qué tanto de dignidad hay en buscar alimentos en los cubos de la basura y más ignoro qué tiene en la cabeza una señora que, lejos de poner remedio a la busca, multa a los buscadores con 700 euros. ¿Qué idea tienen de las obligaciones de los poderes públicos hacia los administrados, ellas que acuden a la iglesia, madre y maestra, a escuchar la doctrina de la igualdad de todas las ovejas a ojos del pastor, sin que conste que este haya abandonado a su suerte (o sea, al colmillo del lobo) a ninguna de ellas, las débiles, las lisiadas, las viejas.

Está claro, su idea es la de los seres humanos como mercancías. La personas somos magnitudes contables, gastos, ingresos y, siendo la política y la economía las ciencias de asignar recursos escasos entre opciones alternativas, gobernar significa tomar decisiones acerca del quien recibe qué, cuándo y cómo (Lasswell). (Un ironista diría los políticos del PP reciben sobresueldos, mensualmente, en sobres). Decisiones sobre quiénes son las bocas inútiles. Decisiones habitualmente disfrazadas de consideraciones objetivas, incuestionables, de no hay otra alternativa, o principio TINA, caro a todos los neoliberales thatcherianos. Ni un minuto a considerar la falacia de presentar como exigencias objetivas, irrefutables, decisiones de carácter ideológico, basadas en presupuestos que ni se discuten.

Pongo un ejemplo. El paro juvenil en España es tremendo. Y, dentro de él, el de licenciados universitarios lo es más. Es obvio que el mercado no puede absorber la producción de titulados. Estos se ven obligados a emigrar. Por supuesto, no faltará la habitual inconsciente del PP afirmando, que los jóvenes emigran por impulso aventurero, que suena a chirigota. Y el asunto es serio. Quienes no emigran se ven forzados a aceptar situaciones de subempleo y precariedad que encienden los ánimos. Hay dos modos, a primera vista, de abordar la situación. Una es fomentar el empleo, con políticas activas, financiadas con medidas fiscales, de persecución del fraude, dentro de un plan general de forzar a las empresas a cumplir con la tarea que tienen encomendada de generar empleo a cambio de las generosas subvenciones que de todas formas se dan sin contraprestación alguna y, por supuesto, de obligar a la banca a abrir el crédito en contraprestación por los cientos de miles de millones de rescate que ha recibido.

La otra forma de abordar el problema es reducir la cantidad de titulados universitarios. Como no es posible "destitular" y mucho menos suprimir a los ya existentes, lo que se hace es dificultar el acceso a la enseñanza por todos los medios y restringir la cantidad de los futuros licenciados universitarios a quienes puedan pagarse unas carreras a precios desorbitados y prácticamente sin becas. Esa es la opción ideológica de la derecha. Que venga además revestida de fábulas religiosas es otro asunto, aunque no menos interesante.

No hay bocas inútiles. Los seres humanos no somos mercancías, aunque se nos trate como tales. Todos tenemos los mismos derechos y su aplicación y protección no puede estar al albur de cálculos de eficiencia/ineficiencia sacados de un manual de maximización de beneficios de la empresa.

(La imagen es una foto del Deutsches Bundesarchiv, h. 1941 titulada "Photo Croatia - Roma children and women", bajo licencia Creative Commons).

dijous, 22 d’agost del 2013

La oligarquía franquista.


¿Qué méritos tiene Ana Mato para ser ministra de Sanidad? No sabe medicina, no sabe farmacia, ignora todas las ciencias de la salud y jamás se ha dedicado a ellas. Su mérito es haberse pegado a Rajoy como el percebe a la roca. Ese es su único "mérito", ser amiga y enchufada del jefe, Rajoy, y por supuesto guardar una disposición canina a ejecutar todas las órdenes que  este le dicte quien, a su vez, las recibe de arriba.

¿Y cuáles son los méritos de Rajoy para ser presidente del gobierno? Hacer la pelota al matrimonio Aznar cuando el marido era el jefe, que lo designó sucesor a dedo. ¿Y cuáles eran los méritos de Aznar? Ninguno. Este oscuro funcionario de Hacienda, que escribía artículos falangistas en un periodiquillo de provincias en su juventud, supo ganarse la confianza del fundador del partido, Fraga, quien también lo ungió sucesor, sin haber él conseguido la ansiada jefatura. Fraga tenía méritos por su cuenta o eso pensó Franco cuando lo nombró ministro de la Dictadura. Los méritos de un ministro de una de las dictaduras más sanguinarias, estúpidas y corruptas del mundo.

Y lo mismo sucede con otros miembros del actual gobierno. ¿Cuáles son los méritos de Wert para ser ministro de Educación? No sabe nada de pedagogía, ni de sistemas educativos. Sus merecimientos parecen haber sido colaborar con la Fundación FAES y hacerse pasar por centrista no siéndolo, para pillar pasta como tertuliano de la SER. Igual que la ministra de Trabajo, Báñez, que no ha trabajado nunca y cree que la legislación laboral y las políticas de empleo caben en una jaculatoria a la virgen del Rocío. Como el ministro de Justicia, Ruiz Gallardón que, siendo fiscal, no ha ejercido en su vida, dedicada por entero a hacer insufrible la de los madrileños como presidente autonómico y alcalde de la capital. 

Así sucede con la mayor parte de los ministros de este gobierno, cuyo requisito para el cargo proviene de su evidente falta de competencia. Y cuando muestran alguna, apunta en la dirección de una u otra posible corruptela. El ministro de Defensa, Morenés, tiene intereses en la industria de armamento; el de agricultura, Arias, es un empresario agrícola; el de Economía y competitividad, de Guindos, alto empleado de uno de los bancos, Lehman Brothers, cuyo hundimiento causó la presente crisis.

En realidad, los méritos, la competencia, la idoneidad para el cargo no cuentan. Cuenta el enchufe, la benevolencia del baranda, el clientelismo. Se trata de gentes mediocres, sin obra alguna personal, que han hecho toda su carrera a la sombra de aquel o como políticos profesionales al servicio del PP. Este, según los papeles de Bárcenas, tampoco es un partido al uso habitual, sino una asociación de beneficiarios de las actividades corruptas de un importante sector de la patronal que se vale de ella para gobernar el país, legislar en su provecho y en contra de los intereses del conjunto de la sociedad. 

Algo completamente franquista. Incluso el franquismo mostraba mayor pluralismo en la selección de los cargos ministeriales que no solamente procedían del partido del gobierno (el "Movimiento"), como en el caso del PP, sino también del Opus Dei, del tradicionalismo monárquico, del ámbito militar y hasta podían exhibir algunos merecimientos personales. 

No es el caso. Y tampoco importa mucho. Lo esencial es la probada lealtad al mando con independencia de los cometidos institucionales que hayan de desempeñarse. Estos son lo de menos. La prueba es el hecho de que la defensora del pueblo sea una marquesa. El desprecio de la derecha por la forma y el fondo de las instituciones democráticas alcanza aquí el nivel de la burla. 

En el fondo, al igual que el PP no es un partido normal sino que recuerda una asociación ilícita dedicada al reparto de prebendas más o menos ilegales, tampoco el gobierno es el órgano que ha de elaborar la línea política de la acción del Estado, ni el Parlamento -cantera de futuros paniaguados ministeriales- el que ha de legislar. Ambos son meros instrumentos mediante los cuales la patronal y la iglesia imponen al resto de la sociedad sus criterios e intereses. Con la única diferencia entre ambas de que la patronal paga (si bien luego recupera con creces lo invertido por la vía del chanchullo, la connivencia con el poder y la corrupción) mientras que la Iglesia, siguiendo inveterada costumbre, cobra siempre. 

En realidad España está gobernada por la tradicional oligarquía franquista que se vale de estas fieles nulidades para administrar un aparato de asalto al poder por medios presuntamente fraudulentos, a base de la financiación ilegal que le ha permitido ganar elecciones haciendo trampas sistemáticamente hace ya unos veinte años y celebrarlo a bombo y platillo con unos medios y publicistas a sueldo. Por supuesto, esta práctica ha corrompido el funcionamiento normal de las instituciones democráticas a extremos tan ridículos como que el presidente del Tribunal Constitucional sea militante del partido del gobierno. Es decir, de esta pintoresca asociación. 

Es absurdo, es de chiste. Pero no hubiera sucedido nada de no haberse destapado el rackett de Bárcenas. Era inevitable, dada la naturaleza humana. Puedes haber montado con éxito el más exquisito tinglado ilícito en pro de tus intereses oligárquicos, y siempre alguien flaquea, mete demasiado la mano en la caja común (la de la banda) y todo se descubre. Porque el asunto de los sobresueldos generalizados que el propio Rajoy admite haber cobrado, aunque dándoles nombres angelicales,  no es de recibo y menos en época de crisis. 

Y, con los sobresueldos, el régimen de prebendas, bicocas, pagos en especie, cobros dudosos y mamandurrias que han conseguido que la opinión pública tenga el máximo desprecio por los políticos, especialmente los del partido del gobierno, los que van por ahí presumiendo de no estar en política por la pasta y demostrando lo contrario con sus actos. Unas gentes que han fichado por el PP para hacer carrera y fortuna como podían haberlo hecho por una empresa de cítricos, con la ventaja de que, en donde están, no tienen que trabajar. Y, además, saben que, cuando se les acabe el momio, tendrán un puesto excelsamente remunerado en algunas de las empresas que han privatizado o los están pagando. O bien los hacen embajadores en Londres o eurodiputados. Se entiende, ¿verdad? eso  que tantas veces se pondera de la unidad de la derecha frente al fraccionamiento de la izquierda. Están todos unidos como una piña en torno a la pasta y no se mueven porque temen perder el sobre, la paga, el jaguar invisible, los almuerzos a 2.000 euros, los viajes gratis total a lugares de ensueño o los áticos en la costa.

No es un gobierno, no es un Parlamento, ni un partido; es un instrumento de la oligarquía franquista. Lo muestran a diario sus hijos, los zangolotinos de Nuevas Generaciones, y algunos de sus especímenes menos adelantados en la escala de la evolución humana que tienen repartidos por las alcaldías del país.

Es imposible tomárselos en serio y, sin embargo, hay que hacerlo porque son peligrosos. Carecen de respeto por los derechos y libertades de los ciudadanos y los reprimen con verdadera saña. Les da igual la deriva autoritaria, fascistizante del régimen porque los llevaría a lo suyo. No solamente están arruinando a la gente, empujándola a la desesperación o al extranjero, sino que ya han conseguido también rebajar nuestra esperanza de vida. Un buen recurso de la oligarquía para resolver el problema de las pensiones. 

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

dimecres, 21 d’agost del 2013

La ofensiva del capitalismo.


El PP es un partido franquista. Fundado por un ministro de Franco, trufado de otros colaboradoress con la dictadura y nostálgicos de ella, no ha condenado en serio el franquismo; al contrario, lo conserva o incluso lo ensalza a través de declaraciones esporádicas de sus dirigentes más retrógrados. Las Nuevas Generaciones del partido, más desinhibidas, muestran a las claras la iconografía política que les han inculcado en casa. Los fiscales progresistas proponen perseguir penalmente el enaltecimiento del franquismo. Y ¿qué van a hacer con la Fundación Francisco Franco?

Sin duda, un partido franquista. La adaptación del franquismo a las condiciones de esta precaria democracia. Se nota mucho en el talante autoritario, represivo y achulapado de sus dirigentes y en la agresividad y mendacidad de sus medios. Un partido franquista en toda la línea que la patronal ha comprado, como sabemos por Bárcenas, por vías legales e ilegales. La patronal tiene un partido a su servicio como el que tiene un grupo de presión, para que trabaje en su provecho. Para que haga lo que se le diga. Y lo primero que se le dice es que devuelva los dineros invertidos en comprarlo mediante la corrupción, adjudicaciones ilegales, etc. Los empresarios españoles no gustan de arriesgar, aunque se pasan la vida hablando del riesgo. Sobre todo, para que lo corran otros.

Así, el PP aplica a rajatabla el programa de la patronal que, viendo lo excepcional de la ocasión (mayoría absoluta y crisis como pretexto), pretende conseguir el máximo: tabla rasa con el Estado del bienestar. Todo el gasto público para el capital. Rajoy es el chico de los recados de los empresarios, a los que él, lleno de unción, llama "emprendedores", palabra con menos connotaciones negativas.

Ese dominio de la patronal se ha conseguido a base invertir dinero en la elaboración de un discurso biensonante, esto es, de un framing, según teoría al uso. Es un discurso falso, pues consiste en desnaturalizar el sentido de los términos, pero muy eficaz. Rosell quiere acabar con los privilegios de los trabajadores indefinidos; Lasquetty quiere que la administración no tenga funcionarios vitalicios, los prefiere precarios, claro; Cospedal sostiene que el PP es el partido de los trabajadores. No, no son delirios o pura desvergüenza. Son afirmaciones meditadas, estudiadas, elaboradas por gabinetes y asesores excelsamente pagados para confundir. Es un lenguaje hurtado a la izquierda: emprendedores (no empresarios), privilegios, trabajadores... Es un framing falso revestido de solemnidad por los curas, que comparten con los patronos el mando sobre el PP, asociación de ricos y zampacirios a partes iguales.

Un éxito. Mayoría absoluta. La credulidad de la gente. Y el inmenso poder del dinero. La patronal cuenta con centros de elaboración de ideología y discurso cuyas doctrinas difunde luego a través de intelectuales, periodistas y apologetas a sueldo. El Plural trae una crónica acerca de qué pasó en los años 1993 a 1996 (la batalla final contra "el felipismo") de los que no hay rastro en la contabilidad de Bárcenas. Los apuntes con los pagos de aquellos años han desaparecido. La crónica del diario digital, se titula  ¿Qué pasó en los años en los que el PP no envió su contabilidad al juez Ruz porque ‘no los encontró’? No lo sabe nadie. Pero incluye una foto de un reunión en Génova 13 en 1993. A un lado de la mesa se encontraban dirigentes del PP encabezados por Aznar y con Miguel Ángel Rodríguez. Al otro lado estaban Justino Sinova, Manuel Martín Ferrand, Pedro J. Ramírez, Luis María Anson y José Luis Gutiérrez. Podrían estar hablando del tiempo, pero es poco probable.

Es el poder del dinero, que todo lo compra y todo lo emponzoña. El capital invierte grandes sumas en comprar, literalmente comprar, a los dirigentes del PP. Ese debate sobre el nombre concreto de los sobresueldos es perfectamente ruin. Son sobresueldos. Unos legales, otros ilegales y todos inmorales. Militar en el PP es un negocio redondo para muchísima gente. El primero, cierto, Rajoy, pero el maná llega también a los rincones más apartados del país. La prueba, las docenas de cargos del PP en procedimientos penales. Tiene tambien comprados a cientos de intelectuales, periodistas, columnistas, publicistas  que se pasean por los platós y los micrófonos defendiendo la buena nueva neoliberal.

Es una ofensiva en toda regla, marchando en todos los países capitalistas avanzados y que, en España, cómo no, tiene su vertiente especial al unir el neoliberalismo (más bien relativista, incrédulo, egoísta e indiferente hacia las tradiciones, Dios, la Patria y el Rey) con una carcunda reciamente hispana, encargada de suplir esas deficiencias mediante el esclarecido auxilio de la Iglesia que, por cierto, gracias a Aznar ya se ha quitado la espina de la desamortización de Mendizabal.

El gobierno y su partido aplican el programa máximo de la patronal en su ofensiva. Gobiernan para la banca y el capital. Y lo hacen a toda prisa, mediante decretos-leyes, porque no tienen un horizonte político claro a causa de la inmensidad de la corrupción en que chapotean. Ni siquiera tienen claro el horizonte penal. Así pues, programa máximo: desmantelamiento del Estado del bienestar: justificación de la explotación, la desigualdad, la eliminación de las garantías y derechos de los trabajadores, del derecho del trabajo, sustituido por un régimen de esclavitud que llaman de "libre mercado"; justificación del expolio de lo público y, de paso, del fraude, la malversación, el cohecho y resto de la gama de delitos conexos.

Quieren acabar con las garantías legales que hasta ahora protegían a los sectores más desfavorecidos de la sociedad y entregárselos a la depredación del capital: los trabajadores, los parados, las mujeres, los niños, los viudos, los dependientes, los jubilados. Quieren acabar con todo tipo de seguridad que no sea la de las cuentas en Suiza. Van también por los funcionarios, cuya seguridad en el empleo, los convierte en lenguaraces, en lugar de ser sumisos siervos a la voluntad y el capricho del cargo de turno, uno de esos loco por despedir funcionarios para enchufar a sus parientes.

Que la propia lógica del capitalismo diga que esta actitud es contraproducente a corto, medio y largo plazo para el conjunto de la sociedad no les hace reflexionar ni un instante. La codicia los ciega. Se trata de aumentar los beneficios a base de incrementar la productividad del único modo que esta plaga empresarial y corrupta conoce: bajando los salarios y eliminando el gasto social, pero sin invertir en I + D, ni renovar, ni arriesgar, ni siquiera pagar impuestos y, desde luego, viviendo de las subvenciones públicas, los enchufes, las corruptelas y las mamandurrias. ¿O no está en la cárcel Díaz Ferrán, jefe de la patronal hasta hace bien poco? Y ¿por qué?

Es una ofensiva del capital en toda regla. Frente a ella, nunca tuvo la izquierda mejor ocasión de formular un programa electoral ganador, porque no le son precisas grandes elaboraciones a veces muy confusas, sino que tiene a su alcance una formulación muy sencilla que todo el mundo entenderá a la primera y una mayoría probablemente apoyará. Consiste en prometer que, si gana las elecciones, la izquierda derogará de inmediato todas las medidas restrictivas del PP, todas las privatizaciones, y restaurará el Estado del bienestar. Dicha restauración consta de cuatro puntos elementales y una coda: 1º) Mercados regulados e intervenidos con auditoría pública de la deuda; 2º) Restauración del ordenamiento jurídico del trabajo; 3º) Fiscalidad progresiva; 4º) clases pasivas garantizadas: pensiones y subsidios de desempleo con promesa de considerar la implantación de una renta básica universal. Coda: separación real de la Iglesia y el Estado.

Es el programa mínimo.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).