diumenge, 14 de juliol del 2013

Ni una mentira más. Dimisión y a la cárcel por chorizo.

Hace meses, años, que se conoce el punto débil de este menda: la codicia. Que se negara a aclarar cuánto ganaba ya era significativo. Que contestara cualquier cosa a las preguntas directas o que mintiera sin más era muy revelador. Que dijera que no estaba en política por dinero venía a ser la confirmación indirecta de que llevaba años trincando la pastuqui en complicidad con su íntimo Bárcenas, a quien nombró tesorero, obviamente, para hacerse una fortuna a sobresueldos y repartir prebendas en torno suyo.

Solo la oposición no se enteraba del asunto y, aunque Palinuro llevaba meses insistiendo en que se preguntara a Rajoy en sede parlamentaria cuánto cobraba y por qué conceptos, jamás lo hizo. ¿Por qué? No lo sé y no quiero pensar mal. Atribuyámoslo a mera incompetencia.

A Palinuro también le critican a veces que no temple más sus comentarios y le piden moderación. A lo mejor son los demás los que, a fuer de lentos, no se ganan el sueldo. Por escrito dejó el autor de este blog la convicción hoy patente de que estamos gobernados por ladrones, por gentes que en su diario comparecer, hablar, explicarse, criticar a los demás dan asco y que lo único que podía hacer el jefe de esta manga de chorizos que llevan años mintiendo a la gente, estafándola y expoliándola era atender a una vieja consigna, ahora sí dicha con razón de ¡Váyase, señor Rajoy! Chorizos, mangantes, embusteros, robaperas, corruptos, sinvergüenzas, asociación de malhechores... ahora son términos que reverberan en unas redes indignadas por el abismo de degradación moral en que ha caído esta "gran nación", de la mano de un mentiroso compulsivo, presidente de un partido corrupto hasta la raíz. Pero hace días, meses, estos ciudadanos que hoy se indignan, trataban a Palinuro de exagerado por decir exactamente eso mismo que la calle gritaba ayer y volverá a gritar hoy: 

¡Presidente, delincuente!

Como siempre, comunicado exculpatorio al canto, normalmente un texto que mezcla la mentira más descarada con una chulería propia de esta derecha de señoritos y saqueadores. Ayer, el PP. Hoy, La Moncloa. El texto dado a conocer, según el cual los SMS demuestran que Bárcenas no consiguió lo que pretendía de Rajoy, es una prueba más no solo de que este encarga tales tareas a los más sinvergüenzas de su partido de sinvergüenzas sino también a los más imbéciles porque, con esta “aclaración” es obvio que La Moncloa da por buenos los SMS.

En los próximos días, además de la contabilidad de la corrupción pepera que los internautas están ya auditando en la red, debiera constituirse otra plataforma que recopilara todas las declaraciones, mentiras, falsedades, amenazas, chulerías, provocaciones que, con motivo de Bárcenas, lleva diciendo esta cuadrilla de malhechores. Todo lo que la ciudadanía ha tenido que aguantar de un atajo de sinvergüenzas que fingían ser un partido político. ¿O nadie se acuerda de Trillo diciendo hace unos años que un sobreseimiento judicial de alguna querella contra Bárcenas, demostraba que todo era una maniobra del PSOE, la fiscalía y la policía y que Rubalcaba debiera dar explicaciones?

Explicaciones las que debe Trillo y no solo por el infame asunto del Yak 42, con el que algunos se forraron a costa de la vida de otros, sino por toda su vergonzosa trayectoria de rábula, contra qujien justo sería que se qujerellase la policía y todos a los que ha agraviado en su sórdida vida. Y no solo Trillo. Todos. Aznar, Rajoy, Cospedal, Arenas, García Escudero, González Pons, Aguirre, Barberá, Sánchez Camacho, Álvarez Cascos: cobradores de sobresueldos, receptores de regalos, corruptos, financiadores ilegales, malversadores, intrigantes, espías.

Todos a la cárcel.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

dissabte, 13 de juliol del 2013

No, no ha contestado.

No señora, su jefe no ha contestado. No lleva seis meses contestando. Lleva seis meses callado y tan oculto como el Dios escondido de los agnósticos. Que yo sepa solo en dos ocasiones ha negado Rajoy las acusaciones de haberse forrado a sobresueldos y lo ha hecho a su peculiar modo, sin que quede nada claro. La primera vez aseguró a través del plasma que él nunca había recibido ni repartido dinero negro. Lo del color del dinero es asunto subjetivo. No es lo mismo decir que no se ha cobrado dinero negro (pudiendo ser marrón) que decir que uno solo ha cobrado lo que le corresponde por ley. La segunda negativa es aun más estrambótica: Todo es falso, salvo alguna cosa, dijo el hombre. Obviamente eso no es negar. Y tampoco es hablar, ni contestar, diga lo que diga Sáenz de Santamaría. Y lo de contestar tiene su miga tratándose de un presidente que no admite preguntas.

La situación es cada vez más de sainete. Un gobierno que debiera haber dimitido hace meses se apresta a marcharse de vacaciones dejando para la rentrée la cuestión candente de si el juez cita a declarar al presidente por el asunto de los papeles de un sujeto cuyo nombre Rajoy es incapaz de pronunciar, como si fuera víctima de un hechizo. El partido, en plan de guerra a la defensa de la honradez del presidente, bloquea toda comparecencia de este en sede parlamentaria. Rajoy no es honrado porque él lo demuestre con sus actos sino porque lo dice Cospedal. La vicepresidenta cree zanjar la cuestión, dándola por contestada cuando lo contrario es lo evidente. Y la prueba es que los medios siguen preguntando. Y se lo seguirán preguntando a Rajoy cada vez que a este no le quede otra que asomar la nariz en compañía de algún extranjero, poniéndose a tiro de los indiscretos periodistas. Cada vez que, no pudiendo imponer el silencio, tenga obligación de responder preguntas.

Pero todo esto son comidillas. Ya se sabe que Rajoy no profesa una moral caballeresca de pundonor. No dimite por la misma razón por la que no aceptaría un duelo ni siquiera a primera sangre. No se cree obligado a cumplir su palabra. No es la moral del caballero, sino la del truhán la que prueba este oportunista sin principios, dispuesto a lo que sea con tal de enriquecerse por cualesquiera medios. Pero esto solo lo afecta a él y su inexistente sentido de la dignidad.

Lo gordo está en otra parte. En concreto en saber si, con todo lo que está sucediendo, Rajoy tiene capacidad para gobernar el país en un momento especialmente delicado que va a requerir eso que llaman "dotes de estadista". Una reciente teoría de la conspiración quiere que esté en marcha un proyecto para romper España por la marca catalana y acabar con la dinastía substituyéndola por una República. Suena algo histérico pero el aviso señala los dos puntos complicados del momento: el soberanismo catalán y el desprestigio de la Corona. Hasta hay quien dice que se vislumbra un acuerdo a tres bandas, entre el PSOE, el PP y la Corona para tapar los respectivos escándalos, EREs, Bárcenas/Gürtel, Urdangarin. A lo mejor esta era la idea del Rey cuando, hace unas fechas, medió para que Rajoy y Rubalcaba pactaran algo.

En fin, este asunto de la Monarquía puede considerarse de familia (en lo que no tenga trascendencia penal) y, como cosa de familia, que la familia se las componga. Es claro que la Monarquía no encaja. Su última justificación, la de haber traído la democracia a España a través de la transición nunca ha sido cierta pero ahora, cuando todo el mundo maldice la transición, lo es menos que nunca.
La cuestión está en Cataluña. El nacionalismo español no acaba de entender la singularidad de la situación. El nacionalismo catalán nunca había sido tan pujante, tan independentista, tan integral o interclasista. Y nunca tampoco se había proyectado internacionalmente con tanta insistencia, ni había encontrado tanta comprensión allende las fronteras. De hecho la situación internacional, con el referéndum de autodeterminación de Escocia el año que viene, le es muy favorable.

Enfrente tiene un nacionalismo español desvencijado con un pasado que no se atreve a condenar pero del que no puede enorgullecerse y un presente sin perspectivas. Un nacionalismo que, a derecha e izquierda, se aferra al modelo territorial consagrado en la Constitución de 1978 y que ya ha demostrado suficientemente su pésima concepción. Todo lo más se apunta como tímida apertura hacia el mundo nacionalista una propuesta federal que no parece tener sino un alcance semántico.

A esta falta de discurso y proyecto nacional español que no sea pura negación, se añade el lamentable espectáculo de un gobierno cuyo presidente está bajo sospecha de comportamientos corruptos prolongados en el tiempo. Un gobierno sin legitimidad de origen (pues mintió para ganar unas elecciones que financió fraudulentamente), ni de ejercicio. Un gobiern sin autoridad que dedica todos sus esfuerzos a acallar las protestas de la calle y defenderse de las muy fundadas sospechas y acusaciones de corrupción.

divendres, 12 de juliol del 2013

El cerco se estrecha.


Cospedal es la primera política de relieve arrastrada ante el juez. En calidad de testigo; pero ante el juez. Los siguientes hacia arriba pueden ser Aznar o Rajoy. Dice la interesada que está deseando colaborar con la justicia. Ya lo había apreciado la ciudadanía viendo cómo no comparece en los actos de conciliación cuando se querellan contra ella por injurias y calumnia o contemplando cómo autoriza triquiñuelas legales para defender a Bárcenas con la excusa de acusarlo (antes, claro de convertirlo en objeto de todo tipo de querellas a su vez), o asistiendo a la destrucción de pruebas como el registro de entradas en la sede de Génova que reclama el juez. Si esa es su idea de colaborar con la justicia, ya puede el juez ir preparándose.

El silencio, el mutismo, el ignominioso escaqueo del presidente para no dar explicaciones de un asunto que compromete su dignidad, tiene de los nervios a sus colaboradores, obligados a hacer de tripas corazón, defender lo indefendible y mostrarse como verdaderos filibusteros parlamentarios, bloqueando cualquier intento de las cámaras de obtener explicaciones de Rajoy en sede parlamentaria. Tan de los nervios que los pierden. El portavoz del PP, Alonso, llegó a acusar a los de la oposición de ser "rehenes de un delincuente", de servirle de abogados y voceros. Dos sesiones más de la diputación permanente y Bárcenas resulta ser un submarino del PSOE en el PP. Por qué haya pasado el ex-tesorero de ser una persona intachable de la que, según Rajoy nadie podría probar que no fuera inocente a ser un delincuente tendrá algo que ver con las conciencias de sus ahora ex-compañeros de partido. Bárcenas no es hoy más delincuente que hace uno o diez años, pues aún no media sentencia judicial. Son los mismos miembros del PP, quienes antes lo tenían por persona honrada, los que ahora lo tachan de delincuente. ¿Los ha engañado a todos? ¿Durante veinte años? ¿Ha engañado a Rajoy, que lo nombró y depositó en él toda su confianza? ¿Nadie sabía nada? Cobraban substanciosos sobresueldos y, al parecer, recibían bicocas en especie, regalos, viajes ¿y no sabían de dónde procedían aquellos al parecer inagotables caudales?

¡Cómo no van a estar de los nervios con la gestión que están haciendo de un caso cuyas profundidades desconocen! Atacan al hombre que puede causar la ruina política (y quién sabe si penal) de muchos de ellos. No es algo muy inteligente sino que parece dictado por la desesperación. Evidentemente, aunque la táctica sea minimizar la importancia del asunto, el asunto tiene una importancia mayúscula y, quiera o no, el presidente tendrá que afrontarlo. En realidad, ya lo ha hecho y ha optado por lo que le parece más sabio. Tenía dos opciones: a) dimitir de un cargo que obtuvo mintiendo, conservó haciendo lo contrario de lo que había prometido y al final ha conducido a un estado próximo al colapso por la gigantesca corrupción que, presuntamente, ha tolerado, fomentado y aprovechado para su peculio; b) mantenerse a toda costa, como si el desbarajuste no fuera con él, impertérrito aunque le llamen delincuente, sin responder a las preguntas, sin dar explicaciones ni en sede parlamentaria. Es la vía escogida. ¿Su coste? A la vista está: la degradación de las instituciones, puestas al servicio de la supervivencia política de un hombre sospechoso de comportamientos corruptos. Algo que ningún sistema democrático puede aguantar.
 
En el Congreso de los diputados, el PP ejerce una sistemática tiranía de la mayoría. Las minorías son irrelevantes y solo tienen alguna posibilidad si apoyan al gobierno. La oposición existe en el orden verbal y no siempre pues se le niega la posibilidad de preguntar al presidente. Incluso se niega la presencia del presidente. La oposición hace notar su malestar y acusa a Rajoy de despreciar a la cámara y de esconderse. La evidencia misma. Por eso ya no es suficiente. Si el gobierno es malo, la oposición es peor.  Es absurdo formular ahora acusaciones que debieron hacerse meses antes, pues ya era evidente la forma autocrática del gobierno y su desprecio al Parlamento. En el caso de Rajoy es un desprecio que viene teñido también de cierta chulería.
 
Por eso, viviendo la actividad parlamentaria como un trágala continuo de la mayoría a las minorías, estas debieran considerar seriamente la posibilidad de abandonarla. Carece de sentido seguir legitimando un gobierno cuya política autocrática, arbitraria, impositiva convierte los controles democráticos en una farsa.
 
Todo el mundo en España (incluida la mayoría de votantes del PP) cree que Rajoy debe dar explicaciones, cosa que aún no ha hecho. Por no saber y aunque parezca mentira, el país sigue sin saber cuánto dinero ha cobrado en total Mariano Rajoy, por qué conceptos y con qué justificaciones. Es obvio que el presidente está obligado a rendir cuentas a la opinión pública. ¿Qué pintan, pues, sus huestes usando su mayoría para impedir que comparezca en el Congreso a hacerlo? ¿Ês compatible esa arbitrariedad con el propósito de aprobar una Ley de Transparencia? Parece un chiste. Una farsa.
 
La oposición no debe seguir prestándose a esa farsa de un poder legislativo y de control del gobierno que no legisla ni controla sino que aplaude. Cómo lo haga es asunto de su creatividad. Palinuro propone una retirada al Aventino o huelga de escaños vacíos, pero seguro que hay otras formas mejores.

dijous, 11 de juliol del 2013

Sordo, ciego y mudo.


Rajoy se niega a hablar de Bárcenas y dice en Figueruelas que contamos las cosas que no son las mejores, pero no las importantes y buenas. Pues no sé. Ayer salieron tres ministros a poner la mano en el fuego por él y hacerse lenguas de cuán probo y honrado es y qué entregado está a la causa de España. Cospedal, Floriano añadían venablos envenenados contra Bárcenas, un fementido villano traidor que arderá eternamente en los fuegos del averno. Muy listos no son, pues no se dan cuenta de que, cuanto más aspavientos hagan, más notoria será esta imposible situación. Pero esto no es lo esencial. Lo esencial es averiguar si este asunto es o no importante.

Hay una medición bien sencilla: las noticias de la Gürtel, las de Urdangarin, Matas, Castedo, Munar, han pasado a segundo plano. Bárcenas se las ha comido todas. Importancia tiene. Toda. No es admisible que el presidente del gobierno esté bajo sospecha de comportamientos corruptos y él se niegue no ya a dar explicaciones sino a hablar de ello. No oye que la gente lo llama delincuente a gritos en la calle; no ve que lo ridiculizan en los medios -incluidos los extranjeros- y en las redes sociales. No habla de Bárcenas. Es célebre: ni pronuncia el nombre. Sordo, ciego y mudo en una situación límite.

Las vacaciones de verano han comenzado. Con el bajón noticioso, el caso Bárcenas y la contabilidad del PP en pelota picada en todas las redes sociales prometen ser auténticos filones.  Con el añadido de que el curso del proceso deparará sorpresas. En algún momento el juez puede atender a la reiterada petición de la acusación particular de que se tome declaración a Aznar como testigo; incluso, por qué no, al propio Rajoy. Sería apoteósico ver al presidente del gobierno obligado a declarar si cobró esas cantidades que tiene apuntadas Bárcenas y de qué fondos.

La última línea de defensa del PP, tras haber negado los papeles, su autoría, la relación con Bárcenas y hasta la existencia física de este, consiste en afirmar que los cobros son legales (los de Rajoy y el resto de su cuadrilla) y se declaraban a Hacienda. El valor taumatúrgico atribuido a la declaración a Hacienda es pintoresco por dos razones: la 1ª porque es una obligación y cumplir con ella carece de mérito especial; es lo que hacen todos; la 2ª porque la declaración a Hacienda no demuestra que el dinero sea de procedencia legal; demuestra que es. Por eso se afirma en primer lugar que son unos cobros legales. Palinuro cree que no pueden ser legales unos cobros que infringen la vigente ley de incompatibilidades. Pero eso lo decidirán los tribunales. Lo que es evidente, sin embargo, es que son profundamente inmorales y lo saben. Por eso los mantenían ocultos y, al descubrirse, empezaron por negarlos. De hecho, la última vez que Rajoy se refirió a ellos fue para negar que los hubiera cobrado. Pero sí parece que los cobró. Y, siendo así, es bien claro que ha mentido. La cuestión es si una mentira más puede forzarlo a dimitir.

La única forma de salir de este marasmo es que las gentes de su partido pongan en marcha una conspiración palaciega para apear al presidente de un cargo que no está capacitado para ejercer.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

dimecres, 10 de juliol del 2013

¿En dónde está el enemigo?


Las tribulaciones de los héroes legendarios, los Ulises o Jasones, son tortitas y pan pintado comparadas con la singladura del celta Rajoy y su mesnada. Desde que el temible Polifemo Ufer fue a dar con sus huesos en el trullo, no ha parado de llover fuego sobre el gobierno y, en especial el piloto, en forma de nuevas revelaciones sobre un comportamiento escandaloso en el pasado y hasta tiempos muy recientes. Sobresueldos, mamandurrias, mordidas, regalos; a tenor de lo que Bárcenas relata, y la contabilidad muestra, su antiguo jefe concentra en sí todas las formas posibles de las corruptelas que salpican las tierras de las Españas.

La sufrida tripulación rezonga y amenaza con amotinarse, harta de que la gente en los puertos la tome por una banda de piratas y la trate como tal. "Los que la hayan hecho que la paguen", murmuran muchos para el cuello de su camisa. "No hay derecho a que paguen justos por pecadores". Sobre todo cuando los pecadores siguen campando en sus pecados. Y, si la tripulación está así, no se diga nada de los pueblos en la costa. Ayer había una concentración de lestrigones antropófagos manifestándose a las puertas de Génova 13, sede del PP en Madrid y otras sedes del partido al grito de Presidente, delincuente. La voz del pueblo, sabio, conciso, gracianesco.

Y no solo empieza a sublevarse la clase de tropa, la marinería. También la oficialidad se encrespa. Esperanza Aguirre quien, como Circe, puede convertir a los hombres en cerdos, retorna al escenario con uno de sus mensajes tajantes, lleno de implicaciones: si ha habido casos de corrupción, deben reconocerse. Hay que depurar responsabilidades. La mala fe brilla aquí en especial. Dice Aguirre que el "y tú más" no le vale en los casos de corrupción pero no deja de recordar los EREs, de decir que la cantidad defraudada es mucho mayor y de responsabilizar a socialistas y comunistas. Lo de los comunistas, según entiendo, es como lo del Pisuerga. Pero lo esencial es que le ha faltado decir que se depuren las responsabilidades caiga quien caiga, aunque todo el mundo lo ha entendido, incluso Rajoy, silente, supuesto, esquivo, recluido en La Moncloa como Luis II de Baviera en su fantástico palacio de Neuschwanstein como en espera de que vengan a declararlo incapaz por el bien del reino.

La oposición carece de fuerza para obligar al gobierno a dimitir y/o disolver las cámaras en vista de la excepcionalidad judicial en que se halla el país. La aplastante mayoría gubernamental en las Cortes tiene reducida a toda la oposición a la irrelevancia. Tanto es así que Palinuro ya recomendó en su día a los diputados de la izquierda seguir el tradicional plante de la retirada al Aventino. Si la mayoría recurre a la tiranía, la minoría puede negarse a colaborar.

A su vez, el propio interesado parece haber emprendido una huida hacia su propio interior, con síntomas preocupantes, como esa extraña manía de no pronunciar en público el nombre de Barcenas. Sus intenciones manifiestas hasta la fecha son numantinas: resistir, que ya escampará. Por supuesto, nada de dimitir, según parecen ordenar la dignidad y la decencia. Esas son debilidades.

Así las cosas, parece obvio que alguien dentro de su propio partido ha de tomar la iniciativa y pedir el relevo de Rajoy en el gobierno. El problema es quién. Aguirre se lanza en lo que los expertos consideran una operación a tres bandas, con Aznar en el fondo y Pedro J. aportando los fuegos de artificio. Sin embargo, Aznar y Aguirre son más de la vieja guardia y están también muy tocados por sobresueldos o la corrupción gürteliana.
 
 Mírese por dónde, a lo mejor la cazurrería de Rajoy le da frutos y aguanta el resto de la legislatura merced a la circunstancia -escasamente consoladora- de que los posibles relevos son peores que él.

dimarts, 9 de juliol del 2013

Sueldos, sobresueldos , mentiras y cinismo.


Todavía recuerdo la escena hace varios años. En el programa de TV Tengo una pregunta para usted, una ciudadana de aspecto modesto pregunta a Rajoy cuánto gana al mes. El entonces candidato se queda atónito, no responde, balbucea algo y le obliga a repetir la pregunta, contestando luego un evasivo: Bastante más que usted.

Las antenas de Palinuro se erizaron: "Este hombre miente. ¿Por qué no quiere decir cuánto gana?" Lagarto, lagarto.

Tiempo después, aún en la oposición, a otra pregunta ingenua de otro ciudadano, Rajoy contaba la siguiente trola para obstaculizar la respuesta: "Tengo dificultades. Miro la cuenta a fin de mes. Tengo los problemas de todos los españoles."

Según hemos sabido después, ese año, Rajoy se embolsó 200.000 euros solo en sobresueldos. Más el salario de diputado y otras bicocas, como puros, trajes, corbatas. En total, unos 400.000 euros, o sea, unos 33.333 € al mes o 650 veces el salario mínimo. Palinuro tuvo entonces la certidumbre de que el menda no solo mentía como un bellaco, sino que era un hipócrita y un falsario redomado. Comprendió que en este asunto estaba el punto débil de toda la estrategia del PP y de su presidente quien, como es manifiesto hoy ya, no pudo contener su codicia y, al parecer, estuvo arramblando con cuanto dinero público veía. Un verdadero granuja con aspecto de noble de provincias venido a menos y bastante farfollas.

Por eso Palinuro insistió una y otra vez en que la oposición preguntara a Rajoy en Parlamento cuánto cobraba al mes y por qué conceptos. Llegó a saberse mejor o peor lo que cobraban todos los diputados, pero no Rajoy. Sus ingresos siempre fueron un misterio y, en parte, siguen siéndolo pues, aunque las acusaciones de ser un corrupto sin parangón en la historia son muy consistentes, el personaje sigue sin decir cuánto ha cobrado. Es un mutismo muy en línea con su neurótico silencio sobre el nombre de Bárcenas. Solo Miguel Ángel Aguilar en El País (preguntando insistentemente si Rajoy cobraba algo por su condición de registrador de la propiedad) y Palinuro (insistiendo en que Rajoy revelara cuánto cobraba al mes por todos los conceptos) mantuvieron viva la llama de la sospecha no ya de que el presidente no fuera trigo limpio sino de que podía ser un granuja, un chorizo y un trinca-cuartos..

Pero la oposición flojeaba. Cayo Lara lo atacaba, sí, pero en asuntos de otra índole en donde Rajoy salía victorioso con su capacidad para balbucear el español y no decir nada. Y Rubalcaba proponía pactos y más pactos sin atreverse a preguntarle algo tan simple como cuánto pillaba al mes. Una situación que levantaba la sospecha de si Rubalcaba no estaría temiendo que en el PSOE hubiera otros sinvergüenzas y ladrones.

Finalmente está ya todo (presuntamente) claro. Los papeles de Bárcenas y la contabilidad del PP permiten pensar que, mientras no se demuestre lo contrario, el PP es una asociación de malhechores que lleva veinte años enriqueciéndose mientras saquea la Hacienda Pública. Una asociación de mangantes y corruptos, presidida por el que parece el más mangante y corrupto de todos ellos. Sin excusa alguna.

Era, en efecto, el punto débil de la estrategia del PP y se ha roto, no porque la oposición (que da vergüenza por su inoperancia y quién sabe si su complicidad, al menos la socialista) lo haya conseguido, sino porque la Justicia ha empezado a actuar, por supuesto, luchando a brazo partido contra todos los obstáculos, las zancadillas, las trampas y las insidias (estas sí son insidias y no las que menciona Rajoy, quien desconoce el significado de la palabra) de que se vale el PP para obstaculizar el proceso judicial, con la anuencia del mismo Rajoy quien, sin embargo, anuncia a bombo y platillo que su partido colaborará con la justicia mientras destruye pruebas (como el libro de visitas de Génova) que pide el juez.

Esta es la verdadera dimensión de este vergonzoso asunto: dirigentes corruptos, encabezados por Rajoy -el más corrupto de todos ellos- cobrando sobresueldos ilícitos, trinque, hurtos, mamandurrias, enchufes, cohechos, apropiaciones indebidas... un rosario de delitos presuntamente cometidos por estos payos, aleccionados por Rajoy cuya única obsesión ahora es que nadie dimita (para no quedar él con el trasero al aire) y que nadie hable, pues solo el silencio puede conseguir que el asunto pase sin pena ni gloria, al tiempo que se engaña, se miente o, como hace Cospedal, se dice con todo el morro lo contrario de lo que el mundo tiene ante las narices, incluida ella misma.
 
En efecto, tiene tardía razón la oposición: dimita ya, Rajoy. Su situación de presunto corrupto, pillasobres es insostenible. Y llévese de paso a ese puñado de supuestos mangantes, neofranquistas, monaguillos de los curas, beatas descerebradas y simples imbéciles que se creen ingeniosos.
 
Ya está bien.
 
(La imagen es un foto encontrada en la red, en el twitter de @marianorajoy No consta licencia. Palinuro asume que esté en CC. Si no fuera el caso, una simple advertencia y se retira)
 

Bárcenas y el cadáver de Ionesco.


A comienzos de 2011, convocadas elecciones autonómicas en la Comunidad de Valencia entre otros lugares, en plena borrasca de los tres trajes de Camps, Palinuro auguraba que el escándalo Gürtel pasaría factura a los implicados, que iría creciendo con el paso de los días hasta hacer insostenible la situación. Incluso buscó una analogía en la célebre pieza de Ionesco, Amadeo o cómo salir del paso, en la que hay un cadáver que no cesa de crecer y que, al final, acaba ocupando toda la casa. La Gürtel era ese cadáver. Sin embargo, para perplejidad general, el presidente Camps, por entonces imputado en la trama, revalidó su cargo con una mayoría absoluta superior a la que obtuvo cuatro años antes. La corrupción no pasaba factura y Palinuro quedaba de mediano profeta.


Así comenzaba un contrito Palinuro su entrada de 25 de marzo de este año, titulada El estado Gürtel. Bueno, pues no iba tan desorientado. A tenor de los acontecimientos en los últimos meses, de "mediano profeta" ha pasado a "profeta entero" o "profeta semientero", pues faltan dos años. Porque el cadáver ha seguido creciendo y creciendo y ya ocupa todo el escenario, el patio de butacas, la platea, los palcos y hasta el gallinero. Solo que no es el mismo cadáver, sino otro o quizá el mismo trasmutado. Gürtel es ahora Bárcenas que, por seguir la costumbre de poner en clave alemana, podría llamarse Ufer. O lo que es lo mismo, la corrupción, el fantasma, el cadáver maloliente de la corrupción que todo lo invade.

Al final, fue cierto. El cadáver ionesquiano es ubicuo y no puede ignorarse, por más que Rajoy siga agarrado a esa superstición primitiva de que, no nombrando el origen del mal, el mal desaparecerá. Pero no desaparece. Crece y crece. Hasta el sufrido pueblo español, resignado a niveles alucinantes de corrupción política desde siempre, está escandalizado y tiene la corrupción como segundo problema colectivo. Segundo, voto a tal. El primero es el paro. Y ahí es donde ancla el consejo que sus expertos en comunicación dan a Rajoy: se puede aguantar en silencio. Si, llegadas las elecciones, se ha acabado la crisis o se vislumbra su fin, la corrupción no pasará factura electoral. El modelo/ejemplo que se invoca es el de Camps en Valencia: dame pan y llámame tonto.

Y el cadáver sigue creciendo, monopolizando la atención de la vida pública en la que se dan episodios chuscos. WikiLeaks ha colgado en la red en abierto la contabilidad completa del PP desde 1990 a 2011. Sí, esa misma contabilidad que el PP le negó al juez sosteniendo que no la tenía, con lo cual, la comparecencia de Cospedal ensalzando la transparencia del PP es otra estrella en un cielo tachonado de stripteases y diferidos. Todo por no dimitir y dejar de hacer el ridículo.

Los internautas han organizado una plataforma para clarificar esa contabilidad, que promete ser una fuente inagotable de sorpresas, algunas para reír, otras para llorar y las más para morder. ¡Sobresueldos fabulosos a Rajoy cuando era ministro! Y ahí sigue el buen hombre, impertérrito, como si tan vergonzoso trance no fuera con él. Las malas lenguas dicen que también cobraba sobresueldos siendo presidente, pero nadie ha aportado la más mínima prueba, aunque la posibilidad exista. Según cierta lógica más bien materialista, si un ministro cobra sobresueldo, un presidente, más.

La pedrea de acusaciones personalizadas alcanza a la vieja guardia del PP, Rajoy, Rato, Arenas, Álvarez Cascos, todos cobrando sobresueldos frenéticamente, como si el mundo fuera a acabarse. Menudo barniz. En alguna parte creo haber visto también el nombre del pío Mayor Oreja, pero no estoy seguro. Con todos estos apuntes contables a merced del público, los periodistas, los "amigos", al PP le espera un vía crucis de aquí a las elecciones. En realidad, ya ha comenzado. Rajoy parece un ecce homo. Encerrado en obstinado mutismo sufre sucesivas afrentas, injurias, ridículos: cobraba sobresueldos, nombró a Bárcenas y le dio plenos poderes, algunos viajecillos fueron cómodos y gratuitos. Pueden aparecer hasta facturas de trajes al modo Camps. Un pozo sin fondo es la contabilidad esa que no existía.

Por cierto, de querellarse contra El Mundo, nada. Ni mú. Ni de querellarse contra Bárcenas, diga lo que diga Cospedal, cuya nueva embarullada explicación de la acción judicial que dice haber movido contra el extesorero vuelve al territorio del diferido.

¿Cree Rajoy que puede aguantar dos años este chorreo continuo, este bochorno permanente, sin dimitir? Sus comunicólogos de cabecera se lo aseguran. A él le interesa creerlo. O hacer como que lo cree. Sus hombres del agitprop en la radiotelevisión pública se encargan del Potemkin, esto es, de erigir y comunicar una realidad que nada tiene que ver con la realidad. Así han conseguido la audiencia más baja en toda la historia de los informativos de TVE tras la muerte del Invicto. Somoano, sin embargo, el responsable del desaguisado, lo atribuye a la imparcialidad de los informativos. Cómo se ve que no juega con su dinero sino con el de todos, según inmarcesible sabiduría neoliberal.

dilluns, 8 de juliol del 2013

La vergüenza nacional.


Como suponía Palinuro, celebrada la Ejecutiva del PP, nadie del gobierno dio la cara para rebatir las acusaciones de Bárcenas. Según estas, el PP parece un partido de chorizos y sus presidentes, el de antes (Aznar) y el de ahora (Rajoy) una pareja de granujas que llevan años trincando dineros públicos procedentes de la corrupción que su partido ha organizado presuntamente y de la que se ha beneficiado como si fuera una mafia. Nadie. Rajoy sigue escondido, escabulléndose por los rincones. Y los habitualmente gárrulos y chocarreros, Floriano o Pons, quedan por ahora en reserva. El momento es dramático. No hay lugar para payasos.

Así que el mando decidió que diera la cara la experta suma en embustes, Cospedal. La habilidad de esta para hilvanar mentiras con rostro de hormigón es célebre y, aunque, a veces, superada por el tamaño de sus embustes, se líe y suelte una sarta de necedades -como lo del simulado diferido- al hablar con el cinismo, la prepotencia y la soberbia de quien se cree impune, suele evitar males mayores. Como que la gente se obstine en saber cuánto lleva trincado en estos años Rajoy, el que no estaba en política por dinero, pero, según Bárcenas, se ha forrado a sobresueldos corruptos. Así que Cospedal ha salido a hacer lo que mejor sabe, tratar de engañar. Notable habilidad por la que, al parecer, llegó a cobrar tres sueldos simultáneos, sin contar los posibles sobresueldos en negro. Por algo la gente, que es redicha, la llama la bien pagá.

La bien pagá ha dicho que las afirmaciones de Bárcenas son mentiras y que las "mentiras no se documentan". Otra mentira, pues las de Rajoy ("cuando yo gobierne, bajará el Paro", "no tocaré la sanidad y las pensiones", etc, etc) están perfectamente documentadas y las de la propia Cospedal no solo documentadas sino, además, ahora refutadas y dejadas por lo que son: trolas, embustes, engaños, mentiras con los que esta señora llena las ondas de España. Sostiene la bien pagá que el PP es un partido transparente, con sus cuentas claras, auditadas públicamente y conformes con la legalidad. Olvidémosnos de la afirmación de que el PP haya hecho un striptease como ningún otro, expresión que suena a pitorreo dicha por una beata gazmoña, portacirios en las procesiones. Incluso es posible que no sepa qué es un striptease. A estos les pones un micrófono delante y, por no callarse, dicen cualquier cosa, como Floriano o Pons.

Vamos a la verdad: el PP lleva meses obstaculizando la acción de la justicia, negándole auxilio y ocultando pruebas. El juez Ruz -quien parece tomarse en serio a Bárcenas- pidió en febrero los papeles de la contabilidad del PP desde 1990. El partido respondió que no tenía obligación más que de entregar la de cinco años; luego que, además, no tenía papel alguno anterior a 2004 y por fin solo entregó la de ese año. Después ha resultado que la había desde 1995 y ahora se sabe que la hay desde 1990. Y no solo eso: un hacker anónimo de WikiLeaks la ha colgado toda en la red ¡desde 1990! El PP mentía; mintió al juez; a la opinión; a todos. Esa es la trasparencia de que habla Cospedal. El mismo juez pidió el libro de visitas dela sede nacional de ese partido -al que muchos consideran una cueva de ladrones- y se le respondió que las destruían todos los meses. O sea, se lo negaron. Más trasparencia, legalidad y auxilio a la justicia que, sin embargo parecen opacidad, ilegalidad y obstrucción de la justicia. Y es lo que es la bien pagá, por tanto, una embustera redomada.

También dice que tiene acciones judiciales personales contra Bárcenas. Sin duda otra mentira; quizá haya alguna demanda civil y erróneamente planteada a propósito para que no prospere. Pero ninguno de estos presuntos mangantes ha interpuesto querella alguna contra Bárcenas por injurias y calumnias. Ni el pretencioso y rimbombante Aznar; ni, por supuesto, Rajoy. Saben que si el juez tira de la exceptio veritatis quedan todos como presuntos chorizos, con fuertes visos de serlo. Es mucho mejor, piensa Rajoy, callarse como un cuco, dejar que pase el tiempo, que otros den la cara y a ver si se consigue salir de esta sin pasar por la cárcel.

Todo pura mentira, puro engaño, puro embuste de pillastres y mangantes. Con la contabilidad íntegra del PP en la red, todo este enorme artificio hecho de cinismo, latrocinio y abuso se ha venido abajo. Rajoy seguirá mudo y sin balbucear (como acostumbra con el resto de la lengua) el nombre de Bárcenas. La bien pagá es muy libre de no creer a Bárcenas ni sus propios papeles contables. Con el mismo derecho yo soy libre de creer a Bárcenas y esos papeles y de concluir que, mientras estos mendas no puedan demostrar fehacientemente lo contrario, su partido es muy parecido a una asociación de malhechores con el fin de delinquir, robando al pueblo español y enriqueciendo a sus dirigentes.

Pero voy más allá. Espero, porque es de justicia, que se revelen también los nombres de los periodistas comprados por el PP para defenderlo en las tertulias, los de los "intelectuales" que cobraban por ejercer de lacayos y esbirros de un poder corrupto. Es nuestro derecho conocer la realidad de esos granujas que salían en la tele y en la radio defendiendo lo que les ordenaban quienes los pagaban... con nuestro dinero.

Porque ese el quid de la cuestión y el que no puede pasarse por alto. Si el PP no fuera un partido político sino una asociación privada típica, si sus criados ideológicos hablaran desde medios estrictamente privados y no públicos, podrían decir todas las mentiras, estupideces y canalladas que quisieran. Pero el PP es un partido político que se financia sobre todo con fondos públicos y muchos de los medios en los que ladran los opinadores a sueldo del PP son públicos. Es decir, estos presuntos chorizos, mangan nuestro dinero, con él se forran personalmente y pagan a los menestrales.

Cualquiera animaría a Rajoy y resto de compinches a dimitir ipso facto. En los demás países europeos esas dimisiones serían firmes hace meses. Palinuro, no. Palinuro anima a Rajoy a seguir en el búnker, luchando por su pellejo político, a Cospedal a continuar mintiendo (y, de paso, pidiendo un aumento de sueldo pues los tiempos son duros), a los demás implicados a seguir llamándose andanas. Sigan así emperrados. La justicia continúa su curso y, cuando quieran darse cuenta, tendrán que cambiar la poltrona por el banquillo.

Se lo han ganado a pulso.

(La imagen es una foto de PP de Madrid, bajo licencia Creative Commons).

El innombrable ha hablado.


La bomba de Bárcenas es como un desesperado con un mechero en la santabárbara del buque. Ayer toda España fue una corrala con las primeras explicaciones-aclaraciones-acusaciones del ex-tesorero sobre sus antiguos cofrades. A tenor de lo dicho y transcrito en El Mundo, el PP lleva veinte años gestionando al modo más puramente mafioso sus ingentes caudales procedentes de donaciones millonarias de empresarios que luego recibían contratos suculentos de las administraciones públicas, con claro quebranto para la Hacienda pública. Los donativos se troceaban. Una parte iba a pagar los sobrecostes de las campañas electorales con el fin de burlar el Tribunal de Cuentas; y otra desaparecía en forma de sobresueldos o mordidas permanentes de la cúpula dirigente de la organización: presidente, secretario general, vicesecretarios y otros mandarines. De ser esto cierto, cabría considerar al PP como una asociación de malhechores. Porque de lo afirmado por Bárcenas hay dos conclusiones:

Primera: las elecciones han sido todas fraudulentas, viciadas de ventajismo. Las victorias electorales son ilegales y, en el fondo, todas las medidas de los gobiernos emanados de esas elecciones tramposas, nulas. Esa práctica corrompe de raíz el sistema democrático en lo que le quedare de tal.

Segunda: gran parte de los dirigentes del PP, gobernantes incluidos, el propio Rajoy incluido, han estado supuestamente cobrando sobresueldos altísimos de procedencia ilegal, mientras predicaban austeridad a sus compatriotas y les obligaban a practicarla con medidas restrictivas. Sobresueldos que se financian con los dineros que se sisa a esos compatriotas, al igual que cuantiosos y espléndidos regalos.

Hoy se reúne la ejecutiva nacional del PP. ¿No tiene nada que decir al respecto? ¿Nada que decir el gobierno? ¿Nada el presidente Rajoy?

No se sabe si habrá rueda de prensa. Pero, conociendo el percal de estos "servidores públicos" ya puede adelantarse que no dimitirá nadie (cuando debían hacerlo todos en bloque) y tampoco habrá explicaciones con el argumento de que el gobierno no interfiere en la justicia y las declaraciones lo son de un señor sin nombre como otro cualquiera. En verdad, no se sabe cuánto tiempo más podrá mantenerse una actitud tan cínica.

Bárcenas no es un señor cualquiera. Tiene nombre. Fue tesorero del PP nombrado y apoyado por Rajoy, está en la cárcel acusado de varios delitos, sabe de lo que habla y lo que dice deja a Aznar, Rajoy y demás dirigentes en una posición vergonzosa. Y no se hable de Cospedal, a la que atribuye el declarante haber ingresado en nombre propio o del partido una comisionceja de 200.000 € por una contratación ilegal. Si sus declaraciones se convierten en acusaciones, tendrán uno u otro valor probatorio. Pero alguno tendrán. ¿Puede seguir siendo presidente del gobierno una persona bajo sospecha de haber incurrido en una corrupción sistemática y prolongada en el tiempo? Por muy prescritos que estén los supuestos delitos, la respuesta es "no".

Por lo demás, tremendamente revelador, ¿cómo están las querellas contra Bárcenas de los dirigentes del PP? Se pusieron tremebundos, amenazaron con torva faz, pero ¿me equivoco si digo que no hay una sola querella del PP contra Bárcenas en los juzgados?

Y, asunto que apenas se trata pero es de gran interés público dilucidar: ¿quiénes son esos periodistas y comunicadores a sueldo directo del PP? Todo el mundo imagina sus nombres, apenas haya visto o escuchado unos minutos las intervenciones de algunos miembros de esta fiel infantería en los medios audiovisuales. Pero interesa conocerlos de cierto, así cómo cuánta era su mordida de fondos ilegales. Mas que nada para diferenciarlos de aquellos otros honrados que defendieran al PP por convicción y desinteresadamente. Que alguno habría y no hay derecho a pensar de él (o ella) que sea igual de mercenario y esbirro que los que trincaban los sobres.

El gobierno tiene que explicarse o dimitir.

La oposición tiene que exigir la dimisión del gobierno o dimitir ella misma.
 
Y las gentes tenemos que decir basta a este expolio y esta burla sistemáticos.

(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

En defensa de lo propio.

Alain-G- Gagnon (2013) Época de incertidumbres. Ensayo sobre el federalismo y la diversidad nacional. Presentación de José María Sauca Cano. Traducción de Luis Gómez Romero. Valencia: Tirant lo Blanch (239 págs.).

Habitualmente los comentaristas de libros, una tribu multinacional, concentramos nuestro quehacer en el contenido de las obras y, excepción hecha de los de arte, raramente atendemos a otros factores formales, como el título o su presentación. En este caso, sin embargo, es obligado, como se verá de seguido. El título trae inevitablemente a la memoria la célebre obra de 1979, de John Kenneth Galbraith, La era de la incertidumbre, como si quisiera enganchar con aquel estupendo fresco del siglo XX del economista gringo. El autor lo precisa con un subtítulo, "Ensayo sobre el federalismo y la diversidad nacional" que induce a cierto error porque no es un ensayo; son seis, independientes entre sí, escritos en momentos distintos y para audiencias muy diferentes. Cabe, sí, hablar de ensayo en singular porque, siendo el autor el mismo y los temas coincidentes (aunque con notables cambios de perspectiva y de escala), hay una unidad. La unidad del mosaico, cuyas teselas armonizan. El mismo autor que tampoco está tan seguro del título de forma que en su página de agradecimientos dice: "Hubiese podido titular este libro Regreso de España (Retour de l'Espagne), (p. 21) a su vez título de un cuadro que le impresionó mucho en una visita a Madrid. Queda claro, la incertidumbre empieza con el título y apunta de inmediato a otro elemento peculiar que hace de esta obra algo muy interesante: el autor.

Regreso de España. No Regreso de Catalunya, como hubiera sido de esperar, dado el carácter fuertemente nacionalista de la obra. Nacionalista quebequés pero con tantos lazos con Cataluña que cabría considerar al autor casi también nacionalista catalán. Y escocés; pero con menos bríos. El nacionalismo es muy internacionalista. Prueba de esta proximidad es la edición de la obra con un particular esmero. Trae una atinada presentación con semblanza del autor de un ilustre catedrático de la Universidad Carlos III, José María Sauca, quien también ha revisado la traducción del francés, a cargo de Luis Gómez Romero. Este mantiene una relación personal con el autor. El sueño de todo traductor: poder interrogar al texto traducido en su misma fuente. En verdad, la traducción es muy pulcra y está en lo que en internet se llama "español internacional standard", salvo por el par de simpáticos mexicanismos, que certifican la identidad nacional del traductor. Es obvia la intención de publicar un texto cuidado que sirva de presentación de la interesante doctrina de Gagnon en los temas que tanto apasionan en España y especialmente en el ámbito catalán puesto que la idea general (secundaria, pero siempre presente) es que hay paralelismos obvios entre la situación de Quebec en el Canadá y la de Cataluña en España. Tanto que, aunque se dice que se trata de una "edición española", no parece que haya una francesa. Es decir quizá sea una recopilación de artículos con tema unitario, recogidos aquí por primera vez y editados en español con el apoyo de la Generalitat de Cataluña.

En cuanto al autor, Gagnon es un académico muy activo en la vertiente práctica de aquello sobre lo que investiga y teoriza. Lo cual plantea la siempre apasionante cuestión de la relación entre teoría y praxis en las ciencias sociales. Esta dualidad epistemológica viene adobada con una adscripción ideológica de muy compleja naturaleza, el nacionalismo. Gagnon es un brillante politólogo canadiense, nacionalista quebequés. La complejidad del nacionalismo se echa de ver en que, aun siendo nacionalista el autor, si no ando errado, la palabra "nacionalismo" no suele aparecer en el texto. Es como si quisieran soslayarse las habituales disquisiciones teóricas sobre el concepto, dando por supuesta su validez. De lo que se trata es de ver cómo se puede conseguir que una comunidad nacional alcance su plenitud en un contexto democrático y federal. Es decir, se trata de un nacionalismo pragmático. Quienes consideren el pragmatismo inherentemente conservador deben recordar que el nacionalismo quebequés tiene ya cosechadas dos derrotas en sendos referéndums de independencia en 1980 y 1995 y, además, se mueve ahora, quiera o no, en el contexto de la Ley de claridad del Parlamento federal de 2000, basada en el dictamen del Tribunal Supremo de 1998.

Y no es solamente esta una poderosa diferencia entre el nacionalismo quebequés y el catalán que aún está por conseguir que España le permita hacer un referéndum de autodeterminación. Hay otra menos mencionada pero esencial dado el carácter comunitario, orgánico que late siempre en el fondo de todo nacionalismo: el nacionalismo catalán (y el escocés) carecen de contexto, de hinterland cultural. Sin duda, los catalanes pueden hablar de los països catalans, pero es un ámbito restringido, inmediato y todo él sometido. Igual con Escocia. El idioma gaélico, emparentado con el irlandés, no permite hablar de comunidad alguna. En cambio, el nacionalismo quebequés se sabe miembro de una comunidad supranacional, de una koiné, de la Francophonie. Y eso cuenta. ¿Cómo olvidar el repentino acicate que supuso el inesperado grito de De Gaulle en Montreal en 1967: Vive le Quebec libre!?

Que el nacionalismo, una ideología con fuerte componente sentimental, de pertenencia, raíces, comunidad e identidad, se hace presente en la prosa de Gagnon se observa cuando personaliza la acción institucional/nacional y afirma cosas como que Quebec quiere o pretende, obviamente refiriéndose a la nación. Pero, al tratarse de "atajos" en un discurso rigurosamente académico, dan a este mayor atractivo, pues lo sacan de lo meramente especulativo y lo relacionan con el contexto de conflicto en que se produce toda política. Los fundamentos son sólidos. Por la obra desfilan los comunitaristas como Walzer o Taylor, los filósofos políticos de la identidad colectiva, como Kymlicka y los patriarcas del pensamiento liberal, al estilo de Isaiah Berlin, cuya celebérrima distinción sirve a Gagnon para fundamentar su interesante disyuntiva integración/habilitación (pp. 116/130). Por tanto, puede desplegarse el espíritu práctico. Es el que lleva al autor a reproducir el texto del editorial conjunto de doce periódicos catalanes publicado el 26 de noviembre de 2009 en defensa del Estatuto de Autonomía (con la mención de Cataluña como nación), titulado La dignidad de Cataluña. Gagnon obviamente opina, al igual que Palinuro, que el compromiso político concreto del autor no tiene por qué dañar su discurso si este es riguroso y refleja una genuina búsqueda de la verdad desinteresada. El nacionalismo a veces ciega en este segundo aspecto; pero no es el caso con nuestro autor. Al contrario.

Los trabajos reunidos en el libro son muy interesantes porque mezclan la especificidad quebequesa en el Canadá (naciones minoritarias vs. naciones mayoritarias) con conceptos universales lo cual da mejor perspectiva. Así se trata la diversidad lingüística en los contextos pluralistas, con una referencia concreta negativa a la sentencia del Tribunal Constitucional español sobre el estatuto en materia lingüística (p, 72). El capítulo sobre globalización y regímenes de ciudadanía es especialmente ilustrativo. En concreto, al relacionar la globalización con la multinacionalidad se abren posibilidades nuevas, como esa "ciudadanía concurrente" que el autor propone (p. 83). Hay aquí una búsqueda del concurrir quebequés que fluye en meandros. Lo ideal es el modelo intercultural, que el gobierno canadiense rechaza (p. 96); la única vía es el federalismo multinacional (p. 97), para lo cual es preciso profundizar en la constitución informal (p. 98)y contar con una ciudadanía activa (p. 106). Puedo pasar la constitución informal, que suena a constitución material, pero lo de la "ciudadanía activa", lo confieso, me produce algún temor por atisbarse detrás una actitud de movilización política de carácter ideológico que puede ir por cualquier lugar.

Lo esencial del objetivo de Gagnon para Quebec y, también Cataluña, es la habilitación, eso que otros menos pulcros, traducen como "empoderamiento". La autonomía no es suficiente; se precisa la habilitación (p. 158). Habilitación ¿para qué? Sospecho que la respuesta a esta pregunta es: "para todo". Resulta lógico con la aspiración de toda nación a ocupar un sitio de igual en un mundo de iguales. Resulta asimismo lógico que se proponga la vía pactista para articular la federación (p. 174) y que, esta, a su vez, sea una Federación de Tratados (p. 192), aunque cueste distinguir esta federación de una confederación; incluso de un órgano de problemática definición, como la UE, a la que Gagnon dedica una interesante referencia.

Es época de grandes incertidumbres, concluye el autor (p. 199), y por eso hay que articular una política de la dignidad y de la hospitalidad.

Sí, señor: la hospitalidad general kantiana, primer rasgo de la República mundial basada en la ciudadanía universal, seguramente la más concurrente.