divendres, 21 de setembre del 2012

¿Qué pasa en el PSOE?

El PSOE ha hecho una encuesta interna acerca de asuntos de importancia vital tanto para él en cuanto partido como para el sistema político español, del que es pieza esencial. Los resultados pueden verse aquí y resultan muy ilustrativos. Para empezar, Palinuro subraya que las conclusiones que cabe extraer del estudio es lo que él lleva diciendo hace meses, cosa fácil de comprobar yendo al buscador del blog y poniendo PSOE. Ahí podrá verse cómo los socialistas llevan diez meses casi en estado de trance, después del batacazo que se dieron en las elecciones de 20N. ¿Se merecía el PSOE un resultado tan malo? Probablemente no, sino que la derrota fue un varapalo en el que estos pagaron por los errores propios y por los del todo mundo. Pero el caso es que fue como fue y, en diez meses de oposición ya debiera haber dejado atrás la amargura de la derrota y perfilado un oposición eficaz, sobre todo teniendo en cuenta que si su último gobierno fue equivocado y  malo, el que puso en marcha el PP es muchísimo peor; si el suyo tomó alguna medida impopular, el del PP ataca directamente al conjunto de la sociedad y solo favorece a los ricos y los curas.
Desde las elecciones, el PSOE está enfrentado a un gobierno que no ha hecho más que mentir, insistir en las mentiras, negar los derechos de la gente y empobrecerla con medidas erróneas y justificadas con tal estulticia por cada uno de los ministros que cabe dudar seriamente si sumando todos los que componen el consejo de ministros sale un inteligencia media, aunque sea moderada En teoría la oposición a este desastre debería ser sencilla. Sin embargo, aunque los sondeos (los privados y los del CIS) coinciden en señalar una caída en picado del Gobierno del que muy pocos se fían y del prestigio y popularidad de sus miembros, todos ellos bajo mínimos y muy justificadamente, las fortunas del PSOE no son mejores. Mes tras mes cabe ver cómo se hunden la expectativas electorales del PP pero también cómo las del PSOE no mejoran sino que, al contrario, si acaso descienden. Cabe ver igualmente cómo si los españoles desconfían mayoritariamente de Rajoy aun lo hacen más de Rubalcaba. 
Sin embargo, la dirección del PSOE no parece preocupada por esta situación y, al contrario, da la impresión de creer que el juicio popular está errado o, en todo caso, es impaciente; que bastará con esperar para ver cómo la actitud del partido, aunque ahora no se comprenda, dará sus frutos. Tal fue el discurso de Rubalcaba en su entrevista en la TVE1: comprende las críticas a su actitud pero está convencido de que su oposición responsable es la más adecuada y que llegará un momento en que se vea y se le haga justicia.
Es posible pero, de momento, lo que la encuesta interna del PSOE muestra es todo lo contrario. Y esta encuesta no es entre la gente de la calle, sino que refleja la opinión de la militancia. Y los resultados son patentes: la mayoría cree que la oposición que hace el PSOE y Rubalcaba en concreto, es mala o muy mala, como malos o muy malos juzga los demás aspectos de la política del PSOE, desde la democracia interna hasta la composición de los órganos del partido. Es decir, las bases del PSOE, al igual que la gente de la calle, creen que el PSOE está metiendo la pata, que su dirección está equivocada y que Rubalcaba no solamente no está haciéndolo bien como secretario general del PSOE sino tampoco como posible candidato a la presidencia del gobierno. Los militantes prefieren a Eduardo Madina, a Carme Chacón, a Tomás Gómez, prácticamente a cualquiera antes que a Rubalcaba. Cuestion digna de reflexión. 
¿Cómo es esto posible? En opinión de Palinuro porque Rubalcaba y la actual dirección padecen un defecto de visión muy conocido. Al ser continuidad del gobierno anterior, porque algunos de ellas fueron ministros o altos cargos (y otros, como el mismo Rubalcaba de muchos otros gobiernos anteriores al anterior) tienen vicios de funcionamiento, rutinas e inercias de las que no pueden librarse. Aplican las fórmulas que les resultaron en el pasado solo para comprobar que ahora no funcionan y no entender por qué, con lo cual cada vez son más pintorescos en sus actuaciones. 
La "oposición responsable" de Rubalcaba es un conjunto de actitudes como la prudencia, la ponderación, la moderación, el sentido del pacto, los acuerdos de Estado, el respeto al adversario, etc, que le dio muy buen juego al PSOE en las elecciones de 2004 porque permitió que la gente eligiera entre ese talante educado, moderado, pactista, con sentido de Estado y respetuoso con los adversarios de Zapatero y la bronca permanente de unos gobernantes agresivos, embusteros, insultantes, fracasados, intolerantes y que habían metido al país en una guerra abyecta y criminal.
Pero hoy la situación es muy otra. No porque los gobernantes de hoy no sean igual de agresivos, embusteros, intolerantes y ultrarreaccionarios que los otros. Lo son y más, hasta llegar materialmente a la estafa. Pero lo que hoy importa no es eso sino la crisis que ha caído sobre el país como una plaga bíblica, azota al conjunto de la población y este tiene bastante con ver cómo sobrevive en vez de ocuparse de lo que dicen y hacen los gobernantes. Da por descontada la inercia y el disparate de un gobierno nacionalcatólico, más preocupado por los preservativos que por el PIB y agradecerá que se le diga que hay un plan alternativo para salir de la crisis en socialdemócrata, es decir, por la izquierda. De eso de proponer soluciones, ideas, planes es de lo que ha de ocuparse el psoe y no de si el personal observa la diferencia que hay entre los jayanes y meapilas del gobierno y los eficaces gestores de la izquierda.. 
Carece de sentido reproducir el estilo de oposicion de 2000 a 2004 en las condiciones actuales. Sin embargo, es lo que Rubalcaba hace: dar una respuesta inercial, rutinaria, equivocada a una situación que no parece entender. Eso es lo que detecta la gente de la calle en las encuestas, lo que viene diciendo Palinuro hace meses y lo que, por fin, le ha dicho la militancia a la dirección. Sana decisión de la militancia que es de esperar tenga respuesta.
No corresponde a Palinuro decir a nadie lo que tenga que hacer pero está claro que la dirección del PSOE tiene que dar respuesta al contundente mesaje de su propia militancia. En concreto, despertar y actuar de forma tal que los españoles puedan confiar en una alternativa socialdemócrata real (que no se improvisa) que los libere de la desgracia que padecen en 2016.

Sempiterna España.

Ya hemos conseguido meternos en otro lío de identidades, conllevancias, separatismos, agravios, centralismos. Ya estamos de nuevo discutiendo sobre la Constitución, los estatutos, la planta territorial del Estado, el federalismo y los reinos de taifas. Ya están las naciones del solar patrio a gritos a la salida de misa sobre si son una sola o varias y si la una reprime a las demás (empezando por no reconocerlas y terminando por querer aniquilarlas) o las demás tienen perpetuamente chantajeada a la una con la amenaza permanente de la secesión, que les produce magníficos dividendos.
La Constitución de 1978, incluye diversos asuntejos, como la monarquía, los derechos y libertades, el sistema electoral, etc, pero su razón de ser última es la organización territorial del Estado en Comunidades Autónomas, el célebre y celebrado título VIII y su capítulo III. Las CCAA, un hallazgo semántico para evitar el término "naciones" y el de "regiones", han funcionado en teoría en los últimos 34 años, a trancas y barrancas, y con sobresaltos permanentes. Pero presentan notables carencias y disfunciones. La más notoria la perfecta inadecuación del Senado a la que debiera ser una cámara territorial. Y sobre todo, con un cuestionamiento sistemático de horizonte independentista en el País Vasco y Cataluña.
La derecha se parapeta en la Constitución, aunque algunos diputados de Alianza Popular (la matriz del actual PP) votaron en contra de ella y otros se abstuvieron. Hoy, en cambio, toca defenderla a modo de tope o límite. Por eso Rajoy dice que "no" a todo lo que, a su entender, no cabe en la Constitución, especialmente ahora el pacto fiscal que Mas traía en el cabás. Ha sido un episodio Ibarretxe II acelerado. De vuelta a la Marca Cataláunica, recibido con aplausos por los seguidores de la Asamblea Nacional de Cataluña, Mas adquiere rasgos de Moisés y medita si llevar a su pueblo a la tierra prometida, liberándolo de la tiranía del faraón español.
Para no faltar en nada al cuadro histórico redivivo, ha tomado la palabra un espadón advirtiendo de que la independencia de Cataluña es imposible, por las buenas o por las malas.
Los militares tienen encomendada la defensa de la integridad de España por el artículo 8 que consideran sagrado, pero están obligados a matizar ese culto sacrosanto recordando que es el gobierno el que determina la política civil y militar y la defensa del Estado (art 97). Según prevalezca una u otra querencia, tendremos un ejército mas o menos intervencionista. Pero tenemos un ejército intervencionista.
En estas condiciones, se exacerba el nacionalismo catalán. Después del revolcón de la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto han venido los tiempos duros de la crisis que han agudizado la conciencia catalana de expolio y trato injusto. La Diada de este año ha puesto a todo el mundo sobre aviso de que algo gordo está cociéndose en la opinión del Principado y, por aprovechar la fuerza de la ola, los nacionalistas han pisado el acelerador.
La respuesta de "Madrid" (esto es, del gobierno del PP) es "no". La Constitución es el límite. Y, si Mas cae en la tentación de mover algún tipo de consulta de fines territoriales conviene recuerde que el último gobierno de Aznar estaba tramitando una reforma del Código Penal para convertir en delito la convocatoria de referéndums ilegales.
Quienes sostenían que Zapatero rompía España y que con ellos eso no pasaría se encuentran con una crisis secesionista de gravedad y no saben cómo resolverla. Lo que Rajoy tildó de algarabía se convirtió en días en un estruendo tan atronador que no puede ignorarse ya. Cataluña demuestra en la práctica que está en situación de imponer una política de aeque principaliter que la Constitución y su guardián no le toleran.
El secesionismo se ha extendido mucho en Cataluña y todos saben que el único modo de traerlo de nuevo al estatu quo es haciéndole concesiones precisamente en la dirección que alimentará la ruptura del estatu quo. 

He resaltado en rojo la noticia sobre el nuevo caso de presunta corrupción municipal en Galicia a cargo esta vez de un alcalde socialista. Ahora se verá si es cierta esa afirmación de que la corrupción enoja más contra su propio partido a la izquierda que a la derecha. Lo comprobará el PSG en sus costillas. La corrupción, por lo demás, es el cáncer de la democracia.

dijous, 20 de setembre del 2012

El discurso mirífico de Anguita.

Orwell se quedó cortísimo. La neohabla de "la paz es la guerra" o "la verdad es la mentira" se ha generalizado después de 1984. Véase la manifiesta intención de Anguita de conseguir la unión de la mayoría de los ciudadanos , para evidenciar lo cual ha creado una nueva organización, el Frente Cívico. Por supuesto, decir que se busca la unión aumentando para ello la desunión y el fraccionamiento es pura neolengua.
- En absoluto, caballero- responde Anguita- nuestro Frente Cívico es ya una mayoría, lo que sucede es que aparece desunida y, precisamente como punto de unión, como puente, proponemos nuestro Frente Cívico. De esa manera se recoge la mayoría que existe pero no está homogeneizada.
Homogeneizada. Que cada cual diga a qué le suena esta palabra. Lo diré yo: mayoría homogeneizada. Los pelos como escarpias, ¿verdad? Tomándolo por el lado benévolo, esa mayoría querrá ser la alternativa a la mayoría silenciosa o la muchedumbre solitaria. Querrá ser lo que quiera ser pero mayoría homogeneizada suena tan mal que es preferible no ser mayoría.
Sabedor de este inconveniente, Anguita fortalece sus cimientos y la mayoría se convierte en inmensa mayoría. Si lo entiendo bien, su Foro Cívico aspira a aglutinar a la inmensa mayoría de la sociedad. ¿Hay aquí una reminiscencia de algún movimiento nacional o es una suposición maliciosa?
Desde luego, hablar en nombre de la inmensa mayoría es hacerlo con gran autoridad moral. No veo que sea necesario recurrir a la fuerza. Sin embargo, el leninismo siempre latente en Anguita le hace decir que quiere entrar imponiendo la fuerza" política al resto de formaciones. "Y no le extrañe, caballerete", sigue diciendo la sombra de Ulianov mientras se pierde en la oscuridad, "al fin y al cabo,la política es relación de fuerzas". Siempre que se menciona el concepto básico de la Realpolitik, esto es, la fuerza, el poder, la violencia (que todo es uno), lo que se está diciendo es que esa fuerza política se impondrá por la fuerza, no por el voto. En ningún momento dice Anguita que su Foro Cívico vaya a presentarse a elecciones pero, desde luego, una vez se haya impuesto esa inmensa mayoría homogeneizada, el movimiento ciudadano elaborará un programa (Anguita y el programa es una vieja simbiosis) que deje a un lado las ideologías.
Primero te homogeneizan, después te ahorman en una "inmensa mayoría" y luego te piden que dejes a un lado la ideología. No sé si queda alguien en la sala pero vamos a peor.
Verdad es que Anguita se apresura a sustituir la fementida ideología por el desarrollo de un proyecto basado en la Declaración de los Derechos Humanos y documentos como la Carta Social Europea o la Carta de los Derechos Laborales. Asuntos dignos y nobles, sin duda alguna, pero ¿puede explicar Anguita por qué sea necesario hacer a un lado la ideología para ocuparse de ellos con la dignidad y la nobleza que requieren?
Aclara Anguita que el fin último de este empeño así concebido, del 'Somos Mayoría' sería la justicia social, la democracia, la ética y la cultura, objetivos que solo los cantos rodados del lecho de los ríos dejarán de suscribir. Para conseguirlos, el excoordinador general de IU considera legítimo el recurso a la desobediencia civil. Eso está muy bien, es un gran avance pues antes se invocaba la indefectible llegada de la revolución. La desobediencia civil es una actitud moral, respetuosa con la legitimidad y la legalidad del sistema pero que, por por razones de conciencia, objeta a una norma concreta, considerada inicua y la incumple públicamente aceptando a continuación la sanción que lleve aparejada ese incumplimiento. Eso jamás será un delito, aunque haya legisladores dispuestos a convertirlo en tal. La desobediencia civil no se realiza en su sola voluntad sino que ha de decir públicamente qué norma o normas se incumplen por razones de conciencia. En España, ahora, ¿cuáles serían estas?
Termina Anguita su alegato en pro de la nueva alternativa de la acción social de la izquierda sugiriendo que hay que luchar para no estar sometidos a la voluntad del azar, que es el mercado. Un viento gélido vuelve a soplar por el escenario: ¿hay un orden imaginable en el que los seres humanos no estemos sometidos no a la "voluntad del azar" (que es expresión redundante) sino al azar sin más? Puede ser si está compuesto por una inmensa mayoría homogeneizada que haya dejado de lado la ideología. Y ¿cree Anguita que esa sea una oferta de futuro atractiva para mucha gente? Ayer estaban escuchándolo 250 personas, según la prensa, y a su organizacion se han adherido 20.000 en España y en el extranjero.
Para finalizar: la carrera de Anguita está llena de emociones. Ayer, precisamente, mientras él lanzaba su Frente Cívico, fallecía Santiago Carrillo, compañero/adversario suyo en tiempos. Es posible que sea por un descuido mío o mi incompetencia a la hora de buscar, pero no he visto que Anguita haya hecho declaración alguna al respecto. Desde luego, perdió la oportunidad  en la presentación de su Frente y, que yo sepa, solo consta que un "tajante" Anguita respondió telefónicamente a una pregunta de El Imparcial que Carrillo Ha sido un referente en la historia de España. Vale, un referente pero ¿cómo? ¿Como Beltrán de Duguesclin o como Guzmán el Bueno? Porque en la historia hay todo tipo de referentes. Para lo bueno, para lo malo y para lo ni fu ni fa.

dimecres, 19 de setembre del 2012

Borboneo.

La Casa Real acaba de inaugurar página web en casareal.es cuya interfaz está en captura a la izquierda. Enhorabuena a Palacio en donde, como se sabe, las cosas van despacio. A paso de tortuga. Una página web en 2012 ya tiene mérito. De todas formas, como tiempo han tenido, no está mal: sobria, elegante, recatada. No se quiere transmitir idea de oropel o boato sino de cercanía, cotidianidad y amor por la familia, firme promesa de perennidad de la institución.
En cualquier caso, enhorabuena, ya puede la Real familia comunicarse con l@s ciudadan@s directamente, sin cortapisas. Así, la salida al aire de la Real Web (o Real Red o Royal Web, para unificar idiomas) ya trae una carta del Rey se entiende que a todos los españoles. ¿Y qué dice el Borbón? Exactamente lo que el gobierno quiere que diga y, además, con sus mismas palabras. No es la primera vez que el gobierno se vale del Rey para apuntalar su política de partido. Hace unas fechas Rajoy llevó al Monarca a presidir el consejo de ministros en que se aprobó la orgía de recortes y cercenamientos, con lo que le cargó con parte de la responsabilidad.
Y ahora aparece el Borbón hablando como si fuera el gallego. Es sorprendente. La derecha parte del principio de que las instituciones y símbolos del Estado están al servicio de su ideología. Así que el Rey recorta y el Rey avisa a las tribus de vascones y cataláunicos de que no persigan quimeras. Por si esto fuera poco, suena el toque viril del cuartel en la voz del teniente general retirado Pedro Pitarch de que La independencia de Cataluña es impensable, ni por las buenas ni mucho menos por las malas. ¿Queda claro? Aviso de que el ejército español no ha ganado una sola guerra internacional en trescientos años; pero las guerras contra su propio pueblo las gana siempre.
Oído el Rey y oído el espadón, si quieren los lectores nos ponemos a hablar de cómo se presenta la cosecha de vino este año.
¿Que no? ¿Que queremos seguir hablando de política? Pues nos la estamos jugando porque ya está claro que la Corona ha tomado partido, el partido del remo. Esa expresión de remando a la vez es del vademécum de los propagandistas de la derecha. Igual que ese futuro de Europa y de España, que no se le cae a Rajoy de la boca. Pero lo más preocupante es el caveat que viene a continuación, cuando nos enteramos de que lo peor que podemos hacer es dividir fuerzas, alentar disensiones, perseguir quimeras, ahondar heridas. Las quimeras del Rey, siempre más culterano, equivalen a la algarabía de Rajoy, algo más vulgar. Y lo de ahondar las heridas en un país en el que decenas de miles de sus hijos yacen asesinados en las cunetas para desconsuelo de sus allegados suena a real metedura de gamba o habitual destemplanza de Rajoy. Y ¿en nombre de qué hay que remar juntos, y dejarse de quimeras y rencillas? En nombre de un ente que la carta real designa como Transición Democrática, así con las dos mayúsculas del Te Deum, una TD entronizada en una perfección inamovible.
Tengo la impresión de que esa carta, escrita al dictado del gobierno, es un golpe duro a la legitimidad de la Corona por cuanto esta aparece involucrada en un conflicto político y de un modo sorprendentemente represivo, prohibitivo. Dice el Monarca que no son tiempos para escudriñar esencias. No sé qué entenderá Juan Carlos por "escudriñar" pero, sea lo que sea, la pegunta inmediata es: ¿por qué no? ¿Porque lo dice él? ¿Y quién es él para determinar qué hagan las gentes con sus esencia? Porque escudriñar en las esencias es fundamental en la conciencia de todo nacionalismo, incluido el español.
En resumen, la carta es una nueva muestra del error de la dinastía, el borboneo, esto es, el compadreo entre la Corona y el gobierno. Si al resurgir del borboneo añadimos las amonestaciones militares, el cuadro que empieza a emerger de España en estos momentos es preocupante. Es de suponer que, por muy de derechas que sea, el gobierno hará respetar la supremacía del poder civil. Pero el borboneo, la interferencia del Rey en la política, todavía es peor. Casi merece más la pena que el monarca se vaya de safaris, aunque se caiga.
(La imagen es una captura de la página web de la Casa Real, casareal.es).

dimarts, 18 de setembre del 2012

Carrillo o la biografía del comunismo.

La larga vida de Santiago Carrillo, fallecido hoy a los 97 años, con más de ochenta ininterrumpidos dedicados a la lucha política en la izquierda, condensa y en gran medida explica en su trayectoria la historia toda del comunismo en el siglo XX. También la de la izquierda en general. Y la de España en particular. Pero aquí hablaremos del comunismo porque Carrillo representa los avatares de este y le da un sentido que los propios comunistas son reacios a admitir.
Hijo de Wenceslao Carrillo, militante del PSOE el adolescente Carrillo se apuntó a las Juventudes Socialistas, de las que fue secretario general allá por 1936. Luego de un viaje a Moscú consiguió fusionar las juventudes socialistas con las comunistas para formar las Juventudes Socialistas Unificadas que se declararon comunistas bajo su dirección, un hurto de militancia que los socialistas tardarían decenios en perdonarle. Hacia 1937 ingresó en el PCE, en el que causó baja medio siglo después. En el ínterin fue nombrado Consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid y es en esta su condición cuando se producen las famosas matanzas de presos de derechas en Paracuellos de Jarama y Torrejón de Ardoz de las que el franquismo y sus epígonos al día de hoy (César Vidal, Pío Moa, etc.) lo acusan directamente. Él siempre lo negó y las pruebas no son concluyentes en uno u otro sentido.
Al perder la guerra Carrillo parte al exilio en donde estaría 38 años, casi siempre en Francia y ocasionalmente en algún otro país como la URSS. Su vida estaba plenamente dedicada al PCE a cuya secretaría general accedería en 1960 en substitución de Dolores Ibarruri. Desde entonces se dio una simbiosis total entre el PCE y su secretario general que lo fue durante veinticinco años.
Desde su juventud Carrillo fue un hombre en perfecta sintonía con los soviéticos, cultivó el espíritu bolchevique y fue un estalinista convencido. Persiguió a los trostkistas y "titoístas" del PCE por directo impulso de los rusos y, cuando Kruschef leyó su famoso informe secreto en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética denunciando los crímenes de Stalin, Carrillo fue uno de los primeros en "desestalinizarse" y en perseguir y depurar a los estalinistas del partido, antiguos aliados suyos. Lo esencial para él era seguir la "línea correcta" que era indefectiblemente la soviética.
Con tanto giro uno se inclinaría por calificar al politico asturiano de inconstante y veleta. Pero eso sería no haber entendido nada de la peculiar idiosincrasia del comunismo, en concreto, el directo heredero de Lenin que requiere obediencia tan ciega del militante a las directrices del partido que es difícil hacer a aquel responsable de sus actos. Carrillo fue estalinista porque su partido lo era y fue luego antiestalinista porque su partido también lo fue pero siguió aplicando las mismas formas autoritarias, de ordeno y mando del más puro estalinismo. Así, cuando en 1964 se produce el choque con Fernando Claudín, Jorge Semprún y parte importante de la militancia de Madrid, sobre todo intelectuales como Javier Pradera, no lo duda mucho y expulsa a los disidentes, aunque, como diría luego Claudín en su relato de los hechos, solo para apropiarse de sus tesis y cambiar el rumbo del PCE, del que seguiría siendo el señor absoluto.
Por aquel entonces era yo un bisoño escindido del PCE y miembro de un incipiente partido comunista "prochino" que consideraba a Carrillo un "revisionista" y una especie de monstruo a sueldo de la GPU y la CIA al mismo tiempo. Un par de meses después había yo abandonado para siempre toda militancia política partidista, mientras que él siguió siendo el jefe incuestionable de los comunistas españoles. Cuando, mucho más tarde, tuve ocasión de conocerlo personalmente vi un político de gran valía que se esforzaba por dar fundamento teórico y doctrinal a sus frecuentes intuiciones políticas y mantuve una relación esporádica con él: me parecía un hombre inteligente, con sentido del humor y una gran ambición personal que lo había llevado a mantener vivo el espíritu optimista de los que le rodeaban haciéndoles esperar el pronto fin de la dictadura y el ansiado regreso a casa durante casi cuarenta años.
Carrillo fue de los primeros en darse cuenta de que los partidos comunistas occidentales estaban condenados a la inoperancia política mientras siguieran siendo meras sucursales de la URSS. Por eso empezó a despegarse de ella cautelosamente a raíz de la invasión soviética de Checoslovaquia y, hacia 1977, ya había desarrollado su nueva propuesta estratégica llamada Eurocomunismo y a la que consiguió sumar a los comunistas italianos y franceses, aunque estos más a regañadientes. En 1977 fueron también las primeras elecciones generales democráticas en España tras la muerte de Franco. Era yo en aquellas fechas catedrático contratado de Derecho Político de la Universidad de Oviedo y lo llamamos a dar una conferencia en el curso de la campaña. Pude así conocer la doctrina eurocomunista de primera mano y me hice de ella la misma idea que tengo ahora: un intento de los comunistas de renegar de su pasado revolucionario y aceptar el ideario socialdemócrata que siempre habían tildado de traición en los socialistas, pero prescindiendo de estos. Le dije entonces, y sigo pensándolo, que el proyecto estaba condenado a la nada porque, para socialismo democrático ya estaban los socialistas y no creía que los comunistas se salieran con la suya de desplazarlos para ocupar su lugar. Igual que tampoco creo ahora que los intentos al estilo syriza lo consigan. La hegemonía comunista en estos movimientos los llevará siempre a la minoría y a la derrota.
Desde entonces volví a encontrarme a Carrillo en diversas ocasiones, con frecuencia en programas de televisión (recuerdo uno especialmente emotivo con el ya fallecido Fernando García Tola) y actos de la izquierda. Y pude seguir su trayectoria personal que, en mi opinión, repito, reproduce la del comunismo.
Con motivo de la transición, Carrillo da el paso eurocomunista decisivo y acepta la monarquia juancarlista (él, que había vaticinado que Juan Carlos sería conocido como Juan Carlos el breve ) y la bandera rojigualda a cambio de su legalización. Esta decisión generaría la crisis en el PCE que ocho años después ocasionaría su caída. Carrillo estaba convencido de que, si no se adaptaba a los nuevos tiempos, si no se comprometía con la democracia, nunca sería la fuerza hegemónica electoral de la izquierda y a este objetivo estaba dispuesto a sacrificarlo todo hasta que acabó con el partido mismo. No se percató de que todos sus esfuerzos de actualización, modernización, democratización y homologación del PCE no servirían de nada mientras él, el viejo luchador de la guerra civil, siguiera siendo el secretario general. Era literalmente absurdo que el partido que se presentaba con un programa de reconcialiación nacional, olvido del pasado, mirada al futuro, fuera el único dirigido por un hombre de la guerra que no podía competir en nuestra sociedad mediática con la juventud de un Suárez, un González y hasta, si se apura, un Fraga, que parecía y era más lozano que él.
Pero si Carrillo se iba para que el PCE ganara, hacía añicos su esperanza de alcanzar la hegemonía y, al final, se mantuvo en el puesto y, en las elecciones de 1982 fue prácticamente barrido en las urnas, lo que le costó la secretaria general y cuatro años más tarde, la militancia en el partido. Políticamente, comprensible; personalmente, una tragedia. Carrillo había mostrado su coraje y su valor cuando, conminado a arrojarse al suelo del Congreso por los matones de la Guardia Civil, subfusil ametrallador en la mano, mantuvo su dignidad y, con ella, la de toda la izquierda, negándose a obedecer, quedándose sentado y encendiendo un cigarrillo. Tampoco obedecieron Suárez ni Gutiérrez Mellado pero, con todos los respetos a estos dos últimos (todo el episodio es narrado en el fabuloso libro de Javier Cercas sobre el golpe) el que allí tenía realmente algo que perder, la vida, sin ir más lejos, era Carrillo. Solo por ese gesto conservo hacia Santiago Carrillo una admiración y un cariño que me durarán mientras viva. 
Carrillo fue de los primeros también en darse cuenta de que el comunismo como experimento social había fracasado y, cuando salió del PCE, fundó un grupúsculo (me acuerdo de que él nos llamaba a los prochinos, trostkistas, etc "grupúsculos" en los sesenta) que no tuvo ninguna fortuna electoral y cuyos miembros, casi todos, pasaron al PSOE. No así el propio Carrillo que tuvo la elegancia de mantenerse al margen y no regresar en la vejez al partido del que se había separado siendo joven por más que su razón y su interés, le hacían ver que era lo más lógico y lo más razonable. Pero él, hombre de convicciones, no quiso ceder. Estaba convencido de que el comunismo había concluido su ciclo vital y ya no tenía sitio en Occidente, pero él decidió conservar su libertad e independencia y así se mantuvo la dignidad de un hombre que había luchado toda su vida por una causa que la experiencia de la vejez le mostró errónea.
La última vez que hablé con él fue a comienzos de este año, en la fiesta de El Siglo. Estaba sentado en un margen de la agitada y bulliciosa sala del Meliá Princesa, contemplando aquella vida palpitante. Me encantó saludarlo. Se levantó, me miró a los ojos y yo vi en los suyos esa chispa llena de inteligencia y complicidad que siempre he intuido manteníamos sin necesidad de formularla: la de quienes piensan que es grande echar el resto en la lucha por una causa en cuyo triunfo final uno no cree. 
Santiago Carrillo simboliza el auge, dominio, decadencia y hundimiento del comunismo occidental en el siglo XX . Pero su vida tiene el valor infinito de la de un hombre que ha luchado por un ideal. Rara especie.
(La imagen es una foto de Xabeldiz, bajo licencia Creative Commons).

Rubalcaba.

Todo el mundo recuerda el único debate cara a cara en la tele entre Rajoy y Rubalcaba en las pasadas elecciones. Todo el mundo, también, dio por ganador a Rajoy. Luego hemos sabido que el ganador, en realidad, se había dopado, lo que en política significa haber largado una sarta de embustes luego demostrados como tales. Pero como aquella no suele ser campo de juego limpio, los casos de dopaje no solamente no se sancionan sino que se aplauden. Para las crónicas: Rajoy quedó ganador y el infeliz Rubalcaba -que no daba crédito a sus oídos- añadió cuatro puntos negativos a los once que ya le llevaba su contrincante.
Bueno pues cualquiera pudo ver ayer que el ganador de este segundo duelo en dos tiempos ha sido de modo rotundo, palpable, Rubalcaba. El secretario general del PSOE tiene muy poca prestancia de imagen, es esmirriado y como desvaído y, a pesar de todo, cautiva al auditorio porque habla como las personas normales, con conceptos claros y precisos que todo el mundo entiende, sintetiza muy bien, es pedagógico y tranquilo, tiene ideas, interpreta las cosas de forma que uno puede o no estar de acuerdo pero son interpretaciones valiosas. En definitiva, es un politico europeo que va a lo real, cotidiano, práctico, pero sin perder de vista la ideología y la visión de Estado, suprapartidista.
Ahora den la vuelta a la moviola y vean de nuevo la entrevista a Rajoy en idéntico formato hace ocho días. Lo del "idéntico formato" es esencial porque, al guardarse exquisitamente la igualdad de trato (mismo plató, decorado, periodistas, situación respectiva y régimen de intervenciones) el contorno desaparece y quedan en primer plano, dejados a sí mismos, los dos intervinientes bajo la cruda luz de los focos. Y la diferencia es abismal. Rajoy tiene un aire de tribuno decimonónico con cierta prosopopeya y actitudes de patricio, pero no conozco a nadie que sea capaz de señalar los contenidos de sus intervenciones; probablemente ni él mismo. Obligado a defender la absurda teoría de que hacer lo contrario de lo que se prometió es lo correcto, todo su discurso es confuso, impreciso, lleno de lugares comunes y perogrulladas. Eso sí, dichas con el aplomo del maestro Ciruela. Sus explicaciones nunca son completas, sus interpretaciones, oscilantes. Se pierde en divagaciones y se recupera repitiendo latiguillos del tipo de lo fundamental, crecer y crear empleo, con la misma unción con que los creyentes entonan el On mane padme hum. Nadie sabe si va a pedir el rescate o no y, entretanto, la prima de riesgo vuelve a subir, como se ha venido avisando los últimos días.
Gobernar es más difícil que hacer oposición, dijo ayer Rubalcaba. A la vista ha quedado comparando las dos entrevistas. Él sabe hacer oposición responsable, según le gusta subrayar, pero Rajoy no sabe gobernar y España se le está yendo de las manos, una sensación que cada vez comparte más gente. Tiene cintura el socialista; acuña expresiones certeras como venablos.
Rubalcaba reconoce que su estilo de liderazgo es cuestionado aquí y allá en su partido y Palinuro, poco dado a componendas lo ha criticado siempre que pensó que debía hacerlo. Sigue pensando Palinuro que Rubalcaba tiene muy difícil la tarea de reconstrucción y le parece muy bien que esté abierta la candidatura a la presidencia del gobierno. Negativas le son las encuestas, a las que Rubalcaba despreció olimpicamente contraponiéndoles la única y definitiva encuesta, la de las elecciones, un recurso que emplean indefectiblemente todos los políticos que las llevan en contra.
Pero todo eso no obsta para que deba reconocerse en Rubalcaba una talla de político, parlamentario y gobernante muy superior a la de Rajoy, así como su conocimiento de los asuntos. El secretario general del PSOE está claramente en contra de pedir el rescate. Qué piense hacer Rajoy sigue siendo un misterio.
Palinuro no coincide con Rubalcaba en su visión de España y su organización territorial. Pero valora su disposición a admitir que hay un problema entre Cataluña y España y que debe afrontarse, en lugar de decir a gritos que no hay problema alguno porque el independentismo es una conjura masónica venida del proceloso exterior
Muy bien por Rubalcaba, que es una voz clara de la izquierda socialdemócrata, con apuestas alternativas viables, quizá excesivamente moderadas para Palinuro pero, en todo caso, viables.
(La imagen es una captura de la página web psoe.es).

El padre de todos ellos.

L@s lector@s de Palinuro habrán echado en falta en los últimos cinco o seis meses las habituales secciones de crítica de arte, pintura, teatro, cine, comentarios de libros, etc. Si no los han echado en falta no me enfadaré. Llevo ese tiempo concentrado en la redacción definitiva de mi próximo libro que saldrá, supongo, a primeros de 2013 y no estaba para más que los asuntos de cuartel y la política, que es como el río que nos lleva. Pero ayer puse punto final, mandé el original al editor, esperé el recibí de este, monté a mi familia en el coche y nos fuimos a ver la exposición de William Blake en Caixa Forum por la tarde.
En 1804, época de madurez de Blake, el Código Napoleón declaraba taxativamente prohibida toda indagación de la paternidad. Esta exposición muestra admirablemente que la paternidad del prerrafaelismo y el simbolismo corresponde a Blake. La exhibición de 74 piezas del genial grabador y las leyendas que acompañan lo dejan claro sin lugar a dudas. Uno tiende a ver a Blake como coetáneo del prerrafaelismo, a lo que ayudan mucho sus relaciones con Rossetti y Watts y, en efecto, coetáneo es, pero como un padre lo es de sus hijos. Y ¡qué hijos! Lo siguen en todo, en la temática y en la forma, aunque luego van estilizando esta hasta darle ese gusto relamido que también se observa en los nazarenos alemanes. El espíritu rebelde de Blake reencarna después en el simbolismo, por ejemplo, en Odilon Rédon, hasta desembocar en los ornamentismos modernistas. Y se proyecta en el caso de otro dandy decadente y extraño, como Beardsley. Hay en la exposición una Messalina que no me dejará por mentiroso.
Ese espíritu rebelde es lo más característico de Blake, que lo llevó a tener una vida en constante conflicto con los gustos de la época. Es curioso que con los reducidos elementos de la acuarela, el temple, el lápiz, el buril, el pastel, la tinta consiga transmitir esa fuerza ígnea. El fuego es el elemento más presente en su obra, fuego solar, fuego infernal y fuego terrenal en el que los otros se mezclan. Son composiciones flamígeras en las que las imágenes humanas son transubstanciaciones de llamas que evolucionan, se enroscan entre sí y ascienden. Pero también descienden. La caída de Lucifer es un tema recurrente. Las imágenes del Infierno en la Divina Comedia, con ese Dante/Virgilio que regala a Rossetti. Tiene la audacia de convertirse en los ojos de Milton y representa el paraíso perdido y se atreve con el libro de Job. La exposición trae la serie pequeña de grabados; hay una mayor, básicamente acuarelas, repartida por varios museos, aunque la mayoría está en la Galería Tate, en Londres, de donde procede la totalidad de esta exposición, si bien estas acuarelas y algunas no menos celebradas, como su Nabucodonosor, no están. Sí lo está la impresionante Hecate o las hijas de Job. Debo confesar que la grandeza de la interpretación del Libro de Job nace de su capacidad para sintetizar y hacer comprensible una historia tan enrevesada, rebuscada y sutil que suele uno perderse en sus recovecos.  
Todo esto, se dirá, es el mundo mental, iconográfico, imaginario del romanticismo y es cierto con la salvedad de que Blake es un hombre de la segunda mitad del siglo XVIII en la que los gustos imperantes eran la retratística inglesa de sociedad, estilo Reynolds o paisajes como Constable y en Francia, el Rococó de Watteau y Boucher, de todo lo cual ha quedado muy poco mientras que la influencia de Blake,a pique de ser sepultado por la incomprensión de su tiempo, llega al día de hoy. Salvo Turner (y un poco porque es como el mismo Blake) apenas hay un pintor inglés en el XIX que no acuse su influencia y muchos en Francia y en Bélgica (Khnopff y Delville). Algunas de sus creaciones, como el retrato imaginario de Isaac Newton, la creación de Adán por Elohim (que también viene en el lote) forman parte de la cultura popular de nuestro tiempo. Por no hablar del Anciano de los días que hubiera acabado en la cubierta de alguna marca de cigarrillos, algo así como la creación de Adán de Miguel Ángel sirvió para anunciar los pantalones Levi's. Miguel Ángel por lo demás es la influencia más visible en Blake. Sus representaciones de Leviathan y Behemoth, de los que hay algunos ejemplares en la exposición, alimentan el imaginario intelectual de los totalitarismos del siglo XX.
Blake creó su propia cosmología y se buscó un sitio en ella, con ese alter ego, Los, en el que se autorretrata como el artista profeta, el visionario poseído por su creación que se manifiesta a través de él, como si estuviera en trance.
Nada, muy recomendable exposicion. Por cierto, Caixa Forum anuncia otra para octubre sobre rascacielos que no pienso perderme.
Al salir nos incorporamos a una manifa conjunta de enseñantes y ferroviarios, anarcosindicalistas, por lo que pude ver, que pasaba por allí. Hoy, circular por Madrid, es elegir a qué manifa te sumas. Fuimos con ellos por el Paseo del Prado hasta Neptuno y allí nos dimos el piro.

(La imagen es una captura de la página web de Caixa-Forum.)

dilluns, 17 de setembre del 2012

La pequeña dimisión de una Grande de España.

Transcribo aquí el articulo que he publicado hoy en MásPúblico.es sobre la dimisión de Aguirre y aprovecho para hacer publicidad de este nuevo proyecto de la izquierda en el que colaboro y que tiene la forma de una cooperativa de trabajadores/as.
No queremos jefes.


El artículo:


La dimisión

En España nadie dimite cuando se espera, pero algunos lo hacen cuando no se espera. Esperanza Aguirre tiene la experiencia suficiente para saber que, por su momento, forma y fondo, su decisión provocaría un alud de comentarios; que iba a suscitar mil preguntas, alimentar mil interrogantes. Posee el dominio y la capacidad bastantes para escenificar su resignación a su gusto y, si lo ha hecho así, sus razones tendrá y será raro que no acaben sabiéndose, una vez se sosieguen los ánimos entre alborozados y entristecidos (pero ninguno indiferente) que han acogido su inesperada decisión.

Hay que empezar por la explicación oficial a la que debe otorgarse el beneficio de la veracidad. Si la dimisión se produce a resultas de su lucha contra el cáncer de mama, detectado en su día en una revisión rutinaria, tendrá el respeto y la simpatía de todo el mundo; aunque no faltará quien le recuerde que, gracias a ella y los que son como ella, esas revisiones rutinarias han pasado a ser excepcionales y casi milagrosas para la gente del común. Sin embargo la duda asoma en la segunda motivación esgrimida, ese “otras causas” innominadas que pudieran tener la clave de su dimisión. Y aquí la especulación recorre los mentideros como la pólvora.

El carácter imprevisto de la retirada, que contrasta claramente con la determinación y agresividad de Aguirre en el Debate sobre el Estado de la Región hace escasas fechas, alimenta todo tipo de conjeturas, desde quien la sitúa en el contexto del enfrentamiento en el PP a causa de la excarcelación de Uribetxebarria hasta quien da por supuesta la creación de un “Partido del té” hispánico, dirigido por una lideresa que es Grande de España y Dama del Imperio Británico, lo que quizá haya fascinado al magnate Adelson y le haya aflojado la bolsa. La imaginación es libre y Aguirre sabe cómo impulsarla.

La opinión más compartida es que la clave de la dimisión se encuentra bajo las alfombras de una Comunidad tan afectada por la corrupción (Gürtel, FUDESCAM, “Gestapillo”, Canal YII, etc) como blindada frente a toda indagación por una mayoría aboluta, absolutamente opaca, que durante años ha permitido a la presidencia de la Comunidad hacer y deshacer a su antojo, sin rendir cuentas a nadie. Suele añadirse, asimismo, que esta situación de deterioro de la gobernanza viene alimentada por una de abandono y dejación de la principal fuerza de la oposición, de forma que la mayoría absoluta del PP venía reforzada por la inoperancia de quien tendría que enarbolar una alternativa creíble. En todo caso, de ser así, la verdad se conocerá en días.

Lo que ya es del dominio público es el nombre del ungido para sucederla: su vicepresidente, Ignacio González. Esta práctica de dejar en el cargo a un segundón (o segundona) mientras el (la) cabeza de lista hace mutis hacia otros lados ilustra sobre el modo en que el PP entiende la política. Poco más o menos como los movimientos del escalafón de las administraciones públicas, en donde unos piden el traslado y otros van de interinos, cosa que tiene poco que ver con la legitimidad que otorgan las urnas. Que el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid estén gobernados por dos sobrevenidos da la auténtica medida del valor que la derecha concede a la democracia representativa.

Al margen de lo que haya de cierto en la enfermedad aducida –y que, insisto, merece todo el respeto- es imposible eliminar el olor a chamusquina de esta sorprendente dimisión cuando se observa que, aún en estos momentos, Aguirre no puede evitar recurrir a su demagogia de chulapa retrechera cuando dice que siempre ha creído que la política es una actividad transitoria y provisional. Ella, que lleva treinta años sin bajarse del coche oficial.

El orden público.

Este del "oden público" es un concepto muy complicado por ser muy subjetivo. Lo que unos llaman "orden", otros lo llaman "desorden". Es decir, es interpretable, aunque la delegada del gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, parezca creer que es un concepto unívoco, como "piedra pómez", por ejemplo, y coincidente al dedillo con su idea del orden público. Una idea maximalista, cual se echa de ver en el desmesurado lenguaje que emplea al referirse al movimiento/marea ocupa el congreso como un golpe de Estado encubierto. Si se le hace el favor de no preguntarle qué diantres quiera decir "encubierto", el solo término golpe de Estado pone el orden público en términos militares. En un golpe de Estado tiene que intervenir el ejército, por supuesto. Pero solo si se acepta el disparate de llamar a un movimiento cívico pacífico golpe de Estado.
La gestión hasta la fecha de Cifuentes muestra una jefa de la policía con una idea del orden público en la tradición reaccionaria de ¡El orden reina en Varsovia! o ¡El orden reina en Berlín!, en el eco que se hizo Rosa Luxembourg, horas antes de que la asesinaran. El orden del silencio, de la represión. La diferencia entre Cifuentes y quienes mandaban a los soldados a asesinar civiles es que ahora, de momento, no hace falta recurrir a tales brutalidades pues se dispone de una amplísima panoplia de medios tecnológicos avanzados que permiten reprimir preventivamente las alteraciones del orden público. La palabra mágica es prevención, siempre mejor, se dice, que la represión. Eso depende, como siempre, de qué se quiera prevenir. Puede llevar, por ejemplo, a detener gente porque se supone que tiene intención de cometer un delito. Que es exactamente lo que hacía Franco, mandando detener a todos los desafectos de los lugares que pensaba visitar, que figuraban en listas de la policía y la Guardia Civil.
Listas como las que Cifuentes dice tener, con unos mil sospechosos identificados. Listas ilegales. Los tribunales de justicia deben entender en el caso de una autoridad que recopila datos de los ciudadanos sin la autorización de estos, sin mandato judicial, por meras sospechas. Es cierto que los ciudadanos están denunciando a la policía por identificaciones intimidatorias de carácter político y detenciones ilegales. Y hacen muy bien. Pero es necesario igualmente denunciar ante los tribunales el hecho de que la delegación del gobierno espíe a la gente y confeccione listas de sospechosos.
En los tiempos de la cameralística y en el siglo de oro del derecho público español, al recto gobierno de la colectividad se le decía policiar el reino y un tratado de policía era, en realidad, uno de política. Más tarde, cuando las dos se escindieron y la política ascendió a los grandes temas de Estado, la policía se quedó en una actividad pretendidamente técnica de garantía del orden público. Como tal actividad supuestamente técnica tiende a aislarse de la política, a independizarse, a convertirse en un Estado dentro del Estado; el Estado policía. Es el peligro de las concepciones autoritarias del orden público al estilo de Cifuentes. Y por las listas se empieza.
Porque las listas son solamente una pieza de un plan diseñado por Cifuentes para atemorizar a la población de Madrid. Además de emplear conceptos tremebundos y espiar a la población, la delegada del gobierno se vale de la policía para merodear por las calles hostigando a los ciudadanos, provocándolos y amenazándolos con detenerlos si van a la manifa del 25S. Es decir, Cifuentes basa el orden público en una táctica de desvertebrar el movimiento antes de que este haya podido actuar dentro de la más estricta legalidad, pero presuponiendo la ilegalidad. Para aflorar esta se empieza actuando a su vez de forma ilegal, provocando, tratando de encender conflictos que justifiquen la represión abierta y se termina comulgando con la idea del orden público de Martínez Anido, buen modelo para Cifuentes, y el somatén. Dicho en otros términos, el orden público basado en la intimidación y el miedo. Un orden público fascista.
Como, a pesar de todo, estamos en algo parecido a una democracia, a la hora de justificar las detenciones, la jefa de la policía tiene que esgrimir un delito y este es indefectiblemente el de resistencia a la autoridad que, por supuesto, se inventa cada vez que lo enuncia. Por desgracia para Cifuentes, los ciudadanos van ya por la calle con móviles, tablets y demás artilugios para grabar lo que sucede y bien a la vista está que las detenciones del día 15 se hicieron por la pancarta. Lógicamente, todo ciudadano al que se detiene arbitrariamente no solo puede sino que debe resistirse a que se le prive del derecho fundamental de libre circulación si no es en debido proceso. Convertir esa legítima defensa en la causa originaria de la detención es una desvergüenza que la señora Cifuentes debiera tener el decoro de evitarnos.
Su concepción del orden público arbitraria, provocadora, llena de incidentes de infiltrados, sesgada hacia los católicos y la ultraderecha y hostil a todo movimiento ciudadano democrático y libre es una fórmula muy eficaz para provocar un conflicto civil. No será la primera vez que se da un golpe de Estado con la excusa de evitar un golpe de Estado.

diumenge, 16 de setembre del 2012

El fascismo es esto.

En su todavía breve mandato, Cristina Cifuentes, delegada del gobierno en Madrid, ha hecho méritos suficientes para comparecer ante una comisión parlamentaria de investigación que le ayude a entender la diferencia entre una policía democrática y la de un país fascista.
Desde el momento de su toma de posesión, esta mujer, cuyo marido resulta ser un prófugo de la justicia, mostró profunda hostilidad hacia el movimiento de los indignados y los intentos de la gente de ejercitar sus derechos de reunión y manifestación. De la hostilidad a la manipulación, el embuste y la provocación no hay más que un paso. Son ya reiteradas las ocasiones en que su departamento tolera que los grupos reaccionarios, ultracatólicos y fascistas (o sea, los suyos) se apoderen de la calle mientras restringe hasta intentar yugularlas las actividades de las agrupaciones y asociaciones democráticas, librepensadoras y ateas. Aplica tan escandalosa doble vara de medir que ya debería estar en los juzgados. Por ejemplo: los ateos y librepensadores no podían manifestarse en Madrid en Pascua porque había riesgo de violencia al cruzarse con las procesiones de los comecirios. Pero ayer los fascistas podían manifestarse por Madrid durante los actos de protesta contra el gobierno. ¿Su finalidad con esta provocación? Ver si, efecto se produce violencia que justifique la intervención policial y la criminalización de los demócratas a través de las acusaciones normalmente inventadas de la policía.
Su finalidad, que ella cree muy astuta, es esa: provocar alteraciones de orden público para reprimir a mansalva. Y está tan segura de lo acertado de su política que hace unos días se jactaba de tener listas con los nombres de los elementos más activos en las protestas. Solo esta confesión hubiera bastado para que, en cualquier país democrático de Europa, el gobierno la hubiera expulsado del cargo de una patada en el culo. Aquí, no. Aquí, al contrario, Cifuentes tuvo hoy a la policía, empleada como fuerza de choque, guardia pretoriana o guardia de asalto, intimidando y hostigando ciudadanos pacíficos en Madrid, identificando y amenazando a la gente que, en uso de sus derechos constitucionales, estaba reunida en el Retiro. Al que se resiste lo detienen.
Cifuentes, digna discípula del Fraga ministro del Interior de un gobierno fascista, también piensa que la "calle es suya". La calle, la plaza, los jardines, todo espacio público debe estar cerrado a la protesta y emplearse para perseguir a la gente y aporrearla.
Eso es puro fascismo.
Como también lo son las reformas de los ministros Wert y Gallardón en Educación y Justicia respectivamente. Un fascismo más engolado, circunspecto, aparentemente más civilizado que el de la policía Cifuentes, pero igual de siniestro y mucho más repugnante porque es hipócrita y pretende ser otra cosa. Antonio Avendaño publica hoy en digital publico.es un magnífico artículo titulado La doble traición de Wert y Gallardón en el que muestra su decepción porque estos dos ministros, que pasaban por ser parte de la derecha civilizada, hayan resultado los más carcundas, ultramontanos, reaccionarios y clericales. Que se restablezca pronto del disgusto y aprenda a no confiar más en las mentiras de estos nacionalcatólicos encubiertos que compensan la conciencia de su mediocridad con un profundo sentimiento fascista que termina aflorando siempre.
Que las reformas de Wert hunden la educación como servicio público gratuito de calidad en todos los niveles y que la entrega al nacionalcatolicismo más retrógrado ya no es un secreto para nadie.
Más nuevo es el ataque de Gallardón a los derechos y libertades básicos de los ciudadanos. Las primeras víctimas, las mujeres, a quienes este monaguillo de la jerarquía ha negado el derecho al aborto para satisfacer el oscurantismo de la secta católica al que ajusta su comportamiento. Y detrás de las mujeres, vienen los homosexuales, a quienes reduce a ciudadanos de segunda por no tener derechos iguales que los otros y a los que en poco tiempo, empezará a perseguirse de nuevo con la entusiasta colaboración de los curas, incluidos por supuesto, los pederastas, que suelen ser los peores enemigos de la igualdad en asuntos sexuales.
El fascismo gallardónico emerge ahora con la proyectada reforma del Código Penal. Palinuro lo ha dicho a menudo: siempre que la derecha gobierna, lo primero que hace es actualizar las prisiones, los tribunales, la policía, el código penal. Es su mentalidad autoritaria: los problemas sociales se arreglan metiendo a la gente en la cárcelo. Esta reforma pone la justicia a los pies del ministerio del interior y al servicio de la arbitrariedad policial: tipifica como delitos comportamientos como la resistencia pasiva que no lo son en ningún país del mundo, pretende criminalizar la desobediencia civil, que es la forma más honrada y moral de protestar en democracia y negar la libertad de expresión en las redes, algo tan evidentemente fascista que hasta da reparos al propio Gallardón, quien está tratando de suavizar la censura y la persecución.
Las respuestas de la oposición extraparlamentaria y parlamentaria a esta orgía de fascismo represor debe ser siempre la misma: mantener la no violencia a toda costa, no responder a las provocaciones, emplear la legalidad en legítima defensa, denunciar todas las conductas ilegales de las fuerzas de represión y recurrir por obviamente inconstitucionales las reformas de Gallardón todas ellas al servicio de la iglesia y de un gobierno que, no pudiendo responder democráticamente ante los ciudadanos, prefiere atemorizarlos, perseguirlos, amenazarlos, detenerlos arbitrariamente, abusar de ellos y condenarlos injustamente.
Fascismo.
(La imagen es una foto de Popicinio_01, bajo licencia Creative Commons).