dimecres, 5 de novembre del 2008

Francia e Italia en España.

Invitados por nuestros amigos Mari Pepa y José Antonio, a quienes los dioses colmen de venturas, hace un par de días fuimos de visita al Real Sitio de la Granja de San Ildefonso, para completar un recorrido que empezamos en el verano de 2007 y del que ya dejé una entrada titulada El real sitio. Por entonces prometimos volver y hacerlo en otoño, para pasear por los jardines y parques y visitar el palacio, que no tuvimos ocasión de ver la vez anterior.

Desde luego los jardines son impresionantes. Los bosquetes de castaños y tilos con sus tupidos follajes que empezaban a dorarse, dando al aire esa luz ambarina que parece mágica invitaban al paseo. Las fuentes estaban todas cerradas y los jardines en remodelación, motivo por el cual pongo una foto de la fuente de Andrómeda en momentos más felices en los que, como se ve, el dragón suelta un chorro de agua por sus horribles fauces mientras Perseo, montando sobre Pegaso, se apresta a librar de su cautiverio a la infeliz princesa de Trapisonda. Todas las fuentes del Real Sitio son de plomo con pátina de oro o bronce, de estilo francés (como obras todas ellas de escultores franceses) típico rococó.

Este Real Sitio es puro afrancesamiento. Lo mandó construir Felipe V, que se encandiló con el lugar y quiso reproducir aquí una especie de mezcla de jardines de Marly y Versalles, como lo que él había visto de niño y joven en su patria. Era hombre débil y acomodaticio, un vividor comodón, como se ve claramente en el espléndido cuadro de la derecha, obra del francés (cómo no) Louis Michel van Loo, hijo del pintor de cámara de Luis XIV y pintor de la corte de los Borbones españoles. Se aprecia el porte escasamente guerrero del Rey y su afición a rodearse de su extensa familia (una costumbre muy borbónica) en un ambiente de lujo y boato claramente italianizante, en tanto que un grupo musical interpreta una melodia en el balcón tras el drapeado rojo mientras que por el arco del fondo divisamos los jardines que tanto placían al monarca. El original del cuadro está en el Museo de El Prado; el que se ve aquí, en La Granja, es una copia. Felipe V quiso retirarse a este lugar y abdicó en su hijo Luis I, pero la temprana muerte de éste lo obligó a retomar los asuntos de Estado y, desde entonces, el palacio quedó ya como lugar de veraneo hasta la muerte del Rey en 1746. A partir de entonces fue la residencia de su segunda mujer, Isabel de Farnesio, quien continuó con la tarea de ampliación y embellecimiento del Real Lugar a cargo fundamentalmente de arquitectos italianos. Por cierto, ese monopolio cortesano de extranjeros, primero con los Austrias y luego con los Borbones, que ha durado prácticamente toda la historia de España explica en buena medida por qué en nuestro país no se desarrollaron jamás tendencias o escuelas autóctonas en artes, ciencias, profesiones u oficios. No por una especie de indolencia o ineptitud nacional, sino por una actitud básica antipatriótica de unos reyes que a veces ni siquiera hablaban la lengua del país y unos cortesanos aduladores dispuestos a seguir los gustos germánicos, afrancesados e italianizados de sus señores.

Pasear por los suntuosos salones del Palacio de San Ildefonso es como hacerlo por una mezcla de Versalles y Villa Borghese. Español en la concepción de la obra me parece que no hay más que la planta general del edificio, originariamente concebido según la del Alcázar de Segovia. La imagen de la izquierda, correspondiente a la llamada "sala de las lacas" es un ejemplo acabado del gusto imperante en el XVIII por las llamadas chinoiseries, algo realmente fascinante pero que tiene tanto que ver con el estilo castizo castellano o español en general como la coleta de Fu-Man-Chú. No obstante, no se crea, la visita merece la pena. Impresiona contemplar el lujo desmedido en que vivía la familia real, sobre todo si lo compara uno con las condiciones de miseria en que estaba la inmensa mayoría de la población en la época. Por cierto, así seguimos, más o menos: con unos reyes extranjeros que viven opíparamente a costa de una población en la que, según los datos de Cáritas hay ocho millones de pobres.

Las habitaciones reales están en la planta principal, en donde también se exhiben algunos (no todos ni mucho menos) de los preciosísimos tapices de la Real Colección. Los paños de Flances, confeccionados entre los siglos XV y XVII, muchos de ellos sobre cartones de pintores célebres, como Gossaert o Mabuse, reproducen por lo general abigarradas escenas de la Biblia y la mitología grecorromana en una alegre mezcolanza y con un sentido iconográfico libérrimo, pero todos ellos con una innegable funcionalidad moralizante cristiana. Creo no exagerar si digo que uno puede pasarse las horas muertas contemplándolos porque son muy hermosos y están llenos de lecciones. La Real Colección de Tapices de España debe de ser la mejor del mundo y si el Patrimonio Nacional, que los administra, se decidiera a unificarlos (ya que ahora se exhiben en diversos lugares y palacios) sería un punto de atracción de curiosos y expertos de primer orden.

La planta baja del palacio había de contener la rica colección de estatuas que mandó comprar Felipe V en Italia entre ellas las de la colección de Cristina de Suecia y, de hecho, aún se contemplan algunas pero la mayoría tambien ha sido trasladada a El Prado de forma que lo que puede verse en el Real Sitio son vaciados en yeso cuyo interés reside en que se hicieron antes de que se procediera a restaurar los originales para trasladarlos, con lo que nos hacemos una idea muy buena de cómo eran los que los Borbones tenían para su exclusivo disfrute. Dejo aquí una de las más curiosas y originales, obra del italiano Antonio Corradini, La fe velada que se encuentra en la sala de la Justicia.

Visitar el Real Sitio es una experiencia histórica y estética que lo conecta a uno con los lugares donde pasaron mucho tiempo las sucesivas familias reales españolas porque aunque, desde el ferrocarril, los reyes prefirieron el norte (San Sebastián y Santander), la Granja de San Ildefonso continuó en mucho uso hasta bien entrado el siglo XX. Don Juan el ninguneado, hijo de Alfonso XIII y padre del actual Borbón, nació aquí.

Me propongo volver porque todavía me quedan por visitar las múltiples dependencias anejas al palacio en donde se intalab la corte.

(Todas las imágenes proceden de la Guía del Real Sitio de La Granja de San Ildefonso y Riofrío de José Luis Sancho y Juan Ramón Aparicio y editado por el Patrimonio Nacional, de donde salen también algunas de las noticias de la entrada).

dimarts, 4 de novembre del 2008

Lo de la Reina.

En este asunto de las declaraciones de la Reina a la numeraria de la secta del Opus Dei, doña Pilar Urbano, no está todo dicho. Hay quien cree que hizo muy bien dando a conocer su opinión sobre temas sensibles que dividen a la ciudadanía; quien cree que no hizo bien ni mal, sino que usó su libertad de expresión; quien cree que Su Majestad metió la real gamba; y hay quien, como este humilde bloguero, cree que las manifestaciones de la Reina fueron una provocación y una agresión.

Quienes sostienen los tres primeros puntos de vista piden que el asunto se deje pasar, que se olvide. El caso más patético es el del Gobierno que, atacado en su labor legislativa, se limita a ordenar a sus militantes que guarden silencio como corderos. Quienes creemos que se trata de una provocación no queremos que se olvide sino que se continúe aireando para que, aparte de exigir a la Reina una rectificación pública, sigan sabiéndose más detalles de cómo se fraguó esa agresión a las ideas de la mayoría de la ciudadanía pues cada vez está más claro que los Borbones vuelven por sus fueros: un Rey zascandil y una Reina beata en manos de la correspondiente Sor Patrocinio o "monja de los milagros", personificada en esa secretaria suya personal también miembra numeraria de la secta del Opus Dei.

La Reina debe pedir excusas públicamente o dejar de ser Reina. ¿Cómo? "Averígüelo Vargas", que decía otra Reina, Isabel la Católica, de perpetua memoria en estos reinos. Que lo averigüe Vargas, pero que lo averigüe, porque el asunto no debe minimizarse.

(La imagen es una foto de Jaume d'Urgell, bajo licencia de Creative Commons

Por qué puede (y debe) ganar Obama.

Hace cinco años la idea de que un mulato ("el negro", como lo llama el señor Chávez) pudiera ser presidente de los EEUU hubiera movido a risa. Hoy es muy probable que los EEUU elijan a un presidente mulato.

Resumen de la campaña electoral, que Palinuro ha seguido atentamente y repaso a los factores que han llevado al señor Obama a las puertas de la Casa Blanca:

a) los ocho años (seis de mayorías coincidentes ejecutivo-legislativo) de gobierno neocon con sus secuelas de injusticia social y desigualdad económica, ataque a las libertades públicas, avance del oscurantismo religioso y la intolerancia y política internacional agresiva;

b) la provocación de una de las guerras más injustas, criminales, de destrucción y pillaje que se hayan visto, basada en mentiras deliberadas, que ha quebrantado el muy endeble orden jurídico internacional y aniquilado el poco respeto de que los EEUU gozaban en cualquier parte del mundo que no fuera Israel;

c) consecuencia de la guerra y las estúpidas recetas neocons, la mayor crisis económica del capitalismo, mayor que la de 1929, de consecuencias aún imprevisibles y de la que, si no se echa a los neocons de la Casa Blanca, quizá no se salga sin otra guerra y ésta ya de exterminio.

¿Por qué votarán los gringos al señor Obama? Porque su cambio es la única alternativa a la desastrosa herencia del señor Bush mientras que Mr. McCain es más de lo mismo.

(La foto es la que tomó mi hija Inés en Indiana hace unos días y que repito aquí porque tiene mucha calidad).

Caminar sin rumbo (VIII).

Aforismos sobre la vida y la muerte para el camino.

Siguiendo tradición del cristianismo cultural iniciamos la jornada pensando en los novísimos, como Dios manda y siendo en consecuencia la alegría de la huerta.

Vivir es sobrevivir.




Hay quien dice que la vida vulgar tiene su poesía.




Me he pasado media vida haciendo disparates y la otra media justificándome. Pero no consecutiva, sino simultáneamente.




Peor que oponerse a lo inevitable es rendirse a ello.



La única compañía que nos dura toda la vida es la muerte.




Todo está poblado de muerte.





Muerte, tuya es la victoria; tuyo el aguijón.


(Las imágenes son, por este orden, Juan de Juanes, Calavera (Memento mori); Mabuse, Díptico Carondet; Memling, reverso panel izquierdo del díptico San Juan Bautista y la Verónica;Harmen Steenwijck, Vanitas, 1640;las dos siguientes, Van Gogh, Calavera (1887-88); y la última también Van Gogh, Calavera con cigarrillo encendido (1885-86), estos flamencos...).

dilluns, 3 de novembre del 2008

Los Borbones insultando, como siempre.

Dos veces en el último siglo y medio ha echado el pueblo español a los Borbones y dos veces ha vuelto esta familia a lomos de militares para seguir viviendo a costa de la gente al tiempo que la insulta. Los parásitos no entienden de dignidad. La última vez, con este Juan Carlos de Borbón, alevín del genocida Francisco Franco, perjuro y enemigo de su propio padre, a quien se saltó en la sucesión al trono por capricho del tirano. Y con él llegó su esposa, una señorita griega que cambió de religión por conveniencia personal y se pronuncia ahora en asuntos políticos, morales y científicos que no le competen y algunos de los cuales están sub iudice lo que implica que, para servir a la secta del Opus Dei, esta señora ha transgredido el ordenamiento jurídico. Lo verdaderamente estúpido es que el presidente del Gobierno salga en defensa de una señora que, si pudiera, le haría comerse sus leyes y en sentido estricto.

Se le suma una de las miembras de la familia, una infanta Pilar, hermana del Rey, que vive, como todos ellos, de los impuestos de los españoles, insultando y diciendo que el escándalo montado por la reaccionaria de su cuñada es una "chorrada". Aquí, señora mía, no hay más chorrada que Vd. y su clan de gorrones que, siguiendo sus atavismos, ya no ocultan más el desprecio que sienten por este pueblo que los mantiene.

¿Por qué no volvemos a echarlos? A lo mejor, a la tercera de verdad va la vencida y nos quitamos por fin de encima a esta manga de ineptos, reaccionarios e insultones.

(La imagen es la cubierta de un libro publicado bajo seudónimo por los hermanos Bécquer en 1868-1869 en el que se burlaban de la Reina Isabel II, tatarabuela del actual monarca y mujer de costumbres licenciosas, al frente de una corte de corruptos, cornudos, adúlteros, ladrones y sinvergüenzas).

Hasta el último momento.

Mr. Obama encara el último día antes de estas elecciones (las más reñidas e interesantes de los últimos tiempos) en una posición de ventaja. Pero no será porque los otros no hayan recurrido a todos los trucos posibles, a veces con resultados negativos. El señor Dick Cheney, vicepresidente con el señor Bush, anunció que votaba por McCain, creyendo en su ciega soberbia de neocon que así contrarrestaba el efecto de la declaración de Mr. Colin Powell anunciando su voto por el señor Obama. Como si pudiera acercársele.

De igual modo, los israelíes hicieron las elecciones adelantadas en Israel y, dado el resultado (75 por ciento a favor de McCain y 25 por ciento a favor de Obama) lo trompetearon a los cuatro vientos por si pueden influir en el voto de los gringos mañana. El lobby sionista es contrario a Mr. Obama. Tanto que he empezado a pensar que si sale elegido el afroamericano es posible que los israelíes bombardeen el Irán para enfrentar a aquel con un hecho consumado a partir de enero de 2009. Y quizá con la complicidad de Mr. Matorral-pato-cojo a quien sin duda se lo habría recomendado dios.

(La foto fue tomada por mi hija Inés hace unos días en Indiana y es estupenda).

La barbarie.

Si quieren Vds. leer una historia espeluznante, vayan al artículo de Lali Cambra en El País del 1º de noviembre, titulado Asha: adolescente, violada y lapidada. Lo que en él se narra es tan indignante e inhumano que uno no sabe qué decir. De hacer ya no hablemos. En el fondo de nuestras conciencias, supongo, todos sabemos que todos somos responsables de lo que nos pase a todos en todas partes, incluyendo a una niña desconocida en un remoto lugar de Somalia. Pero ¿cómo hacer real esa opción moral?


El sueño es vida.

La otra noche soñé que leía un libro de Juanjo Millás. Había subido al ascensor de casa con otra persona quien, sin que yo le dijera nada pues no suelo hablar con desconocidos en los ascensores, me dijo que aspiraba a ser Juanjo Millás y que para lograrlo había escrito un libro que me rogaba leyera para darle después mi opinión.

"¿Mi opinion de qué?", le dije.

"De si puedo ser Juanjo Millás". Acto seguido me dio una tarjeta y se apeó en el tercero. Mientras yo subía al quinto, que es mi piso, vi que la tarjeta decía: Juan José Millás. Escritor. Y traía un domicilio y un número de teléfono. El manuscrito que había depositado en mis manos se llamaba Los objetos nos llaman y no era muy voluminoso.

Entré en casa, saqueé el frigorífico, me instalé en el diván del salón, encendí el televisor que tengo siempre mirando hacia la ventana para que lo vea el vecino, razón por la que no necesito ponerle sonido, y me dispuse a leer el manuscrito del extraño. No sé cuánto tiempo tardé. Ni siquiera sé si lo leí de verdad o me quedé dormido soñando que estaba leyendo un libro de Juanjo Millás.

El caso es que, sin saber cómo, descubrí que era de día avanzado y me aprestaba a llamar por teléfono al desconocido del ascensor. Me detuve ante el espejo preguntándome:

"Alto ahí. ¿Qué vas a hacer?

"Voy a llamar al que me ha dado el manuscrito".

"Para decirle ¿qué?".

"Que no se preocupe, que conseguirá lo que quiera porque es más Juanjo Millás que Juanjo Millás."

"¿Por qué?"

"¿Cómo que porqué?" grité a mi imagen que se encogió un poco porque teme siempre a mis accesos de ira. "¿Cómo que por qué?" Porque todo lo que hay en este manuscrito es Juanjo Millás en estilo puro, tanto en el fondo como en la forma, forma y fondo, fondoforma, formafondo, fordofonda, fonmafordo...

Algo no estaba funcionando pues yo era incapaz de dejar barbotar construcciones alocadas, fonfordoma, forfomado, mafordofon... mientras que mi imagen no cesaba de hacerme muecas. Pensé que estaría bueno que todo estuviera pasando en el sueño o, más inquietante aun, lo que me parecía insinuar mi imagen, que yo fuera un personaje de Juanjo Millás. Pero hice un esfuerzo, detuve el torrente de palabras que salía de mi boca por el procedimiento infalible de cerrarla, me enderecé, forcé a mi imagen a hacer lo mismo y sólo entonces proseguí:

"¿Cómo que por qué? Porque todo en este manuscrito -que blandí ante su aterrorizada mirada, como si fuera a estampárselo en la crisma- es suyo, de la cruz a la fecha. Son historias cortas que versan bien sobre los comportamientos sorprendentes y absurdos de las cosas, los objetos de la vida cotidiana bien sobre imaginaciones de fantasía kafkiana, del Kafka de La metamorfosis con quien Millás tiene mucho en común".

Mi imagen me contemplaba con una sonrisita que me sacaba de quicio y se la hubiera borrado de un guantazo de no ser porque descubrí para mi sorpresa que no tenía manos, ni brazos, ni pies. En realidad era una cabeza sobre un valador que hablaba sin parar, sin poder contenerme:

"Y las cosas, los objetos de la vida cotidiana que de pronto toman propiedades asombrosas vienen a actuar como ese supuesto que imagina Ortega cuando habla sobre las creencias y piensa en la posibilidad de que, en un momento dado, las creencias nos fallaran, que no hubiera escalera al salir a la calle o que no hubiera calle. Eso es lo que le pasa a Millás continuamente. Sin contar con las veces en que descubre que está muerto o que es invisible, que su tío se ha convertido en un caballo, que su primo se ha multiplicado por tres o que su madre... ¡deja ya de hacer el idiota que estás poniéndome nervioso!".

Hacía un rato que mi imagen tomaba las formas que iba yo recitando: un muerto, un invisible, un caballo, tres personas... Supe entonces de cierto que seguía soñando porque esas cosas sólo pasan en los sueños. Pero los que sueñan no saben que están soñando, ¿cómo podía saberlo yo si no era porque se trataba de un sueño dentro de un sueño? Estaba claro que allí no había libro, ni manuscrito, ni espejo, ni imagen ni nada. Efectivamente, me encontraba de nuevo en el salón, con el móvil en la mano, marcando el número que venía en la tarjeta del desconocido pero en el diván había alguien que se me parecía sospechosamente, agarrado a un manuscrito y que me interpelaba:

"Sigue, sigue. ¿Qué más va a decirle?"

"Que es Juanjo Millás tan claramente que hasta el título de la obra es un juego que remite a ese mundo fantástico que está creando, que lleva años creando, como gran escritor que es. Ese Los objetos nos llaman es una variante del que ha citado en alguna ocasión, Los objetos me llaman, atribuyéndoselo a un autor de su invención, un tal Pierre Clausaut".

"Bueno", me contesté con displicencia, "en la literatura todo es invención, imaginación fantasía..."

"Claro", atajé dejando de llamar por teléfono de momento, "pero es que la cita que le conozco es de un artículo del diarío El País, titulado Dudar de uno mismo.

"Eso es peor. Es transgresor porque se entiende que la prensa debe ser testigo fiel...".

"Ja. No lo sabes tú bien. Por ahí hay un infeliz que ha dejado una pregunta en internet, en el Foro Millás pidiendo orientación para encontrar el libro de Clausaut. O sea que está ocurriendo como con el Necronomicón de Lovecraft, que Borges decía haber encontrado en la Biblioteca Nacional cuando fue su director siendo así que se lo había inventado el autor de los mitos de Cthulhu al que Borges adoraba. Claro que estos van por lo trascendente y Millás va por lo inmanente porque consigue dar dimensión fabulosa, insólita, a la inmanencia misma. Es como Hoffmann..."

El yo mismo del sofá rompió a reír diciendo:

Kafka, Lovecraft, Borges, Hoffmann...chico, pareces un crítico pagado. ¡Vaya compañías que buscas a Millás!

Ignoré olímpicamente su insinuación de venalidad y marqué el número que aparecía en la tarjeta: no existía. Me asaltó una sospecha. Miré la dirección en Google: tampoco existía; la calle terminaba diez números antes de lo que rezaba la dirección. Tenía que enfrentarme a la realidad: aquel individuo del ascensor me había engañado. O a lo mejor tampoco existía y lo había inventado yo como Millás la ropa interior de mujer de pétalos y raicillas. Finalmente, ¿acaso no estaba soñando? Pero cuando volví al salón, descubrí sobre el diván el manuscrito de Los objetos nos llaman y ya no supe qué pensar. Claro que aquello era Millás en estado puro: narraciones sorprendentes, divertidas en su mayoría, con mucho punto surrealista y del absurdo. Ionesco flota por varios de los relatos huyendo del muerto que va ocupando su casa como los muertos ocupan parte importante de la narrativa de Millás. Muertos que tienen una vida subrepticia como en ciertos relatos de Fernández Florez, otro pariente cercano del Premio Nacional de literatura de este año.

Como no sabía qué más decir ni hacer, olvidándome de mi propia presencia en el diván decidí que para librarme por fin de tan extraño sueño, lo mejor sería tumbarme en la cama a dormir o a hacerme el muerto. Pero de nada me sirvió porque al instante me tenía a mí mismo al lado diciéndome, como la madre de Millás a su padre: "A mí no me engañas. Sé perfectamente que te has muerto."

Fue entonces cuando desperté. ¡Qué extraña pesadilla había tenido! Un desconocido en el ascensor que quería ser Juanjo Millás cuando, como todo el mundo sabe, Juanjo Millás soy yo.

Juan José Millás, Los objetos nos llaman Barcelona, Seix Barral, 2008, 245 págs.

diumenge, 2 de novembre del 2008

Segundos fuera.

En dos días se deciden las que probablemente sean las elecciones estadounidenses más importantes desde el triunfo de Franklin D. Roosevelt en 1932. Casi todas las predicciones hablan de una participación nunca vista, en torno a ciento treinta millones de votantes, con una gran movilización de los sectores jóvenes y las minorías negra e hispánica. Esa movilización se aprecia ya en quienes han hecho uso del voto anticipado, por cierto, mayoritariamente demócrata. El país ha seguido con inusitado interés tanto el proceso de las primarias, en especial la batalla entre Mrs. Clinton y Mr. Obama, como la campaña propiamente dicha, desde las convenciones de los partidos hasta mañana. Y no solamente el país, esto es, los EEUU, Gringolandia; también se ha seguido fuera, en Europa, en Asia, en todas partes y en todas, como en los EEUU mismos, hay una aplastante mayoría a favor de M. Obama.

El viento en las velas del señor Obama viene de varios puntos. En primer lugar su propia condición de mulato, an African-american con perspectivas reales de ganar la Casa Blanca y ser el primer presidente no blanco de un país que hace cincuenta años todavía tenía leyes segregacionistas en vigor y en el que abundan los racistas, supremacistas y otros retrasados mentales. Además su condición de demócrata de izquierda (para los gustos gringos), no excesivamente contaminado con la corrupción política tradicional de Washington y en posición imponer un cambio en el estilo del país que la mayoría desea desde hace tiempo. ¿Pruebas? Ha sido capaz de recaudar 640 millones de dólares, mucho más que McCain y Hillary Clinton y sólo su campaña tiene 2.200.000 seguidores en Facebook ya que ha conseguido configurarla con pleno uso de las posibilidades de internet y las nuevas tecnologías en general. En tercer lugar, del otro lado, la desastrosa campaña del Senador Republicano McCain que, en todo el tiempo no ha podido remontar en los sondeos, no ha encontrado un punto débil en la trayectoria de su adversario a pesar de haber intentado todo tipo de juego sucio y, por último, ha cometido el garrafal error de buscar como candidata a la vicepresidencia a una mujer a todas luces inapropiada para el cargo. En cuarto lugar la catástrofe sin paliativos de los ocho años de presidencia de ese increíble inútil del señor Bush que no solamente ha metido al país en una guerra de rapiña de la que no puede salir, sino que ha implantado un régimen de ataque a las libertades civiles de los EEUU desde la práctica de la tortura hasta los secuestros de personas, para terminar provocando la mayor crisis financiera y económica del país desde la de 1929, una que amenaza con ser la mayor del capitalismo mundial. Un necio convencido de que Dios le habla y al que ya están colgándole el sambenito de haber sido el peor Presidente de la historia de los EEUU, un hombre que sólo encuentra simpatía en gente como el señor Aznar.

En conclusión, un conjunto de circunstancias que hacen prever una landslide, un triunfo abrumador del candidato demócrata que irá asimismo acompañado por la victoria del partido del burro en ambas cámaras legislativas, dando pues a los demócratas carta blanca para poner en práctica sus muchas promesas. Victoria por landslide.

¿O no?

El tramo final de la campaña se ha visto oscurecido por el incidente de la tía de Obama, residente ilegal en Gringolandia. La tía contribuyó a la campaña de su sobrino con doscientos sesenta dólares que ahora el señor Obama tendrá que devolver ya que las donaciones de extranjeros están prohibidas. Además puede hacerle mucho más daño que esta futesa económica pues el asunto de los inmigrantes ilegales (de los que se calcula que hay diez millones) es tan sensible en el país como en cualquier otro y con él puede hacerse mucha demagogia.

Aun así cabe suponer que el entusiasmo que el señor Obama ha despertado, el apoyo que ha levantado durante los meses de la campaña podrá barrer este último obstáculo y empujarlo definitivamente hacia la Casa Blanca. Confieso que es lo que me gustaría. Ya he dicho en alguna ocasión que por pocas que acaben siendo las diferencias entre ambos senadores (que tampoco serán tan escasas, espero) estoy firmemente a favor de Obama y en contra de McCain. Y sobre todo, como muchos otros millones de personas, estoy contra ese insoportable insulto a la inteligencia humana que es Mr. Matorral-pato-cojo. Recuerdo haber aplaudido desde el principio con la campaña de Anybody but Bush y ahí sigo y me fastidiaría que saliera elegido un Bush II (que sería Bush III), en la persona de este neocon desdentado con sus batallitas de Vietnam y su estúpida decisión de quedarse ¡diez mil años! en el Irak. Pero...

Puede pasar. No se olvide que por mucho que se diga antes de las elecciones y por mucho más que se explique después de éstas (que en eso de "posdecir" hay verdaderos genios) toda elección política tiene una fuerte carga de incertidumbre y en unas tan críticas como éstas con mayor razón. Durante la campaña, los sondeos han venido dando una diferencia consistente a favor de Obama de entre cinco y once puntos porcentuales. Sin embargo, las proyecciones de ayer mismo, publicadas por John Zogby, al frente de una empresa de sondeos de prestigio, que ha hecho un seguimiento de tres días, acortaba las distancias entre ambos a cinco puntos y hasta daba ganador a McCain en el último día por un punto. ¿Podría estar produciéndose un corrimiento subyacente de opinión a favor del republicano y darse al final una sorpresa como las que hubo en los años 2000 (Al Gore) y 2004 (John Kerry) cuando los sondeos daban ganadores a los demócratas y venció Mr. Matorral ahora Pato Cojo? Podría. Por supuesto, los demás sondeos siguen vaticinando victoria demócrata por una media de siete puntos. Pero la derrota no es descartable. El llamado efecto Bradley está en el ánimo de todos: los electores dicen ir a votar por el candidato negro pero luego votan por el blanco.

Curiosamente ambos campos etán interesados en afirmar que las distancias se achican y que Mr. McCain está recuperando territorio a toda velocidad. El campo republicano, como es obvio, para animar a sus votantes y movilizar hasta el último sufragio en la esperanza de que, además, funcione la tradicional simpatía yankee por el underdog. Al fin y al cabo, he aquí un auténtico héroe gringo hoy en el tramo final de su vida con la ilusión de ser útil a su país una vez más. No conviene tocar mucho esta tecla porque, de ganar McCain, sería el presidente que empieza mandato más viejo de la historia del país y la posibilidad de que haya de substituirlo una pava como Mrs. Palin pone la carne de gallina. Por otro lado, en el campo demócrata temen que la conciencia de ganadores opere como desmovilización del electorado, así que les interesa asegurar que nada está ganado y que todos deben ir a votar. Por cierto se calcula que los negros lo harán en masa y los hispanos también pues el señor Obama cuenta con cerca de un 70 por ciento del voto de este segmento de la población. Pero su auténtico peligro está en los trabajadores blancos. De ahí que, si no consigue generar un efecto bandwagon, le interese cuando menos mantener la angustia de la incertidumbre para que sus seguidores no se confíen.

Incertidumbre nada difícil de mantener dado que es lo que hay. El martes puede pasar cualquier cosa. Obviamente hay más probabilidades de unas que de otras. Por ejemplo, es más probable que gane el señor Obama por escaso margen que el señor McCain; algo menos probable pero aun así probable que gane por avalancha; todavía menos probable es que gane el señor McCain por escaso margen y lo más improbable de todo es que gane por gran diferencia. Pero no es imposible.

Como dicen los gringos: todas las opciones están abiertas. La mía es que gane Mr. Obama por mayoría aplastante y que los demócratas dominen la Cámara y el Senado. Ya se sabe que los demócratas es lo más a la izquierda que puede llegar al Gobierno en los Estados Unidos. Pero tampoco hay que ponerse muy estupendos a la vista de la izquierda que llega al Gobierno en los países europeos, empezando por el nuestro.

(La segunda imagen es una foto de Mr. Wright y la tercera es de de Stevegarfield, ambas bajo licencia de Creative Commons).

Caminar sin rumbo (VII).

LA VIDA INTERIOR.

El viaje no es una opción abierta al ser humano porque no puede no viajar en un sentido metafísico de la cuestión, el que asimila la vida al viaje. Sólo muriendo puede uno apearse de ese viaje, pero no dejar de viajar y seguir viviendo. Hasta quien está en estado de quietud completa, bien por fuerza mayor, bien por decisión propia, viaja, viaja continuamente, viaja dentro de sí mismo, pasa por las memorias como la silla de posta por las postas, descarga y recoge viajeros, anuda conversaciones en el trayecto, pasa por la misma posta por la que pasó en la jornada anterior, pero ya no es la misma posta, según aclara Heráclito, llamado el "oscuro" por razones incomprensibles porque en su visión se acumula una experiencia más, lo que permite nuevas, distintas, variadas consideraciones, como con las variaciones musicales. Qué duda cabe de que, cuando de repente se me viene a la memoria un recuerdo de niñez, arrancado de un olor, de un color, de un sonido, de cualquier tipo de asociación de ideas y le he encontrado una explicación o una interpretación, si después, en un segundo momento, me vuelve al recuerdo ya no sólo será mi recuerdo de niñez, sino el recuerdo de niñez envuelto en la interpretación que le di en el primer encuentro. Así se tejen las telas de araña de la vida interior. De la vida interior se ocupa la peli de Paul Auster, La vida interior de Martin Frost que todavía no he visto pero he de ver porque promete y, si no, véase el trailer


¿A que tiene buena pinta? (*)

La vida interior a la que me refiero es algo más genérico, supongo, el conjunto de facultades mentales, emotivas, sensitivas (si es que no son todas la misma) que forman esa madeja en que consistimos aunque muchas veces queramos dividirla con intención analítica diciendo: he aquí la inteligencia, aquí la fantasía, aquí la pasión y otros sentimientos sin estar muy seguros de que tal procedimiento sea posible.

Pero entiendo que alguien me diga que voy muy deprisa para no ir a ninguna parte y que haga el favor de moderar el paso molestándome en ilustrar, por ejemplo, cómo puede uno quedar reducido a la inmovilidad absoluta, esto es, alcanzar la quietud completa a la fuerza o de grado. De buen grado. En quietud completa queda el afectado de una parálisis total, por ejemplo, que sólo deje en funcionamiento la actividad mental. La quietud completa de grado o voluntaria la alcanzan los yoguis y diversas variantes de budismo y de otras filosofías, por ejemplo el Tao. El Tao Te King dice en el aforismo cuarenta y siete que El sabio sabe sin necesidad de viajar. Claro, siempre que no se llame viaje a lo que hace la vida interior. Pero es que es viaje. La vida interior está en perpetuo movimiento porque es vida; si no sería muerte interior y ésta sólo es posible con la muerte tal cual. O sea, que es posible.

Si tuviera que poner un ejemplo de vida interior nada me parece más propio que la historia borgiana del jardín de los senderos que se bifurcan que es lo más aproximado a lo que pienso, si bien no exactamente lo mismo porque me da que lo interesante sería preguntarse si, cada vez que uno retorna a un recuerdo en el que uno actuó del modo “A” le fuera dado rehacer y actuar ahora del modo “B”. Cuestión contrafáctica en donde las haya, ciertamente, pero cuestión muy pertinente porque en el terreno especulativo y sobre todo en el literario, lo contrafáctico carece de pegada. Toda la literatura es contrafáctica. No lo sería si no lo fuera. Y siendo así, ¿que pinta tendría una vida que estuviera rehaciéndose continuamente como sucesión de senderos que se bifurcan? Pues lo más seguro es que no pudiera vivirse, que la vida absorbería de tal modo al que la vive que acabaría por aniquilarlo. Vale, pero... es que eso es exactamente lo que pasa en la vida ordinaria, en la normal, en la no contrafáctica, esa que damos como exterior, como real y verdadera, la que protagoniza enunciados ásperos como hierros herrumbrosos del tipo de "la dureza de la vida", "las enseñanzas de la vida", "las amarguras de la vida". Claro que también hay "bellezas de la vida" y gentes que afirman ¡Qué bello es vivir!, un tipo de comedia ligera que no obsta para que lo que generalmente aparece adherido a la vida sea su dureza. ¿Hay vidas muelles o dulces? En un sentido puramente material sí pero no en uno espiritual.

Así que vida interior y vida exterior son un batiburrillo. El lugar de ese batuburrillo, allí donde vida interior y vida exterior coinciden es el rostro humano. De ese del que se dice, bien de todo él, bien de alguna de sus partes, como los ojos, que es "el espejo del alma". Somos rostro, aquello que nos trabajamos a lo largo de la existencia según nos vamos viendo en los espejos y corrigiéndonos para conseguir parecernos a la imagen que queremos proyectar y que no tiene por qué ser siempre la que pueda considerarse "objetivamente" más agradable o más hermosa, ni mucho menos. Uno puede deleitarse en componerse un rostro repulsivo. Hay gente para todo. Pero en todo caso, el rostro. Por eso, si vamos al arte, ¿qué podemos decir de los famosos retratos del Fayum que vemos en esta entrada? Pintura hecha al encausto o témpera o guache entre los siglos I y III d. d. C. en el Egipto bajo dominación romana. La concepción del dibujo es romana, sin duda alguna. Representan semblantes de mujeres y hombres ciudadanos de cualquier ciudad del Imperio, burgueses, comerciantes y se visten como tales. Son retratos además muy realistas. Pero tienen algo indudablemente egipcio: que son todos retratos póstumos; es más son retratos de personas muertas que luego se pegaban sobre las momias antes de introducirlas en los ataúdes y se llaman también "retratos de momias". Son retratos de muertos pintados como vivos. (Esta costumbre volvió a Europa en los siglos XVI y XVII y ya hablaremos de ello). Todos esos rostros que nos parecen tan vivos son de personas que en realidad están muertas ¿Puede el rostro seguir siendo espejo del alma cuando el cuerpo está muerto? ¿No es ésta la aplicación fáctica de aquella máxima que solían aducir los dramaturgos griegos de "nunca digáis de un hombre que fue feliz en tanto no haya muerto? Lo interesante de plantear preguntas en el ámbito literario es que no hay obligación de responderlas. Desde luego. Pero ¡qué idea de la vida y de la muerte tenían estos egipcios que encaraban el que llamamos "viaje del más allá" con los ojos bien abiertos!

¿Y nosotros? ¿Cómo vemos esos ojos abiertos? ¡Cuántas veces nos hemos asomado a unos en nuestro diario vivir y sólo hemos visto la muerte en ellos! ¡Cuántas miradas son de guache y cuántas palabras que acompañan a las miradas!


(*) Creo que publicaré estos textos del viaje a ninguna parte en papel. En ese soporte desaparecerán las referencias que llevan a la red por impracticable. Se quedan en el blog, que es un multimedia, pero se quedan como incrustaciones, no como líneas que deban o puedan seguirse porque en tal caso el texto en papel se haría incomprensible.