dijous, 12 de juny del 2008

Fotoespaña.

Fotoespaña tiene distribuidas bastantes exposiciones fotográficas en diversos centros e instituciones madrileñas y de vez en cuando me dejo caer por alguna, a ver qué se hace ahora en esa rama de las artes. En el museo del Instituto de Crédito Oficial (ICO) han acogido obra de una decena de fotógrafos actuales, de los que mezclan técnicas nuevas con enfoques conceptualistas de contenido y permiten una visión interpretativa de la fotografía, en la linea de los documentales experimentales. Alguno de los cuales son muy interesantes. Por ejemplo, se exhibe una exposición itinerante de Taryn Simon titulada An American Index of the Hidden and Unfamiliar (Índice americano de lo oculto y lo infrecuente) que tiene piezas muy curiosas, como esta foto en color de más arriba que representa todos los objetos, alimentos, frutos, verduras, carnes (incluida una cabeza de cerdo), pescados, etc, los productos de introducción prohibida en los Estados Unidos y requisados por las autoridades aduaneras en cuarenta y ocho horas en el aeropuerto neoyorquino de J.F.K. La foto es bien curiosa y se queda uno pensando en qué tipo de persona pretende entrar en los States con una cabeza de cerdo en la maleta.

Otra interesante foto de Taryn Simon que puede verse a la derecha está tomada en el edificio de arte de la sede central de la CIA en Langley, Virginia y documenta el hecho de que durante la guerra fría, el arte fue también un territorio de confrontación con la Unión Soviética de modo que la Agencia estadounidense trataba de contrarrestar la influencia del comunismo entre otras maneras popularizando lo que se consideraba pensamiento y estética estadounidenses. Estas actividades, afirma la señora Simon, plantean cuestiones históricas acerca de las formas y estilos que pueden haber despertado el interés de la agencia de espionaje, incluido el expresionismo abstracto. Ya tendría gracia que Jackson Pollock resultara haber sido un agente de la CIA.

El museo ICO exhibe también fotografías de otros diez artistas, algunos de cierto interés, por ejemplo las de An-My Lê, una fotógrafa vietnamita residente hoy en los EEUU y que expone una muestra de unas maniobras del ejército de los EEUU en un desierto de Mojave, en California, en un proyecto llamado veintinueve palmeras que reconstruye las condiciones en que las tropas yankies tendrán que combatir en los páramos del Irak o del Afganistán con un estilo de gran panorámica en blanco y negro, muy de fotografía clásica.

Incluyo por último una muestra del trabajo sorprendente del portugués Pedro Barateiro que, con sus "psicografías de ciudades", procede a distorsionar los paisajes urbanos y naturales para darles una dimensión y consistencia distintas en un estilo que recuerda a los experimentos de algunos surrealistas, como Man Ray, por ejemplo, en sus solarizaciones o algún montaje de Lars von Trier.

dimecres, 11 de juny del 2008

Rajoy salvó los muebles.

A pesar de su carácter dubitativo e indeciso, el señor Rajoy ha conseguido imponerse a los vientos de fronda que se desataron en su partido y entre sus seguidores a raíz de la pérdida en las elecciones del nueve de marzo pasado. Y no eran menudos los adversarios que se le alzaron, pensando poder imponer así a su propio candidato: de un lado, los señores Losantos y Ramírez, uno provisto de su emisora y el otro de sus periódico y ninguno acostumbrado a que los políticos tengan autonomía e ignoren su parecer que, aunque dictado poer consideraciones de caja, tiene siempre una definida impronta política. Por detrás de ellos, generalmente a sus órdenes y presto siempre a iniciar algún tipo de campaña que hundiera al presidente del partido y según se le dijera, el señor Alcaraz, que tan útil había sido en la legislatura anterior para movilizar al gentío pancartero. De otro lado, las señoras Aguirre y San Gil y los señores Álvarez Cascos, Mayor Oreja, De Arístegui y Elorriaga, todo ellos coronados en el último momento por el señor Juan Costa que, aunque parecía imposible, consiguió hacer más el ridículo que sus compañeros.

La señora Aguirre amagó, amagó y amagó, pero no dio con lo que, a mi modesto entender, enterró sus precarias posibilidades de ser presidenta del PP y del Gobierno. La señora San Gil, probablemente inducida por el señor Mayor Oreja, escenificó un absurdo plante que, al final, sólo la dejó a ella fuera de juego. El señor Álvarez Cascos tronaba desde Covadonga como un cañón giratorio averiado sin que nadie le hiciera caso. El señor Mayor Oreja urdía las insidias en que pretendía hundir al señor Rajoy, muy en el estilo esquinado y sinuoso de la Democracia Cristiana. El señor De Arístegui dejaba caer comentarios por los pasillos diciendo cada día lo contrario que el anterior. El señor Elorriaga se descolgó con una carta en El Mundo, probablemente dictada por la vanidad que en el caso de estos vacuos tan bien sabe atizar el director del medio, señor Ramírez, dejando en la estacada y apuñalando por la espalda al jefe bienquisto a quien se venera pero se quiere substituir.

Por último, el episodio del señor Cuesta, un lechuguino de la época Aznar de intención y lengua viperinas (basta recordar la acusación falsa al Gobierno socialista de haber perdonado una deuda tributaria multimillonaria a sus amiguetes), que tras la preceptiva traición al líder maximo, pasó a decir luego que el Partido necesitaba recuperar la "ilusión" en el entendimiento de que sería él quien se la aportara. Pero, una vez echadas las cuentas, al decir del señor Fraga, y ver que no ganaba, el atildadito petimetre se retiró con el rabo entre piernas, protestando de su inquebrantable lealtad.

La característica más interesantes de este ataque a la fortaleza desde dentro de la fortaleza misma y la que debieran extraer quienes han intentado echar al señor Rajoy, aparte del hecho de que lo peor que cabe hacer en política es el ridículo, es que nada se consigue sin unidad. La idea de que la radio de los obispos y el panfleto diario del señor Ramírez podían servir para vertebrar un movimiento alternativo en un lugar donde, en cuanto se abre la posibilidad, las gentes van descarnadamente a lo suyo, se reveló ilusa. La polifonía crítica a Rajoy sólo producía desconcierto entre los ciudadanos que, al ser conservadores, preferían cerrar filas con lo conocido, aunque fuera malo, que esperar el santo advenimiento de lo hipotético bueno que nunca acababa de producirse.

El mayor agravio de los críticos de Rajoy ha acabado siendo que éste pretende redefinir al PP en un sentido que sea más grato a los ojos de sus adversarios, traicionar sus principios, romper sus valores. Hace poco el indescriptible señor Pío Moa aseguraba que los señores Rajoy y Rodríguez Zapatero tienen una actitud proetarra. Es obvio que cuando se formula tal tipo de dislates es que las razones que se aducen (principio, valores) son pura filfa. Todos los llamados principios no son más que una lucha por los puestos de mando entre los inevitables cesantes por un lado y quienes están apalancados en algún medio de comunicación desde donde pretenden dictar a la población lo que tiene que pensar con el divertido resultado de que en muchos casos lo consiguen, aunque no lo suficiente para ganar elecciones.

De momento va ganando el señor Rajoy. Veremos qué sucede en el congreso.

(La imagen es una foto de Movimente, bajo licencia de Creative Commons).

El arte del retrato.

El museo de El Prado tiene una estupenda exposición de pintura renacentista centrada en el retrato entre 1400 y 1600 en el edificio de la ampliación, entrada de los Jerónimos. Se reúne en ella una amplia representación de obras flamencas e italianas, las dos grandes familias de la retratística de la época. Aunque, por supuesto, es imposible juntar una muestra suficiente de la enorme proliferación del género en el Renacimiento, la verdad es que la exposición es abundante y muy representativa. Además no solamente tiene pintura sino varias esculturas, obra gráfica y algunas medallas y monedas que en cosa de retratos han sido siempre buen soporte y siguen siéndolo. Mi única queja es que la entrada a ocho euros es muy cara. Se me dirá que hay unas horas, de 18:00 a 20:00 de entrada gratuita, cosa que me parece muy bien para quien pueda ir al museo en ese momento. Yo empleo las de comer y ocho euros me parecen una pasada, aunque traten de justificarse dando paso a las colecciones permanentes del Museo. Faltaría más.

El retrato es un subgénero pictórico que tiene sus reglas y sus achaques. Muy frecuente en la escultura de la Antigüedad parecería no haberlo sido tanto en la pintura pero eso probablemente se debe al carácter más perecedero de los materiales pictóricos que han hecho que se pierdan las muestras de la sempiterna afición de la gente a dejar prueba de su paso por este pícaro mundo bajo la forma de su vera efigie. Cuando se utilizaron técnicas más duraderas, como los frescos con materiales resistentes, los retratos abundan; los procedentes de Paestum del fin de la época clásica en Grecia y comienzo de la helenística, dan buena prueba de ello.

En la Edad Media el retrato parece haber sufrido un eclipse, escasamente compensando por la rígida imaginería de reyes reales o imaginarios, del que comienza a recuperarse en la Baja Edad Media y el gótico tardío así como en el primerísimo Renacimiento como época de transición. Giotto y Simone Martin son los más célebres adelantados de las escasas obras de retratística de su época. El florecimiento del género se da ya en el quinquecento, de la mano del mayor individualismo que empieza a imponerse en el siglo. Cierto es que casi toda la pintura de la época es de encargo pero en el caso de los retratos el encargo es específico, centrado en la imagen de una persona concreta cuyo semblante quiere tenerse presente y su memoria conservarse por los motivos que sean. Los retratos póstumos (como el famosísimo de Giovanna Tornabuoni, que se encuentra en el museo Thyssen o el del abuelo con el nieto, de Ghirlandaio, que forman pareja en esta exposición) son buena prueba de ello.

Junto a los retratos cortesanos, de reyes, príncipes o condottieri, en poco tiempo se abre paso también la retratística de clases medias ascendentes, de banqueros (piénsese en el famoso matrimonio Arnolfini, de Van Eyck, que se encuentra en la National Gallery de Londres, una obra temprana de 1432), profesionales, poetas, humanistas, intelectuales. Algunos retratos de artesanos o comerciantes manifiestan una finalidad de ascenso social y prestigio de estas profesiones a través de un rico programa iconográfico que trata de vincular a los retratados con algunas virtudes o riquezas no necesariamente espirituales.

La exposición incluye un anónimo que representa a Federico de Montefeltro, Duque de Urbino y que debe de ser copia del cuadro de Pedro de Berruguete (que reproduzco más arriba) sobre el mismo personaje, de cuando el pintor español pasó una época en la corte de Urbino. Ese magnífico retrato, con perspectiva de sotto in sú de un triunfante condottiero de la época, condensa el espíritu renacentista. Federico aparece representado como una mezcla de guerrero e intelectual con armadura y libro al tiempo que gobernante justiciero de su ducado, simbolizado en la espada, y amante padre, pues el pintor ha incluido en el cuadro a su hijo. Es una magnífica pieza que trasmite el fondo psicológico del personaje, su fortaleza de carácter, su seguridad y aplomo, así como una veta de prudencia, propia del gobernante mezclada sin embargo con una pizca de dureza y aventura explicable por una circunstancia física que él se ocupaba de ocultar a la posteridad: era forzoso pintarlo de estricto perfil puesto que una cicatriz le cruzaba el lado derecho del rostro, desde la sien al mentón y lo había dejado tuerto. Eso se aprecia en el cuadro de Berruguete si se observa con atención la insólita postura del Duque de Urbino que sólo puede leer con un ojo, lo que lleva a la imaginación a representarse la figura del gigante Polifemo, con quien involuntariamente se asocia al representado, una mezcla pues de civilidad típicamente renacentista y salvajismo mitológico. Esa característica queda también manifiesta en el no menos fascinante retrato de perfil del mismo personaje, realizado por Piero della Francesca, como pendant al de su esposa, la duquesa de Urbino, con el puente de la nariz hendido por el tajo. Y lo mismo sucede con la divertida remake que hizo Botero del retrato de della Francesca. Ninguno de estas piezas está en la exposición y es una lástima porque muestran un hilo conductor de la pintura.

Lo que sí hay es una muy breve muestra de autorretratos, cosa que me ha animado un poco a poner en práctica un brumoso proyecto que tengo de colgar una serie de posts sobre este tipo especial de retratos, un subgénero del subégenero que para mí tiene una gran importancia, porque es el momento en que la pintura se lanza a la búsqueda de la imagen de sí misma, en que los pintores se preguntan por sí mismos, indagan en su interior, preguntan por su doble, intentan fabricar también su vera efigie para convencer a los demás con su idea de sí mismos.

Traigo aquí el autorretrato de Rafael con un amigo desconocido (de quien se presume fuera su maestro de esgrima) y que es un cuadro sorprendente que sumerge al espectador en el mismo tipo de duda metafísica que lo asalta al contemplar Las Meninas velazqueñas, más de un siglo después. Exactamente, ¿a quién miran Rafael y su amigo en ese cuadro? ¿A nosotros, que seguimos desfilando por delante de la obra según pasan los siglos, haciéndonos la misma pregunta que es a la vez respuesta a la muda requisitoria que nos envían los artistas? Es esta una suposición gratificante cuando uno piensa que nosotros, nosotros mismos, que tampoco somos celebridades hayamos podido estar en la retina del pintor, ser el objeto de la mirada genial de Rafael. ¿O quizá miran al verdadero autorretrato del artista que estaría en donde nosotros nos ponemos ahora para contemplar el cuadro? Es decir, es una manifestación excepcional del arte pictórica con una apabullante economía de medios.

Merece la pena asistir a la exposición aunque muchas de las obras ya se exhiben habitualmente en el Thyssen o en el propio Prado. Se gana una buena perspectiva del arte del retrato en el Renacimiento en su conjunto, cuando el hombre adquirió repentina conciencia de su dignidad de ser humano y pidió ser inmortalizado no como gobernante, rey o emperador o incluso Dios, sino como individuo concreto, portador de una serie de cualidades y un carácter personal, cuyo reflejo constituye normalmente el reto de los pintores. Hay diversas muestras de estas concreciones, como el grandioso retrato ecuestre de Carlos V en la batalla de Mühlberg, de Tiziano o el autorretrato de un Durero juvenil en Italia, que se pintaba a sí mismo como un Jesucristo.

Con el género retratístico y según va uno mirando y remirando muchos de estos retratos (y de otras épocas) a lo largo de la vida, a medida que va uno cambiando y haciéndose más sabio o más estúpido tiene uno la impresión de que se construye una especie de galería de antepasados, con los que guarda diferentes relaciones. Por ejemplo, jamás podré mirar con ojos de adulto el retrato del infante Baltasar Carlos de Velázquez, porque tuve una reproducción suya durante muchos años en mi dormitorio cuando niño.

dimarts, 10 de juny del 2008

Sesenta y cinco horas.

El proyecto de directiva sobre la jornada laboral que ayer aprobaron los ministros de Trabajo de la Unión Europea (UE), pendiente ahora de su paso por el Parlamento, tiene un extraordinario significado material y simbólico. Precisamente por eso llevaba tres años rodando por los despachos de la Unión, impulsado sobre todo por Gran Bretaña pero sin poder salir adelante debido a la oposición de Francia, Italia y España. Ahora Francia e Italia han cambiado de parecer, sumándose a la oleada de derechismo que invade el continente y España sola no podrá parar la norma por mucho que el ministro español del ramo, señor Corbacho, asegure que se trata de un retroceso al siglo XIX, en lo que tiene razón.

La importancia material de la reforma no escapa a nadie. Aunque es cierto que se trata de una directiva que no es de aplicación automática en los países miembros, pues estos han de incorporarla a sus ordenamientos quedando en libertad para hacerlo como quieran, es claro que estará operativa en muy poco tiempo ya que, con la movilidad de empresas e inversiones que hay en Europa, éstas se dirigirán a los países que adopten la directiva, abandonando a los que se resistan, dado que la norma es de sumo interés para el capital. También es cierto que se trata de un tope máximo de sesenta horas por semana (sesenta y cinco en ciertos casos, como el de los médicos), pero sería ingenuo ignorar que los empresarios sólo contratarán trabajadores que acepten la prolongación de jornada, máxime teniendo en cuenta que los británicos han impuesto su criterio del opting out, que implica la posibilidad de contratos individuales bilaterales entre los empresarios y los trabajadores.

Esta vuelta a la contratación individual -siempre bajo el manto de la voluntariedad que, innecesario es decirlo, podrá ser tal en el caso de los patronos pero raramente en el de los obreros- es un golpe todavía más fuerte al Estado del bienestar y a los derechos de los trabajadores que el de las sesenta y cinco horas porque supone el comienzo del fin de la contratación colectiva, base de la fuerza del trabajo y punto de apoyo de los sindicatos. En realidad la medida abre la puerta al dumping social en la UE. Durante los últimos años ese dumping social se limitaba a China y otros países y economías emergentes del Tercer Mundo, mientras que el privilegiado Occidente mantenía condiciones laborales dignas al tiempo que los capitales emigraban, las empresas se deslocalizaban, nuestras economías perdían competitividad y los mercados se veían invadidos por productos fabricados fuera que todos comprábamos por ser más baratos a sabiendas de que esa baratura se conseguía con jornadas laborales de doce y catorce horas, salarios bajísimos y condiciones laborales detestables en otras partes del planeta. Con esa directiva obviamente se pretende competir con aquellos países imitándolos en lo que tienen de peor.

Simbólicamente hablando la aprobación de la directiva tiene un impacto enorme. La conquista de la jornada de ocho horas, hasta hoy incorporada a todos los ordenamientos occidentales y punto esencial de la Organización Internacional del Trabajo, es el núcleo mismo del movimiento obrero puesto que está en el origen de la fiesta del primero de mayo. El mundo del trabajo la ha considerado siempre como una conquista irreversible de acuerdo con el viejo principio de los "tres ochos": ocho horas para trabajar, ocho para descansar y ocho de ocio y para el hogar, como se recuerda en el grabado de la derecha, correspondiente a una conmemoración de principios de siglo de la jornada de ocho horas en Australia.

Pero es claro que irreversible no hay nada. Los viejos manuales de Economía Política marxista enseñaban que la jornada laboral era el resultado de la relación de fuerzas entre el capital y el trabajo en cada momento dado. Hace ya tiempo que, a raíz de un par de fenómenos, como fueron la primera crisis petrolera de 1973/74, el posterior hundimiento del bloque comunista quince años más tarde y el avance imparable de la globalización que se siguió, el capital se ha fortalecido mucho en tanto que el trabajo se ha debilitado por lo que era de esperar que el primero replanteara las relaciones con el segundo en un sentido más favorable a sus intereses y menos a los de los trabajadores.

Mientras hubo bloque comunista, que actuaba como contención, y un Estado del bienestar fuerte, respaldado por un movimiento sindical y obrero también fuertes, funcionó el llamado "pacto social liberal" de la postguerra. Éste hizo posible el milagro de altas tasas de crecimiento, altos salarios y buena cobertura de servicios sociales con condiciones laborales (seguro de enfermedad, vacaciones pagadas, jubilaciones, etc), lo que paradójicamente provocó un aburguesamiento y desmovilización de los trabajadores. Basta con ver la afiliación a los sindicatos o la asistencia a las manifas del primero de mayo. Esta inversión de papeles (trabajo débil frente a un capital fuerte) provocó ya a fines del siglo pasado un ataque contra el Estado del bienestar, consistente en privatizar los sectores públicos de todas las economías poner coto al "intervencionismo del Estado" y desmantelar la protección social. Ahora se pretenden privatizar también los servicios públicos y terminar el desmantelamiento de los Estados del bienestar, destruyendo las escasas conquistas del derecho laboral que quedan. Después de la abolición de la jornada de ocho horas (cuarenta/cuarenta y ocho por semana) vendrán la abolición del salario mínimo (una vieja aspiración del capital siempre dispuesto a dar trabajo a la gente a cambio de salarios de hambre), las vacaciones pagadas (otra aspiración de la patronal que, argumenta, aumenta mucho los costes de producción), la cobertura sanitaria universal, la prestación de servicios sociales gratuitos y a saber que pasa con el sistema público de pensiones.

No sé si este nuevo ataque a las conquistas del derecho del trabajo provocará algún tipo de movilizaciones, pero está claro que se hace asimismo en un momento muy bien escogido, al comienzo de una crisis económica plagada de incertidumbres con amenaza de subida del paro, que es lo que más debilita a los trabajadores y restringe sus posibilidades de acción. Pero si no se movilizan hoy tendrán que hacerlo mañana pues la revisión que el capital quiere hacer del pacto de la posguerra no ha llegado al final ni mucho menos. Es decir, la cosa se puede poner peor.

Por último, aunque no pertenece al ámbito simbólico de consideración sino al de las elaboraciones académicas, me gustaría saber cómo explicaríamos hoy día aquellas sesudas teorías de los sociólogos de antaño que hablaban de la "sociedad del ocio" y otros mitos de este jaez, como la "sociedad de la opulencia". Con jornadas de sesenta a sesenta y cinco horas, poco será el ocio de que se pueda disfrutar.

La primera imagen es una reproducción de una viñeta de Punch, vol. 101, 19 de septiembre de 1891 bajo licencia de Project Gutenberg. Al pie tenía una leyenda que, traducida, decía así: Procusto. "Vamos, muchachos, voy a haceros a todos iguales para que quepáis en mi camita".- Coro: "¡Oh, Dios! No es posible establecer un horario universal igual de trabajo sin infligir un gran daño a los trabajadores.")

Vicios nacionales. El ruido.

Fiel a su promesa de fustigar los vicios comunes en la convivencia de los españoles, Palinuro combate contra el ruido como lo hace contra la fiesta de toros y una miriada de atentados contra el medio ambiente, etc, etc. El ruido es uno de los temas preferidos para fustigar porque es muy típico de España, casi privativo de ella. El ruido es ubícuo porque está en todas partes: la calle, las cafeterías, las casas de vecinos, las aulas etc. Es como una maldición bíblica. Cuanto se haga por mitigarlo o -no caerá esa breva- erradicarlo será poco. Por eso traigo hoy aquí el chiste de Forges ayer en El País que tiene mucha gracia y es muy cierto.

dilluns, 9 de juny del 2008

Más sobre el timo del ladrillo.

El sedicente gobierno socialista tiene en pie de guerra a los autónomos y al transporte en general, así como a la pesca de bajura, es decir a dos sectores del trabajo, pero ha salido en defensa de las inmobiliarias y las empresas de construcción, dispuesto a salvarlas invirtiendo dinero público para mantener artificialmente altos los precios de la vivienda en consonancia con los intereses de los especuladores del ladrillo. El mismo dinero que regatea a los autónomos del transporte. Me gustaría creer que es puro atolondramiento y no que esté haciéndose una política deliberada de proteger al capital que esquilma a la gente y dejar que esa misma gente se las componga como pueda. Pero cada vez es más difícil porque cada vez está más clara la línea gubernativa. Las declaraciones de la ministra de la Vivienda, señora Corredor, ya comentadas aquí en un post del seis de junio titulado La no crisis incitando a la gente a comprar vivienda ahora porque es el mejor momento son muestra evidente de la supeditación del Gobierno a los intereses de las inmobiliarias.

¿Por qué? Muy sencillo. La Ministra no puede desconocer, pues llevan años diciéndolo todos los organismos de analisis económico independientes y todos los servicios de estudios de bancos y entidades financieras, que la vivienda en España está sobrevalorada entre un 20 y un 40%. Y años quiere decir años. En el año 2005 el Banco de España decía que la vivienda en España está sobrevalorada en un 20%. En el año 2006 era el Banco Central Europeo el que advertía de que había síntomas de que el precio de la vivienda estaba sobrevalorado en la zona euro y por lo tanto también en España. En el año 2007, según un informe del Instituto Juan de Mariana, publicado en El economista la vivienda en España tenía una sobrevaloración del 40%. Es obvio que los precios no han bajado un 40%; es más, simplemente no han bajado, sino que, como dice la misma señora Corredor, aumentan ahora según el IPC. Entonces, ¿por qué dice la tal ministra que es el momento adecuado de comprar una vivienda? ¿Es que no lee los informes de los bancos ni siquiera la prensa? ¿No se ha enterado de que esa vivienda que quiere que compremos está sobrevalorada en un 4o%? Es claro que tiene que saberlo y que incita a comprar para favorecer a las inmobiliarias, para que éstas sigan vendiendo a precios inflados y se consolide la brutal sobrevaloración del 40% en detrimento de los intereses de la gente. Si además tenemos en cuenta que el euríbor está ya en un 5,5% y con tendencia al alza, lo que quiere decir que las hipotecas se han encarecido en una media de mil euros anuales y esperan aun tiempos más difíciles, es imposible no ver que esta señora ministra y el gobierno del que forma parte están al servicio de los especuladores del ladrillo, una especie de mafia que ha explotado y sigue explotando a cientos de miles de españoles.

Los tribunales acaban de dictaminar que no es posible declarar al Estado responsable civil subsidiario en el caso de la presunta estafa de Afinsa, es decir que los españoles (ya que el Estado al margen de la gente que pagamos impuestos, es como la "cosa en sí" kantiana, algo incomprensible) no tenemos por qué pagar las pérdidas de quienes metieron el dinero en aquella aventura. Resulta, sin embargo, que sí vamos a tener que pagar las casas de los especuladores del ladrillo, con el precio inflado del 4o% por decisión unilateral de la administración.

Y conste que no creo que esta sinvergonzonería sea directamente obra de ese asesor del señor Rodríguez Zapatero que ha dado el salto a un consorcio o algo así de empresas constructoras, el señor Taguas. No por nada sino porque no le ha dado tiempo a hacerlo (ya se encargará de hacer cosas peores) y porque, según se ve, al Gobierno no le hace falta que le orienten en su comportamiento; va él gustoso a favorecer a los empresarios en contra de los ciudadanos, habiendo comprado el especioso argumento de aquellos de que hay que parar la "caída" del sector para evitar el aumento del paro cuando está claro que el paro en la construcción ya se ha producido en buena medida y el que haya de producirse no lo va a evitar este tipo de medidas. Es decir, al final, como dice Carlos Slim (el segundo hombre más rico del planeta y por algo será) en una entrevista ayer en El País todas las crisis son oportunidades sobre todo para quien sabe verlas y puede aprovecharlas. Los especuladores del ladrillo venden a las administraciones públicas los pisos sobrevalorados que no pueden colocar en el mercado y reducen costes por otra parte despidiendo a los trabajadores que pasan a cobrar el subsidio de desempleo. ¿Quién paga ambas cosas? El conjunto de los ciudadanos, gracias al empeño del sedicente Gobierno socialista. Desde luego, una oportunidad de oro.

(Las imágenes son sendas fotos de Rante y de quapan, ambas bajo licencia de Creative Commons).

Visiones de la utopía.

La Revista Internacional de Filosofía Política dedicó su número de julio del año pasado a un semimonográfico sobre la utopía, a cargo de José María Hernández (La utopía en la estela del pensamiento político, Madrid, nº 29, julio de 2007, 252 págs) que acaba de llegar a mis manos. Contiene cuatro interesantes trabajos sobre este fenómeno que es al mismo tiempo un género literario y un concepto filosófico-político, un campo vastísimo, sin duda, sobre el que hace unas atinadas reflexiones introductorias el citado José María Hernández, al distinguir la utopia (y eutopía) de la heterotopía y determinar el momento (siglo XVIII, progreso y siglo de las luces) en que la utopía de hace ucronía.

El trabajo de Giulia Sissa, "Geniales gérmenes de ideas". La búsqueda de la perfección política de Atenas a Utopía, que contiene ideas muy sugestivas y muy bien expuestas, explica que el arranque del género utópico esté en la obra de Platón (aunque el nombre se lo diera luego Tomás Moro en 1516 con su Utopía) a causa de lo que podemos llamar el narcisismo de Atenas, la continua autoalabanza democrática y la idea de ser lo mejores que impregna todo el pensamiento griego, como después sucederá con el romano en tiempos de Cicerón y, desde luego, del griego Polibio, defensor de la idea de que Roma incorporaba la forma perfecta de Gobierno. Idea que luego San Agustín trasladará a la Ciudad de Dios. En principio, el género utópico surge como contrapunto a tanta autosatisfacción, una idea convincente en el caso de Grecia pero no acabo de ver en el de Roma, en donde no hubo utopías. La utopía se situa en la sempiterna pregunta de la filosofía política por la mejor forma de gobierno, aquella que procura la felicidad, la eudaimonia. Ésta está presente en la Kallipolis platónica, donde no hay hedonismo, pero sí eudaimonia. Ya Aristóteles, sin embargo, advierte lo que será después una constante del pensamiento político, que en la polis se da indistinta la mezcla de placer y dolor. Y es en esta tradición aristotélica donde Sissa da una original interpretación de la Utopía de Moro, al advertir que se trata de una crítica festiva a las ideas del humanismo erasmista y a su amigo Erasmo quien aparece como el conocido narrador de Utopía, Rafael Hytlodaeus, empeñado en hacer una mezcla que Moro consideraba inviable entre Platon y Epicuro. Utopía es entonces la crítica a ese programa imposible del reino de la vera nobilitas caracterizado por la imposible suma del comunismo y el placer epicúreo. El género, sin embargo, se independiza y su historia a lo largo de los siglos después de Moro es la del placer frente a las cuitas, los "cuidados", que han caracterizado el pensamiento político, la Sorge que Heidegger tomó del Fausto de Goethe y desarrolló luego en su obra cumbre, la misma que recogerá más tarde Foucault y que, después del hundimiento del comunismo, sigue vivo con fuerza creadora que ella sitúa en autores como Shklar, Wallerstein, Jacoby y Jameson.

El trabajo de Carlos Gómez, La utopía entre la ética y la política: reconsideración, centra la cuestión de la utopía frente a la ideología cuyo carácter multívoco elabora de la mano de Paul Ricoeur para concluir que si la patología de la ideología es el disimulo, la de la utopía es la evasión (p. 46). El engarce de la utopía con la política se ve de inmediato, según Gómez, al echar mano del concepto foucaultiano de heterotopía pues mientras la utopía no está en ninguna parte, las heterotopías (tanto las de "crisis" como las "desviación") sí están en lugares precisos en las sociedades humanas. Por último la utopía devenida ucronía arranca en el momento en que el profetismo judío sustituye la idea circular del tiempo por la del progreso lineal hacia una meta mesiánica. Y ahí incluye con mucho acierto el Principio esperanza de Ernst Bloch con esa idea tan suya (y que luego reaparece en nuestros días en la del republicanismo cívico aunque ya nadie se acuerda del filósofo germano-judío) del "andar erguido del ser humano". Sintetiza Gómez el utopismo de Bloch en aquella fórmula del "trascender sin trascendencia" (p. 51) que siempre me ha parecido paladina confesión de inferioridad del negociado del marxismo frente al cristianismo. Así nada de extraño que concluya su interesante exposición remitiendo de nuevo al "impulso utópico" de Paul Ricoeur y a la idea de Aranguren de la democracia como un fin "moral" siempre pendiente en el horizonte. Es obvio que la utopía sigue teniendo su funcionalidad.

El ensayo de Krishan Kumar, reconocido especialista en utopías, Pensar utópicamente: política y literatura, es una pieza estupenda en la que se aborda la utopía como género literario. La utopía tiene un doble origen, clásico (Platón) y judeocristiano (la Biblia). La ciudad ideal de Platón tendrá su réplica en las ideas renacentistas sobre la ciudad feliz y desde luego en la Ciudad del sol de Campanella. A su vez sostiene que la Utopía de Moro debe entenderse como una novela, una novela que está en el origen del género novelístico en occidente porque es exclusivo de Occidente pues no hay utopías en la historia del pensamiento oriental, chino o indio. Hoy día la literatura utópica (al estilo de Ursula K. Leguin que no hay que confundir con la ciencia-ficción) está confinada a círculos de aficionados y también ha desembarcado con fuerza en el cine desde la famosa Horizontes perdidos, una versión de la fábula de Shangri-la, hasta la trilogía de Matrix. Esta momentánea decadencia del género utópico se debe, en principio, a que es un género de "grandes narrativas" de las que desconfía el pensamiento posmoderno. No obstante hay un proceso de resurgir al amparo del capitalismo global que es la base de la cultura posmoderna, al decir de Jameson.

El ensayo de Ángel Rivero, Utopía versus Política, es una especie de reflexión sobre la clásica obra de Mannheim, Ideología y utopía, en donde la utopía se concibe como una crítica y negación del presente un boceto de cómo ha de ser el futuro. Sigue de cerca la clasificación en cuatro momentos del espíritu utópico en Mannheim: 1º) la rebelión de Thomas Münzer, que a Rivero no le acaba de convencer del todo como verdaderamente utópica; 2º) la idea liberal humanitaria del progreso y el tiempo, una de cuyas obras más representativas es El año 2440 de Sebastien Mercier; 3º) el conservadurismo, cuyo origen está en el famoso prefacio a la Filosofía del derecho de Hegel y el celebérrimo buho de Minerva; 4º) el momento ucrónico del socialismo y el comunismo ligados a la tarea del hundimiento previo del capitalismo

Fuera del campo estrictamente utópico encuentro interesante de reseñar el trabajo de Pablo Badillo O'Farrell, Continuidad y cambio en la filosofía política del siglo XX, que es como una cartografía del pensamiento político actual. Distingue dos grandes grupos de arranque: a) los teóricos de la rehabilitación de la política, al estilo de Strauss, Arendt o Voegelin, empeñados en el diálogo con los clásicos; b) la tendencia histórico-ideológica de la escuela de Cambridge, Koselleck, Skinner, Pocock, Viroli, empeñada en un enfoque analítico enfocado alternativamente al texto o al contexto. La versión contextual tiene de adalidad a Collingwood pero el autor admite que, en este terreno, en el continente, la voz más autorizada es la de la hermenéutica de Gadamer. Al día de hoy, tras ventilar la duda sobre si hay todavía o no una teoría política (Isaiah Berlin) , después de que Peter Laslett decretara su defunción, para declararla resurrecta luego de la obra de Ralws, la filosofía política entre la teoría jurídica del estado y la ciencia política empírica, ha venido ocupándose de asuntos de gran interés: el poder, la soberanía de los Estados (un tema candente) la función del mal y el miedo en la sociedad, los derechos humanos, el pluralismo y el multiculturalismo. Cierra el autor su repaso al estado de la cuestión en materia de filosofía política repasando la cuestión de la representación, condensada en la obra de Hannah Pitkin y ampliada en la de Sartori.

(Los dos cuadros son el primero de Holbein el joven, Retrato de Tomás Moro, (1521, seis años después de la publicación de Utopia), que se encuentra en la Colección Frick, en Nueva York, y el otro una curiosa copia que hizo Rubens del de Holbein; curiosa porque es menos barroca que el original).

diumenge, 8 de juny del 2008

El discurso de ERC.

ERC es un partido necesario en España. Además eso de que sea abiertamente republicano y esté recordándolo todo el día me lo hace especialmente simpático. Pero no es por su republicanismo sólo por lo que es necesario en España, sino por su independentismo activo y... pacífico. ERC es la mayor fuerza de deslegitimación del terrorismo etarra puesto que deja bien a las claras que en España se puede ser independentista y gobernar. Y no solamente gobernar, sino gobernar tratando de conseguir la independencia, no nominalmente sino de hecho. Porque uno de los puntos de la propaganda etarra y su entorno mediático es que España no es una verdadera democracia y que en ella no se puede defender el independentismo pacíficamente. Justo la existencia de ERC prueba lo contrario.

Lo que sucede es que lo que quiere decirse es que España no es una democracia porque no cabe obtener la independencia por medios pacíficos. Y eso es otra cosa. Desde luego, está por ver que España (o el Estado espñol) acepte la voluntad de independencia de una mayoría de vascos o de catalanes pacíficamente expresada; pero es que antes hay que ser eso, mayoría. Cosa que sólo puede averiguarse de verdad en estado pacífico, no de guerra. Esa idea de que hay que conseguir a tiros lo que no se ha probado que no pueda conseguirse pacíficamente es el punto negro de ETA, lo que demuestra su falta de legitimidad. Lo que empezó para luchar contra Franco no puede servir después para luchar contra la democracia, salvo que se sostenga, contra toda lógica, que la democracia y el franquismo son lo mismo, que es lo que pregona ETA y muchos apoyan pues, dicen, la democracia procede del franquismo, pero es una procedencia cronológica, genética, no conceptual. Y ya se sabe que los hijos no heredan los pecados de los padres.

Así que es estupendo que haya ERC y que se recupere del batacazo que se dio en las elecciones de nueve de marzo pasado cuando perdió cinco de ocho diputados que tenía en la legislatura anterior en el Congreso. Para hacerlo ha ido por la vía asamblearia, cual es su carácter y ha celebrado elecciones a Presidente y Secretario General, una estructura presidencialista similar a la del PP. Los ganadores son los del continuismo más o menos aggiornato, señores Puigcercós y Ridao. El tripartito, en principio, continuará, pero la nueva dirección de ERC quiere una renegociación, lo que puede ponerlo en peligro o, lo que es más seguro, permitirá a ERC hacer lo que más le gusta: estar en el Gobierno y en la oposición al mismo tiempo. Es un partido de gente inteligente que sabe que lo importante es tener opciones abiertas. Nada que ver con ETA que ha llevado a su equivalente vasca al trullo, por bruta.

Cierre de oro de las primarias.

Creo que ha estado muy bien la señora Clinton en su discurso, aceptando la victoria de Mr. Obama con deportividad y restaurando la unidad del Partido Demócrata. Es un buen ejemplo de juego político democrático y, con este gesto, en mi opinión, se redime de los momentos malos y hasta odiosos de la campaña, algunas insidias y golpes bajos. En el fondo, los Clinton no tienen a quien culpar de su fracaso sino es a sí mismos. Comenzaron demasiado fuertes, excesivamente seguros de sí mismos (hablo en plural porque planearon la campaña, en la medida en que lo hicieron, como una especie de tándem), iban, como se dice, muy sobrados; no consideraron la posibilidad de que las cosas pudieran ponerse feas. Al fin y al cabo, Mrs. Clinton era la candidata inevitable. Además cometieron el imperdonable error de principiantes de minusvalorar a su adversario.

Ignoro qué posibilidades reales hay de que finalmente salga un ticket conjunto de los dos, con la señora Clinton de vicepresidenta, en la convención de Denver en agosto. Debe de ser muy difícil desde el punto de vista personal. Pero a los efectos de conseguir el máximo apoyo entre los votantes seguramente es una buena idea. Máxime teniendo en cuenta que Mrs. Clinton tendría un cometido específico en la Vicepresidencia: la universalización de la seguridad social en los Estados Unidos, algo con lo que cuentan todos los Estados del bienestar europeos y que en los EEUU está clamoramente ausente. Así habría una nítida división del trabajo.

Sea como sea, resultará emocionante la campaña electoral hasta el mes de noviembre, cuando se abrirá la posibilidad de que los Estados Unidos tengan su primer presidente negro. Los Estados Unidos, en donde aun no hace cincuenta años había segregación racial en bastantes estados del Sur y donde todavía existe el Ku Klux Klan y diversas organizaciones neonazis, partidarias de imponer a tiros sus mitos sobre la supremacía blanca.

Otra cosa será en qué medida la presidencia del señor Obama representará realmente un cambio en la política exterior e interior del país más poderoso de la tierra. Quiero creer que lo habrá, pero no cabe olvidar que los EEUU están de hecho gobernados por una tupida red de intereses empresariales que funciona por su cuenta, casi automáticamente. Cuando menos, el señor Obama da la impresión de no estar poseido por el mismo estúpido y arrogante cinismo de los actuales gobernantes estadounidenses. Pero queda por ver si eso será suficiente para implantar ese cambio en el que podamos creer.

dissabte, 7 de juny del 2008

Cuando los periodistas son la noticia.

Leo en Libertad Digital que el señor Chaves, presidente de la Junta de Andalucia está invirtiendo dinero público, dinero de todos los contribuyentes, en salvar del naufragio a los promotores andaluces, y me llevan todos los diablos. Pero ¿qué clase de socialistas son estos que ayudan a los empresarios que están esquilmando a la gente hace años y tienen a cientos de miles agobiados con las hipotecas por causa de sus precios abusivos? Esto sí que es un engaño y una estafa y algo por lo que estoy seguro de que no votaron los electores del PSOE.

¿Qué quieren estos gobernantes? ¿Que los jóvenes sigan sin poder emanciparse? ¿Que nadie pueda comprar un piso? ¿Que la gente siga entrampada hasta las cejas? ¿No quedábamos en que la situación del mercado inmobiliario español era el resultado de las políticas neoliberales de la derecha? ¿Y qué es lo que quiere hacer ahora la sedicente izquierda? Pues obviamente, salvar de la crisis a las inmobiliarias que han estado forrándose a costa de los españoles y hacerlo con el dinero de esos mismos españoles.

"ZP, no nos falles" gritaban los jóvenes al presidente del Gobierno quien durante la primera legislatura no hizo literalmente nada por ellos en el asunto de la vivienda, mientras que en la segunda, bien claro está, anda engañándolos y con ellos a todos los españoles, a base de obligarlos a pagar para que los empresarios del ladrillo no tengan que bajar los precios. Bastaba con escuchar ayer a la ministra de la Vivienda, señora Corredor, tratando de incitar a la gente a la compra de pisos ahora que el euríbor está al alza desbocada y los bancos no conceden créditos si no es con sacacorchos, como si fuera la agente de las inmobiliarias.

¿Qué diablos tiene esto que ver con la izquierda o con el socialismo? Es una sinvergonzonería que ni la derecha se atreve a practicar. Espero que la gente no lo olvide cuando haya que votar de nuevo. Y que no me digan que saco la noticia de Libertad Digital y que, por lo tanto, puede ser falsa. Ni hablar: está claro que la política del señor Rodríguez Zapatero está a favor de los empresarios del ladrillo y en contra de la gente, esto es, está defraudando a sus votantes.

Es tanta mi indignación que prefiero hablar de otra cosa. En concreto de unas declaraciones de doña Cristina Schlichting, recogidas en El Plural. La locutora, que tiene un programa de la COPE, afirma que hay periodistas que están haciendo política, no información. Eso se llama morro. Porque la señora López Schlichting sabe de sobra quetal cosa es lo que hacen los periodistas de su cadena, empezando por ella, que llevan años sosteniendo al PP y haciendo lo posible por atacar a sus rivales y que aquel gane las elecciones, con tanto denuedo incluso como el que ponen los "socialistas" por proteger los intereses del capital inmobiliario, de naturaleza fundamentalmente especulativa. Ningún periodista de la COPE hace algo distinto que política y en una medida superior a la suma de todos los demás periodistas de todos los demás medios, excluida Telemadrid, que es una emisora a la mayor gloria de doña Esperanza Aguirre, agujero de despilfarro y nido de manipulación contumaz. Es más, precisamente la COPE es la única emisora desde la que un significado periodista, don Luis Herrero, ha dado el salto a la política práctica como eurodiputado del PP.

Precisamente porque los periodistas de la Cope no paran de hacer política a favor de la derecha, en especial sus dos locutores astros, han acabado siendo ellos la noticia, especialmente el señor Jiménez Losantos que va de juzgado en juzgado por su irrefrenable tendencia al insulto y la injuria. Y siempre que un periodista es noticia no por asuntos personales sino por su forma de hacer periodismo, de "encuadrar" las informaciones, ya sabemos que se trata de un periodista más o menos sectario. En este caso concreto, además del sectarismo, opera que el periodista en cuestión interviene directamente en los asuntos del partido, a favor de unos en contra de otros, trata y conspira con unos dirigentes para descabalgar a otros; en definitiva, es más que un periodista orgánico, es por así decirlo, el aparato mediático del partido (y de la Iglesia católica que, en sí misma, es un partido, el de Dios), aceptado por todo el mundo. Así que ¿de qué está hablando la señora López Schlichting? Debe de pensar que la gente es tonta.

(La imagen es una foto de contra-terrorismo mediático, bajo licencia de Creative Commons).