divendres, 11 d’abril del 2008

La batalla de las ideas.

La batahola que hay en el PP es lo nunca visto. Al perro flaco todo se le vuelven pulgas. Pierdes unas elecciones y te encuentras con una crisis de liderazgo de la que no te saca ni Dale Carneggie. Desde Pekín, a donde el señor Ruiz Gallardón ha ido supongo que a aprender cómo se hace cuando te conceden unos juegos olímpicos, que no fue su caso, ha metido la cuchara en el guiso conservador diciendo que no quiere que la señora Aguirre sea presidenta del Gobierno de España.

Mil perdones, señora Presidenta, pero esto sí que es un órdago y no lo que hizo el otro día Vd. ante el exangüe señor Rajoy, que no le llegaba la camisa al cuerpo. Esto de sacar las pugnas, las rivalidades, los odios a la luz pública sí que es trasparencia y un adelanto respecto al tiempo anterior en que existían pero en sordina, disimuladamente. Así que, señora Presidenta, tendrá Vd. que dar una respuesta como merece al señor Ruiz Gallardón. Si no lo reta Vd. directamente en singular combate, deberá encontrar un caballero que pelee su causa, pero esta afrenta no puede Vd. dejarla pasar.

Bah, razona la señora Aguirre, son unos maletas que ya se han asustado y han corrido a refugiarse bajo las alas de la izquierda clueca. Por eso, no hay que dejar pasar una, hay que plantear la oposición en todo, con todo, para todo. Nada de aproximarse a la izquierda, sino destruirla, eliminarla como sea, que lo demás se dará de añadidura. Aquí lo que hay que hacer es plantear la batalla de las ideas para que quede claro que el liberalismo es moralmente superior a la izquierda.

La batalla de las ideas. Grandioso nombre muy al estilo de las series históricas de la BBC del tipo de The battle of Stalingrad o simplemente Stalingrad. Le gusta mucho a la cohorte mediática de la señora Aguirre: aquí tratamos de ideas, de principios, de valores. Somos los think-tankers de un próximo complejo de ideas que asombrará al mundo. Primero hay que dar la batalla de las ideas. Que se prepare la socialdemocracia que ella, la señora Aguirre, le va a demostrar cómo la pretensión de la izquierda de ser moralmente superior es falsa y la verdad es justamente lo contrario: el liberalismo es moralmente superior.

Es estúpido establecer diferencias morales entre ideologías políticas que comparten un mismo sistema de valores, como la socialdemocracia y el liberalismo... salvo que este liberalismo de que aquí se habla sea sencillamente falso. Efectivamente, no es liberalismo es hipernacionalismo que, como el liberalismo de Jörg Haider en Austria, se acerca al fascismo, de la mano de un populismo que se desgañita en los medios.

Si por "izquierda" se entiende la tendencia política supuestamente más a izquierda del PSOE es decir, lo que antaño se llamaba "comunistas", que sean estos quienes ventilen la cuestión sobre la superioridad moral si es que la proclaman. En la socialdemocracia se me hace difícil aceptar que alguien crea poseer una superioridad moral sobre algún otro como colectividad. Aquí se entiende que no hay más moral que la de las personas individuales; son las personas individuales quienes son objeto de juicios de valor y responsables de lo que hacen. Pues bien, no hay personas superiores o inferiores moralmente, todas son iguales. Después, cada cual es hijo de sus actos. O hija.

El razonamiento liberal para provocar la "batalla de las ideas" es una típica falacia racista. La superioridad moral es el principio mismo del que se parte, no el resultado final de los actos de cada cual en sus circunstancias concretas, es la connotación de una adscripción colectiva, la izquierda, los judíos, los partidarios del barça o los tullidos. La izquierda, los Untermenschen, carecen de ella. Esta reside en el liberalismo, en los Übermenschen y eso puede demostrarse no con la acción individual concreta sino mediante la batalla de las ideas

Sostener que superioridad o inferioridad moral entre ideologias que pertenecen a la misma tradición de valores de democracia, estado de derecho y valor de la persona humana es erróneo y en sí mismo inmoral. Inmoral como lo es la señora Aguirre cuando habla de superioridad moral.

(La imagen es un cartel de Julio Romero de Torres de 194, La mecha (en el que se ve a una mujer española a punto de encender la mecha de un cartucho de dinamita), pertenece a la colección de la Unión de Explosivos de Río Timto, lógicamente y se encuentra en Ciudad de la pintura).

El Tíbet y un servidor.

Pues sí, parece que la movida internacional esté dando frutos: el PM británico, Brown ya ha dicho que no va a la inauguración; Ban Ki Moon dice que seguramente tampoco, aunque a ese los chinos pueden ponerlo a marcar el paso prque es funcionario de un organismo en el que tienen vara alta; Bush se lo está pensando y el Parlamento Europeo urge a la Unión que adopte una actitud colectiva cuando Brown ya lo ha hecho por su cuenta. Muy europeo.

No creo que los chinos vayan a hacer algo por el Tíbet distinto del palo y tentetieso que es lo que se les da bien. Pero, cuando menos, el Tíbet ha pasado a ser noticia mundial varios días. Mucha gente se habrá enterado de que existe y de que se trata de una zona del planeta en la que la gente no vive como quiere vivir, sino como quieren otros

Mi amigo Joaquim Pisa publica un post en su blog Aventura en la tierra titulado De fuegos y ardores olímpicos en torno al Tíbet y China y dedicado a discrepar de otro mío hace dos días titulado Libertad para el Tíbet. Joaquim había escrito lo sustancial de ese post en un comentario a Palinuro que, por alguna razón que desconozco, se atascó ayer y no quiso salir publicado, aunque yo lo publiqué. Lo ha hecho hace un rato. No hace falta que diga que aquí se publica todo lo que llegue y no insulte. Tampoco hace falta decir que no suelo contestar los comentarios salvo caso excepcional, como éste.

Por lo demás, se dirá lo que se quiera sobre si quienes armamos bulla por lo de China en Tíbet no nos enteramos, nos manipulan, somos gusanos anticastristas, tenemos un odio visceral al pueblo chino, somos siervos de la teocracia de Lhasa o agentes de la CIA y hasta de la TIA, pero aquí hay una cuestión y solo una: si el lector fuera tibetano ¿aguantaría lo que los chinos están haciendo en el Tíbet? Yo no. Así que ya se sabe por qué protestamos los que protestamos: porque no nos gusta que se haga a los demás lo que no queremos que se nos haga a nosotros que, por cierto, es la llamada "norma de oro" de la moral. A lo mejor me paso de ingenuo. Pero, en estos casos, prefiero pasarme de ingenuo que de listo.

dijous, 10 d’abril del 2008

En el Congreso y fuera de él.

Como se esperaba, el señor Rodríguez Zapatero (ZP) no consiguió la investidura por mayoría absoluta, lo cual no lo convierte en el primer presidente en obtener la investidura en segunda vuelta, como he visto sostienen algunos, sino en el segundo. El primero fue Leopoldo Calvo-Sotelo, si bien éste en la segunda vuelta obtuvo la mayoría absoluta gracias al teniente coronel Tejero al que, según tengo entendido, en un primer momento la televisión sueca consideró un "torero golpista". ZP será, es de suponer, el primer presidente que obtenga la confianza del Congreso sin mayoría absoluta en primera o segunda vuelta.

Y eso está bien en democracia porque quiere decir que cada decisión del Gobierno habrá de ser negociada con algún otro grupo, no necesariamente siempre el mismo, como ha sucedido las veces en que ha habido pactos de legislatura más o menos declarados, por lo general con CiU y/o PNV. Estos grupos acaban convirtiéndose no en rémoras del partido mayoritario -PSOE o PP- porque, a pesar de su mala fama, las rémoras son ánimales muy útiles (pues, sirven de mondadientes a los peces en los que viajan, por ejemplo, y evitan infecciones), sino en verdaderos parásitos, a los que hay que alimentar toda la legislatura.

Una legislatura con alianzas cambiantes y en un "más difícil todavía" ya que ZP no tiene en Madrid el equivalente numérico a su alianza con ERC en Cataluña, sino, al contrario, un problema permanente con su oposición en el Principado, esto es, con CiU. Lo cual plantea la cuestión de si puede considerarse "estable". Supongo que sí pero no porque ZP sea hoy más ducho y experto en vida parlamentaria que hace cuatro años que sin duda lo será, sino porque la oposición está muy fragmentada y será difícil que se ponga de acuerdo en algo.

Insisto, no porque ZP haya avanzado o madurado en sus competencias negociadoras, que lo damos por supuesto, aunque quizá hagamos demasiado porque, a fin de cuentas, mucho talante, mucho llamamiento al pacto, al acuerdo, al consenso, pero lo cierto es que a ZP no le salen bien las negociaciones. Donde salen bien (Cataluña, Galicia) él no interviene; donde él interviene (Navarra, ETA, PP) no salen bien. A lo mejor la culpa es de la otra parte contratante, pero lo cierto es que ZP no tiene buena mano con las negociaciones, aunque presume mucho de lo contrario o quizá por eso

La segunda sesión de investidura no trajo nada de especial interés como no fuera la intervención de la señora Díez, quien enhebró una serie de alambicadas disquisiciones para no votar "sí" a su anterior Secretario General, ni siquiera abstenerse, sino para votar "no", como el PP. Tengo la sospecha de que será lo que haga a lo largo de la legislatura. Eso y despotricar contra el Gobierno en el programa de Sáenz de Buruaga en Telemadrid, prodigio de ecuanimidad.

De nuevo el interés estuvo fuera del Parlamento, en la bronca que está montándose en el PP a cuenta de la pelea por el liderazgo. Los enfrentamientos son cada vez más agrios y aumentan las posibilidades de que realmente se presente más de una candidatura a la presidencia en el Congreso de junio. Los gallardonistas han comenzado a contraatacar reprochando a la señora Aguirre su desmedido afán de candilejas y que no tenga la valentía de decir a las claras lo que pretende. Ese parece ser también vicio del señor Ruiz Gallardón, que tampoco anuncia sus intenciones.

En el fondo, estos son fulanismos, como decía Unamuno, pero fulanismos en los que cristaliza una escisión política de la derecha que, como se ve, sólo emerge en los momentos difíciles, de derrota: la separación entre una derecha extrema, radical, "sin complejos" que mezcla las recetas económicas neoliberales con actitudes sociales ultrarreaccionarias, poniendo literalmente el Estado al servicio de la Iglesia y arremetiendo contra el Estado del bienestar, que se llama a sí misma liberal y otra tendencia más moderada, más de carácter democristiano, con mantenimiento del Estado del bienestar y actitud conservadora en lo social, pero buscando entendimientos con la izquierda, una corriente que prefiere hablar de sí misma como centro. La gran dualidad de la derecha: extrema derecha y centro.

No obstante, la derecha sabe que la división entre las dos corrientes equivaldrá a perder las elecciones, por lo que tendrá necesariamente que buscar una fórmula de integración, donde quepan las dos líneas y esa será seguramente la baza del señor Rajoy: el único capaz de presidir un partido con dos almas enfrentadas. Eso no sólo se consigue ejerciendo el imperium, sino ostentando auctoritas, lo que sucede es que, muchas veces, no hay auctoritas si no se ejerce el imperium. En fin, un lío para el señor Rajoy, al que todo el mundo zarandea y aturde. Tanto que hasta se le ha olvidado revelar la composición de su equipo de colaboradores. O a lo mejor se reduce a la señora Sáenz de Santamaría.

(La imagen es una foto de denetsnuff, bajo licencia de Creative Commons).


La familia.

Por razones que no hacen aquí al caso, mi primo Enrique recuperó esta foto de nuestras madres y, tras arreglarla porque se encontraba en lamentable estado, me la hizo llegar. Están cuatro de las cinco hermanas Cotarelo Botana, hijas de doña María Botana y don Armando Cotarelo. Es una foto magnífica. Por faltar mi tía María Teresa, a quien llamábamos Menita, que andaba entonces pensando en profesar, la mayor del grupo, en el centro, es mi madre, Pilar. A su derecha está mi tía Armanda, a su izquierda mi tía Concha y sentada en el escabel cubierto mi tía Alicia que lleva una especie de sombrilla de juguete.

En realidad, todas llevan algo y van vestidas de algo, no porque sea carnaval, sino siguiendo una costumbre arraigada en la burguesía de fines del XIX y primer tercio del siglo XX de tocar con exóticos atavíos a la prole para la sesión de fotografía: mi madre, que va vestida de japonesa, lleva un abanico de plumas que no sé si estaba muy en el epíritu de la japanaiserie; mi tía Armanda, vestida de sevillana con su peineta, da la impresión de llevar otro abanico, aunque cerrado; mi tía Concha, vestida de holandesa porta un cestito con algunas hierbas y mi tía Alicia que parece ir vestida de bávara, aunque no estoy seguro, la sombrilla.Por lo demás, los trajes son auténticos: mi madre lleva kimono, Armanda un mantón y una falda con faralaes; Concha un corpiño con delantal y unos zuecos y Alicia un gorro de borlas que recuerda el de las campesinas bávaras. Debía de ser entre los años 1927 y 1929 y las cuatro chicas están encantadoras. No sé qué habrá sido de ese fotógrafo que firma con troquel: SIDO. Pero es como una especie de impronta del padre tiempo: lo que ha sido. Nuestras madres; todas ya fallecidas.

dimecres, 9 d’abril del 2008

Libertad para el Tíbet.

Poco a poco, la campaña funciona. De modo espontáneo, sin que ninguna conjura internacional, sombríos manejos de conspiradores ni "enemigos de China" en infames conciliábulos hagan acto de presencia sino por las manifas de la gente, la movilización de grupos inconexos, a los déspotas chinos se les está fastidiando la maniobra de propaganda mundial que tenían pensada con los juegos olímpicos. Es magnífico ver cómo va cuajando un movimiento mundial para proteger a los tibetanos del aplastamiento chino y exponer en público los crímenes de esta dictadura de partido.

Y más lo es comprobar cómo los sofismas y las patrañas a que recurren las autoridades chinas y sus valedores en Occidente no hacen mella en el propósito cada vez más extendido de denunciar la opresión del Tíbet. La primera es la ya mencionada del "complot" con variados intervinientes, que si la CIA, el Pentágono, la India, Rusia..., en fin una variante de la conspiración judeomasónica en la que ya no creen ni las damas de la Adoración Nocturna.

El segundo argumento, muy típico, sostiene que lo que China haga en el Tíbet es un "asunto interno" chino que no concierne a nadie más. Salvando las distancias esto es como decir que cuando un cónyuge (normalmente el marido) arrea estopa al otro, el asunto se da en la intimidad del matrimonio y nadie tiene derecho a inmiscuirse en ello. Para el derecho internacional humanitario ya no hay "asuntos internos" que valgan cuando están en juego los derechos humanos.

Otra falacia a la que echan frecuente mano los barandas de Pekín y sus amigos (que tienen muchos, sobre todo entre los paleocomunistas anteriores al 56) es la muy conocida del "y tú más". Como las protestas contra la opresión del Tíbet se centran en el atropello a los derechos humanos, ellos argumentan que los demás países tampoco son un modelo en esto, empezando por los EEUU que, teniendo Guantánamo, debe callarse al respecto. El argumento es una especie de pacto de canallas: no critiques mis crímenes que los tuyos son peores y yo me callo. Cierto, muy cierto. El problema, sin embargo, es que quien denuncia la barbarie china no son los EEUU sino los estadounidenses de a pie que también denuncian Guantánamo; no es España, sino los españoles que denunciamos las torturas en el País Vasco; no es Gran Bretaña, sino los británicos, etc, etc. Es más, casi todos los gobiernos del mundo, que aspiran a meter la cuchara en el pastel comercial chino, hacen la vista gorda ante su régimen tiránico. Lo gobiernos, pero no la gente. Así que si los chinos quieren que la gente se calle en otro países tendrán que dar unas lecioncitas acerca de cómo se trata a los disidentes, que en eso tienen mucha experiencia.

El tercer "argumento" que los chinos y los prochinos emplean es aun más ridículo e infame. Suelen decir que el Tíbet era una siniestra dictadura medieval cuando ellos lo invadieron y que han llevado la modernidad y la justicia social a San Pedro de los Aguados, perdón, quiero decir al Tíbet, ¿en qué estaría yo pensando? Ese es el argumento "civilizador" con el que todos los colonialistas, imperialistas e invasores que en el mundo han sido han tratado de justificar siempre sus fechorias: te invado por tu bien, para modernizarte, para liberarte, para democratizarte... como los EEUU en el Irak, sin ir más lejos. Esta descarnada estupidez tuvo en su día una magnífica respuesta que le dio Ahmed Ben Bella, entonces líder del Frente de Liberación Nacional de Argelia al general De Gaulle. Le decía el General: "¿Para qué quieren Vds. la independencia si no saben gobernarse?" Respuesta de Ben Bella: "Tenemos el derecho a gobernarnos mal". Muy bien dicho. ¿Para qué perder el tiempo discutiendo con racistas se llamen De Gaulle o Hu Jintao?

Lo único que precisan hacer los chinos para tener la fiesta en paz es reconocer el derecho de los tibetanos a la autonomía y negociarla con el Dalai Lama que ya ha dicho que no aspira a la plena independencia. ¿Por qué no van a tener los tibetanos lo que tienen lo catalanes, los andaluces, los tiroleses, los valones, los escoceses, los bávaros, los sicilianos, etc? ¿Por qué hay que matarlos o encarcelarlos por pedirlo?

La investidura y la bronca en el PP.

La primera sesión de investidura transcurrió como se esperaba, sin sorpresas ni sobresaltos. Para hoy, que se producirá la votación, está previsto que el señor Rodríguez Zapatero no consiga la mayoría absoluta que la Constitución requiere en primera vuelta, por lo que habrá que ir a una segunda cuarenta y ocho horas más tarde, el próximo viernes.

El señor Rodríguez Zapatero estuvo bastante bien, abordó las propuestas políticas para los próximos cuatro años, que de eso se trataba, no insistió en recordar la legislatura pasada, de desagradable memoria, y ofreció diálogo y consenso a todos y para prácticamente todo. Si no fuera porque ha dado pruebas suficientes de que su famoso talante está hecho de esos elementos de diálogo y consenso, podríamos decir que simplemente estaba haciendo de necesidad virtud porque, al no tener mayoría absoluta sólo puede gobernar por consenso, se ponga como se ponga, y negociando con otras fuerzas políticas.

A su vez la oposición tampoco defraudó las expectativas. Los catalanistas, los nacionalistas vascos, las izquierdas del pot pourri (castellanizado como popurrí, válgame el Señor), etc hicieron sus propuestas y mostraron un ánimo conciliador que permite augurar que votarán con frecuencia a favor del Gobierno.

Lo del PP volvió a ser otra cosa. La flamente nueva portavoz, señora Sáenz de Santamaría, despachó la intervención del señor Rodríguez Zapatero diciendo que había sido "más de lo mismo". Falso por entero porque el presidente hizo un discurso cargado de novedades y proyectos inéditos para los cuatro años. Quienes son "más de lo mismo" al parecer sin arreglo son la propia señora Sáenz de Santamaría que razona como si fuera el señor Zaplana y su líder máximo, señor Rajoy, que sólo supo descalificar las propuestas de su adversario sin presentar una sola sustitutiva. La única diferencia fue que la bancada popular se mantuvo más calma que de costumbre, sin cocear ni insultar, cual acostumbra, excepción hecha del cómico señor Arias Cañete, que estuvo dando la murga hasta que tanto el señor Bono como la señora Sáenz de Santamaría lo hicieron callar para satisfacción general, incluidos los de su propio partido. Hay que ver qué hombre tan sinsorgo y molesto.

Como lleva sucediendo hace unos días, el interés no está en el Palacio de San Jerónimo, sino en el seno del PP, en el que se ha desatado un curioso enfrentamiento entre la señora Aguirre por un lado, el señor Rajoy por otro y el señor Ruiz Gallardón por otro. Como si fuera el triángulo de las Bermudas, esta pelea a tres bandas está haciendo aflorar una situación interna del PP mucho más crítica y resquebrajada de lo que se creía. La muy probable candidatura de la señora Aguirre tiene muchos apoyos, como ya veíamos ayer y cuenta con el formidable frente mediático COPE, El Mundo y Telemadrid en una coyunda entre medios de comunicación y una facción de un partido político como no se ve en otras latitudes. Está clarísimo que la audiencia de estos medios está hecha de militantes y votantes del PP exclusivamente, porque ningún otro medio (ni siquiera los otros de la derecha) muestra tal grado de interpenetración entre los propios medios y los intereses políticos del sector aguirrista de la derecha.

La novedad, como siempre, vino por la blogosfera. En respuesta al blog en favor de la señora Aguirre del que di cuenta ayer, llamado Esperanza2012 ha aparecido otro simétrico en favor de la candidatura del señor Ruiz Gallardón, que se llama GALLARDON2012. Así pues, la confrontación se ha trasladado a la blogosfera que es donde cada vez se hace mayor parte de la política contemporánea. Parece que al final, la del congreso pueda hacerse entre la señora Aguirre y un señor Rajoy que podría llevar como Secretario General del partido al señor Ruiz Gallardón en substitución del señor Acebes, a quien habría que mandar a casa, a ver si se pule un poco.

(La primera imagen es una foto de De la Torre que se encuentra en lademocracia.es, bajo licencia de Creative Commons)

dimarts, 8 d’abril del 2008

Principio de gresca de principios.

Como decíamos ayer, hoy es el día de la (no) investidura del presidente, señor Rodríguez Zapatero, pero el mayor interés informativo se lo lleva la comparecencia de la señora Aguirre en el foro del ABC con un discurso que culpa de la derrota electoral del PP a la falta de decisión de este partido de luchar contra los engaños del PSOE en defensa de los principios liberales. Prácticamente nadie la escuchó, nadie prestó atención a lo que decía porque todos querían saber una sola cosa: "bueno, pero ¿se presenta o no?" Y la respuesta fue la que ya había dado al sufrido señor Rajoy en su famoso almuerzo à deux: a día de hoy, no; a día de mañana, se verá y, desde luego, el primero en saberlo será el mismo señor Rajoy. O sea, las cosas están como estaban pero ahora son públicas. Esto es, es público que, de aquí al congreso, el partido de la derecha va a moverse a favor o en contra de las dos candidaturas, la oficial del señor Rajoy y la que está en ciernes, de la señora Aguirre.

La presidenta de la CA de Madrid cuenta con los poderosos apoyos mediáticos de la COPE, El Mundo y la televisión a sus órdenes, Telemadrid. Cuenta asimismo, lo que es novedoso, con apoyo en la blogosfera. Un misterioso blog Esperanza2012 que, al parecer, está vinculado a Libertad Digital defiende la candidatura de la señora Aguirre y anima a los militantes del PP a escribir una carta al señor Rajoy para que tenga la amabilidad de retirarse y otra a doña Esperanza para que se presente candidata. Es curiosa la bitácora. Parece que los primeros días se les llenó de trolls que los administradores dicen que eran socialistas. A mí me parecieron gallardonistas o marianistas.

Si estos apoyos son suficientes o no, en el Congreso se verá. En principio, no. Ya hemos dicho que los madrileños tienen un error de visión y piensan que lo que aquí sucede importa en el resto de España. Y no es así. Además, lo decisivo serán los apoyos que las posibles candidaturas tengan en el congreso. Y lo demás, filfas. De momento, el señor Rajoy cuenta con la mayoría. Por eso y sólo por eso no ha presentado su candidatura la señora Aguirre. Si, de aquí a junio, consigue cambiar las tornas o, cuando menos, equilibrarlas, no hay duda de que se presentará puesto que lo que ha hecho hasta ahora equivale a haber quemado sus naves, dentro de la cultura propia de los partidos políticos.

En fin, esto es lo que importa a todo el mundo. Y nadie hace caso del discurso, ese vigoroso llamamiento a los principios, a los ideales, que tanto gusta al señor Jiménez. Es el caso que lo he leído íntegro y es muy curioso. La señora Aguirre sostiene haber sido siempre liberal y seguir siéndolo, cosa que a lo mejor es cierta. Lo que ya me parece más problemático es que, como dice la citada, también lo sea el PP. Y no ya problemático sino simplemente delirante sostener que el PP no tiene la menor concomitancia con el franquismo. Puede que en esta desvergonzada afirmación esté la clave de lo que esta señora llama principios y que no parece otra cosa que simple descaro y demagogia de aprovechada, capaz de decir en cada caso lo que le interese con tal de prevalecer, lo que deja sus cacareados principios reducidos a uno: ganar las elecciones como sea.

¿Que no tiene la menor concomitancia con el franquismo un partido fundado por un exministro de Franco? ¿Un partido que se ha negado oficialmente a condenar el franquismo? ¿Un partido que boicotea siempre que puede la aplicación de la normativa sobre símbolos franquistas? ¿Que nació cuajado de excargos del régimen franquista? ¿Cuyo presidente honorífico, señor Aznar, es nieto del Manuel Aznar, hagiógrafo de Franco y él mismo devoto falangista en su juventud? ¿Cuyos gobiernos han tenido siempre ministros descendientes de notorios franquistas?

Si en la afirmación de la señora Aguirre de ser liberal hay tanta verdad como en la de que el PP no tiene la menor concomitancia con el franquismo, la señora Aguirre es tan liberal como un adoquín. Su partido es heredero directo de aquel franquismo que odiaba tanto el liberalismo como el comunismo, la masonería, el socialismo, etc. Esa convicción liberal que algún sector del PP enarbola, exactamente el más radical y ultramontano, enfrentado al más centrista y moderado de gente como el señor Ruiz Gallardón, no es más que pura declamación oportunista, un refugiarse en parte de las recetas neoliberales juntándolas a las más neoconservadoras que quepa imaginar. Un liberalismo de liberalización de horarios comerciales y cristazo y tente tieso en la escuela, de proclamación de derechos de los homosexuales y negación del de contraer matrimonio, de libertad de elección y persecución de los profesionales por cumplir con su deber, de reducir impuestos pero participar en invasiones y guerras criminales, de Estado de derecho pero sistemático boicot e incumplimiento de la legislación del Estado. Un liberalismo de mentira.

El asunto está muy interesante. Desde el hundimiento de la UCD la derecha española ha conseguido mantener una unidad que le ha reportado cuantiosos beneficios electorales frente a una izquierda dividida a la que las urnas castigan por eso elección tras elección. Pero este enfrentamiento entre los ultramontanos o "neocons", que se llaman a sí mismos liberales, acaudillados políticamente por la señora Aguirre y mediáticamente por los señores Jiménez y Ramírez y los centristas o moderados, acaudillados por el señor Ruiz Gallardón (a quien aquellos ponen a bajar de un burro) podría escindirlo. Lo paradójico es que precisamente este peligro de fraccionamiento puede funcionar en pro de la candidatura del señor Rajoy, que se presentará como el único que puede unificar al partido tras de sí.

(La imagen es una foto deChesi, bajo licencia de Creative Commons

Una historia voto a voto.

Carles Castro ha escrito un libro bastante original (Relato electoral de España (1977-2007), ICPS, Barcelona, 2008, 367 págs.) sobre la historia política más reciente de España, tomando como hilo conductor las elecciones, esencialmente las generales, pero teniendo en cuenta muchas otras, autonómicas, municipales y europeas. Castro no es un académico, con lo que su obra está lejos del carácter algo indigesto de los estudios de los especialistas en estas materias, generalmente atestados de fórmulas y gráficos difíciles de entender para los legos. Es un periodista, pero un periodista que se ha documentado con mucho rigor y ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo a este estudio por lo que tampoco es el habitual libro liviano hecho como un reportaje y sin mayor consecuencia que a veces perpetran los de su oficio. El Relato electoral de España es un ensayo en toda regla, bien documentado, con hipótesis interesantes y comprobación con abundante material empírico.

El autor se ha servido generosamente del banco de datos del CIS y ha aplicado un modelo que reitera a lo largo de la obra, consistente en explicar a posteriori los resultados de cada elección general desde 1977 a 2004, tomando como referencia la documentación pertinente a priori, como sondeos, barómetros, índices de popularidad, etc. Quizá sea éste el aspecto más criticable del libro, es decir, que el modelo se repita con una cadencia casi mecánica y llegue a ser demasiado previsible. Su tesis viene a ser que, en aquellos momentos en que los resultados parecían contradecir las expectativas basadas en los sondeos anteriores (1993, 1996, 2004 fundamentalmente) no había tal y, si se hubieran interpretado correctamente tales datos anteriores, el resultado no tendría que haber extrañado. Es simpática la idea pero, como todo lo que se dice a posteriori, opinable.

Por lo demás, el libro se lee con mucho agrado, está ágilmente escrito y para mí tiene la ventaja de que coincido en casi todo con las apreciaciones que hace sobre los asuntos que han sido candentes en las sucesivas elecciones habidas en España entre 1977 y 2004, esto es, respectivas fortalezas de los partidos, puntos fuertes y débiles en la oposición y en el gobierno, carácter de las pugnas y de las alianzas parlamentarias, electorales o de gobierno. En verdad, coincido hasta con las valoraciones subjetivas que el autor hace de los distintos intervinientes en los treinta años de vida político-electoral que trata el libro. Dado que también he escrito sobre algunos de estos períodos, en especial el muy agitado de 1993 a 2000, confieso que estas coincidencias me han resultado muy agradables.

Castro arranca examinando cómo Aznar consiguió transformar la derrota electoral de 1989 (la primera que le tocó encajar) en una victoria. Según él se trató de una actitud deliberada del presidente del PP que también a mí me llamó la atención entonces y que, al final, hemos acabado llamando "táctica del espejo" y consistente en lo que el mismo Castro señala: Sin embargo, la capacidad de exigir honestidad y limpieza y, simultáneamente, no renunciar a todo tipo de artimañanas se revelaría a la larga un mecanismo muy útil y práctico para derrotar al adversario" (p.19).

La consideración de 1989 abre una especie de flash-back en el que Castro analiza muy correctamente el carácter del sistema electoral español establecido en la Constitución de 1978 y perfilado luego en la LOREG de 1985, al que llama sistema "proporcional corregido" (p. 37). Este sistema, ya se sabe, es muy injusto con los pequeños partidos de ámbito nacional, lo que quiere decir que la fragmentación de la derecha en los primeros años de la democracia fue un verdadero "suicidio" (p. 67) que dio la impresión, sobre todo desde la famosa victoria del PSOE en 1982, de que el país era de "centroizquierda" (p.73).

Me ha interesado especialmente su valoración del referéndum de la OTAN en 1986, aquel que consagró el giro del PSOE y selló el destino de los comunistas que vieron la posibilidad de ocultarse en Izquierda Unida. El resultado de la consulta, se recordará, estuvo muy equilibrado y la única explicación para ello es que en el bando del "no", propugnado por los comunistas, se apuntó mucho voto de centro y derecha (p. 81). A partir de 1986 empieza el declive de los socialistas que se aceleraría con la huelga general de diciembre de 1988 que el autor llama "huelga general política" (p. 93). Ciertamente, en ella se generaron a mi entender los primeros impulsos que luego cristalizarían en el famoso frente "antifelipista" de 1993 a 1996.

En esa situación, Aznar hizo una "travesía del desierto", para lo que disciplinó con rudeza a su partido con ayuda del patibulario número dos (p. 124), esto es, el señor Álvarez-Cascos. Con ese partido unido tras él como una piña y con la ayuda de los medios de comunicación adictos, inició la tarea de demoler al partido del gobierno, gracias a la cadena de escándalos y desastres que se abrió a partir del famoso de Juan Guerra en 1991 y con el auxilio inapreciable de la Izquierda Unida de Anguita en la famosa "pinza" (p. 131). No hace falta que diga que, a mi entender, uno de los grandes méritos del libro de Castro es con qué detalle documenta esta alianza PP-IU en contra del PSOE en aquellos años turbulentos.

Aun así, con o sin pinza, sostiene Castro, las elecciones de 1993 nunca estuvieron perdidas, ni siquiera aunque muchos socialistas resignados quisieran perderlas (p.146). Por cierto, doy fe de que yo también observé esta actitud en bastantes socialistas en 1993 y más en 1996, pero es la primera vez que lo veo escrito. Ahora bien, el resultado inesperado, sí, para la derecha de las elecciones de 1993 puso en marcha la famosa "conspiración" entre comunicadores, políticos, banqueros, delincuentes, etc, con el fin de desalojar a los socialistas del poder como fuera. Una conspiración que niegan los conspiradores principales (no el señor Anson, que la reconoce) y de la que Castro dice: "Por tanto, hay pocas dudas de que la conspiración existió como un elemento de mediatización de la opinión pública y de ingerencia en la pugna electoral entre izquierda y derecha en la España de los años 90" (p. 174). De acuerdo. Tengo a gala haber sido uno de los que antes la puso de relieve.

Del 93 al 96, años de infierno en los que se sucedieron los escandalazos: Guerra, Filesa, Roldán, Mariano Rubio, los GAL, el BOE, etc, etc; aquello parecía el fin del mundo. Encima, el señor Aznar había aprendido y, como perdiera los debates en TV con el señor González, ahora se negó a hacerlos poniendo como pretexto que habrían de hacerse con su amigo el señor Anguita. Era una trampa, pero el PSOE cayó en ella. Aun con todo, invocando lo que llama "la izquierda profunda", dice Castro que los socialistas reaccionaron e hicieron una campaña electoral muy agresiva (p. 193). Es donde más discrepo de Castro. Creo que los socialistas salieron con moral de derrotados y la prueba es que sistemáticamente reservaron espacios para los mítines más pequeños de lo que luego se revelaba que iban a necesitar. Cuando se supo el resultado de un práctico empate técnico, Felipe González dijo que le había faltado una semana más de campaña o un debate en la tele. Lo que le faltó fue confianza en los electores, y no tanto a él como a los militantes de su partido. En todo caso, las elecciones de 1996 fueron el retorno a las "dos Españas" y a Castro le merece un juicio que suscribo por entero: "la victoria de Aznar sólo fue posible sobre la base de un suicidio deliberado y consciente de una parte del electorado de izquierda, que renunció a gobernar y dispersó su voto con las letales consecuencias que ello suponía en un sistema electoral como el español."

A partir de 1996, el objetivo de Aznar fue consolidar la victoria del PP y preparar la mayoría absoluta de 2000 por tres procedimientos: a) capitalizar a su favor la recuperación económica que estaba produciéndose; b) liquidar a Felipe González y hundir al PSOE definitivamente con la serie de actuaciones judiciales producto de los escándalos, para lo que contó con los medios de siempre y la ayuda de IU; c) poner los medios de comunicación públicos y los privados (mediante las privatizaciones) a su servicio (p. 219). En toda esta aventura hizo gala de la "táctica del espejo", vista magistralmente por Castro así: "Lo paradójico de la situación residía en que era el propio Gobierno quien provocaba la "bronca" tildando públicamente de asesinos y ladrones a los socialistas, pero eran estos últimos los que aparecían como culpables de la crispación" (p.251). Suena ¿verdad?

La última etapa del gobierno de la derecha, de 2000 a 2004 está perfectamente retratada en el libro, calificada como "espiral de autodestrucción" (p. 271). Aznar y su partido se creían en el mejor de los mundos y se permitían el lujo de tratar con insolencia a la oposición de Rodríguez Zapatero, incluso cuando tenían que acabar aceptando pactos propuestos por éste que ellos habían empezado por ridiculizar, como el llamado "antiterrorista" (p. 276), de cuya imaginaria ruptura tanto se quejaría después el señor Rajoy que lo había calificado de conejo salido de la chistera.

Una serie de acontecimientos vino a poner de manifiesto que (si se me permite la autocita, pues es de un libro mío de 1998) el gobierno de la derecha era un desgobierno: el chusco episodio del islote Perejil o las "Malvinas españolas" (p. 295), la boda faraónica de la hija de Aznar en El Escorial en 2002 (p. 296), el desastre del Prestige (p. 297), la guerra del Irak, que puso al PP seis puntos por detrás del PSOE en intención de voto (p. 300), el desastre del Yakolev-42 (p. 312) y, por último, el atentado de Atocha (p. 325), con aquel intento surrealista, propio de estúpidos sin remedio, de engañar al mundo entero acerca de su autoría y que, por increíble que parezca, se ha prolongado al día de hoy.

Con todo, coincido con la conclusión de Castro: "...las elecciones sacaron a la luz una mayoría de rechazo al PP, pero ésta ya existía antes del atentado, como habían venido advirtiendo los sondeos. Otra cosa es que hasta bien entrada la campaña esa mayoría no se decantase claramente en torno al PSOE" (p. 328). Esa mayoría de rechazo se han mantenido en 2008 y seguirá manteniéndose y hasta aumentará en 2012 si el PP sigue obstinado en gobernar no para la gente sino contra la gente.

dilluns, 7 d’abril del 2008

Tomando decisiones.

Esto de la derecha tiene pinta de ser un culebrón, algo para titular El poder y el infierno, la lucha por el liderazgo en el PP. Parece que hoy habla doña Esperanza Aguirre en algún club o círculo. Casi despierta más interés esta intervención que el discurso de investidura del señor Rodríguez Zapatero previsto para el martes. Como se supone que no va a sacarla en primera vuelta porque no tiene mayoría absoluta, la noticia pasa a la siguiente votación y ahí sí, ya se esperan resultados. Pero eso será ya el viernes, setenta y dos horas más tarde, con lo cual lo que interesa es lo que venga a decir hoy la señora Aguirre. Esas proclamas ultraliberales que aparecen en algunos medios quizá preanuncien el bombazo, esto es, que la señora Aguirre tiene intención de presentar su candidatura en el congreso de junio de su partido o quizá sean eso, un brindis al sol. Es difícil saber lo que hará la dama, quizá no se postula y, al revés, apoya la candidatura del señor Rajoy con el mismo fervor con que lo hace el señor Ruiz Gallardón y también puede ser que no diga nada y deje a cada cual haciendo cábalas, que se harán muchas.

Cada cual tiene su estilo de sortear crisis. Este, un poco sinuoso, tiene pinta de ser el del señor Rajoy quien normalmente parece confiar en el tiempo como el gran componedor de problemas. El tiempo y la calculada ambigüedad de no explicitar si se sube o baja la escalera. La señora Aguirre, en cambio, es más directa, pero eso no le garantiza salirse con la suya. Lo que sí puede hacer es poner en un brete al actual Presidente de los populares, forzándolo a una declaración programática antes de su consagración como líder que deje en claro cuál de las dos posibles opciones del PP se seguirá, si la moderada y centrista de Gallardón que aún espera que le den una oportunidad, o la bronca y radical que prevaleció en la legislatura pasada y es la que quieren imponer los medios que apoyan a doña Esperanza Aguirre, Cope y El Mundo. Con el amor por la ambigüedad y la indeterminación que tiene el señor Rajoy esta exigencia puede ser letal.

En todo caso, estos debates y fintas en los partidos son perfectamente normales. En definitiva, lo que cuenta es quién organiza el Congreso y a quién apoya porque ese será quien salga vencedor. El otro tendrá premio de consolación. Entre tanto podrá suceder algo de lo que todos nos beneficiaremos, incluso quienes no votan al PP, esto es, un debate público sobre las distintas (cuando menos, dos) opciones de la derecha, la moderada y la ultramontana. Un debate en el que esta última no está nada interesada pues quiere imponer la idea de que no hay más política posible para la derecha que la que ella representa ya que cualquier otra supone el entreguismo a los socialistas. Estos ultramontanos recuerdan mucho a los leninistas que no aceptaban que los socialistas fueran una posible izquierda con la que aliarse y los llamaban "socialfascistas", muy en el espíritu de la brillante teoría de las "dos orillas" del señor Anguita. Y ¿no han de recordar estos radicales al leninismo si comulgaron con él en el pasado?

Se fue Moisés.

Llevaba mucho tiempo muy cascado. En las imágenes de la peli de Michael Moore, Bowling for Columbine, de 2002, se le veía doblado porque tenía algún problema de cadera. Si salía en la peli de Moore era por ser presidente de la National Rifle Association, el lobby de las armas de fuego en los EEUU. Ya se sabe, el lado bronco de Charlton Heston, lo que no gusta en los círculos ilustrados, lo de pregonar el libre uso de las armas de fuego en la sociedad. Y eso que el hombre había cambiado su opinión política, pues de joven era de izquierda. Pero luego, como sucede con frecuencia, se pasó a la derecha.

Por lo demás, todo el mundo lo adora. Parece que se le haya pegado algo de la grandeza de los personajes que interpretó en vida: Moisés, Miguel Ángel, El Cid, Ben Hur, San Juan Bautista o Marco Antonio. Él mismo decía de sí que, después de haber interpretado a dos profetas, dos guerreros y un genio, no era de extrañar que tuviera problemas con su ego.

Nunca me gustó mucho. Siempre me pareció una especie de John Wayne de segunda. A Heston solían emparejarlo con mujeres bellísimas, como Sofía Loren o Ava Gardner mientras que a Wayne lo emparejaban con otras que parecían su madre, como Maureen O'Hara. Y es que las mujeres se enamoraban del Duque por lo bruto pero buena persona que era, mientras que Heston las conquistaba a fuerza de guapo como el que no quería la cosa.

De todas formas, desde luego, qué papeles interpretó. El Moisés de Los Diez Mandamientos aguanta las tres horas y media de la película. Cecil B. de Mille había rodado una versión en 1923, pero sólo se contaba la mitad de la vida de Mosés y luego se hablaba de los mandamientos. Yul Brinner era el faraón Ramsés, que lo bordaba.

Hay que ver la de cosas que se añaden a la historia del Cid y Heston está siempre magnífico, aunque queda claro como mensaje subliminal que sólo conoce a la hermosa doña Jimena una noche. Los héroes han de ser castos y leales a su Señor. La esencia del código medieval.

En Ben-Hur se superó a sí mismo y nadie que haya visto la carrera de cuadrigas con su amigo/enemigo Messala (Stephen Boyd) negará que se trata de uno de los grandes momentos del cine. Al margen queda el elemento sacro, que tanto abundó en la obra de Heston. A él lo que le iba era la bronca. En el discurso que soltó al despedirse de la presidencia de la NRA, levantando un rifle sobre su cabeza dijo: "¡Si el señor Clinton pretende quitarme la segunda enmienda de la Constitución tendrá que hacerlo de mis manos muertas y frías!"

No estaba mal en el papel del policía bueno en Sed de mal pero interpretando Orson Welles al policía malo, el bueno no parecía bueno, sino tonto.

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