dimarts, 25 de setembre del 2012

La historia acelera.


La magia de los nombres... La transición española tiene hoy mala fama. Se empezó considerándola un ejemplo, un modelo que podrían seguir otros países con dictaduras a sus espaldas y se ha terminado por ahora teniéndola por un fracaso cuando no una traición a las esperanzas de una auténtica democracia. Pero si el objeto anda en demérito, la palabra conoce gran predicamento. La prueba es que, cuando las cosas se complican, alguien habla de hacer una "segunda transición". No debe de haberse realizado porque, de ser así, ya se estaría hablando de la "tercera transición" y no es el caso. Sigue invocándose la segunda. Pero todos quieren transiciones. Los nacionalistas catalanes también y, por eso reclaman en su proyecto de declaración que aprobará seguramente el Parlament el jueves una transició nacional basada en el dret a decidir.

...Y la realidad de las cosas. Merezca el juicio que merezca la transición algo es claro: abrió de golpe las compuertas de la historia a una España que llevaba cuarenta años aherrojada y en estado de tutela. El país se encontró de pronto alternando en un mundo y una Europa que habían evolucionado en aquellos años hacia formas y relaciones que los españoles conocían por los medios pero a las que no habían podido adaptarse. Sus formas sociales, su cultura, sus fuerzas políticas resultaban anticuadas. La izquierda estaba dividida, diezmada, debilitada y tenía mucho miedo. La derecha que, en un primer momento, guardó un prudente silencio, volvió rápidamente a su actitud cerril y ultramontana, demostrando que no había aprendido nada del mundo moderno.

Pero la historia acelera. Gran parte de la transición se ha empleado en encontrar formas de organización que resuelvan el sempiterno problema nacionalista, sin conseguir otra cosa que exacerbarlo, como puede verse en el desafío institucional que se apresta a lanzar la Generalitat. Este, a su vez, se produce en un momento especialmente complicado por dos razones: a) el fin de ETA plantea un previsible recrudecimiento de las tensiones separatistas también en el País Vasco; b) la virulencia de la crisis económica que cada vez toma un aspecto que recuerda más los tiempos de las luchas de clases que la teoría política y social de la postguerra había enterrado junto a las ideologías.

En las condiciones actuales el Estado español no puede recurrir a la violencia para dar respuesta en ninguno de los dos frentes, el nacional o el de clase, por más que está en manos de un partido y un gobierno que tienen una clarísima ideología nacional y clasista. Y no puede porque el contexto de globalización y la inspección permanente que unos Estados ejercen sobre otros no aceptan que los Estados recurran a la idea de soberanía interna para reprimir a sus poblaciones con violación de los derechos humanos. O sea que esos militares que amenazan a los catalanistas con llevarlos a la jurisdicción castrense por alta traición a España no son muy conocedores del terreno que pisan.

Las razones de Mas. Mucha gente en la izquierda y en la derecha sostiene que el repentino frenesí independentista de Mas no es otra cosa que una cortina de humo para desviar la atención pública de sus barrabasadas como gobernante. Es posible, pero esto no exime a los españoles o españolistas de la obligación de responderle en el terreno que él elija porque es quien tiene la iniciativa. La misma idea de convocar un referéndum para consultar a la población si desea decidir es una jugada maestra pues, con el cuento de la consulta (si llega a realizarse) se calienta el nacionalismo de los votantes, se perfila Más como un lider de liberación nacional, en la tradición de Macià y Companys, como el padre de un pueblo y, con el maná del carisma le permitirá postergar las elecciones que podía perder, dado el universal enfado con los recortes.

Las razones de los demás. Están todas ya expuestas, debatidas, discutidas, refutadas, como lo están las del nacionalismo y no queda esperanza razonable de que una parte vaya a traer a la otra a su campo, a convencerla. Los nacionalismos son excluyentes, qué vamos a hacerle. Precisamente para salir de este marasmo, el PSOE acude al baúl de los malos recuerdos y las frustraciones históricas y rescata el polvoriento federalismo en el que, en el fondo, nadie cree. Aun así se asusta tanto al hacerlo que se apresura a darle largas: federalismo, sí, pero ad calendas graecas.

Europa/España. Los españoles, abrumados por nuestras desgracias, tendemos a pensar que estas son típicamente nuestras y desconocidas en otras latitudes. Así es en ciertos casos, pero no siempre. Por ejemplo, los conflictos terroriales son asuntos típicamente europeos. En comparación con otros continentes, cuyas formas políticas se mantienen a lo largo de los siglos (América, Asia), Europa es un crisol de cambios en perpetua efervescencia; aparecen y desaparecen Estados, principados, reinos, imperios, repúblicas, hay guerras, revoluciones, unos territorios se juntan y otros se separan y las fronteras son mudables. Siendo así en Europa, ¿por qué no va a serlo en España, parte de Europa? Desde la caída del comunismo han surgido muchos estados nuevos,los Bálticos, Ucrania, Belarús, etc, otros han desaparecido, como Yugoslavia y otros se han escindido, como Checoslovaquia. ¿Que son la Europa eslava? En la Europa occidental hay hoy cuatro focos de conflicto territorial, de los que cabe esperar cualquier cosa: Irlanda del Norte, Escocia, Bélgica y España. ¿Por qué unos sí y otros no?

dilluns, 24 de setembre del 2012

Democracia, derechos, tiranía, fascismo.

La iniciativa de rodear el Congreso de los Diputados viene fraguándose hace un par de meses. Ha ido cambiando de nombre prudentemente para no dar pie a los aparatos de represión a yugular el movimiento antes de ponerse en marcha. Y ha hecho bien porque la maquinaria represiva a las órdenes de la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, no desdeña ocasión alguna de perseguir a la gente, amenazarla, hostigarla, intimidarla y detenerla con el fin obvio de sembrar el miedo y conseguir que los ciudadanos no protesten en contra de un gobierno que los esquilma, los expolia y, encima, los detiene.
Con el paso de las asambleas en la Puerta del Sol y otros lugares a la Carrera de San Jerónimo, el movimiento 15M ha conseguido un avance espectacular en la articulación de su lucha por un sistema democrático y justo en lugar de esta pantomima injusta. Ha sido un salto cualitativo y demuestra que la indignación ciudadana por esta estafa generalizada de la casta política con el pretexto de la crisis está tan viva como siempre y, poco a poco va encontrando sus formas propias de acción. Para el movimiento indignado, que es la forma más genuina, espontánea y viva que ha tomado la protesta social contra el atropello capitalista, esta acción es de una gran importancia y por eso la está preparando meticulosamente, manteniéndola dentro de una legalidad escrupulosa e insistiendo en su actitud pacífica, radicalmente no violenta, de estricta desobediencia civil.
Pero igual que los demócratas y los resistentes inician mañana una jornada decisiva en su destino, las fuerzas represoras de la derecha neofranquista y nacionalcatólica que se alzaron con el triunfo electoral hace diez meses mediante una sarta de mentiras, tratan de hacerla fracasar. Para ello se emplea a fondo la citada Cifuentes, un caso patente de actitud autoritaria, protofascista, que fía su éxito en las maniobras de intoxicación, mentiras, amenazas, calumnias y todo tipo de juego sucio más propio de la delincuencia que de las fuerzas del orden.
En lugar de encontrar a su marido, prófugo de la justicia por una presunta estafa, cómo no, la señora Cifuentes dedica las fuerzas de policia a sus órdenes a hostigar e intimidar por calles y jardines a los ciudadanos pacíficos, procediendo a identificaciones abusivas e inmotivadas y amenazando a los identificados con posteriores represalias si se les vuelve a ver en una manifestación. Entre estos métodos y los de los gángsteres de Chicago no hay gran diferencia.
Igualmente se procede a detenciones preventivas, probablemente basadas en unas listas ilegales de ciudadanos "peligrosos" que Cifuentes ha hecho compilar sin mandato judicial y por las cuales, si esto fuera una democracia, la citada señora debiera estar respondiendo ante los tribunales. Pero no solamente no es así sino que, en una muestra patente de justicia política, un juez de la Audiencia Nacional, la heredera del Tribunal de Orden Público franquista, se ha prestado a abrir diligencias contra varias personas detenidas por los policías cifuentescos, a las que acusa -se ignora con qué fundamento- de intentar atentar contra los altos organismos del Estado o algún otro cuento similar. Esta actividad indigna da a su vez cobertura para que los policías de Cifuentes sigan sembrando el miedo por las calles justificando sus identificaciones intimidatorias en que hay un procedimiento abierto en la Audiencia. Procedimiento que se abrió a petición de la policía. Es el círculo vicioso de la tiranía.
Pero no le basta con la represión física, directa, violenta, con las cargas, los palos, los gases, los tiros: todo eso lo tiene ya preparado y previsto Cifuentes y está deseando tener una excusa para desatarla. Por eso, quienes vayamos mañana al Congreso debemos mantener la calma a toda costa, no responder a las provocaciones de los agentes cristinos y filmar y grabar todas las actuaciones de la policía. Insisto: no le basta. Por eso, ademàs de los aparatos represivos con que cuenta, Cifuentes ha echado mano de la propaganda, la mentira, el engaño, la difamación. Aparte de la condigna ración de todo esto que cabe a los plumillas que tiene a sueldo en periódicos, revistas, radios y televisiones, dedicados a mentir las veinticuatro horas del día, demostrando su maestría en las tareas de propaganda, la propia Cifuentes ha añadido un buen puñado de infundios de su Minerva particular: que si rodear el congreso es ilegal y se impedirá por la fuerza; que si coaccionar a los diputados es un delito y actuará la policía; que si la manifestación de mañana es un "golpe de Estado encubierto" y se tomarán medidas. La técnica es siempre la misma: una mentira y una amenaza, a ver si consigue descabezar el movimiento porque, de ese modo, probablemente sus jefes la recompensarán con alguna bicoca. A lo mejor le prometen que, si entrega a su marido el prófugo, lo indultan. Y eso cuando no le da por rememorar su formación política de juventud e insinúa, por si cuela, que entre los convocantes del acto de mañana hay neonazis y gente de extrema derecha. Debiera reconocerlos mejor ya que los trata y les autoriza manifestaciones con ánimo de reventar las de izquierda; pero eso es igual porque lo que pretende es encizañar y boicotear los actos legales por ella misma permitidos porque no le ha quedado más remedio.
La derecha nacionalcatólica y neofranquista tiene miedo y, por eso, el flanco más reaccionario ha acudido en apoyo de Cifuentes. Cospedal, la presidenta de Castilla La Mancha, que cobra dos sueldos públicos indebidamente por unos 20.000 euros al mes, vive en una mansión de lujo custodiada por policías a cargo del erario público, sube los sueldos de sus asesores mientras despide a los trabajadores a miles y bebe agua embotellada a cinco euros la botella, Cospedal, digo, equipara el 25S con el 23F tratando de criminalizarlo. Pero ni yo ni nadie hemos visto, leído o escuchado en ninguna parte condena alguna de Cospedal y los cospedales a la intentona fascista de Tejero y sus compinches. Es más, dada la cercanía ideológica de los golpìstas al credo tradicional de la derecha "sin complejos" que los cospedales representan, más parece que, si lo hubieran condenado quizá habría sido por no triunfar, antes que otra cosa.
Así que ni caso a estas sayonas y mañana acudamos todos a demostrar que somos conscientes de nuestros derechos, vamos a defenderlos y no toleraremos que sigan despojándonos de ellos.
(La imagen es una foto de Popicinio_01, bajo licencia Creative Commons).

Cataluña irredenta.

Al perro flaco todo se le vuelven pulgas y España hace siglos que es perro flaco. Ahora, además de la crisis descomunal, se enfrenta por enésima vez a un problema territorial recrudecido que lleva cien años tratando de resolver sin conseguirlo. Ya pueden aplicarse las más variadas fórmulas, del centralismo franquista a la extrema descentralización autonómica; ya puede el nacionalismo español bramar que en España solo hay una nación, siendo los demás cosas menores, y consagrarlo en la Constitucion. La tozuda realidad se empeña en probar lo contrario una y otra vez. En España hay varias naciones (entendidas como un sentimiento compartido por una cantidad de gente políticamente relevante) y algunas de ellas quieren independizarse y dotarse de un Estado propio. Y esa es una realidad que no cabe ignorar ni descalificar despectivamente como una algarabía.
Aunque parezca paradójico, la existencia de ETA obstaculizaba la marcha del nacionalismo vasco (así como el catalán y el gallego) hacia la independencia. La desaparición de la banda ha dado paso a un fortalecimiento del nacionalismo independentista mucho más difícil de combatir para el nacionalismo español por formularse en términos estrictamente pacíficos, legales, políticos.
Si el Parlamento de Cataluña adopta la decisión que anuncia fracturará la sociedad catalana en dos porciones, una catalanista, presumiblemente mayoritaria y otra españolista, compuesta por el PSC y el PP. Y aun el PSC tiene una buena porción catalanista y no es socio españolista al 100%. Es una situación parecida a la del País Vasco en donde las elecciones próximas del 21 de octubre, las primeras normales, sin la amenaza de ETA, darán una visión realista de las respectivas fuerzas vasquistas y españolistas. Con la diferencia de que el PSE parece más españolista que el PSC.
Pero, al margen de la fractura de la sociedad, la decisión del Parlament tiene una importancia táctica que no es posible ignorar. Si, como cabe cuponer, el legislativo catalán proclama su derecho a decidir o el derecho a decidir del pueblo catalán será imposible impedir que las elecciones autonómicas, de adelantarse, se conviertan en un plebiscito sobre la autodeterminación. Porque derecho a decidir es, simplemente, autodeterminación.
Hay un problema serio -el sempiterno problema español- que se agravará con el presumible resultado de las autonómicas vascas de mayoría vasquista. Y es inútil seguir ignorándolo o negándolo.
Pero no está claro que estemos en disposición de ánimo de examinarlo con discernimiento y tratar de resolverlo de modo civilizado. Por mucho que los españoles presuman de no ser nacionalistas (cuando se enfrentan a los nacionalistas llamados "periféricos"), en cuanto creen en peligro la sacrosanta nación española, lo ven todo rojo. Ahí están para demostrarlo José Bono, quien prefiere morir a ver "España rota"; José María Aznar, más bravo, que afirma que "nadie va a romper España"; y un Teniente General cuyo nombre he olvidado, quien augura indirectamente la intervención militar en el Principado.
Son las reacciones temperamentales, viscerales, de la derecha cuando barrunta que le tocan la Patria. Puede que haya algo de verdad en eso que dicen algunos de que la guerra civil no se dio a causa del riesgo de la España roja sino de la España rota.
No obstante, la izquierda no adopta una actitud más distanciada, aunque sí se las ingenia para no parecer tan españolista, violenta y opresora. Los socialistas, que han enterrado definitivamente su consigna de autodeterminación y no la reconocen ya como derecho, son sensibles a las tensiones territoriales del país y las tendencias secesionistas y se muestran dispuestos a encontrar fórmulas que resuelvan la situación de común acuerdo. Así, José Griñán trae una propuesta federalista bajo el brazo. Tengo la impresión de que la fórmula, a la que también se suma con entusiasmo Felipe González, no es adecuada y, además, llega tarde. Son los propios nacionalistas quienes no quieren la federación porque supone una situación de igualdad entre estados federados que excluye toda relación bilateral o aeque principaliter, como pretende el nacionalismo catalán. Por otro lado, la misma realidad española, con la existencia de los fueros vasco-navarros, hace imposible esa igualdad federal. La federación resulta por tanto inviable al no poder admitir el cupo catalán y no poder suprimir el vasco-navarro.
La izquierda radical española en casi todos sus avatares tampoco es favorable al derecho a decidir de los demás. Ciertamente se reafirma en el principio de autodeterminación pero está firmemente convencida de que no será necesario recurrir a él una vez que los pueblos de España, incluso los ibéricos, liberados del capitalismo (es de suponer) formen una unión fraternal, libre e igual. En el ínterin esta izquierda nos avisa de no caer en las trampas de las querellas nacionalistas con las cuales las derechas, la central y las periféricas, tratan de desviar la atención de sus agresivas políticas de clase. El nacionalismo, según este punto de vista, no es una algarabía, es un opio.
Es difícil debatir fríamente en estas condiciones. Las posiciones maximalistas no lo permiten. Lo que no se mueve en el exabrupto, se mueve en el desconcierto o el engaño. Por si acaso, lo más sensato que podrían hacer los españoles demócratas sería preparar y aplicar a la mayor brevedad una reforma de la Constitución que afectara al Senado. Nada de reformar el actual. Lo procedente es abolirlo e instaurar en su lugar un Consejo Autonómico copiado literalmente del Bundesrat alemán, una cámara no electiva sino delegada de las Comunidades Autonomas con competencia para vetar la legislación del Congreso que afecte a cuestiones autonómicas. 
Si esta reforma reconduce las relaciones de las Comunidades más secesionistas a la empresa común tendremos un momento de respiro. Si no, habrá que estar preparados para reconocer el derecho de autodeterminación de una u otra forma.

diumenge, 23 de setembre del 2012

La batalla está en la izquierda.

Corren malos tiempos para la izquierda en el mundo entero. Prácticamente no quedan referentes territoriales. La China ha conseguido salirse de todos los esquemas interpretativos de forma que casi nadie en la izquierda se identifica con ella como hacían antaño los partidos comunistas con la Unión Soviética. De ella puede decirse, como de la Rusia soviética hacía Churchill, que es "un secreto dentro de un misterio dentro de un enigma". Lo que se diga de la China vale para el Vietnam. Corea del Norte es casi tan innacesible y remota como Shangri-la. Solo queda la isla de Cuba, en una actitud numantina que ha encontrado alivio en la alianza con Venezuela y ha suscitado también cierto resurgimiento de la izquierda latinoamericana en el Ecuador, Nicaragua y Bolivia.
No obstante todo ello es muy poco para compensar por la pérdida de posiciones de la izquierda y la hegemonía ideológica de la derecha neoliberal que, en los últimos 30 años se ha enseñoreado del mundo. La misma crisis estructural del sistema sin duda ha reanimado la izquierda pero en mucha menor medida de lo que ella misma había previsto. De ahí que se eche a la calle en busca de los apoyos sociales que no le vienen espontáneamente.
El Partido Comunista de España está celebrando su fiesta anual en un ambiente de prudente euforia por la radicalización social que la crisis está produciendo y el discurso de unidad de la izquierda. En cuanto a radicalización, se oye a algún dirigente del PCE recordar la "gloriosa" historia del partido. Ninguna historia es "gloriosa" y la del PCE no es excepción. Esa reivindicación de la propia historia deja fuera el estalinismo que ocupa una buena porción del relato, durante y después de Stalin ella y si alguien lo encuentra "glorioso", pues, en fin.... No merece la pena seguir.
En cuanto a la unidad, solo parece lograrse mediante una reducción al absurdo. En los últimos días se han constituido dos nuevas fuerzas políticas de izquierda archiminoritarias, el Foro Cívico, de Anguita e Izquierda Abierta, de Llamazares. La declaración constitutiva de ambas señala que su función es conseguir la unidad de la izquierda. Cuanto más fraccionaria es la formación, más dice luchar por la unidad y más se evidencia su carácter de formación política estrictamente personalista. Porque el personalismo es uno de los vicios de la izquierda, quizá el peor que, en momentos de delirio, se configura como culto a la personalidad. Y ha de ser mucho delirio porque hay personalidades y personalidades,
En lo único en que esta izquierda fragmentada suele ponerse de acuerdo es en negar la condición de izquierda al socialismo democrático, la socialdemocracia, el PSOE. La acusación es que se ha convertido en un partido del propio sistema capitalista que en nada se distingue de la derecha neoliberal. Por supuesto, el punto de vista del PSOE es distinto pues se considera a sí mismo como izquierda democrática y relega a la otra izquierda al ámbito revolucionario y, en todo caso, no democrático. En lo referente al PCE es relativamente sencillo pues basta con señalar su pasado estalinista y sostener que queda bastante de él.
El bloqueo de la situación tiene difícil salida dado que el socialismo democrático es el que reúne la mayor cantidad del voto de izquierda en los países occidentales y en algunos casos el único que lo reúne pues la otra izquierda es parlamentariamente inexistente. La aceptación de las pautas democráticas implica la necesidad de obtener el respaldo mayoritario para la acción política. Y es saber acumulado que las mayorías tienden a ser moderadas y huir del radicalismo. Sustituir a la socialdemocracia, captar el voto que va a ella sin moderar el radicalismo de las posiciones propias es la particular cuadratura del círculo de la izquierda radical que ya empieza a tener problemas al definir qué entienda por "radical". Por ejemplo, Izquierda Abierta sostiene en su manifiesto fundacional ser partidaria del control democrático de la economía. No hace falta ser un lince para darse cuenta de que esta fórmula vagarosa es lo que queda de lo que otrora fue la planificación centralizada de la economías.
La izquiera radical vive ahora un momento de dos ilusiones en una confusa relación causal: se ve a punto de aumentar sensiblemente su representación parlamentaria por la radicalización del voto que la crisis ha provocado y también se considera en el buen camino hacia la unidad de la diversidad sin que se sepa si es la unidad la que atraerá la mayoría o la mayoría la que impondrá la unidad. Es la doble ilusión que se simboliza bajo el nombre de syriza. Una izquierda mayoritaria no socialdemócrata y no comunista. Suena bastante inverosímil, pero es una idea. Y, mientras tanto, el capitalismo lo gobierna una derecha sin problemas de identidad.
(La imagen es una foto de machacon, bajo licencia Creative Commons).

dissabte, 22 de setembre del 2012

Esa algarabía catalana.

"Algarabía" era el término que Rajoy utilizaba en la reciente entrevista de la RTVE1 para referirse a las propuestas de pacto fiscal de Mas y la Diada de este año. Por "algarabía" entendían los claros varones de Castilla, el habla de los árabes, para ellos incomprensible. Solo faltaba a los catalanes que, además de llamarlos polacos, en la corte se empezara a llamarlos árabes o moros, términos que mueven la peor xenofobia, también en Cataluña. Por cierto, la cuarta acepción de "algarabía" en el DRAE es manera de hablar atropelladamente y pronunciando mal las palabras, que también puede predicarse de Rajoy, el confuso algárabe.
En la entrada Sempiterna España se decía a modo de conclusión: "El secesionismo se ha extendido mucho en Cataluña y todos saben que el único modo de traerlo de nuevo al estatu quo es haciéndole concesiones precisamente en la dirección que alimentará la ruptura del estatu quo" que es exactamente lo que está pasando.
Después de la visita de Mas a La Moncloa, el catalán retornó al Principado y se dejó recibir a ritmo de salvador de la patria catalana, de Simón Bolívar de los països catalans y daba a entender que iniciaba el camino de la independencia, aunque de modo ambiguo y esquinado. Pedía órganos estatales para Cataluña y, de paso, añadía un elemento payés a la confusión general reinante dado que la Generalitat, precisamente, es el Estado o, si se quiere, el máximo órgano del Estado en Cataluña.
Rajoy, a su vez, responde que Mas no le dijo nada de independencia ni Estado (se supone que catalán). Solo habló de pacto fiscal y Rajoy dice haberle dicho que lo pase por el Parlamento y que Rubalcaba piensa lo mismo que él en este asunto. Ciertamente, los dos saben que el Parlamento es una máquina de triturar pactos. Todavía hay restos del de Ibarretxe por los pasillos.
Toda esta parafernalia independentista se da a unos meses vista de la obligada negociación de la fórmula de financiación de las Comunidades para los próximos cinco años. Al presentarse esgrimiendo el pacto fiscal (o sea, el concierto económico a lo vasco/navarro) los catalanes traen un órdago. Rajoy, según propia declaración, aspira a desactivar el órdago haciendo mayores concesiones de todo tipo a Cataluña que no se lleva su Pacto Fiscal pero sí un buen pellizco más del conjunto de las rentas de España. Mucho menos de lo que le corresponde a tenor de lo que produce a juicio de los nacionalistas independentistas pero lo suficiente para que los nacionalistas más moderados puedan darse por satisfechos de momento.
De momento.
En su funcionamiento hasta la fecha, el Estado autonómico ha mostrado ser una fórmula inestable que no reduce las fuerzas nacionalistas centrífugas sino que, al contrario, las intensifica. Por eso se plantea y replantea una y otra vez hasta el hartazgo. Ahora mismo hay una corriente del nacionalismo español (ese que dice que no es nacionalista) que propone recentralizar el Estado y revisar las competencias de las CCAA; otra, en cambio, apunta a la necesidad de declarar España como un Estado federal.
Entre tanto los nacionalistas catalanes tienen la iniciativa con la posibilidad de adelantar las elecciones. Si lo hacen, el resultado medirá la fuerza de Cataluña en la negociación sobre financiación con el resto de España. La algarabía catalana se instala en el centro.
(La imagen es una foto de Convergència Democràtica de Catalunya, bajo licencia Creative Commons).

divendres, 21 de setembre del 2012

¿Qué pasa en el PSOE?

El PSOE ha hecho una encuesta interna acerca de asuntos de importancia vital tanto para él en cuanto partido como para el sistema político español, del que es pieza esencial. Los resultados pueden verse aquí y resultan muy ilustrativos. Para empezar, Palinuro subraya que las conclusiones que cabe extraer del estudio es lo que él lleva diciendo hace meses, cosa fácil de comprobar yendo al buscador del blog y poniendo PSOE. Ahí podrá verse cómo los socialistas llevan diez meses casi en estado de trance, después del batacazo que se dieron en las elecciones de 20N. ¿Se merecía el PSOE un resultado tan malo? Probablemente no, sino que la derrota fue un varapalo en el que estos pagaron por los errores propios y por los del todo mundo. Pero el caso es que fue como fue y, en diez meses de oposición ya debiera haber dejado atrás la amargura de la derrota y perfilado un oposición eficaz, sobre todo teniendo en cuenta que si su último gobierno fue equivocado y  malo, el que puso en marcha el PP es muchísimo peor; si el suyo tomó alguna medida impopular, el del PP ataca directamente al conjunto de la sociedad y solo favorece a los ricos y los curas.
Desde las elecciones, el PSOE está enfrentado a un gobierno que no ha hecho más que mentir, insistir en las mentiras, negar los derechos de la gente y empobrecerla con medidas erróneas y justificadas con tal estulticia por cada uno de los ministros que cabe dudar seriamente si sumando todos los que componen el consejo de ministros sale un inteligencia media, aunque sea moderada En teoría la oposición a este desastre debería ser sencilla. Sin embargo, aunque los sondeos (los privados y los del CIS) coinciden en señalar una caída en picado del Gobierno del que muy pocos se fían y del prestigio y popularidad de sus miembros, todos ellos bajo mínimos y muy justificadamente, las fortunas del PSOE no son mejores. Mes tras mes cabe ver cómo se hunden la expectativas electorales del PP pero también cómo las del PSOE no mejoran sino que, al contrario, si acaso descienden. Cabe ver igualmente cómo si los españoles desconfían mayoritariamente de Rajoy aun lo hacen más de Rubalcaba. 
Sin embargo, la dirección del PSOE no parece preocupada por esta situación y, al contrario, da la impresión de creer que el juicio popular está errado o, en todo caso, es impaciente; que bastará con esperar para ver cómo la actitud del partido, aunque ahora no se comprenda, dará sus frutos. Tal fue el discurso de Rubalcaba en su entrevista en la TVE1: comprende las críticas a su actitud pero está convencido de que su oposición responsable es la más adecuada y que llegará un momento en que se vea y se le haga justicia.
Es posible pero, de momento, lo que la encuesta interna del PSOE muestra es todo lo contrario. Y esta encuesta no es entre la gente de la calle, sino que refleja la opinión de la militancia. Y los resultados son patentes: la mayoría cree que la oposición que hace el PSOE y Rubalcaba en concreto, es mala o muy mala, como malos o muy malos juzga los demás aspectos de la política del PSOE, desde la democracia interna hasta la composición de los órganos del partido. Es decir, las bases del PSOE, al igual que la gente de la calle, creen que el PSOE está metiendo la pata, que su dirección está equivocada y que Rubalcaba no solamente no está haciéndolo bien como secretario general del PSOE sino tampoco como posible candidato a la presidencia del gobierno. Los militantes prefieren a Eduardo Madina, a Carme Chacón, a Tomás Gómez, prácticamente a cualquiera antes que a Rubalcaba. Cuestion digna de reflexión. 
¿Cómo es esto posible? En opinión de Palinuro porque Rubalcaba y la actual dirección padecen un defecto de visión muy conocido. Al ser continuidad del gobierno anterior, porque algunos de ellas fueron ministros o altos cargos (y otros, como el mismo Rubalcaba de muchos otros gobiernos anteriores al anterior) tienen vicios de funcionamiento, rutinas e inercias de las que no pueden librarse. Aplican las fórmulas que les resultaron en el pasado solo para comprobar que ahora no funcionan y no entender por qué, con lo cual cada vez son más pintorescos en sus actuaciones. 
La "oposición responsable" de Rubalcaba es un conjunto de actitudes como la prudencia, la ponderación, la moderación, el sentido del pacto, los acuerdos de Estado, el respeto al adversario, etc, que le dio muy buen juego al PSOE en las elecciones de 2004 porque permitió que la gente eligiera entre ese talante educado, moderado, pactista, con sentido de Estado y respetuoso con los adversarios de Zapatero y la bronca permanente de unos gobernantes agresivos, embusteros, insultantes, fracasados, intolerantes y que habían metido al país en una guerra abyecta y criminal.
Pero hoy la situación es muy otra. No porque los gobernantes de hoy no sean igual de agresivos, embusteros, intolerantes y ultrarreaccionarios que los otros. Lo son y más, hasta llegar materialmente a la estafa. Pero lo que hoy importa no es eso sino la crisis que ha caído sobre el país como una plaga bíblica, azota al conjunto de la población y este tiene bastante con ver cómo sobrevive en vez de ocuparse de lo que dicen y hacen los gobernantes. Da por descontada la inercia y el disparate de un gobierno nacionalcatólico, más preocupado por los preservativos que por el PIB y agradecerá que se le diga que hay un plan alternativo para salir de la crisis en socialdemócrata, es decir, por la izquierda. De eso de proponer soluciones, ideas, planes es de lo que ha de ocuparse el psoe y no de si el personal observa la diferencia que hay entre los jayanes y meapilas del gobierno y los eficaces gestores de la izquierda.. 
Carece de sentido reproducir el estilo de oposicion de 2000 a 2004 en las condiciones actuales. Sin embargo, es lo que Rubalcaba hace: dar una respuesta inercial, rutinaria, equivocada a una situación que no parece entender. Eso es lo que detecta la gente de la calle en las encuestas, lo que viene diciendo Palinuro hace meses y lo que, por fin, le ha dicho la militancia a la dirección. Sana decisión de la militancia que es de esperar tenga respuesta.
No corresponde a Palinuro decir a nadie lo que tenga que hacer pero está claro que la dirección del PSOE tiene que dar respuesta al contundente mesaje de su propia militancia. En concreto, despertar y actuar de forma tal que los españoles puedan confiar en una alternativa socialdemócrata real (que no se improvisa) que los libere de la desgracia que padecen en 2016.

Sempiterna España.

Ya hemos conseguido meternos en otro lío de identidades, conllevancias, separatismos, agravios, centralismos. Ya estamos de nuevo discutiendo sobre la Constitución, los estatutos, la planta territorial del Estado, el federalismo y los reinos de taifas. Ya están las naciones del solar patrio a gritos a la salida de misa sobre si son una sola o varias y si la una reprime a las demás (empezando por no reconocerlas y terminando por querer aniquilarlas) o las demás tienen perpetuamente chantajeada a la una con la amenaza permanente de la secesión, que les produce magníficos dividendos.
La Constitución de 1978, incluye diversos asuntejos, como la monarquía, los derechos y libertades, el sistema electoral, etc, pero su razón de ser última es la organización territorial del Estado en Comunidades Autónomas, el célebre y celebrado título VIII y su capítulo III. Las CCAA, un hallazgo semántico para evitar el término "naciones" y el de "regiones", han funcionado en teoría en los últimos 34 años, a trancas y barrancas, y con sobresaltos permanentes. Pero presentan notables carencias y disfunciones. La más notoria la perfecta inadecuación del Senado a la que debiera ser una cámara territorial. Y sobre todo, con un cuestionamiento sistemático de horizonte independentista en el País Vasco y Cataluña.
La derecha se parapeta en la Constitución, aunque algunos diputados de Alianza Popular (la matriz del actual PP) votaron en contra de ella y otros se abstuvieron. Hoy, en cambio, toca defenderla a modo de tope o límite. Por eso Rajoy dice que "no" a todo lo que, a su entender, no cabe en la Constitución, especialmente ahora el pacto fiscal que Mas traía en el cabás. Ha sido un episodio Ibarretxe II acelerado. De vuelta a la Marca Cataláunica, recibido con aplausos por los seguidores de la Asamblea Nacional de Cataluña, Mas adquiere rasgos de Moisés y medita si llevar a su pueblo a la tierra prometida, liberándolo de la tiranía del faraón español.
Para no faltar en nada al cuadro histórico redivivo, ha tomado la palabra un espadón advirtiendo de que la independencia de Cataluña es imposible, por las buenas o por las malas.
Los militares tienen encomendada la defensa de la integridad de España por el artículo 8 que consideran sagrado, pero están obligados a matizar ese culto sacrosanto recordando que es el gobierno el que determina la política civil y militar y la defensa del Estado (art 97). Según prevalezca una u otra querencia, tendremos un ejército mas o menos intervencionista. Pero tenemos un ejército intervencionista.
En estas condiciones, se exacerba el nacionalismo catalán. Después del revolcón de la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto han venido los tiempos duros de la crisis que han agudizado la conciencia catalana de expolio y trato injusto. La Diada de este año ha puesto a todo el mundo sobre aviso de que algo gordo está cociéndose en la opinión del Principado y, por aprovechar la fuerza de la ola, los nacionalistas han pisado el acelerador.
La respuesta de "Madrid" (esto es, del gobierno del PP) es "no". La Constitución es el límite. Y, si Mas cae en la tentación de mover algún tipo de consulta de fines territoriales conviene recuerde que el último gobierno de Aznar estaba tramitando una reforma del Código Penal para convertir en delito la convocatoria de referéndums ilegales.
Quienes sostenían que Zapatero rompía España y que con ellos eso no pasaría se encuentran con una crisis secesionista de gravedad y no saben cómo resolverla. Lo que Rajoy tildó de algarabía se convirtió en días en un estruendo tan atronador que no puede ignorarse ya. Cataluña demuestra en la práctica que está en situación de imponer una política de aeque principaliter que la Constitución y su guardián no le toleran.
El secesionismo se ha extendido mucho en Cataluña y todos saben que el único modo de traerlo de nuevo al estatu quo es haciéndole concesiones precisamente en la dirección que alimentará la ruptura del estatu quo. 

He resaltado en rojo la noticia sobre el nuevo caso de presunta corrupción municipal en Galicia a cargo esta vez de un alcalde socialista. Ahora se verá si es cierta esa afirmación de que la corrupción enoja más contra su propio partido a la izquierda que a la derecha. Lo comprobará el PSG en sus costillas. La corrupción, por lo demás, es el cáncer de la democracia.

dijous, 20 de setembre del 2012

El discurso mirífico de Anguita.

Orwell se quedó cortísimo. La neohabla de "la paz es la guerra" o "la verdad es la mentira" se ha generalizado después de 1984. Véase la manifiesta intención de Anguita de conseguir la unión de la mayoría de los ciudadanos , para evidenciar lo cual ha creado una nueva organización, el Frente Cívico. Por supuesto, decir que se busca la unión aumentando para ello la desunión y el fraccionamiento es pura neolengua.
- En absoluto, caballero- responde Anguita- nuestro Frente Cívico es ya una mayoría, lo que sucede es que aparece desunida y, precisamente como punto de unión, como puente, proponemos nuestro Frente Cívico. De esa manera se recoge la mayoría que existe pero no está homogeneizada.
Homogeneizada. Que cada cual diga a qué le suena esta palabra. Lo diré yo: mayoría homogeneizada. Los pelos como escarpias, ¿verdad? Tomándolo por el lado benévolo, esa mayoría querrá ser la alternativa a la mayoría silenciosa o la muchedumbre solitaria. Querrá ser lo que quiera ser pero mayoría homogeneizada suena tan mal que es preferible no ser mayoría.
Sabedor de este inconveniente, Anguita fortalece sus cimientos y la mayoría se convierte en inmensa mayoría. Si lo entiendo bien, su Foro Cívico aspira a aglutinar a la inmensa mayoría de la sociedad. ¿Hay aquí una reminiscencia de algún movimiento nacional o es una suposición maliciosa?
Desde luego, hablar en nombre de la inmensa mayoría es hacerlo con gran autoridad moral. No veo que sea necesario recurrir a la fuerza. Sin embargo, el leninismo siempre latente en Anguita le hace decir que quiere entrar imponiendo la fuerza" política al resto de formaciones. "Y no le extrañe, caballerete", sigue diciendo la sombra de Ulianov mientras se pierde en la oscuridad, "al fin y al cabo,la política es relación de fuerzas". Siempre que se menciona el concepto básico de la Realpolitik, esto es, la fuerza, el poder, la violencia (que todo es uno), lo que se está diciendo es que esa fuerza política se impondrá por la fuerza, no por el voto. En ningún momento dice Anguita que su Foro Cívico vaya a presentarse a elecciones pero, desde luego, una vez se haya impuesto esa inmensa mayoría homogeneizada, el movimiento ciudadano elaborará un programa (Anguita y el programa es una vieja simbiosis) que deje a un lado las ideologías.
Primero te homogeneizan, después te ahorman en una "inmensa mayoría" y luego te piden que dejes a un lado la ideología. No sé si queda alguien en la sala pero vamos a peor.
Verdad es que Anguita se apresura a sustituir la fementida ideología por el desarrollo de un proyecto basado en la Declaración de los Derechos Humanos y documentos como la Carta Social Europea o la Carta de los Derechos Laborales. Asuntos dignos y nobles, sin duda alguna, pero ¿puede explicar Anguita por qué sea necesario hacer a un lado la ideología para ocuparse de ellos con la dignidad y la nobleza que requieren?
Aclara Anguita que el fin último de este empeño así concebido, del 'Somos Mayoría' sería la justicia social, la democracia, la ética y la cultura, objetivos que solo los cantos rodados del lecho de los ríos dejarán de suscribir. Para conseguirlos, el excoordinador general de IU considera legítimo el recurso a la desobediencia civil. Eso está muy bien, es un gran avance pues antes se invocaba la indefectible llegada de la revolución. La desobediencia civil es una actitud moral, respetuosa con la legitimidad y la legalidad del sistema pero que, por por razones de conciencia, objeta a una norma concreta, considerada inicua y la incumple públicamente aceptando a continuación la sanción que lleve aparejada ese incumplimiento. Eso jamás será un delito, aunque haya legisladores dispuestos a convertirlo en tal. La desobediencia civil no se realiza en su sola voluntad sino que ha de decir públicamente qué norma o normas se incumplen por razones de conciencia. En España, ahora, ¿cuáles serían estas?
Termina Anguita su alegato en pro de la nueva alternativa de la acción social de la izquierda sugiriendo que hay que luchar para no estar sometidos a la voluntad del azar, que es el mercado. Un viento gélido vuelve a soplar por el escenario: ¿hay un orden imaginable en el que los seres humanos no estemos sometidos no a la "voluntad del azar" (que es expresión redundante) sino al azar sin más? Puede ser si está compuesto por una inmensa mayoría homogeneizada que haya dejado de lado la ideología. Y ¿cree Anguita que esa sea una oferta de futuro atractiva para mucha gente? Ayer estaban escuchándolo 250 personas, según la prensa, y a su organizacion se han adherido 20.000 en España y en el extranjero.
Para finalizar: la carrera de Anguita está llena de emociones. Ayer, precisamente, mientras él lanzaba su Frente Cívico, fallecía Santiago Carrillo, compañero/adversario suyo en tiempos. Es posible que sea por un descuido mío o mi incompetencia a la hora de buscar, pero no he visto que Anguita haya hecho declaración alguna al respecto. Desde luego, perdió la oportunidad  en la presentación de su Frente y, que yo sepa, solo consta que un "tajante" Anguita respondió telefónicamente a una pregunta de El Imparcial que Carrillo Ha sido un referente en la historia de España. Vale, un referente pero ¿cómo? ¿Como Beltrán de Duguesclin o como Guzmán el Bueno? Porque en la historia hay todo tipo de referentes. Para lo bueno, para lo malo y para lo ni fu ni fa.

dimecres, 19 de setembre del 2012

Borboneo.

La Casa Real acaba de inaugurar página web en casareal.es cuya interfaz está en captura a la izquierda. Enhorabuena a Palacio en donde, como se sabe, las cosas van despacio. A paso de tortuga. Una página web en 2012 ya tiene mérito. De todas formas, como tiempo han tenido, no está mal: sobria, elegante, recatada. No se quiere transmitir idea de oropel o boato sino de cercanía, cotidianidad y amor por la familia, firme promesa de perennidad de la institución.
En cualquier caso, enhorabuena, ya puede la Real familia comunicarse con l@s ciudadan@s directamente, sin cortapisas. Así, la salida al aire de la Real Web (o Real Red o Royal Web, para unificar idiomas) ya trae una carta del Rey se entiende que a todos los españoles. ¿Y qué dice el Borbón? Exactamente lo que el gobierno quiere que diga y, además, con sus mismas palabras. No es la primera vez que el gobierno se vale del Rey para apuntalar su política de partido. Hace unas fechas Rajoy llevó al Monarca a presidir el consejo de ministros en que se aprobó la orgía de recortes y cercenamientos, con lo que le cargó con parte de la responsabilidad.
Y ahora aparece el Borbón hablando como si fuera el gallego. Es sorprendente. La derecha parte del principio de que las instituciones y símbolos del Estado están al servicio de su ideología. Así que el Rey recorta y el Rey avisa a las tribus de vascones y cataláunicos de que no persigan quimeras. Por si esto fuera poco, suena el toque viril del cuartel en la voz del teniente general retirado Pedro Pitarch de que La independencia de Cataluña es impensable, ni por las buenas ni mucho menos por las malas. ¿Queda claro? Aviso de que el ejército español no ha ganado una sola guerra internacional en trescientos años; pero las guerras contra su propio pueblo las gana siempre.
Oído el Rey y oído el espadón, si quieren los lectores nos ponemos a hablar de cómo se presenta la cosecha de vino este año.
¿Que no? ¿Que queremos seguir hablando de política? Pues nos la estamos jugando porque ya está claro que la Corona ha tomado partido, el partido del remo. Esa expresión de remando a la vez es del vademécum de los propagandistas de la derecha. Igual que ese futuro de Europa y de España, que no se le cae a Rajoy de la boca. Pero lo más preocupante es el caveat que viene a continuación, cuando nos enteramos de que lo peor que podemos hacer es dividir fuerzas, alentar disensiones, perseguir quimeras, ahondar heridas. Las quimeras del Rey, siempre más culterano, equivalen a la algarabía de Rajoy, algo más vulgar. Y lo de ahondar las heridas en un país en el que decenas de miles de sus hijos yacen asesinados en las cunetas para desconsuelo de sus allegados suena a real metedura de gamba o habitual destemplanza de Rajoy. Y ¿en nombre de qué hay que remar juntos, y dejarse de quimeras y rencillas? En nombre de un ente que la carta real designa como Transición Democrática, así con las dos mayúsculas del Te Deum, una TD entronizada en una perfección inamovible.
Tengo la impresión de que esa carta, escrita al dictado del gobierno, es un golpe duro a la legitimidad de la Corona por cuanto esta aparece involucrada en un conflicto político y de un modo sorprendentemente represivo, prohibitivo. Dice el Monarca que no son tiempos para escudriñar esencias. No sé qué entenderá Juan Carlos por "escudriñar" pero, sea lo que sea, la pegunta inmediata es: ¿por qué no? ¿Porque lo dice él? ¿Y quién es él para determinar qué hagan las gentes con sus esencia? Porque escudriñar en las esencias es fundamental en la conciencia de todo nacionalismo, incluido el español.
En resumen, la carta es una nueva muestra del error de la dinastía, el borboneo, esto es, el compadreo entre la Corona y el gobierno. Si al resurgir del borboneo añadimos las amonestaciones militares, el cuadro que empieza a emerger de España en estos momentos es preocupante. Es de suponer que, por muy de derechas que sea, el gobierno hará respetar la supremacía del poder civil. Pero el borboneo, la interferencia del Rey en la política, todavía es peor. Casi merece más la pena que el monarca se vaya de safaris, aunque se caiga.
(La imagen es una captura de la página web de la Casa Real, casareal.es).

dimarts, 18 de setembre del 2012

Carrillo o la biografía del comunismo.

La larga vida de Santiago Carrillo, fallecido hoy a los 97 años, con más de ochenta ininterrumpidos dedicados a la lucha política en la izquierda, condensa y en gran medida explica en su trayectoria la historia toda del comunismo en el siglo XX. También la de la izquierda en general. Y la de España en particular. Pero aquí hablaremos del comunismo porque Carrillo representa los avatares de este y le da un sentido que los propios comunistas son reacios a admitir.
Hijo de Wenceslao Carrillo, militante del PSOE el adolescente Carrillo se apuntó a las Juventudes Socialistas, de las que fue secretario general allá por 1936. Luego de un viaje a Moscú consiguió fusionar las juventudes socialistas con las comunistas para formar las Juventudes Socialistas Unificadas que se declararon comunistas bajo su dirección, un hurto de militancia que los socialistas tardarían decenios en perdonarle. Hacia 1937 ingresó en el PCE, en el que causó baja medio siglo después. En el ínterin fue nombrado Consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid y es en esta su condición cuando se producen las famosas matanzas de presos de derechas en Paracuellos de Jarama y Torrejón de Ardoz de las que el franquismo y sus epígonos al día de hoy (César Vidal, Pío Moa, etc.) lo acusan directamente. Él siempre lo negó y las pruebas no son concluyentes en uno u otro sentido.
Al perder la guerra Carrillo parte al exilio en donde estaría 38 años, casi siempre en Francia y ocasionalmente en algún otro país como la URSS. Su vida estaba plenamente dedicada al PCE a cuya secretaría general accedería en 1960 en substitución de Dolores Ibarruri. Desde entonces se dio una simbiosis total entre el PCE y su secretario general que lo fue durante veinticinco años.
Desde su juventud Carrillo fue un hombre en perfecta sintonía con los soviéticos, cultivó el espíritu bolchevique y fue un estalinista convencido. Persiguió a los trostkistas y "titoístas" del PCE por directo impulso de los rusos y, cuando Kruschef leyó su famoso informe secreto en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética denunciando los crímenes de Stalin, Carrillo fue uno de los primeros en "desestalinizarse" y en perseguir y depurar a los estalinistas del partido, antiguos aliados suyos. Lo esencial para él era seguir la "línea correcta" que era indefectiblemente la soviética.
Con tanto giro uno se inclinaría por calificar al politico asturiano de inconstante y veleta. Pero eso sería no haber entendido nada de la peculiar idiosincrasia del comunismo, en concreto, el directo heredero de Lenin que requiere obediencia tan ciega del militante a las directrices del partido que es difícil hacer a aquel responsable de sus actos. Carrillo fue estalinista porque su partido lo era y fue luego antiestalinista porque su partido también lo fue pero siguió aplicando las mismas formas autoritarias, de ordeno y mando del más puro estalinismo. Así, cuando en 1964 se produce el choque con Fernando Claudín, Jorge Semprún y parte importante de la militancia de Madrid, sobre todo intelectuales como Javier Pradera, no lo duda mucho y expulsa a los disidentes, aunque, como diría luego Claudín en su relato de los hechos, solo para apropiarse de sus tesis y cambiar el rumbo del PCE, del que seguiría siendo el señor absoluto.
Por aquel entonces era yo un bisoño escindido del PCE y miembro de un incipiente partido comunista "prochino" que consideraba a Carrillo un "revisionista" y una especie de monstruo a sueldo de la GPU y la CIA al mismo tiempo. Un par de meses después había yo abandonado para siempre toda militancia política partidista, mientras que él siguió siendo el jefe incuestionable de los comunistas españoles. Cuando, mucho más tarde, tuve ocasión de conocerlo personalmente vi un político de gran valía que se esforzaba por dar fundamento teórico y doctrinal a sus frecuentes intuiciones políticas y mantuve una relación esporádica con él: me parecía un hombre inteligente, con sentido del humor y una gran ambición personal que lo había llevado a mantener vivo el espíritu optimista de los que le rodeaban haciéndoles esperar el pronto fin de la dictadura y el ansiado regreso a casa durante casi cuarenta años.
Carrillo fue de los primeros en darse cuenta de que los partidos comunistas occidentales estaban condenados a la inoperancia política mientras siguieran siendo meras sucursales de la URSS. Por eso empezó a despegarse de ella cautelosamente a raíz de la invasión soviética de Checoslovaquia y, hacia 1977, ya había desarrollado su nueva propuesta estratégica llamada Eurocomunismo y a la que consiguió sumar a los comunistas italianos y franceses, aunque estos más a regañadientes. En 1977 fueron también las primeras elecciones generales democráticas en España tras la muerte de Franco. Era yo en aquellas fechas catedrático contratado de Derecho Político de la Universidad de Oviedo y lo llamamos a dar una conferencia en el curso de la campaña. Pude así conocer la doctrina eurocomunista de primera mano y me hice de ella la misma idea que tengo ahora: un intento de los comunistas de renegar de su pasado revolucionario y aceptar el ideario socialdemócrata que siempre habían tildado de traición en los socialistas, pero prescindiendo de estos. Le dije entonces, y sigo pensándolo, que el proyecto estaba condenado a la nada porque, para socialismo democrático ya estaban los socialistas y no creía que los comunistas se salieran con la suya de desplazarlos para ocupar su lugar. Igual que tampoco creo ahora que los intentos al estilo syriza lo consigan. La hegemonía comunista en estos movimientos los llevará siempre a la minoría y a la derrota.
Desde entonces volví a encontrarme a Carrillo en diversas ocasiones, con frecuencia en programas de televisión (recuerdo uno especialmente emotivo con el ya fallecido Fernando García Tola) y actos de la izquierda. Y pude seguir su trayectoria personal que, en mi opinión, repito, reproduce la del comunismo.
Con motivo de la transición, Carrillo da el paso eurocomunista decisivo y acepta la monarquia juancarlista (él, que había vaticinado que Juan Carlos sería conocido como Juan Carlos el breve ) y la bandera rojigualda a cambio de su legalización. Esta decisión generaría la crisis en el PCE que ocho años después ocasionaría su caída. Carrillo estaba convencido de que, si no se adaptaba a los nuevos tiempos, si no se comprometía con la democracia, nunca sería la fuerza hegemónica electoral de la izquierda y a este objetivo estaba dispuesto a sacrificarlo todo hasta que acabó con el partido mismo. No se percató de que todos sus esfuerzos de actualización, modernización, democratización y homologación del PCE no servirían de nada mientras él, el viejo luchador de la guerra civil, siguiera siendo el secretario general. Era literalmente absurdo que el partido que se presentaba con un programa de reconcialiación nacional, olvido del pasado, mirada al futuro, fuera el único dirigido por un hombre de la guerra que no podía competir en nuestra sociedad mediática con la juventud de un Suárez, un González y hasta, si se apura, un Fraga, que parecía y era más lozano que él.
Pero si Carrillo se iba para que el PCE ganara, hacía añicos su esperanza de alcanzar la hegemonía y, al final, se mantuvo en el puesto y, en las elecciones de 1982 fue prácticamente barrido en las urnas, lo que le costó la secretaria general y cuatro años más tarde, la militancia en el partido. Políticamente, comprensible; personalmente, una tragedia. Carrillo había mostrado su coraje y su valor cuando, conminado a arrojarse al suelo del Congreso por los matones de la Guardia Civil, subfusil ametrallador en la mano, mantuvo su dignidad y, con ella, la de toda la izquierda, negándose a obedecer, quedándose sentado y encendiendo un cigarrillo. Tampoco obedecieron Suárez ni Gutiérrez Mellado pero, con todos los respetos a estos dos últimos (todo el episodio es narrado en el fabuloso libro de Javier Cercas sobre el golpe) el que allí tenía realmente algo que perder, la vida, sin ir más lejos, era Carrillo. Solo por ese gesto conservo hacia Santiago Carrillo una admiración y un cariño que me durarán mientras viva. 
Carrillo fue de los primeros también en darse cuenta de que el comunismo como experimento social había fracasado y, cuando salió del PCE, fundó un grupúsculo (me acuerdo de que él nos llamaba a los prochinos, trostkistas, etc "grupúsculos" en los sesenta) que no tuvo ninguna fortuna electoral y cuyos miembros, casi todos, pasaron al PSOE. No así el propio Carrillo que tuvo la elegancia de mantenerse al margen y no regresar en la vejez al partido del que se había separado siendo joven por más que su razón y su interés, le hacían ver que era lo más lógico y lo más razonable. Pero él, hombre de convicciones, no quiso ceder. Estaba convencido de que el comunismo había concluido su ciclo vital y ya no tenía sitio en Occidente, pero él decidió conservar su libertad e independencia y así se mantuvo la dignidad de un hombre que había luchado toda su vida por una causa que la experiencia de la vejez le mostró errónea.
La última vez que hablé con él fue a comienzos de este año, en la fiesta de El Siglo. Estaba sentado en un margen de la agitada y bulliciosa sala del Meliá Princesa, contemplando aquella vida palpitante. Me encantó saludarlo. Se levantó, me miró a los ojos y yo vi en los suyos esa chispa llena de inteligencia y complicidad que siempre he intuido manteníamos sin necesidad de formularla: la de quienes piensan que es grande echar el resto en la lucha por una causa en cuyo triunfo final uno no cree. 
Santiago Carrillo simboliza el auge, dominio, decadencia y hundimiento del comunismo occidental en el siglo XX . Pero su vida tiene el valor infinito de la de un hombre que ha luchado por un ideal. Rara especie.
(La imagen es una foto de Xabeldiz, bajo licencia Creative Commons).