dimecres, 2 d’abril del 2008

Estrategias de la empresa.

Mi amiga Pilar, quien parece recuperarse de una grave afección, cosa de la que me alegro mucho, me envía esta curiosa y divertida presentación con enseñanzas sobre estrategias empresariales, de la que se extraen interesantes conclusiones sobre la importancia de la gestión de la información en el mundo de los negocios de forma amena.

Se la dedico a mi amigo Pedro, competente especialista en estos menesteres.

Y, como no me fío de que la imagen se mantenga porque ya me ha jugado un par de malas pasadas, incluyo la dirección URL, con lo que tambien es posible acceder a la presentación a través de Google Docs.

dimarts, 1 d’abril del 2008

Lo mejor es blindarse.

¿Quién dijo que la política es aburrida? Todo lo contrario: es apasionante como una tragedia shakesperiana, un "cuento lleno de ruido y de furia, contado por un idiota y que no significa nada". La vida misma. El señor Rajoy ha hecho frente común con una fronda periférica en contra del poder de "Madrid", personificado en este caso por la señora Aguirre. Lo hubiera hecho, creo, también contra el señor Ruiz Gallardón si éste hubiera salido triunfador de su trifulca con la señora Aguirre en lugar de claramente revolcado. Los frondeurs de la derecha nacional cuestionan tanto la preminencia madrileñata como los denostados nacionalistas periféricos.

Que el congreso se celebre en Valencia, lo organicen los murcianos, y a los madrileños no los dejen ni hablar es verdaderamente fuerte. Los gallardonistas estarán conformes pues al fin y al cabo la cosa va contra Aguirre; pero los aguerridos echan las muelas. Y precisamente estos cuentan con poderosos medios de comunicación que cuestionan el liderazgo del señor Rajoy al que invitan sin ambages a retirarse. El partido puede llegar al Congreso en una situación de tensión interna a cuenta del liderazgo. La aparición y desaparición meteóricas de una oscura política del PP, presta a presentarse candidata a la presidencia de la organización en el congreso, la señora Castro, de quien ya nadie se acuerda, prueba que esto del liderazgo del partido es cosa que los populares se toman muy en serio.

Nada de tonterias democráticas de niñatas. El ungido se presentara a aclamación en congreso y ya está, que es lo que contaba el señor Aznar hace un par de días en declaraciones al diario Clarín cuando afirmaba que el señor Rajoy había sido "democráticamente" elegido en el PP, esto es, el señor Aznar profetizaba. Hay que concentrar fuerzas porque de inmediato vienen las elecciones vascas y las europeas y otras autonómicas, las municipales... la vida de un político candidato a la presidencia del Gobierno es una carrera de obstáculos. Si el PP gana las próximas europeas, por ejemplo, el señor Rajoy saldrá reforzado; en caso contrario, las presiones para que abandone serán mayores. El puesto de líder de la oposición es especialmente incómodo porque está abierto a todos los desafíos, especialmente los que vienen del propio partido. Nadie discute al líder que es presidente del Gobierno, pero sí al que no lo es y más si ha perdido dos veces la ocasión de serlo.

El nombramiento de doña Soraya Sáez de Santamaría en lugar del señor Zaplana no me parece de momento determinante. Se dice que dicha señora es más moderada que el señor Zaplana, pero eso está por ver. Lo que sí parece es persona de confianza del señor Rajoy, que es conveniente tener fieles en el desempeño de los cargos políticos, lugares de navajeo a la luz de la luna. Entre tanto queda pendiente hasta el mes de junio el destino del segundo escollo a la entrada del PP, el señor Acebes, que era el Escila donde el señor Zaplana era el Caribdis. Aquí es donde se verá si la señora Aguirre, que no ha conseguido lugar de relieve para su paladín Pizarro, protege lo suficiente al segundo o ha de resignarse a perderlo, en menoscabo de su fama de aguerrida valkiria. Pequeña digresión madrileña: este Pizarro, a pesar de su apellido, no ha conquistado ni un palmo cuadrado de territorio en el PP y la señora Aguirre sólo reina en el corazón de las audiencias de la COPE, Telemadrid y los lectores de El Mundo que bien pueden ser los mismos. Su única posibilidad antes del congreso del partido es dar una campanada a lo Lady Godiva. Pero no se la ve en eso; le gustan demasiado los modelitos de marca. Porque si la señora De la Vega es, según sus detractores, "de la Vogue", ésta señora Aguirre es más del género "Marie Claire".

Entre tanto, el señor Aznar, a quien se le han manifestado en contra veinte mil gallegos en la Argentina (y creo que son gallegos en sentido español y no argentino) pidiendo que lo procesen por criminal de guerra, dice que lo importante es la la batalla de las ideas. No tengo la menor duda. Lo que sucede es que su partido parece hoy sumido en una batalla por las personas y por las ambiciones de las personas. En el caso de la señora Aguirre lo de las ambiciones es absolutamente patente; como lo es en el caso del señor Gallardón, aunque en éste la ambición se estrelló. Pero ambiciones al fin y al cabo. De ideas, ni batalla ni no batalla: cero.

La cuestión del liderazgo en nuestra sociedad es la de quién gana elecciones porque, si no se ganan las elecciones ya se pueden tener las ideas más brillantes del mundo que se las come uno con patatas. A su vez, para acabar de complicar las cosas, las elecciones se ganan con ideas pero también con caras, gestos, consigna y confianza del electorado en que sólo se presentará una opción (unidad) y no varias enfrentadas. La idea mayoritaria triunfa, aunque no sea la "mejor" que por supuesto no lo será para quienes hayan perdido.

Por lo demás, ¿qué clase de lider sería el señor Rajoy si no consiguiera convencer a sus seguidores de que puede alcanzar el triunfo tras dos derrotas seguidas?

(Las imágenes son sendos grabados del gran Kitagawa Utamaro, pintor japonés de fines del XVIII, tituladas respectivamente "La viuda de Hinodeya" (1795) y "La hora del tigre" (1796) y se encuentran en La ciudad de la pintura).

dilluns, 31 de març del 2008

La formación del Gobierno.

Mañana se constituyen formalmente las cámaras salidas de las elecciones del nueve de marzo pasado. Para hoy ya echan humo las quinielas sobre la composición del nuevo Gobierno, aunque únicamente se conocen dos datos bastante ciertos: a) habrá tantas mujeres como hombres y b) no se producirán grandes cambios. Como es lógico. Uno no cambia el caballo con el que gana las carreras. Es cierto que, como decía ayer Soledad Gallego en un artículo de El País sobre La ventaja de hacer política, el Gobierno anterior tenía un "perfil" más técnico y menos político y que la tarea política recaía casi en exclusiva sobre el presidente. Pero es que eso es bastante lógico. La idea de que en un gobierno haya de haber ministros con "peso" o "brillo" o "luz" propios tiene razón de ser en los gabinetes de coalición, pero no en los ejecutivos monopartidistas. Ese mismo Gobierno, además, ya pasó por tal experiencia con el ministerio del señor Bono, que no fue precisamente un acierto en algunos aspectos (sí, desde luego, en otros, como en las investigaciones sobre la sinvergonzada de la contratación el Yak 42) pues cada vez que el señor Bono abría la boca, cosa que hacía con frecuencia, ponía en aprietos al Gobierno del que formaba parte, por ejemplo, en materia de negociación estatutaria. Por eso parece inteligente tener al señor Bono de presidente del Congreso, que es cargo de visibilidad y relevancia, pero no en un ministerio, en donde estorba.

Tan extraña y sorprendente resulta esta aparente inercia de que siga el gabinete anterior, aunque haya algunos cambios formales, que desde los aledaños de La Moncloa se ha filtrado la pintoresca noticia de que se trata de un Gobierno interino, como si tuviera fecha de caducidad, con una vigencia de dos años, hasta que llegue la presidencia española de la UE. Si esa "información" se difunde para tranquilizar a los eternos aspirantes a una poltrona ministerial, es decir, si tiene un valor terapéutico, no hay mucho que decir. Si va en serio, no puede ser más absurda. ¿Qué sentido tiene nombrar un gobierno para la mitad de una legislatura? Los gobiernos están para cumplir los programas electorales y los programas electorales son para toda la legislatura. Luego, los avatares políticos les dan la vida que tengan, en conjunto o por ministerios; pero carece de sentido nombrar un gobierno para mitad de plazo.

Por último, está la cuestión de cuán fácil o difícil haya de tenerlo el nuevo Gobierno tras la investidura del señor Rodríguez Zapatero, incluso de cuán difícil haya de ser la misma investidura, con votación prevista para el próximo nueve de abril. Dice hoy el señor Pérez Royo en un artículo sobre Menos margen de maniobra que el Gobierno lo tendrá más difícil que en la legislatura anterior por una serie de razones. Puede ser. Siempre que se nos haya olvidado lo difícil, realmente difícil que lo tuvo en los cuatro años pasados, enfrentado a una oposición conservadora montaraz, enrocada en no facilitar el juego de las instituciones y haciendo trizas todos los consensos imaginables. En esta legislatura, el PP ha perdido las elecciones por segunda vez y, en la última, precisamente por el tipo de oposición que hizo. Está desnortado, con un dirigente muy cuestionado en sus propias filas y con un guirigay sucesorio evidente aunque oculto. Su capacidad de hacer daño se ha reducido mucho y el Gobierno irá más holgado sobre todo en materia de hipotéticos pactos de Estado, de los que el PP está muy necesitado por sus efectos legitimatorios.

Pero sobre todo, los problemas a que ha de hacer frente el nuevo Gobierno no son tan espinosos como los de la anterior legislatura. En concreto, para bien o para mal, el estatuto de Cataluña está reformado y, también para bien o para mal, no hay perspectiva alguna de negociación con ETA, que reventó estúpidamente de un bombazo toda posibilidad de acuerdo; las aristas del llamado "conflicto vasco" están romas: Batasuna en la cárcel, la izquierda abertzale ilegalizada y el señor Ibarretxe en la inopia con su famoso referéndum del que nadie quiere ya acordarse bajo el brazo. Con los magníficos resultados electorales del PSE el nueve de marzo y unas elecciones autonómicas en el País Vasco para dentro de un año, ahí tampoco se moverá nadie.

Hay, sí, en ciernes, una caída económica, quien sabe si crisis en el ambito de la construcción y hasta alguna amenaza en el conjunto del sector financiero. Pero ese es un terreno hipotético, en buena medida inducido desde el exterior y en el que el margen de maniobra del Gobierno escasamente dependerá de la cantidad de sus escaños, sino de la percepción real de los problemas que tengan los distintos actores políticos y de su grado de responsabilidad.

Da la impresión de que los que tienen angosto el margen de maniobra son los demás, empezando por el PP, que no sabe qué hacer y que está a la espera de lo que diga el presidente del Gobierno incluso para determinar el sentido de su voto en la sesión de investidura y terminando por la persona de la señora Díez, cuya presencia parlamentaria es perfectamente prescindible.


(La imagen es una foto deguillaumepaumier, bajo licencia de Creative Commons).

Es lo líquido lo que se desvanece.

Zygmunt Bauman es uno de los más conocidos sociólogos contemporáneos. Y de los más prolíficos y publicados. Solamente el año pasado, 2007, se publicaron tres obras suyas en español: Miedo líquido. La sociedad contemporanea y sus temores, Vida de consumo y Tiempos Líquidos que con este (Arte ¿líquido? Sequitur, Madrid, 2007) hacen cuatro. Nacido en Polonia de padres judíos y emigrado de su país en 1968, ha ejercido la docencia en varios países, jubilándose como emérito en la Universidad de Leeds, en el Reino Unido. Su obra abarca diversos temas en un principio marcados por su pertenencia a una sociedad comunista y su adscripción al marxismo pero, en los últimos veinte años, se ha concentrado en los de carácter cultural, especialmente los aspectos de la postmodernidad. Su principal aportación teórica al corpus doctrinal de la Sociología contemporánea es su concepto de la "modernidad líquida" que, como señala Anthony Bryant en esta obra en comentario, lo emparenta con la idea de Giddens de la "fabricación de la incertidumbre" y la de Ulrich Beck de la "sociedad del riesgo" (p. 62) y con las modernas teorías de la complejidad y el caos.

Su concepción de lo "líquido" corre paralela con los actuales acerca de la postmodernidad, el pensamiento débil y la post-postmodernidad. La idea viene siendo ya casi un lugar común que toma pie en la famosa obra de Marshall Berman, Todo lo sólido sedesvanece en el aire. Lo sólido es ahora la tradición, las convenciones, las ideas consagradas, las instituciones; todo se convierte en gaseoso, informe, acomodaticio, susceptible de mil interpretaciones distintas, fragmentario, inconsistente, gaseoso. Bauman lo considera "líquido" justamente por estas mismas razones.

Cada cual puede pensar lo que quiera acerca de estas concepciones, por supuesto. Mi propia idea no es muy allá. Llevo toda la vida oyendo hablar de la crisis de todos los valores y antes de que yo naciera ya Nietzsche se había ocupado de la Umwertung aller Werte, de forma que la idea de que la postmodernidad revela una época de inseguridad en la que las viejas certidumbres se han desmoronado no solamente no es nueva sino que, en sí misma, es un lugar común y, probablemente, algo fijo, sólido, puesto que se repite una y otra vez. Por lo demás, me gustaría saber en qué momento de la historia de la humanidad no se ha dado esta conciencia de inseguridad, incertidumbre, crisis, desaparición de las viejas costumbres, hundimiento de los valores seguros. Hesiodo se queja ya del carácter acelerado, superficial, crítico del tiempo que le tocó -que nos ha tocado-vivir: la edad de hierro y así hasta el día de hoy, pasando por los terrores del año 1000, cuando el Papa Silvestre veía que el mundo se acababa. Y sin embargo, aquí sigue.

El carácter inseguro, incierto, cambiante de las relaciones sociales contemporáneas es obvio, aunque sostengo que más o menos y excepción hecha de algunos períodos de "congelación", siempre ha sido así.

En todo caso, en este libro en concreto, Bauman trata de aplicar al arte su concepción de lo líquido. Para ello se han reunido diversos textos: un interesante artículo de Bauman sobre "Arte, muerte y postmodernidad", en el que sostiene que el arte contemporáneo es una deconstrucción de la mortalidad del hombre, se apoya en Otto Rank para probarlo y critica las concepciones estéticas de Hannah Arendt, entre otras cosas porque son las contrarias a las suyas.

A continuación se incluyen las famosas "conferencias de Leeds" sobre "Modernidad líquida: arte líquido", una de Griselda Pollock, otra de Bauman Arte líquido, otra del famoso artista Gustav Metzger (La tercera cultura) y otra de Anthony Bryant (Modernidad líquida, complejidad y turbulencia), se añade una entrevista que Maaretta Jaukkuri hizo a Bauman (Tiempos líquidos: arte líquido) y en la que el sociólogo repite a veces literalmente el contenido de su conferencia de Leeds y, por último, dos textos de artistas tratados en la obra, Jacques Villeglé y Herman Braun-Vega.

El punto de vista de Bauman es que su concepto de"modernidad líquida" es perfectamente aplicable al arte contemporáneo que, en el fondo, persigue la muerte del arte. Que el Señor me tenga de su mano pero esto de "la muerte del arte" ya lo había dicho Hegel. En la actualidad, el carácter líquido del arte se revela, según Bauman en que, en su proceso de negación de las estructuras tradicionales, el arte ha llegado, incluso, a prescindir de su mismo soporte material. Los museos son cementerios artísticos y el arte vivo se confunde con la realidad misma. Los ejemplos que pone son los de los citados Villeglé y sus décollages, Manolo Valdés con sus rostros repetidos y Herman Braun-Vega y lo que él llama sus "encuentros imposibles".

No estoy muy seguro de que Bauman consiga convencer a alguien de la pertinencia de la aplicación de su concepto de "líquido" al arte pero sí de que los ejemplos que pone no son afortunados. De hecho aquí es donde se descubre la intencionalidad de este conjunto de trabajos de y sobre Bauman, que se revela en el escrito del propio Herman Braun-Vega sobre las ideas de Bauman acerca de él mismo y el trabajo final del editor y traductor de la obra, Francisco Ochoa de Michelena en el que vapulea de lo lindo a Bauman y no le deja un hueso sano.

Es el hecho que Bauman toma pie en un famoso cuadro de Braun-Vega (Que se acerquen los niños) que, según dice, representa al Papa Pío IX que lee un periódico con una declaración del también Papa Juan Pablo II. Sin embargo el cuadro representa una variante del retrato de Inocencio X de Velázquez y el periódico que lee trae una noticia de sacerdotes católicos pederastas; se incluye una reproducción de un efebo de Caravaggio y, en conjunto, la obra es una cruda denuncia de la pedofilia de laIglesia y como señala Braun-Vega, de líquido, ni hablar.

No sé hasta qué punto esta confusión (así como la que Bauman evidencia al hablar de Manolo Valdés, pues ignora que sus retratos son variantes de otros del Renacimiento) invalida la tesis del carácter líquido del arte contemporáneo, aunque, desde luego, no haberse dado cuenta de que el cuadro de Braun-Vega reproduce el Inocencio X de Velázquez (que también ha sido reinterpretado por Francis Bacon) se me antoja imperdonable. Pero, en todo caso, es un punto más a favor del escepticismo con que, a mi entender, deben acogerse estos conceptos de la postmodernidad que parecen decir mucho y en el fondo no dicen nada. Francamente, si los retratos de Manolo Valdés son arte líquido, la escuela helénica de retratos de Paestum es arte gaseoso.

diumenge, 30 de març del 2008

Renovarse y morir.

Dice el señor Rajoy, echándoselas de duro, que tiene pensado el nombre de los portavoces parlamentarios del PP, pero “no se lo he dicho ni a ellos”, lo que es sorprendente, no por lo que muestre respecto a la capacidad del político gallego para la reserva, que ya se sabe que es mucha, sino por el comportamiento autoritario, casi dictatorial que rige en el PP, partido en el que te puedes encontrar siendo portavoz parlamentario sin que se te haya pedido tu parecer. Pero en fin, no es esto lo más pintoresco -con serlo y mucho- que está pasando en el principal partido de la oposición, sino esa especie de corrimiento general hacia la "renovación generacional" que todos parecen demandar y celebrar, empezando por el señor Rajoy que, sin embargo, se excluye de ella.

Renovación generacional. No suena mal, aunque da la impresión de ser una mera excusa para fulminar a la vieja guardia aznaril, especialmente los señores Zaplana y Acebes, los más identificados con el boss de Quintanilla de Onésimo, por cierto, con el propio señor Rajoy. Pero, como se ha dicho, éste ha decidido excluirse.

En realidad aquí lo que hay es una guerra entre halcones aznaristas y palomas más recientes. Al sacrificar a sus compañeros de armas del alma, el señor Rajoy piensa que salvará su propia cabeza como adalid de la "renovación", que es término que suele tener buena prensa en todas partes... excepto en los partidos en los que no es raro que salga alguien, como Txiki Benegas en su día en el PSOE, hablando de los "renovadores de la nada". Aquí puede estar pasando algo parecido. El señor Núñez Feijóo, de Galicia aboga por "ajustar algunos planteamientos y mensajes; entienda quien quiera y, por otro lado, Tres barones del PP declaran la guerra a Esperanza Aguirre: le acusan de intentar ‘cargarse’ a Mariano Rajoy y han decidido ir a por ella. La alianza se ve con claridad: Mariano Rajoy con los "renovadores" contra la vieja guardia, la señora Aguirre y su corte mediática.

Pues va a darse una castaña. El señor Rajoy, por supuesto. Ya era dudoso que contara con la falange macedónica de los medios de la derecha por sí mismo. Pero, en cuanto se materialice la defenestración del señor Acebes, se encontrará frente a un muro mediático hostil (ya lo es en buena medida) que no va a darle respiro hasta que se retire o pierda las primarias de su partido. También puede pasar éstas pero es muy probable que pierda las elecciones generales si llega a ellas con la COPE y El Mundo en contra. Y en contra los tendrá, ya que han decidido apoyar a la señora Aguirre y a los suyos.

(La imagen es una foto de Galiciaefotos bajo licencia de Creative Commons).

La vida tranquila.

Mi hija Inés dice que mucho postear sobre el viaje que hice con Andrés por los Estados del Oeste de los EEUU y nada en cambio sobre los tranquilos y felices momentos pasados con ella y con su hija, mi nieta Sofía, en Indianápolis. Es verdad, pero es lo que suele pasar: que sólo prestamos atención a aquellos momentos de la vida en que hay novedad, aventura, imprevisto o, dicho de forma más contundentemente ordinaria, carretera y manta. El resto, la vida cotidiana, el apacible discurrir de los días sin sobresaltos, apenas llama nuestra atención, que es un sentimiento infantil que habita en nosotros y nos encandila porque es el que se presta a las grandes narraciones, las epopeyas, el ruido y la furia como los que conmemora este grupo escultórico a la izquierda, que celebra hazañas bélicas sin cuento al sonido de las trompetas de la fama.

Sin embargo, cuando sabemos mirar con atención, muchas veces la gran aventura está escondida ahí, en el el día a día de la existencia callada, el trabajo bien hecho, el ejercicio de la responsabilidad en un entorno ordinario. Vamos, la hermosa fábula que cuenta la película Shane, vertida al español como Raíces profundas con uno de esos títulos que, además de una traducción, incorporan una interpretación. La fábula del pistolero que hace ver al niño que el trabajo callado y responsable de su padre (Van Heflin) es más meritorio y más digno de la infantil admiración que todas las habilidades y destrezas de un aventurero (Alan Ladd) por muy rápido que sea con el revólver.

Inés vive en un suburb (nosotros diríamos "zona residencial", ya que eso de "suburbio" en español no suena enteramente bien) de Indianápolis, uno de esos tranquilos barrios estadounidenses, de casas bajas, con algo de cesped delante y un jardín con barbacoa en la parte trasera. Ahí cría a su hija, mi nieta Sofía, que es la preciosa niña que se ve en la foto en régimen de familia monoparental, al tiempo que atiende a su trabajo de profesora de español en una escuela pública equivalente al grado medio en España, con chavales que en su mayoría son negros (o "afro-americanos", como resulta más correcto decir en los Estados Unidos) y procedentes en buena parte de estratos sociales desfavorecidos, con familias problemáticas y muchos de ellos no menos problemáticos. Cuento esto porque entiendo que, en el espíritu de Shane, tiene mucho mérito, silencioso, ordinario, nada bombástico, realizar bien tu trabajo en condiciones difíciles, en un país extranjero, al tiempo que crías y educas a tu hija para que crezca feliz, como debieran ser todos los niños del mundo.

El último día de mi visita en Indianápolis fuimos de excursión a uno de los varios parques estatales que hay en Indiana, el Clifty State Park que, aparte de su interés ordinario, por ser unos montes densamente poblados de robles y álamos, tiene algunas cascadas en el curso accidentado de unos ríos que ahora, al comienzo de la primavera, bajan caudalosos. Estuvimos haciendo unas fotos, sobre todo Inés que, a sus actividades ordinarias como profesora y madre sola, ha añadido las complementarias del aprendizaje de alemán, la preparación de unas oposiciones de enseñanza media en España y un curso de fotografía, como se podrá ver en la imagen que adjunto, en la que lleva los aparejos propios de su nuevo oficio. Por cierto, estoy convencido de que, viéndola se puede advertir de dónde ha sacado su hija su mirada.

Considero sin subjetivismo favoritista de padre que la fotografía (en general la imagen) es la "vocación" oculta de Inés, la "Beruf" en el sentido maxweberiano, aquello para lo que ha sido llamada y que muchas veces no advertimos hasta bastante avanzada nuestra vida. Pondría aquí algunas de las fotos que hizo del parque estatal porque realmente merecen la pena. pero alargaría el post excesivamente, aunque quizá lo haga en algún otro momento, con un tema monográfico. De todos modos, quien quiera ver todas las fotos de esta excursión, que vaya al álbum completo. Aquí me limito a poner una foto que, además de demostrar la calidad profesional de la fotógrafa de que estoy hablando, me muestra a mí en actividad favorable en la esperanza de que se me perdone la pequeña vanidad de lucirme saltando charcos. Se reconocerá de todas formas que no es una pose de estudio convencional y, además, permite ver que los parques estatales estadounidenses están en un estado silvestre muy agradable.

Finalizamos ese día con una visita a la cercana ciudad de Madison, una típica población del Mid West que no es ni una acumulación de rascacielos ni un poblachón despanzurrado del Oeste, sino una fórmula intermedia, hecha de curiosos edificios de madera, pintados de colores diversos, muchos de los cuales recuerdan la pintura de Hopper. La calle principal de Madison, la Main Street está repleta de comercios de antigüedades, tiendas de modas y otros servicios, pero todos ellos con un toque de personalidad, cada uno en su estilo, que da un especial encanto a un paseo a través de ella, nervio mismo de la ciudad.

Definitivamente, la existencia apacible, ordinaria y discreta, tras de la cual se encuentra muchas veces una vida hecha de tesón y esfuerzo; una vida ejemplar.

La primera foto es de Atelier Teee's photos bajo licencia Creative Commons y representa el monumento a los combatientes en las guerras de los EEUU en las que hubo soldados de Indiana. Esta cara celebra las guerras contra los indios y la guerra contra España en 1898. El resto de las fotos excepto una son de Inés y están también bajo licencia de Creative Commons).

dissabte, 29 de març del 2008

Las mentiras de Aznar en lunfardo.

El señor Aznar que, al decir de su esposa, anhela ser un intelectual, ha ido a presentar su libro, Cartas a un joven español a la ciudad de Rosario, en la Argentina. Allí, según el periódico InSurGente, coincidió en un autobús con otros ilustres exponentes de las concepciones neoliberales y neoconservadoras, como Vicente Fox, Mario Vargas Llosa, Roger Noriega, Carlos Alberto Montaner, Mauricio Macri y tanta luminaria bien pensante consiguió suscitar una manifa callejera de protesta por su presencia en el país.

En su día me ocupé del libro del señor Aznar, en un post que se titulaba Jardín de necedades y embustes y no será necesario repasarlo aquí. Ahora, con motivo de la presentación de la que supongo seráz la edición argentina el que, mirabile dictu, fue presidente del Gobierno español se despacha a gusto en los dos territorios en los que es consumado maestro: la necedad y el embuste.

En cuanto a la necedad, basta considerar su observación de que los españoles padecemos "masoquismo histórico" puesto que nos hemos creído la leyenda negra cuando lo cierto es que la tal "leyenda negra" según quieren los austracistas, por ejemplo, se origina en el hecho de que el país haya tenido gobernantes como Aznar.

En cuanto a los embustes, parece que el señor Aznar crea que estamos en los tiempos no de internet, sino en los anteriores al telégrafo y que las mentiras dichas en el hemisferio austral tardan meses en llegar, si es que llegan, a España. Consíderese, por ejemplo, la siguiente declaración: En estos cuatro años no he intervenido en ningún momento en la vida interna ni en las decisiones del partido cuando es evidente que no ha hecho otra cosa, al extremo que algunos dirigentes del PP, como la señora Montserrt Nebrera, lo ha llamado "jarrón chino" y ha pedido buscarle un sitio en el que no moleste. Prueba de que lo hace.

Y ya lanzado por la vertiente de la mentira, señala el señor Aznar que el señor Rajoy "ha sido democráticamente elegido por el PP y es una persona llena de virtudes, de capacidades y de plenas condiciones". Me gustaría saber en qué órgano colegiado del PP se eligió al señor Rajoy, qué votos obtuvo y si se presentó alguien más. Porque la imagen que yo tengo es la de que el señor Rajoy está donde está gracias al dedazo del señor Aznar lo que, salvo que el señor Aznar crea que su dedo equivale a una elección democrática, hace que la afirmación anterior sea una mentira desvergonzada .

Normal: quien intentó engañar a cuarenta millones de españoles tenía que intentarlo también con similar cantidad de argentinos. A lo mejor estos tragan.

A través del desierto.

Salimos de Las Vegas con ánimo de reincorporarnos a la aburrida vida civil y laboral ordinaria por la carretera interestatal 15, que atraviesa lo que queda de la parte del desierto de Mohave que corresponde a Nevada y Utah y al que las gentes del lugar llaman High desert por oposición al Low desert o desierto de Sonora, que se extiende más al sur, hacia Arizona y entra ya en México. Se trata en verdad de una enorme llanura muy seca, un pedregal en donde no crece otra cosa que cactus, yucas y otros matorrales, algunos muy curiosos, como el llamado "té mormón", abundantemente representado en el Gran Cañón. La fauna cabe imaginarla ya que es mejor no verla: coyotes, serpientes, ratas, tarántulas, iguanas, todo tipo de lagartos, etc. La planta más representativa de este desierto, prácticamente exclusiva de él, es el llamado "''árbol de Josué" que puede verse en la foto en la que Andrés disfruta de su sombra, una especie de agave con flores en racimos brillantes y así bautizado por los primeros inmigrantes mormones.


Que la gente tiene clara conciencia de vivir en un desierto lo revelan los nombres que dan a los establecimientos. Véase el "Oasis" de la foto, pegando a otro local de nombre "Casablanca", no menos significativo. Construcciones en mitad del socarral que albergan los últimos casinos ya fuera de Las Vegas y lugares de recreo y vacaciones, incluidos campos de golf cuya presencia entre los pardos, ocres y marrones del lugar casi hace daño a la vista.


No obstante, llegados del empacho urbano, de la locura kitsch de Las Vegas, del vidrio, el neón, las limousinas, el desierto, severo, abrasador, en una planicie que se pierde de vista, es un regalo del espíritu, una reconciliación con lo que la naturaleza tiene de simple y grandioso al mismo tiempo. Es también el ámbito en el que los indios vagaban nómadas en las tierras sagradas de sus antepasados. Los actuales habitantes de estos parajes, que tienen el papo de llamar a tales indios "native Americans", reconociéndose de este modo a sí mismos el carácter de intrusos, cultivan esta mitología con constancia digna de mejor inspiración artística, como puede comprobarse por esa estatua que encontramos en algún perdido lugar cerca de la ciudad de Mesquite, pegando a la frontera con Utah, de un indio que parece saludar al sol naciente y que recuerda mucho las ingenuas representaciones actuales de los valerosos guerreros precolombinos al sur del Río Grande.


Hay en estos desiertos un elemento poderoso, ctónico, primitivo, que se manifiesta de vez en cuando al aparecer algún accidente, algún circo o algún fondo de lo que fuera un mar del cretáceo, lugar habitado por dinosaurios y otras especies que a uno le gusta ver con los ojos de la imaginación, por ejemplo el fabuloso "San Rafel Swell", que nos tropezamos según cruzamos Utah por una carretera que serpentea entre las formas y colores del jurásico y en el que las autoridades han dispuesto algunos lugares de 0bservación desde los que puede verse y fotografiarse tanta belleza mientras los descendientes de los indios de entonces tratan de vendernos su artesanía, algunos abalorios de turquesa o de malaquita, ágatas, ópalos y la sempiterna madera petrificada.


A la salida del desierto de Mohave, cerca de la ciudad de Grand Junction, un apacible enclave provinciano ya en el Estado de Colorado, y como si se tratara de una misteriosa simetría, se repite, aunque en menor escala el fenómeno del Gran Cañón pero con la ventaja de que puede uno verlo de cerca, casi tocarlo, meterse por sus vericuetos y observar las formas caprichosas que la erosión va creando a lo largo de los siglos, de esas que hemos visto tantas veces en las películas del Oeste.


El contraste más agudo de todo el trayecto viene cuando, a la salida del desierto, hay que cruzar las montañas rocosas justo en lo que se llama el Front Range, que va desde el norte de México al norte de Colorado y separa el desierto de Mohave de la ciudad de Denver, a donde nos dirigimos para coger el avión y en donde terminó nuestro viaje por el Oeste de los Estados Unidos.

divendres, 28 de març del 2008

Convocatorias: Carabanchel y el Tibet.

La antigua cárcel de Carabanchel, en la que pasé algunas temporadas como preso político entre los años de 1967 y 1969 (el resto del tiempo estuve recluido en el penal de Soria) lleva diez años cerrada. Singular destino con el que siempre sueñan los presos. ¡Ojalá se cerraran todas las cárceles del mundo! Claro que, en tal caso, a ver en dónde iban a estar los especuladores, pederastas, estafadores, terroristas, asesinos de diverso pelaje, etc, etc. Quería decir, obviamente, que ojalá se cierren todas las cárceles del mundo para los presos de conciencia.

Supongo que en esos diez años se habrá presentado todo tipo de proyectos de viviendas y centros comerciales apadrinados por los habituales tiburones del desarrollo urbanístico y es raro que no se haya construido algún horror en su lugar con su correspondiente McDonalds, un lindo aparcamiento y un jardín con toboganes para niños. Algo debe de estar pasando. Y me malicio que es la movilización de los vecinos de Aluche y Carabanchel. Estos deben llevar otros diez años luchando por conseguir lo que parece que será el el proyecto final: un hospital público, una facultad de medicina, un centro de la tercera edad y un centro cultural. A ello quieren añadir un espacio como museo de la memoria para recordar la represión del franquismo, cosa que, como viejo antifranquista, me parece de perlas. Quien se anime a apoyar este proyecto, que envíe dicho apoyo a carabanchelalto@aavvmadrid.org y ava@avaluche.com.





El Tibet

Por lo demás, las cosas en el Tibet andan a punto de caramelo. Amenazar con el boicot a los juegos olímpicos está dando resultado y los dictadores chinos van acusando el golpe, dándose cuenta de que todo el mundo está pendiente de lo que hacen en la zona. Así resulta que ya no pueden proceder con la brutalidad y la falta de escrúpulos que los caracteriza y tienen que disimular. Se han llevado a un puñado de periodistas dóciles para pasearlos por donde quieren e intoxicar así a la opinión pública mundial. Es algo a lo que recurren mucho los gobernantes que están cometiendo tropelías y quieren ocultarlo, esto es, comprar a la prensa. Lo mismo hicieron los piratas que desencadenaron una guerra inmoral e ilegal en el Irak hace cinco años, los señores Bush y Blair y su valet de chambre, Aznar, esto es, llevar periodistas "incrustados" en las tropas invasoras con la misión de contar el punto de vista de los invasores como si fuera la verdad: que es lo que quieren los chinos que hagan los sumisos periodistas que ha llevado al Tibet. Cuando los periodistas se prestan a estos juegos, son la vergüenza de su profesión y cuando no se prestan los poderosos los matan, como hicieron con José Couso. Por fortunas, los monjes tibetanos les han deshecho el montaje.

Los de Avaaz llevan casi un millón doscientas mil firmas en favor de una solución negociada en el Tibet. Esto es lo que da a la petición de Avaaz la fuerza que tiene: un millón doscientos mil ciudadanos que queremos que el Tibet tenga un grado de autonomía similar al del País Vasco, Cataluña o Andalucía en España. El Dalai Lama ha dejado claro que él no está hablando de independencia, sino de autogobierno, democracia y respeto a los derechos humanos. Algo perfectamente suscribible. Quien desee apoyar la campaña de Avaaz, que quiere llegar a los dos millones de firmas, que pinche aquí.

(La imagen es una foto de Malavoda bajo licencia de Creative Commons).

Leaving Las Vegas.

Cuando correspondía no pude dar cuenta de la última etapa del viaje el Suroeste y el Far West de los Estados Unidos porque perdí el cable de datos y no me era posible transferir las imágenes de la cámara al ordenador, no porque me quedara dormido, como le ha sucedido a Fujimori en su juicio. Recuperado el dichoso cablecito, ya puedo relatar los últimos días del viaje, aunque sea con casi una semana de retraso e ilustrar lo escrito con algunas interesantes fotos porque, sin ellas, todo pierde mucho.

Desde Flagstaff (así llamado por lo que indica su nombre, esto es, un poste en el que se izaba la bandera de la Unión cuando Arizona era aún un "territorio", pero no un Estado de la Federación) hasta Las Vegas, en Nevada, hay unos cuatrocientos kilómetros de puro desierto, algo más de la mitad de ese trayecto por la carretera 40, que incorpora un buen trecho del muy patriótico Purple Heart Trail, hasta Kingman, en donde se enlaza con la 93 para ir luego hacia el norte, siempre en largas tiradas rectas a través de la planicie hasta pasar el famoso Hoover Dam, una de las obras públicas de los años treinta del siglo XX con las que los EEUU trataron de hacer frente a la depresión de 1929. Después del Hoover Dam el camino está abierto a esa especie de réplica de las modernas Sodoma y Gomorra que es Las Vegas.

Paseando por la ciudad de noche con Andrés, con ese derroche de lujo, de recursos, de electricidad, de agua, de combustible, de artículos de consumo que rebosan en todas las tiendas, en mitad de la nada desértica, se me ocurrió que Las Vegas tiene tres rasgos característicos de muy diferente alcance, cada uno de los cuales atrae a masas de visitantes. De un lado acumula la mayor cantidad de simulaciones, de fakes de monumentos famosos que haya visto en mi vida. De otro, concentra asimismo una inmensa cantidad de casinos y lugares de juego, capaces de satisfacer las obsesiones ludópatas de millones de personas. Por último tiene una ingente oferta de espectáculos eróticos y actividades sexuales de las más diversas condiciones.

El capítulo de imitaciones/reproduciones parece como si quisiera ser un laboratorio experimental de las concepciones de Baudrillard acerca del simulacro como característica típica de la época. Y todos, o casi todos, concentrados a lo largo de los nueve kilómetros del Bulevar Las Vegas en donde sin el menor respeto a la adecuación de tiempo y lugar, se amontonan pêle-mêle las reproducciones exactas de algunos de los más famosos edificios, esculturas o leyendas de la humanidad. Y no se crea que sean meras alusiones, referencias, insinuaciones; no. Son réplicas exactas, con las mismas proporciones, texturas, colores que los originales sólo que brutalmente arrancadas de su contexto tradicional y plantadas en otro extraño y hasta antagónico, lo que produce una sensación peculiar, no necesariamente hostil, pero sí de cierta perplejidad.

Sin pretensión de exhaustividad, imposible por lo demás en una sola noche y su correspondiente mañana, conté allí reproducciones dela Torre Eiffel, el arco de l'Etoile, la estatua colosal de Ramsés II, la esfinge del templo de Luxor, la estatua de Octavio Augusto en el Foro romano, la Fontana de Trevi, el Apolo de Belvedere, el león de San Marcos en Venecia, los caballeros del Rey Arturo en "Excalibur", la Isla del Tesoro, el Chrysler building en Nueva York y el Folies Bergère de París. Por haber hay hasta una réplica exacta de la estatua de la Libertad en Ellis Island, Nueva York, por no mencionar los leones (vivos) de la Metro Goldwyn Mayer o las motos de Harley-Davidson, incluida la ultrafamosa de Easy Rider que, por cierto, no está permitido fotografiar. Cada uno de ellos representa el elemento monográfico, por así decirlo, el símbolo de cada restaurante o de cada casino. Luego, por dentro, al menos los casinos, tienen todos las mismas máquinas de jugar. El simulacro braudillardiano elevado a la enésima potencia y la culminación de la "sociedad del espectáculo" que el filósofo desarrolló a partir de la obra inicial de Guy Debord. Si uno entra en Bailly's, el lugar de la Torre Eiffel, pasea uno por barrios parisinos enteros con sus bistrots, sus kioskos y las construcciones francesas del siglo XIX, en el impecable estilo del alcalde barón Hausmann pero en local cerrado y donde todo es imitación, incluido el cielo de París con sus nubes. Puro make believe, trampantojo, engaño, simulación... espectáculo. Por otro lado, recuérdese, se trata de casinos, de lugares donde se concentra todo tipo de juegos de azar en cantidades industriales, cientos, miles de máquinas tragaperras, centenares de mesas de todas las variedades del poker, ruletas, dados, cualquier forma que quepa imaginar de jugarse la pasta está representada en abundancia; hasta las carreras de caballos en grandes paneles en las paredes. No obstante, hay regularidad en medio de la algarabía, la bulla y la baraúnda. Es una sensación extraña: los croupiers están uniformados, los gigantescos salones están guardados por personal de vigilancia privada e incluso policía ordinaria. Uno tiene la impresión de que se acentúa la sensación de seguridad con el fin de debilitar las posibles prevenciones del público y que éste pierda las inhibiciones. El caso es organizar una orgía de luces, luminarias y sonidos, en espectáculos que rivalizan por atraer la atención de los curiosos y clientes, que acuden solitarios, por parejas, en pequeños grupos o en grandes manadas de turistas, todos previamente calentados con copiosas comidas accesibles desde los lugares de fast food a los más lujosos restaurantes y un poco moñas con el desenfrenado consumo de alcohol. Dice Andrés que para preparar al personal para que se juegue los cuartos previamente hay que cocerlo. No tengo duda.

Lo poco que sé acerca de la psicología del juego, que es actividad humana que jamás me ha tentado pero sí interesado como observador orteguiano, se viene aquí abajo. El juego, la tentación del azar, se convierte en una actividad casi industrial y perfectamente planificada, por absurdo que pueda parecer. Sorprende ver grupos numerosos de gentes de la tercera edad que llegan a Las Vegas en excursiones organizadas, a veces numerosísimas. Los casinos son hoteles que se cuidan de todas las necesidades de los clientes a los que en cierto modo tienen cautivos. De forma que no cuesta mucho imaginar una situación en la que unos ciudadanos, por lo demás perfectamente ordinarios, apartan durante toda su vida unos ahorrillos para ir a jugárselos en Las Vegas como si con ello se permitieran la transgresión de su existencia, el momento del azar, de la aventura, de lo que nunca se atrevieron a hacer. Para muchos de ellos Las Vegas viene a ser un lugar de peregrinación casi al modo en que los musulmanes tienen a La Meca siempre que los seguidores del Profeta no se indignen con tan blasfema comparación. ¿Y cuál sería la deidad que las muchedumbres acuden a adorar aquí? Por supuesto, la diosa Fortuna, cuya rueda se encuentra en todos los casinos, siempre preparada para dar o arrebatar riquezas sin cuento con la ciega desvergüenza que da la inconsciencia divina.

Por lo demás, llama la atención que sea en los Estados Unidos, probablemente la democracia más beatorra, el país más cristiano de Occidente, allí donde campan por sus respetos las sectas más puritanas, donde el Presidente dice hablar con Dios y un mormón ha estado a punto de ser candidato a las próximas elecciones donde se encuentra este emporio del vicio y lo que las almas devotas llamarían "corrupci'on". Y llama la atención porque es muy agudo el contraste entre esa especie de espíritu nacional un poco meapilas y la existencia de esta ciudad de lujo y pecado. Sin ir más lejos, sale uno de Las Vegas, coge de nuevo la carretera, hace ciento treinta kilómetros de desierto socarrado y entra uno en el muy devoto Estado de Utah en el que casi toda la población pertenece a la Iglesia de los Santos del Último Día, o sea los mormones que habitan en pueblos más parecidos a instalaciones monacales. Claro que tampoco aquí se andan por las ramas puesto que, a la chita callando, muchos mormones son polígamos.

En todo caso, tampoco hace falta ser mormón. El conjunto de la población de los Estados Unidos es bastante religioso. Y, sin embargo, el noventa por ciento de los visitantes de Las Vegas son estadounidenses; los que van a los espectáculos de strip tease son estadounidenses; los que acuden a las fiestas en las que corre el alcohol y, supongo, las drogas, son estadounidenses; como lo son los que recurren a los servicios sexuales que aquí se ofrecen en todas sus infinitas variedades. Una vez más, entiendo, las gentes que orientan su vida según las normas morales de algún credo, liturgia, dogma establecidos por una divinidad o alguno de sus profetas, gurús, discípulos, representantes en la tierra, tienen que pecar y verse pecando para valorarse después cuando regresan al redil de la virtud. Imagino que hasta lo hacen en pareja, para salvaguardar la institución del matrimonio hasta en los momentos de la perdición.

Porque éste es otro de los aspectos característicos de Las Vegas y por el que la ciudad es célebre en el mundo entero. Uno de los ritos más importantes de la vida religiosa de las personas, el matrimonio, que los católicos reputan sacramento, se despacha aquí de forma indudablemente estadounidense, con el notable sentido del ahorro y la eficiencia que caracteriza a este pueblo e imagino que con escándalo de quienes digan profesar su fe como una forma de vida. Justo en las afueras de la ciudad, en la salida que lleva a Utah, cuando menos, se amontonan las capillas de las más diversas confesiones en las que es posible casarse en cosa de diez minutos. En algunas se dispone incluso de un servicio de "weding thru", esto es, como en los McDonalds, lugares en los que es posible dar el "si quiero" sin apearse del automóvil, como quien encarga un cheeseburger.

En esta ciudad cualquier cosa es posible, las formas más aplastantemente patentes del lujo y la ostentación, las fuentes de chorros más altos, las limousines más largas, las luces de neón más brillantes, los hoteles más gigantescos. De los veinte hoteles mayores del mundo, quince están en Las Vegas. Para quien quiera más datos, el primero está en Malasia, el tercero en Tailandia y el undécimo en Honolulu; los demás, hasta el décimo-séptimo, en Las Vegas. En efecto, cualquier cosa es aquí posible siempre que se pague por ello. El dinero reina como amo y señor de las relaciones humanas, pero apenas se hace ver. Todo se paga con tarjetas o con las curiosas fichas de los casinos. Mammon es el rey invisible de este lugar de diversión, locura, desenfreno y pecado, pero muy divertido.

(Las imágenes son todas nuestras y están bajo licencia de Creative Commons aunque, como se habrá ya observado, las fotos buenas son las de Andrés).