dijous, 27 de març del 2008

La tarea de la oposición.

Como se pudo ver en el post de ayer determinar las tareas del Gobierno en la próxima legislatura es cosa fácil. Cuando un partido gana las elecciones suele disponer de abundancia de puestos y cargos para satisfacer ambiciones de unos y otros de forma que no ve desgarrado o entorpecido por ambiciones personales. Puede que haya algunos rifirrafes, siempre inevitables en los asuntos humanos pero no es difícil encontrar acomodo para todos ya sea con nombramientos o con expectativas de nombramientos, lo que permite al partido concentrarse en asuntos objetivos y adelantar propuestas programáticas que encarrilan el debate público sobre los asuntos de interés general.

Las dificultades se acumulan en el caso del partido que pierde las elecciones. Tiene éste que acometer tres tareas: a) analizar las causas de la derrota electoral; b) realizar los cambios orgánicos pertinentes resultado de tal análisis; y c) articular la táctica de la oposición al gobierno de acuerdo con las condiciones cambiantes. En el caso del PP, sin embargo, ni se ha comenzado la tarea a) de análisis pero el señor Rajoy ya estaba acometiendo la b) a base de afirmar que piensa permanecer en su puesto (al contrario de lo que hacía en ese mismo momento el señor Llamazares en relación con IU) y presentarse al congreso del partido en junio pero, afirma, con su propio equipo. La primera víctima del cambio de equipo ha sido el portavoz, señor Zaplana, y hasta el próximo lunes no se conocerá qué otras alteraciones pueden producirse, dado que estas no dependerán del análisis de la derrota electoral, sino de la exclusiva voluntad del señor Rajoy.

Parece claro que el procedimiento es torpe y preanuncia posteriores dificultades. A falta de un análisis de las causas de la derrota electoral, ésta puede deberse al equipo dirigente del partido o no. De no ser así, carece de sentido renovarlo. De ser el tal equipo responsable de la derrota, lo procedente sería, precisamente, renovarlo con su máximo dirigente, el señor Rajoy, a la cabeza que, en principio, debe asumir la responsabilidad principal por ella. Sin embargo se ha impuesto la decisión del Presidente, según parece consultada tan sólo con su almohada, de renovar el equipo excluyéndose a sí mismo. Es posible que, dada la tendencia de las organizaciones, especialmente en la derecha, a someterse a las decisiones autoritarias, ésta acabe siendo aceptada en el próximo congreso. Pero también lo es que en él se presente alguna candidatura alternativa que abra un periodo de crisis.

En cualquiera de los dos casos habiéndose adoptado los cambios orgánicos en el partido correspondientes a un análisis que no se ha hecho, va de suyo que será difícil, si no imposible, establecer una táctica de oposición adecuada a las nuevas circunstancias. En este momento ni siquiera se sabe si el PP votará en contra de la investidura del señor Rodríguez Zapatero o se abstendrá. Y esa incertidumbre afecta al resto de las decisiones del partido: no se sabe si se propugnarán o no pactos en los llamados "asuntos de Estado", si la oposición incidirá en las cuestiones económicas o en las de la lucha contra el terrorismo, si se propiciarán o no alianzas con otras fuerzas parlamentarias, etc.

Pero como la naturaleza aborrece el vacío, otras instancias vienen a suplir las carencias antedichas: determinados dirigentes del partido, con mayor o menor autonomía, hacen declaraciones que se dirigen en un sentido u otro y ciertos medios de comunicación, que forman parte de lo que se conoce como "la derecha mediática" y que apoyan a unas u otras hipotéticas fracciones dentro del PP, apuntan a su vez modales propios. Todo lo cual ofrece un espectáculo de relativo desorden y falta de preparación en el principal partido de la oposición.

A falta de explicación más convincente parece razonable concluir que, por las razones que sean y que tiempo habrá de considerar con mayor detenimiento, el señor Rajoy ha optado por garantizarse su posición personal como futuro candidato del PP por tercera vez a la presidencia del Gobierno. La decisión revela escasa consideración respecto a los intereses del partido, de los que su Secretario General, señor Acebes, no para de hablar, como si ello pudiera protegerlo de un destino similar al del señor Zaplana. Nada de extraño tendría que, una vez superado el primer efecto sorpresa, otras tendencias se hagan patentes en el seno del PP, amparadas en la nada desdeñable presunción de que quien ha perdido dos elecciones seguidas no es la persona más adecuada para dirigir al partido hacia la victoria en la tercera. El mencionado "frente mediático de la derecha", ese que se pasa la vida diciendo desde media docena de periódicos, varias emisoras de radio y algunas cadenas de televisión que la izquierda dispone de un monopolio mediático, puede organizar una campaña en contra del señor Rajoy por haberse postulado a dirigente de la oposición si pedir permiso a los locutores, directores de periódico y columnistas de la derecha, que son legión

Lo que de momento está claro es que el principal partido de la oposición no dispone de una táctica nueva que oponer a la nueva etapa de gobierno del PSOE y, en estos asuntos, como cuando se someten a votación losPresupuestos Generales del Estado, si estos no se aprueban, se entienden prorrogados los del ejercicio anterior. Es decir, mientras nada permita concluir lo contrario, el PP empezará la legislatura con la táctica de oposición que le condujo a la derrota hace quince días.

(La imagen es una foto de Galiciaefotos bajo licencia de Creative Commons).

La política del ladrillo.

Las noticias del mercado inmobiliario español son alarmantes. El año pasado, la compraventa de viviendas cayó un veintisiete por ciento, las inmobiliarias han entrado en zona de turbulencias y algunas están ya en suspensión de pagos. La opinión general es que por fin ha estallado la burbuja inmobiliaria en España y tiene pinta de ser así desde el verano. Se trata de las reverberaciones de la crisis estadounidense de las "hipotecas basura". Por entonces se dijo que el sistema crediticio español era sólido y no hab'ia razones para la alarma ya que los bancos y cajas españoles no han sido tan imprudentes como los extranjeros y el índice de morosidad está en menos del uno por ciento, lo que quiere decir que España es el segundo país industrial en punto a la salud del conjunto de las hipotecas.

No obstante, el señor Miguel Blesa, presidente de Cajamadrid dice que da miedo el peso del ladrillo en algunos bancos y cajas y no porque ello en sí mismo haya de ser problemático, sino porque la crisis financiera internacional golpeará a España más fuerte que a otros lugares. La razón es que los grandes fondos y las compañías de seguros, que temen el estallido de la burbuja en España, están restringiendo los créditos, lo que supondrá un agravamiento de las condiciones para los bancos y cajas de ahorro que tengan que acudir al mercado por financiar sus préstamos. Es decir, en efecto, la crisis sí golpeará a España y lo hará de forma más contundente, poniendo a prueba todos los mecanismos de salvaguardia.

Para colmo de males, el presidente del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet, dice que lo peor de la crisis aún está por llegar y que no piensa bajar los tipos de interés en la zona euro, debido al repunte de la inflación, lo que significa que la gente que ha visto cómo subían sus hipotecas no tendrá mucho respiro.

En estas condiciones se oye de vez en cuando que el Estado ha de acudir en defensa del "sector" amenazado, sobre todo para impedir una reacción en cadena que ponga en la calle a decenas, quizás centenas de miles de trabajadores. La propuesta suena razonable, pero ha de estudiarse con detenimiento. En principio no debe haber inconvenientes en que se ayude a las familias hipotecadas que, ahogadas por el aumento de los tipos de interés y con viviendas que cada vez valen menos, puedan perderlas por impago. Y tampoco en que se pongan en marcha políticas activas de empleo para absorber la mano de obra que vaya a ir al paro a causa de la crisis del sector.

Pero ahí tiene que acabar la labor pública de salvamento. La ortodoxia económica y el interés general quieren que quien hace cálculos arriegados y toma decisiones en función de dichos cálculos pague las consecuencias y no que socialice sus pérdidas. Esto reza muy especialmente con las grandes inmobiliarias, que aprovecharon los años de las vacas gordas para presionar al alza los precios de las viviendas, que se construían en España, a un ritmo superior al de Inglaterra, Francia y Alemania juntas. En buena medida se trató de movimientos especulativos que no solamente hicieron millonarios a unos pocos sino que provocaron la reacción en cadena de la que estamos hablando.

Al respecto, ni un duro de dineros públicos para las empresas o los individuos especulativos que han mantenido indebidamente altos los precios de las viviendas, actualmente fuera del alcance de la mayoría de los jóvenes y que condenan a la población activa a destinar el cuarenta por ciento de sus ingresos a la compra de la vivienda. Todo, en cambio, para las personas hipotecadas que no pueden hacer frente a los pagos.

Ocurre en este terreno algo parecido a lo que ha sucedido con el reventón de Afinsa, donde se volatilizaron en gran medida los ahorros de toda la vida de mucha gente, la cual pretende que las autoridades vengan en su socorro. A tal fin se realizó una gran manifa antes de las elecciones del nueve de marzo, amenazando con no votar al señor Rodríguez Zapatero si éste no presentaba un plan de rescate de los afectados, como si fuera el Gobierno y, por ende, todos los ciudadanos, los culpables de lo que había pasado. Sucede, sin embargo que nadie, salvo los propios impositores, son los responsables de la situación en la que se hallan y así como nunca repartieron con el resto de la sociedad los beneficios que obtenían de una empresa que prometía duros a cuatro pesetas, tampoco es lógico que pretendan, como los especuladores y las grandes inmobiliarias, socializar ahora sus pérdidas. Perder los ahorros de toda la vida es amargo, por supuesto, como también lo es tenerlos a muy baja rentabilidad mientras se ve cómo otros se lucran en un comienzo con operaciones fabulosas, dejándolo a uno por lerdo. Ahora, sin embargo, sería injusto que la sociedad, que no se benefició de las altas rentabilidades obtenidas por unos inversores que se consideraban más habilidosos que otros, peche con el coste del rescate de quienes se ven en peligro precisamente a costa de esos otros, que se atuvieron a las normas y no corrieron riesgos excesivos.

Y de nada servirá que politicen el asunto, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid. Nadie obligó a los afectados de Afinsa a meter su dinero en una operación teóricamente fabulosa. Nadie a los grandes y medianos y pequeños especuladores a invertir en negocios superrentables a costa de poner los precios de la vivienda por las nubes para la mayoría de la población. El dinero público debe ser para las víctimas de las operaciones especuladoras; no para los especuladores.

(La imagen es una foto de jmiguel.rodriguez bajo licencia de Creative Commons).

dimecres, 26 de març del 2008

La tarea del Gobierno.

Es de suponer que el señor Rodríguez Zapatero consiga la investidura por mayoría absoluta en primera votación. No hay razón para que los grupos minoritarios de la cámara le nieguen su concurso. Otra cosa será el PP. La idea que tuvo el señor Rajoy cuando aún decía que podía ganar las elecciones, de que el PSOE se abstuviera en su hipotética investidura pesará cuando quien comparece a ser investido es el señor Rodríguez Zapatero. Una prueba más de que en la vida el hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. La esperanza formulada por el presidente del PP era una especie de baladronada que ahora se vuelve en su contra innecesariamente. En un sistema parlamentario es cosa normal que la oposición vote en contra y no es desdoro del candidato que así suceda. ¿Para qué, pues,pedir la abstención? La única explicación que se me ocurre es que el señor Rajoy desconfiara de obtener los apoyos necesarios para conseguir la investidura por mayoría absoluta en primera vuelta y creyera que tendría que ir a la segunda en la que la Constitución reclama mayoría simple para la investidura (art. 97, 3 CE). De ser cierta esta explicación es muy reveladora del espíritu auténtico con el que el señor Rajoy se presentaba a las elecciones. Aunque dijo muchas veces en la campaña electoral que estaba convencido de que iba a ganar, no estaba convencido de nada.

A la investidura el candidato tiene que presentar el programa político del Gobierno que pretenda formar que obviamente habrá de arrancar del programa electoral de su partido. A estos efectos y con independencia de que a algunos nos guste más o menos, es claro que el hoy presidente en funciones hizo bien en moderar dicho programa (silencio sobre las relaciones entre la Iglesia y el Estado, sobre la ampliación de los supuestos del aborto y la regulación de la eutanasia) porque en principio tendrá que contar con los votos de los partidos nacionalistas, CiU y PNV, burgueses y demócrata-cristianos, cuando menos en el caso del PNV y de Unió Democrática de Catalunya, uno de los socios de CiU.

Conseguida la investidura, el Gobierno tiene tres grandes cuestiones a las que hacer frente y en atención a las cuales se le medirá en sus primeros cien días, si se respeta esta regla no escrita del funcionamiento parlamentario, cosa que no sucedió en la legislatura anterior. Dichas tres cuestiones, de muy diferente envergadura, son: a) la cuestión del País Vasco; b) la amenaza de la recesión económica; y c) la inmigración.

En cuanto a la cuestión del País Vasco, el problema no lo plantea ETA, sino el PNV. ETA cometió en la legislatura anterior el que quizá haya sido su error más grave al decretar una tregua unilateral y romperla luego también unilateralmente. Esta decisión le ha enajenado muchos apoyos y simpatías, incluso entre la izquierda vasca y española, lo que ha permitido al Gobierno aislarla más socialmente e incluso encarcelar a los dirigentes de Batasuna sin que suceda nada en el País Vasco, como era de esperar.

Más complicada es la cuestión que plantea el PNV o, cuando menos el Gobierno autonómico, de celebrar un referéndum sobre el "derecho" a decidir de los vascos. Dicho referéndum es ilegal y el Gobierno central tendrá que impedirlo de un modo u otro si quiere seguir siendo gobierno. Además de ilegal en este blog se ha argumentado ya en alguna ocasión que el referéndum es inmoral por cuanto el Gobierno vasco pretende una consulta popular sobre un asunto en litigio con una banda armada sin que ésta haya cesado en sus actividades de terrorismo, condicionando en consecuencia los resultados electorales. Parece claro que la situación sólo podrá salvarse sobre la base de que el PNV aplace sine die o incluso cancele por entero la prometida consulta que, a tenor de los resultados electorales del nueve de marzo, no goza de gran apoyo entre la población. Que la solución consista en una reforma del vigente Estatuto de autonomía o alguna otra fórmula es aquí indiferente. No lo será, sin embargo, que la pérdida de negra honrilla del Lehendakari Ibarretxe quizá lo obligue a disolver el Parlamento de Vitoria y convocar elecciones anticipadas.

El segundo gran tema pendiente es el de la amenaza de crisis económica, cuyas manifestaciones más evidentes habrán de ser el aumento de la inflación y el del paro y cuyo condicionante realmente grave es el enorme déficit por cuenta corriente. Está claro que el Gobierno, que cuenta con la experiencia del señor Solbes, tendrá que recurrir al superávit del dos por ciento del PIB. Ahora bien, que lo haga aplicando políticas keynesianas de gasto público o no será una decisión que permitirá calibrar hasta qué punto el gobierno del señor Zapatero se mantiene en un rumbo de izquierda o se echa algo más al centro.

Por último, el muy sensible asunto de inmigración cederá algo respecto a los nuevos ingresos en razón de la posible crisis económica, pero dejará abierta la cuestión de qué hacer con la que ya está en el país. El intento de la oposición en las pasadas elecciones de convertir la inmigración en un asunto de confrontación política, jugando con sentimientos xenófobos y amenazando con crear una situación de enfrentamiento entre comunidades que pudiera tener consecuencias desagradables en el futuro, debe poner sobre aviso al nuevo gobierno de la necesidad de hacer algo rápidamente. A este respecto se me ocurre la conveniencia de reconocer el derecho de sufragio a los extranjeros residentes en España dado que es el procedimiento más eficaz no sólo de protegerlos sino de darles la oportunidad de protegerse a sí mismos en condiciones más cercanas a la igualdad con los nacionales españoles.

Que todo ello se haga en un clima de oposición política de juego limpio, de crítica y respeto entre adversarios, como parece querer el PSOE o de confrontación y agresividad, como está en la tradición de la legislatura anterior para el PP depende en exclusiva de éste. Que los dioses lo iluminen en su elección.

dimarts, 25 de març del 2008

Empacho de nacionalismo.

Cualquiera que escuche hablar al señor Rajoy, que no sé cuánta gente lo hará, le oirá decir que España es una gran y antigua nación; hasta es posible que diga la más antigua. La implicación es que en el territorio que ésta ocupa no cabe ninguna otra. Aquí ha venido a dar la famosa "nación plural" de su mentor, el señor Aznar; a nada. Cosa que ya se sabía pero es bueno que quede clara y patentemente expuesto por si alguien se había dejado engañar a través de la demagogia del ex-presidente del gobierno, "Nación plural" significa exactamente eso: nada. Una sola nación y tente tieso. El nacionalismo de la derecha española es excluyente, como todos los nacionalismos, y atosigante, también como todos los nacionalismos.

En España sólo hay una nación y el que ponga en duda el dogma no es propiamente español. La derecha se pasó parte de la legislatura anterior reprochando al señor Rodríguez Zapatero que, en un momento de lucidez del que probablemente se habrá arrepentido ya hasta las lágrimas, dijera que el concepto de nación es "discutido" y "discutible". Desde la perspectiva de la derecha (y, en el fondo, también del señor Rodríguez Zapatero) el concepto de nación sólo es discutible si no es el mío. Si lo es, no es discutible; es indiscutible. Todavía más, no es difícil pensar que quien discuta mi nación es reo de lesa patria, o sea, reo de traición. En buena parte del discurso de la derecha española en la pasada legislatura estaba implícita esta acusación de traición, preparada para lanzarla a la cabeza del PSOE en el caso de que éste cayera en la tentación de negociar algo con el nacionalismo vasco.

A su vez, desde el punto de vista de los nacionalismos impropiamente llamados "periféricos", la situación es exactamente la contraria de la que propugna el nacionalismo español, tanto de la derecha como de la izquierda, lo que lleva a un escenario de enfrentamiento que apenas se puede ya salvar.

Para el nacionalismo catalán, y así lo dijo en cierta ocasión el señor Pujol, la nación española no es plural ni singular sino que simplemente no es. Hay una nación catalana, pero no hay una nación española, sino un Estado español; un Estado español que abarca para bien o para mal, las naciones catalana, vasca, gallega, castellana y quizá alguna otra, aunque el señor Pujol ni los propios hipotéticos interesados lo tengan claro en modo alguno. En este galimatías en que una nación, la castellana, se ha apoderado del Estado de todas, las demás carecen de Estado y mientras lo adquieren (al menos la catalana que es la que importa al nacionalismo catalán) de lo que se trata es de administrar el Estado en pro de Cataluña.

En el caso del nacionalismo vasco la cosa aparece más clara y quizá por ello más intratable. El señor Ibarretxe tiene una idea fija (coincidente en esto en lo esencial con los demás nacionalistas vascos) lo cual es bastante molesto, incluso para los suyos y no ayuda a resolver los problemas porque si tuviera una idea pero fuera móvil o si, siendo fijas, tuviera varias ideas, la cosa podría resolverse, cabría hablar, negociar, llegar a algún acuerdo. Pero no, el señor Ibarretxe tiene una sola idea y es fija: mi proposición, la tomas como la formulo o se rompe el juego. A ese punto de vista llama el señor Ibarretxe negociar sin "vetos". Por eso vamos a un escenario de confrontación en España que por habitual resulta bastante aburrido.

Por último, el nacionalismo gallego no tiene gran importancia porque carece de ella en su propio territorio. El grueso del nacionalismo (no todo él) es un asunto de la derecha pero la derecha gallega es nacionalista española y deja lo del amor al terruño a la izquierda galleguista que hace lo que puede, pobriña, que no es mucho. Es en las otras "nacionalidades históricas" esto es, la catalana, la vasca y la (válgame Dios) castellana, en donde se da una situación pintoresca. Inficionada de nacionalismo (pues éste es una patología a la par que una ideología) la derecha rompe el sacrosanto principio de la unidad y se presenta a las elecciones formando partidos distintos. Esta situación distorsiona el panorama político general porque si no hubiera esta cuestión nacional, parte del voto que va a la derecha "castellana" iría a la izquierda.

Un lío del que no hay salida y no la hay porque el nacionalismo es uno de esos conceptos que Ulrich Beck muy atinadamente llama"conceptos zombie" pues no está vivo ni muerto. No está vivo porque no significa nada en el mundo globalizado y en la Europa de la integración. En la mayoría de los casos, el nacionalista es alguien que se aferra a su ideología para desviar la atención de otras cuestiones, como un complejo de inferioridad, un sentido de frustración, un deseo de prosperar personalmente, etc. Al mismo tiempo no está muerto porque sigue sirviendo para que la gente se entremate.

El empacho de nacionalismo en España acusa claramente la situación: la mayor parte de la política gira en torno al nacionalismo que es como dar vueltas en el vacío porque no lleva a parte alguna. Los nacionalistas "periféricos" no pueden alcanzar la independencia básicamente porque ni siquiera tienen el peso suficiente en sus popios territorios (como acaba de probarse en las recientes elecciones del nueve de marzo), pero no dejan de pedirla ni permiten que se gobierne sin tenerlos en cuenta ya que ese es su negocio. Los nacionalistas españoles no pueden conseguir la desaparición de los nacionalistas no españoles, pero no están dispuestos a que se llegue a ningún acuerdo con ellos porque ése es el suyo y en el que confían para conseguir un apoyo electoral que de otro modo no tendrían.

Ambos tipos de nacionalismos, los "periféricos" y el español, en consecuencia, explotan esta situación en su beneficio particular, lo cual es muy típico de cualquier nacionalismo expresado como"patriotismo" que, como bien se sabe, es el último refugio de los canallas. Y al hacerlo así la solución es imposible. Los socialistas trataron de resolverla en la legislatura anterior relativizando las cosas, tratando de acomodar a todo el mundo y a poco se dejan el pellejo en el intento. Crudamente criticados como derechistas y aliados del capital por una supuesta izquierda; como radicales y revolucionarios por la derecha; como centralistas por los independentistas; y como separatistas por los centralistas, fue necesario que llegaran las elecciones para que demostraran que representan a la mayoría en España. Qué rumbo tome ahora el único partido que en verdad vertebra al Estado y gobierna o puede gobernar en todas las comunidades autónomas está por ver. Y es mucho ver ese, dado que el nacionalismo ciega a (casi) todos los demás.

(La imagen es una foto de Howard Riches bajo licencia de Creative Commons).

¿Cuántos muertos?

El domingo de resurrección se llegó a 4.000 muertos estadounidenses en la guerra ilegal, criminal y de pillaje desencadenada por los señores Bush, Blair y Aznar en contra de la opinión aplastante de sus respectivos pueblos. Esta cifra es aproximativa ya que es facilitada por el alto mando estadounidense que, como los políticos en el caso de esta guerra inicua, miente más que habla. Estos 4.000muertos son únicamente los caídos de hecho en el campo de batalla y que, claro, no se pueden ocultar. Pero no incluyen a quienes mueren a consecuencia de la guerra ni a los heridos de distinta consideración y que pueden llegar a los 100.000. De los muertos, heridos, torturados, desplazados civiles y militares iraquíes ya ni hablamos. Pueden ser millones.

Acerca de las mentiras de los políticos estadounidenses, especialmente Dick Cheney, Colin Powell, Condoleeza Rice y George W. Bush, el descaro con el que engañaron y siguen engañando a la opinión pública de su país y otros queda patente en el vídeo siguiente que está en inglés son subtítulos en español:

Podría hacerse otro con las mentiras igualmente descaradas del señor Aznar quien ya debiera estar ante los tribunales por engañar para apoyar una guerra y merced a cuyos engaños él se ha enriquecido.

Gracias, Tania

Acerca de la capacidad de estos políticos criminales de guerra para gobernar a su antojo y despreciar a la opinión pública, rcomiendo una referencia que hay en la página de Michael Moore que remite a otra de Think Progress donde se reproduce el momento esencial de una entrevista con Dick Cheney en la que éste dice claramente que la opinión pública contraria a la guerra del Irak le importa una higa. Traduzco:

CHENEY: En el frente de la seguridad creo que hay consenso general en que hemos hecho pogresos, que nuestra acción ha funcionado. Se trata de un gran éxito.

RADDATZ (entrevistadora): Dos tercios de los estadounidenses dicen que esta guerra no merece la pena.

CHENEY: ¿Y?

RADDATZ ¿Y? ¿No le importa lo que piensen los ciudadanos estadounidenses?

CHENEY: No. Creo que uno no puede dejarse influir por las fluctuaciones de los sondeos de opinión.

Son auténticos sinvergüenzas entre otras cosas porque, como señala la página citada, no hay "fluctuaciones" en la opinión pública estadounidense. Dos tercios de los yanquies estaban contra la guerra en 2003 y dos tercios siguen en contra de la guerra en 2008.


(La imagen es una foto de soundfromwayout, bajo licencia de Creative Commons, cada par de botas representa a un soldado de Illinois (EEUU) muerto en la guerra del Irak).

dilluns, 24 de març del 2008

El despotismo asiático.

Una de las categorías más interesantes de la obra de Karl Marx fue la del "modo de producción asiático", esto es, un tipo de formación que no encajaba en su división canónica de comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo, capitalismo y socialismo y que se caracterizaba por un sistema político despótico que descansaba sobre el dominio de una casta burocrática, propietaria colectiva de los medios de producción y la mano de obra esclava. En cuanto al modo de producción, uno de los factores esenciales eran los grandes sistemas de regadíos, obras públicas en definitiva, también administradas de forma monopólica por la casta burocrática. Este rasgo es el que indujo al economista marxista Karl Wittfogel a llamar a estos sistemas "despotismos hidráulicos".

Por supuesto, la categoría marxista no tuvo gran predicamento en la Unión Soviética por el temor de lo rusos a que se cayera en la cuenta de que el concepto reflejaba bastante bien el sistema que tenían organizado, como refleja hoy el de China. De hecho. tal era la posición del filósofo marxista Rudolf Bahro en su famosa obra Die Alternative y de otros de su corriente que no vivían enfeudados en los pivilegios de las castas comunistas dominantes. De este modo, sólo los marxistas occidentales hablaban del "modo de producción asiático"; los orientales, rusos o chinos, hablaban de "socialismo".

Hoy día China es el ejemplo más acabado de despotismo asiático que hay sobre el planeta. El monopolio político, economico y social del partido comunista (los otros partidos son meras comparsas del comunista y su existencia sólo sirve para legitimar a éste) y de la casta burocrática que lo controla, el totalitarismo como intervención del Estado en todos los aspectos de la vida social, singularmente las telecomunicaciones, la falta de derechos políticos y libertades civiles de la población, así lo prueban.

La forma en que China ha abordado el problema del Tíbet, recurriendo a la represión, la expulsión de los corresponsales extranjeros para que no puedan denunciar el atropello de los derechos humanos que allí se está produciendo, es la consecuencia lógica de esa estructura dictatorial y totalitaria del sistema chino.

Pero, al mismo tiempo, China es un país poderoso. Con sus mil doscientos millones de habitantes, constituye un mercado muy atractivo que nadie quiere perder y, como el poder político lo controla a través del capitalismo de Estado, chantajea a los demás países que pudieran protestar por la represión en el Tíbet para que mantengan un vergonzoso silencio. De ahí que sea tan imprescindible que la opinión pública de los países democráticos presionemos a nuestros gobiernos para que tengan el coraje de enfrentarse al atropello y ponerle coto. De hecho, somos la única defensa de la población civil tibetana, abandonada a la arbitrariedad de las fuerzas represivas chinas. Por eso son esenciales las campañas de protesta internacionales y de recogida de firmas como la de Avaaz para hacer ver a los dictadores chinos que el mundo está pendiente de lo que hacen en el Tíbet y, por supuesto, de lo que hacen con la propia población china, tan desprovista de derechos fundamentales, libertad de asociación, de expresión, de sindicación, etc como lo están los tibetanos. Es la importancia de la publicidad que tan agudamente vio en su día Kant como garantía de la justicia. El poder, sobre todo el poder despótico, quiere el secreto, el silencio y la ocultación, justo en la misma medida en que las fuerzas democráticas quieren la publicidad y la trasparencia; les va la supervivencia en ello.

Los dos argumentos que suelen emplear los exégetas y los servicios de propaganda de la China son: a) el principio de no injerencia en los asuntos internos de otros países y b) la falta de respeto a los derechos humanos en otras partes del mundo, empezando por aquellas que más protestan. Sabido es que el derecho internacional humanitario hoy día ya no reconoce el principio de no injerencia. Los derechos humanos son un principio superior a las fronteras de los Estados y con ellos no hay no injerencia ni asuntos internos que valgan. Y la falta de respeto a los derechos humanos en cualquier parte del mundo no puede nunca ser un argumento a favor de su violación en otra. Por lo demás, quienes protestamos por la violación de los derechos humanos en Europa (los innumerables casos de Yugoslavia), en los Estados Unidos (Guantánamo, pena de muerte, etc) o en España (casos de torturas en el País Vasco) no vamos a ignorar los atropellos de la tiranía china contra sus pueblos indefensos. Aquí no hay nadie exento y la crítica no puede dejar de ejercerse allí donde exista algún tipo de afinidad electiva ya que, en tal caso, se convierte en un remedo de sí misma. En el caso concreto que nos ocupa, sostenemos que la mejor ayuda que se puede prestar a la lucha de los pueblos por su libertad es la denuncia de los crímenes que se cometan contra ellos, incluso con la vergonzosa complicidad de nuestros sistemas democráticos.

(La imagen es una foto de Papermakesplanes bajo licencia de Creative Commons)

Amor de filósofo.

El amor es uno de los temas inagotables de la creatividad humana, algo sobre lo que no nos cansamos de hablar, de escribir o de leer, un tema de universal interés, por encima de las diferencias culturales, geográficas o cronológicas de los seres humanos. El amor es el hilo conductor de infinidad de relatos de todo tipo, la base explicativa de mitos y religiones y la clave de muchas construcciones filosóficas. Por eso me llamó la atención la idea del señor Muñoz Redón de escribir este curioso libro (Las razones del corazón. Los filósofos y el amor. Ariel, Barcelona, 2008) en el que examina lo que sobre tan inagotable asunto tiene que decir un puñado de filófos. No conocía nada del autor que, según reza la contrasolapa de la obra, ha publicado más de una veintena de libros "con un notable éxito de público y crítica" y he podido ver que algunos ellos llevan títulos que hacen pensar en un divulgador con cierto toque para los temas de buena venta (Filosofía de la felicidad, La cocina del pensamiento, etc) cosa que imagino no lo hará bienquisto de los intelectuales al uso, que prefieren los libracos de indigesta lectura y difícil venta.

Ciertamente, la obra no se plantea grandes cuestiones, sino que se limita a ser un florilegio de reflexiones o acontecimientos vitales en las que se relacionan de algún modo el amor con el nombre de algún filósofo. La fórmula es buena y el libro de grata cuanto amena lectura, recomendable, por ejemplo, para un viaje. Consta de cuatro apartados, cada uno de ellos sobre un aspecto de la visión del autor sobre el amor ("alma", "cuerpo", "yo" y "nosotros") y cinco filósofos que hayan visto o padecido o practicado el amor con especial hincapié en dicha visión monográfica. Para entendernos, el apartado "alma" trata de Platón (como era de esperar), Pedro Abelardo (como era de temer), Rousseau, Kant y Maritain (cual era inevitable) y algo similar sucede con los otros temas.

No es una obra sistemática, ni falta que le hace y, por lo tanto, carece de sentido señalar las ausencias. Cualquier lector medianamente informado se preguntará por qué no se abordan otros filósofos cuyas aportaciones (bien reflexivas, bien biográficas) al tema de la obra probablemente sean muy conocidas. Sobre todo teniendo en cuenta que la selección de autores es muy personal y arbitraria. Algunos, por ejemplo, sólo en un sentido muy amplio cabe calificarlos como filósofos,así Ovidio, Fourier, Freud, Wilhelm Reich o Carl Rogers. No por nada sino porque no cumplen uno de los requisitos más razonables que puedan exigirse para ser considerado como tal, que es el de figurar en los manuales de historia de la filosofía.

Esta falta de carácter sistemático es la que explica asimismo que la obra verse tanto sobre lo que los distintos filósofos han especulado acerca del amor como sobre lo que el amor ha hecho con los distintos filósofos. Por ejemplo, el capítulo en el que se acumulan citas de Kierkegaard sobre el tema eterno contrasta con otro en el que lo que se cuenta es la conocida peripecia personal de Pedro Abelardo y Eloísa, con la castración del primero, el que hoza (innecesariamente a mi modesto entender) en las miserias humanas de la biografía final de Sartre o la persistencia monogámica de Bertrand Rusell en su prolongada vida.

Algunos capítulos traen informaciones curiosas y es muy de agradecer que el autor trate en pie de igualdad los casos de amor heterosexual y homosexual, lo que ayuda a entender las ideas y el comportamiento de pensadores como Foucault o Barthes, por quien Muñoz Redón dice sentir especial predilección.

Por último, no tiene mayor importancia pero convendría que el autor revisara algunas erratas garrafales o errores de bulto del texto que son sin duda producto del apresuramiento con el que la obra está manifiestamente escrita en prueba evidente de que falta un corrector de estilo cualificado. Por ejemplo, en la página 33 Bernardo de Claraval aparece como "Bernardo de Carbajal", lo que incluso permite sospechar en una metedura de pata del corrector ortográfico de Word, ese que -al menos en la versión que tengo yo- corrige todos los Karl transformándolos en "Kart" y todos los Losantos en "Lozanitos". En la página 59 se convierte a Raisa Oumancof, esposa de Jacques Maritain, en una exiliada de la Unión Soviética siendo así que se estableció con su familia en París en los años noventa del siglo XIX, mucho antes de que apareciera la URSS. En la página 81, se dice que el Nuevo Mundo amoroso, de Charles Fourier, no se publicó en vida del autor (lo que es incierto, ya que la primera edición data de 1829, antes de la muerte de Fourier) sino en 1967, influyendo luego mucho en Reich y Breton. Esto último es imposible ya que en 1967 Reich llevaba diez años muerto y Breton uno.

Por lo demás, no hay que buscar en las cosas lo que éstas no pretenden tener. El señor Muñoz redón es de pluma ágil y amena, y el libro se lee de un tirón, cosa de agradecer.

diumenge, 23 de març del 2008

Así se habla, senador.

En los últimos días, la cuestión racial ha asomado su fea jeta en las primarias estadounidenses. Primero fue la señora Geraldine Ferraro, partidaria de Hillary Clinton, la que hizo una observación que el personal se tomó a mal, como una posición racista. Dijo Mrs. Ferraro que el interés de la campaña del señor Obama radica en el hecho de que es negro. Todavía no se me alcanza qué tenga esa observación de racista. Me parece claro que, en efecto, el interés de la campaña del señor Obama estriba en que es negro. Como veremos más abajo, él mismo se encarga de señalarlo. Pero lo cierto es que se ha armado un griterío y que la propia señora Clinton ha desautorizado a Mrs. Ferraro. Sigo sin entenderlo. Supongo que cabría considerar racista el juicio de la señora Ferraro si ésta hubiera dicho que el único interés de la campaña del señor Obama reside en que es negro. Pero nada autoriza a pensar que esa haya sido su idea.

Entre tanto, el reverendo Jeremiah Wright, pastor de Mr.Obama y hombre con el que éste está asociado desde hace veinte años, habiendo recurrido a sus servicios para casarse y bautizar a sus hijas porque pertenece a su iglesia, hizo unos delaraciones explosivas, muy en la línea de su actitud de supremacismo negro, teñido con algo de antisemitismo y las coronó pidiendo a Dios que maldiga a América por tratar a los negros como seres subhumanos.

Por supuesto, al igual que la señora Clinton, el señor Obama desautorizó al pastor Wright y prescindió de sus servicios. Pero, a diferencia de la dicha señora Clinton, no se limitó a eso, sino que hace unos días, en Filadelfia, precisamente al lado de donde estuvo la Convención, pronunció un discurso tratando de explicar al señor Wright. Tratando de explicarlo y de comprenderlo, como hubiera exigido el filósofo Wilhelm Dilthey, que armó una importante teoría de las ciencias de la cultura sobre la diferencia entre comprender y explicar. El argumento del señor Obama es que los negros (y también los hispanos, otros inmigrantes, los blancos pobres y los nativos estadounidenses, pero especialmente los negros, que pasaron por los traumas históricos de la esclavitud y la segregación) tienen razones históricas para la indignación. Históricas y actuales: la marginación, la explotación, la pobreza, la carencia de recursos, la falta de oportunidades, la desigualdad, la indefensión frente a las grandes empresas son algunas de las más evidentes que afectan a los negros y a los otros grupos de población mencionados.

Pero, al mismo tiempo, los EEUU ofrecen la posibilidad de enmendar la situación actual, como ofrecieron (e hicieron realidad) la de acabar con la esclavitud en el siglo XIX y la segregación en el XX, atajando aquellas causas, ofreciendo igualdad de oportunidades, garantizando los servicios educativos, universalizando la seguridad social, etc, a través de un ambicioso programa de reformas sociales que en Europa llamaríamos de izquierda.

No exagero si digo que es el mejor discurso político que he oído en años y no por sus efectos retóricos, sino porque está construido mirando de frente a la realidad, reconociendo que el problema interno de los Estados Unidos, entre otros, es el racismo y el externo el imperialismo; por su contenido práctico, por el programa que dibuja, por las promesas concretas en política interior y exterior, por decir sin ambages que se pondrá fin a la guerra del Irak "una guerra que nunca debió permitirse y nunca debió llevarse a cabo," un discurso que permite ser optimista respecto a la posibilidad de que los Estados Unidos cambien para bien y, con ellos, el mundo entero. Porque no se crea que exagero, aquí está el enlace. El discurso se llama A More perfect Union y está en inglés.

Traduzco el párrafo que me ha parecido mejor, más emotivo y que suscribo por entero: "Soy hijo de un negro de Kenia y una blanca de Kansas. Me eduqué con la ayuda de un abuelo blanco que sobrevivió a la Gran Depresión para prestar servicio en el Ejército de Patton durante la Segunda GurraMundial y una abuela blanca que trabajó en una cadena de montaje de bombas en Fort Leavenworth mientras su marido estaba en el frente. He ido a algunos de los mejores colegios de los Estados Unidos y he vivido en uno de los países más pobres del muno. Estoy casado con una americana negra que lleva sangre de esclavos y de esclavistas, una herencia que hemos legado a nuestras queridas hijas. Tengo hermanos, hermanas, sobrinas, sobrinos, tíos y primos de todas las razas y todos los colores repartidos en tres coninentes y mientras viva jamás olvidaré que una historia como la mía no es posible en ninún otro país de la tierra."

Muy bien, Senador. Ojalá gane Vd. las elecciones.

(La imagen es una foto de Tsevis, bajo licencia Creative Commons y representa el rostro de Barack Obama hecho del de mucha otra gente).


El Gran Cañón.

Desde la ciudad de Flagstaff hasta el Gran Cañón del Colorado hay unos setenta kilómetros a través de un territorio plano, como a dos mil quinientos metros de altitud, poblado de coníferas con algunas zonas de abedules. Es una carretera monótona, con un límite de velocidad relativamente bajo, bordeada por las consabidas alambradas de alambre de espino. Eso es algo que llama la atención en los EEUU: uno puede circular libremente por inmensa red viaria pero no salirse de ella para vagabundear por el campo, por ejemplo, sin rumbo determinado ya que está prohibido porque todo el territorio es propiedad privada. Supongo que es un símbolo de la esencia misma del país, todo él un monumento a esa institución que, junto al Estado y la familia, cada vez parece gozar de mejor salud, no sé si para bien o para mal.

Al final de la carretera 180 se encuentra la entrada al Parque Nacional del Gran Cañón del río Colorado, que parece ser el primero que se estableció en el país por orden expresa de Roosevelt (Theodor), el que gustaba de "hablar con dulzura y llevar una gran estaca". Es un punto de atracción de turismo del mundo entero y recuerda un poco a las cataratas del Niágara, pues el público presenta presenta una muy similar composición nacional y/o cultural: estadounidenses en primer lugar, seguidos de latinoamericanos, especialmente mexicanos, muchísimos asiáticos y de entre ellos, lo que también me sorprendió en su día en el Niágara, una gran cantidad de indios, algunos de los cuales aprovechan la grandiosidad del lugar para hacer meditación. A pesar de la gran afluencia de público, es muy de agradecer que las autoridades hayan mantenido el lugar en el estado más próximo posible a las condiciones silvestres en que estuvo siempre antes de su establecimiento como Parque Nacional. No hay restaurantes, ni cafeterías, hoteles, viviendas, discotecas o "chaletitos": apenas unos espacios para estacionar los vehículos, de (largo) trecho en (largo) trecho algunas construcciones respetuosas con el paisaje y dedicadas a centros de información, venta de recuerdos y lugares de encuentro para la realización de actividades programadas de senderismo y un hotel. Prácticamente nada para un fenómeno natural -el cañón- de proporciones inmensas, ciclópeas, con cuatrocientos kilómetros de largo, treinta de ancho y casi dos de profundidad. En resumen, que a pesar de la enorme cantidad de gente que lo visita, sobre todo en vacaciones (incluidas las noches, pues el Parque está abierto las veinticuatro horas) uno consigue estar a solas, como se muestra en las fotos que incluyo (en una de ellas con mi hijo Andrés), en mitad de tanta inmensidad. A solas y en silencio; casi un milagro.

La sensación que uno tiene es sobrecogedora, parece mentira que haya un lugar así en la tierra. Aunque todo tiene una explicación pues, según las últimas investigaciones, parece que los elementos tardaron diecisiete millones de años en configurar esta increible obra de arte de la erosión por agua, viento, hielo, seísmos, vegetación y elementos químicos. Diecisiete millones de años es un cómputo de dioses y, por ponerlo en términos vagamente hegelianos, el tiempo que ha tardado la naturaleza en forjar una conciencia, la humana, a través de la cual contemplarse y reflexionar sobre sí misma. Aunque para lo que le vale...

dissabte, 22 de març del 2008

El jarrón chino.

Dice la señora Montserrat Nebrera, ilustre miembro del PP catalán, que el señor Aznar es como un jarrón chino, esto es, un objeto muy valioso, pero que hay que poner en algún lugar en el que no estorbe. Discrepo radicalmente de la primera valoración y, por ende, de la segunda. De valioso el señor Aznar no tiene nada. Nada de nada. Antes al contrario, carece de todo valor. En la campaña electoral de 1996, cuando ganó las elecciones por un estrecho margen, su mentor espiritual, el señor Ramírez, había vendido su imagen como la del "hombre normal", o sea, el tipo gris, el hombre de la calle, el "español de a pie". Ocho años de desgobierno demostraron después que ni esa talla menor daba. Puesto en las candilejas de la política nacional, el señor Aznar demostraba no estar a la altura de las circunstancias con mucho y no hacer ni decir nada salvo vulgaridades, gracias a su carácter soberbio, intemperante, autoritario y agresivo. Ciertamente, durante ocho años en España se hizo lo que él mandaba y quiso pero es que solamente quiso las cosas más estrambóticas y carentes de sentido de la oportunidad, no hablemos ya del respeto a la opinión de sus conciudadanos, desde casar a su hija en El Escorial hasta meter a España en una guerra injusta, armada a base de engaños y falsedades.

La única pregunta en relación con el señor Aznar no es qué hacer con sus ideas sino cómo fue posible que un hombre así, con tan escasas luces, tan agrio carácter, tan cortas y sectarias miras y tan servil con los amos del imperio llegara al gobierno nacional.

Claro que a él personalmente le fue muy bien, pues se enriqueció.


(La imagen es una foto de Brocco Lee,bajo licencia de Creative Commons).