dissabte, 22 de setembre del 2007

La mota roja.

Hay en los nacionalismos algo de sectas y en las sectas algo de asesinas. Ese sumergirse en un mundo cerrado sobre sí mismo, con sus pautas, sus ritos, sus juicios tajantes sobre el bien y el mal, el amigo y el enemigo, su cultivo del odio al distinto, al forastero; ese aniquilar la voluntad personal, al servicio de una causa colectiva, ese monólogo perpetuo, el mantra invocado hasta la saciedad, tiene que dar comportamientos neuróticos, agresivos, asesinos.

El cartel que, al parecer, estaba ayer en el portal del señor Rivera, dirigente de Ciutadans, con el cartucho clavado en la frente del interesado recordaría a uno de aquellos Readymades de Marcel Duchamp y suscitaría el jolgorio que siempre mueven las piezas surrealistas de no ser porque detrás de ésta en concreto puede encontrarse cualquier asesino, dispuesto a cometer el crimen anunciado en pro de la Patria mancillada por la bota extranjera, el imperialismo español o alguna sandez de ese tipo.

¿Qué otros comportamientos o fenómenos trae a la memoria esta siniestra hazaña del cartelito? Todas las señales y signos que se usan en las guerras de religión, en las limpiezas étnicas, en los pogroms, en los actos de racismo colectivo, en las actividades de la mafia, en las prácticas de la delincuencia organizada.

Da vergüenza que pasen estas cosas.


divendres, 21 de setembre del 2007

Bienvenido, Público

Se ha presentado en Madrid el nuevo diario Público, que estará en la calle el próximo veintiséis de septiembre, que costará 0,50 euros, carecerá de editoriales, no dará especial relevancia a la política, traerá mucha ciencia y economía, tendrá una última página de deportes, quiere captar lectores juveniles y reñirle el terreno de la izquierda a El País.

No sé yo. Como lector de El País tendré que tener algo mejor para cambiarme de periódico, si no, ¿por qué lo haría? No parece que quienes presentan el producto lo consigan. Algunas innovaciones que se anuncian pueden ser contraproducentes. Por ejemplo, eso de que el periódico no tendrá editoriales bajo el argumento de que las personas jurídicas no tienen opinión. Un diario sin editoriales es una novedad; pero no necesariamente bneficiosa. Los editoriales sirven para atribuir una posición determinada al periódico, del tipo de "el País dice hoy...", etc, en el fondo una licencia literaria similar a la que permite a muchos periodistas escribir cosas como "París rechazará el tratado" o "Londres duda de las intenciones de Moscú". En fin, no seré yo quien defienda los editoriales, lugares donde los periódicos pretenden adoctrinar a sus lectores, pero no acabo de ver un diario sin ellos.

Si no hay editoriales, en ¿qué se notará que el diario es progresista, de izquierda? En los columnistas, que lo harán explícito (aunque nunca se sabe con esta subfamilia del homo sapiens, especialista en sobrevivir en contextos hostiles) y en el modo de enfocar las noticias, donde habrá más carga implícita.

Por todo lo que va viéndose, parece tratarse de una reedición de aquel proyecto que lanzó un grupo español en común con la Bertelsmann alemana, un diario popular que se definía como el "diario de los que no leen diarios". Este Público dice venir ahora en busca de los nuevos lectores que, como a la perdices los perros, han levantado los diarios gratuitos. Deben de haber hecho un sondeo y descubierto que a la gente le giban las cosas muy densas y elaboradas, algo de lo que se acusa a El País como periódico demasiado elitista, pero el caso es que este tipo de conciudadano a quien se quiere vender el nuevo diario es más una ficción que una realidad. ¿Mendas dispuestos a pagar 0,50 euros por leer? No creo sean muchos. Es más o menos el mismo dibujo de clientela de Izquierda Unida, gente más radical que el PSOE, más cercana al mundo del trabajo, con menor nivel educativo (como media) y que prefiere leer cosas más livianas. Pero el respaldo electoral de Izquierda Unida no da magnitudes halagüeñas para el éxito empresarial de un proyecto.

Uno de los cálculos más habituales en relación con el nuevo partido de los señores Díez, Savater etc consiste en averiguar a cuál de los otros restará votos la nueva formación. Lo mismo cabe decir del nuevo periódico, esto es, a cuál de los establecidos causará mayor merma de lectores. Los comentaristas insisten en que, a tenor de la proclamación programática de la izquierda y el progresismo, el afectado será El País. Me da la impresión de que por el tipo de lectores que dicen ir buscando, el más afectado será El Mundo.

Me parece que no anuncian edición digital. Es sorprendente, teniendo en cuenta que varios de los que lo hacen son blogueros de éxito y/o veteranos y saben que lo que no está en la red no está en el mundo.

Craving for Cravan.

En el cine del Círculo de Bellas Artes de Madrid ponen -creo que hoy es último día- el documental de la imagen, una peli de Isaki Lacuesta con Frank Nicotra y la decisiva participación de Eduardo Arroyo y María Luisa Borrás estrenada en 2002. El film es una indagación en la corta y extravagante vida de Arthur Cravan y su no menos misteriosa muerte. Arthur Cravan, cuyo verdadero nombre era Fabian Avenarius Lloyd, nació en Lausanne en 1887 y debió de morir, pues no se sabe de cierto, en algún punto del Golfo de México cuando se embarcó con un amigo en un barquito con ánimo de alcanzar las costas de La Argentina.

Di con Cravan hace hace ya algunos años, cuando empecé a interesarme por los fenómenos de desdoblamiento de personalidad, los dobles, en la literatura. Más específicamente, cuando buscaba autores que hubieran utilizado heterónimos, como Pessoa, por ejemplo. Cravan los batía a todos. Publicó durante un par de años una revista literaria llamada "Maintenant" hacia los años de 1912/1915 en la que él escribía todos los artículos, poemas, críticas (algunas de ellas realmente feroces, como la que dedicó al Salon des independents, a los que calificaba de "farsantes") y crónicas. Todo. Y firmaba cada pieza con distintos seudónimos. Lo cual coincidía con su forma de vivir. En los años que residió en París, antes de la Primera Guerra Mundial, tenía a gala crear un personaje distinto de sí mismo cada semana.

Tanto la revista como el autor se encuadran claramente en el dadaísmo y el surrealismo. Pero en mi opinión Cravan fue más allá porque no solamente escribía (y está por ver si también pintaba, porque no es cien por cien seguro que sean suyos los cuadros que se le atribuyen) en lo que después sería dadaísmo y surrealismo sino que vivía como un dadaísta o surrealista. Francis Picabia o Marcel Duchamp, entre sus amigos surrealistas, eran verdaderos burgueses a su lado.

Era sobrino de Oscar Wilde y este parentesco lo tuvo en ascuas toda su vida. Aunque no llegó a conocer a su famoso tío, sí acabó publicando en su revista que se lo había encontrado en París (por entonces Wilde llevaba nueve años muerto) y que vivía, noticia que recogió el New York Times y, en consecuencia, se columpió.

Además de poeta, crítico, fanfarrón, bebedor, pendenciero, Cravan era boxeador. Esta faceta pugilística del personaje ha fascinado a mucha gente, entre la de hoy, el pintor Eduardo Arroyo. Precisamente hace unos meses, visitando una exposición de Arroyo, encontré los dibujos sobre Cravan con grata sorpresa. En la peli, Arroyo se explaya sobre las razones de su dedicación a Cravan. Éste desafió al campeón del mundo de pesos pesados, Jack Johnson, el combate tuvo lugar en la plaza de toros de Barcelona en 1916 y Cravan fue literalmente arrollado por el campeón y si duró seis asaltos fue porque había tongo, aunque consiguió el dinero suficiente para pagarse un viaje a los EEUU, en donde buscaba refugio como desertor, razón por la que acabó en México, en donde desapareció.

Todo un personaje este Cravan. Entre las teorías o leyendas que circulan sobre él, está la que asegura que Cravan no murió, se quedó en Mexico y publicó sus obras siguientes firmando como B. Traven. Se hace difícil admitir que un dandy nacido en Suiza pueda escribir novelas como El tesoro de Sierra Madre, Gobierno o El barco de la muerte. Por muy dadaísta que sea.

dijous, 20 de setembre del 2007

¿El bueno y el malo?

Cualquiera que haya atendido a las recientes comparecencias de los señores Rodríguez Zapatero por un lado y Nicolas Sarkozy por el otro puede haber concluido en una primera impresión que están claras las diferencias entre la izquierda y la derecha. La izquierda redistribuye, ayuda a los más necesitados, endereza los entuertos del mercado y amplía derechos; la última prueba, la pedrea de doscientos diez euros para los jóvenes entre veintidós y treinta años que ganen menos de veintidós mil euros brutos al año, lleven cuatro residiendo en España y no alquilen a parientes. Espero haber reproducido correctamente las cifras. La derecha debilita la protección jurídica del trabajo (contratación), reduce o elimina subvenciones y prestaciones sociales y pasa por encima de derechos adquiridos tras años, decenios, siglos de lucha. La prueba esa oferta de "nuevo contrato social" del señor Sarkozy, que quiere acabar con los regímenes especiales de la seguridad social (asimilándolos al régimen general), la semana de treinta y cinco horas, el tratamiento favorable de las prejubilaciones y la obligatoridad del retiro a los sesenta y cinco años.

Piano, piano. Ni lo primero tiene que ser necesariamente de izquierdas ni lo segundo de derechas. La política es un espectáculo, sí, pero no hay que dejarse engañar por él pues nada es enteramente como parece y a veces hasta es como no parece. Lo de menos es si la medida sobre la vivienda del Gobierno socialista es o no "electoralista", signifique esto lo que signifique. Y es lo de menos porque faltan unos seis meses para las elecciones y para entonces ya se le puede haber sacado la punta negativa, que la tiene y gorda. Lo primero que se me ocurre pensar de este Gobierno tan europeísta es qué significado tiene el requisito de los cuatro años de residencia en España. Supongo que pretende excluir a muchos extranjeros y me pregunto si ese requisito se puede mantener frente a una impugnación en virtud del estatuto de la ciudadanía europea y la libre circulación de las personas en la UE. Supongo que sí, pero podría intentarse la impugnación.

Por lo demás, el punto oscuro de la medida es su impacto en el mercado y la previsible reacción de éste, consistente en incrementar los alquileres. Si esto sucede, la medida no beneficia especialmente al sector enfocado y, en cambio, perjudica claramente a quienes tienen menos de veintidós y más de treinta años, ganen más de veintidós mil euros al año, lleven menos de cuatro residiendo en el país o hayan alquilado a parientes. Este es un problema que tienen siempre las llamadas "leyes medida" propias del Estado del bienestar, que son leyes pero no son leyes pues carecen de universalidad y generan agravios o, como dice el señor Sarkozy, con mucha razón generan "más injusticias que justicias". Por descontado que todo cuanto se haga por remediar el problema de la vivienda será poco y que las medidas de alivio, mitigación, protección, etc también son necesarias sobre todo para el "aquí y el ahora" que la gente quiere ver. Pero estos problemas tienen causas estructurales del sistema productivo en su conjunto que hay que abordar a medio y largo plazo y, de eso, me da la impresión, el Gobierno socialista no parece enterarse, absorbido como está en explicar y justificar la gestión pasada y ganar las próximas elecciones. Una situación que no es la más propicia para políticas de principios sino más bien de gestos.

Por el otro lado, el programa reformista del presidente Sarkozy, expuesto ayer en el Senado. Este Sarkozy tiene mucha miga. Cuando las pasadas elecciones presidenciales, servidor era partidario cerrado de la señora Royal. Y perdimos, porque la señora Royal no consiguió convencer a la mayoría de los franceses. Obvio. Pero el señor Sarkozy está resultando ser un presidente de talla insospechada. En poco más de cuatro meses, ha afirmado la posición de Francia tous azimuts. Ha incorporado a personas de izquierda a su gobierno, se ha reconciliado con los yankees, ha impulsado de forma decisiva el proceso de unidad europea, se ha mostrado duro con los inmigrantes y los delincuentes sexuales y quiere reformar el estado del bienestar de un modo radical porque, según él, no es "sostenible financieramente". A uno le gustan unas decisiones más que otras, pero lo que es evidente es que el señor Sarkozy no quiere ser un presidente ausente. Casi nadie conoce el nombre del primer ministro francés, Mr Fillon; en cambio todo el mundo sabe que el señor Sarkozy y el señor Brown andan pensando en meterse por su cuenta en una guerra contra el Irán. Esto, la verdad, ya parece una pura rebatiña a ver quién pilla más petróleo.

El rollo ese de la "bancarrota del Estado" ya en la forma de "crisis fiscal" ya en alguna otra es la agorería en que coincidieron los críticos conservadores y los marxistas del Estado del bienestar en los años setenta. "Caballeros, ¡así vamos a la ruina!". Casi cuarenta años después, aquí estamos y de ruina, nada. Es lo malo que tiene profetizar a años vista; mejor hacerlo a siglos, incluso a milenios; es más seguro. Por supuesto, ha habido que reformar y se ha reformado, provocando a veces muchos enfrentamientos sociales pero en líneas generales el modelo se ha mantenido.

Y en algunas de las reformas que propone el señor Sarkozy tiene toda la razón. Es verdad que muchas prestaciones por desempleo y otras frenan el empleo. Sabemos que es así, los llamamos "efectos no queridos" de ciertas políticas sociales. Será bueno que se haga algo contra los "efectos no queridos". ¿Y qué decir de los "regímenes especiales", verdaderas excepciones privilegiadas a favor de cientos de miles de empleados públicos? ¿Es de izquierdas mantener el régimen especial de jubilación del personal de la Ópera de París, establecido por decisión de Luis XIV, el Rey Sol, en 1698? ¿O el de la marina comercial y de pesca, establecidos en 1709? ¿Es de izquierda conservar relaciones jurídicas del ancien régime evidentemente gremiales, como si la Revolución francesa no hubiera tenido lugar? Estos y otros casos no menos interesantes, como los ferroviarios, los mineros, el personal de la Comédie Française, etc son los que permitieron a los teóricos políticos de los años ochenta y noventa hablar del "neocorporativismo" de nuestras sociedades. La fuerza se basa en el carácter monopólico de ciertas actividades públicas que defienden privilegios frente al régimen general de la seguridad social. Los regímenes especiales, innecesario decirlo, suelen ser deficitarios años tras año.

Si tuviera que decidir cuál de las políticas analizadas beneficia más al Estado del bienestar, me atrevería a decir que las del señor Sarkozy. Pero también es cierto que no es razonable juzgar la tarea de un gobierno por una medida específica en una situación concreta y hay que hacer un juicio de conjunto.

¡Felicidades, Sofía!

Ayer cumplió dos años mi nieta Sofía, que tiene como veinticinco días menos que su tío, mi hijo Ramón y año y medio más que su otro tío, mi hijo Héctor.

Por supuesto tuvo su tarta que, como se aprecia, es de chocolate con piñones y nueces. Ahí se la ve quién sabe si meditando sobre lo rápido que pasa el tiempo (caramba; parece que fue ayer cuando saqué la cabeza al mundo en un hospital de Barcelona). O quizá se pregunta qué significado tendrá ese signo cabalístico con una lucecita en la chorola (¿y qué querrán estos mayores que haga yo con la lucecita? En otras palabras, ¿qué se espera de mí?). Bueno, en todo caso, la llama es siempre símbolo de la vida y si ahora no "entiende" el significado de lo que sucede, lo hará dentro de unos años, cuando vea esta foto, amorosamente guardada junto con otras de la infancia en algún álbum.

El caso es que, a poco de encontrarse con el fenómeno, entró en escena el torbellino del mundo y resultó que no bastaba con contemplar con asombro sino que era necesario hacer algo. ¡Ay madre mía!

¡Soplar! ¡Hay que soplar! Y héteme aquí que aparece tu madre, mi hija Inés, convertida en diosa de los vientos que logra el milagro de extinguir la llama para robarle el misterio de la luz y guardárselo en el bolsillo porque ahora tienes un año nuevo que vivir y no es cosa de que el dos se derrita que, además, pondría perdida de cera la tarta.

Ayer descubrimos que Sofía cumple años a dos días de su santa. Nos enteramos porque los Príncipes de Asturias celebraron la onomástica de su segunda hija, una muy reciente. Nuestra Sofía es mayor.


dimecres, 19 de setembre del 2007

La unidad de la izquierda (II).

Un lector me acusa de perder de vista el hecho de que los explotados de hoy día están en el sector servicios y que, a los efectos del carácter explotador del capitalismo, todo sigue igual. Seguirá, para qué vamos a discutir; incluso puede haber empeorado. Pero los trabajadores del sector servicios no son proletarios. Marx había escogido el término para significar a los que no tenían otra cosa que vender que su fuerza de trabajo, los que no tenían nada que perder. Sobre sus hombros descansaba el protagonismo revolucionario de la historia. Los trabajadores del sector servicios están explotados sin duda alguna pero tienen algo que perder, diversos tipos de propiedades (con las que se endeudan más o menos), ciertos niveles de consumo, etc. Son propietarios (o eso creen ellos), el resultado de lo que la señora Thatcher llamaba el "capitalismo popular".

Es cierto que la izquierda tiene que dirigirse a estos sectores explotados y a otros que mencionaremos a continuación. Pero no puede hacerlo con el discurso a los proletarios porque no lo son. Junto a estos sectores de explotados, la izquierda debe atender a los inmigrantes, que ya son una magnitud estadísticamente relevante y las minorías discriminadas por diversos motivos. Los inmigrantes son los más cercanos a la condición proletaria. Pero son extranjeros y aunque muchos quieren echar raices en el país de acogida, otros sólo quieren hacer un dinero y volver a su país.

La defensa de las minorías se me antoja un objetivo típico de la izquierda por cuanto viene a hacer realidad el principio de la igualdad. Nadie debe verse perjudicado por razón de su opción sexual, religiosa, familiar, etc. Y este es un terreno en el que el debate está siendo particularmente enconado. La apertura de las instituciones sociales a la minoría de los homosexuales, por ejemplo, está costando más que los procesos de emancipación de los judíos que tuvieron lugar en siglo XIX y suscitaron asimismo mucha oposición. En este campo, cuando menos, debiera haber unidad de la izquierda y es llamativo que no la haya.

En esto de la unidad, por último, no debe perderse de vista algo que la autoconciencia de la izquierda sostiene que no le afecta y es sin embargo una de sus características: la vanidad. En las condiciones actuales de la izquierda en España, la cuestión se da entre un partido con no muchos militantes pero notable peso electoral y una colición de fuerzas de baja representatividad entre las cuales se cuenta el Partido Comunista de España, cuya cuota electoral oscila entre el cinco y el nueve por ciento. La izquierda es particularmente propicia al personalismo, cosa menos frecuente en la derecha, aunque pueda resultar paradójico.

Poner en marcha un conciliábulo de amigos y allegados que hace un llamamiento a la recomposición de una izquierda revolucionaria, siempre bajo su esclarecida guía, claro está, es un ritual tan frecuente en el campo de la izquierda que parece consubstancial a su forma de ser, que siempre tendrá algo de conspiradora.

(La imagen es un cuadro de Giuseppe Pellizza, titulado El espejo de la vida(1895-98).Pellizza es también el autor de la imagen de ayer, llamada El cuarto estado, que Bertolucci utilizó como reclamo para su film Novecento.)

Cumplir la ley.

Trataba de ver ese programa de Sáenz de Buruaga en Tele Madrid, titulado "Madrid opina" pero es difícil porque tiene un grado de manipulación subido. En la sesión de ayer se quería zaherir al Gobierno por el asunto de la enseña nacional y contraponer la heroica Regina Otaola al vendepatrias y pisabanderas Rodríguez Zapatero. Había tres periodistas de El Mundo, uno del ABC y una de El País y Pedro Calvo Hernando, que no sé en qué periódico está pero es hombre de gran profesionalidad y objetividad. Esa clara desventaja de El País frente a los periodistas de la derecha debe ser para contrarrestar el abominable monopolio de la información del grupo Prisa. Había además dos políticas, la señora Cospedal, candidata del PP a la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha y la señora Rosa Díez que, se supone, representa a su nuevo partido o quizá siga yendo por la parte del PSOE. A esta feria la llaman "composición" plural y equilibrada de un foro.

Un espectáculo, de verdad. Un guirigay con todos a una contra el Gobierno por no cumplir la ley de banderas. Y eso que contamos con una sentencia del Tribunal Supremo diciendo que hay que cumplir la ley, que ya es sentencia. Salió la señora Otaola y el señor Zapatero estaba ya quedando como un patriota de boquilla, que habla mucho de España pero permite que no se cumpla la ley -cumplimiento que todos consideraron la esencia misma de la democracia- en asunto tan esencial como la exhibición de la bandera que simboliza, según la señora Díez, los derechos de todos, y todos los derechos, especialmente el de la vida. Esta señora Díez tiene toque para el melodrama. Ya su libro, titulado Porque tengo hijos, lo muestra.

¡Cúmplase la ley! era el grito unánime de aquel puñado de Catones y ciudadanos ejemplares cuando el señor Calvo Hernando planteó una cuestión que los dejó a todos descolocados y en una posición francamente ridícula. De acuerdo, vino a decir el señor Calvo Hernando, cúmplase la ley, cúmplanse las leyes; la de Educación para la Ciudadanía también. Se quedaron todos en blanco y hubo una sensación de bochorno general que irradió del aparato de TV, o eso me pareció. Hasta el señor Sáenz de Buruaga, de ordinario muy seguro, perdió los papeles. Al final, la señora Díez, cuyo sentido del ridículo es obviamente inexistente, zanjó señalando que la observación del señor Calvo Hernando es como la hipocresía de los nacionalistas vascos que no querían condenar un atentado específico, sino todas las formas de violencia. En efecto, grandes dotes para el melodrama y para la demagogia que suelen ir juntas.

Injusticias de la vida. Te pasas un tiempo planeando un programa bien manipulador y un contertulio te lo despedaza con un rasgo de ingenio. Porque, diga lo que diga la señora Díez, la doblez del personal , capaz de pedir que se cumpla esta ley pero que se incumpla aquella otra, quedó patente.

(La imagen es un lienzo de Jean Béraud, que se llama L'escrimeuse y se encuentra en Art Renewal).


dimarts, 18 de setembre del 2007

La unidad de la izquierda (I).

Pensaba escribir algo sobre la festividad del comienzo del año judicial, que tiene aspectos para sacarle tema: el Rey, en cuyo nombre se administra la justicia (lo que nos pone de los nervios a los republicanos) allí presidiendo; el señor Fiscal General del Estado, dibujando la patología penal nacional, el panorama de los delitos que se cometen en España, con lo que eso da para la demagogia política; el señor presidente del Tribunal Supremo y por ello mismo del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), un señor que es prácticamente un becario del PP, partido que se niega hace diez meses a renovar el CGPJ para no perder la mayoría que ostenta en él, correspondiente a otra composición parlamentaria y en un alarde de concepción política de la justicia.

Pero es un asunto aburrido. Esa oposición que ejerce el PP y que desborda el ámbito político y se lleva a los demás órdenes de la vida politizándolo todo puede sacar de quicio al santo Job, huelga decir a quienes no lo somos. Porque además es una práctica deliberada de instrumentalización partidista de las instituciones al grito de que eso es lo que hacen los demás. Morro, vamos.

Por eso pensé abrir una reflexión sobre esa posibilidad que ha emergido hace poco de una unidad de la izquierda, que es un tema de mucho interés sobre al que la izquierda le gusta discutir y discutir. Y con razón porque es muy sorprendente que, siendo el sistema electoral como es, que premia la unidad y castiga la fragmentación, la izquierda se presente siempre dividida. Y con el ejemplo de la derecha bien a la vista pues reúne en un solo partido desde el centro-derecha a la extrema derecha. En la derecha no se habla de unidad sino que se hace, en la izquierda se habla mucho porque no se hace.

Y la cuestión es si buenamente se puede. La división entre una izquierda templada, reformista y otra radical y revolucionaria se ha dado siempre. El comunismo nació como una escisión izquierdista en el seno del movimiento socialista y enfrentado a éste y así ha seguido hasta nuestros días, con algunos momentos excepcionales, como los de los Frentes Populares en los años treinta, la Unidad Popular de Allende o el programa común de la izquierda en Francia en los años setenta. El resto ha sido enfrentamiento y no parece que vaya a cambiar en un futuro próximo. Para la izquierda radical y revolucionaria, el socialismo, la socialdemocracia no es izquierda, sino una de las dos patas sobre las que camina el capitalismo. Esto es bastante cierto pues ningún partido socialdemócrata aspira a una transformación completa, revolucionaria, del orden socioeconómico. Lo que sorprende es que la izquierda radical se niegue a reconocer que hay dos patas, una la izquierda y otra la derecha y que no son iguales.

Uno de los argumentos de los partidarios de la unidad de la izquierda llama la atención sobre el hecho de que en muchos municipios haya gobiernos de unidad de la izquierda. Eso es verdad y suele explicarse apuntando a la naturaleza de la política local, de carácter más patrimonial que la nacional y donde la incidencia personal de las medidas adoptadas es más evidente, pero no sirve para hacer deseable la unidad de la izquierda en el orden nacional.

Como socialdemócrata partidario del reformismo más descarado que no cree sea posible ni conveniente el hundimiento revolucionario del mercado, que es el corazón mismo del capitalismo, me pregunto cómo prueba la izquierda revolucionaria su creencia en la revolución siendo así que su sujeto y protagonista tradicional, el proletariado, ha ido mermando en lugar de ir aumentando, como sostenía la visión marxista, hasta el extremo de que apenas alcanza el treinta por ciento de la población activa. En cuanto al auxiliar, cuya importancia se descubrió en la praxis revolucionaria del siglo XX, esto es, el campesinado, su destino ha sido peor que el del proletariado. Entre el dos y el cinco por ciento de la población activa trabaja el campo. Con un treinta y cinco por ciento de la población activa no puede darse movimiento revolucionario alguno. Sí puede darse un golpe de Estado siempre que se cuente con un partido disciplinado y unido, dirigido por un político con mentalidad de estratega, como era Lenin. En esa imagen se ha quedado anclada la visión de la izquierda revolucionaria y por eso añora la existencia de un único partido que funcione como un pequeño pero decidido ejército revolucionario. Es el momento dorado de los comunistas del que sacaron un espíritu que llamaron "bolchevización del comunismo occidental" y que de inmediato hubieron de acallar y guardar en el baúl de los recuerdos.

Desde entonces hasta hoy, esa izquierda revolucionaria ha puesto sus esperanzas de transformación radical del orden social no en la conciencia revolucionaria de su sujeto ni en el funcionamiento inexorable de las leyes de la historia, sino en la aparición afortunada y excepcional de algún dirigente carismático. Esa esperanza es difícil de articular con una alianza programática con otra fuerza o corriente política nada interesada en su realización.

Paseando por la vida.

Mi hijo Andrés, que por fin se ha decidido a actualizar su blog, llamado Androides de segunda, ha puesto un video que también ha colgado en Youtube, sobre él mismo, una especie de recorrido fotográfico de infancia y adolescencia que está muy bien. Reconozco a la persona que retrata cada foto (son todas de carné, de photomaton, todas primeros planos frontales), la he tratado, la he tocado, he hablado con ella y la he visto crecer. La verdad es que impresiona. Impresiona ver cómo en el Andrés niño estaban inscritos los rasgos del Andrés adulto que, a partir de algún momento, dejó se sonreír . Ya le volverá la sonrisa. La vida es larga, aunque para el arte sea breve.

En fin, he pensado que puede tener interés para otros. Es como el recorrido gráfico y veloz de una maduración. Por eso, tras pedir el correspondiente permiso, helo aquí.

Como padre, además, lo encuentro muy guapo. Dice que lo ha hecho con un programa muy sencillo. Pues le ha salido muy bien sincronizado. Tengo que pedirle que me pase el programa.

dilluns, 17 de setembre del 2007

Arden los Reyes en efigie.

Ya están la Fiscalía y el Tribunal de Orden Público (perdón, quiero decir la Audiencia Nacional, se entiende) otra vez en plan guerrero a cuenta de un supuesto delito contra el Jefe del Estado, sus símbolos, sus allegados, su efigie o todo lo que le toque. Con otro frente abierto por un chiste en una revista de humor esto no puede ser bueno para la Monarquía que debe de ir mal si tanto necesita que la protejan. Igual que la portada de El jueves puede ser injuriosa para la Casa Real, ahora dizque quemar a los Reyes en efigie es insultarlos. No veo la relación lógica por lado alguno. Es perfectamente posible quemar a alguien en efigie o en persona real sin insultarlo, incluso haciéndolo con el mayor de los respetos. No creo que los funcionarios que acompañaban a las esposas del maharajah muerto a la pira funeraria fueran insultándolas.

Espero que sea obsequiosidad de los servidores públicos que aquí parecen adscritos a la Casa Real como porteros de noche. Quiero creer que los Reyes admitirán que entra en su sueldo (esa pasta gansa que la colectividad les paga y sobre la que hay tanta especulación, especulación en sentido metafísico, claro, no financiero) el admitir que alguien pueda quemarlos en efigie, aunque no sea más que por razón similar a la que los mueve a ellos a rendir tributo anual a Santiago Matamoros, cuya actividad esencial fue la de cargar contra la morisma en Clavijo y abrir cuantas cabezas de infieles pudo. Quiero decir que ambos hechos, el de quemar la efigie de los Reyes y homenajear a Santiago Matamoros, en culto de dulía como Dios manda, remiten a idéntico orden alegórico y simbólico que pertenece al ámbito de las creencias colectivas. Y esto es aun más acentuado en el caso del empleo del fuego porque este elemento está en creencias ancestrales que perviven en ritos y prácticas actuales de la más diversa índole, empezando por la explicación mitológica de su origen a través de la leyenda de Prometeo.

El uso del fuego en las manifestaciones políticas tiene su intríngulis. El quemar una efigie o un símbolo (sucede mucho con las quemas de banderas españolas, estadounidenses, etc) equivale a un acto de magia, a un deseo de quemar aquello que los símbolos simbolizan, España, los EEUU, sin ignorar que, por su naturaleza, los Estados son incombustibles. Cuando los nazis (o los bomberos de Fahrenheit 451) quemaban libros era la cultura lo que querían quemar, también incombustible a fuerza de intangible.

Desde el origen de los tiempos está el fuego presente en los ritos iniciáticos y de purificación. En el canto XXVII del Purgatorio de la Divina Comedia Virgilio explica a Dante que tras la purificación por el fuego estará en situación de acceder al Paraíso, cosa que a él le está vedada y así sucede. Por el fuego se purificaba en Occidente a los judíos, los herejes, los relapsos, etc mediante los autos de fe. Ritos de iniciación y purificación por el fuego que se conservan hoy, por ejemplo en la masonería, aunque supongo que serán purificaciones tan simbólicas como lo que pretenden conseguir; vamos que lo harán siguiendo la sabiduría de las antiguas prácticas chinas que llamaban purificación por el fuego a juguetear con una pieza de jade.

Así que, cuando estas tribus nacionalistas queman efigies de los Reyes o banderas españolas están en ritos de tránsito o de exaltación grupal imprescindibles para la conservación de sus identidades colectivas, esas que el ordenamiento constitucional vigente incita a respetar, proteger e incluso mimar como prueba de la gran "diversidad de los pueblos de España", tanta diversidad que algunos de entre ellos dicen no ser España. No me parece que un rito de este tipo sea materia delictiva, por más vueltas que quieran darle los cortesanos. Con desórdenes en la vía pública (siempre puede chamuscarse alguien) van que (se) chutan.

En el asunto concreto de la pequeña cremá gerundense hay que recordar que los pacíficos catalanes celebran su diada el 11 de septiembre, fecha en la que conmemoran amargamente la derrota de Cataluña a manos de las tropas de Felipe de Borbón, Felipe V de España. Ya es significativo que un pueblo tenga su signo distintivo en celebrar una derrota y no una victoria. No sólo se celebra la Patria sino que se la celebra en estado de postración. Tanto que alguien en la Casa Real debiera haberle dicho al Rey que la Diada no es el mejor día para ir a darse una vuelta por Girona (sede del más denso independentismo catalán) si uno se apellida Borbón. No voy a decir que esta metedura de pata real sea como cuando el bruto de Sharon se presentó con mil policías en la explanada de la Mezquita, esto es, una provocación pero, si no se anda por ahí es que el conocimiento que tiene la Casa Real de Cataluña es rayano en cero.

(La ilustración es La prueba del fuego de Pedro de Berruguete, donde se ve al inquisidor Santo Domingo de Guzmán siendo testigo de cómo el libro santo no sufre daño mientras que los escritos heréticos son devorados por el fuego.