divendres, 6 de febrer del 2015

La izquierda, el pluralismo y la teoría del ascensor.


Llena de asombro la capacidad de ruido mediático de una formación de tan escaso impacto real como IU. No suele ser noticia por sus actividades de gobierno, que apenas las tiene, pero sí por su abigarrado historial de enfrentamientos, escisiones, separaciones y expulsiones. IU es cualquier cosa menos unida.
 
Sus miembros y militantes viven en un permanente clima de confrontación y mutuas exclusiones con el fatalismo con que los héroes de las tragedias clásicas caminan hacia su destrucción como arrastrados por una terrible Ananké. Los hitos de esa pendiente son las elementales doctrinas maniqueas de un personaje como Anguita, cuya reaparición en esta crisis prueba lo hondo que pueden calar en las almas simples las dicotomías elementales.
 
Porque esta es la doctrina que vuelve a estar presente: nada de complejidades, medias tintas, matices o posiciones intermedias. El maniqueísmo de los fanáticos: la doctrina de las dos orillas, convertida hoy en Podemos, trasunto del anguitismo, en la teoría del ascensor: arriba y abajo.
 
Arriba –o en una orilla- el PP-PSOE; abajo, en la otra orilla, en la buena, claro, los puros que siempre son los menos pero ahora, gracias a la “ventana de oportunidad” de la crisis, según la jerigonza de los teóricos de Podemos, pueden aspirar a ser mayoría. A propósito y de pasada, esa “ventana de oportunidad” no es otra cosa que la “oportunidad” de toda la vida y la oportunidad es la base del oportunismo.
 
Esta mentalidad simple, dicotómica, es la responsable del desastre mantenido por esa izquierda, la comunista, la poscomunista y la neocomunista, desde hace decenios, incapaz de comprender que la realidad es siempre compleja, matizada, contradictoria, sutil. Y, de paso, incapaz de comprenderse a sí misma. Porque, precisamente la izquierda es discutidora, matizadora, crítica por naturaleza.
 
La izquierda es plural, cosa que IU, Anguita y, según se ve, Podemos, no entienden ni, al parecer, entenderán nunca. Por eso el PSOE se mantiene con vida aun en sus peores momentos y no desaparecerá por más que sus sepultureros quieran enterrarlo bajo toneladas de infamia. Porque es un partido plural, en el que caben gentes que piensan de formas distintas en un montón de asuntos, pero son capaces de convivir porque practican las virtudes del diálogo, el respeto mutuo, la tolerancia, la democracia. Algo de lo que los demás presumen porque carecen de ello.
 
Si el PSOE no existiera, habría que inventarlo.
 
Enfrente, en la otra orilla, el erial de las organizaciones piramidales, jerárquicas, autoritarias, basadas en la unanimidad y coincidencia o en la desbandada, incluso cuando afirman funcionar con respeto a la opinión libremente expresada por las asambleas de democracia de base lo cual, a la vista está, no es cierto: IU, Frente Cívico, Podemos, Unidad Popular.
 
Puro sectarismo que cree posible presentarse como lo que no es.

Enésima manifestación de este absurdo sectario que se presenta como la razón en marcha: esa tránsfuga que rompe la ficticia unidad de Izquierda Unida so pretexto de buscar la "verdadera" unidad con otra fuerza que, a su vez, no quiere la unidad con la primera, y todo ello por razones personales. 

La mona y la seda.

Según parecer generalizado, el gran éxito de Podemos se ha debido a su magistral empleo de los medios y las redes y a la novedad de su discurso. Lo primero es importante, pero lo segundo lo es más. Podemos habla un lenguaje nuevo, de ruptura, regeneracionista. Trae un espíritu orteganiano de lucha contra la "vieja política". El "régimen del 78" está en descomposición por numerosas razones. Se necesita gente nueva, discursos nuevos, ideas nuevas.

Podemos los aportaba y por eso se ganó la confianza de mucha gente. La de todos los que no se sentían representados en las instituciones y querían encontrar un espacio en la vieja política, sobre todo uno entre las dos opciones tradicionales de la izquierda. Por eso Podemos armó un partido casi de la nada, obtuvo un resultado brillantísimo en las elecciones y se dispuso a asaltar los cielos impulsado por el fervor popular.

Pero, de tanto mirar al cielo, comenzó a dar tropezones en la tierra. En el mitin de Vista Alegre, en el de Barcelona, en el de Sevilla y por distintas razones, hubo gestos, expresiones, ademanes del pasado, de la vieja política. Palinuro los puso en evidencia, en especial el insulto a la izquierda, llamándola "trilera". Lo hacía de buena fe, pero ello no le evitó las habituales acusaciones de criticar por fastidiar o por razones inconfesables. Paciencia.

Esta bronca de IU en Madrid y su impacto en Podemos ya no es solo un tropezón. Es un caerse por el barranco y con todo el equipo. Lo de menos es si IU da el enésimo espectáculo de confusión, enfrentamiento, faccionalismo y cainismo. Business as usual. Lo de más es que afecte directamente a Podemos y revele en este proyecto un trasfondo hasta ahora oculto.

La señora Sánchez que, en definitiva, es una tránsfuga, por las razones que sean, ha decidido renunciar a su acta, abandonar su partido, si es que solo pertenece a IU y no también al Partido Comunista, y fundar uno propio con un proyecto de convergencia asambleario y de democracia de base con Ganemos y quien sabe si también Podemos. Se trata de alguien que puede calificarse como política profesional pues lleva toda su vida laboral en cargos públicos y/o de partido. Su carácter se refleja en esa rotunda afirmación de No, punto. No vamos a entrar en Podemos. No por la verosimilitud del contenido, que es escasa, sino por la atribución de sujeto. ¿Quiénes son esos nosotros que no vamos a entrar en Podemos? Obviamente, quienes la siguen. Pero entre estos hay quienes han roto con IU, como ella y quien, como Garzón, quiere la convergencia pero no ha roto con IU. En este lío, ¿no sería conveniente preguntar cuando se quiere converger con gente asamblearia? Y sobre todo porque entre quienes la acompañan, según leo, está el Partido Comunista de Madrid, que anhela la convergencia (aunque manteniendo cada cual sus siglas) por lo que ha roto con IU. Una IU que, al decir de un lacrimógeno Cayo Lara. se siente huérfana y abandonada por Tania a quien siempre ha respaldado.

¿Cómo, cómo? ¿Que el PCM ha roto con IU? Ha roto, entonces, con su criatura, con su disfraz. ¿Y de qué se disfrazará ahora? Está claro, de Podemos.

Es el efecto sifón. Un exitazo. Si más del 40% del electorado de IU vota a Podemos, nada tiene de extraño que los elegibles también se hagan Podemos incluido el Partido Comunista. Pero esto es precisamente lo que menos interesa a los novísimos. El cuadro que se quería para España reproducía el de Grecia: Syriza se presentaba a las elecciones como una fuerza de izquierda auténtica, pero no comunista. La prueba, que también se presentaba el KKE, el Partido Comunista griego, cuya misión era perder las elecciones. En España, lo mismo: por un lado Podemos, una izquierda nueva, sin compromisos ni ataduras, nada que ver con los partidos del régimen, incluido el comunista e IU. La misión de estos es seguir presentándose como una opción distinta, aunque se hayan quedado sin electores. ¡Pero no converger, por favor, porque entonces no hay modo de distinguirse!

La convergencia, a la que Pablo Iglesias dice tener tendida la mano, significa que desembarca en Podemos un contingente de vieja política de comunistas y militantes de IU (siempre tan difíciles de distinguir), de esos de zancadillas, conflictos, escisiones y práctica profesionalización de la política de cargo público en cargo público como el resto de los beneficiarios del "régimen". Políticos, a la vista está, de un insufrible personalismo. A consecuencia de ello, el crédito de Podemos en su discurso de innovación, regeneracionismo y ruptura con la llamada casta se vendrá abajo. Al final podría ser que hubiera intentado vestirse con la seda del nuevo espíritu de pueblo empoderado jamás será engañado, apareciendo luego el feo rostro de la mona bolchevique.

Ponderando lo que llevaba escrito más arriba, Palinuro cayó en el timeline de FB de su amigo Joaquim Pisa, en donde leyó que, al parecer el periodista Ricardo Martín había explicado en 24h de TVE que todo el asunto de la convergencia era una maniobra del PCE para hacerse con el control de Podemos y añadía que detrás de esta maniobra se encuentra una vez más un personaje incombustible y conspirador nato, el hombre que maneja a Alberto Garzón como a una marioneta y por el cual Pablo Iglesias dice sentir devoción: Julio Anguita.

De ser así el asunto, la decepción de la gente es para imaginarla, sobre todo contando con que, con estas joyas "convergentes", hasta es posible que el partido no llegue ni a mayo. Y, desde luego, se trata de una típica operación de entrismo que no sé cómo sentará a los de Izquierda Anticapitalista, quienes se han disuelto en Podemos.

Según esto, con Podemos, Anguita conseguiría lo que nunca consiguió con IU, la niña de sus ojos, el ansiado sorpasso, su victoria sobre la traidora soialdemocracia, su venganza. De ser Anguita, en efecto, uno de los muñidores de estos planes, lo que llama la atención de Palinuro es el hecho de que quienes han llenado campos y plazas predicando el relevo generacional tengan como referente a quien podría ser su abuelo. Salvo que no se dé el caso porque en realidad sean coetáneos.

dijous, 5 de febrer del 2015

Punto de fuga.


Ayer el foro se vio agitado por tres noticias de grueso calibre cada una de las cuales provocó un tumulto y entre las tres poblaron el escenario, el cuadro. El pacto entre PP y PSOE soliviantó a las bases del último. El barómetro del CIS cargó más de razón a los soliviantados que ya ven otro sondeo posterior de desplome estilo PASOK. Además elevó a Podemos a la condición de segundo beneficiario del fementido bipartidismo, causando seguramente alarma en las cancillerías extranjeras. Por último, la ruptura de Tania Sánchez que, como una nueva Clelia, cruza las líneas para reunirse con los suyos, podrá leerse de muchas maneras y se hará. Pero una es segura: los comunistas parecen a punto del ansiado sorpasso, de ganar el viejo contencioso con los socialdemócratas por el apoyo de la gente, pero a costa de dejar de ser o llamarse comunistas. Incluso izquierdistas.

Todo eso está muy bien y es muy entretenido, pero no nos deja ver por encima de nuestras narices, nos oculta el punto de fuga del cuadro, allí en donde de verdad se deciden los destinos de nuestro país. Más concretamente, en Grecia. Y aun más concretamente, entre Bruselas, Berlín, Frankfurt y París. Un lío, sí, sobre todo para gente poco ducha en lenguas. Pero un lío más importante para nosotros que los nuestros. En un post del 31 de enero, La vorágine, Palinuro decía que las fortunas electorales de Podemos dependerán de cómo resulten las negociaciones de la Troika, o la UE o la señora Merkel con Grecia. No se olvidará que Pablo Iglesias (y no sé si los mismos griegos) planteó las elecciones griegas como una opción entre Syriza, la soberanía, y Merkel, subyugación. Nueva Democracia no contaba. Después, en la manifa del 31 de enero, sacó a relucir repetidas veces la Patria, la Patria española. A Palinuro esto le suena un poco a la Gran nación de Rajoy y le da más o menos el mismo valor, aunque reconoce que las motivaciones son distintas.

Lo primero que ha hecho Syriza, sin duda, ha sido poner en práctica tres o cuatro medidas de justicia social de urgencia para los más necesitados y, a continuación, ha ido a negociar con la UE, el BCE, Alemania, o sea con Merkel, que le dejen gobernar. Según el simil anterior, el partido victorioso pide condiciones al partido derrotado. En realidad, Syriza, Grecia, depende de la UE como el rey Yugurta de Roma y, aunque no sea de esperar que acabe ejecutada en la cárcel Mamertina, tampoco lo es que vaya a conseguir facilidades.

De la Gran nación de Rajoy, compatible con todo tipo de subalternidad, cabe esperar poco. Pero si en la izquierda y entre el pueblo prende la reivindicación de la Patria y, al final, la Patria consiste en negociar otro rescate, habrá una generalizada sensación de frustración. Entre el inmovilismo de la Gran nación, que manejará sin tapujos el discurso del miedo, y la ilusión encendida de la Patria, sobre el trasfondo cárdeno de la crisis griega, ¿qué votará la gente, llegado el momento?

Ese es el punto de fuga, el punto al que nadie mira porque los pactos, los sondeos, las broncas, el frente judaico de Palestina y el efecto sifón de Podemos lo ocultan. Como si, efectivamente, fuéramos soberanos.

Y el que menos mira, el PSOE que, sin embargo, tiene la posibilidad de instalarse en el punto de fuga. En otro post de ayer, titulado Esto es lo que hay, Palinuro veía al PSOE ante otra disyuntiva, tirar hacia el centro o tirar hacia la izquierda como posibles vías para remontar los malos augurios de los sondeos y ganar las elecciones. En cierto modo, puede hasta combinarlas: tirar hacia la izquierda lo suficiente para frenar el efecto sifón de Podemos, mucho más débil que en IU, y sin dejarse absorber por él; y tirar hacia el centro lo suficiente para garantizar la estabilidad pero poner coto a los desmanes de corrupción y desmantelamiento del Estado del bienestar. Esto de garantizar la estabilidad suena algo extraño, pero se entiende: ¿cuál es el sentido de la alianza de Syriza con un partido nacionalista medio xenófobo pudiendo haberla hecho con otro de izquierda? Lanzar un mensaje de amor a la estabilidad. Cierto, con un componente patriótico, pero probablemente irrelevante.

Para ganar las elecciones se precisa convencer a la gente. El PSOE dispone de dos mecanismos para conseguirlo que puede poner en práctica tanto si opta por tirar hacia el centro como a la derecha.

El primero es la moción de censura que Palinuro no deja de reclamar. Se perderá. Pero dará una ocasión única y legítima al PSOE de aparecer como un partido recuperado, serio, con un proyecto concreto y viable que se expondrá ante la opinión pública española y sin duda será seguido con atención en el extranjero. Pedro Sánchez es el líder de un partido parlamentario. Está bien que vaya por la agrupaciones los fines de semana, pero en donde tiene que hablar es el Parlamento, en donde tiene que exponer su política, su proyecto, su programa, es en el Parlamento. Y, si no le dejan, que no le dejan, hágalo por la vía de la moción de censura.

El segundo mecanismo, nada desdeñable, es el hecho de que, si es necesario negociar o renegociar con la UE, el PSOE está en buena posición por cuanto es también partido de gobierno en Alemania a través del SPD, que tiene seis ministros en el gabinete. Los dos son miembros del Partido de los Socialistas Europeos en donde ambos deben acordar políticas que puedan defender en sus respectivos países.

Y ahí es donde el PSOE tendrá que demostrar que no es igual al PP.

dimecres, 4 de febrer del 2015

Un mundo lleno de santos.

José Miguel Marinas (2014) El poder de los santos. Valor político de las imágenes religiosas. Madrid: La Catarata (158 págs.)
_____________________________________________________

Interesante libro sobre un tema que, no por tratado, pierde interés. Al contrario, lo gana cuando se le aportan nuevos enfoques, cosa inevitable en algo tan vasto a nada que el interpretante peirceano, que Marinas sitúa en el comienzo de este viaje semiótico, tenga algo que decir. Si de decir se trata, el autor trae el zurrón lleno. Y, por cierto, en un estilo muy personal, de notable originalidad, de referencias cruzadas, como al desgaire, que el lector va encontrando aquí y allá como ventanas que se abrieran y cerraran de pasada. Un estilo hecho de complicidades y sugerencias que lo obligan a mantenerse alerta y no dejarse adormecer por una narrativa que, por resultarle quizá familiar, pudiera arrullarlo.

No es una obra de lectura fácil y quienes busquen un  prontuario o vademécum al estilo de los años cristianos o las leyendas áureas en la tradición del bendito Jacopo da Voragine tendran que desistir ya en las primeras páginas. Quienes, al contrario, busquen originalidad, novedad y frescura, verán recompensados sus esfuerzos.

La actitud de la Iglesia cristiana en sus primeros siglos frente al culto a las imágenes fue oscilante entre la iconolatría y la iconoclastia, cuestión decidida finalmente en el Concilio de Nicea (787) que condenó la iconoclastia, uno de los vestigios del monofisismo previamente condenado en el de Calcedonia (451). Desde entonces hasta hoy, la Iglesia ha ido acumulando santos de los que se cuentan actualmente, según Marinas, unos 10.000 (p. 41), lo cual implica un inmenso caudal iconológico al que podrían dedicar sus vidas, de hecho así sucede, cientos de hagiógrafos  pero también investigadores con un espíritu secular, como el autor de la obra, en diálogo con las cuestiones mundanas o, más exactamente, políticas. No es que sea un tratado sobre la relación entre el poder (y, por ende, el conflicto político) y los santos, pero se le acerca. Marinas se detiene especialmente en cinco aspectos del tema: los patronos, las reliquias, los niños jesuses, el corazón de Jesús y la historia de Cristo Rey y la cuestión de la religión y el consumo.

Tratándose de la relación entre imágenes religiosas y políticas, la referencia a los patronos es obligada. En Occidente todos los Estados aparecen amparados por alguna potencia celestial: España, Santiago Apóstol; Francia, San Luis; Alemania, el arcángel San Miguel; Inglaterra, San Jorge, como Cataluña, etc. Si alguien señala que los Estados Unidos no tienen santo patrón, debe recordar que  con una hybris que muchos considerarán típicamente americana, el país se sitúa bajo la protección de Dios mismo, patrón de patronos. Así queda reflejado en el emblema de los billetes de dólar, In God we Trust. Poner la moneda bajo la protección del Dios tiene su tela. Incidentalmente, la autora de culto neoliberal, Ayn Rand, atea neitzscheana y militante, se hizo enterrar poniendo en la lápida como imagen, un dólar en lugar del habitual crucifijo o el sagrado corazón en llamas o el compás masónico. No debió de ocurrirsele que, al poner el dólar, estaba situándose bajo el amparo del Dios que rechazaba.

Quien dice Estados, naciones, dice jerarquías, organizaciones, cauces del poder en todas sus manifestaciones. Biopoder. Los santos patronos se multiplican. Marinas se detiene aquí y allá en algunos para nuestro solaz. Santa Bárbara, patrona de los mineros  (p. 45) cuya leyenda, por cierto, trae a la memoria la de Dánae, aunque obviamente con muy distinto alcance.  San José, patrono de los carpinteros. Santa Apolonia, de los dentistas, relación de patronazgo derivada más de su condición de paciente que de profesional. Cosme y Damián, de los médicos, que no en balde la dinastía dominante en Florencia, se llamaba de los Medici, razón por la cual abundaban los Comes y Damianes.
 
De los santos, sus huellas y las más frecuentes, las reliquias. Al autor le falta tiempo para reconocerlas como fetiches y recordar la audacia de Karl Marx en su tratamiento del fetichismo de la mercancía (p 53), una expresión que no ha hecho sino mostrarse más y más pertinente con el paso del tiempo, aunque moleste reconocerlo, por la fuerza que tiene para explicar comportamientos colectivos cotidianos. Basta ver la moda de la marcas. Su equivalente individual procede del uso freudiano también mencionado por Marinas, aunque no hasta sus últimas consecuencias, que no pueden ser sino conjeturales. Pero muy reales. Una visión a lo diablo cojuelo de Vélez de Guevara, de lo que las apariencias ocultan a la vista, nos mostraría la importancia del fetichismo en las relaciones humanas, sobre todo las relaciones de poder, que tantos aspectos sadomasoquistas muestran.  El genocida Francisco Franco se hacía acompañar a todas partes, al parecer, por el brazo incorrupto de Santa Teresa. Hace falta estar literalmente para los cochinos para hacer algo así.

Las reliquias están en el corazón mismo de la simonía y otras prácticas nefandas de la Iglesia que acabaron produciendo la Reforma. Al ser su compraventa lucrativo negocio, era lógico que acabaran acumulándose e inundando los mercados por la misma razón por la que hoy no hay vendedor callejero que no te ofrezca un nummulites de cincuenta millones de años por dos cuartos. En algunos casos, la acumulación, a diferencia de lo que sucede con los fósiles, efectivamente muy comunes, mueve a risa por su naturaleza misma. Es imposible determinar cuántos santos prepucios andan rodando por las iglesias de Europa y América y, en cuanto a las reliquias de la Crucifixión, los trozos de madera de la cruz, el lignum crucis (p. 81), Eça de Queiroz, creo recordar, aseguraba que se podría llenar un navío con ellos.

El capítulo dedicado a los niños jesuses es un verdadero hallazgo porque no suele tener tratamiento iconográfico independiente fuera de la imagen habitual de la Virgen con el Niño, que domina toda la imagineria católica hasta el día de hoy. Sin embargo el niño aislado, independiente, como adelanto o personificación diminuta del Cristo adulto, el pastorcito que aparece ya en las imágenes más edulcoradas de Murillo, tiene una gran importancia en el  mundo católico y un destinatario muy claro en la familia cristiana (p. 83).

El Niño Jesús goza de amplísimo arraigo en la cultura popular por razones evidentes que, por cierto, también están oscuramente relacionadas con el fetichismo si bien este crítico no quiere ser malévolo y remite sinceramente a la recomendación de San Mateo de hacerse como niños para entrar en el reino de los cielos. Entre tanto, aquí en la tierra, las devociones infantiles son numerosísimas y están llenas de ejemplaridades. El autor detecta  y comenta el santo Niño de Atocha en España y América, el Niño Cebú en Filipinas, el Divino Niño en Colombia, el Niño Jesús Cieguito, el Niño Jesús Doctor o el Niño Jesús Cubanito, una verdadera legión celestial que tiene el limbo en ascuas.

Más político y militar (o militar a fuer de político) es el capítulo sobre la devoción al corazón de Jesús, un legisigno peirceano (p. 117), cuya devoción se inicia con su aparición y mandato a Santa Margarita de Alacoque (p. 121) a la que hizo portentosas revelaciones. Milagroso, sí, pero, aunque parezca contradictorio, muy lógico y de esperar, teniendo en cuenta que el confesor de Margarita era San Claudio de la Colombière, perteneciente a la Compañía de Jesús y que venera en grado sumo el corazón de aquel a cuya defensa se ha consagrado.

Si el Corazón de Jesús es el símbolo de la orden religiosa con espíritu militar consagrada a su mayor gloria, lo natural era que, de pura víscera, pasara  a configurarse como Cristo Rey, a quien todos los creyentes y poderes de la Tierra deben someterse, como quiere la disparatada encíclica Quas Primas, de aquel fanático, Pío XI, según la cual "el deber de adorar públicamente y obedecer a Jesucristo no solo obliga a los particulares, sino también a los magistrados y gobernantes" (. p. 131). De este dislate teocrático derivan directamente la estatua de Cristo Rey del cerro Cubilete en Guanajuato, México y la del cerro de los Ángeles en Madrid, que para tanta leyenda ha dado (p. 126). Así que si a alguien ha llamado la atención el grado de imbecilidad y barbarie que exhiben los llamados "guerrilleros de Cristo Rey" o "legionarios de Cristo Rey", ya sabe a dónde mirar.

El último capítulo, quizá el menos trabajado y un poco escrito a vuelapluma sobre un tema que carece de límites como es lo santo y el consumo (con nuevos ecos fetichistas) tiene, sin embargo, un muy feliz acierto al traer al recuerdo esa extraña reliquia que es el autoicono de Jeremy Bentham, conservado en una vitrina en el University College de Londres (p. 150), algo parecido a la idea de la dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética de preservar para la posteridad la momia de Lenin en la Plaza Roja, convertido en lugar de respeto, culto y peregrinación de los rusos, lo que le da ese uso de "mercado de lo santo" (p. 155) si bien, al tratarse del revolucionario marxista, firme defensor del materialismo, el asunto tiene su ironía.

Un libro erudito, a veces difícil, pero muy interesante.

Esto es lo que hay.

Ese pacto necesitado de "buena" explicación ha servido para que ayer todas las portadas de los periódicos trajeran la foto de los dos líderes en ese momento histórico y no los gráficos del paro, con un aumento de este de 78.000 personas en enero, que es la noticia importante, la que desmiente rotundamente la propaganda del gobierno sobre la salida de la crisis.

¿Qué hay que explicar de este pacto perfectamente inútil y cuyo contenido quiere anular uno de los firmantes por medio del Tribunal Constitucional? Nada salvo que se trata de un intercambio de legitimaciones: la oposición mayoritaria legitima a un gobierno con el índice de aceptación popular más bajo de la historia y el gobierno legitima como su alter ego a una oposición que siente el aliento de los galgos de Podemos en su cogote electoral. ¿Quién gana más? El tiempo lo dirá. De momento queda abierta la hipótesis de la gran coalición como se demuestra por el interés de los barones en que se repudie expresamente. Y, por supuesto, para el gobierno, el pacto ya ha cumplido su función esencial: que los socialistas ayuden a ocultar a la opinión pública los desastrosos datos del paro y, al contrario, prediquen como doctrinos la patraña de la recuperación económica. Hace falta ser tonto. Hubiera bastado una demora de 24 horas para que todo esto quedara en evidencia.

Pasadas las elecciones griegas Sánchez explicó, por si había dudas, que "Grecia no es España". Quizá quisiera decir que el PASOK no es el PSOE. Y no lo es. O no debiera serlo. El PASOK oficial se quedó en un 4,2% del voto y la escisión de Papandreu ni siquiera consiguió representación parlamentaria. El PSOE, en cambio, aspira a mucho más; a la mayoría. O eso dice. Pero le aterra la perspectiva del PASOK. Y los rumores en la corte sobre el próximo barómetro del CIS apuntan en esa dirección descendente. El pase a la irrelevancia.

¿Es justo? El PASOK se fundó en 1974. El PSOE es más que centenario, el partido más antiguo de España y ha sido esencial en diversos momentos de su historia. Fue importante en el último decenio de la Restauración, durante la dictadura de Primo, en la IIª República, con abundancia de ministros y hasta presidencias del gobierno, por supuesto en el exilio, ha tenido el gobierno más prolongado de la segunda Restauración y ha repetido más brevemente en las legislaturas de Zapatero. En tan larga vida hay luces y sombras más o menos admitidas por unos y otros. El balance de los gobiernos de la segunda Restauración, globalmente positivo para Palinuro, aunque las sombras se hicieron tinieblas en la segunda legislatura del Zapatero y, con ellas, el PSOE pareció haber perdido el Norte.

Además, llegó la crisis y lo desbarató todo. Con la crisis, el 15M y del 15M, directo, Podemos. Una sacudida tremenda del hasta entonces plácido sistema de partidos, que enfilaba como enemigo el bipartidismo. La crítica, sin duda, era a los dos partidos dinásticos pero el que se resiente más es el PSOE. La prueba, el PP mantiene la base de sus votantes mientras el PSOE teme la desbandada de los suyos.

La crítica al bipartidismo, al ignorar a IU, tuvo el efecto colateral probablemente no querido de dinamitarla. Y con IU va otro histórico, el Partido Comunista, por cuyo futuro nadie apuesta gran cosa. Al final, la candidatura de convergencia popular de Madrid contará con Podemos o no, pero, si no lo hace, se formará por su cuenta con Ganemos, Equo y los escindidos de IU de Madrid, que han procedido a quemar sus naves para evitar todo retroceso, como Juliano el Apóstata en la guerra persa. Esto tiene su miga y merece la pena seguirlo, pero la bronca en firme viene por el lado del PSOE.

En efecto, ¿por qué se hundió el PASOK? Porque se achantó ante la troika y se comió su propuesta de referéndum. Inútilmente porque, al final, el referéndum se ha celebrado en forma de elecciones. Lo mismo que pasa en Cataluña: se impide el reférendum de los catalanes y estos no solamente hacen uno oficioso el 9N sino que ahora tienen otro convocado en forma de elecciones en septiembre. Y el PASOK se hundió. Y subió Syriza, que son los del referéndum y, mira por donde, no cediendo, sino envidando fuerte, Bruselas se ablanda, la Troika se disuelve en humo verde como la bruja mala del Oeste del Mago de Oz y puede llegarse a una solución satisfactoria, un win-win, que celebra hasta la bolsa.

Todo esto habla a favor de Podemos, la Syriza española, y en contra del PSOE que no será el PASOK pero cedió igual que él con la reforma del art. 135 y la convocatoria de elecciones anticipadas en lugar de someter el asunto a referéndum. Aquí eso ni se mencionó. La pasokización del PSOE es una posibilidad. Justa o injusta es cosa de juicio de parte.

¿Cómo puede evitarla? En principio parece haber dos vías, lo cual es molesto, porque es fuerza elegir. O el PSOE se orienta al centro o se orienta a la izquierda. Si se va al centro hace bien en firmar acuerdos con el Gobierno, cuantos más, mejor. Y en hacerse fotos con el poder. Pero corre el peligro de que lo confundan no con un aliado sino con un rehén y sus votos sigan yéndose bien al PP, que es the real thing o a Podemos, seducidos por su melopea populista del ni izquierda ni derecha.

Si se va a la izquierda hace bien en seguir por las asambleas abiertas en mangas de camisa, predicando el retorno del Estado del bienestar como la segunda venida del Mesías, cuando todos los derechos y libertades difuntos resucitarán a la voz de la Justicia. Pero corre el riesgo de no resultar verosímil frente a un discurso más radical de Podemos que, además, tiene una actitud frente a Europa más estilo Syriza, esto es, triunfante.

Son ventajas e inconvenientes. Y la elección, inevitable. Lo que no conviene es tener a Pedro Sánchez predicando la izquierda puño  en alto en Valencia el domingo, e identificando al PP como el "adversario", y firmando un pacto inútil, innecesario e inconstitucional en La Moncloa con el gobierno del PP el lunes. Parece una forma de disociación patológica de la personalidad.

Hay, sin embargo, algo que el PSOE puede y debe hacer tanto si opta por presentarse como partido de centro como de izquierda y es tomarse en serio su tarea de oposición. Oposición a un gobierno que carece de legitimidad (no de legalidad, desde luego) de origen y de ejercicio. Sobran motivos para presentar una moción de censura. Se pueden firmar pactos y presentar una moción de censura. Se puede formular un programa de izquierda y presentar una moción de censura. Censurar es un deber de una oposición a la que no se permite el ejercicio de su derecho a controlar, pedir rendición de cuentas y exigir responsabilidades.

Es también lo único que puede hacer el PSOE sin temor a que le gane Podemos.

Quizá por eso no lo hace.

dimarts, 3 de febrer del 2015

Gestas y gestos.


Acabar con el terrorismo etarra fue una gesta de la sociedad española, que lo había heredado del franquismo. Costó treinta y cinco años y muchos muertos pero, al final, las instituciones democráticas, con todos sus defectos, y duramente puestas a prueba, lo consiguieron. Fue una gesta colectiva en la cual la sociedad tuvo que madurar. También de los políticos. Aunque, como siempre, no de todos por igual. Los socialistas entendieron siempre que lo básico era la unidad de las fuerzas democráticas y por eso propusieron, lo hizo Zapatero, el primer pacto antiterrorista, el Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo en 2000. Los populares no lo querían y, con su habitual inteligencia, el señor Rajoy lo calificó de conejo que se saca de la chistera Zapatero. A pesar de todo, firmaron porque estaban en el gobierno y podían rentabilizarlo. Con protestas y abstenciones de otros grupos (a veces muy puestas en razón), pero firmaron.

Lo cual no impidió que, cuando la derecha pasó a la oposición, utilizara siempre la lucha antiterrorista como arma para desgastar al gobierno. El mismo señor Rajoy llegó a acusar a Zapatero de traicionar a los muertos y revigorizar a ETA moribunda a cuenta de su política antiterrorista, exclusiva competencia suya que los demás debían respetar. A pesar de la falta de colaboración e incluso el boicoteo de la derecha, el terrorismo etarra acabó durante el gobierno de Zapatero, quien tuvo el buen gusto de no reclamar para sí solo el mérito. Lo hizo gracias al tesón del ministro del Interior, Rubalcaba, quizá el mejor del ramo que haya habido en España.

Fue una gesta y fue obra de tod@s.

Lo de ayer fue un gesto y fue obra de dos.

Exactamente, ¿qué han firmado estos dos? Nadie lo tiene muy claro. Algunos dicen que un nuevo pacto antiterrorista. ¿Para qué, si ya hay uno? Otros que una renovación del existente o, incluso, uno nuevo en contra del nuevo terrorismo yihadista. Y ¿en qué consiste? En endurecer las penas por terrorismo y en reintroducir la cadena perpetua con un subterfugio lingüístico al estilo de la neohabla gallardoniana.

Como los socialistas están en contra de la figura, dicen que firman pero recurren la perpetua al Tribunal Constitucional. Al tiempo han obtenido la promesa del PP (por lo que pueda valer) de no oponerse si en el futuro la condena revisable es derogada. Subterfugio sobre subterfugio para justificar un gesto de contenido simbólico: estamos unidos frente al terrorismo. Lo dijo Rajoy, el mismo que llamaba al pacto antiterrorista por el que ahora daría la vida, el conejo de la chistera de Zapatero.

Estamos unidos frente al terrorismo. Pero si no hay terrorismo y el llamado yihadista aun no se ha materializado. Es igual, razonan los socialistas, tenemos que dar imagen de ser partido con sentido del Estado. Tenemos que firmar pactos de Estado para demostrar que somos estadistas y no perroflautas acampados en Sol. Aunque sea a costa de hacerle el juego a la derecha, sabiendo que el sentido del Estado de esta es inexistente ya que solo mira por sus intereses de partido y en los bolsillos. Es un gesto, desde luego. Absolutamente estúpido.

Su explicación está en la herencia de Rubalcaba quien, preso del síndrome del Coronel Nicholson en el Puente sobre el río Kwai, está dispuesto a sacrificar su objetivo estratégico por conservar su obra, aunque esta, como es el caso ahora, ya no sirva para nada salvo para legitimar un gobierno que ha perdido todo justo título a seguir gobernando.

El PSOE debiera haberse librado de esa tutela paralizante. No hay nada que pactar con un gobierno que ha roto todos los consensos, faltado a todas las promesas, dinamitado todos los puentes, ignorado la institución parlamentaria, manipulado los medios de comunicación, interferido en la acción de la justicia, legislado en contra de la ciudadanía, recortado o suprimido sus derechos, amparado, encubierto la corrupción y provocado un conflicto territorial de consecuencias imprevisibles.

Al contrario. Hay que marcar las distancias. El domingo, Sánchez daba pruebas de una nueva resolución, un nuevo estilo que todos detectaron: somos socialdemócratas, somos de izquierda, no hablamos de Podemos, nuestro adversario es el PP. Y lo primero que hace al día siguiente es firmar un pacto con su adversario. Bueno, pero hay "líneas rojas". Los socialistas llevan días hablando de líneas rojas, pero solo para saltárselas. Como los enfermos de alguna adicción, que se ponen plazos y límites para no respetarlos. Y ahora vienen con un harapiento gesto de estadistas cuando en realidad son comparsas de la escenificación gestual de la derecha. Si de verdad quieren trazar una línea roja presenten ya una moción de censura. Es insólito que no lo hayan hecho. Pero no lo harán. ¿Por qué?

Porque el mensaje no es estamos unidos contra el terrorismo, sino estamos unidos. Punto.

Gesto eres y en gesto te quedarás. En nuestra época la imagen cuenta mucho. El Sánchez que anunciaba el cambio de actitud e identificaba al adversario no llevaba corbata, al estilo de los nuevos políticos, los de Podemos o los griegos de Syriza. El Sánchez que firmó el pacto con Rajoy llevaba corbata. España no es Grecia. En España, los estadistas llevan corbata cuando hacen gestos.

Luego, al mezclarse con la gente de la calle, a la que se puede decir cualquier cosa, ya no hace falta.

Luego, ya tal.

dilluns, 2 de febrer del 2015

Disputare aude!


Leo que Pedro Sánchez cambia de discurso, estrategia y asesores. Hace muy bien porque los anteriores, quienes fueran, lo estaban llevando al desastre. Los nuevos parece que traen ideas nuevas.

Pero no lo suficiente. Si rompe, que rompa de verdad.

Sánchez concentra su discurso en criticar el de Rajoy. Y lo hace a distancia, al estilo tradicional de esta política de hipócritas, mequetrefes y cobardes instaurada por el presidente del gobierno que, como no sabe hablar, ni leer, ni decir nada con un mínimo de dignidad que no sea mentira, prefiere el plasma, el monólogo, el silencio o las alusiones a otros a distancia, durante las inauguraciones de la fiesta del pepino. 
 
Pero si Sánchez quiere cambiar realmente, además de atender a las alusiones de corrala, debe escenificar su ruptura. Ese nuevo pacto, firma, acuerdo o chanchullo es un disparate suicida. Rompa ya con la corrupción. Presente una moción de censura de una vez y ponga fin a esta farsa de un gobierno que no gobierna y un legislativo que no legisla porque están todos concentrados en ver cómo salvan al sobresueldos de su horizonte judicial. Lo único que Rajoy tiene ya que decir es cuándo se va. Y, aunque parezca imposible, sin mentir.
 
Sánchez no puede ignorar a Podemos. Simularlo luego de haberle copiado con el mismo descaro con que Podemos ha copiado a otros, demuestra debilidad y atolondramiento. Ignorar a quien te interpela directa a indirectamente es tan perjudicial como pasarse el día hablando pestes de Pablo Iglesias.
 
Ni pestes ni rosas. Quede con él en un debate abierto en la televisión. Vayan los dos a un programa sin más condiciones previas que las de la buena educación y el juego limpio. ¿No son ustedes políticos de la nueva generación, cercanos a la gente? ¿No abominan ambos de la falsedad, el acartonamiento, la mentira institucionalizada que representa Rajoy y toda la vieja política? ¿No piensan que la política debe ser intercambio civilizado de propuestas por el bien común, defendidas públicamente para que un electorado mayor de edad y crítico pueda optar informadamente?
 
Si ese debate televisado Iglesias - Sánchez se produjera alcanzaría una audiencia sin precedentes y tendría una importancia inmensa. Algo parecido al famoso debate Kennedy/Nixon aunque en otra escala. Abriría una época y dejaría a Rajoy descolocado en el rincón de las antiguallas porque, aunque quisiera, no podría hacer lo mismo por falta de categoría. Ese sería el signo obvio de cambio de época y de que el PSOE tiene algo que pintar en ella.
 
Atrévase a debatir, hombre. No pasa nada. Ambos saldrán fortalecidos y quién sabe si amigos.

Overkill.


Dicho está: el éxito de Podemos es incuestionable pues todo el mundo habla de ellos. Son noticia hasta cuando no lo son. Uno de los rasgos señalados por los periodistas que han cubierto la Convención del PSOE es que Sánchez no se haya referido a Podemos. Todo el mundo habla de ellos, pero no todos dicen lo mismo. Probablemente un tercio los odie (los votantes del PP), otro tercio los admire (los de Podemos) y el otro los envidie pues los odia y los admira al mismo tiempo (los votantes del PSOE).

No sabemos cuánto durará este terremoto, pero, mientras dure, tendrá efectos dramáticos. En el post de ayer Palinuro recordaba los dramas familiares de Ibsen. Hemos visto llorar a lágrima viva a Cayo Lara, un dirigente bregado en mil luchas, y ahora lo vemos casi grogui, abrumado, desfondado por el problema al que se enfrenta. IU de Madrid se escinde irremediablemente por el efecto sifón de Podemos y el conjunto de la organización hace aguas como un galeón español acosado por los bucaneros. En términos de mercado, siempre fríos, es poco probable que la marca IU resista. El problema viene después, cuando el Partido Comunista, a su vez, tenga que adoptar una decisión entre dos amargas formas de irrelevancia: en solitario o compartida.

Podemos tiene overkill. Me gusta el término. En una palabra se concentra algo que en español suena confuso: exceso de capacidad mortífera. La idea es clara. Podemos ha entrado en IU como un elefante en una cacharrería. Ignoro si Anguita, de probada lealtad a la organización, saldrá en defensa de los cacharros rotos. Podría hacerlo si estos cacharros tomaran vida como en un cuento de Andersen.

Con su antiguo rival comunista prácticamente desmantelado, el PSOE trata de resistir el overkill de Podemos recabando los viejos principios y cerrando filas. Veremos si lo consigue. Cuentan los mentideros entre asustados susurros, que el próximo barómetro del CIS trae las advertencias del banquete del Rey Baltasar, Mane, Tekel, Fares o "tus días están contados".

La España negra.

Rajoy no acepta la España negra que pintan los adanes. España es una gran nación y una gran nación no puede ser negra. Menuda chafarrinada. Tiene que ser azul celeste; o celestial, más apropiado. El hombre sigue leyendo sus discursos y al que se los escribe le falta fuelle. ¿Cómo que pintan una "España negra"? Eso es muy flojo. Acúseles directamente de ser los propaladores de la leyenda negra. Venga, son la Antiespaña de la señora Aguirre que cada vez se parece más a Millán Astray. Total para el nivel del debate, tanto da.

La España negra es otra cosa. Si alguien viene pintándola es de casa seguro. La negrura es tan consustancial a España en los últimos doscientos años que la expresión España negra suena redundante. Desde siempre la pintura es tenebrista. Ribera y Zurbarán lo son y, de Goya en adelante, predomina el negro. Zuloaga, Gutiérrez Solana, que pintaba expresamente la España negra. En la literatura romántica, la negrura de España se redobla con la propia del estilo y, al pasar este se mantiene en el modernismo. Las Comedias bárbaras, de Valle-Inclán, son España negra, como lo es el cine de Buñuel y el de Berlanga; como la literatura de Cela.
 
España es la España negra, así que los de Podemos pintan lo que hay. Lo que ha habido siempre. En 1899 -año siguiente al del desastre- el poeta belga Emile Verhaeren y el pintor español Darío de Regoyos publicaban un curioso librito al alimón con textos del uno e ilustraciones del otro titulado España negra. Es un viaje de ambos por distintos puntos de España y el ánimo que trasmite el del siguiente apunte de uno u otro sobre El Escorial: "Inolvidables aquel crepúsculo de sangre y aquella noche estrellada de hierro que pasamos en aquel siniestro sitio". El Escorial, centro imperial de la España negra, "siniestro sitio", fue el emblema del franquismo. La revista de sus intelectuales se llamaba Escorial, el dictador escogió las inmediaciones para edificar su particular Walhalla. En el Escorial se reunió alguna vez la Sección Femenina de la Falange y también lo hacían sus machos y en el Escorial, entre memorias falangistas, casó el señor Aznar a su hija. En ese "siniestro sitio".

A la boda asistió un buen puñado de representantes de la otra negrura de España. La de Goya, Verhaeren, Regoyos es la del fanatismo y la crueldad; la de Buñuel, Cela, la del atraso y la ignorancia; la de algunos asistentes a la boda, la de la corrupción y el latrocinio, esencialmente española, igual que las otras. Y esta última, que ofrece episodios tan alucinantes como la gestión de Caja Madrid en los últimos veinte años, no la pinta Podemos sino los telediarios. Considere el señor presidente si no pertenece a la más rancia España negra el elenco siguiente:
  • Comunistas, socialistas y sindicalistas derrochando dinero ajeno con las tarjetas B todos portadores de relojes de 12.000 euros o su equivalente a tocateja en sus bolsillos.
  • Profesores, teóricos y expertos que predicaban las virtudes del libre mercado mientras cobraban de uno intervenido.
  • Empresarios sin pelos en la lengua a la hora de pedir recortes salariales en las nóminas de los demás al tiempo que tarjeteaban por los clubs deportivos de medio mundo.
  • Políticos capaces de demostrar la necesidad patriótica de los sacrificios de sala de fiestas en sala de fiestas.
  • Periodistas dispuestos a reproducir la doctrina de la Caja con brillante pluma, de oro.
El señor Rajoy no querrá aceptar la España negra pero es la que él ha conservado y ennegrecido aun más.

diumenge, 1 de febrer del 2015

Izquierda Unida y el efecto sifón de Podemos.


Mandan votos, mandan rostros, mandan imágenes.

En IU lo llaman convergencia con candidaturas y programas de izquierda a los Ayuntamientos y Comunidades Autónomas, pero en la cruda realidad es el efecto sifón que Podemos ejerce sobre la Federación. Casi de golpe y para general asombro, la joven guardia heredera del 15M se alzó con un millón doscientos mil votos y cinco escaños en las elecciones europeas gracias a su nuevo estilo y la carismática imagen del líder, impresa en las papeletas. A cambio, a IU se le echaron encima no siete meses, como al señor Valdemar en el cuento de Poe, sino setenta años. De pronto el rojo y el verde, el punto sobre la i, los informales jerseys y los mojitos cubanos parecieron reliquias de siglos pasados.
 
Desde entonces, ese desequilibrio cruel de la historia no ha hecho más que agravarse. El vástago de una respetable organización, Izquierda Unida, cuyo corazón era el de otra más venerable, el Partido Comunista de España (PCE), se alzaba con un triunfo electoral que la fortuna siempre le negó a esta, pero con sus ideas fundamentales, si bien es cierto que convenientemente aggiornate a esta época más cosmopolita, bolivariana a la vez que posmoderna.
 
Era cosa de breve tiempo que Podemos acabara absorbiendo gran parte de la izquierda en torno suyo, especialmente la que se llamaba IU, con la que compartía relaciones, amistades, compromisos, ideas, experiencias, fracasos y triunfos. Sin querer o queriendo, pues el alma humana es contradictoria. Las reiteradas ofertas a Julio Anguita para que se incorporara a Podemos no pueden ser inocentes. La respuesta de este de que él se debe a Izquierda Unida (al fin y al cabo, su creación) es numantina.
 
Al final, ¿cuál es la razón de ser de IU existiendo Podemos con mucha más pegada electoral si no es el interés de mantener duplicidad de cargos? Si ya de antes la verdadera izquierda tenía problemas de identidad, ahora se le han agravado al descubrir que, de ser algo, es el reflejo de una identidad ajena.
 
Lo llaman convergencia. Es efecto sifón. Podemos absorberá a IU con la misma indiferencia natural e inocente con que el pez grande se come al chico.
 
Algún matiz a esta consideración. El alma de IU es el PCE y este todavía no ha dicho nada. Debe de ser duro para los camaradas fieles a la memoria de Pepe Díaz, el 5º Regimiento o Pasionaria aceptar que el heroico partido de vanguardia de la clase obrera se diluya en la amalgama de una ideología líquida en la que ni de izquierdas ni republicanos pueden reconocerse, al menos en público.
 
Por otro lado, y ello es más grave, el efecto sifón incluye una posibilidad letal para Podemos. La organización ha roto, aparentemente, el maleficio tradicional de las izquierdas auténticas, de perder siempre las elecciones, todas las elecciones, en todas partes salvo contadísimas excepciones irrelevantes. Lo ha conseguido a base de articular un discurso de izquierda libre de toda vinculación con el comunismo, el eterno cenizo de todas las consultas democráticas. Si la absorción (o convergencia) de IU es vista de nuevo por el electorado como de hecho ve a la propia IU, esto es, como una cobertura del Partido Comunista, es posible que las halagüeñas perspectivas electorales de Podemos se desinflen, entre otras cosas porque faltará tiempo a los adversarios para descubrir el lobo bolchevique bajo la piel de cordero socialdemócrata/bolivariana.
 
Es una situación difícil. Volveremos sobre ella porque, aparte de un dilema kantiano, encierra un conflicto muy en el estilo de un drama familiar de Ibsen.