dijous, 28 d’octubre del 2010

Antígona y la memoria histórica.

Cuando Creonte ordena que no se dé sepultura al cuerpo de Polinices porque atacó la ciudad, dicta una norma positiva en principio acorde con la razón de Estado. Como lo está la decisión de tributar honras fúnebres a Eteocles, el hermano de aquel, por haber muerto en defensa de esa misma ciudad. Pero es una norma que va contra la costumbre y contra la "ley de la sangre" o la "ley natural" que manda a los parientes, especialmente a las mujeres, (ya que las "leyes naturales" suelen ser muy patriarcales) honrar a sus muertos sin preguntarse por el valor moral de la causa a la que sirvieron. Así que Antígona arrostra la muerte por enterrar a su hermano rebelde y sienta con ello un ejemplo que nutre los debates de filosofía moral y política hasta el día de hoy y hasta el que hay en España sobre la memoria histórica y la llamada "impunidad de los crímenes del franquismo".

Con la cuestión de la memoria histórica España se ha llenado de Antígonas que quieren a toda costa dar sepultura a los suyos para lo cual antes han de encontrarlos y desenterrarlos de donde estén. Porque, a diferencia de Creonte, los franquistas no ordenaron dejar sin enterrar a las víctimas de sus crímenes sino que se las enterrara en cualquier parte, a las escondidas y que, a ser posible, no quedara recuerdo de en qué lugar se hallaban para que los familiares no pudieran ir a llorarlas. Y esa situación se mantuvo casi cuarenta años.

Pero los muertos pugnan por salir porque los vivos tiran de ellos y es sólo cuestión de tiempo para que se abran todas las fosas del franquismo, y son cientos, y se identifique a la mayor parte de los asesinados por las escuadras falangistas, la guardia civil o los señoritos del pueblo. Como lo es que se identifique a las personas vejadas, humilladas y perseguidas durante la Dictadura, muchas veces con el auxilio del clero y se haga lo mismo con los victimarios. Se trata de una cuestión que, por muy diversos motivos, quedó pendiente en la Transición o, mejor dicho, quedó resuelta de un modo viciado con la Ley de Amnistía de 1977, que era una ley de autoamnistía de los franquistas.

Esta transacción, consistente en aceptar una democracia a cambio de no remover el pasado y, con el pasado, los huesos de los asesinados podrá enjuiciarse hoy de forma más o menos benévola o crítica, pero lo que no puede hacer es negar la legitimidad del cambio de régimen que tuvo y sigue teniendo un apoyo ampliamente mayoritario entre los españoles. Enjuiciar la Transición como un modelo es una ilusión y tacharla de traición, otra. La historia es un sucederse de cambios de juicio moral sobre los hechos; algo de lo que una época se enorgullece, otra se avergüenza. Hasta es posible que quienes se enorgullecieron se contagien de la vergüenza y viceversa. Está en la naturaleza humana, sobre todo cuando actúa a los dictados del miedo. Y miedo hubo mucho durante la Transición; el miedo que habían infundido los crímenes franquistas y que se palpaba en la calle en momentos críticos, como la matanza de los abogados laboralistas de Atocha o el golpe de Estado de Tejero, Armada y Milans del Bosch.

Aquel miedo quizá guardó la viña antaño, pero ya no la guarda hogaño. Los hijos, las hijas, sobrinos, nietas de los paseados, fusilados, asesinados sin más y enterrados por las cunetas del país forman una especie de Antígona colectiva. Cargada con la razón moral de la tragedia de Sófocles no parará hasta conseguir su propósito de honrar a sus muertos, un anhelo que nadie se atreve a negar a otro. Es decir, la recuperación de la memoria histórica en España es imparable hagan lo que hagan las autoridades, los legisladores -cuya timorata norma ya ha sido superada por la movilización social- y hasta los jueces, cuya indefinición y marrullería corren el peligro de que otra justicia, en este caso la argentina, recabe para sí el conocimiento de un presunto delito de genocidio que los tribunales patrios se niegan a reconocer.

Porque esa parece ser la cuestión, un debate más o menos abstracto acerca de si hubo o no genocidio en el franquismo, un debate tan inane como el de dilucidar si la razón de Estado sui generis que se invocó para justificar la transición (el advenimiento de la democracia) sigue o no siendo válida. Y son inanes porque el discurso que tienen enfrente ya no es otra abstracción, las víctimas del franquismo, sino los relatos de vidas y muertes concretas de gentes concretas, con nombres y apellidos, con un rostro y una peripecia vital. Surgen como espectros de un pasado que es imposible mantener sellado; son como voces que llaman a la conciencia colectiva de los españoles haciéndoles ver que tienen que compartir una memoria histórica común y muy amarga porque cuenta la historia de lo que, efectivamente, fue un genocidio.

Que el único pendiente de responder ante los tribunales sea precisamente el juez que pretendió investigar el presunto genocidio es, en verdad, alucinante.

(Las imágenes son sendas fotos de Jaume d'Urgell, bajo licencia de Creative Commons. Se trata de republicanos fusilados por los golpistas en 1936).

dimecres, 27 d’octubre del 2010

Escabrosidades.

Cualquiera que observe la escena pública española dará fe, supongo, de que está llena de insultos, procacidades, groserías y fantasmadas. Convendría, por el bien común, apaciguar algo los ánimos. No digo que todo el debate público haya de hacerse con guante blanco porque la espontaneidad tiene también su sitio. Pero no hasta llegar a la zafiedad o la agresión verbal. Con todo, hay variaciones.

En sus manifestaciones públicas el escritor Pérez-Reverte emplea unos calificativos de grueso calibre, insulta de forma directa y con frecuencia muy hiriente. Llamar perfecta mierda (o perfecto mierda, que no lo he entendido bien y de ambas formas puede decirse) al ministro Moratinos es cruel. Y la crueldad es siempre indeseable sobre todo para con quien no puede defenderse por razón del cargo. Porque si viviéramos en la época que tan felizmente recrea en sus libros el autor, en que existía la costumbre del duelo, dado que estos insultos son ofensas al honor y dado asimismo que, según moral calderoniana, las manchas del honor sólo se lavan con sangre, correspondería a Moratinos mandar los padrinos a Pérez-Reverte. Y yo en su lugar elegiría arma de fuego porque en arma blanca el autor de El maestro de esgrima está muy versado. Como sea que hoy no hay lugar a duelos y, aprovechando la feliz circunstancia de que ya no es ministro, si Moratinos llamara mierda imperfecta o, para que no se sienta capitidisminuido, mierda pluscuamperfecta a Pérez Reverte quedaría la cosa bastante compensada aunque a un nivel lamentable.

En un nivel aun más bajo, el alcalde de Valladolid, De la Riva, al insulto (menos contundente que los de Pérez-Reverte, más diluido, con empleo incluso de la ironía) añade la grosería y la rijosidad. Los "morritos" de la ministra Pajín digamos que lo inspiran. Dado que el señor De la Riva es ginecólogo uno cavila qué le dará a pensar la visión de partes más íntimas de la anatomía de sus clientas y si, cuando no está en público o hablando por la radio, la cosa se queda en pensamiento.

La grosería del alcalde no puede siquiera entrar en el terreno del honor como los insultos de Pérez-Reverte porque no hay duelo posible entre un hombre y una dama. Por definición, desde el origen de los tiempos y con ejecutoria de la moral caballeresca está establecido que ningún caballero puede jamás ofender a dama alguna y, si lo hace, deja de ser caballero para convertirse en un rufián. Cabe pensar que también esta moral caballeresca es machista y tendrá que cambiar a medida que avance el feminismo. Es posible pero, de momento, sigue siendo uno de los pilares de nuestra educación moral y sentimental... salvo que no se tenga educación, claro, como es el caso. El SMS o lo que sea que Rajoy ha mandado a este rufián solidarizándose con él lo pone a su nivel: el de quien ignora que un caballero no ofende jamás a una dama.

Y cuando de damas se habla, también de damiselas y emerge el escritor Sánchez Dragó que, según parece, presume en un libro reciente de haber follado con dos chavalas de trece años (supongo que japonesas) en Tokio allá por los años sesenta con lo que, siempre según se lee en la prensa, el posible delito ha prescrito. De inmediato se ha armado una de campeonato en que se acusa a Dragó de todo, de pedofilia, de pederastia, corrupción de menores, abuso, qué sé yo. No hay rincón del país en el que no se pida que lo echen de todas partes, que se convierta en una especie de apestado.

Desde luego que en lo relativo a las lolitas reina la ambigüedad que impregna la novela de Nabokov o los cuadros de Balthus y donde hay ambigüedad, hay hipocresía. La más evidente es que el asunto del sedicente delito no es tal porque si las dos chicas tenían los trece años cumplidos y en lo que hubiera sexualmente no medió engaño alguno, según el código penal español, no hay delito. Según el japonés, tampoco. En España y el Japón yacer con moza de trece años cumplidos no es delito si media consentimiento. Pero provoca escándalo que probablemente en muchos casos oculta pura envidia. Si no no se explica de dónde sale luego tanto pederasta, empezando por el clero.

Lo más sorprendente de Dragó no es que en el libro presuma de habérselo hecho con dos ninfas sino que, a la vista de la que se ha montado, haya pretendido rectificar achacándolo todo a una "anécdota trivial" hecha literatura. Con el escándalo Dragó tiene ya vendido el libro y quienes no lo compren no dejarán de curiosear las páginas calientes en las grandes superficies. Lo que no se entiende es esta especie de arrepentimiento vergonzante y cobarde que viene a decir poco más o menos, que es una fantasía que le contó a su interlocutor como si fuera un hecho o algo así. No sé qué valor pueda tener un libro especie de confesiones en el que se cuentan trolas.

Si el asunto no es delito, no es delito y todo lo demás es opinable. La opinión está muy en contra de las relaciones de adultos/as con chicas/os de trece años. Pero esa misma opinión sabe que su opinión es muy versátil. Las edades en que las chicas entran en relaciones sexuales y se casan han variado bastante; en el mundo musulmán suelen ser muy bajas para los gustos cristianos... actuales; hace un par de siglos las jóvenes cristianas, incluso las reinas, podían llegar al matrimonio aún impúberes. Hoy en España son 13 años. La edad de las lolitas dragonianas.

O sea que, estando dentro de la ley, Sánchez Dragó puede hacer lo que quiera y como quiera y no tiene porqué inventarse subterfugios o historias. Le gustan las chicas muy jovencitas. Bueno, según parece a su interlocutor, Albert Boadella, le tiran más las mujeres de cincuenta años, más tipo dueña, probablemente. Están en su derecho. También habrá mujeres a las que les gusten los hombres tipo Sánchez-Dragó o Boadella, y si yo tuviera que objetar a algo sería al modo de describir los gustos. Eso de los pechitos como capullos y el chochito rosáceo pues, en fin..., baboserías de viejos verdes.

(La imagen es un grabado de Katsushika Hokusai, El demonio de los celos gigantes, de 1831.

dimarts, 26 d’octubre del 2010

Cuba, perla de las Antillas.

Trinidad Jiménez se ha estrenado con buen pie, en una gestión coronada por un relativo éxito que ha tenido la gentileza de tributar a su antecesor. Digo relativo porque lo suyo habría sido que el Consejo de Ministros de Exteriores de la UE hubiera aceptado sin rechistar la petición española en relación con Cuba, consistente en "flexibilizar" (lo que en lenguaje diplomático quiere decir suprimir) la posición común, abriéndose a las relaciones bilaterales (UE/Cuba) en un diálogo y una colaboración para ayudar a la transición democrática en la Isla. Y no ha sido así del todo. La UE se da un plazo de unos dos meses para tantear el terreno antes de acceder por entero al requerimiento español. Al fin y al cabo, la posición común de dar con la puerta en las narices a Castro se adoptó en 1996 a petición de España, gobernada entonces por el PP con José María Aznar al mando.

Es una especie de costumbre no escrita en la UE que las viejas metrópolis coloniales ejercen en cierto modo de lobbies en favor de sus antiguas colonias en sus relaciones con la UE, sobre todo si las tales metrópolis (París y Londres, por ejemplo) mantienen lazos orgánicos con sus ex-colonias. En función de ese criterio se adoptó la posición común, según el giro radical que Aznar imprimió a la política de España para Cuba, adhiriéndose por entero a la posición estadounidense y respaldando sin reservas la inicua Ley Helms-Burton que endurecía el bloqueo a la isla. Era un giro en toda regla no ya en relación a la política de los gobiernos socialistas anteriores sino, incluso, en relación a la de la Dictadura, pues Franco siempre mantuvo las relaciones con Cuba a pesar de los feos que le hacía Castro. Y hasta en relación con su propio partido pues su fundador, Fraga, siempre ha cultivado excelentes relaciones con la isla y personales con Castro. Ya desde el comienzo de su mandato Aznar dio pruebas de que se consideraba como una especie de gobernador del Estado más oriental de la Unión, España. La confirmación le vino en las Azores.

Cubanacán, Cuba, la última colonia que pierde España en el XIX, junto a Puerto Rico, Filipinas y diferentes islotes, es la que ha mantenido más lazos con la Madre Patria. Está llena de descendientes de gallegos y asturianos. Esa Cuba ganó mucho cuando los rebeldes de Sierra Maestra expulsaron a Batista, entraron en La Habana y proclamaron la isla "territorio libre de América". Ahí, por cierto, nació la bebida cuba libre. En el subconsciente de los españoles que por entonces tenían bases yanquis en su territorio y voluntarias, no a la fuerza como en Guantánamo, la victoria de la revolución cubana fue una especie de venganza por la derrota en la guerra del 98. Porque los cubanos habían expulsado a Batista pero de quien se declaraban libres era del imperialismo yanqui. Así que ponerse del lado de los yanquis en contra de los cubanos no se le ocurrió ni a Franco. Pero sí a Aznar.

Ahora parece que se ha articulado una especie de frente del "no" a Cuba en la UE en el que se cuentan, entre otros, Suecia, Alemania y la República Checa, lo suficiente para bloquear la decisión dado que la posición común ha de adoptarse por unanimidad. Así se desbarató ya el primer intento "flexibilizador" de Moratinos en el primer mandato de su gobierno (si bien se levantaron las sanciones) y ahora se impone una especie de "periodo de reflexión". A la ministra Jiménez le queda tajo hasta hacer aceptar sin más el criterio español en virtud de la relación especial.

Tiendo a pensar que un bloqueo que dura cincuenta años y no ha conseguido nada debe considerarse un fracaso cuya primera consecuencia debiera ser cambiar radicalmente el enfoque. Suprímase el bloqueo, flexibilícese la posición común, restablézcanse relaciones normales con Cuba, sólo por pura coherencia y honradez. Si se mantienen y fomentan dichas relaciones con la China, a la que se acusa de mayores violaciones de derechos humanos que a Cuba, ¿por qué no con Cuba? Porque China es poderosa y Cuba no, razón que convierte en hipocresía la aparente moralidad de la posición común y, por supuesto, el bloqueo.

Además de esta razón de principios también hay una táctica para pedir la normalización de las relaciones con Cuba: si se restablecen relaciones normales y Cuba puede prosperar, la democracia vendrá por su propio pie.

(La imagen es una foto de K. Hurley, bajo licencia de Creative Commons).

dilluns, 25 d’octubre del 2010

Batasuna.

Ni la crisis económica, ni la desmembración de España, ni los amoríos con Chávez, ni la rendición de Ceuta y Melilla. Lo que de verdad ataca los nervios de la derecha española es la posibilidad del fin de ETA y todo lo que tan halagüeño acontecimiento lleva consigo. Libre y legal competición de todas las fuerzas políticas en el País Vasco en condiciones de igualdad.

Hasta ahora daba la impresión de que esa posibilidad fastidiaba por igual a la llamada izquierda abertzale, que se negaba a pedir a su belicosa hermana que depusiera las armas. El argumento era que la paz del Estado no era verdadera paz porque no todas las fuerzas políticas tenían las mismas posibilidades. Sin embargo era un argumento falso porque la existencia de opciones independentistas en Cataluña con responsabilidades de gobierno así lo probaba. Habiéndolo comprendido, parece, Batasuna pide a ETA que deponga las armas de modo definitivo, verificable, sin contrapartidas. Bien hecho. Muy bien hecho. Esa petición, además, más que una petición, es una orden porque Batasuna condiciona la presentación de candidaturas en las elecciones locales a la materialización del cese el fuego.

Me parece que es una prueba de creencia en la democracia y estoy seguro de que la democracia estará a la altura de las circunstancias. En la medida en que lo así expuesto se cumpla, Batasuna pasa a ser un partido legal que legítimamente pide la independencia del País Vasco frente a España a través del derecho de autodeterminación. De eso se hablará civilizadamente en su momento. En términos pacíficos se puede hablar de todo; a tiros, de nada.

Pero ahora lo que va a traer cola y cola de pavo real es la inquina del PP. El señor Mayor Oreja saldrá vestido de Juan Bautista a anunciar que ya lo había predicho él: he aquí la prueba definitiva de las sórdidas negociaciones del maquiavélico Rubalcaba con los terroristas. ¡Han negociado el fin de ETA! Ahora, váyase a saber qué nos espera. Los presos a la calle, incluso a la cola del INEM, sin respeto a las víctimas. A lo mejor hacen ertzainas a los gudaris y hasta proponen una reforma del Estatuto en la línea del Estado libre asociado del infausto Ibarretxe.

Todo eso son maledicencias que sólo tratan de ocultar que la derecha ve en la posibilidad del fin de ETA una ventaja electoral para el PSOE en 2012 siendo así que, según muchos críticos, lo único que le importa es llegar a La Moncloa como sea. Sí porque, y sé que me repito, la política es la continuación de la guerra por otros medios y en este caso con toda claridad puesto que se trata de poner fin a una "guerra" y encauzar el contencioso por la vía política. Lo curioso es que, en cambio, la derecha no reconozca este matiz al tratar de su adversario. No hay duda de que la derecha esgrimirá el argumento de que Zapatero es capaz de negociar con ETA (aquí se silencia que la "negociación" sea levantar acta del fin de la organización terrorista) con tal de mantenerse en el poder.

Si es la guerra, es la guerra e igual que unos quieren conseguir el poder como sea otros no quieren soltarlo bajo ningún concepto. Aun así tampoco es lo mismo porque, diga lo que diga la propaganda contraria, el Gobierno no ha negociado con ETA. Lo que haga a partir de ahora no será con ETA sino con sus ejecutores testamentarios. A eso ya no puede llamarse negociación o, en todo caso, sería una "negociación post mortem.

Y ya en clave más estrictamente política, sí parece que la posibilidad del fin de ETA ayudará considerablemente a una victoria electoral del PSOE. Sobre todo si éste hace lo que me parece de sentido común: renunciar al uso partidista del acontecimiento y atribuirlo a la acción abnegada de los cuerpos y fuerzas de seguridad españoles y franceses y a la tarea mancomunada de Gobierno y oposición en el Pacto antiterrorista y en el gobierno del País Vasco. El fin de ETA es un premio que nos merecemos todos los españoles, vascos incluidos

(La imagen es una foto de controvento ®, bajo licencia de Creative Commons

diumenge, 24 d’octubre del 2010

Un héroe de nuestro tiempo.

A estas alturas está ya claro que Julian Assange es más peligroso para los intereses de la gran potencia imperial y sus aliados que el mismo y oculto Ben Laden. Y si detrás de éste hay miles de soldados, mercenarios, cazarrecompensas, agentes dobles y triples y, supongo, rivales que aspiran a sucederle, no es difícil imaginar qué no se habrá ya puesto en marcha para capturar y/o neutralizar al hombre que ha revelado los documentos más secretos de las guerras del Afghanistán y el Irak. O quizá sí sea difícil imaginarlo porque, a la vista de lo que hay, es claro que el establishment de la seguridad de los EEUU y Occidente en general (incluido, claro es, Israel) es capaz de lo inimaginable.

Lo que sí podían hacer y parece que no se les ha ocurrido es acusar formalmente a Assange de terrorista en virtud de la doctrina de Seguridad Nacional de los EEUU, según la cual la guerra contra el terrorismo es de tipo nuevo porque no tiene territorios ni frentes definidos ni los combatientes se identifican formalmente como tales por medio, por ejemplo, de un uniforme. De acuerdo con esto no sólo Assange, cualquier ciudadano es un terrorista potencial. En el caso de Assange se le podría aplicar además la curiosa doctrina penal estalinista de la culpabilidad objetiva, de acuerdo con la cual un reo era culpable de delito por cuanto, aun contra su intención, de su comportamiento se derivaba un apoyo objetivo a la causa del enemigo. ¿Y no ayudan a los terroristas de la Yihad en todas sus manifestaciones las revelaciones de Assange?

El joven científico australiano dice haberse esperado juego sucio del Departamento de Defensa, pero no la acusación de abusos sexuales en un juzgado de Suecia. El asunto tiene, desde luego, toda la pinta de ser un montaje. Pero pudiera ser cierto. En Suecia la justicia no es un cachondeo. Y no hay ser humano perfecto. Si lo fuera sería lamentable para la imagen pública personal de Assange. Pero no empañaría el valor inmarcesible de su hazaña, consistente es revelar los secretos de la guerra del imperio. Robar el fuego, la luz, a los dioses para entregárselo a los mortales, como Prometeo. Prometeo, el héroe filosófico por excelencia, el portador de la máxima de que "la verdad prevalece". Por eso es Assange un héroe de nuestro tiempo. Y si, como Prometeo, ha de pasar el resto de sus días entre crueles tormentos, ello será lamentable, pero seguirá siendo un héroe. Como lo seguirá siendo aunque la asechanza que contra él maquinen los servicios secretos tome otro derrotero.

Un héroe de nuestro tiempo. Oigo emplear mucho por ahí, sobre todo entre la izquierda, una terminología belicosa. Hay quien habla de trincheras y dice estar en lucha permanente y en batalla contra el enemigo. Pero todo el rastro que queda de esas lides ciclópeas son parrafadas en los comentarios a tal o cual articulo de tal o cual opinante en la guerra digital. La izquierda "transformadora" tiene tendencia a parecerse a la filosofía de la que un pragmático inglés decía que "es una cosa con la cual, sin la cual, el mundo permanece tal cual",. ¡Ah! se dice entonces, es que en el estado de fraccionamiento y atomización de la izquierda, ante la falta de unidad, no cabe hacer nada. Julian Assange es una minoría de uno y tiene en jaque el sistema.

En fin, eso no es lo más interesante. Para mí lo es la posición ética desde la que Assange ha lanzado su ataque a las guerras imperiales y que se resume en su cita de la famosa máxima de Hiram Johnson de que "la primera baja en la guerra es siempre la verdad". No es extraño que la recoja: Johnson era aislacionista y senador progresista de California, progre que dicen por aquí. Lo que Assange quiere es revelar la verdad de la guerra, en lo que se detecta cierta contradicción porque ya ha empezado por decir que es la primera baja en ella.

¿Será entonces que pretende que haya guerras en la que los combatientes digan siempre la verdad? Cualquiera sabe que el bando que diga siempre la verdad en la guerra la perderá. Si hay guerra vale todo, digan lo que digan las Convenciones de Ginebra y, si no vale todo y las Convenciones se respetan, el bando que lo haga perderá la guerra. No estoy inventándome nada. Es doctrina estratégica militar clásica y la consecuencia de la teoría de John Yoo, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de California según la cual, en estado de guerra la prerrogativa del Presidente como comandante en jefe de la Fuerza se expande hasta soslayar las convenciones de Ginebra. El presidente de la prerrogativa en cuestión era Bush jr. y la guerra, la del terrorismo.

Visto el asunto así, pretender que la verdad reine en la guerra es ir contra la naturaleza misma de ésta. Y ya puestos, lo lógico es pedir la abolición de las guerras. Para esa finalidad las revelaciones de Julian Assange son preciosas porque ¿de verdad queremos seguir apoyando dos guerras, la del Afghanistán y la del Irak, en las que se está devastando dos países, saqueando sus riquezas, aniquilando sus culturas, diezmando a su población civil, aterrorizándola? ¿No sería mucho mejor poner fin a esas guerras de inmediato y llevar a sus responsables ante los tribunales?

(La primera imagen es una foto de espenmoe, la segunda de R_SH, ambas bajo licencia de Creative Commons).

dissabte, 23 d’octubre del 2010

El signo del tiempo.

Wikileaks ha cumplido lo que prometió poniendo a disposición del público mundial cerca de 400.000 documentos secretos del Pentágono que contienen una enorme cantidad de información sobre la guerra del Irak entre 2004 y 2009. Aunque no hay nada que no se supiera ya, pues los informes versan sobre tres aspectos de esa guerra que se han venido tratando a lo largo de los años (muertes de civiles, torturas a detenidos y prisioneros y participación del Irán) lo que aportan las filtraciones son los datos concretos, las pruebas empíricas de lo que en aquel país ha estado sucediendo.

Según parece pueden darse por buenos los datos de la denostada Iraq Body Count que cifra en torno a 100.000 muertos civiles el desastre de esta aventura. La mayor parte causados por soldados y policías iraquíes, aunque los estadounidenses no se hayan privado de asesinar a docenas de civiles con los más nimios motivos. Asimismo se demuestra que la tortura no es excepción sino regla y método en todo tipo de centros de detención de las fuerzas iraquíes con las autoridades gringas en pleno conocimiento de los hechos. Igualmente se ve que la injerencia del Irán en el Irak es masiva, como también lo ha sido el hostigamiento yanqui a las milicias chiíes, que son el brazo armado del Irán en la zona.

Lo dicho, nada nuevo, pero contado ahora con todo lujo de horripilantes detalles. Las autoridades estadounidenses y las de algunos otros países, han venido presionando a Wikileaks para que no difunda la información, pretextando la seguridad de las tropas, los aliados y las mismas fuerzas iraquíes. Los informes caerán inevitablemente, dicen las autoridades, en manos del enemigo. Es seguro. Pero eso no ha disuadido a Julian Assange, el fundador de Wikileaks, de seguir adelante con su proyecto. Al tiempo que toma las debidas precauciones pues con harta razón teme por su vida viendo cómo las gastan los combatientes de la civilización entregó un juego de documentos a los diarios New York Times, The Guardian, Le Monde y el semanario Der Spiegel. España, por lo que se ve, no cuenta, aunque seamos la 12ª patencia mundial; tampoco Italia. El compromiso era que los papeles no verían la luz hasta ayer. Y así ha sido si bien Al Jazeera filtró antes la información y no parece que Wikileaks precisamente tenga mucha fuerza moral para protestar por ello.

En realidad los asuntos de seguridad importan aquí una higa. Lo que importa son otras dos cuestiones una de las cuales encierra el sentido mismo de nuestra tiempo. A saber:

El carácter de la guerra del Irak. Una guerra criminal, absurda, de pillaje por la que habría que enjuiciar a sus responsables, los señores Bush, Blair y Aznar. Se justificó en un primer momento con una mentira de la que los tres, muy probablemente, eran conscientes: la de las armas de destrucción masiva en el Irak. Tras dar la vuelta al país como si fuera un calcetín quedó demostrado que el pretexto era falso si bien los tres incitadores aseguraron que ellos lo habían creído, mirabile dictu, "de buena fe". La justificación recurrió entonces a su texto alternativo: de lo que se trataba era de "liberar" el Irak de un tirano sanguinario e implantar en él la democracia y la modernidad. Ahorcado Sadam, Wikileaks demuestra ahora que de democracia y modernidad en el Irak, nada, que la vida humana vale menos que nada, que las autoridades en cuyas manos queda el país son corruptas y asesinas y que, en definitiva el Irak está ahora peor que en tiempos de Sadam en todos los aspectos, incluido el de los derechos humanos. Y eso ya no tiene vuelta de hoja. Además de ilegal, la guerra del Irak ha sido un fracaso. Sin duda ha mejorado la vida de los señores Blair y Aznar pero ¿merece la pena mejorar la fortuna personal sobre cien mil cadáveres? Parece que sí; depende de cómo sea tu conciencia. En el Irak hay millones de desplazados que lo han perdido todo, pero el neocatólico Mr. Blair se ha comprado una nueva mansión.

La función de la red hoy. Wikileaks, es parte del ciberespacio, navega en la mar océana contemporánea de la red, es descendiente de la venerable abuela Wikipedia, de la dinastía de los "wikis" y cumple con los dos requisitos "wiki": inmediatez y universalidad. La peculiaridad de la casa, el valor añadido, es que se trata de publicar secretos oficiales. Si alguien quiere poner un ejemplo práctico de la tan predicada ventaja de la red de facilitar el acceso universal a la información no se me ocurre nada mejor que la revelación de secretos oficiales. La importancia de lo "wiki" aquí queda clara cuando se recuerda que los Estados suelen abrir la información clasificada a los veinticinco o cincuenta años de producirse. Es la revolución de la red, que va a cambiar la forma de gobernarse (o desgobernarse) el mundo y los Estados que lo componen. Se acabaron las cláusulas secretas de los tratados y la opacidad de la administración. Si los gobiernos quieren dar ejemplo de transparencia y no sólo presumir de ella, lo que tienen que hacer es colgar en la red todas y cada una de las transacciones económicas que hayan realizado y esté realizando. Así no es necesario creerlos bajo palabra y la corrupción habrá desaparecido como por ensalmo.

(La imagen es una foto de Fräulein Schiller, bajo licencia de Creative Commons).

divendres, 22 d’octubre del 2010

Siete puntos para el alcalde del PP de Valladolid.

  • Su observación no es únicamente "sexista" sino una grosería, una falta de respeto

  • Y de educación. ¿Nadie le ha enseñado que no se hacen comentarios insultantes sobre los rasgos físicos de las personas?

  • ¿O sólo los hace cuando las personas son del PSOE?
  • La grosería es especialmente repulsiva por tratarse de una señora a quien un caballero no debe ofender jamás. Un caballero.

  • ¿Piensa el grosero que la grosería se lava pidiendo disculpas como el que ha pisado a alguien sin querer?

  • El comentario sobre el "dibujo animado” corona la grosería de imbecilidad.

  • Por último, este alcalde, ¿se ha mirado en un espejo?

(La imagen es un busto de Franz Xavier Messerschmidt en alabastro, titulado El lascivo y esculpido hacia 1780).

De la traición.

Se entiende por traición la acción contraria a la fidelidad o lealtad que debe tenerse, según el DRAE. Puede haber, pues, muchos tipos de traición: a las ideas, a las personas, a los recuerdos, a la Patria (entonces se llama alta traición), etc. Cuando se dice de alguien que ha traicionado a otro, que ha defraudado su confianza está diciéndose algo muy feo que no es extraño acabe en los tribunales por la vía penal. Sin embargo, cuando se dice que alguien ha traicionado sus ideas (o, mejor aun, sus ideales), el asunto suele verse con mayor tolerancia y los tribunales ni aparecen.

Sin embargo se trata de una traición de mayor calado. Los ideales, los principios, las convicciones (que normalmente se adquieren en la juventud) forman la columna vertebral ideal de cada uno y traicionarlos es mucho más grave que traicionar a una persona que es, por esencia, mudable. Es la enseñanza de la famosa anécdota de san Francisco de Borja cuando, ante el cadáver de la bellísima emperatriz Isabel de Portugal, exclama "¡Nunca más servir a señor que se me pueda morir!"

Cierta izquierda que se dice a la izquierda del PSOE acusa a éste de haberse convertido en un partido neoliberal y de haber traicionado su ideario socialdemócrata. La conclusión lógica a la que llegaría cualquier interlocutor de buena fe al escuchar esta acusación sería que, para dicha izquierda, el ideario socialdemócrata es válido y debe ser aplicado consecuentemente.

Ahora bien, la mencionada izquierda es aquella -básicamente comunista, pero no sólo comunista- que en su día consideraba el ideario socialdemócrata a su vez como una traición al revolucionario. En sus años más bolcheviques, los comunistas llamaban a los socialdemócratas socialfascistas; en sus años más calmados (cuando Cohn-Bendit proponía el izquierdismo como el remedio a la enfermedad senil del comunismo, qué cosas) la veían como una simple traición para impedir que la clase trabajadora actuara con el radicalismo que le correspondía.

El socialismo de hoy es el producto de una doble traición. Cuando puso en marcha el Estado del bienestar lo hizo traicionando el movimiento revolucionario que había de llevar a un Estado socialista. Ahora que está ayudando a desmantelar aquel Estado del bienestar traiciona el instrumento mismo con el que perpetró la primera traición. Es demasiado inverosímil.

No obstante se entiende el empeño porque se trata de ocupar la provincia socialdemócrata tras haber expulsado a sus ocupantes naturales. Eso ya lo intentó el eurocomunismo en los años setenta del siglo pasado con nulo éxito. Por una razón muy sencilla: el Estado del bienestar es una mezcla inteligente de Estado y mercado y hace visible y tangible la forma de sociedad más justa que la humanidad haya conocido hasta la fecha. Las sociedades de capitalismo liberal de predominio del mercado y "jibarización" del Estado, pueden ser prósperas pero son injustas. Las sociedades socialistas, de predominio del Estado y abolición del mercado, sobre ser injustas son invisibles e intangibles porque han fracasado.

(La imagen es una foto de infamecless, bajo licencia de Creative Commons).

dijous, 21 d’octubre del 2010

El zapatazo.

Ayer, a primera hora de la mañana, antes de que arrancara la segunda parte del debate sobre los Presupuestos Generales del Estado (PGE), La Moncloa hizo saber que había crisis de Gobierno y de magnitud considerable. Algún titular en los medios digitales hablaba de terremoto. El Presidente daría los detalles en conferencia de prensa. Zapatazo.

Los PGE pasaron de ser rabiosa actualidad a convertirse en un vago recuerdo del pasado. Y nunca mejor dicho lo de rabiosa porque, siendo resultado del pacto entre el Gobierno, el PNV y Coalición Canaria, tenían a la oposición de derecha bufando en el ruedo y cargando al final contra el que ella lucía en Canarias.

Los medios se volcaron en la noticia y acumularon en cosa de horas análisis, currículos y opiniones en una carrera por ver quién era más rápido. El día lo ganaron, claro, los online y los audiovisuales. Hoy será el de los de papel, que vienen editorializando y discurseando sobre una noticia que ya conoce todo el mundo pero que ayer no olía nadie. Nadie. La esfera pública se llenó de inmediato de comentarios pero ninguno que yo sepa señalaba el rasgo más característico de esta crisis de Gobierno: que siendo la más profunda, Zapatero la mantuvo secreta hasta el final, sin una filtración, sin un rumor, nada.

Los gobernantes españoles suelen creer que su liderazgo descansa, entre otros pilares, en su hermetismo a la hora de ciertas decisiones como ésta de cambiar de Gobierno. Pero nunca han podido mantenerlo por entero. Con González los medios hacían porras y quinielas, y Aznar, que no soltaba nombres, esgrimía maliciosamente un cuaderno de tapas azules sobre el que todo eran cábalas. Con Zapatero no hay ni cábalas. Cuando todos creían que sólo Corbacho hacía el petate, ha resultado que con él se ha ido la mitad del Gobierno. Y los medios, a la luna de Valencia.

Toda la blogosfera se sintió obligada a opinar. Este modesto bloguero colgó una entrada a medio día por ese prurito de no verse "madrugado" por el presidente del Gobierno, que ha "madrugado" a todo el establecimiento mediático. La entrada me machacaba una que creía me había quedado muy chula acerca de cómo los franceses organizan de vez en cuando una révolution, Sire, cosa que los españoles, al menos algunos, envidiamos. Concluía en clave de pesimismo nacional que los españoles estamos a años luz. Se me olvidaba el rasgo de la Raza, la furia española. De pronto Zapatero da un zapatazo sobre la mesa y el escenario queda patas arriba. La interpretación es unánime: el Gobierno retoma la iniciativa, se consolida parlamentariamente, se recompone con "pesos pesados", aumenta su discurso político, enfila los próximos procesos electorales con voluntad de victoria, incluido el de 2012, Zapatero se crece y su candidatura se da por hecha contando además con el activo del fin de ETA.

Y ¿qué decir de la oposición conservadora, entretenida en romper el pacto en Canarias, impugnar ante el Constitucional la prohibición de los toros en Cataluña, perseguir al juez Garzón y ver cómo se libra del caso Gürtel? Que como no convoque un congreso extraordinario para nombrar un nuevo candidato a la Presidencia del Gobierno, el señor Rajoy, con sus doce puntos de ventaja, puede perder tranquilamente las elecciones.

En realidad, la sorpresa de esta crisis es producto de los erróneos análisis del pasado que consideraban a Zapatero prácticamente liquidado, a punto de tirar la toalla, hasta el extremo de que los más avispados hablaban del postzapaterismo. Un examen desapasionado no puede dejar de comprobar que cabe acusar de muchas cosas a Zapatero pero no de indecisión, vacilación o inseguridad. Zapatero es lo contrario de Rajoy. Así que el Gobierno que preside jamás ha perdido la iniciativa. Sus decisiones pueden gustar más o menos, hasta hay quien las considera traiciones (prometo hablar sobre esto próximamente), pero se toman. Unas son acertadas; otras, no. Pero, insisto, se toman; se han tomado siempre y si alguna crítica pueden suscitar es que, víctima el Presidente de una especie de Overkill político, a veces aquellas son excesivas o demasiado rigurosas.

El acierto del cambio de Gobierno está a la vista en la generalizada sensación de confianza que inspira. Los tres hombres que adquieren mayor relieve (Rubalcaba, Jáuregui y Gómez) son tres puntos muy fuertes porque reúnen de sobra el requisito que ya Herodoto consideraba necesario para saber mandar, que es haber sabido obedecer. Las tres mujeres con nuevos cargos, cada una es, me parece, un caso en sí misma. No entiendo bien el nombramiento de Jiménez, aunque supongo que cabe atribuirlo al margen de discrecionalidad que debe tener el Presidente. El de Leire Pajín tiene que ver con las relaciones entre el Gobierno y su partido. El más significativo con mucho es el de Rosa Aquilar. Mientras las posiciones respectivas de IU y el PSOE sean las que son es inevitable que haya un goteo permanente, una "fuga de cerebros" de la primera al segundo. En la medida en que éste se muestre receptivo, prueba que la izquierda es un campo continuo y refuta la tesis de las barreras "infranqueables" entre la socialdemocracia y la "verdadera" izquierda por lo que la gente con más ambiciones de ésta sabe que puede proseguir su carrera en aquella. De forma que si el zapatazo desmantela la oposición de derecha, no mejor queda la de izquierda.

(La imagen es una foto de 20 Minutos, bajo licencia de Creative Commons).

dimecres, 20 d’octubre del 2010

En el fondo, un acto de caridad.

En el debate sobre los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para 2011, Rajoy y su equipo estaban haciendo un ridículo muy superior al que habitualmente hacen. No solamente fueron sin ideas, sin propuestas, sin números ni cuentas, en su sólito bloqueo mental, sino que no supieron ni insultar, cosa que suele dárseles bien. El señor Rajoy se encontró a una ministra de Hacienda singularmente rápida y contundente y acabó balbuciando cosas incomprensibles. Ayer estaba claro que los PGE saldrían adelante y que todas las enmiendas serían rechazadas, empezando por la del PP que, en consecuencia, no consideró necesario ni siquiera explicarla.

El bochorno de unas intervenciones parlamentarias carentes de sentido venía a coronar el espectáculo que dio la derecha cuando se supo que el Gobierno había pactado los PGE con el PNV y Coalición Canaria, partido aliado al PP en el archipiélago hasta ayer mismo en que, presa de un ataque de furia infantil, rompió la alianza y su batería mediática mostró el vello de su estameña atacando con furia unos pactos similares (y no tan entreguistas) a los que selló Aznar en 1996 con el PNV, CiU y CC para formar gobierno, pues de otro modo no hubiera podido.

Así que entiendo que el golpe de efecto que ha dado hoy Zapatero con la crisis de Gobierno, en el fondo es un acto de caridad hacia Rajoy y la derecha para evitar que los medios y la atención pública sigan concentrados en sus rabietas, sus incongruencias y su carencia absoluta de estilo y categoría no ya para acceder al gobierno sino para estar en la oposición. Ayer estaba quedando meridianamente claro que Rajoy y sus colaboradores no sirven para nada. Así que debían estar agradecidos a Zapatero de que les permita ocultar sus vergüenzas.

El cambio de Gobierno, en sí, fabuloso y una muestra de que los hay que en la adversidad se crecen. A excepción de Bibiana Aído, cuya marcha me parece una concesión al machío fascista más repulsivo, todos los que se han ido debieron haberlo hecho mucho antes; algunos, incluso, jamás debieron estar en el Gobierno, como esa ministra de la Vivienda, Corredor, que siempre actuó como una agente de las inmobiliarias. Me parece de perlas que se vaya asimismo la señora De la Vega: su gesto avinagrado con todo el mundo y almibarado con las sotanas era la prueba de que su función esencial fue la de garantizar los privilegios de la Iglesia católica en España. Moratinos podía haberse quedado hasta el final de la legislatura pues es hombre competente y discreto, pero ha sido víctima del designio presidencial de conseguir que Trinidad Jiménez luzca en algún sitio, a pesar de su evidente carencia de brillo. Es como el hecho de que siga en el Gobierno ese otro capricho presidencial, el señor Sebastián, cuya capacidad para no hacer nada en Industria es análoga a la que mostró para perder las elecciones al Ayuntamiento de Madrid. En cuanto a los ya exministros Corbacho y Espinosa, lo mejor que se me ocurre de ellos es que tampoco debieron dejar jamás sus anteriores responsabilidades.

En cuanto a los nuevos, hay un desequilibrio que espero no se entienda mal: los tres hombres son, a mi modesto entender, tres aciertos. Rubalcaba es, con mucho, el mejor político del Gobierno y su tarea en el País Vasco excelente. La incorporación de Jáuregui, aparte de ser de justicia, refuerza este flanco decisivo. El nuevo ministro de trabajo muestra que nunca debió abandonarse en este terreno la obra que inició en su día Jesús Caldera. En cuanto a las tres mujeres no estoy tan seguro. Ojalá sean tres ciertos, pero da más la impresión de que se trata de nombramientos por carambola. Que la derrotada en la primarias de Madrd, Jiménez, se haga cargo de la cartera de Exteriores demuestra que está muy cercana al corazón de Zapatero pero nada más y, luego de lo que se ha visto en Sanidad así como en las mencionadas primarias si, cuando deje el cargo, las cosas no están peor, será un triunfo. El nombramiento de Rosa Aguilar tiene poco que ver con ella misma y mucho con las relaciones entre el PSOE e IU en el terreno electoral. Por último, el ascenso de Leire Pajín a Sanidad es una apuesta de riesgo. A la mujer le sobra carácter pero al ministerio le falta fuelle. Quizá se trate de un caso de lo que la práctica eclesiástica conoce como promoveatur ut removeatur, apartarla de las tareas internas del partido, en donde tenía conflictos con Blanco.

Todos los medios entienden que el cambio en la posición de Rubalcaba equivale a prepararlo como sucesor. Se admiten apuestas: diez contra uno a que el sucesor propuesto desde La Moncloa, si lo hay, será Carme Chacón. Y me parece de perlas. Yo propondría a Bibiana Aído, pero el Presidente es más conservador, aparte de indebidamente caritativo con esa colección de trogloditas ineptos que constituye la oposición.