dissabte, 21 de juny del 2008

Lo más y lo menos.

En fin, para compensar un poco las amarguras del día aceptamos la invitación que nos hizo mi buen amigo Antonio Gutiérrez Resa y su encantadora señora, Ligia, (a quienes los dioses bendigan por su generosidad) para asistir al concierto de la Orquesta Sinfónica de Madrid, dirigida por Jesús López Cobos en el Auditorio Nacional de Música. En programa, el Concierto para piano en do mayor nº 21, de Mozart en la primera parte y la Sinfonía nº 1 en mi mayor, de Hans Rott en la segunda. Un programa tentador porque si bien es cierto que el Concierto mozartiano (conocido como Elvira Madigan desde que el andante del segundo tiempo fue banda musical de la muy romántica película sueca de ese título) es de lo que más abunda en los repertorios mundo adelante, la sinfonía del malogrado Hans Rott, en cambio, apenas si se interpreta desde que la partitura se descubrió en 1989, ochenta y seis años después de la muerte del autor que aún no había cumplido los veintiséis. De hecho, no la había escuchado nunca, aunque había oído hablar mucho del compositor.

El concierto nº 21 pasó con brillantez por el ingenio y la conocida viveza de las frases musicales y la delicadísima fuerza melódica. La muy experta dirección de López Cobos imprimió el ritmo adecuado y garantizó un diálogo perfecto entre la orquesta y el solista, Javier Perianes, quien hizo una exhibición de maestría volando sobre las teclas como si no las tocara y dominando los silencios hasta dejar al auditorio suspenso, asombrado, en un par de ocasiones. Tuvo que hacer un bis que se le agradeció mucho.

La cuestión de la sinfonía fue muy distinta. Rott comenzó a componerla cuando aún no había cumplido los veinte años y la terminó dos o tres más tarde en circunstancias vitales muy penosas: huérfano temprano de padre y madre, recibió educación musical gratuita por caridad y aunque llegó a ser discípulo de Bruckner (cosa que se nota bastante en su obra), las opiniones sobre su talento estaban divididas y enfrentadas. Mientras su amigo y compañero Mahler consideraba que era un genio y que con la sinfonía nº 1 había revolucionado la música, Brahms, a quien el joven Rott admiraba profundamente, lo consideraba un negado y le aconsejó en varias ocasiones dedicarse a otra cosa. El drama se agudizaría por cuanto Rott metió trozos enteros del último movimiento de la primera de Brahms en la suya y, en dos o tres ocasiones, con lo que el autor del Requiem alemán pensó que estaba burlándose de él. Para mayor desgracia, lo que en Rott no es homenaje a su ídolo, es Wagner, cosa que acabó de enfurecer a Brahms y, en consecuencia, de desequilibrar a Rott, quien terminó encerrado en un psiquiátrico, en donde murió en poco tiempo. Hay quien culpa directamente de ello a Brahms y, para más señas, recuerda que el mismo destino padecieron los más o menos coetáneos Robert Schumann y Hugo Wolff, todos relacionados con el músico de Hamburgo quien, como cumbre consagrada de su tiempo, a diferencia de Bruckner, toleraba mal la posible competencia y no alentaba a los valores emergentes.

El caso es que, cuando se descubrió la partitura de la Sinfonía nº 1 hubo quien creyó ver en ella "más Mahler que en Mahler", sosteniendo que este último había plagiado a su desgraciado amigo, dejándolo morir en la casa de lunáticos. Ciertamente, hay elementos comunes de lenguaje musical entre los dos músicos austríacos (Rott, nacido en Viena; Mahler en Bohemia) pero parece claro que son independientes y que, en todo caso, la obra de Mahler precede a la de Rott, aunque era algo más joven que éste.

La obra es muy desigual y desafortunada: un primer movimiento plano y deslavazado da paso luego a otros donde hay promesas tímbricas que Mahler supo ver como "geniales" (precisamente el mismo adjetivo que Rott reservaba para su amigo), engastadas en melodías prestadas y variaciones confusas que tratan de conjugar a Brahms con Wagner con Bruckner y hasta con algo de Schumann. Merece la pena escucharla, sin embargo, para hacerse una idea de a dónde hubiera podido llegar un talento (del que hay mucho) de no haberse malogrado.

(La primera imagen es un gracioso grabado de Mijail Vrubel titulado Salieri vertiendo veneno en la copa de Mozart (1883) y la segunda una portada de una de las escasas ediciones de la sinfonía nº 1 de Rott).

divendres, 20 de juny del 2008

El beneficio de la duda.

Cada vez que el PP se reúne en congreso afirma que es o quiere ser o pretende ocupar el centro político español. Terminado el evento pasa los tres años siguientes demostrando lo contrario, esto es, que es un partido de derecha recalcitrante en el que quienes mandan hablan y actúan al estilo de la extrema derecha. Así que será prudente no dar excesivo crédito a lo que digan ahora, al comienzo de su congreso y que vuelve a ser la melopea del centro.

Sin embargo los acontecimientos habidos desde las últimas elecciones generales el nueve de marzo al día de hoy y la forma en que la dirección actual del partido los ha afrontado permiten abrigar una expectativa distinta y conceder a aquella el beneficio de la duda. Hay tres datos que avalan esta actitud.

Primero el áspero enfrentamiento que se destapó ya la noche del mismo día nueve, cuando los periodistas orgánicos del PP, señores Losantos y Ramírez, pidieron la dimisión del señor Rajoy y abogaron porque fuera substituido por alguien más adecuado a las circunstancias, probablemente la señora Aguirre. Ese enfrentamiento se trasladó al interior del partido (probablemente estaría previsto que fuera así) entre un sector intransigente y radical (señoras Aguirre y San Gil, señores Álvarez Cascos, Mayor Oreja, Juan Costa o Gabriel Elorriaga) y otro en torno al señor Rajoy algo menos integrista, un sector con un talante más abierto y partidario de dialogar con otras fuerzas políticas.

Segundo la hábil táctica del señor Rajoy en mitad de las turbulencias, consistente en ganarse el apoyo del partido, explicitar que el debate era exclusivamente por cuotas de poder por más que los opositores hablaran continuamente de cuestiones de principios y, por último, soltar lastre reaccionario dejando fuera de toda combinación a los señores Zaplana y Acebes, los dos rostros más conocidos de la agresividad y la altanería, a cuya marcha puso puente de plata. No menor importancia tuvo el inesperado gesto de colocar en su sitio a los autoproclamados gurús mediáticos de la derecha, afirmando la autonomía del partido que no tenía por qué recibir órdenes de una emisora ni de un periódico. Estos predicadores no salen de su asombro: maricomplejines ha resultado ser más gallegamente correoso de lo que parecía y ahí tenemos al señor Jiménez Losantos, condenado por injurias graves y a pique de perder el empleo.

Tercero la serie de nombramientos de ayer, la señora De Cospedal (en la foto, que he tomado de 20 minutos), para la Secretaría General y los señores Ana Matos, González Pons y Javier Arenas para las Vicesecretarías, cuatro rostros que contribuyen a dar un aspecto más amable, moderado y abierto al PP por contraposición a las fachas agresivas, intransigentes y achuladas de los señores Acebes y Zaplana, principales muñidores de una clima de enfrentamientos y agresiones.

Hasta la fecha todos los movimientos del señor Rajoy han sido aciertos que poco a poco encarrilan al partido de la derecha española hacia la moderación y el centro, lo que explica la actitud de cerrada contra de sus propios medios, la COPE y El Mundo así como la labor de zapa y sorda oposición que realiza el sector más ultramontano del partido. La señora San Gil hace saber que no irá al congreso de Valencia y la señora Aguirre se lamenta de la decisión pero, siendo como es la doblez personificada, eso no le impedirá asistir al cónclave de la derecha y votar por Rajoy, como anunció ayer que haría al ver que éste nombraba a su protegida, señora De Cospedal.

Todo lo anterior hace más verosímil que otras veces el giro al centro del PP. A ello se añade el fuerte alineamiento con el señor Rajoy del señor Ruiz Gallardón, el conservador con más clara (y merecida) fama de centrista de la constelación de la derecha, con lo que algo de centrismo moderado se le pegará al registrador de la propiedad aunque sólo sea por un mecanismo de magia simpatética.

Hace ya bastante tiempo que muchas y muy calificadas voces vienen reclamando un partido de derecha "civilizada" en España como alternativa viable a la izquierda, algo que la vieja guardia aznarina del PP no puede proporcionar porque representa y es la continuidad del espíritu franquista con una pátina democrática para sobrevivir. De ahí que para impedir esta evolución del PP sus adversarios de la derecha extrema subrayen a menudo que al girar al centro el partido del señor Rajoy está haciendo lo que a la izquierda le interesa, esto es, renunciar a los principios eternos e intangibles del Movimiento Nacional a cambio de una alianza pasajera con izquierdistas, socialdemócratas, laicos y ¡hasta nacionalistas periféricos! Lo que muestra traición a las esencias y, según los más tontos del cotarro, ¡sumisión a ETA!

Quienes no consideramos de recibo los insultos, las agresiones y la beligerancia de la derecha tradicional española vemos con muy buenos ojos este enésimo intento del PP por hacerse un lugar al sol en el centro sin que esto sea dar la razón a los demagogos en el sentido de que pretendamos eliminar al PP. Al contrario, queremos que esté en situación de ganar las elecciones y no solamente de acceder al poder a resultado de que el partido alternativo produzca mayor rechazo. Ni el PP ni el PSOE tienen por qué enfrentarse para oponerse el uno al otro con toda contundencia y, al mismo tiempo, respeto a las personas. Es posible civilizar la vida política española. Lo que fastidia a los energúmenos de la radio y la prensa escrita es que el señor Rajoy se salga con la suya de construir un partido conservador pero moderado y abierto, capaz de ser alternativa real de Gobierno mientras que los citados energúmenos comprueban que su influencia se desvanece como jirones de bruma al sol.

A mucha gente que no es votante incondicional del PP, incluso a alguna que es votante habitual del PSOE, le interesa que haya un partido de la derecha al que se pueda votar pues, de otra forma, el voto se desnaturaliza sin opciones alternativas. Lo que los demócratas queremos es que haya alternancia real en el poder. De no ser así, el que lo ocupa de momento, aunque sea de los nuestros pretende quedarse en él recurriendo a cualquier procedimiento, lo cual tiene poco que ver con la democracia.

Historia de la historia.

Hace veinte años, cuando mis dos buenos amigos y competentes historiadores Javier Paniagua y José Antonio Piqueras me dijeron que iban a poner en marcha una revista académica consagrada a la historia social les auguré que no pasarían del tercer número. Demostré ser un pésimo zahorí porque este año la revista cumple veinte años, va por su número sexagésimo y goza de mejor salud que alguno de sus fundadores, al que deseo pronto restablecimiento.

Este número sesenta que ahora celebro y comento (Historia social, nº 60, Valencia, 2008, 260 págs.) es una especie de recapitulación sobre el estado actual de esa disciplina relativamente joven que se llama historia social. Un número monográfico sobre el estado de la cuestión. La primera mitad contiene cinco interesantes ensayos que comentaré de inmediato y la segunda dieciséis respuestas firmadas por algunos de los más prestigiosos historiadores sociales actuales españoles y extranjeros y de las que haré una valoración de conjunto.

El número se inicia con un elegante ensayo de Colin James, Los "pobres" de Olwen Hufton, el "pueblo" de Richard Cobb y la noción de longue durée en la historiografía de la revolución francesa, un título interminable, que es el precio que los británicos pagan por su enfoque tradicionalmente empírico. El autor traza unas semblanzas paralelas de estos dos reconocidos historiadores ingleses especializados en la revolución francesa. Cobb tenía un estilo muy personal y una actitud oscilante y así fue avanzando, hasta dar en una actitud antipolítica. A la inversa, Olwen Hufton, con un pronunciamiento ideológico/político más claro se sumó al programa socialdemócrata de Lord Beveridge y, además se convirtió en abanderada de la introducción de la perspectiva de género en la historia social. Cobb es un antimodernista y Hufton plenamente modernista: los dos desarrollan la longue durée de Fernand Braudel, si bien para Cobb ésta va de 1790 a 1960, mientras que para Hufton es la del propio Braudel (siglos XV a XVIII). Los dos autores, Cobb y Hufton se parecen en el estilo, pues ambos son "resurreccionistas", como Jules Michelet; pero así como Michelet ve la revolución como un romance du peuple, los dos británicos la ven como una tragedia al estilo en que la presentó Charles Dickens en Historia de dos ciudades un libro que todavía hoy, casi en en sesquicentenario de su publicación, sigue condicionando la forma en que los británicos ven la revolución francesa.

El ensayo de Marilyn J. Boxer, Repensar la construcción socialista y la posterior trayectoria internacional del concepto de "feminismo burgés" es una muy interesante pieza sobre la evolución del movimiento feminista. La autora no pierde el tiempo en probar que éste sea parte de la historia social y con razón lo da por supuesto. Arranca de la obra de la socialista alemana Clara Zetkin quien siempre sostuvo que desde el punto de vista marxista la emancipación de la mujer sólo podría venir con la emancipación de los trabajadores en general, lo que la llevaba a calificar (y, en consecuencia, condenar) cualquier intento de emancipación femenina como "feminismo burgués". No menciona Boxer un ejemplo que apuntalaría su posición: ese era también el punto de vista de Marx en relación con los judíos en La cuestión judía donde se decía que la emancipación de los judíos será su emancipación como ciudadanos. La consideración peyorativa del "feminismo burgués" es compartida por otras mujeres, como Luxemburg o Alexandra Kollontai. Esa es también la razón por la que los gobiernos franceses del Frente Popular no pidieron el voto de las mujeres, algo que también pasó en España, en donde Clara Campoamor, de Izquierda Republicana, luchó por el voto femenino y lo obtuvo, mientras que Victoria Kent, socialista, se oponía al sufragio de la mujer. Este concepto/estigma de femenismo burgués aún estaba en vigor en tiempos de la pionera Betty Friedan o de la más combativa Kate Millet, empezando a cambiar a mediados de los años setenta con las obras de Juliet Mitchell y Sheila Rowbotham, ambas discípulas de E.P. Thompson que suplieron la más significativa laguna de su maestro: la ausencia de género en The Making of the English Working Class. Suscribo la conclusión de Boxer: "En tanto movimiento político, el feminismo nunca ha sido "burgués" en el sentido que le dieron a esa palabra los marxistas. El "feminismo burgués" fue un invento del algunas socialistas y no existió como movimiento de mujeres específico, identificable con una base clasista." (p. 56)

El trabajo de José Antonio Piqueras El dilema de Robinsón y las tribulaciones de los historiadores sociales es una ingeniosa interpretación del Robinson Crusoe de Daniel Defoe a la luz de giro lingüístico y de la pretensión de que ya no tenemos textos ni pasado sino sólo interpretaciones de textos (p.63) que, por lo demás, es lo que decía Nietzsche: "No hay hechos; sólo interpretaciones". La divertida lectura del Robinson que realiza el autor subraya la transferencia de conceptos, sentimientos, creencias, etc. ¿No queríais interpretación de textos? Taza y media. Piqueras, sin embargo, es poco partidario del pluralismo metodológico y para él no tiene el mismo valor la aceptación de una all pervading subjetividad que la de alguna forma de objetividad, aunque ahora no se llame así, sino explicación de la realidad histórica. Resulta que "por más que nos empeñemos en descubrir subjetividad en la construcción de la percepción social, este mundo nos devuelve situaciones tangibles y acumulación de tal volumen de información que si alguien duda del trabajo que aguarda al historiador del mañana, el que se ocupará de nuestra época, es porque los dioses, para perderlo, le han confundido sus sentidos" (p. 87).

En el trabajo de Ricardo García Cárcel Veinte años de historia social de la España contemporánea se ve cómo la historiografía social española ha ido siempre a remolque tardío de las orientaciones metodológicas procedentes del extranjero. Después de los primeros maestros, Domínguez Ortiz y José Antonio Maravall, así como posteriormente Josep Nadal, la historiografía social española aparece impregnada de un marxismo vulgar al que después sustituirá la moda del cuantitativismo. El impacto hoy día es el del posmodernismo al estilo de Vattimo, Lyotard y el conjunto del giro lingüístico, Gadamer, Derrida, Foucault. Sostiene Garcia Cárcel que todos ellos ha influido en la historiografía española a través de Chartier (la investigación de la lectura, que habla mucho de la influencia del público lector, de Habermas), Giovanni Levi (el replanteamiento de la función de la Inquisición) y Peter Burke, el responsable de la historia cultural ajustado al muy fascinante estudio de la lectura en el pasado (quién, qué, cómo, cuánto, dónde, cuándo leía). La historiografía social española es homologable con la extranjera y diez puntos de ésta así lo evidencian, entre ellos la historia de la lectura, el éxito de la historia local, el fracaso de la microhistoria, la historia religiosa (no la eclesiática), la de la vida cotidiana, etc.

Finalmente el artículo de Julián Casanova Pasado y presente de la guerra civil española, debiera titularse Pasado y presente de la historiografía de la guerra civil española, que fue lo que fue y es lo que es. El franquismo no dejó nada de valor salvo, parcialmente, la historia militar. En los años noventa fue incrementándose la demanda de historia de la guerra civil y postguerra, las cuestiones de la memoria histórica que el establishment franquista vio como un peligro redoblado, lo que c0ntribuyó al nacimiento de una nueva historia de la guerra civil de carácter ideológico y militante, que reproducía las falsedades de los historiadores franquistas a manos de seudohistoriadores. La historiografía de la guerra civil goza de muy buena salud y aporta puntos de vista nuevos, por ejemplo, el autor singulariza la contribución de Michael Seidman, que explica la derrota del bando republicano a partir de la falta de motivación de los combatientes, que él obtiene de sus métodos de análisis del comportamiento del individuo (p. 124).

La segunda parte consiste en una especie de encuesta. La revista ha preguntado a dieciséis reputados especialistas en historia social, nacionales y extranjeros, "¿Qué entendemos hoy por historia social?" y ha impreso sus dieciséis respuestas que configuran un buen diagnóstico del state of the realm hecho por quienes lo conocen (y muy bien) por dentro. La conclusión que obtiene un lector curioso no especializado en la materia es que si la historiografía quiso pasar del marco de las antiguas Humanidades al más nítido de las ciencias sociales lo ha conseguido plenamente visto que los temas que más la apasionan son los de su propio status como disciplina, su lugar al sol en los planes de estudio y su razón de ser. La prueba empírica de que esta Historia es ya una ciencia social es que más de la mitad de este número de jubileo de la revista se dedica a preguntarse angustiadamente por su esencia y potencia. En las dieciséis respuestas aparecen mencionados los siguientes asuntos, algunos varias veces y que suenan familiares a cualquiera que se dedique a estos menesteres: la ambigüedad de la expresión "historia social" (lo mismo pasa con el término social de la expresión "Estado social y democrático de derecho" y ¡está en la Constitución vigente!); la falta de una definición unívoca sobre qué sea la disciplina; abundante controversia metodológica (lo individual, lo colectivo, las cuestiones semánticas, la construcción social de la realidad, etc); los frecuentes cambios en métodos y fuentes; la multiplicidad de marcos teóricos (muy cómodo para los posmodernos y poco para los premodernos); típicos problemas de la incertidumbre heisenbergeriana; eclipse de viejos y queridos objetos de estudio (clases, estados, economía y otros valores antaño seguros) que hoy flotan a la deriva como pecios en la mar líquida del posmodernismo más descreído; el malhadado giro lingüístico; el fin del paradigma marxista y el abandono de una posición de izquierda (p. 188); la aparición de los "enfoques culturales", que no todo el mundo ve con delectación; la aparición de la historia oral; la del feminismo (estos dos últimos, giros metodológicos decisivos); el surgimiento del transnacionalismo (que nadie me quita de la cabeza es una versión metodológica medio histórica medio antropológica del cosmopolitismo y la globalización); la angustia por lo que se percibe como el "fin de la historia social" y el hecho de que ésta haya de confesarse en el diván del psicoanalista, que es donde por su propio bien quiere verla Javier Paniagua.

De entre las dieciséis respuestas singularizo una de Peter Burke, Algunas reflexiones sobre la circularidad cultural que me ha resultado especialmente grata por afinidades electivas con el autor cuando éste recuerda esas "identidades circulares" de Gambetta que los sistemistas llamarían Feedback loops, ejemplarizándolas en la la relación entre el condado faulkneriano de Yoknapatawpha y el de García Márquez de Macondo o la relación de va y viene entre las novelas de José Lins do Rego y Thomas hardy. Me gusta ver que a la historiografía social no le duelen prendas de codearse con la literatura; como Viernes con Robinson Crusoe.

En resumen, felicidades a la revista por su vigésimo aniversario y que lo cumpla otras veinte veces.

dijous, 19 de juny del 2008

Dieciocho meses.

Ese es el tiempo máximo que las autoridades pueden tenerte chapado por mera decisión administrativa si eres un "ilegal", un "sin papeles" extracomunitario. Es verdad que tienes derecho a recurrir en demanda de una revisión judicial de tu caso, pero ésta sólo se hará "lo antes posible" y no en el plazo máximo de 72 horas que proponía una enmienda de las muchas rechazadas ayer en el Parlamento Europeo. O sea, que la policía puede darte una patada y echarte del país y, para cuando llegue un auto judicial, puedes llevar año y medio retornado a tu adorable tierra natal

Con la llamada directiva de la vergüenza las autoridades comunitarias dicen que pretenden "garantizar los derechos de los inmigrantes", como reza la foto de más arriba, que he sacado de la página web del Parlamento europeo. ¿Qué derechos? ¿El de libertad de circulación, el de habeas corpus, la inviolabilidad del domicilio, el acceso a la justicia, etc? Esta doblehabla orwelliana está afianzándose en la Unión Europea. ¿No señalaba hace poco la señora Marjeta Cootman, ministra eslovena de Trabajo e impulsora de la directiva de las sesenta y cinco horas que ésta: "ofrece protección para los trabajadores y trabajadoras y flexibilidad en la ordenación del tiempo de trabajo"? Igual que la directiva sobre el retorno de los inmigrantes ilegales: una garantía para ellos. Creo que la Comisión anda buscando alguien que la ilustre sobre esa magnífica idea de hacernos pagar también por las llamadas de móvil que recibimos. Se acabó la peste de los mòviles en las cabinas de los trenes y el asiento contiguo en el autobús. Porque, con semejante ideaza, la gente utilizará mucho menos el móvil y mucho más la red, cosa que ahora no sucede. Lo dicho, una ideaza que habría que extender a todos los demás clientes: si, al pasar, el frutero te ofrece un kilo de pimientos, aunque digas que no ya le debes un porcentaje del precio; si una gitana te ofrece la buenaventura, al oírla, ya estás en deuda con ella. Y (¿por qué no?) el sello de las cartas que lo pague el que las reciba; sí señor. De acuerdo con la doblehabla, la medida podría justificarse diciendo que, de este modo, se facilita el trabajo al sector publicitario que es uno de los que tienen más "tirón" del PIB.

Los dieciséis eurodiputados socialistas españoles que votaron a favor de la directiva de la vergüenza tienen el honor de compartir voto con el Partido Popular europeo y el grupo Unión por la Europa de las Naciones aun más de derechas. Se salvan algunos, escasos, dirigentes, como José Borrell o Raimon Obiols, pero los otros síes socialistas son un baldón al que ya se ha ido acercando el PSOE al abstenerse nuestro representante en la votación de la directiva canalla de las sesenta y cinco horas.


ACTUALIZACIÓN A LAS 13:00 DEL 19 DE JUNIO.

Leo en Público que el señor Rodríguez Zapatero califica de "inaceptable" la ampliación de la semana laboral hasta 65 horas¿Cómo es posible que el representante de España en el Consejo de Ministros de Trabajo se abstenga en una medida que el Secretario General de su partido y presidente del Gobierno de España considera "inaceptable"? Si algo que es inaceptable sólo mueve a la abstención, ¿para cuándo se reserva el claro y rotundo "no"? ¿O es que los socialistas se aprestan a hacer con la directiva de las sesenta y cinco horas lo mismo que con la de la inmigración: renegar de ella en casa pero votar que sí en Bruselas o Estrasburgo?


Lo anterior, como derecho al pataleo. Viene ahora pensar en qué se dice, si es que se va a decir algo. Corre por la red una convocatoria a una huelga general creo que para el próximo quince de julio. No estaría mal: la primera huelga general montada en la red y una huelga verdaderamente internacional. ¿No somos los europeos los destinatarios finales de esa norma en protección de las garantías de los trabajadores? Bien podemos ser los europeos quienes demos una respuesta unitaria a la agresión del capital. Y, de paso, metemos lo de los inmigrantes.

Caja B.

Ya está aquí la famosa corrupción, de la que no parecemos capaces de librarnos. Financiación ilegal de partido político. En Estepona, según se dice, los actos del PSOE se pagaban con cargo a la caja b del Ayuntamiento en la que los presuntos ingresaban el producto de sus cohechos.

He leído por ahí a alguien lamentándose amargamente de que, en esta ocasión, los presuntos delincuentes sea socialistas. Como si los socialistas estuvieran hechos de mejor pasta que el común de los mortales o tuvieran un nivel ético superior al de la media, cuando la experiencia muestra que entre ellos hay la misma proporción de invergüenzas, ladrones y estafadores que entre otros grupos ideológicos. El alcalde de Estepona, el compañero Barrientos, podrá recitar aquello tan conocido de Terencio de "Humano soy y nada humano me es ajeno".

La delincuencia es una decisión individual. Incluso cuando se trata de la delincuencia organizada. Son los individuos quienes deciden delinquir, no las organizaciones. Lo que sucede es que, a veces, como en el caso de las generaciones literarias, se concentra una cantidad de ejemplos individuales sublimes en un tiempo corto, por ejemplo, el siglo de oro o la floración de granujas que se dio en los dos últimos mandatos del PSOE en tiempos del señor González. Pero eso son sólo felices casualidades del destino.

Veremos a dónde llega este caso de Estepona. Y será de agradecer que llegue hasta el final sin caer en la tentación demagógica de generalizar comportamientos. Si ha habido delitos, serán responsabilidad exclusiva de los delincuentes. Los partidos no delinquen y las ideologías, menos. Los ladrones no son "los socialistas" ni "el socialismo", sino personas concretas con nombres y apellidos. Como en todas partes.

(La imagen es una foto de Giztt, bajo licencia de Creative Commons).

dimecres, 18 de juny del 2008

Seis consideraciones sobre la corrupción.

Un nuevo caso de presunta corrupción municipal, esta vez en Estepona, en la baqueteada y alquitranada Costa del Sol malagueña, viene a afianzar la fama internacional de España como paraíso de la corrupción en el gobierno local. No hace mucho el señor Vladimir Putin que de esto de corrupción sabe lo suyo, acosado en una rueda de prensa sobre algún feo asunto en su país se revolvía como un tigre de Siberia en la jaula y recomendaba a sus críticos que, en asuntos de corrupción, echaran una ojeada a España.

España, país fabuloso, nido de alcaldes ladrones. ¿Todos? De esto es de lo que se trata en las seis consideraciones siguientes sobre la corrupción.

I.Todos no. No se puede ni se debe generalizar. En España hay más de ocho mil municipios. La inmensa mayoría de alcaldes y concejales es gente honrada que cumple con su deber. Los malhechores son una exigua minoría. Pero ¡cuánto ruido hacen!

II.Hace años que la sabiduría política vulgar afirma que cuanta más descentralización de las instituciones, mayor y mejor demoracia se tiene, hasta el punto de que la federación se reputa más democrática que el Estado unitario porque sí. El nivel en el que más se predica la democracia es en el nivel local porque, se dice, la administración está más cerca de los administrados. Es verdad; pero es lo único que es verdad. Los países descentralizados no son más democráticos o menos corruptos que los centralizados o unitarios.

III.Todos lo son en la misma proporción y en parte ello se debe precisamente a lo cercanos que están los políticos a la población que así los compra siempre que puede. La causa de buena parte de la corrupción local está en la forma de financiación de los ayuntamientos: la recalificación y posterior adjudicación de terrenos en condiciones muy favorables y que, una vez construidos, permiten verdaderos "pelotazos" y enriquecimiento espectacular. Es divertido ver qué ostentosos son estos mangantes luego en la vida civil y en qué se gastan los dineros que afanan.

IV.Como era un águila para los negocios, el difunto Jesús Gil y Gil olisqueó las oportunidades que un gobierno municipal ofrecía a alguien que supiera gestionarlo como una empresa inmobiliaria en sucio. Para ello fundó su partido, el GIL, que alguien podría considerar el elemento simétrico del GAL en el Norte, salvando todas las distancias, por supuesto. GIL significaba Grupo Liberal Independiente. Una ideología montada al albur de las letras de un apellido. Tamaña idiotez se presentó a las elecciones municipales de Marbella y obtuvo la mayoría absoluta con uno de esos discursos antipolíticos, de populismo tecnocrático que iguala la política con la corrupción. Como Fujimori en el Perú. Y como Fujimori en el Perú, gobernó teniendo como único norte enriquecerse, es decir haciendo aquello que más había criticado antes. Así que, años después, con la operación Malaya cabe decir que los marbellíes tienen lo que ellos mismos eligieron. Sentó un ejemplo que llega al día de hoy puesto que en Estepona hay algún concejal del GIL.

V.No se limita el asunto al GIL. Pringados en la corrupción están casi todos los partidos, especialmente los dos mayoritarios del Estado y muchas organizaciónes de ámbito local al estilo de "Independientes de Cabrahigo de Abajo". Parecen estar menos tocados los partidos nacionalistas e Izquierda Unida, si bien esto quizá se deba a que disponen de menos poder municipal y el que tienen está más vigilado por la oposición. Aunque hay veces en que el alcalde corrupto tiene comprada hasta la oposición.

VI.En el caso concreto de Estepona la reacción del PSOE (el alcalde es socialista) ha sido fulminante pues ha expulsado a todos los militantes que estén implicados en el nuevo escándalo y, con cierta arrogancia, invita al PP a hacer lo mismo. Es posible que alguien encuentre encomiable esta medida por lo drástica y tajante. A mí no sólo me parece injusta, sino bombástica, propia de quienes tienen mala conciencia. Es posible que, llegado el momento, la justicia condene al alcalde Barrientos y a sus cómplices. Hasta es muy probable, si se quiere. Pero, por ahora, estas personas son inocentes y la expulsión es una medida que prejuzga, esto es, es injusta. Supongo que con suspender a los implicados en la militancia se habría atendido a los intereses del partido sin atropellar los derechos de los afectados. Al respecto me viene a la memoria el caso del primer presidente (socialista) de Castilly León, Demetrio Madrid, que se vio obligado a dimitir cuando la oposición, en especial el señor Aznar, lo envolvió en una tela de araña judicial que lo obligó a dimitir sólo para que un par de años después la justicia lo absolviera con todos los pronunciamientos favorables. Para entonces el daño estaba hecho.

(La imagen es una foto de Donmatas1, bajo licencia de Creative Commons).

Políticos y periodistas.

Los periodistas son los grandes relatores de la posmodernidad. Los políticos, los protagonistas de los relatos que pueden ser favorables, desfavorables o indiferentes. El relato de los periodistas versa sobre lo que hacen los políticos; especialmente sobre lo que hacen mal porque sólo son noticia las malas noticias. Por las buenas únicamente pagan los que las producen porque nacen, se casan y mueren y les gusta decírselo a todos a través de la prensa.

Es lógico que las relaciones entre periodistas y políticos no sean buenas, pues nunca lo serán entre el vigilado y el vigilante, pero tampoco es imprescindible que vayan a dentelladas. Algo pasa en España para que el clima político-mediático sea tan agresivo, insultante y violento. ¿Es la idiosincrasia de la raza? Espero que no. Pero alguna explicación tiene que haber para la existencia de un caso como el de la COPE, con su locutor astro condenado por los tribunales por injuriar gravemente igual que en su día la televisión de Urdaci, o sea, del PP, sufrió otra condena de los tribunales por manipulación. Esto no es normal.

La agresividad mediática es muy estilo neocon y, junto a esta orientación política aquí aparece el viejo franquismo, que goza de muy buena salud. En Pozuelo de Alarcón, sin ir más lejos, hay una Plaza de José Antonio y una Avenida del Generalísimo. Franquismo y "neocons" es el cocktail que da una doctrina dicha liberal predicada a grito pelado desde las ondas y seguida luego a pies juntillas por una militancia de carcamales muy bien ataviados.

Por todo ello es tan importante el fondo del asunto que está zarandeando al PP en estos días precongresuales.Ya desde el primero posterior a las elecciones, los medios abanderados del PP, esto es, la COPE y El Mundo pretendieron organizar el relevo en la dirección del partido y arremetieron contra el señor Rajoy. Desde el primer momento, sin embargo, el señor Rajoy tuvo los apoyos que necesitaba y acabó imponiendo su discurso. Ese discurso al que sus enemigos llaman de congraciarse con el nacionalismo fue el ganador y el señor Rajoy ha dejado ya bien claro que organizará un partido independiente de los medios de comunicación. Porque esto no es un chiste: los medios a los que había que independizar de los políticos son ahora de los que hay que independizar a lo político.

dimarts, 17 de juny del 2008

Por la boca muere el pez

La juez del Juzgado de lo penal nº 6 de los de Madrid ha condenado al locutor Jiménez Losantos por el delito de injurias graves. Es decir, mientras no medie un recurso contra la sentencia el condenado será un mentiroso, un injuriador, en definitiva, un delincuente. Si media recurso será todo eso... presuntamente, pero con una probabilidad elevada de que la sentencia pase a firme y el señor Jiménez Losantos pueda ser llamado delincuente con todo motivo.

La reacción del locutor de la COPE, cual era de esperar, ha sido intemperante, agresiva, irritada y como de bravucón. Después de agradecer las pruebas de solidaridad que ha recibido, mostrando que su carácter temperamental acabará gastándole una mala pasada algún día, se ha despachado a gusto contra todo quisque, asegurando que la sentencia es una chapuza y que la juez no sabe redactar. Asimismo sostiene que se trata de un fallo que convierte el derecho a la libertad de expresión en un delito, lo que es peregrino porque no se le ha condenado por ejercer la libertad de expresión, sino por cometer el delito de injurias graves. Son argumentos falaces, malhumorados que tratan en vano de silenciar el hecho clamoroso de que un periodista sea condenado por un tribunal de justicia por faltar a la verdad e injuriar a un tercero. ¿Quién podrá ahora dar crédito a lo que diga un delincuente? Cegado por el despecho y la impotencia, así como por una grave ignorancia, ha asegurado que, pues el honor del señor Gallardón vale sólo 36.000 € (que le parecen pocos) piensa seguir "criticándolo", o sea, en román paladino, insultándolo. Ignora el hombre que, si vuelve a hacerlo, será reincidente y la pena por su delito aumentará. Lex videt iratum, iratus legem non videt decía el proverbio latino.

Con todo, lo más sorprendente de este caso es que el condenado argumente que la sentencia confunde en todo momento opinión con información. Cree el delincuente que todos son de su pendiente, porque ese, precisamente ese, fue el eje de su defensa en la causa, esto es que en la radio es difícil distinguir la información de la opinión. Es un razonamiento tan patafísico como el personaje: si esa dificultad se arguye para exonerar al acusado, ¿cómo puede después argüirse para condenar a la juez? Es igual que la afirmación de que la sentencia constituye un intento de amedrentar a los periodistas cuando es evidente que el intento de amedrentamiento y a los políticos (y más que un intento, una práctica cotidiana de abuso) provenía de la diaria letanía de insultos del locutor Jiménez Losantos.

Todo eso es agua que ya no muele molino excepto el de la vergüenza que le quede al delincuente señor Jimenez Losantos. La pregunta que debe plantearse ahora es ¿qué piensa hacer la jerarquía eclesiástica? ¿Va a tener a un delincuente al frente del espacio más frecuentado de sus ondas? La cuestión no es retórica ni hipócritamente moralizadora, al modo de esos comentaristas que se escandalizan de que la Iglesia sostenga en su radio a alguien que contradice y ataca a los envangelios de palabra y obra. La pregunta simula creer que haya alguna relación discernible entre la jerarquía eclesiástica y el Nuevo Testamento cuando la única relación existente es entre la citada jerarquía y el dinero y como éste es el que ahora puede empezar a asustarse, es posible que los obispos tomen alguna decisión frente a esa máquina de insultar e injuriar que se llama FJL, la única posible: despedirlo. Porque, como decía servidor en un post anterior, titulado Más que un alcalde,"políticamente hablando, el señor Jiménez Losantos es un cadáver".

Una última observación con respecto al alcalde de Madrid. Que yo sepa es el único político en la historia de nuestra democracia que ha conseguido una condena judicial a un injuriador. Con ello ha prestado un gran servicio a su (nuestro) país y se lo ha prestado a sí mismo con toda justicia. Ha demostrado tener temple y valor (pues no es fácil enfrentarse a este conocido grupo de periodistas mendaces que agrede e insulta desde sus radios y periódicos) y sabe medir muy bien sus tiempos. Su talla sobresale por encima de las de sus compañeros de partido, en especial la de su rival, señora Aguirre, que se abaja y humilla a los periodistas faltones y sólo se las tiene tiesas con los trabajadores que protestan y cuando va rodeada de guardaespaldas. Lo reitero: el señor Ruiz Gallardón es más que un alcalde. Y por merecimientos propios.

(La imagen es el famoso cuadro de Arcimboldo, El fuego (1566) que se encuentra en el Kunsthistorisches Museum, Viena).

Ibarretxe y su plan secesionista.

La Juntas Generales de Álava han pedido al señor Ibarretxe que retire su plan de consultar a la ciudadanía, para que no haya división entre vascos. Es un empeño seguramente bienintencionado y que da una idea del galimatías que el señor Ibarretxe ha provocado con su obstinación en un procedimiento que nada tiene que ver con la legalidad vigente ni con el sentido común, dada la situación real. Un ejemplo de manual de la falacia de la trasposición: ¿acaso no es bueno, justo y democrático consultar al electorado qué sea lo que quiere? Por supuesto, por supuesto, pero todo depende de en qué circunstancias se haga porque, si no son éstas las más adecuadas, puede resultar que lo bueno, justo y democrático resulte ser malo, injusto y autocrático. Y si el señor Ibarretexe no alcanza a comprender algo tan alemental (que alcanza, vaya si alcanza, pues no es tonto el mancebo sino solamente un aprovechado), debe consultar a sus normalmente bien pagados asesores. ¿Acaso no es bueno para la salud beber agua? Por supuesto, pero eso dejará de ser cierto si metemos cien litros entre pecho y espalda de algún pobre desgraciado al que, lejos de sanar, habremos dado la muerte.

Es la primera cez, que yo sepa, que las Juntas Generales alavesas hacen realidad la hipótesis que siempre se aduce a la hora de hablar de un referéndum de autodeterminación en el País Vasco: ¿y si Álava dice que no? No que diga que no en el referéndum, sino que diga que no al referéndum. ¿Se la obliga? ¿Se obliga a Navarra? Y ¿por qué a Álava y Navarra en un sentido y no a Bizkaia y Gipuzkoa en otro?

Lo malo de ponerse trágico y shakesperiano en la historia es que acabe uno de Falstaff y no por lo gordo, sino por lo necio. Porque lo que Álava muestra aquí es que, al final, el famoso ámbito vasco de decisión lejos de ser la brumosa Euskal Herria es Bizkaia y Gipuzkoa, cuando no Portugalete y Hondarribia.

((La imagen es el famoso cuadro de Arcimboldo, El invierno (1572) que se encuentra en el Kunsthistorisches Museum, Viena).

dilluns, 16 de juny del 2008

Los matones de la carretera.

Hoy se verá si los transportistas han cumplido sus abundantes amenazas de ayer de bloquear Madrid o si, al contrario, el ministerio del Interior ha conseguido dominar la situación y obligar a los camioneros a respetar los derechos de los demás, cosa a la que al parecer no son aficionados. Porque en efecto la jornada de ayer fue de nervios, tensión e intercambio de bravatas. La asociación convocante de la marcha carece de representatividad oficial, agrupa a no más del 15% del sector y ni siquiera estuvo presente en las negociaciones de la semana que sin embargo rechaza.

Por formación, tradición y devoción, siempre que hay un conflicto laboral tomo partido por los trabajadores porque me parece que es lo suyo. Pero estas acciones de los transportistas no acaban de encajarme en el modelo, especialmente esta segunda ronda, después del acuerdo mayoritario firmado la semana pasada. Y no me encajan por el tipo de gente, el carácter de sus reivindicaciones y los métodos a que recurren.

La gente: son autónomos. Ciertamente, los autónomos son trabajadores, pero trabajadores especiales porque son también patronos; sus propios patronos. Así que su medida de presión no es una huelga en el sentido ordinario del término, sino un cierre patronal o, mejor dicho, una mezcla de ambos.

Las reivindicaciones no acaban de entenderse del todo, especialmente después de que el 80% del sector aceptara la solución negociada con el Gobierno la semana pasada. Hay una insistencia especial en dos aspectos: una tarifa mínima y la congelación del precio del gasóleo durante seis meses. Son reivindicaciones típicamente corporativas que nada tienen que ver con aspiraciones de los trabajadores ni con el mercado libre. En concreto, la congelación del precio del gasóleo durante seis meses viene a ser una especie de externalización de un coste y que se pueda plantear sin más revela hasta qué punto tenemos interiorizada la mentalidad corporativa en nuestra sociedad. Es lo que sucede con los taxistas, sobre lo cual trataré en un próximo post, cuando también ellos pasen a la carga con el gasóleo, que se acaban por admitir como normales tratamientos de favor y privilegio. Yo también conduzco un vehículo de gasóleo, también a mí me ha subido el precio del carburante y asimismo empleo el vehículo para trabajar y no para darme paseos por la Costa Azul. ¿Por qué entonces he de pagar el gasóleo al precio del mercado y los transportistas no? Por cierto obsérvese que no he dicho ni pío acerca de la muy extendida práctica corrupta de revender gasóleo subvencionado a precios superiores pero inferiores a los que rigen en las gasolineras.

Los métodos empleados hasta ahora y los que estos de ayer amenazaban con emplear son inadmisibles pues consisten en atentar contra los derechos de todos los demás, de todos: de los empleados y trabajadores que quieren entrar en las ciudades a trabajar, de los que quieren salir, de las gentes que tienen que comprar en mercados desabastecidos y aguantar aumentos de precios disparados por los bloqueos, de los trabajadores de las empresas que quedan sin suministros y van al paro de la mano de unos expedientes de regulación de empleos (EREs) que las direcciones aprovechan para poner en marcha. Estos métodos de forzar al Gobierno a claudicar haciendo daño a la economía del país, saboteándola y perjudicando los intereses de la inmensa mayoría de la población puestos en marcha por la fuerza bruta son indignantes.

Así que no siento la menor simpatía por estos transportistas y espero que el Gobierno se emplee a fondo, con diligencia y contundencia para respetar el derecho de los caminoneros a manifestarse pacíficamente cuantas veces quieran y para garantizar asimismo la vida normal de la población y sus derechos amenazados por el comportamiento incivil de una exigua minoría que abusa de su poder.

(La imagen es una foto de km6xo, bajo licencia de Creative Commons).